Integridad y Sabiduria
Sermones

Su voz, mi fe, mi obediencia y Su reposo: un solo tapiz

Miguel Núñez 29 junio, 2026

Oír la voz de Dios sin creerla, y creerla sin obedecerla, son dos formas distintas de la misma rebelión que ha caracterizado a la raza humana desde el jardín del Edén. Esa es la advertencia central que recorre Hebreos 4:1–11: el reposo que Dios ofrece es real y sigue abierto, pero no todos quienes dicen escuchar entrarán en él. La generación del desierto lo oyó todo, incluso prometió obediencia en Éxodo 24:7, y aun así no entró. No porque Dios les fallara, sino porque su fe nunca se tradujo en obediencia sostenida.

El pastor despliega cuatro realidades entrelazadas que forman un solo tapiz: la voz de Dios que sigue sonando hoy como sonó a través de Moisés, David y los apóstoles; la fe que no es mero asentimiento mental sino confianza que actúa en consecuencia; la obediencia como fruto visible e inevitable de esa fe genuina; y el reposo final que aguarda a quienes perseveran. Apoyándose en Juan 3:36, Santiago 2:18–20 y la parábola de los dos hijos de Mateo 21, el sermón deja en claro que creer es obedecer, y que la desobediencia frecuentemente revela que la fe profesada nunca fue real.

Esto no equivale a ganar la salvación por obras. La salvación es por gracia mediante la fe. Pero la nueva naturaleza produce frutos distintos a la vieja, y esos frutos son la evidencia de que la fe es genuina. El llamado final es urgente: esforzarse por entrar en ese reposo hoy, sin endurecer el corazón, porque el día en que la oferta se cierra llegará, y después de ese día no habrá otra oportunidad.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Es por fe, es con paciencia. No es por evidencia, no es por promesa; es con los ojos puestos en el autor y consumador de nuestra fe. Ayúdanos a correrla y a correrla bien. Ayúdanos a recordar que esta es una carrera larga y, por consiguiente, requiere tu sabiduría, requiere tu dependencia, requiere tu dirección y requiere mucho de lo que es el fruto del Espíritu, y sobre todo requiere de mucho dominio propio.

De manera que en las aflicciones, en las dificultades, en las carencias, en los traumas, en las pérdidas, no nos desanimemos ni nos dejemos arrastrar por las invitaciones del mundo o del enemigo que tratan de seducirnos y alejarnos en momentos en que pudiéramos estar débiles. Recuérdanos que la carrera comenzó cuando yo creí en Jesús y terminará cuando yo vea a Jesús. Señor, parte de la carrera es recordar tu palabra, aprender tu palabra, creer tu palabra, vivir tu palabra.

En esta mañana, en este momento, yo te pido que me capacites para poder animar a tu pueblo, instruir a tu pueblo, advertir a tu pueblo, que cada una de esas cosas sea para mí por igual, de manera que sirva para seguir orientándonos en la dirección de la carrera de la fe. Gracias porque es por fe, no por vista. Gracias por instruirnos en tu palabra, que hay algo que tú haces, pero hay algo que a mí me toca hacer. Ayúdanos a recordar que yo no me gano esa salvación, pero yo tengo una obligación con honrar la salvación. Y cuando yo la honro, eso es la evidencia de que yo la tengo en Cristo Jesús. Y su pueblo dice: "Amén." Amén.

Bendiciones. ¿Podemos sentarnos? Bueno, yo he titulado mi mensaje en el día de hoy: "Su voz, mi fe, mi obediencia y su descanso: un solo tapiz." Dentro de un momento lo volveremos a repetir para que puedas entender la razón de un título tan largo, que no es lo usual.

En el día de hoy vamos a estar cerrando un tema que el autor de Hebreos abrió en el capítulo 3:1. Los últimos dos o tres mensajes, junto con el de hoy, forman parte de la misma temática, donde él repite cosas necesarias para que no las olvidemos. La repetición es la clave del aprendizaje; se dice aún en pedagogía secular. Entonces, de nuevo, es una sola temática, y lo que él hace es tomar la experiencia del pueblo de Dios en el desierto bajo el liderazgo de Moisés para recordarnos a nosotros, 3500 años después, que lo que ellos oyeron nosotros estamos oyendo de parte de Dios de alguna otra manera, y lo que ellos hicieron es lo que tú y yo no debiéramos hacer.

Él nos recuerda que la desobediencia tiene consecuencias, y muy severas frecuentemente, y que el no oír la palabra de Dios y no obedecerla no es otra cosa que pura rebelión. Eso es una característica de la raza humana de larga duración. En el jardín del Edén, Adán y Eva oyeron la voz de Dios y desobedecieron la voz que escucharon, y Dios los expulsó. Y lamentablemente, desde ese momento, nadie ha disfrutado del descanso que ellos sí tuvieron por un tiempo. No sabemos cuán largo fue ese tiempo, pero desde entonces nosotros no hemos podido descansar, como vamos a estar viendo más adelante también.

Y esta verdad es crucial para que nosotros podamos entender por qué el autor de Hebreos, en esta porción de su carta —del capítulo 3:1 al 4:11— repite con frecuencia el hecho de que Dios sigue invitándonos a entrar en su reposo. ¿Cuál reposo? El reposo que Adán y Eva perdieron.

La generación de Noé escuchó, a través de Noé, la voz de Dios. De hecho, la segunda carta de Pedro, en el capítulo 2:5, nos dice que Noé fue un predicador de justicia. No nos revela su contenido, pero por 120 años algo estuvo comunicando Noé, y su generación no escuchó hasta el día que se cerró la puerta del arca. La generación del desierto, ya sabemos —hemos estado hablando de eso por un par de domingos—, también escuchó la voz de Dios y no obedeció, y por tanto no entró en el reposo de Dios: un reposo terrenal, temporal, en la tierra de Canaán. Pero no entró. De hecho, los que entraron tampoco disfrutaron del reposo como se suponía que iba a ser, porque tuvieron que luchar contra tribus, hubo enfermedades, hubo muerte, algunas o muchas bien violentas.

