El libro de Génesis podría llamarse el libro del conflicto y la reconciliación. Desde la caída del hombre hasta las historias de los patriarcas, encontramos un patrón repetido: ruptura y restauración, enemistad y retorno a la amistad. Esto no sorprende, porque al separarnos de Dios nos separamos también de la fuente del amor, y nos volvemos seres divididos, conflictivos, predispuestos a la contienda unos con otros.
La historia de Abraham y Lot ilustra cómo enfrentar los conflictos de intereses que inevitablemente surgen en la vida. Ambos habían prosperado tanto que la tierra no podía sostenerlos juntos, y comenzaron las tensiones entre sus pastores. Abraham, quien tenía toda la autoridad para imponer sus términos, se acercó a su sobrino con palabras de reconciliación: "Te ruego que no haya contienda entre nosotros, porque somos hermanos". Luego, con generosidad sorprendente, le ofreció escoger primero la tierra que quisiera. Abraham entendió que lo trascendente era la relación, no la propiedad; lo eterno, no lo temporal.
Lot, en cambio, alzó los ojos y vio solo el valle bien regado del Jordán, sin considerar a quien lo había acogido de huérfano ni los peligros de Sodoma. Escogió para sí todo el valle, y su historia terminó en una cueva, solo, despojado de todo. Abraham, quien se desprendió de lo temporal, recibió la promesa eterna. Quien retiene lo que parece justo viene a menos; el alma generosa será prosperada.
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Bien, durante el servicio hemos estado escuchando una palabra que hemos repetido continuamente, que es la palabra reconciliación. Si hay algo que ha hecho el Señor para con nosotros es reconciliarnos con Él a través de la obra de nuestro Señor Jesucristo. Reconciliarnos, ¿por qué? Porque nosotros estábamos en enemistad con Él, porque nosotros vivimos en rebeldía, en desacuerdo, en enemistad con el Señor, y el Señor ha ejercido sobre nosotros un poderoso ministerio, un ministerio que el apóstol Pablo ha llamado el ministerio de la reconciliación.
Y cuando hablamos de reconciliación, entonces estamos hablando del poder de Dios para devolvernos en amistad con Él, para volver a traer y acordar ánimos desunidos, para recuperar la bendición de aquello que se había violentado o ensuciado. Ese es el propósito fundamental de la reconciliación. Y nosotros como hijos de Dios, como hombres y mujeres que hemos sido traídos a los pies de Jesucristo, conocemos el sentido de la reconciliación.
La Biblia habla con mucha claridad que cuando estábamos separados de Él, ni siquiera podíamos entender o percibir las cosas de Dios. Dios era para nosotros un ser desconocido, ausente, impenetrable, incapaz de comunicarse con nosotros. Sin embargo, cuando recibimos a nuestro Señor Jesucristo, cuando Jesucristo vino con todas sus glorias y se manifestó en medio de nuestras vidas, nosotros pudimos entender el sentido de la reconciliación. Pudimos estar aquí y no estar como ausentes, sino descubrir a un Dios presente que nos invita a adorarle, a reconocerle, a exaltarle. Pudimos recordar lo que Él es y volver en amistad con Él. Ese es el gran secreto de la reconciliación.
Y si nosotros vamos a la Escritura, este modelo de reconciliación aparece a lo largo de toda la Escritura. Y básicamente, en el primer libro de la Biblia, en el Génesis, nosotros encontramos allí con mucha claridad el gran secreto de la reconciliación. Encontramos el momento en que Dios crea con todo su poder los cielos y la tierra, y Él descubre que lo que había creado era hermoso en gran manera. Era perfecto para Él. Y Él crea en medio de la creación y pone al hombre a su imagen y semejanza.
Pero se produce un desacato. Se produce un acto de desobediencia y se rompe la relación con Dios. Pero es el Dios reconciliador que viene en nuestra búsqueda, y nosotros encontramos en el relato del Génesis cómo el Señor va en búsqueda de un hombre que, ocultado en el follaje o ocultado entre las ramas, trataba de ocultarse del Señor a quien había desobedecido. Pero es Dios quien va en la búsqueda del hombre, y es Dios el agente, el agente de reconciliación.
Ese mismo patrón lo encontramos repetido a lo largo de toda la Escritura. Dios viniendo como agente de reconciliación, viniendo a buscar y a salvar lo que se había perdido. A encontrarse con nosotros en medio de nuestra desobediencia, en el lodo de nuestro pecado, en medio de nuestra dificultad. Nosotros, debido a nuestra separación del Señor, nos hemos separado de la fuente de amor, nos hemos separado de la fuente de reconciliación, nos hemos separado del Ser Supremo que ejerce unidad sobre todas las cosas, y nos hemos vuelto seres desunidos, violentos, conflictivos, gente que no amamos la reconciliación.
Y es por eso que nuevamente, al volver al Génesis, nosotros nos damos cuenta que hay un patrón sostenido de conflicto, no solamente en relación con nuestro Dios, sino en relación de unos con otros. Vivimos conflictuados entre nosotros. Vivimos conflictuados y en medio de una relación adversa que nos hace y nos genera sufrimiento, generamos sufrimiento y se genera sufrimiento en nosotros, producto de los conflictos que nosotros enfrentamos con los demás.
