Integridad y Sabiduria
Sermones

Cristo, tu fuente de satisfacción siempre

Joel Peña 24 agosto, 2026

Vivimos rodeados de una cultura que promete satisfacción en el éxito, las posesiones y los logros, pero que constantemente deja el corazón vacío. El pastor Peña abre este mensaje con la confesión honesta de un creyente que, teniendo estudios, negocio propio y buena posición económica, declaró sin rodeos: "Yo no soy feliz." Esa tensión entre lo que el mundo llama realización y la insatisfacción interna que persiste es el punto de partida para explorar una pregunta urgente: ¿es posible, en esta tierra, vivir con un contentamiento genuino y estable?

La respuesta que Pablo entrega desde la cárcel en Filipenses 4 es un sí rotundo. El contentamiento bíblico no es una sonrisa forzada, ni resignación, ni indiferencia estoica ante el dolor. Es, según la definición del puritano Jeremiah Burroughs, una disposición interna del alma que se somete libremente a la providencia de Dios y produce descanso y paz. Ese descanso no nace de las circunstancias favorables, sino de la convicción de que Dios gobierna soberanamente cada detalle de la vida: lo que sucede, cuándo sucede y cómo sucede.

Pablo dice que "aprendió" a contentarse, lo que revela que es una virtud cultivada, no heredada. Ese aprendizaje ocurre cuando la revelación bíblica se aplica a las experiencias concretas de la vida. El pastor Peña ilustra esto con testimonios de creyentes que atravesaron enfermedades, viudez y accidentes cerebrovasculares, y que hallaron paz no negando el dolor, sino aferrándose intencionalmente a las promesas de Dios. El ancla de todo es Cristo mismo: no una circunstancia, no un recurso, sino una persona en quien todo lo necesario ya está dado.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Contamos con un Dios fiel, con un Dios que no cambia y que mantiene lo que él dice: sus promesas, su carácter invariable. Su pueblo puede en muchas ocasiones ser infiel, pero él nunca fallará. Él nunca se apartará, él siempre cumplirá su pacto. Señor, ayúdanos a responder ante tu fidelidad con un corazón rendido a ti, obediente a ti, que se postra ante tu gobierno y que se goza en medio de él. En el nombre de Jesús. Amén.

Dios les bendiga, mis hermanos. Pueden sentarse. Qué gozo estar aquí en esta ya casi tarde, con el deseo de encontrarnos con el Señor, adorarle y también escuchar de él. Les invito a ir a la carta a los Filipenses, capítulo 4, y vamos a estar viendo desde los versículos del 10 al 13.

Como decía en el primer servicio, cuando usted escuche que un pastor va a predicar de pocos versículos, no se entusiasme mucho, porque seguro va a traer muchísimos otros versículos para apoyar esos pocos. Así que téngale paciencia.

Bien, mis hermanos. Uno de los privilegios, honras y hasta responsabilidades que tenemos como hermanos en Cristo, como familia de la fe y otros que servimos al Señor, es que podemos compartir, conversar, tratar muchos temas y caminar el uno al lado del otro. Sobre todo como pastor, nos toca, ¿verdad?, escuchar a muchos hermanos y hermanas que vienen de alguna forma a pedir consejo, una guía que esté sustentada en la Palabra de Dios para algún tema de su vida, alguna situación específica. Y eso es, como mencioné, un honor, es un privilegio, pero también una gran responsabilidad.

Mientras conversaba con uno de esos hermanos hace ya un tiempo, tocábamos diferentes temas de su vida y mientras transcurría el diálogo, hubo un momento de silencio donde él inclinó su rostro hacia abajo y al levantarlo nuevamente sus ojos estaban llorosos. Me mira y me dice: "Yo te soy sincero, yo no soy feliz."

Internamente yo me asombré con la afirmación y la honestidad de la misma. Se requiere mucha valentía para decir eso, sobre todo cuando él se considera cristiano y yo creo que lo es. Pero algo que me quedaba en mi mente era: "Oye, este hermano me está diciendo esto, pero bajo los estándares humanos como que no me cuadra, porque él puede ser una de las personas más realizadas que yo he podido conocer." Él es un profesional acabado con estudios de posgrado, trabaja en su negocio propio, nadie es su jefe, maneja su tiempo con éxito y buenos ingresos, todavía en su juventud y, a mi entender, como les dije, es una persona cristiana. Pero me decía que a pesar de todo eso, él no era feliz.

Yo preferí no responder nada inmediatamente. Yo esperé un momento para ver cómo él me explicaba ese sentir. Y aunque por razones de tiempo y discreción no voy a entrar en todos los detalles, muchos de los motivos por los que se sentía de esa forma eran metas, sueños, ideas que a su edad él entendía no había alcanzado, cuando otros sí ya estaban viviendo esos sueños.

Nuestra consejería en ese momento terminó con el compromiso de seguir hablando, y lo hicimos. Pero al pasar el tiempo, yo me quedé reflexionando cómo muchas veces podemos tener mucho de lo que el mundo considera deseable, como él lo tenía, pero nuestro corazón finalmente no encuentra satisfacción allí. Cuando nos dejamos llevar de los deseos, siempre al final, aunque tenemos ese deseo, hay algo que después nos falta y queremos eso que nos falta, y estamos descontentos.

