Creer que Dios existe no es suficiente para ser salvo. Esa es la tensión que atraviesa este sermón de principio a fin. Los demonios tienen información sobre Dios —notitia— y saben que es verdad —assensus—; incluso oran y reciben respuesta. Sin embargo, eso no los salva. Del mismo modo, religiosos, moralistas y personas criadas en hogares cristianos pueden acumular toda esa misma creencia sin haber experimentado jamás una conversión genuina.
El sermón se ancla en Lucas 23:33–43, la escena de la crucifixión. Uno de los ladrones crucificados junto a Jesús pasó de insultarle a reprender a su compañero con una convicción sorprendente: reconoció que él y el otro merecían su castigo, que Jesús no había hecho nada malo, y que ese hombre crucificado a su lado era rey. No pidió librarse de la cruz. Pidió que Jesús se acordara de él en su reino. Esa es la fiducia, la confianza personal y entrega que los demonios nunca ejercen y que constituye el corazón de la fe salvadora. A ese hombre —sin bautismo, sin iglesia, sin clases de membresía— el Señor le respondió: "Hoy estarás conmigo en el paraíso."
El pastor Crespo ilustra todo esto con la historia real de un predicador escocés en el Titanic, quien en sus últimos minutos de vida nadaba entre los náufragos repitiendo una sola frase: "Cree en Cristo y serás salvo." El mundo, como ese barco, lleva siglos haciendo agua. Aferrarse a la moralidad, la religión o cualquier otra tabla flotante no cambia el destino final. La buena noticia es que hasta en la puerta misma de la condenación, la gracia de Dios puede alcanzar a cualquiera que reconozca su pecado y confíe en Cristo.
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Señor, te queremos dar las gracias porque tú diste la oportunidad a nuestra congregación de poder celebrar esta conferencia por su causa. Gracias, Padre, por cada expositor. Gracias, Padre, por cada taller que se dio. Gracias a cada persona que lo vio y lo escuchó.
Queremos rogarte, Señor, que toda esa palabra dicha germine en la vida de todos y cada uno de nosotros. Y en esta mañana, Señor, mira las personas que están sintonizadas desde sus hogares. Mira las personas que están acá, que han venido por primera vez, que creen que te conocen, Señor, que han venido muchas veces, o que son miembros de nuestra congregación.
Ayúdanos a todos, Padre, a que hoy pueda ser un día de evaluación de nuestras vidas a la luz de tu palabra, que sea un día de regocijo, de salvación, de restauración, y que podamos salir de aquí diferentes a como hemos llegado. Señor, concédenos no escuchar a un ser humano; ayúdanos a escuchar tu voz. Hemos venido a encontrarnos contigo. Concédenos esa gracia. En Cristo Jesús te lo rogamos. Amén.
Pues bien, mis queridos hermanos, amigos y personas que están sintonizadas, yo quisiera contarles una pequeña anécdota; bueno, más que una anécdota, es una historia real. Corría el año de 1912 y allá en ese año había un predicador escocés. Y este predicador escocés era famoso. Era un hombre que había predicado muchas veces.
Este hombre había hecho una campaña evangelística en la iglesia de Moody. Y ahí, en esta iglesia, pues le fue muy bien; Dios bendijo la palabra que él predicó. Y nuevamente lo invitaron a predicar allá por unos tres meses. Él vivía en Escocia; bueno, pues se preparó. Y en aquella época no había aviones, y lo que se utilizaba eran los barcos para cruzar. Le mandaron un boleto en barco de segunda clase, pero era un barco que, imagínese usted, era el mejor barco en el mundo en ese momento: el más moderno, el más seguro, el más lujoso.
Fue una cortesía que le regalaran ese boleto y se lo pagaran en segunda clase. No era primera, pero quizás fuera algo como clase business al día de hoy, ¿verdad? Una clase un poquito más holgada. Estaba bien. Iba con su hija de seis años. Y ese era el viaje inaugural de ese barco, que iba desde Liverpool a Nueva York, y de ahí seguiría él rumbo a Chicago. El único detalle era el nombre de ese barco: se llamaba el Titanic.
Y si ustedes se saben la historia o vieron la película, pues ustedes saben que ese lindo barco chocó con un iceberg allá por el noroeste de Canadá, y se hundió. En el momento en que choca con el iceberg y ya se sabe que se va a hundir, él inmediatamente se puso a ayudar a las personas en las operaciones de abandonar el barco. Y se veía que las personas que recuerdan lo que él hacía, pues él se paraba junto a los botes y decía: "Mujeres, niños e inconversos primero, por favor." Su niña y alguien que lo ayudaba subieron; él los montó en el bote número 11 y se sobrevivieron al naufragio.
