Integridad y Sabiduria
Sermones

Tu trabajo como llamado de Dios

Héctor Salcedo 27 marzo, 2022

El trabajo no es un castigo ni un mal necesario, sino un llamado divino que refleja la imagen de Dios en nosotros. Contrario a la visión griega que asociaba la divinidad con la contemplación ociosa, la Biblia presenta desde su primer capítulo a un Dios activo, creando, organizando y deleitándose en su obra. Cinco veces en Génesis 1 Dios contempla lo que ha hecho y declara que es bueno, revelando que el trabajo bien hecho produce satisfacción genuina.

En el paraíso, antes de la caída, Dios colocó al hombre en el huerto para cultivarlo y cuidarlo. El trabajo no llegó con el pecado; lo que llegó fue la dificultad, el sudor y la frustración. El mandato cultural de Génesis 1:26-28 encomienda al ser humano ser fecundo, multiplicarse y ejercer dominio sobre la tierra. Esto significa construir civilizaciones, formar familias, desarrollar cultura. Como señalaban los reformadores, no hay labores sagradas y profanas: el carpintero, la maestra, el médico y el ama de casa participan igualmente de la obra de Dios. Cristo mismo trabajó treinta años como carpintero, en el centro de la voluntad divina.

El evangelio transforma al trabajador caído. Cambia su motivación: ya no trabaja para el aplauso humano sino para el Señor. Cambia su método: la ética bíblica y la excelencia reflejan el carácter de Dios. Y cambia su propósito: cada tarea, por pequeña que parezca, puede adornar el evangelio y glorificar al Creador. Como reza el letrero sobre algunos fregaderos: "Aquí se celebra un servicio divino tres veces al día."

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Este es un tema que vamos a compartir hoy. Hay algunos que están al tanto, porque usualmente sale en redes sociales antes de que nosotros lleguemos aquí. Y es un tema que increíblemente, a pesar de los veinte y tantos años que tenemos como iglesia, nunca lo hemos tratado desde el púlpito dominical. Lo hemos tratado como clases de cursos de miércoles y otros talleres, pero nunca hemos traído un tema como este al servicio dominical. Y entendemos que es algo vital, porque de una u otra manera todos nosotros hacemos diariamente alguna labor con un propósito específico, remunerado o no. Todos nosotros laboramos, trabajamos, y esa es la definición más básica del trabajo: es el esfuerzo, la dedicación de energías y recursos con un propósito específico.

Y de eso queremos hablar en el día de hoy. Queremos presentar lo que la Palabra tiene que decir al respecto. Definitivamente, como todo en la vida, hay muchas concepciones, muchas ideas con relación al trabajo, hay diferentes posturas. Yo voy a irme un poco atrás en la historia con la postura griega, porque la postura griega todavía sigue siendo una postura muy sostenida hoy en día para entender el trabajo.

Increíblemente los griegos, a pesar de lo profundo que eran en su filosofía —de hecho son famosos por su filosofía y la profundidad de pensamiento—, veían el trabajo como una maldición de los dioses. El famosísimo filósofo Aristóteles llegó a decir, y esto es una cita de él: "El desempleo es una calificación básica para una vida genuinamente valiosa." O sea, él entendía que el ocio o la dedicación de la vida a otra actividad que no fuera trabajo era una vida realmente significativa.

Para el griego sus dioses eran mentes impresionantemente brillantes, perfectas, eran mentes solitarias, autosuficientes, y que no se involucraban en las cosas terrenales, en la labor diaria típica de nosotros los seres humanos. De ahí que el ser humano, para los griegos, se realizaba, se divinizaba cuando podía dedicar su vida a la contemplación. Esencialmente reclinarse, vamos a hablar de casi cualquier cosa. Esa era la idea de la realización.

Los griegos entendían entonces, bajo ese concepto, que el trabajo es un mal necesario, porque de algo tenemos que vivir. Alguien tiene que producir lo que comemos, hacer lo que nos ponemos. Bueno, es un mal necesario, hasta ahí llegaban. Pero de hecho, en vista de ese concepto que ellos tenían, incluso consideraban algunas tareas más nobles, más dignas que otras, y de hecho había una división social muy profunda producto de eso. Para ellos los trabajos que tenían que ver con la mente, con la reflexión, con la creación, eran mucho más nobles y dignos que aquellos trabajos más manuales, mecánicos, lo que ellos llamaban más bestiales. Y entonces en la sociedad había una profunda división fruto de ese concepto.

Sin darnos cuenta realmente, muchas de estas ideas son parte de nuestro concepto moderno de lo que es el trabajo. Yo mismo me he percatado, me intercambio con gente, que mucha gente piensa de esta manera, de que el trabajo es como un mal necesario. La gente, uno le habla de trabajo y en muchas ocasiones como que me da un suspiro: "Bueno, el trabajo, es claro, de algo hay que vivir, imagínate." Hay como un trabajo, hay que ir los domingos. Hemos acuñado la frase y hemos abrazado la frase de que "gracias a Dios es viernes." Se celebra en los fines de semana, pero por ahí en el lunes, Dios mío, qué cosa. Es una idea que es prevalente, que está presente en la mente y en la cultura de hoy en día.

