Integridad y Sabiduria
Sermones

Tres cualidades de un cristiano maduro

Miguel Núñez 15 enero, 2012

Las oraciones del apóstol Pablo suenan radicalmente diferentes a las nuestras. Mientras nosotros solemos pedir por las necesidades cotidianas, Pablo oraba por algo de mayor peso: que el amor de los creyentes abundara más y más en conocimiento verdadero y en todo discernimiento. Esta oración en Filipenses 1:9-11 revela tres cualidades que deben estar presentes en todo cristiano maduro, y que producen tres resultados concretos en la vida de fe.

La primera cualidad es un amor en crecimiento —amor ágape, incondicional— tanto por Dios como por el hermano. Ambos amores van siempre de la mano: no puedes amar a Dios sin amar al hermano, y mientras más conoces a Dios, más le amas, y mientras más le amas, más le obedeces. Por eso Pablo no oraba por obediencia directamente; sabía que si el amor por Dios aumenta, la obediencia caerá en su lugar. Las divisiones entre hermanos, las rencillas, las heridas que se prolongan en el tiempo —todo tiene su raíz en la calidad de nuestro amor.

La segunda cualidad es el conocimiento verdadero de Dios, un conocimiento que transforma la conducta. Y la tercera es el discernimiento: la habilidad de distinguir no solo entre lo verdadero y lo falso, sino entre lo bueno y lo mejor. Pablo no quería creyentes que se conformaran con lo aceptable; quería personas capaces de preguntarse en cada circunstancia: ¿es esta la mejor forma de representar el carácter santo de mi Dios? El propósito final de estas tres cualidades es uno solo: que seamos llenos del fruto de justicia para la gloria y alabanza de Dios.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Vamos a Filipenses capítulo uno! Si usted puede abrir la Palabra de Dios para continuar ahí exactamente donde nos habíamos quedado, vamos a estar leyendo desde el versículo 9 al versículo 11. El apóstol Pablo escribió, y esto pido en oración —presta atención a lo que le está pidiendo en oración—: "Que vuestro amor abunde aún más y más en conocimiento verdadero y en todo discernimiento, a fin de que escojáis lo mejor, para que seáis puros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo, para la gloria y alabanza de nuestro Dios."

Padre, te alabamos y bendecimos grandemente en esta mañana por tu Palabra, por tu revelación, por la manera en que ella opera y obra en nosotros, cómo nos discierne en nuestro interior, discierne nuestros pensamientos, las intenciones de nuestro corazón, cómo nos revela cosas que no conocíamos, pero a la vez cómo nos cambia, cómo nos hiere en ocasiones y cómo nos sana a la vez. Te pedimos que en esta mañana tu Palabra, una vez más, pueda hacer la obra, el trabajo para la cual tú la inspiraste, que no regrese vacía. Y te pedimos, Dios, que tú cuides al predicador al hablar tu verdad. Mira que tu Palabra es santa e infalible, y él tiene labios falibles y no tiene tu santidad. Protégelo y guárdalo, en tu nombre, Jesús. Amén.

No sé cuántos se percataron al leer la Palabra, leer el texto, de lo que el apóstol Pablo estaba pidiendo. No sé cuántos se hicieron la pregunta de: ¿cuándo fue la última vez que yo oré algo semejante? Si hay algo que me llama la atención cuando reviso las oraciones del apóstol Pablo, es cuán distintas suenan y lucen sus oraciones a la mayoría de nuestras oraciones. Y esta es una más de ellas.

El texto que yo leí representa el final de la introducción de Pablo a esta carta a los Filipenses. Toda carta tiene una introducción, una más larga, una más corta. Ahora Pablo está finalizando lo que es la introducción de la carta a los Filipenses, y la está haciendo con una oración. Tenemos que recordar que ya él les había hablado a ellos de qué manera él daba gracias. "A mi Dios," decía Pablo en el versículo 3, "siempre que me acuerdo de vosotros." Y a la vez decía en el siguiente: "Orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros." Él había mencionado ya que él oraba con frecuencia y oraba por ellos en cada ocasión que los recordaba, y que lo hacía con gozo.

Pero ahora, en el texto de hoy, Pablo no está hablando solamente de que él oraba por ellos, sino que está hablando del contenido de sus oraciones por los creyentes en Filipos. Y lo que leímos esta mañana es precisamente cómo Pablo sentía por ellos. Oraba por ellos, oraba con gozo, oraba con frecuencia, oraba con gratitud. No hay duda que en la carta a los Filipenses tú sientes el pulso, el corazón de Pablo, cómo late por estos amigos que él conoció hace un tiempo atrás. Pero ahora, de manera interesante, ahora que él está lejos diez años después, él está tratando de comunicarles que cuando él los recuerda y ora, hay un contenido en sus oraciones.

Y una de las cosas que nosotros pudiéramos decir es que el carácter de las oraciones de Pablo, y el carácter de las mías, frecuentemente revelan mi carácter. Dicho de otra manera, el contenido de nuestras oraciones frecuentemente revela el contenido de mi corazón. Cuando Cristo dijo que de la abundancia del corazón habla la boca, ciertamente lo dijo en un contexto negativo cuando nosotros hablamos pecaminosamente, pero de la misma manera yo creo que es fácil concluir también que cada vez que nosotros hablamos, en general, estamos revelando algo de lo que realmente existe en nuestro interior.

