Integridad y Sabiduria
Sermones

Tu vida como testimonio para los incrédulos

Miguel Núñez 28 marzo, 2021

En 1805, un jefe indio llamado Red Jacket respondió a un misionero con una observación incómoda: antes de considerar el mensaje cristiano, él y su pueblo esperarían a ver si la predicación hacía más honestos a los hombres blancos que ya la habían escuchado. El mundo incrédulo sigue observando de la misma manera, buscando ver si el evangelio tiene poder real para transformar a quienes lo profesan.

Pedro escribe a creyentes que han recibido una identidad extraordinaria —linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido— y les dice que ahora deben vivir a la altura de ese llamado. La instrucción tiene dos caras: una negativa, abstenerse de las pasiones carnales que combaten contra el alma, y una positiva, mantener entre los incrédulos una conducta irreprochable. Estas pasiones no son solo sexuales; abarcan todo deseo caído que deshonra a Dios y daña nuestro testimonio. Como lo definió John Piper, el pecado es la gloria de Dios no honrada, su santidad no reverenciada, su persona no amada.

El llamado positivo es a buenas obras que sean "kalos" en griego: no solo buenas, sino hermosamente atractivas. Como la sal que preserva y la luz que alumbra, la vida del creyente debe hacer que los incrédulos glorifiquen a Dios. José ante Faraón, Daniel ante Nabucodonosor, Cristo ante Pilato —todos enmudecieron a sus observadores con vidas irreprochables. El pastor Núñez invita a reflexionar durante la semana: ¿está mi vida enmudeciendo a quienes me observan para la gloria de Dios?

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Nosotros acabamos de cantar una canción común en cierta manera, o más bien conocida, la palabra, pero nosotros cantamos palabras mayores. Nosotros cantamos que no hay otro y que nosotros no vamos a seguir a ningún otro Dios, pero eso implica a ningún otro ídolo, a ninguna otra cosa, a ningún otro deseo, a ninguna otra persona, a ninguna otra institución, a ninguna otra entidad o sueño de nuestra imaginación que pueda estar por encima de ti.

Nosotros acabamos de pedirte que nos renueves, que nos transformes y que nos conformes. Eso es fácil de cantarlo, no es tan fácil de abrazarlo, pero es tu llamado. Yo necesito, tú necesitas, nosotros necesitamos, Dios, la renovación de nuestra mente, la limpieza de nuestros pensamientos. Nosotros necesitamos la transformación de nuestro estilo de vida, porque hay un mundo que nos observa, que quiere saber si verdaderamente tú eres real, que quiere saber si verdaderamente el mensaje que proclamamos tiene el poder de cambiarnos a nosotros.

Hay un mundo que como espectadores está como si estuvieran en un teatro y nosotros fuéramos los actores, y que nos está viendo hacia para reconocer o para rechazar lo que nuestras vidas reflejan. De manera que ven y transforma, ven y conforma. Señor, nosotros lo estamos pidiendo porque nosotros no tenemos el poder de hacerlo, pero lo que nosotros sí podemos hacer y sí tenemos que hacer es rendirnos al poder de tu Espíritu y rendirnos a las demandas de tu Palabra para que entonces tú hagas lo que no podemos.

Ayúdanos a glorificar tu nombre ahora al predicar tu Palabra. Te cantamos que tu nombre es poderoso, pero si tu nombre es poderoso igualmente poderosa es tu Palabra. No hay nada que tú seas que tu Palabra no sea. Tu Palabra es porque tú eres. Tu Palabra refleja tu esencia. Tú lo dijiste, tú encumbraste tu nombre y tu Palabra por encima de todo, y lo hiciste, Dios, porque ellas representan la esencia de tu ser. De manera que ahora, por medio de tu Palabra, revélate, háblanos, confórmanos. Lo pedimos en Cristo. Eso es si su pueblo dice amén.

Podemos sentarnos. Buenos días y bendiciones al pueblo de Dios reunido en la IBI en esta mañana. Un gozo poderlos ver otra vez y sentirme, sentirnos parte de algo que Dios hizo o eligió desde la eternidad pasada.

En el verano del año 1805, un número de jefes indios se reunió en la ciudad de Buffalo Creek en Nueva York para escuchar una presentación del mensaje cristiano de parte del señor Cram de la Sociedad Misionera de Boston. Después que el predicador habló, se suponía que uno de los jefes indios iba a parar y dar una respuesta al mensaje, lo cual hizo. Red Jacket era su nombre, y él se paró y dijo: "Hermano, tú dices que solamente hay un camino de adoración y de servicio al Gran Espíritu" —así le dicen los indios frecuentemente a ese Dios superior—. "Si hay solamente una sola religión, ¿por qué ustedes los blancos difieren tanto acerca de ella? ¿Por qué no todos se ponen de acuerdo ya que ustedes pueden leer el libro?" —refiriéndose a la Biblia.

Él continuó más adelante y le dice: "Hermano, se nos ha dicho que ustedes han estado predicándole a los blancos en este lugar" —lo dicen ellos, los hombres blancos—. "Ellos son nuestros vecinos, estamos familiarizados con ellos. Nosotros vamos a esperar un poco de tiempo y ver el efecto que su predicación tiene sobre ellos. Si nosotros vemos que les hace bien y los hace más honestos y menos inclinados a engañar a los indios, entonces consideraremos de nuevo lo que usted nos ha dicho."

