Angélica Rivera de Peña • 31 marzo, 2026
La Semana Santa representa una de las fechas más importantes del calendario cristiano. En ella conmemoramos la muerte y resurrección de Jesucristo, el evento que transformó la historia de la humanidad y ofreció esperanza eterna a un mundo perdido. En más de 120 países se otorgan días de descanso con el propósito de crear espacios para la reflexión y diversas celebraciones religiosas. Sin embargo, la realidad es que para muchos padres, estos días se convierten en un verdadero desafío: niños sin clases, pegados a las pantallas, y la constante búsqueda de actividades para mantenerlos entretenidos.
Recientemente, una madre se acercó en busca de orientación. Su pregunta era simple pero profunda: ¿qué actividades podía realizar con sus hijos y sobrinos que fueran divertidas, pero que al mismo tiempo les permitieran pensar en Dios y en Su obra a nuestro favor? Este anhelo no es aislado. Muchas madres y padres cristianos comparten este deseo de usar el tiempo de manera intencional, sin desperdiciarlo en lo que simplemente pasa.
La mayoría de las personas ve la Semana Santa como una oportunidad para dormir más, organizar gavetas desordenadas, conocer ese lugar pendiente o ver esa serie que han pospuesto. Y aunque nada de esto es pecado en sí mismo, Dios nos ha llamado a vivir con un sentido más enfocado en la eternidad que en lo temporal. Las cosas pasajeras son como arena y desaparecerán, pero lo que hagamos para Cristo permanecerá, y eso es lo que verdaderamente tiene importancia.
La Escritura nos exhorta a prestar profunda atención a la manera en que vivimos, aprovechando cada día como un regalo que no se repetirá. Nuestra vida debe reflejar sabiduría al caminar con propósito, buscando cumplir la voluntad de Dios. Debemos recordar que nuestros días son breves y pasajeros, y que cada oportunidad que recibimos es única, un llamado a vivir cada día con intensidad para Su gloria.
El descanso es bueno, siempre que se use según los planes de Dios. Estos días son una excelente oportunidad para frenar el afán en el que vivimos y recordar que nuestra vida no se trata de hacer muchas cosas, sino de hacer las cosas que Dios quiere que hagamos. A veces, en nuestra propia vida, vemos días súper cargados de actividades que no nos han dejado tiempo para estar a Sus pies, y debemos preguntarnos qué cosas hicimos que no eran parte de Su agenda. Al final, se trata de buscar primeramente Su reino y Su justicia, confiando en que todas las demás cosas nos serán añadidas (Mt. 6:33).
Estos días de descanso representan una oportunidad para buscar más intensamente a Dios. Esto implica agendar tiempos profundos de lectura de la Biblia y de oración. El salmista David expresaba este anhelo con pasión: «Oh Dios, Tú eres mi Dios; te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de Ti, mi carne te anhela, cual tierra seca y árida donde no hay agua» (Sal. 63:1-3).
Dios debería ser buscado con afán. Él debería ser nuestra más profunda devoción, lo que más anhelamos. Si no estamos allí, debemos pedirle a Dios que lleve nuestro corazón a ese lugar, a amarle con todo nuestro ser. El entretenimiento en familia es bueno y necesario, pero la Semana Santa abre la oportunidad de buscar actividades que nos lleven a pensar en Dios.
Pero ¿cómo logramos esto? ¿Cómo conseguir que todos en la familia estemos en un mismo sentir en este tiempo y lo aprovechemos de manera sabia, recordando que nuestros días son cortos y nuestra vida muy frágil? ¿Cómo aprovechar cada día con las personas que amamos y guiarlas hacia Cristo, sin desaprovechar ninguna oportunidad? ¿Cómo buscar a Dios en Semana Santa en el contexto de una familia compuesta por hijos de diferentes edades que también necesitan tiempos de descanso y entretenimiento?
