Integridad y Sabiduria
¡Sigue mamá, sigue! Persevera en la crianza de tus hijos

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Familia y relaciones

¡Sigue mamá, sigue! Persevera en la crianza de tus hijos

Masi Meyer 19 mayo, 2020

Era tarde. Los niños por fin dormían. Y Masi, agotada después de un día interminable de clases en casa, quehaceres y la demanda constante de dos hijos pequeños en medio de la cuarentena, se sentó a escribir. No en las condiciones ideales que había imaginado semanas atrás, sino rodeada de juguetes, interrupciones y el ruido familiar de una casa viva. Fue precisamente en ese momento, rendida en las manos del Señor, cuando entendió que Él sería glorificado incluso allí: en la sala, con los niños alrededor, haciendo lo que Dios le había encomendado.

Esa escena, tan cotidiana como reveladora, es el punto de partida de este artículo. Porque la maternidad —y la crianza en general— se vive muchas veces así: en medio del cansancio, la monotonía y la sensación de que el esfuerzo no alcanza. Y sin embargo, la Palabra de Dios habla con claridad a quienes crían hijos para Su gloria.

Fuertes y constantes: el fundamento bíblico de la perseverancia

«Por lo tanto, mis amados hermanos, permanezcan fuertes y constantes. Trabajen siempre para el Señor con entusiasmo, porque ustedes saben que nada de lo que hacen para el Señor es inútil» (1 Co. 15:58). Pablo escribe estas palabras al cierre de su gran capítulo sobre la resurrección. El contexto no es menor: porque Cristo resucitó, el trabajo hecho en Su nombre tiene peso eterno. Nada de lo que se hace para Él se pierde.

La crianza es, sin duda, parte de ese trabajo. Criar hijos en el temor de Dios, formarlos en Su Palabra, orar por sus almas, corregirlos con amor y paciencia —todo eso es labor para el Señor. Y esa verdad, traída a la mente en los momentos más difíciles, devuelve la esperanza. No dependemos de nuestras fuerzas, sino del Todopoderoso que obra a través de nosotros para levantar una generación piadosa para Sí.

Cinco razones para no rendirse

Porque el Padre nos da el ejemplo. Recordar la inmerecida misericordia de Dios hacia nosotros debe movernos a la paciencia con nuestros hijos. En Cristo, el Padre nos eligió, justificó y adoptó, siendo fiel y paciente con nosotros a lo largo del camino. «Porque Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor nos predestinó para adopción como hijos para Sí mediante Jesucristo» (Ef. 1:4-5). El amor con el que somos amados es el mismo que nos capacita para amar.

Porque la obediencia es amor. El mandato bíblico a amar a los hijos es claro y práctico: «Para que puedan instruir a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos» (Tit. 2:4). Y Jesús mismo lo confirma: «Si ustedes Me aman, guardarán Mis mandamientos» (Jn. 14:15). Perseverar en la crianza no es solo una decisión emocional; es, ante todo, un acto de obediencia al Señor que amamos.

Porque el tiempo es breve. Aunque las rutinas con los hijos puedan parecer interminables, no lo son. «Como flechas en la mano del guerrero, así son los hijos tenidos en la juventud» (Sal. 127:4). Las flechas se lanzan y se van. Dios nos ha prestado a nuestros hijos por un tiempo corto, y la sabiduría consiste en aprovechar ese tiempo bien (Ef. 5:15-16).

Porque la lucha es espiritual. Las batallas que se libran en el hogar no son solo logísticas ni emocionales; son espirituales y son reales. «Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas» (Ef. 6:12). Criar es interceder, es vigilar, es luchar en favor de las almas de los hijos.

Porque hay que sembrar antes de cosechar. El deseo de ver hijos rendidos al señorío de Cristo no llega sin esfuerzo previo. Ser fuertes, trabajar con amor y dedicación, y confiar en que Dios hará fructificar lo sembrado —o descansar satisfechos en haberle agradado— es la actitud del siervo fiel. «¿No te lo he ordenado Yo? ¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas» (Jos. 1:9).

Este es nuestro tiempo de siembra, invirtamos todo en ello. Mantengámonos mirando al Invisible y sirvamos a nuestros hijos para Su gloria.

La siembra que no se pierde

Este es el tiempo de siembra. No el tiempo de los resultados visibles ni de los reconocimientos, sino el tiempo de sembrar con fidelidad, mirar al Invisible y servir a los hijos para la gloria de Dios. Perseverar en oración, abundar en las Escrituras y depender de Cristo momento a momento, mientras se vela por los regalos que Él ha otorgado. Nada de lo que se hace para el Señor es inútil. Esa promesa sostiene, renueva y da fuerzas para seguir adelante, un día a la vez.

Masi Meyer

Masi Meyer

Masi Meyer es discípula de Cristo, dominicana, esposa de Leo, mamá de Mia y Zac. Con un corazón para servir al Señor comunicando Su Palabra especialmente a mujeres, a través de la mentoría, la consejería y la exposición bíblica. Actualmente vive en Santiago, República Dominicana, y sirve junto a su esposo como plantadores de la Iglesia Bautista Internacional, en Gracia & Verdad-Comunidad Bíblica. Además, contribuye en el blog de Joven Verdadera. Estudió en el Seminary Wives Institute de Southern Baptist Theological Seminary y cursa un Diplomado en Estudios Bíblicos en el Instituto Integridad & Sabiduría.

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