Es posible estar convencido de ser cristiano, que otros también lo crean, participar de bendiciones espirituales genuinas y, sin embargo, no ser salvo. Ese es el peso del pasaje de Hebreos 6:4-8, uno de los más debatidos de toda la Escritura. El texto describe a personas que fueron iluminadas, probaron del don celestial, fueron partícipes del Espíritu Santo y gustaron la buena palabra de Dios, y que aun así cayeron sin posibilidad de ser renovadas al arrepentimiento. La pregunta urgente que plantea el sermón es esta: ¿qué significa realmente haber experimentado todo eso?
El pastor Núñez recorre la Escritura para mostrar que recibir luz espiritual no equivale a nacer de nuevo. Nicodemo reconoció que Cristo venía de Dios antes de entender la necesidad del nuevo nacimiento. Judas hizo milagros, administró los recursos del ministerio y nadie lo sospechó de traidor. El gobernador Félix tembló de temor bajo la predicación de Pablo y lo despidió. El rey Agripa estuvo a punto de convertirse. El filósofo ateo David Hume disfrutaba escuchar a George Whitfield predicar, aunque no creía lo que predicaba. Todos recibieron luz. Ninguno la abrazó.
La parábola del sembrador añade otra capa: hay quienes reciben la palabra con gozo genuino, pero sin raíces profundas. Al llegar la prueba, caen. El problema no es la falta de emoción religiosa, sino la ausencia de regeneración real. Como lo ilustra el pastor Núñez, un evangelio diluido puede vacunar a alguien contra el cristianismo verdadero: produce síntomas temporales sin producir vida.
El llamado del sermón es a la honesta reflexión personal. No basta con las experiencias religiosas acumuladas ni con el testimonio de otros. Lo que distingue al verdadero discípulo es un deseo creciente y sostenido de parecerse a Cristo, fruto de una transformación real producida por el Espíritu Santo.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Usa tu palabra en esta mañana. Permíteme ser simplemente el mesero que trae a tu pueblo una dieta que tú hayas preparado. Haz tu obra en nosotros de una forma que ninguno de nosotros podría hacer.
Te pido que tú sostengas al predicador, que tú lo puedas guiar a través de un pasaje que requiere cierto nivel de entendimiento, y para eso pedimos la iluminación de tu Espíritu para cada uno de nosotros a lo largo de todo el camino, pero al mismo tiempo háblanos. No nos dejes exactamente como estamos ni como llegamos, y permite que tus hijos tengan un anhelo creciente día a día de parecerse más a la persona de tu Hijo y mucho menos a su propia persona. Pues te lo pedimos en Cristo Jesús, y su pueblo dice: "Amén."
Nosotros habíamos iniciado, o mejor dicho, habíamos llevado la carta a los Hebreos hasta el versículo 3 del capítulo 6 en los primeros 14 mensajes de esta serie. Y nosotros vamos a retomar la carta exactamente donde nos habíamos quedado.
Un par de cosas a recordar a manera de introducción. No sabemos quién es el autor de esta carta, pero independientemente de quién haya sido, no hay duda, como ya les he mencionado, que este hombre tenía un corazón pastoral preocupado por las ovejas. Eso es lo que explica sus advertencias recurrentes a lo largo de la carta. Él tenía la preocupación de que sus ovejas pudieran enfriarse, alejarse y eventualmente perderse aún de manera permanente.
De forma tal que él va a volver a un pasaje, por lo menos uno más, quizás dos, similar al que predicamos la última vez y al que estaremos predicando en el día de hoy. De nuevo, para que puedas entender por qué el texto de hoy tiene el contenido que tiene, el título que tiene mi mensaje, te recuerdo varias cosas. El cuarto sermón de esta serie fue titulado "Atención, no sea que te desvíes", basado en Hebreos 2:1-4. El octavo mensaje fue titulado "Alerta: ignorar la gracia de Dios endurece tu corazón" —no es que lo pudiera endurecer, es que lo endurece—, basado en Hebreos 3:7-19. El noveno mensaje de la serie fue titulado "Un buen comienzo no garantiza un buen final", basado en Hebreos 3:14-19.
El mensaje número 14, que fue el último, fue titulado "Obligados a crecer", basado en Hebreos 5:11 al 6:3. Menciono eso porque en cada uno de esos títulos de mensajes pudiste ver la carga que este autor de la carta tiene por la condición espiritual de sus oyentes. Y en el último texto que expusimos, él literalmente les dice que ellos se habían quedado rezagados y que habían llegado a tener necesidad otra vez de que se les predicaran los oráculos elementales de la palabra de Dios. "Ustedes han echado para atrás", les dice él. "Ustedes debieran ser maestros y sin embargo otra vez han llegado a tener necesidad de leche y no pueden consumir el alimento sólido." El alimento sólido es lo que te da discernimiento para diferenciar el bien del mal.
Y yo decía más temprano que si alguna vez te encuentras con dificultades frecuentes de discernir lo que debes o no debes hacer, lo que está bien y lo que está mal, eso está íntimamente ligado al consumo de la palabra y a la obra del Espíritu en ti, y por consiguiente a la madurez espiritual que has podido alcanzar. Entonces, él tiene estas preocupaciones.
El texto de hoy tiene un llamado serio y sobrio para todos nosotros, para creyentes y no creyentes, pero especialmente para aquellos a quienes él estaba enviando esta carta, con una aplicación para la iglesia a lo largo de los siglos. Yo he titulado el mensaje de hoy "Último llamado", basado en Hebreos 6:4-12.
Yo creo que todos nosotros hemos estado en aeropuertos, o hemos visto en televisión, algún momento en que a través de la bocina se comunica: "Último llamado para el vuelo X de tal línea aérea", de manera que el que no entre en los próximos minutos se quedó. De esa misma manera, el autor de Hebreos está tratando —ya les advirtió acerca de la inmadurez espiritual, ya les advirtió acerca de la posibilidad de desviarse, ya les advirtió acerca de que comenzar bien no garantiza que tú vas a terminar bien— y ahora entonces él tiene una observación más, una advertencia más para ellos.
El pasaje que vamos a estar exponiendo es uno de los pasajes más debatidos a lo largo de la historia, y quizás el más debatido o controvertido de todos. En mi opinión, y en la de otros también, el pasaje, si lo leemos del versículo 4 al 12, identifica a dos grupos de personas. Un primer grupo representado por personas que están convencidas de que ellas son cristianas —genuinamente convencidas—, y que las personas a su alrededor también parecen estar convencidas de que lo son, pero que en el día final se determinará que no lo eran. De eso hablaremos un poco más.
