Integridad y Sabiduria
Sermones

Melquisedec: el sacerdocio que apuntaba a Cristo

Miguel Núñez • 19 octubre, 2026

Melquisedec es quizás el personaje más enigmático de toda la Biblia: aparece brevemente en Génesis 14, reaparece en el Salmo 110 mil años después, y vuelve a ser mencionado en Hebreos 7 para revelar algo que ni Abraham ni Moisés llegaron a entender plenamente. El pastor Núñez expone este pasaje con una pregunta de fondo: ¿por qué necesitaba cambiar el sacerdocio? La respuesta es directa. El sacerdocio levítico, aunque dado por Dios y bueno en sí mismo, no podía perfeccionar a nadie. La ley era santa y justa, pero su única función real era mostrarle al ser humano su pecado — no removerlo. Quienes la administraban eran hombres mortales y fallidos: el primer sumo sacerdote fabricó un becerro de oro, sus hijos ofrecieron fuego extraño y fueron consumidos, y los profetas denunciaron la corrupción sacerdotal con frecuencia. Ninguno de ellos podía representar genuinamente al pueblo delante de Dios.

Melquisedec no fue ese sacerdote, pero apuntó hacia él. Era rey y sacerdote al mismo tiempo —algo prohibido bajo la ley—, gobernaba en Salem (Jerusalén) con justicia y paz, y aparece en el Génesis sin genealogía, sin principio ni fin registrados. El autor de Hebreos lo presenta como una tipología: un tipo en el Antiguo Testamento cuyo antitipo es Cristo. Así como la serpiente de bronce en el desierto apuntaba a la cruz, Melquisedec apuntaba al sacerdote eterno que vendría.

Cristo es ese antitipo: descendiente de Judá —no de Leví—, rey y sacerdote simultáneamente, cuyo sacerdocio no depende de linaje sino de vida indestructible. Cuando Abraham le pagó diezmos a Melquisedec y recibió su bendición, el autor de Hebreos argumenta que Leví mismo, aún no nacido, estaba en los lomos de su bisabuelo. En ese sentido simbólico, todo el sacerdocio levítico reconoció la superioridad de Melquisedec —y por ende, la superioridad del sacerdocio de Cristo al que él prefiguraba. Vivir de este lado de la cruz es un privilegio extraordinario: sabemos lo que profetas y patriarcas anhelaron ver y no vieron.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Señor, nosotros decíamos: "Me glorío." Y te decíamos entonces: "Hasta que me llames a tu rostro, siempre he de contemplarte." Y quién sabe si uno de nosotros, incluyéndome a mí mismo, será llamado esta noche a contemplar tu rostro.

Señor, si esa fuera la realidad y lo hubiésemos sabido hace una semana, ¿qué hubiéramos hecho diferente? Si lo hubiésemos sabido hace un mes, ¿cómo hubiésemos vivido ese mes, a diferencia de cómo lo vivimos realmente?

Señor, ayúdanos a entender que mi tiempo de partida es cualquier día que tú decidas. No importa la edad de cada uno de nosotros; ayúdanos a vivir a la luz de la eternidad, de manera que podamos vivir cada día, cada semana, cada mes, cada año, a la luz de que cualquier día puede ser mi día. Y si yo hubiese vivido mis días anteriores de otra forma, entonces esa es la voz tuya diciendo: "Pues vive de otra forma." Porque es la única manera de honrar la cruz, de honrar la sangre, de honrar tu nombre, honrar tu causa, honrar tu santidad.

Si yo cambiaría mi estilo de vida sabiendo que voy a partir pronto, eso dice que yo sé cómo debo vivir. Simplemente no he querido hacerlo.

En el nombre de Cristo, Dios, abre nuestros ojos. Haznos personas sobrias que no desaprovechan el tiempo, que aprovechan bien el tiempo porque los días son malos, y que han decidido, como dice tu Palabra en Efesios 5, no ser necios, porque hemos llegado a ser sabios. Ayúdanos a escuchar tu Palabra en el día de hoy con sabiduría. Ayúdame a mí a predicarla con sabiduría, con discernimiento, con gracia, con verdad, con tu autoridad, y sobre todo con la guía de tu Espíritu. Te lo pedimos en Cristo Jesús, y su pueblo dice: "Amén."

Amén. Bendiciones. Abrimos la Palabra de Dios en la carta a los Hebreos, capítulo 7, adonde hemos estado transitando ya por un tiempo. Vamos a iniciar la exposición del capítulo 7 de esta carta. Yo decía en el mensaje anterior que este no es un texto fácil de predicar, y no es necesariamente que en sí mismo sea tan complejo. Es que la historia detrás tiene que ver con la ley, el sacerdocio levítico, e incluso con parte de lo que fue una experiencia que Abraham tuvo, descrita en Génesis 14. Y cuando tú interrelacionas todos esos hechos no tan bien conocidos, entonces el pasaje se hace un tanto difícil para nosotros.

Pero el pasaje tiene mucho que ver —no voy a decir todo, pero tiene mucho que ver— con este personaje: Melquisedec. Quizás el personaje más enigmático de todo el Antiguo Testamento, y yo diría incluso de toda la Biblia. Realmente, la manera como la Palabra de Dios describe a Melquisedec resulta un reto para nosotros identificar quién finalmente fue esta persona. El autor de Hebreos lo cita por primera vez en 5:6 y vuelve a hacer mención en 5:10.

Y luego, ahí como que él hace un alto y abre un paréntesis, porque menciona a Melquisedec y dice: "Con relación a esto" —¿a qué cosa? a lo que vengo diciendo de Melquisedec— "con relación a esto, tengo mucho que decir, pero es difícil de explicar." Pero inmediatamente pasa a decir: "El problema no es que sea difícil de explicar en sí mismo, es que ustedes se han vuelto tardos para oír." La dificultad en explicarlo es el hecho de que ustedes han retrocedido y han vuelto a tener necesidad de que se les enseñe los primeros oráculos de Dios, y han vuelto a tener necesidad de leche y no de alimento sólido, porque el alimento sólido es para aquellos que tienen los sentidos ejercitados para diferenciar el bien del mal. Todo eso está ahí.

Entonces, en vez de continuar con Melquisedec, él abre un paréntesis y comienza a traer palabras de advertencia. Las primeras son esas: acerca de que te has estancado, has vuelto atrás, estás peor que hace un tiempo. Él dice: "Algunos de ustedes debieran ser maestros, y ahora yo no puedo explicarles esto."

