Integridad y Sabiduria
Sermones

Cómo discernir la verdad (parte 2)

Miguel Núñez 14 marzo, 2010

El cristiano de hoy enfrenta una amenaza distinta a la que Juan combatió en su primera carta. Ya no son los maestros gnósticos que negaban la encarnación de Cristo; ahora es el posmodernismo, una filosofía que rechaza las convicciones firmes y celebra la ambigüedad como virtud. Brian McLaren, uno de sus exponentes principales, se presenta como cristiano liberal y conservador, calvinista y católico, místico y fundamentalista, todo a la vez. Ese espíritu de indefinición ha comenzado a infiltrar la iglesia, produciendo creyentes con pocas convicciones y todas negociables.

Juan no escribió con ese espíritu. Su carta declara sin rodeos: "Vosotros sois de Dios; ellos son del mundo". No hay espacio para la ambivalencia. El apóstol Pablo mostró la misma claridad cuando instruyó a Tito a retener la palabra fiel y refutar a quienes contradicen la sana doctrina. El problema es que hoy cualquiera con convicciones firmes es tildado de legalista, cuando en realidad el legalismo no es tener posiciones claras sino carecer de gracia hacia quienes piensan diferente.

Amar al hermano en su error no significa amar el error del hermano. Cristo amó al joven rico y luego lo dejó ir cuando rechazó la verdad; le lavó los pies a Judas sin hacer espacio para su traición. El discernimiento que Juan demanda requiere conocimiento de la Palabra, plenitud del Espíritu y comunión genuina con Dios. La cultura, formada por el enemigo, no puede iluminar a la iglesia; la iglesia debe iluminar la cultura. Los que son de Dios eventualmente reconocerán su voz y rechazarán el error.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

El día de hoy vamos a estar revisando nuevamente el mismo texto de la semana anterior, en la primera epístola del apóstol Juan, el capítulo 4, desde el versículo 1 al versículo 6, para continuar con las aplicaciones de este texto. Así dice su Palabra: "Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo. En esto conocéis el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne es de Dios, y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios. Y este es el espíritu del anticristo, del cual habéis oído que viene y que ahora ya está en el mundo. Hijitos, vosotros sois de Dios y los habéis vencido, porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo. Ellos son del mundo, por eso hablan de parte del mundo y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios nos oye, el que no es de Dios no nos oye. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error."

Padre, una vez más, antes de exponer tu Palabra, antes de atrevernos a interpretar lo que tú has escrito, Dios, venimos delante de ti a pedirte que por tu gran gracia y misericordia tú puedas conceder una porción especial de tu Espíritu, de tu iluminación, a tu siervo, a través de este pasaje, de tal manera que él no pisotee lo que tú consagraste. Tu Palabra, que es viva y eficaz, que es más cortante que cualquier espada de doble filo, que penetra hasta la división de los tuétanos y las coyunturas, del alma y del espíritu, y que es poderosa para discernir las intenciones y los pensamientos del corazón. Es esa Palabra que hoy nos atrevemos una vez más a exponer. Ayúdanos a manejarla con cuidado, Dios. Ayúdanos a aplicarla a nuestras vidas, a esta generación, al tiempo que estamos viviendo, a nuestra iglesia. Ayúdanos a verla con tus ojos, ayúdanos a entenderla con tu mente, ayúdanos a sentirla con tu corazón, ayúdanos a vivirla en el poder de tu voluntad. Gracias, Dios, en Cristo Jesús. Amén, amén.

La semana pasada nosotros comenzamos a exponer este pasaje que yo acabo de leer y hablamos, a partir del pasaje, de cómo discernir la verdad. Estuvimos viendo entonces cuál fue el contexto en el que Juan escribió ese texto en particular y luego pasamos a aplicarlo. Yo creo que ese es el patrón, no, debe ser el patrón de todo texto de las Escrituras. De nada nos serviría a nosotros saber acerca de qué estaba Juan hablando cuando escribió sus palabras, y esa amenaza en este caso de estos falsos maestros gnósticos no son nuestra amenaza hoy, si nosotros no podemos cruzar el abismo del tiempo entre aquello que les escribió y lo que hoy nosotros estamos viviendo. Entonces sería de poco uso eso que Dios inspiró en un momento dado, pero Dios sabe que cada palabra que él ha inspirado ha tenido su aplicación en el tiempo. Y de esa misma manera, este texto que comenzamos a aplicar la semana pasada debe tener una aplicación en nuestro tiempo.

Si usted quiere la parte expositiva del texto, necesita ver la primera parte, el mensaje de la semana pasada, donde expusimos exactamente a qué Juan se estaba refiriendo. Y luego, hacia el final, o hacia la mitad, o un poco más allá de la mitad de la exposición, comenzamos a aplicar el texto a nuestros días. Y quizás a alguien o algunos le pudiera parecer extraño que estuviéramos tomando una segunda parte de este mensaje solamente para aplicaciones, pero yo no tengo el récord del número de aplicaciones de un texto, porque recuerdo perfectamente bien uno de los puritanos, que yo nombré, escapa mi memoria ahora mismo, que tomó un texto y le dio 160 aplicaciones. Ahora, yo estoy muy lejos de llegar ahí, pero creo que en el día de hoy vale la pena volver a revisar las enseñanzas de Juan a la luz de lo que nosotros estamos viviendo hoy en día.

Y para los que no estuvieron con nosotros, yo quiero resumir brevemente lo que dijimos, de tal forma que usted pueda seguirnos hoy y no estar perdido. En aquellos días la iglesia estaba afrontando una amenaza, y la amenaza era, o venía, de parte de los maestros gnósticos que estaban enseñando que Cristo no había venido en la carne, sino que ellos habían visto una apariencia de él. Y por eso el texto habla de que todo aquel que no confiesa que Cristo vino en la carne no es de Dios. Pero si somos honestos, esa no es la amenaza de la iglesia de hoy en día, esa no es la amenaza de la iglesia en República Dominicana, y no es la amenaza de la IBI.