A veces por un momento nos sentimos felices porque tenemos algo, y cuando vemos la verja después y la grama verde del vecino, como dice ese refrán, nos sentimos mal porque mi grama no está también de este lado. Una de las formas más comunes que tenemos en nuestros tiempos es ver posts en redes sociales de gente que parece tan feliz, tan completa, tan exitosa, lo tienen todo, y cuando yo me veo a mí, yo digo: "Estoy muy lejos de ahí." Los estándares de felicidad de los que supuestamente son populares y exitosos son a veces puestos como una tentación para que yo entonces me deje arropar del descontento, y a veces lo que en un momento me producía placer y alegría, ahora es como viejo. Eso está obsoleto, insuficiente, o simplemente ya no es tan bueno como lo que otros sí tienen.

Yo pudiera hacer una lista bien larga de lo que caracteriza a esta generación, pero usted reconocerá, ¿verdad?, que en tiempos anteriores —los que tenemos un poco de canas— una persona podía permanecer en un trabajo por años en un solo lugar. Los estudios actuales hablan de que la generación nuestra no pasa más de un año o dos como máximo en un mismo lugar. Los cambios de aparatos, de carros, de ropa, de todas las posesiones son constantes; se venden y se negocian para poder adquirirlos, y hasta a veces nos endeudamos para tener eso que "debemos tener", y entonces después estamos ansiosos porque tenemos que pagar las cuotas, pero estamos insatisfechos si no lo tenemos.

Uno de los aspectos más serios, sobrios y tristes es que esto es aplicado también, o vivido, en las relaciones más importantes de nuestras vidas. Los matrimonios llegan a un punto de insatisfacción porque "ya me cansé, esa persona no me satisface, no me llena", y matrimonios terminan buscando otra pareja, solo para descubrir que los mismos problemas están en la otra. El descontento, mis hermanos, puede hacer que despreciemos las bendiciones presentes y busquemos lejos de Dios lo que solo él puede brindarnos.

En el día de hoy yo quisiera que reflexionemos en una pregunta sombrilla, y es: ¿será posible de este lado de la gloria —o sea, en esta tierra— llegar a tener un sentido de satisfacción en nuestras vidas en el que podamos estar tranquilos, gozosos, no importa cuál sea la situación? Como vamos a leer ahora, la respuesta es un sí en mayúscula, porque Cristo puede ser tu satisfacción y mi satisfacción, siempre. Ese es el tema de hoy y vamos a leer los pasajes para responder esa gran pregunta.

Leamos Filipenses capítulo 4, versículos del 10 al 13. Dice así: "Me alegré grandemente en el Señor de que ya al fin han reavivado su cuidado para conmigo. En verdad, antes se preocupaban, pero les faltaba la oportunidad. No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza, sé vivir en prosperidad. En todo he aprendido el secreto, tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad." Y aquí viene de memoria: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece."

En el mensaje de hoy nosotros vamos a responder esa gran pregunta con cuatro preguntas debajo. Esta es la primera: ¿cuál es el motivo de hablar de contentamiento? La segunda pregunta es: ¿qué es realmente el contentamiento bíblico? ¿Cómo es que eso se define, se siente, se vive? La tercera pregunta que vamos a responder es: ¿cómo se llega a aprender a contentarse? Yo quiero la respuesta de esa, porque esa para mí es la más importante. ¿Cómo se llega a poder estar contento en todo tiempo? Y cuarta, la última pregunta es: como leímos en este último pasaje, "todo lo puedo en Cristo que me fortalece", ¿por qué Cristo?, ¿cómo Cristo se convierte en la fuente verdadera del contentamiento? Así que esas cuatro preguntas las vamos a ver.

Primera pregunta: ¿cuál es el motivo de hablar del contentamiento? Pablo está aquí escribiendo esta carta y, para los que conocemos un poco de la historia, él lo hace desde la prisión. Él está encarcelado; es una prisión domiciliaria en esta ocasión, aunque él ha tenido otras que no han sido domiciliarias, pero está limitado. Tiene un guardia atado a sus pies y también tiene escasez porque no puede trabajar allí. Sin embargo, está escribiendo cartas, y está escribiendo esta a los filipenses. Esta es una iglesia que fue fundada en su segundo viaje misionero, hacía ya algunos diez años de ese momento, y Pablo está aquí escribiéndole a ellos.

Y esa iglesia, hermanos, definitivamente era una iglesia muy especial para Pablo. Era una iglesia que él amaba entrañablemente. Y en reciprocidad, esta iglesia amaba mucho a Pablo también. Lo vemos básicamente en muchos versos, pero yo quisiera que fuéramos al capítulo 1, verso 7 y 8, para ver ese lenguaje amoroso con el cual él se expresa con ellos.

Dice: "Es justo que yo sienta esto acerca de ustedes, porque los llevo en el corazón, pues tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación del evangelio, todos ustedes son participantes conmigo de la gracia." Verso 8: "Porque Dios me es testigo de cuánto los añoro a todos con el entrañable amor de Cristo Jesús." Él está escribiendo a una iglesia que amaba. Me imagino a Pablo viendo en su mente sus rostros, las experiencias con ellos, y él los recordaba y decía: "Oh, cuánto les amo, cuánto les añoro desde la distancia. Yo estoy lejos, pero aquí estoy pensando en ustedes."

Gran corazón de pastor, ¿verdad?, que se involucraba en la vida de estas personas. En el capítulo 4, verso 1, también él expresa de esta forma: "Así que, hermanos míos, amados y añorados, gozo y corona mía, estén así firmes en el Señor, amados." Es muy evidente, ¿verdad?, el aprecio, el valor que tenía esta iglesia para él.

Ahora, de parte de los filipenses también había un amor y un cuidado para Pablo muy especial. Nosotros podemos ver, en este mismo capítulo 4, los versos 15 al 16, cómo él describe a los filipenses. Dice: "Ustedes mismos también saben, filipenses, que al comienzo de la predicación del evangelio, después que partí de Macedonia, ninguna iglesia compartió conmigo en cuestión de dar y recibir, sino solamente ustedes, porque aun a Tesalónica enviaron dádivas más de una vez para mis necesidades."