Pero él estaba ahí ayudando a todo el mundo, y agarró y se quitó su chaleco salvavidas y se lo dio a alguien. Y la persona que estaba al lado le dijo: "Lo que usted acaba de hacer es una imprudencia muy grande, porque usted lo va a necesitar, lo más probable, ese chaleco en unos momentos." Él respondió: "Mi amigo, este barco va para abajo, pero yo voy para arriba."
Y efectivamente, el barco fue para abajo. Pero decían que mientras estaba en el mar, con el barco hundido y los sobrevivientes agarrándose de una tabla, de una mesita, y los botes flotando, se veía a él flotando en las olas. Se acercaba a algunas personas y les preguntaba: "¿Eres salvo?" Si la persona decía: "No", pues él le decía: "Cree en Cristo y serás salvo." Y se iba a otro lado y preguntaba: "¿Eres salvo?" Y si le decía: "No", pues: "Cree en Cristo y serás salvo."
Al final se acercó a una persona y le dijo: "¿Eres salvo?" Dijo: "No." "Pues cree en Cristo y serás salvo." Se iba. Dice que la ola lo alejó; nuevamente lo acercó a la misma persona y volvió y le preguntó: "¿Ya eres salvo?" Dijo: "No." "Pues cree en Cristo y serás salvo." Y volvió y se lo llevó la ola. Ese señor se puso a pensar en lo que acababa de escuchar y le entregó su vida al Señor ahí en ese momento.
Esa fue la última vez que se supo del predicador. Su jornada evangelística fue, pienso yo, los sermones con mayor convicción que predicó en esos momentos. Cuatro años después, aproximadamente, los sobrevivientes del Titanic se reunieron, y ahí estaba ese señor, el último que se creía había visto con vida a este predicador. Y él todavía estaba yendo a una iglesia, perseveraba en la fe y seguía caminando en Cristo. O sea, que por lo menos hay una constancia de que hubo, por lo menos, un fruto. Y nunca se va a saber realmente cuántas personas se convirtieron antes de fallecer.
¿Qué nos trae esta historia? Que justo las personas enfrentando la muerte en el momento final, aún ahí hay misericordia y gracia de Dios. Aún ahí aparece salvación.
Su mensaje fue corto. No había mucho tiempo para hacer exégesis, un bosquejo, venir y predicar; ahí no había mucho tiempo para eso. No había anuncios que dar, no había una banda que tocara. Era para abajo que todo el mundo iba: si no era espiritual, por lo menos físicamente, todos iban a fallecer. Por lo tanto, no había mucho tiempo ahí para predicar muy largo. Tenía que ser el mensaje corto y conciso: "Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo." Hechos 16:31, para los que quieran la cita.
El problema es que en esta época no es tan fácil ese mensaje. ¿Por qué? Porque en aquella época a la gente le decían: "Cree en Cristo y serás salvo", o "¿Crees en Cristo?", y era fácil entender que la pregunta se refería a si eras cristiano o no. Eso era fácil entender. De hecho, cuando el Señor me llamó a conversión a mí en los años 80, en 1980, en República Dominicana solo había un 4% de población evangélica. La mayoría de los que nos convertimos en ese momento éramos cristianos de primera generación. Y decirle a una persona: "Él es creyente", todo el mundo sabía contestar con claridad: "Sí" o "No."
Pero al día de hoy es más complejo eso. "¿Él es creyente?" "Sí, claro." Y más si la persona, si el hermano o la hermana está interesada en ese señor o señora, pues con más razón se contesta: "Sí, claro." Entonces hay que llevar un poquito más allá la pregunta. "¿Pero él cree en Dios?" "Sí, claro, siempre ha creído en Dios, desde chiquito. Y muy buena gente, muy trabajador o trabajadora, y de muy buena familia."
"¿Pero es cristiano?" "Bueno, él va a la iglesia y le gusta la religión." Pero nada de eso responde a la pregunta de si se convirtió. Y hay veces que hay que sacarlo con cucharita: "¿Pero alguna vez hizo una profesión de fe en Cristo? ¿Le ha pedido perdón a Dios por su pecado y se ha convertido?" "Bueno, así no." Hay veces que hay que sacar eso por cucharita. Por cucharita. Entonces al día de hoy no es tan fácil preguntar si crees en Cristo. No es tan fácil decirlo.