De tal manera que de alguna forma nosotros tenemos que conectar eso con lo que nosotros vivimos. Y la pregunta es: ¿cómo nosotros conectamos eso que Juan expresó con nuestros tiempos y en nuestra iglesia, en este momento y en esta hora? Y la forma fue, yo creo, de un tanto natural, porque una de las enseñanzas de los gnósticos fue precisamente que todo aquello que era del mundo material era malo y todo aquello que venía del mundo espiritual era bueno. Y entonces, para nosotros mostrar que Dios no tiene esa opinión, utilizamos varios pasajes, pero uno de esos pasajes venía del mismo apóstol Pablo.

Recordemos que los gnósticos veían esa dicotomía tan grande que incluso decían que el cuerpo y el espíritu no podían juntarse. Inventaron una tercera parte llamada alma que supuestamente conectaba el uno y el otro, porque ellos definitivamente creían que en el mundo de lo material no había nada bueno. Y la Palabra de Dios dice todo lo contrario. Dios quiere, y usamos uno de los textos o varios textos para probar, que Dios quiere que nosotros podamos disfrutar de su creación, que él declaró en un principio buena en gran manera.

Y el apóstol Pablo, escribiendo a Timoteo, y esto es simplemente resumiendo para los que no estuvieron, decía que no prestara atención a aquellos falsos maestros que habían venido prohibiendo casarse, mandando a abstenerse de alimentos. Escucha: que Dios ha creado para que con acción de gracias participen de ellos los que creen y que han conocido la verdad, porque todo lo creado por Dios, todo lo creado por Dios, no fue simplemente bueno. Pablo dice: en el presente es bueno, y nada debe ser rechazado si se recibe con acción de gracias, porque es santificado mediante la Palabra de Dios y la oración. Ese texto afirma la bonanza de la creación de Dios y cómo Dios entonces quiere que aquellos que son sus hijos puedan disfrutar de su creación de una manera redimida, a la manera de Dios, no a la manera como nosotros hemos disfrutado y gozado de esa creación.

Y esa enseñanza forma parte de lo que era la aplicación en contra de la enseñanza gnóstica de lo malo que tenía todo lo creado en esta tierra. Esos hombres se presentaron como maestros del mundo de la luz cuando en realidad eran maestros del mundo de las tinieblas. Y lo que ellos hicieron fue que ellos condenaron lo creado, lo material, y celebraban el mundo. Lo que Dios está tratando de decirnos es que él hace todo lo opuesto: él celebra su creación y condena el mundo. Porque el mundo no es el globo terráqueo; el mundo son formas de vivir, de pensar, de actuar, de enjuiciar, de medir las cosas. De manera que ahí está la diferencia entre estos maestros gnósticos y Dios.

Y la aplicación en este contexto: los gnósticos celebraban su mundanalidad, su mundo, condenaban lo creado; Dios celebra su creación y condena el mundo. Y la habilidad de diferenciar uno de otro está dada por la sabiduría que Dios da. Dios nos ha llamado a sabiduría, y si hay algo que yo creo que nuestra iglesia está en necesidad hoy en día de ir desarrollando cada vez más, es lo que es sabiduría para conocer esa línea fina entre una cosa y otra.

La segunda aplicación que hicimos tenía que ver con lo que es el discernimiento, que muchos no tienen hoy en medio de esta sociedad posmodernista. Y Juan nos habla de que nosotros necesitamos probar los espíritus. Y en este tiempo que nosotros estamos viviendo, posmoderno, caracterizado por una inmensa ambigüedad en todas las áreas del saber, es sumamente necesario que nosotros sepamos cómo probar los espíritus también. Ahora, el reto nuestro no es probar los maestros gnósticos que no tenemos en frente nuestro. El reto nuestro es probar aquellos maestros del día de hoy que sí tenemos, junto con sus enseñanzas, de tal manera que nosotros también podamos vivir en la verdad y por la verdad.

Y con esa introducción yo quiero que hagamos dos preguntas de aplicación. Recuerde que este mensaje es básicamente de aplicación del texto. Dos preguntas de aplicación que de alguna manera ya habíamos comenzado a responder. Y la primera es: si el movimiento gnóstico no es la amenaza de la iglesia de hoy en día como lo fue en los días de Juan, ¿cuál es ese movimiento amenazante para la iglesia de Dios hoy, de tal manera que lo que Juan dijo en aquella ocasión nosotros podamos aplicarlo a nuestras vidas, iglesia y tiempos contemporáneos? Y número dos: si la enseñanza de que Cristo no vino en la carne no es lo que nosotros necesitamos combatir en el día de hoy, porque no está frente a nosotros esa enseñanza, entonces ¿cuál o cuáles son las enseñanzas que sí están frente a nosotros, de tal manera que nosotros podamos discernirlas, combatirlas y refutarlas? Recuerda que la parte expositiva del texto la hicimos la semana pasada; hoy estamos tratando de continuar nuestras aplicaciones, como ya dijimos en el principio.

En el versículo uno de este pasaje, Juan nos invita a discernir los espíritus, como acabamos de decir. Pon tú solamente a prueba los espíritus, a los maestros falsos; pon tú solamente a prueba sus enseñanzas. Una cosa va de la mano con la otra, y la habilidad para discernir sus enseñanzas va a requerir discriminación. Yo quiero usar esa palabra porque esa palabra hoy en día no tiene la connotación que antes tenía. La palabra "discriminador" hoy en día tiene una connotación negativa de rechazo, porque obviamente no debemos discriminar las razas, por ejemplo. Pero esa no era la connotación en el pasado.

La connotación en el pasado de discriminación era una connotación buena. Una persona discriminadora era vista como una persona sabia, una persona noble, capaz de guiar a otros, capaz de ver verdades, compararlas, contrastarlas, y luego saber escoger la verdad y separarla del error. Es esa habilidad de la cual la iglesia de hoy en día carece tanto. Y carece tanto de esa habilidad porque ha estado muy acostumbrada a tener las enseñanzas servidas en uno, dos, tres, cuatro, sin necesariamente ser forzada a pensar a través de las verdades que la Palabra de Dios nos presenta.

