Integridad y Sabiduria
Sermones

¡Atención! No sea que te desvíes

Miguel Núñez 26 abril, 2026

La mayor amenaza espiritual no es la persecución sino el descuido silencioso. Hebreos 2:1–4 advierte que un creyente puede alejarse de Dios no de manera repentina ni dramática, sino de forma lenta e imperceptible, como una barca que se va soltando del muelle sin que nadie se dé cuenta. La palabra griega que el autor usa no habla de una decisión consciente de abandonar la fe, sino de ese deslizamiento paulatino que ocurre mientras el cristiano sigue haciendo actividades religiosas, pero ha perdido el primer amor, la pasión por la Palabra y la genuina vida de oración.

El pastor Núñez identifica dos fuerzas que constantemente empujan al creyente en esa dirección: la corrupción moral interna —que no desaparecerá hasta la gloria— y la corrupción del mundo exterior, que hoy llega de manera anónima, gratuita y accesible hasta lo más íntimo del hogar. Cuando la mente deja de ocuparse de las cosas de arriba y es capturada por los estímulos del mundo, la sensibilidad al pecado disminuye, la oración se vuelve utilitaria y la Palabra se lee sin meditación ni aplicación. Así, sin un examen espiritual regular, la fe se apaga.

El argumento de Hebreos es contundente: si la ley entregada por medio de ángeles en el Sinaí castigó cada transgresión con severidad —como ocurrió con los hijos de Aarón, con la rebelión de Coré o con los 23.000 que cayeron en el desierto—, ¿qué consecuencias acarrea descuidar una salvación anunciada por el mismo Hijo de Dios y confirmada por testigos oculares? La grandeza de la revelación recibida hace proporcionalmente más grave su descuido. La única respuesta es prestar mayor atención: a la Palabra, a la oración, al estado real del corazón.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Señor, gracias porque podemos cantar las verdades que creemos. No cantamos porque es lo que tenemos que hacer a esta hora. No cantamos verdades que nos llenan o nos mueven nuestras emociones. Cantamos lo que tú has declarado que es verdad.

Señor, ayuda a tu iglesia a estar convencida todo el tiempo de que estas verdades que acabamos de cantar no son simples verdades: son la columna vertebral de la fe cristiana, y de remover alguna de ellas, todo el edificio se viene abajo porque están interconectadas.

Señor, danos un pueblo de convicción. Danos un pueblo que cree y luego vive aquello que confiesa y que canta. Ayúdanos a aquilatar tu palabra, tu revelación. Lo que tú has puesto en palabras no son simples palabras; es como tú piensas, como tú sientes, como diseñaste el mundo, como diseñaste el plan de redención.

Ayúdanos a pensar a través de ti, oh Dios. Tú nos diste a través del apóstol Pablo que tenemos la mente de Cristo, y la tenemos en tu palabra, y la tenemos por medio del Espíritu que mora en nosotros. Dale esa misma mente al predicador ahora, Dios. Permite que pueda ser gobernado por tu palabra, guiado por tu Espíritu, sostenido por tu gracia, y que pueda predicar tu palabra de verdad con autoridad, con soltura, con gracia.

Que él nunca olvide, oh Dios, que cada cosa que predica tiene que ser predicada para sí mismo primero, y luego para cualquier otro. De manera que háblanos a todos, tómanos donde estamos y llévanos a donde tenemos que ir. Te lo pedimos en Cristo Jesús. Amén.

Podemos sentarnos. La semana pasada nosotros concluimos, como recordarán, el primer capítulo de esta carta, y vimos de qué manera el autor exalta a Cristo de una manera extraordinaria. Dijimos que en apenas tres versículos el autor hace destacar nueve grandes verdades de la persona de Cristo. Es impresionante que en tan corto espacio él pueda afirmar nueve revelaciones acerca de nuestro Señor que son cruciales para identificar su nombre.

Al final del capítulo 1, él nos deja ver —o enfatiza y ejemplifica— de qué manera Cristo es superior a los ángeles. Dijimos la vez pasada que quizás para alguno de nosotros, habiendo creído eso siempre, pensaríamos que no estábamos leyendo nada nuevo, o quizás que esa no es una verdad de gran impacto. Sin embargo, creencias que circulaban en aquel momento, y cosas que él va a decir ahora en el capítulo 2, nos dejan ver claramente la necesidad que él tenía precisamente de hacer tal afirmación.

Lo que se escribió entonces tenía en mente una audiencia en particular; sin embargo, tenía en mente también todas las demás audiencias que vendrían por los siglos de los siglos hasta que Él regrese. Entonces, sin ninguna otra introducción, quisiera que pudiéramos leer juntos el capítulo 2, versículos del 1 al 4, para comenzar a exponer nuestro texto en el día de hoy.

"Por tanto —recuerda que este 'por tanto' nos une lo que se dijo antes con lo que se va a decir ahora—, debemos prestar mucho mayor atención a lo que hemos oído, no sea que nos desviemos. Porque si la palabra hablada por medio de ángeles resultó ser inmutable, y toda transgresión y desobediencia recibió una justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? La cual, después que fue anunciada primeramente por medio del Señor, nos fue confirmada por los que la oyeron. Dios testificó junto con ellos, tanto por señales como por prodigios y por diversos milagros, y por dones repartidos del Espíritu Santo según su propia voluntad."

Ese es el texto de hoy. Lo he titulado de una manera que resultó fácil de encontrar, lo cual no necesariamente es cierto cada semana. Como les he dicho en otras ocasiones, soy extremadamente cauteloso en escoger el título de mi mensaje, porque entiendo que debe recoger todo el espíritu del texto. Pero en esta ocasión las palabras del título salen directamente del versículo 1, y este es mi título: Atención, no sea que te desvíes.

Esas palabras están ahí. El versículo dice que prestemos mayor atención, y luego dice, en plural, "no sea que nos desviemos". Esa es la preocupación del autor de Hebreos. En la carta a los Hebreos hay cinco exhortaciones o advertencias. La primera es esta, la que acabo de leer y que vamos a desarrollar en el día de hoy. La segunda exhortación aparece en Hebreos 3:7 al 4:13, y tiene que ver con el peligro de la incredulidad y de la desobediencia.

La tercera advertencia está relacionada con la inmadurez espiritual y la posibilidad de apostatar de la fe, y aparece en Hebreos 5:11 al 6:8. La cuarta advertencia tiene que ver con la persistencia en el pecado, para aquellos que están en una práctica de pecado, conocen que están en esa práctica y sin embargo persisten en ella, y esa advertencia aparece en Hebreos 10:26 al 31. La quinta y última advertencia es para aquellos que abiertamente rechazan a Dios, y aparece en Hebreos 12:25 al 29.