Por eso, yo les propongo que vayamos a Lucas capítulo 23 y veamos qué significa en la Biblia creer en Cristo. ¿Qué significa los elementos de una verdadera conversión? Y sobre todo que veamos la abundante gracia del Señor. Que aún en la misma puerta de la condenación, en la misma boca del infierno, el Señor puede rescatar a cualquiera de ahí.
Voy a estar leyendo a partir del versículo 33, Lucas 23:33, y voy a llegar hasta el 43, pero me voy a ir parando para ir viendo el texto e irlo analizando. Estamos en la crucifixión. Dice: "Cuando llegaron al lugar llamado la Calavera, crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: 'Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.' Y los soldados echaron suertes repartiéndose entre sí sus vestidos. El pueblo estaba allí mirando, y aun los gobernantes se burlaban de él diciendo: 'A otros salvó, que se salve él mismo, si este es el Cristo de Dios, su escogido.' Los soldados también se burlaban de Jesús diciendo: 'Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.' Había también una inscripción sobre él que decía: 'Este es el rey de los judíos.'" Por esa causa fue que lo crucificaron. Eso es lo que se ponía arriba a los crucificados, la causa por la cual lo habían condenado a muerte.
Si ustedes se ponen a ver los actores que están en esta escena, lo primero que mencionan ahí son unos malhechores. Y si ustedes recuerdan, ese día iban a crucificar a tres. Vamos a comenzar por el malhechor que falta. ¿Por qué? Porque en los evangelios se nos dice que eran ladrones, que eran malhechores. Pero resulta que los romanos no crucificaban ladrones. Entonces, ¿por qué estos ladrones están siendo crucificados?
Y quizás algo que nos pueda ayudar es el que falta. ¿Quién es el que nos falta acá, que fue liberado? Barrabás. Y dice lo siguiente en el versículo 18: "Pero todos ellos gritaron a una." ¿Recuerdan cuando Poncio Pilato les dijo: "¿Quién quieren que suelte, a Barrabás o a Jesús, el Cristo?" Y todo el mundo dijo: "No, fuera con este y suéltanos a Barrabás." Barrabás había sido echado en la cárcel por un levantamiento ocurrido en la ciudad y por homicidio. Y dice el versículo 25: "Y él soltó al que ellos pedían, al que había sido echado en la cárcel por insurrección y homicidio."
Y nos dice Mateo, en el versículo 16: "Tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás." Estamos viendo que este hombre era primero famoso, muy conocido. Estaba ahí por un levantamiento ocurrido en la ciudad, por insurrección y homicidio. Marcos nos dice incluso que estaba ahí por el levantamiento. Parece que fue un levantamiento que no fue lo suficientemente grande como para estar en los libros de historia, pero no fue tan pequeño como para que la gente que escribió esto no se acordara de qué fue lo que ocurrió.
Es como si nosotros aquí en República Dominicana dijéramos que Juanita sobrevivió a la caída del techo de la discoteca. Como que todo el mundo aquí sabría más o menos cuál fue el techo, de cuál discoteca que se cayó hace poco. Sin embargo, es un evento que no creo que vaya a estar cien años después en los anales de la historia dominicana. En los anales de la historia está el trabucazo, por ejemplo, en la Puerta del Conde, ¿verdad? O en la Puerta de la Misericordia. Pero no va a aparecer que un techo se cayó, aunque fue un hecho muy lamentable. Pues esto más o menos ocurre aquí. Fue un levantamiento lo suficientemente grave como para que los evangelistas dijeran "cuando el levantamiento", pero no tan grande como para ser puesto en los libros de historia.
Por esto, Barrabás era famoso. Quizás si lo viéramos al día de hoy, fuera una especie del narco famoso colombiano, Escobar Gaviria. Mira cómo la gente sabe de una vez. Pero quizás no fuera tan grande como Escobar Gaviria, porque en aquella época Barrabás no creo que tuviera tanta fuerza como esa gente. Pero quizás aquí en República Dominicana era como los que salían en aquella revista Suceso, que era de prensa roja, usted la sacudía y botaba sangre. Todos los crímenes y todos los asesinatos salían ahí: Papo el Necio, Dani 45, el Profeta, etcétera. Gente muy sonada que se había ganado el respeto en las calles a fuerza de pistola, cuchillo, infundiendo temor. Eso era Barrabás, aparentemente.
