Todos llevamos una especie de agencia de publicidad personal: presentamos lo mejor de nosotros mientras ocultamos las cargas que realmente nos pesan. Decimos que todo está bien, pero basta una pregunta honesta para descubrir que hay un "pero" escondido. La cuestión es cómo podemos presentarnos ante Dios con todo lo que somos, tanto en los momentos altos como en las caídas más profundas.
La vida de David ilustra esta tensión de manera dramática. En pocos años pasó de ser un joven olvidado que pastoreaba ovejas a convertirse en amigo del hijo del rey, vestir ropas militares, prosperar en todo lo que emprendía y ser celebrado en canciones por todo Israel. Pero esa gloria se derrumbó con la misma rapidez: la envidia de Saúl lo convirtió en fugitivo. El hombre que antes participaba de banquetes reales tuvo que suplicar por un pedazo de pan. En su desesperación, huyó a territorio enemigo y, al ser reconocido, se fingió loco hasta dejar que la saliva corriera por su barba, perdiendo toda dignidad con tal de salvar su vida.
Sin embargo, es precisamente después de esa humillación cuando David escribe el Salmo 34: "Bendeciré al satisfecho Señor en todo tiempo; continuamente estará su alabanza en mi boca". Esta fue su decisión fundamental. En lugar de permitir que la amargura de los descontentos en la cueva de Adulam llenara su alma, eligió magnificar a Dios. Decidió que el Señor brillaría en su interior a pesar de las circunstancias, y que otros lo escucharían adorar en medio de la dificultad. Ahí radica el secreto: no en encontrar primero la solución, sino en cultivar una actitud de adoración que venza el temor, ilumine la oscuridad, elimine la vergüenza y libere de la angustia.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bien, hermanos. La semana pasada nuestro pastor, al momento de presentar la interpretación del texto del que él estaba hablando, mostró cómo algunas palabras —y creo que la semana pasada él utilizó la palabra "pues" en medio del texto que estaba interpretando— servían de conexión entre las ideas que el escritor bíblico había mencionado anteriormente con las ideas que continuaban. De tal manera que esta palabra era importante en el proceso de interpretación, en la medida en que ayuda a entender una idea anterior para luego poder entender el significado de la conclusión. Esta es la idea de la palabra "pues" o "sin embargo", que nos muestran siempre una conexión entre algunas ideas.
Ahora, esto no ocurre solamente en el mundo de la lengua, sino que a veces también nosotros de alguna manera nos sentimos conectados, o hay palabras en nuestra vida que marcan una diferenciación entre lo que presentamos y lo que nosotros somos en realidad. A veces, en el trabajo y en el desarrollo del ministerio pastoral, uno tiene la oportunidad de hablar con muchas personas, y las personas suelen —muy a menudo todos nosotros, que somos humanos— tener su propia agencia de publicidad. Nos encanta poder dar un comercial de 30 segundos contando lo bien que estamos, lo bien que nos va, etcétera, etcétera. Sin embargo, en la medida en que uno va conversando con las personas, uno siempre puede de alguna manera indagar si ese comercial encierra toda la verdad, o si ese comercial en realidad está muy lejos de lo que la vida realmente es.
Entonces uno puede preguntar y decir: "Está muy bien todo lo que tú me estás diciendo, pero..." Y ese "pero" puede marcar una gran diferencia. A veces, cuando una persona empieza a hablar de sí misma, uno le pregunta: "Está bien lo que me estás diciendo, pero ¿hacia dónde vas?" Por ejemplo, si nosotros escucháramos a un hombre contarnos y me dice: "Pepe, yo tengo 15 años preciosos de matrimonio; mi mujer es hermosa; los hijos que me ha dado son bellos, todos parecidos a mí; en realidad ha sido la gloria", hasta que tú le dices "pero..." y responde: "El problema es que somos como perro y gato en una jaula de canarios." Y eso nos da una sensación de que a veces nuestra vida, con todo lo que nosotros presentamos y todo lo que solemos decir, en realidad no encierra todo lo que somos cuando lo mencionamos.
A veces en nuestra vida hay situaciones difíciles que nosotros enfrentamos y que mantenemos como en la parte interior de nuestra existencia, de tal forma que lo que mostramos es lo que nos gusta, lo que nos atrae, lo que puede impresionar a los demás, pero nos quedamos con una tremenda carga sobre la espalda de una existencia que no es conforme a la manera en que la publicitamos.
Y la pregunta es: ¿cómo nosotros podemos ayudarnos a nosotros mismos a poder traer toda nuestra vida delante del Señor? ¿Cómo nosotros podemos realmente presentarnos delante del Señor con todo lo que somos, sabiendo que en realidad nuestro Dios conoce aun nuestro suspiro, que el Señor nos conoce tan profundamente que no hay cosa que nosotros podamos ocultar de su presencia, que no hay lugar adonde nosotros nos podamos esconder de Él?
