Integridad y Sabiduria
Sermones

De las tinieblas a la luz

Miguel Núñez 1 mayo, 2022

La Reforma protestante trajo luz a un mundo sumido en siglos de oscuridad espiritual, y los reformadores acuñaron la frase "post tenebras lux" —después de las tinieblas, luz— para describir lo que el evangelio había hecho en las naciones. Pero hoy esa frase podría invertirse: después de la luz, tinieblas. La legalización del aborto, la proliferación de las drogas, la celebración de la ideología de género son señales de luces que se han ido apagando en Occidente. Y en medio de esa oscuridad creciente, Cristo nos recuerda nuestra misión con dos metáforas sencillas: ustedes son la sal de la tierra, ustedes son la luz del mundo.

La sal en la antigüedad servía para preservar la carne de la corrupción; de la misma manera, la vida cristiana debe frenar la descomposición moral de la sociedad. Pero hay más: la sal produce sed, y nuestro estilo de vida debería despertar en otros el deseo de beber de las aguas vivas de Cristo. La luz, por su parte, irrita a quienes aman las tinieblas, pero también ilumina el camino para que otros no tropiecen. El peligro no está en la persecución —que siempre ha purificado y fortalecido a la iglesia— sino en la seducción del mundo, que opaca nuestra luz y contamina nuestra salinidad.

El pastor Núñez recuerda cómo Guillermo Farel confrontó a un joven Calvino que quería retirarse a estudiar y escribir: "Que Dios maldiga tu descanso si ante una necesidad tan grande te niegas a prestar ayuda". Calvino se quedó en Ginebra y fue instrumento de transformación. Cristo no dijo que somos el descanso del mundo ni la meditación del mundo; dijo que somos sal y luz. No podemos quejarnos de la condición moral de una sociedad por la que nunca hemos hecho nada. Somos, en Cristo, la única esperanza que el mundo tiene para conocer el evangelio de redención.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Algunos de ustedes, no sé cuántos, no tienen que levantar su mano, estuvieron aquí el miércoles pasado y hablamos, hicimos una exposición que había titulado "De la noche a la mañana" para hablar un poco de lo rápido que las cosas habían cambiado. Y el subtítulo fue "Claridad en medio de la confusión", de manera que pudiéramos tener cierta claridad mental, espiritual, a la luz de la Palabra, en medio de toda la confusión de nuestros días.

Dijimos en ese contexto que Occidente, y entiéndase una vez más, cada vez que digo Occidente tengo que ayudarlos, recordarles, que Occidente es, por ejemplo, en esencia, el continente de Europa sin la Europa comunista, sin la Europa oriental. Es Norteamérica: Canadá y Estados Unidos. Y somos nosotros, porque en esencia, cuando hablamos de Occidente, estamos hablando del grupo de naciones que fue colonizada, impactada, culturalizada, si pudiéramos decir, por los valores europeos, que de alguna manera eran valores judeocristianos. Y que en esa región todavía se vieron mucho más claramente visibles y expresados a partir de la época de la Reforma. Y esa Reforma se movió a Norteamérica, lamentablemente no tanto a Latinoamérica.

Dicho de otra manera, cuando la Reforma surgió, el mundo estaba viviendo un momento de oscuridad. Los siglos, los diez siglos previos a la Reforma fueron caracterizados como siglos de gran oscuridad. El Evangelio había sido ocultado, hubo poca producción literaria, poca producción intelectual, la economía había caído, todo fue afectado. Y de repente llegó la luz, llegó el Evangelio, brilló la luz de Cristo, y una vez más ahí estaba la Palabra de Dios marcando el curso a seguir. Y los historiadores se han puesto de acuerdo que la revolución de la Reforma protestante ha sido la más grande revolución en términos del impacto que causó sobre culturas y naciones. Ninguna otra revolución alteró el curso de tantas naciones tan profundamente como la Reforma protestante.

Martín Lutero, sus 95 tesis, fueron clavadas en la puerta de la catedral de Wittenberg, se esparció la luz del Evangelio, las tinieblas fueron disipadas. Y eso fue tan claramente visto que los reformadores acuñaron una frase, dijimos el miércoles pasado, en latín: "Post tenebras lux", para significar "después de las tinieblas, luz". Porque eso fue lo que los valores cristianos hicieron en las leyes y en la manera de vivir de múltiples naciones. Los Diez Mandamientos, de múltiples maneras, frenaron, alteraron, cambiaron muchas de las leyes de Occidente.

Pero hablamos de esto el miércoles también. Hoy en día esos valores han ido saliendo y tendríamos que usar las mismas palabras de esa frase en latín, pero dichas de otra manera: "Post lux, tenebras". Después de la luz, tinieblas. Porque hay una gran y densa tiniebla sobre una gran parte de la humanidad en nuestros días.

