Dios no solo puede ser encontrado: desea ser encontrado. Esta verdad, anclada en Jeremías 29, abre la puerta a una pregunta urgente para cada creyente: si Abraham, Elías, Gedeón e Isaías experimentaron encuentros transformadores con Dios, ¿qué de nosotros hoy? La carta del profeta a los exiliados en Babilonia contenía una promesa que sigue vigente: "Ustedes me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón." El problema es que tenemos el corazón dividido. Queremos lo espiritual y lo carnal, la tierra prometida sin soltar los tesoros de Egipto. Pero el amor es excluyente, y Dios pide una sola cosa: la vida entera.
Un encuentro genuino con Dios requiere intencionalidad. Demanda estar llenos del Espíritu Santo, dejándonos influenciar por él hasta crucificar los deseos de la carne. Requiere enamorarse de Dios como el más grande de los romances, donde nada nos deleita más que su presencia. El pastor Luis Méndez ilustra esto con su propio matrimonio: después de 33 años, no se cansa de estar cerca de su esposa, de escucharla, de decirle que la ama. Así debería ser nuestra relación con Dios. También implica llenarnos de su Palabra, no como información sino como alimento que consuela el alma en medio de las angustias. Y exige obediencia, porque la presencia de Dios se disfruta en el terreno de la rendición, no de la negociación.
Dios no es un tema para estudiar sino una persona para conocer. El verdadero cielo comienza aquí, viviendo impactados por su presencia.
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Yo les invito a que, por favor, abran sus Biblias en el libro del profeta Jeremías, capítulo número 29. Jeremías, capítulo número 29. Voy a darle lectura del verso 10 hasta el verso 14.
Dice: "Pues así dice el Señor: Cuando se le hayan cumplido a Babilonia setenta años, yo los visitaré y cumpliré mi buena palabra de hacerlos volver a este lugar. Porque yo sé los planes que tengo para ustedes, declara el Señor. Son planes de bienestar, no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza." Ustedes, este es el texto que yo quiero resaltar: "Ustedes me invocarán. Ustedes vendrán a rogarme y yo los escucharé. Ustedes me buscarán y ustedes me encontrarán cuando me busquen de todo corazón. Yo me dejaré hallar de ustedes, declara el Señor. Y restauraré su bienestar, los reuniré de todas las naciones y de todos los lugares a donde los expulsé, declara el Señor, y los traeré de nuevo al lugar desde donde los envié al destierro."
Nosotros aquí hemos estado desarrollando una serie de estudios de encuentro con Dios a través de personajes del Antiguo Testamento. El primer estudio fue de Abraham y el pastor Jairo nos ayudó a ver el Dios que prueba y el Dios que provee. Jairo nos ayudó a ver cómo Dios probó a Abraham y la motivación fue amor; por amor Dios probó a Abraham. Él lo probó y Abraham pasó la prueba, la prueba de Dios, por causa de la fe que el mismo Dios proveyó. Dios proveyó maravillosamente conforme al llamado que Dios le hizo. Y decía Jairo que esa prueba no era solamente de Abraham, sino que en cierta manera es un símbolo de la prueba que Dios hace a cada uno de nosotros.
El segundo estudio fue enfocado en Elías y el pastor Chacho nos ayudó a ver al Dios que está cercano. Fue maravilloso ver cómo Dios sabe dónde estamos, cómo Dios sabe lo que pasamos, cómo Dios conoce los detalles de nuestros sufrimientos, cómo Dios conoce nuestro desánimo y el estado del corazón, porque Dios es un Dios cercano, porque Dios es un Dios personal. Y vimos cómo Dios mostró una paciencia extraordinaria con el profeta Elías, a pesar de que él perdió su enfoque espiritualmente.
El tercer caso fue con Gedeón y el pastor Johan nos ayudó a ver al Dios que fortalece y el Dios que respalda. Y fue impresionante cómo aprendimos que en la soledad Gedeón descubrió la cercanía de Dios, cómo en la incredulidad Gedeón experimentó la afirmación del Señor y cómo en la inseguridad de ese siervo Gedeón experimentó el respaldo del Señor. Y una de las cosas que fue más impresionante en esa exposición es que lo más importante no es cómo nos vemos a nosotros mismos, sino cómo Dios nos ve. La visión es de Dios para nosotros, no al revés. De manera que Gedeón ilustra la historia de un hombre débil, de un hombre incrédulo, a quien Dios usó, Dios fortaleció, y eso nos apunta a Cristo, que es nuestro gran Salvador.
Y el pasado domingo, el enfoque fue en Isaías. Y el pastor Joel nos ayudó a ver al Dios santo. Es impresionante que la santidad es el único atributo en la Biblia que se repite a un tercer nivel. No hay ningún texto en la Biblia que diga que Dios es poderoso, poderoso, poderoso. Ni que diga que Dios es misericordioso, misericordioso, misericordioso. Pero sí encontramos que Dios es santo, santo, santo. Y ese Dios santo nos ha invitado a ser santos como Él. Y una de las cosas que aprendimos en el estudio es que la reacción correcta cuando nosotros estamos impactados ante la santidad de Dios es humildad. Tenemos que humillarnos delante de Dios. ¿Por qué? Es en esa humildad que Dios se acercará a nosotros.