Cuando tú revisas las oraciones de Pablo, tú descubres su corazón pastoral, siempre preocupado por el avance de aquellos a quienes él había ministrado en alguna ocasión. Tú descubres en Pablo también, en sus oraciones, su conocimiento de Dios. Es increíble de qué manera las oraciones de Pablo revelan gran parte del carácter de Dios que él conocía. De tal forma que podemos seguir diciendo que ciertamente sus labios traían a flote, traían a la superficie, lo que Pablo conocía en su interior acerca de Dios. Tú puedes escuchar en ocasiones el ojo previsor de Pablo, siempre atento, siempre pendiente de las cosas que en el presente pudieran resultar en un daño significativo para los creyentes en X iglesia en un futuro, y advirtiéndoles de algunas cosas que ellos tenían que tener en cuenta.

Yo creo que sería un buen ejercicio para nosotros el no prestar atención al contenido de las oraciones de los demás, sino prestar atención al contenido de nuestras oraciones. Yo creo que comenzaremos a descubrir muchas cosas en nuestro interior acerca de nuestro conocimiento de Dios, alrededor de qué giran nuestras oraciones más frecuentemente. A mí me llama la atención una y otra vez —y no sugiero que lo hagamos de la misma manera, pero me llama la atención una y otra vez— la ausencia casi completa en las oraciones de Pablo cuando tiene que ver con las necesidades cotidianas de los humanos, de nosotros, y cómo continuamente su preocupación tiene que ver con las cosas del carácter de Cristo formado en nosotros. Y quizás parte de lo que yo tenga que decir hoy revele algo de la razón por la que quizás Pablo hablaba de esa manera.

En la oración de Pablo que yo leí hoy hay básicamente tres cualidades que él menciona, que creo deben estar presentes en todo cristiano maduro. De hecho, esta es una carta de un cristiano maduro; es una oración madura de un cristiano. Pablo está al final de sus días. Esta es una de las cuatro cartas que Pablo escribió desde la cárcel: Filipenses, Colosenses, Filemón y Efesios. Las cuatro fueron escritas desde la cárcel, años 61, 62, más o menos, en los últimos tres, cuatro, cinco años de la vida de Pablo. De manera que Pablo tiene una mente, tiene la mente de Cristo, tiene una mente teológica, tiene una vivencia, ha vivido mucho, ha conocido mucho, él sabe mucho, y ahora les está escribiendo esta carta que nos puede servir de guianza extraordinaria a la hora de orar y a la hora de yo evaluar dónde estoy.

Pablo está escribiendo a los filipenses, a quienes él considera "mi gozo y corona mía." Y ahora él tiene una preocupación porque estas personas, a quienes él llama "mi gozo, corona mía," exhiban tres cualidades que han de producir tres resultados, y él está orando e intercediendo para que eso ocurra. Pablo quiere ver en ellos: número uno, amor en crecimiento; número dos, conocimiento verdadero; y número tres, todo discernimiento. Todo esto está en el versículo 9.

Pero luego, entre el 10 y el 11, vamos a ver: ¿qué es lo que él espera que estas tres cualidades produzcan? No hay duda que, a medida que nosotros maduramos, el Espíritu de Dios va formando cualidades en nosotros, pero esas cualidades en nosotros deben tener entonces un resultado a la hora de yo ir a vivir mi vida cristiana. Y Pablo nos dice entonces que él quiere estas tres cualidades presentes en aquellos a quienes él realmente añora y lleva en su corazón, porque él quisiera ver la capacidad de ellos para escoger lo mejor, versículo 10; para que sean puros e irreprensibles, el versículo 10 también; y para que puedan mostrar todo fruto de justicia, el versículo 11. Tres cualidades, tres resultados.

Pablo tenía un deseo ardiente continuamente de ver esta imagen de Cristo formada en aquellos que habían llegado a creer, aquellos a quienes él conocía y que él tenía por ovejas o seguidores o amigos de alguna manera, o compañeros de batalla. Pablo tenía una pasión por eso. Escucha lo que él les escribe a los Gálatas en 4:19. Recordemos que los gálatas, a su forma, son parte de esta congregación que se ha ido desviando de la verdad, y él escribe y les dice "insensatos." La carta a los Gálatas, la única carta de Pablo que no comienza dando gracias por ellos. No, no hay que dar gracias por ellos, hay que reprenderlos, parece ser el sentir. Les dice: "Gálatas insensatos, ¿cómo es posible que os hayáis desviado tan fácilmente? ¿Cómo es que ustedes comienzan por el Espíritu y ya están caminando por las obras de la carne, las obras de la ley?" Y a pesar de ese vocabulario de Pablo para ellos, en 4:19 dice: "Hijos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros."

¿Tú sentiste la pasión de este hombre por estos hijos desviados en un momento, a quienes él les dice una vez más, dada su desviación: "Yo tengo que esforzarme porque sufro de nuevo con dolores de parto, como quien tiene dolores de parto, porque no veo la imagen de Cristo formada en vosotros"? Esta es una buena ocasión para recordarnos cómo todo el tiempo en la Palabra de Dios vemos que aquello que solamente Dios puede hacer, frecuentemente —más frecuentemente que no— es mediado por instrumentos humanos. Dios es el único que puede formar la imagen de Cristo en mí, pero Pablo es un instrumento entre Dios y ellos para la formación de esa imagen, hasta el punto que le está sufriendo, sufriendo dolores de parto hasta ver a ese Cristo formado en ellos.