Ya hacia el final de la carta, cuando apenas faltan tres versículos para cerrar, en Hebreos 13:22, el autor nos dice: "Les ruego, hermanos." Esa sola frase nos da la idea de que, número uno, le ha escrito a creyentes; y número dos, le está hablando como pastor, cargado y preocupado. Les ruego, hermanos, que soporten la palabra de exhortación, que la reciban bien, que la reciban no de parte de un fiscal acusador, sino de alguien que tiene un corazón pastoral, que está preocupado por sus vidas espirituales, pues les he escrito brevemente.

El autor quiere que, al leer estas palabras, ellos puedan tener la actitud correcta para entender y luego obedecer lo que está tratando de comunicar. Cada una de esas advertencias fue escrita con una audiencia en particular, pero fue escrita para todas las audiencias, como acabamos de decir. En el caso de esa audiencia, fue un grupo de hebreos, de judíos, que había llegado a creer. Como habían llegado a creer, había otros judíos, otros conciudadanos que todavía no habían abrazado la fe cristiana o nunca lo harían, y por tanto los primeros estaban bajo persecución de parte de ese grupo.

En medio de las presiones del día a día, y sobre todo de las presiones de la persecución, corrían peligro —entendía el autor de esta carta— de que pudieran enfriarse, alejarse, desviarse o abandonar la fe. El autor de esta carta, obviamente, no conocía cómo las iglesias se desarrollarían, y por tanto no conocía la abundancia en que muchas de las iglesias de hoy en día, como la nuestra, vivimos.

Porque yo creo que el peligro de que la abundancia sea la que desvíe a alguien, o a una iglesia, del camino es mucho mayor que el de la persecución. De hecho, la persecución, a lo largo de la historia, lo único que ha hecho es afirmar la iglesia, expandir la iglesia, multiplicar la iglesia. Ya lo han oído otras veces: la sangre de los mártires ha sido la semilla de la iglesia.

Ahora bien, antes de comenzar a ver esta primera exhortación, quiero recordarte que el texto de hoy comienza con un "por tanto". Lo que el autor va a hacer ahora es no solamente conectar el capítulo 1 con el 2; va a aplicar en el capítulo 2 las enseñanzas del capítulo 1. De eso se trata: teología que yo la pueda llevar a la práctica. Eso es vital. Nosotros dijimos que en el capítulo 1 había mucha teología.

Le dedicamos dos sermones y estábamos inclinados a hacer un tercero, pero al final no lo hicimos. Porque la realidad es que la teología que no se traduce en una práctica o en un estilo de vida —déjeme decir eso otra vez—, la teología que no se traduce en una práctica, un estilo de vida, más que hacernos bien, nos hace daño, porque el conocer la verdad nos hace mucho más responsables delante de Dios.

Como bien decía un académico francés de principios de 1900: "La teología que salva no es especulativa, más bien gobierna toda la vida." La teología que salva no es especulativa; es algo que más bien gobierna toda la vida. Y eso es exactamente lo que Cristo dijo: "Por sus frutos los conoceréis." ¿Por qué? Porque esta teología gobierna tu vida.

Entonces, ahora estos que recibieron esta carta en el primer siglo tenían que prestar atención a algunas de las enseñanzas. La pregunta es: ¿cuál es la razón por la que ellos tenían que prestar esa atención que él quiere que tengan en mente? Bueno, la razón es sencilla: está ahí para que no nos desviemos. Para que no nos desviemos.

Ahora, en el español, y quizás en otros idiomas ocurre igual, la palabra "desviar" no captura lo que el autor quiere decir. Porque yo puedo ir por una carretera y cuando llegue a una intersección puedo desviarme hacia la izquierda y luego decir: "Uf, era hacia la derecha que tenía que ir." Pero yo hice eso conscientemente. Él no está hablando de eso. Él no está hablando tampoco de personas que de manera voluntaria están en el camino y de repente como que abandonan la fe. No, no, no, no.

Te voy a hablar de lo que la palabra en el original significa, porque esa es la clave para que podamos entender que realmente nos está hablando a todos nosotros, y continuará hablándonos hasta que Cristo regrese. En el original, en el griego, la palabra es pararreín. Eso es como lo estoy pronunciando en español; en el griego pudiera pronunciarse de otra manera.

Esta palabra hace referencia a varias cosas, o podía ser aplicada a varias cosas distintas. Tenía que ver con algo que se resbala o se desliza sin percatarnos. Es como que tú tomes un puño de arena y estés ahí sosteniéndolo con tus dedos bien apretados, pero hay granitos de arena que se están yendo entre tus dedos. Eso es lo que esta palabra significa: es algo que está ocurriendo y tú no te estás percatando. De eso es de lo que le está hablando: que nos desviemos sin darnos cuenta. Puede hacer referencia quizás a un anillo que te lo pones, pero te lo pusiste después de que quizás te habías colocado loción en la mano, algún tipo de crema, y de repente el anillo como que se sale y no te percataste de que estaba tan flojo.

Pero la palabra, más que eso, tiene un sentido de navegación, y tiene que ver con ese barco que quizás se detuvo en un momento dado o quizás estaba en el puerto. Imagínate una barquita pequeña de esas en las que se pescaba en el primer siglo, o de las que tú ves aquí en las playas a veces, que está como amarrada a algo ahí en lo que llamaríamos el puerto. Y que de repente, con el vaivén de las olas, las sogas se fueron aflojando, llega un momento en que se zafó, y poco a poco se va yendo. Tú vienes al otro día, habiéndola dejado ahí en la noche, y no la encuentras, y si sales a buscarla quizás está a muchos kilómetros de distancia.

O pudiera referirse a un barco que está en alta mar. En estos días yo estaba viendo un video de un padre y una hija. El padre ya es muy mayor y ella mucho más joven, pero han dedicado su vida al estudio del mar y los animales del mar. Y entonces como que de repente ellos tenían su barco atado a algo en un amarre también. El padre estaba como distraído y no se estaba dando cuenta de que la amarra ya no estaba, y el barco estaba comenzando a alejarse. La hija tuvo que actuar con rapidez para detener eso. A eso es a lo que el autor se está refiriendo.

Entonces, con eso en mente, John Marc dice que de manera práctica pudiéramos traducir ese primer versículo de esta manera: "En consecuencia, debemos asegurar con prontitud, con esmero, nuestras vidas a las cosas que hemos aprendido. No sea que el barco de la vida se deslice por el puerto de la salvación y se pierda para siempre." Es como que este es el puerto de la salvación. No vaya a ser que el barco de tu vida se deslice poco a poco de ese puerto y te pierdas para siempre.

Hermanos, la realidad es que los cristianos, las personas que han nacido de nuevo —y yo no estoy hablando de alguien que decía ser cristiano pero en realidad no lo era, no; yo estoy hablando de personas que nacieron de nuevo—, cuando se alejan no lo hacen de la noche a la mañana. Eso no ocurre. Nunca ha ocurrido así. Tú no estás bien un día y al otro día te echaste a perder. No, no, no. Eso es una fe que comienza a apagarse paulatinamente, y no nos percatamos, porque con frecuencia continuamos haciendo algunas de las mismas actividades que acostumbramos a hacer, y las actividades nos convencen de que estamos más o menos igual que hace cinco años atrás, o diez, o el tiempo que sea.