¡Guau! La forma de vivir ante los hombres es de vital importancia para la fe cristiana. Esta historia lo revela. La manera como nosotros obramos en el mundo ante un mundo que observa debiera hacer el mensaje de la cruz atractivo para aquellos observadores. Nosotros sabemos que el incrédulo, con frecuencia, está buscando cualquier tipo de excusa para justificar su incredulidad, pero nosotros no debiéramos proveer dichas excusas.

De manera que lo que yo tengo que exponer en el día de hoy es mucho de lo que Pedro tiene que decir, no solamente en este texto. De hecho, de aquí en adelante, del día de hoy en adelante, el resto de la carta de Pedro, de alguna manera en su gran mayoría, tiene que ver con la manera como tú y yo se supone que vivamos y honremos lo que Dios ha declarado que nosotros somos.

De hecho, cuando Pedro llega a su segunda carta, todavía él tiene esa idea en su mente, y él escribe en el capítulo 3, versículo 11, de su segunda carta lo siguiente: "Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera" —en vista de que Dios va a juzgar el mundo y en ese momento va a destruir todas las cosas materiales—, él hace la pregunta: "¿Qué clase de personas no deben ser ustedes en santa conducta y piedad?" En otras palabras, mientras esperamos la gloriosa venida, el juicio final, Pedro hace la pregunta y exclama al mismo tiempo: ¿Qué clase de personas debiéramos ser? ¿No debiéramos ser personas que viven en santa conducta y piedad?

Todo lo que he dicho hasta ahora es la razón por la que yo he titulado el mensaje de hoy: "Tu vida como testimonio para los incrédulos." Nosotros hemos hablado en diferentes momentos acerca de la importancia que tiene tu testimonio para el mundo, y sobre todo para el mundo incrédulo, pero yo no recuerdo si alguna vez yo dediqué todo un mensaje al tema de tu vida como testimonio para el mundo que nos observa.

Y con esa introducción, yo quiero leer primero dos versículos de 1 Pedro capítulo 2, y más adelante leeremos varios más para poder exponer el mensaje completo que Dios tiene para nosotros. Escuchen lo que dice Pedro, el versículo 11 y 12, capítulo 2, primera de Pedro: "Amados, les ruego como a extranjeros y peregrinos que se abstengan de las pasiones carnales que combaten contra el alma." Escucha ahora, porque este es el centro de gravedad del texto y del mensaje: "Mantengan entre los gentiles una conducta irreprochable" —es una palabra mayor— "a fin de que en aquello que les calumnian como malhechores, ellos, por razón de las buenas obras de ustedes, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación."

Qué llamado. Pero ese llamado viene inmediatamente después que Pedro nos da, nos recuerda —como hablamos la semana anterior— cuál es nuestra identidad en Cristo. Nosotros debiéramos vivir de acuerdo a lo que Pedro ahora nos va a decir, de una manera que sea digna, que sea a la altura del llamado recibido y al mismo tiempo de la identidad otorgada en Cristo Jesús.

Recuerda del mensaje anterior que la Palabra nos dice que nosotros somos un linaje escogido. Y somos escogidos porque hemos sido elegidos en el Amado, en Cristo Jesús, de acuerdo a lo que Pablo nos dice en Efesios, desde antes de la fundación del mundo. Ahora tienes que saber que nosotros no solamente fuimos escogidos para salvación; nosotros fuimos escogidos también, conforme a la soberanía de Dios, a la voluntad soberana, sabia, santa, justa de Dios, para hacer buenas obras con un propósito en particular.

Nosotros hemos sido llamados real sacerdocio, y como no estamos en el Antiguo Testamento, nosotros no ofrecemos sacrificios —como hablamos la semana anterior— de corderos, verdad, que estaban vivos y que son matados y ofrecidos a nuestro Dios. Nosotros hacemos dichas obras que representan nuestros sacrificios de adoración a Dios, y eso me hace un sacerdote. De manera que toda mi vida, no importa lo que haga, en qué ámbito, en qué lugar, en qué nación, en qué momento de la historia, toda mi vida se supone que sea un solo acto de adoración a nuestro Dios ante la mirada del mundo que observa.

En tercer lugar, Pedro nos dice que nosotros somos una nación santa. En otras palabras, Dios nos separó —es el significado primario de santos, es separado—. Dios nos separó, nos limpió de pecado al perdonarnos, y ahora él espera que nosotros reflejemos la santidad del que hizo tal limpieza de pecados. De hecho, en el capítulo 1, que ya expusimos semanas atrás, Pedro nos dice, Dios nos dice a través de Pedro: "Sean santos porque yo soy santo."

Y finalmente, como nos recordaba el pastor Luis, creo que el pastor Johan también, nosotros somos hoy un pueblo adquirido a precio de sangre, pueblo adquirido para posesión de Dios.

La gran parte o mayoría, la gran mayoría de lo que queda por decir en el resto de la carta de Pedro tiene que ver con la manera como se supone que tú y yo reflejemos dicha identidad. ¿Te das cuenta la línea de pensamiento, el orden del pensamiento? Porque una cosa tiene que seguir a la otra. Primero te voy a decir lo que eres: tú eres un linaje escogido, real sacerdocio, santo, apartado para Dios. No es algo que tienes que llegar a hacer, es lo que tú eres, es lo que yo declaro que eres. Ahora ve y vive lo que eres. Y eso es lo que Pedro comienza a hacer.

Y en el texto que acabo de leer, dos versículos, hay dos recomendaciones. Hay una de forma negativa primero; hay una de forma positiva. Yo creo que eso es un buen balance, porque en el mundo cristiano a veces ha habido un grupo que todo no, nada se puede hacer. Pero en los últimos años surgió un movimiento de la hipergracia donde todo es sí, sí, sí, sí. Dios es balance: hay cosas que no tienes que hacer, pero hay cosas que tienes que hacer.

