Integridad y Sabiduria
Sermones

La Palabra de Dios en acción

Miguel Núñez 5 julio, 2026

La Palabra de Dios no es un texto antiguo que perdió vigencia. Es una palabra viva porque proviene del Dios vivo, y como tal, no regresa vacía: cumple exactamente el propósito para el que fue enviada. Despreciarla no es simplemente ignorar un libro; es desestimar una extensión del ser mismo de Dios, porque su palabra es reflejo de su carácter, su sabiduría, su santidad y su autoridad soberana. Violarla es violar a Dios mismo.

El pastor Núñez despliega con precisión las implicaciones de Hebreos 4:12–13. La Palabra no solo informa: transforma. Los lujuriosos son purificados, los temerosos se vuelven valientes, los iracundos en pacificadores. Ese es su propósito último, no acumular información teológica, sino producir un cambio real en el corazón y la vida. Para ilustrarlo, recupera la historia de R.C. Sproul, quien fue convertido a través de un versículo de Eclesiastés 11 que nadie hubiera escogido como texto evangelístico. La palabra encontró a un hombre muerto espiritualmente y lo trajo a la vida.

La misma lógica aparece en la parábola del hombre rico y Lázaro: si Moisés y los profetas no bastan para persuadir, tampoco lo hará el testimonio de alguien resucitado del infierno. La Palabra es suficiente. No hacen falta nuevos profetas, apóstoles ni revelaciones. Lo que la iglesia necesita son pastores que prediquen fielmente lo que ya fue dado, y creyentes que la reciban como lo que realmente es: la voz del Dios vivo obrando entre nosotros.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Padre, gracias por darnos al Hijo, la gloria eterna del Padre. Gracias por darnos tu palabra para revelar a Cristo.

Señor, en esta mañana te hemos cantado, hemos hecho la pregunta: ¿a dónde más iré? Y hacer la pregunta es contestarla, ¿a dónde más? Solamente tú tienes palabras de vida eterna, y solamente tú tienes palabra de vida. Todo lo demás es muerte.

Señor, en esta mañana, donde nosotros estamos predicando precisamente acerca de tu palabra, yo quiero pedirte una unción especial para poder hacerlo de una manera que refleje la gloria de tu palabra. Uno de tus héroes de la fe en el pasado decía que el predicador debiera predicar cada sermón como si fuera su último sermón antes de encontrarse contigo. Yo quiero pedirte algo más en esta mañana: quiero pedirte eso, pero también quiero pedirte que cada oyente pueda oír este mensaje como si fuera el último mensaje que ha de escuchar antes de encontrarse contigo. De manera que el efecto de tu palabra sea multiplicador, no por lo que yo tenga que decir, sino por lo que tú tengas que hacer.

Señor, ayúdanos a rendirnos en este momento a la acción de tu palabra. Hablamos de tu palabra, pero no entendemos lo que tu palabra realmente es. Yo te pido que tú capacites al predicador para que él, y el resto también, podamos no simplemente saborear, sino entender mucho mejor lo que tu palabra verdaderamente es y lo que tú haces a través de ella. Sorpréndenos, oh Dios, para la gloria tuya en Cristo Jesús. Su pueblo dice: "Amén."

Amén. Bendiciones. Gracias por estar aquí. De la misma manera que el pastor Pepe le ha estado animando a que cada uno traiga su Biblia, yo le voy a seguir animando a que llegue temprano.

Bueno, la semana pasada nosotros estuvimos viendo un pasaje, y llegué a decir que el tema de este pasaje comenzaba en Hebreos 3:1 y terminaba en 4:11, y que estábamos cerrando ese tema. En cierta medida, el tema era la desobediencia, la resistencia a la voz de Dios, usando como ejemplo las consecuencias de esa resistencia en la congregación, el pueblo que salió de Egipto al desierto, que Dios lo sacó de Egipto al desierto, donde por cuarenta años estuvo desafiando la autoridad de la palabra.

Les mencioné que unos cuatrocientos, probablemente hasta alrededor de quinientos años después, David, conociendo de esa rebelión por la misma palabra, retoma el tema y escribió en el Salmo 95:7-8: "Si ustedes hoy oyen su voz, no endurezcan su corazón, como en Meriba, como en el día de Masá en el desierto", claramente haciendo alusión a aquella rebelión. Y luego también mencioné que mil años después, el autor de la carta a los Hebreos toma el mismo tema, repite a David, repite las mismas palabras —no casi las mismas palabras, las mismas palabras—: "Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan su corazón." Y lo hace de manera urgente y de manera recurrente; de ahí la urgencia: lo hace en 3:7, en 3:15, en 4:7. Es como si alguien va a oír, va a leer esta palabra, y quizás sea su último día antes de encontrarse con Dios.

El autor ahora está listo para hacer un salto al próximo tema, que es el sacerdocio de Jesús. Pero él entendió, al igual que nosotros hoy al estudiarla, que el brinco no podía ser tan brusco. De manera que él construye una especie de explicación en dos versículos que nos ayudan a entender mejor la importancia que tiene prestar atención a esa voz, a esa palabra de Dios. Lo fue en el jardín del Edén; no lo hicieron, fracasaron. Lo fue hace dos mil años cuando esta carta fue escrita. Sigue siendo igualmente relevante e importante, porque es una palabra eterna, inmutable, autoritaria.

Lo que nosotros vamos a ver entonces en dos versículos abarca dos grandes temas. Ahí sentado le decía a Katosa que yo creo que debía haber hecho dos sermones de este sermón. Pero quizás si Dios hace algo, podemos estar aquí hasta las tres de la tarde y hacerlo en un solo sermón. Me gusta que se rieron y no que lloraron.

En el versículo 12, el tema es la palabra de Dios, y ahí vamos a pasar la mayor parte del tiempo. En el versículo 13, el tema es el Dios de la palabra. ¿Ves cómo se complementan estas dos ideas? La palabra de Dios, y luego el Dios de la palabra.

Ahora yo quiero que veas cómo el autor, con mucha sabiduría inspirada por Dios, une la advertencia hecha al pueblo de Dios en el desierto, a través de David, a través del autor de la carta a los Hebreos. ¿Cómo él une la desobediencia a la palabra de Dios y al Dios de la palabra? Yo creo que con eso estamos listos para leer el texto del día de hoy.