En todos esos casos se ilustraron encuentros con Dios que son de gran inspiración. Es impresionante cómo esos hombres fueron transformados a vivir por fe; son ejemplos de ser imitados e ilustran la gran verdad universal: un hombre pequeño, un Dios grande. La pregunta del millón de dólares es esta: ¿Y qué de ti y de mí? ¿Qué tiene que ver conmigo y contigo? Si tuviéramos que predicar un sermón que es tú y el Dios de la Biblia, ¿de qué es que se va a hablar? ¿Cómo luce hoy el encuentro de nosotros con Dios?
Y lo que quiero proponer en esta mañana es una aplicación práctica de la serie conforme a estas verdades. La tesis es esta: así como Abraham y Elías, Gedeón e Isaías, también nosotros podemos tener un encuentro con Dios. Y más que poder, debemos tener un encuentro con Dios. Dios no solamente puede ser encontrado, sino que Él desea que nosotros le encontremos. Tú y el Dios que desea ser encontrado.
Esto es lo que voy a hacer. En primer lugar, demostrar bíblicamente esa verdad: Dios puede ser encontrado hoy. Y en segundo lugar, ¿cómo luce eso? ¿Qué elementos y características están incluidos en esa experiencia disponible para nosotros de encontrarnos con Dios? Así que el primer punto: la base del encuentro con Dios.
En el texto que leímos en Jeremías, capítulo 29, verso 13, dice: "Ustedes me buscarán y ustedes me encontrarán." Ese texto en Jeremías 29, teológicamente hablando, contiene una carta de Jeremías, siendo él un profeta del Señor, y fue dirigida a aquellos que aún estaban exiliados en Babilonia. En el proceso de Dios restaurar el templo, restaurar la adoración en Jerusalén, todavía había un grupo que estaba allá. Y la carta fue dirigida principalmente a los líderes, al resto de los ancianos que vivían en aquella comunidad judía allí.
La idea de la carta era a esos hermanos que aún permanecían distantes. La carta tenía como propósito, primero, guiar a esos hermanos, y no solo guiarles, sino llevar consuelo, llevar fortaleza a un grupo de hermanos que estaban en sufrimiento del exilio. Y una de las cosas que el profeta deja muy claro es esta: si de verdad vamos a abrazar una nueva esperanza, si de verdad queremos abrazar un cambio en la vida de nosotros, entonces el pueblo necesita estar más cerca de Dios. La idea es esta: ¿de verdad quieres esa esperanza? Necesitamos volver a Dios.
Yo decía que el pastor Miguel últimamente ha insistido mucho en eso en sus escritos y en sus publicaciones. Y él dice, voy a parafrasear sus palabras, él dice: cuando una nación le da la espalda a Dios, entonces el caos y la crisis serán evidentes. Eso está pasando en los Estados Unidos. Cuando una nación le da la espalda a Dios, entonces se abren las puertas para el caos, para la crisis. Entonces el profeta le está recordando a esta gente: ¿en serio queremos un avivamiento? ¿En serio queremos un reencuentro? Entonces tienes que acercarte. Es como si Dios les dijera: tienen que acercarse a mí. Tienen que buscarme. No podrán salir de esa crisis a menos que mi presencia en la vida de ustedes sea real en sus vidas.
La base del consuelo y la promesa de esta carta es: busquen a Dios sobre la tesis de que Él va a dejar que ustedes le encuentren. Hay esperanza porque podemos encontrarnos con Dios. Hay esperanza porque hay una promesa disponible. Y eso es aplicable al pueblo de Dios allá y a nosotros hoy aquí. Dios puede ser encontrado. Dios desea ser encontrado. La pregunta es: ¿cómo lo hacemos?
Una de las cosas más importantes aquí es entender esto: Dios es una persona real. Dios se ha revelado a nosotros. Y es la base para decir: Él quiere que nosotros le conozcamos mejor, porque Él se ha revelado. Teológicamente hablando, se habla de dos tipos de revelaciones. Todo esto es para explicar el primer punto de que Dios puede ser encontrado.
Los teólogos hablan de una revelación general, y esa es a través de toda la creación. Rápidamente, Romanos 1:19-20 dice: "Pero lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente. Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han hecho visibles con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa." Por medio de la revelación general, por medio de la creación, Dios se revela a sí mismo como el gran Creador del universo.
Ahora, existe también lo que los estudiosos llaman una revelación particular o especial. Ya no es la creación, ya es una revelación más personal, más particular. Por ejemplo, en el Antiguo Testamento, ¿cómo esto sucedió a veces? Hay casos donde Dios se revelaba audiblemente. Parte de esos encuentros que hemos estudiado: Dios le habló a Abraham, Dios le habló a Moisés, a Elías, a Isaías, etcétera. Ellos escuchaban audiblemente la voz de Dios.
En el Nuevo Testamento, Dios se manifestó a través de su Hijo, Jesucristo. Miren cómo dice Hebreos, capítulo 1, versos 1 al 2, escuchen, lo voy a leer. Dice: "Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras, a los padres por los profetas —Antiguo Testamento—, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo." Juan, el Evangelio de Juan, tratando de introducir la realidad de que Jesús es la manifestación visible de Dios, dice: "En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios."
