Integridad y Sabiduria
Sermones

El triunfo de Cristo motiva mi santificación

Miguel Núñez 16 mayo, 2021

El triunfo de Cristo sobre el pecado, la muerte y todo principado no es solo una verdad doctrinal para admirar, sino el fundamento que debe impulsar nuestra santificación. En 1 Pedro 3:18-22, el apóstol presenta la obra completa de Cristo: su muerte en la cruz donde el justo murió por los injustos, su proclamación de victoria a los espíritus encarcelados que pecaron en tiempos de Noé, su resurrección que sella nuestra salvación, y su sesión a la diestra del Padre donde le fueron sometidos ángeles, autoridades y potestades. Este triunfo no queda en el pasado; tiene implicaciones directas para cómo vivimos hoy.

Pedro conecta este triunfo con un llamado urgente: si Cristo sufrió en la carne para librarnos del pecado, nosotros debemos armarnos con la misma actitud, dispuestos incluso a sufrir antes que pecar. El pastor Núñez cita a James Guthrie, mártir puritano que antes de morir escribió: "El pecado y el sufrimiento me han sido ofrecidos como alternativas, y yo he elegido el sufrimiento." Esta debe ser nuestra disposición. Ya tuvimos suficiente tiempo viviendo en sensualidad, lujurias y desenfreno; ahora la voluntad de Dios debe ser el único timón de nuestra vida.

Que el mundo nos insulte por ya no correr con ellos en el mismo desenfreno no debe sorprendernos. Pero recordemos: quienes hoy nos juzgan por vivir en santidad, un día rendirán cuentas ante Aquel que está preparado para juzgar a vivos y muertos. La pregunta no es si queremos conocer la voluntad de Dios, sino si estamos dispuestos a hacerla.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Señor, mientras cantábamos más tempranamente, tú traías a mi mente un pasaje. Cuando me decías, cuando tú dijiste a Moisés: "Saca al pueblo para encontrarse con tu palabra." Y recuerdo que uno de los manuscritos más antiguos no dice "contigo," aunque era contigo, pero el escrito dice "con tu palabra." Inmediatamente después, tú mandas al pueblo a consagrarse porque el día siguiente tú darías tu ley. Padre, tú has revelado la necesidad que tiene tu pueblo de prepararse para encontrarse contigo, y nosotros estamos al punto de encontrarnos con tu palabra. Nosotros la leemos muchas veces como si fuera otro libro, como si fuera otro devocional, y se nos olvida que ella te representa. Se nos olvida que ella es igualmente santa como tú eres santo. Se nos olvida que cuando nos paramos a leer tu palabra, a exponer tu palabra, es delante de ti que nos estamos parando.

Señor, como cantábamos, cuánta iniquidad había en la vida de tus hijos, que si tú las contaras, quién pudiera permanecer de pie. Señor, nosotros hemos iniciado como iglesia un tiempo de ayuno y oración, pero no es tanto como para que tú nos des cosas, sino para buscar tu rostro, para que tú escudriñes nuestras mentes, para que tú pases una película delante de nuestros ojos y nos dejes ver todas y cada una de las cosas con las cuales yo necesito, tú necesitas lidiar delante de Dios. Nosotros podamos recordar que antes de pedir, tenemos que lidiar con nuestro propio corazón, como nos recordaba el pastor Joel.

Perdona la liviandad en la vida de muchos de tus hijos. Perdona que la vida eterna ha perdido valor y la vida temporal ha cobrado vigor. Perdona, Dios, que las cosas de este mundo brillan y atraen mucho más, muchas veces, que las cosas del mundo venidero. No es tu culpa, no es que tú le has restado brillo a lo que nos espera, es que yo he ido quedando ciego como el que tiene cataratas y ahora no ve bien.

Antes de exponer tu palabra, yo te pido, Dios, que tú remuevas las cataratas de nuestros ojos, los ojos del corazón, los ojos del entendimiento, y tú nos permitas ver tu santidad, ver nuestra iniquidad, ver el triunfo de Cristo como un llamado a una mayor santificación. Y ayuda a tu siervo porque él mismo está en necesidad de que tú lo santifiques, que tú lo fortifiques, que tú lo levantes, lo sostengas en esta hora, porque para esto tú me llamas en este momento. Amén.

Si el pueblo dice amén, puede abrir la primera epístola del apóstol Pedro, el capítulo 3. Vamos a estar leyendo prontamente, pero no todavía; necesito introducir el pasaje. Este pasaje le da continuación, obviamente, al mensaje del domingo anterior. Es un pasaje que presenta cierta dificultad de interpretación, lo ha hecho con múltiples exégetas a lo largo de cientos de años. De manera que si este ha sido un pasaje que ha dado lugar a mucha discusión, nosotros necesitamos de la asistencia del Espíritu de Dios para que ilumine nuestro entendimiento en la medida en que nosotros trabajemos sobre él. Yo le decía a uno de nuestros ancianos entre cultos que mientras predicaba en el mensaje anterior, yo me sentía que estaba caminando sobre huevos por la dificultad hermenéutica de algunos de estos textos.