Esa es la razón —yo quería mencionar todo eso— porque esa es la razón de esta oración: tres cualidades que tienen que ver con la formación de esa imagen de Cristo en los filipenses. Escucha cómo comienza la oración: "Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más." La palabra traducida como "amor" es ágape. En las cartas de Pablo tiene diferentes traducciones, no siempre significa amor incondicional, pero en este caso prácticamente todo el mundo está convencido de que esa es su traducción. Pablo quiere ver el amor ágape incondicional en estos filipenses, que abunde, que brote, que se derrame de una manera creciente, más y más.

Ahora bien, Pablo nos informó del contenido de la oración, o parte del contenido, pero no nos ha dejado ver todavía con claridad cuál es el objeto de ese amor. ¿Está Pablo pidiendo que los filipenses puedan amar a Dios cada vez más y más, o está Pablo pidiendo que los filipenses puedan amar a los hermanos cada vez más y más? Y la respuesta lógica, a la luz del resto de la revelación de la Palabra, es ambas cosas. Porque tú no puedes amar a Dios sin amar a tu hermano, y no puedes amar a Dios cada vez más sin que a la misma velocidad o manera tú vayas amando más al hermano.

De la misma forma, Juan revela en su primera carta que tú no puedes amar al hermano si tú no has amado a Dios primero. De hecho, cuando es mentiroso, cuando nosotros afirmamos, aseguramos que amamos al hermano cuando en realidad nosotros no amamos a Dios. De manera que amor por Dios resulta automáticamente en amor por el hermano, y es por eso que estamos diciendo que Pablo está pidiendo amor por ambas cosas.

Cristo conocía lo primordial, lo esencial que es esa cualidad en el carácter cristiano. Lo conocía tanto que Él tomó toda la ley, todos los profetas, y la resumió en dos mandamientos que tienen que ver exactamente con lo que yo vengo a hablar: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo. Y ahí está el resumen de toda la ley y los profetas, todo el Antiguo Testamento. Bueno, no son sesenta y seis libros, son treinta y nueve libros resumidos en dos mandamientos que tienen que ver con el amor a Dios y el amor al hermano. Y ahora Pablo está pidiendo, en vez de pedir por las cosas cotidianas u otras cosas frecuentes en nosotros, Pablo está pidiendo que el amor por Dios y por el hermano vaya cada vez más en aumento.

Bueno, la pregunta es, hay varias preguntas aquí, pero la primera: ¿cómo yo amo más al hermano? Así, amando más a Dios. Mientras más amo a Dios, más amo a mi hermano. Ok, entonces, ¿cómo amo más a Dios? Tengo que conocerlo más. Es imposible conocer a Dios y no amarle. De hecho, alguien decía que cada cosa nueva que yo aprendo y experimento de Dios es otra razón para amarle más.

De tal forma entonces que si yo no he amado, si mi amor por Dios no ha aumentado en el último año o dos años, eso implica que yo tengo uno o dos años que no he conocido nada nuevo de Dios. Ahí se quedó mi conocimiento de Dios. Ok pastor, entonces, ¿cómo yo conozco? Para amar a Dios tengo que conocerlo más, ¿cómo yo conozco más de Dios? La mejor revelación de Dios está en su Palabra. Dios puede enseñarme cosas a través de las experiencias de la vida que yo tengo, que Él orquesta, pero esa no es la mejor y más detallada revelación de quién Dios es. Es aquí que está. De tal manera que poca Palabra, poco conocimiento de Dios; poco conocimiento de Dios, poco amor por Dios.

Pero Cristo, ¿no había dicho algo más que tiene que ver con todo esto y que nos va a ir ayudando a entender por qué Pablo cuando ora por los efesios ora de una manera, cuando ora por los filipenses ora de una forma similar, cuando ora por los colosenses con diferentes palabras pero tiene el mismo contenido sus oraciones? Cristo dijo: si me amáis, obedeced mis mandamientos.

Entonces Pablo, en vez de orar por obediencia como frecuentemente nosotros, Pablo dice no, yo no voy a orar por obediencia, ese no es el problema. Tú puedes orar por obediencia toda tu vida, pero si tú no amas más a Dios no podrás obedecerle mejor. Pero si tú no conoces a Dios mejor, no podrás amarle más. Y si tú no estudias la Palabra más, tampoco vas a poder conocerle como debieras. Entonces lo que necesitamos es orar por más amor por Dios, y hay muchas cosas que caerán en su lugar si eso ocurre.

¿Por qué? Porque el amor por el hermano caerá en su lugar. Pablo sabe que las divisiones de las cuales se oye aquí en este libro, en Filipenses, Evodia y Síntique, que no se ponían de acuerdo, Pablo sabe que es un problema de amor. Pablo sabe que cuando en Corinto estaban diciendo que uno era de Pablo, uno era de Cefas, uno era de Apolos, sabe que es un problema de amor entre hermanos. Pablo sabe que las rencillas y las divisiones de familias, de matrimonios, de hermanos, de iglesias, eso es un problema de amor entre hermanos.