Y bueno, se exhorta precisamente a discriminar los espíritus, los falsos de los verdaderos. Y el problema, o la necesidad por la cual nosotros tenemos que hacer eso, es porque el espíritu de falsedad, el espíritu que viene del mundo de las tinieblas, como el mismo Pablo nos advirtiera en Segunda de Corintios 11:14, con frecuencia viene vestido de ángel de luz.

La pregunta entonces: ¿cómo se viste un ministro de las tinieblas de ángel de luz? ¿Cómo es que es capaz de ocultar su oscuridad y presentarnos una luz aparente que él no tiene? Si él no tiene luz, ¿cómo es que él se va a presentar como un ministro de la luz? La respuesta no es muy compleja: él toma la verdad de Dios —ahí está la luz— y la distorsiona, la tuerce, pero solamente en algo, en algunos puntos, de tal manera que no sea obvio de parte de quién él viene. Y esa verdad ahora torcida él se la presenta al hombre de una manera atractiva, de una manera que a él le satisfaga, de una manera inteligente. Y ahora la línea divisoria trazada en la arena que claramente dividía la verdad del error se hace borrosa, se hace borrosa hasta el punto entonces que el hombre queda convencido —sobre todo en nuestra sociedad posmoderna— que es más importante ser abierto que ser veraz, que es mucho más noble, que es mucho más de Dios ser abierto que ser veraz.

Algo que tú no encuentras en esta epístola de Juan. En este mismo texto que yo leí hoy, Juan nos dice en el versículo 4: "Vosotros sois de Dios"; versículo 5: "Ellos son del mundo". Tú no encuentras la ambigüedad, tú no encuentras la ambivalencia. Tú encuentras un espíritu que claramente discierne, divide, esclarece y establece. Y luego Juan dice, y sabes que al final de cuentas no es tan complicado: los que son de Dios nos escuchan y obedecen, y los que no son de Dios no nos escuchan y desobedecen. Eso está ahí también en el versículo 5.

Cristo lo dijo de una forma muy similar: "Mis ovejas oyen mi voz". En un momento dado los discípulos vinieron y le dijeron: "Maestro, ¿por qué es que tú no nos dices claramente si tú eres el Mesías?" Y les dice: "Porque ustedes no me reconocen, porque vosotros no sois mis ovejas. Como no, no, ustedes no son mis ovejas. Pero mis ovejas oyen mi voz, mis ovejas saben ya que yo soy el Mesías, pero vosotros no lo sois". Y con eso Cristo también de una forma muy clara separaba los mansos de los cimarrones.

Tú no encuentras ese espíritu en el posmodernismo. Es un espíritu de ambigüedad, es un espíritu de indefiniciones. Hoy en día yo creo que habría muy pocas personas, muy pocos maestros del evangelio que se atreverían a escribir una carta como la que Juan escribió. Porque si hay algo que caracteriza el movimiento posmoderno es la ausencia de dogmatismo en todas las áreas. Y esa es la razón entonces por la que muchos no prefieren dar un veredicto en un área y prefieren esto y aquello a la vez, que no es exactamente la manera como Juan escribió esta carta.

Y el problema es que el posmoderno él no puede esclarecer las cosas porque no tiene convicciones. Y el problema entonces es que cuando ese posmodernismo entra a la iglesia, ese cristiano no es que él no tiene convicciones, pero él comienza a perderlas, y ahora él tiene mucho menos convicciones que cristianos de épocas ante pasadas. La tendencia entonces que tú verás a partir de ahora es que más y más encontrarás personas que tendrán dificultad definir o decidir si son arminianos o calvinistas; ellos quieren ser calvinianos, ambas cosas. Encontrarás personas que más y más no querrán definirse entre católicos o evangélicos, porque sabes que solo Dios sabe.

Mejor ejemplo de eso, si no me crees, es Brian McLaren, el exponente número uno del posmodernismo. Déjame leerte el título de uno de sus libros más famosos, un título bien largo, de manera que el título solo te da la idea completa de qué trata el posmodernismo y de lo que tú has comenzado a ver dentro de la iglesia, y que está afectando y continuará afectando nuestras iglesias en general, incluyendo a nuestras iglesias y a sus miembros. Porque la Palabra de Dios nos dice que llegará un momento en que Dios tendrá que cortar los días por amor a los elegidos, porque de lo contrario hasta ellos mismos serían confundidos, y ustedes podrían entender por qué.

El libro que McLaren escribió se llama: *Una ortodoxia generosa: por qué yo soy un cristiano misionero, evangélico, posmoderno, protestante, liberal, conservador, místico, poético, bíblico, carismático, contemplativo, fundamentalista, calvinista, anabautista, anglicano, metodista, católico, encarnacional, deprimido, pero esperanzado, emergente, y todavía no terminado, no acabado*. Ese es el cerebro del posmodernismo, que uno de los seminarios más ortodoxos, Dallas Theological Seminary, lo acaba de invitar a una plenaria. No tenemos nada que ver con el error, nosotros.

Adjetivos que son... ¿cómo tú puedes ser liberal y conservador a la vez? Claro, solo siendo posmoderno. ¿Cómo tú puedes ser anglicano, metodista y católico al mismo tiempo? ¿Calvinista y fundamentalista? Solamente tienes que ser posmoderno. No hay duda por qué él está deprimido. Deprimido, pero esperanzado. ¿Te das cuenta de cuál es el espíritu de hoy en día? El espíritu de la ambigüedad, de la no convicción, de esto y aquello a la vez, y yo no estoy seguro. Ese es el espíritu.

Hay que dejárselo a Dios, y ciertamente hay muchas cosas de las cuales nosotros no estamos seguros y tenemos que dejárselas a Dios. Pero hay muchas otras de las cuales estamos muy seguros porque Dios las ha asegurado en Su Palabra.

