Integridad y Sabiduria
Sermones

Cuando la fe necesita ser ilustrada

Miguel Núñez 22 agosto, 2021

La fe que salva no se completa con esfuerzo humano ni se sostiene por obras de la ley. Esta verdad, tan clara en el evangelio que Pablo predicó a los gálatas, fue abandonada con asombrosa rapidez cuando falsos maestros los convencieron de que necesitaban algo más que Cristo. Pablo, indignado, les pregunta: ¿recibieron el Espíritu por obedecer la ley o por creer lo que escucharon? Si comenzaron por el Espíritu, ¿cómo pretenden terminar por el esfuerzo de la carne?

Para ilustrar esta verdad, Pablo acude a Abraham. Cuando Dios le prometió descendencia numerosa como las estrellas, Abraham tenía setenta y cinco años y toda evidencia en su contra. Sin embargo, creyó, y esa fe le fue contada por justicia. No hubo circuncisión previa ni cumplimiento de la ley mosaica, que llegaría siglos después. Abraham creyó primero; la obediencia vino después, como fruto de esa fe. El pastor Núñez recuerda a alguien que conoció en Estados Unidos, un hombre que entendía correctamente la doctrina de la gracia pero mantenía en secreto una adicción, respondiendo a su esposa con sarcasmo: "No hay condenación para los que están en Cristo". Conocía el contenido del evangelio, asentía a su verdad, pero nunca depositó su confianza en Cristo como Señor.

La fe genuina tiene tres componentes: conocer el evangelio, asentir a su verdad y confiar en Cristo como Señor, viviendo bajo su señorío. La obediencia que brota de esa fe no es meritoria, pero Dios en su gracia la recibe y la recompensa, siempre por los méritos de Cristo, nunca por los nuestros.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Observemos principalmente los últimos dos mil años de historia que la iglesia cristiana, verdad, tiene existencia. Los creyentes hemos tenido que batallar, luchar, a favor y en contra de diferentes enseñanzas doctrinales desde el primer siglo, y en la medida que la historia ha avanzado las luchas han sido variadas y distintas, pero han continuado siendo luchas.

En el siglo IV se debatió la divinidad de Cristo y eventualmente fue afirmada en el Concilio de Nicea en el año 325, y como que quedó ahí cementada, por así decirlo. Un poco más adelante, el año 451, en el Concilio de Calcedonia se discutieron y se afirmaron las dos naturalezas de Cristo, unidas permanentemente y de manera indivisible, y como que eso quedó afianzado, por lo menos para aquellos de nosotros que creemos lo que la Palabra de Dios revela.

Son dos concilios y otros tienen el nombre de las ciudades donde se reunieron, pero el primer concilio de la iglesia para debatir un asunto doctrinal no está en la historia de la iglesia en el sentido más allá de lo que la Biblia revela, está en este libro. Así de temprano comenzaron las controversias y se reunió en Jerusalén, y así se llama el Concilio de Jerusalén. Está en el capítulo 15 del libro de los Hechos, y ahí fueron Pablo y Bernabé, y ahí estaban Pedro y estaba Jacobo y estaban los ancianos y líderes de la iglesia. El tema era la circuncisión y las obras de la ley, que se pudiera discutir cuál rol tenían o más bien no tenían en la salvación de ningún hombre, pero de manera particular en términos de los gentiles, la circuncisión, que no tenía ningún rol que jugar, ni siquiera cultural, en términos de la fe que ellos estaban expresando en Cristo Jesús, en contraposición a lo que los judaizantes venían enfatizando.

Desde entonces ha habido una gran confusión, creación en cuanto a qué es la fe, a cuál es el rol de la fe en la salvación, cuál es el rol de las obras en la vida del cristiano. Muchos dicen tener fe, pero cuando tú la exploras es más bien fe en la fe, fe en deseos que yo tengo, de que algo ocurra, de que una enfermedad se cure, de que algo venga a mi vida, alguna bendición, de que algo acontezca. Y es esa fe en la fe lo que hace que algunos declaren y digan que declaran y proclaman, y como ustedes han visto y oído, pisan incluso esas supuestas declaraciones como señal de que ya ellos pisaron eso y eso así se va a dar. Pero esa no es la fe de que habla la Biblia.

Hoy en día todavía hay una gran cantidad de personas identificadas como cristianas que continúan creyendo que las obras de la ley juegan, o las obras —vamos a quitarle "de la ley" ya que nosotros no somos judíos—, las obras juegan un rol importante en la salvación. Y de cuando en vez, como decimos aquí, tú escuchas en las entrevistas de bautismos algo semejante. Y hay otros que han entendido la salvación por gracia por medio de la fe en términos de declaración correctamente, en términos de vivencia tan erróneamente.

Yo le preguntaba a Kathy esta mañana, a mi esposa, acerca de alguien que estuvo con nosotros en New Jersey por unos años en un grupo que teníamos los viernes en la noche, un grupo de la iglesia. Esta persona creía correctamente lo que estamos proclamando en el día de hoy. Sin embargo, él mantuvo secretamente una adicción a las drogas que eventualmente conocíamos de su pasado, pero aparentemente lo había dejado a un lado. Pero no, él continuó en secreto, y cuando su esposa lo acusaba, por así decirlo, de que él todavía estaba en esa práctica, él de una manera un tanto sarcástica, por lo que hoy nos contó, solía decirle: "No hay condenación para aquellos que están en Cristo Jesús." De alguna manera él entendió que como él sabía que la salvación era por gracia y por medio de la fe, y él entendía eso y había hecho una profesión de fe, como que esta práctica del pecado no contradecía todo lo que él afirmaba.