Pero lo importante entonces es que nosotros podamos vislumbrar cómo llegar a Él con todo lo que somos, en medio de nuestros puntos altos y en medio también de nuestras más profundas desgracias; cómo nosotros podemos presentarnos delante del Señor y bendecirle en los tiempos de abundancia, como también bendecir al Señor en los tiempos de gran dificultad.
Durante estas últimas semanas yo he estado meditando bastante en esto, y básicamente he estado conversando sobre el pasaje que ahora les voy a mencionar con algunos amigos; lo he estado conversando con el grupo de jóvenes, y ahora quisiera traerles esta reflexión también delante de ustedes: cómo poder nosotros vislumbrar en nuestra vida la posibilidad de poder ver al Señor en todo lo que hacemos, en todo lo que somos, en nuestros puntos altos y también en nuestros puntos bajos, de tal manera que no haya "peros" en nuestra vida, sino que nuestra vida sea transparente delante de Dios.
En la vida del rey David nosotros encontramos varias veces estos puntos altos y estos puntos bajos. Definitivamente, la vida humana no es solo una línea continua, y tampoco es una sucesión de puntos altos. Básicamente, nuestra vida es una sucesión de puntos altos y de puntos bajos, de cosas que nosotros podemos alcanzar por nuestros propios medios, de cosas a las que nosotros podemos llegar porque la ola nos hizo llegar, y también de situaciones en que nosotros caemos en lo más bajo, no solamente producto de nuestro pecado sino también de las circunstancias. Y en la vida del rey David nosotros encontramos justamente eso.
En 1 Samuel, del capítulo 18 hasta el capítulo 22, nosotros encontramos todo un proceso muy rápido que en realidad tomó varios años, pero que el escritor del libro le toma solamente unos tres capítulos para narrarnos de una manera muy rápida cómo es que David pasa de la gloria a la caída en un solo proceso, y cómo este hombre atraviesa por estas circunstancias. Y de una manera muy descarnada, el autor nos provee una imagen de este hombre que fue denominado por Dios mismo un hombre conforme a su corazón.
Yo no voy a usar todos los pasajes para poder contarles esta historia, pero sí les voy a pedir que me permitan poder mostrarles algunos momentos de la historia de su vida para poder entender la enseñanza que yo tengo para ustedes. En el servicio anterior me enfaticé mucho en la lectura de los textos y eso me tomó más tiempo de lo esperado, por eso quiero que ustedes me permitan ahora poder contarles la historia de tal manera que yo pueda hacer la historia un poco más ligera y podamos llegar al punto que quiero darles de una manera más rápida.
Nosotros conocemos básicamente y de manera general la historia del rey David, ¿verdad? Un muchacho que era el hijo menor de una familia. Cuando el profeta Samuel va a la casa de Isaí en búsqueda del futuro rey de Israel, dice que él le presentan a todos sus hijos y que Samuel se queda preguntándose dónde está el rey, porque el Señor no se lo había revelado todavía. Entonces le pregunta a Isaí: "Oye, ¿pero no te queda por ahí? ¿Has mirado bien? ¿Has contado? Fulano, mengano..." Y empieza: "Fulano, mengano, sutano... ¿No te queda un hijo por ahí?" Y el hijo, a verdad, David, lo hace venir, porque David era el pastor de las ovejas de este patriarca, y básicamente era el oficio, podríamos decir, más insignificante dentro de una relación de clan familiar. Y lo traen a la presencia de Samuel. Conocemos ese suceso, ¿verdad?
Sin embargo, de ese momento en adelante se empiezan a suscitar una serie de cambios en la vida de David que son muy rápidos y que son ascendentes. David es ungido por Samuel como rey. Luego se presenta la guerra con los filisteos, en donde David no era un soldado del ejército. Él va con unos regalos de su padre para los capitanes que tenían a sus hijos como soldados. Él va para averiguar cómo iban las cosas y se entera del problema que había con el famoso Goliat. Conocemos esa historia. Él llega a vencer a Goliat, y a partir de ese momento la fama de David, muy joven todavía, empieza a crecer como espuma.
En el capítulo 18, toda la primera parte, en los primeros veinte o treinta versículos, nosotros encontramos de manera muy resumida lo que empieza a suceder con David. En los primeros cuatro versículos nosotros nos encontramos que David, que era un personaje insignificante y escondido, olvidado aún dentro de su propia familia, viene a hacer amistad con el hijo del rey, con Jonatán. Y Jonatán dice que lo llega a amar como a sí mismo. De ser un hombre insignificante viene a ser amigo de uno de los personajes más importantes en el gobierno de Israel, un militar también. No solamente sucede eso, sino que dice que ellos realizan un pacto, un pacto entre ellos. O sea, esta amistad se solidifica sobre la base de una relación muy estrecha entre ellos.