El posmodernismo ha sido definido como una filosofía de vida con múltiples manifestaciones que tiene su origen —escuchen bien— sobre todo en un desencanto con el pasado, al que cuestiona, rechaza y desafía, creando entonces sus propias reglas, normas y principios. Esa es la generación de nuestros días. Mira el pasado, mira el pasado de la iglesia y dice: "Eso no sirve, no funciona, no aplica, no me motiva". Lo que él no entiende es que su desencanto no es con el pasado, no está fuera de él, está dentro de él.

Yo no me imagino a Cristo venir y decir: "Tengo un desencanto con el judaísmo, que voy a fundar otra religión". No, la razón de la continuación de la misma religión no fue un desencanto con el pasado, fue una continuación de aquello que Dios había proyectado de la eternidad pasada. Pero el desencanto entonces con el pasado lleva a esa generación a rebelarse, y la rebelión crea sus propias reglas, sus propias normas, sus propios principios, y cuestiona todo lo establecido. Su cuestionamiento del establecimiento, del *establishment*: todo lo que ha sido establecido debe ser cuestionado y volteado con las patas para arriba. Eso es, y por eso es que tú encuentras tanta experimentación con cosas raras y extrañas hoy en día aceptadas como buenas y válidas.

Y cada vez que pruebo otra cosa rara y extraña permanezco desencantado, lo que me lleva a probar con la próxima. Y no nos damos cuenta entonces que el desencanto está dentro de mí; es esa forma de pensar, es ese desencanto que no está fuera sino dentro, que lleva entonces a muchos continuamente a cambiar: cambiar de celular, cambiar de computador, cambiar de carro, de estilos, de modas, de creencias, de novios, de esposos. Porque cada cosa que prueba me deja vacío, y una semana prueba esto, y cuando no me gustó prueba qué, y tampoco me gustó, y pruebo lo otro.

Y alguien pudiera decir: "Bueno, pero ¿por qué tanta importancia en esas cosas que son simplemente externas?" No simplemente es la reflexión de lo que está pasando internamente. Porque lo que tú encuentras en la mayoría de estas iglesias emergentes, incluyendo en Brian McLaren en su libro "Ortodoxia Generosa", es una empatía por las corrientes budistas, hinduistas. El mismo dice: "Yo tengo mucho más empatía por ellos que por mis amigos evangélicos." Porque lo está desencantado. Pero su desencanto no debe ser con esta verdad, sino con muchos de los hombres que la han abrazado. Esas cosas no son la misma cosa.

Ese desencanto entonces les lleva a querer deconstruir. Deconstruccionismo es su idea: deconstruir toda la historia del pasado, de tal manera que tú tienes que volver a revisarla, reinterpretarla, darle tu propia opinión y dejarla abierta para que cada cual la pueda interpretar a su manera. De tal forma que la historia de Abraham depende de tu propia historia, de cómo tú la vas a interpretar. Esos son los falsos maestros de hoy en día, esos son los gnósticos de nuestros días, lo único que no tienen ese nombre. Esos son los falsos maestros que yo tengo que probar de acuerdo a lo que Juan está diciendo. Esa es la verdad que yo tengo que discernir. Esa es la convicción que yo necesito desarrollar para todo el tiempo poder mantener una conducta que sea apropiada, congruente con la revelación de Dios.

Eso es lo que muchas veces nosotros no tenemos. Cuando tú vas a la universidad, tú eres educado en esa dirección. Y el problema es que paso cinco días en la universidad, uno o dos horas a la semana, o tres o cuatro, en la iglesia. Y me es muy difícil deconstruir lo que en la universidad me están enseñando cuando soy expuesto a su verdad. O tomo la verdad de Dios y hago lo mismo con su verdad que hago con la verdad a medias, torcida, que me dan en la universidad, y es que la dejo abierta. Porque quién sabe.

Profesor de ética de una universidad católica de nuestro país, no hace mucho, decía que cuando le enseñaba ética simplemente enseñó los diferentes sistemas de ética y que cada cual que escoja la ética que pudiera ajustarse mejor a su vida. Y en ese sistema entonces, muchas veces se le pregunta a los estudiantes, para ver cómo reaccionan, si lo que Hitler hizo con los judíos fue malo o bueno. La respuesta correcta: no sabemos. ¿Te das cuenta entonces qué es lo que nosotros tenemos que combatir? Hay una ausencia de absolutos en la mente posmoderna.

El problema es que cuando eso entra a la iglesia, no entra de la misma manera; entra camuflageado. Y entonces en la iglesia no hay muchas convicciones sobre las que nosotros nos vamos a parar, porque tenemos que ser tan abiertos. Y hay una tendencia cada vez menor a la predicación dogmática, para pasar entonces al diálogo con las diferentes corrientes del Oriente, de otras religiones, para encontrar la verdad que ellos también tienen. Y leemos eso: "Sí, oh, qué interesante, qué hay, qué interesante." Ese no es el espíritu de Juan. Ese no es el espíritu de Pablo.

Escucha lo que Pablo le dice a Tito en el uno nueve: "Reteniendo la palabra fiel que es conforme a la enseñanza." Retenla, la palabra fiel, para que sea capaz también de exhortar con sana doctrina —escucha— y refutar a los que contradicen. Ese es el patrón: tú exhortas con sana doctrina y tú refutas —esa es la palabra— a los que la contradicen. No es el espíritu de ambigüedad, no es el espíritu de apertura. Tienes que tener convicción. Tú tienes que retener la buena palabra. Tú tienes algo. Tú tienes que saber lo que dice. Tú tienes que saber lo que crees. Y eso es algo que tú encuentras de manera repetitiva en Juan en esta carta. No es posmoderno.

Mira su recomendación en la segunda carta, la próxima carta: "Todo el que se desvía y no permanece en la enseñanza de Cristo no tiene a Dios." ¿Tiene o no tiene? No tiene. "El que permanece en la enseñanza..." ¿El que permanece en cuál enseñanza? En esta. "...el que permanece en la enseñanza tiene tanto al Padre como al Hijo."

