Integridad y Sabiduria
Sermones

Cuando Dios endosa tu ministerio

Miguel Núñez 1 agosto, 2021

Hace dos mil años, un conflicto amenazaba con dividir a la iglesia primitiva: algunos insistían en que los gentiles debían circuncidarse para ser salvos, añadiendo las obras de la ley al mensaje de la gracia. Lo que estaba en juego no era un procedimiento religioso, sino la pureza misma del evangelio. Pablo subió a Jerusalén con Bernabé y Tito —un griego no circuncidado— para presentar ante los líderes reconocidos el evangelio que predicaba entre los gentiles. No fue porque dudara de su llamado, sino para evitar que surgieran bandos que dijeran "yo sigo a Pablo" o "yo sigo a Pedro", como ocurrió después en Corinto.

El resultado fue extraordinario: Pedro, Juan y Jacobo no le añadieron nada al mensaje de Pablo. Reconocieron la gracia que Dios le había dado y, en lugar de dividirse, extendieron la diestra de compañerismo. Uno iría a los gentiles, los otros a los judíos, pero el evangelio era uno solo. La única petición fue que Pablo no olvidara a los pobres, algo que él ya deseaba hacer.

La división ha sido la plaga histórica de la iglesia, y Satanás es un maestro en provocarla. No necesita dividir a todos los miembros; le basta con separar a dos o tres líderes para que el resto caiga por añadidura. Hoy, temas como la pandemia o ciertas teorías sociales están dividiendo a hermanos de buena doctrina. El llamado es claro: defender el evangelio sin comprometerlo, pero nunca dividir el cuerpo de Cristo por preferencias personales. La causa de Cristo siempre debe estar por encima de nuestros intereses.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Señor, vengo de parte de ti, delante de ti, a exponer tu Palabra. Hay tantos momentos en los que, como cantamos, pudiéramos decir "dame a Cristo", pero este es uno. Este es uno de esos momentos donde yo necesito decirte: dame su gracia, dame su verdad, dame su autoridad. Oh Dios, dame la claridad de su mensaje, dame su mente, dame su mansedumbre, dame su humildad, dame su ternura, dame su firmeza, dame todo lo que Él es, dame todo lo que Él es que yo no tengo, de manera que cuando tu Palabra sea expuesta, tu pueblo, a quien Tú compraste a precio de sangre, pueda oír tu voz y no la mía.

Señor, nosotros venimos a tu iglesia a oír tu voz. No venimos a tu iglesia a oír la voz de un hombre, venimos a oír la voz de Dios. De manera que toma tu Palabra y háblanos a todos nosotros. Señor, permite que tu Palabra haga en nosotros el trabajo que solamente ella puede hacer, que cuando salga de tus labios, aunque en este sentido serán mis labios, pero cuando salga de ti, de tu Palabra que Tú inspiraste, después no regrese sin haber cumplido el propósito para el cual Tú la estás enviando en el día de hoy.

Señor, tu pueblo necesita a Cristo y yo necesito a Cristo tanto como ellos. Tu pueblo necesita tu Palabra y yo necesito tu Palabra tanto como ellos. Suple mi necesidad en mi necesidad. Te pedimos, Señor, que independientemente de lo que nosotros podamos pensar, creer, desear, olvídate de todo eso y danos a Cristo. No te damos permiso, pero simplemente queremos decir: nosotros reconocemos tu señorío y tu soberanía para Tú imponerte por encima de nuestros deseos caídos y darnos lo que Tú entiendes que yo necesito, porque Tú eres mi bien. Señor, tu ley es mi sabiduría. Oh Dios, tu ley es mi sabiduría, tu ley es mi bendición, tu ley es mi protección. Gracias por tu ley. En Cristo Jesús, si su pueblo dice bendición. Amén.

Bueno, te invito a que abras la Palabra de Dios, la carta a los Gálatas. Vamos a leer el texto en unos minutos, pero debo decir esta mañana que yo tengo el reto en el día de hoy de leer y hablarte de un evento, de una ocasión que ocurrió hace dos mil años y que en la superficie no tiene ninguna relevancia en el contexto en el que nosotros estamos viviendo. Sin embargo, de acuerdo a la Palabra misma, todo lo que fue escrito ha sido dejado en este libro para tu enseñanza, mi enseñanza, para que ganemos experiencia, para nuestro escarmiento incluso, de manera que el texto de hoy está aquí porque Dios entiende que esta iglesia y la próxima generación tienen cosas que aprender de lo narrado.

Nuestros problemas como iglesias son distintos quizás a los de la iglesia de ayer, pero el corazón del hombre hoy es el mismo que el de ayer. La iglesia de hoy puede discutir diferentes asuntos, pero la realidad es que el corazón que discute hoy es el mismo corazón de ayer y lo hace con la misma emocionalidad o emocionalismo del pasado. Dice un refrán que la fruta no se cae muy lejos del árbol, hablando de dónde proviene, pero de esa misma manera pudiéramos decir que la iglesia de hoy no se cae muy lejos de la iglesia de ayer, de la iglesia primitiva, excepto que nuestros temas de discusión quizás puedan ser diferentes.

A lo largo de la historia de la iglesia, si hay algo que Satanás ha sabido hacer muy efectivamente es dividir al pueblo de Dios con el pueblo de Dios, y eso ha ocurrido por diferentes razones, en diferentes momentos. Pero como bien dice el refrán, el que divide vence. Y Satanás es un maestro de la división sin lugar a dudas, y nosotros como personas caídas y altamente emocionales no necesitamos mucho para dividirnos el uno del otro, y él lo conoce.

Ahora, si hay algo de lo que yo estoy convencido es que detrás de cada división de los hijos de Dios no está Dios, está la mano de Satanás. Y de esa misma manera yo pudiera decir que detrás de cada división de la iglesia de Dios ha habido un trabajo fino, a veces por años, que Satanás ha estado haciendo hasta alcanzar sus metas.

