Integridad y Sabiduria
Finanzas de la iglesia: transparencia bíblica
Iglesia y ministerio

Finanzas de la iglesia: transparencia bíblica

Héctor Salcedo Charbela El Hage de Salcedo 14 julio, 2026

Cuando uno analiza la historia de la iglesia, ya en el Nuevo Testamento, en las cartas pastorales y en las cartas de Pedro, encontramos advertencias de que los falsos maestros harían de la iglesia una fuente de enriquecimiento. Sus manejos son turbios, poco transparentes, poco íntegros. Y no solo en la época apostólica: en la historia reciente, muchos ministerios sanos han caído en el descrédito y la desconfianza de sus miembros, y algunos incluso han desaparecido, producto de malos manejos financieros. Por eso quiero traer luz sobre lo que dice la Biblia acerca de cómo administrarnos como iglesia.

Ten cuidado cuando de dinero se trata

En la segunda carta a los Corintios encontramos un intercambio de Pablo con la iglesia, donde les solicita una ofrenda en favor de la iglesia de Jerusalén (2 Cor 8-9). Pablo venía haciendo un recorrido por varias iglesias de Asia Menor, y les pone como ejemplo a las iglesias de Macedonia, que siendo muy pobres dieron de manera muy generosa. Estos dos capítulos contienen una especial concentración de verdades sobre el manejo financiero.

Lo primero que aprendemos aquí no es solamente una realidad del corazón humano, sino un principio de sabiduría pastoral: cuando hay dinero de por medio, es necesario administrar los recursos de manera que se elimine cualquier motivo legítimo de sospecha. Por eso Pablo escribe: «Viajamos juntos para evitar cualquier crítica por la manera en que administramos esta generosa ofrenda» (2 Co 8:20, NTV). Pablo sabe que en el corazón del ser humano se alberga una sospecha, una inquietud acerca de los manejos económicos del otro, y por eso quiere que esta ofrenda sea administrada de una manera muy pulcra e íntegra.

De aquí extraemos una lección importante: cuando alguien nos cuestione acerca del dinero, no debemos ofendernos ni sorprendernos. Es comprensible que existan preguntas cuando se trata de recursos que pertenecen a la congregación. Y corresponde que demos una explicación, sobre todo si se trata de recursos que no son nuestros.

Cuando hay dinero de por medio, es necesario administrar los recursos de manera que se elimine cualquier motivo legítimo de sospecha.

El dinero se maneja acompañado y por personas de buen testimonio

El segundo principio que se desprende de este pasaje es evidente, porque aparece en varios versículos: el manejo del dinero de la iglesia debe llevarse a cabo de manera acompañada, de manera colegiada. Deben participar múltiples hermanos, de modo que haya vigilancia y que se traiga tranquilidad a quienes observan, sin que se monopolice el dinero de la congregación. Pablo menciona que junto a Tito iban otros dos hermanos: un pequeño comité conformado precisamente para manejar esta ofrenda y apagar cualquier sospecha entre las iglesias que contribuían. No fue Pablo quien eligió unilateralmente a estos hombres; las iglesias participaron en su designación. Esto muestra que quienes administran los recursos de la congregación deben gozar de la confianza de la propia iglesia.

¿Cómo llevamos esto a la práctica? Comenzando desde la recogida y el conteo de la ofrenda, que debe hacerse con al menos dos o tres personas en un lugar reservado para ello. Se contabiliza, varias personas firman cuánto se recibió, y luego se entrega a un encargado del depósito y del registro. Lo mismo aplica a los pagos electrónicos y a los gastos: cada pago debería requerir el involucramiento de al menos dos personas. La autorización no debería ser unilateral, ni la cuenta debe estar a nombre de una sola persona. Como buena práctica, la cuenta debería estar a nombre de la organización y el manejo cotidiano recaería, siempre que sea posible, en varios hermanos designados para esa responsabilidad. En iglesias pequeñas esto quizá no sea posible desde el inicio, por lo que el pastor puede participar mientras forma y delega esta labor en otros hermanos, aunque en congregaciones pequeñas quizás deba estarlo al inicio, mientras identifica quiénes asumirán esa tarea. Recordemos que en la iglesia primitiva los apóstoles hacían muchas cosas que luego delegaron en los diáconos.