Y tú puedes ver que realmente la confusión es grande, y todavía el día de hoy muchos, quizás en iglesias como las nuestras, que sea aquí mismo, todavía no tienen un buen entendimiento de cuál es el rol de la fe y el rol de las obras en la vida del cristiano. Quizás a veces lo entendemos en teoría: cuál es el rol de las obras en la salvación o el no rol de las obras en la salvación, pero todavía no vemos cuál es el rol de las obras en la vida del cristiano. De manera que esta carta yo creo que va a ser, o ha sido, está siendo buena para nosotros poder como afinar, poder limpiar, poder sacarle brillo, pudiéramos decir, a nuestro entendimiento acerca de algunos conceptos, y yo quisiera pensar que en la mañana de hoy será igual.

Pablo les escribió a los gálatas, ya lo hemos dicho, pero tengo que hacer esto porque el texto me obliga a regresar un poquito y conectarnos con lo anterior. Pablo había escrito a los gálatas precisamente porque ellos habían desviado, habían sido seducidos, después que ya habían escuchado el evangelio correctamente de parte de él. Pero luego llegaron unos aparentes cristianos judíos, judaizantes fueron llamados. Algunos piensan que eran falsos creyentes, otros piensan que no, que eran judíos que estaban genuinamente confundidos y que creían que las obras de la ley, la ley de Moisés, tenía algo que ver en la salvación, que tú necesitabas a Cristo pero necesitabas algo más que Cristo. Y Pablo estaba como anonadado de que tan rápido ellos hubiesen podido creer algo así, no solamente que lo llegaron a creer, sino que tan rápido pudiesen haber comenzado, o comenzaron, a poner por práctica aquello que habían escuchado.

Entonces, en el mensaje anterior explicamos la salvación otra vez porque eso es exactamente lo que Pablo hace en ese texto que estuvimos exponiendo. Pablo entonces, en este texto de hoy, continúa cuestionando a los gálatas acerca de cómo es o cómo fue que ellos llegaron a creer, y para forzarlos a pensar les hace seis preguntas retóricas. Muy paulino el hacer preguntas, muy paulino. Hacer preguntas retóricas es una forma de forzar a reflexionar en temas, doctrinas, cosas, experiencias de la vida que normalmente no hacemos. Yo creo que cada uno de nosotros debería adoptar esa práctica: preguntarte a ti mismo cosas, cuestionarte, cuestionarte cosas que debieras estar meditando y reflexionando. Así es como aprendemos.

De hecho, en el día de hoy yo tuve que ir a ver un paciente. Le decía a esta joven recién graduada que no estaba preguntando nada. Yo voluntariamente le ofrecí información médica acerca del caso para que fuera aprendiendo, y sabes qué, la mayoría de los médicos quizás no tienen el tiempo, no se detienen para informarte, pero tú necesitas detenerlos a ellos y hacerles preguntas, porque así fue que yo aprendí. Y eso es como yo he aprendido de la Biblia: yo le hago preguntas al texto bíblico.

Pablo le está haciendo seis preguntas a los gálatas y él no estaba en su presencia, de manera que es como yo les dejo las preguntas para que ustedes puedan adentrarse en la revelación y encontrar la respuesta. Y Pablo también hace uso entonces de dos ilustraciones del Antiguo Testamento acerca de un personaje. Dado esto entonces, yo titulé mi mensaje: "Cuando la fe necesita ser ilustrada". Con frecuencia nosotros enseñamos una verdad, enseñamos una idea, un concepto teológico o de otro tipo, pero con la misma frecuencia muchas veces se hace necesario ilustrar lo que acabamos de explicar. Y cuando tú puedes encontrar una historia que pueda ilustrar lo que tu mente recibió como un concepto, como una idea, eso no solamente tiende a afianzar tu entendimiento, sino que muchas veces lo amplía.

Con la intención de despertar un poco, o un poco más si ya fue despertado, tu interés acerca del texto de hoy, a veces me desinteresa gráficamente. Hoy vamos a estar hablando de la fe y su rol en la salvación, la obediencia y su rol con la salvación, o quizás el no rol en la salvación aunque te choque —tienes que esperar nada más— la relación entre la fe y la obediencia, la relación entre la obediencia y las recompensas, y finalmente cómo nuestra obediencia produce recompensas pero nuestra obediencia nunca es meritoria. Mi obediencia me conduce a recompensas, pero mi obediencia nunca es meritoria.

Y con eso yo quiero que puedas seguirme en el capítulo 3 de la carta de Pablo a los Gálatas, del uno al nueve. Imagínate que hay un predicador aquí, Pablo, que le está leyendo esta carta a ellos: "¡Oh, gálatas insensatos!" La mitad se hubiese salido del salón. "¿Quién os ha fascinado a ustedes, ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado públicamente como crucificado?"

Pregunta número uno, versículo dos: "Esto es lo único que yo quiero averiguar de ustedes" —nosotros diríamos "esto es lo único que quiero saber", ¿ok?— "¿Recibieron el Espíritu por las obras de la ley o por el oír con fe?"

Pregunta número dos, pregunta número tres, versículo tres: "¿Tan insensatos son? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿van a terminar ahora por la carne? ¿Han padecido tantas cosas en vano, si es que en realidad fue en vano? Aquel pues que les suministra el Espíritu y hace milagros entre ustedes, ¿lo hace por las obras de la ley o por el oír con fe?"

Última pregunta, versículo seis: "Así Abraham creyó a Dios" —ahí está la ilustración— "y le fue contado como justicia. Por tanto, sepan que los que son de la fe, estos son hijos de Abraham. La Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció de antemano las buenas nuevas a Abraham diciendo: 'En ti serán benditas todas las naciones'. Así que los que son de la fe son bendecidos con Abraham."