Era una persona famosa y reconocida. Quizás era el jefe de la banda, porque no nos dice que los otros dos eran famosos. El que era famoso era Barrabás, pero ya esto es especulación, ¿verdad? Estamos especulando, pero no estamos disparatando, porque el único que dice que era famoso era Barrabás. Pero eso nos da una idea del calibre que eran estos ladrones. Mucha gente dice, por lo regular: "Él era un buen ladrón, el que se convirtió." Y es verdad, era un buen ladrón, eso es lo que era, en superlativo.
Pero no solamente estaban ellos, sino que también estaba el pueblo mirando. Dice que los gobernantes también se burlaban. Mateo 27:41 nos dice que los principales sacerdotes también estaban en eso. Los habían entregado por envidia, y al final dice que los que pasaban lo injuriaban meneando la cabeza. Los principales sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, burlándose de él. También los dos ladrones que estaban ahí lo estaban injuriando. Todo el mundo le estaba injuriando.
Si hacemos una pausita pequeña acá, sería bueno imaginarnos qué es lo que está sucediendo. Ahí estaban los principales sacerdotes, los escribas y los gobernantes, gente que supuestamente conocía la Palabra de Dios, gente que había estudiado la Biblia a profundidad. Y estaban ahí, en la cruz, burlándose de alguien que estaba crucificado, botando mucha sangre, con una corona de espinas. Y ni así tenían misericordia de él.
Yo no sé si usted alguna vez ha tenido alguien en el pasado que le ha tenido tirria, como decimos los dominicanos, que lo ha odiado. Pero yo creo que ni al peor enemigo de uno, uno lo viera en esa condición y lo que haría sería burlarse de él. Esta gente que eran religiosos, moralistas, buenos en la sociedad, se estaban burlando del autor de la vida. Por ignorancia, sí, pero hay que ser muy cruel y muy malo para hacer eso. Es decir, que la teología y la religión no nos sirven para nada para transformar el corazón.
Pero estaban los soldados y estaba el pueblo en general. Quizás uno diga: "Usted ve, por eso es que yo no voy a esos seminarios. Mira cómo sale la gente de mala de ahí." Bueno, estaba la gente común y corriente también. Estábamos tú y yo pasando por ahí, y también la gente que pasaba, ninguno se conmovió. Se burlaban también del crucificado. Todo el mundo ahí. ¿Y sabes qué es lo triste? Si le hubiera preguntado, todos creían en Dios. Todos creían en Dios. Quizás los soldados romanos creían en más de un Dios, de tanto que creían. Pero todos creían en Dios. Es decir, que ese tipo de creencia no sirve para absolutamente nada.
Bueno, es verdad. Pero yo tengo información de que Dios existe. Eso es bueno, no es malo eso. Santiago 2:19. Si alguien lo busca bien, si no, si lo tienen en su celular, pues se lo pueden enseñar a alguien si no lo tiene. Dice: "Tú crees que Dios es uno, haces bien." Mira, no es malo eso. Haces bien. "También los demonios creen y tiemblan."
¿Tú crees que Dios es uno? Pues él cree más que tú y que yo, porque él lo ha visto físicamente y nosotros no lo hemos visto. O sea, él sabe que Dios existe. Por lo tanto, si creemos que Dios existe, tenemos la misma fe del diablo y sus demonios. Es decir, tenemos información de que Dios existe. Los antiguos le llamaban a eso notitia: tienen información de que Dios existe.
Pero no solamente tienen información. Dice aquí que creen y tiemblan. O sea, no solamente tienen la información de que Dios existe, sino que ellos también conocen que es verdad. Tienen assensus: entienden que la información recibida es cierta. Y eso no ayuda. Bueno, vámonos a Marcos capítulo 5.
Quizás alguien pueda decir: "Pero yo no solamente tengo la información, yo creo de verdad que él existe. Es más, yo le he orado y él me ha contestado oraciones. Hasta milagros me ha hecho." ¿Y ahora? Ahora sí. Vámonos a Marcos 5, no pelee conmigo.
Dice: "Llegaron al otro lado del mar, a la tierra de los gadarenos. Cuando Jesús salió de la barca, enseguida se acercó a él de entre los sepulcros un hombre con un espíritu inmundo, que tenía una morada entre los sepulcros y nadie podía atarlo ni aun con cadenas, porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, pero había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie era tan fuerte como para dominarlo. Siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y en los montes dando gritos e hiriéndose con piedras." Un endemoniado.
