Integridad y Sabiduria
Sermones

Dios enseña, advierte y alienta

Luis Méndez 16 febrero, 2020

Ser profundamente bendecido por Dios no garantiza su agrado eterno. Esta tensión atraviesa el capítulo 10 de 1 Corintios, donde el apóstol Pablo usa la historia del pueblo de Israel como una advertencia urgente para la iglesia en Corinto y, por extensión, para nosotros. Israel experimentó milagros extraordinarios durante cuarenta años: la columna de nube que los guiaba y protegía del calor abrasador, el cruce del Mar Rojo con casi dos millones de personas caminando entre paredes de agua viva, el maná descendiendo cada mañana, el agua brotando de las rocas. Cristo mismo los acompañaba en forma preencarnada. Sin embargo, de toda aquella multitud, solo Josué y Caleb encontraron el agrado de Dios. Los demás quedaron tendidos en el desierto.

¿Qué salió mal? Ellos confundieron la provisión de Dios con su aprobación. Llenaron sus corazones de mundanalidad, adoraron ídolos, practicaron inmoralidad sexual, tentaron a Dios viviendo al límite de sus pecados, y murmuraron contra él a pesar de todo lo recibido. Salieron de Egipto, pero Egipto nunca salió de ellos. Recibieron bendiciones materiales sin cultivar una relación íntima con el Dador.

La advertencia es clara: el que cree estar firme, tenga cuidado de no caer. Pero junto a la advertencia viene una promesa consoladora: ninguna tentación será mayor de lo que podemos soportar, y Dios siempre proveerá una vía de escape. El problema no está en la fortaleza de la tentación, sino en la debilidad de nuestra comunión con Dios. Cuanto más privilegiados somos, más vigilantes debemos ser.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Muy buenos días a todos, amados hermanos. Hoy es un día especial, no solamente porque hay elecciones, sino porque como iglesia nos reunimos para estudiar la Palabra. Yo quiero invitarles, por favor, si son tan amables, a Primera Carta del apóstol Pablo a los Corintios, capítulo 10. Primera a los Corintios, capítulo 10. Hemos titulado el sermón de esta mañana: "Dios enseña, Dios advierte y Dios alienta". Primera a los Corintios, capítulo 10. Voy a leerles del verso 1 al verso 13; ahí estará concentrada nuestra exposición de esta mañana.

De nuevo, Primera a los Corintios, capítulo 10. Dice el verso 1: "Porque no quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube y todos pasaron por el mar. Y todos fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de una roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Sin embargo, Dios no se agradó de la mayor parte de ellos, pues quedaron tendidos en el desierto."

"Estas cosas sucedieron como ejemplo para nosotros, a fin de que no codiciemos lo malo como ellos lo codiciaron. No seáis idólatras, como fueron algunos de ellos, según está escrito: El pueblo se sentó a comer y a beber, y se levantó a jugar. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y en un día cayeron veintitrés mil. Ni provoquemos al Señor, como algunos de ellos le provocaron, y fueron destruidos por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y fueron destruidos por el destructor."

"Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para quienes ha llegado el fin de los siglos. Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistir."

Déjenme introducirme en el interno de nuestro mensaje. Yo creo que es innegable que nuestra iglesia disfruta de muchas bendiciones. Dios ha sido muy bueno con nosotros. Hay muchos ministerios en esta iglesia que no solamente están impactando la vida aquí nacionalmente; con la gracia de Dios, y aun junto con otras iglesias, estamos impactando gente de muy lejos, sobre todo en América Latina. Es una realidad que nosotros debemos reconocer con humildad, pero al mismo tiempo siendo agradecidos de Dios. Se trata de su bondad; Dios está usando esta iglesia con muchas bendiciones.

Pero mientras más privilegiados somos, más cuidadosos tenemos que ser. Mientras más privilegiados somos, más cuidadosos debemos ser, porque aunque el Señor es bueno, aunque Él da su misericordia, aunque Dios es amable, Dios es muy selectivo de aquellos a quienes realmente va a decir espiritualmente. Dios da, Dios derrama sus misericordias, pero Dios selecciona de manera muy especial a aquellos a quienes va a impactar para cambiar sus vidas espiritualmente.

Lo que nosotros encontramos aquí en nuestro texto, en Primera a los Corintios 10, es una especie de advertencia. Casualmente, a un pueblo que fue muy bendecido, extremadamente bendecido. Hablamos de esta iglesia aquí en Corinto. De hecho, cuando se menciona en los tiempos antiguos la ciudad de Corinto, era básicamente para ilustrar el tipo supremo de idolatría. Cuando se mencionaba la ciudad de Corinto, usted asociaba las prácticas más desconcertantes de paganismo, de idolatría. Cuando se mencionaba esta ciudad de Corinto, usted podía imaginar la vida más vergonzosa de inmoralidad sexual.

Y en medio de ese paganismo, en medio de toda esa inmoralidad, Dios envió al apóstol Pablo y el Señor plantó una iglesia allí en aquella ciudad. Esta iglesia de Corinto, a pesar de todos los problemas, se convirtió en una iglesia muy notable, en una iglesia de gran influencia, en una iglesia de mucho poder. Sin embargo, es interesante que en medio de todos esos privilegios que tenían, ellos vivían al borde del peligro espiritual. Esta gente tenía que recibir exhortación tras exhortación para no perder esos privilegios.