A manera de introducción, yo quiero recordarte cosas que hemos dicho en el pasado, y es que textos oscuros de la Palabra de Dios necesitan ser vistos a la luz de textos más claros que hablan de lo mismo. También quiero recordarte que todo el Antiguo Testamento tiene que verse a la luz del Nuevo Testamento. Y en tercer lugar, que es mucho más fácil entender el Antiguo Testamento una vez tú entiendes el Nuevo Testamento. Y la razón es que el Nuevo Testamento estaba escondido en el Antiguo Testamento, y es la razón por la cual la gente del pasado anterior a Cristo tuvo tanta dificultad en entender las cosas que habrían de venir. Y de la misma forma, el Antiguo Testamento es revelado en el Nuevo Testamento, y eso es lo que hace más fácil entender el Nuevo para regresar al Antiguo y entonces poder ver lo que otros no pudieron ver de forma más clara.

El título de mi mensaje en la mañana de hoy es: "El triunfo de Cristo motiva mi santificación." De manera que sea lo que sea que yo voy a decir en esta mañana, de alguna forma yo tengo que hablar del triunfo de Cristo, de alguna forma yo tengo que hablar de nuestra santificación, y de alguna manera yo tengo que unir, relacionar, las dos cosas. Y lo que yo quiero hacer entonces es dividir mi título del mensaje en dos, y voy a dividir el pasaje que vamos a cubrir también en dos, de manera que en 1 Pedro 3, del versículo 18 al 22, yo pueda ver el triunfo de Cristo, y en la misma carta pero ya en el capítulo 4, del versículo 1 al 6, yo pueda ver de qué manera ese triunfo motiva o debe motivar mi santificación.

Y con eso yo quiero que podamos leer 1 Pedro 3, versículo 18 hasta el 22: "Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, muerto en la carne pero vivificado en el espíritu. En el espíritu también fue y predicó a los espíritus encarcelados, quienes en otro tiempo fueron desobedientes cuando la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé, durante la construcción del arca, en la cual unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvadas por medio del agua. Y correspondiendo a esto, el bautismo ahora los salva a ustedes, no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia, mediante la resurrección de Jesucristo, quien está a la diestra de Dios, habiendo subido al cielo después de que le habían sido sometidos ángeles, autoridades y potestades."

En el texto que yo acabo de leer nosotros podemos ver la obra y el triunfo de Cristo de la manera siguiente: lo podemos ver en la crucifixión en el versículo 18, lo podemos ver en la predicación de Cristo a unos espíritus encarcelados en los versículos 19 y 20, lo podemos ver en la resurrección de Cristo en el versículo 21, y lo podemos ver en la sesión de Cristo, cuando Cristo se sentó a la diestra del Padre.

En la cruz, versículo 18, el justo murió por los injustos. Yo creo que eso está claro: aquel que no conoció pecado fue hecho pecado para que nosotros pudiéramos llegar a ser justicia de Dios en él. Él sufrió en la carne, como dice el texto, y allí en la cruz él murió. Pero cuando murió, murió básicamente su cuerpo mortal, su cuerpo humano; el espíritu de Cristo no murió, como claramente Lucas nos deja ver en el capítulo 23, versículo 46, cuando Cristo estaba allá a punto de morir, cuando él dijo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu." Esa muerte fue necesaria porque había una deuda moral. Desde que Adán y Eva pecaron contra Dios, alguien tenía que pagar por dicha deuda, ya que el mundo entero, toda la creación, había quedado bajo condenación. Y allí Cristo ofreció su sangre, de manera que allí en la cruz él triunfó sobre el pecado, habiendo vivido y habiéndose ofrecido sin nunca haber pecado, y lo hizo por el pecado de nosotros. Hay triunfo.

De su predicación a espíritus encarcelados, los versículos 19 y 20 nos dicen que en algún tiempo posterior a la cruz de Cristo, porque en el espíritu que sobrevivió a la muerte de la cruz, en ese mismo espíritu el texto dice que él fue y predicó a espíritus encarcelados. Ahora, la palabra traducida como "predicó" no es la palabra euangelizo, que tiene que ver con evangelizar para salvación, sino que es la palabra griega kerusso, que tiene que ver con proclamar. De manera que en el espíritu que sobrevivió la muerte, el espíritu que él entregó al Padre, en ese mismo espíritu él fue y predicó, proclamó más bien, a espíritus encarcelados.

La pregunta que tenemos que hacernos entonces para comenzar: ¿qué fue lo que predicó? Porque no fue a predicar salvación. No, él predicó su victoria, la victoria sobre el pecado y la victoria que pronto quedaría sellada en la resurrección. Y lo hizo a unos espíritus encarcelados. Escúchalo otra vez, versículo 20: "Quienes en otro tiempo fueron desobedientes cuando la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé, durante la construcción del arca, en la cual unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvadas por medio del agua."

El texto hace referencia a unos espíritus, queremos amplificar eso, que en los tiempos de Noé, mientras Dios tenía paciencia por ciento veinte años mientras Noé iba construyendo el arca, mientras Dios tenía paciencia con toda aquella generación, estos espíritus pecaron grandemente y fueron encarcelados. Y los académicos han debatido por años el significado de este texto.

Pero si te vas al Antiguo Testamento, recuerda que hemos dicho que el Antiguo Testamento tiene que verse a la luz del Nuevo Testamento. Nos vamos a ir al Antiguo Testamento, y en Génesis 6:2 nosotros leemos que hubo un momento justo antes del diluvio, pero antes de Noé y el arca. Se nos dice que los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres, se unieron en sentido íntimo, se unieron a las hijas de los hombres, y que ellos procrearon, dieron lugar a una raza que en el libro de Génesis se describe como una raza de gigantes. De esos espíritus nos habla Pedro en su primera carta, Pedro en su segunda carta, y Judas en su carta. De manera que esto es lo que estamos haciendo: estamos tomando el Antiguo Testamento y lo estamos poniendo a la luz del Nuevo Testamento.

