Integridad y Sabiduria
Sermones

Él vuelve, ¿estás listo?

Joel Peña 15 mayo, 2022

Cristo volverá, y la pregunta que cada creyente debe responder es si está verdaderamente listo para ese encuentro. La parábola de las diez vírgenes en Mateo 25 presenta una escena familiar para los oyentes de Jesús: una boda judía donde las damas del cortejo debían mantener sus lámparas encendidas para recibir al novio. Todas parecían iguales, todas fueron invitadas, todas tenían lámparas, todas incluso se durmieron esperando. Pero cuando el novio llegó a medianoche, la diferencia quedó expuesta: cinco habían llevado aceite adicional y cinco no. Las insensatas no fallaron por hacer algo terrible, sino por no prever, por confiar en la apariencia de estar listas sin cuidar lo esencial.

La insensatez espiritual tiene muchas caras: depender de la fe de otros, creer que por estar en el grupo correcto la entrada está asegurada, enfocarse en lo visible mientras se descuida la vida interior con Dios. Las prudentes cargaron la incomodidad de llevar frascos adicionales porque entendían que su labor requería preparación real, no solo presencia. Y cuando las insensatas pidieron aceite prestado, la respuesta fue clara: hay cosas que no se pueden transferir en el último momento. La relación personal con Cristo no se hereda ni se improvisa.

El novio cerró la puerta y pronunció palabras devastadoras: "No las conozco". No porque ignorara quiénes eran, sino porque nunca hubo una relación verdadera. La puerta hoy sigue abierta, el aceite todavía está disponible, y el llamado es a velar, no con los ojos sino con el corazón rendido a aquel que viene.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

En el día de hoy, le pedí permiso al pastor Enrique Crespo, que nos predicó la semana pasada, para que me permitiera continuar el texto de donde él se quedó en su sermón anterior. Si usted estuvo por aquí el domingo anterior, recordará que él nos estuvo hablando del famoso capítulo de Mateo 24, que habla de los tiempos finales, un pasaje controversial, un pasaje que muchas personas, como él muy claramente nos exponía, lo han utilizado para discutir, hacer preguntas, buscar la forma de definir las fechas y los tiempos de la venida de Cristo. Sin embargo, él nos recordaba que el énfasis principal de nuestro Señor no fue en los tiempos, porque nadie sabrá, sino en lo que debiéramos estar haciendo antes de su retorno.

Y ese discurso que Jesucristo presenta en los capítulos 24 y 25 es conocido por el nombre del discurso de los olivos, porque él lo hizo en el monte de los Olivos. En Mateo encontramos cinco discursos así, donde él se detiene y comienza a enseñar de una forma ininterrumpida. El más famoso de ellos usted lo conoce, y es el sermón del monte en el capítulo 5 de Mateo, aunque allí ese monte no sabemos cuál era. Estos capítulos del 24 y 25, sí sabemos que fue en el monte de los Olivos. Y es increíble, nuestro Maestro utilizaba la última tecnología de ese tiempo para enseñar. No había micrófono: súbete a un monte, súbete a un barco y de ahí enseña.

Y la enseñanza de él de estos capítulos corresponde a ese tiempo entre cuando nuestro Maestro vino por primera vez y cuando él venga la segunda vez. Esa primera vez él se hizo carne, pagó por su novia que es la iglesia y la desposó con él. Ahora, todos aquellos que somos su iglesia somos su novia también y vivimos en una relación esperando hasta que él vuelva para las bodas del Cordero. Eso va a ser glorioso.

Algo importante de las enseñanzas de Jesús que vemos en los evangelios es que él es, en toda la Biblia, uno de los que más habla acerca de los tiempos finales, junto con Juan en Apocalipsis, Daniel también. Pero hay cien versículos solamente en los evangelios que hablan de esos momentos, y él con frecuencia le añadía la frase: "Porque no saben ni el día ni la hora". Velen, prepárense. Y aquí hay una característica clara de su venida, ¿verdad? Será repentina, en un abrir y cerrar de ojos. Nadie estará en ese momento consciente de que allí vendrá, sino que para todos será sorpresa, aunque él nos asegura que es posible estar preparados para ello.

Jesús, después de dar esas informaciones de cómo serán esos tiempos en el capítulo 24, comienza ahora a utilizar una herramienta didáctica muy conocida de él para enseñar, una vez más un maestro por excelencia. Ahora él abre su computadora y presenta en PowerPoint para ver lo que significa el tiempo de su venida, y lo hace utilizando las parábolas, grandes historias que muestran ilustradamente lo que significaba estar velando y estar preparado. ¡Qué bueno que nuestro Maestro se detiene a aclararnos cosas! Porque en muchas ocasiones nuestra mente está tan cerrada y yéndose por un lado para otro, pero cuando vienen estas historias, nosotros podemos decir: ahora entiendo.

Para aquellos que no estamos familiarizados con parábolas, son historias creadas porque en sí mismas no ocurrieron realmente, pero sí son de situaciones de la vida real. Él las crea pero utiliza esas situaciones para enseñar una verdad moral y espiritual que los oyentes debieran entender y vivir. Eso eran las parábolas. Y en estos dos capítulos no hay nada más y nada menos que cuatro parábolas, una detrás de la otra, detrás de la otra, para aclarar lo que significa esperar a Jesús y velar. Y en unas de ellas él muestra personas que no estaban para nada esperando su retorno, ni siquiera lo consideraban.

De ese grupo de personas nosotros lo vemos en Mateo 24:32-44 con la parábola de la higuera y los días de Noé: "Estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no comprendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos". Así será la venida del Hijo del Hombre: inesperada, de sorpresa, sin pensar.