"Cuando vio a Jesús de lejos, corrió y se postró delante de él." El demonio. "Y gritando a gran voz dijo: '¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo?'" El demonio sabía que Jesús era el Hijo del Dios Altísimo. Tenía assensus. Él sabía, no solamente tenía la información, él sabía quién era Cristo. Él sabía perfectamente quién era él.
Y miren ahora lo que hace: ora. ¿Qué es la oración? ¿No es hablar con Dios? Dice: "Te imploro." Imploró a Dios. "Te imploro por Dios que no me atormentes, ten misericordia de mí." ¿Sabía orar el demonio? Porque Jesús le decía: "Sal del hombre, espíritu inmundo." "¿Cómo te llamas?", le preguntó Jesús. "Me llamo Legión", responde, "porque somos muchos." Le rogaba, le imploraba, le rogaba. Entonces, con insistencia... Si esta fue la única vida de oración de este demonio, quizás sea mejor que la de muchos de nosotros. Imploraba y rogaba con insistencia que no los enviara fuera de la tierra. Había allí una gran manada de cerdos paciendo junto al monte, y los demonios le rogaron otra vez diciendo: "Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos." Jesús les dio permiso.
Este demonio tenía notitia, conocimiento, tenía la información; pero además de eso, creía que la información que tenía era verdadera. Le oró a Dios y Dios le contestó su oración. Por lo tanto, si tu creencia en Cristo es hasta ahí, todavía tienes la misma creencia y la misma fe de los demonios.
Bueno, la verdad es que yo no sé por qué vine hoy para acá, habiendo tantas iglesias buenas, y me tocó un pastor hoy... ¿Por qué no se fue para allá mejor, verdad? Todo el mundo se fue para allá. Entonces usted se queda. ¿Quién me mandaría venir hoy para acá sabiendo yo que los pastores estaban fuera, verdad? Oye, oye, oye, qué cosa tan grande.
Ya nosotros hemos visto qué no es una fe verdadera, qué no es creer en Dios. Pues vamos a ver entonces qué es creer en Dios, verdad, para salir de este impasse. Dice el versículo 39 de Lucas 23: "Uno de los malhechores que estaba colgado por allí le lanzaba insultos, blasfemias, diciendo: '¿No eres tú el Cristo? Sálvate a ti mismo y a nosotros.'" Hasta ahora la historia va idéntica.
Pero, ahí hay un pero. Hay un pero. Un conectivo lógico, para los que han pasado por los entrenamientos de lectura de la Biblia, ¿verdad? Hay un conectivo lógico y nos va a mostrar un contraste ahora. "Pero el otro le contestó y, reprendiéndolo, dijo..." Yo quiero hacer un paro aquí. Esa palabra "reprendiéndolo" parece como que muchas veces uno le da una reprensión a un niño: "Muchacho, no te portes así." Uno cree que fue eso lo que dijo el ladrón. Pero no. Recuérdense que aquí estamos hablando de pandilleros, de gente mala, que han matado a varias personas, ¿verdad? Gente terrible, que se han ganado el respeto, entre comillas, en la calle, metiendo terror y miedo.
Él lo reprendió, y esa palabra significa que lo reprendió con intensidad. Se están hablando de tú a tú. Ellos se conocían bien. Dice: "Ni siquiera temes tú a Dios, a pesar de que estás bajo la misma condena." El loco que tú estás. ¿Cómo te atreves a estar blasfemando contra Cristo? Se regó el hombre.
Pero ¿qué fue lo que pasó? Que momentos antes este ladrón estaba insultando, y ahora está reprendiendo al que lo insultó. Y su declaración nos va dando pistas. Dice: "Nosotros, a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos. Pero este nada malo ha hecho." Justamente estamos aquí porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos. Convicción de pecado.
Eso es lo que no tienen los demonios: convicción de pecado. Algo pasó en este hombre que en el camino tuvo convicción de pecado. Este hombre no estaba ahí diciendo: "Esto es un abuso. Yo estoy crucificado aquí. Esto es una medida excesiva. Que llamen a los derechos humanos, realmente. Esto está muy mal. ¿Por qué vienen tropas extranjeras a venir a acabar con nosotros, las pandillas que estamos aquí? Eso viola los convenios internacionales. Que llamen a las ONG." Él no está diciendo nada de eso.