No pases por alto esto: como el creyente, no es lo mediante, aunque es lo que fue, pero fue con la creencia que comenzó la obediencia.

Pablo comienza esta exposición con vocabulario donde tú puedes ver que él tiene cierta indignación. Su vocabulario no es diplomático, tampoco es consolador. Él retomó lo que él inició en el capítulo uno, que tiene un vocabulario similar. Más bien Pablo escribe de una manera confrontadora, alarmado, como es que los gálatas abrazaron una enseñanza. El escuchar, que en esta generación es tan importante, sin hacer uso de la razón es lo que Pablo está diciendo. El problema es que ustedes abrazaron una cosa sin pensarla.

Escucha el versículo uno otra vez: "¡Oh, gálatas insensatos! ¿Quién los ha fascinado a ustedes, ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado públicamente como crucificado?" Es interesante porque esa palabra traducida ahí por la Nueva Biblia de las Américas y otras versiones como "fascinado" no es así como está en el lenguaje original. En el lenguaje original es como esto: "¿Quién los embrujó?" Es como si alguien hubiese echado una brujería encima y ustedes se confundieron como fruto de eso. La Nueva Versión Internacional dice "gálatas torpes". ¿Te das cuenta que Pablo está aludiendo al hecho de que no pensaron? Gálatas torpes. Para evidenciar cuán irracional había sido su decisión, por eso entonces está esta palabra. En algunas traducciones no dice "gálatas insensatos, ¿quién los fascinó?" sino "¿quién los ha hechizado?" La Nueva Traducción Viviente dice: "¡Ay, gálatas tontos! ¿Quién los ha hechizado? Pues el significado de la muerte de Jesucristo se les explicó con tanta claridad como si lo hubieran visto morir en la cruz."

Eso es lo que ese versículo uno significa. Cuando Pablo dice que él expuso públicamente a Cristo delante de ellos, se les explicó tan claramente que es como si ustedes lo hubiesen visto crucificado en el madero. Pablo estaba conscientemente haciendo referencia a esta palabra "hechizado", "embrujado". Pablo estaba consciente que detrás de las falsas enseñanzas hay espíritus engañadores. Cómo esos espíritus logran engañar al ser humano, nosotros no sabemos, pero escucha lo que Pablo escribió en su primera carta a Timoteo, en el capítulo cuatro, versículo uno, cuando él dice: "El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe" —lo mismo que los gálatas estaban haciendo— "prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios."

Espíritus engañadores son falsos maestros que proyectan, enseñan, proclaman sus mentiras como si fueran verdades creíbles, y le dan color, y le dan intensidad, y le dan sentido de urgencia, y eso hace que el hombre como que se interese mucho en estas mentiras. Y de alguna forma entonces, esos espíritus engañadores, falsos maestros, han sido a su vez engañados de alguna forma por doctrinas de demonios. Cómo eso ocurre, la Palabra no nos explica.

Y entonces, ante los gálatas, Pablo dice: "Yo no entiendo su insensatez, su irracionalidad, no entiendo el embrujo este que ha ocurrido" —para usar una palabra que se aproxima más al lenguaje original— "sobre todo porque Jesucristo fue presentado públicamente como crucificado." En otras palabras, yo creo que Pablo les está diciendo algo como esto: yo no les hablé simplemente de la encarnación de Cristo, que posiblemente lo hizo; yo no les hablé simplemente de los milagros de Cristo, que probablemente lo hizo; yo no les hablé de las enseñanzas de Cristo, obviamente tuvo que haberlo hecho. Pero él como que hace un resumen, para decirlo así, y les dice: yo quiero enfocarme en un aspecto, Cristo crucificado, que es el hombre, el sacrificio, el hombre crucificado a través de quien se recibe salvación. Fue presentado con toda claridad delante de ustedes.

Es como que Pablo está diciendo: yo les presenté la suficiencia del sacrificio de Cristo. La salvación por fe dice "hecho", dice "completo", dice "terminado". La salvación por obras completa lo que Cristo no terminó, hace suficiente lo que Cristo dejó insuficiente, de manera que tú puedas garantizar tu salvación. Y eso es, yo creo, lo que hace que la pregunta de Pablo tenga sentido: si yo les expliqué tan claro, gente, ¿qué hicieron? A veces yo pienso eso de algunas cosas que leo en las redes.

Recientemente, J.B. Phillips —él hizo una traducción que es una paráfrasis al inglés extremadamente famosa porque él tiene formas geniales de decir las cosas de otra manera y en un lenguaje coloquial, pero que al mismo tiempo recoja como el contenido del lenguaje original— oye lo que él dice de este versículo uno, cómo lo traduce: "Ustedes, queridos idiotas de Galacia, ¿cómo pueden creer tal idiotez?" Eso es como Phillips lo traduce.

Y después de eso entonces Pablo lanza la pregunta, la segunda pregunta en el versículo dos: "Esto es lo único que yo quiero averiguar de ustedes." A veces ustedes le han dicho eso a sus hijos, ¿o han dicho? "Dime solamente una cosa para que terminemos rápido: ¿recibieron el Espíritu por las obras de la ley o por oír con fe?" Yo creo que, por la manera como la pregunta está hecha, está claro que Pablo les predicó el evangelio, la gente nació de nuevo, hubo probablemente dones manifestados entre ellos como obra del Espíritu. Y Pablo está diciendo: ustedes saben que recibieron al Espíritu, yo lo que quiero saber ahora es si recibieron ese Espíritu fue porque yo les hablé de las obras de la ley y la necesidad de practicarlas, o yo estaba hablando de creer en la persona de Cristo crucificado a quien yo proclamé públicamente y abiertamente. ¿Ustedes nacieron de nuevo haciendo alguna obra o fue creyendo verdaderamente en algo que expliqué delante de ustedes? Sin hacer nada, explíquenme, yo quiero saber cómo fue que esto ocurrió.