El segundo grupo representa a personas que experimentaron la regeneración, nacieron de nuevo, y que abrazaron los patrones del reino de los cielos. Esos son dos reinos completamente diferentes, con metas diferentes, con amos diferentes, con valores diferentes. Esos dos mundos ni se parecen el uno al otro. De manera que el cristiano es alguien que ya dejó ese mundo atrás y ha comenzado a vivir la vida cristiana que Cristo compró.
De hecho, lo que más identifica a un cristiano verdadero, nacido de nuevo, un verdadero discípulo, es su deseo por llegar a ser como Cristo. No es tanto su deseo de no llegar al infierno, lo cual obviamente tiene que ser un deseo, y un deseo importante, pero de aquí hasta el día final hay algo que tiene que ocurrir. Y eso fue exactamente lo que Cristo dijo: "Un discípulo, cuando es entrenado bien, será igual que su maestro." Lucas 6:40. Eso es lo que debe caracterizar al discípulo. De hecho, en la época de Jesús había discípulos como esos doce hombres que se mudaban con sus rabinos, con sus maestros, porque querían aprender exactamente todo acerca de la hora en que se acostaban, cuándo se levantaban, cómo lo hacían, cómo oraban, etcétera. Estaban interesados en ser moldeados a la imagen de ese maestro. Eso es lo que distingue a un cristiano.
Y es mi deseo, hermano, es mi pasión, poder llamar a todos a la reflexión, y que hoy represente un momento de definición —lo que en inglés llaman un defining moment—, que tú puedas realmente aquilatar el peso de lo que se está comunicando. Aun si tú eres verdaderamente cristiano, convencido y realmente lo eres, todavía esto tiene cosas que decirnos. Lo tuvo para mí esta semana, a pesar de que no es la primera vez que yo predico o enseño sobre este texto.
Y quería mencionarte desde el inicio: yo no estoy predicando el texto de una manera meramente teológica. Tiene teología, pero me vas a entender ahora. Yo no estoy predicando el texto como si esta verdad fuera buena solamente para aquellos que están en una zona intermedia, entre sí y no. No, yo estoy predicando el texto —Dios es mi testigo— con mi corazón cargado, porque en el último año me ha tocado dar una serie de consejerías, incluyendo por lo menos una o dos de carácter internacional, y detenerme en un momento dado y preguntar: "¿Tú estás seguro de que eres cristiano?" Y en alguno de esos casos, con tristeza para mí, pero me imagino que también para la persona que lo escuchó, la respuesta fue: "No, yo no soy cristiano."
De manera que yo quiero que tú entiendas mi carga pastoral, y esa es mi intención: que Dios pueda usar esta vasija de barro para traer luz sobre este pasaje, pero también para traer luz a tu vida, y que realmente tú puedas entender todo lo que Dios quiere comunicarnos en el día de hoy.
Con eso, yo quiero que tú abras el libro de Hebreos, la carta a los Hebreos, capítulo 6, comenzando en el versículo 4.
"Porque en el caso de los que fueron una vez iluminados, que probaron del don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, que gustaron la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, pero después cayeron, es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento, puesto que de nuevo crucifican para sí mismos al Hijo de Dios y lo exponen a la ignominia pública. Porque la tierra que bebe la lluvia que con frecuencia cae sobre ella y produce vegetación útil a aquellos por los cuales es cultivada, recibe bendición de Dios. Pero si produce espinos y cardos, no vale nada. Está próxima a ser maldecida y termina por ser quemada."
Eso es un grupo. El próximo grupo está representado en los versículos que siguen. Tendrías que venir el próximo domingo si quieres oír del próximo grupo, porque el tiempo no nos va a dar, pero te lo voy a leer porque quiero introducir los dos grupos. Pero aquí hay otro: "Pero en cuanto a ustedes, amados, aunque hablemos de esta manera, estamos persuadidos de las cosas que son mejores y que pertenecen a la salvación. Porque Dios no es injusto como para olvidarse de la obra de ustedes y del amor que ha mostrado hacia su nombre, habiendo servido y sirviendo aún a los santos. Pero deseamos que cada uno de ustedes muestre la misma solicitud hasta el fin para alcanzar la plena seguridad de la esperanza, a fin de que no sean perezosos, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan sus promesas."
Ahí está. El texto nos presenta una gran disyuntiva. Hay un grupo de personas que han participado de una serie de bendiciones que vienen de parte de Dios, que entienden que son creyentes, pero que llega un momento dado en que ellos se alejan, se apartan, y que lamentablemente para ellos no hay futuro arrepentimiento posible.
Dependiendo de si tú crees que la salvación se puede perder o no se puede perder, tú vas a entender que ese grupo representa personas de una manera o de la otra. Para aquellos que piensan que la salvación se puede perder, ellos entienden que este pasaje prueba de manera incontrovertible exactamente eso: que un creyente puede caer de su estado de salvación permanentemente. De hecho, John Wesley escribió lo siguiente: "Basándome en esta autoridad del pasaje, creo que un santo puede apartarse, que aquel que es santo o justo a los ojos de Dios mismo puede, no obstante, alejarse tanto de Dios como para perecer eternamente."
Para aquellos de nosotros que creemos que el creyente tiene una salvación garantizada en Cristo, entendemos que este pasaje está dirigido pensando, considerando a personas que genuinamente entienden: "Yo soy creyente." De hecho, personas a su alrededor pudieran dar hasta testimonio de lo que ellos dicen hasta cierto punto, pero que realmente no lo son.
Y yo decía, ¿verdad?, que esta no es la primera vez que tenemos enseñanzas de esta manera en el Nuevo Testamento, porque Cristo tempranamente, en Mateo 7, en el sermón del monte —que está al principio de su ministerio, quizá no el primer año, pero probablemente el segundo año de su ministerio—, habló y dijo algo similar, con otras palabras. Escucha lo que aparece en Mateo 7:21-23: "No todo el que me dice: 'Señor, Señor', entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?' Entonces les declararé: 'Jamás los conocí. Apártense de mí, los que practican la iniquidad.'"
En ese texto a mí me llama mucho la atención, no simplemente que Cristo dijera algo como eso, que es bastante fuerte, sino la idea que Cristo presenta: que hay creyentes que aun delante del Señor, en el día final, se atreverían a defender su conversión diciendo: "Pero es que yo profeticé en tu nombre, es que yo prediqué en tu nombre, es que yo eché fuera demonios en tu nombre." Y a los que Cristo terminará diciéndoles: "Pues mira, fuera de aquí, yo nunca los conocí."
Escucha que Cristo no dice: "Bueno, lo que pasó fue que yo los conocí, ustedes entraron a la familia, pero luego ustedes se salieron, se alejaron y se perdieron. Por eso yo ahora no los conozco." No. Es que nunca los ha conocido, no sabe quiénes son. Ah, sin embargo, estaban defendiendo lo que afirmaban. O sea, es posible estar genuinamente engañado.