En los últimos dos años hay dos temas que han estado dividiendo a la iglesia, dos temas en la iglesia del norte y uno que ha estado dividiendo a la iglesia latinoamericana de la misma forma. El tema en común entre ellos y nosotros, y entre el resto del mundo hoy en día, increíblemente es la pandemia. La pandemia, sus restricciones, lo que hago, lo que no hago, el distanciamiento social, las vacunas. Yo no puedo creer, o bueno, sí puedo creer, las cosas que cristianos que entienden el Evangelio, que han abrazado el Evangelio, pueden escribirse unos a otros en redes sociales ante la lectura del público inconverso con relación a si debo o no debo vacunarme. Es increíble el distanciamiento que ha ocurrido en iglesias, entre hermanos de buena doctrina, por la manera como cada uno entiende que debe manejar o no manejar la pandemia. Eso es la iglesia al norte, la iglesia de Latinoamérica y en muchas partes del globo terráqueo.

Ahora, en la iglesia del norte, Estados Unidos predominantemente, una nueva corriente, una nueva teoría, la teoría es vieja pero la corriente dentro de la iglesia es nueva, llamada o conocida como Critical Race Theory o la teoría crítica de la raza, ha dividido a los mejores hombres de Dios en el mundo evangélico. Yo no voy a entrar en los detalles porque es una teoría compleja, créanme, compleja. Pero en esencia hay cosas como estas: que si tú eres de raza blanca, dice esta teoría, por definición tú eres racista, no importa lo que tú creas, pienses, digas o cómo te comportes. Tú estás en la obligación incluso de pedir perdón por el pecado de opresión de tus antepasados, tus abuelos, tus bisabuelos, tus tatarabuelos, por la manera como ellos probablemente oprimieron a la raza de color. Que esa raza ha formado todo un sistema social y político que la favorezca y con la intención de oprimir a la raza contraria.

Yo no creo que nadie puede discutir que ha habido racismo a lo largo del tiempo, pero esa teoría, que tiene todo un trasfondo y una base marxista detrás, es tan anti-evangelio como cualquier otra teoría. Sin embargo, hay gente que está convencida hoy en día que esta teoría forma parte de lo que es el Evangelio, y el evangelio social o la justicia social forma parte de lo que es el Evangelio. Y el otro grupo entiende, y ahí estoy yo, que realmente la justicia social es un derivado de la aplicación del Evangelio. La justicia social es lo que resulta cuando yo voy a vivir el Evangelio en la sociedad. Pero el Evangelio no es otra cosa que el mensaje de salvación por gracia, a través de la fe en Cristo Jesús, traído y ofrecido a los hombres por medio de su crucifixión, el derramamiento de su sangre para el perdón de pecados y su resurrección para el mismo perdón y salvación de los mismos hombres. Nada más y nada menos, ese es el Evangelio. Y sin embargo la iglesia de hoy en día está dividida acerca de ese tema.

Ese no es el tema de mi mensaje hoy en día, es una ilustración para que tú puedas entender cómo lo que vamos a ver hoy tiene una relación con hechos con los cuales está luchando la iglesia de hoy. Satanás a lo largo de los años ha tomado el Evangelio, ha hecho entender a cristianos y líderes cristianos el Evangelio, y luego ha querido agregarle sus propios temas de agenda al mensaje del Evangelio. Y el agregar mis temas favoritos al Evangelio compromete la esencia del Evangelio.

La iglesia primitiva no fue diferente. El tema fue diferente, pero fue exactamente la misma cosa. Había judíos que insistían en que para ser salvo tú necesitabas la circuncisión. Pero la circuncisión no es simplemente el procedimiento médico que va a llevar el médico, es el inicio de tu entrada al judaísmo, de manera que las obras de la ley volvieran a ser parte de lo que sería el cristianismo. De manera que tú entrarías por el judaísmo y luego creerías en Jesús para el cristianismo. Esa era su idea: tú no podías ser cristiano sin ser circuncidado. Y Pablo tuvo que luchar arduamente para mantener la pureza del Evangelio y aun para defender su testimonio de los judaizantes, porque una vez ellos se quedaron sin argumentos, entonces comenzaron a atacar el ministerio de Pablo y el carácter de Pablo.

Bueno, lo que yo quiero que podamos ver es algo que ocurrió hace dos mil años y podamos encontrar aplicación para tu vida, mi vida y la vida de iglesia hoy en día. El mensaje ha sido titulado "Cuando Dios endosa tu ministerio". El primer mensaje lo titulamos "Cuando el Evangelio está en juego", el segundo mensaje de la semana pasada lo titulamos "Cuando tu ministerio es cuestionado", y este es "Cuando Dios endosa tu ministerio".

Y con eso yo quiero invitarte a que puedas leer conmigo capítulo dos de Gálatas, versículo uno hasta el diez:

"Entonces, después de catorce años subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también a Tito. Subí por causa de una revelación y les presenté el evangelio que predico entre los gentiles. Pero lo hice en privado a los que tenían alta reputación, para asegurarme de que no corría ni había corrido en vano. Pero ni aun Tito, que estaba conmigo, fue obligado a ser circuncidado, aunque era griego. Y esto fue por causa de los falsos hermanos introducidos secretamente, que se habían infiltrado para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jesús, a fin de someternos a esclavitud. A los cuales ni por un momento cedimos para someternos, a fin de que la verdad del Evangelio permanezca con ustedes. Y de aquellos que tenían reputación de ser algo, lo que eran nada me importa. Dios no hace acepción de personas. Pues bien, los que tenían reputación nada me enseñaron, sino al contrario, vieron que se me había encomendado el evangelio a los de la incircuncisión, así como a Pedro le había sido a los de la circuncisión. Porque aquel que obró eficazmente para con Pedro en su apostolado a los de la circuncisión, también obró eficazmente para conmigo en mi apostolado a los gentiles."

Al reconocer la gracia que se me había dado, Jacobo, Pedro y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra del compañerismo, para que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los de la circuncisión. Solo nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, lo mismo que yo estaba deseoso de hacer. Ese es el evento, ese es el momento, esa es la ocasión.

