Integridad y Sabiduria
Sermones

Obligados a crecer: el peligro de la infancia espiritual

Miguel Núñez 27 julio, 2026

Nacer de nuevo no es la meta final de la vida cristiana, sino su punto de partida. Cristo fue a la cruz no solo para librarnos de la condenación, sino para llevarnos a la madurez espiritual: al pleno conocimiento del Hijo de Dios y a la estatura de su plenitud. Quedarse como niño espiritual no es una opción neutral; es un retroceso con consecuencias graves.

El pastor Núñez expone Hebreos 5:11–14 para mostrar que los destinatarios de esta carta habían avanzado en la fe y luego retrocedido. Ya no eran capaces de recibir alimento sólido; necesitaban que alguien les volviera a enseñar los principios elementales. No porque el tema fuera demasiado profundo, sino porque se habían hecho tardos para oír: apáticos, torpes espiritualmente, sin disposición real de escuchar y obedecer la Palabra. Lo mismo describe Pablo sobre los corintios: tres años después de su conversión, seguían en biberón, llenos de celos, divisiones y quejas, síntomas clásicos de la inmadurez espiritual.

El texto central del sermón es el versículo 14: el alimento sólido es para los adultos que, por la práctica, tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal. Esa palabra "ejercitados" remite al gimnasio: es una habilidad cultivada con disciplina. Sin discernimiento, el creyente queda a merced de los vientos de doctrina, las filosofías del mundo, la presión social y los deseos de la carne. La falta de discernimiento, ilustrada desde Isaías y desde la caída de Adán y Eva, no es solo una debilidad espiritual; es la causa de fondo de todas las malas decisiones y sus consecuencias.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Señor, si tenemos a Cristo, no necesitamos nada más. Ayúdanos a valorar, a amar a ese Cristo, de manera que no haya nada, nada, nada en este mundo que sea ni atractivo ni seductor para ninguno de tus hijos, Señor. Solamente cuando Cristo es pequeño y lejano es cuando este mundo se vuelve atractivo. No hay, no hay nada en este mundo que pueda compararse con Cristo.

Debemos anhelarte, Cristo, no solamente al momento de morir, lo cual sería de gran gozo tenerte ahí cercano y sentirte cercano en ese momento, pero es igualmente gozoso poderte experimentar de una manera cercana todos los días. Perdónanos cuando no ha sido así. Perdónanos cuando hemos deseado cosas que no tienen ningún valor eterno, que son eternamente inservibles, cuando Tú eres lo único en todo el universo que tiene valor. Y cuando algo más tiene valor es porque lo tenemos en Ti. En Ti, oh Cristo.

Danos a Cristo ahora a través de la predicación de la Palabra, y permite que podamos salir de aquí visitados por Cristo, cambiados por Cristo, deseando ser como Cristo, corriendo tras Cristo. Y de manera especial con los padres, pon en ellos un deseo extraordinario, sobrenatural, que ellos quizás ni tienen ni buscan ni desean, pero sobrenatural, Dios, es desear a Cristo y nada más. El resto se dará por añadidura en Cristo Jesús. Y todos sus hijos dicen: "Amén." Amén. Bendiciones. Podemos sentarnos.

¿Te imaginas que el Señor bajara esta noche y te dijera: "¿Qué quieres?", y que tú pudieras decirle: "Dame a Cristo"? Buscar el reino de Dios primero y todo lo demás se dará por añadidura.

Te quiero invitar a que abras la Palabra de Dios en la carta a los Hebreos. Ahí estamos, ahí continuamos. Ahí estaremos por unos meses todavía. Estamos en el capítulo 5. Vamos a cubrir del versículo 11 al 14. Nos habíamos quedado en el versículo 10. Mi intención era llegar hasta el 6:3, pero al final decidí cortarlo aquí y seguir en el capítulo 6 en la próxima ocasión.

A manera de introducción, yo quisiera preguntarte: si el Señor bajara hoy y te preguntara cuál es tu meta para el futuro, tu deseo hacia el futuro, ¿cuál es tu visión de ese futuro? ¿Cuál sería tu respuesta? Obviamente no tienen que dar respuestas ahora, pero yo te voy a compartir algunas cosas que he oído ante esa pregunta, ya sea formulada directamente o que quizás salió espontáneamente sin estarlo preguntando.

Algunos me han dicho: "Pastor, realmente lo que nosotros —pensando en el esposo y la esposa— quisiéramos es que Dios nos ayude a levantar una familia hasta verlos encaminados y casados." Otros han dicho: "Quisiéramos ayudar a nuestros hijos a desarrollarse en medio de estos tiempos tan difíciles." Todavía otros han dicho: "Bueno, quisiéramos acumular un patrimonio que garantice el futuro nuestro y de nuestros hijos." Y un por ciento menor ha dicho: "Lo único que queremos es tratar de impactar nuestra familia con los valores cristianos para que conozcan al Señor."

Y yo decía en el primer servicio del día de hoy que todas esas respuestas, a un nivel, de una forma, en una dimensión, pudieran ser buenas y válidas dependiendo de cómo estemos pensando en el momento. Pero si tú te preguntas cuál fue la razón por la que Cristo fue a la cruz, o cuál era la meta o la visión que Él tenía para contigo, no creo que hubiera dado ninguna de esas respuestas. Quizás hubiese podido comenzar con: "Bueno, perdonarles sus pecados y que puedan entrar a la presencia del Padre eternamente y disfrutar la Trinidad en la presencia de ángeles y arcángeles, querubines, serafines y demás."

Pero por otro lado, Cristo pudiera decir: "Entre ese momento de salvación y tu momento de glorificación, de entrar a la presencia de Dios, hay una vida que vivir de este lado de la gloria. Y mi meta al ir a la cruz no fue simplemente darte una visa para evitar la entrada a la condenación."

De manera que yo quisiera hacerte la pregunta retórica y luego te la voy a contestar a partir de la Palabra. ¿Cuál tú piensas que sería la meta de Cristo para con cada uno de sus hijos de este lado de la eternidad? ¿Qué es lo que Él espera, busca, desea, anhela? Porque todas las demás metas que pudiéramos tener en la vida —todas las que mencioné y muchas otras— realmente dependen de esa otra primera meta universal para cada uno de los hijos de Dios.

Entonces, escucha cuando el apóstol Pablo describe a los efesios, en Efesios 4, lo que él dice que esa meta es. Recuerda, de este lado, antes de entrar a la gloria. Versículo 13 de Efesios 4: "Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe, y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo." ¡Wow!

¿Qué es lo que Tú esperas, Señor? Bueno, la intención es que puedan llegar al pleno conocimiento del Hijo de Dios. Dos, que puedan alcanzar la condición de un hombre o una mujer madura, completa, y que estén encaminados creciendo a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. ¡Wow!