Pero resulta que cuando Judas escribe de estos espíritus encarcelados que pecaron en la época de Noé, por alguna razón cita el libro de Enoc. El libro de Enoc no es necesariamente un libro apócrifo, pero fue un libro que los judíos aceptaron como un libro que podía darles cierto entendimiento de ciertas cosas, y que la comunidad cristiana aceptó por varios cientos de años al inicio. Enoc es el séptimo desde Adán, la séptima generación. Enoc fue el hombre que caminó con Dios, esto dice el libro de Génesis, y en un momento dado Dios se lo llevó justamente por la relación que Enoc guardó con Dios.

De acuerdo a ese libro de Enoc, de forma clara, lo que ocurrió fue que ángeles creados en un momento dado para ser guardados en santidad abandonaron su dignidad, fueron y se juntaron a hijas de los hombres hermosas, y ellos dieron origen a estos gigantes. Esa fue la tradición que el pueblo judío aceptó por cientos de años, por lo menos hasta el segundo siglo de nuestra era. Esa es la tradición que el pueblo cristiano aceptó por lo menos hasta el siglo quinto de nuestra era, y es la explicación que la mayoría de los académicos sostienen hoy en día.

Cuando tú lees lo que Pedro dice en esta primera carta, lo que Pedro dice en la segunda carta y lo que Judas dice en su carta, de manera que Jesús fue, entre su crucifixión y su resurrección, en el espíritu y les predicó, o más bien, les proclamó a estos espíritus encarcelados que habían pecado en esa época. Les proclamó su victoria porque ellos no eran ni omnipresentes ni omniscientes para saber que Él había triunfado sobre el pecado, triunfaría el domingo sobre la muerte, y ellos necesitaban reconocer, escuchar como parte de su condenación, que su juicio había quedado sellado porque el Hijo de Dios había triunfado. Estos ángeles no se sometieron a la autoridad de Dios, no se sometieron a la autoridad de Cristo, el Capitán del ejército celestial.

De manera que en el versículo 18 se nos habla de la obra y el triunfo de Cristo en la cruz. En los versículos 19 y 20 se nos habla de la proclamación de ese triunfo a espíritus encarcelados. En el versículo ahora 21 se nos habla del triunfo de Cristo en su resurrección.

Lo que Pedro hace es que en el versículo anterior al 21 nos habla de la salvación que Dios trajo a ocho personas por medio del arca en medio de las aguas, y entonces compara nuestro bautismo, literalmente lo compara con las aguas del diluvio. Y nos dice que de la misma manera que el arca fue como el símbolo externo de la salvación espiritual que Dios trajo a esas ocho personas, nuestro bautismo es el símbolo externo de la salvación que Dios ha traído, la salvación interna que Dios ha traído a mi alma.

Escucha cómo la Nueva Biblia de las Américas lo dice: "Y correspondiendo a esto, el bautismo ahora los salva a ustedes, no quitando la suciedad de la carne." De manera que aunque Pedro comienza diciendo "el bautismo los salva a ustedes", inmediatamente trae la corrección: no quitando la suciedad de la carne, no quitando el pecado, porque el bautismo no hace eso, sino como una petición a Dios de una buena conciencia mediante la resurrección de Jesucristo.

El bautismo es como el testigo, el testimonio de una buena conciencia que ha ido a las aguas del bautismo a testificar que ha creído, que ha aceptado, que ha recibido a Cristo como Señor y Salvador. Y entonces él, la persona que hace esta confesión, está testificando por medio del bautismo acerca de su salvación, como el arca testificaba acerca de la salvación de aquellas ocho personas que estaban dentro de ella. Pero en realidad la salvación viene, ahí está al final del versículo 21, mediante la resurrección de Jesucristo.

El apóstol Pablo claramente dice en 1 Corintios 15 que si Cristo no hubiese resucitado, tú y yo todavía estaríamos en nuestros pecados. De manera que aunque la cruz de Cristo fue necesaria para el perdón de pecado, la salvación requería todavía la resurrección, y mediante esa resurrección Cristo nos trajo salvación.

El triunfo de Cristo en la cruz, el versículo 18. La proclamación del triunfo de Cristo, los versículos 19 y 20, a espíritus encarcelados. El triunfo de Cristo en la resurrección con la consecuente salvación nuestra. Y el versículo 22, en su ascensión, cuando se sentó a la diestra del Padre, Él proclamó su triunfo, porque allí Él fue reconocido con autoridad sobre todo ser creado.

Escucha quién está a la diestra de Dios, versículo 22: "Habiendo subido al cielo, después de que le habían sido sometidos ángeles, autoridades y potestades." Cuando Cristo se sienta a la diestra del Padre, en ese momento Él ocupó una posición de honor, Hechos 5:31. Él ocupó una posición de poder, Mateo 26:64. Él ocupó una posición de preeminencia, Efesios 1:21. Él ocupó una posición de autoridad, Hebreos 1:3. Él ocupó una posición de intercesión, Romanos 8:33-34. De manera que la posición a la derecha del Padre, el sentarse a la derecha, es simbólico justamente de autoridad, de poder, de dominio, de soberanía, de honor y de intercesión.

No es el triunfo de Cristo mencionado ahora al final del capítulo 3 con el que Pedro cierra. Pedro entonces comienza a hablarnos en el capítulo 4 de qué forma dicho triunfo debiera motivar nuestra santificación. Y nota cómo Pedro une los dos pasajes, porque él comienza el versículo 1 del capítulo 4 con un "por tanto", por consiguiente, dado lo que yo acabo de hablar acerca de la cruz, de la proclamación del triunfo, de la resurrección y además de la ascensión de Cristo.