Esta es otra nota autobiográfica del apóstol Pablo. Es probablemente su segundo viaje a Jerusalén, aunque algunos lo entienden como el tercero. Y Pablo dice en el pasaje anterior que vimos, que a los tres años de él haberse convertido, él regresó a Jerusalén. Y que cuando él regresó, él fue y buscó a Pedro y pasó quince días con él; vimos eso la semana anterior. Y que luego estuvo con Jacobo también. Estuvimos conversando que probablemente Pablo quería conocer un poco del trabajo que Pedro y Jacobo y otros líderes habían estado haciendo, porque él no había sido parte del ministerio de Cristo con ellos, ni había sido parte de Pentecostés, ni había sido parte de las experiencias primeras de la Iglesia. Yo creo que Pablo quería también que ellos conocieran de su trabajo y de cómo el Señor se le había revelado a él en una visión, y le había pasado las mismas enseñanzas directamente de Cristo a Pablo, de la misma forma que Cristo se las pasó, esas enseñanzas de Él, al resto de los apóstoles.

Pablo sale de Jerusalén y se comienza a trabajar en las regiones de Siria y Cilicia, y leímos eso la semana pasada. En el texto de hoy, entonces, acabamos de leer que catorce años después —algunos piensan que Pablo está hablando de catorce años después de su primer viaje a Jerusalén, otros piensan, creo que la mayoría está ahí, que estos son catorce años después de su conversión— él sube a Jerusalén otra vez. Y este viaje probablemente coincide con un viaje que Lucas describe en el libro de los Hechos, capítulo 11, donde se habla de que Agabo, un profeta de la Iglesia Primitiva, había tenido una visión o una revelación, y en dicha revelación Dios le deja saber que venía una hambruna en toda la tierra. Y por consiguiente, la iglesia de Antioquía reúne una ofrenda para las iglesias pobres de Judea, donde estaba Jerusalén, y entonces eligen a Pablo y a Bernabé que lleven la ofrenda. De manera que muchos entienden que Pablo va ahora a Jerusalén a traer esta ofrenda que ha sido tomada, y va bien acompañado de Bernabé, cuyo nombre significa "hijo de consolación", y de Tito.

Pablo va bien acompañado porque Bernabé es la persona que introdujo a Pablo a las iglesias cuando este era un desconocido para ellos, excepto que sabían que era un perseguidor de la Iglesia, y todos tenían miedo o temor de Pablo. Bernabé lo introduce. Cuando el Evangelio comenzó a propagarse y en Antioquía los gentiles comenzaron a abrazar el Evangelio, y ese grupo comenzó a crecer, los líderes en Jerusalén se enteraron, y ellos escogieron a Bernabé para que subiera a Antioquía y viera lo que estaba pasando entre los gentiles. Bernabé se da cuenta de que el trabajo es mucho y dice: "Yo necesito a Pablo". Pablo tiene diez, doce años que nadie sabe dónde está, nadie sabe de él. Y Bernabé, esto está en el libro de los Hechos, sale para Tarso a buscar a Pablo, y encuentra a Pablo, y trae a Pablo a Antioquía para que Pablo los ayudara. De manera que Bernabé es un hombre clave en el trabajo con los gentiles, en la propagación del Evangelio entre los gentiles. Bernabé acompaña a Pablo en su primer viaje misionero predicando en región o en regiones gentiles. Entonces él era un compañero clave para subir a Jerusalén y hablar acerca de esto que estaba pasando y estas exigencias de los judaizantes que querían corromper el Evangelio.

Por otro lado, Pablo trae consigo a Tito también, una persona importante, porque Tito era gentil, griego, había abrazado el Evangelio, no estaba circuncidado. Yo creo que Pablo quería no solamente hablarles del trabajo de la obra de Dios y de la predicación que le estaba haciendo entre los gentiles; yo creo que Pablo quería presentarles un ejemplo de una persona gentil, no circuncidada, que verdaderamente había recibido salvación. Y esto es importante porque hay muchas cosas que nosotros damos por sentadas hoy en día, como el hecho de que obviamente la circuncisión no puede ser un requisito para salvación. Y se nos olvida que llegar a donde estamos hoy ha requerido muchas discusiones, sudor, trabajo, lágrimas, conversaciones, acuerdos y desacuerdos, lamentablemente, divisiones también.

Miren, aquí, cuando tú encuentras la unidad de una iglesia o de iglesias alrededor del Evangelio, no debiéramos dar eso por sentado. Yo decía incluso en el mensaje más temprano, que varios pastores de nosotros de nuestro país que hemos salido de aquí, se nos ha dicho una y otra vez por parte de pastores de otras naciones: "¿Cómo es que ustedes han podido lograr la unidad pastoral que tienen entre iglesias, que incluso no necesariamente tienen exactamente la misma idea, y tienen un grupo y tienen un chat y se comunican y se preguntan y se consultan y se reúnen?". Incluso porque eso es como tan extraño en la mayoría de las naciones latinoamericanas. Y cuando nosotros nos reunimos en grupos de pastores, decimos que damos gracias a Dios porque Él ha logrado eso, y al mismo tiempo decimos que hay que luchar por mantener la unidad de este grupo, porque eso no es común.

Entonces, esto es lo que Pablo dice: después de catorce años subió otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también a Tito. La pregunta sería: ¿cuál fue la razón? ¿Por qué Pablo quiere regresar a Jerusalén otra vez? ¿Estaba inseguro del Evangelio que le estaba predicando? ¿Tenía temor de sus resultados? ¿Estaba haciendo lo correcto? No, claro que no. Él explica, él explica ahí mismo para qué subió, por qué subió. Escucha, versículo dos: "Subí por causa de una revelación". ¿Cuál fue la revelación? Bueno, muchos entienden que es la revelación que Agabo recibió de esta hambruna que iba a ocurrir. Entonces hay una colecta que se ha hecho en la iglesia de Antioquía, él sube a Jerusalén con Bernabé tal como está descrito en Hechos 11 a llevar esta ofrenda. Y tiene sentido cuando nosotros terminamos de leer todo el texto para que tú puedas ver lo mejor.