De hecho yo he conversado con algunas personas que preferirían estar desempleados antes que aceptar algunos empleos que ellos entienden están por debajo de su nivel. Es una idea griega que hay trabajos más dignos que otros, más nobles que otros. Es frecuente entonces también que aquellos que son más calificados o mejor remunerados vean las clases menos remuneradas o los trabajos menos calificados con desdén, como con cierto desprecio, lo cual también es una idea griega.

Muchísima gente, y eso es muy típico en las redes sociales, entiende que el estado ideal de existencia para un ser humano es estar tranquilito, paseando, disfrutando de la buena vida con mucho dinero y sin mucho que hacer. No me ataquen. Todo el que pone una imagen con un título abajo de "estoy en el paraíso," ¿cuáles son esas imágenes? Las imágenes de las playas, de las palmeras, de las montañas. Típicamente el ser humano asocia paraíso a inactividad. Yo nunca he visto alguien que dice "estoy en el paraíso" en un escritorio sentado, o frente a un grupo de clientes atendiendo, o frente a un grupo de muchachos que están en un colegio, una maestra: "Estoy en el paraíso, estoy formando carácter." Nadie habla del paraíso en un escenario de trabajo. Es una idea que viene de muy atrás, es una idea que está presente todavía, y es una idea que a la luz de la Biblia contradice el concepto bíblico del trabajo.

Y como todo en la vida, nosotros los hijos de Dios, nuestra manera de pensar no debe ser determinada por lo que la gente cree o las corrientes de pensamiento de este mundo creen, sino por lo que la Palabra de Dios dice y establece. Y eso es lo que quisiéramos hacer en el día de hoy: ¿qué dice la Biblia acerca del trabajo y de lo que nosotros hacemos como labor diaria? Vuelvo y digo, sea remunerado o no.

Y quiero hacer un paréntesis. Es una madre de casa que esté en su casa invertida con sus hijos, laborando, invirtiendo esfuerzo, energía, dedicación, posiblemente más que cualquier otro trabajo que se hace fuera del hogar. Eso es labor, eso es trabajo también, que no es remunerado monetariamente. No es remunerado, pero hay una remuneración que se recibe por una madre invertida con sus hijos en la casa. Cierro el paréntesis.

¿Qué dice la Biblia acerca del trabajo, acerca de la labor diaria? Y yo quisiera en este, por lo menos en este mensaje, no entrar en algunas particularidades que quizás en mensajes posteriores podemos hablar. Yo quisiera quedarme en un nivel panorámico, en un nivel general, y ver esas ideas más amplias que la Biblia dispone o establece acerca de la labor diaria. E increíblemente la Biblia habla más de trabajo de lo que uno se imagina. Y yo para esto, entonces, quiero usar los primeros tres capítulos del Génesis.

Vamos a ver algunos pasajes múltiples. Hay uno en particular que va a ser el más importante, digamos, que es Génesis 1:26-28. Lo vamos a leer en un momento, no ahora. Pero vamos a hacer una especie de recorrido a lo largo de esos tres capítulos para nosotros extraer cinco aspectos del trabajo que están presentados y mostrados ahí, y que deben entonces formar nuestra manera de pensar acerca del trabajo.

Entonces, primera verdad sobre el trabajo que se puede deducir del relato del Génesis. La primera verdad es que, contrario al concepto griego, el Dios de la Biblia es un Dios trabajador. Es un Dios trabajador. Yo voy a ser, quizás pueden buscar Génesis 1:1, y luego yo voy a ir citando otros pasajes. No tienen que buscarlo cada uno, pero crean que eso es lo que la Biblia dice cuando yo se lo lea.

Génesis 1:1, el primer capítulo de la Biblia, vemos a Dios y dice: "Creó Dios los cielos y la tierra." El primer versículo de la Biblia vemos a un Dios activo, creando, elaborando, usando su poder para generar lo que conocemos hoy como la creación. En el 1:2 se nos dice que el Espíritu de Dios, la tercera persona de la Trinidad, se movía sobre la superficie de las aguas, posiblemente también como parte del proceso creativo. Dios está todo completo, involucrado en el proceso creativo en Génesis 1.

En Génesis 1:3 Dios habló y dice: "Sea la luz," y la luz fue. En 1:5: "Y llamó Dios a la luz día, y a las tinieblas llamó noche." Vemos a Dios no solamente creando, sino poniendo orden, estructura, dando nombre a cada cosa. En el 1:6: "Haya expansión en medio de las aguas." Dios separó las aguas de la tierra de las aguas de los cielos, que son las nubes o las aguas que están en la atmósfera. "Júntense," en el 1:9, "en un lugar las aguas." En el 1:10 dice: "Y llamó Dios a lo seco tierra, y al conjunto de las aguas llamó mares." Vemos otra vez a Dios dando estructura, dando orden, haciendo lo que hay que hacer.