Luego, la generación del resto del Antiguo Testamento escuchó la voz de Dios a través de los profetas, y tampoco obedeció. La generación de este lado de la cruz —la del Nuevo Testamento, que nos incluye a nosotros— escuchó la voz de Dios en el primer siglo a través de los apóstoles, y nosotros la hemos escuchado también a través de la palabra y a través del Espíritu Santo, que fue enviado a este mundo para convencernos de justicia, de pecado y de juicio. Y ahora, 2000 años después de que Cristo vino, el autor de Hebreos nos está recordando a nosotros que hoy esa palabra sigue vigente, que la necesidad de escucharla y obedecerla es la misma, y que todavía sigue un reposo al cual nosotros pudiéramos entrar y al cual nosotros pudiéramos no entrar, dependiendo de nuestras respuestas a esa voz de Dios.

El pasaje de hoy es complejo, a menos que podamos desempacarlo de una manera más entendible y podamos explicar a lo largo del camino por qué el autor está diciendo lo que está diciendo. De hecho, algunos académicos se debaten acerca de cómo interpretar ciertas porciones de este pasaje. Pues yo creo que hay tres verdades que es importante que puedas mantener en tu mente para poder entender. Algunas de las cuales ya yo aludí.

La primera: desde la desobediencia de Adán y Eva, nadie ha disfrutado del descanso que ellos disfrutaron, por lo menos a la manera como Dios diseñó la relación con Él. La relación con Dios no fue diseñada en un principio para tener esta lucha constante que tú y yo tenemos con el pecado que mora en nosotros todavía. El pecado remanente fue diseñado de otra manera, pero después de Adán y Eva nadie ha disfrutado de esa forma. De hecho, Cristo estaba muy consciente de esa falta de descanso de parte de todo el mundo. Y cuando Él vino, Mateo registró en 11:28 lo siguiente: "Vengan a mí todos los que están cansados y cargados, y yo los haré descansar." ¿Quiénes son esos? Toda la raza humana, en algún momento, de alguna forma, ha estado, está y estará cansada y cargada. Y Cristo dice: "Vengan a mí." Y ahí tú comienzas a disfrutar de un descanso que tendrá su realización final de aquel lado de la gloria.

La segunda verdad que necesito tener en mente es que la oferta de entrar en su reposo continúa, porque de nuevo tú puedes encontrar un cierto reposo en Cristo. Aquellos de nosotros que le conocemos y aquellos que caminan con Él pueden testificar ese cierto reposo, pero todavía tú tienes una lucha, y no pequeña. Estamos bajo una guerra espiritual. Es una lucha intensa que Martín Lutero, creo, fue la primera persona que acuñó en estos tres frentes: uno, tu propio pecado, tu propia naturaleza pecaminosa; número dos, la lucha contra las corrientes del mundo; y número tres, la lucha contra Satanás mismo. De manera que no estamos en este descanso completo todavía.

La tercera verdad que tú tienes que tener pendiente y recordar para entender este texto mejor es que la voz de Dios sonó en el jardín del Edén, sonó a través de Moisés, sonó a través de los profetas en el Antiguo Testamento, sonó a través de los apóstoles en el Nuevo Testamento, sigue sonando hoy, y de la misma forma que fue desobedecida en el día de ayer, de esa misma manera sigue siendo desobedecida en el día de hoy.

Entonces, con el texto de esta mañana, el autor va a cerrar esta temática que inició en el capítulo 3:1. Pero yo quiero recordarte, como parte de lo que tú y yo necesitamos entender mejor para poder comprender lo que el autor de Hebreos ha venido exponiendo durante varias semanas: que la raza humana ha probado, desde el jardín del Edén, su insatisfacción con lo que Dios le oferta y con lo que Dios le entrega.

Adán y Eva, nuestros progenitores, antes de su naturaleza pecadora, recibieron un planeta entero. Se les dio potestad para que lo gobernaran con bastante libertad, no con autonomía —porque tenían que depender de Dios—, para que lo desarrollaran, lo administraran, para que lo llenaran de más Adanes y Evas, por así decirlo, de manera que toda la raza humana entera sería, de alguna forma, familia de ellos. Pero había un árbol del cual ellos no podían comer, y de eso ellos querían. ¡Wow! Un solo árbol. Porque la criatura, si no tiene lo que quiere, cuando lo quiere, como lo quiere, no está satisfecha, y luego cosecha las consecuencias cuando Dios le dice: "Okay, lo puedes tener." Y cuando cosecha las consecuencias, se da media vuelta y acusa a Dios de las consecuencias. Y la historia del pueblo hebreo en el desierto atestigua lo que yo acabo de decir.

El autor de Hebreos nos dice de manera reiterativa que Dios continúa hablándonos en nuestros días, que nosotros necesitamos confiar, poner nuestra confianza o fe absoluta en la palabra que ha sido hablada. Nos recuerda que la desobediencia tiene un costo, y a veces extremadamente alto. Y finalmente nos recuerda que hay un día cuando la oferta de entrar en su reposo se cierra, y después de ese día no hay otra oportunidad. Y eso lo vimos, incluso, creo que en el mensaje anterior o en el mensaje anterior a ese.