Y yo supongo que el temor de todo pastor, y no solamente de todo pastor, de todo verdadero creyente, es este: que habiendo sido tan favorecidos por Dios, que habiendo sido tan bendecidos por Dios, ahora terminen siendo rechazados. Y esa es la razón por la que este capítulo en Primera a los Corintios 10 está aquí en el Nuevo Testamento. Esta porción de las Escrituras está aquí como una advertencia justa sobre la posibilidad de caer de un lugar de bendición.

Pablo reconocía esa posibilidad. Pablo no estaba ajeno a este asunto. Escribiendo aquí a esta misma iglesia un poco más anteriormente, dice en Primera a los Corintios, capítulo 9, versos 26 y 27 —no lo busquen, lo voy a leer—: "Por tanto, yo de esta manera corro, no como sin tener meta; de esta manera peleo, no como dando golpes al aire, sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado."

Y este es el apóstol Pablo que habla así. Esa palabra traducida aquí como "descalificado", adókimos en el griego, significa que fue probado y encontrado inadecuado; que lo probaron y el resultado fue inaceptable. Pablo no se jactaba acerca de sus poderes espirituales. Pablo sabía que el llamado en la vida cristiana requería disciplina. Aunque ningún verdadero creyente puede perder su salvación, eso no significa que tiene una licencia para vivir como le dé la gana. Pablo entendía esta tensión de la vida cristiana. Pablo decía: "Yo ejerzo disciplina, dominio propio, no vaya a ser que caiga en pecado y yo pierda mi ministerio."

Y eso es en esencia la clave de este pasaje que está aquí. El verso que mejor recoge la porción que hemos leído es el verso 12, que dice: "Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga." Entonces, lo que encontramos aquí en Primera a los Corintios, el texto enfoca lo siguiente: el peligro de ser tan bendecidos que uno se vuelva demasiado confiado; el peligro de ser tan bendecidos que sintamos que nuestros privilegios nunca van a terminar; el peligro de ser tan bendecidos que se sienta que tú eres impenetrable, que eres invulnerable al pecado.

Este era el problema que tenía esta iglesia en Corinto. Esta iglesia estaba demasiado confiada; ellos estaban ignorando el sacrificio, el costo del discipulado cristiano. Esta iglesia estaba tan bendecida que ellos estaban ignorando la necesidad de santificación. Esta gente empezó a otorgarse libertades que eran nocivas, dañinas a su crecimiento espiritual. Ellos vivían al borde del desastre, y eso incluía la pérdida del favor y la bendición de Dios.

¿Qué hace el apóstol Pablo? Lo que el apóstol Pablo hace es que toma la historia del pueblo de Israel, la nación de Israel, y usa esa historia para advertir a esta iglesia —e incluso a la nuestra— sobre el peligro de ser muy bendecidos por Dios, el peligro de ser muy privilegiados por Dios y dar eso por sentado y crear una autoconfianza.

Esta gente, esta iglesia aquí en Corinto, ellos eran gente muy bendecida. Ellos estaban siendo pastoreados por el apóstol Pablo. Hago una nota: cuando ustedes oyen en la calle gente que se llama "el apóstol fulano", ese tipo se está inventando eso. No hay apóstoles hoy. Fueron doce, y cuando el último murió se acabó. Pero la iglesia de Corinto tuvo un apóstol real. Esta gente estaba familiarizada con el ministerio de Pedro también. Tenían excelentes predicadores, uno llamado Apolos. Dios les dio como distintos dones de un apóstol, muchas bendiciones. Pero esta iglesia comenzó a descansar en sus propias fuerzas, y al apóstol Pablo no le gustó eso.

Ya el apóstol venía con esa preocupación en sus cartas. Él venía alertando a esta iglesia. En el capítulo 4, versos 18 al 21, escuchen lo que el apóstol Pablo dice a esta misma iglesia: "Y algunos se han vuelto arrogantes, como si yo no fuera a ir a vosotros. Pero iré a vosotros muy pronto, si el Señor quiere, y conoceré no las palabras de los arrogantes, sino su poder. Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder. ¿Qué queréis, iglesia? ¿Que vaya a vosotros con vara, o con amor y espíritu de mansedumbre?"

El apóstol Pablo era un pastor. Él estaba muy preocupado por el real estado espiritual de la iglesia. Entonces, de nuevo, el apóstol Pablo toma la historia del pueblo de Israel como un mal ejemplo que debemos prevenir, como un ejemplo para ilustrar, para advertir a la iglesia. Este pueblo de Israel presenció muchos milagros de provisión de Dios por cuarenta años, pero Dios no se agradó de ellos. Este pueblo falló trágicamente en hacer que Dios fuera para ellos más que un simple proveedor de cosas materiales y temporales; que Dios llegara a ser la fuente de vida celestial en sus vidas.

El apóstol entonces toma esa historia, la trae como un ejemplo a esta iglesia en Corinto, y por ende a nosotros también, para que podamos aprender. El apóstol dice: "Yo quiero que no ignoren esto; esto está allí como un ejemplo."