Yo no había escuchado de parte de Pablo nada acerca de las obras como necesidad para salvación. No escucharon nunca nada acerca de la circuncisión, y Pablo los dejó tranquilos disfrutando la presencia del Espíritu. La palabra "Espíritu" en esta carta a los Gálatas es vital, es vital en todos nosotros, pero en seis capítulos aparece dieciocho veces para ayudarnos a entender cosas que quizás hemos leído y pasado por encima, pero que necesitamos afianzar y colorear.

Escuchen la tercera pregunta, porque como que Pablo...

Vuelve y regresa. ¡Tan insensatos son! Phillips diría en su trabajo, en su paráfrasis: "¡Tan idiotas son!" Para nada es un lenguaje blando con los gálatas. No hay duda de que está indignado, pero yo creo que Pablo sabe que él está en una guerra espiritual. Yo creo que Pablo sabe que esto no es simplemente artimañas del ser humano; hay cosas de este tipo, pero yo creo que él sabe que esto es intenso. Y Pablo está arrojando por Cristo, por así decirlo, les está arrojando a través de una carta.

Y en esencia, cuando Pablo dice "tan insensatos son", Pablo dice: si ustedes conocieron la salvación por el Espíritu y no por las obras de la ley, ¿cómo pueden ser tan tontos, tan irracionales, tan inmaduros, tan simples, tan fáciles de engañar? Es como que Pablo está haciendo esto: no se corresponde con la experiencia que ustedes tuvieron en un inicio cuando recibieron salvación escuchando la Palabra, escuchando el Evangelio, escuchando el mensaje de la cruz, y luego viendo cómo se veía la gente transformada. Como que esto que ha pasado entre ustedes no se corresponde. ¿Qué pasó? ¡Tan tontos son!

Pregunta número cuatro: habiendo comenzado por el Espíritu, esta es la pregunta, ¿cómo van a terminar ahora por la carne? Es como que Pablo está diciendo: déjame hacerte esa pregunta de otra forma. Habiendo comenzado por la obra del Espíritu de Dios, ¿pueden ustedes ahora terminar la misma obra por el esfuerzo humano? ¿Es así como ustedes lo entienden? ¿Es que tú piensas que nosotros necesitamos completar la obra que Cristo dejó a mitad de camino? ¿Tú piensas que se comienza por el Espíritu pero que tú perseveras por las obras de la ley, de manera que al final hay un crédito que hay que darte, porque es verdad que me comenzaron, pero yo, es mi fidelidad y esfuerzo humano, yo terminé?

O sea, tú inicias la carrera el día que obtuviste salvación por medio de la acción del Espíritu, ¿y sabes qué? Tú continúas la carrera por la acción del mismo Espíritu, o si no te quedas atrás y nunca terminas. Eso es verdad de ti y de mí. El cristiano siempre inicia bien. Cristiano en el sentido de que estás salvo, no alguien que se dice cristiano. Siempre el comienzo es bien, claro que es la obra de Dios, pero no solo hay que comenzar bien, sino que con frecuencia no sigo bien. Pero no por una insuficiencia del Espíritu de Dios que mora en él, nunca jamás, imposible, sino porque habiendo comenzado por la obra de Dios, en algún momento, sin articularlo de esta forma, nosotros decidimos continuar conforme a nuestra propia sabiduría o entendimiento. O porque en algún momento, sin pensarlo, comenzamos a sentir deseos de la carne y deseos de satisfacer dichos deseos, valga la redundancia, y comenzamos a hacer. O porque alguien nos hechizó en el camino y pensamos que necesitamos continuar por medio del esfuerzo humano, y que yo podía mantenerme no tan cerca de Dios pero tampoco perderme, como la persona que les mencioné que conocimos en Estados Unidos.

Pregunta número cinco: ¿han padecido tantas cosas en vano, si es que en realidad fue en vano? En otras palabras, yo quiero creer que hay creyentes entre ustedes, entonces si es que en realidad fue en vano, que quizás no fue en vano. Pero yo quiero hacer una pregunta, gálatas. Yo creo que hay evidencia en la Palabra de Dios, cuando Pablo estuvo en la región de Galacia, creo que está en Hechos 13 y 14, hay evidencia de cómo fue perseguido por haber creído en Cristo. Entonces va la pregunta: ¿han padecido tantas cosas en vano? Lo más probable es que después que ellos creyeron en Cristo, ellos también fueron perseguidos. Y les está diciendo: pero vamos a ver, gálatas, ustedes sufrieron, tuvieron opuestos, sufrieron por haber creído en el nombre de Cristo para salvación de ustedes, ¿y todo eso fue en vano? ¿Ya ustedes piensan que esa experiencia que tuvieron, que soportaron, que padecieron, entonces no valió la pena?

Esas preguntas suenan como que la intencionalidad de Pablo era avergonzarlos, pero honestamente, si tú conoces el espíritu de Pablo en sus cartas, yo creo que sería la última cosa en su mente. Lo que Pablo sí sabe es que con esto está en juego. Vamos a asumir por un momento que eran salvos, entonces quizás no estaba en juego en ese sentido la salvación, pero estaba en juego su santificación. Estaba en juego la vida plena en Cristo. Estaba en juego el Evangelio que ellos podían pasar o no pasar a la próxima generación. Estaba en juego la pureza de la verdad misma. Estaba en juego la estabilidad de la iglesia. Estaba en juego la unidad de la comunidad de Cristo y el testimonio que podían ofrecer a los que estaban fuera, porque en el error no tenemos testimonio que ofrecer.