De tal forma que, como el hermano, como tú y yo no somos tan amables en el sentido de tan fáciles de amar, en vez de pedir por amor por el hermano, que nosotros pudiéramos decir, no, vamos a pedir amor por Dios, que el otro amor va a caer en su lugar. Pero tienes que conocer más a Dios. Mientras más le conoces, más le amas; mientras más le amas, más le obedeces; mientras más le obedeces, más le glorificas. Que al final de la oración, eso es exactamente lo que dice al final del versículo 11: para la gloria y la honra y la alabanza de nuestro Dios.

Mientras más le obedeces, más le glorificas, más satisfecho está Dios, más complacido está, más satisfecho estás tú, estoy yo. ¿Entiendes ahora por qué Pablo está pidiendo mayor amor en crecimiento para los filipenses? Porque el mayor amor por Dios resulta en una mejor vida cristiana. Cuando yo peco, en ese momento he amado más mi pecado, mi placer, mi prioridad que a Dios. Mi vida de pecado tiene que ver con el amor de Dios.

Por eso es que Pablo cuando le escribió a los efesios les dice esta oración: yo doblo delante de Dios mis rodillas para que estéis arraigados y cimentados en amor. Otra vez, Pablo, ¿pero tú no tienes otra petición que hacer? Es que esta va a resolver muchas cosas.

Cuando tú amas a Dios, tú comienzas a amar lo que Dios ama. Cuando yo no tengo mucho amor por las cosas que Dios ama, eso debería ser una alarma de que yo tampoco tengo mucho amor por ese Dios. Tenemos que entonces preguntarnos qué es lo que Dios ama. Bueno, yo voy a dar algunas ilustraciones nada más, el resto tú puedes seguir meditándolo.

Dios ama su Palabra, sin lugar a dudas. Por tanto, cuando tú amas a Dios, tú amas su revelación. "Así es, pastor, yo la leo todos los días." No, no, yo no estoy hablando de leer la Palabra. "No, pero yo la estudio." No, no, tampoco estoy hablando de estudiar la Palabra. Tú puedes leer la Palabra, estudiar la Palabra y no amar la Palabra. "Bueno, entonces, ¿cómo yo sé si amo la Palabra?"

Bueno, cuando tú amas la Palabra, en primer lugar tú tienes deseo de descubrirla, y no solamente de descubrirla, de llevarla a la práctica. E incluso cuando amas la Palabra, tú amas tanto las bendiciones que están aquí claramente para el creyente como las prohibiciones. Porque tú has llegado a aprender que las prohibiciones de Dios son parte de sus bendiciones.

Imagínate que tú encontraras en la Palabra una prohibición acerca de no brincar desde un tercer piso. Pero tú decidas brincar como quiera y te rompes, te fracturas las dos piernas. Ahora que tú has descubierto las consecuencias de violar la prohibición, tú dices: verdaderamente Dios me amaba. ¿Tenemos que experimentar las consecuencias de la violación para concluir que las prohibiciones de Dios son bendiciones? Por eso es que Santiago le llama la ley de Dios la ley de la libertad. La ley de Dios no me restringe, la ley de Dios me da la libertad para yo vivir mi vida cristiana en la mayor plenitud posible. Entonces, cuando tú amas a Dios, tú amas esa revelación. "Bueno, yo tengo mucha dificultad en leerla, en pasar tiempo con ella." ¿Tú haces lo mismo con la computadora que amas? ¿Haces lo mismo con Twitter, Facebook? No estoy criticando nada de eso, simplemente diciendo: esas cosas que aprecias, ¿haces lo mismo? ¿No la usas por si se te olvida? No, claro que no.

Si tú amas a Dios, tú amas su nombre. Una y otra vez la Palabra de Dios nos revela: por amor a mí mismo lo hago, por amor a mi nombre lo hago. Dios eligió un mandamiento entre diez mandamientos para proteger su nombre. Dios ama su nombre. Y si hay algo que yo sé es que Dios ama su Palabra y su nombre, porque el Salmo 138, versículo 2 nos dice que Dios ha engrandecido su Palabra y su nombre por encima de todo. Todo. Por lo que su Palabra representa, su nombre representa.

Y entonces ahora, cuando tú amas su nombre, tú quieres honrarlo, tú quieres glorificarlo, tú quieres reflejarlo. De hecho, en las últimas dos semanas le decía al grupo anterior mi oración número uno repetitiva: Dios, enséñame, ayúdame todos los días a honrar cada vez más tu nombre. Y esa petición ha tenido un efecto extraordinario en mi mente y en mi corazón. Dios ama su nombre. Cuando tú amas a Dios, tú amas su nombre, todo lo que su nombre representa. No la forma gramatical como se escribe, todo lo que está detrás de su nombre. Su nombre es santo.

¿Tú sabes qué más Dios ama? Dios ama a su Hijo. Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia. ¿Tú amas a su Hijo? Oye, es lo que yo estoy tratando de decir, porque es fácil responder: "Sí, claro que amamos a Cristo." Yo estoy hablando de si cuando tú le oras, cuando piensas en Él, cuando pronuncias su nombre, hay algo que mueve las fibras de tu corazón. Cuando tú dices "en el nombre de Cristo," ¿hay algo especial que tú saboreas en tu mente, en tu corazón? ¿O es simplemente "en el nombre de Cristo" casi igual a "en el nombre del presidente"?