Y Jonatán toma una decisión que quizás para nosotros occidentales no podemos entender correctamente. En el verso 4 del capítulo 18 dice que Jonatán se quitó el manto que llevaba puesto y se lo dio a David, con sus ropas militares, incluyendo su espada, su arco y su cinturón. El manto era algo que solamente las personas muy ricas y las personas muy poderosas usaban en el Israel antiguo, y este no era solamente un manto, sino que era el manto de Jonatán. Jonatán se despoja de sus ropas reales y de sus ropas militares y se las entrega a David, de tal manera que David no solamente viene a ser amigo de hombres poderosos, sino que también él empieza a vestir como un hombre poderoso. O sea, aún su apariencia cambia. A él le quitan las ropas pastorales y le ponen las ropas militares, y él empieza a caminar con la apariencia de alguien, ¿cierto? Porque "dime cómo te vistes y te diré quién eres", dicen por aquí en República Dominicana, ¿verdad? Entonces David estaba vestido con ropas militares, tenía la espada de Jonatán, tenía el arco y el cinturón de Jonatán, de tal manera que su apariencia ya no era la del pastor, sino la del amigo del hijo del rey.
Ahora, no solamente nos cuenta esta historia, sino que David empieza a asumir responsabilidades militares y responsabilidades gubernamentales. El verso 5 dice: "Y salía David a dondequiera que Saúl lo enviaba, y prosperaba." O sea, David empieza a demostrar sus capacidades político-militares, y estas capacidades político-militares se evidenciaban en éxito en sus acciones. David se había convertido en amigo del hijo del rey, vestía como un militar, ¿no cierto?, y como una persona potentada de la sociedad, estaba cumpliendo roles militares y políticos mediante los cuales prosperaba.
Y dice la segunda parte del verso 5 que Saúl lo puso sobre hombres de guerra. David, que era un joven aproximadamente de veinte años en ese momento, se le puso alrededor hombres de guerra, o sea, personas experimentadas a las cuales él dirigía. David estaba rodeado de gente importante. Ya no solamente tenía vínculos de amistad con el poder, sino que ahora él mismo detentaba el poder y prosperaba. Y dice el final del verso 5: "Y esto fue agradable a los ojos de todo el pueblo, y también a los ojos de los siervos de Saúl." O sea que David gozaba de popularidad, popularidad no solamente delante del ambiente gubernamental, sino también delante de todo el pueblo. Esto es un cambio significativo. David está subiendo y acercándose a la cima.
No solamente eso, sino que ahora mucho se habla de esta sociedad que exalta tanto la fama y la popularidad. De hecho, de ser famoso, pues David hace tres mil años atrás también alcanzó esto. A partir del verso 6 y el verso 7 del capítulo 18 nos dice cómo es que David había alcanzado este renombre y esta popularidad: "Y aconteció que cuando regresaban, al volver David de matar al filisteo, las mujeres de todas las ciudades de Israel salían cantando y danzando al encuentro del rey Saúl, con panderos, con cánticos de júbilo y con instrumentos musicales. Las mujeres cantaban mientras tocaban y decían: Saúl ha matado a sus miles, y David a sus diez miles."
Y eso no es solamente porque rimaba, porque a veces si rima, si rima lo canto, sino que era realmente este sentimiento popular hacia este joven que había libertado a Israel de los filisteos, que había demostrado que era un hombre capaz para desarrollarse en las lides político-militares, era amigo de Jonatán, un personaje querido en todo Israel. Él gozaba de la afirmación popular, de la afirmación fundamental, y ahora gozaba de una fama que se había extendido a todas las ciudades de Israel, porque nos dice que en todas las ciudades salían cantando y danzando al encuentro del rey, y lo hacían con gran algarabía.
Esto no termina allí, sino que, para ponerle la cereza al bizcocho, David se convierte también en yerno del rey. Él toma a una de las hijas de Saúl como esposa, y por lo tanto ahora él mismo viene a ser parte de la familia real. Si nosotros vemos entonces cómo este joven de pasado oscuro pasa de ser olvidado aún por su padre a ser un hombre absolutamente famoso, reconocido y hasta cantado. Porque ya cuando hacen una canción acerca de ti, cuando tu nombre aparece en una canción, ya tú llegaste a la cima, a la cima de la fama. Y esto es lo que había pasado con el rey David.
Dice el verso 30 del capítulo 18: "Y salían los jefes de los filisteos a campaña, y sucedía que cada vez que salían, David se comportaba con más sabiduría que todos los siervos de Saúl, por lo cual su nombre era muy estimado."