Esa iglesia estaba pendiente de Pablo. Esa iglesia se preguntaba: "¿Y qué necesitará Pablo? Vamos a enviarle ayuda, vamos a enviarle sustento." Y no se describe en ningún lado si fue monetario, si fue de ropa, si fue de comida. Solamente se describe que ellos estuvieron cuidándole en sus prisiones y en sus persecuciones. Gran amor tenían para con Pablo.

Y es justo también lo que vemos en el primer verso de nuestra sección de hoy, en el verso 10. Pablo dice: "Me alegré grandemente en el Señor de que ya al fin han reavivado su cuidado para conmigo. En verdad, antes se preocupaban, pero les faltaba la oportunidad." Oye, Pablo se alegra porque esta iglesia, todavía a pesar de los años —incluso aquí se nota que hubo una pausa de ese cuidado—, Pablo dice: "Ya se reavivó. Pero yo sé que ustedes antes se preocupaban y les faltaba la oportunidad."

Ese es el contexto cuando Pablo está hablándoles ahora acerca del contentamiento. Y me llama mucho la atención que Pablo se alegra por la ofrenda. Incluso en el verso 14 dice: "Han hecho bien en hacerlo, en enviar esa dádiva." Y describe la ofrenda en el verso 18 como fragante aroma, sacrificio aceptable y agradable a Dios. Sin embargo, él les hace algunas aclaraciones.

En el verso 17, él dice que no está orientado a buscar dádivas u ofrendas. Ahí lo dice claramente, ¿verdad? "No es que busque dádiva en sí; lo que yo busco es fruto de bondad de su parte." O sea, que la ofrenda en sí misma no es lo que me da alegría; es el fruto de un carácter bondadoso, generoso, fiel, amoroso que Cristo ha formado en ustedes, lo que me da esa alegría.

Y les aclara: "Como yo no estoy buscando dádivas, yo quiero enseñarles una lección. Y es: yo he aprendido a estar contento con sus dádivas o sin sus dádivas, con abundancia, sin abundancia. Mi gozo, mi satisfacción, mi plenitud no depende de las muestras generosas suyas ni de nadie más. Depende de alguien, y es aquel que todo lo puede en mi vida: todo lo puedo en Él, Cristo que me fortalece."

Esa es la primera pregunta, ¿verdad? ¿Qué le motiva? Él quiere aclararles cuál es la fuente de su contentamiento, y no es lo material o lo pasajero, sino la persona de Jesucristo.

Ahora, la segunda pregunta básica es: ¿qué es el contentamiento? ¿Cómo lo describe la Palabra de Dios? Para poder entender si yo estoy ahí o no estoy ahí, si así se ve. El verso 11 dice: "No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación, cualquiera."

"Yo he aprendido" —y me gusta mucho esa traducción—, porque Pablo está diciendo "a contentarme". Es una palabra compuesta en griego que significa "yo satisfecho": autarkeo. Yo he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación.

Y para aclarar algo, hermanos, una buena práctica es que cuando yo quiero definir algo, tal vez pudiera comenzar definiendo lo que no es, para poder entender lo que sí es. Es bueno saber qué no es contentamiento. Primero, contentamiento no es siempre estar sonriendo y siempre estar alegre. Contentamiento no significa que yo nunca voy a estar triste o afligido, pasar por pruebas, y tener preguntas y dudas de por qué estoy aquí. Incluso los salmos están llenos de muchas preguntas ante Dios de por qué están en esa situación.

Tampoco el contentamiento es motivarme a ser hipócrita y yo decir: "Bueno, tengo que estar contento, voy a hacerlo por fuera y estoy desbaratado por dentro." Eso no es contentamiento. Algo que meditaba: el contentamiento tampoco es ser un conformista o un resignado, ¿verdad? "Bueno, esto es lo que hay, ni modo, hay que aceptarlo", y entonces vivir una vida resignada con que eso es lo que hay. Eso no es contentamiento.

Tampoco es ser un conformista, un mediocre. ¿En qué sentido? Bueno, en muchas ocasiones —ojalá que tú no seas de esos—, tú sabes que había que obtener 100 en la materia, tuviste un 70 raspando y dijiste: "Lo logré, celebro 70 como si fuera un 100." Bueno, en el sentido espiritual y en el caminar con Dios, eso sería mediocridad, no es contentamiento. Tú alegrarte o contentarte supuestamente con hacer lo menos y pasar, eso no es agradable a Dios.

Por último, no es contentamiento ser un estoico. ¿Qué es eso? Bueno, un estoico es aquel que se desprende de las emociones, de los sentimientos, para al fin no sufrir en esta tierra, y entonces así está contento. Como no me ligo con nadie, no me junto con nadie, entonces no hay problema. Mientras menos relaciones, mejor. Eso no es lo que Pablo está explicando aquí, porque él tiene relaciones significativas con mucha gente y, a pesar de eso, está contento.

Ahora, ¿qué sí es contentamiento? Como explicábamos, la palabra es compuesta: es estar satisfecho con uno mismo. El diccionario teológico y técnico de la palabra dice: "tener lo suficiente para uno mismo, estar lo suficientemente fuerte o poseedor de lo suficiente como para no necesitar ayuda o apoyo." Es estar independiente de las circunstancias, es estar satisfecho, es estar en paz con cualquier situación.