Y mucha de mi definición a lo largo de mi mensaje tiene que ver con eso: el trabajo es hacer lo que hay que hacer de manera diligente, dondequiera que nosotros nos encontremos. Hacer que nuestras vidas cuenten, hacer que nuestras vidas sean productivas, provechosas.

En el 1:14, entonces Dios dijo: "Haya lumbreras," y puso una lumbrera sobre el día y una lumbrera sobre la noche. Luego en el 1:20: "Llénense las aguas de multitudes de seres vivientes." Ahí que Dios crea la vida. Creó los seres vivientes que llenaron las aguas. Luego en el 1:24: "Produzca la tierra seres vivientes." Y por último en el 1:26: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza," la corona de la creación.

Desde el principio del Génesis, en el primer capítulo del primer libro de la Biblia, nuestro Dios es un Dios productivo. Es un Dios que está en constante actividad, creando, generando ideas, implementando esas ideas, poniendo orden a las cosas que existen. Y es muy contrario, como ya decía, al concepto griego, donde la divinidad se asocia a inactividad, donde el trabajo es visto como algo negativo, como algo degradante del ser. Y nos toca nosotros hacer lo que es la labor, pero no a Dios. No es así que se presenta el Dios de la Biblia.

Y Dios no solamente crea y preserva lo creado y provee para lo creado, sino que Dios salva la creación que cayó en pecado en Génesis 3. Eso es parte del trabajo de Dios y de la actividad de Dios. Trabajo es todo aquello que hacemos con un propósito específico, y Dios está salvando. De hecho, en ese contexto de la salvación fue que Jesús, en Juan 5:17, dijo en un momento dado: "Mi Padre siempre trabaja, y yo también."

Dios siempre está en algo. Dios siempre está haciendo, llevando a cabo algún propósito noble, bueno, virtuoso, santo. Y decir eso, entonces, es ver a Dios así como un trabajador. Nuestro Dios, diferente al concepto griego y diferente a lo que muchos creen, nuestro Dios es un Dios que trabaja, que labora. En toda la Biblia, Dios es asociado con aguas frescas que nunca se estancan. No hay inactividad en Dios, no hay pereza en Dios, no hay falta de diligencia ni negligencia en Dios. Dios no procrastina y Dios no pospone nada. Dios hace muchísimas cosas, las hace todas a tiempo y bien.

Nuestro Dios es un Dios trabajador, y en el cristianismo entonces el ser humano se realiza no descansando, sino trabajando. Es involucrándonos en la labor de Dios, no solo de crear —y ya creó— sino de preservar, de proveer, de organizar la creación. Diferente, como ya dijimos, al concepto griego del descanso. Obviamente hay un lugar para el descanso en la doctrina o la enseñanza cristiana, que vamos a ver en un momentito, pero en este primer principio que queríamos exponer, nuestro Dios es un Dios que trabaja. Yo me parezco a Dios cuando soy productivo, diligente, donde mi vida sirve de provecho para otros, donde yo hago lo que tengo que hacer en cualquier lugar que yo me encuentre. Primera verdad, que es chocante a la cultura, al entendimiento que mucha gente tiene del trabajo.

La segunda verdad que nosotros vemos en el mismo relato del Génesis está en el capítulo 1 también, y vemos varios versículos con este principio, con esta verdad: es que Dios no solamente es un Dios trabajador, Dios es un Dios que se deleita en el trabajo que hace. Dios es un Dios que se deleita en el trabajo que hace. Y eso indica que el trabajo, cuando es hecho como corresponde, debería tener un efecto gratificante en quien lo hace. El trabajo, cuando es hecho como corresponde, cualquier labor, cualquier trabajo que es hecho como corresponde, debería tener un efecto gratificante en quien lo hace.

A lo largo otra vez en el capítulo 1, vemos cinco veces —nada más y nada menos que cinco veces— en 1:10, 1:12, 1:18, 1:21 y 1:24, que Dios dice: "Y vio Dios que era bueno". "Y vio Dios que era bueno". El autor de Génesis como que va relatando la creación, va relatando por etapas la creación, y luego de cualquier etapa importante, Dios tenía como estas pausas contemplativas. O sea, como que Dios veía —e imaginémoslo, esto se queda corto a todo lo que Dios hace— pero Dios decía: "Bien". Contemplaba su labor, hasta cierto punto se reclinaba un poco y decía: "Bien". Y continuaba creando, y un poquito más adelante decía: "Bien". Y llega una culminación en el 1:31 y dice no solamente que era bueno, sino que era bueno en gran manera. Es como si Dios dijera: "Excelente".

Obviamente, en Dios no va a haber nada menos que excelente, pero llama la atención estas pausas contemplativas gratificantes, donde Dios expresa satisfacción por lo que ha hecho. Así deberíamos nosotros llevar a cabo nuestra labor, que cuando la contemplemos, la hayamos hecho de tal manera que genera un efecto gratificante en nosotros. Y obviamente, como decíamos, cuando el trabajo es bien hecho, debe producir este efecto. Contrario otra vez al concepto griego y contrario también a mucho de lo que se piensa del trabajo, hay gozo. En el trabajo podemos encontrar satisfacción cuando lo hacemos de cierta manera. Y esa es una verdad muy esperanzadora, porque la verdad que cuando uno piensa en trabajo, hay el trabajo, muchos de nosotros. Y esa es la segunda verdad que está aquí presente en este relato de la creación.

