Hay personas que estuvieron muy cerca del evangelio —iluminadas, involucradas, aparentemente convertidas— y sin embargo nunca pertenecieron a Cristo. Pero Hebreos 6 no termina ahí. A partir del versículo 9, el autor gira su mirada hacia un grupo distinto: los verdaderos creyentes, a quienes llama "amados", y declara estar plenamente persuadido de su salvación. La pregunta que recorre todo el pasaje es: ¿qué distingue a estos creyentes genuinos? La respuesta no está en la intensidad de sus experiencias religiosas, sino en la calidad y motivación de sus obras.
El autor de Hebreos señala que este grupo obró "por amor de su nombre", no por reconocimiento, recompensa ni temor a consecuencias. El pastor Núñez subraya que esa motivación es la marca que diferencia al verdadero discípulo: servir a las ovejas como si fuera al Señor, sufrir afrenta con gozo, arriesgar la vida no por causas personales sino por la honra del nombre de Cristo. Apóstoles como Pablo y Bernabé, y la iglesia primitiva en general, encarnaron exactamente eso.
A esto se suma la fidelidad de Dios como fundamento de la seguridad del creyente. Dios no es injusto para olvidarse de obras hechas con ese corazón. Y es que, como lo ilustra la imagen del bulldog, no es el creyente quien se aferra a Cristo con tenacidad propia, sino Cristo quien sostiene al suyo con una tenacidad inquebrantable.
El llamado final es a examinar las motivaciones del corazón y a continuar en la misma senda: obras hechas de todo corazón, como para el Señor, perseverando hasta el fin.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
n la cruz tú nos redimiste. En la cruz tú nos justificaste. Y tu sacrificio, como decíamos anteriormente en el servicio pasado, no nos hizo justificables. Tú nos justificaste de una vez y para siempre.
Señor, yo te pido en esta mañana que tú puedas abrir mis labios, poner palabras de sabiduría, abrir mi entendimiento y permitirme penetrar la grandeza de tu palabra y poderla exponer de una forma que la mañana de hoy la iglesia pudiera constituirse en el teatro donde tu gloria ha de ser desplegada a través de tu palabra y por medio de tu Espíritu. Sé con el predicador; él no puede hacer eso que yo acabo de orar, pero tú sí puedes. De manera que capacítalo y dirígele, y permite que él pueda predicar con soltura por lo que tú hagas en él.
Y con el resto de nosotros, circuncida nuestros oídos. Permítenos escuchar reflexivamente, no superficialmente. Permite que no nos distraigamos mientras tú hablas a través del Espíritu por medio de tu palabra, que nuestros oídos estén prestos a escuchar lo que tú tengas que decirnos hoy, y nuestras voluntades a estar rendidas para obedecer lo que oigamos. Pues te lo pedimos en nombre de aquel que murió y dio sangre por nosotros, Cristo Jesús, y su pueblo dice: "Amén." Amén. Bendiciones. Podemos sentarnos.
Puedes abrir la palabra de Dios en el capítulo 6 de la carta a los Hebreos. Hoy estamos cubriendo la segunda parte del mensaje que iniciamos la semana pasada. Yo decía, ¿verdad?, que si tú estuviste aquí la semana anterior, pues te va a ser más o menos fácil continuar o darle seguimiento al mensaje en el día de hoy, y que seguro lo vas a recordar porque el mensaje no fue fácil, o no es un mensaje fácil de olvidar, como algunos de ustedes han testificado.
Pero si tú no estuviste aquí y no tuviste la ocasión de escucharlo, mi recomendación es que lo puedas oír. Sin embargo, ya estamos aquí para entrar a la segunda parte, de forma que yo necesito darte algo de contexto para que lo puedas entender mejor y ver la conexión entre uno y otro. El pasaje comienza en el versículo 4 de Hebreos 6, y yo decía que este es uno de los pasajes más controvertidos a lo largo de toda la historia, de todos los pasajes de la Biblia, 66 libros. Este pasaje posiblemente sea para algunos, por lo menos, el más debatido a lo largo de la historia, y cuando no es así, es por lo menos uno de los más controvertidos.
En esencia, el pasaje, cuando tú lo lees completo del 4 al 12, claramente puedes identificar dos grupos de personas. El mensaje anterior fue dedicado a explicar ese primer grupo, y este de hoy al segundo grupo. Dijimos que ese primer grupo representaba o caracterizaba a un grupo de personas que aparentemente estuvieron bien involucrados en la vida cristiana, que por lo que la mayoría podía decir, probablemente eran contados como cristianos. De hecho, algunos de ellos estaban genuinamente convencidos de que lo eran, pero al final aparentemente no lo eran.
Y no nos debe sorprender eso, porque Cristo nos dijo en una de sus enseñanzas en el Sermón del Monte que en aquel día muchos le dirán: "Señor, Señor, en tu nombre predicamos, en tu nombre echamos fuera demonios, en tu nombre hicimos muchos milagros", y Yo les diré: "Jamás les conocí." De manera que ese grupo de personas a que Cristo se refería era gente que estaba convencida y dispuesta a defender su fe delante de Cristo al decirle: "Es que yo prediqué en tu nombre, es que yo eché fuera demonios en tu nombre, es que yo hice milagros en tu nombre." Y Cristo les diría: "Lamentablemente, yo nunca te conocí. No fue que te conocí y luego te perdiste y dejé de conocerte." No, Yo nunca te reconocí. Ese es un grupo.
Yo quisiera leerte el texto para que tú veas lo que dice con relación al mensaje pasado, porque quiero conectarte bien con el que siga. Lea conmigo de Hebreos 6, versículos 4 al 8:
"Porque en el caso de los que fueron una vez iluminados, que probaron del don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, que gustaron la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, pero después cayeron, es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento, puesto que de nuevo crucifican para sí mismos al Hijo de Dios y lo exponen a la ignominia pública. Porque la tierra que bebe la lluvia que con frecuencia cae sobre ella y produce vegetación útil a aquellos por los cuales es cultivada, recibe bendición de Dios. Pero si produce espinos y cardos, no vale nada. Está próxima a ser maldecida y termina por ser quemada."