Entonces él comienza primero con la parte del llamado negativo, por así decirlo. Pero antes, si tú sigues como el orden de los pensamientos, es increíble cómo Dios hilvanaba sus ideas. Antes de decirnos qué yo tengo que hacer, Pedro me recuerda lo que yo soy o cómo debo considerarme. Dice: "Amados" o "hermanos, como extranjeros y peregrinos." Antes de decirte de cómo tú tienes que vivir, déjame recordarte que este no es tu lugar de residencia, que este no es tu lugar de permanencia, que tú eres apenas un extranjero y un peregrino.

Tú sabes cuándo es la primera vez que tú encuentras esa expresión en la Palabra de Dios. No es hacia el Nuevo Testamento, no es al final del Antiguo Testamento, no es en el medio del Antiguo Testamento, es al principio. Cuando Dios saca a Abraham de su lugar de residencia y lo lleva a propósito a un lugar, y cuando él llega allí su esposa muere y él tiene que comprar una propiedad de parte de los heteos para enterrar a su esposa, es donde él les dice: "Mira, yo soy un extranjero y un peregrino en esta tierra. Véndeme un pedazo de tu propiedad para sepultar a mi compañera". Abraham es como una especie de parábola vivida para la forma como el pueblo de Dios debe vivir por el resto del tiempo.

Dios comienza a formar un pueblo con Abraham. Abraham es la tipificación de cómo mi pueblo tiene que verse por el resto de su existencia de este lado de la gloria: como extranjeros y peregrinos. La razón por la que Pedro está ayudándonos a entender eso antes de seguir hacia adelante es porque las pasiones carnales de las que él nos va a hablar ahora tienen que ver justamente con la satisfacción de los deseos de este cuerpo que hay de este lado de la gloria. Y para yo poder esperar con esperanza, con anhelo, yo necesito un mejor entendimiento de qué es lo que yo hago aquí, de manera que tú puedas ver de una forma similar. Cuando tú vas de visita por tres días, una semana, a una nación extranjera, tú no vives como ellos porque tú no eres de ese lugar, tú no vistes como ellos, tú no comes como ellos, tú estás de pasada. Y de esa misma forma se supone que nosotros no debiéramos comportarnos ni vestirnos como aquellos que sí consideran este planeta como su morada permanente.

Allí yo oficiaba una boda aquí y les recordaba a los novios que nuestros matrimonios todos están llenos de insuficiencias, deficiencias, anhelos que quisiéramos ver y que no acabamos de ver. Y que la forma de nosotros permanecer en dichas uniones es, de una forma similar, la manera como nosotros deberíamos vivir la vida en esta tierra. Es recordando que no importa cuál sea tu insatisfacción, no importa cuál sea tu deficiencia, tú tienes la esperanza de que llegarás a un lugar y en un tiempo donde cada cosa que a ti te faltó será completada y nada anhelado carecerá de satisfacción. Y mientras tanto, entonces, esa es la situación perfecta para tú vivir la suficiencia de Cristo. En la insuficiencia de mi matrimonio, la insuficiencia de la vida, la insuficiencia de cada uno como esposo o esposa en cuanto al matrimonio, esa insuficiencia es lo que me lleva a mí a experimentar, a buscar la suficiencia de Cristo hasta que entremos en gloria, porque en el camino apenas somos extranjeros y peregrinos.

Y entonces, con ese entendimiento, Pedro les dice a sus lectores que se abstengan de las pasiones carnales que combaten contra el alma. Yo creo que la mayoría de nosotros pusimos atención a la palabra "pasiones carnales" y probablemente nos vino a la mente inmediatamente la sexualidad, pero no nos vino a la mente necesariamente lo que está al final del versículo, y es que ellas combaten contra el alma.

El verbo abstenerse literalmente implica distanciarse. Debes alejarte, dice Pedro, de las lujurias de la carne. Y las lujurias de la carne no se limitan, incluyen pero no se limitan, a la sexualidad humana. Pedro está recordando que su cuerpo en su momento, el mío en este momento, el de todos nosotros, permanece con deseos caídos, permanece con cosas que no están tan simples como parece. Mi alma fue hecha nueva, redimida en el momento de la salvación, pero mi cuerpo no ha sido redimido. No, no, mi cuerpo todavía permanece hasta que sea levantado del sepulcro en su tiempo transformado, y entonces los deseos carnales serán no más.

Si somos honestos, cada uno de nosotros puede admitir que hemos experimentado deseos pecaminosos, no simplemente sexuales, de todo tipo. Y cuando esas experiencias ocurrieron, ocurren o ocurrirán el día de mañana, yo tendré, he tenido dos opciones: yo he podido resistirlas y por tanto abstenerme, o yo he podido entregarme, darle paso a dichos deseos. Pero resulta que en el pasaje anterior, del domingo pasado, vimos que me llamaron a hacer una nación santa. Y ahora lo que me está haciendo es me está llamando, me está dejando ver cómo yo debo desplegar dicha santidad en la práctica. Y eso requiere una abstención y requiere, por otro lado, una práctica, una vivencia que vamos a hablar un poco más adelante.

Ahora, Dios no nos ha dejado solos. Ya nos ha dado su Espíritu, nos ha dado su Espíritu Santo, porque Dios sabe que la fuerza de voluntad del ser humano no es suficiente para frenar los deseos del cuerpo. Vencer los impulsos de la carne requiere algo más que está más allá de lo que yo puedo hacer. Y en reconocimiento de eso, Dios hizo su Espíritu morar en nosotros al momento del nuevo nacimiento. Y Pablo les recuerda a los gálatas, hemos hablado de esto en otras ocasiones, en 5:17, que ahora cuando el Espíritu vino a morar en mí yo tengo una lucha. Por eso es que Pedro habla de que esos deseos combaten, es una palabra como si fueran soldados combatientes en una guerra.