Pero otro grupo de personas sí le esperaban, sí habían oído que su señor retornaría en un momento, pero estas personas no pensaban que iba a ser tan rápido. No agarró. Y eso es lo que ocurre en Mateo 24:45-51 en la parábola del siervo fiel e infiel. El siervo infiel decía: "Mi señor tardará". Ahora voy a hacer lo que yo quiera. Y abusaba de los consiervos y se emborrachaba y gastaba los recursos de su señor. Él tardará, pero llegó antes de lo que él pensaba.

El último grupo de personas descritos en esta parábola son aquellos que le esperan, pero no pensaban que iba a durar tanto. Ahora no es que llegó antes, sino que está durando demasiado para llegar. Y es allí donde nos vamos a centrar hoy. Está el ejemplo de la muy conocida parábola de las diez vírgenes en Mateo 25:1-13. Estamos hablando acerca de que él vuelve, y la pregunta es: ¿estás listo? Él regresará, es una verdad clara en esta parábola. Aunque tarde, él va a venir. La pregunta: ¿estamos listos?

Leemos Mateo 25:1-13. Dice así: "Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al novio. Y cinco de ellas eran insensatas y cinco prudentes. ¿Por qué? Porque las insensatas, al tomar sus lámparas, no tomaron aceite consigo, pero las prudentes tomaron aceite en frascos juntamente con sus lámparas. Al tardarse el novio, a todas les dio sueño y se durmieron. Pero a medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí está el novio! ¡Salgan a recibirlo! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas, y las insensatas dijeron a las prudentes: Dennos de su aceite porque nuestras lámparas se apagan. Pero las prudentes respondieron: No, no sea que no haya suficiente para nosotras y para ustedes. Vayan más bien a los que venden y compren para ustedes. Mientras ellas iban a comprar, vino el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes diciendo: Señor, Señor, ábrenos. Pero él respondió: En verdad les digo que no las conozco. Velen, pues no saben ni el día ni la hora".

Es una parábola difícil, es una parábola confrontadora, porque termina no como esas historias que vemos en las películas con un final feliz para un gran grupo de ellas, sino con una puerta cerrada de forma indefinida, sin esperanza de que vuelva a abrirse.

Pero es interesante que la parábola comienza en el verso uno diciendo: "Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que toman sus lámparas y van a recibir al novio". Esta es una parábola descrita o reconocida como esas parábolas del reino, que describe de forma directa cómo es, cómo funciona, cuáles son los estándares que Dios tiene en cuanto al reino suyo. Esto es lo que ocurre en medio de aquellos que somos parte de su reino, y hay algunos que actúan de forma prudente y otros de forma insensata en medio de su reino. Pero un día la verdad saldrá a la luz cuando el novio regrese.

Y Jesús, como dije antes, utiliza algo de la vida diaria. ¿Qué más conocido que una boda? ¿Qué más conocido que los personajes de la boda, verdad? El novio, la novia, las damas, en fin, los invitados. Sin embargo, Jesús, como en otras parábolas, él elige elementos de la historia y los incluye, y otros los deja fuera. Aquí no se menciona a la novia, algo tan central en una boda, pero él elige al novio y elige a estas que son parte de lo que sería el cortejo, según muchos estudiosos.

Para entender un poco, comenzaremos con algo de la tradición, ¿verdad?, para entender lo que era la boda en esos tiempos, ya que si lo comparamos con el día de hoy, como que no se parece mucho a lo que nosotros hacemos. En aquellos tiempos las bodas se dividían en tres fases.

La primera era la fase del compromiso, y eso se parece a aquí, pero veremos la diferencia. En este caso, los padres del novio hablaban con los padres de la novia para ponerse de acuerdo en el interés de que se casaran sus hijos, y ese acuerdo llamado "ketubá" en hebreo era un pacto legal, incluso donde había un acuerdo que hasta una dote la familia del novio tenía que pagar para que se cumpliera ese pacto. Cuando eso ocurría, ya estaban comprometidos pública y legalmente, pero la novia se quedaba en su casa con sus padres preparando su ajuar hasta que llegara la boda, y el novio se iba a casa de su padre a preparar el lugar donde iban a vivir. Él iba luego a tomar a esta novia y la iba a llevar a ese lugar que él preparó.

La segunda fase es la fase del desposorio, y ese es el tiempo comprendido entre el compromiso hasta la fiesta de boda, y es el compromiso que tenemos hoy en día. Estamos comprometidos, pero como dije antes, aquí hay un aspecto legal, que ese compromiso no se puede disolver a menos que haya divorcio legal también. Y los novios, ¿verdad?, en ese período de tiempo que duraba alrededor de un año, no podían estar juntos como marido y mujer todavía, sino que estaban desposados hasta ese momento de la boda, como era el caso de María y José. Y por eso el problema de ella quedar embarazada en ese tiempo del desposorio.

Entonces tenemos la tercera fase, que ya sí es la fiesta de boda. Llegó el día, esperamos todo este tiempo, el novio preparó el lugar, la novia los ajuares, estamos listos, vamos a celebrar. El novio entonces buscaba a su esposa —ojo, ojo, ojo, ojo— la buscaba a la novia, ¿verdad?, y era todo un evento en el lugar, hermano. No era como aquí, ¿verdad?, que si tú no recibes una invitación, no se te ocurre ir a una boda. Yo he estado presente en ese momento y eso es lo más popular posible, verás.

Vamos a ver si encontramos una silla. ¿Y tú, hay parado? Yo no he pasado por eso, pero he visto esas celebraciones. En ese tiempo era todo un evento de la comunidad, hermano. O sea, había una procesión en las calles donde por aquí van, la gente salía y seguía esa caravana. Por eso estas vírgenes estaban en el camino con lámparas encendidas, ya que las bodas normalmente eran de noche. Las personas, los familiares, venían de otros lugares y se quedaban a dormir, y algunos venían de sitios lejanos y llegaban en la noche. Entonces era toda una celebración, a tal punto que en ese tiempo hay un dicho judío que decía que todos, desde seis años hasta sesenta años o más, se unían al tambor del matrimonio. Incluso los rabinos o maestros en ese tiempo acordaban que el hombre podría incluso abandonar el estudio de la ley para compartir la alegría de la fiesta de bodas.