Si el Génesis es el patrón modelo sobre el cual se desarrolla la humanidad, y es en el Génesis en donde podemos encontrar las huellas, pero también el modelo de nuestra existencia, es que nos sorprende saber que hay un patrón de rebeldía, conflicto, desobediencia, desunión y enemistad a lo largo de todo el libro. Pero no solamente eso, sino que también encontramos modelos de reconciliación profundos a lo largo de la Escritura, de tal manera que el modelo de Dios y el plan de Dios de reconciliación en Cristo no solo está relacionado con el gran plan eterno en Jesucristo, sino que ese plan eterno en Jesucristo también se cumple cuando existe reconciliación entre los seres humanos, cuando se devuelve la amistad perdida entre los seres humanos.
Permítanme demostrarles este patrón a lo largo del libro del Génesis de la siguiente manera. No podemos revisarlo todo, pero permítanme contárselos. Nosotros encontramos a lo largo de todo el Génesis muchas historias de rompimiento dramático, pero también de reconciliación. En el capítulo 4 tenemos la historia de Caín y Abel. En el capítulo 9, la falta de respeto de Cam para con su padre Noé. En el capítulo 13, el problema de Abraham y Lot. En el capítulo 12, el problema de Faraón y Abraham. En el capítulo 16, el conflicto entre Sara y Agar. En el capítulo 20, el conflicto entre Abraham y Abimelec. En el 21, el conflicto entre Abraham y Abimelec. En el 26, también entre los pastores de Gerar y los pastores de Isaac. En el 27, en el 32 y en el 33, nos encontramos con el conflicto entre los hermanos, entre Jacob y Esaú. En el capítulo 30, entre Lea y Raquel. En el 31, entre Jacob y Labán. En el capítulo 34, entre los hijos de Jacob y los hijos de Hamor. En el 38, entre Judá y Tamar, para terminar con el conflicto entre José y sus hermanos del capítulo 37 hasta el capítulo 50.
¿Qué les parece? Una historia de conflictos, de conflictos humanos, pero también de conflictos de relación con Dios, conflictos y reconciliación, de tal manera que podríamos hablar del Génesis como el libro del conflicto y la reconciliación. ¿No les parece interesante que estos conflictos sean una muestra de nuestra propia realidad personal y que por lo tanto debemos tomarlos también con seriedad, buscando el valor de la reconciliación debido a nuestra predisposición al conflicto?
Nosotros estamos predispuestos al conflicto, al conflicto con nuestro Dios y al conflicto unos con otros. Porque podríamos pedir en este momento que levante la mano el que nunca ha tenido un conflicto con otra persona. Puedo esperar, me volteo si quieren. ¿Quién no ha tenido un conflicto con otra persona? ¿Quién no ha tenido un conflicto dramático con alguien que ama? Con alguien que profundamente nos ha herido a pesar de nuestra relación íntima, a pesar de que nos juramos amor eterno, ese amor eterno, y se convirtió en un dolor dramático del que no quiero recordar, como lo decimos algunas veces.
Es verdad, el conflicto nos afecta y el conflicto nos hace daño, pero el Señor nos ha reconciliado consigo mismo a través de Cristo Jesús. De tal manera que el valor de la reconciliación que hemos encontrado en el Señor debe afectar nuestras relaciones, debe afectar profundamente el hecho de saber que Dios nos amó de tal manera que envió a su Hijo unigénito a la cruz del Calvario para alcanzar la reconciliación con nosotros. La reconciliación no es algo sencillo, pero es algo poderoso que el Señor ha dejado al descubierto para que nosotros también podamos vivir como agentes de reconciliación.
Yo no puedo revisar con ustedes en esta mañana todos los casos de conflicto y reconciliación que encontramos en el Génesis, pero sí puedo tomar uno para que lo podamos revisar y podamos encontrar quizás uno, dos o tres principios que sean suficientes para llevarnos a nosotros a descubrir el valor de la reconciliación en nuestras vidas, en medio de nuestros conflictos, reconociendo que hemos sido reconciliados con el Señor a través de Jesucristo. Si nosotros hemos recibido esa promesa, ¿cómo no vamos a vivir el ministerio de la reconciliación también entre nosotros?
Es tan grande el conflicto en que vivimos, hermanos. Conflictos nacionales, conflictos familiares, conflictos entre hermanos, conflictos entre iglesias, conflictos dentro de la iglesia, conflictos dentro de nosotros porque no sabemos perdonarnos. Tenemos que aprender a vivir el secreto de la reconciliación y su valor.
Vamos a abrir nuestras Biblias en Génesis capítulo 13 rápidamente y vamos a encontrarnos allí con el conflicto entre Abraham y su sobrino Lot. Abraham y Lot. Vamos a ir leyéndolo por partes, pero antes vamos a hacer una breve cuenta de antecedentes para que nos podamos ubicar en medio de la historia.
En Génesis capítulo 12 nosotros recordamos que el Señor llama a Abraham. El Señor le dice: "Vete de tu tierra y de tu parentela a la tierra que yo te mostraré, y haré de ti una nación grande y te bendeciré." Esa es la promesa de Dios a Abraham, una promesa que se ha trasladado aún hacia nuestros días y nosotros vivimos de acuerdo a esa gran promesa.
Ahora, en el verso 4 y en el verso 5 del capítulo 12 se nos dan algunos antecedentes interesantes en cuanto a la partida práctica de Abraham hasta la tierra de Palestina, hacia Canaán. Dice entonces: "Abraham se fue tal como el Señor le había dicho, y Lot se fue con él. Y Abraham tenía 75 años cuando partió de Harán. Y tomó Abraham a Sarai su mujer y a Lot su sobrino, y todas las posesiones que ellos habían acumulado, y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán, y a tierra de Canaán llegaron."