De nuevo, este es el título de mi mensaje: "Su voz, mi fe, mi obediencia y su reposo: un solo tapiz." ¿Por qué yo estoy hablando de un solo tapiz? Cada una de estas palabras está en este texto, pero yo estoy hablando de un solo tapiz porque tenemos que recordar que todas las verdades de la palabra están entrelazadas entre sí, y yo necesito interpretar la palabra a través de la palabra. Un texto de la palabra ayuda a interpretar el otro. Cuando yo no hago eso, yo tomo verdades aisladas y llego a conclusiones erradas. Y eso hace que yo muchas veces esté caminando, abrazando y defendiendo una verdad que en realidad está completamente distorsionada, y por consiguiente yo ando por caminos de desobediencia.

Y con eso yo quiero invitarte ahora a que puedas leer conmigo Hebreos 4, comenzando en el versículo 1, y vamos a seguir hasta el 11. Esta es la Palabra de Dios.

"Por tanto" —el "por tanto" me deja saber que todo lo que él ha dicho en el capítulo 3 está relacionado a esto que él va a decir ahora—. "Por tanto, temamos, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de ustedes parezca no haberlo alcanzado. Porque en verdad a nosotros se nos han anunciado las buenas nuevas, como también a ellos. Ellos escucharon unas buenas nuevas, nosotros también. Pero la palabra que ellos oyeron no les aprovechó, por no ir acompañada por la fe en los que la oyeron. Porque los que hemos creído entramos en este reposo, tal como Él ha dicho: 'Como juré en mi ira, no entrarán en mi reposo', aunque las obras de Él estaban acabadas desde la fundación del mundo." Versículo 4: "Porque así ha dicho en cierto lugar acerca del séptimo día: 'Y Dios reposó en el séptimo día de todas sus obras.' Y otra vez en este pasaje: 'No entrarán en mi reposo.' Por tanto, puesto que todavía falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes antes les anunció las buenas nuevas no entraron por causa de su desobediencia, Dios otra vez fija un día —hoy—, diciendo por medio de David, después de mucho tiempo, como se ha dicho antes: 'Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan sus corazones.' Porque si Josué les hubiera dado reposo, Dios no habría hablado de otro día después de ese. Queda, por tanto, un reposo sagrado para el pueblo de Dios. Pues el que ha entrado a su reposo, él mismo ha reposado de sus obras, como Dios reposó de las suyas. Por tanto, esforcémonos por entrar en ese reposo, no sea que alguien caiga siguiendo el mismo ejemplo de desobediencia."

Wow. Okay. Esto es lo que yo quiero que hagamos. Yo sé que cuando tú lo lees de esa forma por primera vez suena tan confuso por la manera como fue articulado, pero yo creo que si lo desempacamos podrás verlo. Yo quiero que veamos el panorama completo de nuevo para que no aislemos la revelación de Dios y lleguemos a conclusiones equivocadas.

Déjame darte una sola ilustración que di en el mensaje del primer servicio. Filipenses 1:6 nos dice que aquel que comenzó la buena obra será fiel hasta completarla hasta el día de Cristo Jesús. Si yo tomo ese texto solo y nada más, tú sabes qué implica: que no importa cómo yo viva, en obediencia o desobediencia, porque al final Dios va a completar su obra en mí. De manera que yo creí una vez, hice una profesión de fe, y de ahí en adelante yo pudiera vivir con libertad, no tengo que hacer gran cosa porque Él se encargará de completar su obra.

Bueno, si yo camino de esa manera, no vas a entrar en el reposo de Dios, porque ese texto necesita ser interpretado con otros textos, de manera que pueda ver todo el tapiz y entonces puedas tener la idea correcta acerca de lo que Dios dice. A la luz de la revelación de Dios, cuando Dios habla, Él espera una obediencia, y mi desobediencia pudiera hablar más, decir más, revelar más de lo que yo mismo pienso que estoy revelando. De manera que mi vida de desobediencia guarda una relación con mi entrada al reposo de Dios, o no.

Tiene que esperar, porque yo no estoy hablando de que te ganas la salvación por obras. Pero déjame decir esto otra vez: mi vida de obediencia o desobediencia guarda una relación con mi entrada, o no entrada, al reposo que Dios ofrece. Todavía no estoy listo para entrar a desempacar el pasaje por lo complejo que es, y yo creo que esta introducción es mandatoria. A veces se habla de que las introducciones no pueden ser muy largas, pero al mismo tiempo tienen que ser tan largas como el texto requiera para entenderlo.

Entonces, yo creo que aquí hay cuatro realidades reveladas por el autor de Hebreos, representadas en mi título, y yo quiero verlas una por una. Realidad número uno: su voz. Dios ha hablado. Eso es como el autor de Hebreos lo dice: Dios ha hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y en muchas maneras. Y sigue hablando hoy por medio de la Palabra escrita, sigue hablando hoy por medio del Espíritu Santo, una vez más enviado al mundo para convencerlo de pecado, de justicia y de juicio, pero también porque es el Espíritu que toma la Palabra y la aplica al individuo para que pueda entender lo que la Palabra dice. Entonces, realidad número uno: su voz. Dios ha hablado.

Realidad número dos: mi fe. Estoy ahora desglosando mi título, una palabra por palabra. Una vez que yo oigo su voz, yo necesito hacer más que escuchar. Porque escuchar sin creer no me salva, no me aprovecha, no me ayuda a conocer a Dios. De hecho, escuchar sin creer —y en términos bíblicos, sin obedecer— me condena, literalmente hablando, hermano. Lo importante no es lo que oigo, sino lo que creo y luego lo que vivo después de haber creído.