Entonces, lo que vamos a hacer esta mañana es que vamos a considerar lo que Dios hace aquí. Tres puntos: primero, Dios enseña; luego, Dios advierte; y luego, Dios alienta. Dios enseña y toma la historia de Israel; luego Dios aplica esa historia como una advertencia; y luego Dios nos estimula y nos alienta con una promesa. Dios enseña, Dios advierte, Dios alienta. Yo reconozco que he usado una gran parte de este material siguiendo la dirección del pastor John MacArthur en cuanto a esto.

En primer lugar, Dios enseña: la ilustración del pueblo de Israel. Viene como él dice en el verso 1: "Porque no quiero que ignoréis, hermanos..." Yo no quiero que ustedes ignoren esta historia. ¿Qué pasó con este pueblo? Fue un pueblo bendecido por Dios. Es como si el apóstol dijera: "Yo no quiero, hermanos, que ignoren lo que pasó con esta gente en el Antiguo Testamento."

Fue un pueblo bendecido. Miren el énfasis de este aspecto de la bendición.

Primero, el alcance de esta bendición. Hay una palabra que se repite allí cinco veces al inicio de los versículos: la palabra "todos". Todos. Miren conmigo, verso uno: "Porque no quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron por el mar, y en Moisés todos fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de una roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo". Lo primero que el apóstol dice es: yo quiero que entiendas la dimensión de esta bendición. Toda la nación de Israel fue bendecida. Toda la nación fue bendecida.

Ahora, ¿cuáles fueron las bendiciones que Dios le otorgó? Yo las voy a resumir en tres categorías de esta bendición. ¿Por qué decimos que el pueblo de Israel fue un pueblo favorecido por Dios? Tres categorías de bendición.

Primero, por la manera como Dios lo dirigió y lo protegió. La manera como Dios lo dirigió y los protegió. Dice el verso uno: todos estuvieron bajo la nube y todos pasaron por el mar. El evento se narra en Éxodo capítulo 13. Yo quiero resumir, solo eso, es Éxodo 13:21. Dice que el Señor iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduvieran de día y de noche. Todos los que han pasado por la Escuela Dominical saben lo que es la historia fascinante de cómo Dios, a través de Moisés, dirigió al pueblo a cruzar el Mar Rojo.

Ellos vivían como esclavos en Egipto. Dios envió a Moisés como libertador. Hubieron muchísimos problemas. El faraón no los quería dejar salir. Vinieron varias plagas. Finalmente Dios le concedió gracia y el faraón dejó ir al pueblo. Pero cuando iban a la mitad, el faraón cambió de opinión y envió su ejército, un ejército muy grande. Y llegó un momento en que entonces quedaron acorralados. Estaba Moisés junto a todo el pueblo con el mar de frente y el ejército del faraón detrás. Moisés oró a Dios y Dios le dijo: "¿Por qué tú clamas? Levántate, camina". Yo no sé qué usted haría si le dijeran eso: "Vaya, el agua está ahí enfrente". Y dice que cuando Moisés tocó con su bastón las aguas, el Mar Rojo se dividió en dos. Todo el pueblo pasó en seco, y cuando el último de los del pueblo de Israel pisó de aquel lado, el ejército del faraón ya estaba en el medio. Las aguas se juntaron. Dios lo liberó.

A veces nosotros leemos la historia, la vemos así. ¿Qué tan complicado usted cree que fue esa travesía? Mira, si nosotros tuviéramos que desalojar este edificio aquí esta mañana, yo estoy seguro que necesitaremos mucha logística. ¿Saben cuánta gente era el pueblo de Israel en ese tiempo? La Biblia dice que solo los hombres mayores de veinte años eran seiscientos mil. Ahí no están incluidos hombres menores de veinte años, ni las mujeres, ni los niños, ni nada. Se cree que eran un millón ochocientas mil personas para cruzar por ahí.

Hay un científico de la Universidad de Colorado que en el 2010 hizo los experimentos allá en la tierra para verificar que la historia bíblica era real, y eso está en el internet publicado. Él dijo que para abrir esas aguas se necesitó un viento mayor a ciento diez kilómetros por hora, por el espacio de doce horas, chocando las aguas para que esas aguas se separaran. El trecho donde ellos cruzaron era el más cercano y se entiende que tomaría como más de cuatro horas poder cruzar por ahí, a una profundidad de agua. Y lo que se hace más impresionante, lo que usted debe entender, es que no era por la orilla que iban caminando: eran dos paredes de aguas vivas a cada lado. Tenían que cruzar. Yo me imagino la gente opinando. Todo eso fue muy complicado, y Dios lo hizo.

No solamente eso. Cruzaron al desierto. Ustedes saben, mi Morena y yo residimos en Arizona, Estados Unidos, y es una zona de desierto. Está el desierto de Sonora allá. Nosotros sabemos lo que es un desierto. De hecho, hay un museo allá que se llama Museo del Desierto, donde lo introducen a uno al desierto. Uno puede oler el desierto, puede ver el desierto. ¿Cómo usted cree que el pueblo iba a hacer para cruzar este desierto? Ustedes aquí van a decir: "Toma el elevado de la Lope de Vega, cuando llegues a la Máximo Gómez...". ¿Cuál Máximo Gómez? ¡Ahí es monte y culebra! Sobre todo mucha culebra. ¿Y cómo el pueblo iba a saber para dónde iba?