Entonces nosotros nos encontramos aquí que el Señor había llamado poderosamente a Abraham a salir de su tierra, de su parentela, pero cuando él decide salir, el verso 4 dice que Lot se fue con él, y en el verso 5 dice que Abraham tomó a Lot. Nosotros encontramos las dos cosas, no una. Una podría hacernos pensar, el verso 4, que Abraham se estaba yendo y Lot dijo: "Yo voy contigo." Y por el otro lado vemos que Abraham toma a Lot. ¿De dónde nace esta relación tan íntima con su sobrino? Pues por el contexto de la Biblia nosotros vamos a descubrirlo.
En el capítulo 11, vayamos un poquito atrás, al verso 27. En el capítulo 11, verso 27, nosotros vamos a encontrar dos cosas: "Estas son las generaciones de Taré. Taré engendró a Abraham, a Nacor y a Harán. Y Harán engendró a Lot. Y murió Harán en presencia de su padre Taré, en la tierra de su nacimiento, en Ur de los Caldeos."
¿Qué sabemos entonces a través de estos dos pasajes? Sabemos que Abraham tenía un hermano que se llamaba Harán. Harán tuvo un hijo que se llamaba Lot. Lamentablemente Harán fallece en época temprana y Lot se queda huérfano. De alguna manera nosotros podemos pensar que Abraham toma bajo su cobija, bajo su protección, a Lot su sobrino, ya que era huérfano de padre.
Por un lado tenemos esa relación, pero también el verso 30 nos da otra idea que nos orienta a darle más dimensiones a la relación de Lot con Abraham. Dice el verso 30: "Sarai era estéril, no tenía hijos." Entonces aquí podemos entender claramente dónde está el pegamento entre Abraham y Lot. ¿No es cierto? Abraham y Sara eran personas mayores, Sara era estéril, no podía tener hijos, y por lo tanto ante este muchacho solitario, este sobrino solitario cuyo padre había muerto, es adoptado por Abraham y se genera una relación filial entre ellos, una relación muy íntima que se nota justamente en el capítulo 12, cuando los vemos a ellos saliendo juntos en esta peregrinación hacia Canaán, obedeciendo la voz de Dios.
Lot no llega por otra relación más que esta relación profunda, filial y familiar entre ellos. Probablemente tenía la herencia de su padre y seguramente acompañó a Abraham en los negocios que él realizaba, pero básicamente lo que existía era una relación filial.
Cuando ellos llegan a Palestina, el Señor les habla y le muestra a Abraham que esa era su voluntad. Sin embargo, al principio del peregrinaje las cosas no fueron muy bien y tuvieron que, por causa de una hambruna, ir a morar a Egipto por una temporada. Allí en Egipto Abraham tiene un conflicto con el faraón, del cual no vamos a hablar en este momento, y luego de un tiempo que no sabemos exactamente cuánto fue, Abraham regresa tras sus pasos a Canaán conforme a las promesas de Dios.
Ahí empezamos a leer. Dice el verso uno, a partir del verso uno del capítulo 13: "Subió pues Abraham de Egipto al Neguev, él y su mujer con todo lo que poseía, y con él Lot. Y Abraham era muy rico en ganado, en plata y en oro. Y anduvo en sus jornadas desde el Neguev hasta Betel, al lugar donde su tienda había estado al principio, entre Betel y Hai, al lugar del altar que antes había hecho allí. Y allí Abraham invocó el nombre del Señor."
Abraham decide volver de Egipto. Y fíjense, decide volver a pesar de toda la prosperidad que había alcanzado mientras él estaba viviendo allí en África del Norte. Dice el verso dos que Abraham era muy rico en ganado, en plata y en oro. Para los que les gustan las referencias interesantes de la Biblia, esta es la primera vez que aparece en toda la Escritura, desde el principio, que alguien es rico en plata y en oro. Este verso dos es la primera vez que aparece plata y oro en la Biblia.
Entonces lo que sabemos es que Abraham, que era rico por la cantidad de ganado que poseía, probablemente hizo excelentes negocios, y a través de esos excelentes negocios él pudo acumular también plata y oro de los egipcios, que lo hacían a él todavía un hombre más rico. Lo interesante es que, a pesar de la prosperidad egipcia, él decide no quedarse en Egipto y decide volver sobre sus pasos a Palestina, donde conforme a la promesa del Señor él había ido obedeciendo a su llamado.
Dice que él volvió, dice el verso tres, al lugar donde su tienda había estado al principio, entre Betel y Hai, al lugar del altar que antes había hecho allí, y allí Abraham invocó el nombre del Señor. Definitivamente, Abraham volvió sobre sus pasos buscando no la prosperidad material, sino buscando esa relación con Dios que él había asegurado conforme al llamado que el Señor le había hecho.
Y aquí está el primer gran secreto de los hijos de la reconciliación. Los hijos de la reconciliación entienden su vida espiritual en base al llamado que Dios les hace y no en base a las cosas que puedan tener o poseer. Todo lo demás es inseguro, todo lo demás puede faltar o puede estar en nuestras vidas, pero cuando estamos en las manos de Dios, nosotros vamos a volver sobre nuestros pasos, sobre aquellos secretos que el Señor ha puesto en nuestro corazón y que nos llama a obedecer. Y eso es lo que Abraham hizo: Abraham decidió no quedarse en Egipto y decidió volver al lugar del altar que antes había hecho allí, y allí Abraham invocó el nombre del Señor conforme al llamado que Él le había hecho.