Dijimos la semana pasada que aquellos que fueron iluminados son los que fueron expuestos a la palabra de Dios de manera recurrente. De hecho, vimos cómo el texto de los evangelios habla de que cuando Cristo vino a la tierra, que estaba en tinieblas, le llegó una gran luz. Y sin embargo, los hombres amaron más las tinieblas que la luz. Ellos fueron iluminados. Pero hay otras maneras como nosotros somos iluminados, y esta mañana, cuando yo predique la palabra, la manera en que yo sea preciso al comunicar lo que ella dice, también estamos siendo iluminados.
Este mismo grupo es definido como aquellos que probaron del don celestial. Dijimos que el don celestial no es otra cosa que la persona misma de Cristo, que Pablo identifica en Romanos 6:23 como la dádiva de Dios. La Nueva Traducción Viviente le llama el regalo de Dios, el don de Dios. De manera que aquellos que recibieron el don de Dios, que estuvieron cerca, que lo vieron actuar, hacer milagros, resucitar gentes, predicar, ellos probaron del don celestial.
El texto también dice de este grupo que ellos fueron partícipes del Espíritu Santo. Dijimos que hay diferentes maneras como una persona o un grupo puede ser partícipe del Espíritu Santo, y vimos personas específicas en el texto del Nuevo Testamento que estuvieron bajo la convicción del Espíritu de Dios y resistieron su obrar. Tú puedes ver eso en el texto de Hechos 7, cuando Esteban le habló a esa gran multitud de judíos, versículo 51, donde les dice: "Ustedes siempre resisten al Espíritu." Y lo ilustramos de diferentes formas: estuvieron bajo convicción de pecado y resistieron al Espíritu.
Ese grupo también fue identificado como personas que gustaron de la buena palabra. De ese grupo habló Cristo en la parábola del sembrador, cuando habló de un grupo que recibió la palabra con gozo. Aplaudían, estaban contentos de leer la palabra, de escuchar la palabra, pero llegó la aflicción y se despidieron, se alejaron. La aflicción probó su falta de conversión.
Y finalmente, el texto habla de ese grupo que también disfrutó de los poderes del siglo venidero. Yo decía en el sermón anterior que, independientemente de que tú creas que la salvación se pierde o no se pierde, todo el mundo está de acuerdo, por lo menos todos los estudiosos, en que los poderes del siglo venidero es una alusión a las señales y prodigios. Y te ilustré cómo es posible experimentar poder de lo alto, poder del Espíritu del siglo venidero, como le llama el texto, y no ser salvo. Te mencionaba al paralítico del capítulo 9 de Juan, que Cristo sanó y ni siquiera era salvo, ni fue salvo inmediatamente después, sino que Cristo salió unos días después a buscarlo porque todo el mundo le estaba rechazando. Se encontró con él y Cristo le preguntó que si él sabía quién era el Hijo del Hombre, y él le dijo: "¿Quién es, Señor, para que yo crea en él?" De manera que tú puedes recibir sanación de parte de Dios y no ser salvo.
La parábola de los diez leprosos ilustra que, de los diez, solamente uno regresó, de manera que los otros nueve estaban contentos con recibir las bendiciones sin conocer al que bendice, lo cual es la realidad de muchos de los que reciben el nombre de cristianos hoy.
Entonces, el autor del libro de Hebreos dice que de ese grupo, si ese grupo que experimentó, que gozó de la palabra de Dios, que participó del Espíritu Santo, que fue iluminado, si cae, es imposible retornarlo al arrepentimiento.
Cruzaron la línea de no retorno. Tú puedes ver eso en la vida de Judas. Judas estaba íntimamente involucrado con los doce; de hecho, era su tesorero. De manera que las decisiones económicas del grupo —financieras, gastos e ingresos— pasaban por las manos de Judas, y al final vendió al Maestro y fue y se ahorcó. No experimentó arrepentimiento, solo remordimiento. No debía haberlo hecho, sí, pero eso no es suficiente. Comparado con Pedro, que verdaderamente lo negó, pero hubo un arrepentimiento: le dolió y lloró amargamente.
O puedes pensar en Demas, compañero de Pablo, que en un momento dado dice Pablo que lo abandonó y se fue al mundo, amando al mundo. Se fue a Tesalónica, abandonó a Pablo, lo dejó solo. 2 Timoteo 4:10. O puedes pensar en Himeneo y Alejandro, 1 Timoteo 1:20, a quienes Pablo entregó a Satanás para que aprendieran a no blasfemar.
Y uno puede pensar: "Bueno, pero esa gente, por todo lo que se menciona de ellos, seguro que eran salvos." No, no, no, no. 1 Juan 2:19 dice que ellos salieron de nosotros, y realmente salieron de nosotros como evidencia, para dar testimonio, para dejar claro que ellos nunca fueron de nosotros. Aunque salieron de nosotros, nunca fueron. Judas nunca fue. Cristo mismo lo dijo. Él sabía desde el principio quién lo iba a traicionar, pero estaba ahí. Vio los mismos milagros, escuchó los mismos sermones. Quizás estaba ahí en la resurrección de Lázaro, o por lo menos oyó de ella, o quizás lo vio después resucitado, pero eso no fue suficiente para lograr su nuevo nacimiento. Ese es un grupo.
De eso hablamos extensamente. Si no oíste el sermón, de verdad te ruego que lo oigas, porque creo que puede traer mucha luz a tu vida y quizás arrepentimiento también.
Y ahora yo te voy a leer del segundo grupo. Quiero que tú escuches reflexivamente, porque uno de los problemas que tenemos hoy en día es que escuchamos, pero no reflexivamente. Gente que incluso oye los sermones a velocidad y media, pero así tú no puedes escuchar, y mucho menos tienes la posibilidad de escuchar reflexivamente.
Entonces escucha. Ahora quiero invitarte a que leas conmigo del versículo 9 al 12: "Pero en cuanto a ustedes, amados" —ese es el otro grupo; nota cómo comienza el versículo—, "aunque hablemos de esta manera, estamos persuadidos de las cosas que son mejores y que pertenecen a la salvación. Porque Dios no es injusto como para olvidarse de la obra de ustedes y del amor que han mostrado hacia su nombre, habiendo servido y sirviendo aún a los santos. Pero deseamos que cada uno de ustedes muestre la misma solicitud hasta el fin para alcanzar la plena seguridad de la esperanza, a fin de que no sean perezosos, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas."