Hebreos 4:12-13: "Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón. No hay cosa creada oculta a su vista, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta."

Wow. Todas las cosas.

El pastor Pepe mencionó que el título de mi mensaje en esta mañana es "La palabra de Dios en acción." Yo creo que eso es lo que el autor de Hebreos está tratando de mostrarnos o de describir. Es un texto breve, dos temas pesados. El primero de estos temas es la palabra de Dios en el versículo 12: ¿qué es?, ¿qué hace?, ¿hasta dónde llega su efectividad y relevancia?

Yo creo que al definir la palabra de Dios se puede hacer de diferentes maneras, y probablemente diferentes predicadores lo han hecho a lo largo de los siglos de diferentes formas. Pero en esta mañana yo quiero definirla así: la palabra de Dios es la revelación de su carácter, en la medida en que ese Dios interactúa con la raza humana a quien Él le revela su plan de salvación. Es la revelación de su carácter en la medida en que Él interactúa con la raza humana para poner en ejecución su plan de salvación. De manera que todavía está acerca de Él y sus planes.

La palabra de Dios es un reflejo de su esencia, de quién Él es, de cómo Él es. ¿Te imaginas que Dios te dice: "Mira, aquí está. Tú quieres saber cómo yo pienso, cómo yo siento, cómo yo he creado, cómo yo me relaciono con ustedes. Aquí está la esencia de mi ser"? ¿Y que sus hijos que la reciben digan: "Sí, pero en realidad yo no tengo deseo de conocerte realmente"? Yo sé que no lo decimos así, pero así es como la experiencia lo muestra.

Su palabra también es un reflejo de su sabiduría infinita. El Dios de sabiduría infinita puso en este libro un reflejo —porque no lo puede tener todo— de esa sabiduría. Es un reflejo de su autoridad soberana. Es un reflejo de su santidad incorruptible. Subraya esta palabra: incorruptible. No importa lo que tú quieras hacerle a su palabra, es imposible corromper la santidad de Dios, y no es negociable.

Hermanos, violar su palabra es violar su carácter. Si entiendes lo que esto es, violar su palabra es violar su carácter. Su palabra es la garantía de cada una de sus promesas. Claro, porque cuando Dios da su palabra, Él da su honor. Esa es la razón por la que Dios no va a dejar caer ni una sola de sus promesas.

Cuando tú y yo pecamos —recuerda que el énfasis en los últimos tres mensajes ha sido la desobediencia, el desafío del pueblo de Dios en el desierto, para que nosotros aprendamos de esa experiencia—, el pecado continuo de parte de ese pueblo debe servirnos de advertencia de lo que no debiéramos hacer. Yo sé que somos pecadores, pero estamos tan habituados al pecado que tampoco pensamos mucho en la realidad del horror de que somos pecadores, de que continuamente estamos violando la palabra de Dios, lo cual implica violar el carácter de Dios.

Hermanos, pecar es cuestionar su carácter; es deshonrar su santidad.

No importa si tú lo haces o yo lo hago. Es desafiar su autoridad. Es despreciar su gracia después que me creó y luego me redimió cuando yo me perdí. Es dudar de su sabiduría infinita.

John Frame es uno de nuestros mejores teólogos de la reforma contemporáneo, y dice que su palabra es una extensión de su ser. Absolutamente. No hay otra manera de concebirlo. ¿Cómo creó Dios el mundo? Él habló, y ese fue el único instrumento entre el universo creado y Dios: su palabra. No hubo ningún otro instrumento entre una cosa y la otra. Dios habló y el mundo se creó. Volvió y habló y el mundo se organizó conforme a como él habló. Así fue en el libro del Génesis capítulo 1. Tú lees ocho veces "y dijo Dios", y dijo Dios, y dijo Dios, y como él dijo, así fue.

Y luego el autor de Hebreos recoge miles de años después y dice: "Oye, no solamente cuando él habló él creó el universo, es que el universo hoy es sostenido por la palabra de su poder. Es el único instrumento de trabajo que Dios tiene." Claro que es una extensión de su ser, porque no hay otra manera de imaginársela.

Entonces, la primera pregunta es: ¿qué es la palabra de Dios? Ya tratamos de dar una definición sucinta, pero el versículo 12 comienza a describirme esa palabra. Me dice que es viva, claro, porque es una palabra permanente. El poder que ella ejerce hoy no es menos que el que ejerció cuando ella salió en el primer lugar.

Eso era una de las cosas que le sorprendía a Napoleón. El emperador decía: "Mira, cuando yo voy al campo de batalla, a mí me sorprende que mis soldados, mi ejército, siempre y cuando yo esté ahí presente y oigan mi voz, ellos tienen un valor y son mucho más aguerridos, están mejor preparados para la guerra que cuando yo no estoy." Pero a él le sorprendía que Cristo se había muerto cientos y cientos de años antes, que él se murió, y que sus seguidores siguen hoy todavía su voz en ausencia de su persona y ausencia física de su voz.

Wow. Bueno, el autor de Hebreos nos ayuda en el día de hoy. Es una palabra con efecto permanente, siempre relevante. Lo que se le dijo a Adán y Eva hace miles de años atrás es relevante hoy. Exactamente igual: si me obedeces, vive; si me desobedeces, muere. Es literalmente una palabra que no deja de ser relevante, nunca pierde vigencia. Creo que el pastor Luis leyó el texto de Isaías 40. Se seca la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre. Su consejo permanece para siempre, dice el Salmo 33:11. Su consejo, lo que él dice, lo que él habla, permanece para el resto de la eternidad. Wow.

Adán, el día que peques morirás. De manera que tu vida está en la obediencia. Tu vida, hermano, para salvación, para comenzar, está en la obediencia de esta palabra. ¿Y sabes por qué es una palabra viva? El autor de Hebreos lo entiende perfectamente: porque su origen, su fuente, es el Dios vivo. Eso lo leemos, lo pasamos por alto, pero en la traducción, por lo menos de la Nueva Biblia de las Américas, Dios es llamado el Dios vivo por lo menos diecinueve veces, y de esas, cuatro aparecen en esta carta del autor de Hebreos.