Pero como no todo en la vida es color de rosa, y solamente en las películas acaban bien cuando uno quiere, entonces aquí en la vida de Abraham empiezan a generarse ciertos conflictos. Dice el capítulo, del verso 5 al verso 7: "Y también Lot, que andaba con Abraham, tenía ovejas, vacas y tiendas. Y la tierra no podía sostenerlos para que habitaran juntos, porque sus posesiones eran tantas que ya no podían habitar juntos. Hubo pues contienda entre los pastores del ganado de Abraham y los pastores del ganado de Lot, y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en aquella tierra."
¿Qué había sucedido? Que Lot, bajo el alero de su tío Abraham, había sido prosperado sobremanera, tanto como su propio tío. Es interesante notar el desprendimiento de Abraham, quien considera a Lot como una persona independiente. En una sociedad tan patriarcal como la sociedad en la que Abraham vivió, siempre el pater familias o el jefe de familia era el dueño de todas las cosas. Pero aquí, de manera interesante, este sobrino ha llegado. Nos cuenta que tenía sus propias propiedades y se consideraban sus propias riquezas.
Dice que Lot también, que andaba con Abraham —esto significa que iba bajo el alero de Abraham, o sea, donde Abraham iba, él iba; también iba prosperando en la medida que Abraham iba prosperando— también tenía ovejas, vacas y tiendas. No se nos habla de oro y plata, pero sí que era un hombre con recursos, tenía capital para poder seguir haciendo sus negocios.
Y aquí se confiesa, nace un conflicto que podríamos llamar un conflicto de abundancia. Nos dice la historia que la tierra no podía sostenerlos. ¿Qué significa esto? Ya que ellos eran ganaderos, entonces no había suficiente pasto renovable, no había suficiente pasto para renovar el alimento que era necesario para sostener a los ganados, y probablemente no había suficiente agua para poder hacer beber a todos los ganados conforme a las necesidades que existían en ese tiempo.
Dice el verso 7 que hubo pues contienda entre los pastores del ganado de Abraham y los pastores del ganado de Lot, y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en aquella tierra. Empezaron a haber tensiones en los intereses de ambos, y los gerentes de ambas compañías —digámosles así, los pastores de ese tiempo— empezaron a tener dificultades. No se nos habla de que Abraham y Lot entraron en el problema desde el inicio, pero lo cierto es que se empezaron a generar tensiones de propiedad, conflictos de intereses.
Ustedes han escuchado la palabra "conflictos de intereses", ¿verdad? Los abogados supongo que conocen este término más de una vez. Los empresarios, todos nosotros vivimos en una serie de conflictos de intereses. Aprender a vivir en sociedad, aprender a vivir en comunidad significa aprender a manejar nuestros conflictos de intereses.
¿Cómo podemos definir el término "conflicto de intereses"? Permítanme hacerlo de una manera muy breve y particular. Los conflictos de intereses vienen a ser las situaciones en las cuales una persona tiene un interés privado o personal, suficientemente fuerte como para influir en el ejercicio objetivo de sus relaciones, de sus funciones y de su toma de decisiones. Entonces, ¿qué significa eso? Que nuestros intereses personales, las cosas que a mí me importan, las cosas que a mí valen y tienen significado, ejercen presión sobre mis decisiones, sobre mis relaciones y sobre mis funciones. O sea, eso significa que todos nosotros, de alguna u otra manera, permanentemente vivimos en un conflicto de intereses.
Por ejemplo, algo que sucede muy a menudo entre nosotros: nosotros encontramos en la calle un estacionamiento dispuesto para nosotros. "Mira, cerca de la iglesia, el domingo me puedo estacionar ahí." Pero resulta que es un garaje de un vecino. Entonces empieza a surgir, ¿qué cosa? El conflicto de intereses, ¿verdad? "Pero si yo me estaciono, no va a salir la persona. Los domingos nadie sale a ninguna parte. Yo supongo que hizo el supermercado el sábado, que tiene abastecida la despensa, y uno a las diez entra y sale un cuarto para las doce. Ratitos, ni cuenta se va a dar." Y pum, langa, me pongo.
¿Cómo lo va a ver el vecino? ¿Cómo lo va a ver? Lo va a ver de otros intereses. "Sí, yo no voy a salir, estoy en piyama, pero yo no quiero que nadie ocupe el lugar, porque si a mí se me ocurre salir, yo quiero salir." "Pero señor, si usted está en piyama." "Sí, pero si yo quiero salir, yo salgo." "Sí señor, pero yo voy un ratito." "Pero a mí qué me importa." Y se genera el conflicto de intereses.
Nosotros vivimos sujetos a conflictos de intereses en todo sentido, en toda gama de la vida. No solamente tienen que ver con valores económicos, sino que tiene que ver con todas aquellas cosas que tienen valor en nuestra vida y que generan conflicto en mis relaciones, en mi toma de decisiones y en mis funciones.
Lo interesante es que el conflicto de intereses siempre tiende a socavar mi imparcialidad. Viene de afuera y él quiere mediar entre la persona que se estaciona y el dueño del garaje. Él es completamente objetivo, le dice al dueño del vehículo: "Tú no te puedes quedar allí", le dice al vecino: "Usted tiene todo el derecho de reclamar", ¿no cierto? Pero ¿qué va a suceder? La persona que está con la cabeza caliente y quiere estacionarse ahí va a decir: "Pero ¿por qué se mete una persona de afuera?" Y la otra persona: "Pero usted tiene que dejarme libre". Y difícilmente uno puede llegar a poder solucionar un conflicto de intereses porque nosotros vivimos sujetos a esto.