Hay casos en el Antiguo Testamento donde Dios se reveló audiblemente. En el Nuevo Testamento, Jesucristo. La pregunta de hoy en el 2021: ¿cómo eso funciona? Bueno, Jesús, cuando ascendió, quedó con el rol de ser sumo sacerdote. Él hoy intercede por nosotros. Uno de los textos que yo creo que define mucho a esta iglesia, de hecho el pastor lo cita —el pastor Miguel— en sus oraciones, Hebreos 4:16 dice: "Por tanto, ya que Jesús ascendió y está a la diestra de Dios, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia y hallemos gracia para el oportuno socorro." Cristo intercede.
Podemos hoy encontrarnos con Dios de manera más particular a través de la Palabra revelada. Dios reveló su voluntad. Su voluntad está escrita y ese es el medio principal por el cual Dios muestra su voluntad y nos encuentra. Un texto que está en 2 Timoteo 3:16-17: "Toda Escritura es inspirada por Dios."
Y útil para enseñar, para aprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, o literalmente completo, equipado para toda buena obra. Dios nos habla por medio de su Palabra. Es realmente porque es muy importante.
Hay mucho misticismo en esta generación. Tengo a saber las veces que yo encuentro gente que dice: "Yo me soñé con usted". Entonces, ah, muy bien. "¿Por qué se soñó?" "Y Dios le manda a decir..." Entonces ya yo digo: "Espera, espera". Ya ahí no, toca meter el freno. Yo recuerdo una vez predicando en México, estaba dando unas conferencias, y vino una señora como de 70 años: "Pastor, yo tuve una revelación. Yo vi un ángel en el púlpito y a usted arriba volando. Y este es el mensaje..." Yo digo: "Ay, doña, Dios me habla a través de la Biblia". Alguien decía: "¿Tú quieres oír la voz de Dios? Lee la Biblia en voz alta". No me inventes con tu sueño. Sueña lo que tú quieras, pero ya bien, si el sueño tú no lo puedes sustentar en la Biblia, entonces toma por decir lo que tú quieras, pero es la Biblia donde Dios tiene su voluntad revelada. Es a través de ella que Dios se revela. Entonces Dios puede ser encontrado.
Ahora, no es solamente que Dios puede. Es que Dios quiere, que Dios desea. En esta carta de Jeremías 29, el énfasis es: "Ustedes me invocarán y vendrán a rogarme, y yo los voy a escuchar. Ustedes me buscarán y ustedes me van a encontrar". Escucha esto, amado hermano y amigo que estás aquí: Dios no es un tema para ser estudiado, sino una persona para ser conocida. Dios no es un tema para ser estudiado, sino una persona para ser conocida.
Una de las cosas más impresionantes en esta generación es que los avances tecnológicos, ahora la internet, las conexiones, generan una fuente de información que es impresionante. Yo les contaba el culto pasado que yo, en una conversación informal, llegué a un grupo donde había gente que conocía y otra que no conocía. Y uno de los que no conocía estaba hablando de un deportista muy famoso. Y yo llegué a la conversación y empecé a escuchar, y él estaba hablando: "Entonces, Fulanito, que es una persona extremadamente famosa, mira, Fulanito estaba en la escuela que se llama tal escuela, y él tuvo problemas en la escuela. Y el papá, bien desesperado, por eso lo llevaba, y que ahí fue que él empezó a jugar. Y realmente el tío, que se llamaba Joselito, o el nombre que usted quiera, era el que lo llevaba a la práctica, porque el papá no podía. Y el coach que vio el talento de ese muchacho insistió, insistió, insistió, y saben lo que tuvo que hacer, mudarlo de ciudad a ese muchacho para que practicara. Ahí fue el que llegó a la selección, y tuvo la esposa de él. Realmente no era la esposa de él, empezaron de la mano de la novia que se llamaba Fulanita..."
Y el individuo lleva como 15 minutos. Y yo estoy tan impactado. Con más o menos más confianza, ya le hablaba, porque el tipo hablaba muchísimo. Yo le digo: "Mira, ¿y dónde tú lo conociste?" "Es que no, yo nunca he visto a ese tipo en mi vida". "No, él es famoso". "¿Y cómo tú sabes todo eso?" Y él me iba a contestar, pero yo le dije: "Pero yo tengo internet, ¿eh?"
Ustedes saben que eso puede pasar con Dios. Una cosa es tener información acerca de Dios, y otra cosa muy diferente es conocer a Dios. Nosotros podemos tener mucha información de gente famosa. La pregunta es: ¿tú conoces a esa persona? Conocemos a Dios en lo privado. Que Dios nos llama por nuestro nombre. Que si en cualquier situación, Dios sabe lo que está pasando. Porque Dios conoce mis agonías, Dios conoce mis luchas, Dios conoce mis ansiedades y mis preocupaciones. Nos visita, está cerca. Dios quiere que le busquemos, porque Él quiere un encuentro mucho más íntimo con nosotros.
Y esa verdad la encontramos enfatizada alrededor de toda la Biblia. Jesús, en el famoso Sermón del Monte, dice en Mateo 7:8: "Porque todo el que pide recibe, y todo el que busca halla, y al que llama se le abrirá". El Salmo 32:6 dice: "Por eso que todo santo ore a ti en el tiempo en que tú puedas ser hallado, y ciertamente la inundación de muchas aguas no llegarán a él". E Isaías 55:6: "Busquen al Señor mientras puede ser hallado, llámenle en tanto que está cercano".