Pero la realidad es que ya no tenemos el mismo entusiasmo por el aprendizaje de la Palabra. No es algo que me llama tanto la atención; no tengo tanto interés como una vez lo tuve. Y ahora como que me da trabajo leer esa Palabra. El venir a la iglesia y pasar tiempo con los hermanos —algo que el mismo autor de Hebreos más adelante nos va a recordar que no debiéramos dejar de hacer, de congregarnos, como algunos tienen el hábito de hacer— lo comenzamos a ver como algo positivo, sí, pero no necesario. "Yo tengo mi fe. No creas que yo no creo. Yo probablemente creo tanto como tú. O cuidado, quizá más." Así mismo a veces he oído.

La vida de oración no existe a menos que estemos en momentos de necesidad. Entonces, en esos momentos de necesidad, yo comienzo a buscar de Dios, no porque necesito a Dios; no, yo necesito que me resuelva el problema. De manera que lo que necesito no es al que bendice, sino a las bendiciones. Lo que ando buscando es alguien que me ayude a lidiar con la vida, pero a mi manera.

Y si soy honesto, llega un momento en que al analizar mi vida me doy cuenta de que mi oración se ha convertido en una relación utilitarista con relación a Dios. Me es útil para manejar mi vida. Y de hecho, cuando tú escuchas a algún creyente decir al final de su oración: "Señor… que se haga tu voluntad", usualmente es una oración que está dirigida hacia otra persona, como cuando tú estás orando por la sanación de alguien, o que esta persona que está ahí entre la vida y la muerte no muera. Entonces tú terminas diciendo: "Señor, pero reconocemos que tú eres Dios, que se haga tu voluntad y no la mía."

Cuando tiene que ver con mis propias necesidades, raramente nosotros terminamos diciendo: "Pero que se haga tu voluntad y no la mía." Porque yo estoy llorando a veces hasta con entusiasmo, con mis emociones encendidas, porque yo quiero una cosa y la quiero a mi manera.

Lo que yo no me he dado cuenta es que mientras esas cosas iban pasando, en el transcurso de los días, meses y años, mi fe se fue apagando. Mi fe se fue apagando porque mi primer amor está al borde de la muerte.

Eso fue lo que le pasó exactamente a una iglesia en el Nuevo Testamento: quizás una de las mejores iglesias del Nuevo Testamento, la iglesia de Éfeso, donde Pablo estuvo tres años. ¿Te imaginas a Pablo predicando en una iglesia tres años? Y por donde también estuvo Timoteo, y estuvieron ahí Priscila y Aquila. Wow. Grandes predicadores pasaron por allí. Y cuando Cristo le pasa revista a sus iglesias en el libro de Apocalipsis, le dice: "Tú sabes, yo reconozco tus obras, yo reconozco tu esfuerzo, tu afán, tu denuedo. De hecho, tú pusiste al descubierto los falsos apóstoles. Pero yo tengo algo contra ti: es que tú no me amas como amabas antes. Tú perdiste tu primer amor."

Y esa persona, o esa iglesia, ¿qué fue lo que hizo para llegar ahí? ¿Quieres saber? Sí, dicen algunos: no hizo nada. No oraba, no leía la Palabra. Si la leía, no la meditaba. Si la leía, no la aplicaba. No tenía tiempo frecuente de arrepentimiento delante de Dios, no solo de confesión, sino de arrepentimiento.

Yo les he mencionado que todos los días yo trato de arrepentirme al final del día. Yo no he vivido un solo día de mi vida perfectamente. Claro que tengo que arrepentirme todos los días, o tengo que por lo menos confesar y pedirle a Dios que me dé el arrepentimiento. Ya no presto atención a las cosas de Dios. Más bien mi mente está enfocada en la diversión. Lo que veo y oigo como diversión a través de la vida y de las pantallas comienza a disminuir la sensibilidad hacia el pecado, y ahora el pecado me parece más o menos natural.

Y al final la conclusión es esta: si yo no presto atención a mi condición espiritual —si no presto atención, el autor de Hebreos comienza diciendo que debemos prestar mayor atención—, paulatinamente mi condición espiritual interna de fe se va a deteriorar de manera natural. Porque hay dos condiciones presentes en nosotros, y dos que frecuentemente están ausentes, que hacen que esto ocurra de esta manera.

En primer lugar, las dos condiciones presentes en nosotros que de manera natural tienden a llevarme en una dirección alejándome de Dios cuando yo no examino mi vida espiritual con frecuencia. La primera es la corrupción moral dentro de nosotros, que existe desde que Adán y Eva cayeron y que no va a desaparecer hasta que no entremos en gloria. Y lo segundo es la corrupción del mundo a mi alrededor, al que yo me expongo: lo que yo veo, lo que yo oigo, lo que hago en ese mundo, con quienes me relaciono.

Porque esa corrupción, aunque siempre se ha dicho —muchos han dicho: "Desde que el mundo es mundo, los pecados son los mismos"—, y ciertamente yo estaría de acuerdo, pero hay una enorme diferencia. Hubo una época en que esos pecados la gente quería mantenerlos ocultos. Hoy en día no; la gente los celebra, se legisla a favor de ellos. Muchas veces están en las pantallas, no tienes que pagar como había que pagar en una ocasión; llegan a tu habitación en lo privado. Desde la cosa más ligeramente pecaminosa hasta la más perversamente corrupta está disponible, gratis, de manera anónima y accesible. Ese es el mundo de hoy.

Entonces, la presencia de esas dos cosas en nosotros es la que hace mandatorio que yo tenga que examinar cuidadosamente mi vida espiritual con cierta regularidad. Y luego hay dos cosas que frecuentemente están ausentes, que también contribuyen a que esta frialdad y alejamiento se produzcan. La primera es la falta de vida de Palabra.

Hermanos, Jesucristo estaba tan consciente, estaba tan preocupado de que ese iba a ser el caso en la vida de sus discípulos, que cuando le faltaban algunas horas para morir, cuando estaba orando en el aposento alto por las cosas más esenciales, una de esas oraciones fue esta: "Padre, santifícalos en tu verdad. Tu Palabra es verdad." No hay santificación divorciada de la Palabra. Eso no existe. Nunca ha existido. Es imposible. No Palabra, no santificación. Poca Palabra, poca santificación.

Y lo segundo que frecuentemente está ausente cuando esta frialdad se da... pero déjame hacer un comentario más antes de mencionarlo. A veces he escuchado comentarios como: "Pastor, pero yo leo la Palabra todos los días y, si le digo la verdad, yo no veo cambios suficientes en mi vida. ¿Por qué ocurre eso?" Bueno, yo te puedo decir: a veces simplemente la leo porque es como un check y me voy tranquilo al trabajo pensando "ya cumplí". Así eso no va a producir ningún resultado en mí, porque yo no la he rumiado, no he visto las implicaciones que tiene.