Pero él continúa, y cuando llega el capítulo 6, hace un llamado todavía más fuerte, más serio, más sobrio, y enseña que para algunos es posible que crucen la línea de no retorno para el arrepentimiento, de manera que ya no hay más oportunidad para arrepentirse. Y a la verdad es que ninguno de nosotros sabe cuál es esa línea de no retorno. Pero hay una diferenciación que hicimos en el momento: el problema es que esa línea es cruzada por personas que muchas veces estuvieron genuinamente convencidas de que eran cristianos y al final no lo eran. Y yo les di varios ejemplos en ese momento, en la historia de la iglesia, de personas que fueron incluso evangelistas, a través de cuyo mensaje otras personas se convirtieron, y que luego negaron la fe.

Luego dedicamos todo un sermón a solamente explicar ese concepto de cruzar la línea de no retorno, y después hablamos de cómo el autor quería afirmar y estimular a aquellos que estaban caminando bien para que siguieran haciéndolo, para que entendieran que la necesidad de la perseverancia era algo importante, y que Dios mismo en su fidelidad es quien realmente termina haciéndonos perseverar.

Y ahora en el capítulo 7 de la carta a los Hebreos, el autor regresa a donde él se había quedado en Hebreos 5:10, para retomar el tema de Melquisedec y darnos los detalles que no nos había dado anteriormente. Recuerda: el tema central de esta carta es el sacerdocio de Cristo, la superioridad del sacerdocio de Cristo. Y eso es lo que él va a tratar de mostrar ahora. Nos va a hablar de Melquisedec y de su sacerdocio, pero la única intención es arribar al punto donde tú y yo podamos entender, debido a la historia de Melquisedec, la superioridad del sacerdocio de Cristo.

Ese es el tema del capítulo 7. En el capítulo 8, el autor quiere que podamos entender que ahora nosotros estamos bajo un mejor pacto que Cristo inauguró. Mejor sacerdocio, mejor pacto. Capítulo 9: se habla de un santuario celestial mejor, superior al santuario terrenal donde entraba el sumo sacerdote una vez al año al lugar santísimo. Cristo entró a un lugar santísimo celestial, superior y mejor que ese terrenal. Y el capítulo 10 habla de que el sacrificio que Cristo ofreció es un mejor sacrificio. ¿Notaste? Un mejor sacerdocio, un mejor pacto, un mejor tabernáculo y un mejor sacrificio. Esa es la intención de esta carta.

La vez pasada hablamos de Cristo como el ancla del alma, y esa es una frase, una verdad que está en el versículo 19 del capítulo 6. Yo leí hasta el versículo 20. En el versículo 20 se menciona a Melquisedec, pero no lo toqué a propósito, porque realmente ese versículo 6:20 corresponde al capítulo 7, por así decirlo. Si la Biblia no tuviera separación de capítulos y versículos, como una vez no tuvo por prácticamente mil años, entonces no habría separación entre estos dos capítulos. De manera que menciono eso porque voy a leer los versículos 19 y 20 del capítulo 6 y, sin pausa, voy a seguir al 7:1, porque esos versículos debieran estar juntos.

Entonces, Hebreos 6:19-20: "Tenemos como ancla del alma" —y está la frase del mensaje anterior— "una esperanza segura y firme, que penetra hasta detrás del velo, adonde Jesús entró por nosotros como precursor." Escucha ahora: "Hecho sumo sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec." Eso es lo que yo no toqué.

Hebreos 7:1: "Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote de Dios Altísimo, que salió al encuentro de Abraham cuando este regresaba de la matanza de los reyes y lo bendijo, y Abraham le entregó el diezmo de todos los despojos. El nombre Melquisedec significa primeramente 'rey de justicia', y luego también 'rey de Salem', esto es, 'rey de paz'. Sin tener padre ni madre y sin genealogía, no teniendo principio de días ni fin de vida, siendo hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote a perpetuidad. Considera, pues, la grandeza de este Melquisedec, a quien Abraham, el patriarca, dio el diezmo de lo mejor del botín."

Y en verdad los hijos de Leví que reciben el oficio de sacerdote tienen mandamiento en la ley de recoger el diezmo del pueblo, es decir, de sus hermanos, aunque estos son descendientes de Abraham. Pero aquel, cuya genealogía no viene de ellos, recibió el diezmo de Abraham y bendijo al que tenía las promesas. Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor.

Aquí ciertamente hombres mortales reciben el diezmo, pero allí lo recibe uno de quien se da testimonio de que vive. Y por decirlo así, por medio de Abraham también Leví, que recibía diezmos, pagaba diezmos, porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.

Yo te dije que era un tanto confuso, difícil de interpretar, ¿o no? Pero si quieres entenderlo, ya tú sabes, no puedes distraerte, no puedes estar en otra cosa, tienes que fijar tu atención.

Entonces, el autor de esta carta le escribe a una audiencia, a destinatarios hebreos, judíos. Él entiende que ellos entienden de qué él está hablando, porque justamente ellos son los que estaban viviendo todavía bajo este antiguo pacto. Tenían cientos de años. Y hace referencia a un evento que es narrado en Génesis 14, donde unos reyes se juntan, guerrean contra el rey de Sodoma y en su ataque lograron capturar a Lot, porque Lot vivía en Sodoma.

No me pregunten qué hacía Lot en Sodoma. Lamentablemente, quizás eso explica por qué luego que todo pasa, sus dos hijas lo emborracharon, una noche la una y la otra noche la otra, y tuvieron relaciones con su padre. Y de ahí tuvieron hijos cuyos descendientes le hicieron la vida imposible a Israel posteriormente.

Pero Lot vivía en Sodoma. Abraham se entera y, fiel al fin, piadoso al fin, decide salir a buscar a su sobrino. Entonces recoge, o toma, ¿verdad?, 318 hombres de su propia casa, nacidos en su casa. Obviamente tenía sirvientes; ellos dieron a luz y estos eran ahora personas que formaban parte de su familia o de su grupo de siervos. Con esos 318 hombres, él va y guerrea contra aquellos reyes y rescata a Lot de regreso.

Cuando él viene de regreso, eso es lo que te quiero leer ahora: Génesis 14:17-20, porque aquí está el encuentro con Melquisedec al que se refiere Hebreos 7. "A su regreso, después de derrotar a Quedorlaómer y a los reyes que estaban con él, salió a su encuentro el rey de Sodoma en el valle de Save, es decir, el valle del rey. Y Melquisedec, rey de Salem, sacó pan y vino. Él era el sacerdote del Dios Altísimo. Él lo bendijo diciendo: 'Bendito sea Abraham del Dios Altísimo, creador del cielo y la tierra. Y bendito sea el Dios Altísimo que entregó a tus enemigos en tus manos.'"