Dado todo eso, por tanto, dice Pedro: "Puesto que Cristo ha padecido en la carne, ármense también ustedes con el mismo propósito, pues el que ha padecido en la carne ha terminado con el pecado, para vivir el tiempo que le queda en la carne." Escucha: "Para vivir el tiempo que le quede en la carne ya no para las pasiones humanas, sino para la voluntad de Dios. Porque el tiempo ya pasado les es suficiente para haber hecho lo que les agrada a los gentiles, habiendo andado en sensualidad, lujurias, borracheras, orgías, embriagueces y abominables idolatrías. Y en todo esto se sorprenden de que ustedes no corran con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y los insultan. Pero ellos darán cuenta a Aquel que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos. Porque con este fin fue predicado el evangelio aún a los muertos, para que aunque sean juzgados en la carne como hombres, vivan en el espíritu conforme a la voluntad de Dios."

Esta porción de Pedro, el capítulo 4 de 1 Pedro, también tiene ciertas dificultades, pero hay varias enseñanzas que necesitamos recoger.

Enseñanza número uno: Si Cristo sufrió en la carne con la intención de librarnos del pecado, ahora nos toca a nosotros, si es necesario, sufrir para alejarnos de dicho pecado. Yo te leí el texto de la Nueva Biblia de las Américas, te lo voy a leer de la Nueva Traducción Viviente: "Por lo tanto, ya que Cristo sufrió dolor en su cuerpo, ustedes prepárense adoptando la misma actitud que tuvo Él, y estén listos para sufrir también, pues si han sufrido físicamente por Cristo, han terminado con el pecado."

La palabra traducida por la Nueva Biblia de las Américas como "ármense" es una palabra, es una metáfora militar, para referirse a alguien que se viste de una manera particular para la guerra. De manera que Pedro nos estaba diciendo: vístanse de una manera particular para una guerra, para una lucha, porque Cristo luchó en la carne y luchó en la carne para traerles libertad de pecado. Entonces nosotros debiéramos armarnos con el mismo propósito, dice el texto, que es otra forma de decir: nosotros debiéramos armarnos con la misma actitud, debiéramos tener el mismo valor o coraje, la misma intencionalidad de estar listos para sufrir, para rechazar el pecado si fuese necesario.

Quizás esta cita de James Guthrie, uno de los mártires y puritanos del siglo de los años de 1600, quizás nos ayuda a entender lo que Pedro está tratando de decirnos. Justo antes de morir, él escribió lo siguiente: "Queridos amigos, acepten esta copa de sufrimiento como yo lo he hecho, en vez de pecar, porque el pecado y el sufrimiento me han sido ofrecidos como alternativas." Tú puedes sufrir y morir como mártir, o tú puedes rechazar a tu Cristo y pecar. Porque el pecado y el sufrimiento me han sido ofrecidos como alternativas, y yo he elegido el sufrimiento. En esencia es lo que Pedro nos está diciendo.

El versículo uno del capítulo cuatro termina diciendo que aquel que ha sufrido en la carne ha terminado con el pecado, pero no nos está diciendo que nosotros no vamos a volver a pecar, no es la idea. Lo que Pedro sí está diciendo es que si Cristo sufrió en la carne para librarme de pecado, yo debo tener la misma actitud para poder librarme del pecado que Él pagó. Entonces se supone que yo debo hacer cada esfuerzo para terminar con el pecado. Debiera haber una rotura con el pecado, como cuando tú tienes un pacto de paz, un tratado de paz con otra nación, y tú rompes el pacto de paz con esa nación, de manera que de ahí en adelante tú no vas a continuar caminando con dicha nación en paz ya.

Pues hubo un momento en el que tú y yo teníamos como un pacto de paz con el pecado. Nosotros vivíamos en pecado, disfrutábamos el pecado, practicábamos el pecado, buscábamos pecar, pagábamos para pecar, gastábamos para pecar. Teníamos un pacto de paz, estábamos felices y contentos con el pecado. Y nos está diciendo que ahora que Cristo ha hecho eso, tú necesitas terminar con el pecado, romper ese pacto de paz, de manera que ahora tú entres como en guerra con el pecado con el que tú estabas en paz.

Si Cristo estuvo dispuesto a hacer lo que hizo para librarnos a nosotros, y nosotros somos los beneficiados, pues es como incongruente o irracional que Cristo se haya sacrificado de esa manera y que nosotros no hagamos nuestro mejor esfuerzo para alejarnos de aquello por lo cual Cristo murió. Si Cristo llegó hasta el fin dando su vida para librarte del pecado, es incongruente e irracional que yo no haga mi mejor esfuerzo para alejarme de aquello por lo cual Cristo dio su sangre.

William McDonald, en su comentario sobre este texto, dice: "Cuando un hombre sufre porque él rehúsa pecar, ya él no está controlado por la voluntad de la carne." Y si no estamos controlados por la voluntad de la carne, ¿qué es lo que nos controla?

Versículo dos y segunda enseñanza. La enseñanza es que después de venir a Cristo, la voluntad de Dios debe ser el timón de la vida del cristiano hasta que entre en gloria. Después de venir a Cristo, lo único que debe dirigir tu vida es la voluntad de Dios, ninguna otra cosa. Ningún razonamiento humano, ninguna idea humana, ninguna lógica humana, solamente la voluntad de Dios.