Yo creo que la primera palabra del versículo 9 —el "pero"— es como la bisagra que hace que la carta gire de dirigirse a un grupo a dirigirse al otro: "Pero en cuanto a ustedes, amados." Y si ese "pero" no es suficiente y el "ustedes" tampoco, yo espero que la palabra "amados" sí los convenza, porque esa palabra, agapetos en el griego, aparece sesenta veces en el Nuevo Testamento. Las primeras nueve veces se refiere a Dios Padre hablando de su Hijo, y las otras cincuenta y una veces se refiere a creyentes, sean gentiles o judíos. John MacArthur comenta sobre eso en su comentario sobre Hebreos.
Entonces, ahora creo que estás claro en que él le está hablando a un grupo de creyentes, y él dice: "En cuanto a ustedes, amados, estamos tranquilos, estamos persuadidos —no es que creemos que tenemos la esperanza—, estamos persuadidos de las cosas que son mejores y que pertenecen a la salvación." Es como si dijera: en cuanto a ustedes, su salvación en mi mente no está en cuestionamiento.
La pregunta es: ¿cuáles son las mejores cosas pertenecientes a la salvación que este grupo posee? Yo creo que hay una serie de cosas que pudiéramos mencionar que dan evidencia de que alguien es salvo, pero él se está refiriendo a un grupo en particular. ¿Cuáles son esas cosas pertenecientes a la salvación que este grupo posee y exhibe, y que a él le dicen "no, esta gente son creyentes"? Porque él dice que son mejores cosas, mejores cosas que las que experimentaron otros.
Bueno, escucha el versículo 10, porque es la respuesta al versículo 9. "Estamos convencidos de mejores cosas pertenecientes a la salvación." El "porque" que sigue inmediatamente parece que él va a responder lo que acaba de decir: "Porque Dios no es injusto como para olvidarse de la obra de ustedes y del amor que han mostrado hacia su nombre, habiendo servido y sirviendo aún a los santos."
La persona que redactó esta carta —que no sabemos quién es— enumera varias razones por las que está persuadido de que este es un grupo de creyentes. Y la primera tiene que ver con el carácter de Dios: Dios no es injusto, Dios es fiel. Pero inmediatamente muestra a qué se está refiriendo cuando dice que Dios no es injusto para olvidarse de las obras de ustedes: no de las obras que han hecho por amor de su nombre. Eso es una característica especial. Yo puedo obrar por diferentes razones. Me gusta predicar, pero no amo a las ovejas. Me gusta ser un expositor, pero no un pastor. Me gustan los aplausos, pero no las críticas.
Pero esta gente no estaba obrando por ninguna otra razón que no fuera por amor de su nombre. Lo leímos en el versículo 10. Escucha un par de pasajes del Nuevo Testamento que hablan acerca de lo que implica obrar por una razón distinta a la que frecuentemente nosotros tenemos para obrar. Colosenses 3:23-24: "Todo lo que hagan, háganlo de corazón, no de responsabilidad, no para llenar un requisito, no para hacer un cheque en mi agenda; de corazón, como para el Señor y no para los hombres." Cuando le sirves a alguien, cuando le sirves a la iglesia, cuando les sirves a las ovejas, olvídate de ellas en un sentido: tú lo haces como para el Señor, y si no te lo agradecen, no importa. Lo hiciste como para el Señor. Recuerda lo que el Señor dijo: que cuando tú vayas a la cárcel y a uno de los suyos le dieras un vaso de agua, a Él se lo hiciste; y cuando no se lo diste, a Él no se lo hiciste. Es para el Señor. "Sabiendo", versículo 24 de Colosenses 3, "que del Señor recibirán la recompensa de la herencia. Es a Cristo, el Señor, a quien sirven."
La motivación de esta gente en la iglesia primitiva era muy distinta a la motivación que frecuentemente encontramos en la iglesia de hoy. Escucha otro pasaje de Pablo a la iglesia de Éfeso, capítulo 6, versículos 7 y 8: "Sirvan de buena voluntad, no de mala gana, no cansados, no como '¡ay, otra vez!', no; de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que cualquier cosa buena que cada uno haga, eso recibirá del Señor, sea siervo o sea libre; recibirá recompensa."
El autor de Hebreos no cuestiona la salvación de estos creyentes a quienes llama amados, a quienes conoce, porque conoce la motivación de su corazón y sabe que cuando obras de esa manera, Dios no se va a olvidar de tus obras. Él promete recompensar cada obra piadosa. Pero la obra piadosa no solamente tiene que ver con la acción; tiene que ver también con el corazón. No solamente tiene que ver con la acción, sino también con la motivación. Tienes que hacerlo de todo corazón y como para el Señor.
Lo impresionante de nuestro Dios... yo no sé si a ti te pasa, pero una de las razones por la que a mí me gusta preparar sermones, entregar sermones, es porque cada vez que vuelvo a visitar los mismos pasajes que yo he visitado, transitado antes, vuelvo a impresionarme. Porque el Señor promete recompensarme cuando haga una buena labor.
Lo impresionante, lo increíble, es que Él me capacita para que haga la labor que Él me pide que haga, y luego me recompensa. ¿Cómo fue? Él me capacita para que pueda hacer lo que Él me está pidiendo que haga, y cuando lo hago, entonces tiene una recompensa increíble para mí esperándome.
Bueno, ¿a qué se está refiriendo, pastor? Bueno, gracias por preguntar. Yo te lo voy a ilustrar ahora. Tú estabas muerto en delitos y pecado —Efesios 2:1— y Él fue quien te dio vida. Ese es el comienzo. Tú estabas esclavo del pecado —Romanos 8:2— y Él fue quien rompió las cadenas.
El Espíritu provee poder para vencer las obras de la carne —Romanos 8:13—. Tú tienes una carne contra la que tienes que luchar. Si luchas contra tu carne, contra el poder de la carne, vas a perder una, dos, tres, todas las veces. Diez de diez veces vas a perder. No, porque no está diseñada para que sea de esa manera la victoria, no. El Espíritu provee el poder para vencer las obras de la carne.
El Espíritu ilumina tu mente para que este texto que estás leyendo, o estás oyendo predicar, o estás oyendo leer, lo puedas entender —Efesios 1:17-18—. "Es que no tengo deseo para las cosas de Dios." No, no, no. Es que Dios crea en nosotros los deseos para las cosas de Dios —Romanos 8:5—. Tú no tienes deseo. Sí, pero es que no se supone que tú vas a tener deseo en la carne; eso es imposible. No. Dios, entendiendo eso, pone el deseo en ti para que entonces puedas tener deseo para las obras de Dios. No sé si tú estás impresionado, impresionada, hasta ahora, pero eso es como es. El Espíritu de Dios pone en nosotros el querer como el hacer —Filipenses 2:13—.