Su voz, realidad número uno. Mi fe, realidad número dos. Mi obediencia, realidad número tres. Si oigo su voz y la creo, entonces es mi obligación obedecerla. Decir que creo la Biblia y no vivir la Biblia es autoengañarme. Y eso no lo digo yo, no me lo inventé en la madrugada de hoy ni en la noche de ayer ni en la semana. No, eso es revelación de la Palabra. Escúchelo en Santiago 1:22: "Sean hacedores de la Palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos." El oidor que no hace se está autoengañando, dice Santiago 1:22 por inspiración del Espíritu.

Y más abajo, en Santiago 1:25: "Pero el que mira atentamente a la ley perfecta —esta es la ley de la libertad— y permanece en ella, sin haberse vuelto un oidor olvidadizo, sino un hacedor eficaz, este será bienaventurado en lo que hace." ¿Escuchaste quién es el bienaventurado? No es el que oye la Palabra, no es el que oye un sermón, no es el que oye un sermón todos los días. Es el que hace la Palabra. Ese es el bienaventurado. Ahí está mi vida de obediencia. El que oye y no cree es igual, o está igual, que el que no ha oído, o está peor, porque tiene un mayor nivel de responsabilidad después de haber oído.

Realidad número cuatro: su reposo. No hay duda de que hay un reposo que Dios ha prometido, del cual el libro de Apocalipsis habla, ¿no? Donde no habrá más llanto, ni muerte, ni dolor, ni pérdida, nada de lo que nosotros experimentamos aquí abajo. Y ese descanso está prometido para aquellos que creen y, al creer, obedecen. Porque de lo contrario, si yo digo que creo e incluso prometo que voy a obedecer porque he creído, y luego no obedezco, ¿sabes qué? Me condeno.

Escucha lo que el pueblo hebreo dijo al principio de la travesía por el desierto, en Éxodo 24:7. Moisés le leyó el libro, los mandamientos que Dios le había dado. "Luego tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo. Y ellos dijeron: 'Todo lo que el Señor ha dicho, haremos y obedeceremos.'" En serio, qué pueblo más obediente, qué pueblo más sumiso, qué pueblo que cree a Dios —como se dice en inglés, at face value—, que escucha la Palabra de Dios e inmediatamente dice: "Eso es, y le obedezco." No, eso fue lo que dijeron. Eso no fue lo que hicieron. Aquellos que dijeron eso no entraron.

Los que tenían más de veinte años de edad, que eran responsables, no entraron en su reposo, no entraron a la tierra de Canaán. Incluso los que tenían menos de veinte años de edad entraron, pero sabes qué, no fue al reposo prometido del todo, porque hubo muchas luchas difíciles durante los siete años de conquista de esa tierra, y aún mucho después.

Entonces, ahora tenemos como la introducción que nos permite entender algunos textos un tanto complejos, aunque no todos. En primer lugar, Dios mantiene abierta la oferta de descanso, de reposo, pero es posible que algunos que confían en el reposo del que Dios habla no lleguen a disfrutarlo.

Versículo 1: "Por tanto, temamos, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de ustedes parezca no haberlo alcanzado." Escucha la fuerza del versículo en la Nueva Traducción Viviente: "Todavía sigue vigente la promesa que hizo Dios de entrar en su descanso. Por lo tanto, debemos temblar de miedo ante la idea de que alguno de ustedes no llegue a alcanzarlo." Yo creo que si de este grupo que está aquí oyéndome hoy existe la posibilidad de que alguno no llegue a alcanzarlo, eso es motivo de temblar de miedo, sin lugar a dudas.

Segundo, el autor de Hebreos nos dice en el versículo 2 que tanto ellos como nosotros escuchamos las buenas nuevas. Eso lo leemos: ellos de una manera, nosotros de otra escuchamos. Entonces ahora él se va a referir a un grupo que escuchó las buenas nuevas, pero no entró; no se materializó la entrada a dicho reposo. Escuche versículo 2: "Porque en verdad a nosotros se nos han anunciado las buenas nuevas, como también a ellos. Pero la palabra que ellos oyeron no les aprovechó."

Espérate un momento. Oyeron la Palabra quizá más de una vez, pero no les aprovechó. La pregunta es: ¿por qué no les aprovechó? El texto lo revela: "por no ir acompañada por la fe en los que la oyeron." ¿Se acuerda mi título? Su voz, mi fe. No fue acompañada por la fe. Por eso no les aprovechó la Palabra de Dios. Hermano, fe es creer y actuar en consecuencia. Incredulidad es creer y actuar en desobediencia. Déjame decir eso otra vez: fe es creer y actuar en consecuencia.

Recuerda lo que Cristo dijo y que Lucas registró en 6:46: "¿Por qué ustedes me llaman Señor, Señor y no hacen lo que yo digo?" Es como si Cristo dijera: "Estoy confundido. Ustedes me reconocen como Señor y reconocen eso tanto que me lo repiten dos veces, que era la forma de enfatizar las ideas en el hebreo: Señor, Señor." Pero yo tengo un problema, y es que ustedes, después de llamarme Señor, Señor, no hacen lo que yo digo. Lo que ustedes viven contradice a cómo ustedes dicen creer.

Entonces, el primer grupo del pasaje, versículo 2, fueron aquellos que oyeron, pero su oído no fue acompañado de fe y, por tanto, no entraron. El versículo 3 en su primera parte, 3a, nos habla de un segundo grupo diferente: "Porque los que hemos creído entramos en ese reposo." Los que creyeron, con la definición bíblica de lo que implica creer.

Hermanos, yo creo que nosotros usamos la palabra creer tan fácilmente, y se nos recuerda —como decía esta mañana— que el mejor entendimiento de lo que implica creer lo tenemos en un versículo que representa las palabras que salieron de la boca de Jesús: Juan 3:36. "El que cree en el Hijo tiene vida eterna." Garantizado. El que cree en el Hijo tiene vida eterna. La pregunta es: ¿qué significa creer?