Todo el mundo salía, desde niños hasta mayores, a las calles a celebrar. "¡Se casan, se casan!" Y tomaban una ruta, hasta de las más largas, porque la gente les daba buenos deseos y regalos en el camino. En fin, era todo un evento hasta que llegaban entonces al lugar de la celebración. Y allí la celebración no era como ahora, que una noche y se acabó, sino toda una semana celebrando, comiendo, hermano. Si en una noche yo a veces salgo malo de la panza, imagínese toda una semana en celebración. Pero era central en esa sociedad, y yo imagino a esos niños, hermano, viendo esto, qué importante era un matrimonio. Los mayores también. Era una sociedad donde el matrimonio era algo digno de celebrar, un poco diferente a la nuestra, asimismo, donde el matrimonio sí se celebra pero se termina tan fácilmente. Y hay un cambio de diseño actual que no es lo que solía ser en ese tiempo.

Ahora nosotros, conociendo esto, vemos que en la historia, en la parábola, Jesús elige incluir a diez vírgenes jóvenes, solteras, sin casar. Es ahora parte del contexto, la tradición en ese tiempo. Ahora no, verdad. Ahora puede ser que una o dos amigas se han casado ya y son parte de las damas, pero en ese tiempo eran jóvenes sin casar. Y ellas tenían una sola tarea. El verso uno lo dice: tomando sus lámparas, salieron a recibir al novio. Ese era su labor: tener las lámparas listas con aceite y esperar al novio que llegara para acompañar la caravana. No parecía una labor complicada, ¿verdad?

Sin embargo, la historia nos muestra una característica fundamental que ellas, y nosotros los que esperamos al Novio, deberíamos considerar. Y es que una tarea, por más sencilla que sea, requiere de un carácter de acuerdo con aquel que nos delegó la tarea, no con lo sencillo de esa tarea. Déjame explicar un poquito más eso. Una labor como esta, una responsabilidad como esta, se realiza de manera correcta no porque sea complicada o sencilla, sino porque queremos agradar a aquel que nos la encomendó. En este caso, nosotros vemos a estas mujeres considerando detalles para cumplir su labor, y otras no haciéndolo. Pero todo esto, como veremos al final de la historia, tenía que ver con qué tanto valor tenía aquel que era el novio, quien les encomendó la tarea.

Hay detalles de esta parábola que uno la ve por arriba y uno dice: "¡Wow! Pero tenían tantas cosas en común." Lo primero evidente es que todas eran vírgenes, bien, está obvio. Todas tenían la misma función: recibir al novio con sus lámparas encendidas. Todas fueron invitadas a la boda, porque ya para ser parte de ese grupo había que ser invitado, no cualquiera podía estar ahí, sino alguien conocido. Seguro todas estaban bien vestidas con sus peinados, ajuares, y el cuchicheo entre las damas como se da hoy día: "¡Ay, qué bonita! ¡Mira esas uñas! ¡Ay, un selfie! ¡Ay, grotesco!" Eso seguro, todas estaban así. Todas salieron incluso a recibir al novio, todas. Todas tenían la lámpara encendida al inicio de la espera. Parecían iguales.

Incluso Jesús da un detalle aquí en el verso 5, y es que todas, incluyendo las prudentes, cabeceaban, se adormecieron y se durmieron. Y Él no llama la atención ni reprende a ninguna de ellas por eso, porque es normal que uno se cansa y se duerme. Pero todas lo hicieron, todas se levantaron cuando oyeron el aviso "¡Llegó el novio!" y prepararon todas sus lámparas. Todas estaban juntas, pero algo las separó.

Las diferencias entre ellas son muy claras en los versos 2 al 4: "Cinco de ellas eran insensatas y cinco prudentes. Porque las insensatas, al tomar sus lámparas, no tomaron aceite consigo, pero las prudentes tomaron aceite en frascos juntamente con sus lámparas." Unas previeron que necesitarían aceite adicional y tuvieron la incomodidad. No sé, usted sabe que cuando uno está medio trajeado y cosa así, lo que quieren dar como confort y glamour, pero estas tuvieron que llevar frasquitos adicionales en algún bolso adicional para estar prevenidas. Las otras no lo hicieron. La labor era alumbrar en el momento indicado, y unas pensaron: "Yo necesito garantizar que voy a cumplir mi labor, y voy preparada." Las otras no pensaron tanto, no vieron que habría necesidad de algo adicional para cumplir su labor, simplemente aparecer allí con las lámparas.

Prudencia e insensatez: allí está el centro de su diferencia. Y es importante que en parábolas como esta nosotros nos detengamos, porque allí está el mensaje, o parte del mensaje, que Jesús quiere darnos. Insensatas, o necias como otra versión dice, viene de la palabra griega "moros" —no el moro que usted sabe como era el final del servicio—, sino de donde viene en inglés la palabra "moron", que es lo mismo en griego: tonto, necio, imprudente, desatinado, torpe. Algo más específico y más claro: carente de buen sentido, o juicio, o sabiduría. No tenían esa previsión para conocer o ver de antemano que podían haber retrasos, situaciones que harían compleja la labor. Por tanto, son llamadas necias o insensatas.