Wow. Y el Espíritu de Dios cultiva en nosotros el fruto del Espíritu. Bueno, ¿y cómo ocurre eso? Bueno, recuerda, es el Espíritu de Dios el que lo hace. Bueno, entonces a mí no me toca hacer nada. A ti te toca hacer algo, pero no es la producción del fruto del Espíritu para nada. Pero recuerda, tú no puedes vivir la vida cristiana sin llenura del Espíritu. Recuerda, Efesios 5:18: "Sed llenos del Espíritu."
Es un imperativo, no es una opción, no es algo que yo puedo tomar o dejar. No, no, no. Si tú quieres vivir la vida cristiana, tú tienes que ser lleno del Espíritu. Pero el verbo no solamente está en imperativo, está en el tiempo presente, lo que implica que tiene que estar lleno todo el tiempo. En serio. Sí, en serio. Porque la idea ahí de ser lleno del Espíritu es estar gobernado por el Espíritu.
Y luego, como el texto dice, "Sé lleno del Espíritu" me deja ver que eso está en la voz pasiva; yo no lo hago. Si dijera "Llénate del Espíritu", eso es voz activa; yo lo hago. Ser lleno es que otro lo tiene que hacer. Entonces, ¿cuál es mi rol? Me alegro que preguntaras. Tu rol es negarte a ti mismo todos los días. Vaciar a Miguel de Miguel.
"Ah, pero entonces yo no puedo ejercer mi deseo." Bingo. Ahora está entendiendo. Cuando yo vacío a Miguel de Miguel, hay espacio —por ilustrarlo de esa manera— para que el Espíritu me llene. Y cuando el Espíritu me llena, Él comienza a cultivar ¿qué cosa? El fruto del Espíritu.
Eso está en Gálatas 5:22. Pero si tú subes a Gálatas 5:19, Pablo te da una lista de obras de la carne. Te voy a dar la primera: la ira. Okay. La ira es una obra de la carne. Tú luchas con la ira. Muy bien. Pero resulta que el fruto del Espíritu —la primera virtud del fruto del Espíritu— ¿cuál es? El amor. Amor, gozo, paz y demás. El amor. Pues, ¿sabes lo que dice 1 Corintios 13? Que el amor es paciente, que el amor no se irrita, que el amor no se comporta indecorosamente, que no toma en cuenta el mal recibido.
Ah, cuando el amor aparece, se fue la ira. Mi problema de ira no es un problema de ira, es un problema de falta de amor hacia quien yo me aíro. Tengo que vaciar a Miguel Núñez de su ira para que el Espíritu me llene y produzca amor. Y el amor acaba con la ira. Es tan sencillo como eso. Pero lo impresionante, de nuevo, es que Dios me capacita para que obre de una manera, y luego Él se propone recompensarme por las obras para las cuales me capacitó en primer lugar.
Ahora, el autor de Hebreos está convencido porque ellos están obrando de una manera que es por amor de su nombre. Por consiguiente, él dice: "Dios no es injusto para ignorar sus obras." Él está apelando. Lo que a él le tiene persuadido de que esta gente son creyentes —número uno— y que van a tener el disfrute de las recompensas de los creyentes, es la fidelidad de Dios. Dios no es injusto para olvidarse de sus obras, y es la calidad de sus obras, el carácter de sus obras, por amor de su nombre.
Escucha lo que Juan dice en su tercera carta, versículos 5 al 7: "Amado, estás obrando fielmente en lo que haces por los hermanos, y sobre todo cuando se trata de extraños, porque ellos dan testimonio de tu amor ante la iglesia, y harás bien en ayudarlos a proseguir su viaje de una manera digna de Dios." Escucha ahora: "Pues ellos salieron por amor al nombre, no aceptando nada de los gentiles." Wow.
Ellos salieron a predicar, a evangelizar, a hacer la gran comisión con una sola motivación: amor al nombre. Dios ha revelado en el Salmo 138 que ha exaltado su nombre y su palabra por encima de todo. Dios, de hecho, llegó a hacer cosas, a vengar malas acciones en el Antiguo Testamento por amor de su nombre. Dios honra su nombre, respeta su nombre. Su nombre representa su esencia. Esta gente salió por amor de su nombre.
¿Estarías dispuesto a salir o a involucrarte en obra del ministerio por amor de su nombre? Independientemente de que te reconozcan, te pongan un título, te den un salario, te den reconocimiento, privilegios o no. Ni siquiera pensando en lo que vas a recibir como recompensa.
Apocalipsis 2:3 habla cuando Cristo está pasando revista a la iglesia de Éfeso, que había perdido su primer amor; pero no eran así en primer lugar. Escucha lo que Él dice en el versículo 3: "Tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desmayado." Prefirieron sufrir antes que deshonrar el nombre de Dios. ¿Estaríamos tú y yo dispuestos a sufrir antes que deshonrar el nombre de Dios?
Hechos 15:26: "Estos hombres —Pablo, Bernabé y otros— han arriesgado su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo." Han arriesgado su vida por el nombre, no porque querían salvar a sus familias o a su nación, sino por el nombre.
Eso era lo que el apóstol Pablo tenía que aprender, porque cuando le preguntaron de Jesucristo, él dijo que no lo conocía. No, no, no. Esta gente arriesgó su vida porque amaban la honra del nombre de Dios, todo lo que representaba. Los discípulos fueron así. Ellos no recibieron a Cristo para que Cristo les ayudara a resolver los problemas de su matrimonio. Tampoco para que les ayudara a resolver los problemas con sus hijos. Tampoco obraron —perdón—, no obedecieron para evitar consecuencias.
Entonces, ¿cuál fue su motivación? Amor de su nombre. Todos ellos prefirieron llevar una vida de piedad por amor de su nombre. Llevar una vida de piedad por amor; en otras palabras, prefirieron restringir las obras de la carne, sus deseos de la carne, por el temor —no a Dios, a la consecuencia— sino por el temor de deshonrar su nombre. La mayoría de nosotros no somos así. La mayoría de nosotros no pensamos en la reputación del nombre de Dios. No; nos importa más la reputación de nuestro nombre.