¿Saben qué hizo Dios? Una nube. La nube dirigía el trayecto. No solamente eso: la sombra que proveía la nube libraba al pueblo del calor abrasador. El pueblo solo seguía la sombra. Y cuando Dios quería que ellos acamparan en un sitio, la nube bajaba y se convertía en luz, y entonces Dios con el calor de la luz protegía al pueblo del frío del desierto en la noche. Eso es impresionante. Esta gente, todos vivieron eso.

No solamente eso. No solamente dirección y protección. Dios en cierta manera le dio identidad como pueblo. El verso dos dice: "Y en Moisés todos fueron bautizados en la nube y en el mar". La mayoría de los teólogos están de acuerdo en que la referencia aquí es que ellos disfrutaron de un extraordinario liderazgo bajo la dirección de Moisés. Moisés fue un hombre especial. De hecho, lo vamos a ver el miércoles en la clase de la fe en Hebreos. Moisés fue especial. La Nueva Versión Internacional traduce el verso dos de esta manera: "Todos ellos fueron bautizados en la nube y en el mar para unirse a Moisés". La idea aquí es esta: este pueblo encontró un líder. Ellos tuvieron una inmersión en su liderazgo. Se identificaron con él. Esta era la gente de Moisés. Ellos fueron uno con su líder. Moisés fue elegido por Dios y ellos como pueblo respondieron a ese llamado.

Y aquí hay una analogía de la salvación. Nosotros hemos sido liberados del dominio de las tinieblas, ese es el Egipto espiritual. Nosotros hemos sido dirigidos a través de las aguas, el escape. Hemos sido conducidos a un lugar donde estamos bajo el cuidado de Dios. Hemos sido bautizados e identificados con nuestro gran líder Jesucristo. Es la imagen de un plan de salvación, es la imagen que encontramos aquí. Todos ellos fueron uno en Cristo.

Pero no solamente dirección y protección e identidad. En tercer lugar, Dios brindó sustento para ellos. Sustento para ellos. Dice el verso tres: "Todos comieron el mismo alimento espiritual, todos bebieron la misma bebida espiritual". En otras palabras, Dios proveyó en el desierto agua y pan.

Déjenme comenzar por el pan. Todos los días descendía pan del cielo. Ustedes pueden imaginar: cada vez que usted se levanta y abre la puerta, pan ahí. Ese era el maná. Es verdad que el menú no era muy variado, porque dice que se llama el maná porque no había más nada. "¿Qué más?" "Maná". Eso es pan, pero bajaba del cielo.

En el desierto, agua. ¿Usted tiene idea lo que es agua en el desierto? Nosotros vivimos en el desierto en Arizona. Déjenme decirles, mi Morena y yo, ustedes saben, venimos una vez al mes aquí. Pasamos la mitad del mes aquí y la otra allá. Nosotros vamos y estamos en Arizona. Cuando llegamos aquí, ustedes saben cuáles son las dos primeras expresiones que usualmente tenemos cuando salimos del aeropuerto: "¡Cuánta agua!". Cuando nosotros vemos el mar Caribe: "¡Cuánta agua!". Porque allá no se ve eso. Y lo otro es: "¡Cuánto verdor! ¡Cuánto verde hay aquí!". Porque allá no hay nada de eso. Es el desierto, todo es seco. Y la tercera expresión es: "¡Cuánto motorista loco hay aquí!". Porque allá no hay eso tampoco. Pero la idea es: en el desierto, Dios proveyó agua. Golpeaba las rocas y salía agua. Dios daba pan.

Y dice el verso cuatro: "Porque bebían de una roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo". Esto está registrado en Éxodo capítulo 17 para que en sus casas vayan a profundizar. Estos son detalles impresionantes de la provisión. Esta roca era Cristo. En teología nosotros llamamos a esto "Cristo en el Antiguo Testamento". Es la presencia preencarnada de la segunda persona de la Trinidad. Muy frecuentemente en el Antiguo Testamento, Cristo aparece como el Ángel del Señor. Y es impresionante que este pueblo disfrutó de su cuidado mucho antes de Cristo venir y encarnarse en este mundo.

Entonces escuchen el resumen: ellos fueron muy bendecidos con el cuidado de Dios por cuarenta años. Fueron muy privilegiados con el trato de Dios. Fueron rescatados y libertados, guiados, unidos, alimentados, protegidos por el mismo Cristo. ¡Qué gente tan bendecida! A ver, si tú observaras ese trato con gente, ¿qué tú pensarías de ellos? "No, esta gente está... muy dominicano: están pegados. Esta gente son los favoritos de Dios. Esta gente deben tener un pase asegurado para el cielo, mínimo".