Pregunta número seis y última, el versículo cinco: ¿Aquel que les suministra el Espíritu y hace milagros entre ustedes, lo hace por las obras de la ley o por el oír con fe? Ya, pregunta relevante para hoy, porque todavía hoy la gente piensa que si Dios hace un milagro en una persona, en una familia, como que eso es secundario a una obediencia que esa persona está llevando a cabo. Y la obediencia es vital, y Dios recompensa la obediencia, pero si tú lees los Evangelios, yo no sé si la mayoría, porque no todos están descritos con detalle, una gran cantidad de milagros fueron hechos en personas que ni sabían quién era Cristo. Como el paralítico en la piscina de Betesda. Como el hombre de Juan 9 que nació ciego, y Cristo le preguntó, después que lo sanó y después que andaba por ahí caminando, le preguntó que si él sabía quién era el Hijo del Hombre, y él dijo: "No, yo no sé quién es, Señor, para que yo crea." Y bueno, tú estás hablando con él.

Entonces Pablo está diciendo: ¿ustedes piensan que los milagros que se hicieron entre ustedes fueron obra del Espíritu, o el Señor vio cuán obedientes a la ley ustedes eran y en recompensa comenzó a hacer milagros a diestra y siniestra? Tú es que tenemos que entender por eso el rol de la fe, porque hay un rol que la fe juega aun después de haber sido salvo. Porque tú lees que no se van a ir en ocasión a que Cristo ahí no hizo muchos milagros por su incredulidad, de manera que hay un rol que esa fe juega. Pero al final del camino hay una interacción entre la voluntad soberana de Dios que decide obrar milagrosamente por el poder del Espíritu. Aun Cristo hizo todos sus milagros por el poder del Espíritu, lo dice claramente cuando dijo que expulsaba demonios, todos sus milagros. Pero al mismo tiempo, la voluntad soberana de Dios interactúa con la fe o incredulidad del hombre, que termina haciendo o no haciendo milagros en esa interacción que solamente Dios entiende perfectamente.

Y Pablo aprovecha la ocasión para preguntarles: los milagros que se hicieron entre ustedes, ¿fue después que alguien se circuncidó o fue después que alguien creyó? O quizás Dios obró milagros y eso los convenció y ustedes llegaron a creer el mensaje. Quizás los milagros fueron las cosas, o alguna de las cosas, que me autentificaron a mí como apóstol del Evangelio, que Pablo tuvo que defender. Y se pasa dos capítulos, el primer capítulo directa o indirectamente defendiendo su apostolado.

Y esas son las preguntas introductorias retóricas: piensen, piensen, piensen. Y ahora lo que hace, de ahí salió mi título, es que alude a una ilustración. Cuando la fe necesita ser ilustrada, ahí comencé y les expliqué parte de eso en el texto anterior. Estaría Pablo diciendo en el versículo 2:16, vimos cómo Pablo les dice tres veces que ningún hombre es justificado por las obras de la ley, y en el mismo versículo dice tres veces que la salvación o la justificación es por la fe. Ahora, Pablo ya les explicó ahí en ese texto anterior la semana pasada, explicó la salvación otra vez. Ahora lo que les está haciendo es ayudarlos a entender la salvación un poco con más detalles, y ahora es como: ahora tengo que ilustrarte la fe, o la salvación, perdón.

Versículo seis, así Abraham entra en la ilustración: creyó Abraham a Dios y le fue contado como justicia. Tú notas que en ese versículo no hay nada todavía acerca de obediencia. Abraham obedeció la mayor parte de su vida, no así estaba su vida, pero su obediencia comienza después que él nació de nuevo. No tenía poder para tales cosas. Es una cita de Génesis 15:6 que dice exactamente lo mismo. Dios va y le dice a Abraham que va a tener un hijo. Abraham tenía 75 años. Abraham le recuerda a Dios que él está viejo ya, y Dios le dice: "Sí, yo sé, pero tú vas a tener un hijo." Y no solamente tú vas a tener un hijo, tú vas a tener una descendencia tan numerosa como las estrellas. Es más, Abraham, en buen dominicano: sal para afuera, como si tú pudieras tal. Y para dentro, ahora sal para afuera, para el cielo, mira las estrellas. ¿Tú ves un número? Así va a ser tu descendencia. A los 75 años.

Y el texto de la Palabra dice en Romanos 4 que Abraham creyó en esperanza contra esperanza. En otras palabras, el chance de que esa esperanza se hiciera realidad era tan mínimo que él creyó en esperanza contra esperanza. La evidencia como que no daba, no computaba, pero él creyó. La evidencia no estaba a su favor, pero Dios tomó esa fe. Porque le creyó, Dios tomó esa fe de Abraham depositada en Él y le dijo: mira, Abraham, esta fe la voy a contar a tu favor.

En Génesis 17:1-3 se nos dice justamente eso que yo acabo de decir. Pero Abraham, ¿cuántos años tenía Abraham cuando lo circuncidaron? Noventa y nueve años. De manera que su circuncisión no vino hasta veinticuatro años después de que ya él le creyó y de que le dijeron: tu fe te ha sido contada por justicia. Y la ley a la que están apelando los judaizantes, la ley de Moisés, no llegó hasta setecientos o setecientos cincuenta años después, y ya la fe de Abraham le había sido contada por justicia.

Y Dios nos acepta de la misma manera que Abraham fue aceptado. Abraham fue aceptado por una fe que él depositó en un Mesías que habría de venir, que sería simiente de él, que sería descendiente de él, que él nunca vio, pero él creyó en esa simiente. Entonces serán benditas todas las naciones de la tierra. Y yo creo en la misma simiente de Abraham, que ya vino: Cristo Jesús. Entonces ahora, en Génesis 15:6 se nos dice, ahorita en Génesis 17:1-3, es cuando, para autocorregirme, fue cuando.