Esa es la mención en el libro del Génesis. Luego pasan mil años y no se menciona a Melquisedec, hasta que el Salmo 110:4 lo menciona haciendo referencia al sacerdocio de Cristo, que vendría a ser de la orden de Melquisedec. No hay más mención. Y luego pasan mil años otra vez hasta que el autor de Hebreos recoge el tema y nos da más información.

Lo impresionante es que tú hoy sabes, por lo que lees en el libro de Hebreos, cosas que Abraham no supo de Melquisedec, y cosas que Moisés, que escribió el libro de Génesis, tampoco supo. Yo creo que muchas veces nosotros no apreciamos lo que vivimos de este lado de la cruz; no apreciamos todo lo que sabemos, todo lo que entendemos. Como dice la misma Palabra, muchos profetas de antaño anhelaron ver y oír lo que ustedes han visto y oído, y aun así como que lo tomamos por sentado, ¿no? Es un privilegio, es un privilegio vivir de este lado de la cruz.

Entonces, ¿qué aprendemos? Yo voy a dividir este texto en varias porciones. Bueno, los primeros tres versículos, déjame ver lo que aprendemos. Primero, Melquisedec era rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo. Él era rey y era sacerdote al mismo tiempo. Eso no existe en el Antiguo Testamento en ningún otro personaje. No era ni siquiera una posibilidad bajo la ley. El rey y el sacerdote eran dos funciones que tenían que mantenerse separadas.

De hecho, aquellos reyes que en algún momento tuvieron la osadía de cruzar la línea y ejercer una función sacerdotal recibieron consecuencias severas. Le pasó a Saúl cuando, siendo rey, ofreció sacrificio, y en una sola noche, por una sola falta con relación a una sola función sacerdotal, perdió su reino. "No más paciencia contigo, Saúl." Y le ocurrió todavía a un mejor rey, al rey Uzías, que después de gobernar cincuenta años caminando con Dios, se hizo fuerte, se enorgulleció, y en su estado de orgullo entró al templo, ofreció sacrificio, Dios lo llenó de lepra y fue separado hasta el final de sus días. Tú no eres rey y al mismo tiempo ejerces funciones sacerdotales.

Pero Melquisedec era rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo. Guarda eso ahí, porque eso es algo que Cristo es hoy. Entonces, Melquisedec fue esa excepción.

La razón por la que el autor quizás está mencionando que era rey de Salem, y que es importante para nosotros, es que Salem es un nombre antiguo para la ciudad de Jerusalén. Entonces, Melquisedec era rey de Jerusalén con ese nombre antiguo. La razón por la que lo menciono es porque el profeta Zacarías en 9:9 habla de Jesús como rey de Jerusalén. Melquisedec, rey de Salem, que es Jerusalén; Jesús viene después como rey de Jerusalén, mencionado en Zacarías 9:9. Interesante.

Entonces, ya sabemos que él era rey de Salem y era sacerdote del Dios Altísimo al mismo tiempo. Versículos 1 y 2. Lo segundo que aprendemos es que el nombre Melquisedec tiene un significado. Para nosotros los nombres como que no significan gran cosa; la gente une dos sílabas de este nombre, tres sílabas de aquel, y de repente la persona tiene un nombre. Pero no, no, no. Los nombres judíos tenían usualmente significado.

Entonces, el nombre Melquisedec, versículo 2, significa primeramente "rey de justicia." Eso es importante, porque cuando la Palabra de Dios llama a alguien rey de justicia, eso implica dos cosas: número uno, él está tratando de gobernar con justicia; número dos, él mismo es un rey justo. Y pensar en un rey justo en medio de la inmoralidad abierta de los cananeos era algo sumamente significativo.

Pero también se nos dice que él era rey de Salem, esto es, rey de paz. ¿Por qué rey de Salem implica rey de paz? Bueno, es que Salem viene de la misma raíz hebrea: shalom. De manera que al final él era rey de paz. Y yo menciono eso porque de nuevo en el Nuevo Testamento, de hecho desde el Antiguo Testamento, encontramos referencias similares a Jesús. Isaías 9:6 llama a Jesús "príncipe de paz" y Melquisedec es "rey de paz." Y luego en Isaías 9:7 se nos habla de Jesús como de aquel que habría de venir como soberano, un rey de justicia. Ahí está otra vez, pero es el significado del nombre Melquisedec.

Okay, mantén eso ahí por un momento. Ya aprendimos algunas cosas de los versículos 1, 2 y 3. Entonces se nos dice que Melquisedec aparece en el libro del Génesis sin que se hiciera mención de genealogía, ni de padre, ni de madre, ni nada parecido. Escucha cómo lo dice otra vez: "Sin tener padre ni madre, sin genealogía, no teniendo principio de días ni fin de vida, siendo semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote a perpetuidad."

Algunas de esas cosas dichas son lo que ha hecho a algunos pensar que Melquisedec era como una aparición preencarnada de Cristo: sin padre, ni madre, ni genealogía. En el Antiguo Testamento, donde todo el mundo era hijo de fulano, hijo de fulano, hijo de sutano, donde tú encuentras que Cristo tiene dos genealogías en el Nuevo Testamento, una de parte de Mateo y otra de parte de Lucas.

La genealogía de Lucas llega hasta Adán, y tú vas a encontrar en el Génesis un personaje que no tiene ninguna genealogía. Hasta ahí, entonces, muchos comienzan a pensar: "Bueno, pero quizá es este Cristo mismo en una forma preencarnada, de la cual hay varias en el Antiguo Testamento. Esta no sería la primera vez si lo fuera." De hecho, yo estaba más o menos persuadido de que ese era el caso.

Pero hay una frase en el versículo 3, y otra un poco más adelante, que como que dice: "No, estos son dos personajes diferentes." Escucha: "siendo hecho Melquisedec semejante al Hijo de Dios." Ah, bueno, si es semejante al Hijo de Dios, no es el Hijo de Dios. Permanece sacerdote a perpetuidad.

Bueno, eso de que es sacerdote a perpetuidad como que de nuevo te hace pensar: Melquisedec no puede ser ese sacerdote. No, no puede ser este sacerdote. Pero entonces, ¿cómo compagino? ¿Cómo logro articular todo esto y entender? Bueno, vayamos paso a paso.

La mayoría de los académicos piensan que esto es una tipología de Cristo. ¿Qué es una tipología de Cristo? Algo en el Antiguo Testamento que es un tipo de Cristo. Un tipo en el Antiguo Testamento tiene un antitipo en el Nuevo Testamento. Antitipo no es lo contrario, como frecuentemente nosotros tenemos la idea, sino que si este es el tipo, este lado de la cara, lo que está del otro lado es el antitipo. Entonces, aquí en el Antiguo Testamento aparece algo —aparecen muchas cosas— que del otro lado tú encuentras eso mismo, pero en Cristo.