Pero en esos versículos que te leí de Mateo 7, en el sermón del monte, hay un segundo grupo. Recuerda lo que leímos primero: "No todo el que me dice: 'Señor, Señor', entrará al reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos." Ese es el otro grupo. El que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos entra al reino. Entonces, ahí están los dos grupos planteados por Cristo de una manera distinta.
Ahora nosotros necesitamos lidiar, desempacar el texto de hoy. Y yo te voy a leer otra vez los versículos 4 al 6 solamente: "Porque en el caso de los que fueron una vez iluminados" —este es un grupo de personas que probaron del don celestial, que fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, que gustaron la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero—. Este grupo, con ese tipo de experiencia, con ese tipo de evidencia, "pero después cayeron, es imposible" —no difícil, imposible— "renovarlos otra vez para arrepentimiento, puesto que de nuevo crucifican para sí mismos al Hijo de Dios y lo exponen a la ignominia pública."
Esta es una carta llena de contenido teológico pesado, de enseñanzas vitales relacionadas sobre todo a Cristo y su superioridad sobre todos y sobre todo, pero que tiene implicaciones para nuestra vida diaria. Entonces, recuerda: todo pasaje de la Escritura necesita ser visto e interpretado a la luz de otros pasajes. De lo contrario, nosotros vamos a terminar constantemente llegando a conclusiones erradas. Yo pudiera decir "todo lo puedo" a través de un pasaje fuera de contexto, pero esa no es la idea.
Entonces, vamos a traer luz a este pasaje —que es un tanto oscuro en cuanto a la posibilidad de arrepentimiento para un grupo— mirándolo a través de la lupa de pasajes más claros. En Mateo 4:16 vamos a usar este texto para ver quiénes son los iluminados, porque comienza por ahí. Para aquellos que fueron iluminados, muchos concluyen: "Bueno, solamente el cristiano tiene esa luz." No, no, no, no es verdad. Escucha lo que dice Mateo 4:16 en la versión de la Nueva Traducción Viviente: "La gente que estaba en la oscuridad ha visto una gran luz, todos ellos. Y para aquellos que vivían en la tierra donde la muerte arroja su sombra, ha brillado una luz." Vino una luz en un momento dado para todo el mundo.
Y Juan 3:19 nos dice quién es esa luz. Escucha: "Y este es el juicio: que la luz vino al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas." No hay duda de que la luz es Cristo. Cristo vino al mundo, iluminó la región, por así decirlo, pero la gente le rechazó. La gente amó más las tinieblas en las que vivían que la luz que Él traía.
Todo el que escuchó a Cristo predicar, el que vio los milagros de Cristo, el que escuchó de qué manera Cristo probó, defendió e ilustró que Él era el Mesías que cumplía todas las profecías del Antiguo Testamento, recibió luz, sin lugar a duda. Pero quizás lo pudiéramos ver mejor si podemos encontrar personas individuales en la Palabra que nos puedan ilustrar lo que estoy tratando de decir: que tú puedes tener luz y no ser una persona convertida.
El primer personaje que voy a mencionar es Nicodemo. Nicodemo aparentemente era parte del sanedrín. Él había escuchado a Cristo, había visto sus milagros; me imagino que lo había rumiado, y él quería hablar con Cristo, pero tenía miedo de que lo fueran a condenar, acusar o criticar, de manera que él fue de noche.
Juan 3 nos dice cómo Nicodemo comenzó la conversación. Versículo 2, segunda parte: "Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él." ¡Wow! ¿Tú escuchaste la certidumbre? No es que "yo tengo una idea" o "a mí me parece". No, no: "sabemos que tú has venido de Dios." ¿Y cómo lo sabemos? Porque nadie puede hacer las cosas que tú estás haciendo si no ha venido de Dios.
Para tú decir eso con esa certidumbre, tú tienes que haber recibido luz. Porque otros vieron lo mismo que Nicodemo vio y oyeron lo mismo que Nicodemo escuchó, y no tuvieron luz. Bueno, no recibieron la luz porque la luz resplandeció de toda manera. Escucha cómo Cristo lo interrumpe en su conversación y le dice en el próximo versículo, versículo 3: "En verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios." Ser iluminado y nacer de nuevo son dos cosas completamente diferentes.
De hecho, Nicodemo continúa la conversación y le pregunta a Cristo cómo él puede volver a entrar en el vientre de su madre, porque no entendía esta idea. Y Cristo procede a explicarle lo que se requiere para nacer de nuevo. Cuando tú lees los evangelios, te percatas de que posteriormente Nicodemo parece haber nacido de nuevo y dio frutos de arrepentimiento: Juan 7:49 al 51 y Juan 19:38 al 40.
Pensemos en otros personajes de los evangelios. Piensa en Judas por un momento. Él escuchó la predicación y la enseñanza de la Palabra por dos o tres años. Escuchó los mismos sermones que los otros once discípulos, las mismas explicaciones, y dio los mismos milagros. Pero a la hora de la prueba, la prueba puso de manifiesto la iniquidad que se escondía en su corazón, de la cual nadie sabía.
Judas estaba tan involucrado en el ministerio que él era el tesorero. Para comprar algo, para cubrir alguna necesidad, él era el que decidía, el que recibía las ofrendas. Pero los demás no sospechaban de Judas. Y lo sabemos claramente porque en la última escena, cuando el Señor dice que alguien lo va a traicionar esa noche, todos comenzaron a preguntar: "¿Seré yo, maestro? ¿Seré yo, maestro?" Nadie dijo: "Eso es Judas, seguro. Siempre ha lucido como no comprometido." No, no. Judas había lucido tan comprometido como todos los demás.
De manera que tú puedes recibir el conocimiento de la verdad y no abrazarla. Tú puedes recibir la luz y rechazarla. Y tú puedes ver eso en más de una ocasión. De hecho, cuando tú predicas un sermón, la misma verdad, la misma luz que sale de esta Palabra, la escucha todo el mundo. Unos abrazan esa verdad y se van a su casa comprometidos con la necesidad de implementar y llevar a la práctica esas verdades, y otros simplemente se olvidan de ellas. De manera que eso es posible, pero te lo voy a seguir ilustrando.
Cuando tú llegas al libro de los Hechos, uno de mis libros favoritos, tú encuentras que en el capítulo 24 Pablo está hablando. Pablo está preso en Cesarea. Tuvo dos años preso mientras esperaba para ser enviado a Roma. Tuvo un encuentro con más de un gobernador o autoridad. El primero fue el gobernador Félix. Escucha el texto de los versículos 24 al 25: "Pero pocos días más tarde llegó Félix con Drusila, su mujer, que era judía, y mandó a traer a Pablo y lo oyó hablar acerca de la fe en Cristo Jesús."