Si su palabra es una extensión de quién él es, entonces la palabra del Dios vivo tiene que ser una palabra viva. No puede ser de otra manera; sería incongruente, sería irracional. A veces me cuentan lo que el abuelo o la abuela de alguien le enseñó, pero sabes que yo nunca lo oí; para mí no es relevante, no tiene la fuerza, no tiene la autoridad. Esta palabra no cambia con el paso de los años.

Es una palabra viva porque puede dar vida. Y millones de personas han pasado de la muerte espiritual a la vida eterna al leer la palabra o al escuchar la palabra proclamada. A mí me impresiona cómo la palabra describe que Cristo va a la tumba de Lázaro, se para enfrente de la tumba cuatro días después y simplemente dice: "Lázaro, sal fuera." Y de repente Lázaro sale caminando. Wow.

Bueno, eso es un testimonio de las Escrituras, pero déjame darte el testimonio de alguien que me han oído citar innumerables veces y continuarán hasta que yo esté predicando o enseñando, porque es una de las personas que más ha impactado mi vida. Aris Frame no fue creyente desde el vientre de su madre. Obviamente él estaba perdido en el mundo, no necesariamente en una vida inmoral, pero Dios no estaba en su camino, en su mente. Y entonces un día él entró, no sé a qué lugar, a comprar un par de paquetes de cigarrillos. Y había un par de hombres ya de cierta edad que estaban sentados y lo invitaron a sentarse, y leyeron ese día un versículo que nadie podría imaginarse que Dios usaría para traer a un hombre de la muerte a la vida.

Horas después, escucha Eclesiastés 11:3. Y él lo relató más de una vez de esa misma manera: "Si las nubes están llenas, derraman lluvia sobre la tierra, y si cae el árbol al sur o al norte, donde cae el árbol, allí se queda." Explícame. Pero es una palabra viva. La oyó, se fue esa noche y comenzó a meditar en ese versículo. Y él dice que en la medida en que lo recordó, de alguna manera él se vio a sí mismo como un árbol, su vida como un árbol caído que se estaba pudriendo o que ya estaba podrido.

Y muchos años después él recordó que esa noche Dios le visitó de manera especial, lo hizo nacer de nuevo, oró y leyó la palabra por horas. Wow. Un árbol cae, sea que caiga para el norte o para el sur, donde él se cae ahí se queda muerto. Y de repente este hombre muerto escuchó la palabra viva del Dios vivo y volvió a la vida. ¿A dónde tú vas a encontrar eso?

Es una palabra que también es calificada como viva y eficaz. Tú sabes que aun en medicina nosotros hacemos la separación entre efectividad y eficacia, porque algo eficaz es algo que realmente funciona: si un medicamento es eficaz, tú lo tomas, la gente se cura, la gente se sana, la gente se mejora prontamente. Efectiva puede ser que lo haga, pero puede ser que no lo haga; puede ser que lo haga en algunos, quizá no en otros. Pero eficaz es eficaz.

Escucha lo que Dios dice para que puedas entender lo eficaz de su palabra. Isaías 55:11: "Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo y logrado el propósito para el cual la envié." Wow. Dios dice: "Escucha, yo estoy predicando en su palabra. Yo acabo de leer su palabra. Lo que salió ahora mismo de Isaías 55:11 salió, tú lo oíste." Dios dice: "Miguel, yo te garantizo que esa palabra que salió, o que está saliendo, tiene un propósito y no va a volver a mí vacía hasta que ese propósito sea alcanzado."

Dios habla su palabra, deja hablar su palabra, predicar, proclamar su palabra con un propósito definido, y esa palabra hace exactamente lo que Dios quiere. A veces la palabra sale y la gente se salva y se muere ese día simplemente porque ese era su día; y otras veces tú le predicas a alguien, no recibió la palabra y también se murió ese día porque ese día era su último día. Y en un caso salió y produjo salvación; en el otro salió y produjo condenación. Wow.

El universo entero fue creado y organizado por su palabra. Dios habló. Cada astro se formó del tamaño que Dios dispuso. Dios no dijo: "Crezca la luna o el sol, dos lumbreras de tal tamaño"... no, no.

Él habló, y su palabra salió con un propósito definido. Cada astro alcanzó el tamaño adecuado, a la distancia adecuada del próximo astro, para realizar la función para la cual Él lo creó. Yo te he mencionado eso anteriormente, pero para que puedas entender el propósito de su palabra: nosotros tenemos una luna, y los novios se enamoran a la luz de la luna y piensan bajo ella. Pero cuando Dios creó la luna, no tenía ningún propósito romántico con la creación.

La luna está a 384,000 km de la Tierra y tiene un tamaño específico. Tenía que tener ese tamaño y esa distancia, porque una luna más grande inundaría el planeta de agua con las mareas. Pero una luna más pequeña no le daría al planeta Tierra la inclinación que tiene de 23 grados, de manera que los inviernos no sean tan fríos ni los veranos sean tan calientes y podamos vivir. Si está más lejos, no produce esta inclinación; si está más cerca, la inclina demasiado.

Pero Dios no dio instrucciones más allá que simplemente, por así decirlo, que la luna se formara, porque no es una palabra impersonal como la tuya o la mía. Nosotros a veces damos instrucciones muy específicas y luego la persona hace otra cosa, y tú dices: "Pero, ¿no hiciste tal cosa?" Y responden: "Bueno, tú no me dijiste." No. Cuando Dios habla, no es una palabra impersonal como la fuerza de la gravedad; no es una fuerza que simplemente es poder. Es poder, sí, pero ese poder tiene contenido, tiene significado, tiene propósito. "Júntense las aguas": ya saben dónde se van a parar. ¿Tú sabes de qué Dios es del que estamos hablando?