El problema y la sorpresa aparecen en el versículo cinco. Dice el verso cinco: "Sin embargo, Dios no se agradó de la mayor parte de ellos, pues quedaron tendidos en el desierto". Y la idea es que si fuera un americano, dijera: "Are you kidding me?". Esta gente a quien Dios le dio tanto, que fueron tan bendecidos, ¿ahora van a estar rechazados por Dios? Eso es insólito. Eso es absurdo. Eso no tiene sentido. ¿Cómo es posible que un pueblo quien tuvo tanto ahora quede desechado?

El texto dice que Dios no se agradó de la mayoría. Y alguien podrá decir: "¿Y qué tan grande fue la mayoría?". Todos menos dos: Josué y Caleb. Para hacer esa pequeña diferencia, la mayoría fueron todos los del pueblo menos dos de ellos. De un millón ochocientas mil personas, Dios no se agradó. Y eso es sagrado. Se mostró porque el texto dice que ellos murieron y sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. No solo fue la tristeza de que no entraron a la tierra prometida, sino que en cierta manera ellos fueron abandonados por Dios en el desierto.

La narrativa aparece en Números 14. Dice en Números 14:16: "Porque el Señor no pudo introducir a este pueblo a la tierra que les había prometido con juramento, por eso los mató en el desierto".

Y la pregunta del millón de dólares es esta: ¿qué fue lo que pasó? ¿Qué hicieron estas personas que alcanzaron el desagrado de Dios? Las razones del rechazo. Yo quiero mencionar cinco razones que el texto sugiere.

En primer lugar, la codicia. Dice el verso 6: "Estas cosas sucedieron como ejemplo para nosotros, a fin de que no codiciemos lo malo, como ellos lo codiciaron." Ellos codiciaron lo malo. La narrativa está en Números capítulo 11, también el Salmo 78 lo describe. Pueden buscarlo, una advertencia que está a través de toda la Escritura. Ellos llenaron su corazón de mundanalidad. Dice Primera de Juan 2, verso 15: "No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él." Una de las razones por la cual fueron desechados es que entregaron su corazón a la mundanalidad. Ellos no cultivaron en sus corazones una íntima comunión con Dios.

El pastor Miguel ha estado enviando tweets en el último mes. Yo quería algunos de esos que encajaron muy bien aquí. Él cita a David Welch, que dice: "La mundanalidad es cualquier cosa que hace lucir al pecado como normal y a la piedad como algo extraño." Termina la cita. La mundanalidad es esto: cualquier cosa que haga lucir al pecado como algo normal y la piedad como algo extraño.

En segundo lugar, Dios los rechazó por la idolatría. Idolatría. Dice el verso 7: "No seáis idólatras, como fueron algunos de ellos, según está escrito: El pueblo se sentó a comer y a beber, y se levantó a jugar." Esto es idolatría: es dar el primer lugar en tu corazón a cualquier cosa que no sea Dios, eso es idolatría. Puede ser una cosa legítima como tu matrimonio, como tu llamado a Dios, etcétera, etcétera. Pero esas cosas, aunque son legítimas, nunca fueron diseñadas para ocupar el primer lugar en el corazón. Dios quiere una sola cosa de ti: todo tu corazón, todo tu corazón.

Ellos seguían incorporando sus antiguas costumbres como antes. Esta gente fue bendecida con cosas materiales, pero al mismo tiempo ellos no renunciaron a sus antiguos hábitos. El pastor Miguel usó una expresión que dice: "Ellos salieron de Egipto, pero Egipto nunca salió de ellos." Ellos seguían amando al mundo, ellos amaron y adoraron otros dioses. La Nueva Versión Internacional traduce la segunda parte de este verso 7 diciendo: "Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se entregaron al desenfreno." Dios los desechó porque estaban viviendo una doble vida. Ellos usaban los domingos para estar bien con Dios y el resto del tiempo estaban entregados a sus placeres.

No solamente codicia, no solamente idolatría. En tercer lugar, inmoralidad sexual. Inmoralidad sexual. Dice el verso 8: "Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y en un día cayeron veintitrés mil." El relato está en Números capítulo 25. Ellos se prostituyeron con las hijas de Moab, y el pueblo empezó a sacrificar a los dioses de ellos en prácticas vergonzosas sexualmente. Es interesante que Dios les dio tanto materialmente a esta gente, pero ellos no se santificaron para adorarle. Ellos no supieron abstenerse de la oleada sexual de su tiempo.

Corinto era una ciudad que exaltaba la sensualidad, el culto al cuerpo, y el apóstol quería advertir sobre eso. Esta gente creía en el engaño de que ellos podían mezclarse en sexo ilícito y aun así tener el favor de Dios. Era una degeneración sexual que había. En estos tiempos, si hubiera habido un juego de Super Bowl del fútbol americano, ellos podían hacer un espectáculo en el intermedio del juego mostrando mujeres con escenas de contenido sexual, y lo hubieran llamado entretenimiento en vez de pecado. Así era que estaba la cosa ya. Ellos pensaban que la santidad era un asunto del domingo, pero que el resto de la semana podían darse las libertades que quisieran.