Esta palabra es usada de muchas maneras. En 2 Corintios 9:8 es uno de los usos y dice: "Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, a fin de que teniendo siempre lo suficiente" —ahí está la palabra contentamiento, satisfacción— "en todas las cosas abunden en buena obra."

Para ampliar nuestra definición, yo me detuve en un famoso libro escrito por un puritano del siglo XVII llamado Jeremiah Burroughs. El libro es La joya rara del contentamiento cristiano. 400 páginas hablando solamente de ese tema. Me quedaba: wow. La gente de ese tiempo reflexionaba profundamente. En su definición —oigan bien— cómo él describe el contentamiento.

Es una disposición interna y tranquila del alma que se somete libremente a la providencia de Dios. Esta disposición le produce entonces una sensación de descanso o paz, que proviene de estar bien con Dios y de saber que Él tiene el control de todo lo que nos sucede.

El orden y la elección de palabras que Dios movió a este hombre para describir esto es importantísimo. Primero, él no comienza diciendo: "Esto es una emoción, mi hermano, que tú tienes que sentir. Si no lo sientes, pues tú estás mal." No. Él está diciendo: "No, no, no, no. Esto comienza con una disposición, con un convencimiento, y entonces tú mueves tus deseos, tus pensamientos, tu reflexión que viene desde adentro, para entonces someterte libremente a la providencia, al gobierno del Dios soberano." Y después, esta disposición sí te produce paz, descanso de estar bien con Él, de saber que Él gobierna. Ese es el orden.

Yo sé que en nuestra iglesia hemos escuchado demasiadas explicaciones acerca de la providencia, y no voy a entrar mucho allí. Incluso cantamos una canción que describe muy bien lo que es la providencia, pero me llamó mucho la atención esta definición que quiero compartirles. Dice: "Providencia es que Dios está a cargo de todos los detalles de la vida: lo bueno, lo malo, lo positivo y lo negativo. Y ha ordenado no solo lo que nos sucede, sino también cuándo sucede, cómo sucede, dónde sucede, qué sucede antes de que suceda y qué sucede después de que suceda." En fin, Dios está en control. Pero ese es nuestro Dios, y el contentamiento está anclado, apegado a un sometimiento a esa providencia y gobierno.

Hemos respondido dos preguntas de cuatro. Vamos por la tercera ahora. ¿Qué motivó hablar de contentamiento? ¿Qué es contentamiento? Y ahora, ¿cómo se llega a aprender a contentarse? "Por fin llegaste, Joel. Ahí es que yo quiero." Qué bueno que tú quieres, porque ahí nos detendremos un buen tiempo.

¿Cómo se llega a contentarse? El contentamiento realmente no es algo, ¿verdad?, que viene en el disco duro de todos nosotros desde que vinimos a esta tierra. Incluso no viene integrado cuando nacimos de nuevo, porque Pablo, siendo cristiano, dice: "He aprendido a contentarme." Es una virtud entonces que se cultiva, hermano, y se cultiva al conocer a Dios, conociendo a Dios a través de su revelación, pero aplicando esa revelación y conocimiento a las experiencias de mi vida.

El contentamiento entonces es un fruto, es como parte de ese fruto que el Espíritu produce en nosotros, que viene de la aplicación recurrente de la Biblia a los sucesos de mi vida, y entonces eso produce contentamiento. Ahora, él dice "he aprendido" y lo dice dos veces: versículo 11 y versículo 12. Esa expresión de "he aprendido" implica que tenemos que desarrollarla.

Mi intención ahora es: ¿cuál sería el currículo de esa escuela del contentamiento donde yo quiero aprender? Y ahora sí, si pudiéramos ver ese currículo, la primera materia, Contentamiento 101, sería confianza en el control soberano de Dios. Evidentemente, ¿verdad? Estamos hablando de su providencia, estamos hablando de su gobierno. Lo que se pide de mí es que yo confíe en ese gobierno.

¿Cómo se ve esto en este pasaje? Versículo 10: "Me alegré grandemente en el Señor" —subraya esa expresión— "de que ya al fin han reavivado su cuidado para conmigo; en verdad, antes se preocupaban, pero les faltaba la oportunidad." Pablo no dice aquí: "Miren, hermanos, gracias por esta ofrenda; si no hubiera sido por ustedes, yo hubiera estado bien mal." Él dice: "Yo me alegro, pero es en el Señor que yo me alegro."

Esa expresión "en el Señor", en este solo capítulo, él la menciona ocho veces: "En el Señor tengan armonía", "estén firmes en el Señor", "sus corazones y sus mentes estén guardados en Cristo Jesús", "yo me alegro en el Señor", "saluden a los santos en Cristo", "sus riquezas en gloria que están en Cristo Jesús", "todo lo puedo en Cristo que me fortalece." En Cristo, en el Señor. Pablo utiliza palabras específicas para darles a entender: "Mire, hermano, yo sé que tú has enviado la ofrenda, pero hay alguien detrás que movió esto, y es el Señor."

Y ese mismo Señor entonces es el que gobierna el tiempo. Dice: "En verdad, antes ustedes se preocupaban, pero les faltaba la oportunidad." Les faltaba, como dice la palabra en el original, el kairós: la brecha, la temporada justa para ustedes poder enviar esa ofrenda. Y uno se pregunta: ¿por qué estos hermanos no enviaron esa ofrenda antes? Como les mencioné, esta iglesia fue fundada hace diez años. Le apoyaron al principio, pero pasó un buen tiempo sin que de nueva vez apoyaran a Pablo.