Si Dios ha puesto en tu corazón el deseo de vivir estos días con propósito y de bendecir a tu familia, será un reto, pero valdrá la pena asumirlo para el agrado de tu Señor y la bendición de los tuyos.
Ora e integra a otros en lo que Dios ha puesto en tu corazón. Si eres tú quien ha recibido ese llamado y esa convicción, debes orar a Dios para que te permita llevar a tu familia a ese mismo sentir. Si estás casado, conversa primero con tu cónyuge sobre lo que Dios ha puesto en tu corazón y exprésale lo importante que sería experimentar una Semana Santa centrada en meditar en la obra de Cristo. Resalta el gran impacto que tendría en sus hijos cuando vean que ustedes como pareja están unidos en este propósito.
Explica a tus hijos la motivación de esta semana. Toma tiempo para conversar con tus hijos u otros familiares cercanos, y explícales el significado de la Semana Santa y por qué se llama así. Esta semana se ha denominado «santa» porque recordamos los últimos días que Jesús pasó en esta tierra y lo que hizo. Debemos meditar en el alto llamado que tenemos de parte de Dios: vivir en santidad.
La santidad implica una separación real del pecado y, al mismo tiempo, una consagración total a Dios, reflejando Su pureza, Su justicia y la excelencia de Su carácter. Este llamado confronta nuestra realidad: somos pecadores, incapaces de alcanzar por nosotros mismos el estándar perfecto de Dios. Pero es precisamente en medio de esa incapacidad donde la obra de Cristo brilla con más esplendor. El justo y completamente santo se entregó por nosotros, llevando nuestro pecado y dándonos Su justicia. En Él no solo encontramos perdón, sino una nueva identidad. Dios ya no nos ve según nuestra condición caída, sino a través de Su Hijo; ahora somos Sus hijos.
Sé tú el primero en dar el ejemplo de buscar a Dios cada día. Planifica despertarte antes que todos para buscar el rostro de Dios y Su dirección para usar el día de la manera que Él quiere. A pesar de que son días de vacaciones, establece en casa una estructura: hora de levantarse y de dormir, de tal manera que puedan tener un plan flexible pero enfocado en lo que realmente importa. Tenemos el mejor ejemplo en nuestro Señor, quien se preparaba para enfrentar el día y todos sus retos en la presencia de Dios (Mr. 1:35).
Escoge un momento del día para estudiar la Biblia en familia. Pueden leer el libro de Lucas, especialmente los capítulos relacionados con los últimos días de Jesús. Busquen ideas que puedan desarrollar juntos. Con niños pequeños pueden preparar una obra, usar videos o recursos visuales y creativos.
Dios sabe que somos propensos a olvidar las cosas importantes que Él ha hecho y que a menudo nos envolvemos en muchos afanes. En Su amor y misericordia, Él ha dispuesto que tengamos una semana para acercarnos a Él y meditar en Su amor, lo cual debe transformar nuestra vida.
No hay mejor manera de aprovechar estos días que buscando al Dios que nos amó de tal manera que entregó Su vida a nuestro favor. Que estos días sean vividos con propósito, sin importar si te quedas en casa o viajas; si vives sola, con tus padres, con niños pequeños o con hijos mayores. Que puedas ser un instrumento de parte de Dios para que tu familia y quienes te rodean lo conozcan y lo amen. Que podamos salir de este tiempo con testimonios de conversión o de corazones rendidos en agradecimiento por la gran salvación que se nos ha dado, y que esto nos lleve a vivir los días que nos quedan con una perspectiva eterna.
Angélica Rivera de Peña es miembro de la Iglesia Bautista Internacional en la República Dominicana y sirve junto a su esposo, el pastor Joel Peña, en el ministerio de Vida Joven. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría y posee un certificado en ministerio del Southern Baptist Theological Seminary a través del Seminary Wives Institute. También forma parte del equipo del ministerio de mujeres Ezer. Está casada con Joel, y juntos tienen dos hijos: Samuel y Abigail.
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