De tal manera que muchas veces lo que nos importa más es que no se conozca lo que hemos hecho, precisamente por la reputación de mi nombre, pero la reputación del nombre de Dios frecuentemente no ha estado bien parada en 2000 años de historia. Mahatma Gandhi en una ocasión dijo: "Yo voy a creer en el Cristo de los cristianos cuando ellos se comporten más como él."
Ahora la pregunta es, porque quizás algunos me están oyendo y dicen: "Bueno, es que ni siquiera entiendo lo que implica hacer las cosas por amor de su nombre." Bueno, su nombre lo representa a él. Y el primer mandamiento, ¿cuál es? Amarás a Dios sobre todas las cosas, o amarás a Dios con toda tu alma, toda tu mente, toda tu fuerza, todo tu corazón. Amar, amor de su nombre implica que amas a Dios por encima de todo, todo, todo y todos. Toda circunstancia, toda oferta, todo placer, absolutamente todo. Y toda persona, no importa cuán cercana sea a ti; eso es lo que implica amar a Dios, o amar su nombre, por encima de todo y de todos.
En segundo lugar, amar su nombre implica hacer todo para su gloria, ya sea que tú comas o bebas. Algo tan sencillo como eso. Cada vez que tú obres, que tú entiendas que esto que estás haciendo, independientemente de lo que sea, desde un sacrificio que estés haciendo hasta un entretenimiento que estés teniendo, esto es solamente, exclusivamente para la gloria de Dios. ¿Y cómo usted sabe eso, pastor? Porque Pablo no pudo encontrar algo más insignificante que no sea comer o beber. Y él dice: "Hasta aun eso tiene que hacerlo para la gloria de Dios."
Nosotros necesitamos adquirir un valor por el nombre de Dios, por lo que Dios es, y su nombre lo representa, de manera que podamos vivir por amor de su nombre. Hacer las cosas por amor de su nombre implica negarme, negarte tú a ti mismo, que tú tengas un deseo genuino, un anhelo; de hecho, que sea tu petición que tú quieres mermar para que Cristo crezca en ti. No sé si tú oras así, pero yo sé que yo oro así. Yo quiero seguir mermando. Yo quiero que él siga creciendo.
Escucha este texto de Hechos 5:41. Los apóstoles salieron de la presencia del concilio; habían estado predicando, los tomaron presos, los llevaron frente al concilio, fueron azotados, recibieron conforme a la ley 39 latigazos. Y cuando salieron de ahí, salieron regocijándose de que hubieran sido considerados dignos de sufrir afrenta por su nombre.
Oh, wow. ¿Te imaginas que tú y yo vayamos a un país, no sé, a Afganistán, donde la iglesia, los cristianos son perseguidos, o a Nigeria, y entonces nos estén persiguiendo, nos tiran en la cárcel, nos torturan? Y yo andaba con alguno de los pastores nuestros, yo andaba con Joan, o con Chacho, o con Reinaldo, o con Enrique, cualquiera de ellos. Y que cuando salgamos, todos latigados y ensangrentados, digamos: "¡Wow, qué increíble fue eso, sufrir por el nombre de Cristo!" No, más frecuentemente oímos: "No entiendo, no entiendo a Dios. Uno sale a predicar en su nombre, uno pensaría que lo iba a proteger, y mira con lo que nos paga."
Escucha este comentario de Raymond Brown en su obra acerca de la carta a los Hebreos, acerca de estos cristianos que obraron por amor de su nombre. "Quizás la cualidad más ejemplar de este grupo sea haber ofrecido un servicio glorioso. Toda su labor para los santos fue por amor a él. Ciertamente su servicio será recompensado, pero la idea de la recompensa no fue la motivación." Claro que no, imposible, porque eso es como invertir en un banco esperando dividendos. "Al final lo hicieron", continúa el comentario, "únicamente por amor a Dios, por su nombre, y eso simplemente significa para su gloria. Esa fue la ambición principal de la vida de Cristo y también debe serlo para nosotros si queremos ser siervos aceptables."
La razón por la que Cristo obró como obró fue justamente para traer gloria al Padre. Al final de sus días, en el aposento alto, antes de morir, le dice: "Padre, yo he glorificado tu nombre aquí en la tierra. Para eso yo vine y ya lo terminé. Glorifícame tú ahora al final de mis días, cuando estoy a punto de partir." Y la cita cierra de esta manera: "El trabajo para Cristo realizado totalmente para la gloria de Dios no será ignorado."
Yo no sé si tú revisas las intenciones de tu corazón al obrar. Yo no te voy a decir que lo he hecho todo el tiempo, pero lo hago de vez en cuando. Y la razón es que leyendo a Pablo en su primera carta a los Corintios, capítulo 4, él dice que tiene su conciencia limpia, que no tiene nada por lo cual pudiera sentirse avergonzado o arrepentido en cuanto a ellos. Pero le dice: "Hay que esperar al final, porque Dios va a escudriñar y traer a colación los designios de los corazones." No es solamente mi obrar, no es solamente mi predicación; es por qué predicabas, para qué predicabas. ¿Eras como un talking head, una cabeza que habla, simplemente un expositor, o eras un pastor?
La Nueva Traducción Viviente traduce 1 Corintios 4:5 de esta manera: que Dios va a exponer, sacar a la luz nuestros secretos más oscuros y revelará nuestras intenciones más íntimas. A eso se refería Cristo en el Sermón del Monte. Mateo registra en 7:16: "Por sus frutos los conoceréis." Y el versículo 17 dice: "Todo árbol bueno dará frutos buenos, pero el árbol malo dará frutos malos."
¿Implica eso que nunca pecamos? Claro que no. Yo soy un hombre pecador. Yo he pecado igual que tú has pecado. La pregunta es: ¿qué hago después que peco? Porque si me arrepiento, estoy obedeciendo. El arrepentimiento es obediencia. Cuando yo hablo de una obediencia continua, no es una obediencia perfecta; es una obediencia en la que cuando peco, yo me arrepiento.
¿Has examinado tus frutos últimamente? Yo trato de examinar mis frutos, y cuando examino mis frutos veo la semilla, por así decirlo, que estaba podrida dentro, que originó ese mal fruto. Nosotros podemos obrar bien con malas intenciones. Eso no contará para fines de recompensa, nunca. Judas fue tesorero. Yo creo que Judas se comportó bien; nadie sabía que Judas era el traidor, para nada. Todos pensaban que podía ser uno de ellos, pero al final el peligro de perder su vida sacó a colación el corazón de Judas.