La belleza de la vida cristiana, el poder de la vida cristiana, es vivir continuamente en un real encuentro con Dios. Dios no solo puede ser encontrado, Dios desea que nosotros le busquemos. Un encuentro con Dios aquí y ahora es indispensable para mantener viva nuestra esperanza de una vida eterna. El verdadero cielo comienza aquí en la tierra. Necesitamos vivir impactados por Dios. Necesitamos estar cerca de Él. Necesitamos estar deleitados en su presencia. Esa es la clave de la vida cristiana. Esto comienza en Dios y esto termina en Dios. Entonces, Dios se revela hoy en día a través de su Palabra.
Ahora, habiendo probado bíblicamente eso, la pregunta es: ¿y cómo luce eso? ¿Cómo es que podemos nosotros decir elementos que podemos caracterizar en un real encuentro con Dios? Bueno, en el texto de Jeremías que leímos, Jeremías 29:12-13, dice: "Ustedes me invocarán y vendrán a rogarme, y yo los escucharé. Ustedes me buscarán y me encontrarán, con esta condición: cuando me busquen de todo corazón".
Entonces, esto abre ahora el escenario para una consideración un poquito más particular. Un encuentro con Dios es algo que requiere intencionalidad. Eso no sucede a lo loco, eso no sucede por suerte. Eso requiere enfoque, intencionalidad. El texto dice que el gran impedimento para un real encuentro con Dios es la calidad de la búsqueda. No lo estamos buscando bien. Y Dios solo podrá ser encontrado en los términos que Él revela aquí, cuando le busquemos de todo corazón.
¿Sabes cuál es el problema, amado hermano? Tenemos el corazón dividido. Ese es el problema. Amamos a Dios y también amamos las cosas temporales. Amamos lo celestial y también amamos lo mundanal. Nos gusta la iglesia los domingos y muchas otras cosas de lunes a sábado. Queremos decirle que sí a lo espiritual y también sí a lo carnal. Queremos la tierra prometida, pero sin soltar los tesoros de Egipto. Eso es imposible. Eso es una locura. No podremos tener un encuentro real con Dios si el corazón está dividido. El amor es excluyente. Siempre insiste en lo absoluto. Un real encuentro con Dios demanda todo el corazón.
Yo les decía en el servicio pasado: a veces uno le está predicando a un amigo y conocido, y le dice: "Mira, busca a Dios". Y dice: "Mira, ya te voy a ser la verdad. La vida cristiana lo que hace es un tipo de red ordenada. A mí me encanta, ustedes siempre están como contentos, en gozo, unidos. El problema es que la iglesia pide demasiadas cosas, pero a vivir de muchas cosas, y eso es muy complicado". Yo le digo: "No, no, no, tú estás equivocado. Dios solo pide una sola cosa: tu vida entera. Eso solo".
Es lo uno o lo otro. Es luz u oscuridad. Es Dios o las riquezas. Es la esencia o la apariencia. Es santidad o es mundanidad. No hay punto medio. Dios dice: "Búscame con todo tu corazón". Un encuentro con Dios demanda pureza. Hay algunos términos en el contrato. Uno de ellos es exclusividad. Es exclusividad. Dios pide una sola cosa: todo el corazón. Entonces, hermanos, no podríamos pensar que vamos a ser impactados con la presencia de Dios si nuestro corazón es indiferente a su grandeza. Si nosotros no estamos extasiados entre lo maravilloso que Dios es, ¿encuentro de qué? ¿Deleite de qué? ¿Transformación de qué?
Entonces, la pregunta es: ¿cuáles son algunos elementos que pueden ayudarnos en nuestro sincero deseo de tener un real encuentro con Dios? Yo quiero proponer esta mañana, a manera de generar, cinco aspectos o características que definen un real encuentro con Dios.
Primero: si realmente queremos un encuentro con Dios así, necesitamos estar llenos del Espíritu Santo. Llenos de su Espíritu. Efesios capítulo 5, verso 18, dice: "Y no se embriaguen con vino, en lo cual hay disolución, sino sean llenos del Espíritu Santo". Para disfrutar a Dios más íntimamente, necesitamos estar llenos de su Espíritu más plenamente. A mí me encanta cómo el pastor Miguel dice a veces: eso no quiere decir que el Espíritu Santo esté incompleto. No es que no depositaron la mitad y falta otra mitad. No, está ahí adentro completo. El punto es que no nos dejamos influenciar por el Espíritu. Ese es el problema.
Uno de los grandes males que enfrentamos hoy es que hemos perdido la sensibilidad espiritual. Estamos vacíos espiritualmente. Y estamos cometiendo el error de intentar llenar ese vacío con cosas materiales y temporales. Eso no funciona. Si nosotros hacemos un análisis, yo creo que en sentido general, para no ser absoluto, la mayoría de nosotros materialmente hablando supera a la generación de nuestros padres. Pero yo no estoy seguro que eso se pueda traducir a que estamos más plenos, más gozosos y más completos. Es que la vida está muy complicada. Estamos pagando muy caro el proceso de llenarnos porque lo estamos buscando en cosas que no llenan. Dios es el único que puede llenarnos por dentro, porque nuestro vacío es tan grande que solo Dios lo llena. Y eso es a través de su Espíritu.