Déjame pausar un momento. Pablo fue directo al grano. Le habló a un hombre gobernador, no creyente en Cristo. Le dijo: "Tu problema es que si tú no depositas tu fe en Cristo, no tienes salvación." Lo oyó hablar acerca de la fe en Cristo Jesús. "Al disertar Pablo sobre la justicia, el dominio propio y el juicio venidero, Félix, atemorizado, dijo: 'Vete por ahora, pero cuando tenga tiempo te mandaré a llamar.'" Félix quedó bajo convicción del Espíritu de Dios. Se atemorizó. ¿De qué le habló Pablo? De la necesidad de depositar su fe en Cristo Jesús, del juicio venidero, de la justicia. Y Félix tembló atemorizado.
¿Sabes qué? Debió haberle preguntado: "Pablo, ¿cómo yo hago eso? Explícame, dame más detalles, dame más entendimiento." No, no: "Vete, que cuando yo tenga tiempo te mandaré a llamar." Él rechazó la luz y la convicción que había recibido en ese momento. ¿Te das cuenta de que ser iluminado no es lo mismo que nacer de nuevo?
Si tú avanzas dos capítulos más, al capítulo 26 del libro de los Hechos, te encuentras con otro encuentro de Pablo en la misma cárcel. Bueno, lo sacan de la cárcel para ir a hablar con las autoridades. Es otro encuentro que Pablo tuvo, en este caso con el rey Agripa, con su esposa Berenice y con otro gobernador de nombre Festo. En un momento dado, cuando Pablo está disertando, el rey Agripa dice —escucha lo que dice Hechos 26:28 al 31—: "Un poco más y me convences de hacerme cristiano." Si le deja seguir hablando, lo convence de que sea cristiano. ¡Wow!
Tú puedes estar seguro de que iluminado estaba. Recuerda que Pablo escribe a los corintios y dice que el hombre natural no puede entender las cosas de Dios porque se disciernen con el Espíritu, y ellos no tienen el Espíritu. Pero el Espíritu obra en el inconverso, porque Él fue enviado, de acuerdo a Juan 16, para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio. En este momento Agripa está casi convencido por el Espíritu, enviado para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
Y Pablo le dice: "Cuando yo oro, sea por poco o por mucho, pido a Dios que no solo usted, sino también todos los que me están escuchando hoy lleguen a ser como yo, aunque sin cadenas." Se levantó el rey Agripa, también el gobernador Festo, Berenice y los que estaban sentados con ellos, y lo dejaron con la palabra en la boca. O sea: "Casi me convenzo. Déjame ir rápido." Claro que recibió luz. Claro que Dios estaba tratando de trabajar en él, pero tú puedes rechazar la revelación de Dios.
Ahora bien, el texto que leímos sigue caracterizando a este grupo y dice que también probaron del don celestial. Si tú revisas el Nuevo Testamento y tratas de ver el uso de la palabra "don", "dádiva", "regalo", no queda duda de que el don de Dios, el regalo de Dios, no es otro que Cristo Jesús. Escucha: Romanos 6:23 dice que la dádiva de Dios —la Nueva Traducción Viviente dice "el regalo de Dios"— es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro. La dádiva es Cristo. Claro. Tanto amó Dios al mundo que nos dio. Esta es su dádiva para el mundo entero: "Escúchenlo a Él, obedézcanle a Él." Pero, ¿sabes qué? El mundo despreció el regalo de Dios, la dádiva de Dios.
Pero eso no es lo único que el texto dice. Ahora nos dice algo más de este grupo: que ellos fueron partícipes del Espíritu Santo. Imagínate una comunidad que está recibiendo estas bendiciones, pero en la que al final hay un grupo que, habiendo recibido las bendiciones de Dios, rechazó todo eso.
Vamos a pensar un poco en lo de "partícipes del Espíritu Santo". Una vez más, te lo acabo de decir: el rey Agripa, que casi se convierte según sus propias palabras, sin lugar a duda estaba bajo la convicción del Espíritu, enviado para ese propósito: para convencer no al creyente, sino al incrédulo, al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Y en ese momento dijo: "Uy, no puedo seguir oyendo." Él fue partícipe de la obra del Espíritu, aunque no lo reconoció de esa manera.
Yo encuentro un ejemplo similar en el rey Herodes. El rey Herodes había puesto a Juan el Bautista en la cárcel porque Juan el Bautista lo denunció por estar viviendo con la esposa de su hermano. Y honestamente, con razón, era cierto.
Aún así, cuando tú lees el texto de Marcos, capítulo 6, encontrábamos que Herodes tenía a Juan el Bautista protegido en la cárcel, protegido, porque lo querían matar otros, a pesar de que él terminó decapitándolo. Pero a mí lo que me llama la atención es que el texto de Marcos 6:20 dice que a Herodes, cuando le oía, cuando oía a Juan el Bautista, se quedaba muy perplejo. Le gustaba oírlo, él disfrutaba oír a Juan el Bautista tanto que lo dejaba perplejo.
Él recibió iluminación. Recibió la iluminación del Espíritu para poder aquilatar las verdades que estaba oyendo de parte de Juan el Bautista.
En los años de 1700, para traerte más cercano a nuestra historia, hubo un filósofo escocés de nombre David Hume, ateo. Tan ateo como el más ateo. Sin embargo, la historia recoge que a él le gustaba ir a oír a George Whitefield. George Whitefield, junto con Jonathan Edwards, fueron las figuras principales, las figuras humanas principales responsables del gran primer avivamiento en Estados Unidos. Dios es quien produce los avivamientos, pero en términos humanos esas fueron las dos figuras principales.
El ateo Hume solía ir a escuchar a Whitefield. Un amigo suyo se encontró con él en una ocasión; se estaba vistiendo para ir a oír a Whitefield y le dice: "¿Tú no crees lo que él predica?" Y Hume le dijo: "No, yo no lo creo, pero él sí." Pero lo que la historia completa revela es que la pasión y la convicción con la que Whitefield predicaba movía al ateo David Hume tanto que a él le gustaba ir a oírlo.
¿Pero para qué vas a oír algo que tú no crees? Y sobre todo si te apasiona o te conmueve, te mueve la pasión y la convicción con la que él predica. No es solo la convicción con la que predica, si tú crees que eso es mentira. Entonces, ¿convicción acerca de qué? Él recibió luz. Lo que él no estaba dispuesto era a permitir que la luz penetrara a su interior e iluminara los rincones oscuros de su corazón y de su mente. Y Hume murió sin haber abrazado la fe.