Entonces, la primera razón y la segunda razón por la que el autor de esta carta está convencido de la genuinidad de la conversión de esta gente es porque, por un lado, ellos tienen obras hechas simplemente por amor de su nombre: él las conoce, él las ha visto, han persistido en el tiempo. Pero por otro lado, él sabe que es la fidelidad de Dios lo que lo tiene a él tranquilo, sabiendo que, como Dios es justo, él no se va a olvidar de estas obras hechas de esa manera.
La tercera razón que a él lo tiene tranquilo con relación a este grupo es la perseverancia que ellos han mostrado. Escucha: "Pero deseamos que cada uno de ustedes demuestre la misma solicitud hasta el fin, para alcanzar la plena seguridad de la esperanza." Deseamos que sigan como hasta ahora están yendo; y como hasta ahora han ido bien, que continúen de esa misma manera. Sigan obrando; no les está haciendo una corrección, está haciendo una afirmación. Sigan obrando de la misma forma que están obrando, por amor de su nombre y a beneficio de los santos. Y la palabra "santos" ahí es una terminología para referirse a cada uno de los creyentes.
El día que tú crees, en un sentido, ya tú eres santo, porque la palabra "santo" significa primero ser apartado, y Cristo te apartó para su familia. El segundo significado es purificación, o algo puro. Entonces, ellos estaban sirviendo a los santos. El autor de esta carta está convencido de la calidad de su servicio y la motivación de su servicio, y esas dos cosas dan testimonio de su conversión.
Todo lo que yo he dicho anteriormente está relacionado a la doctrina de la perseverancia de los santos. Yo he dicho en otras ocasiones, al igual que otros anteriores a mí, que la doctrina de la perseverancia de los santos debiera llamarse la preservación de los santos, porque al final del camino no es como que nosotros verdaderamente perseveramos por nosotros mismos, ¿no? Es que Dios nos preserva. Como Dios nos preserva, entonces nosotros perseveramos.
¿Te acuerdas la historia que te conté en una ocasión de esta persona que trabajaba para esa casa fabricadora de camiones que tienen un bulldog como símbolo? Mac. Entonces, él tenía un llavero con un bulldog de esos y siempre caminaba con eso, y de vez en cuando se metía la mano en el bolsillo, como que lo agarraba. Y un amigo le preguntó acerca del llavero, y él le dice: "Bueno, es que tú sabes, tengo un llavero ahí que tiene un bulldog, y esa es mi forma de recordarme la tenacidad con la que yo me agarro de mi Señor para no perderme en el camino." Y él le dijo: "Mira, eso es muy buena ilustración, pero muy mala la teología. Eso debiera recordarte la tenacidad con la que Cristo te agarra para que tú no te pierdas. No al revés, hermanos."
Si la verdad es conocida, si Cristo nos dejara solos, nos perderíamos un día sí, un día no. El Señor nos preserva. ¿Sabes por qué? Por amor de su nombre. Dios tiene su nombre invertido en nuestra salvación. ¿Qué sería de ese Dios que mandó a su Hijo a derramar sangre, a morir por nosotros, y de repente uno o muchos de ellos se perdieron? Él no tuvo ni el poder, ni la fidelidad, ni la intencionalidad de preservarlos hasta el fin. Qué desperdicio de sacrificio. Pero no es así. Dios, por amor de su nombre, preserva a los suyos, porque Él sabe que la honra de su nombre está invertida en la salvación de aquellos por los cuales su Hijo murió.
Escucha al apóstol Pablo cuando les escribe a los filipenses: "Estoy convencido precisamente de esto, que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús." ¿Quién comenzó la obra de salvación en ti? Cristo. ¿Quién es el que la va a terminar? Cristo, pero no pasivamente. Escucha lo que este académico, Gordon Fee, comenta acerca de esto: los creyentes en Cristo son personas del futuro, un futuro seguro que ha comenzado en el presente. Un futuro seguro que comienza en el presente, como una paradoja: es futuro, pero comienza ahora. Claro, escucha lo que sigue: son ciudadanos del cielo que viven la vida del cielo en el presente, en cualquier circunstancia en la que se encuentren.
¿Tú escuchaste? Se supone que tú debas vivir, y yo también, la vida del cielo aquí abajo. Pero, pastor, yo no sé cómo eso se vive, porque es aquí abajo que vivo. No, la Palabra de Dios dice cómo es que eso se vive. Dice: "Tú no puedes tener la mente puesta en las cosas de abajo. Tienes que tener tu mente puesta en las cosas de arriba. Cuando tú tengas tu mente puesta en las cosas de arriba y no en las de aquí abajo, tú vivirás la vida del cielo aquí abajo." ¿Cómo se hace eso? Bueno, cuando tú seas lleno del Espíritu, el Espíritu entonces, por su poder, te capacita para hacer morir las obras de la carne y puedes comenzar a vivir para su gloria. Así tú vives la próxima vida en el aquí y el ahora.
Hermanos, lo otro que tú y yo tenemos que hacer —por eso te decía al principio— es escuchar reflexivamente, porque en ocasiones, cuando estamos escuchando el sermón, nos ponemos a ver un WhatsApp que nos entró, un mensaje, y nos distraemos. No, eso no es escuchar reflexivamente. Yo tengo que detenerme y pensar. Cuando tú te detengas y pienses en qué condiciones Cristo te encontró, lo que tú eras, cómo caminabas, cómo pensabas, cómo hablabas, lo que hacías, tú vas a comenzar a ver versus lo que Cristo ha hecho.
Cómo te encontró en las pasiones de tu carne y de la mía, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente. Y tú eras, yo era, hijos de ira. Por naturaleza éramos hijos de ira, lo mismo que los demás. Así éramos. Cuando tú entiendas que yo estaba en esa condición, y Romanos 5:10 me dice no solamente eso, sino que yo también era enemigo de Dios, que Dios salió a buscarme cuando Él sabía que yo no quería saber de Él, que yo lo odiaba. Tú dices: "No, yo nunca he odiado a Dios." Pues sí, cada vez que tú amabas tu pecado, tú también odiabas a Dios, y yo también.
Y sin embargo, en esta condición, Dios nos ha reconciliado. Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, y mucho más ahora, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida. En otras palabras, Él nos va a salvar hasta el final porque ya nos reconcilió por medio de su Hijo.