No solamente inmoralidad sexual. En cuarto lugar, presunción, orgullo. Presunción, orgullo. Verso 9: "Ni provoquemos al Señor, como algunos de ellos le provocaron, y fueron destruidos por las serpientes." Y el relato está en Números capítulo 21. Ellos presionaban, presionaban a ver qué tan lejos podían llegar sin que Dios bajara sus juicios sobre ellos. Estaban en una doble vida. La idea era: ¿qué tan lejos podemos llegar? ¿Qué tan lejos puede el límite de nuestros pecados ser permitido? ¿Qué tanto la paciencia de Dios podrá tolerar? Ellos vivían al límite de sus pecados y parecía que Dios estaba en silencio. Parecía que Dios no iba a actuar.

Esa era una conducta totalmente diferente a la que el Señor Jesucristo se vio aquí en la tierra. Cuando Jesús fue tentado por el diablo, Mateo capítulo 4, Satanás le hizo una tentación, una propuesta, y la respuesta del Señor en Mateo 4:7 es: "Jesús le dijo: También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios." No tentarás al Señor tu Dios. Ellos tentaron a Dios, y Dios mandó serpientes en medio del desierto, y mucho pueblo murió en aquel tiempo.

Finalmente, Dios los desechó por causa de la murmuración. Murmuración. Dice el verso 10: "Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y fueron destruidos por el destructor." La palabra murmurar aquí significa una expresión de gran insatisfacción. Ellos no estaban contentos con Dios y lo expresaban abiertamente. En uno de los tweets que les mencioné ahorita, el pastor Miguel dice: "La queja es el sinónimo de la ingratitud en todo, a pesar de lo que Dios ha hecho en y por tu vida." Termina la cita. Quejarte por todo, a pesar.

Dice Éxodo capítulo 16, voy a leer del verso 1 en adelante. Escuchen la queja del pueblo, esto es algo insólito lo que voy a leer: "Partieron del desierto de Sin toda la congregación de los hijos de Israel, y llegaron al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, el día quince del segundo mes después de la salida de la tierra de Egipto. Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto. Y los hijos de Israel les decían: Ojalá hubiéramos muerto a mano del Señor en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos, pues nos habéis traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud." ¡El Señor Dios los libró abriendo el mar y unos cuantos días después dijeron: "Nosotros preferíamos estar allá en vez de estar aquí"!

Y Números 16 dice que los hijos de Coré y toda la congregación se rebelaron, y hubo una gran mortandad. Dice Números 16:49: "Y los que murieron a causa de la plaga fueron catorce mil setecientos, sin contar los que murieron por causa de Coré." ¡Catorce mil!

Entonces, ¿qué está al resto? ¿Cuál fue el problema de esta gente? Dios proveyó todas las necesidades. Sin embargo, eso no los despertó espiritualmente. Ellos codiciaron, llenaron su corazón de mundanalidad. Ellos fueron idólatras, adoraron falsos dioses. Ellos practicaron inmoralidad sexual. Ellos tentaron a Dios viviendo al límite de sus pecados, especialmente pecados secretos. Y ellos murmuraron y no fueron agradecidos con Dios.

Esta es la ilustración. Este fue un pueblo que no entendió a Dios. A pesar de todo lo que recibieron, ellos no conocieron a Dios. Ellos solamente recibieron sus bendiciones materiales, pero esta gente no cultivó una relación de intimidad espiritual con Él. Ellos confundieron provisión de Dios con el agrado de Dios; son dos cosas muy diferentes. El apóstol dice: "Yo quiero que no ignoren lo que sucedió con ellos."

Ahora, en segundo lugar, Dios trae entonces una advertencia. Fue un pueblo muy bendecido y fue desechado. En segundo lugar, Dios advierte ahora. Esta es una necesaria precaución. Lo primero es: hay una necesidad de aprender aquí. Dice el verso 11: "Estas cosas les sucedieron como ejemplo." Esto es el apóstol Pablo ahora aplicando a la iglesia de Corinto la historia. "Estas cosas sucedieron como ejemplo y fueron escritas como enseñanza para nosotros, a quienes nos ha llegado el fin de los siglos."

La idea aquí es esta: la única razón por la que esta historia está aquí en la Biblia es para que podamos aprender, es para que podamos despertar, aprender a no cometer los mismos errores que esta gente cometió. ¿Cuál fue el problema del pueblo de Israel? Ellos confundieron la provisión de Dios con el agrado de Dios. Ellos confundieron el silencio de Dios con el consentimiento de Dios. Ellos vivían en pecados secretos, Dios en su paciencia toleraba, y ellos pensaron que porque Dios no hacía nada, Dios estaba aprobando su conducta.

Ellos se distrajeron con las cosas temporales que Dios da y despreciaron la mejor fuente: a Dios mismo, el Dios eterno. Ellos decían que anhelaban el cielo, pero estaban demasiado enamorados de las cosas aquí en la tierra. Ellos estaban tan saciados de lo material que no lograron abrir espacio en sus corazones para lo espiritual. Ellos vivían en medio de Dios pero no fueron transformados por su poder. Dios los visitó por cuarenta años en el desierto, pero ellos no lograron caminar con Dios. Aunque Dios estaba allí, ellos no se enamoraron de Él, no les afectó lo sublime de su presencia.