Uno pudiera concluir, como es verídico, que esta iglesia era una iglesia bien pobre, de muy bajos recursos. Y a pesar de eso, es una iglesia que está teniendo compasión —como el sermón anterior nos habló— de este Pablo que está en necesidad. Ojo, hermanos: esta iglesia, siendo pobre, no se quedó de ese lado diciendo: "Pero yo soy el que estoy en necesidad. Que vengan a mí a ayudarme. ¿Por qué aquí nadie me ve a mí?" No. Esta iglesia no estaba haciéndose la víctima. Con lo poco que tenían, eso lo daban, lo enviaban, y mostraban el amor y el cuidado para con Pablo.

Pero tal vez esa es una de las razones por las cuales tardaron, ¿verdad? Otra puede ser por las persecuciones de Pablo, que lamentablemente tenía que estar de cárcel en cárcel, de pedrada en pedrada, de naufragio en naufragio. Y no se sabía dónde estaba Pablo. Pero la razón más clara y directa de este versículo es que no habían tenido la oportunidad: les faltaba la ventana abierta que solamente abre Dios.

Pablo aquí entonces no se queja con ellos, porque él está tranquilo, ya que sabe que ese tiempo, esa ventana, esa oportunidad, solo uno la gobierna, y es Dios. Es por eso que dice: "En el Señor yo me alegro, porque Él fue el que permitió esto." ¿Te das cuenta de cómo él reconoce a este Dios soberano orquestando, y entonces él confía?

Y es que, hermanos, hay alguien siempre detrás de todo lo que nos acontece, que gobierna los tiempos, los momentos, las oportunidades. Y si ese alguien determina algo, Él sabe cuándo lo hace y cómo lo hace. Ese es nuestro Dios. Pablo entendía eso. Y aquí está, hermanos, un fundamento esencial para una vida con contentamiento: estar convencido de que toda mi existencia está en las manos de un Dios soberano, bueno, fiel y que me ama.

Por eso yo estoy tranquilo. "No, no, no. Esto no se le ha escapado a Dios. Dios está moviendo sus fichas. Yo estoy aquí como espectador detrás de un Dios que va guiando todo por delante."

Pablo conocía dos cosas muy grandes. Por eso me llama mucho la atención que el versículo 11 utiliza una palabra para "aprendido" —"He aprendido a contentarme"— y el versículo 12 utiliza otra palabra que traducida también aparece aquí como "aprendido", pero tienen ciertas diferencias. La primera es como: "He averiguado, he confirmado por mi experiencia de que yo puedo contentarme; por eso he aprendido." La segunda sí es de instrucción: "Me instruyeron y por eso aprendí."

Así que de alguna manera, también en el versículo 12 habla de que "en todo y por todo he aprendido", o sea, que en cada situación y de cada fuente a la que me he expuesto, yo he aprendido a contentarme. Y por eso yo creo que él está hablando aquí de dos fuentes principales. Él aprendió a contentarse porque conocía a Dios a través de su revelación bíblica. Él conocía el Antiguo Testamento, cómo Dios gobernó la vida de José, de Rut, de Ester, de Job y de muchos otros, donde Él movió providencialmente, con todas las probabilidades tomadas en cuenta, para llevar a cabo su propósito. Él entendía su Palabra.

Dios me ha mostrado que es digno de mi confianza.

Ahora bien, como mencionaba, el contentamiento es conocer a Dios a través de su revelación aplicada a las experiencias de mi vida. Pablo también había tenido muchas experiencias en su vida que le llevaban a decir: "Yo confío en que él será el mismo. Yo no tengo por qué vivir en descontento."

Desde el primer momento, oye, hermanos, desde el primer momento que Pablo fue llamado, cuando él iba —antes de salir a Damasco, bueno, ya después que salió de Damasco y que allí Dios lo encuentra— después de ser ese perseguidor, ahora él es el perseguido. Allí a un hombre le dijeron: "Mira, Ananías, este Pablo, si tú tienes miedo porque él ha sido el perseguidor, déjame decirte algo: yo le voy a mostrar lo que se debe padecer por amor a mi nombre. Yo lo voy a enseñar." Así que ve, habla con él.

Y desde ese momento Pablo fue enseñado. Él fue enseñado a sobrevivir, a perder casi su vida y seguir siendo fiel. Él fue enseñado a poder cantar en medio de la cárcel, y a Dios manifestándose en medio de la adoración en un lugar oscuro. Él fue enseñado y aprendió a vivir humildemente con su propio sustento desde Corinto, desde ese lugar donde tuvo que trabajar para poder mantenerse. En Cesarea, él esperó a Dios en la prisión por dos años cuando no tenía ninguna acusación en su contra. Simplemente lo metieron preso y él esperó en Dios. Allí en Roma, que es de donde entendemos que él escribió muchas de sus cartas, aprendió a servir a los creyentes escribiendo a otros para edificarlos. Él aprendió.

La pregunta, hermanos, es: ¿qué te ha enseñado Dios aquí en su Palabra, pero su Palabra aplicada a tus experiencias? ¿Qué te ha enseñado, de modo que tú puedas llegar a la conclusión: "Dios es digno de mi confianza"?

Es posible que algunos no hayan llegado a esa conclusión porque han desconectado las experiencias vividas de la revelación de su Palabra. Y cuando ven solamente las experiencias, se pueden decir: "Esto es un desastre. Yo no confío en nada." Es imposible tener contentamiento sin unir las dos cosas.

Yo me tomé el tiempo en este primer punto —esta primera materia, Contentamiento 01: confianza en el Dios soberano— de hacer algunas preguntas a hermanos que yo conozco que han pasado tribulaciones significativas. Cada uno de nosotros ha pasado por eso, pero cuando tú te comparas con el que está al lado, tú dices: "Wow, Señor, yo no sé cómo yo hubiera podido." Así que yo le hice esta pregunta a varios hermanos: "En medio de todo eso, ¿cómo tú pudiste mantener tu fe y estar contento en Dios?"