Ahora, estos conflictos de intereses funcionan en todo momento y generan, como aquí dice en el verso 7, hubo pues contienda, hubo tensión, hubo dificultad entre las dos diferentes propiedades que querían hacer uso de un mismo lugar. Y ese conflicto de intereses es algo en que nosotros vivimos permanentemente, vivimos sujetos a este clima de tensión permanente, que muchas veces y de manera dolorosa genera profundas enemistades, profundas diferencias, profundas desigualdades, dolor, ansiedad, temor y daño.
Los conflictos de intereses no es algo que nosotros podamos tomar a la ligera, sino que tenemos que asumirlo y poder entenderlo a la luz del ministerio de reconciliación que el Señor nos ha concedido. El Señor nos está llamando a ser agentes de reconciliación, tomando el ejemplo de Jesucristo, de lo que el Señor ha hecho por nosotros, para que nosotros podamos activarlo y usarlo en medio de nuestra realidad.
Es así que nosotros vamos a ver de ahora en adelante cómo es que Abraham reacciona y nos da un ejemplo de reconciliación. En el Génesis hay muchos ejemplos de reconciliación: Jacob, Esaú, José y sus hermanos. Todos ellos pasan por procesos profundos de reconciliación. En cada generación, si ustedes lo pueden ver, Abraham, ¿no es cierto?, tiene que pasar un proceso de reconciliación con Lot. Jacob con su hermano Esaú, que es nieto, y luego los hijos de Jacob con José, que son hermanos. En cada generación, en cada momento en nuestra historia, tenemos que solucionar conflictos de intereses y tenemos que estar atentos a descubrir la solución en el modo de Dios.
Empecemos entonces. Dice el verso 8: "Y Abraham dijo a Lot: Te ruego que no haya contienda entre nosotros, ni entre mis pastores y tus pastores. ¿Por qué? Porque somos hermanos". Porque somos hermanos. Abraham se presenta ante este problema buscando de una manera interesante, esto es, tomando en cuenta lo importante sobre lo urgente, lo eterno sobre lo temporal, lo único y sublime sobre lo que puede ser tomado o dejado, lo variable sobre lo inmutable. Abraham se presenta delante de Lot como agente de reconciliación.
Él podría haber dicho: "Pero si yo soy mayor, que venga. Él conoce dónde está mi oficina, sabe mi número telefónico, que me llame al celular si no me encuentra. Pero él debería venir, ¿por qué? Porque yo soy el mayor, yo soy el que pesa". Él pudiera haberse presentado con una carta, un memorando, y decirle: "¡Oye! ¿No te acuerdas quién soy yo? ¿De dónde saliste tú? Mira todo lo que te he hecho ganar y ahora me haces problemas".
No, él viene con qué palabras. ¿Cuáles son las palabras de la reconciliación? "Te ruego que no haya contienda entre nosotros". Te ruego. Hay un proverbio que dice: "La palabra áspera hace subir el furor, mas la blanda aplaca la ira". La palabra áspera hace subir el furor, mas la blanda aplaca la ira. El gran problema es que cada vez que hay conflicto de intereses nosotros tendemos... Me entienden, ¿verdad?
"Te ruego que no haya contienda entre nosotros". Entre nosotros, en primer lugar. Entre nosotros. Yo no había sido afectado todavía, pero él lo que quería es que entre nosotros no haya dificultades. "Yo te ruego". Él no viene con la autoridad que hubiera podido usar, él no viene con el sentido de mayoría que él hubiera podido usar, él no viene con el sentido de poder con que hubiera podido manejar, porque a veces creemos que esos son los elementos de reconciliación, pero nunca funcionan.
Abraham viene con otra actitud: "Te ruego que no haya contienda entre nosotros, ni entre mis pastores y tus pastores, porque somos hermanos". Él se pone en igualdad de condiciones. Él no le dice: "¿No ves que soy tu tío? ¿No ves que te recogí cuando tu padre murió y te traje conmigo?" Él no usa ninguno de esos argumentos. Él se presenta llanamente en el vínculo eterno que existe entre ellos. Tú y yo somos hermanos, y entre hermanos solo puede existir amor y solo puede existir reconciliación.
Eso es justamente algo que se repite en la Escritura una y otra vez. Y solamente para encontrar uno de los cabos que nos ayudan a entender este tipo de relación y este tipo de afirmación, en Romanos capítulo 13 el apóstol Pablo utiliza este mismo argumento de reconciliación y este mismo señalamiento de la primacía de la relación sobre cualquier otro conflicto de intereses. Cuando dice a partir del verso 8, en Romanos capítulo 13: "No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros, porque el que ama a su prójimo ha cumplido la ley. Porque esto: no cometerás adulterio, no matarás, no hurtarás, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en estas palabras se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; por tanto, el amor es el cumplimiento de la ley".
Allí radica entonces este vínculo de afinidad en donde, hermanos, nosotros tenemos que aprender a descubrir aquello que es importante de aquello que es intrascendente. Yo recuerdo que hace algunos años yo tuve que trabajar mucho con una pareja, y esta pareja, cuando ellos nos decían su problema, en realidad su problema era realmente intrascendente, realmente intrascendente. El problema no era el problema, el problema era cómo trataban el problema, porque con un poquito de dinamita lo hacían una bomba atómica. O sea, cuando podíamos llegar después de salir por todos los escombros, llegamos: "¿Cuál fue el problema?" "Bueno, es que me dijo feo". Y teníamos tres meses de gritos e insultos.