Escucha cómo Pedro lo dice en el versículo dos del capítulo cuatro: "Para vivir el tiempo que le queda en la carne, no ya para las pasiones humanas, sino para la voluntad de Dios." Independientemente de si te quedan seis días, seis semanas, seis meses, seis años o seis décadas de vida, Pedro dice: en el momento en que tú le entregaste tu vida a Cristo, hay una sola cosa que debe dominar tu vida, consumir tu vida, dirigir tu vida, sostener tu vida, empujar tu vida, y es la voluntad de Dios.

Nosotros afirmamos con los labios que la voluntad de Dios es buena y agradable, pero vivimos como si fuera mala y desagradable, imperfecta y desagradable. Y eso lo decimos, no con palabras, lo decimos en acciones. Lo decimos cuando en vez de someternos, nos rebelamos. Lo decimos cuando en vez de darle gracias a Dios, cuestionamos su obra. Lo decimos cuando en vez de hacer su voluntad, hacemos la nuestra.

El ser humano ha mostrado desde la época de Adán y Eva que es tan obstinado en hacer su voluntad, que cuando Dios comienza a oponerse a nuestra voluntad, nosotros tratamos por todos los medios de ver de qué forma Dios nos puede dejar hacer nuestra voluntad. El mejor ejemplo de eso, la mejor ilustración de eso, está en la Biblia.

Balaam era un profeta de Dios, se suponía. Balaam era un profeta para el pueblo de Israel. Los moabitas eran los enemigos de los israelitas. En un momento dado, los moabitas tienen un rey de nombre Balac. Y Balac quiere que Balaam, profeta de Israel, maldiga al pueblo de Israel de manera que él pueda ganar la batalla. Entonces Balac manda emisarios a Balaam para que él maldiga al pueblo, y Balaam le dice: "No, porque imagínate, yo no puedo hacer eso, porque Dios no me va a permitir hacer eso."

Los emisarios regresan a Balac, le cuentan a Balac, y Balac dice: "Bueno, pues mira, aquí va, envíale más dinero, más oro, más prendas, más de todo." Y de hecho: "Voy ahora con estos otros emisarios de mayor jerarquía." Cuando llegan a Balaam y le presentan eso, Balaam dice, lo voy a poner en mis palabras, pero este es el hecho: "Ah, o sea, ¿todo esto ahora para que yo maldiga al pueblo? Dame tiempo para rogarle a Dios a ver si me permite maldecir a los israelitas."

Balaam comienza aparentemente a querer manipular la voluntad de Dios para que Dios le deje hacer su voluntad. Y Dios dice: "Está bien, puedes maldecirlos. Bueno, porque me dijeron que fuera con ellos ahora donde Balac, ¿tú quieres ir donde Balac? Así, vete." Y camino allá él se encuentra con Balac. ¿Y tú sabes lo que pasó? Que el capitán de los ejércitos celestiales, el Ángel de Jehová, le paró medio a medio a la burra. Y la burra le habló a Balaam, y resulta que la burra tuvo más sentido común que el burro que la iba montando. Porque él se puso de tú a tú, burra con burro.

Mira lo obstinado que el ser humano es. Hasta el punto que finalmente, cuando Balaam no pudo maldecir al pueblo de Israel porque Dios no se lo permitió, Balaam instruyó a Balac de que permitiera orgías entre las mujeres moabitas, se las ofrecieran a los israelitas, y que ellos tuvieran orgías. Y con eso el pueblo se distrajo, él perdió la batalla, porque Dios maldijo al pueblo por su inmoralidad sexual. Así de obstinado es el ser humano.

Nosotros necesitamos aprender, recordar. Más que aprender, recordar las palabras de Dios para Pablo en un momento dado, cuando Pablo está dando testimonio al rey Agripa en el libro de los Hechos, capítulo 26. Pablo le está contando al rey Agripa con un poco más de detalle, cosas que él no había contado en las ocasiones anteriores. Pablo cuenta su testimonio en el libro de los Hechos tres veces. En esta ocasión él da un poco más de detalle y dice: "La voz que me habló me dijo: Saulo, dura cosa es dar coces contra el aguijón, dar coces contra el aguijón."

El aguijón era un instrumento puntiagudo que se colocaba detrás de las patas de los animales de carga cuando les estaban entrenando, de manera que cuando ellos patearan en rebeldía, se chocaran con el instrumento puntiagudo y les doliera más y les causara ciertas heridas. De esa misma manera, nosotros pateamos contra la voluntad de Dios, nos duele más, y con el dolor traemos más consecuencias sobre nosotros. Hallamos a Dios y pateamos la voluntad de Dios.

Dice Chuck Swindoll en su libro "El misterio de la voluntad de Dios" que nuestro problema con la voluntad de Dios no es conocerla, no es conocimiento, es falta de pasión. Ni siquiera falta de pasión por la voluntad, falta de pasión por el Dios de la voluntad.

Yo creo que si preguntáramos aquí, no lo voy a hacer ahora, pero si preguntáramos aquí: "¿Cuántos de nosotros quisiéramos conocer la voluntad de Dios para nosotros por los próximos 15, 20, 30 años?", yo creo que todos levantaríamos la mano. Pero esa no es la pregunta que tendríamos que hacer, sino: "¿Cuántos de nosotros quisiéramos saber la voluntad de Dios para hacer la voluntad de Dios?" Yo creo que ahí entonces sería: "¿Quién quiere conocer la voluntad de Dios?" y todo el mundo se arriba. Entonces viene Dios: "¡Pray! Aquí en la voluntad para cada uno de forma personal." Y ahora: "¿Cuántos de ustedes quieren hacer esa voluntad ya revelada?" y comienzan las manos a bajarse.