Eso nos evitaría permanecer en la infancia espiritual. Y si nos evita permanecer en la infancia espiritual, nos va a evitar la mayoría, si no todas, las consecuencias que nosotros acumulamos de manera natural cuando caminamos de este lado de la eternidad. Escucha lo que el mismo apóstol Pablo agrega en el próximo versículo, versículo 14, acerca de qué ocurre cuando lo anterior no ocurre. ¿Qué es lo que pasa cuando yo no alcanzo la plenitud de Cristo, cuando no llego a ser un hombre maduro completo o una mujer madura completa?

Escucha, versículo 14: "Entonces ya no seremos niños sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrinas, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error." El problema está en que cuando esa primera parte no se cumple, lo que usualmente ocurre es que nosotros vamos siendo llevados por vientos de doctrinas, pero no solamente vientos de doctrinas, sino por la astucia de los hombres, y no solamente eso, sino por las artimañas engañosas del error. Artimañas engañosas que frecuentemente son fabricadas en nuestro propio corazón.

De manera que Dios, Cristo, la Trinidad tiene un propósito con nosotros. La salvación, cuando tú naces de nuevo, es solo el comienzo de la vida cristiana. Por eso es como el niño que acaba de salir del vientre de la madre: tú no piensas que la madre dice: "Ah, ya salió, acabó. Esta era la visión que yo tenía para el resto de su vida." ¿Verdad que no? No, porque esa no era tu visión. Tú querías que él naciera, tú querías verlo, tú estás gozoso o gozosa con verlo, pero tú quieres ver a un niño crecer, que se hace responsable, maduro, independiente, que vive una vida que complace a Dios. Bueno, para los hijos de Dios no es diferente.

Nacer de nuevo no es la meta final, es simplemente el comienzo de una meta. Es el principio de algo mucho mayor. Y si yo no lo pienso así, no voy a ir detrás de eso que Dios soñó, quiere y desea para nosotros. Tampoco lo voy a desear ni lo voy a buscar.

Y eso es como introducción al texto de hoy, porque mi texto tiene que ver con otra de las advertencias del autor de la carta a los Hebreos, que está, como hemos venido diciendo, altamente preocupado por la condición espiritual en la que están o en la que pueden caer aquellos que van a ser lectores de esta carta. Y él, con su corazón pastoral, quisiera evitárselo y está advirtiendo. Tú sabes que la naturaleza humana no le gusta que le adviertan cosas, pero la realidad es que advertirme algo es una gran bendición. La advertencia es algo que está por mí, que está tratando de evitarme peligros que están delante, que yo no conozco, que no sé, y en los que yo pudiera incurrir.

Entonces, con eso en mente, vamos a leer en un momentito del versículo 11 de Hebreos 5 al 14, solamente esos versículos. Pero déjame decirte primero lo que dice el versículo 10, el inmediatamente anterior al 11, para que puedas entender la conexión que el autor hace.

Porque en el versículo 10, o mejor dicho, en el texto anterior, él viene hablando del sacerdocio de Cristo. Y eso es un tema que va a continuar hasta el capítulo 10, habíamos dicho, pero en el medio del camino el autor se había obligado a hacer paréntesis. Él hace esos paréntesis para hacer observaciones o advertencias, y este es uno de esos paréntesis, pero el paréntesis no es abierto sin una conexión. Entonces, el versículo 10 habla de que Cristo, o Jesús, fue constituido por Dios como sumo sacerdote según el orden de Melquisedec. Esa es la última idea, porque él arranca conectando esa idea. Él está hablando del sacerdocio de Cristo y dice que no es del orden de Aarón, sino del orden del sacerdocio de Melquisedec.

Versículo 11. Para que pueda leer conmigo ahora: "Acerca de esto tenemos mucho que decir, y es difícil de explicar, puesto que ustedes se han hecho tardos para oír." Okay, esa es la conexión. Yo quisiera continuar el tema en ese punto, dice el autor, acerca de Melquisedec. El problema es que el problema que tenemos ahora no está en la dificultad del tema, está en lo que ustedes han llegado a hacer: se han hecho tardos para oír.

"Pues aunque ya debieran ser maestros, otra vez tienen necesidad de que alguien les enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios, y han llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. Porque todo el que toma solo leche no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal."

Con eso en mente, yo titulé mi mensaje de hoy: "Obligados a crecer." Tú y yo tenemos una obligación. Crecer no es una opción que Cristo me da. En su plan de vida para mí no está mi estancamiento, no está mi retroceso, mucho menos. Cristo no fue a la cruz para que yo me quede como un enano espiritual. No, no, no, no, no. Es para que yo llegara a ser un gigante espiritual. No un gigante terrenal con recursos terrenales, sino un gigante espiritual.

Y entonces este paréntesis que él abre aquí es el tercer llamado de atención a su audiencia. En el momento en que este autor escribió la carta, la condición espiritual de muchos de los lectores estaba peor que cuando él los conoció. Eso es lo que el texto dice, y ahora vamos a hablar un poco sobre eso.

Entonces él comienza diciendo: "Mira, yo tengo mucho más que decir acerca de este personaje Melquisedec, del cual vamos a hablar en el capítulo 7, pero ahora no puedo." Hay una dificultad entre el tema y ustedes, pero no porque es una verdad muy profunda que no se puede explicar. No hay verdad teológica, por profunda que sea, que no pueda ser explicada. Eso no existe. Número dos: no porque es una idea filosófica que requiere cierto refinamiento mental o filosófico para entenderla, tampoco. Y tampoco tiene que ver con la capacidad mental o intelectual que ustedes tienen. No. Tiene que ver con algo más espiritual que todo eso: es que ustedes se han hecho tardos para oír.

En otras palabras, ustedes no eran así. Note: "se han hecho." O sea, esto es voluntario. Si yo tengo que hacerme algo, es porque yo no lo era. Ustedes no eran así y ahora son tardos para oír. Algo ha ocurrido.

Esta expresión "tardos para oír" en la Nueva Traducción Viviente es traducida como "torpes espiritualmente." Ustedes se han hecho torpes espiritualmente. La Nueva Versión Internacional lo traduce como "apáticos." Ustedes se han vuelto apáticos hacia la verdad de Dios. No quieren oírlo.

Nuestra disposición para escuchar —la tuya, la mía— no solamente las cosas de Dios, cualquier cosa, determina mucho lo que escuchamos y determina mucho el interés que vamos a poner después que hayamos escuchado. Y muchas veces no entendemos porque no tuvimos el interés de escuchar. Cuando Cristo vino, los fariseos nunca tuvieron una disposición de escuchar a Cristo. No es que no lo escucharon, porque ellos incluso fueron y le hicieron preguntas, pero la disposición de escuchar para entender y quizás luego para cambiar, eso nunca estaba ahí. No, no, no, no, no. Ellos habían determinado lo que iban a creer, lo que no iban a creer, y todo lo que no estuviera de acuerdo con ellos, aunque saliera de los labios de Cristo, eso no era verdad.