Hermanos, si tú lograras quilatar lo extraordinario, la belleza de toda la obra de Cristo, la única forma racional de responder es entregando tu vida por completo, toda tu mente, todo tu corazón, toda tu fuerza, todos tus sueños, todas tus ambiciones a ese Cristo. Pero su obra no nos impresiona. Pensamos que lo merecemos, que me lo he ganado, ¿no?
Cuando Cristo estaba hablándoles a los discípulos, les dice que Él es el dador de la vida eterna. Si después que Cristo me da vida eterna, mientras yo voy camino a la gloria en este mundo, yo me pierdo, eso era vida temporal, no vida eterna, o vida condicional: "Te doy vida condicional, vamos a ver si tú llegas." No, no. Él me dio vida eterna. Tan pronto yo soy regenerado, yo voy a entrar a los reinos de los cielos, si es que soy regenerado, si es nacido de nuevo. Además, Él me dice: "¿Sabes qué? Tú estás en la palma de mi Padre, y nadie los puede arrebatar, y mi Padre es mayor que todos." Wow.
Dios me tiene cercado por delante y por detrás, como le dijo a Abraham. Nadie me puede arrebatar de su mano. Y si eso fuera poco, yo te menciono todo esto porque, en la medida en que tú sigues caminando, si eres nacido de nuevo y sigues caminando hacia la gloria, hermanos, yo espero que tú puedas quilatar mejor la hermosura de todo esto y el agradecimiento que tú y yo le debemos a nuestro Dios.
Escucha lo que Él dice a través de Judas, el medio hermano de Jesús, en la carta que lleva su nombre, en los versículos 24 y 25: "Y a aquel que es poderoso para guardarlos a ustedes sin caída y para presentarlos sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría, al único Dios, nuestro Salvador, por medio de Jesucristo, nuestro Señor, sea gloria, majestad, dominio y autoridad, antes de todo tiempo y ahora y por todos los siglos. Amén." Eso es. Aquel que es poderoso para guardarme sin caída: Dios garantiza que yo no me pierda de manera permanente.
Y Él me va a presentar sin mancha. ¿Cómo sin mancha, si tú eres un hombre pecaminoso? Absolutamente, pero me va a presentar sin mancha. Él me va a cubrir con su santidad, y Dios va a ver la santidad de Cristo que cubre mis manchas y mis pecados, y me va a presentar con gran alegría.
La única respuesta racional a la obra de Cristo es la entrega de toda tu vida, todas tus energías, todas tus fuerzas, todas tus neuronas a este Cristo. Tú fuiste elegido para su gloria, no para la tuya. Tú fuiste elegido, hermano, para una sola cosa. Tú fuiste creado por la misma razón que las piedras, como tú lo cantaste.
Tú cantaste, yo también, yo también, yo también. Pero luego cuando nos toca vivirlos: "Yo no, yo no, yo no. Aquí estoy yo, envía a otro." No. Tú fuiste creado por la misma razón que las estrellas fueron creadas para reflejar su gloria, que los ríos fueron creados, que las ballenas fueron creadas, que los pequeños animales fueron creados, que las rocas fueron creadas para reflejar su gloria. Tú no tienes otra razón para tu próxima respiración, hermano, que no sea la gloria de Dios.
Escucha este otro autor: "Después que todo ha sido hecho sobrehumanamente para evitar el cáncer de la apostasía, hecho por Dios, es el poder del Dios todopoderoso, nuestro Salvador, mediado a través de Jesucristo, el que es capaz de guardarte sin caída." Nada más. De eso es que habla este pasaje de Judas 24 y 25.
Ahora, el Señor no siempre me guarda de mis tropiezos pecaminosos, Él me advierte. Ninguna tentación que yo no pueda soportar llega hasta mí. Él me advierte. Pero todos nosotros hemos sido, somos testigos de tropiezos pecaminosos. Sí, claro, porque como dice el refrán, los tropezones hacen levantar los pies. Hasta que yo no viva las consecuencias en mi propia vida, las consecuencias de otros no las creo, no me impactan. No pienso que van a llegar a mí. Y por eso Dios muchas veces permite que yo sufra las consecuencias.
El celo de Cristo por aquellos que Él justificó en la cruz es tan increíble, es tan extraordinario, es tan fuera de serie, que horas antes de morir, de nuevo en el aposento alto, mi capítulo favorito en toda la Biblia, Juan 17, Él está hablando con su Padre. Le dice: "Padre, aquí están los míos, los tuyos, porque tú me los diste." Le dice cuatro veces en Juan 17: "Mientras yo estaba en el mundo, yo los guardé en tu nombre." Ahí está el nombre otra vez. "Yo los guardé en tu nombre, todo lo que tu nombre representa."
"Pero yo me voy, yo voy a morir." Es como: "Yo voy a estar fuera de acción." Escucha entonces lo que Él le ora al Padre: "Padre santo, guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo los guardé, pero yo me voy. Guárdalos tú."
Tú vas a recibir una salvación de esa calidad, con esa garantía, con ese grado de amor, de fidelidad hacia ti, y responder de una manera frívola y superficial no es racional cuando tú lo haces, cuando yo lo haga o lo haya hecho. El celo de Jesús por los suyos no tiene explicación.
Ahora, el hecho de que Dios es mi garantía para llegar hasta el final no dice: "Yo me debo cruzar de brazos." Si yo me cruzo de brazos y pienso: "Bueno, Él es la garantía, yo me voy a esforzar ahí más o menos..." No. De verdad, si tú piensas así o has pensado así, yo creo que la salvación no estaba contigo en ese momento, porque una persona regenerada no puede pensar de esa forma. Y el autor de Hebreos, sabiendo que ellos van bien, les dice: "Pero deseamos que cada uno de ustedes muestre la misma solicitud hasta el fin para alcanzar la plena seguridad de la esperanza."
O sea, que si yo no alcanzo la seguridad de la esperanza, ¿qué fue? ¿Que perdí la salvación? No, no, no. Es que fuiste fiel hasta un momento y luego te fuiste. "Que muestre la misma solicitud hasta el fin para alcanzar la plena seguridad de esperanza, a fin de que no sean perezosos, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas."