Y Pablo dice a los gálatas que los deseos de la carne se oponen, Pedro dice, Pablo es más que se oponen, combatiéndose, se oponen a los deseos del Espíritu. Del Espíritu que mora en ti, del Espíritu de Dios que no desea que tú y yo practiquemos o le demos rienda suelta a dichas pasiones. Y ese Espíritu tiene también deseos que se oponen dentro de mí a estos otros deseos. Importando lo que ocurre en mi interior, es una guerra literalmente a muerte. Es parte de la guerra espiritual que yo tengo que librar. Hay un combate interno. Lamentablemente, con permiso, obviamente si perdemos batallas aquí y allí no es porque al Espíritu le falta poder. No, es porque Dios ha decidido obrar a través de nosotros y dejarnos participar del combate, porque eso es parte del proceso de santificación donde yo participo. Pero lamentablemente, con cierta regularidad, tú y yo hemos amado más el pecado que a Dios.

Yo sé que cuando yo lo pongo en esos términos tendemos a decir "eso no es verdad". Pero hermano, si nosotros hubiéramos amado a Dios más que al pecado en el momento en que pecamos, jamás hubiéramos pecado, porque hubiéramos elegido por el mayor amor que hubiéramos tenido a Dios. Lo cierto es que, desafortunadamente, nosotros amamos nuestro pecado porque nuestro pecado nos permite saborear inicialmente el jugo de la fruta dulce para luego traernos el amargo de la cáscara que cubría la fruta.

Si nosotros pudiéramos entender mejor lo que el pecado es, quizás nos abstuviéramos mejor de las pasiones de la carne. Escucha cómo el pastor Piper definió el pecado. Hace un momento yo te decía que nosotros, al momento de pecar, amamos más nuestro pecado que a Dios, de manera que la mejor forma de definir el pecado no es en término de lo negativo —no esto, no aquello, no aquello, no lo otro— sino en términos de lo que hemos violado. Hemos violentado la persona de Dios. Y por tanto me encantó esta definición de Piper porque le está tratando de definir el pecado en relación a la persona de Dios. Y él dice: el pecado es la gloria de Dios no honrada, la santidad de Dios no reverenciada, la grandeza de Dios no admirada, el poder de Dios no exaltado, la verdad de Dios no buscada, la sabiduría de Dios no deseada, la belleza de Dios no atesorada, la bondad de Dios no saboreada, la fidelidad de Dios no confiada, las promesas de Dios no creídas, los mandamientos de Dios no obedecidos, la justicia de Dios no respetada, la ira de Dios no temida, la gracia de Dios no apreciada, la presencia de Dios no valorada. Escucha ahora el cierre: la persona de Dios no amada. Eso es pecado.

De manera que cuando Pedro me está diciendo que yo necesito abstenerme de las pasiones carnales, al mismo tiempo, considerando esto que acabamos de mencionar, él me está diciendo: recuerda quién te llamó, recuerda quién te redimió, recuerda quién te dio identidad, quién te hizo posesión suya a precio de sangre, la sangre de su Hijo. De manera que ahora que puedes entender eso, ahora necesitas entender algo más: estas pasiones no simplemente existen en ti de manera pasiva. No, no, existen de manera activa. Ellas combaten contra el alma. No solamente deshonran a Dios, no, ellas libran una lucha dentro de ti.

Y como yo decía, ellas literalmente forman parte de la guerra espiritual de la cual Pablo nos habla en la carta que escribió a los efesios. Yo creo que la mayoría de nosotros siempre pensamos solamente, cuando pensamos en guerra espiritual, solamente pensamos en demonios y en liberación de demonios y demás. Y no solo nos ocurre pensar que probablemente la lucha, la guerra espiritual más continua y más poderosa, se da dentro de mí y no fuera de mí. Y se da en mi interior sin estar poseído, y no cuando ya he llegado a estar poseído, para los que no son cristianos.

Prontamente yo estaré enseñando para el Seminario SODER un curso sobre guerra espiritual de 14 horas, y compartía parte de la primera clase con el equipo ministerial nuestro, y leía una definición de lo que es la guerra espiritual de Thomas White. Y esta es la definición, una porción de su definición: "La guerra espiritual involucra una batalla constante" —subraya eso: continua— "multidimensional contra el mundo" —paréntesis: un sistema de valores no piadosos que está a tu alrededor, que no tiene nada que ver con expresiones demoníacas—. Dos, contra la carne —eso tiene todo que ver conmigo, paréntesis: el pecado inherente a nuestra humanidad, eso es parte de la guerra espiritual—. Y el diablo, como la personificación sobrenatural del mal.

De manera que cuando Pedro se refiere a las pasiones carnales que combaten en contra del alma, él está haciendo referencia a esa guerra espiritual. Y él me está recordando que nuestra peor lucha está dentro de nosotros y no fuera de nosotros. Yo creo que todos nosotros podemos dar testimonio de que con frecuencia nos hemos quejado del estado de deterioro del mundo.

Yo lo he hecho múltiples veces, pero yo creo que sería eminentemente bueno, en gran manera, por así decirlo, si yo pudiera quejarme del estado de deterioro que todavía mora en nuestro interior con la misma frecuencia, la misma intensidad. Yo te voy a recordar una cita que yo te traje en una ocasión de John Owen, considerado el mejor teólogo que probablemente haya existido de habla inglesa, y que probablemente gran parte de Occidente haya podido producir. Que habla justo de ese estado de deterioro en su interior y por tanto en el mío.