Dios le hace el anuncio de la promesa tres capítulos más tarde. En Génesis 15:6 es cuando Dios le dice que su fe le fue contada por justicia. Cuando esa frase que fue escrita en hebreo fue traducida al griego, esa frase "le fue contada", la palabra es "logizomai", y lo que "logizomai" implica literalmente es tomar algo que le pertenece a alguien y acreditárselo a la cuenta de otro. De manera que Abraham creyó, y después de creer, Dios tomó algo que le pertenecía a otro, a Cristo que vendría, y se la depositó en su cuenta, por así decirle. Dijo: "Abraham, la santidad de tu simiente será a través de él, que tú serás salvo."

El hombre frecuentemente piensa que para ser salvo necesita obedecer, porque es la obediencia la que es recompensada. Eso es como lo entiende, y esto pasa en consejería a veces, como en conversaciones. Tú le presentas el evangelio y tú le predicas, le dices a alguien: "Oye, ¿tú has pensado entregar tu vida a Cristo?" La persona baja la cabeza, dice: "Sí, pastor, pero yo tengo que arreglar algunas cosas primero." No, no, no, no. No creemos que estemos perdiendo; es que tú tienes la idea equivocada.

Podemos en los minutos que me quedan como deshilachar algunas cosas, a ver cómo opera la fe, las obras en la vida del creyente, la obediencia, la recompensa. Vamos a ver eso.

Entonces, en primer lugar, esto da a entender la relación entre la fe y la obediencia. La fe es mi confianza depositada en Dios, en Cristo, en su Palabra, en sus promesas. Esos son diferentes colores de la misma verdad. La obediencia es mi sumisión a la voluntad de Dios, porque eso está más o menos claro. Debes escuchar ahora, porque no es difícil esto, pero necesita como quizás terminar diciendo: "No lo había pensado de esa forma."

La fe produce obediencia. Mientras más fe tengo, más obedezco. Pero es la fe que salva, no mi obediencia. Por eso es que la gente no puede ir a arreglar cosas primero para luego venir y querer entregar su vida a Cristo. Mi obediencia nunca es suficiente para salvarme. Nunca. Para que mi obediencia fuera suficiente para salvarme, entonces, ¿cómo tiene que ser? Ahora, tiene que ser idéntica a la obediencia de Cristo, desde que nazco hasta que muero. En ese caso ya no sería por gracia, sería justo que me den salvación. Porque cumplí desde la A hasta la Z; yo sería como el alfa y la omega de la obediencia. No acabamos de entender que todas nuestras facultades están manchadas por el pecado.

Yo les decía a los hombres del miércoles que tú no puedes crecer sin cambiar, y le decía entonces, traté de usarme a mí mismo como ilustración. Yo tengo, yo sé, que yo tengo mucho que cambiar en muchas áreas distintas. Y si alguien me pregunta: "¿Y cómo yo sé eso de una persona tan difícil?" Porque se supone que Cristo quiere hacerme más a su imagen, y en mis mejores áreas yo estoy a leguas de Cristo. No, no he visto mucho eso como a mí. En mis mejores áreas, hermano, yo estoy a leguas de distancia de la imagen de Cristo. Por esto es que mi obediencia jamás podrá comprarme salvación.

Yo te leí esto que te voy a leer ahora, pero algunos probablemente no estaban, no lo escucharon, se les olvidó, no lo entendieron bien. Escucha, Jonathan Edwards, mejor teólogo que Estados Unidos haya podido dar y que la Iglesia probablemente ha tenido, uno de los mejores que la Iglesia haya tenido: "Cuando veo dentro de mi corazón, percibo una infinita maldad. Creo que es un abismo más profundo que el infierno. Cuando oro, peco. Cuando predico, peco." Terminamos aquí entonces. "Tengo que arrepentirme de mi arrepentimiento. Y mis lágrimas necesitan lavarse en la sangre de Cristo."

Edwards está diciendo: "Yo me arrepiento y me arrepiento mal o incompletamente. Me arrepentí por un pecado que yo quería que solamente llegara hasta aquí, pero en realidad llega hasta acá." Y dice: "Yo tengo que arrepentirme de mi arrepentimiento incluso."

Entonces, entonces no ves de ese modo. No, no. Cristo toma tu obediencia insuficiente, incompleta, manchada, como que la purifica para que sirva, como que la pone en Cristo. Y entonces Dios la toma como buena y válida, pero en Cristo que la completa. En Cristo, por su gracia. Porque mi obediencia siempre es defectuosa. Tú tendrías que obedecer amando a Dios con toda tu alma, toda tu mente, toda tu fuerza, con todo lo que tú eres. ¿Vienes amando a Dios de esa forma?

Notaste cómo el texto dice: "Abraham creyó." Estaba que he subrayado ya, aponer círculo alrededor de las palabras cuando estamos en pantalla. Al número, fui a poner un círculo alrededor de "creyó". Y le fue contado por justicia. Creyó, no obedeció. Su obediencia viene después. El "creyó" es una expresión tan vital para el resto de la revelación bíblica que aparece en Génesis 15:6, aparece en Gálatas 3:6, aparece en Romanos 4:3, en Santiago 2:23. Él creyó; después obedeció. De modo que tú crees, y luego le fue contado por justicia, y luego terminó obedeciendo.