Muchos son los que han escuchado la predicación aun bajo la unción del Espíritu y han resistido al Espíritu. Y de nuevo, si tú fueras a preguntarme, por eso es que necesito traer pasaje tras pasaje para ilustrarte que lo que estoy tratando de decir lo estoy avalando, lo estoy anclando en la misma Palabra. Si yo te digo que tú puedes ser partícipe del Espíritu y resistir al Espíritu, tengo que probártelo.
Entonces, déjame mencionarte un evento más. En el libro de los Hechos, de nuevo, capítulo 7, tú encuentras a Esteban. Esteban fue uno de los siete hombres que fueron escogidos, lleno de sabiduría, lleno del Espíritu, para atender las mesas. Y entonces, al final, había gente que lo estaba persiguiendo, como que lo acorralan, están a punto de apedrearlo y matarlo. El texto de Hechos 7 dice que ellos no podían resistir al Espíritu que estaba en Esteban, que hablaba por medio de Esteban.
Pero si eso no es suficiente, escucha lo que Esteban les dice a ellos acerca de su actitud ante las verdades que él estaba predicando. Hechos 7:51: "Ustedes que son tercos e incircuncisos de corazón y de oídos, resisten siempre al Espíritu Santo. Como hicieron sus padres, así hacen también ustedes."
O sea, ustedes tienen que entender que no es que el Espíritu no les ha ayudado a ver que lo que estoy diciendo, muchas de las cosas que decía, eran verdades pertenecientes al Antiguo Testamento. Ustedes espontáneamente, voluntariamente, después de experimentar la acción del Espíritu, resisten al Espíritu Santo. Totalmente está ahí ilustrado, está dicho de parte de Esteban: de manera que tú puedes ser partícipe de la obra del Espíritu Santo, no reconocerla y rechazarla.
De hecho, viene a mi mente ahora cuando Cristo estaba expulsando demonios y lo acusaron de expulsarlos por medio de Belcebú, y Él dijo: "Yo no; yo expulso los demonios por medio del Espíritu." Y esa es la blasfemia contra el Espíritu Santo: que ustedes entienden que en vez de yo expulsar los demonios por el poder del Espíritu, lo estoy haciendo por medio de un demonio, de la cabeza de demonios, Belcebú. Y ese pecado no será perdonado ni en este siglo ni en el venidero, porque están resistiendo a la persona de la Trinidad que produce la regeneración, están resistiendo a la persona que crea vida, la persona que te hace nacer de nuevo. Ya no hay nada que hacer por ti. Bueno, puedes ver ahí también cómo Cristo se refirió a la resistencia al Espíritu.
Pero ahora el texto nos dice algo más acerca de este grupo. Dice que ellos gustaron la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero. Entonces, uno pensaría que si tú disfrutas la palabra de Dios, como que ya eso es evidencia de que eres creyente. Claro que no. No es tan simple como eso.
Yo pudiera pensar en Herodes, por un lado, que le gustaba oír a Juan el Bautista, pero yo creo que tengo un mejor ejemplo y una enseñanza que salió de los labios de Jesús; yo creo que eso es mucho mejor. Tú conoces la parábola del sembrador. El sembrador salió a sembrar y tiró la semilla. La semilla cae en diferentes terrenos. Ese es el mundo, dice Cristo; la semilla es la Palabra de Dios. Y más adelante, cuando llega la hora de la cosecha, los terrenos produjeron diferentes resultados.
Escucha lo que le ocurrió a un grupo según Mateo 13:19-21: hubo un grupo que la recibió con gozo. Gozaron de la palabra. ¡Wow, qué bueno! ¡Gloria a Dios! ¡Aleluya! Invita al vecino, invita a otros. Amén. Pero luego viene la aflicción y tropiezan y caen. Dice Cristo que estas personas no tenían raíces profundas. Eso es que tú puedes recibir la palabra con gozo, pero sin raíces profundas. Y sabes qué, cuando llega el momento de la prueba, como una aflicción, la persecución o algo parecido, ay no, yo no estoy dispuesto a pagar ese precio.
Esa es la razón por la que la persecución, a lo largo de la historia de la iglesia, ha purificado la iglesia todo el tiempo. Ha separado los mansos de los cimarrones, como decimos nosotros. En inglés diría: separa los hombres de los muchachos.
Tú puedes recibir la Palabra de Dios con gozo y eso no significa que naciste de nuevo todavía. Y yo creo que lo que ocurre es algo como esto. Es una ilustración médica, pero bueno, como médico al fin, me gustan las ilustraciones médicas porque me ayudan. Tú conoces las vacunas en general; tú sabes que las vacunas se administran para evitar que una enfermedad ocurra en ti. Piensa por un momento en la vacuna del flu, de la influenza. Te pones la vacuna y un día o dos después tienes un poco de fiebre, un poco de malestar general. No en todo el mundo, pero hay personas en quienes sí ocurre así; tienen dolor muscular. E incluso si alguien no sabe que te has vacunado, te puede decir: "Bueno, parece que te está comenzando un virus." Y tú podrías decir: "No, fue que me vacuné." Pero pasado un par de días se fueron los síntomas.
Yo creo que, lamentablemente, debido a la tergiversación del evangelio, mucha gente ha sido vacunada contra la enfermedad real. Pensemos que la enfermedad real, en este caso —ya salimos de la medicina en parte—, la vamos a llamar cristianismo. Cuando tú naces de nuevo, esa es la enfermedad completa. Pero si tú recibes una dosis de un evangelio diluido, quizás te den algunos de los síntomas del cristiano: un poco de deseo de leer la Palabra, o quizás muchos deseos, hasta con gozo, pero por un tiempo.
Hasta los síntomas se me van. Quizás tiene deseo de incluso iniciar en un grupo pequeño, sí, pero por un tiempo, porque ya pasaron los síntomas. O quizás el evangelio verdadero fue predicado y tú lo oíste, pero tú lo distorsionaste en tu mente y llegaste a la conclusión de que realmente eso que se predicó no es así. Porque yo estoy tratando de ajustar el evangelio y sus demandas a mi vida, en vez de ajustar mi vida al evangelio. Entonces concluyo: sí, pero no es así. En mi caso no es así, o yo no compro eso. Cosas como esas. Nosotros somos expertos en tomar y dejar.
Entonces, de repente, alguien que tenía todas las aparentes características salió y no regresa. Hermano, yo creo que en una ocasión te mencioné de los tres evangelistas más conocidos en la época de 1940, en esa década. Billy Graham, Charles Templeton y Robert Clifford. De esos tres quedó uno, perdón. Los otros dos abandonaron la fe, pero eran evangelistas. La gente se convirtió con ellos.