My goodness, como dirían en inglés. Cuando Cristo se para frente a la tumba de Lázaro y dice: "Lázaro, sal fuera", yo, como médico, comencé a pensar en todo lo que tenía que ocurrir antes de que él pudiera salir afuera. Las células cobraron vida, la sangre comenzó a moverse, los órganos comenzaron a funcionar, el cerebro se llenó de actividad eléctrica. Las arterias y las venas, que llevaban cuatro días muertas y se habían ya desinflado, por así decirlo, comenzaron a llenarse de nuevo. Los nervios comenzaron a transmitir electricidad de manera que los huesos y las articulaciones pudieran comenzar a moverse. Y lo único que Él dijo fue: "Lázaro, sal fuera", porque mi palabra cuando sale no regresa a mí sin que haya realizado el propósito para el cual yo la envié.

¿Te imaginas lo que Dios nos ha dado? "Sal fuera." Y tú a veces te pasas seis horas diciéndole a un hijo tuyo que haga algo y no lo hace.

La palabra que Dios nos dio no es una palabra muerta. Como dijimos, no es una palabra antigua ni irrelevante. Tiene la misma relevancia ayer que hoy. No es una palabra temporal. "Ah, bueno, eso le sirvió a Adán y Eva en el jardín del Edén, pero ya eso no nos sirve hoy." Bueno, pruébalo. Su obediencia es vida; su desobediencia es muerte.

Es una palabra viva, y yo le estoy predicando hoy. Pero sabes qué: toda la semana, si me encuentro con alguien —a veces accidentalmente, a veces porque nos tocaba consejería o el miércoles—, me dice: "Pastor, usted dijo el domingo tal cosa", algo que tuviera contenido de la Palabra, "y yo todavía estoy reflexionando en eso. Pastor, usted dijo tal cosa y yo me sentí mal el domingo, y todavía me sigo sintiendo mal, pero yo no he vuelto a hablar, yo no he vuelto a ver a la persona." No, no, no, no. Porque es una palabra que, cuando entró, hace el trabajo para el cual Dios la envió, y por eso es que te sigue retumbando.

Tú sabes cómo Pablo lo explicó a los tesalonicenses. Esa es una de las cartas que yo más disfruto. Primera Tesalonicenses 2:13. Escucha lo que Pablo les dice. Pablo va a Tesalónica; había estado en Berea, lo habían perseguido, salió corriendo, llegó a Tesalónica y ahí volvió a predicar la Palabra, a pesar de que lo estaban persiguiendo y de hecho sufrió físicamente. Pero él volvió a predicar.

Entonces llegó el momento —no pasó mucho tiempo ahí— en que habló la Palabra en la sinagoga tres días de reposo, tres semanas. No sabemos si después se fue a las tres semanas o si siguió predicando fuera de la sinagoga. Yo creo que probablemente fue más de tres semanas, porque el impacto de Pablo en esa iglesia fue masivo. Pero cuando se fue, él les escribe una carta, y en su primera carta les dice: "Por eso también nosotros sin cesar damos gracias a Dios de que cuando recibieron la palabra de Dios que oyeron de nosotros, la aceptaron no como la palabra de hombres, sino como lo que realmente es: la palabra de Dios."

Escucha ahora, déjame muy rápido. Pablo fue, predicó la Palabra, ellos la oyeron, la recibieron como la Palabra de Dios. No había Biblias, literalmente hablando. Y continúa: "…la cual también hace su obra en ustedes los que creen." ¿Cómo fue, Pablo? Sí, la palabra que yo les dejé está actuando todavía. La palabra que ustedes oyeron está haciendo un trabajo, ¿lo crean o no. Esa es la razón por la que Pablo se va y esta iglesia sigue como fue. Esta iglesia llegó a ser ejemplo en toda Macedonia y en Acaya. Por todas partes, dice Pablo, de hecho él no tiene nada que decirle. ¿Por qué? Porque ella siguió haciendo su obra en ellos.

Pero esta no es la única vez en que Pablo, al despedirse o dirigirse a un grupo de personas, señala el poder de la Palabra. Recuerda su segundo viaje misionero —creo que fue el segundo—: él no tenía tiempo de llegar a Jerusalén para llevar una ofrenda, pero tenía necesidad de hablar con los ancianos de Éfeso. Se detuvo en Mileto, los mandó a buscar y les habló una serie de cosas. Entonces, cuando se va a despedir de ellos, ya en la playa, donde lloraron muchísimo, Pablo les dice: "Ahora los encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia."

"A Dios y a la palabra de su gracia", como si fueran dos cosas diferentes, que no lo son. Escucha lo que Pablo dice: "…la palabra de su gracia, que es poderosa para edificarlos y darles la herencia entre todos los santificados." Los encomiendo a la Palabra que yo les prediqué —no hay Biblia; es la que ustedes van a recordar—, que es poderosa, primero, para santificarlos. Ya habían hecho profesión de fe, supongo; ya eran nuevos creyentes, pero necesitaban santificarse. Y esa palabra es poderosa también para darles la herencia entre todos los santificados. En otras palabras, lo que ustedes oyeron tiene poder de seguirlos santificando y de preservarlos en el camino hasta que reciban la herencia en los cielos. Wow.

Pero esa es la misma Palabra que la generación de hoy en día tiene en diferentes versiones, idiomas, instrumentos, celulares y computadoras, y que es despreciada por muchos de los hijos de Dios. Es la misma palabra que Dios nos dio, que es una extensión de su ser, la Palabra que obra su trabajo en nosotros. Su Palabra es viva y eficaz, es dinámica, no es pasiva. Ella no se mueve porque no es un instrumento per se, un instrumento físico. Pero cuando Dios habla, las cosas se mueven. Tú nunca has visto una cosa que se mueva sin que algo físico la mueva. Bueno, su Palabra la mueve.

Dios habló, movió el viento, el mar se separó en dos y el pueblo hebreo cruzó al otro lado. Pero cientos de años después, Cristo viene —Dios también encarnado— y está en medio de una tormenta. El mar está furioso, y Cristo se para y dice: "Cálmate, soségate." Y el viento cesó. ¿Y qué palabra es esta? Y sobrevino una gran calma. No tuvo que ponerle la mano al mar; no tenía ninguna otra cosa con la que trabajar que no fuera su Palabra. "Cálmate."

Tú has estado con tus hijos pequeños, de año y medio o dos años, en medio del supermercado. Hacen un berrinche, se tiran al piso, y tú dices: "Cálmate, cállate." Y aquí aumentan los gritos. El mar se calló.