Él lo que está diciendo es: "Justo lo que yo estoy pasando aquí. Estamos próximos a ser condenados, inclusive por toda la eternidad, con justicia." Mi amigo, mi amiga que estás aquí, que nos estás escuchando: si tu vida es buena, si eres moralista, religioso; si desde chiquito has creído en Dios y has sido educado en un colegio cristiano, o en tu hogar fueron cristianos, y nunca te has convertido a Cristo y estás confiando en eso, Cristo no es para ti.
Cristo no es para ti. Dice Lucas 5: "El que está sano no tiene necesidad de médico, sino el que está enfermo. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento." ¿Qué dice Mateo 5? Dice: "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos." Lo primero que alguien debe conocer y saber con convicción es que es un pobre de espíritu, un miserable, pobre, ciego y desnudo, aunque diga tener nombre de que vive. Estás en bancarrota espiritual, mereces el infierno.
¿Y usted no? Yo también, por eso fue que lo entendí y me acogí a la misericordia de Dios.
Este hombre entendió eso. Convicción de pecado. Pero no solamente convicción de pecado, entendió la obra de Cristo. Dice: "Y añadió, Jesús, al que está crucificado al lado de él, Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino." Él supo que él podía salvarlo y él supo que él era rey, a este que estaba crucificado al lado.
Si recuerda lo que dice Mateo 1:21, cuando el ángel le dice a María el nombre que le ha de poner al Cristo, él le dice: "Y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará su pueblo de sus pecados."
La obra de Cristo, en primer lugar, no fue librarnos del infierno. No fue: "Yo tenía un matrimonio que estaba fracasando y por eso yo vine a Cristo." "Yo tenía una vida muy vacía y muy hueca y no encontraba algo que la llenara y por eso vine a Cristo." "Yo, la verdad, vivía una vida en depresión y buscando la alegría de la vida, vine a Cristo." No. No.
¿Nosotros creemos de verdad que el Hijo de Dios va a bajar del cielo, va a tomar forma humana para ser nuestro terapeuta familiar, o ser nuestro coach de vida, o ser nuestro terapista de pareja? Hay veces que usted ve en nota que no, ustedes lo que necesitan como pareja es mejorar la comunicación. Todo el mundo necesita mejorar la comunicación. Para eso, mire, no gaste su dinero si no es para eso. Mejore la comunicación, ya se lo dijimos. Gran cosa, hay que mejorar la comunicación, ¿y por eso pagué yo un dinero?
Imagínese usted, pero mejorar la comunicación entre dos pecadores es como darle una mano de pintura a una pared sin varilla. Desde que usted se recueste de ahí se va para abajo entera. ¿Por qué no hay comunicación? Porque cada cual vive para sí mismo; son dos pecadores halando para su lado. Hasta que no se conviertan los dos no se va a solucionar nada ahí. Economícese el dinero desde ahora. Si quiere, pida una cita en consejería y le predicamos el Evangelio, gratis.
Pero este ladrón pudo ver eso. Y no solamente lo vio como Salvador, sino que lo vio también como Señor. Y esa es una parte fundamental. Dice: "Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino." Señor, acuérdate de mí. Perdóname. Y cuando tú estés aquí reinando, acuérdate de mí. Lo aceptó como Salvador y también lo aceptó como Señor en su vida. De ahora en adelante él no iba a hacer lo que él quisiera, sino lo que Dios dijera.
¿Qué hizo después? Bueno, no se bautizó, no tomó clase de pre-membresía, no pudo ir a una iglesia, no se inscribió en el instituto ni en ningún seminario, no fue servidor. No tuvo oportunidad. Sin embargo, miren lo que le dijo el Señor. Entonces Jesús le dijo: "En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso."
¿Todo lo que dije anteriormente es malo? No, no es malo, pero no trae salvación. Lo que estamos hablando es de la salvación, que es mucho más profunda. "Hoy estarás conmigo en el paraíso." ¿Qué era el paraíso? Esa palabra es una palabra rica, plena. El paraíso era una palabra que se usaba para describir los jardines de los castillos persas, los castillos imperiales donde vivían los reyes persas. Eran jardines preciosos.
Y si usted recuerda cómo empezó la humanidad, en el Edén, en un jardín. ¿Cómo va a terminar? Con el árbol de la vida, otra vez, en otro jardín espectacular, en Apocalipsis. ¿Y qué pasa en el medio cuando nos morimos? Que vamos a un jardín a estar en la presencia de Dios.