Escucha lo que dice: "Cuando veo dentro de mi corazón, percibo su infinita maldad. Creo que es un abismo más profundo que el infierno." Ahora escucha estas palabras: "Cuando oro, peco." ¿Cómo qué? Cuando oro, peco. Sí, porque como viste en Santiago, oro por cosas que no son necesariamente conformes a la voluntad de Dios. "Cuando predico, peco." Oh, wow. Aquí estoy pecando durante esta hora. Bueno, es que no soy Jesucristo para predicar de una manera perfectamente santa. "Tengo que arrepentirme de mi arrepentimiento." Voy donde Dios a arrepentirme. No me arrepiento adecuadamente. No me arrepiento de acuerdo a la profundidad de mi pecado, ni me arrepiento conforme a la santidad de nuestro Dios. Y dice John Owen: "Y mis lágrimas necesitan, por tanto, lavarse en la sangre de Cristo."

Como nuestras pasiones combaten, el control de ellas tiene que ser restringido. No les podemos ceder terreno. No podemos ceder ni una pulgada de terreno. El dominio propio de que habla la Palabra, nota cómo Pablo lo menciona. Lo menciona no como algo que yo voluntariamente produzco y ejerzo, sino como un fruto de algo. El dominio propio es fruto del Espíritu. El Espíritu que mora en mí, el Espíritu que tiene que llenarme. Y mientras más llenura, más control Él tiene. Mientras más control Él tiene, pues mejor yo puedo ejercer dominio propio por vía de algo que es superior a mí, pero que está dentro de mí, que es el Espíritu de Dios.

Lo increíble de estas pasiones carnales es que Dios le ha dado al hombre gracia común suficiente para él percatarse de cuán dañinas son estas pasiones, en las que nosotros no debiéramos incurrir. Para los filósofos griegos anteriores a Cristo, por lo menos el grupo moralista, porque hubo filósofos hedonistas, dados al placer, como los epicúreos. Pero para los moralistas estas pasiones tenían que ser, debían ser restringidas, porque le hacían daño a algo que ellos también llamaban el alma.

Oye lo que dice el filósofo griego Platón: "Los verdaderos devotos de la filosofía se abstienen de las lujurias carnales." Oye, es un incrédulo. "Y no se entregan a ellas. Por lo menos," dice él, "aquellos que cuidan de sus propias almas y que no simplemente se dedican a moldear y a modelar el cuerpo." Grecia era loca con el cuerpo, dada a los ejercicios y la belleza. No hicieron cirugía plástica porque no sabían cómo. Platón tiene una recomendación para nosotros. Pedro tiene una mejor razón para la recomendación.

¿Por qué él nos está diciendo "absténganse de las pasiones carnales"? Porque ellas te hacen daño. Cuando habla del alma se refiere a la persona entera. Te hacen daño a tu vida. Te alejan de Dios. Alteran tu relación con Dios. Modifican tus relaciones. Dañan tus relaciones. Deshonran el nombre de Dios. Deshonran tu salvación. Ensucian tu testimonio. Le hacen daño al que te observa. Es más, muchas veces lo que haces le hace daño a los que te observan sirviéndoles de piedra de tropiezo. Esa es la parte negativa.

Ahora, Pedro tiene una recomendación positiva, como les mencioné. "Mantengan entre los gentiles," versículo 12, "una conducta irreprochable," palabra preciosa, "a fin de que en aquello que les calumnian como malhechores, ellos, por razón de las buenas obras de ustedes, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación."

Nótate que el versículo 11 es "absténganse." El versículo 12 es "mantengan." Absténganse, mantengan. No hagan, hagan. En ese versículo que yo acabo de leer hay una audiencia. ¿Cuál es la audiencia? Los gentiles. Ahora, en el contexto ya del Nuevo Testamento, los gentiles no son los no judíos. Los gentiles son todos los incrédulos.

De manera que Pedro dice: yo te estoy dando una razón que va incluso más allá del hecho de honrar a Dios, de honrar tu identidad. Es que tenemos que estar apercibidos de que hay un mundo que nos observa, y a Dios le importan los incrédulos, porque ellos son la meta de la Gran Comisión. Cuando tú no creías, tú le importabas a Dios. Y ahora que hay gente que no cree, ellos le importan a Dios. Y como ellos le importan a Dios, Dios quiere que tu testimonio de vida sirva de instrumento preevangelístico, porque obviamente tu testimonio solo no constituye el Evangelio, pero es como un aperitivo para el Evangelio.

Entonces, esa es la audiencia de ese versículo 12 que leí, pero dentro de ese versículo no solamente hay una audiencia y un llamado. Y el llamado es a una vida, una conducta irreprochable que se traduzca en buenas obras. La palabra "buenas" ahí en el original es kalós, con kappa. Y esa palabra en el original tiene la particularidad de significar algo más que simplemente lo bueno como nosotros pensamos en algo bueno, porque además de ser bueno en sí mismo, es algo que es atractivo. Es como la belleza externa de la bondad interna. Es la belleza externa de la bondad interna. De forma que si lo interno o el contenido es el mensaje del Evangelio, tu vida es como el envase. Y que ahora tu vida, al obrar, al vivir, es kalós, es hermosa y es atractiva para aquellos que observan.