Pero no solamente cuando amas a Dios, no solamente amas al Hijo, tú amas a todos sus hijos que ahora Él ha engendrado. Escucha cómo se da esta relación de que si amas a Dios, si amas al Hijo, amas a todos los hijos, a todos sus descendientes como hijos.

Verdaderamente, David estableció una relación de amistad con Jonatán, una unidad especial. Jonatán eventualmente muere, los descendientes de la casa de Saúl van desapareciendo, pero David ama la memoria de Jonatán en el sentido ágape de la palabra. Y un día David dice: ¿hay alguien de la casa de Saúl, descendiente de Jonatán, que esté vivo todavía? Yo quiero honrarlo. "David, pero tú ni siquiera conoces a ese hombre, porque tú estás preguntando si existe uno." No, yo no estoy hablando de que quiero honrarlo porque amo a ese hombre. Yo amo a mi amigo Jonatán que murió, y sabes qué, como lo amo tanto, amo su descendencia.

Cuando amas al Padre, amas al Hijo. Cuando amas al Hijo, amas su descendencia también. Amas a tus hermanos. ¿Sabes que tú tienes que aprender eso? Pedro, ¿tú me amas? Tú conoces la historia, no te la voy a repetir. "Sí, Señor, yo te amo." "Pues mira, tú apacienta mis ovejas. Comienza a alimentarlas y a apacentarlas." Tres veces. Pero tú tienes que aprender: si amas al Hijo, amas su descendencia. ¿Amas tú al hermano? No, como dicen en inglés, al "buddy buddy" con el que tú sales, al pana, al chanchan. Tu hermano.

Déjame hacer algunas preguntas que me sirvieron a mí y espero te sirvan a ti para evaluar si yo amo a mi hermano. ¿Tú oras por él? ¿Tú piensas en él? Vamos a decir, a mí pensando en Jonathan, por ejemplo, y su descendencia. ¿Cuando no sabes de él o de ella te entristeces? ¿Vienes a la iglesia primordialmente a adorar a Dios porque amas a Dios, pero de forma secundaria vienes porque tienes deseo de ver a tus hermanos? ¿Quieres pasar tiempo con él? ¿Los extrañas? ¿O te es indiferente? Si ves a Pedro, es lo mismo que ver a Juan, o que veas a Felipe, o veas a José. No hay nada especial.

Y escucha esta, esta no es fácil. Cuando tienes que pensar en tu hermano en la condición menos favorable posible, ¿haces un esfuerzo por pensar en todo lo digno, todo lo puro, todo lo amable? Si hay alguna virtud en eso, trata de pensar de esa manera acerca de tu hermano o de tu hermana cuando las condiciones no son tan favorables. Amor por Dios y amor por el hermano siempre van de la mano en la Palabra de Dios, desde el Antiguo Testamento. No hay separación. Y Cristo los une, y Juan nos recuerda eso.

Es la razón por la que Pablo, cuando llega a los Efesios, dice, esta mi oración, él literalmente dice: "Delante de Dios yo doblo mis rodillas para que estéis arraigados y cimentados en amor." Pablo sabe. Cuando está pidiendo por la unidad de los Efesios en el capítulo cuatro uno, Pablo sabe que esa unidad es imposible si no hay amor entre los hermanos. Pablo sabe que las rencillas, las guerras de que habla Santiago, tienen su origen en la calidad de nuestro amor del uno por el otro. Pablo sabe que las heridas que se prolongan en el tiempo tienen que ver con la calidad de nuestro amor. Lo voy a mover un poquito más adelante, pero es así.

Y la razón por la que es de esa manera es porque nuestra imagen, nuestras opiniones, nuestros deseos, nuestros gustos, nuestras preferencias, nosotros amamos eso tanto que si tenemos que destruir la relación de amor con el hermano para quedarme con la preferencia o gustos o deseos, lo hacemos. ¿Qué se está diciendo? No, hermanos. En este mismo libro de Filipenses, cuando leemos el capítulo dos: considerar al otro como mejor, superior a ti mismo. No hagáis nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Detrás de todo eso, lo que hace falta es amor ágape genuino entre los hermanos en Cristo.

La Palabra de Dios nos dice en Primera de Corintios trece. Oye, ¿cuántas veces hemos oído esto? ¿Cuántas veces solo hemos meditado por esta semana? Yo volví a meditar, a reflexionarlo, a rumiarlo, y tiene un efecto en ti. Dice, escucha, si tú puedes tener todos los dones del mundo, puedes tener todos los talentos del mundo, puedes tener todo el conocimiento que tú quieras, si no tienes amor, todo eso se volvió inservible. Tu don, tu llamado, tus talentos, tu conocimiento, es completamente inservible en ausencia de amor por tu hermano. ¿Te das cuenta la razón con la que Pablo dice, a pedir por este asunto superficial? Vamos al grano: amor por Dios, amor por el hermano, en toda la escritura.

Alguien pudiera estar diciendo: "¿Ah, pues verdad? Entonces esa frase que anda por ahí diciendo 'All you need is love'?" No, eso no es verdad, no es bíblico, eso no es lo que Pablo está diciendo. Está aquí. Pablo tiene varias peticiones y comienza con la del amor, pero este amor es un amor informado. Escucha: "Que vuestro amor abunde aún más y más en conocimiento verdadero." Pablo está hablando de un amor que va a resultar en un conocimiento en particular. La palabra ahí traducida como conocimiento es "epígnosis", que implica, de acuerdo a los académicos, el reconocimiento de la voluntad de Dios que es efectiva en la conducta de una persona que conoce a Dios.