El refrán dominicano lo dice muy bien: "No hay más ciego que el que no quiere ver." Pero pudiéramos decir: no hay más sordo que el que no quiere oír.

El autor de Hebreos está preocupado, y un poquito más adelante te voy a decir por qué está preocupado de manera más profunda de lo que quizás hasta ahora te has podido percatar. En el capítulo 2, él le hace una primera observación, y la primera es como sencilla: cuidado que no vaya a ser que alguno de nosotros nos desviemos, que estemos en el camino y como que nos vayamos a la deriva. En 3:12 él avanza un poco más su argumento. Dice: "Me preocupa que alguno de ustedes desarrolle un corazón de incredulidad," porque si desarrolla un corazón de incredulidad, tu corazón se va a endurecer. "Si hoy oyes su voz, no endurezcas tu corazón," ese es su llamado repetitivo.

Y ahora en este texto él está hablando de consecuencias que pudieran venir, o que ya han llegado, a parte de este grupo por no tener la disposición de oír la palabra de Dios. De hecho, si sigues leyendo el capítulo 6, en los versículos 8, 10 y 12, te vas a percatar de por qué él está tan seriamente cargado. Es que en el próximo mensaje él les va a hablar de que hay algunos de ustedes que probaron la buena palabra, que disfrutaron del don celestial, y que ahora se han ido tan lejos que, ¿sabes qué?, devolverlos al arrepentimiento es imposible.

Es imposible regresarlos al arrepentimiento. En otras palabras, algunos de ustedes están a punto de alcanzar, valga la redundancia, el punto de no retorno. Y él quisiera que eso no ocurriera. Eso último que yo acabo de decir es la razón por la que Richard Phillips, hablando de este pasaje que viene, dice que es la advertencia más severa en todo el Nuevo Testamento.

Y esto es lo que él está tratando de explicar. Hermanos, algunos de ustedes han tenido y han pasado por la experiencia de hablarle a alguien y mientras le están hablando, el hijo o la hija o los hijos están distraídos, y algunos han dicho: "Pero mírame." Yo he tenido la misma experiencia con pacientes: tú les estás hablando y ellos hasta el celular han tomado. Yo he tenido que pararme y decirles: "Doctor, siga." No. Cuando tú termines con el celular. "Pero yo lo estoy escuchando." No, porque la disposición para escucharme va a determinar lo que tú entiendes, y va a determinar lo que vas a hacer con lo que entendiste, que a lo mejor no fue lo que yo dije.

Entonces, claro, se lo voy a decir más profesionalmente, más diplomáticamente, pero tengo que ayudarle a entender que la disposición para escuchar determina lo que yo escucho y luego lo que hago con lo que escucho. En el caso de este grupo, llegaron a ser tardos para oír, apáticos. Ellos se hicieron —¿cómo dice la Nueva Traducción Viviente?— torpes espiritualmente. Oyen, pero como son torpes no entienden, porque ya ellos determinaron lo que iban a creer.

Y entonces él avanza su argumento. Versículo 12: "Pues aunque ya debieran ser maestros" —o sea, un tiempo ha pasado; ustedes creyeron hace un tiempo atrás, ya ha pasado un tiempo, ya debieran ser maestros— "otra vez tienen necesidad de que alguien les enseñe." O sea, ya les enseñaron una vez, y otra vez tienen necesidad de que alguien les enseñe no las cosas profundas, sino los principios elementales de los oráculos de Dios, los principios elementales de la palabra de Dios, "y han llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido."

El autor de esta carta está diciendo: no es que para esta época algunos de ustedes debieran ser teólogos, tampoco está diciendo que debieran ser todos pastores, claro que no. Evangelistas, no. Exégetas, mucho menos. Pero debieran tener alguna capacidad de enseñar a alguien, a un hijo, a una hija, a su familia, tener un grupo de estudio, discipular a alguien. Pero resulta que no pueden ser maestros.

Ustedes perdieron una capacidad que tenían. Ustedes han vuelto, se olvidaron de cosas que ya sabían. Se han vuelto olvidadizos, de manera que hay que volverles a enseñar los principios elementales, el ABC de la fe cristiana. Hay que volver sobre eso. Y lo peor es que con toda probabilidad ellos no estaban apercibidos de su realidad espiritual.

Nosotros o crecemos o retrocedemos; nadie se queda estancado permanentemente. El problema es que cuando nosotros retrocedemos, hermanos, seguimos haciendo las mismas cosas. El domingo venimos a la iglesia, tenemos un grupo, vamos al grupo, cantamos las mismas canciones, oramos dos o tres veces a la semana y pensamos que no estamos retrocediendo. Pero la realidad es que mi pasión por Dios, la pasión por leer la Palabra, mi pasión por estar en la iglesia, mi pasión por las cosas de Dios, mi capacidad de amar a otros, todo eso ha retrocedido o no ha avanzado en lo absoluto. Por tanto, no estoy madurando hacia esa meta final del hombre maduro. Estamos en un punto donde no sabemos que no sabemos.

¿Y cómo ocurre ese retroceso, pastor? Es lo que el autor ya decía: cuidado si nos desviamos. Como mencioné, hermanos, tenemos que ser realistas: el mundo tiene cosas atractivas de diferentes maneras, cosas grandes, hermosas, seductoras, placenteras, y sobre todo para nuestra carne, absolutamente para todos. Pero cuando yo comienzo a cultivar la atracción por esas cosas del mundo, de manera natural comienzo a perder lo que tenía de atractivo, de amor o de pasión hacia las cosas de Dios.

Ahora, este no es el único grupo en el Nuevo Testamento que pasó por esta experiencia, ¿no? No. Pablo le escribió a otro grupo, a otra iglesia. Esta era una iglesia, o quizás eran varias iglesias, compuestas de hebreos, de judíos. Pablo le escribió a una iglesia de gentiles en la ciudad de Corinto y usa el mismo lenguaje que usa el autor de la carta a los Hebreos, ni más ni menos. Escuche, 1 Corintios 3:1-3: "Así que yo, hermanos, no pude hablarles como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Les di a beber leche, no alimento sólido, porque todavía no podían recibirlo. En verdad, ni aún ahora pueden."