Pablo usa la figura de Abraham por más de una razón. Por un lado, es la ilustración más temprana que él puede usar de cómo es la salvación. Número dos, porque los judíos equiparaban a Abraham con salvación. Si tú eres simiente de Abraham, tú eres salvo. Entonces, ok, déjame regresar como al origen, a la mata de la salvación en su mente, Abraham, para explicarles, para usar la misma revelación bíblica.

La literatura judaica enseñaba que Abraham —la literatura judaica, no la Palabra— que Abraham fue justificado por las obras de la ley. Yo creo que Pablo, entonces, está diciendo: "No, déjame corregir la literatura que ustedes leen con la Palabra de Dios para que entiendan que Abraham no fue justificado por las obras de la ley." Y muchos creían que ser descendiente de Abraham garantizaba la salvación.

Ok, entonces, como que eso nos aclaró un poco la relación entre la fe y la obediencia. Ahora, en segundo, vamos a ver la relación entre obediencia y mérito. La obediencia es necesaria, pero no es digna de méritos. Como que cuando yo obedezco con esfuerzo, yo creo que yo merezco, yo creo que merezco algo. Imagina que Cristo diga: "¿Ok, tú piensas que es justo que yo te recompense de alguna manera?" Que digo: "¿Qué, bueno?" Si yo pienso que sí, Cristo diría: "Si tú piensas que es justo, déjame sacar mi libro de cuentas y vamos a examinar ahora tu obediencia. Vamos a examinar tus motivaciones, vamos a examinar tus intenciones, vamos a examinar tu grado de esfuerzo a la luz de la muerte de mi Hijo a tu favor. ¿Cómo tú piensas que irías quedando?"

Entonces, tu obediencia y la mía no es meritoria. La obediencia perfecta de Cristo fue meritoria, y por eso es que siempre hablamos y oramos por los méritos de Cristo y no los míos. ¿Por qué hablamos de esa forma? Porque su obediencia sí fue meritoria, porque él obedeció perfectamente.

En tercer lugar, si vemos la relación entre las obras como fruto de mi obediencia y mis recompensas —estamos todavía con la recompensa—, examinemos la relación entre las obras y mis recompensas. Tú sabes que mis recompensas serán conforme a mis obras. Eso está claro en la Biblia en más de un pasaje, pero si quieres yo te doy uno: según 2 Corintios 5, todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para rendir cuenta de todo lo que ya hemos hecho, sea bueno, sea malo, y seremos recompensados conforme a nuestras obras. Pero las obras no son meritorias, sino que Dios en su gracia recompensa mi obediencia insuficiente y defectuosa, todavía por gracia.

No hay una bendición que yo haya recibido —que todavía he recibido, y son muchas las que hemos recibido— que haya sido merecida. Si le quitas la gracia, todo lo que hacemos te quedas en nada, literalmente hablando.

Déjame usar un solo versículo para probar lo que acabo de decir. Suponte que hasta donde tú puedes como determinar, tú guardaste los principios cristianos de la A a la Z. Entonces vas a donde Cristo, dices: "Señor, mira, yo hice todo lo que nos ordenaste, ¿dónde está lo mío?" Lucas dice: "Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les ha ordenado..." Levantemos la mano los que hemos hecho todo lo que se nos ha ordenado. Pero supongamos que cinco personas levantaron la mano. "Cuando hayan hecho todo lo que se les ha ordenado, digan: 'Siervos inútiles somos.'" Entonces, obviamente, yo tengo que decir: "Señor, yo soy un candidato a siervo inútil, porque yo no he hecho todo lo que me toca hacer."

Y Pablo ahora cierra. Los versículos 7 al 9, rápidamente lo vamos a revisar uno a uno. "Por tanto, sepan que los que son de fe, estos son hijos de Abraham." Esto fue una idea nueva para los gálatas, porque para los gálatas el hijo de Abraham era los hijos biológicos, los descendientes de generación tras generación tras generación. Y para muchos judíos todavía hoy, oye bien, los descendientes o los hijos de Abraham no tienen que ver, bíblicamente hablando, con los genes, con la genética. No tiene que ver con eso. Tiene que ver con lo que Abraham hizo en esa ocasión cuando creyó y le fue contado por justicia. Por tanto, sepan que los que son de fe, estos son hijos de Abraham, no hijos biológicos.

Escucha cómo Pablo lo explica a los romanos en los versículos 28 y 29: "Porque no es judío el que lo es exteriormente, ni la circuncisión es la externa en la carne, pues es judío el que lo es interiormente, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, en mayúscula, no por la letra, la alabanza del cual no procede de los hombres, sino de Dios". Claramente, como que entiendan, es que esto da un entendimiento completamente diferente al que usted había tenido hasta el día de hoy.

La circuncisión de la que usted es tanto Abraham, la que Dios toma en cuenta, no es la externa. Eso fue simplemente un símbolo externo de algo que debió haber pasado en su interior. Y es que Dios tenía un grupo de personas especiales, separadas para Él, que vivieran para su gloria, pero resulta que no lo hicieron de esa forma. De manera que el valor de la circuncisión en la carne fue perdido, y lo único que queda es el valor de la circuncisión en el interior, hecha por el Espíritu: la circuncisión del corazón.

El versículo 8: "La Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe", ya Dios había lo sentido de antemano, anunció de antemano las buenas nuevas, es el Evangelio, a Abraham, diciendo: "En ti serán benditas todas las naciones". La Gran Comisión de que nosotros hablamos: "Toda la autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra, por tanto, id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a obedecer todas las cosas que os he enseñado, y he aquí yo estaré con vosotros hasta el final de los días", eso apareció por primera vez, dicho de otra forma, en Génesis: "En ti, en tu simiente", singular, "serán benditas todas las naciones de la tierra".