Señor, es impresionante. Yo les decía estos días hablando a un grupo de personas: es impresionante los avances tecnológicos, todo el nivel de información que hay ahora. Yo recuerdo que mi abuelo me contaba cuando pequeño, y digo, yo no soy tan viejo tampoco, pero él me decía: "No, si yo tenía un familiar en Altamira, en Puerto Plata, y alguien se murió, y cuando llegó la visa a Santiago, yo también enterado, y le habían llorado y todo eso como a los siete días". Hoy sucede algo en Japón y a los tres minutos usted sabe lo que está pasando, y con foto y todo. El problema es que tenemos más información, pero al mismo tiempo tenemos más confusión. Esta es una de las generaciones que exhibe más crisis de identidad. Sabemos mucho, pero entendemos poco. Yo creo que los índices de depresión, a sentido internacional que se revelan, nunca antes se habían visto. ¿Y cómo es posible que teniendo tanto vivamos vidas tan mediocres, tan ordinarias?
El problema no es físico, es espiritual. El problema es espiritual. El apóstol Pablo, escribiendo en el libro de Gálatas, capítulo 5, versos 16 y 17, dice: "Digo, pues, anden por el Espíritu y no cumplirán el deseo de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues estos se oponen el uno al otro, de manera que ustedes no pueden hacer lo que deseen." Yo no sé si ese versículo es tan fuerte para ustedes, pero para mí lo es.
¿Saben cuál es la exhortación a una vida de crecimiento espiritual y santificación? Tratar de no complacerte tanto a ti mismo. El dios de este siglo es uno mismo. Hay gente que dice: "Me gusta. Eso me gusta." Hermanito, pero te he preguntado si le agrada a Dios. "No, me gusta." ¿Quién es el dios de esa persona? Él mismo. ¿Por qué te dice el Espíritu la razón por la que el Espíritu está dentro? Porque tú tienes que aprender a decir que no a los deseos de tu carne. No puedes complacerte tanto. El problema nuestro somos nosotros mismos. Hermano, tu principal amenaza eres tú mismo. Es un problema del corazón.
La frescura de un encuentro con Dios no está basada solamente en nacer de lo del Espíritu, es vivir bajo la influencia del Espíritu. Entonces, esta es la pregunta: ¿Qué tanta influencia tiene el Espíritu Santo en nuestras vidas? ¿Qué tan espirituales nosotros somos? Yo no estoy hablando cuántas veces tú vas a la iglesia. Yo no estoy hablando de eso. ¿Qué tanto el Espíritu Santo te controla adentro?
Déjame ayudarte. Cuando el apóstol Pablo escribió a esta iglesia en Gálatas, este era el tema, porque mucha gente se supone que ama a Cristo, pero la vida no refleja eso. Y el apóstol ilustró esta realidad: nosotros estamos dominados por los deseos de la carne o por los deseos del Espíritu. Cuando una persona cree en Jesús, uno de los principales regalos es que somos sellados por el Espíritu Santo. Cuando ese Espíritu Santo entra ahí adentro, es una guerra a muerte, porque esa persona siempre se condujo por lo que él quería hacer. No le importaba, ni tenía convicción ni nada. Lo que se supone ahora es que el Espíritu va a ir ganando terreno en el corazón, más y más y más, hasta vencer internamente eso.
Oigan la descripción del apóstol Pablo. ¿Qué caracteriza a una persona que vive bajo el deseo de la carne? Dice en Gálatas 5, verso 19: "Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad..." A mí me llama la atención que de la lista, los tres primeros tienen que ver con inmoralidad sexual. Dice: "idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejías, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales les advierto, como ya se lo dije antes, los que practican eso no van a heredar el reino de Dios."
Y dice: "Pues déjame ahora presentarte el otro lado. ¿Cómo luce cuando estamos bajo la influencia del Espíritu? Los frutos del Espíritu." Pero el fruto del Espíritu es: amor, no egoísmo, no individualismo, amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio. Contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
Yo no sé si nosotros leemos ese versículo bien. Oye qué es lo que el apóstol sugiere: que cuando te entra ese deseo de la carne, no es que tú lo orientes, no es que le des ocasión, no es que lo despidas del trabajo de la empresa, que lo crucifiques. ¿Tú sabes cuál es el problema? No es que estamos muy muertos, es que estamos demasiado vivos todavía. Esos deseos nos controlan demasiado, y parte de la labor del Espíritu es crucificar esos deseos. Dale muerte a esos deseos. Debe haber una mayor evidencia en nuestras vidas de que la obra del Espíritu es más poderosa que la obra de la carne. Ese es un requisito indispensable para disfrutar de la presencia de Dios.