Han pasado aproximadamente tres años desde cuando Pablo estuvo con ellos. Cuando estuvo con ellos, estaban convirtiéndose; eran gentiles, incrédulos, y como se estaban convirtiendo, eran niños y se estaban comportando como carnales. Pablo dice: "Bueno, cuando yo estuve con ustedes, les di a beber leche, porque eso era lo único que podían digerir." Pero ahora han pasado como tres años, Pablo envía su primera carta, y escucha lo que dice: "Porque todavía no pueden recibir el alimento sólido." Tres años han pasado y ustedes están en biberones tomando una leche similar. En verdad, ni aún ahora pueden. Tres años después. ¿Por qué? Porque todavía son carnales.

¿Cómo así, Pablo? Bueno, escucha: "Pues habiendo celos y discusiones entre ustedes, ¿no son carnales y andan como hombres del mundo?" Los corintios comenzaron a manifestar los síntomas de inmadurez espiritual. Pastor, ¿cuáles son los síntomas de una neumonía? Bueno, tú tienes fiebre, tienes tos, te duele el pecho, tienes flema. Y los de la inmadurez espiritual, pues Pablo comienza diciendo: "Celos." ¿Qué es eso de estar celando unos a otros? Envidias, envidiándonos unos a otros, divisiones. ¿Qué es esto de que yo soy de Pablo, yo soy de Apolos? Como si nosotros fuéramos algo, dice Pablo. Críticas, divisionismo. Esta quejumbre de los corintios Pablo no la entendía, pero es típica de la infancia espiritual.

No hay nada que genere más insatisfacción, créeme, hermano, que la inmadurez espiritual. A nosotros nos sirven mucho las metáforas, las similitudes, las ilustraciones. Piensa en un niño que está gateando. Él llora por todo: si el pañal está mojado, llora; si tiene hambre, llora; si no le dan el juguete que quiere, llora; si el juguete que más le gusta se lo prestas a un amiguito, llora; si su mamá no está cerca, llora; cuando tiene sueño, llora. Ese es el infante espiritual. Si no tiene esto, se queja. Si no tiene aquello, se queja. Si le falta lo otro, también se queja. Si le dan algo a su amigo más cercano, también se queja. Eso es como somos, hermanos. Pablo está describiéndolos a ellos, pero nos escribe a nosotros.

Y cuando él les envía la carta, les dice: "¿Sabes qué? Ustedes no crecieron; están como yo los dejé." La audiencia de la carta a los Hebreos es peor, porque ellos habían avanzado y echaron para atrás. Habían comido, habían probado alimento sólido, y ahora han vuelto a tener necesidad de leche. Y sabes que la leche no es mala, porque la leche se refiere a la Palabra de Dios y el alimento sólido también se refiere a la Palabra de Dios, pero es otro nivel de entendimiento.

La leche es como cuando estoy discipulando a alguien que tiene seis meses, un año en la fe: leche. ¿Cuánto tiempo tú tienes en la vida cristiana? Diez años, ¿y qué estás consumiendo? Alimento sólido, y muy sólido. Esa es la diferencia. Pero las dos cosas tienen que ver con la Palabra. ¿Y cuál es el problema de quedarnos consumiendo solo leche?

No es un asunto menor, porque el versículo 14 nos va a decir cuál es el problema, y ahí vamos a pasar el resto del tiempo que nos queda. Versículo 14: "El alimento sólido es para los adultos." O sea, hay dos grupos en la vida cristiana: adultos y niños. "El alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal." ¿Notaste la frase? Por la práctica. ¿Por cuál práctica? Por la práctica de la Palabra.

El discernimiento, la capacidad de discernir el bien del mal que no tienen, dice el autor de Hebreos, es algo que se cultiva, pero se cultiva cuando yo llevo a la práctica la Palabra de Dios. Es como Santiago dice: "Mira, si tú eres simplemente un oidor, lo que oíste no te sirve para nada. No seamos solamente oidores, sino hacedores de la Palabra." Eso es lo que produce la transformación, y la transformación produce el discernimiento.

Nota algo más que el texto en el versículo 14 dice: que tiene los sentidos ejercitados. Esta palabra "ejercitados" tiene que ver con el gimnasio, con algo que yo hago, algo que yo pongo en práctica; tiene que ver con el ejercicio físico. Y eso es lo que nos lleva a pensar que el cristiano que tiene la capacidad de discernir el bien del mal ha sido diligente en el estudio de la Palabra, y luego ha sido diligente en la práctica, en poner en práctica lo que encontró en la Palabra, de manera que ya a él no se le puede tildar de simple oidor: él es un hacedor consumado de la Palabra. Y esa actividad constante le permite adquirir la habilidad de discernir lo que otros no ven. Eso es una capacidad cultivada por el Espíritu.

Lamentablemente, no todos los cristianos son capaces de discernir las consecuencias de nuestras acciones. Mira de esta forma para que veas la importancia, lo grave que es no tener discernimiento espiritual. Piensa en alguna consecuencia que tú hayas cosechado.

Todos nosotros hemos cosechado consecuencias en algún momento. Piensa en esa consecuencia, la que sea. Esa consecuencia fue precedida de una mala decisión. Esa mala decisión fue precedida de un mal discernimiento, y ese mal discernimiento fue precedido de una falta de discernimiento o un escaso discernimiento, porque no había consumido ni suficiente Palabra ni había practicado lo suficiente para que mis sentidos estuvieran afilados a la hora de tomar la decisión.

Hermano, sin el sentido de discernimiento, tú no puedes transitar en la vida, y mucho menos la vida cristiana. Es imposible. Tú sabes que nosotros tenemos cinco sentidos, una comparación otra vez: la audición, la visión, el olfato, el gusto, el tacto. Tú no te puedes mover en el mundo sin esos sentidos, porque incluso el tacto a veces está oscuro y tú haces así: "Ah, bueno, esa es la mesa", y te mueves para un lado. "Este es el libro, ahí fue que yo lo dejé, yo necesito eso." La visión, imagínate si no veo, no sé ni por dónde caminar, alguien tiene que llevarme. En el mundo espiritual es exactamente igual: si mis sentidos no están afilados, preparados, cultivados en términos espirituales, yo no puedo caminar la vida cristiana.

Yo puedo, pero no voy a honrar la cruz de Cristo. Y sin el discernimiento espiritual, tú y yo quedamos a expensas de los deseos de la carne, de las corrientes, de lo que está de moda, de lo que se dice, del vocabulario, de lo que la gente hace, de lo que la gente dice, lo que las redes promueven, de las filosofías de este mundo. Quedamos a expensas de las influencias de Satanás, quedamos a expensas de la presión de nuestros iguales, porque sabes que todos nosotros quisiéramos ser más o menos como los otros, quisiéramos que nos aprueben, sentirnos como que somos parte del grupo, literalmente hablando.