La otra palabra, entonces, es prudente. ¿Qué significaría para Jesús? Bueno, aquí Él utiliza la palabra original que se describe de esta forma: es sabio, y me gusta esta, consciente de los intereses, beneficios de lo que conviene. Alguien que piensa ante una situación las diferentes opciones que podrían convenir para su labor, su rol, y que salga lo mejor posible. Eso es prudencia, eso es sabiduría. Alguien reflexivo, también atento, precavido, previsor. Y una ilustración clara en la Biblia de eso es Daniel, en el Antiguo Testamento. Recordarán, Daniel se propuso en su corazón no contaminarse con los manjares del rey. Había una predisposición de tomar una decisión en el momento que llegue la tentación, la prueba o la distracción: "Yo no lo haré." Esto es parte de la característica del prudente.

Una descripción más detallada es la habilidad de hacer buenos juicios y decisiones apropiadas. Implica tener un carácter cauteloso. Me gustó esa parte, porque yo no sabía que esa misma palabra "prudente" aquí es la misma que utilizó Jesús cuando dijo la frase "sean astutos como la serpiente." O sea, que la característica de prudencia no es ser malo como una serpiente, sino tener una cautela, una atención a los detalles que procura el bienestar de lo que estoy haciendo, de para qué he sido llamado. Eso es la prudencia.

Y es bueno notar, hermanos, que Jesús no describe la situación como que ellas hicieron cosas insensatas, o ellas las otras hicieron cosas prudentes, sino que ellas eran insensatas y ellas eran prudentes. Su carácter, quiénes ellas eran, las describía como prudentes o insensatas. Por tanto, si esta historia hubiera sido de la vida real, no habría sido el único momento en que ellas se hubieran comportado así, sino que era característico de ellas porque ellas eran de esa forma.

Y aquí yo quisiera detenerme un poco, hermanos, porque si hay algo que Jesús seguro quiere en esta parábola, como hemos visto en todo el contexto, es recordarnos de que Él viene. Y que dentro de los que están en Su reino, en esta boda, habrá prudentes e insensatos. La pregunta es: no lo puedo obtener de aquí, de la historia, pero sí lo puedo obtener de nuestro día a día como hombres y mujeres que están buscando a Dios o cerca del reino de Dios. ¿Cómo se ve un insensato, un necio, una necia, y qué podría extrapolarse a estas vírgenes?

Lo primero que me llega a la mente es que ellas no se apropiaron, no asumieron bien cuál era la función que se les fue delegada. Y muchos de los que estamos aquí lamentablemente pudiéramos estar en esa posición. Nos dejaron algo que hacer, nos dejaron algo de cómo vivir, y no nos hemos apropiado de que eso es lo que me toca hacer porque mi Señor me lo dio, y lo voy a asumir el resto de mis días.

La otra posibilidad es que no consideraron que eso era un privilegio tan grande. "Total, yo he ido a varias bodas y me han invitado como dama de honor," diría alguna. Y esa sensación, esa afirmación interna que uno tiene de que está haciendo algo privilegiado porque lo han elegido para esa labor, es tan importante para aquellos que estamos en espera del Novio, Jesucristo. Porque cuando perdemos el peso de lo que tú y yo tenemos que hacer mientras Él viene, nosotros dejamos de hacerlo. Dejamos de ser ejemplo, de testificar, dejamos de buscarle, dejamos muchas cosas porque pensamos: "Bueno, después. ¿Quién sabe? Mañana." No damos el valor a ese privilegio.

Tal vez algunas otras razones: un desenfoque en la apariencia. Y si usted va a una boda, usted sabe que la apariencia es algo importante, verdad. La novia quiere estar nítida, el hombre también, aunque muchos se esfuerzan y no lo logran. Pero sí, lo digo por mí y no por otros. Pero la apariencia es muy importante en las bodas, y esto pudiera ser el enfoque de ellas. Las insensatas estaban enfocadas más en su vestidazo, en su peinado, en todo lo que conllevaba esos detalles de estar allí, verdad, en la procesión, el que la gente las mirara: "¡Oh, por mí! ¡Oh!" Pero lo más importante, que era llevar una lámpara encendida en el momento adecuado, no lo consideraron.

Realmente, en los hijos de Dios esa insensatez es muy común. Vivimos para la apariencia, lo que opine el otro, que el otro me acepte, y después yo me arreglo con el Señor en privado. Y eso es lo más importante.

En la insensatez, nosotros pudiéramos hacer una lista larga y voy a seguir con varias descripciones. Porque ahorita me dijeron: "Sigue la lista, porque la cortaste". Voy a seguir la lista con ocasión. Para ellas, tener las lámparas listas, preparadas y funcionando podía ser como parte de lo que tenían que hacer, pero no era lo prioritario, eso era secundario. Había otra cosa muy importante: estar aquí en este grupo, estar aquí en la dicha, quién sabe, en el entretenimiento. Las lámparas eran tal vez otro adorno más dentro de todo esto de la boda. Y muchos de nosotros como cristianos consideramos que esa parte de la aceite y la lámpara, como nadie la ve, se puede quedar ahí a un lado y me esfuerzo por lo que sí se ve.

Hablo como otros, sí varón, amén, amén. ¿Oro las comidas? Ah sí, estoy aquí, me ven. Pero hay una parte que solo Cristo ve y en un momento se revelará, y es mi relación con Él: qué tanto le amo, qué tanto le busco, qué tanto me rindo a Él. Eso podrá pasar años y la gente pueda decir: "Sí, él cristiano, ella cristiana". Pero llegará un momento en que o la prueba de este mundo o el encuentro con Dios dirá: "Aquí está la verdad". Ese es el aceite que nadie ve, que el Maestro, el Novio, le dio la más importancia. ¿Qué le damos nosotros a eso que no se ve?