Ahí mismo, yo creo que Cristo nos revela lo que significa creer. Escucha: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él." La vida la ve el que cree en el Hijo. ¿Y quién es el que no ve la vida? El que desobedece. O sea, que creer es obedecer. Exactamente. Eso es lo que Cristo dice. Estas son las implicaciones.

Por eso es que Cristo dijo en más de una ocasión: "Por sus frutos los conocerán." No por sus confesiones de fe, no por lo que dicen que han creído, sino por sus frutos. Hablamos la semana pasada de que la fe es la raíz y la perseverancia es el fruto. Decía de nuevo más temprano que si tú tienes un árbol y ves los frutos, tú puedes concluir cuál es el árbol. Pero yo no conozco la raíz, porque primero no la veo y segundo no creo que la gente tenga buena idea de cómo luce la raíz de un árbol de mango, por lo menos gente como nosotros.

Pero tenemos que tener cuidado al decir "yo he creído", porque necesito entender qué es lo que Cristo entendió por haber creído. La vida eterna está relacionada a mi obediencia, no a lo que conozco. No vayan muy rápido, porque yo voy a llegar a que la salvación es por gracia. Está bien, pero no estoy ahí todavía. Quédate con esto: la vida eterna está relacionada a mi obediencia, no a lo que conozco. Y la razón es que mi obediencia tiene que ver con lo que he creído, y lo que he creído tiene que ver con la fe que deposito en lo que Dios ha revelado en su Palabra. Esa es la relación.

Creer sin obedecer es lo que caracteriza a los demonios. Y eso está aquí. Déjame leértelo. Santiago 2:18-20: "Pero alguien dirá: 'Tú tienes fe y yo tengo obras', dice Santiago. Muéstrame tu fe sin las obras y yo te mostraré mi fe por mis obras." Déjame pararme. Santiago está diciendo: "Yo te estoy diciendo que mis obras, mis frutos, muestran la calidad de mi fe. Tú me dices que tienes fe, pero yo no veo tus frutos." O si los veo, son malos frutos. Entonces, si tú quieres mostrarme tu fe, yo tu fe no la puedo ver, pero tus frutos sí, yo los veo. Si tú quieres probar la calidad de mi fe, examina mis frutos.

Eso es lo que Santiago está diciendo, pero no he llegado donde yo quería llegar. Creer sin obedecer es lo que caracteriza a los demonios. "Tú crees que Dios es uno, haces bien. También los demonios creen y tiemblan", pero no hacen más de ahí. Ellos creen y, como creen y entienden lo que han creído, tiemblan, tienen temor de la verdad que está revelada. Pero no obedecen. "Pero, ¿estás dispuesto —pregunta Santiago— a admitir, hombre vano, que la fe sin obras es estéril?" La fe sin obras es estéril. La fe sin obediencia es estéril. La fe de palabra solamente es estéril. La fe que dice y no hace es estéril.

De hecho, Cristo lo ilustró de manera espectacular. En un momento dado, él quería ilustrarles a los fariseos —la gente justa que conocía la Palabra, maestros de la ley— que ellos estaban más perdidos que las rameras y los recolectores de impuestos. Entonces les dio esta parábola. Escuchen, Mateo 21:28-32: "Pero, ¿qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, llegando hasta el primero, le dijo: 'Hijo, ve, trabaja hoy en la viña.' Y él respondió: 'No quiero.' Pero después, arrepentido, fue." Ahora ese mismo hombre fue donde el otro hijo. Llegándose al otro, le dijo lo mismo, y este respondió: "Yo iré, Señor." Pero no fue, no obedeció.

"¿Cuál de los dos hijos hizo la voluntad del Padre?" El primero, respondieron algunos de ustedes, y ellos también. "Jesús les dijo: 'En verdad les digo que los recaudadores de impuestos y las rameras entran en el reino de Dios antes que ustedes. Porque Juan vino a ustedes en camino de justicia y no le creyeron. Oyeron, pero no creyeron. Pero los recaudadores de impuestos y las rameras le creyeron a Juan. Y ustedes, viendo esto, ni siquiera se arrepintieron después para creerle.'"

Por eso es que el autor de Hebreos está enfatizando que creer es obedecer, y la falta de obediencia frecuentemente milita a favor de que yo realmente no he creído. Ahora, de nuevo, yo no estoy hablando de obediencia perfecta; eso ha sido enseñado en la historia del cristianismo. John Wesley enseñó eso: grave error, lamentablemente, a pesar de su gran vida de santidad. No hay obediencia perfecta de este lado de la gloria, no la hay, es una imposibilidad.

La pregunta es: ¿qué es lo que caracteriza tu vida cuando tu vida está examinada a nivel de los frutos? ¿Qué es lo que le da color a esta vida? ¿Qué fue lo que le dio color a los israelitas por cuarenta años? Su vida de desobediencia. Escucha, yo voy a bajar un par de versículos, al versículo 6, porque el versículo 6 avala que incredulidad es desobedecer. Eso que yo he estado subrayando: incredulidad es desobedecer. "Por tanto, puesto que todavía falta que algunos entren en su reposo, y aquellos a quienes antes se les anunció las buenas nuevas no entraron por causa de su desobediencia." No entraron por su desobediencia, no por su falta de creencia, sino desobediencia a lo que dijeron creer, o desobediencia a lo que escucharon. Esa es la clave.

De nuevo, no quiero que me malinterpreten. La salvación es por gracia, por medio de la fe. No hay duda de eso. Yo no me la puedo ganar; eso es imposible. Pero cuando yo creo, mi nueva naturaleza comienza a dar fruto que no se parece a los frutos de la vieja naturaleza. La vieja naturaleza se conoce por sus frutos, la nueva también.