Pero él no dice: "En verdad te digo que estarás hoy en el paraíso." Le dice: "Hoy estarás conmigo en el paraíso." ¿Saben lo que hace grande el cielo? Lo que hace el paraíso hermoso, lo que hizo al Edén grande, lo que va a hacer también la nueva Jerusalén grande, es que Dios morará en medio de su pueblo. Es la presencia de Dios lo que hace hermoso el paraíso.
Y él está diciendo: "Hoy estarás conmigo en el paraíso." ¿Qué es lo que hizo él? Puso su fe y su confianza en Cristo Jesús. Fiducia. Eso es lo que no hacen los demonios. Nosotros hemos visto que pueden tener noticia, información, notitia, como decían los antiguos. Puedes tener assensus, puedes asentir de que real y efectivamente lo que se está diciendo es cierto, pero la clave aquí está en tener fiducia, fe, confianza, de entregarle tu vida al Señor como Señor y Salvador, reconociendo que nosotros necesitamos de un Salvador porque somos pecadores, y que él es rey de nuestra vida. El que hace eso cree en Dios realmente y es salvo.
Ese mensaje está bueno para las personas que están en necesidad. Gracias a Dios que nosotros no estamos así, sino que somos gente buena y nos ha tocado una situación cómoda en el mundo.
Mi amigo, mi amiga, si tú crees que estamos en una situación cómoda en el mundo, yo te invito a que leas los periódicos un poquito. O que leas algunos casos de las redes, ¿hm? Léelo un poquito. Parece como que el mundo se está desarticulando de a pedazos. No te aferres a este mundo como quizás la gente ponía su confianza en el Titanic. El barco más seguro, lo mejor, no, no te confíes mucho en eso. Este barco chocó con el témpano del pecado hace miles de años.
Hace miles de años. Y está haciendo agua hace tiempo. Y ahora cada año que pasa, cada siglo que va pasando, entra más agua en este barco. ¿Y sabes qué? El barco va para abajo. El barco va para abajo, seguro que sí.
¿No me crees? Puedo leerte tu futuro, gratis también te lo puedo leer. Al final, búscame y vamos a leer Apocalipsis. Te leo tu futuro gratis. ¿Qué es lo que te espera? Malísimo. Si tú no entiendes el Apocalipsis no te preocupes mucho, pero lo que dice es que vienen cosas muy malas. Eso sí se entiende fácil del Apocalipsis. Ese es tu futuro. Se lo leemos gratis también, leyendo el Apocalipsis.
Este barco está haciendo agua. Puedes estar flotando en las olas y puedes decirte agarrar de una madera de la religión. Allá hay una silla de la moralidad, quizás te agarras de esa silla de la moralidad. Esta agua está muy fría, quizás hay que buscar calor. Y están ahí flotando todo el mundo. Quizás cuando se esté inclinando el barco puedan aparecer coaches y expertos, consejeros allá arriba del Titanic, diciendo que sus estadísticas dicen que se va a hundir por allá el barco; por lo tanto, lo mejor es irse para el otro lado. Coge para el otro lado. Motívate, no te quedes ahí donde estás en la vida, muévete hacia delante, muévete hacia arriba; cuando el barco se incline, muévete hacia arriba. No permitas que otro ocupe tu lugar; ve adelante, y si te quitan del medio y te caes, levántate y prosigue hasta la meta.
Todos ellos pueden ser muy buenos consejeros y coaches de vida, pero ¿sabes qué? Pueden llegar hasta el extremo del barco y pueden decir, por un módico precio, que ya tienen reservados diez sitios en lo más alto del barco. Todos se van a ir al fondo. Los coaches, los terapeutas, todo el mundo nos vamos para abajo si nos aferramos a este bote que se está hundiendo, que es el mundo. Se va a hundir, nos guste o no.
Pero ¿sabes qué? Si tu esperanza está puesta en este barco, pues es verdad que es una esperanza falsa. Sin embargo, no vengas a Cristo solamente porque tu esperanza es falsa. Nota que el Señor le dijo: "Hoy estarás conmigo." "Hoy estarás conmigo." La belleza del Evangelio es una buena nueva.
Es verdad que parte de una mala nueva al principio, pero la buena nueva es que hay gracia, misericordia y perdón en Cristo Jesús. Esa es la buena nueva. Decía Spurgeon que el miedo no era la mejor razón para venir a Cristo, pero era saludable. Si vienes a Cristo por lo que sea, está bien, pero no vengas por miedo. Ven por querer tener comunión con Cristo.