Hay una tercera verdad que hasta cierto punto se deriva de lo que hemos visto, pero bueno señalarla de manera explícita, específica. Y es que el relato del Génesis nos presenta que en el paraíso hay trabajo. En el paraíso hay trabajo. Parecería como decía una contradicción que en el paraíso hay trabajo, pero sí lo hay.

En Génesis 2:7 nosotros leemos que Dios formó al hombre. Dice así: "Entonces el Señor formó al hombre del polvo de la tierra y sopló sobre su nariz aliento de vida, y fue un ser viviente". Eso es en 2:7. En 2:8, un versículo después, Dios crea el huerto del Edén, el paraíso. Y del 8 al 14 se describe la confección del huerto del Edén. Y luego de que Dios confeccionó el huerto del Edén, en el 2:15 dice lo siguiente: "Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén para que lo cultivara y lo cuidara". Inmediatamente Dios crea al hombre, crea el huerto y lo pone a trabajar. Inmediatamente.

A mí me hizo recordar el momento en que Dios crea la mujer, porque en el 2:18 Dios está creando al hombre y en un momento dado dice: "No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea", y viene y forma a la mujer. Aquí parecería —no está así explícito en el texto— pero parecería que Dios crea al hombre, crea el huerto, e inmediatamente Dios dice: "No es bueno que el hombre esté ocioso, lo pongo a trabajar". El trabajo es bueno para el ser humano, es parte del paraíso, es parte de una vida plena. El ser productivo, el aprovechar mis recursos y mis energías en algo de provecho, es algo que forma parte del diseño del ser humano.

Y este autor, como decía hace un momentito, que se llama Ben —pero el apellido es muy complicado de mencionar— Ben Witherington. No es así, alguien me dijo ahorita, pero hay una aplicación que te ayuda con la pronunciación. Me digo yo: no, pero déjalo así porque se siente gracioso. Ben dijo: "Está claro que el plan de Dios siempre incluyó seres humanos trabajando, o más específicamente, viviendo en un ciclo constante de trabajo y reposo, trabajo y reposo, trabajo y reposo". No vamos a hablar del reposo hoy, pero ojo, el reposo es necesario, es absolutamente necesario para una buena vida de trabajo y de productividad.

Este sí, Tim Keller —ese sí lo sé pronunciar— dice que el trabajo es una necesidad humana como cualquier otra, tanto como el alimento, como el descanso, como la amistad, como la oración, como la sexualidad. No es simplemente medicina, sino que es alimento para el alma. Sin un trabajo sentimos una profunda pérdida y un significativo vacío interno. Las personas que no pueden trabajar debido a razones físicas o de otro tipo descubren rápidamente cuánto lo necesitan para prosperar emocional, física y espiritualmente.

Y he escuchado a nivel médico que trabajar por el mayor tiempo posible, por la mayor cantidad de años posible, es la mejor prevención de muchísimas enfermedades asociadas a la vejez. El retiro en la Biblia no existe, a menos que sea por razones de fuerza mayor. El hombre fue diseñado para trabajar —y cuando digo el hombre, el ser humano fue diseñado para trabajar— y cuando digo trabajo no es solamente un empleo que me paguen, es ser productivo, es buscar algo donde yo puedo invertir mis dones, mi talento, mi capacidad, mi tiempo, en beneficio de la creación de Dios. Esa es la idea. El no trabajo afecta profundamente al ser humano porque hemos sido diseñados para él, y eso es una verdad fundamental que nosotros debemos entender.

Hay una cuarta verdad, otra vez en el mismo relato, capítulo 1 del Génesis, y ahora sí hace el versículo, digamos, más extenso que voy a leer del mensaje. La cuarta verdad es que el trabajo es un llamado de Dios, es una encomienda de Dios. Es una responsabilidad que Dios ha puesto sobre nuestros hombros. Dios llamó al hombre a trabajar. No solamente Dios trabaja, no solamente Dios se deleita en lo que hace, no solamente como ya dijimos el trabajo se supone que es parte del paraíso y parte de mi plenitud, sino que el trabajo es un llamado que yo estoy supuesto a hacer porque Dios quiere que yo haga cosas específicas en su creación. Yo tengo un rol que jugar. Es como una película, vamos a decirlo así, es una película en la que yo recibo un rol, un papel: "Mira, tú tienes que entrar ahí, ese es tu guion, eso es lo que tú tienes que hacer, lee tu guion, apréndelo y juega el papel, el rol que se te ha dado en esta creación". Así lo ve la Palabra.

Entonces en Génesis 1:26-28 leemos lo siguiente: "Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza" —es un versículo muy famoso, ¿no?— "y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Dios creó al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó".