Déjame ver si te lo puedo ilustrar. El sacrificio del cordero en el Antiguo Testamento era el tipo de Cristo, hasta que viniera el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Eso es uno. Ah, cuando Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, Cristo dice en Juan 3 que de la misma manera que la serpiente de bronce fue levantada en el desierto, así mismo Él será levantado en la cruz. Entonces, la serpiente de bronce que sanaba a las personas que eran mordidas por culebras venenosas al mirarla —Cristo dice—: "Bueno, cuando yo sea levantado en la cruz, semejante a aquella serpiente, viendo la cruz y creyendo lo que pasa en la cruz, ellos serán sanados del veneno del pecado", por así decirlo.

Otro tipo y antitipo: el casi sacrificio de Isaac. Cuando Abraham iba a enterrar el cuchillo en él —que no lo hizo—, estaba apuntando a que el Hijo de Dios, en este caso era el hijo de Abraham, pero el Hijo de Dios, Cristo, vendría y Él sí sería sacrificado en la cruz. De esa misma manera, Melquisedec parece un personaje real, distinto a Cristo, que apuntaba a ese sacerdote que vendría en un futuro. De manera que ten eso en mente en la medida en que sigamos desarrollando el tema.

Ahora, ahí hay cosas dichas que parecen estar dichas con relación a Melquisedec y no a Cristo. Por ejemplo, su sacerdocio permanecerá para siempre. Pero estaban hablando de Melquisedec hasta ese momento. Sí, pero el autor no lo estaba diciendo con relación a él. Ahora tú me preguntarás: "Pero eso está raro." Bueno, a nosotros nos resulta raro porque no estamos acostumbrados a ese tipo de literatura.

Déjame ver si te lo puedo ilustrar. El Salmo 22 fue escrito por David. Si tú abres el Salmo 22, el primer versículo dice: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Si tú no sabes nada más allá, entiendes que David está escribiendo acerca de él mismo en un momento donde él pronunció esas palabras. Pero David no estaba escribiendo acerca de sí mismo; estaba profetizando sin saberlo acerca de lo que Cristo diría en la cruz. Si tú sigues leyendo y llegas al versículo 16, segunda parte del Salmo 22, dice que le horadaron las manos y los pies. ¿Tú crees que a David lo clavaron?

Pero claro, David no estaba escribiendo acerca de sí mismo, de manera que el texto habla como de alguien que en realidad no está hablando de él, sino apuntando a otra persona. Bueno, eso es lo que ocurre con Melquisedec, y lo vamos a ver un poquito más adelante. Pero todo lo que el autor está tratando de hacer es levantar el sacerdocio de Melquisedec por encima de todos los sacerdocios —o de todos los sacerdotes levitas del pasado—, por encima del sacerdocio de Aarón, para que luego podamos decir que de la orden de Melquisedec es el sacerdocio de Cristo, que está por encima de todos también.

Entonces, hasta ahí tenemos un entendimiento parcial de este personaje. Vamos a ver ahora del versículo 4 en adelante. Yo simplemente desempaqué los primeros tres versículos. ¿Qué es lo que dice de Melquisedec? Ya lo leímos, pero lo voy a volver a leer porque ahora lo que les voy a tratar de hacer es presentar la grandeza de este personaje.

"Consideren, pues, la grandeza de este Melquisedec, a quien Abraham, el patriarca, dio el diezmo de lo mejor del botín. Y en verdad, los hijos de Leví que reciben el oficio de sacerdote tienen mandamiento en la ley de recoger el diezmo del pueblo, es decir, de sus hermanos, aunque estos son descendientes de Abraham. Pero aquel cuya genealogía no viene de ellos —ese es Melquisedec—, aquel cuya genealogía no viene de ellos, recibió el diezmo de Abraham."

¿Cómo así, que su genealogía no viene de ellos? Es que él está hablando en el contexto de un sacerdocio levita que vino después. Recuerda que el autor está hablando en el Nuevo Testamento, pero mirando hacia atrás, y está diciendo: "La genealogía de Melquisedec no tiene nada que ver con la genealogía de los sacerdotes levitas."

¿Y cómo es eso, pastor? Bueno, esto es como se dio: Abraham tuvo un hijo, Isaac. Isaac tuvo dos hijos, Esaú y Jacob. Jacob tuvo doce hijos. Uno de ellos fue Leví. Los descendientes de Leví fueron levitas. Para ser sacerdote en el Antiguo Testamento, tú no solamente tenías que ser levita, sino que tenías que ser descendiente de Aarón. Leví tuvo más de un hijo, y Aarón fue uno de ellos. Para ser sacerdote tenías que ser descendiente de Leví y descendiente de Aarón. Si tú eras descendiente de Leví pero no descendiente de Aarón, no podías ser sacerdote.

Entonces, Dios organizó a Israel en doce tribus conforme a los doce hijos de Jacob. Una de esas tribus fue Leví. Dios le dijo a las tribus que la tribu de Leví iba a servir como sacerdotes, los descendientes de Aarón, y que esa tribu no iba a recibir herencia de tierra cuando repartieron la tierra. Las otras once tribus le iban a dar diezmos a la tribu de Leví.

Okay, entonces ahora volvemos al texto. Está diciendo que los hijos de Leví, que reciben el oficio de sacerdocio, tienen un mandamiento de la ley de recoger el diezmo del pueblo, es decir, de sus hermanos, aunque estos son descendientes de Abraham. Pero aquel —Melquisedec— cuya genealogía no viene de ellos, de esos levitas, recibió el diezmo de Abraham y bendijo al que tenía las promesas. Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. El menor es Abraham; el mayor es Melquisedec.

"Aquí ciertamente hombres mortales reciben el diezmo, pero allí solo recibe uno de quien se da testimonio de que vive. Y por así decirlo, por medio de Abraham también Leví, que recibía diezmos, pagaba diezmos, porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro."

Del versículo 4 al 10, ¿qué aprendemos? Número uno: el patriarca Abraham le pagó diezmo a Melquisedec, ya lo vimos. Entonces, Melquisedec es considerado mayor, obviamente, porque el menor es el que paga diezmo al mayor. Eso es lo primero que aprendemos.

Y de eso, el versículo 6 me dice: "Aquel cuya genealogía no viene de ellos" —ya lo expliqué, no viene de los levitas— "recibió el diezmo de Abraham y bendijo al que tenía las promesas, que era Abraham."

Número dos: el mayor Melquisedec bendijo al menor Abraham. El que bendice siempre es mayor que el bendecido. Dios es quien te bendice porque Él es el mayor. Número tres, de esos versículos que leí, aprendemos que Dios había dispuesto lo que yo te expliqué simplemente para que lo pueda entender mejor. Ahora bien, había 12 tribus; 11 se distribuirían la tierra. Hay una que no va a recibir herencia, pero va a ser apoyada, soportada por los diezmos de las otras 11. Entonces, ¿qué resulta?