Nadie había escuchado una palabra semejante. Fue tan chocante que esta fue la pregunta de quienes la oyeron: "¿Quién, pues, es este que aún el viento y el mar le obedecen?" ¿Quién es este hombre? Esto es como un fenómeno.

Ya, hermanos, les dije: Dios habla y las cosas se mueven. Dios le habló a la nada y la nada fue llena —oye, escucha— de 2 trillones de galaxias. Lo que son 2 trillones de galaxias tiene demasiados ceros para contarlo, y cada galaxia tiene billones de astros. La nada se llenó, cada cosa en su lugar. Las galaxias se mueven a miles de kilómetros por hora. Tú te imaginas todos estos astros dando vuelta en el universo, y Dios dice: "Por la palabra de mi poder." ¡Wow!

Pero la palabra de Dios no solamente es efectiva y eficaz para las cosas materiales, sino también para nosotros. Escucha un párrafo de Paul en su libro El llamado peligroso (*Dangerous Calling*). Escucha lo que él dice: cuando la palabra de Dios es enseñada fielmente por el pueblo de Dios, empoderada por el Espíritu Santo y cae sobre las personas como está cayendo ahora —vamos a decirlo—, ellas son transformadas. Escucha: los lujuriosos son purificados, los temerosos se vuelven valientes, los ladrones se convierten en generosos, los exigentes en siervos, los iracundos en pacificadores, los quejumbrosos en agradecidos, y los idólatras llegan a adorar con alegría al único verdadero Dios.

El propósito último de la palabra de Dios, dice Tripp, no es la información teológica. Ese es el problema: que nosotros escuchamos la palabra de Dios, escuchamos cosas como esta acerca de la creación del universo, decimos "¡Wow, increíble!", y creemos que ya terminamos con la información, ¿no? El propósito de la palabra es la transformación del corazón y de la vida.

No es por accidente. No es por accidente que Dios llama a su palabra y dice que es como un fuego. Jeremías 23:29, la primera parte: un fuego que consume; y como un martillo, la segunda parte del mismo versículo, que despedaza la roca. Es una lámpara que ilumina mi camino, Salmo 119:105. Es un espejo en el que tú te puedes ver, Santiago 1:23.

Esa es la razón por la que se ha dicho que la palabra me interpreta a mí mejor de lo que yo la interpreto a ella. Vamos a decir eso otra vez: la palabra me interpreta a mí mejor de lo que yo la interpreto a ella, porque si me pongo a leerla, me dice cómo yo soy verdaderamente, porque es poderosa, es eficaz, es penetrante, es reveladora.

¿Qué tan eficaz es? Recuerda, yo dije que la palabra de Dios es la revelación del carácter de Dios a la raza humana, a la que Él estaba —no "tratando de salvar"— sino poniendo en ejecución su plan de salvación. Entonces, para ese grupo, ¿qué tan eficaz es? Bueno, Pablo dice en 2 Timoteo 3:16-17 que toda Escritura es inspirada por Dios. Para un momentico: inspirada. La palabra es theopneustos, que implica esto: esta palabra salió de Él, no como está saliendo la mía, ¿no? Pedro nos ayuda a entender cómo, por medio de la acción del Espíritu que inspiró a los autores, ninguna palabra de la profecía fue dada jamás como fruto de la voluntad humana, dice Pedro; no, fue exhalada por Dios. Y es útil, eficaz. ¿Para qué, Pablo? Para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia.

Bueno, ¿y eso para qué me sirve? A fin de que el hombre de Dios sea perfecto, completo, equipado para toda buena obra. Queremos servir, pero no puedo servir si esta palabra no ha hecho su efecto en mí. Si no la conozco, no la estudio, no la escudriño, no dejo que me escudriñe, no puedo servir, porque ella es —escucha— la que hace al hombre de Dios perfecto, equipado para toda buena obra.

Es una palabra eficaz, viva, poderosa para enseñar. Comencemos ahí: ¿para enseñar qué? Bueno, dijimos algo de eso ya: para enseñar el camino de la salvación. Bueno, ¿pero cuánto puedo yo aprender de la palabra? Mira, David escribe el Salmo 19 por inspiración de Dios, y el versículo 7 dice que esta palabra hace sabio al sencillo.

Tú escuchaste: queremos sabiduría. Sí, pero mejor vamos a un curso de fin de semana a ver si nos enseñan integridad y sabiduría, y ahí acabamos, ¿no? La palabra tiene que seguir penetrando, haciendo un trabajo, derrumbando malos entendimientos, intereses encontrados que se oponen literalmente a la obra de Dios. La palabra tiene que hacer su trabajo de abrir mis ojos para que yo vea la realidad como realmente es.

Y esa palabra es la que Pablo dice en Romanos 10 que la fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios. La fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios. Resulta que cuando Pablo dice que la fe viene, es que la vida viene, o que las personas pasan de la muerte a la vida cuando oyen la palabra o cuando leen la palabra; ese es el instrumento que da vida.

No queremos un nuevo sueño, queremos una nueva revelación, queremos un profeta, queremos un nuevo apóstol, que nadie lo conoce. Yo creo que la mejor evidencia de esto es que lo que la palabra de Dios no puede hacer, nada lo va a hacer.

Tú conoces la historia del evangelio de Lucas sobre Abraham y el hombre rico. El hombre rico, vestido de púrpura y lino fino, dice Lucas 16:19, vivía celebrando cada día fiestas con esplendidez. Y un pobre llamado Lázaro yacía a su puerta cubierto de llagas, deseando saciarse con las migajas que caían de la mesa del rico. Además, hasta los perros venían y lamían sus llagas. ¡Wow!

Y sucedió que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham, y murió también el rico y fue sepultado. Algunos piensan que esto fue una parábola, y pues quizás lo sea, pero hay cosas aquí que son muy diferentes a lo que una parábola se supone que sea, porque aquí hay nombres específicos. Las parábolas no tienen nombre: "Un sembrador salió a sembrar." ¿Cómo se llamaba? No, no sabemos. Es una parábola, es una historia construida. Aquí hay un Lázaro, un hombre específico. Aquí hay un seno de Abraham, y aquí hay un hombre rico que aparentemente era conocido también.