Dios crea al ser humano en sus dos géneros, y estos dos géneros son capaces de reflejar en parte lo que Dios es. Somos hechos a imagen y semejanza de Dios, somos lo más parecido a Dios. No somos dioses, pero somos lo más parecido a Dios en la creación. Porque sabemos que los cielos anuncian la obra de sus manos, sabemos como cantamos en la canción que los vientos, las rocas, los animales también hablan de la gloria de Dios, del poder de Dios, de la sabiduría de Dios, pero nada como el hombre refleja la imagen de Dios. Y una de las formas y de los aspectos en el que nosotros reflejamos esa imagen es con nuestra labor productiva, con nuestro trabajo, con aquello que aportamos.

El león es león y es parte de la fauna y es parte de la creación, y él mata para comer y demás, pero él no sabe en su mente que él está buscando un propósito ulterior de glorificar a Dios. Nosotros sí, y eso es algo extraordinario. Entonces en este pasaje Dios crea al hombre a imagen y semejanza, y luego de que los crea, Dios los bendijo y les dijo: "Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla, ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra".

Este pasaje es lo que se conoce en teología como el mandato cultural. Eso fue lo que Dios le dijo al hombre que hiciera: "A esto te creé, a mi imagen y semejanza". "¿Y ahora, Señor?" "Bueno, tú lo que vas a hacer es: tú vas a ser fecundo, te vas a multiplicar, vas a llenar la tierra y la vas a someter, la vas a sojuzgar". Como dice la Nueva Traducción Viviente: la vas a gobernar en mi nombre, para tu beneficio, pero en representación mía.

Y aquí hay dos componentes claramente en este mandato cultural. Uno: sean fecundos y multiplíquense, crezcan. Y eso tiene múltiples implicaciones del trabajo, vamos a ver ahora. No solamente tengan hijos; implica tener hijos, pero no es solo eso. Y la segunda parte del mandato cultural es: sometan la tierra, gobiernen la tierra, sojuzguen la tierra. Estos dos componentes unidos es lo que Dios nos ha dicho que hagamos.

Y la mejor explicación que encontré del mandato cultural la da esta autora, Nancy Pearcey —este sí lo sé pronunciar— en su libro *Total Truth*. Ella dice: "En Génesis, Dios da lo que podríamos llamar la primera descripción de trabajo que podemos ver: 'Fructificad y multiplicaos, llenad la tierra y sojuzgadla'. Esa es la descripción del trabajo. La primera frase, 'fructificad y multiplicaos', significa desarrollar el mundo social".

Obviamente yo no puedo tener hijos y tener hijos y tener hijos, y la población comenzar a crecer y crecer y crecer indefinidamente sin un orden. Recuerden que en la creación Dios creaba y ponía orden. Crea la lumbrera, dice: "Esto es día, esto es noche, esto es seco, esto es mojado". Dios ponía orden. Bueno, aquí en este llamado de "crezcan, multiplíquense, sean fructíferos", Dios está llamando a formar el mundo social. Van a crecer en número, pero esto implica: organícense también. Y Nancy Pearcey dice: edifiquen familias, iglesias, escuelas, ciudades, gobiernos, leyes. Fructifíquense, sean productivos, crezcan.

Y la segunda frase, "sometan la tierra, gobiernen la tierra, sojuzgadla", dice Pearcey, significa aprovechar el mundo natural para el beneficio del hombre, obviamente con moderación, con criterio de conservación. Esto implica, dice Pearcey: planten cultivos, construyan puentes, diseñen computadoras, compongan música. Este pasaje es lo que se llama el mandato cultural, porque nuestro propósito original era eso: crear cultura, construir civilizaciones. Nada menos que eso.

Las implicaciones de ese pasaje del mandato cultural y de lo que Pearcey está diciendo son múltiples. Esto implica, dentro de este mandato, múltiples aspectos acerca del trabajo. Y yo quisiera mencionar por lo menos algunas de esas implicaciones.

En primer lugar, que claramente el mandato implica que Dios nos quiere trabajando. Vamos: crezcan, multiplíquense, organícense, sometan la tierra, produzcan, generen, sean productivos. "Yo los quiero trabajando". El trabajo es para el hombre como el agua es para el pez: es su ambiente natural. Un hombre sin trabajo es como un pez fuera del agua; se siente como raro, se siente como incómodo. El hombre está diseñado para ser productivo. Un hombre trabajando, siendo productivo, es un hombre que se siente, hasta cierto punto, con cierta plenitud.

Es por eso que en la Biblia, a lo largo de la Palabra, la pereza es condenada. La falta de diligencia es reprendida. La negligencia no se ve bien; es pecaminosa. Me encanta cuando se habla del libro del profeta Daniel, que en un momento dado se habla de su vida y dice que no se hallaba en su vida, en su desempeño, ninguna corrupción, ninguna negligencia. Lo contrario a negligencia es diligente. El diligente hace lo que tiene que hacer cuando toca hacerlo. Dios es un Dios diligente.