De manera que Pablo está diciendo: este amor que sobreabunda te va a ir acercando a Dios hasta el punto que tú vas también creciendo en conocimiento verdadero. Pablo no dice simplemente "creciendo en conocimiento", conocimiento verdadero, epígnosis, lo que implica que tú vas a conocer mejor la voluntad de Dios, de tal manera que va a tener un efecto en la conducta de tu persona porque tú conoces a Dios. Este es un amor informado acerca de Dios, de su ley, de su voluntad, de su persona, de su plan.

Pablo no está hablando del amor romántico. Cuando nosotros crucemos el umbral de la gloria, se acabó el amor romántico. El amor romántico no tiene la cualidad de mantener las relaciones en su lugar. El 50% de divorcio lo muestra una y otra vez. Gary Thomas lo dice muy bien en su libro "Matrimonio Sagrado": dice que el amor romántico no tiene elasticidad. Cuando tú lo sometes a estrés, se quiebra. Cuando tú sometes los matrimonios a estrés simplemente con amor romántico, se quiebra. Como el amor incondicional no está, por eso es que no permanecemos. Es el amor ágape el que hace que las relaciones permanezcan una y otra vez, porque Dios está usando precisamente la permanencia de ese amor incondicional para ir formando la imagen por la cual Pablo agonizaba ver formada en sus discípulos.

El amor, la mejor definición de amor que tenemos la dio Dios, Primera de Corintios 13. De romántico no tiene nada. Escúchala: ¿Tú quieres amar? Dios dice, ¿tú quieres amar? Aquí está: sé paciente, bondadoso, no seas jactancioso, no seas arrogante, no te portes indecorosamente, no busques lo tuyo, no te irrites, no tomes en cuenta el mal recibido, súfrelo todo, espéralo todo y sopórtalo todo. Fácil, fácil de leer. Yo no sé si tú piensas que tú puedes hacer eso. Yo no puedo hacer eso, pero el Espíritu de Dios que vive en mí, Él puede vivir eso a través de mí. Para eso Dios me dio su Espíritu.

Eso es lo que Dios está hablando. Pablo me está diciendo: tú necesitas una cualidad de amor. No es amor ciego, esto es un amor informado. No es amor romántico, es un amor permanente, incondicional, que soporta el estrés, que soporta los embates de la vida, en la medida en que Dios continúa formando la imagen de Dios en ti y en mí. Este es el amor con elasticidad, porque es el amor de Dios. Por eso es que Pablo se lo pide a los colosenses, lo pide para los filipenses, lo pide para los efesios.

Yo he aprendido mucho de las oraciones de Pablo. Créeme, es extraordinario. Escúchalo otra vez: "Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más." ¿Para qué? En conocimiento verdadero que te lleve a conocer más de Dios. Es un conocimiento trascendente, moral, que tiene que ver con Dios. Pablo no tiene ningún interés en llenar su disco duro de la mente con conocimiento irrelevante, sin ninguna aplicación en este mundo y mucho menos en el reino de los cielos. Pablo quiere un conocimiento, por eso lo llama verdadero. Hay un conocimiento falso, pero hay un conocimiento irrelevante. Puede ser verdad, pero sabes qué, es irrelevante para lo que es la aplicación de la vida cristiana a este mundo y en preparación por el próximo. De eso es que Pablo nos está hablando.

Y Dios sabe, Dios sabe las implicaciones que tiene el amor de Dios en nosotros, que nos lleva a conocerle más, y la falta de ese conocimiento, la implicación que tiene para su pueblo. Escucha lo que dice en Oseas cuatro: "Por eso no hay conocimiento de Dios en la tierra." Más adelante: "Mi pueblo perece por falta de conocimiento."

Nosotros tendemos a orar por las cosas diminutas de la vida, y en esto no estoy diciendo que no lo hagamos, hermanos. Simplemente estoy llamando la atención de cuán diferente es el contenido de las oraciones de Pablo, por las cosas de mayor peso. Eso es como cuando Jesús dice: los fariseos, vosotros diezmáis la menta y el eneldo, pero habéis olvidado las cosas de mayor peso. Debisteis haber hecho eso sin haber olvidado lo otro. Entonces yo creo que es la misma idea, la forma de orar. Debiste haber orado por las cosas diminutas del diario vivir sin haber olvidado las cosas de mayor peso.

Pablo, en Filipenses 3:10, expresa que su mayor pasión y deseo es conocerle a Él. Fíjate, Pablo, préstame tu verso. Tú fuiste al tercer cielo, tú estuviste tres años en Arabia siendo enseñado por Cristo directamente.

Tú tienes 30 años en la vida cristiana viviendo en el Espíritu, y al final de tus días tú me dices que tu pasión es conocerle a Él y el poder de la resurrección. ¿Y qué nos dejas? Nos dejas la oración de Pablo: "Yo quiero conocerlo". ¿Sabes qué? Si le conozco más, le amo más, y si le amo más, tengo una mejor vida de santidad con mejor reflexión de lo que Él es en mí. Por eso es que le está pidiendo por esto: el amor de Dios y el poder de la resurrección. El conocimiento de Dios es vital. Pablo pide por conocimiento para sus seguidores en las cuatro cartas que él escribe al final de sus días: la pide en Filemón, la pide en Colosenses, la pide en Filipenses y la pide en Efesios. En las cuatro cartas él está pidiendo: "Dios, dale a esta gente conocimiento de ti, porque esto tiene propósito y relevancia en su vida".