Sin embargo, hermanos, nosotros vamos a encontrarnos que repentinamente estos pocos años, que algunos historiadores hablan de tres a seis años de popularidad, rápidamente esto se acaba, y David pasa de la gloria y la excelencia del reconocimiento popular y la fama a una caída vertiginosa. El verso 8 del capítulo 18 nos dice: "Entonces Saúl se enfureció por el dicho" —por el cantito; no hay que dejarse cantar—. "Entonces Saúl se enfureció, pues este dicho le desagradó, y dijo: Han atribuido a David diez miles, pero a mí me han atribuido miles. ¿Y qué más le falta sino el reino?" De aquí en adelante Saúl miró a David con recelo, y este recelo, no lo vamos a explicar en este momento, se fue acrecentando a tal punto que en el verso 1 del capítulo 19 Saúl dijo a su hijo Jonatán y a todos sus siervos que procuraran darle muerte, que le dieran muerte a David. Había llegado el punto en que David se había convertido en un gran obstáculo para Saúl, y por lo tanto había que deshacerse de él.
Lo cierto es que David empieza a descubrir esta animadversión en su contra, y él empieza a actuar con más sigilo. Jonatán, que tenía una gran estima por David, empieza a interceder delante de su padre, pero todo se vuelve infructuoso. Cada día que va pasando Saúl está más celoso con David, hasta el punto de atentar contra la vida de este joven muchacho en un par de oportunidades. Es así entonces que David empieza a ver cómo, habiendo estado en la gloria, habiendo descubierto la popularidad, estando muy bien relacionado, haciendo muy...
Bien, las cosas empiezan a desmoronarse muy rápidamente en su vida, y David tiene que finalmente huir de la presencia de Saúl. En uno de sus encuentros, en el capítulo 20, en el verso uno, David se va a encontrar con Jonatán y le dice: "¿Qué he hecho yo? ¿Cuál es mi maldad? ¿Cuál es mi pecado contra tu padre para que busque mi vida? ¿Qué he hecho yo? ¿Cuál es mi maldad?" David reconoce el peligro en que se encontraba su existencia. Todo lo que había ganado no valía nada en este momento. Al final del verso 3, él dice con dolor y con profunda amargura y con realidad: "Apenas hay un paso entre mí y la misma muerte. Apenas hay un paso entre mí y la misma muerte."
Lo cierto es, hermanos, que Jonatán hace un pacto con David. Él dice: "Yo voy a tratar de interceder delante de mi padre. Mira, vamos a encontrarnos en este campo. Tú te vas a esconder entre el follaje y tú vas a esperarme. Si yo digo esto, si yo digo estas palabras, eso significa que mi padre se ha calmado y que tú puedes volver a la ciudad. Pero si yo no digo estas cosas, sino que digo estas otras, esto significa entonces que todo está perdido y que tú tienes que seguir huyendo." Jonatán intercede delante de su padre y se da cuenta que su padre no quiere dar su brazo a torcer. Por lo tanto, él va y le da la señal a David y le dice: "David, lamentablemente las cosas están mal. Esto no va a funcionar."
Y en el verso 41 del capítulo 20 nosotros vemos reflejado este encuentro. Dice: "Cuando el muchacho se fue" —que era el muchacho que estaba haciendo las cosas con Jonatán— "David se levantó del lado sur, y cayendo rostro en tierra se postró tres veces, y se besaron el uno al otro, y lloraron juntos, pero David lloró más." David sabía que este encuentro era el encuentro final para este par de amigos. David sabía que ahora lo que se le venía era solamente oscuridad e incertidumbre. David por eso dice que lloró más, porque cuando nosotros vemos que nuestra vida se deshace, pues básicamente ¿qué sucede con nosotros ante la incertidumbre? Nuestro corazón se llena de amargura y se llena de dolor, y simplemente lloramos más. Lloramos más por la situación en la que nos encontramos.
Al final del verso 42 hay unas palabras que son muy interesantes para mí, porque dice: "David se levantó y se fue, y Jonatán entró en la ciudad." David se levantó y se fue, pero no dice a dónde se fue. Simplemente él se tiene que ir porque ya no hay lugar para él. Jonatán vuelve al lugar que le correspondía, vuelve a su puesto en el gobierno, vuelve a su honor y a su fama. Pero David en este momento lo había perdido todo. A David solamente le toca huir.
Y lo primero que nosotros nos encontramos en el capítulo 21 es a este David huyendo. Y en medio de su huir, el hombre que era amigo del hijo del rey, que era apreciado por todos, que estaba rodeado de hombres expertos, que prosperaba en todo, que actuaba con sabiduría, el hombre que era celebrado por las multitudes y cantado por las multitudes, en el capítulo 21 nos encontramos con un hombre absolutamente solo que se presenta delante del sacerdote Ahimelec y le dice: "¿No tendrás por ahí un pancito, por favor?" Porque eso es lo que le dice: "¿No tendrás por ahí un pan?" ¡Qué diferencia del hombre celebrado por multitudes que participaba de los banquetes reales, a un hombre que se acerca delante del sacerdote y le dice: "Oye, no quisiera molestarte, pero ¿tendrás un pancito? Un pancito."
Y David se presenta delante de Ahimelec, y luego nosotros vemos que más adelante él aún se presenta sin armas, porque él ya no era el hombre de renombre con el manto, con las ropas militares, con la espada, con el escudo y con el arco, porque esas cosas ya no le pertenecían. Él estaba huyendo, tenía que esconderse, y aún él ruega por una espada. "¿No tendrás por ahí una espada?" Porque ya ni siquiera tenía los símbolos que antes le caracterizaban.