Pablo aprovecha la ocasión y dice que él llega a Jerusalén y les presenté el Evangelio que predico entre los gentiles, pero lo hice en privado a los que tenían alta reputación, para asegurarme de que no corría ni había corrido en vano. Pablo subió a Jerusalén, se reúne con los líderes, les hace una presentación del Evangelio que él estaba predicando entre los gentiles. No porque hubiera doce evangelios, no porque hubiera un Evangelio que Pablo predica y otro Evangelio que Pedro estaba predicando, sino que él quería que estos líderes —Pedro, Juan, Jacobo, como leímos en el texto— pudieran escuchar con claridad: "¿Cuál es el mensaje de salvación que yo predico, para que ustedes me digan si este mensaje en algo difiere del mensaje que ustedes entendían de donde Cristo Jesús y que ustedes también predican?".

Pablo está tratando de evitar una división en la iglesia, que no se diera después como hicieron en Corinto: "Yo soy de Pablo", "Yo soy de Pedro porque yo creo el Evangelio de Pedro", "Yo creo el Evangelio de Pablo". No, nada de eso. Para que no ocurra lo que está ocurriendo en la iglesia de hoy en día. No está yo un grupo que dice: "No, porque yo creo que el Evangelio incluye la justicia social". No la incluye, señor. Es una aplicación del Evangelio, es una vivencia del Evangelio. Y otro grupo que dice: "Pues yo no creo que la justicia social tiene nada que ver con el Evangelio". Sí tiene mucho que ver con el Evangelio, pero no con el mensaje del Evangelio, sino con la vivencia del Evangelio. Y no se llama justicia social, se llama justicia bíblica. Ahí es donde está la diferencia.

Entonces Pablo está tratando de evitar esta división. Pablo ha escrito a los corintios en su segunda carta, en 2:11, dice: "Porque no ignoramos —hablando de Satanás— sus ardides, sus maquinaciones, sus planes, sus manipulaciones". Pablo dice: "Yo no soy ignorante de que Satanás nos tiene en la mira como cuerpo de Cristo todo el tiempo, y no ignoramos lo que es capaz de hacer". Pablo quiere una unidad alrededor del Evangelio, alrededor de la verdad. Él sube, se reúne en privado con los líderes. Claro, eso tenía sentido. No tenía ningún sentido reunirse con todos los miembros de la iglesia antes de ponerse de acuerdo con los líderes, porque si no hubiese habido un acuerdo, el resultado hubiese sido desastroso.

Él se reunió en privado, y él explica incluso por qué se está reuniendo con ellos en privado. Les dice: "Yo quiero asegurarme —estoy leyendo literalmente— de que no corría ni había corrido en vano". Pablo no estaba diciendo: "Yo me reuní con ellos porque, oye, yo quería saber si mi ministerio realmente era real o no". No, no, no se trata de eso. Él tuvo una revelación de Cristo de Su Evangelio. Él fue entrenado por Cristo por tres años. Él estuvo en el tercer cielo. De manera que Pablo no tiene dudas acerca de eso. Lo que Pablo quiere estar seguro es que cuando él predique el Evangelio, no haya un grupo ahí escuchando y diga: "¡Hum! Esa no es verdad, porque eso no es lo que Pedro dice, hay que circuncidarse". De manera que ahora él está haciendo un trabajo en vano porque alguien ha venido y ha sembrado una mala semilla que no permite que Pablo pueda predicar la verdad, o la pueda predicar pero no es recibida. Lo que quiere es estar seguro que no lo fueran a tildar de falso.

Recordemos que los judaizantes antes habían infiltrado las iglesias de Galacia y habían estado predicando la necesidad de la circuncisión con todo lo que viene detrás, todas las obras de la ley para hacerse salvo. Y Pablo entonces sube a Jerusalén y trae consigo a Tito. Tito eventualmente llegó a ser anciano, estuvo en Creta, fue dejado en Creta por Pablo para que nombrara ancianos en las iglesias de Creta, de manera que Tito fue una figura importante en el ministerio de Pablo. Pero él sube con Tito, como griego, sin ser circuncidado. Y ahora tú puedes ver el contraste entre este Tito sin ser circuncidado, como griego, y Timoteo, a quien Pablo hace que se circuncide, no para la salvación sino por la misión.

En otras palabras, Timoteo, nosotros vamos a ir en un viaje misionero, vamos a predicar el Evangelio, los judíos no van a escuchar. Tú eres judío, tu madre es judía, que tú no tengas ninguna barrera para que ellos no quieran escuchar, de manera que tú te vas a circuncidar. Pero Tito no se va a circuncidar. Y él baja a Jerusalén y le trae a Tito sin ser circuncidado. Tienen la conversación, escucha el versículo 3: "Pero ni aun Tito que estaba conmigo en Jerusalén fue obligado a circuncidarse, aun cuando era griego." En otras palabras, Pedro, Juan, Jacobo no pensaron que Tito necesitaba hacerse circuncidar.

Ahora Pablo, escúchame, el asunto no era la circuncisión per se, ¿ok? No era que la circuncisión iba a representar como demasiado sacrificio al entrar en las obras. Otra vez, Pablo estaba dispuesto a sacrificarse por causa del Evangelio, costase lo que costase. No hay que pensar de la verdad, pero sacrificio, Pablo no escatimó. Escucha lo que él escribe en 1 Corintios 9:20-22: "A los judíos me hice como judío para poder ganar a los judíos. A los que estaban bajo la ley como bajo la ley, aunque yo no estaba bajo la ley, para poder ganar a los que están bajo la ley. A los que están sin ley como sin ley, aunque no estoy sin la ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo, para poder ganar a los que están sin ley. A los débiles me hice débil para ganar a los débiles. A todos me hice todo para que por todos los medios salve a algunos."

En cuanto a esfuerzo, sacrificio, yo no tengo ningún problema, es lo que Pablo está diciendo. ¿Qué es lo que tú quieres que yo haga? ¿Que me visto de una manera, que me visto de otra manera, que hablo de una forma? Yo hago lo que tú quieras. Ahora, ¿comprometer el Evangelio? No. En este caso, pensar que la circuncisión es parte del Evangelio, absolutamente no. Porque lo que está en juego no es otra vez si me circuncido o no me circuncido. Lo que está en juego es la pureza del Evangelio, la suficiencia del sacrificio de Cristo, la salvación por gracia y la libertad que Cristo compró para nosotros. Pablo dijo: eso no. Lamentablemente hasta ahí llegó mi amor.