Otras veces porque yo leo la Palabra, o la oigo en un sermón como en el día de hoy, y digo: "¿Cómo estuvo el sermón? Bueno, estuvo bien, pero fue más de lo mismo." Cuando yo trato de leer la Palabra, hay textos que yo he leído no sé cuántas veces o he enseñado. Yo no simplemente la leo y me digo: "Sí, yo sé eso." No. Yo quiero preguntarme si yo lo estoy viviendo. Ahora las cosas comienzan a cambiar. Y luego, si digo que sí lo estoy viviendo, yo quiero saber cuánto de eso yo estoy viviendo. Porque si no lo estoy viviendo en realidad, hermano, ¿sabes qué? No lo creo.

Yo les mencioné brevemente en un devocional con el equipo de la oficina que hay cinco niveles de conocimiento, pero aquí mencionaré dos. Uno es información, nivel uno. El hecho de que yo conozca un texto no significa absolutamente nada si eso es lo único que ha ocurrido. Eso es información que los demonios tienen, y tiemblan. El segundo nivel es convicción. Cuando esta Palabra ha hecho su trabajo en mi mente, la ha cambiado, ha liberado mi voluntad del pecado, entonces hay una convicción en mí, y esa convicción me sostiene. Por eso es que no la puedo negociar. Por eso es que la convicción gobierna mi vida: porque yo no la sostengo a ella, ella me sostiene a mí. Yo sostengo una opinión, pero no una convicción.

Pero yo necesito preguntarme no solamente si conozco el texto y si entiendo todas las implicaciones del texto, sino si lo estoy viviendo y hasta dónde lo estoy viviendo. Porque en mi caso, yo sé que nunca es el 100%, y por consiguiente yo siempre tengo algo más que aprender a vivir del mismo texto.

Y el otro ingrediente que frecuentemente está ausente es la oración. Recuerda que el alejamiento no ocurre repentinamente; es un enfriamiento paulatino. Y la primera realidad es que la Palabra nos llama a tener la mente en las cosas de arriba.

Usualmente el discípulo de Cristo no tiene la mente en las cosas de arriba. Esa fue la reprensión de Cristo para con Pedro. Cuando Pedro quiso detenerlo —que Él iba caminando a Jerusalén— Cristo se dio cuenta de que él estaba siendo usado por Satanás, y le dice: "¡Apártate de mí, Satanás!", y le dice a Pedro: "Porque tú no tienes en cuenta las cosas de Dios, las cosas de arriba, sino las cosas de los hombres, las cosas de aquí abajo." Si no tengo en mente las cosas de arriba, no voy a orar, porque la oración tiene que ver con alguien allá arriba, no aquí abajo.

Y luego entonces tú comienzas a exponerte a las cosas que el mundo te ofrece a tu alrededor, y mi mente es capturada por una idea, y eso que captura mi mente comienza a dominarlo todo. Pero como nosotros somos hechos —fuimos creados— a imagen de Dios, una de las capacidades de esa imagen es poder soñar, y nosotros comenzamos a soñar con eso. Es como cuando yo venía a República Dominicana a plantar una iglesia: yo estaba capturado por esa idea y comencé a soñar con eso. Pero llega un momento en que tú no quieres simplemente seguir soñando; tú quieres hacer realidad lo que era un sueño. Y es una realidad hoy en día que Dios hizo posible. Pero eso lo hacemos en todos los ámbitos de nuestras vidas.

Y como la mente es el centro de operación que regula tus palabras, tus pensamientos, tus ideas y tus acciones, mientras todo eso ha estado ocurriendo en tu mente —mientras toda la información que dejaste entrar y aquella que produjiste en tu mente— no te diste cuenta de que tu pasión por Dios, por las cosas de Dios, estaba mermando. Es a eso que se refiere la Palabra al hablar de derivar.

Es ese deslizamiento paulatino, como cuando vas manejando un carro y estás luchando ahí con el sueño y de repente no estás completamente dormido, pero estás como semidormido y el carro comienza a desviarse hacia un lado hasta que alguien te despierta, o Dios te despierta, o tienes un accidente.

Ahora, Cristo estaba consciente. Cristo estaba consciente de qué es lo que ocurre y les dio a los discípulos una parábola, la parábola del sembrador. Después que él relata la parábola del sembrador, los discípulos no entendieron. De manera que los discípulos fueron donde Cristo y le dijeron: "Explícanos la parábola, porque no la entendimos."

Y Cristo le dice, versículo 18: "Ustedes, pues, escuchen la parábola del sembrador." En este caso les va a dar la explicación. "A todo el que oye la palabra del reino y no la entiende, el maligno viene y arrebata lo que fue sembrado en su corazón." La palabra fue oída, fue sembrada en su corazón, no la entendió, pero no salió a buscar a alguien que se la explicara. ¿Por qué no salió a buscar a alguien que se la explicara? Porque no le interesaba. Él dejó eso así. "No la entendí", se fue del sermón. "No entendí. No tengo interés."

Grupo uno. Grupo dos. "Este es aquel en quien se sembró la semilla junto al camino." Ese es el grupo uno. "Y aquel en quien se sembró la semilla en pedregales", grupo dos. "Este es el que oye la palabra y enseguida la recibe con gozo." ¡Wow, qué sermón! Tengo que volver la próxima semana. "Pero no tiene raíz profunda en sí mismo, sino que solo es temporal. Y cuando por causa de la palabra viene la aflicción o la persecución, enseguida se aparta de ella."

Ah, cuéntame de tu vida, pastor. Yo... —y esto lo oigo casi semanalmente— "Hubo un tiempo que yo estaba mucho en los caminos del Señor, pero me aparté. Ya tengo dos años, tres años, y no he regresado." Pero, ¿qué fue lo que pasó? ¿La recibiste con gozo? Sí. El problema es que eso no era suficiente, porque yo tenía que hacer algo con lo que entendí, y no hice nada más, y lo dejaste ahí. "Pastor, yo me enfermé y, usted sabe, tuvieron que operarme, y en eso me enfrié." Cuando por causa de la aflicción o la persecución, enseguida se apartan.

Tercer grupo. "Y aquel en quien se sembró la semilla entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones del mundo" —ahí está la mente en las cosas de aquí abajo—, "las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra y se queda sin fruto." ¡Wow!

¿Y cuántos grupos quedan? Uno más. Tres de cuatro oyeron la palabra y nada pasó en ellos. No hubo fruto. Nadie nació de nuevo en los primeros tres grupos. "Pero aquel en quien se sembró la semilla en tierra buena, este es el que oye la palabra y la entiende. Este sí da fruto y produce uno a 30, otro a 60 y otro a 100 por uno."

A esos que produjeron 30 por uno, 60 por uno, 100 por uno, es que el autor de Hebreos les está diciendo: "Ey, presten mayor atención." El autor de Hebreos no le está hablando a incrédulos, le está hablando a creyentes nacidos de nuevo.