Cuando Abraham pagó los diezmos a Melquisedec, todavía Leví no había nacido, porque todavía faltaba por nacer Isaac, y de Isaac iba a nacer Esaú y Jacob, y de Jacob iba a nacer Leví y otros once. O sea, Leví sería el bisnieto de Abraham. El autor de Hebreos está argumentando de una forma simbólica que cuando Abraham pagó los diezmos a Melquisedec, su bisnieto estaba en sus lomos; o sea, todavía no había nacido, estaba como en su interior en términos de lo que es la procreación.

Y por consiguiente, en un sentido simbólico, el bisnieto Leví y sus descendientes pagaron diezmo a Melquisedec, simplemente tratando de establecer quién es mayor que quién. Leví, menor que Abraham porque es el bisnieto. Abraham le pagó diezmo a Melquisedec. Por consiguiente, Melquisedec debe ser un personaje superior a Abraham, a Leví, a los levitas y a todo el sacerdocio. Porque al final lo que él quiere mostrar es que Jesús, que no era de la tribu de Leví, pero sí del orden de Melquisedec, es superior a todos ellos. Eso es lo que le está apuntando.

Entonces, número cinco, finalmente: cuando Melquisedec apuntaba a Cristo, aquí en el relato de Hebreos 7 estaba tratando de comunicar que Cristo era superior a Abraham. Melquisedec es una tipología de Cristo. Llegó Cristo, y los judíos todavía tenían a Abraham por encima de Cristo. Si no me crees, vuelve a los evangelios, donde le dijeron a Cristo: "¿Eres tú mayor que nuestro padre Abraham?" Para ellos no había nadie superior a Abraham. No solamente que Abraham era el padre de la nación, sino que ellos entendían que Abraham era tan grande que todos ellos iban para la gloria simplemente por ser descendientes de Abraham.

Ellos tenían obligación de cumplir la ley porque había consecuencias, pero al final la gloria estaba garantizada. Algo que Pablo tuvo que desmentir en Romanos 2: no, no todos los que son descendientes de Abraham son verdaderamente hijos de Abraham.

Entonces, lo que estamos tratando —bueno, lo que el autor está tratando de hacer— es esto: si Melquisedec es superior a todos los levitas, al mismo Leví, y Cristo es del orden de Melquisedec, cuando Él aparezca —ya apareció para este tiempo— Él también es superior a todos los sacerdotes anteriores. ¿Está conmigo? Amén.

Déjame ver lo que el versículo 11 al 19 dice para que podamos seguir viendo, y lo vamos a ir desempacando poco a poco. Versículo 11, solamente un versículo: "Ahora bien, si la perfección era por medio del sacerdocio levítico —en otras palabras, el sacerdocio levítico fue el que nos dio la ley, y fue Dios quien nos dio eso, eso era como perfecto— y la perfección era por medio del sacerdocio levítico, pues sobre esa base recibió el pueblo la ley, ¿qué necesidad había de que se levantara otro sacerdote según el orden de Melquisedec y no designado según el orden de Aarón?"

¿Cuál era la necesidad? Bueno, es completa. El problema es que los sacerdotes anteriores no me pueden representar, ni a ti tampoco. ¿Por qué? Porque todos ellos pecaron, y algunos gravemente, digo, muchos gravemente. El primero de ellos, el primer sumo sacerdote, fabricó un becerro de oro, fue al pueblo y le dijo: "Aquí está su Dios. Mañana haremos fiestas a Jehová." Tuvo la osadía no solamente de fabricar el becerro de oro con sus propias manos, sino de nombrar al becerro de oro como un representante de Jehová y decirle al pueblo que mañana iban a hacer fiestas a Jehová y que esos eran los dioses que lo habían sacado de Egipto. ¿Tú puedes creer eso? Es el primer sumo sacerdote: descalificado.

Los próximos fueron sus hijos, que fueron ordenados al sacerdocio junto con él el mismo día, y al día siguiente están ofreciendo un sacrificio en el tabernáculo y son quemados vivos por Dios porque ofrecieron fuego extraño: descalificados. Y si tú lees a Ezequiel, cómo habla de los sacerdotes y la corrupción que tenían, es impresionante. No, no me pueden representar ninguno de ellos, ni siquiera para ofrecer un sacrificio que me limpie de pecado.

Entonces, ahora entiendo que hubo necesidad de cambiar el sacerdocio. Porque esa es la pregunta: ¿cuál era la necesidad? ¿Qué necesidad había de que se levantara otro sacerdote? Bueno, ya te la expliqué. Versículo 12: "Porque cuando se cambia el sacerdocio, necesariamente ocurre también un cambio de la ley." El pacto anterior tenía un tipo de sacerdocio. Si este es un nuevo pacto, no puede tener el mismo tipo de sacerdote, porque aquel sacerdote era para vivir bajo ese pacto.

Este pacto era la ley. La ley era buena, era santa, era justa, según Romanos 7:12. Entonces, ¿cuál era el problema con la ley? Si era buena, era santa, era justa. La ley tiene una debilidad que Pablo explica en Romanos 8, pero la debilidad no estaba en la ley, sino en nosotros, que no podíamos cumplir la ley. Entonces, la ley en ese sentido no me ayudó. La ley no santificó a nadie. La ley era simplemente un espejo para dejarte saber: estás en falta, estás en pecado, y mañana sigues en pecado. Y yo traté la última semana de portarme bien, y sigues en pecado de todas formas. Eso es lo único que la ley podía hacer. ¿Te imaginas vivir bajo esa ley?

Entonces hubo necesidad de cambiar la ley, porque la ley era buena, era santa y era justa, pero no estaba santificando a nadie. ¿Sabes lo que hacía? Condenando a todo el mundo. Pues si vamos a cambiar la ley, hay que cambiar el sacerdocio. O si cambiamos el sacerdocio, hay que cambiar la ley. Entonces ya voy entendiendo.

Versículo 13, habiendo cubierto hasta el 12: "Pues aquel de quien se dicen estas cosas..." Escucha, escucha: estas cosas que se están diciendo no se están diciendo de Melquisedec. Ya yo te lo ilustré: Salmo 22, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" No era de David que estaba hablando, aunque fue él quien lo escribió. Bueno, aquí claramente en el versículo 13 me dice que lo que se está diciendo de este sacerdocio para siempre no es de Melquisedec; él simplemente está apuntando a otro. Escuche versículo 13: "Pues aquel de quien se dicen estas cosas pertenece a otra tribu." O sea, este sí tiene genealogía. "Pertenece a otra tribu de la cual nadie ha servido en el altar." ¿Cuál tribu?