Porque el problema no es el problema, el problema es cómo tratamos el problema. Y por eso es que a través de Abraham nosotros entendemos que tenemos que buscar lo trascendente sobre lo intrascendente, lo eterno sobre lo temporal. Recordemos que nuestros conflictos de intereses hacen que nosotros nos desviemos y no actuemos con imparcialidad. Es importante que entendamos el vínculo del amor que nos une y que nos estrecha, cuál es lo importante de aquello que no vale la pena considerarlo en nuestra relación, en aquello que tú y yo somos.
Por eso es que el verso 9 continúa, y tiene que ser la respuesta natural cuando se encuentra lo trascendente, cuando se descubre aquello que vale la pena, cuando Abraham entiende su posición delante de Dios, cuando Abraham entendió el llamado glorioso que Dios le había hecho. Entonces todo conflicto de intereses se resume al valor de las promesas del Señor.
Y miren lo que dice el verso 9: "¿No está toda la tierra delante de ti? Te ruego que te separes de mí. Si vas a la izquierda, yo iré a la derecha, y si a la derecha, yo iré a la izquierda". Ahora, si lo primero es encontrar lo trascendente de lo intrascendente, entonces cuando yo he descubierto lo eterno de lo temporal, entonces lo siguiente que queda es un alma dispuesta al desprendimiento y a la generosidad.
Ustedes recuerdan al Señor Jesús. En Filipenses capítulo 2 el Señor nos dice: "Haya pues en vosotros el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, quien siendo igual a Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo". Ese ejemplo de separación y del desprendimiento es justamente el secreto para el acto de reconciliación, es el secreto de la reconciliación. Cuando hay conflicto de intereses, el desprendimiento y la generosidad es fundamental.
Miren lo que le dice Abraham a Lot: "¿No está toda la tierra delante de ti? Escoge. Tú vas a la izquierda, yo voy a la derecha. Tú quieres la izquierda, yo voy a la derecha". Ustedes saben que el Señor Jesucristo dijo: "Más bienaventurado es dar que recibir". Uno es más feliz dando que recibiendo, y a veces nosotros no llegamos a solucionar nuestros conflictos justamente porque no sabemos desprendernos. Porque en primer lugar no sabemos distinguir aquello que es eterno de aquello que es temporal, aquello que vale la pena para siempre de aquello que es intrascendente. Pero en segundo lugar, no sabemos reconocer el valor del desprendimiento.
Si hay un pasaje en la Escritura que permanece en mi corazón siempre, es Proverbios capítulo 11, versos 24 y 25, que yo quiero dejar con ustedes ahora en esta mañana como un regalo para sus vidas. Porque este regalo para sus vidas va a ser como una oportunidad para descubrir el secreto de la victoria y la reconciliación sobre todos nuestros conflictos. Porque en primer lugar está el reconocimiento de aquello que vale la pena, de lo que somos: creados a imagen y semejanza de Dios. El tema de nuestras discusiones va a pasar, porque va a ser probado por el fuego y nada de eso va a quedar, pero las personas tienen un valor eterno. Por eso es que el Señor las amó de tal manera que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él crea no se pierda, mas tenga vida eterna.
Y en Proverbios capítulo 11, los versos 24 y 25 señalan este principio que yo les invito a ustedes a que lo puedan memorizar, porque es una ley espiritual: "Hay quien reparte y le es añadido más, y hay quien retiene lo que es justo solo para venir a menos. El alma generosa será prosperada, y el que riega será también regado." Hay quien reparte y le es añadido más, y hay quien retiene lo que es justo solo para venir a menos. El alma generosa será prosperada, y el que riega también será regado.
Hermanos, nosotros hemos recibido por herencia el reino de los cielos. Los cristianos, por definición, gozamos de toda bendición espiritual en los lugares celestiales con Cristo Jesús. En nuestro conflicto de intereses, en el momento en que nosotros valoramos aquello que tiene real significado eterno, nos quedamos con el cielo, nos quedamos con el Señor, nos quedamos con las riquezas de su gracia. Porque ahí es donde entendemos cuando el apóstol Pablo le dice a sus discípulos que él, en realidad, al momento de valorar todas las cosas, las ha estimado por basura con tal de ganar a Cristo para sí mismo. Ahí es donde radican nuestros reales valores y ahí es donde está la verdadera apreciación de todas las cosas.
"¿No está toda la tierra delante de ti? Escoge." Abran tenía el beneficio de su autoridad y de su edad, pero él sacrificó todos sus derechos. ¿Por qué? Porque ahí había un valor mayor, un valor eterno. "No haya contienda entre nosotros, porque somos hermanos."
Ahora, hay una tercera consideración que podría decir que es una consideración velada, que no la vemos directamente en Abran. Al final del verso 7 del capítulo 13 de Génesis, donde nosotros estamos, hay una pequeña frasecita que a mí me pareciera que está como que no sé por qué está allí, pero está allí. Y a mí me llamó mucho la atención y me hizo reflexionar al respecto. O sea, ¿por qué esta frase está allí justo antes del momento en que Abran empieza a buscar la reconciliación o la conciliación con su sobrino Lot? Dice al final del verso 7: "Y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en aquella tierra."