¿Cuál fue el origen de la controversia? Entonces, versículo 4: "Y esto fue por causa de los falsos hermanos introducidos secretamente, que se habían infiltrado para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jesús, a fin de someternos a esclavitud." Nosotros no sabemos exactamente dónde fue que se infiltraron. ¿Fue en las iglesias de Galacia? ¿Fue en esta reunión que Pablo estaba teniendo en Jerusalén? ¿Dónde fue que ellos penetraron y comenzaron a escuchar qué es lo que Pablo estaba predicando? Pero ciertamente Pablo dice que se infiltraron, y no solamente eso, escucha lo que dice: "para espiar." Eran como espías. Obviamente en esa época la única forma de hacerlo era presencialmente. Hoy en día quizás hubiese podido decir: bueno, ellos hackearon las cuentas de los apóstoles, clonaron sus teléfonos, a fin de someternos a esclavitud otra vez.

Ahora, independientemente de cuál fue la presión de los judaizantes, Pablo no iba a comprometer el Evangelio. Escucha cómo él lo dice en el versículo 5: "A los cuales ni por un momento cedimos para someternos, a fin de que la verdad del Evangelio permanezca con ustedes." En otras palabras, yo no quiero que este Evangelio, que me fue entregado por Cristo, vaya a ser teñido, corrompido, diluido, distorsionado, y que la próxima generación, ustedes y la próxima generación, lo reciban de una forma que ni siquiera salvación les pueda dar. Comprometer el Evangelio y hacerle agregándole o quitándole al mensaje de salvación no fue algo, no fue un precio que Pablo estuvo dispuesto a pagar.

Pablo se refiere, entonces, que él baja a Jerusalén para hablar con estos que tenían reputación de ser algo. Y luego dice: "Ahora, lo que ellos eran me tiene sin importancia." Eso no es una expresión de orgullo. Lo que Pablo está diciendo, dejando en claro, es: ellos pudieron haber sido los apóstoles originales, ellos pudieron haber tenido el endoso de la población. Ahora, eso no es lo que certifica el Evangelio. La verdad del Evangelio no la da el hombre. No importa si sería apostólico, si sería académico, si tienes un PhD. La verdad del Evangelio la estableció Dios, y por eso es que Pablo dice: lo que ellos eran en reputación me tiene sin cuidado, porque yo estoy hablando de un mensaje que Dios dio a los hombres.

"Y de aquellos que tenían reputación de ser algo," versículo 6, "lo que eran nada me importa. Dios no hace acepción de personas, pues bien los que tenían reputación nada me enseñaron." Otra vez, Pablo no está diciendo esto de manera altanera. Para lo que está diciendo es: versículo 2, yo fui y les presenté el Evangelio que yo predico entre los gentiles. ¿Sabes qué? No le agregaron nada. Nada me enseñaron. No le agregaron, no le quitaron, no lo observaron. Al contrario. Solo que lo había dicho, al contrario, pero no me enseñaron absolutamente nada. En otras palabras, estaban de acuerdo qué es el Evangelio.

Y en vez de rechazar a Pablo, en vez de dividirse de Pablo, ellos entendieron que Pablo había recibido una encomienda de parte de Dios. Pedro había recibido otra encomienda de parte de Dios, a grupos distintos, y vieron sus ministerios como complementarios y no como opuestos. Oye lo que Pablo dice. En vez de rechazar, versículo 7: "Sino al contrario, vieron que se me había encomendado el Evangelio a los de la incircuncisión," esos son los gentiles, "así como a Pedro lo había sido a los de la circuncisión," esos son los judíos. "Porque aquel que obró eficazmente para con Pedro en su apostolado a los de la circuncisión, también obró eficazmente para conmigo en mi apostolado a los gentiles."

El mismo Dios que obró con eficacia en el apostolado de Pedro para los judíos, exactamente el mismo Dios que obró el mismo apostolado pero en mi persona para otro grupo, los gentiles. Hermanos, tú y yo tenemos que recordar que la gracia de Dios es multiforme, que la sabiduría de Dios es multicolor, que los llamados de Dios son polifacéticos. Si tú revisas la Palabra de Dios te vas a encontrar cómo Dios usó a cada hombre de manera diferente, y a cada mujer incluso.

Dios usó a Abraham. ¿Cómo usó Dios a Abraham? Como ganadero. Si no lees más nada de Abraham excepto que tenía tanto ganado que tuvo que dividirse de su sobrino Lot. Sin embargo, el mismo libro de Génesis te dice que a su bisnieto José, Dios lo usó como la mano derecha de Faraón. Pudiéramos decir el primer ministro de Egipto en un momento dado. A Moisés lo usa como libertador y legislador. A Samuel lo usa como profeta. A David lo usa como rey. Y una y otra vez tú puedes ver cómo la sabiduría de Dios es multiforme, la manera como Él decide usar a cada persona, equipar a cada persona, llamar a cada persona.

Y eso es exactamente lo que está ocurriendo en este caso: que estos apóstoles se han reunido, han hablado cómo fueron llamados, qué fueron enseñados, lo que están predicando, han comparado sus cartones como diríamos nosotros, ¿y qué pasó? Versículo 9: "Al reconocer la gracia que se me había dado, Jacobo, Pedro y Juan," estos hombres cuando oyeron a Pablo, cuando vieron a Timoteo, vieron la obra de Dios. ¿Sabes lo que reconocieron? La gracia que se me había dado. En otras palabras: oh wow, ciertamente Dios le ha dado a Pablo una gracia especial con este grupo. "Al reconocer la gracia que se me había dado, Jacobo, Pedro y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra de compañerismo, para que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los de la circuncisión," a los judíos.

Cuando ellos oyeron, cuando escucharon, cuando se sentaron a hablar, cuando se entendieron, cuando vieron la obra de Dios en estas naciones gentiles, no había duda de que la mano de Dios estaba detrás. Y le dieron la mano a Pablo: Dios te ha bendecido, Dios te ha llamado, nos alegramos contigo, sigue tu camino en dirección de los gentiles, nosotros vamos a seguir tratando de evangelizar entre los judíos.