De hecho, este pasaje de Génesis 1:26-28, donde está el mandato cultural, lo busqué en una traducción que se conoce como "El Mensaje" o *The Message*. Y la parte que dice "sojuzgad la tierra, gobernad la tierra", oigan cómo lo traduce: *"Take charge"*, como "háganse cargo", hagan lo que tienen que hacer. Cuando tú te ves en un escenario, ya sea en tu casa, ya sea fuera de tu casa, en cualquier ambiente, qué hay que hacer para cuidar, para proteger, para proveer, para suplir, para que esta sociedad florezca, de alguna manera cómo puedo contribuir. La actitud constante del creyente, del hijo de Dios, es: ¿cómo puedo contribuir?, ¿cómo puedo aportar en mi casa, fuera de mi casa, en cualquier ambiente que yo me desempeñe? Porque el ser humano está hecho para eso: para ser productivo, para ser fructífero. Dios es un Dios que lo hace constantemente. Y eso es lo primero que nosotros podemos ver de este mandato cultural: Dios nos quiere trabajando. Por eso, como decía, la Biblia condena la pereza, la negligencia.

De hecho, Pablo llegó al punto, en 2 Tesalonicenses 3:10, de decir lo siguiente: "Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma". ¡Uau! Uno lo ve así: "No, ese el pastor Pablo". El apóstol Pablo dijo que el que no quiere trabajar, que no coma. Duro eso. Y él añade en el próximo versículo: "Porque oímos que algunos de ustedes andan desordenadamente, sin trabajar". Pablo asocia la vida sin trabajo, poco productiva, la vida negligente, el que está echado, como una vida desordenada. No se supone que vivamos así; no se supone, no hemos sido creados para eso.

En adición a eso, que Dios nos quiere trabajando, el mandato cultural también implica que no importa cuál es tu labor, tu rol y tu tarea: no hay tarea pequeña. Así contribuyas con algo en esta vida, no hay tarea pequeña. El mandato cultural dignifica la labor humana, la gestión humana, la diligencia humana, siempre que se haga con el objetivo de contribuir de alguna forma con el florecimiento humano.

Eso fue lo que a los reformadores en el siglo XVI —Martín Lutero, luego un poco más adelante Calvino— les chocaba de la enseñanza que hasta esa época se tenía acerca del trabajo. Para los reformadores no había labores sagradas, ni siquiera las realizadas por los sacerdotes, los pastores o el resto del clero. Lo que yo estoy haciendo aquí no es más santo que lo que tú haces mañana en tu trabajo, si tú lo haces como se debe hacer. Yo he sido llamado aquí, tú has sido llamado allí. Dios tiene su lugar para cada quien; cada quien tiene su rol, su guion. Hazlo como te corresponde.

Ellos entendieron, los reformadores, correctamente, que todo ser humano tiene una vocación, tiene un llamado a alguna labor en particular, para unirse a Dios en su objetivo de desarrollar y preservar la creación. En este sentido, hermanos, doctores, ingenieros, carpinteros, camareros, maestros, comerciantes, electricistas, plomeros, amas de casa, presidentes y ministros están haciendo una labor divina. "Sin duda que esto le imprime a la labor diaria una dignidad que le alegría el alma a quien así lo percibe", decía Martín Lutero.

¿Qué es entonces el trabajo para Dios? Otra cita de Martín Lutero: "Sea en el campo, en el jardín, en la ciudad, en la casa, en la guerra o en el gobierno, si no es la participación que un padre les da a sus hijos en su labor para proveer sus dones y regalos. Estas son las vocaciones que nosotros hacemos, la tarea que nos toca hacer en esta creación", dice Lutero, "son las máscaras de Dios, detrás de las cuales Él quiere permanecer oculto, pero hacer todas las cosas".

Cuando leí esa frase me inspiró, digamos, me conmovió verlo de esa manera. Yo estoy aquí, estoy haciendo una labor de Dios si estoy contribuyendo de alguna manera con el bienestar, con el crecimiento de la creación, con la conservación de la creación —sean personas, sean cosas—. Pues yo contribuyo de esa manera con lo que Dios está haciendo en este mundo. Cualquier hombre que sea capaz de verse así, de verse como un trabajador de parte de Dios, obviamente su nivel de satisfacción y de plenitud en lo que hace van a crecer muchísimo.

Me llama la atención que cuando Cristo, o cuando Dios decidió encarnarse, decidió encarnarse en un carpintero. Cristo fue treinta años un carpintero. Y decían: "¿Ese no es el hijo de José el carpintero?" Y Jesús mismo era un carpintero. Y yo pensaba: "Bueno, wow, finalmente encontré un ebanista que cumple", porque Cristo era un ebanista. Jesús fue un ebanista. ¡Qué mesa! ¡Qué silla! ¡Qué puerta hacía Jesús! Te imaginas, hasta los treinta años Él estaba en el centro de la voluntad de Dios siendo ebanista. ¿No te llama la atención eso? Ese era su rol en los primeros treinta años; ese fue su rol. Y después Dios lo llamó al ministerio. Perdónenme los ebanistas, yo decía que si hay alguno que entiende que es un buen ebanista aquí presente, me esté escuchando, y entiende que él cumple también, pues preséntese y crea que no le va a faltar trabajo, porque hay un embús de gente ahí medio.