A manera de ilustración, para que puedan entender a qué me estoy refiriendo: la legalización del aborto en el año 1972-73 representó un gran foco de luz que fue apagado. Hasta hace 50 años, más o menos, un poco más, la vida había sido respetada desde la concepción y, de repente, ese farol se apagó con todas sus consecuencias. La proliferación de las drogas y, más recientemente, su legalización en múltiples regiones es una señal más de que luces continúan siendo apagadas. La diseminación y celebración, subraya esa palabra, celebración de la ideología de género es otro de esos grandes focos de luz que están en extinción. Yo podría pasar un largo tiempo enumerando las luces que han sido apagadas en los últimos 50, 60 años, y de ahí entonces las tinieblas en medio de las cuales nosotros nos encontramos.

Yo menciono eso porque quiero usar este mensaje para darle continuidad al mensaje del miércoles. Porque estaba pensando, verás cómo, todavía no estamos en medio de, o no hemos iniciado nuestra nueva serie de predicación. Estaba pensando: ¿qué hago, cómo lo hago, por qué lo hago? Y no quería simplemente traer un mensaje más desconectado. Y esta es la continuación de ese mensaje, pero yo lo voy a abordar desde otro ángulo, recordando las palabras de Pedro en su primera carta, en 2:9, donde él nos dice que Dios nos trajo de las tinieblas a su luz admirable. Y por eso yo he titulado entonces el mensaje: "De las tinieblas a su luz".

De manera que ahora yo tengo una idea de dónde yo estaba, dónde me colocaron. Pero yo necesito saber ahora cómo cambió esa transferencia que se hizo de mí, cómo cambió mi misión, cómo cambió mi responsabilidad, qué es lo que ahora es bueno que yo haga.

Yo quiero usar una porción del Sermón del Monte que Cristo predicara en aquella ocasión, que aparece inmediatamente después que Cristo nos deja ver el tipo de carácter, o el carácter, que Él espera ver en sus hijos, o en los hijos de nuestro Padre común, nuestro Padre celestial. Y cuando Cristo predicó esto, esto fue lo que Él dijo, esto es lo que Él enseñó: que Él esperaba, Él anhelaba, que aquellos de nosotros que somos hijos de Dios podamos ser pobres en espíritu, que nosotros sepamos llorar por nuestros pecados, que nosotros seamos humildes, que tengamos hambre y sed de justicia, que nosotros podamos ser misericordiosos, limpios de corazón, y que podamos ser pacificadores. Las bienaventuranzas nos hablan del tipo de personas que debiéramos ser delante de Dios y delante de los hombres. No solamente delante de Dios, pero delante de los hombres, porque cuando lo somos delante de los hombres, esa manera de ser, de vivir, tiene un propósito, tiene una misión detrás.

Cristo entendió que un cristiano pobre en espíritu, humilde, misericordioso, limpio de corazón, es un instrumento poderoso en las manos de Dios. Discípulos así formados están listos para su función en el mundo. Por eso es que entiendo que no es por accidente que antes de Cristo hablarnos de cuál es nuestra función en el mundo, Él definiera primero qué tipo de cristianos se supone que tengan este tipo de función.

Yo quiero entonces leer contigo del capítulo 5 de Mateo los versículos del 13 al 16, un pasaje bien breve. Escucha atentamente, presta atención a cada palabra: "Ustedes son", presta atención a la palabra "son", "ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya no sirve para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar, ni se enciende una lámpara y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa". Ojo: "Así brille la luz que está en ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos".

En este texto que he llegado a leer aparecen dos frases sencillas, breves, que definen tu misión y mi misión en la vida si eres hijo de Dios. La primera: ustedes son la sal de la tierra. La segunda: ustedes son la luz del mundo. Ahora, el texto tiene no solamente dos frases que definen mi misión; el texto tiene dos advertencias. Número uno: es posible perder la salinidad. Número dos: es posible que nosotros mismos ocultemos la luz que ya está en nosotros.

De manera que para iniciar, yo quiero mencionar el hecho de que en el original estas frases, "ustedes son", aparecen en un tiempo verbal que llamamos indicativo, lo cual implica que ya esto fue hecho. Cristo no nos está diciendo que nosotros deberíamos llegar a ser, aspirar a ser, sal de la tierra. No, Él da como un hecho que, si el Espíritu de Dios ha venido a morar en ti, tú eres sal de la tierra. Que pierdas tu salinidad es otra cosa. Y de esa misma manera, Él da por entendido que si la verdad de Dios ha cautivado tu corazón, el Espíritu regeneró tu alma, tú eres la luz del mundo. Que la ocultes, eso es otra cosa, pero eso es lo que tú eres.

De manera que el Señor nos dio dos metáforas: sal y luz. Y con esas dos metáforas, entonces yo quiero que nos hagamos dos preguntas. Hay dos frases que me definen la misión, dos advertencias, dos preguntas. Número uno: ¿cuáles son las enseñanzas que Cristo quiso transmitir haciendo uso de esta metáfora de la sal, una figura del habla para establecer comparación?