De hecho, Lee Strobel, el autor del libro El caso de la fe y de otros libros similares, entrevistó a Templeton en sus últimos meses, ya tenía cáncer, y él le dio una entrevista. Cuando llegaron al personaje de Jesús, el testimonio de Templeton fue que él entendía que Jesús era la persona más grande que él había llegado a conocer. Incluso le dijo: "Yo le echo de menos. I miss him." Y cuando Strobel trató de presionarlo en la entrevista para ir un poco más allá, la respuesta fue: "No, ya déjamelo ahí. No hablemos más de eso."
Serio. O sea, la persona más grande que tú has conocido, la persona a quien tú echas de menos, la persona de quien tú predicaste el evangelio, con el cual mucha gente se convirtió, y ahora tú ni siquiera quieres entregar tu vida a la persona que tú presentaste como el Salvador y Señor, y que mucha gente lo recibió. Y una suerte similar le ocurrió a Clifford, que abandonó la fe cristiana después de ser uno de los evangelistas más conocidos. De hecho, algunos dicen que de los tres el que menos prometía era Billy Graham. Y mira cómo terminaron.
Entonces, cuando tú eres inoculado con un evangelio parcial y te dan algunos síntomas, tú te involucras como Judas. Judas estaba completamente involucrado en el movimiento cristiano, era uno de los fundadores del movimiento cristiano, pero nunca sufrió la transformación, nunca le dio la enfermedad completa, tenía síntomas.
Ahora, el texto dice todavía algo más: que esta gente disfrutó o experimentó los poderes del siglo venidero. Wow. No importa si tú piensas que la salvación se pierde o no se pierde para lo que voy a decir. Todo el mundo parece estar de acuerdo en que "los poderes del siglo venidero" implica señales y prodigios. Porque para eso fueron las señales y prodigios que acompañaron a los apóstoles: para afirmar que tanto el enviado como el mensaje como el mensajero eran reales. Y lo mismo dijo Jesús en un momento dado: "Si ustedes no creen mis palabras, por lo menos crean en las obras que yo hago, crean en los milagros que yo hago."
Sí, pero eso no fue suficiente. Los milagros fueron hechos con la intencionalidad de avalar. O sea, los milagros per se no crean fe, pero pueden avalar la verdad que se transmite. Y esa es la razón por la que Cristo dijo: "Bueno, si no creen mis palabras, pues crean mis milagros." Tanto es así que escucha lo que lees en Mateo 11:20-22. Cristo comenzó —déjame leerte el texto mejor—: "Entonces Jesús comenzó a reprender a las ciudades en las que había hecho la mayoría de sus milagros, porque no se habían arrepentido." En otras palabras: mis milagros afirmaban mis enseñanzas, y ustedes no se arrepintieron.
Versículo 21: "¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros que se hicieron en ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se hubieran arrepentido en cilicio y ceniza. Por eso les digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón que para ustedes." Wow. Ustedes no respondieron. Ustedes disfrutaron de los poderes del siglo venidero. ¿Ustedes lo vieron?
De hecho, en un momento dado los evangelios nos hablan de que Cristo envió —Lucas capítulo 10, creo, si mi memoria no me falla— Jesús envió 70 de sus discípulos, ya no 12, sino 70. Los envió de dos en dos a predicar. Cuando ellos regresan, le reportan a Jesucristo lo que pasó y le dicen: "Maestro, no lo puedes creer. Hasta los demonios se nos sometían." Cristo pudo haber usado la ocasión para decir: "Bueno, para que conozcan el poder de Dios, para que vean que ya son parte de un gran emprendimiento." No sabes lo que les dijo: "Pero no se regocijen de eso. Regocíjense de que sus nombres estén inscritos en el libro de la vida." Wow.
Lo más importante no es lo que tú haces, es lo que tú eres. Y yo no sé, porque el texto no lo especifica, pero yo puedo pensar que quizás Judas era uno de esos 70, que fue con otra persona, de dos en dos. Quizás eso explica en parte por qué Jesús les dijo: "No, no se regocijen de eso. Ustedes necesitan más bien pensar si son o no son." Porque si Judas estaba ahí, entonces claramente, por lo menos para nosotros, quedaría mucho más claro que Jesús estaba diciendo: "Él participó de esto también, de los poderes del siglo venidero, y aun así no es salvo, porque no está inscrito en el libro de la vida."
O pensemos algo más. Cristo recibe la información de que Lázaro había muerto. La recibió dos días después de su muerte. No se apresuró a ir; esperó dos días más y luego fue al cuarto día. Entre los judíos había una creencia —no en el Antiguo Testamento, sino entre ellos— de que alguien pudiera resucitar a una persona siempre y cuando fueran los primeros tres días, quizás pensando en alguna de estas resucitaciones de Elías y Eliseo, etcétera. Pero no después del tercer día. Bueno, Cristo fue al cuarto día. El texto no especifica si él lo hizo a propósito, pero uno pudiera pensar que sí, y resucita a Lázaro al cuarto día.
Según el pueblo, alguien que hubiera muerto y fuera resucitado después del tercer día tendría que ser el Mesías. Ellos llamaban a eso uno de los milagros mesiánicos, según su entendimiento. Pues aquí está la evidencia de que yo soy el Mesías. ¿Y sabes qué dijeron? "Vamos a quitar la evidencia del medio." El texto de la Palabra dice que andaban buscando a Lázaro para matarlo. O sea, a mí no me interesan las evidencias. A mí me interesa que lo que yo creo se mantenga.
Bueno, es que también había muchos otros sanados, y Lázaro no sería el único. Pues matemos entonces al milagrero. Y eso fue lo que hicieron: mataron la evidencia. Buscaban a Lázaro, no lo encontraron. Pues vamos a matar a Jesús. Tú puedes ver que no hay más ciego que el que no quiere ver. No hay nadie más convencido de su error que aquel que no quiere ver la verdad, porque tendría que cambiar. Llámale sesgo de confirmación si piensas como médico, o como la gente de computación: lo llevamos todos dentro, y nos lleva a discutir para ganar el argumento aunque estemos convencidos de que estamos en el error.
Entonces, escuche otra vez: ellos fueron iluminados, probaron del don celestial, fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, gustaron de la buena palabra de Dios y de los poderes del siglo venidero. Wow. Esta gente tuvo vivencias que mucha gente no ha tenido, y aun todo eso no era evidencia de que realmente habían nacido de nuevo. Y el texto entonces nos dice, al final, en el versículo 6 de esta primera parte, que después que cayeron es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento.
Ya ahí no hay más chance, puesto que de nuevo crucifican para sí mismos al Hijo de Dios y lo exponen a la ignominia pública. La imposibilidad radica en que ellos estuvieron en medio de todas las bendiciones posibles y medios de gracia que Dios podía usar con ellos, y los rechazaron todos.