Ahora, ¿de qué forma yo tomo eso, que no tiene ninguna relevancia hoy en día, por lo menos entre nosotros, la circuncisión y el judaísmo, y lo comienzo a ver de manera aplicativa para nosotros como individuos y como iglesia? Bueno, en primer lugar, notemos que los líderes de la iglesia de Jerusalén no se dividieron de Pablo, sino que vieron la obra de Pablo, como ya mencioné, como complementaria a la obra que ellos estaban haciendo. Esos líderes permanecieron unidos, y esa unidad envió un fuerte mensaje a los judaizantes: aquí no hay dos grupos, aquí no hay dos grupos de apóstoles, aquí no hay dos evangelios, aquí no hay dos dioses enviadores de mensajeros distintos, aquí hay un solo Dios con una sola causa.

Hermano, yo no sé si tú te has percatado del alto valor que tiene la unidad del cuerpo de Cristo para Cristo, pero déjame mencionarte un par de cosas solamente. Número uno: horas antes de Cristo morir, cuando tú pensarías que Él estaría orando por las cosas más perentorias, la cosa más importante, Cristo saca tiempo en el aposento alto para orar por la unidad de los creyentes. "Padre, yo te pido que ellos sean uno como tú y yo somos uno." Eso es un primer indicio.

Segundo indicio: la iglesia de Corinto tenía bandos. Esa es la palabra que está en nuestra traducción: grupos sectarios. Uno decía "yo soy de Pablo", otro decía "yo soy de Pedro", otro decía "yo no soy ni de Pablo ni de Pedro, yo soy nomás de Jesucristo". Te imaginas, o sea, "yo no sigo hombres, yo nomás sigo a Dios; Dios y después yo". En serio, no. Pablo dice: "No, no, yo estoy siguiendo a Cristo, pero sabes qué, acá ya lo puso el Señor y él comenzó todo primero. Déjame ir allá, déjame conversar con ellos, déjame hablar con ellos, presentar lo que estoy haciendo, déjame ver lo que ellos también entienden".

Pero la unidad del cuerpo de Cristo es tan esencial que escucha lo que Pablo le escribe a los corintios que estaban con estos bandos. Capítulo 3, versículos 16 y 17: "¿No saben ustedes que ustedes son templo de Dios —le está hablando al cuerpo de Cristo— y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios —está hablando de la iglesia— Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y eso es lo que ustedes son". Ustedes, no tú. No está hablando de mi cuerpo como templo del Espíritu Santo, no, no. Lo que ustedes son es el templo de Dios. Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él.

¿Se acuerdan cuando Pablo estaba persiguiendo a la iglesia, cómo Cristo lo intercepta y lo tumba al piso? Cuando lo tumba, tú recuerdas, tú conoces el pasaje, el evento. Él no le dice: "Saulo, Saulo, ¿por qué persigues a mi iglesia?" No, no, no, no. "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues a mí?" Lo que le haces a mi iglesia me lo haces a mí. Si los persigues a ellos, me persigues a mí. Si destruyes el cuerpo de Cristo, estás tratando de destruirme a mí. Y si hay algo que la Palabra de Dios deja claro es que hay un solo cuerpo, hay un solo Espíritu, hay una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo y un solo Dios y Padre de todos.

Ahora, mantener la unidad del cuerpo de Cristo requirió de varios elementos. Pablo y los apóstoles de Jerusalén entendieron claramente qué era lo que estaba en juego: el satisfacción no, el Evangelio. Eso es lo primero. Ambos entendieron la esencia del Evangelio y no agregaron nada al Evangelio referente a sus intereses o preferencias personales. Mantuvieron el Evangelio puro. Ambos trajeron a Cristo al conflicto. El texto no lo dice, pero no hay manera de poder reconciliar estas corrientes que se estaban produciendo, y dejaron a un lado sus actitudes para representar fielmente la imagen de Cristo.

Ambos —estoy poniendo a Pablo como uno y a los otros tres como otros— ambos se comportaron humildemente uno hacia el otro. ¿Cómo lo sabemos? Porque después de escucharse, los grandes apóstoles con reputación dijeron: "Nosotros reconocemos, Pablo, la gracia que Dios te ha dado". Y cómo sabemos que Pablo también... Esto son los de reputación. Noten, reconocido. Pablo no estaba diciendo "estos son superiores a mí", porque no lo eran. Lo que Pablo estaba diciendo es: "Bueno, el pueblo los reconoce a ellos como líderes, Dios los ha puesto como líderes de la madre iglesia, y hablar con ellos, y vamos a ver si nos podemos entender". Y cada cual estaba interesado en entender al otro.

Yo estoy seguro de que Pablo se pasa quince días con Pedro, catorce años antes —o quizás once, dependiendo de cómo hagamos el conteo de los años—, y luego regresó otra vez y va a hablar con Pedro porque ellos tenían que sentarse, escucharse uno al otro, y pudieron escucharse y llegar a un acuerdo. Para estos hombres, la causa de Cristo estaba por encima de sus intereses personales. Para estos hombres, ganar el argumento no era lo más importante, sino permanecer unidos alrededor del Evangelio, alrededor del Evangelio.

Pablo no estaba dispuesto a comprometer el Evangelio a expensas de añadir la circuncisión, pero resulta que Pedro, Juan y Jacobo tampoco. Ellos se entendieron claramente, y por tanto estuvieron dispuestos a poner la circuncisión a un lado. Cristo había muerto más de quince años atrás, y tú no encuentras al mismo Juan, al mismo Jacobo, discutiendo "yo quiero sentarme a la mano derecha y tú siéntate a la mano izquierda". No, estos líderes han madurado, estos líderes han entendido que la satisfacción hubiese sido misión imposible con una iglesia dividida a nivel del liderazgo.

Entonces, ¿sabes qué? Ya verás. Satanás sabe que él no tiene que dividir a todos los miembros de una iglesia. Si nosotros tenemos dos mil miembros, él sabe que él no tiene que actuar en dos mil cabezas, no, para nada. Él solo necesita dividir a dos o tres líderes de dos o tres líderes, y ya el resto se da por añadidura. Él sabe, él es astuto, él tiene experiencia, él ha visto esto funcionar una y otra vez. Él sabe que simplemente tiene que comenzar, darle tiempo, y eso va a ocurrir.