Así que vimos pedir por amor, conocimiento, y discernimiento es la tercera cualidad. La cualidad tres es efectos de discernimiento. Es la habilidad de poder diferenciar lo verdadero de lo falso. Pero tú verás ahora hacia dónde Pablo va con esto. Es cierto, de separar la verdad de lo falso. Uno de los diccionarios consultados dice que el discernimiento es la habilidad de distinguir aquello que está oscuro, la habilidad de discernir lo verdadero de Dios de la mentira del mundo. Pero el discernimiento implica la habilidad de poder hacer un juicio sobre circunstancias y data e información, un buen juicio que muchas veces tiene que ver con sentido común.

Eso último que yo acabo de decir me lo trajo a colación esto que leí esta semana. Esta iglesia presbiteriana en Corea, Yoido Full Gospel Church, tiene 50 mil miembros, y ellos examinan a sus ancianos para ordenarlos como pastores en cuatro áreas. Dice este pastor principal de esta iglesia: teología, tiene sentido; Biblia, tiene sentido; historia de la iglesia, tiene sentido. Escucha la cuarta: sentido común. Un examen oral para ver si el candidato tiene sentido común. Amén. Ese es el sentido menos común: la habilidad de discernir a la hora de pastoría, de discernir la circunstancia.

Si tú ves ahora por qué Pablo entiende que este discernimiento está vital a la hora de hacer vida cristiana. Discernimiento es un valor en extinción. Claro, porque si estamos en un tiempo posmoderno donde no hay valores absolutos, no puedo discernir. Si estamos en un tiempo posmoderno donde todo está bien, toda expresión de cualquier persona está bien y no la puedo juzgar porque simplemente es su expresión, no puedo hacer discernimiento. Mi sentido común y mi discernimiento me lo han aplastado. ¿Sabes lo que hace Satanás? Es brillante. Él ha paralizado la iglesia al vender la idea sutil de la falta de discernimiento.

Pero ahora vamos a hablar para que entendamos mejor qué es lo que Pablo está tratando de encontrar. Cada vez en la historia de la iglesia, cada vez que ha habido un punto muy bajo de la humanidad y de la iglesia, la iglesia ha sufrido parálisis en la habilidad de discernir la verdad del error y de discernir las circunstancias. ¿Por qué tú piensas que David, cuando está organizando su grupo de personas, escogió un grupo y dice que del grupo de Isacar escogió personas con la habilidad de discernir los tiempos? Y escucha ahora: y conocimiento de lo que Israel debía hacer. Este grupo tenía que hacer dos cosas: tenían que discernir los tiempos, y discernidos los tiempos, tenían que tener la habilidad de decir qué es lo que hay que hacer.

Por tanto, escucha a Pablo ahora. Él ha pedido amor, conocimiento y discernimiento. ¿Para qué? Bueno, qué bueno que preguntaste. Aquí está el versículo 10. Escucha: "A fin de que escojáis lo mejor, para que seáis puros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo, para la gloria y la alabanza de Dios". Yo quiero amor en ellos, conocimiento en ellos, discernimiento, y esto es lo que va a producir: una habilidad de discernir lo mejor.

Pablo ahora está diciendo: yo no estoy hablando simplemente de la verdad y el error, yo no estoy hablando simplemente de lo que es pecado y no es pecado, qué es pecado y qué no es pecado, qué debes y además no. No, no. Yo estoy hablando de escoger lo mejor, la capacidad de discernir lo bueno de lo mejor. Nuestro Dios no es un Dios de recibir lo bueno y estar contento. "Pero eso, con cuánto se pasa esta materia, 70, bueno, pues yo pasé". "Fulano, ¿cómo te fue?" "Bueno, por lo menos pasé, muy contento". ¿Dios con cuánto se sube arriba, con aceptable? No. Se sube y dice: "Mira, el problema es que lo aceptable para ti es inaceptable para mí".

¿Dónde lo vemos? Antiguo Testamento: "Yo no quiero cualquier cordero, quiero un cordero de un año. Tú me lo traes sin defecto para que aprendas quién yo soy. Tú no me vas a ofrecer cualquier cosa". Nuevo Testamento: tú no me vas a ofrecer cualquier sacrificio. Entonces, ¿qué sacrificio tú me vas a ofrecer? Tu vida como sacrificio vivo, agradable y santo. Y tú no puedes hacer eso si tú no tienes amor, conocimiento y discernimiento. Y tampoco lo puedes hacer si no sabes discernir lo mejor. Y no puedes ser puro e irreprensible, porque por todo este lado de la gloria nadie va a ser puro e irreprensible. No. Pero hay un límite, mejor dicho, una meta, y tú te diriges en esa dirección, y tú corres en esa dirección. Tú corres con pasión. Tú quieres agradar a tu Dios porque tú tienes el deseo de llegar ahí. Y la meta es puro e irreprensible, no aceptable. Y tú estás tratando de hacer tu mejor esfuerzo, ayudado por el Espíritu de Dios que vive en ti, que te está tratando de dar amor y discernimiento y conocimiento para que puedas glorificarlo.