Tú juntas personas muy diferentes, y no estoy diciendo lo que voy a decir ahora ni siquiera como algo malo, simplemente una realidad. Tú juntas personas muy, muy diferentes y en un rato tú ves que los introvertidos se están volviendo extrovertidos. Los extrovertidos están adquiriendo alguna condición de los introvertidos. Nos influenciamos unos a otros, pero eso es de mayor grado cuando no tenemos discernimiento espiritual.

Lo que a esta gente le pasó es que cuando retrocedieron y volvieron a tener necesidad de consumir leche y de que alguien les volviera a enseñar los oráculos elementales de la fe cristiana, ellos perdieron la capacidad de discernir el bien del mal, lo bueno de lo malo, lo sagrado de lo profano, lo modesto de lo indecente. ¿Dónde está la sociedad hoy en día? Pero ellos no eran así. Ellos cambiaron, ellos retrocedieron.

Y esa es una buena pregunta para cada uno de nosotros. ¿Tú piensas que en tu vida cristiana estás literalmente avanzando? Lo cual es una pregunta muy subjetiva porque nos engañamos a nosotros mismos. Pero, ¿tú piensas que estás mejor ahora que hace tres años, cinco años, siete años? En otras palabras, ¿tienes más pasión por Dios, más pasión por Su Palabra? ¿Crees que si hubiera un instrumento de medir, un centímetro para ver tu vida de santidad, estás muy por arriba que hace unos años atrás? ¿Crees que deseas las cosas de Dios más que hace unos años atrás? ¿Tú crees que amas más al otro que lo que amas hoy? ¿Crees que estás más sensible hacia la necesidad de los otros? ¿Crees que estás más sensible hacia la presencia de Dios, de manera que con mayor facilidad puedes llorar de emoción cuando piensas en alguna de las cosas de Dios, o no?

Porque si yo no hago estos ejercicios, yo no voy a saber dónde estoy. El problema, hermanos, es que nuestra falta de discernimiento es la causa, no una causa, es la causa de todas nuestras malas consecuencias.

Piensa por un momento. Adán y Eva habían oído, sobre todo Adán; o sea, Dios le dio las órdenes a Adán de que no comiera del árbol cuando Eva no estaba creada. Él probablemente se la pasó a Eva después. Pero Adán, tú escuchaste una sola voz. Imagino que después de un tiempo Eva debió haber escuchado la voz de Dios también; debieron haber tenido una intimidad como ningún otro ser humano ha vuelto a tener aquí debajo. Y se aparece una serpiente y le habla una sola vez, y de repente ellos perdieron la capacidad de discernir la verdad del error, la voz de Dios de la voz de la serpiente. Y aquí estamos nosotros sufriendo consecuencias todavía.

La falta de discernimiento es la causa de todos los males en el pueblo de Dios. Y Dios lo afirmó en el pasado. Mira lo que dice Isaías 5:13: "Por eso va cautivo mi pueblo por falta de discernimiento." La primera parte del versículo 13. En serio, ellos se fueron al cautiverio por falta de discernimiento. Míralo, mira cómo es: ellos se fueron al cautiverio por sus pecados, sobre todo el pecado de idolatría y de fornicación, pero hubo otros. La razón por la que ellos terminaron ahí es porque ellos no supieron discernir entre la voz de Dios vía los profetas como Isaías y otros, y la voz de su carne, de Satanás, del medio ambiente en el que ellos estaban y de la idolatría a su alrededor.

De hecho, en el mismo capítulo 5, Dios los acusa de esa falta de discernimiento. Yo te leí de Isaías 5:13: "Por eso va cautivo mi pueblo por falta de discernimiento." Tú bajas siete versículos al 20 y escuchas lo que Dios dice: "¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal!", no saben distinguir. "Que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas", no saben qué es tiniebla ni qué es luz. "Que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo", no saben lo que es la sal versus el azúcar, por así decirlo.

Bueno, si ellos no sabían distinguir entre el bien y el mal, yo creo que ellos muchas veces obraron pensando que estaban obrando bien, pensando quizás, como a veces hemos dicho, hemos oído, hemos repetido: "Pero, ¿qué tiene eso de malo?" Si no sabían distinguir la luz de las tinieblas, esa es la explicación por la cual ellos terminaron sacrificando sus propios hijos a dioses paganos. Yo creo que ellos con eso posiblemente estaban pensando que estaban complaciendo a Dios. Porque cuando Aarón hace ese becerro de oro en el desierto y le entrega el becerro, dice: "Ahí están sus dioses que los sacaron de Egipto." O sea, realmente él estaba pensando que esto que acababa de fabricar era un Dios verdadero, responsable de su salida de Egipto.

No, pero a Dios sacrificaron sus hijos. Quizás pensaron que estaban sacrificando a dioses buenos; tenía que ser, porque a dioses que ellos pensaban que eran malos para ellos no se los podían sacrificar. Y si no sabían distinguir lo dulce de lo amargo, yo creo que ellos muy frecuentemente culparon a Dios de las consecuencias que estaban sobre ellos, en vez de pensar que su conducta trajo las consecuencias sobre ellos.

Bueno, Dios sigue hablando a través de Isaías. Capítulo 27, versículo 11 dice: "Porque no es pueblo de discernimiento; por tanto, su Hacedor no le tendrá compasión, y su Creador no tendrá piedad de él." Pero así tan rápido, no, no tan rápido. Es que esa gente había tenido un profeta tras otro, uno tras otro, uno tras otro. Desde las tribus del norte, les mandé profetas; no les pusieron caso. Las dos tribus del sur, Benjamín y Judá, yo les advertí que vieran lo que estaba pasando en las tribus del norte y les envié profetas, y uno de ellos fue Isaías. Pero ellos no le pusieron atención. Como ellos no le pusieron atención porque no sabían si les hablaba Dios o les hablaba Isaías simplemente en nombre de él mismo, pues Dios dijo: "Yo no me voy a compadecer de ese pueblo, no va a haber compasión mía hacia ellos." Te das cuenta de que la falta de discernimiento es la causa de mis pecados y de mis consecuencias.

En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo entendió lo grave y lo necesario que es esta capacidad, esta habilidad. Les escribe a los filipenses, en la iglesia de Filipos, capítulo 1, versículo 9.

Él está orando por ellos, y está orando por ellos de una manera que a mí me llama la atención, porque lo que más me ha llamado la atención de parte de Pablo es lo poco que él pide por cosas físicas, materiales. Ah, lo que nosotros frecuentemente pedimos el día a día. Escucha la oración de Pablo: "Y esto pido en oración." Okay, vamos a escuchar a Pablo pidiendo por los filipenses, a quienes él amaba entrañablemente. "Que vuestro amor abunde aún más y más." Escucha ahora: "en conocimiento verdadero y en todo discernimiento." Wow.