Bueno, una cosa directa de la parábola es que la prevención no estuvo allí, y eso es parte de la insensatez. Y muchos de nosotros caminamos en esta tierra, incluso en la carrera cristiana, pensando de que eso a mí no me va a pasar: "Eso fue por él, que tú sabes, como medio travesado, pero a mí no". Y olvido, verdad, lo que la Palabra dice: que el que está firme, o se crea estarlo, procure no caer. ¿Y cómo procuro no caer? Chequeo las posibilidades por las cuales una puertecita esté abierta y eso me está infectando del mundo, del pecado y de la inmoralidad, y la cierro.

Ellas fueron ignorantes de que esto era algo urgente. Tu relación con Dios es algo urgente, que no tiene competencia, no debería tenerla, porque de allí depende no solo tu futuro sino tu presente con Él. Hay muchas otras cosas que son urgentes y prioritarias para muchos de nosotros los cristianos, que le damos ahí el primer lugar: una relación, un trabajo, el buscar posiciones, el entretenimiento, el estar en el relax, el tener más. Lamentablemente, esas son distracciones que un día veremos: ¿qué voy a huir? ¿Hace entretenerme con eso cuando lo que debía ser era escuchar a mi Maestro llamarlo?

Ellas pudieron haber como calculado: "Bueno, esta lamparita tiene aceite ya, lo normal. Que no llega, se oye, se apaga la lámpara y ya celebramos". Pero ellas no. Ellas, como hablamos hace un momento, no calcularon de que pudo retrasarse. Y ahí habla de la opinión personal y la sabiduría humana sobre la sabiduría que puede venir de Dios. Mis cálculos, lo que yo pienso, mi experiencia es la base de cómo yo actúo. Sin embargo, lo que vemos en la Biblia es que un hombre prudente, una mujer prudente, no se confía en su propia opinión, sino que busca a Dios constantemente para corregir su caminar. Y esto es algo que ellas no hicieron.

Larga la lista, pero aquí está parte del corazón del tema, y aquí vamos a detallar un poco más. Hay algunos de nosotros, jóvenes pero también adultos, que así como en las bodas: "Ven acá, yo soy amigo del novio, por eso fue que me incluyó aquí en este grupito. Sí, sí, para esa boda me gusté, una mesa reservada con mi nombre está ahí. Mira, búscame en la lista, número qué, mi mesa, yo estoy pegado. Aquí esta boda estoy seguro". Y pudo ser que ellas pensaron: "Esto está seguro, yo soy relacionada con ella, por eso fue que me eligieron". Y en eso se basaba su entrada a la boda.

Y muchos de nosotros en nuestro caminar quisiéramos pensar que mi relación con Dios está como anclada o recostada de otro. Jóvenes de que sus padres le dirijan, le instruyan, y eso tienen que hacerlo los padres, pero eso depende: "Si me llevan a la iglesia, voy; si no me llevan, pues no voy". Dios no tiene nietos, Dios tiene hijos. O sea que si tú eres un hijo de un hijo, no es eso; Dios quiere que tú seas su hijo directo. En el reino de los cielos nadie está pegado, como aquí en los gobiernos: "Yo tengo alguien ahí en la relación". No, aquí nadie está pegado. El único que está pegado es aquel que se rindió y le dijo: "Señor, estoy despegado, ayúdame", y Dios en su gracia lo acerca.

Y es posible que muchos dependamos de eso: "Bueno, gracias por el pastor Miguel que me enseña la Palabra, y solamente tengo que sentarme aquí todo el día y escuchar la Palabra". Eso es muy bueno, pero tú tienes que alimentarte, tú tienes que empapar y emburrujarte con la Palabra para que tengas vida y aceite.

Ay, la lista puede seguir muy larga, pero voy a seguir. A lo mejor ellas, y como pasó en la historia, sí consideraron: "Bueno, puede ser que se acabe, pero si se acaba, ahí las otras tienen aceite, le pedimos a ellas". Y eso fue lo que hicieron, cierto. Y esto habla también de nuestra dependencia de otros, de procurar yo estar cerca de lo que el otro tiene para que yo sea beneficiado con eso. Y la iglesia está diseñada de forma que hayan relaciones y yo sea bendecido con la relación con mi hermano, y eso debiera ocurrir. Pero una vez más, mi relación con Dios es personal. Y un día Él no va a decir: "Ven acá, ¿qué iglesia tuviste? ¿Cuál era tu pastor? ¿Cuál era el grupo pequeño tuyo? ¿Quién era el líder ahí?" Vamos a ver... no, Él va a hablar contigo y conmigo individualmente. ¿Estás listo? ¿Dónde está tu aceite?

¿Quién va a cargar con frascos adicionales? "Eso es mucho trabajo, eso no es necesario. Tú sabes lo que está haciendo, le huyen. No me da todo lo que está haciendo, eso no es necesario. Yo con mi devocional diario, yo abro mi devocional, allí incluso leo la Biblia, abro ahí donde me quedé, salió el salmo, ahí yo leo y Señor me bendice. Ya". ¿Quién anda con frascos adicionales? Acaso que siempre hay gente prevenida. El que anda en el reino de Dios sabe que tiene enemigos; su enemigo principal es él mismo, su carne. Y por eso anda, en buen dominicano, mosca o alerta, anda siempre chivo —no voy a seguir con los animales porque...— Pero anda dudando de que puede ser que en algún área de su corazón haya una inclinación a pecar y una debilidad. Y por tanto él está atento, y no importa que tenga que cargar y hacer cosas adicionales.