La Nueva Versión Internacional, mira cómo lo dice. "Deseamos, sin embargo, que cada uno de ustedes" —versículo 11 y 12 del texto de hoy— "siga mostrando ese mismo empeño, un empeño hasta la realización final y completa de su esperanza." Hasta el final, el mismo empeño. ¿Cuál? ¿Qué es lo que les está diciendo a estos hombres y mujeres? "Lo que ustedes están haciendo, obrando por amor de su nombre, a favor de los santos y de otros. No sean apáticos; más bien imiten a quienes por su fe y paciencia heredan las promesas."
¿Notaste el estímulo a continuar hasta el fin y el hecho de que no deben ser apáticos? Y así entonces tú vas a ser de los que van a heredar promesas. Dios no es infiel para con nosotros tampoco. Tu trabajo no es en vano.
La fidelidad de Dios no es algo nuevo en el Nuevo Testamento. Al pueblo de Israel, yo quiero leerte un solo versículo, en la medida que vamos aproximándonos al final, para que tú veas de qué manera Dios le juró fidelidad al pueblo de Israel. Y esa es una de las razones por las que nosotros creemos que Israel todavía tiene otra oportunidad bajo el gobierno de Dios de recibir enormes bendiciones en un futuro, como habla Romanos 11:25 y 26. Escucha lo que dice Jeremías 32:40.
"Haré con ellos" —hablando de la nación de Israel— "un pacto eterno, de que yo no me apartaré de ellos para hacerles bien, e infundiré mi temor en sus corazones para que no se aparten de mí."
Voy a hacer un pacto eterno. Ese pacto no va a terminar. Pablo lo dijo: "Si somos infieles, Él permanece fiel." Yo tengo un pacto con ellos. Yo voy a hacer lo que sea para que mis redimidos, mis escogidos lleguen. Pacto eterno. Número dos, Él le jura fidelidad a ellos de permanecer cercano a ellos. Y le juró que la razón por la que quería permanecer cercano a ellos era para hacerles bien, no para disciplinarlos, no para estarlos espiando. No. Es para hacerles bien. Y finalmente prometió: "Infundiré mi temor en sus corazones para que no se aparten de mí."
¿Hasta dónde el amor de Dios ha llegado por los suyos? "Si tú no tienes temor de mí, yo lo voy a infundir en ti." No terror, sino una inclinación reverente, una apreciación por la obra mía, para que entonces tú puedas tener una inclinación reverente que te lleve a obedecer. Reverencia y obediencia van de la mano. Mi desobediencia es porque no tengo reverencia hacia Dios, su nombre, su obra. Y lo mismo que le prometió a la nación de Israel, la fidelidad se la promete a la iglesia. De hecho, Él dijo en Mateo 16:18: "Las puertas del Hades no prevalecerán contra mi iglesia."
Pero tenemos que hacer lo que el texto de hoy nos dice. Tenemos que esforzarnos hasta el final.
Déjame cerrar con este texto de esta misma carta de Hebreos, capítulo 10, versículos 32 al 36. "Pero recuerden los días pasados, cuando después de haber sido iluminados ustedes soportaron una gran lucha de padecimientos." En el primer grupo hay gente que fue iluminada, pero lamentablemente se apartó, apostató de la fe. En este caso, ellos fueron iluminados y después de ser iluminados soportaron una gran lucha de padecimientos. Versículo 33: "Por una parte, siendo hechos un espectáculo público en oprobios y aflicciones. Y por otra parte, siendo compañeros de los que eran tratados así." Los que eran maltratados, ellos les acompañaron porque tuvieron compasión de los prisioneros. Esto estaba refiriéndose a prisioneros por causa de su nombre.
"Y aceptaron con gozo el despojo de sus bienes, sabiendo que tienen para ustedes mismos una mejor y más duradera posesión." ¿Tú sabes lo que la tradición judía describe? Esta gente fue a la cárcel a visitar amigos de ellos que eran cristianos, que los habían metido en la cárcel por ser cristianos, y cuando llegaron a su casa no había nada en la casa: se habían llevado todo. Aceptaron con gozo el despojo de sus bienes después que vinieron de ver a los prisioneros.
Es como que yo estoy en la cárcel y alguien me venga a visitar para empatizar conmigo, para orar conmigo, para infundirme aliento, y cuando llega a su casa no hay nada, y dice: "¡Gloria a Dios! ¡Aleluya!" Porque ellos sabían que lo que habían perdido eran puras cosas temporales.
No sé si te has percatado, pero todo lo que tú tienes lo van a quemar. Este mundo es desechable, hermanos. Este es un mundo desechable. No sé si tú lo has leído en las páginas de la Biblia.
Por tanto, no desechen su confianza, la cual tiene gran recompensa, porque ustedes tienen necesidad de paciencia. Claro, porque todavía no hemos llegado. Para que cuando hayan hecho la voluntad de Dios, obtengan la promesa.
Hermano, nosotros tenemos grandes garantías, pero la motivación para obrar hoy no son las recompensas. Un número de veces he tenido que debatir ese concepto con hermanos míos amados: las recompensas no son la motivación, no. Tú obras por amor de su nombre, en agradecimiento por las cosas extraordinarias que Dios ha hecho a favor de los suyos, que tú y yo ni siquiera podemos llegar a entender.
Y luego las recompensas vendrán, y tú las vas a disfrutar, y simplemente serán una muestra de la fidelidad de Dios, porque lo que Él promete, Él entrega.
Padre, gracias por tus promesas, por la garantía de tus promesas. La garantía de tus promesas es la esencia de tu ser: tu fidelidad. Tú eres justo, tú eres santo, tú eres amoroso, misericordioso; tú eres un Dios lleno de gracia. Tú amas, y amas infinitamente, amas a los tuyos.
Y negar una sola de tus promesas es negarte a ti mismo, lo cual es una imposibilidad. Es arrepentirte, lo cual también es otra imposibilidad.
Ayúdame a creer tus promesas. Ayúdame a vivir por fe. Abre mis ojos. Sensibiliza mi corazón. Déjame sentir la hermosura, el peso de la obra de Cristo. Señor, ayúdame a amar a Cristo por encima de todo lo que yo he amado hasta el día de hoy.
Perdóname por no haberte amado de una manera digna de quien tú eres. Ayúdame a vivir una vida más preocupada por la reputación de tu nombre que por la reputación del mío, para tu gloria en Cristo Jesús. Su pueblo dice: «Amén.» Amén. Bendiciones.
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