Ellos pudieron estar tan cerca de Dios, pero su incredulidad los condenó a vivir tan lejos de Él. Se equivocaron. Ellos tuvieron todo pero no consiguieron quedarse con nada. Ellos estaban tan seguros de poder ganar en la tierra que nunca se prepararon ante la posibilidad de poder perder. Ellos fueron tan diestros en visualizar lo temporal e insignificante que quedaron tan ciegos para discernir lo primordial. Ellos se conformaron con lo fácil de una vida ordinaria y no fueron atraídos por lo admirable de una vida extraordinaria con Dios.

El pueblo de Israel falló trágicamente en hacer que Dios fuera más que un simple proveedor de comida, de bebida y cosas materiales, en que Dios llegara a ser realmente una fuente de vida celestial y eterna.

El apóstol Pablo dice: "¿Tú sabes por qué está eso en la historia? Para que aprendamos". Para que aprendamos. Hay una necesidad de aprender, pero no solamente eso. En esta advertencia hay una necesidad de velar, de velar. Dice el verso 12: "Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga". Si crees que Dios te está dando mucho, cuídate. Esa es la idea. Cuídate, es una necesaria advertencia.

Lo que Pablo está diciendo en resumen es: ¡ten cuidado! Cuídate de una religión que te haga sentir tan cómodo que nunca cuestiones tu fe. Cuídate de una teología que te dé mucho conocimiento pero que no transforme tu vida. Cuídate de una vida cristiana que no practique la santificación. Cuídate de una relación tan básica con Dios, que tú estés contento mientras Dios te dé qué comer y qué beber sin que haya un real deleite en su presencia. Cuídate de una convivencia cristiana que no puedas diferenciar con la convivencia del mundo. Cuídate de creer que porque eres miembro en una iglesia, ya tú tienes asegurado el agrado de Dios, aunque tu vida permanezca enfocada en las cosas temporales. Cuídate de creer que porque Dios no te castiga, Dios está contento con lo que tú haces. Cuídate de creer que estás bien cuando tu vida en lo secreto no es consistente con tu vida en público. Dice la Nueva Versión Internacional: "Por tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer". No te equivoques.

Dios no solamente enseña la historia, Dios no solamente advierte; ahora Dios nos motiva. Dios viene con una promesa, y es el verso 13. Dice el verso 13: "No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres, y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podáis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistir".

Esa es una gran promesa, una valiosa promesa, sobre todo en medio de esta advertencia. Después que uno considera los doce versículos anteriores, uno puede quedar desconsolado, uno puede quedar lleno de temor ante la imposibilidad humana de vivir una vida agradable a Dios. Pero Dios trae esta promesa para decirnos: "Yo voy a caminar contigo". La idea es que no estés paralizado de miedo. Lo que Dios desea es que estemos vigilantes ante lo que el corazón desea hacer.

El texto asegura que no habrá una tentación de la que no podamos decir: "Yo no puedo con eso, eso es mayor a mis posibilidades, yo no la puedo resistir, eso es imposible". Dios nos ha dado su Espíritu Santo, Dios nos ha dado su Palabra para proveer la necesaria fortaleza para vencer cualquier tentación. El problema es este, amado hermano, el problema es este: el problema no está en la fortaleza de la tentación, el problema está en la debilidad de nuestra comunión con Dios. El problema no es que la tentación es fuerte, el problema es que mi comunión con Dios es muy débil, no estoy usando los recursos.

Todas las tentaciones que podremos afrontar en este mundo son comunes, dice el texto, como a los seres humanos, humanamente soportables. Si hubiera algo que no pudiéramos soportar, entonces Dios no lo permite. Dios no lo permitiría. Eso no quiere decir que no hay tentaciones fuertes, por supuesto que sí. Lo que no hay son tentaciones que sean imposibles de soportar.

Pero hay algo más que el texto dice: "Sino que con la tentación Dios proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistir". Una de las cosas más sabias que podemos hacer en medio de una tentación es esto: preguntarnos, ¿cuál es la vía de escape que Dios me está proveyendo? Si todo lo que vemos en medio de una tentación es el poder de la atracción, entonces nuestra visión está incompleta, porque Dios promete que en cada tentación hay una vía de escape.

Hay una salida. Quizás sea renunciar a ese empleo y huir. Quizás sea limitar un acceso tan abierto a tu teléfono o computadora. Quizás la vía de escape es limitar tantas libertades que te das. Quizás es vivir en más comunidad, menos aislamiento. Una de las más preciosas vías de escape que Dios provee en su gracia es practicar la confesión del pecado, practicar la confesión del pecado.

Proverbios 28:13 dice: "El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y los abandona hallará misericordia". Esa misericordia que Dios promete aquí solo viene después de dos pasos: confesar y abandonar. No podemos omitir ninguno de los dos. Si tú quieres abandonar el pecado y no lo has confesado, no estás sano para esa lucha. Si solo lo confiesas y vuelves y te envuelves en el pecado, entonces no estás cumpliendo la segunda parte.