Él también conoce algo que Santiago —que era líder de esa iglesia en Jerusalén, luego escribe... El Jacobo que habla en Gálatas, él mismo es Santiago de la carta de Santiago. Yo no tengo el tiempo para explicarte cómo es que Jacobo y Santiago son la misma persona, pero crean que son la misma persona. Tiene una explicación clara y no muy compleja, pero este no es el tiempo. Santiago escribió, el Santiago que está ahí como Jacobo, escribió en su carta: "¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No vienen de las pasiones que combaten en sus miembros?"

Ellos entendían eso, de manera que en esta reunión entre Pablo, Pedro, Juan y Jacobo, "nosotros no podemos darnos ese lujo. El Evangelio está en juego, la división no la podemos permitir". La división ha sido la plaga de la iglesia. De hecho, yo tengo un capítulo en el libro sobre la iglesia que se llama exactamente eso: "La división, la plaga de la iglesia". La división trae aflicción, grandes pérdidas para el cuerpo de Cristo, con un solo ganador. No hay dos, solo un ganador: Satanás.

Satanás sabe cómo sembrar la cizaña en el pueblo de Dios. Satanás sabe mejor que cualquier otro cómo dividir al pueblo de Dios con el pueblo de Dios. Ni Dios sabe hacerlo así. ¿Tú sabes por qué? Porque Dios es incapaz en su naturaleza de dividir a su propio pueblo, en este sentido que lo estoy diciendo. De manera que el experto mayor de toda la creación en división del cuerpo de Cristo es Satanás. Él conoce perfectamente bien la naturaleza del corazón caído, pero conoce también tu naturaleza, mi naturaleza, la tuya. Conoce tus debilidades, mis debilidades. Él sabe dónde están los botones y sabe cómo puncharlos. Y conociendo eso, él explota las debilidades de los hijos de Dios.

La división de la iglesia que está ocurriendo hoy en día, que a veces me hace llorar, mi corazón, cuando leo las redes sociales... Comienza siempre cuando yo comienzo a oír a esta persona hablando de esta persona. Gente que han estado juntos en conferencias, conmigo incluso, en ocasiones los veo ahora en polos opuestos. Porque la división comienza primero a nivel del corazón, de mis emociones. Y el corazón divide la mente, y la mente divide la voluntad. Y una vez el corazón y la mente y la voluntad están divididos, comenzamos a buscar a otras personas que se unan para formar bandos más grandes, como está ocurriendo en la iglesia de hoy en día.

Hay otro grupo de hermanos que aman tanto la unidad que quieren sacrificar la verdad, y no podemos hacer eso. Nosotros no podemos sacrificar la verdad en el altar de la unidad. No, imposible. Ahí no podemos. Una de las consecuencias de la división es que nos quita poder a la hora de testificar a favor de Cristo. Porque si tú y yo no lo podemos poner de acuerdo aquí adentro entre hermanos, ¿cómo la gente que está allá afuera que nos observa, o el visitante que viene, cómo tú quieres que crean en nosotros cuando nosotros no podemos ponernos de acuerdo aquí adentro?

De hecho, eso es exactamente lo que Pablo escribió a los gálatas en esta misma carta, en el capítulo 5, versículo 15. No hemos llegado ahí, pero está ahí, cuando él describe: "Pero si ustedes se muerden y se devoran unos a otros, tengan cuidado, no sea que se consuman unos a otros". Gálatas, sean sabios. Satanás está detrás de esto. Los judaizantes, que no son verdaderos cristianos, están detrás de esto. No se muerdan, no se devoren unos a otros. Pero las consecuencias son desastrosas, y luego hay un solo ganador. Esto es lo que yo quisiera. Yo he tuiteado ese versículo a lo largo de los meses, a ver si alguien allá afuera lo ve, lo copia, lo reparte y lo esparce. Otros lo han hecho también.

Pablo, Pedro, Jacobo y Juan se reunían en Jerusalén. Discutieron el rol de la circuncisión, la marginalización de los gentiles. Se pusieron de acuerdo que esta no forma parte del Evangelio. Dejaron a Pablo, como dirían en inglés, "you can go", te puedo decir, sigue predicando a los gentiles. En otras palabras, ellos reconocieron, como Pablo dice, "cuando reconocieron la gracia que me había sido dada por Dios", se dio el visto bueno al ministerio de Pablo. Y cuando estos líderes reconocidos por la iglesia endosaron a Pablo, eran la expresión visible del endoso invisible que ya Dios había hecho.

Es la razón por la que Dios nos da líderes, precisamente, es para que ellos puedan representar visiblemente lo que de otra manera invisible no podría ser reconocido. Entonces tú tienes lo que llamamos en el ministerio el llamado interno y el llamado externo. El llamado interno es eso, que Dios te da la certeza, la seguridad, como Pablo lo tuvo. Y el llamado externo es el endoso que los líderes te dan acerca de esto que Dios ha puesto en ti.

Entonces, si regreso al título de mi mensaje, "Cuando Dios endosa tu ministerio", y lo trato de ver a través de este mensaje, esto es lo que ocurre. Cuando Dios endosa tu ministerio, Él te da gracia para aquellos a quienes tú estás tratando de alcanzar. En este caso, los gentiles con el apóstol Pablo. Pablo fue, y por dondequiera que él fue había enormes cantidades de gentiles abrazando el Evangelio. Impresionante.

Cuando Dios endosa tu ministerio, él te da gracia con aquellos a quienes tú estás tratando de alcanzar. Yo puedo dar testimonio de eso en múltiples casos, incluyendo con mis pacientes. Yo he visto esa gracia cuando él endosa tu ministerio con aquellos con quienes tú pudieras diferir, en este caso los pilares de la iglesia de Jerusalén: con Pedro, Juan, Jacobo. ¿Y cómo se vio esa gracia que él puso en esos pilares? Ellos reconocieron la gracia de Dios. Ellos pudieron ver lo que era interno en Pablo. Dios te da gracia para comunicar la verdad con humildad; ese fue el caso del apóstol Pablo al predicar y defender el Evangelio.