Hay una diferencia entre la manera como la gente en la antigüedad conoció la sal y usó la sal, con la manera como tú y yo la conocemos y la usamos. Porque hoy en día nosotros ponemos sal en todo tipo de alimentos y tenemos hasta maní salado. Eso no fue la manera como el mundo la conoció la mayor parte del tiempo. La sal fue usada como preservativo. Y sobre todo la carne sin sal prontamente se echa a perder; hoy tenemos refrigeración. De esa misma manera, la sociedad sin la influencia cristiana rápidamente se echa a perder también.

Ahora recuerda, mientras respondemos la pregunta, la advertencia de Cristo: "Pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya no sirve para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres". Y algunos de ustedes saben algo de química y quizás estén pensando: bueno, es que la sal nunca pierde el hecho de ser salina, porque el cloruro de sodio eso es lo que es. Eso es porque lo están pensando como nosotros conocemos la sal: agua de mar evaporada, sal pura, purificada, y la ponemos en la mesa y la podemos consumir. Eso no era la manera como la antigüedad conocía la sal. La sal básicamente era una roca, un pedazo de roca, era extraída de minas. Y ese pedazo de roca venía contaminado. Y era posible que con el paso del tiempo y la caída de las aguas, pues la parte como salina de la roca fuera desapareciendo. Y lo que quedara al final fuera como esta piedra con algo de huella de que por ahí había sal en alguna ocasión. Y por eso Cristo dice: ¿cómo que se va a volver salada otra vez? Ya perdió la sal.

Porque era así que yo la conocía. Nosotros vivimos en una sociedad donde los antivalores son vendidos en todas las formas posibles, en todos los momentos posibles, son escuchados de todas las maneras posibles: en la televisión, en el cine, en las redes sociales, en las conversaciones, en las vallas, en las lecturas, en el vocabulario en que la gente se expresa, desde la persona con menor educación hasta hombres y mujeres de ciencia, como mencionaba el miércoles, hasta presidentes de naciones. Tú lo puedes escuchar con algunos de los vocablos más obscenos que tú pudieras pronunciar en una cultura. No importa a qué partido pertenezcan. Y quizás estamos pensando más en cosas que escuchamos del norte, en esta administración como en la anterior, pero no importa. Senadores y diputados, ministros. El problema es que cuando tú estás inmerso en el mundo, hay algo de ese mundo que termina pegándose a tu mente, adhiriéndose a tu mente, a tu ser.

Escucha una cita de Sila Imagini. Él escribió varios libros, pero uno pequeñito, pequeñito de tamaño, pequeñito en contenido de páginas, por así decirlo, cantidad de páginas, se llama Worldliness, Mundanalidad: "El mayor peligro de la iglesia de hoy no es persecución por parte del mundo, sino seducción." Seducción. Nosotros hoy estamos hablando de que la persecución va a volver, que está a la vuelta de la esquina, la gente se pone ansiosa acerca de eso, de la amenaza de algo. La persecución nunca, nunca le ha hecho daño a la iglesia. La persecución le ha hecho daño a personas, como Cristo, que lo crucificaron, y a Pablo, que lo decapitaron. A la iglesia, lo único que la persecución ha hecho es que la ha purificado, la ha fortalecido y la ha hecho crecer.

Esta es la historia de la iglesia primitiva, esta es historia contemporánea de la iglesia en China, de la iglesia en Irán, probablemente la nación donde la iglesia está creciendo más rápidamente, y comienza hoy la historia de Afganistán. En todas estas ocasiones y en esos lugares, la iglesia creció sin libertad de expresión y sin libertad de culto. Si Cristo necesitara que su iglesia tuviera ambas cosas, entonces Cristo es dependiente de las circunstancias de los hombres y por tanto insuficiente, y por consiguiente no fuera Dios.

A mí me sorprende lo de Twitter, y hoy veo que alguien más aparentemente lo puso en la red de otra manera y me citó, creo, según lo que vi entre cultos. Pero ahí me sorprende cómo la gente, cristianos líderes, comenzaron a hablar de que ahora que Twitter pasó a ser propiedad de Elon Musk, ahora nosotros los cristianos podríamos expresarnos libremente, como si eso pudiera producir proliferación de la iglesia. Porque honestamente, donde la iglesia mejor se ha multiplicado es bajo la persecución. De ahí que Sila decía: ¿cuál es tu problema mayor? El problema mayor de la iglesia es cuando es seducida por el mundo en medio del cual ella se encuentra.

Y nosotros fuimos hechos sal de la tierra, de tal forma que ya te di una manera de cómo tú pudieras pensar acerca de tu vida y la mía. Nosotros se supone que debemos contribuir a preservar la sociedad, a frenar sus avances en el sentido de la secularización. Y ahí la iglesia no ha hecho un buen rol, por lo menos en las últimas décadas.