Por eso yo vengo los miércoles, porque necesito más del Señor. Por eso me uno a un grupo pequeño, porque yo necesito la comunidad. Por eso yo a convites voy, emocionales sí, pero también lo comparto con otro, porque yo necesito crecer. Por eso yo busco consejos y necesito consejos. Por eso soy instruido por otros que me llevan tiempo. Pero algunos no queremos cargar frascos adicionales, y mucho menos: "Tiene que comprar más ahí, se te 150 pesos por la conferencia, una Biblia que..." Pero ¿qué cuestan hoy las Biblias ahora? Cuatro mil para arriba. Podemos conseguir Biblias gratis, eso es lo que necesita. Pero el enfoque en la inversión, en lo que sí es importante de tu recurso, de tu tiempo, de tu todo, de todo lo que eres, a veces somos tacaños allí, cuando debiéramos desbordarnos en todo lo que beneficie a nuestra vida espiritual.

Ay hermano, la aplicación puede seguir muy larga. Pero el pastor John Piper, hablando de esas mujeres, dijo lo siguiente: "Su locura fue pensar que la mera forma de una lámpara religiosa sería suficiente". Yo ando con mi lamparita ahí, no tiene aceite, pero está ahí, y eso me resguarda, un amuleto. Pero no es una apariencia de una vida religiosa lo que Dios quiere. Dice, sigue la cita del pastor Piper: "O tal vez que el poder para encender una lámpara simplemente podría tomarse prestado en el último minuto. De hecho, no se puede pedir prestado en el último minuto lo que debe estar en esa lámpara".

Y eso es justamente lo que ocurre en los versos siguientes, del 6 al 9. No fue hasta que se anunció la venida del novio que se reveló la gran diferencia que había entre ambas. Verso 6, dice: "Pero a medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí está el novio, salgan a recibirlo! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dennos aceite, porque nuestras lámparas se apagan. Pero las prudentes respondieron: No, no sea que no haya suficiente para nosotras y para ustedes. Vayan y compren para ustedes".

Mira, si estas mujeres prudentes hubieran sido dominicanas, cuando estas muchachas les hubieran dicho "danos de tu aceite", ellas seguro les hubieran dicho "¡Ay, ñe!", o sea, "yo tengo este tiempo preparándome y cargando esta fundita con lo frasco, ¿y ahora tú vienes? ¡Ay, ñe!" Pero aunque suene a chiste, por otra parte me recordó un momento en mi vida como esposo, que también me recordó esta parte de la parábola. Gracias, por eso digo ahora que ya no está aquí; ella sí estuvo en el primer servicio, o sea que ya tengo consecuencias.

Pero recuerdo que en muchas ocasiones, verás, salimos a comer a algún lugar con los hermanos de iglesia, con los familiares, con los amigos. En fin, si usted se va después de la iglesia a comer a algún lugar, ya son cerca de las dos y usted tiene hambre. Eso me pasa a mí muchas veces. Vamos para ese lugar, vamos un grupo, llegamos a ese sitio. Ahora que para el mozo, que venga el menú, seleccionar, y cuando traigan la comida. Pero hay que hacerlo, y estamos ahí en espera del mozo y estas comidas: cuál será este plato, este, ya me lo estoy imaginando, y entonces bueno, si lo junto con esto, "¡toma tal bomba!", vamos. Entonces llega el mozo y el mozo se comienza a tomar las órdenes. En mi caso casi siempre comienza con la esquina de allá y yo esperando aquí, y de uno por uno y de uno por uno hasta que llega donde yo. Él, por fin, está al lado de su esposa, "linda, mi amor"... Ah, no está aquí. Y allí le digo al mozo: "Oye, esto por favor, y ponme de estas cositas también, estas salsas también." "Ok, eso da por uno, da para mí." "Sí, sí." "Ok."

Entonces ya pido eso, estoy tranquilo, pasa a mi esposa, y mi esposa dice: "No, yo no tengo, yo no voy a pedir." Primer pensamiento mío es: bueno, no tiene hambre, se habrá comido algo en casa. Pero la conversación no ha terminado, ella sigue hablando y le dice: "Yo no voy a pedir, yo comparto con él el mismo plato." En un milisegundo yo hago un cálculo, verdad, del hambre monstruosa que yo tengo, la cantidad que viene, y compartirlo con mi esposa. Ahí digo: no da la cosa, no se va a poder. Entonces, con la gracia o la muela, perdón, la gracia y el convencimiento más que pueda, yo le digo a mi esposa con mucho cariño: "¿Qué tal si tú pides tu platito?" Porque el objetivo de yo ir ese día al restaurante, el objetivo era calmar mi hambre, y si no se va a lograr, no se cumplió el objetivo, entonces no tiene sentido.

Bueno, con ciertas diferencias, eso es lo que pasa con estas vírgenes hablando aquí. "Ven acá, danos un chin de tu aceite." Pero espérate, que hay un objetivo por lo cual no pudieron hacer esto, y es tener una lámpara encendida. Si la compartimos, ni ellas ni nosotros vamos a tener lámparas encendidas. El novio va a llegar y va a estar todo a oscuras, y se dañó nuestra labor, y no solo ellas serán llamadas la atención, sino todas juntas. Así que mejor miren, no podemos; vayan y compren aceite.

La característica de sabias de estas mujeres vírgenes, hermanos, no solamente se nota al inicio llevando aceite adicional, sino en este momento, cuando pudieron pensar que la labor no va a ser completada y dijeron: "No, no podemos." O sea que en la prudencia de un hombre, un discípulo verdadero del Señor, tiene la previsión para no entrar en situaciones que le traerán daño, pero también decir que no ante cosas que le pueden dañar el objetivo para el cual Dios le llamó. No a las distracciones que me quiten del objetivo de mi Dios. Eso también es sabiduría y prudencia.

Y así como la petición de compartir el aceite era algo imposible, lo que ellas debían de hacer ahora a la medianoche en Palestina del primer siglo era también algo casi imposible: buscar aceite allá ahora, que ya la noche se cerraba, todo esto, el mundo se acostaba, excepto la gente de la boda, verdad. Pero ellas salieron.