Bueno, la quinta verdad que nosotros vemos en el relato de la creación: Dios trabaja, Dios se deleita en lo que trabaja, el trabajo es parte del paraíso, parte de la plenitud del hombre, es un llamado de Dios para hacer un rol específico. Pero no todo es color de rosa: el pecado entró en el mundo.

En Génesis 3 nosotros vemos que el pecado hizo estragos. Rompió o fracturó la relación que el hombre tenía con Dios. Introdujo distancia, desconfianza, recelo y conflicto en la primera pareja. Trajo al ser humano las experiencias del temor y de la vergüenza, algo que no se había experimentado antes. Una vida miserable, por así decirlo, una experiencia miserable. Implicó que el ser humano ahora tiene una inclinación natural a vivir opuesto a Dios. Todo eso es el pecado. Y como si todo eso fuera poco, la mujer ahora da a luz con dolores, y al hombre ahora le toca trabajar con dificultad y sudor.

El trabajo fue, al igual que toda la existencia humana, también afectado por el pecado. Es como decir que el pecado hizo el trabajo trabajoso, complicado. No es fácil trabajar por ese motivo. No es que el trabajo pierde su dignidad, como ya vimos. No es que el trabajo no nos acerca a Dios, como ya vimos. No es que no sea un rol que nos toca hacer, como ya vimos. Pero sí, el trabajo tiene sus dificultades. Y bueno, decirlo al final del mensaje porque tenemos que ajustar nuestras expectativas y tenemos que pensar entonces de qué manera el Evangelio de Jesucristo nos impacta. Cristo sí estuvo presente, se encarnó, Dios vino en forma de hombre, murió en la cruz y ahora hay un camino para nosotros pecadores llegar a Dios por el perdón de los pecados que obtenemos en Cristo.

Pero entonces ahora ese Evangelio tiene un impacto, no en el trabajo que está caído, pero sí en el trabajador. El Evangelio de Cristo cambia al trabajador. Y cuando digo trabajador es vernos todos como trabajadores; todos de alguna manera somos trabajadores, laboramos de alguna forma. Y yo quisiera ya para concluir mi mensaje proponer tres aplicaciones en las que el trabajo es tornado para bien por medio del Evangelio en nuestras vidas. Cómo el trabajo caído, ese trabajo que ya vimos que es algo mandado por Dios y todo lo que ya vimos y ahora caído, puede ahora ser hasta cierto punto redimido con mi relación con Dios que es nueva gracias a Cristo.

Bueno, lo primero es que el trabajador cristiano, el que conoce a Cristo, no trabaja con la misma motivación. La motivación típica del trabajo en el mundo es el dinero, es la fama, es el reconocimiento humano, es el aplauso, es encontrar identidad en lo que hago. Pero se supone que el cristiano no trabaja con ninguna de esas motivaciones. Aunque el dinero sí es uno de los beneficios y tenemos que conseguir dinero para cubrir nuestras necesidades, eso no es lo que me mueve. Esa no es la motivación inicial, la motivación principal.

¿Y cuál es la motivación principal? Bueno, verlo de la siguiente manera en un pasaje muy conocido que Pablo les habla a los trabajadores. Les dice: "Siervos, obedezcan en todo a vuestros amos terrenales. No sirviendo al ojo como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, háganlo de corazón como para el Señor y no para los hombres" (Colosenses 3:22). Ponte ahí, ponte trabajo ahí. Todo lo que tú haces, en un trabajo remunerado o no, fuera de la casa, dentro de la casa, en tu labor, en tu rol que te ha tocado vivir en esta creación, si es que tienes alguno, y si no lo tienes, búscalo entonces. Hazlo de corazón como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibirán las recompensas de la herencia, porque a Cristo el Señor sirven.

Ay, bueno, mi jefe... No, no es mi jefe. Mi jefe es Cristo. Yo no me debo a esta empresa, yo me debo al Señor. Entonces mi motivación es distinta. Y yo creo que alguien que pueda hacer ese switch de supervisor o superior, y quitar el supervisor que tiene y poner a Cristo como supervisor, va a hacer un gran aporte a su labor. Eso va a ennoblecer lo que tú haces. Te va a dar una nueva gasolina para continuar, a pesar del mundo caído, del trabajo aflictivo que nos toca a veces llevar a cabo, porque trabajamos para Dios. Y yo diría que tu motivación debe venir no de la grandeza de la empresa o de tu jefe, sino de la grandeza de tu Señor, que es quien te supervisa y te recompensará. La motivación cambia para aquel que ha encontrado a Cristo.

Pero no solamente eso, sino que ahora el método es distinto. No solo la motivación, el método es distinto. Si yo soy, por así decir, el representante de Dios, el Dios excelente, el Dios diligente, el Dios de gloria, el Dios compasivo, el Dios atento, todo eso tiene que de alguna manera manifestarse, reflejarse en mi trabajo. Se supone que nosotros hemos sido llamados a anunciar las virtudes del que nos llamó. De alguna manera entonces, el método cristiano para trabajar es distinto.

