Integridad y Sabiduria

Mi sufrimiento en las manos de Dios

Héctor Salcedo 24 mayo, 2025

El dolor es una experiencia universal de la que nadie escapa, y pretender que la vida cristiana ofrece una exención del sufrimiento solo profundiza el golpe cuando las pruebas llegan. Desde Génesis 3, el pecado quebró el orden original de la creación y dejó como herencia espinos, trabajo penoso, conflictos relacionales y muerte. Vivimos en un mundo caído que no puede satisfacer el alma, y ajustar nuestras expectativas a esa realidad es el primer paso para dejar de sufrir por las razones equivocadas.

Pero el problema no es solo el dolor en sí, sino cómo lo procesamos. Las respuestas más comunes —rebelión, desaliento, queja y autocompasión— no solo no alivian el sufrimiento, sino que lo duplican. Como ilustra el pastor Núñez con la imagen del tubo de pasta dental: lo que sale cuando la vida nos aprieta revela lo que hay adentro. Jonás se irritó contra Dios por haberle secado el árbol. Elías se victimizó en su cueva. El pueblo de Israel murmuró en el desierto. En todos esos casos, la respuesta al dolor empeoró la condición del que ya sufría.

Santiago 1:2-4 propone algo radicalmente diferente: tener por sumo gozo las diversas pruebas. No se trata de disfrutar el dolor ni de negar que duele, sino de verlo a través del lente de la providencia de Dios. Las pruebas producen hipomone —paciencia entendida como resistencia firme bajo presión, capacidad de aguante con fidelidad— y esa paciencia, al alcanzar su perfecto resultado, nos hace perfectos y completos. El gozo del que habla Santiago no es emocional sino racional: nace de saber que Dios está construyendo algo en nosotros que no puede formarse de ninguna otra manera.

Lo que valoramos determina cómo evaluamos lo que nos pasa. Si la comodidad importa más que el carácter, las pruebas solo nos perturbarán. Pero si entendemos que Dios, a través del sufrimiento, nos está forjando para algo mayor, podemos recibirlas no como accidentes ni infortunios, sino como el taller donde Dios trabaja.