Y ahora entonces, en los próximos tres versículos del pasaje de hoy, él explica algo que tiene que ver con los ángeles, que me hace entender por qué él quería que yo entendiera en el capítulo uno que Cristo es superior a los ángeles. Entonces vamos a comenzar a leer en el versículo 2. Ya cubrimos el uno.

"Porque si la palabra hablada por medio de ángeles resultó ser inmutable" —esa es la ley cuando fue entregada— "y toda transgresión y desobediencia recibió una justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? La cual, después de que fue anunciada primeramente por medio del Señor, nos fue confirmada por los que la oyeron. Dios testificó junto con ellos, tanto por señales como por prodigios y por diversos milagros y por dones repartidos del Espíritu Santo según su propia voluntad."

El autor de Hebreos más adelante va a comparar estos dos pactos, el antiguo pacto y el pacto en la sangre de Cristo. Pero ya comenzó a darnos una idea. Lo que nos está diciendo es que ese primer pacto, la entrega de la ley, fue promulgado por medio de ángeles. El mediador fue Moisés, no hay duda. El mediador entre el pueblo y Dios fue Moisés: el pueblo iba donde Moisés, Moisés le hablaba a Dios, Dios le hablaba a Moisés, Moisés le hablaba al pueblo; fue el mediador. Pero a la hora de entregar la ley, de alguna forma los ángeles estuvieron ahí en la promulgación y jugaron un rol.

Escucha ahora lo que está diciendo el versículo 2, que ya leí. "Porque si la palabra hablada por medio de ángeles en el Sinaí, en el monte Sinaí, resultó ser inmutable, y toda transgresión y desobediencia recibió una justa retribución..."

Aquí hay dos ideas que yo tengo que explicar. La primera es esto de la ley traída por medio de ángeles. Bueno, Deuteronomio 33:2 habla de eso, de que Dios bajó con miles y miles de ángeles, pero no dice si los ángeles hablaron o no hablaron, o si la ley se promulgó por medio de ellos. Pero cuando Pablo escribe a los Gálatas en Gálatas 3:19, él habla de que la ley fue promulgada mediante ángeles por mano de un mediador —el mediador es Moisés—; pues fue promulgada por medio de ángeles, dice Pablo.

Y luego en el libro de los Hechos, en el capítulo 7, donde Esteban está acusando al pueblo judío —siendo él mismo judío— de que ellos no siguieron a Dios, no obedecieron, se rebelaron, apedrearon y dieron muerte a los profetas. En Hechos 7:53 dice que la ley fue promulgada por disposición de ángeles. De manera que Pablo, Esteban y Deuteronomio confirman esto que el autor de Hebreos dice hoy.

Entonces, ¿cuál es el punto que el autor está haciendo? Esa ley vino por medio de ángeles —y no por medio del Hijo de Dios, no por medio de Dios encarnado, sino por ángeles— y cada transgresión fue castigada. ¡Wow! Yo no sé en qué él estaba pensando, pero tenía que conocer, y quizás pensó en los hijos de Aarón que ofrecieron fuego extraño al Dios verdadero en el tabernáculo. Hicieron uso de algo que Dios no había autorizado y fueron quemados vivos. ¡Wow!

O quizás estaba pensando en la rebelión de Coré. Coré cuestionó el liderazgo de Aarón y de Moisés, y 250 hombres se unieron a él. Dios consideró eso una rebelión muy seria. No, no, espérate, no es solo eso: es que cuestionaron la elección de Dios de esos líderes para el pueblo y pensaron que ellos como líderes serían mejor que la elección de Dios. Y por consiguiente, la tierra se abrió en un momento dado, se tragó a Coré con todos sus bienes, su casa y su familia, y los 250 hombres que se unieron a él fueron consumidos por fuego.

O quizás estaba pensando en el día en que los hijos de Israel se unieron a las mujeres moabitas. Dice el texto de Números capítulo 25, y este episodio Pablo luego lo relata: murieron 23,000 personas. 23,000 personas en un tiempo donde la población no era tan densa. Eso fue mucha gente.

Y el autor de Hebreos está diciendo: "Si la transgresión de esa ley mediada por ángeles recibió castigos tan severos..." Versículo 3, ahora te lo voy a leer de la NTV: "Entonces, ¿qué nos hace pensar que podemos escapar si descuidamos esta salvación tan grande, que primeramente fue anunciada por el mismo Señor Jesús —no los ángeles— y luego nos fue transmitida por quienes lo oyeron hablar?" Fue transmitida primero por el Señor Jesús y luego por testigos oculares, por testigos de primera mano.

Entonces, si una ley inferior, un pacto inferior, una revelación inferior recibió —la violación de eso— una retribución tan severa, ¿qué debemos esperar cuando este nuevo pacto, que fue traído por el Hijo de Dios, el heredero de todas las cosas, la representación exacta de su naturaleza, en quien moraba la plenitud de la divinidad, el Creador mismo, todo lo que existe, visible e invisible... cuando ese pacto fue traído por Él y se ha violado, ¿qué nos hace pensar que vamos a escapar? Eso es lo que el autor está diciendo.

El argumento es un argumento a fortiori, implica un argumento de menor a mayor. Si la ley fue menor —que literalmente lo fue en todo el sentido de la palabra— y la violación de esa ley recibió este tipo de castigo, ¿qué esperaríamos cuando la nueva revelación sea violada?

David Gus, en su comentario, lo dice de esta manera —estoy más o menos parafraseando en la traducción del inglés al español—: "La transgresión de una palabra superior a la anterior, traída por una persona superior en dignidad y autoridad, que contiene promesas mayores, traerá mayor condenación." Esta es la idea del autor.

Los ángeles bajaron al Sinaí y la ley fue promulgada por medio de ellos. Cristo descendió de su gloria y se encarnó, y fue quien trajo esta nueva revelación que corrigió el entendimiento del anterior y amplió el entendimiento también de ese anterior. ¿Qué nos hace pensar a nosotros que, porque estamos en una era de gracia, en esa era de gracia tenemos mayor rango para pecar? No sé cómo hemos llegado a esa conclusión. Porque, tú sabes, no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia. Ese es el problema. Ese es el problema, y lo vamos a ver de varias maneras diferentes.

No tenemos mayor rango de libertad para violar lo que Dios ha dispuesto. Todo lo contrario. El pacto anterior fue traído por medio de los ángeles y este por medio de Dios mismo. El nuevo pacto tiene mejores promesas, tiene mayores promesas. El nuevo pacto amplió la revelación, hermanos.

La gente que vivió de este lado izquierdo de mi Biblia —el Antiguo Testamento— nunca tuvo un Antiguo Testamento. No hablemos de Biblia ni siquiera en sus manos jamás. Eran rollos, y esos rollos no estaban en las casas, estaban en las sinagogas. Nunca tuvieron algo semejante. Pero no solamente eso: nosotros no solamente tenemos los 39 libros del Antiguo Testamento, tenemos los 66 libros de la Biblia entera, en diferentes versiones, en todos los dispositivos que queramos, incluyendo un celular en la jungla del Amazonas, si tú quieres.