Ese no fue el ejemplo que Cristo dejó. Cristo vino a hacer su voluntad. Él quería conocer la del Padre: "Que se haga tu voluntad y no la mía." Pero él quería conocerla para luego ir a hacerla, y la hizo.

El estar listo para hacer la voluntad de Dios requiere adaptaciones y cambios. Entonces nosotros... Yo recuerdo cuando no quería venir a Santo Domingo a vivir y hacer lo que ahora hago con mucho gusto, eso requirió cambios. Yo tuve que cambiar, y nosotros tenemos que cambiar nuestra forma de pensar, nuestras circunstancias, nuestras relaciones, porque las malas costumbres corrompen la buena moral, Primera de Corintios 15:33, nuestros compromisos, nuestras acciones, y muchas veces incluso nuestras creencias, vocaciones y nuestra situación geográfica. "Vete de tu tierra y de tu parentela." Eso fue lo que Dios le dijo a Abraham, por así decirlo, para hacerme tu voluntad. "Acá abajo de Egipto, allí te haré una gran nación, una gran nación." "Pues hazme aquí entonces." "No, mi voluntad es allí. O allí o no la tienes." Y acá bajó.

Enseñanza número tres. Yo la voy a poner como el lenguaje dominicano y luego te la voy al texto: ya basta de andar en pecado. El versículo tres nos hace una lista. Te lo voy a leer a ver, de pecados típicos de nosotros cuando andábamos en la carne, pero lamentablemente muchas veces típicos de nosotros después de andar, de suponer de andar en el Espíritu, después de venir a Cristo.

Escucha el versículo tres: "Porque el tiempo ya pasado les es suficiente para haber hecho lo que les agrada a los gentiles, habiendo andado en sensualidad, lujurias, borracheras, orgías, embriagueces y abominables idolatrías."

El mismo versículo en la Nueva Traducción Viviente: "En el pasado han tenido más que suficiente de las cosas perversas que les gusta hacer a los que no tienen a Dios", pero eso era uno, "nosotros en un momento: inmoralidad y pasiones sexuales, parrandas, borracheras, fiestas desenfrenadas y abominable adoración a ídolos."

Es como si Pedro estuviera diciendo: "Ya basta de lucir..." No sé cómo el pastor Joel lo dijo en su oración, pero ya basta de lucir como un hijo de ira en vez de un hijo de Dios. Y yo creo que él decía algo así como que a veces lucimos más como perdidos en vez de redimidos. Eso es lo que Pedro está diciendo: ya basta, ya tuvimos suficiente de eso, ya como que el diezmo lo entregamos, ya soltó la rienda, ya como que disfrutamos la carne. Ahora yo necesito alimentar el espíritu. El día de hoy es de la carne, este no es el tiempo de la carne.

Y ya nosotros vemos esa lista que Pedro hacía ahí y nos parece como un poco extremista y decimos: "Bueno, ya no participo de esa borrachera, de esas orgías." Pero honestamente, sensualidad es amplísimo ese término. Cosas desenfrenadas, cuando habla de fiestas desenfrenadas, ese término también es amplísimo, porque es en esencia la celebración de los placeres de la carne que habitan en nosotros.

Pero es una gran paradoja tratar de encontrar la voluntad de Dios y al mismo tiempo querer disfrutar de los placeres de la carne. Esas dos cosas existen en campos opuestos. Aquí la voluntad de Dios, aquí los placeres de la carne. Cuando estás aquí, no ves esto, ni lo quieres, ni lo deseas. Y si lo ves, no lo haces. Cuando estás aquí, te alejas de lo que está aquí. Tan lejos como el occidente está del oriente, así está la voluntad de Dios del pecado de nosotros. De hecho, cuando estamos en pecado, la única porción de la voluntad de Dios que nosotros pudiéramos ver es la necesidad de arrepentirnos para volvernos a Él.

Ahora, cuando Pedro escribía a estos hermanos, yo estoy convencido, porque he leído su segunda carta, la prediqué aquí por semanas. Ahora estamos en la primera carta y tenemos 13 mensajes en la primera carta y no terminamos. De manera que en la medida que tú te adentras en el estudio de la carta, tú vas como sintiendo el corazón del autor. Yo estoy convencido: Pedro no está escribiendo estas cosas como un apóstol que está a punto de traer juicios sobre los hermanos. Les está escribiendo como un pastor que le duelen las consecuencias de sus ovejas que están ahora distanciadas porque están esparcidas, están en la diáspora. Y sabe que en la lejanía del cuerpo de Cristo está el peligro, y que habiendo abrazado la cruz, han comenzado a alejarse de la fe.

Escucha lo que él dice en su segunda carta, que es como una continuación de lo que él está diciendo en la primera. En la segunda carta, capítulo dos, versículos 21 y 22: "Pues hubiese sido mejor para ellos no haber conocido el camino de la justicia, que habiéndolo conocido, apartarse del santo mandamiento que les fue dado. Les ha sucedido a ellos según el proverbio verdadero: el perro vuelve a su propio vómito, y la puerca lavada vuelve a revolcarse en el cieno."