Escucha este veredicto. Imagínate a Juan predicando esto en esta generación en un púlpito posmoderno: "Si alguno viene a vosotros y no trae esta enseñanza, no lo recibáis en casa ni lo saludéis, pues el que lo saluda participa en sus malas obras." ¿Te imaginas un predicador posmoderno haciendo tal recomendación? Si alguno viene con una enseñanza que no es esta, a corromper lo que tú tienes, y viene como un ángel de luz, siendo realmente un emisario de las tinieblas, ni lo recibas en tu casa. No tiene nada que compartir contigo. O acaso no sé lo destructivo que es el error. O acaso no sé lo destructivo que pueden ser estas corrientes, estas tendencias, cómo nos cambian nuestra forma de pensar con relación a la verdad.

Y alguien pudiera decir: "Pastor, pero ¿dónde está el espíritu de amor al que el mismo Juan llama?" Y ahí, ahí, ¿dónde está? Ahí, ¿dónde está el lugar de la sabiduría? Ahí, ¿dónde está el lugar para nosotros poder discernir una cosa de la otra? No es la misma cosa amar al hermano en su error que amar el error de tu hermano. No es lo mismo. La diferencia es monumental. Escucha bien: no es lo mismo amar al hermano en su error que amar el error del hermano.

Amar al hermano en su error es amarlo, servirle, entenderlo y presentarle la verdad, llamando todo el tiempo al pan pan y al vino vino. Pero tú le sirves, tú estás dispuesto a servirle si tienes que hacerlo, pero con la intención de que él cambie su error por la verdad. Amar el error del hermano es creer que el error y la verdad en esencia simplemente representan formas diferentes de cómo la verdad es percibida, y que por tanto Dios es el único que sabe dónde está la verdad. Eso es cierto, pero está aquí. Para eso nos la dio: para que nosotros también supiéramos dónde está la verdad.

Déjame ver si puedo ilustrarlo de esta manera. Tú tienes un niño de un año de edad y él hace sus necesidades en la sala. Tú amas al niño en su error, pero tú le corriges en la medida en que él puede ir entendiéndote, y le vas enseñando, porque tú entiendes que él tiene que aprender la diferencia entre la verdad y el error. Eso es distinto a que tú permitas que todo el mundo de toda edad haga las mismas necesidades, en cuyo caso tú ahora estás amando el error de tu hermano. Y eso es lo que Dios no quiere que nosotros hagamos.

Con la mentalidad posmoderna de nuestros días, lamentablemente se hace difícil predicar ahora con convicción. Y si hay algo que caracteriza a nuestra cultura es la falta de convicciones. Y cualquiera que tenga convicción es tildado de legalista. Y lamentablemente los mejores están siendo afectados. Yo leí esta semana cómo uno de los mejores académicos del Nuevo Testamento, N.T. Wright, ha tenido que ser enfrentado ahora por Sproul y Michael Horton y John Piper y una serie de individuos, y Sinclair Ferguson, y una serie de gente. Porque ahora él tiene una nueva perspectiva del apóstol Pablo en cuanto a la justificación del pecador, de tal manera que ni el católico ni el protestante están en la verdad. Hay como una ambigüedad ahí; ahí existe la verdad. Y mucha gente lo sigue porque es N.T. Wright, el gran académico del Nuevo Testamento. ¿Te das cuenta por qué nosotros tenemos que seguir distinguiendo la verdad del error?

Legalista está caracterizado por una falta de amor por aquellos que piensan diferente a él. De eso no es de lo que estamos hablando. Las convicciones no son legalismo. No es tener convicciones claras. Legalismo no es tener un sentido de lo que debe ser y no debe ser bien definido. Legalismo no es fijar posiciones claras. Esas son características típicas de todo buen líder. No ha habido, hasta ahora que surgió el movimiento posmoderno en la historia de la humanidad, un líder que no haya tenido posiciones claras, que no las haya fijado, que no haya tenido convicciones claras y que no haya tenido un sentido de lo que debe ser y no debe ser. Eso no los volvía legalistas; los volvía líderes. Esa es la diferencia.

Legalismo es una actitud del corazón que critica y condena continuamente en su espíritu a aquellos que no son como él. De eso no es de lo que estamos hablando. Legalismo es más una actitud que carece de gracia hacia sí mismo y hacia los demás. El legalismo es una actitud más bien del corazón que vive preocupado con lo trivial, como los fariseos. Cuando estamos hablando de esto, estamos hablando de vivir preocupados con lo importante, con aquello que es Su Palabra, con aquello que es Su verdad, hasta el punto que no permitamos que la verdad sea diluida.

Y el problema es que nosotros continuamente vemos la infiltración del posmodernismo en la mente de aquellos más jóvenes de nuestra generación, de tal manera que pasados unos años estarían en la ambigüedad en cosas doctrinales de importancia. Por tanto, el cristiano legalista no es el que nosotros estamos tratando de desarrollar. Es un cristiano maduro que él sabe amar incluso a aquellos que piensan de una manera distinta a él, pero él sabe desaprobar sin condenar. Ahí está el espíritu de la sabiduría. Yo no tengo que aprobar las formas erróneas; yo puedo desaprobarlas. Pero yo no tengo que condenarlas, para que Dios sea juez en todo. Y su madurez le permite desaprobar entonces sin condenar. Pero él tiene convicciones claras, definidas, que expone, que usa.

Y en esta generación posmodernista, muchas veces nosotros pensamos que amar al hermano es no cerrar posiciones. Y eso no es en lo que consiste el amor. Yo puedo amar al hermano sin aceptar sus formas erradas de creencia. ¿Y cómo se traduce eso? Se traduce entonces no en una... Nosotros hemos llegado a creer que...

El amor es una posición abierta, cuando en realidad el amor, como mejor se traduce, lo podemos ver en la palabra: Dios es una disposición de espíritu de servir, aun si fuera necesario, a aquellos que piensan distinto que tú. Como lo hizo Cristo en la última cena cuando le lavó los pies a Judas. Como lo hizo Cristo con el joven rico que se le aproximó. El texto dice que Cristo le amó, y luego de amarlo lo pegó contra la pared y lo puso a tomar una decisión: o tus riquezas o yo. Y habiéndole amado, lo dejó ir sin hacer espacio para él, para incluir su error. ¿Por qué? Porque le presentó la verdad, y cuando él no quiso entrar en el espacio de acuerdo a la verdad, Cristo lo dejó ir en el error. Y él se fue triste y cabizbajo. Cristo lo desaprobó, lo confrontó, lo pegó contra el espacio de la pared, lo puso en una bifurcación, y luego lo dejó ir si él no estaba dispuesto a aceptar la verdad. Por lo que actitud abierta, de la que hemos estado hablando, es típica de nuestro tiempo.