Lo cierto es que en medio de esa huida David toma una decisión que es una decisión muy interesante, porque David se ve en peligro en Israel, y por lo tanto él decide cruzar la frontera hacia el primer país vecino que Israel tenía, pero que era un país enemigo de Israel. Y él decide cruzar la frontera porque él no estaba seguro en su tierra, aunque sabía que tampoco estaría seguro en tierra ajena. Sin embargo, en su desesperación él tiene que tomar esa decisión.
Y en el capítulo 21, a partir del verso 10, dice: "David se levantó y huyó aquel día de Saúl, y se fue a donde estaba Aquis, rey de Gat. Pero los siervos de Aquis le dijeron: '¿No es este David, el rey de la tierra? ¿No cantaban de él en las danzas diciendo: Saúl mató a sus miles, y David a sus diez miles?'" Bendito cantito. Vean todos los problemas que el cantito me ha causado. Pero nuevamente este canto anunciaba la realidad de un David que David quería olvidar, la razón de su persecución. Y el verso 12 dice: "David tomó en serio estas palabras y temió grandemente a Aquis, rey de Gat, y se fingió demente ante sus ojos, y actuaba como loco en medio de ellos. Escribía garabatos en las puertas de la entrada y dejaba que su saliva le corriera por la barba."
Noten la diferencia, hermanos, entre el capítulo 18 —el próspero David, el que iba en ascenso como la espuma— y el David con el que nos encontramos aquí. El David que pasa hambre y que tiene que suplicar por un pedazo de pan. Al David que en su desesperación entra a una ciudad enemiga. Y las puertas de la ciudad, en realidad las puertas de entrada a la ciudad, era el lugar en donde estaban los gobernantes de la ciudad, donde se hacían los comercios y se hacían los negocios. Y es muy probable que David haya pedido permiso para entrar en la ciudad, y en ese momento él fue reconocido. Al ser reconocido y al escuchar que sabía la gente quién era él, él tomó una decisión. ¿Cuál fue esa decisión? "Me voy a hacer el loco." ¿No es eso desesperación? Él sabía que ya no podía correr, porque si corría lo descubrían. Él sabía que no podía entrar, porque si entraba lo mataban. ¿Qué iba a hacer? Se hizo el loco.
Pero esto, hermanos, para este hombre significaba realmente un acto desesperado. Y no solamente eso, sino que se fingió demente ante sus ojos y actuaba como loco en medio de ellos. Escribía garabatos en las puertas de la entrada. Y a mí lo que más me sorprende y realmente conmueve mi corazón es que dice la Palabra que él dejaba que su saliva le corriera por la barba. Yo creo que yo puedo hacerme el loco y escribir garabatos. No lo voy a hacer, yo sé que a algunos les pena, pero no lo voy a hacer, que me ponga a escribir garabatos en las paredes y que actúe como si fuese un demente, tratando de que la gente piense de mí lo que debe pensar. Pero cuando David deja correr saliva por su barba, ¿usted se ha puesto a pensar cuán difícil es hacer eso? Una persona civilizada, cuando siente que le va a escurrir saliva, ¿qué hace? Espera. Tengo que estarlo dejando pasar para que en mi fingimiento de loco no solamente tenga que hacer eso, sino que tengo que hacer algo más. Algo que sea dramático, pero algo que raya en la pérdida de dignidad como ser humano, producto de la desesperación en la que yo me encuentro. Él deja correr la saliva por su barba. David había perdido completamente el sentido de su propia dignidad en la búsqueda de la salvación de su alma.
Finalmente, para no hacer la historia más larga, dice que David, en el capítulo 22, llega a huir. Y en el verso uno se nos dice que él encuentra un lugar en donde refugiarse: la cueva de Adulam. "David se fue de allí y se refugió en la cueva de Adulam. Cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, descendieron a él allá. Todo el que estaba en apuros, todo el que estaba endeudado y todo el que estaba descontento se unió a él, y él vino a ser el jefe sobre ellos." David no llegó a Adulam como candidato político, ¿verdad? Él llegó a Adulam porque él también estaba desesperado. Y es el lugar para los desesperados, para los descontentos y para los endeudados. Y David reunía todas las características para estar allí como uno de ellos. Él no era el salvador de ellos; él era uno de ellos, tanto como los demás.
Recordemos cómo empezamos la historia de David: vence a Goliat, se hace amigo del hijo del rey, empieza a prosperar, se le reúnen hombres experimentados a su alrededor, goza de la aprobación gubernamental, goza de la aprobación popular, se hace un cántico en su nombre, prospera en todo lo que emprende, es sabio en todo lo que hace. Y ahora está escondido en una cueva después de haberse hecho el loco hasta el punto de dejar que la saliva corriera por su barba.