Cosas que fueron dichas en el Antiguo Testamento, nunca entendidas, fueron explicadas en el Nuevo Testamento. A eso es que Pablo se refiere cada vez que hace uso de la palabra misterio. 22 veces Pablo habla de misterio. El matrimonio, un misterio. ¿Cómo así, Pablo? Bueno, porque se está refiriendo a la unión de Cristo con su iglesia, Efesios 5. Eso, nada de eso estaba revelado en el Antiguo Testamento —ahí oculto, revelado en el nuevo—. Tenemos mucho mayor revelación, y si tenemos mucho mayor revelación, tenemos menos excusa para la transgresión.

De hecho, te voy a dar varios ejemplos, porque a la luz de la Palabra de Dios, Dios espera mucho más de nosotros que de aquella generación. No tengo el tiempo para desplegarme, pero te voy a dar varios ejemplos.

El Sermón del Monte tiene tres capítulos: 5, 6 y 7 de Mateo. Solamente voy a tomar algunos versículos del capítulo 5, versículos 21 y 22. "Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: no matarás, y cualquiera que cometa homicidio será culpable ante la corte." Okay, clarito. No le puedes quitar la vida a otro. Ese es el sexto mandamiento de la ley de Dios. Ahora, Cristo viene y le da un doble clic al sexto mandamiento.

Dice: "Pero yo les digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte. Y cualquiera que diga 'insensato' a su hermano será culpable ante la Corte Suprema. Y cualquiera que diga 'idiota' será merecedor del infierno de fuego."

En otras palabras, lo que ellos entendieron fue solamente la letra de la ley: no puedes matar a nadie. Lo que Cristo nos está ayudando a entender ahora es el espíritu de la ley. El sexto mandamiento no solamente protege la vida de la persona, protege la integridad, la dignidad de la imagen de Dios en el ser humano, que no la puedes atropellar quitándole la vida a otro, pero tampoco la puedes atropellar con palabras, porque violas el mismo sexto mandamiento de la ley de Dios.

Versículos 27 y 28, ahora, de Mateo 5: "Ustedes han oído que se dijo: no cometerás adulterio. Pero yo les digo que todo el que mira a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón." ¿De dónde sacamos esta idea de que nosotros lo tenemos más fácil hoy? Para ellos fue sencillo: mandamiento número siete, no cometas adulterio, eso implica no cometerlo físicamente con una persona que no es tu esposo o tu esposa. Cristo viene y dice: "No, esa es la letra de la ley. Tú tienes que entender el espíritu de la ley. Si miras a una mujer que no es la tuya, o un hombre que no es el tuyo, y lo deseas, lo codicias, ya cometiste adulterio en tu corazón." Las expectativas sobre nosotros son mucho más altas.

Mateo capítulo 5, versículos 38 al 42: "Ustedes han oído que se dijo: ojo por ojo y diente por diente." Déjenme pausar aquí. Básicamente, eso fue una ley justa y de hecho misericordiosa, porque en la antigua edad era frecuente, fuera de Israel, que si tú me robabas una cabra, yo iba y te mataba. Eso no estaba permitido bajo la ley de Dios. Ojo por ojo: en otras palabras, me robaste una cabra, devuélveme mi cabra. Te comiste mi cabra, busca una y devuélvemela. El castigo tiene que ser correspondiente a la transgresión.

Entonces, oye lo que dice: "Ustedes han oído que se dijo: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo les digo, no resistan al que es malo. Antes bien, a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Al que quiera ponerte pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa. Y cualquiera que te obligue a ir un kilómetro, ve con él dos. Al que te pida, dale. Y al que desee pedirte prestado, no le vuelvas la espalda."

¿Te convencí, o quieres que sigamos? De que nosotros tenemos expectativas mucho más altas de parte de Dios.

Dios bajó al Sinaí acompañado de ángeles, pero con este pacto bajó Él mismo y se hizo hombre. Descendió de la gloria, se hizo hombre, siguió descendiendo, se arrodilló, lavó los pies de sus discípulos, de manera que se hizo siervo, y luego fue a la cruz y se dejó clavar, después de que fue abusado, escupido, desnudado, lacerado, burlado.

Del pacto anterior se nos dice que las dos tablas de Moisés —las que él recibió, las dos primeras— fueron escritas con el dedo de Dios. Sabemos que Dios no tiene mano, que Dios no tiene dedo, pero es una manera de dejarnos saber que Dios se involucró directamente en el tallado de esas tablas. Pero el segundo pacto se escribió, se selló con sangre. La tinta era de color rojo y salió de las venas y las arterias de Dios mismo encarnado. ¿Cuál de esos dos pactos piensas tú que tendrá mayores demandas?

Un pacto por gracia, sí, pero nuestra mente está tan corrompida que ni siquiera entendemos la gracia. De verdad que no. Cuando Dios nos promete algo por gracia, terminamos creyendo que son privilegios merecidos y que, por tanto, Dios nos debe.

"Pastor, yo recuerdo cuando yo viví en el mundo; en mi vida no estaba muy bien, pero estaba más o menos. Y ahora, pastor, no entiendo por qué ahora que estoy tratando de vivir en obediencia, voy a la iglesia, voy a mi grupo pequeño, yo oro, ahora las cosas como que están peor."

En otras palabras, "Dios me debe y no entiendo por qué, porque yo me estoy ganando mis privilegios." Cuando logramos algo como fruto de la gracia que opera en mí, poniendo el querer y el hacer, yo pienso que el logro es mío. "Mira, fulano, fulana, tú sabes que eso fue Dios que te permitió lograr eso." "Sí, sí, pero yo me fajé, pastor." Yo no me estoy inventando estas historias. Yo sé que te fajaste, pero ¿quién puso el querer? ¿Quién puso el hacer? ¿Quién te dio la inteligencia? ¿Quién te dio la oportunidad? "No, yo entiendo, pero sabes que algo tiene uno que hacer." Yo sé. Lo que yo quiero saber es si me permite que le demos toda la gloria a Dios. O sea, no trate de quitarle un 1% de su gloria.

Si nosotros hacemos algo digno de cierta admiración, creemos que la gloria es nuestra y queremos los aplausos. ¿Alguna vez tú has hecho —bueno, si eres pastor, has enseñado escuela dominical— cualquier otra cosa que tú hayas hecho, y que de repente como que no recibiste mucha retroalimentación? ¿No te quedas preguntando: "No sé qué fue, como que a la gente como que no le gustó, no entiendo por qué, o que no le entendí, que la gente no es fácil"? Yo sé, ¿sabes por qué? Porque aquí solamente tengo 28 años predicando. Cuando tú comienzas a predicar, eso es lo que te vas preguntando, porque tú quieres la aprobación de otros. Yo lo que quiero es la aprobación de Dios, aunque nadie jamás aplauda. La aprobación de Dios es lo único que importa.