Ahora, déjame darte otra idea. Ya estaba enseñando este día en la tarde en un grupo de pastores y líderes, y me vino la idea mientras enseñaba. La sal, cuando tú la consumes, imagínate que tú comenzaras a consumir sal por las próximas dos, tres, cuatro horas, ¿qué tú piensas que va a ocurrir? Te va a dar, te vas a volver sediento. De esa misma manera, entonces piensa en esta metáfora: nuestros estilos de vida, forma de ser, de servir, de entretenernos, de dirigirnos al otro, de someternos al otro, de relacionarnos uno con otro, debieran hacer sedientos a los incrédulos, que quieran ahora beber de las aguas vivas de Cristo Jesús, que tú bebiste y te dieron salvación, para que él pueda venir y tomar de la misma fuente.

Cuando Pablo le escribe a Tito en el capítulo dos, le dice que nuestras vidas debieran ser el adorno, y les he mencionado esto otra vez, de la palabra griega kosmeo, el cosmético de la doctrina. Nuestras vidas, nuestros estilos de vida debieran adornar la doctrina, pero cuando nuestras vidas no hacen eso, entonces desfiguran la revelación de Dios. Y en ese momento pudiéramos entonces decir: la sal de mi vida ha sido contaminada y yo he perdido salinidad. Y de acuerdo a la conclusión de Cristo, lo único que se podría hacer es pisotear, ser pisoteada. Y ahí está la iglesia en muchos lugares del mundo siendo pisoteada por el mismo mundo y no respetada. A pesar de eso, Cristo dice: vosotros sois, aun en estas condiciones, siguen siendo la sal de la tierra. ¿Vale? A ver qué vas a hacer. Porque es algo que yo comienzo a hacer tan pronto yo llego a sus pies.

Nosotros no podemos olvidar que se nos dejó como sal de la tierra y luz del mundo, porque yo tengo una misión específica que es descifrarla, que es expuesta en la conclusión del texto que yo leí en el versículo 16: "Así brille la luz de ustedes", no la luz de Cristo, aunque obviamente es la luz de Cristo que reflejamos, "pero que brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos."

Lo que Cristo está diciendo yo necesito entender: hay un evangelio hablado que el otro necesita escuchar, pero hay un evangelio modelado que el otro necesita ver. El mundo necesita un evangelio hablado, porque es un mensaje el evangelio, y si es un mensaje necesita ser puesto en palabras, pero necesita ver un evangelio modelado para creer que lo que escucha con los oídos es verdad al verlo con los ojos.

Ahora tengo como una mejor idea de qué cosa Cristo estaba tratando de enseñarnos a través de la metáfora de la sal, pero yo tengo que hacer una segunda pregunta. Recuerda que teníamos dos frases, dos metáforas, dos advertencias, dos preguntas. Y esa segunda pregunta es: ¿cuál es la enseñanza que la metáfora de la luz está supuesta a enseñarnos o a comunicarnos?

Bueno, yo creo que tú y yo sabemos, estamos tan familiarizados, que Dios es identificado como el reino de la luz, y el reino de las tinieblas es identificado como el reino de Satanás. Yo creo que tenemos eso claro, solamente un recordatorio de forma que el pecado y el mundo en la Palabra de Dios siempre son identificados con las tinieblas. La santidad de Dios y la verdad son identificadas con la luz. De hecho, cuando Cristo vino, dijo: "Yo soy la luz del mundo." Yo soy la luz del mundo, y el mundo estaba en tinieblas, que la luz brilló en las tinieblas. Eso es lo que Juan nos dice en 1:9, y este es el juicio: que la luz vino al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas. Que veía gran oscuridad, prendimos la luz, y la gente volvía a decir: apáguenla, amamos estar en tinieblas. Y Cristo dice: esa es la razón del juicio, habiendo conocido la luz, habiéndola visto, la rechazaron.

Yo creo que cada uno de nosotros ha tenido la oportunidad de estar en una habitación oscura donde no hay luz, y de repente alguien enciende la luz y automáticamente tú tiendes a hacer esto, tiendes a decirle a ese alguien: apaga la luz. Esta madrugada yo creo que fue que el Señor lo hizo para que yo lo pudiera usar de ilustración. Yo había puesto el reloj, la alarma del reloj a una hora, pero me levanté, me desperté mucho más temprano. Y bueno, terminé de revisar mis notas y demás, y posteriormente me fui a la cama. De acá todo oscuro, mi esposa no se dio cuenta, y cuando sonó su alarma, lo primero que hizo fue encender la luz, y de manera automática: apaga la luz, por favor. Ah, perdón, no sabía que estabas ahí.

Bueno, pues eso nos da a nosotros una idea de que si nosotros somos luz, nuestras vidas muchas veces irritan al mundo que nos ve. Y al mismo tiempo, yo creo que yo puedo hacerme como una pregunta: cuando mi vida como que no causa irritación a nadie, ¿estoy yo siendo luz realmente?