Ese es un motivo de oración. Nosotros le debemos suplicar: "Señor, llénanos más del poder de tu Espíritu. Ayúdanos a que podamos desear más a ti, desear lo espiritual, que mis ojos no se vayan en la vanidad de esta vida, que tus promesas sean tan hermosas para mí, que tu presencia sea tan real para mí, que yo vea las ofertas de este mundo como miseria comparado contigo." Amén. Que nosotros no lleguemos a eso, va a haber problemas. Si nosotros todavía estamos ponderando el disparate que este mundo ofrece versus la realidad de un gozo eterno en Jesús, tenemos problemas. Eso no está al mismo nivel. Y eso solo lo puede hacer el Espíritu.
Y en segundo lugar, para tener un encuentro fresco con Dios, necesitamos estar enamorados de Dios. Necesitamos estar enamorados de Dios. Escuchen cómo el salmista habla. Salmo 27:4: "Una cosa yo he pedido al Señor, una, y esta yo voy a buscar: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para yo contemplar la hermosura del Señor, para yo meditar en su templo."
Enamorarse de Dios es el más grande de los romances. Dios es el único que puede saciar ese vacío infinito que hay dentro de nosotros. Amar a Dios profundamente es la mejor meta que podemos plantearnos. San Agustín decía: "Enamorarse de Dios es el más grande de los romances. Encontrarlo es la mayor de las realizaciones." Esto es otra liga.
Uno de los textos más impresionantes en el Evangelio de Juan 21 es cuando Jesús se encuentra con Pedro, luego de que Pedro le había negado. Y Jesús quiere restaurar esa comunión. Ahí está Pedro, lleno de culpa, de vergüenza. Está ahí, y una de las cosas más impresionantes son las preguntas que Jesús le hace. Le dice: "Pedro, ¿tú me amas más que estos?" Y la palabra en el original que usa en amor ahí es un amor que es desinteresado, entregado, sacrificial. Y la respuesta que Pedro le dio a Jesús fue: "Tú sabes que te quiero." No era eso lo que Jesús le estaba preguntando.
Yo digo que Pedro, yo creo que era dominicano. Ese había manejado muy bien el juego de palabras. Jesús le dijo otra vez: "Pero ¿tú me amas con este amor que es único, entregado? Yo soy tu satisfacción. Yo soy tu alfa y tu omega, el principio y el fin." Y Pedro le dijo: "Tú sabes que yo te quiero." Otra vez, él no lo está entendiendo. Y Jesús dijo: "Bueno, yo voy a tener que bajar de nivel. Pero ¿tú me quieres?" Entonces, en el nivel que él podía, él dijo: "Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que yo te quiero." Y la idea es: tú vas a tener que crecer en ese amor por mí. Tú vas a tener que enamorarte de mí para que pueda haber una relación fresca, una comunión poderosa.
Tú tienes que entender, la esencia de nuestra frialdad espiritual puede ser resumida en estos términos: no estamos enamorados de Dios. Ese es el problema. No estamos enamorados de Dios. Y me dirás: "¿Cómo yo sé cuándo estoy enamorado de alguien?" Bueno, aquí está mi morena, mi querida morena. Treinta y tres años juntos. Yo estoy enamorado de esta flaquita. Yo no sé, yo no sé si alguien lucha esa santa guerra. No me canso de la mujer. No me canso. Yo quiero estar cerca de Morena.
Eso yo le contaba al grupo pasado. Ella tuvo que visitar una familia en New Jersey o en Arizona. Y era una necesidad muy bien, eran tres días. Yo llegué: "¿Cómo es eso? ¿Tú te arrancas para acá?" Me hace falta. Yo quiero escucharte, Morena. Yo quiero disfrutar tu presencia. A mí me gusta que tú me llames. Uno tiene mucha gente que uno ama. Por ejemplo, yo soy loco con Johan. Es uno de los pastores de aquí, el tipo es mi pana. Pero cuando Johan me dice "yo te amo", está bien. Yo quiero a Johan, pero yo le debo la llamada. Pero cuando dice Morena, espera, eso es otro nivel. Y Johan no se pone celoso, ¿verdad? Eso no aguanta.
Alguien decía algo el grupo pasado. Yo estaba dando una consejería una vez, y ahí está la pareja. Le digo: "Pase." Decía: "Pastor, no me ama. No me ama." Y el hombre ahí calladito. Y ella dice que no la ama. Y yo le digo: "Mira, eso es muy sentimental, emocional. ¿Por qué tú dices que no te ama? ¿De qué manera?" "Pastor, no me ha faltado la comida, no ha sido indiferente." "Usted quédese por acá. Dígale a él que le enseñe en el teléfono cuál es el nombre que él tiene para mi número." Y yo le dije: "Eso es muy personal." "No, no, no." "Dígame cómo decía el número de ella." "El cuco." O sea, que cuando ella lo llamaba decía: "El cuco te está llamando." O sea, ¿qué él no se cogía? Esa llamada nunca.
A mí me encanta decirle a Morena todo el día: "Morena, te amo." No me canso de estar con ella. ¿Cómo está nuestro deseo por Dios? ¿Cómo está el disfrute de nuestra comunión? ¿Yo estoy dedicando un tiempo especial para Dios? ¿Yo estoy viendo el reloj? Me canso, trabajo. Si es para leer unos cuantos versículos, tres versículos son muchos. Si es para hablar con Dios, es decir, que él me escuche, orar, me luce que ya es demasiado. ¿Qué tanto yo extraño a Dios? ¿Qué alegría produce en mi vida cuando yo escucho su voz por la Palabra? ¿Qué tanto yo le digo "te amo"? ¿Qué tanto yo le digo "estoy agradecido", como cantamos? "Te amo, Dios, te necesito. Yo quiero acercarme a ti porque estoy enamorado de ti."