El texto también nos habla de las cualidades de quienes forman parte de este equipo. Tito era conocido y contaba con buen testimonio delante de la comunidad cristiana. Del otro hermano, Pablo dice que «todas las iglesias elogian como predicador de la buena noticia» (2 Co 8:18, NTV). Y del tercero afirma que «muchas veces ha demostrado lo que es, y en varias ocasiones ha manifestado su gran fervor» (2 Co 8:22, NTV). Hay entonces una combinación de integridad, buen testimonio y diligencia. Quien maneja las finanzas de la iglesia debe contar con un buen testimonio público y con capacidad para administrar estos asuntos.

El manejo del dinero de la iglesia debe llevarse a cabo de manera acompañada, de manera colegiada.

Rendir cuentas para ser honorables ante Dios y ante las personas

El tercer principio nace del propio ejemplo de Pablo, y es que resulta sabio y sano rendir cuentas del manejo. En el versículo 21 leemos: «Tenemos cuidado de ser honorables ante el Señor, pero también queremos que todos los demás vean que somos honorables» (2 Co 8:21, NTV). Son dos dimensiones. Ante el Señor, que conoce nuestros corazones, no tenemos que presentar ningún reporte financiero: a nosotros se nos pueden pasar los números, pero a Él no. Aun así queremos ser honorables ante Dios y también ante las personas.

¿Cómo logramos ese veredicto de la gente? Reportando cuánto entró, cuánto salió y a qué se dedicó. A eso llamamos rendición de cuentas. Quienes manejan el dinero y los líderes de la iglesia deberían ser los más interesados en reportar con regularidad cómo van las finanzas, haciéndolo frente a la congregación al menos una vez al año, idealmente dos. Una resistencia persistente a la transparencia y a la rendición de cuentas debería despertar preocupación, pues la administración bíblica busca precisamente evitar toda sospecha. No se puede entrar en cada detalle, porque la información sería infinita, pero el grueso debe estar reportado, y ante cualquier pregunta debe haber disposición para dar mayores explicaciones, sin crítica ni malestar.

Fidelidad y transparencia en todo

¿Por qué es tan importante este tema? Porque un manejo inadecuado y no transparente genera desconfianza y descrédito. Cuando un liderazgo es cuestionado en su manejo financiero, esa desconfianza se extiende a otros aspectos y debilita espiritualmente a la iglesia, afectando su unidad y generando malestar. Si una oveja no puede confiar en su pastor para el manejo del dinero, es poco probable que confíe en él para su alma.

Además, donde no se confía en el manejo financiero, los hermanos no aportan con motivación, y las finanzas mismas sufren. Aunque no reportamos para recaudar, sino para ser honorables ante Dios y ante las personas, hay un beneficio posterior: cuando la gente ve que las cosas se manejan con criterio y transparencia, se siente confiada para dar y apoyar los proyectos de la iglesia. Por eso no solo reportamos números, sino también lo que hemos hecho y lo que queremos hacer, para que la congregación siga apoyando la visión que Dios ha puesto en nuestras manos.

Para concluir, quiero parafrasear algo que una vez escuché de William MacDonald: «Es responsabilidad de la comunidad cristiana llevar a cabo sus actividades de tal forma que los hombres del mundo no tengan causa de sospechar nada contrario a la honradez en sus asuntos». Ese es el deseo para todo aquel que administra finanzas en la iglesia: que pueda interiorizar estos principios y hacer un buen manejo financiero allí donde Dios le ha colocado, con fidelidad y transparencia en todo.

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.

Charbela El Hage de Salcedo

Charbela El Hage de Salcedo

Chárbela Salcedo es miembro de la Iglesia Bautista Internacional en Santo Domingo, donde forma parte del ministerio de mujeres Ezer. Está casada con el pastor Héctor Salcedo y juntos tienen dos hijos, Elías y Daniel. Sirve junto a su esposo conduciendo el podcast Tu corazón y el dinero. Posee una maestría en Formación Espiritual y Discipulado del Moody Theological Seminary de Chicago.

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