Sin lugar a dudas, cuando yo vine a los pies de Cristo, anterior a eso nosotros andábamos en tinieblas. Por eso no sabíamos por dónde andábamos, no sabíamos para dónde íbamos, no sabíamos de dónde veníamos, no teníamos rumbo y no teníamos dirección. Porque yo no sabía incluso cuán, cuán era mi oscuridad. Aquellos que están sin Cristo no saben cuán oscuros están, porque no solamente es que estaban en el mundo y por tanto en las tinieblas, es que ellos eran, y nosotros éramos, tinieblas.

Escúchala, al apóstol Pablo en Efesios 5:8: "Porque antes erais tinieblas." Erais, no solamente estabais. "Pero ahora sois luz", escuchaste otra vez, "ahora son luz." Ese es el indicativo, y esto fue hecho en el Señor, eso es lo que me da la luz. Antes andaban como hijos de las tinieblas, ahora Pablo dice en Efesios 5:8: "Andad como hijos de la luz." Esa es la luz a la que Cristo se refiere cuando dice: vosotros sois la luz del mundo.

Ahora yo tengo una tercera pregunta. Estas fueron mis dos preguntas relacionadas directamente, ¿verdad? Cuál es la enseñanza que Cristo quería que yo entendiera de estas dos metáforas. Pero hay una tercera pregunta que se desprende de la segunda: cuando esa luz no está saliendo de mí, ¿qué ha pasado? ¿Qué está pasando?

Aquellos de ustedes que son de mi edad, o más o menos de mi edad, tienen como veinte o treinta años. Pero aquellos de ustedes que son de mi edad y que tenían alguien de su familia cercano que vivía en un campo, yo recuerdo era el campo de mi abuela, y había lámparas de keroseno. Y en ocasiones el tubo de la lámpara se ennegrecía con el uso y decíamos que el tubo se había ahumado. En ocasiones el creyente enciende su luz y poco a poco el tubo se ahumea, y ahora la luz que sale de ella no es como la luz que supo salir anteriormente. Y lo que apagó esa luz, o mejor dicho, lo que disminuyó esa luz, fueron las atracciones y seducciones del mundo.

Ahora, escúchame una vez más algo que yo he dicho múltiples veces: las atracciones y seducciones del mundo, la mayoría no son de inmoralidad.

Hay cosas en el mundo altamente atractivas, incluso algunas de valor, que no son inmorales, pero que cuando vienen y llenan mi vida le quitan intensidad a mi luz, y yo comienzo a perder pasión por las cosas de Dios. Y cuando eso ocurre, entonces, de la misma manera que tomamos el tubo de esta lámpara de kerosén y la limpiábamos, esa misma manera la vida de ese hijo de Dios necesita ser limpiada.

Ahora, ¿cuántos de ustedes tuvieron la experiencia de tener una lámpara de kerosén y verla con un tubo sucio por algún tiempo? En otras ocasiones el tubo estaba limpio, pero como que no iluminaba mucho la lámpara. ¿Y qué era? Que no era el problema el tubo, era la mecha. ¿Y qué le había pasado a la mecha? Se había quemado arriba y ahora no había tanta mecha para arder. Entonces, ¿qué había que hacer? Había que darle a esa bolita al lado para que la mecha saliera, cortarla de aquí —hay gente que se está riendo— y luego volverla a encender, y de repente se veía la luz. Pues muchas veces el cristiano en el camino sufre quemaduras, y cuando eso ocurre hay que hacer exactamente lo mismo: hay que tomar su vida, levantarla y podar la vida como cortamos la mecha, de manera que nosotros necesitamos ser esa luz.

Bueno, vamos a pensarlo ahora en términos modernos. Tú te levantas en la noche, está todo oscuro, no quieres prender la luz de la habitación, pero necesitas caminar y no tropezarte. ¿Qué tú haces? Tú enciendes el celular y esa luz del celular, por poca que sea, te permite ver los lugares donde puedes tropezar, donde pudieras caerte, donde pudieras darte un dedo, sobre todo en el dedo chiquito del pie, y entonces tú evitas los tropiezos. Pues cuando nuestra luz se atenúa, yo comienzo a tropezar. Pero de esa misma manera, se supone que mi luz deba iluminar el camino de otros para que él o ella también pueda evitar los tropiezos, los obstáculos, los traspiés, y ayudarle a caminar.

Como en ocasiones, por así decirlo, mi mecha está bien, el tubo ha sido limpiado, la luz es más o menos clara, pero casi no se ve. ¿Qué pasó? Ese cristiano ha decidido vivir en aislamiento. Los monjes del siglo IV que iniciaron el movimiento monástico hicieron algo no bíblico. Ellos se retiraron, querían una vida de contemplación. Ellos pensaron erróneamente que el pecado estaba en la sociedad, se retiraron de la sociedad y descubrieron ahí adentro, con horror, que se llevaron el pecado con ellos, porque está en el corazón de los hombres.