Y dice el verso 10 al 12, el resultado final de su necesidad aquí se muestra: "Mientras ellas iban a comprar, vino el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas." Esta parte es difícil: "Se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes diciendo: Señor, Señor, ábrenos. Pero él respondió: En verdad les digo que no las conozco."

Esas son palabras terribles. Tú no quisieras escuchar esas palabras de aquel que es el Novio. William Barclay, en su comentario de esta parábola, dice: "No hay un sonido tan cargado de pesar como cuando escuchas las palabras 'ya es demasiado tarde'." Yo estoy seguro que en este salón, en algún momento de sus vidas, alguno ha escuchado o ha deducido eso: ya es demasiado tarde, ya no se puede. Pero no hay comparación con cualquier evento de tu vida a que en cuanto te encuentres con tu Señor, con tu Creador, Él te diga: "Ya tú sabes las invitaciones que yo te di a mi boda y tú las rechazaste. Tú sabes la vez que yo te quise incluir como parte de mi cortejo nupcial y para ti eso no era relevante. Tú sabes las veces que yo te advertí, advertí: llena tu lámpara, cuida tu vida espiritual, y para ti eso era para otra persona." Ya es demasiado tarde, la puerta se cerró.

Y la expresión de este novio nos suena contraproducente para lo que es una boda normal, pero recuerden, esto es una parábola diseñada para enseñar algo. Este novio les dice: "No las conozco." Y había un aspecto en que este novio sí las conocía, eran parte del cortejo, pero había otro aspecto que es el fundamental en la cual él no las conocía. Y esto se ve claramente si uno ve dónde aparece esa frase en los evangelios: "No les conozco."

No tengo tiempo para entrar en todas, pero hay una de ellas que grafica o enseña claramente lo que significa. Mateo 7:21-24, ustedes escucharán esto y lo recordarán: "No todo el que me dice 'Señor, Señor' entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, en tu nombre echamos fuera demonios, en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad."

¡Wow! Si yo pudiera adaptar ese Mateo 7:21-24 a lo que estas vírgenes insensatas debieron oír del novio, esta sería la adaptación: "No todo el que está invitado y es parte del cortejo entrará a la fiesta de bodas, sino el que mantiene su lámpara con aceite. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, pero si nosotras fuimos parte de las damas, compramos vestidos, lámpara, hasta el aceite inicial por lo menos, ¿no estuvimos esperando como las demás también? Y aunque verdad que no estábamos muy listas cuando llegaste, pero al último momento hasta fuimos a buscar aceite a la medianoche, Señor." Y Él declarará: "Sí, pero tu corazón no era mío. Tú no me conocías a mí, y por eso yo no te conozco a ti."

Aquí hay un conocimiento que es un conocimiento redentor, un conocimiento salvífico, que cada uno debe de tener con ese Señor Jesús para poder decir: "Yo te conozco, Tú eres mi tesoro, mi primer amor." Y ese Señor me diga: "Sí, yo también. Tú has estado conmigo, tú me amas, ya has sufrido, pero estás aquí." Pero hay otros que no le conocerán de esa forma, y el Señor dice: "Sí, yo sé tu nombre, tu apellido, dónde naciste y todo lo que sea, pero no te conozco como hijo, no te conozco como aquellos que dijeron sí a la boda."

Oh, qué triste, hermanos. Triste condición de cualquiera que esté en este lugar o que escuche en algún momento esas palabras. Ese día llegará. No hay una sola palabra de Cristo que Él no haya cumplido. Él dijo que iba a resucitar, y resucitó. Él profetizó cosas del futuro que han ocurrido. Él dijo que volvería, y volverá. Aunque tarde, volverá. La pregunta es: ¿qué tan listos estamos?

El conocimiento verdadero de Cristo te llevará a vivir una vida aguardando su regreso, no importándote el precio ni importándote las decisiones difíciles que tengas que hacer. Tu vida mostrará que le conoces, y tu vida también mostrará que Él te conoce a ti.

El mensaje final del mismo autor de la parábola se encuentra en el verso 13, de forma directa y sencilla: "Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora."

Velen. Obviamente, esta es una palabra clave que hay que entender bien, porque como que sí, "que velen", ya se los dieron, ¿no estaban velando? Parece que significa algo más. Entonces, claro que sí, mucho más. Es la palabra griega gregoréo. Todo aquel que se llame Gregorio, esta es su palabra. Gregorio es vigilante. Gregoréo es vigilar, observar, tener cuidado, prestar atención, ser cuidadoso. Es estar despierto. O sea, que hay otro durmiendo. Sí, hay otro durmiendo, pero hay un sentido espiritual en que tú estás despierto y estás viendo cosas que tienes que hacer, y las haces porque sabes que es parte de estar despierto. Es estar atento. Incluso hay una referencia en la Biblia, en Primera de Tesalonicenses, donde esta palabra se usa y significa estar vivo.

Todo aquel que no conoce al Señor, la Palabra dice, está muerto para él, aunque vivo aquí, pero muerto en sus delitos y pecados. Sin embargo, aquellos que de alguna forma Cristo ha entrado y les ha dado vida están vivos para con él. Esto es velar: es tener cuidado de que por negligencia o indolencia alguna calamidad destructiva lo sorprenda repentinamente a uno. Esto fue lo que ocurrió con las vírgenes: tener cuidado de que porque soy negligente o indolente algo repentino me sorprenda con una calamidad. Eso es ser alguien que vela. Que uno velar es tener cuidado de que uno no sea inducido a abandonar a Cristo, caiga en pecado o sea corrompido.

Hermanos, no ignoramos de que el tiempo para nosotros es muy importante. Somos seres limitados y la Palabra dice que para algunos esto es tardanza, pero el Señor claramente nos dice que él no retarda su promesa según algunos piensan, sino que es paciente para contigo y conmigo, no queriendo que perezcas sino que vengas a arrepentimiento. Por eso el espacio.