Entonces, ahora el hombre rico está en tormento. Lucas 16:27 y el versículo siguiente: le dice a Abraham: "Te ruego, pues, padre, que lo envíes a la casa de mi padre" —es decir, a Lázaro, que está del otro lado en otras condiciones—. "Envíalo a la casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos, de manera que él los prevenga para que ellos no vengan también a este lugar de tormento." En otras palabras: manda a alguien que esté en tormento, que sepa lo que es este dolor, que les cuente, para que ellos no tengan que llegar aquí.

Abraham dijo: "Ellos tienen a Moisés y a los profetas; que los oigan." Él dijo: "No, padre Abraham, sino que si alguno va a ellos de entre los muertos, se arrepentirán." Piénselo bien. Más Abraham le contestó: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán si alguno se levanta de entre los muertos."

Si esta palabra que está siendo proclamada, explicada, leída, no produce el arrepentimiento, pueden venir mil personas del infierno a contarnos sus testimonios, sus historias, y no los van a escuchar, porque siempre serán las palabras y las historias de esos individuos. Esta es la palabra de Dios: viva, eficaz, poderosa. Amén.

que da vida.

De manera que con esto Cristo reveló que el testimonio de un muerto que salga del infierno para hablarnos de lo horrible del infierno no será jamás más poderoso que su palabra. Su palabra es suficiente. Ellos tienen la palabra de Moisés, tienen la palabra de los profetas, tienen más que el testimonio de este hombre Lázaro, que pudiera ir a contarle a mis hermanos acerca de lo horrible que es el infierno.

Hermano, recuerda que hoy puede ser tu último sermón. Hoy puede ser mi último sermón. Yo quisiera estar apercibido cada vez que predico. No puedo decir que lo he hecho con esa realidad de que puede ser mi último sermón y, por consiguiente, yo tengo que predicarlo como si ya yo ni lo fuera a ver más, y que me fuera a encontrar con el rostro de Cristo ante su tribunal, donde tengo que rendir cuenta, y que Él tenga preguntas para mí.

Hermano, lo que tú y yo necesitamos es esta palabra. Nosotros no necesitamos nuevos profetas y revelaciones. Tenemos la palabra de ayer, que es la misma para hoy. Nosotros no necesitamos de nuevos apóstoles. No, no, no, no. Necesitamos pastores que prediquen su palabra con fidelidad. Eso es lo que necesitamos. No necesitamos sueños y visiones. ¿Para qué? Necesitamos predicadores que prediquen con precisión la palabra que Él nos dio. No necesitamos otro evangelio de Jesucristo, como dicen los mormones. No, no, no. Lo que necesitamos es creer en el poder del evangelio que ya tenemos. Eso es lo que tú y yo necesitamos hacer: vivir el evangelio que ya se nos dio.

Y es a través de esta palabra que viene la fe, y la fe es por el oír. Pero sabes que no solamente la salvación viene a través de esta palabra. Hermano, quizás tú luchas con tu santificación. Quizás, si eres sincero, dices: "Bueno, yo debiera estar mucho más avanzado que lo que estoy." Pero hay una relación directa entre cuánto yo consumo de esto y cuánto de mi no santificación permanece.

Cristo lo dijo. Cristo lo creyó tanto que lo oró de Hijo a Padre en sus últimas horas en el aposento alto: "Santifícalos en la verdad. Tu palabra es verdad." Pero no hay otra forma de santificarlos. La única forma es la que Dios diseñó. Este es el instrumento de trabajo de Dios: su palabra. Él no tiene otra cosa que no sea su palabra.

Las Escrituras fueron impregnadas con poder para salvar, para santificar. Y la historia de la iglesia está llena del poder de esa palabra. Es como un fuego que consume. Claro, si tú consumes palabra, esa palabra va a consumir tus impurezas. Yo le decía eso a un joven ayer: tú necesitas el fuego de la palabra para consumir tus impurezas. Pero es también como un martillo que no da golpes a cada momento, pero cuando da, su poder es demoledor. Esto que se está proclamando es como un martillo.

La pregunta es si trato de esquivar el martillo. De manera que ahí está el pastor otra vez hablándome a mí. "Déjame pensar en otra cosa. Déjame ver si me llegó un mensaje." Porque cuando da, su poder es demoledor. Tú conoces la historia del apóstol Pablo. Saulo, en su momento, perseguidor de la iglesia, con mil ideas: fariseo de fariseos, circuncidado al octavo día, de la tribu de Benjamín, discípulo de Gamaliel.

Y Cristo se aparece en una sola ocasión. "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" —Hechos 9:4—. Y él dijo: "¿Quién eres, Señor?" Y Él respondió: "Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer." Y eso fue suficiente para la salvación y la transformación del perseguidor, que ahora se convirtió en predicador. De perseguidor de la iglesia a predicador para la iglesia.

Pero, ¿cómo es posible tal poder? Bueno, es que ella es eficaz para enseñar, pero también para reprender al que anda mal, al que está dando un mal testimonio. Pablo escuchó que Pedro no quería juntarse con gentiles después que se había juntado con judíos, y como estaba andando mal, Pablo lo confrontó. Ella es poderosa para reprender, pero es poderosa también para reprender a tu carne, a Satanás, cuando te tientan. Como él fue y tentó a Jesús. ¿Y qué hizo Jesús? Tres veces le dijo: "Escrito está, escrito está, escrito está." No hizo más nada. Usó la palabra para contraatacar el mal uso de la palabra que Satanás estaba haciendo. Nada de alarde de poder, simplemente citó la palabra.

Hermanos, esta palabra, si tú la consumes, va a destruir tu pecado, y si no la consumes, el pecado te va a destruir a ti. Esta es la palabra que santifica. No hay otra forma. ¿Por qué? Porque la palabra es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón. Así es como termina el versículo 12 de este pasaje.