Esta es la razón por la que Cristo, cuando tuvo una conversación con su Padre íntima horas antes de irse, donde Él quería no solamente orar de manera genuina, orar por nosotros, pero quería también que los discípulos que quedaran pudieran haber escuchado y hoy leído lo que Él oró y cómo Él oró a su Padre en relación a nuestra misión y a esto que estoy hablando. Esta es la razón por la que Él oró de esta manera en Juan 17, esa conversación intratrinitaria. Escucha lo que Cristo le dice al Padre: "Ya no estoy en el mundo". Ya está, de ahí va a ser apresado, de manera que en el mundo no va a estar ya. "Yo no estoy en el mundo, me retiré esta noche aquí en el aposento alto, de aquí al jardín". No estaba en el mundo; del jardín a la cruz. "Pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti, Padre. Yo voy a ti, Padre Santo; guárdalos en tu nombre. Yo voy a pasar un momento de inactividad como de unos tres días; guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno".

Ese fue el versículo 11. El versículo 14: "Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo". ¿Ok? Ya lo seleccionamos: ellos no son del mundo, yo tampoco soy. Yo no estoy en el mundo, pero ellos sí. "No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo" —por segunda vez—. "Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo también los he enviado al mundo".

Cristo no los retiró a monasterios. No, no. "Yo vine al mundo, yo fui empoderado por el Espíritu, ungido por el Espíritu en el Jordán. Por eso yo los estoy enviando al mundo, los estoy enviando de la misma manera que yo fui enviado". Por eso es que les voy a decir un poquito más adelante, les voy a decir: "No salgan de Jerusalén hasta que no reciban poder, poder de lo alto por el Espíritu, y entonces serán mis testigos en Jerusalén, en Samaria, Judea y hasta los confines de la tierra". Y aquí estamos nosotros siendo parte de los confines de la tierra, de manera que nosotros fuimos enviados al mundo bajo la dirección del Espíritu, en dependencia del Espíritu, de la misma manera que Cristo fue enviado al mundo. De forma que Cristo estaba orando de una manera particular, con una implicación particular: que nosotros fuimos dejados en la sociedad como instrumentos de transformación.

Cristo estaría diciendo hoy en día: "Sé un José". Fue un José que vivió en una sociedad tan corrupta, en medio de un imperio tan corrupto como el imperio egipcio, y vivió de una manera que iluminó la corte del rey hasta tal punto que, después de haber sido apresado erróneamente, injustamente, el rey reconoció: "Aquí hay luz en este muchacho". Lo mandó a llamar, se constituyó en la mano derecha del rey, y a través de su vida se preservó la nación de Israel.

El Señor pudiera estar diciendo: "Sé un Daniel". "Daniel, yo te quiero en la corte del rey, pero es del rey de Babilonia, de otro imperio corrupto e inmoral. Sí, yo quiero que brilles ahí en medio de esa corte impresionantemente oscura, pero tú necesitas vivir de tal forma, Daniel, que tu vida le sea atractiva al rey; de tal manera que el rey, en el momento en que vea que caíste preso de una trampa, fuiste echado al foso de los leones, que el rey incluso no pueda dormir, y que al otro día, tan pronto la luz del alba salió, el rey fue a ver: 'Daniel, ¿cómo estás? ¿El Dios a quien tú sirves preservó tu vida? Yo quiero saber si la luz que yo vi todavía está encendida, Daniel'". Entonces estás ahí, y de ahí en adelante es que Daniel verdaderamente es todavía más usado en la corte del rey.

También podría decir: "Sé un Ester", cuya influencia fue usada por Dios para preservar exactamente la misma nación que Dios preservó a través de un José. Una de las realidades es que Dios puede hacer lo que Él quiera sin nosotros, y hacerlo mejor, pero en su sabiduría y en su providencia Dios determinó que, fuera de las cosas milagrosas que Él hace, todo lo iba a hacer por medio de nosotros los seres humanos, que somos llamados hijos de Él.

Ahora tenemos que recordar algo, y es que el ser sal y luz en los tres casos anteriores —José, Daniel, Ester— que yo mencioné, todo salió bien. Pero frecuentemente las cosas no salen tan bien ni para la sal ni para la luz, porque cuando Cristo vino y dijo "yo soy la luz del mundo", trataron de apagarlo y lo crucificaron en un madero. Pero de ahí en adelante fue que brilló de verdad, porque el mundo frecuentemente termina odiándonos. Porque como no somos del mundo pero estamos en el mundo, y nuestra vida irrita al mundo, pues esa es la causa de que nos odian.