Tres preguntas de reflexión a mitad del camino, ¿verdad? ¿Dónde estamos? Y quiero que las tomemos seriamente, yo lo hice ya. ¿Es tu estilo de vida atractivo para otros que no creen? ¿Quisieran otros ser como tú? Los que te observan, ¿pudieran decir "yo quisiera ser como fulano"? ¿Desean otros copiar tu ejemplo y pensar "tu vida me sirve de ejemplo"?

No estamos en la primera vez que nos encontramos en el Nuevo Testamento un llamado a este tipo de vida. Escucha a Cristo en el Sermón del Monte, el sermón más famoso que Cristo jamás haya predicado, conocido entre creyentes y no creyentes. En Mateo 5, Él nos habla de las bienaventuranzas. Mateo nos da ocho bienaventuranzas. Lucas nos da cuatro, pero después de esas ocho, escucha lo que Cristo termina diciendo:

"Ustedes son la sal de la tierra." Ustedes, no yo. Claro que nosotros somos sal, porque Él es más sal que nosotros. "Pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué será salada otra vez? Ya no sirve para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar. Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa." Escucha ahora: "Así brille la luz de ustedes." No dice que siquiera alumbre a ustedes, aunque eso es como se da. "Pero así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos."

Wow. Mi vida tiene que brillar. Tiene que ser un destello de luz que alumbre a los hombres. Y yo tengo que hacer reflejar esa luz delante de ellos, de manera que al ver nuestras buenas acciones, ellos terminen glorificando al Padre. Eso es lo que Pedro dice: que ellos puedan glorificar a Dios en el día de su visitación.

El texto de Mateo que acabo de leer aparece después de las bienaventuranzas. Entonces, las bienaventuranzas nos hablan del tipo de persona que debiéramos ser delante de Dios. Pero ahora, después de describirlas todas, el texto nos habla del tipo de persona que debiéramos ser delante de los hombres. Lo que Cristo está diciendo es: vive tu vida de una manera tal, que cuando tú hagas las obras delante de los hombres, sin tú hablar de ellas, ellos se vean forzados a hablar de tus obras. Y no tanto de tus obras, sino del Señor de las obras, de Aquel que ha hecho eso en ti. De manera que se puede hablar bien de tus obras, pero inmediatamente puede ir seguido de la coletilla: "Es que él es cristiano. Es que él es un hombre de Dios." Vive tu vida de una forma que tu existencia, tu paso como extranjero y peregrino, ejerza una influencia en aquellos que están a tu alcance.

Déjame decirlo de manera aplicada. Sé un José que vivía una vida de integridad, que Faraón lo hizo su mano derecha. Y de qué manera entonces su paso como extranjero y peregrino por aquella región impactó su tiempo. Bueno, es que para comenzar, su sabiduría de ahorro hizo que por siete años de vacas flacas el pueblo no pasara hambruna. Y aún más, es que su sabiduría y el respeto levantado hacia su persona hizo que Faraón protegiera a las doce tribus, a él y sus descendientes. Y por tanto él es el responsable, Dios por medio de él, de la preservación de la nación de Israel, de todavía el remanente que está en el mundo de hoy.

Sé un Daniel. Sé un Daniel en medio de un gobierno pagano, en medio de un tirano, en medio de un dictador. Que cuando él fue echado al foso con los leones, el aprecio del rey era tanto que el rey no pudo dormir esa noche. No solamente que no pudo dormir, sino que dijo que no le trajeran entretenimiento. El rey dio permiso por una ley que él había dado y no la podía violentar, pero el rey estaba loco porque ya amaneciera para ver qué había pasado con Daniel. Llegó el próximo día, el rey salió corriendo y cuando fue al foso le dijo: "Daniel, el Dios a quien tú sirves, ¿te ha podido salvar?" El rey decía eso. Ese rey. "Yo estoy aquí tranquilo, toda la noche durmiendo. Tú no dormiste, pero yo sí." La vida de Daniel fue atractiva para el rey.

Sé un Daniel. Sé un José, cuyas acciones sirvieron para preservar toda una nación. Así sé, que detrás de cada uno de ellos estaba la mano de Dios, pero Dios en su soberanía y sabiduría decidió obrar y cambiar el mundo e impactar el mundo a través de sus embajadores, que somos nosotros.

La razón para hablar de estos tres es porque, primero, Dios habla bien de ellos, y cuando Dios habla bien de ellos, ¿quién es uno menos otro para no hacerlo? Y segundo, porque Dios habla bien de ellos por lo que ellos fueron capaces de hacer en su nombre.

John Stott ha estado escribiendo en el Sermón del Monte acerca de este estilo de vida que tú y yo se supone que llevemos. Dice: "Su llama a sus discípulos a ejercer una influencia doble sobre la comunidad secular: una influencia negativa, deteniendo su deterioro —esa es la sal—, y una influencia positiva al traer luz en medio de la oscuridad —es la luz, obviamente—. Una cosa es prevenir que la maldad se esparza —eso estamos tratando de hacer ahora en este movimiento contra el aborto, prevenir que la maldad se esparza— y otra cosa es esparcir la verdad, la belleza y la bondad."

Ahí me encantó esa combinación de palabras: la verdad, la belleza y la bondad. Esas son como las tres dimensiones que envuelven una virtud que es preciosa. No suena sola. Se supone, y filosóficamente así se ha visto a lo largo de los años, que está la verdad, la belleza y la bondad. Lo bueno, lo bello y lo verdadero. Somos linaje escogido, pero para hacer buenas obras. El propósito de Dios, hechos en Cristo Jesús, hechura suya. Nosotros no somos el Creador, pero nosotros creamos, hacemos buenas obras. Y cuando hacemos buenas obras, imitamos a nuestro Dios, que es el Creador, el máximo exponente de lo que es crear algo bueno.