Esta carta de Juan, la tienen en este texto, versículo 4. Dice: "Vosotros sois de Dios." Versículo 5: "Ellos son del mundo." En otros textos Juan dice: si no tienes al Hijo, tampoco tienes al Padre; si no estás en la luz, estás en las tinieblas; si no eres hijo de Dios, eres hijo del diablo; si aborreces a tu hermano, entonces ya no eres hijo de Dios; el que no guarda sus mandamientos no es de Dios. Y si Juan estuviera predicando eso hoy en día, se le tildaría sin duda de legalista.

Pero Pablo, cuando escribe, lo estuvo de una manera distinta. En 2 Tesalonicenses 3:6, él dice: "Ahora bien, hermanos, os mandamos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente." Bueno, eso se entiende: si tú eres hermano y andas desordenadamente, tengo que apartarme porque es parte de la forma como tú vas a entender que necesitas arrepentirte y venir a los caminos. Pero resulta que luego hay una coma después de la palabra "desordenadamente": "y no según la doctrina que recibisteis de nosotros." Pablo está diciendo: la doctrina que recibisteis de nosotros es tan importante que si hay algún hermano que no anda conforme a la doctrina, yo estoy diciendo que necesitas apartarte de él.

Pablo tenía convicciones claras, definidas, posiciones cerradas: esto o aquello, la verdad o el error. Juan dice lo mismo: si tú crees lo que nosotros creemos, entonces tenemos comunión; si no crees lo que creemos, no podemos tener comunión. Lo vimos en el capítulo 1. ¿Te das cuenta que esta carta no es posmoderna? El espíritu de Pablo, el espíritu de Juan, no eran posmodernos.

Y alguien pudiera decir: "Pastor, yo no entiendo." ¿Qué no entiendes? "Es que por un lado la Palabra me manda amar al hermano, por otro lado me manda no juntarme con él." Ese es el espíritu de la sabiduría. Es el espíritu que condena al fariseo y perdona a la mujer adúltera. Es por eso que la línea divisoria entre lo aceptable y lo condenable es extremadamente fina. La línea divisoria entre lo aceptable y lo condenable es extremadamente fina. En otras palabras, no toma mucho para yo pasar de la verdad al error.

Lo puedes ver quizás con una copa de vino, que fue usada incluso en las escenas de los tiempos de Cristo. Tú con una pudieras ser aceptable, y si te has tomado dos o tres, ya es condenable. La línea es sumamente fina, y tú puedes aplicar lo mismo a cada área de la vida cristiana. La vida de sabiduría es una vida no de ambigüedad, es una vida de blanco y negro, pero no siempre es blanco y no siempre es negro. ¿Y cómo yo lo sé? Tú necesitas la guianza del Espíritu de Dios.

Déjame ilustrártelo con un proverbio. Proverbios 26:4 y 5, donde lo que dice el 5 es contradictorio a lo que dice el 4, para que tú veas en qué consiste la vida de sabiduría. "No respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él." Al necio no lo respondas. Próximo versículo: "Responde al necio según su necedad, para que no sea sabio ante sus propios ojos." "Pastor, no entiendo." Por eso se escribió el libro de Proverbios. Lee el principio, lee la introducción. ¿Para qué se escribió el libro de Proverbios? Para que puedas desarrollar entendimiento, para que puedas desarrollar sabiduría, para que puedas discernir.

Porque esto es lo que estos dos versículos están tratando de decirme: que hay momentos en que a ese necio tú no le respondes, de tal manera que tu silencio lo condene. Sin embargo, hay otros necios que necesitan ser respondidos de tal forma que tu verdad le enseñe que él no sabe absolutamente nada de lo que está hablando. "No respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él." Comienzas a responderle al necio, a ese necio, en esa ocasión a la que el verso se refiere, y tú te vuelves necio. No lo hagas. Versículo cinco: "Responde al necio según su necedad, para que no sea sabio ante sus propios ojos," para que él sepa que él no sabe nada de lo que está hablando y no sea sabio ante sus propios ojos. Esta es la vida de sabiduría, es la vida de discernimiento. No es una vida de reglas, es una vida de principios.

Y entonces, ¿cómo yo sé la diferencia entre uno y otro? Versículo cuatro del texto de hoy nos da una idea de cómo yo voy a hacer eso. ¿Por qué? Porque mayor es el que está en mí que el que está en el mundo. Ese que es mayor que el mundo es el Espíritu de Dios, que me ha sido dado para iluminar mi mente, iluminar mi conciencia, para iluminar la Palabra, para que yo pueda discernir, para hacerme sabio, y yo pueda vivir en paz, y yo no tropiece en el camino.

Cada uno de nosotros se supone que debe discernir. Cada uno de nosotros se supone que debe tomar decisiones. A ver, escucha algo vital, importante. Cuando hacemos esa aseveración por la cual yo moriría, cuando decimos que todo el mundo tiene el Espíritu de Dios dentro, todo el mundo que es de Dios, que es nacido y regenerado por Su Espíritu, tiene el Espíritu de Dios dentro para ser guiado, cuando decimos eso, no podemos asumir al mismo tiempo que porque todo el mundo tiene el Espíritu de Dios dentro, siendo hijo de Dios, todo el mundo tiene la misma capacidad de discernimiento. No es verdad. Pero eso es lo que queremos creer en nuestra forma caída de pensar.