Pablo dijo a Timoteo que esta palabra era suficiente, útil, eficaz para enseñar, para reprender, para corregir e instruir en justicia. No tengo el tiempo para seguir descifrando cada una de esas frases porque al final necesitamos presentar el mensaje completo. Pero escucha, en tercer lugar, lo que se nos dice de la palabra. Ya se nos dijo que era viva, que era eficaz, y vimos que la eficacia tenía que ver con poder: que es más cortante que cualquier espada de dos filos. En la antigüedad había una espada pequeña, más como una daga, que tenía dos filos y era un instrumento temido porque no importa cómo tú la movieras, cortaba. Sabes que los cuchillos no son así: tienen un lado afilado y un lado romo.

Pues bien, la palabra no se nos dio como espada de doble filo para causar el mismo tipo de efecto en la carne física que en nuestro hombre interior. Pero lo increíble es que la palabra que trae la convicción de pecado a alguien —ese es el filo de un lado— es la misma palabra que trae el arrepentimiento a esa misma persona y lo hace pasar de la muerte a la vida. Ciertamente es una espada de dos filos. La convicción viene por la palabra y el arrepentimiento también, en dos direcciones diferentes.

¿Te acuerdas de la historia que te conté? Bueno, él se vio como un árbol muerto, podrido en delitos y pecados. Y ese día se sintió muerto al recordar la palabra. La palabra lo mató y lo revivió al mismo tiempo. Lo mató y luego le dio vida. Esa es la espada de dos filos.

Ahora mismo yo estoy predicando, pero yo no sé lo que cada uno de ustedes está recibiendo, entendiendo, procesando. No lo sé. Pero es muy posible que de este lado haya algunos a quienes esta palabra esté penetrando de una manera, cortando de una manera, y que de este otro lado haya otros que estén siendo cortados de otra manera, y aquí al frente o en los balcones de otra manera. Esa es la palabra: la misma palabra predicada, por donde se mueve, corta de forma diferente.

Y con ese filo, entonces, es descrita como capaz de penetrar hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos. Y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón. Ahora escucha: cuando tú lees este texto, el texto no está hablando, cuando habla de separar el alma del espíritu, de la composición del ser humano; está hablando de la palabra. La palabra de Dios —cualquier conclusión a la que vayas a llegar— tiene que ver con la palabra de Dios, no con la composición del ser humano. De manera que este no es el texto para hablar de que el ser humano tiene un alma y tiene un espíritu, porque no lo tiene así separado. Eso es un término intercambiable en la revelación de Dios. A veces usa alma, a veces espíritu. El hombre tiene dos partes: la parte material, formada del barro, y el aliento de vida de parte de Dios.

Pero esta palabra poderosa —la que formó el universo— resulta que está escrita como capaz de discernir los pensamientos y las intenciones del corazón. Está hablando de la capacidad de la palabra, no de separar el alma del espíritu. Eso es una metáfora, como también lo es separar las articulaciones de los tuétanos que están en el medio.

Esas dos cosas están separadas de manera natural. No está hablando de la capacidad que la palabra tiene de penetrar las interioridades del hombre, de revelarle cosas, de traer a su memoria cosas. La NTV, la Nueva Traducción Viviente, traduce el final de este versículo 12 diciendo que ella, esa palabra, deja al descubierto nuestros pensamientos y deseos más íntimos. Wow. Tus deseos más íntimos.

Algunos de ustedes conocen el nombre John Newton. John Newton, el autor del increíble himno "Sublime Gracia", Amazing Grace. Él no era un hombre muy sublime y mucho menos de gracia. Su madre le enseñó la palabra, él se rebeló, se fue al África, se volvió un blasfemo, grosero, libertino. Se fue al África pensando que allá podría probablemente gozar mucho más. Era un traficante de esclavos.

Pero el 12 de marzo de 1748, él estaba en el barco y había ascendido de posición en un momento dado y estaba al timón. Estaba en medio de una tormenta que él no podía dominar. Tenían horas luchando y tratando de sacar el agua que ya estaba entrando a la barca. Y atemorizado, él pensó que no iba a salir con vida.

Y la palabra que hace su obra en ustedes, como lo dijo Pablo a los tesalonicenses, la palabra que su madre le enseñó entró a su memoria y él recordó Proverbios 1:24 al 31. Yo simplemente les voy a leer hasta el 28. Está en medio de una tormenta: "Porque he llamado y han rehusado oír. He extendido mi mano y nadie ha hecho caso. Han desatendido todo consejo mío y no han deseado mi reprensión. También yo me reiré de la calamidad de ustedes. Me burlaré cuando sobrevenga lo que temen, cuando venga como tormenta lo que temen y su calamidad sobrevenga como torbellino. Cuando vengan sobre ustedes tribulación y angustias, entonces me invocarán, pero no responderé. Me buscarán con diligencia, pero no me hallarán."

Hermano, es posible que alguno de nosotros haya estado siendo buscado por Dios, perseguido por Dios. Dios le está hablando. Es posible que alguno de nosotros no llegue el día de mañana simplemente porque no conocíamos esa historia. En medicina lo hemos visto múltiples veces.

Esa es la palabra que hace su obra, la que Dios usó, la que le trajo a colación a Newton en medio de la tormenta en la que él se encontraba. Y de repente él pasó de ser un hombre grosero, vulgar, profano, libertino, a ser un hijo de Dios. Y de ahí surgió "Sublime Gracia". Él no lo podía creer.

Al final de sus días él había perdido casi toda la memoria. Dijo: "Yo he perdido casi toda mi memoria, pero hay dos cosas que yo recuerdo: que yo soy un gran pecador y que Jesús es un gran Salvador." Amén. Esa es la realidad de tu vida y de la mía.

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón. Wow.

Ahora nota, tengo que llevar esto a un cierre. Nota de la manera tan extraordinaria que el autor de Hebreos conecta la idea de que la palabra puede discernir los pensamientos e intenciones del corazón, y la conecta entonces con el Dios de la palabra, que tiene la misma capacidad pero lo ilustra mucho mejor. Versículo 13. Este es nuestro segundo tema: el Dios de la palabra.

Escuche, versículo 13: "No hay cosa creada oculta a su vista, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta." Yo creo que ese solo versículo debiera ser capaz de intimidarnos a todos y hacernos dejar de tratar de escondernos.