Algunos estudiosos dicen que es probablemente porque el campo era escaso, porque había más gente. Pero ¿saben qué creo yo en realidad? Lo que yo creo es que esa afirmación nos hace saber que cada vez que nosotros tenemos un conflicto, nosotros debemos saber que la forma en que lo solucionamos será un testimonio al cananeo y al ferezeo, al mundo que nos está observando y está viendo cómo nosotros actuamos, qué valores tenemos y cómo reaccionamos. Y es la razón por la que aparece que estaba el cananeo y el ferezeo, porque ellos están observando. Abran, como siervo del Dios Altísimo, que había puesto altares en sus campamentos demostrando que servía al Dios del cielo y la tierra, no podía caer en el juego de un conflicto de intereses mundanos que le haga perder su testimonio como hijo de Dios.
Es algo que nosotros no debemos olvidar. Es algo que nosotros tenemos que mantener en nuestra mente. El Señor nos ha dado un mandamiento: que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado. Pero el Señor también ha dicho en su Palabra con mucha claridad: "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos para con los otros." En la medida en que nosotros resolvemos nuestros conflictos y buscamos la reconciliación basados en la Palabra de Dios, daremos testimonio de que tenemos amor los unos para con los otros, y eso es lo que cuenta. Por lo tanto, busquemos lo importante, seamos generosos, y entendamos que a través de nuestra solución de conflictos le daremos la gloria a Dios y podremos vivir en espíritu de reconciliación.
¿Qué es lo que hizo Lot? Rápidamente, para ir terminando, vamos a leer los versos 10 al 13: "Y alzó Lot sus ojos y vio todo el valle del Jordán, el cual estaba bien regado por todas partes. Esto fue antes de que el Señor destruyera a Sodoma y Gomorra, como el huerto del Señor, como la tierra de Egipto rumbo a Zoar. Y escogió Lot para sí todo el valle del Jordán, y viajó Lot hacia el oriente. Así se separaron el uno del otro. Abran se estableció en la tierra de Canaán, en tanto que Lot se estableció en las ciudades del valle y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma. Y los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra el Señor en gran manera."
La contraparte la tenemos en Lot en la solución de conflictos. ¿Qué hizo Lot? Lot no vio lo trascendente, sino que vio lo intrascendente, el valor de lo temporal. Él dice que alzó sus ojos Lot y vio todo el valle del Jordán, el cual estaba bien regado por todas partes, como el huerto del Señor, como la tierra de Egipto rumbo a Zoar. Él vio, pero él no vio a Abran. Él, ¿a quién vio? Vio sus propios intereses. Él tuvo esa visión de espejo. Cuando nosotros estamos frente a alguien y queremos solucionar el problema, yo pongo un espejo y empiezo a hablar conmigo en lugar de hablar con la otra persona. En lugar de hablar con otra persona, de frente a un espejo me empiezo a mirar a mí mismo: lo que yo necesito, lo que yo requiero, lo que a mí me importa. ¡Hasta me empiezo a peinar! ¿No? ¿Por qué? Porque no trato de solucionar.
Y eso es lo que él vio: el valle del Jordán bien regado por todas partes, el huerto del Señor como la tierra de Egipto rumbo a Zoar. No vio a Abran. No vio al Abran que lo cobijó cuando era un huérfano. No vio a Abran que lo levantó y lo llevó consigo. No vio a Abran que lo hizo rico. No vio a Abran. A veces nosotros, cuando tenemos conflictos, miramos más nuestros propios intereses que los valores trascendentes de los seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios que se ponen delante nuestro.
A veces nosotros tendemos, en lugar de mirar a la persona con la que tenemos problemas... Pues tengo problemas con Jairo, problemas económicos serios con Jairo, y en lugar de mirar a Jairo, yo miro a Pedro y a Salomé. ¿A ustedes nunca se les ha cruzado Pedro y Salomé en medio de un conflicto económico? ¿Nunca? ¿Ustedes nunca han visto un billete de 500 pesos? En lugar de mirar a Jairo, se me cruza Pedro y Salomé, y no me dejan ver. Y Pedro y Salomé empiezan a hablarme, y no veo el valor de mi hermano, sino que empiezo a ver el valor de los 500 pesos. Quizás no sea Pedro y Salomé; mejor pongamos a Franklin o a Jefferson. ¿No es cierto que vale más todavía? Cuando se me cruza Franklin y Jefferson, menos entiendo, porque me empiezan a hablar en inglés y ya no hay forma de resolver el conflicto. Oye, Tomás, y Tomás empieza a hablarme, ya yo quedo confundido.
Eso es lo que él vio. Y dice el verso 11: "Escogió Lot para sí todo el valle." O sea, no fue: "Abran, mira, dividámonos el valle. Un pedazo para ti, un pedazo para mí. ¿Qué parte quieres? Mira, Abran, a mí me gusta el valle del Jordán. Yo creo que es fantástico. ¿Por qué no nos lo dividimos de tal manera que podamos mantenernos juntos en esta unidad familiar y patriarcal que nosotros hemos tenido desde siempre? Tú eres un padre para mí. Tú me levantaste cuando mi padre Harán falleció. Tú me trajiste contigo. Tú me hiciste prosperar. Estuve bajo tu alero. Hemos caminado juntos. No, lo mío es tuyo y lo tuyo es mío." Es un buen dato, ¿no? "Te voy a gotear: lo tuyo es mío y lo mío es mío." Y eso es lo que sucede. Él escogió para sí todo el valle del Jordán. ¡Todo el valle del Jordán!