Cuando Cristo vino, predicó como nadie jamás haya predicado ni va a predicar. Y tú sabes qué, a veces no solamente que no lo aplaudieron, sino que querían despeñarlo de una colina en una ocasión, cuando predicó su primer sermón en Nazaret después que había sido bautizado en el río Jordán. A Cristo lo abuchearon, por así decirlo, lo acusaron de blasfemo. Nosotros queremos los aplausos de los hombres. No es que esté mal que tú quieras animar a alguien que te ministró. No es a eso a lo que me refiero. Es al receptor: lo que él hace con los aplausos y demás.

El autor de Hebreos nos está ayudando a entender algo, y nosotros rehusamos entender. Creo que te convencí de que a nosotros se nos ha dado mucho más que a la gente del Antiguo Testamento. Escucha las palabras de Cristo en Lucas 12:48: "A todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él. Y al que muchos le han confiado, más le exigirán." Más nos van a exigir por mucho.

¿Tú no lees en el Antiguo Testamento que el Espíritu moraba en el interior de cada creyente? ¿Tú no lees en el Antiguo Testamento que hubo un pacto hecho en la sangre del Cordero? No. Hubo un pacto hecho en el monte Sinaí, donde nadie derramó sangre. El autor de Hebreos nos está diciendo, hermanos, que tenemos que ganar conciencia de bajo cuál pacto es que vivimos.

Hermanos, Dios escribió un libro. El mejor autor del universo escribió un libro donde él puso por escrito cómo él piensa, cómo él siente, cómo él obra, lo que él espera de ti. Y con frecuencia el libro de Dios no nos estimula a leerlo, a escudriñarlo, a atesorarlo. Mientras tanto, tenemos todo este interés enorme en estar al tanto de toda la basura que se publica en las redes sociales todos los días. A mí me duele, y yo no soy el autor. Definitivamente las mentes no están en las cosas de arriba, pero Dios espera mucho más de nosotros.

Escucha el versículo 3 y 4 juntos. Cubrimos hasta el 3; el 4 simplemente lo complementa, pero déjame leerlos juntos de la versión Nueva Traducción Viviente. "Entonces, ¿qué nos hace pensar que podemos escapar si descuidamos esta salvación tan grande, que primeramente fue anunciada por el mismo Señor Jesús y luego nos fue transmitida por quienes lo oyeron hablar? Versículo 4: Además, Dios confirmó el mensaje mediante señales, maravillas, diversos milagros y dones del Espíritu Santo según su voluntad."

Oye lo que el texto está diciendo. En primer lugar, aquí no habló ningún ángel; aquí habló Dios encarnado. Número uno. Número dos, después que él confirmó el mensaje por su propia voz —Cristo—, hubo gente que fueron testigos oculares y auditivos de sus enseñanzas, y ellos también testificaron de las enseñanzas de Dios en la persona de Cristo. Y si eso fuera poco, además, versículo 4 —o sea, ya esas dos cosas están dichas en el 3—, además de esa confirmación: Cristo habló, testigos oculares de primera mano hablaron, y además Dios confirmó el mensaje mediante señales, maravillas y diversos milagros.

Si tú y yo pensamos que la adición de milagros no le agrega peso a esta revelación y no nos hace las demandas más severas, déjame leerte de la Palabra lo que Cristo dijo con relación a sus milagros, encima de sus enseñanzas. Mateo 11:23-24: "Y tú, Capernaúm, ¿acaso serás elevada hasta los cielos? Hasta el Hades descenderás. Porque si los milagros que se hicieron en ti se hubieran hecho en Sodoma, esta hubiera permanecido hasta hoy. Sin embargo, les digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma que para ti."

Wow. Capernaúm, tú eras el cuartel general, el lugar que yo establecí, desde donde yo trabajaba, por así decirlo, allí a la orilla del lago de Galilea. Allí yo hablé, allí yo enseñé, pero allí yo hice milagros. Y yo quiero decirte que si lo que yo dije y los milagros que hice no fueron suficientes para convertirte, quiero que sepas que si esos milagros se hubiesen hecho en Sodoma, todavía Sodoma estaría con nosotros al día de hoy, le dice Cristo a ellos. Y en el día del juicio, tú serás juzgada peor que la tierra de Sodoma. ¿Por qué? Porque tuviste mis palabras y tuviste los milagros que confirmaban mis palabras.

Y ustedes, hermanos, nosotros tenemos su Palabra, la palabra de los testigos oculares de primera mano, y los milagros que Cristo y ellos hicieron confirmando dicha palabra. Por eso el autor de Hebreos lo menciona como un elemento más. Escucha: él menciona que Dios mismo habló —"primeramente fue anunciada por el Señor Jesús", número uno—, y luego "nos fue transmitida por quienes lo oyeron hablar", número dos. Además, número tres, "Dios confirmó el mensaje mediante señales, maravillas, diversos milagros y dones del Espíritu." Encima de eso, tenemos 2,000 años de maestros de la Palabra, expositores de la Palabra, pastores que han estado expandiendo y explicando mucho mejor el texto de esta Biblia por 2,000 años.

¿Qué nos hace pensar que sería mucho menor el juicio si no prestamos la debida atención a lo que Dios nos ha dejado? Recuerda —yo tengo que ir cerrando—, pero recuerda lo que dijimos al principio: el autor de Hebreos está preocupado primero con la posibilidad de que yo me deslice sin darme cuenta. Esa es la exhortación: presta mayor atención. Y luego él me dice: "Mira, a manera de advertencia, la razón por la que tienes que cuidar tanto el no desviarte, el no deslizarte, es que ahora nosotros, bajo el nuevo pacto, tenemos una expectativa mayor, porque se nos ha dado mucho más."

Hermanos, es paulatinamente que ocurre. Hace menos de dos años, uno de los mejores predicadores de esta época, no en un solo día, pero en un día salió, y lo que salió arruinó su vida, su matrimonio, su testimonio, su ministerio, sus enseñanzas en seminarios, sus libros, sus conferencias. Yo estaba en un tiempo de preguntas y respuestas con estudiantes del Seminario Southern cuando, al cerrar, miré mi celular y me encontré con la noticia. Yo me quedé frente a la pantalla como media hora absorbiendo el dolor de alguien a quien yo amaba y, honestamente, amo en Cristo.

Eso no pasó en un día. Esta persona, cuyo nombre me reservo, me dijo en una conversación más o menos privada, estando fuera de aquí: "Cuando yo pienso en los hombres de la historia con quienes alguien quisiera asociarme, yo quisiera ser recordado como un George Whitefield."

George Whitefield fue el evangelista de mayor prominencia durante el primer gran avivamiento en Estados Unidos en los años 1700. Déjame conectar eso con esta historia final y cierro.