Pablo, ¿qué es lo que oras por nosotros? No, yo estaba orando. Eh, ¿tú le pediste al Señor que nos sustentara en medio de esta carestía? No. ¿Le pediste al Señor que nos evitara las cárceles? No, claro que no. ¿Le pediste al Señor que nos evitara la persecución? Entonces, ¿qué fue lo que tú pediste? Bueno, mira, yo pedí que ustedes abundaran más en conocimiento verdadero y en discernimiento en todo, porque al final el resto de su vida depende de eso. En serio. Pablo, claro, buscar el reino de Dios primero y su justicia, y todo lo demás por añadidura. Amén.

Pablo estaba orando sabiendo que una de las mayores bendiciones que Dios le puede dar a su pueblo, o a tu vida, o a mí, es la capacidad de discernir antes de actuar, antes de hablar.

Escucha mi definición de lo que es el discernimiento espiritual. Es la capacidad dada por el Espíritu Santo para ver la vida a través de la revelación de Dios, y así establecer la diferencia entre la verdad de Dios y todo lo demás. No hay un punto en el medio. Está la verdad de Dios, y todo lo demás es la mentira del mundo, tuya, mía, de Satanás, de quien tú quieras. Pero no hay una zona gris.

Entonces, el discernimiento es la capacidad que el Espíritu da cuando tú comes alimento sólido y adquieres la habilidad de decir: "Esto es verdad de Dios, y esto es basura del mundo." Y eso es importante, hermanos. Si no está aquí, Dios no lo dijo. Olvídate de sueños, visiones y todo lo demás. Yo puedo explicar la Palabra, expandir la Palabra, ilustrar la Palabra, expandirla en términos de conocimiento y entendimiento. Yo no puedo agregar a este libro.

En el Antiguo Testamento, el pueblo se fue tras profetas que siempre tenían un sueño, una visión. Y Dios le dice a través de sus profetas: "¿Qué es lo que le ha pasado a mi pueblo, que se va detrás de los profetas que siempre tienen sueños y visiones? El profeta que tenga un sueño que cuente su sueño, pero el que tenga mi palabra que hable mi palabra con verdad. ¿Qué tiene que ver el grano con la paja? El grano de mi palabra con la paja de las visiones y los profetas falsos." Y eso lo da el Espíritu.

Pastor, ¿pero cómo yo separo la voz de Dios, la verdad de Dios, de todo lo demás? Bueno, no es que sea un uno, dos, tres, pero no puede ser tan difícil que Dios requiera personas muy intelectuales para poder discernir eso, o que hayan ido a muchos seminarios para poder discernirlo. No, no puede ser. Convencido estoy de que no puede ser. Entonces, ¿cómo yo sé que es la voz de Dios? Bueno, déjame darte algunos criterios, aunque pudiéramos hacer un seminario entero sobre eso.

Mira, la voz de Dios es consistente con su Palabra, que ya Él reveló. Si no está aquí, si es contrario, no creas pajaritos en el aire. Ah, te quieres casar en yugo desigual porque conociste una pareja que se casó en yugo desigual y después él creyó. Mira, eso es una excepción quizás que Dios hizo, pero te está impulsando a algo que no es consistente con la Palabra de Dios. Eso no es de Dios.

La voz de Dios también es consistente con su carácter. Él es santo, Él es justo, Él es misericordioso. Si no tiene esas condiciones, no crea que eso es de Dios. Si no es santo, no es de Dios.

La voz de Dios es consistente con sus propósitos eternos. Dios tiene propósitos eternos, muy por encima de los propósitos temporales y terrenales. Si es algo que va a comprometer tu santificación, eso no es de Dios. Y tu trabajo, el tipo de trabajo, tus relaciones, lo que vas a hacer, como sea, si va a comprometer tu santidad, eso no es de Dios. De hecho, Pablo le escribe a los Tesalonicenses, creo que en Primera de Tesalonicenses capítulo 4, y le dice: "Esta es la voluntad de Dios." Wow. Dime, Pablo. Su santificación. Cualquier otra cosa está por debajo de eso.

La Palabra de Dios es consistente con el llamado general a ser como Él. Dios nos llamó a ser como Él: "Sed santos como yo soy santo." Cualquier cosa que sea contraria a eso no es de Dios. ¿Y de dónde es? De mi carne o del mundo. Pero de Dios no es. ¿Por qué? Porque el llamado general es a ser como Él, ser santo como Yo soy santo.

La voz de Dios es consistente con el crecimiento espiritual. Con esta decisión yo voy a crecer espiritualmente. Bueno, no voy a tener más dificultades. Bueno, pues piensa bien si eso es de Dios. La verdad de Dios es consistente con las responsabilidades que Él me impone. Yo tengo responsabilidades como esposo, como padre, como madre, como hijo, como pastor, como ciudadano, de ser sal de la tierra y luz del mundo. La voz de Dios es consistente con esas responsabilidades que Él me impone, y si algo no va a estar de acuerdo con esas responsabilidades, eso no es de Dios.

La voz de Dios es consistente con un buen testimonio delante de Dios y delante de los hombres. Si esto va a crear un mal testimonio delante de los hombres, pues piénsalo bien.

Y finalmente, la voz de Dios es consistente con mis dones y talentos. Yo lo he ilustrado otras veces, muchos de ustedes ya me han oído, pero es fácil de ilustrar, por eso vuelvo y lo repito. Lo usé esta mañana. Suponte que mañana yo voy y visito al pastor Will Luis, el pastor de adoración nuestro, en su oficina, y le digo: "Luis, mira, tengo 28 años en esta iglesia predicando, pero yo creo que me gustaría ahora hacer algo diferente también. Me gustaría ser vocalista del grupo de adoración." Entonces el pastor Luis me mira y me pregunta qué he estado comiendo últimamente, y me dice: "Mire, pastor, con todo respeto, pero le hemos oído cantar y en 28 años no le hemos oído voz de vocalista." Entonces, eso no puede ser de Dios, porque no es consistente con los dones y talentos que yo posea.

La voz de Dios es consistente con su carácter, con las responsabilidades que Él me impone. Cuando Adán y Eva desconfiaron del carácter de Dios, tomaron una mala decisión, y aquí estamos nosotros miles de años después sufriendo las consecuencias. Porque la voz de Dios es consistente con su carácter. Dios no puede mentir. Entonces, no puede venir una serpiente a decirme que lo que pasa es que Dios no quiere que ustedes sean como Él. Cuando el pueblo de Israel olvidó que la Palabra de Dios, a través de sus profetas por cientos de años, era la manera en que Dios les hablaba, comenzaron a olvidar eso y comenzaron a creer en sueños y visiones. Y claro que no supieron discernir lo que era de Dios de lo que era de los falsos profetas.