Esta frialdad que todos nosotros sufrimos, eso es una ecuación muy sencilla: no estamos enamorados de Dios. Y si nosotros queremos tener un encuentro transformador, nosotros tenemos que orar: "Señor, dame esa pasión por ti. Nada debe deleitarme más que tú." Cristo más nada es igual a todo. No hay que añadirle nada más. Ese es el problema. Entonces, nosotros queremos encuentros poderosos para el corazón estar tibio, y eso no va a funcionar así.
En tercer lugar, si vamos a tener un encuentro fresco con Dios, necesitamos llenarnos de su Palabra. Esto no es un huequito para nosotros. Es alimento para el alma. ¿Qué dice este texto? Jeremías 15:16 dice: "Cuando se presentaban tus palabras, yo las comía." Tres veces pueden leer esto y en el hebreo dice eso. No dice "yo las leía", sino "yo las comía". "Tu Palabra era para mí gozo. Tu Palabra era la alegría de mi corazón." Juan 15:7, Jesús advirtiendo de nuestra necesidad de depender de él, porque separados de él nada podemos hacer.
Dice a los discípulos: "Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, entonces pidan lo que quieran y les será hecho." Y hay gente que dice: "¿Oíste lo que dice? Jesús dice: pide lo que tú quieras. Yo quiero una yipeta, yo quiero una casa, yo quiero viajar." Sí, pero él dijo: "Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes." ¿Saben cuál será uno de los efectos si esa palabra permanece adentro? Que tú terminarás amando lo que Dios ama. Que tú terminarás anhelando lo que Dios anhela. Que tus sueños estarán ligados a la voluntad de Dios. Y cuando tú pides lo que Dios promete, eso es asegurado, porque Dios no puede fallar a su palabra.
Salmo 94:19: "Cuando mis inquietudes se multiplicaban dentro de mí, tu consuelo deleitaba mi alma." ¿Qué tú haces, hermano? Cuando tú tienes una preocupación, un problema tan grande que tú no sabes cómo se va a resolver, que tú no puedes ni echarlo a un lado. Y tú te acuestas, no puedes conseguir el sueño, te levantas, el problema sigue peor. Y tú estás drenado emocional y espiritualmente. ¿Qué tú haces? Yo me estaba reuniendo estos días con una persona y me decía: "Bueno, pastor, imagínese, yo estoy tan cansado que yo lo que hago es que me pongo a ver Netflix." Yo dije: "¿En serio? ¿Netflix?" A menos que te impregnes de la Biblia, Netflix no va a levantar tu corazón por ningún lado. No hay poder en eso que pueda levantar un alma desconsolada.
La propuesta del salmista es diferente. Cuando las angustias crecían dentro de mí, yo tenía un solo sitio a donde ir: tu consuelo llenaba mi alma. Hermanos, nosotros, todos nosotros, los pastores no somos excluidos, también incluidos. A veces uno se levanta, no hay ánimo, las cosas no salen como uno quiere. Uno sufre muchísimo. ¿Qué hago? Y es en esa privacidad con mi Dios y su palabra que Dios levanta el alma con una corriente hacia arriba. Hay poder en la satisfacción de su palabra.
Un verdadero encuentro con Dios requiere que nosotros estemos saciados de su palabra. Escucha esto: no es en Facebook que hay poder, sino en el Libro. No es viendo fotos de gente que te da algo, sino viéndote a ti en la palabra de Dios. Estamos necesitados de esa palabra. Hermanos, en nuestros temores, en nuestras ansiedades, en esas dificultades, hay pruebas que Dios pone en nuestros caminos. Solo la palabra de Dios puede consolarnos. Dios será encontrado cuando le busquemos en su palabra.
En cuarto lugar, necesitamos vivir en obediencia a Dios. ¿Quieres tener un encuentro transformador con Dios? Necesitas obedecerle. Juan 14:23 dice: "Jesús le respondió: Si alguien me ama, guardará mi palabra." O sea, Jesús ponía en una misma ecuación amor y obediencia; era lo mismo para Jesús. En otras palabras, es una contradicción que tú digas: "Yo amo a Jesús" y no lo obedezcas. Esa es una contradicción bíblica.
Santiago 1:22 dice: "Sean hacedores de la palabra, no solamente oidores que se engañan a sí mismos." Santiago capítulo 4, versículo 7: "Por tanto, sométanse a Dios." Literalmente, ríndanse ante Dios. "Resistan al diablo y él huirá de ustedes." La liberación está precedida por la obediencia. Solo cuando nos rendimos vamos a ser liberados. No al revés. La obediencia precede.
Primera de Juan capítulo 3, versículos 21 al 23: "Amados, si nuestro corazón no nos condena, confianza tenemos delante de Dios, y todo lo que pidamos lo recibiremos de él." ¿Por qué? Porque guardamos sus mandamientos, porque hacemos las cosas que son agradables delante de él. Escucha esto entonces: el deleite, el disfrute de su presencia, está íntimamente relacionado a una disposición de obediencia. El disfrute de su presencia está precedido por una disposición de obediencia.