Y en el día de hoy nosotros podemos concluir con varias afirmaciones. Uno: no hay duda de que el estar preparado para cuando Cristo venga no solo es importante, es indispensable. De allí depende tu entrada a su presencia. La pregunta es: ¿estás listo? Y voy a cerrar con algunas palabras pastorales, si se puede llamar de esa forma, de aclaración más práctica de lo que significa estar listo y de lo que requiero para ello.

Si hoy Cristo no es tu novio y él no es tu Señor, evidentemente no estás listo. No es posible entrar en una boda terrenal sin conocer al novio o a la novia, menos a la boda celestial. Por tanto, el primer llamado que con mucho clamor hacemos en esta mañana es: si no tienes a Cristo como novio, es el momento. Otra invitación más a sus bodas te llega hoy. ¿Qué vas a hacer con ella? Ven, estás invitado. Alguien pagó todo el plato que te vas a comer en la cruz del Calvario para que vengas y seas parte de la boda. ¿Dices que sí hoy? De allí depende tu vida eterna.

No hay nada más oscuro y terrible que el Dios que es descrito amigo de pecadores, el Dios que es amor, el Dios que es infinito en misericordia, ese día diga: "No vas, no te conozco, no hay chance alguno más, no hay dónde responder en este día." Pero del otro lado, para responder hay que reconocer que soy pecador. Es arrepentirte y decirle: "Señor, ten piedad de mí. Yo he rechazado tu invitación demasiadas veces. Hoy yo me arrepiento de todo eso y de mi vida lejos de ti. Yo ni siquiera tengo lámpara ni aceite ni nada, pero hoy yo quiero ser parte. Sálvame. Sé mi Señor." Esa es la oración.

Si eres de aquellos que como las insensatas están en medio de todos y parece como que parte de todo el mundo, "eso él está aquí, él está aquí, sí, él habla igual," pero hoy Dios te ha dejado sentir, como tal vez en muchas otras ocasiones más, que tu aceite es tan poco, que tu lámpara sabes que se está apagando y no vas a dar un paso muy lejos, y puede ser que cuando él venga no haya lámpara ni siquiera. Si eres así, Dios nos está hablando también. Y el llamado es a recordar a unos y a otros que hay una gran noticia: la puerta todavía está abierta, todavía se están mandando invitaciones, todavía el almacén está abierto con aceite, no ha llegado la medianoche, se puede encontrar. Si corres, si vienes a él, si te arrepientes como un hijo de Dios, él te dirá: "Ven, sé avivado, sé despierto de verdad, sé ahora vigilante y está atento y guarda tu vida espiritual. Arrepiéntete hoy y no mañana, porque el día y la hora nadie la sabe."

Más práctico aún para cerrar. En el otro servicio no hubo tiempo, ahora ustedes pagan la consecuencia de un servicio más largo. Algo más básico: estar listo no es la decisión de un solo día, no es arte de magia, "ya hoy me arrepiento y ya." Sí, ese arrepentimiento es necesario, pero ahora es una nueva trayectoria de tu vida. Que las puertas que tenías antes abiertas vas a cerrar con la ayuda de tu Señor y vas a buscar adonde haya aceite. Vas a buscar más a tu Dios, sí, íntimamente, personalmente, pero también en el lugar donde se ofrece y se junta la gente que busca aceite: en los grupos, en las comunidades, en la iglesia. Búscalo, encuentra los tesoros de la Palabra de Dios y aplícalos a tu vida. Ve al tiempo y sigue diciendo que no a esas ofertas que están distrayéndote de tu objetivo. Como las prudentes, es un momento de crecer. Es el momento de que la IBI esté llena de lámparas encendidas que esperan su venida con expectativa.

Oremos. Señor, no es fácil enseñarla, pero no es fácil para mí ni siquiera recibirla, porque en muchas ocasiones de vida yo pude ser descrito como un insensato, un torpe, alguien que no prevé el camino que debe andar para hacer lo que conviene y te da gloria. Señor, en esta mañana, ya tarde, aquí hay dos grupos de hermanos. Y hay uno de ellos, Señor, que tal vez tú les has dicho: "No soy tu novio," pero les has hecho la invitación para que lo seas y te acepten como su Salvador. Señor, si es así, yo te pido que esos hermanos oren de esta forma: "Señor, me arrepiento. Perdóname tantas veces que me hablas y yo te niego, te rechazo y trato de esquivarte. Señor, hoy quiero responderte. Tú sabes que soy de barro, tú me conoces. Yo quiero que me conozcas ahora ya no como un creado por ti, sino como un hijo tuyo. Y yo puedo así buscarte, vivir para tu gloria, y cuando te vea un día ya puedo decir: aquí está el novio y yo estoy con él."

Señor, y otros estamos aquí, conocemos que con el tiempo la lámpara ya no tiene aceite, y hoy te pedimos perdón por nuestra negligencia, nuestra indolencia, por las decisiones malas que hemos tomado para estar lejos de ti, porque hemos buscado excusas culpando a otros de mi relación contigo, o simplemente he preferido otras cosas. Señor, cambia mis prioridades. Permite rendirme completamente a ti. Perdóname, yo soy un pecador. Enciende mi lámpara. Avívame. En el nombre de Jesús, amén y amén.

Joel Peña

Joel Peña

Joel Peña sirve como uno de los pastores de la Iglesia Bautista Internacional, donde también dirige el ministerio de consejería bíblica. Es ingeniero industrial con estudios de posgrado en Productividad y Calidad, y sirvió en su profesión por 13 años antes de dedicarse al ministerio pastoral. Completó un Doctorado en Ministerio en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Angélica Rivera y juntos tienen dos hijos, Samuel y Abigail.