Cuando Dios endosa tu ministerio, él te permite ser un agente de reconciliación, porque bienaventurados son los pacificadores. ¿Y dónde tú ves eso? En Bernabé. En Bernabé que introdujo a Pablo a la iglesia originalmente. En Bernabé que acompañó a Pablo en su primer viaje misionero. Bernabé era judío, un buen dominicano de pura cepa, por así decir, que acompañó a Pablo en su primer viaje misionero entre pueblos gentiles. Bernabé que acompaña a Pablo para ir a Jerusalén a discutir a favor del Evangelio y en contra de la circuncisión como parte del Evangelio. Dios te hace un agente de reconciliación.

Cuando Dios endosa tu ministerio, Dios te da discernimiento para separar la verdad del error, y no solamente la verdad del error, sino para separar lo esencial de lo periférico. Lo esencial de lo periférico. Hay múltiples cosas que son periféricas en las cuales podemos diferir sin ningún problema, que simplemente representan diferencia de color, por así decir. Y estos líderes hablaron, se pusieron de acuerdo en lo esencial del Evangelio, dejaron a un lado lo que pudiera ser periférico. En este caso, la circuncisión no era periférica, era externa al Evangelio; la dejaron fuera.

Y Pablo dice que una vez recibió el endoso de ellos, le dijeron: "Pablo, tenemos solamente una petición que hacerte." Escucha bien, y porque eso no ha cambiado. Y yo sé que no ha cambiado porque está desde la primera página de la Biblia hasta el final, por así decir. El versículo 10: "Solo nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, lo mismo que yo estaba también deseoso de hacer."

Los pobres siempre han sido una preocupación en la mente de Dios. Desde que Israel fue constituida nación, hay un defensor de ellos. Dios sabe que aquellos que menos pueden frecuentemente no tienen quien les defienda, y Dios se ha levantado como su defensor. En ese versículo está lo que llamamos justicia bíblica, que no es exactamente lo mismo que justicia social. Que se da en la sociedad, sí, pero este no es el escenario para hacer la diferencia ahora.

Y Pablo dice: "No, cuando me dijeron eso, yo les dije: no, si eso es exactamente lo que yo quiero hacer." Si nosotros aceptamos lo que quizás una mayoría entiende, que la visión de Agabo y el viaje que se emprendió para traer la ofrenda para las iglesias pobres de Judea, si entendemos que eso representa este viaje al que Pablo se refiere, entonces Pablo pudo haberlo dicho claro: "Pedro, yo estoy aquí justamente para traer una ofrenda para los pobres de parte de la iglesia de Antioquía, que más puede, en respuesta a una revelación que Agabo recibió."

Para nosotros este es un versículo capital. Te voy a decir por qué, para nosotros IBI. Cuando yo entendí que Dios me estaba llamando a regresar aquí y plantar lo que hoy es IBI, yo entendía que Dios me estaba llamando a ministrarle a un grupo como ustedes. Pero tenía mis luchas, porque entendía al mismo tiempo que la mayoría de los que habían regresado y de los que habían venido a hacer algo similar habían estado trabajando con gente de quizás menos recursos que ustedes.

Y en conversación con Dios, un día leyendo Gálatas, yo no abrí la Biblia así porque no es mi costumbre. Creo que es más fácil que Dios me hable más natural leyendo mi Biblia todos los días, y que el Espíritu Santo, cuando llega a un pasaje, use esa palabra y la impregne en mí. Yo llegué a Gálatas 2:10 y entendí que Dios me decía: "Sí, te puedes seguir, trata de alcanzar ese grupo. Yo solo te pido una cosa: que no te olvides de los pobres." Y muchas de las cosas que hemos hecho han sido en respuesta a eso, pero nos falta más por hacer.

En el final de este mensaje y en el final de esta aplicación: no olvides que no puedes comprometer el Evangelio. No comprometas el Evangelio nunca. No confundas el Evangelio con tus preferencias personales. Nosotros estamos en una lucha en contra del aborto. Eso no es parte de la definición del Evangelio; eso es una aplicación del Evangelio. Nunca te dividas de tu hermano en Cristo, nunca. Nunca has de dividir el cuerpo de Cristo. Nunca traigas una mala reputación al Evangelio debido a celos, envidias, orgullo, rencor, amargura, ira, legalismo, justicia propia, preferencias personales o distorsión de la verdad. Nunca, nunca.

Permite que el Evangelio reine supremo en tu vida. Proclama el Evangelio, defiende el Evangelio, únete alrededor del Evangelio y vive el Evangelio para que otros crean que ciertamente Dios Padre envió a su Hijo, y su Hijo te ha enviado a ti y a mí a recoger la mies, que es mucha, y que los obreros son pocos.

De manera que, al final de este mensaje, entiende la causa de Cristo, entiende el Evangelio, entiende tu rol como embajador del Evangelio, entiende tu rol como mensajero de reconciliación. Que Dios nos hizo embajadores como si él rogara por medio de nosotros: "Reconciliaos con Dios." Y que el mundo tenga una alta atracción y vea, y tenga opinión alta de lo que es el Evangelio porque te ha visto a ti vivirlo cuando sales de aquí.

Padre, gracias. Gracias porque tú eres el único verdadero, sabio y eterno Dios. Y siendo lo que eres, nos diste a tu Hijo, y tu Hijo escribió el Evangelio con su sangre. Y nosotros hemos sido salvos por un mensaje tan extraordinariamente bondadoso y misericordioso. Ayúdanos a responder en bondad y misericordia a la hora de vivirlo. Ayúdanos todo el tiempo a discernir lo que es la verdad de tu Evangelio de lo que pudieran ser preferencias personales, que pudieran ser hasta buenas y válidas en algunos casos, pero que no forman necesariamente parte de tu mensaje. Padre, te pedimos que de la misma manera que tú endosaste el ministerio de Pablo y que otros pudieron reconocer tu endoso en él, nosotros podamos vivir el Evangelio de manera que tú puedas endosar nuestras vidas y otros reconozcan tu endoso sobre nosotros. Gracias, bendito, sabio y único Dios. En el nombre de tu Hijo Jesucristo hemos predicado. Y su pueblo dice: Amén y bendición.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.