¿Escuchaste el texto que te leí de Juan 17:14? "Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado". ¿Tú no haces la conexión entre recibir su Palabra y recibir el odio del mundo? Es como es. Cristo hoy continúa siendo la luz de la humanidad, y hoy Él continúa siendo odiado por algunos. Otros que no lo odian, lo ignoran. Y otros que lo ignoran, algunos lo ignoran a propósito, y otros lo ignoran cuando no obedecen sus mandamientos. De manera que hay una ignorancia activa, yo le llamaría —le estoy llamando— una ignorancia activa, que quizás se la pudiéramos atribuir al ateo, al escéptico; y una ignorancia pasiva de aquellos que se identifican como creyentes pero no viven lo que creen.

Nosotros somos la sal de la tierra, la luz del mundo, independientemente de las consecuencias que se nos puedan atraer. Pablo fue sal y luz, y lo decapitaron. Otros fueron tirados a las fieras. Otros fueron quemados en la hoguera. Es parte de llenar nuestra misión.

Escucha el comentario de Sinclair Ferguson en su libro, en su tratado sobre el Sermón del Monte, y este texto en particular. Dice: "La verdadera iglesia es demasiado diferente para que el mundo la tolere. El aumento de la tolerancia de la iglesia por parte del mundo no habla bien de parte de nosotros; frecuentemente es que nos hemos secularizado o hemos ido en su dirección. El mundo ve el reino de los cielos como una amenaza a sus propias formas, y por tanto busca destruirlo". Eso es el mundo.

Porque no podemos olvidar que Cristo dijo: "Ustedes son la luz del mundo y la sal de la tierra". La iglesia no puede ser columna y sostén de la verdad, como nosotros leemos en la primera carta de Pablo a Timoteo en 3:15, no podemos ser columna y sostén de la verdad y creernos que no somos instrumentos de transformación a la sociedad. Eso es lo que implica ser columna y sostén de la verdad.

Cuando la iglesia anda mal, la sociedad anda mal, porque la sociedad en esos casos se quedó sin luz. No tiene luz, no tiene dirección, no tiene estabilidad, no tiene punto de referencia, que es frecuentemente como ha estado recientemente. No tiene en quién creer. Y peor, cuando la iglesia anda mal, el mundo que está allá fuera deja de creer en Dios porque ha confundido la iglesia con Dios, y esas dos cosas no son las mismas. Pero esa responsabilidad está sobre nosotros cuando nosotros le hayamos dado una mala reputación a Dios, hasta el punto que el mundo que está allá fuera, que debe creer en Dios, que tú quieres evangelizar, ha decidido no creer por lo que ha visto en la iglesia de Cristo.

Pero por otro lado, cuando la iglesia hace su rol de columna y sostén de la verdad y brilla, escucha lo que Pablo les dice a los filipenses que ocurre. Pablo les dice en 2:15 de Filipenses que nosotros entonces parecemos luminares brillando en medio de una generación torcida y perversa. ¿Es diferente hoy? Torcida quizás más, y perversa quizás más. Pero déjame decirte algo que te lo voy a leer, que lo escribí anoche: nosotros no podemos quejarnos de las condiciones en que está una sociedad por la que nosotros nunca hemos hecho nada por mejorar su condición moral. Nosotros perdimos el derecho de quejarnos de la condición en la que una sociedad está cuando nunca hemos hecho algo para mejorar su condición moral.

Cristo lo dijo: "Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo". Cristo nos llamó con una misión. Cristo espera que la cumplamos.

Yo llené la misión, y ese llenar la misión requiere un esfuerzo, requiere un sacrificio, y requiere vivir una vida que el mundo no vive. Es una vida de mayor sacrificio, de mayor entrega, de mayores restricciones, de mayores "no quiero, no puedo, no debo".

Déjame contarte esta historia a manera de ilustración. Juan Calvino llegó a Ginebra en 1536. Llegó con la intención de pasar una noche, pero resulta que en Ginebra había un Guillermo Farel, y Guillermo Farel era el protestante de mayor influencia en Ginebra en ese momento. Estaba luchando por enseñar la fe cristiana en medio de una sociedad decadente, tan inmoral en el momento, o similar a la inmoralidad que vemos en nuestros días. Y Guillermo Farel decidió que tenía que ir a visitar a Calvino, a Calvino quien tenía 27 años, y él le pidió que permaneciera en la ciudad, que no se fuera al otro día.

Calvino le reiteraba que no podía hacerlo ya que era vergonzoso y tímido, como Moisés más o menos: "No, que yo no sé hablar, que yo soy tímido". Odiaba meterse en problemas. Alguno de nosotros decimos eso. Y a menudo se enfermaba. Él se consideraba un hombre de libros y escritos, y no quería atarse a una iglesia. Cuando lo que realmente quería, lo que él quería, era servir a todas las iglesias. Su deseo era estar tranquilo en un lugar solo donde él pudiese escribir y leer.