La pregunta que yo me hago, hermanos, ante la situación desesperada, es: ¿cómo David estaba entendiendo su vida y su relación con Dios en medio de esta situación tan dramática? El David que nosotros conocemos es el David que había declarado delante de Saúl, cuando él se puso como candidato para vencer a Goliat, él declaró que Dios estaba con él. Él declaró que el Dios de los ejércitos estaba con él. Ahora yo me pregunto si es que él podía decir lo mismo después de que había tenido que suplicar por pan, después de que habían intentado matarlo dos veces, después de que lo había perdido todo, después de que se había hecho el loco y había dejado que saliva corriera por su barba. Yo me pregunto: ¿cuál era su opinión de Dios en este momento? Porque muchos de nosotros cuando estamos bien podemos decir muchas cosas. Pero ¿qué pasa cuando estamos mal y cuando estamos caídos? ¿Qué pasa cuando las cosas no suceden como las esperamos? ¿Qué pasa cuando todas nuestras declaraciones en los momentos en que la espuma sube se convierten en nada, cuando estamos en el hoyo más profundo y cuando hemos tenido que tomar decisiones que aún atentan contra nuestra propia dignidad? ¿Cómo pensaba David? Esa es la pregunta que yo me hago.
Pues David nos da la respuesta, porque nosotros tenemos un salmo que David escribe justamente después de salir de la experiencia que él pasó con el rey Aquis. El Salmo 34 es justamente la expresión de esa decisión. El Salmo 34 dice: "Salmo de David, cuando se fingió loco delante de Abimelec, y él lo echó, y él se fue." David entonces, cuando se va, entra en la cueva donde están todos los endeudados, todos los descontentos, todos los pesimistas…
Toma una decisión delante de Dios. Él dice: "Yo no me voy a quedar en este hoyo, porque este hoyo es circunstancial, pero yo voy a cambiar mi actitud". ¿Cómo voy a cambiar mi actitud? "Bendeciré al Señor en todo tiempo, continuamente estará su alabanza en mi boca". Esta es la decisión que David toma en ese momento dramático, y eso es lo que le hizo cambiar una situación de derrota en una situación de victoria hacia el futuro.
Y eso es justamente lo que nos hace diferentes a un hombre conforme al corazón de Dios de uno de nosotros. Porque cuando nosotros caemos en derrota, nosotros empezamos a descubrir que hay personas a nuestro alrededor que intentan levantarnos: "Pero ven, por favor, pero ven a la iglesia, pero ven que te va a hacer bien, pero déjame orar por ti, por favor". Y entonces como que: "No, no, no, no, no. Por mí no, estoy mal, estoy mal". "Toma". "No, gracias, no". "No, no, no. ¿Dios dónde está? ¿Dios dónde está? ¿Dios en esta situación dónde, dónde, dónde?". Yo me quejo, yo me quejo y yo me quejo, y yo me vuelvo añoso, mañoso, añoso. Me encanta la palabra niñoñería, ¿qué te sugiere? Añoso. Y realmente representa... yo me lo imagino.
Pero ¿cuál es la diferencia entre nuestra niñoñería y la actitud de David? Porque yo estoy seguro que ninguno de nosotros, por más difíciles que sean nuestras circunstancias, nunca hemos estado en la posición en que David estuvo: en el peligro de nuestra vida, haberlo perdido todo, preguntándome qué he hecho yo para que a mí me pasen estas cosas. A David le esperaba casi una década desde el momento en que le escribe el Salmo 34 hasta que él finalmente sale de esta prueba. Casi una década. Por lo tanto, él tenía que tomar una decisión con respecto a su vida. ¿Cuál es esa decisión? Bendeciré al Señor en todo tiempo. Bendeciré al Señor en cualquier circunstancia.
La palabra bendición es la palabra "barak" en hebreo, que básicamente, literalmente significa arrodillarse. Por lo tanto, no es solamente decir "Dios mío", sino que implica una actitud reverente de adoración al Señor. Bendeciré al Señor en todo tiempo. David todavía podía sentir la saliva y el olor de saliva en su barba cuando, entrando a la cueva, él está diciendo: "No me voy a quedar así. No voy a dejar que estos descontentos llenen de amargura mi alma. No voy a dejar que estas circunstancias transformen mi corazón. Bendeciré al Señor en todo tiempo".
Bendeciré al Señor en todo tiempo es la decisión que David toma. Y él dice: "Continuamente su alabanza estará en mi boca". Continuamente, día a día, su alabanza estará en mi boca. Es la decisión que yo estoy tomando. Mi decisión fundamental y de principio es bendeciré al Señor en todo tiempo. Mi decisión práctica es que su alabanza estará de continuo en mi boca. Por lo tanto, voy a cantar en esta cueva, voy a recordar por lo que he pasado y voy a alabar al Señor. Voy a alabar al Señor. Continuamente estará su alabanza en mi boca.