Como Judas. Judas oyó los mismos sermones, vio los mismos milagros, ya mencionamos eso. Vio las mismas obras, participó de los poderes del siglo venidero. Si todo lo anterior no te convenció, no hay nada más que ofrecerte, absolutamente nada más. Literalmente todo había sido puesto delante de ellos. Aun así no creyeron.
Eso es simplemente para que nosotros podamos pensar en lo serio que es esta vida de la carne, la vida cristiana y la pseudovida cristiana. Ofrecerle salvación a esta gente o arrepentimiento una segunda vez es como que habría que crucificar a Cristo de nuevo, porque te ofrecimos el primer sacrificio de Cristo, el único sacrificio que se le ha ofrecido, y tú lo rechazaste. Entonces, habría como que sacrificarlo de nuevo, ¿no? Lo que están haciendo es deshonrar ese sacrificio único de Cristo. Tú pisoteas la cruz, tú deshonras la sangre de Cristo.
Entonces, para ilustrarlo mejor, el autor de Hebreos continúa y hace uso de una ilustración del mundo de la agricultura. Eso era muy común, usar ilustraciones del mundo de la agricultura. Isaías lo hizo, Jeremías lo hizo, Cristo mismo lo hizo en la parábola del sembrador. De manera que esto es algo común para ellos.
Entonces, les dicen los versículos 7 y 8: "Porque la tierra que bebe la lluvia que con frecuencia cae sobre ella, la tierra que recibe la lluvia y produce vegetación útil a aquellos por los cuales es cultivada, recibe bendición de Dios." Esa es una parte de la tierra. Pero si produce espinos y cardos, no vale nada. Esta está próxima a ser maldecida y termina por ser quemada.
En otras palabras, una parte de la tierra recibió la lluvia y fue cultivada por aquellos que tenían la tierra, por así decirlo, y ellos recibieron el beneficio de ella. La otra parte de la tierra lo que produjo fue espinos y cardos. No, eso no vale nada. Lo que hay que hacer es quemarlos.
Entonces el autor está diciendo: "¿Sabes qué? He estado predicando, he estado haciendo milagros. Algunos creyeron, la mayoría no creyó." Pero ya es un problema de la tierra, de aquellos que recibieron la verdad. No porque no la escucharon, no porque a uno se le dieron cosas que no se le dieron a otro, no porque no recibieron luz, no. Ellos, como esta mañana, en esta mañana pudieran haber dos grupos aquí. En todas las iglesias del día de hoy pueden existir dos grupos que están oyendo el mismo mensaje, la misma verdad, la misma luz.
No todos responden de la misma manera. Y a veces lo que ocurre es que tú escuchas algo y comienzas a filosofar acerca de por qué realmente eso no es así. Por algo que ya dijimos, tú estás tratando de ajustar el mensaje en vez de ajustar tu vida.
Lo que el libro de Hebreos está describiendo es lo que se conoce como apostasía. Se supone que antes de la venida de Cristo va a venir una gran apostasía. Segunda de Tesalonicenses habla de eso. O sea, hasta que eso no ocurra, el anticristo no se va a presentar. Pero personas individuales han apostatado.
De hecho, cuando tú lees la primera carta de Juan en 2:19, me vino a la mente porque alguien me hizo una pregunta al final del primer servicio. Primera de Juan 2:19 nos habla de personas que estaban con nosotros, salieron de nosotros, pero no eran de nosotros, y salieron para probar que nunca fueron de nosotros. Más claro que eso no hay. Claro que estaban entre nosotros, claro que se congregaban con nosotros, pero no eran de nosotros. De hecho, salieron para poner en evidencia que nunca fueron de nosotros.
Pero quizás trayendo esto a un final, el texto que más peso trae a la discusión sobre esto, y cómo la persona puede apostatar después de un tiempo, está en Juan 6. Juan 6 comienza describiendo uno de los milagros de Cristo, la multiplicación de los panes. Cinco mil personas comieron. La gente comió los panes, disfrutó de los panes, y sale a buscar a Cristo.
Tú pensarías que al otro día, cuando Cristo los vio, les dijera: "Qué bueno, me alegro de que hice el milagro, y por esa razón ustedes vinieron otra vez a escucharme, a enseñarles lo que mi Padre me había dado para ustedes." Pero cuando Cristo los vio, versículo 26 de Juan 6, les respondió: "En verdad les digo que me buscan, no porque hayan visto señales. Ustedes no me buscan ni siquiera porque vieron un milagro, sino porque han comido de los panes y se han saciado." En buen dominicano, porque se jartaron.
Entonces, viendo eso, viendo el corazón que tenían ellos, versículo 53, sigo en Juan 6. Jesús les dijo: "En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del Hombre y beben su sangre, no tienen vida en ustedes." En otras palabras, esto es una metáfora. No es algo literal, no es que tienen que comer su carne y tomar su sangre. Pero comer su carne y tomar su sangre implica que Él ha pasado a ser parte de tu interior.
Ellos oyeron eso, pero cuando lo oyeron no dijeron: "Maestro, explícanos un poco, porque no sabemos cómo eso pudiera ocurrir." Versículo 60: "Por esto muchos de sus discípulos, cuando oyeron esto, dijeron: 'Dura es esta declaración. ¿Quién puede escucharla?'"
Ya hay verdades duras, pero son las verdades. En otras palabras, este estándar está más allá de lo que yo creía. O, tú sabes qué, me están pidiendo pagar un precio que yo no quería pagar en primer lugar.
Entonces, ¿qué hacemos? El versículo 66 nos da la respuesta: "Como resultado de esto, muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él." Nota aquí, no dice mucha gente se apartó, sino sus discípulos, gente que parece que tenía un tiempo siguiéndolo. ¿Sabes qué? Pero hasta ahí llegó mi amor. Yo no voy a pagar ese precio.
Y eso es lo que ocurre en la vida cristiana: que frecuentemente entramos a la vida cristiana y en el camino nos damos cuenta de que el precio es muy alto, y comenzamos a regatear el precio, a rebajar el precio, a adaptar las demandas del evangelio. Y comienzo a vivir otra vida que a mí me convence de que es compatible con el nuevo nacimiento, pero no lo es.
Ahora, el texto que yo leí al inicio llegaba hasta el versículo 12. Hay otro grupo del cual vamos a hablar la semana que viene, porque la advertencia, aunque nos sirve a todos para reflexionar acerca de la sobriedad de lo que es el llamado cristiano, al final está dirigida a un grupo que tiene un comportamiento que no es real.