Una de las respuestas fue la siguiente. Este doctor y pastor que ha padecido durante meses síntomas que van y vienen y le afectan su concentración, su voz y su energía, ante una situación que parece no parar, me respondió con un sermón bien largo, pero yo lo resumí en esto: que él diariamente, cuando siente que las cosas están difíciles, busca recordar y hablarse verdad de Dios a su corazón. Él toma la Palabra y se la predica a él mismo, no solamente en el púlpito, sino en su reflexión personal; él se queda meditando allí. Incluso hasta cosas tan simples para un hermano tan profundo. Él dice: "Yo prendo mi radio también y pongo adoración que me recuerda a mi Dios. Eso me ayuda a estar contento a pesar de todo."

Como mencioné, él también se compara con otros que están sufriendo o han sufrido mucho más que lo que él ha sufrido, y dice: "Esto no es nada en comparación." O sea, que él adquiere una dimensión apropiada de su vida y dice: "Si ellos han permanecido, yo lo haré, porque Dios es fiel conmigo también." Y él recuerda un triángulo que tiene muy presente: la expectativa es aflicción. Yo tengo que aceptarla gozosamente y ser agradecido con lo que sí tengo, y no afligido por lo que no tengo. Wow. Eso es cómo tener contentamiento.

O la respuesta de otra hermana que enviudó cuando perdió a su esposo por un cáncer de páncreas en medio nuestro. Y aunque el dolor de su partida fue y es real, reconoce lo siguiente —la estoy citando—: "Para tener contentamiento, yo tengo que tomar la decisión intencional y diaria de que mi mente y mi corazón recuerden y se aferren a las verdades y promesas del Señor." Y ahora viene lo importante: "para poder yo alabarlo aún en esta situación que no entiendo." "No es simplemente recordármelas, sino llevar a desmenuzarlas, abrazarlas hasta el punto en que desde mi corazón salga adoración y no queja o dolor." Bendito sea su nombre. Eso es posible en él.

Por último, otro ejemplo de otra hermana cuando le pregunté lo mismo, acerca de cómo se había mantenido de pie en tantas circunstancias difíciles. "Cuando mi esposo falleció hace dos años, yo lloré su muerte, pero a la vez tenía contentamiento, paz y gozo, porque estoy convencida de que todo estaba dentro del plan divino y perfecto de Dios. De igual manera, ante el accidente cerebrovascular de mi hija, recuerdo haber llorado mucho, pero me derramé delante del Señor y clamé por misericordia para ella. Y a partir de ahí me invadió esa misma paz sobrenatural que ya había experimentado antes." Y está convencida de esto: que aceptar la voluntad de Dios, estando convencida de que está dentro de su perfecto plan, es una muestra de fe y confianza que hace que el cristiano se llene de paz y a la vez experimente contentamiento.

Vuelvo a repetir, hermanos: ¿qué te ha enseñado Dios en su Palabra aplicado a tu vida particular? Yo no lo sé. Tú lo sabes. Dios lo sabe contigo. Puedes llegar a la conclusión: "Ha sido duro. Yo no lo entiendo, pero Dios es digno de mi confianza. Dios es digno y yo confío en su control." Esa es la primera materia, Contentamiento 1.

Contentamiento 2: independencia de las circunstancias. Muy claro en estos pasajes, ¿verdad? "No que hable porque tenga escasez o necesidad, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación." El versículo 12 también lo dice de una forma más explícita: "Yo sé vivir en pobreza y sé vivir en prosperidad. En todo y por todo he aprendido el secreto, tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad."

"No que hable porque yo tenga escasez." Vean acá, ¿quién es el que me está escribiendo? No un ejecutivo desde un resort con los pies arriba en un sillón. No: un hombre preso, atado, limitado, con necesidades serias. Y él dice: "No es que yo tenga escasez, es que yo he aprendido. Yo he aprendido a tener mucho y a tener poco. Yo he aprendido a estar saciado como a tener hambre. Cualquiera que sea mi situación, yo estoy bien con mi Dios."

Él conocía que había una situación real en este mundo, pero que él estaba sentado sobre una roca espiritual que le levantaba sobre las circunstancias de este mundo, y que entonces, a pesar de que las dificultades venían como le vienen a cualquier otro, él decía: "Mi gozo, mi plenitud no depende de si esto va bien o mal. Es que tengo a Cristo, es que él está de mi lado, es que yo tengo a alguien, no a algo. Yo tengo una persona, no recursos; y en esa persona lo tengo todo." Eso es lo que él está diciendo aquí.

Él reconoce su aflicción. Incluso cuando se explaya en 1 Timoteo 6 acerca de este concepto de contentamiento, él dice lo siguiente: "La piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento. Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él. Y si tenemos qué comer o con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos. Pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchos deseos necios y dañinos que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo, algunos se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores."

Aquí viene una explicación mucho más clara, ¿verdad? Como no hemos traído nada al mundo y no puedo sacar nada de él, entonces si yo tengo con qué comer y con qué vestirme, yo estoy contento.

Estoy contento con lo mucho y con lo básico, con lo abundante y con lo poco. Pero a veces el corazón desea mucho más. El corazón quiere esto y mucho más. Y esto, ojo, hermanos, no quiero caer, o que ustedes entiendan, en que las personas, los creyentes, no pueden tener ambición de crecimiento, ambición de producir, de ser excelentes, de ser productivos. Pero él lo aclara, ¿verdad?, en el versículo 10: cuando eso se convierte en la raíz de tu vida, esa riqueza y esa prosperidad es la raíz de todos los males.