En inglés hay un himno muy famoso conocido con el título de Come Thou Fount of Every Blessing. En español es traducido como "Fuente de la vida eterna" o "Fuente de mis bendiciones". Es un himno que es como una celebración de la gracia transformadora de Dios.

Escucha la primera estrofa porque quiero hablarte de su autor. La primera estrofa dice algo como esto: "Fuente de mis bendiciones, ven y afina mi alma hoy. Infinitos son tus dones, alabanzas yo te doy. Los portones de los cielos haz que pueda conocer. Roca es tu amor eterno que redime a todo ser."

Su nombre fue Robert Robinson. Vivió de 1735 a 1790. Fue convertido bajo la predicación de George Whitefield, que te acabo de mencionar, pastor anglicano, tremendo predicador. Robert Robinson, autor de este himno, fue usado por Dios por un tiempo, pero poco a poco fue negligente en cuidar su condición espiritual.

Y él comenzó a alejarse, a enfriarse, y tratando de encontrar la paz que había perdido, comenzó a viajar. En uno de sus viajes conoció a una mujer joven muy piadosa. La mujer no sabía quién él era, pero tenía un himnario delante de ella, o por lo menos el himno, y le comparte que ella había estado leyendo ese himno.

Le pregunta que si lo conoce, y tomó el himnario, o el himno, y se lo pone de frente y se lo enseña al autor del himno, que ya no sabía que era él. Él trata de evitar la pregunta. Cuando ya le dijo que sí lo conoce, Dios estaba trabajando en él en ese momento, y él se quebrantó y finalmente confesó quién él era y cómo se había alejado paulatinamente del Señor y cómo había estado viviendo lejos de Dios.

Hermano, ¿dónde está tu vida anclada hoy? En doctrinas que no practicas no está anclada. Hoy yo puedo decir que estoy sediento como el siervo que brama por las aguas, pero mañana puede ser que yo esté saciado de aguas de cloacas de la sociedad de nuestros días. Eso es posible. Y yo podría decirte que estoy hambriento de su Palabra y que quiero deleitarme en su Palabra, y mañana no tener el más mínimo deseo por ella.

Yo pudiera desear estar firme, o quizás estoy firme hoy, pero sabes qué, eso no garantiza que voy a estar firme mañana. Entonces, ¿qué hago? Exactamente lo que el autor de Hebreos nos dice: tengo que prestar mayor atención a las cosas enseñadas en este libro. No sea que me desvíe, no sea que me enfríe, no sea que me aleje, no sea que coseche las consecuencias.

La gente que se ha dormido al volante poco a poco se deslizó, se estrelló, y no perdió la vida, pero tuvo un gran accidente con algunas fracturas y demás, y despertó con el golpe. Hay otros que han estado en el mar y las olas los han ido moviendo. Fueron succionados por lo que en inglés llaman the undertow. Cuando las olas van y regresan, por debajo hay una corriente que tiende a jalar a la gente y la va sacando, y no se da cuenta. Y algunos de ellos han muerto y sus cuerpos han sido encontrados en otras playas, cientos de kilómetros más allá.

Hermano, necesitamos leer esta Palabra. ¿Y qué hago si no tengo hambre? Pídele a Dios, confiésalo, pídele perdón por tu falta de apetito, pero tienes que dejar de comer también la chatarra del mundo, porque de lo contrario no vas a tener apetito. A veces yo pico aquí, allí, y mi esposa me dice: "No te pongas a comer basura, que después no tienes hambre."

Pero yo necesito orar, hermanos. Yo tengo que cambiar mi vida de oración. Por eso estamos en este ejercicio de meses. La oración no puede seguir siendo un ejercicio de devengar beneficio. No, no, no, no. Es un ejercicio de intimidad con Dios, en búsqueda de su voluntad, no para que llene los deseos que yo le traigo a colación.

Necesito Palabra, necesito orar. ¿Y qué más? Bueno, el autor de la carta a los Filipenses, Pablo, capítulo 4, versículos 6 y 7, que son de los versículos que más me gustan, dice: "Presentad vuestras oraciones y súplicas." Las oraciones son las que son más o menos como el común respirar de nuestra alma, pero las súplicas son oraciones más intensas. "Preséntamelas." Escucha ahora: "Con acciones de gracias." Con acciones de gracias. Todavía no he terminado el versículo.

¿Por qué? Porque cuando ores no puedes traerme todas tus necesidades y quejas y olvidarte de todas las formas como yo te he bendecido, de todo lo que he dado, de todo lo que tienes, de todo lo que he hecho, porque estás acumulando ingratitud en tu vida. Escucha: "Preséntame todas tus oraciones y súplicas con acciones de gracias." Escucha ahora cuál es el resultado: "Y el Dios de paz guardará vuestros corazones y vuestras mentes." ¡Wow!

Yo no puedo guardar mi propia mente, mi propio corazón. Mi naturaleza carnal corrupta tiende a llevarme en otra dirección. Pero el Dios de paz sí lo puede hacer en respuesta a mis oraciones. ¿Tú sabes por qué la gratitud es importante? Por lo que el salmista dice: "Cuando mi corazón se llenó de amargura, yo era como una bestia delante de ti." ¿Cuándo es que mi corazón se llena de amargura? Cuando a mí se me olvidan todas las bendiciones, todas las veces que Dios por gracia me cuidó, me protegió, me llamó, me cubrió.

Y Dios va a proteger mi corazón y mi mente, y su paz, que trasciende todo entendimiento, reinará con nosotros. Hermanos, ¿cuántas veces tendremos que oír, tendremos que repetir: "Nada puedo hacer sin ti"? Nada puedo hacer sin ti. Nada puedo hacer sin ti. Nada implica nada. Absolutamente nada lo puedo hacer alejado de Él. Todo está ligado al mundo de allá arriba. Tú vives aquí abajo, pero no puedes vivir despegado de allá arriba.

Tengo un mes tratando de determinar la voluntad de Dios en cuanto a cómo Él quiere que yo termine mis últimos años. Algunos de ustedes lo saben. No lo voy a hacer hasta que yo no esté convencido de lo que el reino de los cielos quiere. Porque yo fui creado para su gloria, salvado para su gloria y soy preservado para la misma gloria. No hay otra manera de verlo, hermano. Nada puedo hacer sin ti, Padre. Gracias por recordarme de qué se trata. ¡Aleluya!

Es una vida de gratitud a un Dios que se encarnó y derramó su sangre por mí, firmó un pacto, por así decirlo, con sangre, la suya. Me entregó un pacto con mejores promesas y Él fue el mediador de este pacto con mejores condiciones. Ayúdame a entender que tengo mayor responsabilidad delante de ti de vivir para tu gloria.

Ancla nuestras almas, Dios, en tu verdad. Cultiva nuestra intimidad contigo. Ayúdanos a movernos al próximo nivel de intimidad con nuestro gran Dios, creador y Redentor, en Cristo Jesús. Amén.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.