Luego dice en el verso dos: "En el Señor se gloriará mi alma". Y la palabra gloriarse en español no representa todo lo que David está diciendo en el lenguaje original, porque la palabra gloriar es la palabra brillar, es la palabra celebrar. Lo que David está diciendo es: "El Señor va a brillar en mi alma". "En el Señor se gloriará mi alma" está diciendo: "Mi alma va a brillar con la presencia del Señor en mi propia vida. Voy a hacer que estas oscuridades dentro de mi corazón se conviertan en iluminación, porque en el Señor brillará mi alma. Mi alma va a brillar con la presencia del Señor". Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará de continuo en mi boca, en el Señor se gloriará mi alma. "Lo oirán los humildes y se regocijarán".
¿Saben cuál es nuestro mayor pecado cuando estamos en circunstancias difíciles? Es que nos alejamos de la alabanza, nos alejamos de adorar a nuestro Señor. Pero David, en medio de decisiones, está diciendo: "Mi decisión personal es que yo voy a bendecir al Señor en todo tiempo. Su alabanza, la alabanza de Dios, estará en mi boca. El Señor va a brillar en mi alma. No voy a dejar que el Señor se opaque en mi alma. Voy a dejar que el Señor brille en mi alma". Pero lo van a oír los humildes y se regocijarán, porque ellos van a oírme alabar a Dios en medio de mi dificultad. Van a oírme alabar a Dios en medio de mi dificultad.
Y eso es lo que no oímos de los cristianos. Queremos oír a los cristianos regocijarse en el Señor en medio de su dificultad, porque han decidido bendecir al Señor en todo tiempo. Su alabanza estará continuamente en su boca. El Señor brillará en su alma y todos lo oiremos cantar.
Esa decisión de David generó un cambio radical en su existencia. Él dice en el verso 3: "Engrandeced al Señor conmigo, y exaltemos a una su nombre". ¿Saben cuál es el gran problema de nuestros problemas en relación con el Señor? Es que los problemas tienen un carácter de actuar como solvente o disolvente espiritual. Los problemas tienen la característica, producto del pecado del hombre, que en cuanto los problemas aparecen, ellos simulan la posibilidad de hacer a nuestro Dios cada vez más pequeño y mis problemas se hacen cada vez más grandes. De tal forma que la solución es imposible, porque mi Dios es tan pequeño y mi problema es tan grande que no puedo estar con Dios, porque Dios es incapaz de solucionar mi problema.
Por eso es que David, en medio de sus decisiones de salud espiritual, él está diciendo: "Engrandeced al Señor conmigo. Magnificar al Señor conmigo. Volvamos a hacer de Dios un Dios grande". Y la mejor manera es adorando al Señor. Adoremos al Señor de tal manera que Dios vuelve a ser grande, y Dios, que habita en medio de las alabanzas de su pueblo, estará actuando también en mi propia vida. Pero esto no lo hace él solo, sino que lo hace en comunidad: "Engrandeced al Señor conmigo, y exaltemos juntos su nombre. Juntos exaltemos, juntos su nombre".
Qué cambio diferente, qué diferencia en la forma en que este hombre espiritual asumió la realidad de su dificultad, a la forma en que nosotros asumimos la realidad de nuestras propias dificultades, que no llegan a ser un 5% de lo que David atravesó. Pero David generó en su carácter una decisión fundamental: bendeciré al Señor en todo tiempo. Bendeciré al Señor en medio de mi problema familiar. Bendeciré al Señor en medio de mi situación laboral. Bendeciré al Señor en medio de mi dificultad personal conmigo mismo. Bendeciré al Señor en medio de mi conflicto con mi esposo o con mi esposa, con mis hijos, con mi futuro, con mi economía. Bendeciré al Señor en todo tiempo. En medio de esa situación declararé la alabanza, quién es mi Dios, que el Señor siga brillando en mi alma, que no haya nadie que lo opaque. Iglesia, cantemos juntos, porque estoy en dificultad, pero he decidido bendecir al Señor en todo tiempo.
Ahí está el secreto de David, quien no había encontrado todavía una solución, pero que sin embargo había descubierto en su corazón la motivación sustantiva para poder tener la fuerza para poder seguir adelante.
Y él dice, a partir del verso 4 al verso 6 —no voy a tocar más que esto porque no tengo más tiempo—, pero del verso 4 al verso 6, David reconoce que su oración ha sido contestada: "Busqué al Señor, y él me respondió". Ustedes recuerdan cuando nuestro Señor Jesucristo sana al paralítico, pero antes de sanarlo, simplemente este paralítico que fue bajado del techo, el Señor le dice: "Tus pecados te son perdonados", ¿verdad? Y luego, ante el reclamo de la gente: "Se, bueno, para que vean que yo soy capaz también de perdonar pecados y también de hacerlo caminar: levántate, toma tu lecho y anda".