El otro grupo comienza a ser identificado en el versículo 9. Te leo el versículo y ahí lo dejamos. "Pero en cuanto a ustedes, amados..." O sea, ya habló a aquel grupo, pero ahora dice: "en cuanto a ustedes, amados." Nota la confianza que el autor de Hebreos tiene para llamarle al otro grupo "amados." "Aunque hablemos de esta manera, estamos persuadidos de las cosas que son mejores y que pertenecen a la salvación." El autor está convencido de que hay un grupo que realmente son salvos. A ustedes les hablamos de las cosas que pertenecen a la salvación.
Mi pregunta es, y quizás no tengo más de una pregunta: suponte que tú estuvieras en una sesión de consejería conmigo o con otro, y que el consejero, al oír los frutos de tu vida, te preguntara: "¿Estás seguro de que tú eres cristiano?" ¿Qué tú le responderías?
Por la vida de Judas sabemos que el involucramiento en actividades religiosas no es la marca. Los fariseos ayunaban tres veces a la semana. Esta tampoco es la marca.
Pero, ¿cuál es la marca? El fruto del Espíritu, el carácter de Cristo formado en el discípulo. Esa es la marca, hermano. Esa es la meta, pero es también la marca del cristiano. Todo discípulo, cuando es entrenado bien, será como su maestro. Y el maestro es Cristo.
Si tú nunca has orado por eso, pídele a Cristo que te dé un anhelo por ser como Él. No un anhelo por no ir al infierno, no. Una cosa trae la otra: si llegas a ser como Él, es porque has nacido de nuevo y, obviamente, tienes la gloria y no el infierno como recompensa.
Por otro lado, al final de este mensaje, podrías irte a la casa tranquilo, sabiendo, sabiendo, sabiendo que tú sabes, que tú sabes, que tú sabes que eres creyente, o tienes dudas. O quizás el Espíritu mismo te convenció de que "yo creo que yo no soy nacido de nuevo todavía."
Alguien me dijo en una ocasión: "Sí, yo soy cristiano." Media hora más tarde le pregunté acerca del nuevo nacimiento. "Ah, no, no, yo no he nacido de nuevo." Digo: "Bueno, ¿eres cristiano?" Yo quiero orar contigo al final de este mensaje.
De nuevo te digo, yo no estoy predicando este mensaje para lucir, no sé, un iluminado acerca de estos temas, ¿no? Estoy predicando esto como pastor cargado, porque yo quisiera: uno, ver ovejas moldeadas a la imagen de Cristo; y dos, encontrarnos en gloria.
De manera que cierra tus ojos. Si tú no has puesto tu fe en Cristo Jesús como Salvador, si en el día de hoy el Espíritu te convenció de que no has nacido de nuevo, o te surgieron dudas acerca de si has nacido de nuevo, y tú quisieras antes de irte a la casa orar, yo simplemente te voy a guiar desde aquí. Tú usas tus propias palabras, pero habiendo hecho una profesión de fe con entendimiento y bajo convicción del Espíritu, donde te entiendes pecador, condenado, a menos que Cristo haga algo por ti; donde entiendes que Cristo es el único sacrificio que puede perdonar tu culpa y la mía, que su sangre es la única que puede lavar nuestros pecados.
Y deseando que Él sea no solamente el Salvador de tu vida, sino el Señor de tu vida, y que quieres entregarle tu mente, tu corazón, tu voluntad y toda tu vida, para que Cristo ejerza señorío sobre esa vida de una manera particular; de manera que hoy pudiera ser tu día de nuevo nacimiento. Si esta es la convicción que el Espíritu ha traído a tu vida, yo quiero orar desde aquí, guiarte, y te puedes poner de pie y te quedas ahí. Eso es lo único que vas a hacer, y yo puedo guiarte en la oración desde aquí, entre tú y Cristo. Olvídate del que está atrás, adelante y cualquier otro.
Que tú puedas decir en tu corazón, en tus propias palabras: "Señor, gracias por usar el mensaje para iluminarme y traerme verdad, hablarme de verdad. Yo reconozco hoy, por primera vez o otra vez, que yo soy un hombre, una mujer pecadora, en necesidad de redención, en necesidad de un nuevo nacimiento. Yo también reconozco que el sacrificio de Cristo es el único que puede pagar por mis pecados, y la sangre de Cristo es la única que puede lavarme de mi maldad. Pero gracias, Cristo, por amarme, sacrificarte por mí y salvarme."
"Yo quiero responder a tu sacrificio, a tu oferta, a tu invitación, declarando que quiero que seas mi Señor, no solamente mi Salvador, pero mi Señor, que tu señorío pueda ser visible en todo mi estilo de vida. Te entrego mi mente, mi corazón, mi voluntad, mis emociones. Todo lo mío es tuyo, Señor."
Te puedes quedar ahí de pie un momentito. Si tú eres creyente y en el día de hoy Dios te ha hablado, quizás tú estás convencido de tu salvación y Dios te ha hablado, y simplemente quieres volver a decirle a nuestro Señor: "Yo me rindo hoy otra vez, y yo quiero hacer un compromiso de rendirme a ti todos los días. Ya no quiero más de mí, yo quiero más de ti." Ah, yo quiero realmente abrazar como compromiso el que yo voy a anhelar y a buscar ser moldeado a tu imagen, y ya el resto se dará por añadidura. Si ese es tu deseo en esta mañana y también el Espíritu te ha dado convicción de que necesitas una mayor entrega, un mayor rendimiento, yo quiero pedirte que te pongas de pie también y te quedas ahí parado.
"Señor, gracias por la luz que tú traes, la verdad que tú has traído, por el Espíritu de Dios que se ha movido entre nosotros. Es obra tuya. Todo es obra tuya. Nada es de nosotros. Ahí donde tú estás, que tú puedas decirle: 'Señor, ayúdame a rendirme. Rendirme ha sido difícil. Yo confieso eso, pero ayúdame a rendirme. Yo quisiera ser como tú, pero mi yo se ha opuesto, ha sido un obstáculo, y me ha sido difícil matarlo o restringirlo o minimizarlo. Yo te pido que hagas en mí lo que yo no puedo hacer por mí mismo.'"
"Al mismo tiempo que le puedas decir: 'Yo quiero tu ayuda para rendirme, pero yo necesito rendirme.' Eso es algo que tú me pides y que tú no lo vas a hacer por mí. Señor, capacita a mis hermanos y a mí mismo para morir a mí mismo todos los días, de manera que pueda ser más como tú y mucho menos como yo. Para tu gloria, si tú nos moldeas y tú nos llenas, la vida cristiana no será tan difícil como yo he considerado, he pensado o he dicho en el pasado, porque será el deleite de mi vida ser como mi Señor."
Sé con nosotros. Y ahora te vamos a cantar eso mismo como una final adoración. Yo me rindo a ti, oh Dios. Amén. Amén.
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