Y cuando Pablo le escribe a los Gálatas, le da una idea de cómo luce la vieja naturaleza y le hace una lista de pecados que van desde los más extremos hasta los más cotidianos. Va de aquellos que quizás tú nunca has cometido hasta lo que tú has cometido con frecuencia. Y les dice: eso no es fruto de la nueva naturaleza. Escucha la lista en Gálatas 5:19-21: "Ahora bien, las obras de la carne son evidentes —son evidentes; por sus frutos los conoceréis—, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría." Somos de una fábrica de ídolos, lamentablemente. "Hechicería." Ahora vienen los más comunes: "enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejías, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales les advierto, como ya se lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios."

Ah, ¿pero entonces la salvación es por obediencia? No, no, no, no. Es por gracia, por medio de la fe, pero la fe genuina que cambia la vieja naturaleza tiene otros frutos. El próximo versículo nos da el contraste: "Pero el fruto del Espíritu" —versículo 22, Gálatas 5— "es: amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, fe o fidelidad —dependiendo de la traducción—, mansedumbre y dominio propio." Eso es el fruto del Espíritu en contraste con el fruto de la carne.

De manera que el autor de Hebreos está preocupado de que mucha gente, en el pasado, en su tiempo y en los días de hoy, dice creer, pero no vemos los frutos. Entonces, ¿qué pasó con el grupo que oyó, no creyó y desobedeció? ¿Qué hacemos con ellos? Versículo 3, segunda parte: "Tal como Él ha dicho: 'Como juré en mi ira, no entrarán en mi reposo.'"

Dos ideas poderosas aquí. Dios dice: "Juré." Dios no tiene necesidad de jurar, como lo mencioné la semana pasada. Lo que Dios dice, el sí de Dios siempre será sí, el no de Dios siempre será no. Pero hay varias ocasiones, sobre todo en el Antiguo Testamento, donde Dios habla de que Él juró. Es una manera de subrayar lo enfático que Él está diciendo: esto es así, esto no será cambiado. Y luego dice: "En mi ira." ¿Y qué es la ira de Dios? Bueno, la ira de Dios es la indignación de un Dios santo contra el pecado de los hombres.

¿Pues entonces Dios vive airado? Espérate, espérate. Contra el pecado de los hombres, después que Él ha advertido reiteradamente a ese hombre y le ha advertido acerca de su necesidad de arrepentirse. No lo ha hecho. Dice que lo hará, pero no lo ha hecho. Y después de advertirle una y otra vez, entonces en su ira —la que experimentó en el desierto con una generación que hizo exactamente eso— Él juró: "No van a entrar en mi reposo." Y luego agrega: "aunque las obras de Él estaban acabadas desde la fundación del mundo." Es un tanto extraño que introduzca este concepto ahí, pero yo voy a tratar de explicarlo un poco más adelante. Esta es la indignación de Dios, y hablamos un poco de eso la semana pasada, de lo que implica para Dios jurar y, en este caso, la indignación contra el pecado.

Pero lo que el autor de Hebreos está tratando de enfatizar, hermanos, es que ese "hoy" es ahora. Pero ese "hoy" fue el mismo "hoy" para aquellos que leyeron o escucharon esta carta hace 2000 años. No lo dejes para mañana, no lo retrases. Recuerda una frase que te mencioné hace un par de domingos atrás: si piensas que es muy temprano para decirle que sí al Señor, para aceptar al Señor como Salvador y como Señor, como lo que Él es, va a llegar el día en que será muy tarde para Él recibirte. Hoy es el día. Hoy, hoy es el día de salvación.

En tercer lugar, el autor de esta carta hace referencia en el versículo 4 a ese séptimo día en que Dios descansó de sus obras. Lo introduce al final del versículo 3, habla un poco más de ello y lo amplía en el versículo 4. "Porque así ha dicho en cierto lugar acerca del séptimo día y sus obras." Dice "en cierto lugar", pero nosotros sabemos dónde lo dice: Génesis 2:2. ¿Por qué el autor de Hebreos no lo citó directamente? Porque la división de esta Biblia en capítulos y versículos comenzó hace como 1000 años; en aquel tiempo no tenía capítulos ni versículos. Y estoy seguro de que él sabía que estaba en el libro de Génesis, porque Dios habló de que terminó de crear justamente al principio de ese libro. Simplemente, como hebreo al fin, daba por entendido que todo el mundo sabía dónde Dios habló de su séptimo día.

La pregunta es: ¿por qué el autor de Hebreos introduce aquí el descanso de Dios cuando está hablando de nuestro descanso? Los académicos están divididos en cuanto a cómo interpretar esta porción. Yo creo que lo que Dios está diciendo es que de la misma manera que Él descansó al final de la creación, aquellos de nosotros que estamos siendo redimidos disfrutaremos del descanso al final de la redención. Al final de la creación, Dios disfrutó de su descanso; al final de la redención, nosotros también. Nosotros fuimos redimidos, estamos siendo redimidos, y seremos redimidos completamente al entrar en gloria.

Ahora, en el proceso de la redención presente, como ya te lo mencioné, seguimos luchando. Pero va a llegar un momento en que esa lucha va a cesar. ¿Y cuándo será eso? Al final del proceso de redención, de la misma manera que al final del proceso de creación Dios paró y no siguió obrando. Entonces, el versículo 4 nos recuerda de este reposo que siempre ha estado abierto, que Adán y Eva disfrutaron. Pero los que no creen no entrarán, y los que dicen que creen pero cuyas obras muestran que no han creído tampoco entrarán.