Y esta es la reflexión que yo quiero poner en este punto en ti. Delante de Dios, pregúntate: ¿Hay cosas que Dios me está pidiendo en mi vida y que yo no he respondido? Solo tú y Dios saben eso. Hay cosas que Dios tiene tiempo y tiempo y tiempo en lo privado de tu corazón tratando contigo, pidiéndote algunas renuncias, algunas rendiciones, y tú sigues resistiendo. Eso es una locura. Eso es una locura. Sería una locura tú esperar que Dios te va a bendecir si tú estás ignorando su mandamiento. Eso es una locura. La presencia de Dios se disfruta en el terreno de la obediencia.
A Dios nosotros tenemos un problema a veces gramatical. A veces Dios nos manda algo y nosotros lo que entendemos es que Dios nos está preguntando una opinión. Ustedes han visto a veces los padres, sobre todo las madres con los hijos, y a veces la mamá le dice: "Mira, son las cuatro de la tarde, vete a bañar." El muchacho dice: "No, pero yo creo que..." La mamá le dice: "Espérate, yo no te estoy preguntando, hijo, yo te estoy diciendo que te vayas a bañar." ¿Saben cómo se llama eso? Imperativo. Nosotros como que no nos entrenaron con eso. Dios a veces demanda. No está consultándote, sino demandándote.
Y finalmente, necesitamos vivir vidas más agradecidos a Dios. Más agradecidos. Salmo 28:7 dice: "El Señor es mi fuerza, el Señor es mi escudo. En él confía mi corazón. Yo soy socorrido, por tanto mi corazón se regocija. Por tanto, doy gracias." Colosenses 3:17: "Y todo lo que hagan, de palabra o de hecho, háganlo todo en el nombre del Señor Jesucristo." ¿Cómo se hace eso? Dando gracias por medio de él al Padre.
Primera de Tesalonicenses 5:18: "Den gracias en todo." ¿Ustedes saben lo que significa la palabra "todo"? No hay que ir a un seminario. Todo. Den gracias en todo. ¿Ustedes saben por qué? ¿Por qué es agradable? ¿Por qué me encanta? ¿Por qué lo disfruto? Ese no es el parámetro. Porque esa es la voluntad de Dios para con nosotros en Cristo Jesús. Un encuentro con Dios es evidenciado cuando nosotros vemos su muestra extraordinaria de bondad y nosotros estamos agradecidos. Eso es en esencia lo que es un encuentro con Dios. Dios es tan bueno conmigo que yo lo único que puedo hacer es rendirme en gratitud ante él.
Hermanos, la queja, un espíritu de queja, es una evidencia de que nosotros no estamos aceptando su voluntad. Y lo peor: no estamos viendo su bondad. Eso es ceguera espiritual. Dios no tiene que darnos una explicación. Dios sabe lo que él está haciendo. No es razón para quejarnos tanto. Eso es contrario a la vida de fe.
Entonces, en conclusión, así como Abraham e Elías, así como Gedeón e Isaías, nosotros también hoy podemos y debemos tener un encuentro con Dios. Dios no es un tema para ser estudiado. Dios es una persona para ser conocida. Dios se ha revelado a nosotros porque él quiere que le encontremos. Le podemos encontrar en oración, en Jesús y por medio de su palabra. Y un encuentro fresco con él aquí y ahora es esencial para mantener vivas nuestras esperanzas por la gloria eterna.
Pero necesitamos buscarle con todo el corazón. No vamos a poder ser impactados con su presencia si nos da lo mismo, si somos indiferentes a la muestra de amor de Dios para con nosotros. Por tanto, para disfrutar a Dios más íntimamente, necesitamos estar llenos de su Espíritu más plenamente. Dios quiere, Dios desea tener un encuentro, pero su presencia es precedida por nuestra obediencia.
Por tanto, que Dios nos ayude. Que Dios nos ayude a que podamos disponer nuestro corazón a buscar un verdadero encuentro con él. No con un corazón dividido, sino con un corazón rendido, porque eso será para el gozo de nuestras almas y finalmente para la gloria de su nombre. Que Dios bendiga su palabra en nuestros corazones.
Vamos a orar. Padre, gracias. Gracias por hablarnos, Señor. Gracias por visitarnos. Es una bendición tan grande cuando tú te dispones a venir, a acercarte a nosotros por tu palabra. Líbranos, Señor. Líbranos de que, aun habiéndonos tú hablado, vayamos indiferentes. Líbranos, rescátanos de nosotros mismos. Perdona nuestros pecados, Señor, especialmente nuestra incredulidad. Nosotros necesitamos estar cerca de ti. No es una opción para nosotros. Aquí estamos. Aquí estamos en nuestro pecado, en nuestra vergüenza, en nuestra indignidad. Oh Señor, por amor de tu nombre, una vez más perdónanos, límpianos. Ayúdanos a salir de aquí en una condición diferente a como llegamos aquí. Ayúdanos a tomar resoluciones en nuestras vidas. Que esta serie que se ha predicado todo este tiempo no pase desapercibida de nuestras vidas. Estimúlanos, Señor, a buscar un mayor encuentro contigo. Te lo rogamos en el nombre de Cristo. Amén.
Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D