Versículo 14: "Porque es evidente que nuestro Señor descendió de Judá." Entonces estas cosas se están diciendo del Señor. Es descendiente de Judá, una tribu de la cual Moisés no dijo nada tocante a sacerdotes. Exactamente. De repente aparece uno que no es descendiente de Leví; Él viene de otra tribu que se llama Judá.

Pero es interesante, porque si tú te vuelves al Génesis 49:10, se dice que de la tribu de Judá vendría un rey que se sentaría en el trono para siempre. Esa persona que se iba a sentar en el trono sería rey, y esa persona no es otro que Jesucristo. Pero resulta que Jesús es la persona que viene de acuerdo al sacerdocio conforme al orden de Melquisedec, ¿te acuerdas? Ahora, en Cristo otra vez tenemos un personaje que es rey y sacerdote al mismo tiempo, como ningún otro. Otra vez, Melquisedec lo fue y Cristo también. Melquisedec fue el tipo y Cristo el antitipo. Ambos son rey y sacerdote.

Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo. Jesús viene como rey de Jerusalén, o rey del universo, y al mismo tiempo sacerdote para siempre de nosotros. Como que le estamos siguiendo el rastro a Melquisedec, y eso es lo que el autor quiere. Él quiere que le sigas el rastro a Melquisedec para llegar a Cristo.

Entonces, Cristo es el descendiente de Judá. Él es el rey. ¿Qué nos dice el Nuevo Testamento de ese rey, o del poder de ese rey? Bueno, por un lado, en Lucas 1:26 al 32, el ángel le habla a María, le dice que ella va a dar a luz un hijo y que él ocuparía el trono de David. Pero tú te vas atrás y él llega hasta Judá. Él es descendiente de Judá. Cuando Cristo iba a ascender, le dejó la gran comisión, y les dio una idea a sus discípulos de hasta dónde llegaba su autoridad y poder: "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra." Toda autoridad. Nada está fuera de mi autoridad, nada está fuera de mi poder, nada está fuera de mi control. Absolutamente nada.

Y si lo dudas, nos movemos a Colosenses, donde Pablo habla en el capítulo 1, versículos 16 y 17. Dice que todo ha sido hecho por medio de Él, ya sean cosas visibles e invisibles, tronos, dominios, poderes, autoridades; todo estaba bajo su poder. Su autoridad es absoluta, es ejercida de manera soberana, es incuestionable, la ejerce sobre cada pulgada cuadrada o cúbica del universo, como quiera que tú quieras verlo. Bueno, este rey es diferente al rey de Salem, porque el rey de Salem era rey de Salem, de esa ciudad pequeña y limitada, y su autoridad no era incuestionable ni absoluta. Pero este otro rey sí tiene esa autoridad.

Y si pensamos en la iglesia, Colosenses 1:18 nos dice que Él es la cabeza del cuerpo. De manera que es un rey muy peculiar y es un sacerdote muy peculiar. Claro que Él es la cabeza de la iglesia. Él la compró, Él la hizo, Él la formó. La iglesia se construye sobre Él.

Seguimos. Versículo 15. Y esto es aún más evidente para el autor de Hebreos. Él parece que está hablando de cosas muy evidentes, y ahora dice que es aún más evidente. Bueno, ninguno de nosotros le encuentra tan evidente, y mucho menos más evidente. Pero es que ellos eran hebreos, y nada de esto había que explicárselo: lo de los levitas, de cómo pagaban diezmos, nada de eso. Y esto es aún más evidente si, a semejanza de Melquisedec, se levanta otro sacerdote que ha llegado a serlo no sobre la base de una ley de requisitos físicos. En otras palabras, Él no llegó a ser sacerdote porque era descendiente de Leví o de Aarón, sino según el poder de una vida indestructible.

Pues de Cristo se da testimonio: "Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec." Sin principio, ni fin, ni genealogía.

Versículo 18: "Porque ciertamente queda anulado el mandamiento anterior por ser débil e inútil." La ley, en el versículo 18 de Hebreos 7, es declarada inútil y débil. Bueno, débil, pero ya Pablo explicó en Romanos que no se debía a la ley, sino a la incapacidad del pecador para cumplirla. Inútil, porque no servía para santificarnos. La ley era como un acusador, un fiscal continuo: míralo ahí, pecaste otra vez, y otra vez, y otra vez. "Miguel Núñez está predicando. Bueno, no predicaste perfectamente; pecaste mientras predicabas." ¿Te imaginas vivir para esa ley?

Versículo 19: "Pues la ley nada hizo perfecto." Claro que no. Y se introduce una mejor esperanza, un mejor pacto, un mejor sacerdocio, mediante el cual nos acercamos a Dios.

Entonces, el sacerdocio de Cristo, del orden de Melquisedec, tipificado a lo largo del Antiguo Testamento de diferentes maneras, cumple las funciones que el sacerdote tenía: ofrecer sacrificios, lo cual Cristo hizo también, e interceder ante Dios, lo cual Cristo también hace. Cristo ofreció un sacrificio —su propio cuerpo— en la cruz, y Él es nuestro intercesor, el único. De manera que Él es el sacerdote por excelencia, porque a través de su sangre los pecadores pueden obtener perdón de pecados.

La sangre de los toros y de los machos cabríos nunca removió ni el pecado ni la culpa de ningún pecador. Entonces, ¿para qué se hacía? Para pasar por alto momentáneamente y no castigarlo ahí mismo. Pero recuerda que si yo ofrecí un sacrificio el lunes, quizás para el próximo lunes tengo que volver al templo y ofrecer otro sacrificio, porque me pasé una semana pecando. Y los sacrificios no terminaban, y los sacerdotes ni siquiera se podían sentar en el templo o en el tabernáculo. No había sillas. Había que continuar todos los días, todos los días, todos los días, hasta que viniera el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Cuando Él murió, resucitó y ascendió, entonces se sentó de una vez y para siempre a la mano derecha del Padre, desde donde gobierna, pero también desde donde intercede. Ese es tu Sumo Sacerdote, ese es tu intercesor, ese es en quien tú tienes que confiar. Él es quien te limpió, no los corderos. Cristo, el Cordero de Dios. Él es el que calma la conciencia.