Y al final escucha: entonces cuando estás caminando de esa manera, eres lleno del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo, porque Él es el que te ayuda a hacer eso, te permite hacer eso, te empodera para hacer eso. Y para que tú puedas entonces glorificar y alabar a Dios, es lo que Dios quiere que tú y yo hagamos.

Tenemos una pregunta: ¿discernimiento de lo mejor? Eso es en cada circunstancia. En cada circunstancia, cuando tú hagas algo la próxima vez, pregúntate: ¿es esta la mejor forma de yo representar el carácter del Dios que me dio vida eterna? Si Cristo viene y se sienta ahí frente a ti, ¿tendrías tú la conciencia tranquila de decirle: "Sabes qué, Señor, cuando hice esto yo entendí, y entiendo, esta fue la forma mejor de yo representar tu carácter santo ante los hombres. Aquí hubo revelación de quién tú eres en la manera como yo hice lo que hice"? Por eso te decía que eso es de lo que Pablo está hablando: de escoger lo mejor.

Vamos a ver que en este mundo caído hay muchas cosas lícitas, pero Pablo sabe que dadas las circunstancias caídas del mundo alrededor, el discernimiento de Dios nos dice que aun siendo lícito no es conveniente. Y si no es conveniente, ¿estoy haciendo la mejor decisión? Esa es la razón por la que Pablo en un momento dado no come carne. Claro que es lícito, pero yo tengo habilidad para discernir lo mejor, y dado el contexto de Corinto, esta no es la mejor decisión.

Y yo creo que debemos hacer eso. Tú vas a celebrar un cumpleaños de tres años. Te lo puse de la forma más práctica posible. Tres años. ¿De qué manera yo voy a celebrar este cumpleaños? ¿Cómo lo vamos a hacer? ¿Cuánto vamos a gastar? ¿Cómo vamos a celebrar? Si Cristo se apareciera esta noche y me dijera: "¿Es esta la mejor forma como tú puedes representarme ante tus amigos incrédulos aquí en tu casa?", ¿le puedes decir: "Pues mira, sí lo pensé bien, y realmente esta es la mejor forma"? Pensemos, hermanos, y llevemos todo a la práctica, porque eso es lo que Dios quiere: que lo representemos. "Vosotros sois nación santa, pueblo escogido, real sacerdocio, para que anunciéis sus virtudes dondequiera que tú vayas, en lo que sea que tú hagas". Y una de sus virtudes, la primaria quizás, es su santidad.

Entonces esa es la oración de Pablo: yo quiero, Dios, amor, paz incondicional, conocimiento, discernimiento, a fin de que ellos puedan escoger lo mejor con miras a ser puros e irreprensibles. Está buena esa palabra. ¿Y sabes por qué? Porque muchos pensamos que esa condición de irreprensible solo es para los pastores y ancianos, porque esa es la primera palabra que aparece en sus requisitos. Pero ahora Pablo dice: no, vosotros también. Sabemos que somos pecaminosos, y delante de Dios siempre seremos reprensibles. Delante de Dios. Pero Pablo está hablando de vivir delante de los hombres. Dios conoce nuestro interior, y obviamente por eso necesitamos a Cristo. Nunca seremos irreprensibles delante de Él hasta que entremos en gloria. Pero Pablo está hablando de que tú tengas una conducta, un caminar en tu vida de cristiano, que ante los hombres tú seas como Pablo dijo: "Yo tengo mi conciencia tranquila, irreprensible". Ahora, Dios siempre podrá reprendernos una y otra vez, porque Él es Dios en toda su santidad absoluta.

Y Pablo finalmente nos quiere llenos del fruto de justicia. Solo que él dice aquí: "Para que seáis llenos del fruto de justicia". El fruto de justicia no es obra social, aunque puede incluir obras sociales. Pero yo puedo hacer obras sociales sin fruto de justicia. No, es el fruto de un carácter santo que revela el carácter de Dios. Es el fruto de la imagen de Cristo que Pablo sufría por ver formada en sus seguidores. Eso es fruto de justicia. Cuando ese cristiano así formado, la imagen de Cristo, comienza a vivir en el mundo, sus obras revelan la gloria de su Dios.

Porque después de todo, cuando todo es dicho y hecho, la intención de Pablo en esta oración debe ser la intención de nuestras vidas. Escucha cuál es la intención: para la gloria y la alabanza de Dios. No estamos haciendo nada de esto para nuestra aprobación, popularidad y exaltación. No. Para que Dios sea exaltado, Dios sea glorificado, porque sus hijos que llevan su imagen, que ha sido formada por Él en ellos, pueda ser vista ante los hombres. Por eso es que nos llaman a mostrar nuestras buenas obras ante los hombres, para que por medio de ellas los hombres puedan ¿qué cosa? Glorificar a Dios. Eso es lo que Pablo está hablando del fruto de justicia.

Y creo que con eso tenemos ahora un buen ejemplo, buen modelo de oración para ti, para mí, para todos nosotros. Y dentro de esas oraciones, la revelación del Señor.

Carácter, deseo, voluntad de Dios para nosotros: que pudiéramos estar pidiéndole a Dios en la medida en que maduramos. Y Dios forma su imagen en ti y en mí. Queremos oraciones maduras, frutos de un carácter maduro formado por Dios en nosotros.

Y Dios, para mí y para todos nosotros, en la medida en que Dios se ha glorificado.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.