Somos real sacerdocio, como ya dijimos, pero nuestros sacrificios son nuestras obras, en cuanto ellas representan un acto de adoración a nuestro Dios. Dios puede hacer lo que Él quiera y nosotros mejor que nosotros, pero en su diseño Él quiere a sus hijos, como pueblo, al querido de Dios, obrando y reflejando lo que Él es.

Nota cómo el apóstol Pablo entendió esto bien cuando le escribió a Tito en su capítulo dos, versículo siete y ocho. Le dice a Tito: "Muéstrate en todo" —subraya la palabra "en todo"— "como ejemplo de buenas obras." Si tú tomas la palabra "buenas obras" y la pones en la Biblia, en el Nuevo Testamento nada más, hay una larga lista de pasajes para que puedas entender que, si bien es cierto nosotros no somos salvos por obras, nosotros hemos sido salvos para obras, para obrar. "Tito, muéstrate en todo como ejemplo de buenas obras, con pureza de doctrina, con dignidad, con palabra sana" —aquí viene— "e irreprochable, otra vez, a fin de que el adversario sea avergonzado, al no tener nada malo que decir de nosotros."

El profeta Daniel fue acusado, pero el mismo texto de la Palabra dice que no encontraron nada en él para acusarle. Tuvieron que inventarse una historia con relación a la ley de su Dios para acusarlo. ¿Te imaginas que la acusación que a nosotros nos traiga ante el gobierno de turno sea que fulano está practicando su religión demasiado bien? ¿Tú te imaginas eso? Porque con frecuencia es: "No, es que fulano dice ser cristiano, pero él no vive lo que él dice." No. Daniel se arrodillaba todos los días a orar, y esa fue la acusación. "El problema, rey, es que tú pasaste una ley y él no dejó de adorar a su Dios. Él es demasiado creyente."

Los enemigos de Cristo tuvieron que contratar testigos falsos para que testificaran contra Él, porque no había nada malo que decir. Los que apedreaban a Esteban no tenían, le trajeron acusaciones falsas también. Pero esa es la idea: que no tengan nada que decir, que los malhechores que quieran hablar en contra de nosotros sean avergonzados.

Nuestras vidas deberían ser más bien como una molestia, en el buen sentido, para el que está caminando en la oscuridad. Es como la luz: es buena, pero tú sabes que cuando tú estás en la oscuridad por un buen tiempo y te prenden la luz de repente, como que tú haces así, como que te molesta. Bueno, nuestras vidas deberían ser como algo de eso. Por el que está caminando en las oscuridades, como que la luz que viene de su testimonio como que molesta a mis ojos.

Escucha el versículo 12 otra vez, es el mismo versículo ya leído: "Mantengan entre los gentiles una conducta irreprochable, a fin de que en aquello que les calumnien como malhechores, ellos, por razón de las buenas obras de ustedes, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación." Hay una audiencia: los incrédulos. Hay un llamado: una vida irreprochable. Hay un propósito: que los gentiles glorifiquen a Dios en el día de la visitación. Esa frase, con frecuencia en el Antiguo Testamento, tiene que ver con el juicio final de Dios. Pero en el contexto más bien está haciendo referencia al día en que Dios se digne de traer salvación a los gentiles, que ellos puedan recordar: "Ah, es que yo he visto entre nosotros a Miguela, a Catea, a Luisa, a Rosa, a Pedro, a Pablo, quien sea, viviendo de una manera que..." Ah, eso es lo que este mensaje causa: una transformación de ese tipo.

Y entonces, yendo al fondo, ya resumido, porque el tiempo ha ido corriendo, voy a traer y luego continuamos el próximo domingo con cosas similares. Pedro nos va a decir cómo lucen esas buenas obras en términos prácticos en una sociedad como la nuestra, o peor que la nuestra, que fue el caso de aquellos que le leyeron en su momento.

Escucha el versículo 13: "Sométanse, por causa del Señor, a toda institución humana, ya sea al rey como autoridad, a los gobernadores como enviados por Él para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen el bien. Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagan enmudecer la ignorancia de los hombres insensatos. Anden como libres, porque lo son, pero no usen la libertad como pretexto para la maldad, sino empléenla como siervos de Dios. Honren a todos, amen a los hermanos, teman a Dios, honren al rey."

Pedro nos llamaba ahora a hacer buenas obras, de vivir nuestra vida delante de los hombres con una actitud de sumisión, pero nos dice al principio de ese llamado cuál es la razón: por causa del Señor. De hecho, eso es como lo primero que dice. "Sométanse..." Como que él se para: "Perate, para asegurarse de la razón, para que ahorita no lo encuentres como una cosa muy grande." "Sométanse por causa del Señor a toda autoridad." La razón es que tu sometimiento no es a los hombres. Es al Señor, que quiere que tu sumisión brille delante de aquellos que no creen, y tu vida luzca hermosa, o que el evangelio luzca hermoso y atractivo, porque tu vida lo adorna.

Y entonces él da algunos ejemplos de cómo esa sumisión se da en el plano práctico. Al rey, como a cualquier otra autoridad, sométete. Es congruente con Romanos 13, que nos dice que no hay autoridad que no haya sido puesta por Dios. Por tanto, si Dios la puso, me toca someterme. Como lo hizo Pablo en su momento, como lo hizo Daniel ante Nabucodonosor, como lo hizo José ante Faraón, y así sucesivamente. O sométanse a los gobernadores. ¿Por qué? Porque el texto dice que son como enviados por Dios.