Y la Palabra me dice en Hebreos 10:14 que Él hizo perfectos para siempre a aquellos que son santificados. Cuando Él fue a la cruz y derramó su sangre, justificó a Miguel Núñez. Suponte que Miguel Núñez no conoció a Cristo, no recibió salvación hasta 1980. De repente yo recibo salvación. Imagínate que yo miro a Cristo y le digo: "Oh, wow, gracias." Y Él responde: "Ya hace 2000 años que yo te justifiqué. Hoy tú lo sabes." ¿Te imaginas? La sangre de Cristo derramada hace 2000 años es la misma que me limpia del pecado que yo cometí ayer, o esta mañana, o mañana. No hay otra sangre, hermano. No hay otro sacrificio. No hay otra obra. No hay penitencias, no hay oraciones de rodillas, no hay visitas a lugares santuarios o lugares sagrados. Nada de eso me limpia para nada.

Entonces, ¿para qué yo obro correctamente en el día de hoy? No es para salvarme. Es para honrar a la persona que te salvó. Es para honrar y glorificar la sangre que te limpió. Es para honrar la causa de aquel que murió por ti. Por ninguna otra razón.

No hubo un solo sacrificio, uno solo, que te pudiera limpiar. Y Él se sentó. Se sentó. Ya no había nada más que hacer. Interceder, sí, pero no sacrificar. La cruz. Si Cristo es sacerdote, ¿cuál fue el sacrificio? Su persona. Y el sacerdote, Él. Y el altar, la cruz. En la cruz, el sacrificio y el sacerdote eran la misma persona.

Pero en la cruz pasó algo más. Escuche el Salmo 85, versículo 10, que está hablando de la salvación. Escucha: "La misericordia y la verdad se han encontrado." La misericordia y la verdad. Escucha ahora, más hermoso todavía: "La justicia y la paz se han besado." ¿Dónde fue que eso ocurrió? En la cruz, donde la justicia de Dios fue satisfecha por el sacrificio de Cristo. Y entonces, mediante Cristo, yo puedo tener paz para con Dios. En la cruz, la justicia y la paz se besaron en la persona de Cristo. Ahora yo tengo paz para con Dios, Él tuvo misericordia para conmigo, y la misericordia y la verdad se encontraron en la cruz. ¿Tú lo entiendes?

Una vez que Cristo satisfizo la justicia de Dios, ahora yo puedo tener paz para con Dios. El sacerdocio de Cristo dejó atrás la ley de Moisés, los sacerdotes levitas, los sacrificios de corderos, las obras de la ley, la ley ceremonial, la ley restrictiva de alimentos. Todo eso se quedó atrás. ¿Y qué es lo que tengo ahora? El sacerdocio de Cristo.

Ahora, en la medida en que traigo esto a un cierre y a una aplicación, vamos a pensar de manera personal y aplicativa acerca del sacerdocio de Cristo.

Número uno, si tú ignoras el sacrificio de Cristo, tú no tienes reconciliación con Dios. Recuerda, hermano, el hombre hasta que no entrega su vida a Cristo, no hasta que no hace una profesión de fe, no, no. Hasta que no entrega su mente, su corazón, su voluntad a Cristo, entendiendo que él es el único intermediario entre Dios y el hombre. Si tú no reconoces el sacerdocio, tú jamás serías reconciliado con Dios. El hombre está en enemistad con Dios. Romanos 5:10: está irreconciliado con Dios. El camino de reconciliación es Cristo vía la cruz. Y este es el sacrificio que yo tengo que reconocer para el perdón de mis pecados, pero tengo que demostrar que realmente lo reconocí y no simplemente que lo entendí.

Número dos, si ignoras el sacerdocio de Cristo, tú niegas la ira de Dios. Romanos 1:18 nos dice que la ira de Dios se manifiesta todos los días contra aquellos, contra toda impiedad, injusticia, contra aquellos que suprimen la verdad, porque lo que se conocía de Dios, su eterno poder y divinidad, han sido claramente reconocidos por medio de lo creado. Y continúa ahí dándonos un par de explicaciones más y termina diciendo en el versículo 20-21: "Por tanto, no tienen excusa." Hay una ira de Dios contra el pecador. Dios se aíra, dice uno de los salmos, contra el impío todos los días.

Pero si yo niego el sacerdocio de Cristo, niego que Cristo fue a la cruz y recibió el pago por mis pecados, la ira de Dios sobre sus hombros, yo tengo la ira de Dios sobre mí todavía. Claro que tengo la ira de Dios sobre mí todavía, porque o está sobre los hombros de Cristo o está sobre mí. Y si yo no reconozco el sacerdocio de Cristo, su ira continúa conmigo y yo sigo alejado de Dios.

Si ignoramos el sacerdocio de Cristo, nos quedamos cargados de culpa. Hermanos, ¿a dónde tú llevas tu culpa cuando tú pecas? ¿Al baúl de los recuerdos? No, sigues cargado de culpa. ¿A tu clóset? No. Si tú quieres vas a orar, pero ahí tú no vas a encontrar nada. "No se lo digo a nadie." Bueno, peor. ¿A dónde tú lo llevas?

No quiero cargar a nadie aquí, pero yo sé que en una audiencia de este tamaño probablemente hay una o más personas que en un pasado lo hicieron. ¿Qué tú le dices a una persona que se hizo un aborto y que ahora está arrepentida? ¿Qué hace con su culpa? De hecho, la causa número uno de visita al psicólogo, al psiquiatra, en Estados Unidos, donde estos estudios se han hecho, es culpa, sentido de culpa. ¿Qué tú le dices a un padre, a una madre, que eran incrédulos y criaron a sus hijos en la calle y que ahora son creyentes y se sienten tan culpables, porque en realidad, si yo hubiese sabido lo que sé hoy, no lo hubiera hecho de esa manera?

Bueno, hay una cruz, hay una cruz donde tú puedes llevar tu culpa y dejar tu culpa ahí, y que nadie la vuelva a tocar. Cristo pagó por tu culpa. Te remueve tu culpa si realmente tú eres genuino delante de él.

Si rechazas el sacerdocio de Cristo, rechazas el amor de Cristo. Porque el sacerdocio de Cristo, ¿qué es? Cristo sacrificándose a sí mismo en la cruz. Dios Padre me dio a su Hijo, su Hijo me dio su vida. Si rechazo su sacerdocio, ¿sabes qué? Es como que el amor de Dios mostrado en el sacrificio de su Hijo para mí no valió dos centavos. Si no trato de honrar el sacrificio de Cristo con mi vida de una manera que represente la santidad de su ser con la santidad de mi caminar, estoy deshonrando el amor de Cristo.

Si no reconozco el sacerdocio de Cristo, no valoro su gracia. ¿Cuál gracia? La gracia que perdona tu pecado, a pesar de que nunca has tenido un pecado perdonado que no sea por gracia. No importa cómo te confieses, no importa cómo te arrepientas, no hay manera de que te puedas arrepentir de una manera tan pura que tú puedas decir: "Me arrepentí y me merezco el perdón." Nunca eso ha pasado en la historia de la humanidad. Por definición, el perdón de Dios es por gracia. Es inmerecido, es por gracia.