Y Él lo reitera. Mira cómo lo dice en el versículo 5: "Y otra vez en este pasaje: no entrarán en mi reposo." Reiterativo, repetitivo. Él quiere que recordemos. Dios lo dijo, lo dijo una vez, lo dijo dos veces, lo dijo tres veces. Recuerda esto, no lo olvides.

En cuarto lugar, creo que la idea que el autor de Hebreos quiere que nosotros mantengamos en mente es que Dios ofreció un descanso a la generación que estaba en el desierto. Ellos no lo aprovecharon. Fue un descanso temporal en la tierra de Canaán, pero ese no era el descanso definitivo, sino que siempre ha habido un descanso posterior. Él se lo ofreció y ellos no obedecieron.

En el desierto, Dios le habló y en ese momento les dijo, con otras palabras: "Si tú oyes mi voz, no endurezcas tu corazón." Pero ellos endurecieron su corazón; el texto de Moisés habla de que endurecieron su corazón. 500 años más tarde viene David y escribe el Salmo 95, y en el Salmo 95:7-8 dice: "Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan su corazón." La misma verdad, 500 años después. David le recuerda lo mismo que Moisés le dijo al pueblo en el desierto.

Después de David pasan 1000 años. Viene el autor de Hebreos y le recuerda a su generación: "Si hoy oyes su voz, no endurezcas tu corazón." 2000 años después, yo estoy predicando, otros están predicando, y le estamos diciendo la misma frase que se dijo 2000 años atrás, 1000 años antes en el tiempo de David, y 500 años antes en el tiempo de la peregrinación en el desierto.

Escucha cómo él enfatiza esto en los versículos 7 y 8: "Dios otra vez fija un día: 'Hoy', diciendo por medio de David, como ya expliqué, después de mucho tiempo, como se ha dicho antes: 'Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan sus corazones.'" Dios diciendo por medio de David, en el Salmo 95, 500 años después de Moisés, lo mismo que se dijo antes: "Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan su corazón." Esa es una frase que el autor de Hebreos repite en 3:7, en 3:15 y en 4:7. La advertencia es que todavía Dios no ha cerrado su descanso. La advertencia es que la misma palabra que se predicó ayer se predica hoy. La advertencia es que el mismo corazón que escuchó y desobedeció es el corazón que hoy puede hacer exactamente lo mismo.

Los israelitas en el desierto no debieron haber endurecido su corazón, pero lo hicieron. La generación de David no debió haber endurecido su corazón, pero lo hizo. La generación del autor de Hebreos, hace 2000 años, no debió haber endurecido su corazón, pero lo hizo. Y la generación de nosotros hoy en día no debe endurecer su corazón, pero lo está haciendo por igual. Sin embargo, la promesa del reposo, la entrada al reposo, sigue abierta bajo las mismas condiciones que en el día de ayer.

Mira cómo los versículos 8 y 9 hablan de esa permanencia: "Porque si Josué les hubiera dado reposo cuando llegaron a la tierra de Canaán, Dios no habría hablado de otro día después de eso." Claro, porque ese no era el reposo al que apuntaba Dios. "Queda, por tanto, un reposo sagrado para el pueblo de Dios." Aquel que ya está en la presencia de Dios ha reposado de sus obras como Dios reposó de las suyas. Ahí está la implicación del reposo de Dios: cuando entremos en Su presencia, ya no habrá llanto, no habrá lágrima, no habrá dolor, no habrá pérdida, como lo dijimos. Ya descansé.

De hecho, el libro de Apocalipsis habla de bienaventurados los que mueren en el Señor. ¿Por qué? Porque descansarán de sus obras. Ese es el reposo similar al reposo de Dios que descansó de sus obras. Esa es la correlación.

Entonces, ahora que yo estoy corriendo esta carrera de la fe, mi entrada está garantizada... bueno, como dicen, dependiendo, porque no es algo que solamente depende de Dios. Yo necesito oír, yo necesito creer, yo necesito fructificar conforme a lo que creí. De hecho, así es como el autor de Hebreos cierra esta sección, en el versículo 11: "Por tanto, esforcémonos por entrar en ese reposo, para que nadie caiga siguiendo el mismo ejemplo de desobediencia." ¿Cuál ejemplo? El de los antepasados.

Hermanos, cantamos que es por fe. Sí, estoy de acuerdo, pero ¿prestaste atención al resto de la canción? "Con paciencia correré." Tienes que seguir corriendo; no te puedes desanimar en el camino. Con los ojos puestos en Jesús, el autor de la fe. No con los ojos puestos en las ofertas del mundo, en las cosas que te seducen. Como yo decía más temprano, Satanás es muy astuto; él no va a venir a ti y decirte: "Mira, esto te puede entretener, te puede aligerar, te va a alejar de Dios." No, él te va a decir: "Mira, esto no tiene nada de malo. Es algo en lo que tú te puedes entretener, y puedes seguir con tu relación con Dios. No te preocupes, eso no compite con tu relación con Dios." Y tú comienzas, y comienzas a atesorarlo, y comienzas a amarlo, y comienza a seducirte y a desviarte.

Y luego, como ilustración, tú pasas dos, tres y cuatro horas en las redes sociales todos los días y no pasas un minuto en la Palabra. Así es como él lo hace. Entonces se requiere un esfuerzo para pelear en contra de los deseos de tu carne, se requiere un esfuerzo para pelear en contra de la seducción y las ofertas del mundo, y se requiere un esfuerzo para discernir y pelear la batalla espiritual cuya cabeza es Satanás. Esfuérzate.