En otras palabras, escucha, escucha otra vez. Dios, previendo que justificaría a los gentiles por la fe, anunció de antemano las buenas nuevas, es el Evangelio, buenas nuevas, a Abraham, diciendo: "En ti serán benditas todas las naciones". Para que estos gálatas pudieran entender, como judíos al fin, esto no es nuevo. Todos los gentiles, no es nuevo, esto es algo también como Abraham.

Y finalmente, el versículo 9: "Así que los que son de la fe son bendecidos con Abraham, el creyente". Los que son de la fe, y esta es la creencia, son bendecidos juntamente con Abraham, con Abraham. Nota que no dice el obediente, aunque él obedeció. No, el creyente. Ahí donde comienza la vida espiritual de Abraham.

Entonces, la fe en el Cristo que habría de venir y la fe en el Cristo que ya vino es la puerta de entrada al reino de los cielos, para el judío de antaño y para nosotros hoy en día. Nadie ha sido salvo por las obras de la ley, sino que hay solamente un camino y es Cristo. Hay una verdad y fuera de Cristo no hay gramo, y hay una sola vida eterna, y es la que Cristo te puede dar. No hay de otra forma.

Entonces, rápidamente, para concluir, porque quizás Dios ha traído algunas personas aquí para darle salvación hoy. La fe que salva necesita tres cosas, tres componentes. Obviamente, cuando yo estudio la Biblia, quizás no llego a esa conclusión teológica medio compleja, si tú quieres, aunque al final no está tan compleja, pero para que la podáis entender.

Necesita contenido. ¿Cuál es el contenido? Bueno, yo soy pecador, yo necesito salvación, yo necesito perdón. Cristo vino, hay una ley que fue incumplida por Adán y Eva. Cristo vino, cumplió esa ley a perfección, y luego fue y murió en mi sustitución, para que yo no tuviera que ser enviado al infierno para el resto de la eternidad. Murió como sustituto, derramó su sangre. Yo creo eso y estoy convencido de eso. Estoy convencido que Él es el único mediador entre Dios y el hombre, el único Redentor, y que me puede salvar. Estoy convencido que después que Él murió, Él también resucitó. La resurrección selló lo que Él había hecho. Y en la cruz Él conquistó el pecado, porque murió sin pecado, y en la resurrección conquistó la muerte, resucitando, lo cual garantiza mi resurrección. A eso los reformadores llamaban notitia, que es otra forma de hablar de contenido.

Hay un segundo elemento, y es que yo necesito afirmar eso. Lo que los reformadores llamaban assensus, de donde viene la palabra asentir, y también asentir que es así. Yo necesito más que eso, porque Satanás sabe esas dos cosas. Satanás conoce el contenido, y él sabe que sí, que puede sentir que sí, que el Cristo es el único camino entre Dios y el hombre, que Él es el camino, la verdad y la vida. Lo que él no hace es la tercera parte: depositar su confianza y aclararle y reconocerle como Señor. Eso es lo que él no hace.

De manera que el amigo nuestro del que te hablé, él tenía el componente número uno, tenía el contenido. El componente número dos, él tenía el assensus, él asentía: "Sí, no hay condenación, pero hay que estar en Cristo Jesús". Lo que él no mostraba es que él había depositado una confianza en Cristo como Señor de manera que él viviera su señorío, porque él vivió fuera de su señorío. Y lamentablemente, un día, no recuerdo todos los detalles, lo supimos porque hace varios años murió de un ataque cardíaco y no tengo idea de su salvación. Y a eso los reformadores llamaban fiducia, confianza. Fe viene de esa palabra: fiducia.

¿Será tu caso? Ahí con Dios, revisa tu vida, revisa tu creencia, su entendimiento. Mira cómo está tu vida alineada, o no alineada, con el Evangelio y sus implicaciones. Y si tú encuentras que eres creyente, amén. Si encuentras que eres creyente, amén. Pero si encuentras que tienes áreas de desviación, pues aprovecha ese tiempo y habla con Dios, rectifica tu caminar. Y no para el día de hoy ni para esta semana. Rectifica tu caminar con la intencionalidad de mejorar todo lo que has dado, para que tu vida y su plomada vayan, estén de la mano.

Pero quizás Dios permitió y te habló, permitió que vinieras, te trajo, te impulsó, y por medio de su Espíritu te dio entendimiento, te abrió los ojos. Quizás hoy tú dices: "Mira, yo he reconocido que yo necesito salvación". Y si ese es tu caso, yo quiero hablar contigo. Voy a hablar desde aquí, te quedas incluso sentado, pero yo quiero guiarte en una oración.

Ahí donde estás, tú puedes decir: "Señor, yo te doy gracias porque usaste dos elementos poderosos, tu Palabra y tu Espíritu, para vencer lo que necesitaba ser vencido en mí. Gracias por dejarme ver que verdaderamente soy pecador. Gracias por dejarme ver que no solamente estoy en necesidad de perdón, sino que Tú proveíste ya la fórmula, la manera de ser perdonado. Te doy gracias por la sangre que puede lavar mis manchas. Gracias, de verdad, de corazón, gracias. Yo te pido perdón ahora, reconociendo tu inmenso sacrificio. Recibo tu perdón. Gracias por limpiarme. Yo quiero pedirte ahora que, como el Espíritu de Dios está viniendo a mí en el momento que estoy siendo salvo, que por medio de ese Espíritu Tú hagas lo que tengas que hacer en mi vida, para que yo pueda obedecer. No porque yo quiero méritos, sino porque yo quiero honrar mi salvación, quiero honrar tu nombre, quiero honrar tu sacrificio. Te pido que ese Espíritu me ayude entonces a vivir tu señorío, porque Tú eres mi Señor y Tú eres mi Dios".

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.