El perdón que él te otorga, tú no lo mereces. Y sabes qué, el perdón que tú debes otorgarle al otro, el otro tampoco lo merece. Por definición, el perdón no es merecido. "Bueno, que no me ha pedido perdón." Ese no es tu problema. El problema tuyo es que si a ti te perdonaron, tú debieras perdonar como tú fuiste perdonado. De lo contrario, dice Cristo, vuestro Padre en los cielos no les perdonará a ustedes sus pecados. Dejemos esa idea de que hay que pedirme perdón para yo perdonar. Bueno, en la cruz nadie le estaba pidiendo perdón a Cristo y él dijo: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen."

En la cruz, ¿recuerdas? Se besaron la justicia de Dios cargada sobre los hombros de Cristo y la paz de Dios posible a través de la persona de Cristo. Si negamos el sacerdocio de Cristo, tú no tienes el evangelio, porque el evangelio es básicamente lo que se ha escrito acerca del sacrificio de Cristo ofrecido en la cruz. Pero si tú no tienes el evangelio, no tienes salvación. Y es peor todavía: si no tenemos evangelio, no tenemos iglesia.

La iglesia es definida por el evangelio. La iglesia es el cuerpo de personas salvadas a precio de sangre por la cruz de Cristo, por la sangre de Cristo, que ahora forman una comunidad comprada a precio de sangre. El evangelio define la iglesia, pero el evangelio es la definición del sacerdocio de Cristo. No hay sacerdocio de Cristo, no hay evangelio; no hay evangelio, no hay iglesia. ¿Qué hacemos nosotros aquí reunidos? Estaríamos perdiendo el tiempo, hermano.

Nada de lo que yo he explicado es poca cosa. Nosotros estamos tan acostumbrados a oír estas verdades que es como que dame el pan y mantequilla, me lo como y sigo, me voy para el trabajo. No, no, no es así, hermanos. Son verdades profundas, pesadas, eternas.

¿Sabes lo que es movilizar a Dios de su gloria? Movilizar a la segunda persona de la Trinidad de su gloria, de su trono, donde sus ángeles le decían "Santo" y le rendían honor todos los días de manera continua, a la tierra, a la tierra por personas corruptas como tú y yo, corrompidas por el pecado, dañadas por el pecado, inservibles a menos que Dios las tocara.

Yo creo que Richard Phillips lo resume muy bien en un párrafo acerca de estas cosas en su comentario sobre el Evangelio de Juan: "El pecado es una ofensa personal. Es una ofensa personal al honor santo de Dios, y debe recibir su ira personal y ardiente. El pecado es una transgresión rebelde de la ley de Dios y debe ser castigado por la justicia perfecta de Dios. Le debes a Dios por tus pecados una deuda que no puedes pagar, y al mismo tiempo no puedes ser salvo a menos que esa deuda sea saldada. La graciosa provisión de Dios, su regalo salvador para ti, es la muerte expiatoria de Cristo, la cual él ahora te llama a recibir con fe, entregándote al Salvador que se entregó por ti."

¿Notaste el orden? Él se entregó por ti. A ti te toca entregarte a él, después que él se entregó por ti. Pero la palabra "entregarse", tú sabes, no es como que: "Ay, mi amor, te doy un besito y ahora vamos a ser marido y mujer, y yo me entregué a esa persona." No, no, no, no, no. Entregarse en el contexto bíblico, y sobre todo a la persona de Dios, implica que, ¿sabes qué? No tengo vida propia. La vida que ahora tengo no la vivo yo, sino Cristo en mí. Eso es Pablo. Yo vivo su vida, no la mía. Yo vivo su propósito, no el mío. Yo vivo sus metas, no las mías.

Yo no tengo sueños propios. Yo tengo los sueños de él. Yo no tengo voluntad propia. Yo tengo la voluntad de él, o yo quiero la voluntad de él. Yo tengo una voluntad, pero cada vez que la voy a ejercer digo: "Que se haga tu voluntad y no la mía." A mí me compraron, hermanos. Yo tengo dueño, y a un gran precio.

Yo no me pertenezco. ¿Cómo es posible que los esclavos del Antiguo Testamento, los esclavos de Estados Unidos antes de la revolución civil, entendían eso perfectamente? Te compraban por dinero y ahora tú eras poseído por tu amo. Básicamente, tu voluntad era la voluntad del amo, tu deseo eran los deseos del amo, te levantaba y te acostaba, y comías lo que el amo te diera, y estaban ahí permanentemente sin ningún problema.

Y nosotros, que tenemos un amo que nos ama, que está por nosotros, que está con nosotros, que dio su vida por nosotros, que dio su sangre por nosotros, nosotros nos resistimos a ser parte de su propiedad. ¿A dónde vas a encontrar un mejor dueño en todo el universo? ¿Un mejor amo en todo el universo, un mejor padre, un mejor hijo, un mejor santificador, un mejor juez?

¿Dónde vas a encontrar un juez que sea tu abogado defensor? Explícame en qué corte vas a encontrar que llegas como acusado, y de repente se levanta el juez, se pone al lado tuyo y te dice: "Yo soy tu abogado defensor." ¿A dónde vas a encontrar eso? En la corte celestial y en ningún otro lugar.

¿Y no vas a vivir para ese Dios, no vas a vivir para ese Señor, no vas a vivir para ese amor, no vas a vivir para ese juez, para ese abogado defensor? Por Dios, seríamos ingratos e irracionales. La única respuesta racional al sacrificio de Cristo es la entrega de todo lo que tú eres para el resto de tus días.

Padre, gracias por la sangre de Jesús que lavó al pecador. No, no, no, no. Que me lavó a mí, y que me sigue lavando. Gracias. Gracias por ser mi abogado defensor. Lo impresionante, Dios, es que tú me dices en tu Palabra que si peco, tengo abogado defensor, de manera que tú estás dispuesto a defenderme cuando peco, no cuando vivo impecablemente. Yo no entiendo ese amor.

Perdóname, perdónanos. Cuando no hemos tratado de vivir una vida tan santa como sea posible en el poder de tu Espíritu, para tu gloria, en respuesta a tu amor. Ahora yo vivo una vida por amor a ti. Recuérdame esa realidad todos los días, al levantarme y al acostarme, que yo soy lo que soy por la sangre de Jesús.

Y si no fuera por tu sangre, Jesús, quién sabe dónde yo estaría hoy. Gracias, infinitas gracias, en tu nombre, mi amado Redentor Cristo Jesús. Y su pueblo dice: amén. Amén.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.