Déjenme ilustrar rápidamente esa historia porque se me va el tiempo. Escuchen esto. Yo conocí una persona en los Estados Unidos cuando yo era pastor en Minnesota, una historia muy impactante para mí. Este hombre salió de cumplir una condena, creo de siete años en la cárcel. Estuvo envuelto en sexo ilícito con menores, y con una persona que cae en un delito así, esa persona no tiene más libertad, por así decirlo. Ya fuera de la cárcel, el gobierno controla el acceso de donde vive, el acceso de las áreas sociales que tiene. Para dar una idea, cuando una persona sale de la cárcel, toda la vecindad en una distancia que ahora yo no recuerdo es informada de que esa persona vive ahí. Cuando esa persona llega a una iglesia, por ejemplo, él tiene que anunciar que asistirá a la iglesia y la iglesia tomar medidas de seguridad.

Esta persona llegó a esta iglesia ya en Minnesota y anunció quién era, y pidió ayuda pastoral. Y por una razón u otra la persona fue asignada a mí. La idea es que el gobierno por espacio de dos años tenía que supervisar su inducción a la sociedad, así le llamaban. Entonces, la Universidad de Minnesota proveía el aspecto legal y psicológico al gobierno, y había que tener un mentor que estuviera en el terreno de juego, y me asignaron a mí la mentoría. Entonces, yo me reunía con él dos veces al mes, y una vez al mes íbamos a esa reunión donde el gobierno supervisaba cómo él iba floreciendo. El punto es que dos veces al mes él se reunía conmigo. Es una persona americana, y la idea mía era ayudarlo en la Escritura.

Un día llegamos a este texto de Proverbios 28 por una circunstancia que él estaba teniendo con alguien, y yo le dije que debía confesar y le hablé del texto. Entonces él me hizo esta confesión. Me dijo: "Yo era pastor, yo era pastor, y yo toda mi vida luché con la pornografía y la inmoralidad sexual. Y yo sé que Dios me dio vías de escape. Varias veces en el ministerio yo fui confrontado por situaciones que llamaban la atención, pero yo me escondí. Y yo tenía momentos que abandonaba mi pecado. A veces pasaba un mes, dos meses, tres meses y yo estaba sano, pero volvía". Y un nefasto día él entró a la computadora, en una página de pornografía donde había menores. Y la página permitía interacción con personas a distancia. Y él, hablando con una menor, le mostró todo su cuerpo. Lo que él no sabía es que esa vía, él la veía, pero el FBI en Estados Unidos le estaba supervisando eso. Y en menos de veinticuatro horas cayó preso. Lo perdió todo. Perdió su ministerio. La esposa se divorció. Le concedieron la custodia y nunca más volvió a ver a su esposa ni a sus hijos. Sus padres estaban enfermos. Los fue a buscar, nada. Este hombre estaba solo en el mundo. De hecho, una vez le dio un ataque cardíaco y el hospital quería notificar a quien lo cuidara. No encontraron a nadie. Hubieron que llamar a la iglesia. Y cuando yo fui a visitarlo de la iglesia, me dijeron: "Usted es la única persona que ha venido". ¡Es tremendo!

Y yo recuerdo en esas reuniones, en un invierno de Minnesota, en la oficina, que él me dijo: "Mi problema es que no usé las vías de escape que Dios me proveyó. Yo quise luchar por mis propias fuerzas. Yo le temí más a mi vergüenza que a Dios, y yo terminé condenado por él".

El pastor Miguel López pone estas palabras en un Twitter que dice: "Podemos esconder nuestra vida de pecado delante de los hombres, pero jamás podemos hacerlo delante de Dios, y en su tiempo Dios hará tronar su voz". Y en mi mismo Twitter, el pastor Miguel dice: "Cuando usamos la mentira porque tememos la verdad, pronto descubriremos que debimos haber sido más valientes y haber hablado la verdad". Termino.

Dios nos enseña, Dios nos advierte, Dios nos da una promesa. El amor mío no es negar o ver que nuestra iglesia disfruta de muchas bendiciones. Pero cuanto más privilegiados somos, más cuidadosos debemos ser. Porque aunque el Señor es misericordioso, Dios es bueno y provee nuestras necesidades, Dios es muy selectivo de aquellos a quienes especialmente Él va a bendecir.

Y lo que encontramos aquí es una especie de advertencia: un pueblo que fue muy bendecido, pero un pueblo que fue desechado por Dios. Y lo que el texto nos advierte es el peligro de ser tan bendecido en lo externo que nos volvamos demasiado confiados en lo privado. El peligro de ser tan bendecidos que creamos que podamos engañar a Dios. El peligro de ser tan bendecidos de creer que nuestros privilegios nunca van a terminar.

El pueblo de Israel es un ejemplo, un mal ejemplo que debemos nosotros evitar. Esta gente presenció muchos milagros de Dios por cuarenta años en el desierto, pero Dios no se agradó de ellos. El pueblo de Israel falló trágicamente en hacer que Dios fuera para ellos más que un simple suplidor de comida y bebida. Que Dios realmente fuera para ellos su fuente de vida celestial y eterna. Que el Señor nos dé corazones humildes para que podamos recibir esta enseñanza, esta advertencia y esta promesa, de tal manera que podamos vivir para Él.

Luis Méndez

Luis Méndez

Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D