Cuando los corintios se olvidaron de su llamado a ser maduros espiritualmente y a la santidad, se volcaron a sus pecados. Hermano, yo no sé si te has fijado, pero esta vida está llena de complejidades, de alternativas. Por eso mi frase que uso continuamente: las cosas no son tan simples como parecen. Nunca lo han sido, pero sobre todo después de Génesis 3 a esta parte están llenas de alternativas, de caminos diferentes.

Y muchas veces yo tengo que diferenciar entre lo bueno y lo malo. Pero hay ocasiones, quizás la mayoría de las veces, entre lo bueno y lo malo. Punto. Pero quizás hay ocasiones en que yo tengo que diferenciar no solo lo bueno de lo malo, sino lo bueno de lo mejor. Marta y María estaban sirviendo. El servicio no era nada malo. María estaba sentada a los pies de Jesús.

Pero Marta, siempre muy preocupada, muy atribulada, le dice al Señor: "Señor, ¿no te importa que mi hermana no me está ayudando?" Y él dice: "Marta, Marta, siempre preocupada, pero María ha escogido lo mejor."

En otras palabras, el servir no es malo, pero María se ha quedado aquí sentada recibiendo. Ella escogió lo mejor. A veces yo necesito escoger cosas así, como recibir, y eso es lo mejor. Esa es la capacidad de discernir que el Espíritu le da al creyente.

Para eso él necesita dos cosas: necesita la revelación de Dios y necesita vaciarse de sí mismo para que el Espíritu lo llene. Literalmente hablando. Miren, en el lenguaje hebreo, el lenguaje del Antiguo Testamento, la palabra "discernir" —una de las palabras, hay muchas— es bina. Y esa palabra y sus derivados aparecen 247 veces en el Antiguo Testamento. O sea, se usaba mucho para referirse a entendimiento, percepción, perspicacia.

Entonces, ¿quién es alguien perspicaz? Bueno, alguien perspicaz es capaz de ver aspectos y detalles que otros no ven. Eso tiene que ver con discernimiento. Una persona con esa capacidad tendrá mucho más cuidado al hablar y al actuar, porque sabe que no todo se dice y sabe que no todo se hace. Él tiene que ser veraz. Pero cuando vas a decir algo, tienes que saber a quién se lo dices, la madurez emocional y espiritual de la persona, en qué contexto lo dices, de qué manera lo dices, etcétera. La palabra también podría significar percibir con los sentidos, tener entendimiento, observar, prestar atención.

O sea, alguien con discernimiento presta atención y no solamente entiende, va un poco más allá. Escucha, en 1 Crónicas 12:32 se nos habla de un grupo de personas que David quería tener como parte de su ejército. Nos habla de los hijos de Isacar —escucha, porque aquí está la palabra— "expertos en discernir los tiempos". Podían ver lo oscuro de su tiempo, podían ver las dificultades, pero tenían algo más que eso. Eran expertos en discernir los tiempos con conocimiento de lo que Israel debía hacer. ¡Bingo! Ahí está.

El discernimiento no es simplemente conocimiento; es la capacidad que yo tengo, habiendo adquirido el conocimiento, de saber qué hacer con ese conocimiento. Y esta gente lo tenía. Esto no es propio de un niño, espiritualmente hablando. Tú sabes que el niño no sabe discernir. Tú enseñas a un niño a gatear, entonces va gateando, encuentra un biberón con leche y, como ha bebido leche anteriormente, toma algo de esa leche. Pero sigue más adelante, se encuentra con una caja de fósforos y comienza a comérsela. Camina un poco más y se encuentra con esas cajitas que tienen veneno para las cucarachas y también pudiera comenzar a comérsela. Él no sabe discernir lo bueno de lo malo; no tiene esa habilidad, esa capacidad. No ha visto todavía personas morirse por comerse veneno, por tanto no sabe qué hacer.

De esa misma manera, cuando somos niños espiritualmente, yo no sé lo que es la verdad de Dios que debo abrazar versus la mentira que Satanás me vende como verdad y que también quiero abrazar.

Pero es peor que eso a la hora de cultivar el discernimiento, porque nosotros tenemos obstáculos que impiden —o más bien dificultan— que yo desarrolle esta habilidad. Y el obstáculo número uno... piensa por un momento, no tienes que responder, pero piensa: ¿cuál tú crees que es el obstáculo número uno para adquirir discernimiento? No es Satanás, no es el mundo: soy yo. No está fuera de mí, está dentro de mí.

Jeremías 17:9, tú conoces el texto: "Más engañoso que todo es el corazón." ¿Pero cuál corazón? El de todos. Y sin remedio. "Dame esperanza, Jeremías. ¿Y quién lo comprenderá?" Y sin embargo, quizás tú lo has dicho, quizás lo has oído —yo sé que lo he oído—: "No, porque yo conozco mi corazón, pastor." Uy. O sea, yo conozco algo que contradice la Palabra. La Palabra dice que no, que el corazón es engañoso. El corazón —no solamente el tuyo, el mío también— es engañoso hasta que entre en gloria.

La única manera de descubrir el engaño de mi corazón la vimos hace poco en Hebreos 4:12. Te leí que dice que la Palabra es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón. Cuando yo comienzo a leer la Palabra, ella es poderosa para decir: "Mira, esas motivaciones e intenciones de tu corazón que tú creías tan buenas, pues no lo son." La Palabra tiene ese poder, sobre todo cuando es aplicada a mi mente por medio del Espíritu Santo. Si yo no estudio la Palabra asiduamente, el timón de mi vida, ¿sabe cuál es? Mi carne, mi propio entendimiento. Siempre creeré que estoy en lo correcto y que todos los demás están errados.

Esa es la gran realidad, hermano. Eso no es nuevo. El pueblo de Israel —el pueblo que Dios escogió, el pueblo que tenía a los profetas— siempre pensó que los profetas estaban equivocados y que ellos estaban en lo correcto. Moisés los saca de Egipto mediante señales sobrenaturales, están en el desierto y ahora acusan a Moisés al punto de querer escoger un nuevo líder para regresarse a Egipto. En otras palabras: "Los más maduros, los hombres de Dios, los que nos sacaron de Egipto, ellos están errados y nosotros estamos en lo correcto." Pero eso no cambió. Cristo vino como profeta también, y dijeron: "No, él está equivocado."