Yo no sé lo que hubiera pensado el ladrón que se convirtió, pero si él hubiera sabido esto, yo me imagino que él hubiera querido llegar al Gólgota rápido. "Cristo no puede cargar la cruz. Póngame la de él. Yo cargo la de él y la mía. No tienen que buscar a Arimatea, no pierdan su tiempo en eso, tenemos que llegar rápido. Y a los que van adelante, a los centuriones: 'Ey, muevan eso rápido, que nosotros tenemos... yo quiero llegar allá para que nos crucifiquen. Señor, vamos, yo te ayudo, ven, vamos caminando, vamos caminando, que no lleguemos tarde, vaya a ser que no va la gente y nos dejan de crucificar, vamos.'" ¿Por qué? Porque él sabía que después de la crucifixión había paraíso. Si él hubiera sabido eso, coge su cruz y va delante: "Yo estoy loco que me crucifiquen."
Hoy también puede ser el día de tu crucifixión, de tu morir a tu vida anterior y tener una nueva vida en Cristo Jesús, para que puedas llegar y estar con Él en el paraíso. Hoy es el día de salvación. Hoy es el tiempo aceptable. Que Dios bendiga su palabra en esta mañana.
Vamos a orar brevemente. Señor que estás en los cielos, Padre, nosotros queremos venir delante de tu presencia en esta mañana, implorándote por misericordia. Señor, tu palabra ha sido expuesta en este día. Queremos suplicarte que tú tengas misericordia, Padre, de muchos en este día.
Padre, así como tú moviste el corazón de este ladrón en la cruz para pedirte perdón por sus pecados y aceptarte como Señor en su vida, quiero rogarte, Padre, que ese milagro ocurra hoy, aquí, Señor, en nuestro templo, y en los sitios donde están escuchando esta transmisión. Padre, tu Hijo nos dijo que el nuevo nacimiento es como el viento, que no sabe de dónde viene ni a dónde va; así es todo el que es nacido por el Espíritu. Padre, baja las barreras hoy. Que no confiemos, Señor, en nuestra moralidad, nuestra religión, nuestras buenas obras. Ayúdanos, Padre, a poder aferrarnos a ti. Que hoy, Señor, sea un día de salvación.
Quédate un momento con los ojos cerrados. Quiero darte unos segunditos. Si tú nunca le has pedido perdón al Señor por tus pecados, de esta manera que estamos hablando, aprovecha y hazlo ahora. Acéptalo como Salvador, pero también como Señor de tu vida. Que de ahora en adelante tú no vas a hacer lo que tú quieras, sino lo que Él diga.
Puede haber temor de que vas a fallar; seguro vas a fallar, yo también he fallado. Pero recuerda que la salvación es por gracia, no por obras. Al ladrón no le pidieron que enmendara lo que había hecho. Lo único que él hizo fue pedir perdón y decirle a Cristo que se acordara de él en su reino. Haz eso también en el día de hoy. Ora tú solo por un momento.
Señor, gracias, Padre, por aquellos que han decidido entregar hoy su vida a ti, Señor, de diferentes maneras, en arrepentimiento y conversión, en entrega. Ayúdanos, Señor, a poder salir de aquí contentos, motivados, porque te hemos visto, Padre, porque hemos tenido comunión contigo. Gracias, Señor, por el paraíso. Paraíso eres tú. No hay mejor sitio que donde tú estás. Ayúdanos a experimentar tu amor de una manera profunda en nuestras vidas, Señor, de manera tal que tu amor abunde más y más en nuestros corazones, y que de la abundancia del corazón hablen nuestras bocas, compartiendo a los demás del amor que tú nos has dado.
Que hoy sea un día, Señor, de restauración, de salvación y de gozo para nuestra alma. En Cristo Jesús te lo rogamos. Amén. Que Dios los bendiga a todos, hermanos.
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Enrique Crespo fue llamado a salvación en 1980 y desde entonces ha servido al Señor en la evangelización, enseñanza, consejería y predicación. Es miembro de la IBI desde 2005 y, desde 2015, dirige Misión Antioquía, el ministerio de evangelismo, plantación de iglesias y misiones de la iglesia. Posee estudios en Mercadeo, Derecho, Educación y Teología, incluyendo una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Aurora Almánzar y tienen tres hijos adultos: Aldo, Iván y Javier.