Pero está diciendo, yo creo que con corazón dolido, hubiese sido mejor que no hubiesen abrazado la cruz, que abrazarla y luego volverse a sus pasiones carnales. Y para ilustrarlo de una forma que pudiera parecer casi hasta grotesca, habla de cómo el perro vuelve a su vómito. Es como la yaca.

Enseñanza número cuatro. Cuando tú sales de ese camino de pecado en el que todavía estás en el mundo, y emprendes un nuevo caminar de piedad, resulta que el mundo o las personas que te conocían en el mundo de pecado y que ahora te ven en el otro camino, a ellos les resulta chocante. Les resulta chocante y hasta te condenan. Escucha cómo lo dice el versículo cuatro: "Y en todo esto se sorprenden de que ustedes no corran con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y los insultan." Nuestro rechazo a no querer seguir por el mismo camino hace que algunos quieran insultarnos, acusarnos. Unos nos acusan y dicen que nos volvimos locos, porque dicen que la gente no puede comprometerse tanto con la iglesia, porque les venía el pelo a la cabeza. Personas de aquí, a conocidos, les han dicho eso. Otros le dicen que ahora es un fanático, porque ahora es todo "es de la Biblia, es de la Biblia", como si todo fuera la Biblia. De hecho, a mí mismo, en una ocasión hace años, alguien me dijo: "Pastor, pero no todo es la Biblia, ¿no?" Para otros somos unos aburridos porque no hacemos fiestas, y para otros vivimos en el siglo pasado. Y decía: "Bueno, no, el siglo pasado fue el otro día, la mayoría de los que están aquí estuvieron vivos en el siglo pasado, no en el ante pasado en el que estamos." Para muchos, nos insultan.

Bueno, no nos debe extrañar, porque cuando Cristo vino, Él representaba la luz y los hombres amaron más las tinieblas que la luz. Nosotros estábamos en tinieblas y de hecho éramos tinieblas, le dice Pablo a los efesios, creo. Y por tanto, ahora que somos luz, pues no nos debe extrañar que las tinieblas no nos amen, no nos debe extrañar que nos condenen por andar en santidad de parte de aquellos que andan en iniquidad. El texto de hoy nos recuerda que nosotros ahora somos luz, y no se justifica. Podemos entender mejor que las tinieblas rechacen la luz; lo que es ilógico e incongruente es que la luz ame las tinieblas.

Enseñanza número cinco. El mundo que nos juzga por vivir en santidad, llegará el día cuando Dios lo juzgará por vivir en iniquidad. El mundo hoy nos juzga por vivir en santidad, pero llegará el día en que Dios los juzgará a ellos por vivir en iniquidad. Versículo 5, capítulo 4 de Primera de Pedro: "Pero ellos darán cuenta a Aquel —con mayúscula— que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos."

La mayoría de los hombres le tienen miedo a los hombres —seres humanos, me refiero—. Le tienen miedo a los hombres, y por tanto tienden a conformarse a las ideas de los hombres, lo que los hombres llaman "peer pressure" en inglés, la presión de grupo. Todo el mundo lo hace, todo el mundo quiere, entonces cómo no conformarse a ellos, porque nadie quiere sentirse como que no pertenece al grupo, nadie quiere sentirse como fuera de moda. Y lamentablemente no solamente individuos se adaptan a formas de pensamiento de individuos, sino que hoy en día naciones temen el juicio de Naciones Unidas y se conforman a sus injerencias. Pero no podemos olvidar que hay un día de rendición de cuentas para el individuo, para naciones enteras y para Naciones Unidas.

Por ahora Dios parece todo benevolente, Dios parece solamente misericordioso, Dios parece olvidadizo de lo injusto, Dios parece permisivo del pecado, pero llegará el día cuando los libros serán abiertos, y donde los hombres, las naciones y las instituciones que forzaron a los hombres y a naciones a ir en una dirección serán juzgados, y su juicio será grande.

La maldad del hombre ha ido aumentando de tal manera que el hombre ya no se conforma con pecar de manera individual, sino que él quiere que las naciones le reconozcan el derecho legal para pecar. Y tú tienes ahí toda la ideología de género y todo lo que se ha hecho con el aborto y el derecho a la vida o el no derecho a la vida. No, yo no solamente me conformo con que yo peque, yo quiero que me reconozcan el derecho y me celebren el derecho de yo pecar a nivel nacional. Pues el pecado se vuelve nacional. Pero ahora resulta que las naciones no se conforman con pecar de manera nacional e individual, sino que las naciones poderosas quieren forzar a otras naciones a pecar con ellas. Y ahora tampoco nos conformamos con que esta nación del norte quiera forzar a esta nación del sur a pecar con ella, sino que tenemos a Naciones Unidas para presionar de forma colectiva a naciones individuales. Cualquier parecido con la situación actual no es coincidencia. "Pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos."

Enseñanza número seis. En vista del juicio venidero, el satisfacer fue predicado a una persona que el mundo juzgó y que hoy están muertas, pero que en el día de mañana vivirán para siempre conforme a la voluntad de Dios. Déjame leerte en la Nueva Biblia de las Américas y luego en la Nueva Traducción Viviente. "Porque con este fin" —¿cuál fin?, el que acabamos de decir, ¿y cuál fue el fin que acabamos de mencionar?, que hay un juicio final— "porque con este fin fue predicado el Evangelio." Si hay un juicio final y se predicó el Evangelio, se supone que es para que la gente crea y evite el juicio final. "Fue predicado el Evangelio aun a los muertos, para que aunque sean juzgados en la carne como hombres, vivan en el espíritu conforme a la voluntad de Dios."