Pero lo cierto, hermanos, es que no todo lo que brilla es oro. Porque cuando yo escojo a Pedro y Salomé en vez de a mi hermano, entonces yo estoy estableciendo una nueva relación. Y no todo lo que brilla es oro, porque nos dice al final del verso 12 que Abran se estableció en la tierra de Canaán, en tanto que Lot se estableció en las ciudades del valle y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma. O sea, en un proceso de ir acomodando sus tiendas hasta Sodoma. Y los hombres de Sodoma... Detallito, ¿no? Una cosita de nada. Total, lo importante es que el valle del Jordán es tan rico y me voy a prosperar. Y un detalle: que los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra el Señor... cosita... en gran manera. Pero son unos exagerados los escritores bíblicos. Son malitos, no en gran manera. No todo lo que brilla es oro.
Y hermanos, cuando nosotros revisamos nuestros conflictos, si nosotros hiciéramos el trabajo... porque es seguro que un gran porcentaje de los que estamos en este lugar, de alguna u otra manera, estamos conflictuados con alguien. De alguna u otra manera tenemos o un conflicto comercial, o un conflicto laboral, o un conflicto de intereses personal, o un conflicto con mi cónyuge, o un conflicto con mis hijos. Y yo necesito algún tipo de remedio y reconciliación para mi vida. Algunos hemos aprendido a vivir de esa manera. Hemos aprendido a vivir conflictuados. Hemos aprendido a vivir de esa forma. Pero déjame decirte que, de acuerdo a la Escritura, por lo que yo veo en el contexto de este pasaje, yo descubro que las decisiones que yo tome con respecto a la resolución de conflictos en mi vida y la búsqueda de reconciliación afectarán profundamente mi futuro.
Cuando Abraham buscó lo eterno y se deshizo de lo intrascendente, el Señor le prometió lo eterno. Dice el verso 14: "Y el Señor le dijo a Abraham, después que Lot se había separado de él: Alza ahora tus ojos y mira desde el lugar donde estás hacia el norte, el sur, el oriente y el occidente, pues toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre." Se deshizo de lo intrascendente y consiguió lo trascendente, lo eterno. Se deshizo del conflicto temporal y consiguió la eternidad en su propio corazón.
Rápidamente, hermanos, si nosotros vamos a la última página de la Biblia, esa que nunca han abierto, vayan a la última página de la Biblia. La última, la última, la última, esa a la que nunca han llegado todavía, antes de la concordancia. ¿Había una concordancia? ¡Wow! Sí, sí, ahí, ahí, mira, había una concordancia. Ahí, ahí, ahí, exactamente, porque a veces nos olvidamos, nos olvidamos. Apocalipsis veintidós, los versos 12 y 13 dice: "He aquí yo vengo pronto, y mi recompensa está conmigo para recompensar a cada uno según su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin."
El Señor está por venir, hermanos, y va a entregarnos lo eterno. No te quedes cogiendo lo temporal, no te quedes con lo intrascendente, no te quedes con lo banal. Aprendamos de Abraham, que aprendió a vivir la eternidad. Esa es la realidad que sucedió con Abraham. Abraham se convirtió en bendición, y su historia es de bendición para nuestras vidas.
¿Qué sucedió con el vencedor de este conflicto de intereses? ¿Qué sucedió con Lot? El capítulo 14 nos cuenta que, como él vivía en Sodoma, hubo una guerra entre los reyes de Sodoma y Gomorra, no sé dónde, y él que estaba bien cómodo en Sodoma, lo llevaron prisionero. Así que Abraham tuvo que ir, tomar trescientos hombres de sus siervos e ir al rescate de su sobrino, porque Abraham no guardaba rencores. Eso también es importante en todo acto de reconciliación. Así que Abraham tuvo que ir y rescatar a su sobrino Lot con todas sus posesiones. ¿Y entonces vivió feliz y contento? No, señores.
Nos cuenta la historia más adelante, en Génesis 19, que el Señor decide destruir Sodoma y Gomorra porque eran pecadores. ¿Y qué sucede? Abraham tiene que interceder por Lot, y ángeles son enviados debido a la intercesión de Abraham, y son rescatados. Abraham, perdón, Lot es rescatado con sus hijas. Su esposa se queda en el camino por desear Sodoma más que la liberación. Y las últimas palabras del vencedor Lot son que él ya no habitaba en el valle, sino que habitaba en los montes, y que escondido en una cueva, sin propiedades, sin bienes, sin solemnidad, en completa soledad, la historia acaba viendo un terrible acto de incesto entre él y sus hijas. Lo último que sabemos del vencedor Lot, que creyó que en este conflicto de intereses se había embolsado la mejor parte.
Hermanos, si queremos vivir bajo el alero del Dios que nos ha reconciliado consigo mismo, tenemos que vivir bajo la seguridad de que esos mismos principios que llevaron a Cristo a la cruz son los mismos principios que rigen nuestras vidas en el manejo de nuestros conflictos. Busquemos lo trascendente, seamos desprendidos, démosle la gloria a Dios en el mundo, y el Señor nos va a bendecir y nos va a hacer agentes de verdadera reconciliación en medio de las situaciones de nuestra vida.
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José «Pepe» Mendoza es predicador, escritor y profesor, y autor del libro Proverbios para necios: Sabiduría sencilla para tiempos complejos (Vida, 2024). Ha servido como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en la República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú, donde enseña en el Instituto Integridad & Sabiduría y colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary. También trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y juntos son padres de su hija Adriana.