Si tú no conoces la Palabra, tu conciencia no está bien informada. Si no vives una vida de santidad, no tienes plenitud del Espíritu. El discernimiento depende de la plenitud del Espíritu, que ilumina la Palabra, que ha instruido mi conciencia, y ahora me permite ver con claridad la verdad y el error. De tal manera que si tú quieres tener una habilidad para discernir, no es aprendiendo reglas, no es sabiendo una lista de lo que se puede y no se puede, no es tratando de determinar blanco y negro en cada página. Es tratando de desarrollar sabiduría de tal manera que, por el Espíritu que mora en mí, y siendo informado por Su Palabra, iluminado por Su Espíritu, viviendo en comunión con Dios, viviendo la plenitud del Espíritu, ahora yo puedo determinar en cada caso qué debe ser y qué no debe ser. Pero tú necesitas esos componentes; no lo puedes hacer de ninguna otra manera.

Versículo 5: "Ellos son del mundo." Esos no tienen el discernimiento; por eso hablan de parte del mundo, y cuando hablan, el mundo los oye. Nosotros sabemos, a partir de lo que estudiamos, cómo hablaba el mundo de los tiempos de Juan en términos de su gnosticismo, de lo que ya hemos venido enseñando y que no vamos a repetir. Hoy en día nosotros muchas veces sabemos de qué manera habla el mundo cuando por mundo entendemos carnalidad, alcohol, droga, vicios, pornografía. Cuando por mundo entendemos eso, nosotros sabemos cómo habla el mundo.

Son las sutilezas que caracterizan las verdades de hoy en día, que no son más que falsedades, las que nosotros no sabemos discernir. Porque eso no lo vemos como mundo. Eso viene a nosotros, es presentado de manera intelectual, de manera atractiva, de manera interesante: "No había pensado en eso." Eso es como el ángel de las tinieblas que se viste como ángel de luz. ¡Wow, increíble! Y estas nuevas corrientes entonces comienzan a infiltrarse. Esa es la falsedad que tú y yo necesitamos discernir, identificar, combatir y destruir. ¿Y cómo lo vamos a hacer? Por medio de Su Palabra.

Esos son los falsos maestros que vienen de parte del mundo. Esos son los falsos maestros que tú y yo tenemos que afrontar. No son los gnósticos; no los tenemos entre nosotros para afrontarlos. Son los posmodernos. Es la mentalidad posmoderna: abierta, ambigua, indefinida, que no quiere tomar posiciones, que nunca sabe porque solamente Dios sabe. Bueno, yo estoy de acuerdo que solamente Dios sabe, por eso Él se reveló, para que nosotros también supiéramos. Y nosotros tenemos entonces la mente de Cristo, nos dice Pablo en el Nuevo Testamento.

Cuando esa mente posmoderna comienza a infiltrar la iglesia, el cristiano de hoy en día comienza a tomar, a adoptar una visión posmoderna de la vida y de su fe. Y cuando tú hablas con él, conversas y lo cuestionas, muchas veces él se irrita porque él no puede ver lo que muchas veces otros sí pueden ver. Ese cristiano posmoderno, ahora él tiene convicciones, pero son pocas, y las que tiene no son muy fuertes. Son negociables, son intercambiables. Hay siempre espacio para el error.

Y si bien es cierto que Dios nos ha mandado a amar, tenemos que recordar que no es en la apertura de las convicciones donde está el amor. Es en la habilidad de servir aun a tus enemigos donde el amor se muestra. Cristo lavando los pies de Judas. Cristo dejando ir al joven rico en su error, porque no iba a hacer espacio para él en su error. Él estaba dispuesto a hacerle espacio en la verdad, pero una vez él no quiso abrazar la verdad, Cristo le cerró el espacio y lo dejó ir cabizbajo, triste.

Y esa es la vida de sabiduría: cuándo tú haces uno, cuándo tú haces otro; cuándo tú recibes, cuándo tú dejas seguir; cuándo tú le respondes al necio, cuándo tú no le respondes al necio. Y para eso Dios nos ha dado Su Palabra y Su Espíritu. La razón por la que el mundo posmoderno, la mente posmoderna, no quiere ser dogmática, rehúsa ser dogmática, la razón es porque nadie sabe la verdad, a su decir nadie conoce la verdad, como yo he venido diciendo, excepto Dios. Y por eso la reveló. Y con la verdad y Su Espíritu que ahora mora en mí, yo estoy supuesto a discernir.

Discernir entre lo bueno y lo malo, entre la verdad y el error, entre lo armónico y lo desarreglado, entre lo apropiado y lo inapropiado, entre lo ordinario y lo extraordinario, entre lo común y lo sublime, entre lo profano y lo sagrado, entre lo corriente y lo especial, entre lo ilógico y lo lógico, y entre lo bíblico y lo no bíblico. Por medio de su Palabra, por medio de su Espíritu. Pero escucha, en las propias palabras del movimiento posmoderno, porque el movimiento posmoderno te ha alejado de todo eso. ¿Por qué te ha alejado de todo eso y a favor de la cultura? Escucha lo que dice en sus propias palabras: "La iglesia está atada indefectiblemente a la cultura, y por tanto todo aquello que es parte de la cultura tendrá que ir encontrando su espacio en la iglesia." ¡Oh mi Dios, oh mi Dios!

La cultura no cuenta con el Espíritu de iluminación y de verdad de Dios; cuenta con la oscuridad del mundo, de las tinieblas. Dios no le dijo al mundo: "Vosotros sois las tinieblas de la iglesia." Nos dijo a nosotros: "Vosotros sois la luz del mundo." Al revés. Dios vio el mundo y vio su iglesia, y si esto está en oscuridad y ustedes son la luz, ustedes iluminan la oscuridad. No permitan que las tinieblas infiltren la iglesia; ustedes infiltran las tinieblas con la luz que yo les he dado. Cuando Él estuvo aquí, dijo: "Yo soy la luz del mundo." Cuando Él se fue, dijo: "Vosotros sois la luz del mundo." ¿Y dónde está nuestra luz? En su Palabra. ¿Y dónde está nuestra luz? En el Espíritu que mora en nosotros.