Entonces, amados, ¿cómo pudiéramos estar contentos con lo que tenemos y ser agradecidos? Yo voy a atreverme a incluir una pequeña historia, a pesar del tiempo, pero esta historia es tan ilustrativa, aunque un poco jocosa, ¿verdad? Este es un hombre que se acerca donde un conocido que era un maestro judío, y está desesperado. Él vivía con ocho personas más en una habitación. Todos juntos dormían allí; estaban en precariedad muy alta. Y él le pregunta: "Mira, yo estoy cansado, yo no sé qué voy a hacer. Estoy cansado de estas personas. Todo el mundo allí no me da espacio ni nada."

Entonces el maestro le dice: "Mira, vamos a hacer algo. Tú me dijiste una vez que tú tenías una cabra, ¿cierto?" "Sí, sí, allá en el patiocito allí." "Bueno, en lugar de estar en el patio, mueve la cabra dentro de la habitación." "Okay, ¿qué más?" "Nos vemos la semana que viene."

El hombre se fue sin entender, movió la cabra, volvió a la semana despeinado, sucio, desesperado aún más, y dijo: "Pero, ¿qué fue lo que usted me sugirió? Yo estoy desesperado. Esa cabra es necia, maloliente, haciendo su necesidad en medio de nosotros. Todo está sucio. ¿Cuál es su razón para sugerirme esto?" "Tranquilo, tranquilo. Vamos a hacer algo. Saca la cabra, ponla en el patio. Nos vemos la semana que viene."

Pasa la semana y el hombre viene reluciente, limpiecito, con una sonrisa en sus ojos, en su rostro. Le dice: "Usted no sabe lo que usted ha hecho. Esa cabra ya no está y ahora yo quiero a mi familia. A los que duermen ahí conmigo los abrazo, mi hermano." Y esa es la historia.

Pero muchas veces Dios incluye dentro de nuestra vida una cabra. Yo no sé si tú estás pensando en una persona. Yo no sé; puede ser una persona, pero yo me refería a otra cosa. Puede ser una situación, una aflicción donde tú tengas que vivir con eso, y después añorar cómo estabas antes, a pesar de que te quejabas antes de la aflicción, antes de que la cabra estuviera ahí. Y después que la cabra por fin se va, tú dices: "Señor, con esto está bien, no te preocupes, no me dé más nada."

Porque muchas veces, amados, nosotros tenemos actualmente más de lo que creemos. Seamos ya agradecidos en lo poco, en lo mucho. Seamos como Pablo.

Ahora, algo que llama la atención, ¿verdad?, es que él dice: "Yo sé, he aprendido a vivir en pobreza." Uy, hermano, es una lección fuerte. ¿Tú has aprendido eso? Pero por otro lado él dice: "Yo sé vivir en prosperidad." Pero la realidad, hermanos, es que muchas veces es más difícil manejar la prosperidad que la carencia.

La prosperidad a ti y a mí nos puede hacer pensar que no necesito a Dios, que soy autosuficiente, que no necesito a nadie, que de eso se trata la vida: de estar cómodo y tener todo lo necesario. Por eso no me salgo de mi círculo y no veo a otros que están en necesidad. El placer y la comodidad son mi objetivo, y entonces yo estoy bien aquí. Incluso puede llevar a acomodar a tus hijos tanto que no entiendan la bendición de esforzarse, de ser responsables, de ser puntuales; o peor aún, que esa generación que viene ame más las riquezas, su carrera, su profesión, que a Dios.

Eso produce la prosperidad muchas veces —no todo el tiempo—, pero produce orgullo, avaricia, y se puede convertir en un dios. Así que, hermanos, necesitamos aprender a vivir en los dos extremos, y Dios quiere enseñarnos a vivir despegados de esas circunstancias, porque ni la prosperidad ni la escasez son la fuente de mi contentamiento. Es Cristo. Es Cristo. Es Cristo. Solo Cristo.

Contentamiento, clase tres. La última pregunta que teníamos es: ¿por qué Cristo es la fuente verdadera del contentamiento? ¿Cómo es que dice este pasaje "todo lo puedo en Cristo que me fortalece"? ¿Cómo se da eso de que él me fortalece en medio de toda situación y yo puedo entonces tener contentamiento mientras la atravieso? Esa es la materia número tres: Cristo, la fuente del contentamiento.

"Todo lo puedo", todo en Cristo. Estoy infundido, llenado de su poder para poder atravesarlo. Ahora tengo que abundar en esto, y es que: ¿cómo es que Cristo hace eso? Bueno, lo primero es, mi hermano, mi hermana, que sin Cristo no tendrías seguridad de salvación. Él pagó en la cruz el precio de mis pecados y de mi condenación eterna. Yo debía estar ahí, y él lo hizo por mí. Y ahora él garantiza que si soy su oveja, nadie me arrebatará de su mano. ¿Dará eso contentamiento? Hermano, que ni tribulación, ni angustia, ni nada nos separará de su amor. Eso debe dar contentamiento.

También, gracias a Cristo podemos perder dinero, libertad, reputación, salud, comodidad, juventud, hasta la vida; pero nadie puede quitarnos aquello que constituye nuestro mayor bien, nuestra mayor herencia para todo creyente. ¿Tú sabes cuál es? Cristo mismo. Yo puedo perderlo todo, pero si lo tengo a él, tengo más que suficiente. Por eso decía Pablo mismo: "Todo es considerado como basura, ya no me interesa", con el fin del asombroso valor de conocer a Cristo, amar a Cristo, atesorar a Cristo.