Hay un reposo que está pendiente. Hay una parte que a mí me toca. ¿Cómo lo sé? "Por tanto, esforcémonos." Y de nuevo, yo no estoy hablando de ganarme la salvación. Tu esfuerzo es la evidencia, son tus frutos, la evidencia de que estás perseverando. Y la perseverancia es el fruto de la raíz que es la fe que te dio salvación en el primer lugar.

El autor de Hebreos está tan preocupado de que esta experiencia sea repetida en los tiempos de él y en los tiempos nuestros, que en el capítulo 10, ya casi terminando, él vuelve a advertirnos de una manera todavía mucho más seria, de una manera de hecho intimidante. Lo cual me recuerda lo que dice el versículo 11 de hoy: esfuérzate. Recuerda lo que cantaste, que es por fe, pero también que te has de despojar de todo peso. Notaste que no dice solamente de todo pecado, sino también de todo peso, de todo aquello que no es un pecado pero que te quita velocidad, te quita concentración, te quita entrega, te quita pasión por las cosas de Dios.

¿Te acuerdas de cómo la mamá de Juan Wesley le definió el pecado a Carlos Wesley? La definición es un tanto larga, pero simplemente te recuerdo esto: después de definirle varias cosas, le dice: "O cualquier cosa que disminuya tu pasión por las cosas de Dios, eso para ti es pecado, no importa cuán bueno sea." Puede ser que aquello que disminuye la pasión por Dios en ti a mí ni me toca, y al revés. Pero cualquier cosa que disminuye tu pasión por Dios, eso para ti es pecado, independientemente de cuán bueno sea. El autor de Hebreos está consciente de esto y está preocupado.

Tan preocupado está con estos temas que en el versículo 10, el capítulo 10, perdón, te voy a leer tres o cuatro versículos sin mucho comentario.

Versículo 26: "Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados." Ya olvídalo. Sino, versículo 27: "cierta horrenda expectación de juicio y la furia de un fuego que ha de consumir a los adversarios."

Te recuerdo que el autor de Hebreos, él escribió esto, pero él no fue quien inspiró esto. Esto es de Dios. Pregunta, versículo 29: "¿Cuánto mayor castigo piensan ustedes que merecerá el que ha pisoteado bajo sus pies al Hijo de Dios —eso es después de la cruz— y ha tenido por inmunda la sangre del pacto por la cual fue santificado, y ha ultrajado el Espíritu de gracia?" ¿Cuánto mayor castigo tú piensas que merecemos nosotros, que fuimos limpiados por la sangre y luego pisoteamos la sangre, que fuimos salvos por el Espíritu y luego hemos ultrajado al Espíritu de gracia?

Versículo 31: "Horrenda cosa es", dice Dios, "caer en las manos del Dios vivo." Como Dios es quien lo dice, yo podría leerlo así: "Horrenda cosa es caer en mis manos." Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo.

A mí me sorprende una y otra vez, porque me sorprendí otra vez al leer este texto de Hebreos 3 y 4. ¿Por qué la insistencia y la preocupación del autor de Hebreos —que está siendo inspirado por el Espíritu— es mucho mayor que la preocupación que nosotros exhibimos acerca de cómo honro mi salvación? ¿La tengo, no la tengo? Si la tengo, bueno, me siento seguro en ella, pero tengo que tener frutos que evidencien mi salvación. ¿Por qué es que hay tanta preocupación y advertencias tan horribles como la que yo acabo de leer? Nosotros ni nos pasa por la mente.

La razón por la que las advertencias son de este tipo es porque Dios es recto, Dios es justo. Porque aquellos que verdaderamente han creído honran su nombre. Y esos son los que se levantan y miran su rostro, levantan sus ojos para ver su majestad y su santidad. Esos son los que ponen su esperanza en Dios, los que tienen su esperanza dependiendo del nombre del Señor, en quien creyeron en primer lugar.

Su fortaleza es justamente esa canción de esperanza que ellos pueden cantar. Entonces, tienen la oportunidad y el gozo de cantar sus alabanzas, todo el tiempo insistiendo: "Tú eres fiel. Tú eres fiel. Yo he sido infiel, pero Tú eres fiel. Mi infidelidad no prueba tu rigurosidad para conmigo de una manera que me es imposible cumplir con tu ley." No, no, no, no. Tú eres fiel porque yo sé que como Tú pones en mí el creer y el hacer, cuando yo no quiero, siendo tu hijo, no tiene nada que ver contigo, tiene que ver conmigo. Cuando yo no puedo, no tiene nada que ver contigo, tiene que ver conmigo si soy tu hijo. ¿Por qué? Porque Tú pones el querer y el hacer, y yo no tengo ni una cosa ni la otra.

Por eso es que el autor de Hebreos y otros textos de la Palabra toman estas verdades con mucho más peso del que tú y yo lo hacemos. Y ojalá la canción selle lo que hemos predicado, selle la enseñanza. No te vayas todavía. Sigue rumiándolo, sigue afirmando, sigue preguntándote: ¿dónde estoy? ¿En cuál de esos dos grupos? Y que Dios sea quien te hable hoy.

Otra vez, Padre, gracias por tu Palabra, tus recordatorios, tu insistencia, tu claridad, tu paciencia, tu permanencia, tu perseverancia para conmigo, mucho mayor que mi perseverancia para contigo, Señor. Tú eres fiel, pero también Tú eres justo, también Tú eres recto. También yo sé que los que conocen tu rostro te verán y honraremos tu nombre, veremos tu santidad. Gracias, porque a pesar de todo eso, al final del camino todavía sigue siendo por fe, por gracia a través de la fe. Ayúdanos a recordar esto toda la semana y para el resto de nuestros días. En Cristo Jesús te lo pedimos. Su pueblo dice: "Amén. Amén."

Nos ponemos de pie. Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal de forma que puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.