¿Cómo nosotros podemos tener esta actitud cuando la cultura ha sido formada por el archienemigo de Dios? Esto es lo que lleva a Pablo a decirle a los corintios en medio de su adaptación cultural: "Salid de en medio de ellos." Segunda de Corintios 6:17, palabras textuales: "Salid de en medio de ellos." ¿Por qué? Porque son tinieblas.

Esto es lo que hace que Dios le diga a Abraham: "Sal de tu tierra y de tu parentela." ¿De dónde? De tu cultura. Lee Josué 24:3 para que veas que Abraham era un idólatra, su Dios era pagano. "A mí no te vas solo, te tengo que despegar."

Esto es lo que hace que Dios le diga a Moisés: "Saca a mi pueblo de Egipto, de esa cultura. Nos vamos al desierto donde no hay cultura de nadie y yo puedo relacionarme solo con mi pueblo." Excepto que nunca pudieron sacar a Egipto del pueblo. Sacaron al pueblo de Egipto, pero Egipto nunca salió del pueblo. Eso es parte de lo que ocurre muchas veces en la iglesia de hoy en día: lo sacamos de la sociedad, pero la sociedad nunca sale del corazón del creyente.

Eso es lo que hace que cuando Daniel llega a Babilonia, la intención era, como se usaba... Eso que tú lees en el primer capítulo de Daniel era lo que se solía hacer siempre: tú traes esclavos de otros lugares, tú los importas y tú tratas de convertirlos a tu cultura. ¿Qué hicieron con Daniel y sus tres amigos? No solamente los educaron en todas las ciencias de los babilónicos, trataron de cambiarles hasta su dieta. Y Daniel rehusó babilonizarse, reconociendo que la cultura ha sido fomentada, educada, alimentada, crecida por el mundo, las tinieblas, y que él, que era luz, no quería ser invadido por las tinieblas de la cultura. ¿Y sabe qué hizo él y sus tres amigos? Se rehusaron, y hasta la dieta de ellos rehusaron para no babilonizarse.

La idea de Satanás para con nosotros como iglesia es dominicanizarnos de tal manera que nosotros seamos dominicanos primero, cristianos después. Con el americano es americanizarlos de tal manera que ellos sean americanos primero. Por eso dice la famosa frase: "My country, right or wrong, my country." Mi país, bien o mal, mi país. No. Nosotros no somos ciudadanos de República Dominicana, no somos ciudadanos de Estados Unidos; somos ciudadanos del cielo. Tenemos otra patria con otros valores, con otras convicciones. Si queremos imitar algo, imitemos este libro, no a la cultura. La cultura no tiene la luz de Dios y no está supuesta a iluminarnos; nosotros estamos supuestos a disipar sus tinieblas, no al revés.

Hoy más que nunca tenemos que discernir los espíritus. Escucha la advertencia de Dios para su pueblo en Isaías 5:20-21: "¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!" Escucha ahora: "¡Ay de los sabios a sus propios ojos e inteligentes ante sí mismos!"

¡Ay de aquellos! Si hay alguna tranquilidad en este texto que yo pudiera encontrar cuando veo los estragos que el movimiento posmoderno crea en la iglesia de hoy en día, es esto. Primera de Juan 4:6: "Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios nos oye; el que no es de Dios no nos oye. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error."

El Espíritu que mora dentro eventualmente dirá amén a la verdad de Dios. El Espíritu que mora dentro eventualmente rechazará el error que viene del mundo de las tinieblas. El Espíritu que mora dentro eventualmente me va a abrir los ojos. Pero gracias que Dios está dispuesto a hacer eso, porque recuerda que llegará el tiempo en que Satanás obrará tan grandes prodigios que será capaz, dice la Palabra de Dios, de confundir aun a sus elegidos. Y si tú eres elegido, tú estás entre aquellos que serán capaces de ser confundidos, al igual que yo. La razón por la que Dios dice "como si fuera posible" es precisamente porque, como un acto de misericordia, como un acto de Dios, Él ha de habitar en nosotros y a su debido tiempo enseñarnos la diferencia entre la verdad y el error. Y por eso Juan está tranquilo, confiado en que aquellos que somos de Dios oiremos sus enseñanzas; los que no son, no oirán sus enseñanzas.

Hay también la necesidad para ti, a manera personal, de probar tu espíritu. Este texto nos pide probar cuatro cosas, si tú quieres verlo de esa manera: tienes que probar los espíritus, los falsos maestros; tienes que probar sus enseñanzas; tú tienes que probarte a ti mismo; y tú tienes que probar los seguidores de los maestros. Ellos son del mundo.

Ahora yo tengo que probarme a mí mismo. Yo tengo que probar si yo soy verdaderamente de la luz. ¿Y cómo yo sé si soy de la luz? Va a estar dado por mi voluntad, mi disposición a obedecer la Palabra, la verdad. Porque el Espíritu de Dios que mora en los hijos de Dios vino precisamente a dar testimonio de la verdad, vino a morar adentro para iluminar la mente que es educada con su Palabra. Y ese discernimiento solamente lo puede dar Dios cuando yo vivo en su Palabra, por su Palabra, y su presencia mora adentro de mí, y vivo en comunión con Él, y tengo plenitud de Espíritu. Yo no puedo tener buen discernimiento con mala comunión con Dios, con poca plenitud de su Espíritu, con poco conocimiento de su Palabra. No funciona, no está diseñado para que ocurra de esa manera. ¿Te das cuenta ahora la importancia de esas cosas en nuestras vidas?

Que Dios nos guíe, que Dios nos guarde, que Dios nos proteja, que Dios nos evite tropezar, que Dios nos ayude a diferenciar todo el tiempo la verdad del error, que Dios nos dé convicciones firmes, que Dios nos ayude a amar, nos ayude a desaprobar sin condenar, pero que nosotros sepamos todo el tiempo lo que es de Dios y lo que no es, y que tengamos clara nuestra misión. Vosotros sois la luz del mundo, la luz de la cultura. Vosotros sois la sal de esa cultura, y para algo Dios nos ha dejado en medio de ella. Salid de en medio de ellos.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.