Bendito sea su nombre. La gran pregunta es, ¿verdad?: ¿qué tanto yo conozco a ese Cristo para que él se convierta en ese tesoro tan valioso que todo lo demás se opaca?

Como Cristo me fortalece es que, gracias a Cristo, tengo esperanza no solamente en esta tierra, sino futura. "Pues esta aflicción leve y pasajera, la de esta vida, nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación." Puedo pasar por aquí por aflicción, y Pablo la describe como breve y pasajera, pero nunca se comparará a lo que viene. Mis ojos están puestos allá, en el cielo, en su plan eterno, en su presencia divina, donde yo voy si estoy en Cristo. ¿Se entiende cómo eso puede dar contentamiento?

Yo creo que sí. Él me fortalece cuando estoy en él: todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Y termino con una de sus más grandes promesas —y podría listar muchas más—, y es que Cristo ha prometido que yo nunca estaré solo, nunca, nunca. Todo lo puedo porque él está ahí. "Yo estoy con ustedes", Mateo 28:20, "todos los días hasta el fin del mundo." Todos los días. Él provee gracia con su presencia.

Y yo puedo decir, independientemente de lo que esté ocurriendo en mi vida o pueda ocurrir: hermanos, muchos de nosotros vivimos a veces en un espejismo de lo que debe ser esta vida, y nos sorprendemos del fuego de prueba que se manifiesta, cuando esa es la realidad. No quiere decir que vivamos esperando que llegue la prueba; no, no es eso, sino que la aceptamos porque es la realidad de este mundo debido al pecado.

Por eso es, hermanos, que si hoy tú no estás en Cristo, evidentemente este pasaje dice: "No todo lo puedes porque no estás en él." Y esta predicación, este mensaje, es un clamor, es un mensaje en voz alta diciéndote: "Ven. Nada te llenará. Nada en este mundo será suficiente para tu corazón. Yo sé, porque yo lo creé", dice Dios. "Yo soy el único que lo llena. Por eso envié a Cristo por ti, por amor a ti, para pagar tu pecado, tu rebeldía. Ven a él. Tendrás perdón, tendrás esperanza, tendrás salvación y tendrás plenitud solo en él."

Si estás en Cristo, si eres creyente, si has decidido seguirle, pues necesitas seguir manteniendo y cultivando esa relación para poder seguir aprendiendo. No se acaba la escuela.

Aprendiendo a estar contento y a que Cristo sea la fuente de tu satisfacción, en todo tiempo. En todo tiempo. En todo tiempo.

Termino este mensaje con una historia de lo que significa "en todo tiempo". Una historia muy conocida, pero que aplica tanto a lo que hemos hablado. Horacio Spafford era un exitoso abogado e inversor inmobiliario que perdió una fortuna en el gran incendio de Chicago en 1871. Casi al mismo tiempo de ese incendio, donde él perdió mucho, su querido hijo de 4 años falleció de una infección bacteriana.

Pasado el tiempo, pensando en unas vacaciones para su familia después de tanto sufrimiento, envió a su esposa y sus cuatro hijas en barco a Inglaterra, y él se quedó atendiendo algunas cosas para después unirse a ellas. Sin embargo, durante la travesía en medio del océano Atlántico, el barco sufrió una terrible colisión y se hundió. Más de 200 personas perdieron la vida, incluidas las cuatro hijas de Horacio. Su esposa sobrevivió por gracia, y al llegar a Inglaterra le envió un telegrama diciéndole: "Solo yo sobreviví, ¿qué debo hacer?"

Horacio zarpó inmediatamente en otro barco rumbo a Inglaterra, y justo en el momento de mitad del viaje, el capitán se le acercó y le dijo: "Señor Spafford, ese fue el lugar donde el barco con sus hijas se hundió." Mientras Horacio pensaba en sus hijas y meditaba en Dios como creyente, palabras de consuelo y esperanza llenaron su corazón y su mente, y comenzó a escribirlas. Desde entonces, esas letras se convirtieron en un himno muy querido en toda la iglesia cristiana: en inglés, It Is Well with My Soul; en español, "Está bien con mi alma."

Voy a leer la traducción literal. Sé que hay muchas traducciones, pero decidí tomarla del inglés, que es como él la escribió, y traducirla literalmente. Después vamos a entonar esta adoración como el ministerio Gracias Soberana la compuso. Oremos.

Señor, tu Palabra nos lleva a reflexionar qué tanto nuestras vidas tienen raíces profundas en este mundo pasajero. ¿Qué tanto estamos buscando la plenitud, la satisfacción en cosas que perecen, cuando nos llamas a solamente fundamentar nuestra vida en ti? Señor, sería una tragedia que nosotros escucháramos o leyéramos este pasaje y nos quedáramos simplemente con una teoría.

Nuestro clamor en esta hora es que tu Palabra se convierta en experiencias vivas de confianza en un Dios bueno, fiel, soberano, justo, y que nunca deja a su pueblo. Ayúdanos a confiar en ti hasta el punto en que podamos decir: "Señor, no importa lo que decidas, está bien con mi alma." Gloria a Dios, en el nombre de Jesús. Amén.

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Joel Peña

Joel Peña

Joel Peña sirve como uno de los pastores de la Iglesia Bautista Internacional, donde también dirige el ministerio de consejería bíblica. Es ingeniero industrial con estudios de posgrado en Productividad y Calidad, y sirvió en su profesión por 13 años antes de dedicarse al ministerio pastoral. Completó un Doctorado en Ministerio en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Angélica Rivera y juntos tienen dos hijos, Samuel y Abigail.