Versículo 17 —el 16 lo voy a dejar a propósito para el próximo domingo—: "Honren a todos, amen a los hermanos, teman a Dios, honren al rey." La misma idea. En cuanto al resto de los hombres, porque ahí se mencionaron el rey y los gobernadores, honren a todos. No importa si son hombres educados o no educados, hónrenlo. No importa si son pequeños o grandes, hónralo. No importa si son hombres de autoridad o bajo autoridad, hónralos. No importa si son personas adineradas o personas sin recursos, hónralo. Y la razón de honrarlo es que ellos son portadores de la imagen de Dios y, por tanto, hay una dignidad relativa humana intrínseca a ellos.

Además, dice Pedro, teme a Dios. Témelo de dos maneras. Reveréncialo, hónralo. Pero también teme a su disciplina si eres hijo; teme a su ira si eres incrédulo. La ira de Dios que me correspondió fue visitada en los hombros de Cristo, pero hay una disciplina todavía que yo puedo sufrir, que puede ser severa. Pero el incrédulo deberá temer la disciplina de Dios.

Y antes de cerrar esa porción de su carta, Pedro nos da dos últimas instrucciones. Nuestra meta es buena conducta para honrar a Dios y desplegar su carácter. Pero ahora, Pedro nos da otra razón para buena conducta. Versículo 15: "Porque esta es la voluntad de Dios." Cada vez que tú lees esa frase, a veces dite a ti mismo: "Esta es la voluntad de Dios", como que detente. Y yo tengo que prestar atención a esto: "Que haciendo bien" —no importa quién— "que haciendo bien, ustedes hagan enmudecer la ignorancia de los hombres insensatos."

En el contexto de la Palabra de Dios, hombres insensatos son aquellos que no han llegado a conocer la sabiduría de Dios. En el contexto de la Palabra, la ignorancia de los hombres es aquella cosa que ellos no conocen porque tiene que ver precisamente con la sabiduría de Dios. Y ¿cuál es la meta de acuerdo a Pedro? Que hagan enmudecer. En buen dominicano, permíteme la frase, que le des un tapabocasanto, que los hagas enmudecer cuando vean tu vida.

Eso pasó con Cristo. Los escribas y fariseos se reunieron y dijeron: "Tenemos que atrapar a este hombre, no podemos dejar que continúe, que siga así." Y tuvieron que estar enmudecidos. No sabían qué decir. Entonces se vinieron y le crearon este halago tramposo al mismo tiempo: "Maestro, sabemos que tú eres veraz" —y ustedes lo dicen por otra razón, pero es cierto— "que tú hablas la verdad de Dios con verdad, y que tú no buscas el favor de los hombres, ¿verdad? ¿Es lícito pagar impuesto al César?" Estaban enmudecidos, no sabían qué decir. Pilato no pudo encontrar falta con Él, ustedes conocen la historia. Herodes no pudo encontrar falta con Él. El ladrón en la cruz sabía que Cristo estaba allí habiendo vivido una buena vida. Y el centurión al pie de la cruz dice: "En verdad este hombre era Hijo de Dios."

La vida de Cristo no solo confrontó al mundo, sino que enmudeció al mundo. Eso es lo que Pedro dice: "Porque es la voluntad de Dios que haciendo bien ustedes hagan enmudecer la ignorancia de los hombres insensatos." Y eso es lo que nosotros necesitamos procurar.

Vivir la vida de Cristo de manera que nosotros podamos hacer enmudecer. En mi caso, a los pacientes que yo veo, a personas en la sociedad con las que Dios me ha puesto en contacto que no son creyentes, que no tengan nada que decir. En el caso de alguien que usted ha de ver: sus clientes, quizá a sus amigos, a sus relacionados, a sus jefes, a sus empleados, a todos aquellos que están mirando su caminar, que Cristo pueda brillar en ti y que ciertamente tus pasos como peregrino y extranjero puedan ser un destello de su luz.

¿Qué crees? ¿Crees que en ese inicio de semana culturalmente llamada Semana Santa, como si la demás no lo fuera? Pero esta semana culturalmente llamada de esa forma, ¿no crees que es un buen momento para iniciar una especie de reflexión de siete días acerca de qué manera mi vida, para la gloria de Dios, el despliegue de mis buenas obras, está enmudeciendo a los que me observan, está iluminando a aquellos que están a mi alrededor, está salinizando mi entorno? ¿De qué manera la gente pudiera verme y querer imitarme, querer llegar a ser como yo, que quisiera quizás experimentar el mensaje que hizo residencia en mí, que me ha permitido vivir de una forma que ahora ellos quisieran también poseer? Porque es cálido, es bueno y es atractivo, es bellamente, hermosamente atractivo a mis ojos. Y dejar el mundo enmudecido para la gloria de nuestro Dios.

Padre, gracias. Gracias por el mensaje de tu Palabra. Gracias por el poder que tú nos has dado para vivir tu Palabra. Gracias por la suficiencia de tu gracia en nosotros. Gracias porque de una forma tan práctica tú nos permites entender mucho mejor aquellas cosas que quizás pudieran tener simplemente un significado espiritual. Pero tú nos has permitido ver que aquello que parece teológico, aquello que parece una idea, un concepto, una doctrina, una enseñanza, tiene una aplicación en la vida diaria. Y en este caso en particular, la aplicación es que Cristo brille en nosotros de una forma tan especial que otros quieran seguir nuestros pasos, porque ellos son destellos de tu luz. Hemos orado, hemos confiado y hemos predicado en tu nombre y para tu gloria.

Amén, amén. Bendiciones. Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal, de forma que tú puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.