Integridad y Sabiduria
Dando fruto a pesar de las circunstancias

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Vida cristiana

Dando fruto a pesar de las circunstancias

Elba Ordeix de Reyes 17 noviembre, 2020

Una de las realidades más ciertas de la vida es que esta no siempre es como la hemos soñado o deseado. Si no estamos preparados para eso desde temprano, y si no contamos con una visión bíblica que nos oriente, nuestras propias expectativas nos llevarán a la inconformidad, a la rebeldía contra la voluntad de Dios y, en consecuencia, a no dar fruto en ninguna temporada de la vida.

Estamos llamados a tener expectativas reales, ancladas siempre en lo que nos enseña la Palabra de Dios. Y para ello, el personaje bíblico de Débora nos ofrece un ejemplo extraordinario y profundamente vigente.

Una mujer fiel en medio del desorden de su época

Débora vivió en una época en que «cada uno hacía lo que era recto ante sus propios ojos» (Jue. 17:6). El caos, la insatisfacción, la incertidumbre, las quejas y las disputas debieron haber sido el pan de cada día para quienes la rodeaban. Israel repetía una y otra vez el mismo ciclo: idolatría, incredulidad, juicio divino, arrepentimiento y restauración. Era un pueblo disfuncional, fracturado, que no terminaba de aprender.

En medio de ese desorden —y ante la ausencia de hombres dispuestos a liderar con vidas rendidas a Dios— el Señor levantó a Débora como líder, profetisa y jueza de la nación, además de ser esposa y madre. Fue un llamado único y particular, y ella misma se reconocía, por encima de todo, como madre de Israel: «Cesaron los campesinos, cesaron en Israel, hasta que yo, Débora, me levanté, hasta que me levanté como madre en Israel» (Jue. 5:7).

Imagina lo que significaba para Débora enfrentar cada día la condición de su pueblo: juzgar disputas, consolar a los afligidos, animar a Barac a tomar su lugar al frente de la batalla y sostener la esperanza cuando todo invitaba al desánimo. Era una carga enorme. Sin embargo, en ningún momento la vemos quejarse ni argumentar contra Dios por el papel tan inusual que le había asignado. Por el contrario, Débora es una mujer de fe: espera y confía en Dios en medio de tiempos muy inciertos y difíciles.

El gozo que no depende de las circunstancias

De la misma manera, hoy podemos enfrentar situaciones duras e incómodas —crisis en los hogares, dificultades en las vidas de personas amadas, pruebas que no elegimos— y, aun así, estamos llamados a tener la misma actitud que tuvo Débora: confiar en Dios a pesar de las circunstancias, dar ejemplo a quienes nos rodean y mantenernos firmes mientras Él actúa. Ver a Dios obrando con control soberano sobre todo debe llenarnos de gozo.

Pero ¿qué es exactamente ese gozo? No se trata de la alegría que se siente al alcanzar un logro, recibir una buena noticia o celebrar un momento feliz. Eso es felicidad circunstancial, pasajera. El gozo bíblico es algo más profundo y más estable: es la confianza de que Dios es real, que está presente en nuestra vida y que está actuando, aunque no lo veamos. Es la paz que sostiene incluso cuando todo parece estar de cabeza.

El gozo no depende de mis circunstancias, sino de tener la confianza en Aquel que las controla.

El resultado de esa confianza es paz, seguridad, esperanza y ánimo. Todo eso es lo que nos permite estar gozosos, cualquiera que sea la situación que atravesemos. Por eso vale la pena detenerse y hacerse estas preguntas con honestidad: ¿Estoy viviendo como Débora en mi tiempo? ¿Es mi confianza en la soberanía de Dios tan real que produce fruto de paz, mansedumbre, gozo, amor, paciencia y bondad, como describe Gálatas 5:22-23? ¿En qué he basado mis expectativas de gozo y plenitud: en lo que yo he soñado, o en lo que Dios ha dicho en su Palabra?

Confiar en Dios es la raíz del fruto en toda estación

Débora es un ejemplo poderoso de cómo vivir plenos, gozosos y fructíferos en cualquier etapa o circunstancia de la vida. Y no es un ejemplo que quede encerrado en el pasado: «Todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza» (Rom. 15:4).

Hagamos nuestras las palabras que Dios pronunció a través del profeta Jeremías, y oremos para que Él nos permita vivirlas por su gracia: «Bendito el hombre que confía en el Señor, cuya confianza es el Señor. Será como árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces junto a la corriente; no temerá cuando venga el calor, y sus hojas estarán verdes; en año de sequía no se angustiará ni cesará de dar fruto» (Jer. 17:7-8).

Esa es la clase de vida a la que estamos llamados: una vida cuyas raíces están tan profundamente hundidas en Dios que ni el calor ni la sequía logran detener el fruto.

Este artículo es material producido y creado por el equipo del ministerio de mujeres de la Iglesia Bautista Internacional, Ministerio Ezer.

Elba Ordeix de Reyes

Elba Ordeix de Reyes

Elba Ordeix de Reyes es esposa de Roby desde hace 34 años, madre de tres hijos adultos y abuela de cuatro nietos. Anhela vivir cada día en la presencia de Dios y tiene un corazón dedicado a ayudar a las mujeres a abrazar su diseño y propósito bíblico. Es diaconisa de la Iglesia Bautista Internacional, donde sirve junto a su esposo en el cuerpo de consejeros y en el ministerio de hospitalidad. Además, es consejera bíblica y corresponsal en Aviva Nuestros Corazones.

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