Esto nos muestra que el Señor a veces va hacia el centro de nuestra dificultad, y el centro de nuestra dificultad muchas veces no es la dificultad propiamente tal, sino la actitud de nuestro corazón ante la dificultad. Cuando nosotros estamos pasando por situaciones difíciles, el problema no es el problema propiamente tal, sino cómo nosotros lo enfrentamos. Y muchas veces el problema nos genera grandes miedos y temores que impiden que nosotros tomemos al toro por las astas. Vivimos atemorizados, asustados dentro de nosotros mismos, incapaces de tomar cualquier decisión que nos ayude de una vez por todas y para siempre, que nos despeje, a solucionar la dificultad en la que estamos inmersos. Pasan los años, pasan los meses, pasan los días, y yo sigo temblando, incapaz de tomar el asunto que debo resolver de una vez por todas. Estoy esperando un milagro, estoy esperando algo que pase de afuera, pero yo no puedo tomarlo porque estoy temblando.
Y no solamente es el miedo, sino que también es la oscuridad, la incapacidad de saber cómo resolverlo. Vivo dándome tumbos contra las cosas porque todo está oscuro. No encuentro luz que me ayude a salir de la situación. Otro aspecto que no es el problema pero que es más que el problema es la vergüenza. Muchos de nosotros no nos atrevemos a enfrentar nuestros problemas por la vergüenza que traería consigo si es que la gente descubre lo que a mí me ha pasado: en el negocio, en mi familia, con mi esposa, conmigo mismo. Y la vergüenza nos hace escondernos de la realidad y hace que nosotros no enfrentemos la dificultad, y vivamos simplemente metidos en un hoyo, incapaces de resolverlo.
El temor, la oscuridad, la vergüenza, y también la angustia. Porque la angustia tiene que ver con esa sensación de incapacidad: no puedo respirar, no sé qué hacer, cada vez que pienso en esto simplemente se me llena la cabeza de ideas, de ideas, y no sé por dónde atacarlo, no sé por dónde agarrarlo. Y ese es el problema. Necesito vencer el temor, necesito luz, necesito poder erradicar la vergüenza, y necesito poder erradicar la angustia. Estas cuatro cosas son fundamentales para poder enfrentar el problema con mis propias manos.
¿Qué dice David del cuatro al seis? "Busqué al Señor, y él me respondió. Él me respondió y me libró de todos mis temores. Los que a él miraron fueron iluminados". Deja de mirar el problema y mira al Señor, que brilla con su gloria y va a iluminar tu problema. Míralo a él, porque él tiene la solución para el problema. Deja de mirar la oscuridad de tus circunstancias y deja que el Señor brille en tu alma, porque él te va a hablar y te va a ayudar a entender el problema. "Los que a él miraron fueron iluminados. Sus rostros jamás serán avergonzados".
Avergonzados. La vergüenza es algo que el Señor elimina, porque el Señor toma nuestra causa en sus manos. En el Señor hay perdón, en el Señor hay misericordia, en el Señor hay consuelo, en el Señor hay disposición para enderezar nuestra vida, en el Señor hay oportunidad permanente en Él por la sangre de nuestro Señor Jesucristo.
Luego Él termina diciendo: "Este pobre clamó y el Señor le oyó, y lo salvó de todas sus angustias." Lo salvó de sus propias angustias que lo estaban ahogando: temor, oscuridad, vergüenza, angustia. Quizás sean las primeras cosas que el Señor tiene que trabajar en nuestra propia vida antes que simplemente tomar el problema y resolverlo. Porque así el Señor resuelva el problema, si es que yo no tengo el carácter firme para poder enfrentar una situación igual, la próxima vez voy a generar un problema aún más grande.
"Bendeciré al Señor en todo tiempo." Hermanos, "el Señor dio, el Señor quitó, sea el nombre del Señor bendito." Que decía el apóstol Pablo: "Sé tenerlo todo, sé estar en abundancia, y sé padecer necesidad también. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." "Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará continuamente en mi boca. El Señor brillará en mi alma, ustedes lo van a escuchar y se van a regocijar. Hagamos grande el nombre del Señor entre nosotros y exaltemos juntos su nombre."
"Busqué al Señor y Él me oyó, y Él me libró de mis temores. Lo miré a Él y Él iluminó mis circunstancias. Él no me dejará avergonzado, y Él me ha salvado de todas mis angustias." Él estaba todavía en la cueva de Adulam, pero esa cueva estaba iluminada por la vida de un hombre de fe que estaba dispuesto a enfrentar sus circunstancias en el Señor de una manera distinta, conforme a la naturaleza de Dios y no conforme a la naturaleza de los hombres. Y ahí radica la gran diferencia.
José «Pepe» Mendoza es predicador, escritor y profesor, y autor del libro Proverbios para necios: Sabiduría sencilla para tiempos complejos (Vida, 2024). Ha servido como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en la República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú, donde enseña en el Instituto Integridad & Sabiduría y colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary. También trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y juntos son padres de su hija Adriana.