Vamos a tratar de explicar el versículo, porque escrito así suena un poco confuso. "Por esta razón" —en otra traducción, la Viviente—, ¿cuál razón?, el juicio venidero. "La buena noticia o el Evangelio fue predicada a los que ahora están muertos" —a los que estaban vivos, a los que se les habló de que había un juicio venidero—, se les predicó el Evangelio para que escaparan el juicio venidero, pero ahora están muertos en el momento en que Pedro está escribiendo. "Aunque fueron destinados a morir como toda la gente" —en otras palabras, aquellos que reciben a Cristo, nosotros vamos a morir aparentemente igual que todo el mundo, no parece como que tenemos ninguna muerte o sepultura especial—. Ahora parece así, pero vivirán para siempre con Dios en el espíritu. ¿Cómo? Porque se les fue predicado el Evangelio, lo abrazaron y lo creyeron.

Entonces, a manera de traer el mensaje a una conclusión, estamos en el tiempo del "ya" y el "no todavía". Entonces, ¿cómo vivimos? ¿Cómo respondemos a las enseñanzas de Pedro? Pedro comienza diciéndonos que si Cristo sufrió en la carne para librarnos del pecado, no se supone, no es racional, no es congruente que yo siga viviendo para las pasiones de la carne, sino que yo debería hacer todo el esfuerzo posible para alejarme de la vida de pecado. Porque ya Él pagó por eso, y no puede ser que yo me esté congraciando en aquellas cosas por las cuales ya Cristo pagó, y derramó sangre, de costosa sangre.

Entonces, ¿con qué me quedo al final de todo esto? Número uno: recordemos que la razón por la que nosotros estamos atravesando este proceso doloroso que llamamos vida es porque una vez, en un momento, en una sola decisión, nuestros progenitores violaron la voluntad de Dios, que debe ser el timón de tu vida y de la mía.

Número dos: es esa misma razón por la que tú y yo cosechamos consecuencias por nuestras malas acciones. El hombre se rebela contra Dios, Dios le aplica consecuencias, el hombre se rebela contra las consecuencias y sufre más consecuencias. Eso le pasó al pueblo de Israel.

Número tres: nunca perdamos de vista que la razón por la que la gente se va al infierno —ahí está la razón por la que la gente se va al infierno— es por hacer su voluntad. Recuerda que el versículo 2 habla de que ya no vivamos para las pasiones pecaminosas, sino para hacer la voluntad de Dios. La única razón por la que la gente se va al infierno es por hacer su voluntad. La única razón por la que la gente sufre consecuencias, y yo sufro consecuencias, y tú sufres consecuencias, es por hacer mi voluntad. Y la única razón por la que estamos donde estamos es porque una pareja quiso hacer su voluntad en el principio.

Número cuatro: recordémonos unos a otros que fuimos comprados por precio, que ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, que no podemos decir que le pertenecemos a Dios y luego hacer la voluntad de nosotros. "Porque no sois vuestros", lo dice en 1 Corintios en el capítulo 6. Ya no sois vuestros, versículo 19 y versículo 20. Ya no soy mío, fuiste comprado por precio.

Número cinco: no olvidemos, hermanos, que tu voluntad y la mía está profundamente influenciada por el pecado. Es una guerra que el pecado sostiene contra ti continuamente. La mayor guerra espiritual que tú libras no es con demonios, es con tu pecado. Y la guerra es continua, y es intensa, y es drenante, y es desafiante. Vengan el miércoles para que puedan escuchar mucho más de eso.

Número seis: Dios puso Su Espíritu en nosotros para que ya no vivamos en el poder de la carne, sino en el poder de Su Espíritu. Nosotros hemos sido poseídos, en el buen sentido, por el Espíritu. Él es mi dueño. Y Dios nos dio el poder de Su Espíritu precisamente para que yo pueda vivir la vida que Cristo compró en la cruz.

Número siete: el solo hecho de que Dios nos creó para Su gloria, para la alabanza de Su gloria, debiera mover al pueblo de Dios a la obediencia y la santificación. El solo hecho. Podemos olvidarnos de todo lo demás. El solo hecho de que Dios nos creó para la alabanza de Su gloria debiera movernos a nosotros a la obediencia y a la santificación.

Padre, gracias. Gracias porque una palabra inspirada hace dos mil años, relevante para todo un pueblo veinte siglos atrás, sigue siendo relevante en el día de hoy. Gracias que por medio de Tu Espíritu Tú has podido hacer clara la enseñanza de un texto que no lucía tan claro.

Señor, como oramos antes, una vez más, quizás esta vez simbólicamente o físicamente, como entiendas, una vez más ponemos la mano sobre nuestro corazón y te decimos: Señor, lidia con mi corazón y con mi mente. Mi problema soy yo. De la misma manera que Cristo se ofreció en la cruz, ayúdame a mí a ofrecerme todos los días en tu altar, como sacrificio vivo y santo. Ese es mi culto racional. Esa es mi adoración lógica, en virtud de todo lo que Tú has hecho por nosotros.

Y ayúdanos a no conformarnos a los patrones de este mundo, sino más bien a tener la mente renovada por medio de la transformación, o transformada por medio de la renovación de nuestra mente. Porque es de esa manera que nosotros podremos encontrar, comprobar tu voluntad, que es y debe ser el timón de nuestras vidas, una voluntad que es buena, que es agradable y que es perfecta.

En Cristo Jesús, si su pueblo dice: ¡Amén, amén y amén!

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.