Escuche: no hay cosa creada oculta a su vista, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de aquel —peor todavía— a quien tenemos que dar cuenta. Este es un Dios omnisciente. La palabra puede discernir pensamientos e intenciones porque salió de este Dios omnisciente. Y esa palabra es capaz de traerme a mí a colación, a memoria, lo que Dios está viendo y que yo pensaba que nadie conocía.

Hermano, piensa en esto por un momento, que yo lo pensé para mí. Piénsalo para ti. Dios conoce cada lugar donde tú has estado. Dios conoce cada cosa que yo he hecho. Déjame personalizarlo. Dios conoce cada cosa que yo he dicho. Dios conoce el pensamiento más sagrado que yo he tenido y el más profano también. Piénsalo. Dios conoce el resentimiento más grande que no he querido perdonar, y el perdón más profundo que yo haya podido otorgar.

¿Para qué me sirve esconderme de los hombres? Ellos no me van a juzgar el día del juicio. No va a haber ningún hombre ante quien yo tenga que rendir cuenta. Ante el Dios que conoce mis más profundas interioridades, yo tengo que rendir cuentas. Mientras más me escondo, más necio parezco a sus ojos, pretendiendo que yo puedo esconderme de una mirada que penetra el universo.

Desde la molécula más pequeña hasta la galaxia más grande, que penetra desde mi primera intención hasta mi última motivación. Hermanos, convenzámonos, andemos en la verdad. Amén. De una vez y para siempre. Amén.

Cuando yo comienzo a planificar algo pecaminoso, ya Dios sabía mi plan antes de que comenzara a planificar. Dios no solamente sabe mi plan, sino que Él sabe incluso cómo, cuando te pregunten sobre esto, lo vas a querer justificar. De hecho, así es como lo vas a querer esconder.

A. W. Tozer en su libro "El conocimiento del Santo" trata de explicar esto que acabo de decir. Escucha: "Dios conoce instantáneamente y sin esfuerzo toda la materia y todas las materias, toda mente y cada mente, todo espíritu y todos los espíritus, todo ser y cada ser, toda criatura y todas las criaturas, toda pluralidad y todas las pluralidades, toda ley y cada ley, todas las relaciones, todas las causas, todos los pensamientos, todos los misterios, todos los enigmas, todos los sentimientos, todos los deseos, todo decreto inexpresado, todos los tronos y dominios, todas las personalidades, todas las cosas visibles e invisibles en el cielo y en la tierra, el movimiento, el espacio, el tiempo, la vida, la muerte, el bien y el mal, el cielo y el infierno." Wow.

¿Y qué clase de Dios es este, hermano? Tú y yo vivimos todo el tiempo desnudos y expuestos ante los ojos de aquel que penetra con su mirada todo el universo. Él penetra mi ropa exterior. Su mirada penetra detrás de las paredes donde me quiero esconder como Adán detrás del árbol. Él penetra la parte emocional y espiritual de mi ser. Conoce mis deseos. Y yo no estoy inventando eso. Dios dice eso en su palabra.

Escucha, te voy a leer, a medida que traigo esto a un cierre, el Salmo 139, algunos versículos. Primero del 1 al 4: "Oh Señor, tú me has escudriñado y conocido. Tú conoces mi sentarme y mi levantarme. Desde lejos comprendes mis pensamientos. Tú escudriñas mi senda y mi descanso y conoces bien todos mis caminos. Aún antes de que haya palabra en mi boca, oh Señor, ya tú la conoces toda." ¿Cómo? O sea, tú conocías este sermón que yo iba a predicar, cada palabra.

Versículo 7: "¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿A dónde iré de tu presencia?" Versículo 8: "Si subo a los cielos, ahí estás tú. Si en el Seol preparo mi lecho, hasta allí tú estás." Escucha ahora versículo 12, ahí cierro esta parte: "Ni aún las tinieblas son oscuras para ti y la noche brilla como el día." ¿Tú quieres hacer algo de noche? Lo puedes hacer de día, me da lo mismo. Las tinieblas y la luz son iguales para ti.

Ese es el Dios de la palabra. No puedes escapar de su mirada. No vale que lo intentes. No olvide que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante sus ojos.

Pero no olvide tampoco que es ante ese que yo tengo que rendir cuentas. No olvide que Él todo lo ve, todo lo oye, todo lo sabe, todo lo escudriña y todo lo juzga.

Y tú sabes que para nosotros que hemos escuchado la palabra, en el día final, no sé cómo se dará esta presentación ante el tribunal de Cristo, pero no es como que Cristo va a venir y va a decir: "Ajá, déjame decirte ahora de esto que tú tienes que responder". No, no es eso. Lo que va a ocurrir es que esto que oímos, esto que leemos, lo va a traer a tu memoria. Escucha cómo Cristo lo explicó en Juan 12:48.

"Pero todos los que me rechazan a mí y rechazan mis mensajes serán juzgados el día del juicio. Pero, ¿cómo? Por la verdad que yo he hablado." Oh, wow. O sea, tú no vas a hablar más. No, esta palabra es poderosa, es viva, es eficaz. Yo hablé, la nada se llenó. En el día del juicio será recordada mi palabra, como le fue recordada la palabra a Felipe, como le fue recordada la palabra a Newton, y ella será quien nos juzgará.

La misma palabra que escuchó hoy será traída a mi memoria. Hermano, imagínate por un momento que este es tu último sermón y te van a encontrar con Cristo. "Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones."

Cierra tus ojos. El equipo de adoración va a venir y nos va a ayudar a cerrar el servicio de hoy. Mediten estas palabras. Puede ser que sea un poco tarde, pero sabes qué, más tarde serías. Y este es el último sermón que yo tengo que escuchar.

Dale, dale algo de tiempo a Dios hoy, cada día, pero hoy. Que Dios nos guíe ahora. Pero en la medida en que tú consideres estas palabras, piensa en tu estado de salvación o santificación, porque yo quiero hacer un llamado al final.

Para unos, para muchos será de salvación, para otros será de santificación, decisiones, momentos de definición que tienen que tomar. Pero si tú oyes su voz, no endurezcas tu corazón.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.