Y yo voy a proponer una fórmula. El trabajo cristiano tiene dos componentes básicos. Puede ser que algunos lo encuentren controversial, puede ser que algunos digan: "Bueno, hay otro componente", pero yo voy a proponer que el trabajo cristiano se compone de ética bíblica más competencia profesional. Competencia no me refiero a que compitamos con otros, sino a ser buenos en lo que hacemos, lo mejor que podamos. Calidad, calidad en lo que hacemos. Nuestro Dios es un Dios excelente. Mira la creación, mira tu cuerpo, mira cómo Dios lo ha hecho. Definitivamente que la creación revela un Dios que atiende los detalles, un Dios de calidad, un Dios que hace cosas de calidad.

Y el gobierno de tu trabajo tiene que estar gobernado por la ética de la Palabra de Dios: el cumplimiento, la honestidad, la honradez, y múltiples aspectos que tienen que ser parte de tu trabajo, como la compasión, la empatía, la misericordia y demás. Pero tiene que venir acompañado también de que tú quieres hacerlo mejor, que tú puedas hacer con los recursos que tú tienes. Ética y competencia, o calidad en todo lo que hacemos. Entonces primero, nuestra motivación cambia porque servimos al Señor. Segundo, nuestros métodos cambian, obviamente porque servimos al Señor y nuestro Dios es un Dios excelente en todo lo que hace.

Y número tres, hay un propósito superior. Ahora mi propósito, como lo dice Pablo, es traer gloria a Dios. Primera de Corintios 10:31: "Ya sea que coman o beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios". Yo diría que coman o beban, que trabajen o que laboren, sean pagados o no, les paguen mucho o poco, háganlo todo para la gloria de Dios. El dinero no me mueve, me mueve Dios, me mueve su gloria.

Supónganse ustedes que este grupo, este grupo y el anterior, y el mundo cristiano, y los hijos de Dios salimos a la calle con un concepto de este tipo a trabajar. No sirvo a los hombres, sirvo a Dios. No funciono, no procedo como los hombres proceden, procedo como Dios procede, con excelencia y calidad. Pero lo hago al final no para mi gloria, sino para la gloria de aquel que me ha salvado. Yo creo que eso revolucionaría el mundo laboral y habría obviamente una atención sobre quiénes son estos. Bueno, hijos del Dios Altísimo.

John MacArthur, y con esto concluyo citando este pasaje de Primera de Corintios 10:31, él dice: "Las tareas más mezquinas y comunes en la vida son ennoblecedoras y son dignificadas cuando se hacen para la gloria de Dios, hasta lavar los platos". Por esa razón algunas amas de casa tienen este lema sobre su fregadero: "Aquí se celebra un servicio divino tres veces al día". Así es.

Entonces que el Señor nos dé esta manera de pensar acerca de lo que hacemos. No es casual que tú hagas lo que haces. No estás ahí por accidente. Tienes un rol que jugar, tienes un Señor al que rendir cuentas, tienes una forma de hacer lo que es la Palabra que indica, y tienes al final alguien a quien apuntar, porque lo que tú hagas o glorifica o trae vergüenza al nombre de nuestro Dios. De hecho, esto no está en el río, pero Pablo le decía a los empleados o trabajadores en un momento dado: trabajen de tal manera que su labor embellezca el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. "Que adorne la doctrina de nuestro Salvador" es la frase que utiliza.

¿Que yo trabaje de una manera que yo ya de por sí voy a embellecer el Evangelio de Jesucristo? ¿Cómo es posible que yo lo pueda embellecer? Bueno, Pablo dice que sí, que hay una forma de trabajar que trae belleza, que maquilla —cosmeo es la palabra en el original—, que embellece el Evangelio de mi Señor. Así que era Dios que nosotros trabajemos cada día. Así que mañana, cuando vayamos a nuestros trabajos, y el martes y el miércoles, tú vas en nombre de Dios a cumplir una misión, a traer al mundo misericordia, provisión, sustento, empatía, cuidado, enseñanza, verdad, formación, seguridad, etcétera, etcétera. Todo eso puede ser en cualquier rol que Dios te ha otorgado. Así que el Señor sea con nosotros. Vamos a orar.

Señor, gracias. Gracias por tu verdad. Gracias, Señor, por hacernos hasta cierto punto socios tuyos en la preservación, el desarrollo y la preservación de tu creación. Señor, ayúdanos a cambiar nuestra manera de pensar. Como tus hijos, tenemos que abrazar verdades que nos son a veces contrarias a las cosas que nosotros pensamos y hemos abrazado. Pero yo te pido que a través de tu Espíritu tú nos des una manera renovada de ver el trabajo y de trabajar, de trabajar con empeño, con dedicación, con excelencia, de forma tal, como decíamos al final, que tú seas glorificado con nuestra labor. Señor, exáltate entre nosotros y úsanos como tus hijos para llamar la atención de un mundo que está sordo y que está, Señor, confundido acerca de lo que es el trabajo y de lo que hace día a día. Gracias, Dios, en el nombre de Jesús. Amén.

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.