El problema es que, como es mi corazón, es lo que yo siento; mi corazón me autoengaña. Como me autoengaña, estoy engañado y no sé que estoy engañado. Entonces, ¿qué hago? Yo necesito que otra persona me examine, y tengo que creer en alguien que me pueda decir: "Mira, no estás pensando bien." El apóstol Pablo enseñó que él no creía en sí mismo para medirse a sí mismo. Escucha cómo se lo escribió a los Corintios en 2 Corintios 10:12: "Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos, pero ellos, midiéndose a sí mismos y comparándose consigo mismos, carecen de entendimiento." Ahí está.

Cuando yo me mido a mí mismo y me comparo conmigo mismo, me falta entendimiento. ¿Por qué no me puedo medir a mí mismo? No soy objetivo. Como dice el lenguaje: no puedo ser juez y parte. Esa es la razón. Entonces, si me mido a mí mismo y me comparo conmigo mismo, no voy a tener entendimiento ni discernimiento. Pablo decía: "Bueno, mira, que yo sepa, mi conciencia está tranquila, pero hay que esperar que el Señor venga, cuando él saque a colación las motivaciones y las intenciones, y entonces que cada cual sea juzgado, porque hasta ese momento no está claro, ni en mi caso." Wow. Tu corazón es un problema, y el mío también.

El obstáculo número dos para el discernimiento espiritual es la falta de conocimiento de la Palabra. Tú conoces la plomada: es un instrumento sencillo que los albañiles usaban, tiene un peso al final y una cuerda para medir la verticalidad de la pared. Bueno, la Palabra mide la verticalidad de las ideas y de las acciones. Esta es la plomada. Lo que no está vertical con relación a la Palabra está torcido. Yo necesito esa Palabra para tener discernimiento espiritual.

El obstáculo número tres es la falta de llenura del Espíritu. El Espíritu no puede llenarme si yo estoy lleno de mí mismo, lo cual es lo usual. Nosotros podemos aprender en la vida a irnos vaciando, pero tenemos que seguir vaciándonos. El Espíritu no puede llenar un vaso que ya está lleno. Yo necesito rendir mi mente, mi corazón, mi vida, mis deseos, mis sueños, mis ambiciones, mi futuro, al Espíritu. El apóstol Pablo dijo: "Yo me morí. Ya yo no vivo mi vida; yo vivo la vida de Cristo." Y si no tengo llenura, no puedo discernir bien.

Número cuatro: el obstáculo número cuatro para el discernimiento espiritual es la ausencia de una mente bíblica.

La palabra de Dios habla de dos mentes, no habla de nada más. Habla de la mente carnal, la mente del incrédulo, y de la mente de Cristo. Y luego Pablo nos dice que tenemos la mente de Cristo. En serio, o sea, ¿pensamos como Cristo? No es verdad. Tenemos una mente que todavía está afectada por la carne. Tenemos la mente de Cristo en la palabra y tenemos la mente de Cristo en el Espíritu. Si yo quiero pensar a través de la mente de Cristo, necesito la palabra y necesito la llenura del Espíritu. Entonces puedo actuar conforme a la mente de Cristo.

Y finalmente, el obstáculo número cinco para el discernimiento espiritual son los deseos de la carne y de la mente. Hermano, si quieres vivir bien, tienes que pensar bien, y lo que controla mi mente controla mi vida. Si quieres vivir bien, tienes que pensar bien. Lo que controla mi mente controla mi vida, mi conducta de principio a fin.

Ahora recuerda: tu carne y tu mente tienen deseos. Pablo le dice eso a los corintios, o quizá a los colosenses. La mente tiene deseos y la carne tiene deseos. Esas cosas no tienen que ser cultivadas. La mentira, la maldad, la rebeldía no tienen que ser cultivadas en el niño. Él viene con un chip de fábrica con el que actúa de esa manera. Eso no hay que cultivarlo. Yo lo puedo empeorar si me dedico a ejercitarlos, pero ya vengo con esa materia prima.

Así no es con los deseos por las cosas de Dios. No, eso hay que cultivarlo contra la corriente todo el tiempo. Es nadar contra la corriente de mi carne, de mi mente, del mundo, de lo que mi mente sueña, desea, ambiciona, calcula, se figura. Es una lucha campal.

Entonces, yo necesito llenar mi mente de la palabra, porque lo que controla mi mente controla mi vida. Pero si yo lleno mi mente de la palabra y no le entrego el control de mi vida al Espíritu, tampoco va a funcionar. Porque recuerda que yo no dije lo que llena tu mente, sino lo que controla tu mente controla tu vida. La información que recibo de la palabra inmediatamente no controla mi mente, porque yo puedo tenerla como información y no hacerle caso, como los fariseos que conocían la palabra pero no le hacían caso. Yo necesito llenar mi mente y luego rendirme a la llenura del Espíritu. Y ahora lo que controla mi mente —ser lleno del Espíritu, ser gobernado por el Espíritu— controlará mi vida.

Y eso es el hombre maduro. Eso es cómo se camina hacia la estatura de Cristo. Eso es lo que Cristo tenía en mente cuando nos dijo: "Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo." Sí, pero no puedo ser la luz del mundo si no sé diferenciar entre la luz y las tinieblas. No puedo ser la sal de la tierra sin ser la diferencia entre lo dulce y lo amargo.

Esta es la meta. Todas las demás metas que tú puedas tener, como te decía al principio, a un nivel, en una dimensión, pueden ser buenas y válidas, pero no si esta otra meta no es la que está por encima de todas las demás, controlando qué es lo que vas a hacer y cómo es lo que vas a hacer en todas las demás áreas en el tiempo de vida de este lado de la gloria.

Padres que están aquí, yo no quiero mandarlos a la casa en este Día del Padre como atribulados. Quiero mandarlos animados, de que tenemos instrucción, de que tenemos dirección, de que tenemos observaciones y advertencias, de que tenemos un Dios que está por nosotros, que por eso ha revelado todo lo que ha revelado, que tenemos claridad en la palabra. De manera que vete a tu casa animado y con la idea de que yo puedo ser ese hombre de Dios del que habla la palabra, que puedo dirigir mi casa, que puedo dirigir mi familia, puedo dirigir mi vida y la de otros, siempre y cuando le eche mano a lo que es la sabiduría de Dios.

Padre, gracias por tu palabra, tu dirección, tu buen deseo, tu gran amor, tu interés para conmigo. Gracias por tus advertencias, gracias por tus señalamientos, gracias porque tú dejaste enseñanza para congregaciones anteriores y 2000 años después a mí me sirven para el día como si fueran para el día de hoy, Señor. Nosotros los hombres que estamos aquí en este Día del Padre, ayúdanos también a ser hombres de compromiso contigo, hombres del reino, hombres con la mente de Cristo, para tu gloria, para mi gozo y para la bendición de aquellos que están a mi alrededor. Y su pueblo dice: "Amén y amén." Bendiciones. Dios les bendiga.

Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal de forma que puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.