Y Guillermo Farel se acercó y le dijo con voz de trueno: "Que Dios maldiga tu descanso y la tranquilidad que buscas para estudiar, si ante una necesidad tan grande te retiras y te niegas a prestar socorro y ayuda". Calvino escribió más tarde, cito: "Estas palabras me confrontaron y me quebrantaron. Sentí como si Dios hubiera puesto sobre mí su poderosa mano para detenerme. Estaba tan lleno de terror" —pero pon atención a esta palabra porque es una palabra no ordinaria, él no dice tan lleno de temor ni de miedo, no, de terror— "que desistí del viaje que había comenzado". Y Calvino fue la sal y la luz de Ginebra hasta verla transformada. Ninguna ciudad en ningún momento de la historia cristiana ha visto la transformación que Ginebra vio.

Yo no sé cuáles serían las palabras de Guillermo Farel para la iglesia de hoy en día. Suponte que estemos todos reunidos, no solamente la IBV, toda la iglesia reunida, y que Guillermo Farel estuviera entre nosotros. Yo no sé lo que él nos diría, pero yo puedo especular. Yo creo que él pudiera recordarnos que los tiempos que estamos viviendo no son tiempos ni para sentirnos cómodos. Si yo, mi familia, mi iglesia estamos bien, muy agradecido de Dios porque yo estoy en una buena iglesia, mi familia, mis hijos son creyentes y yo estoy muy bien, y mi matrimonio está bien... No, ahí afuera hay un mundo que se está perdiendo sin Cristo, que no tiene luz, que no tiene dirección, que no tiene brújula, que no tiene consolación, que no sabe qué hacer, no sabe para dónde ir, no sabe de dónde viene, que tiene su destino en juego.

Y la verdad es que muchos de nosotros somos tímidos. Así me aseguraba yo en el pasado. Y no creo que nos gusta estar en problemas. A mí no me gusta estar en problemas todavía, como Calvino pensó. Y si son como yo, algunos de nosotros nos gustaría dedicarnos a leer, a estudiar, a meditar, a rumiar, como quería hacer Calvino. Y otros preferiríamos la comodidad y el descanso.

Pero yo estoy aquí para recordarte que Cristo no dijo "vosotros sois la pasividad del mundo", ni "vosotros sois la meditación y la escritura del mundo", ni "vosotros sois el descanso del mundo". Recuerda que Cristo dijo: "Venid a mí todos los que estáis cansados y cargados". Entonces, ¿estás cansado? Cristo es tu solución. ¿Estás cargado? Cristo es tu solución.

Para aquellos que nos gusta la comodidad, hermano, escúchame. En Cristo, enfatizo esta palabra, nosotros somos la única esperanza. No la mejor, no la primera: la única esperanza. Claro, en Cristo somos la única esperanza que el mundo tiene para que llegue a conocer su satisfactorio evangelio de redención, para la liberación de pecado, para levantar al mundo de su condenación y que puedan disfrutar de vida eterna. La única esperanza, no hay otra.

Y el único tiempo que tú tienes, este tiempo, es hoy. Mañana quizás no lo tengas. De manera que hoy cuenta para siempre. Y hay un sentido de urgencia porque hay un mundo, hay gente, esta noche de cincuenta a cien mil personas, antes de que el día cierre, habrán pasado a una eternidad de condenación. Y tú y yo tenemos la sal y la luz que pudiera cambiar su dirección.

Es más fácil, es mucho más fácil. Salimos de la actividad, salimos de la complejidad, salimos al descanso. De hecho, ¿sabes qué tan fácil? Estaba tan recurrente este pensamiento que anoche yo tenía ese pensamiento. Anoche yo tenía ese pensamiento. Estaba pensando: "¿Sabes qué? A mí me gusta enseñar. Estuve con pastores el viernes, líderes, plantadores. Quizá yo debiera como retirarme y dedicarme a enseñar a estos líderes, escribir, tener una conferencia aquí, una conferencia allí".

Pero como al mismo tiempo ya estaba trabajando en este mensaje, el mismo mensaje me dijo: "No, no, porque yo no te he dicho que tú eres el descanso del mundo ni la paz del mundo. Yo te he dicho que tú eres la sal de la tierra y la luz del mundo". De manera que desmonta ese sueño, sigue cabalgando, sigue haciendo tu trabajo. A eso es lo que yo te llamé a hacer. Continúa teniendo tu salinidad y no compres las ofertas que el mundo te seguirá vendiendo, menos si tú tienes una misión.

No solamente tienes una misión, tienes una misión claramente definida. Y si tú eres cristiano, tu misión es mi misión, mi misión es tu misión. No son distintas. Diferentes lugares, diferentes tiempos, diferentes formas, diferentes personas, diferentes tamaños, misma misión: la sal de la tierra y la luz del mundo. Que Dios hoy su palabra, su mensaje, para nosotros recobrar nuestra salinidad, volver a brillar, volver a hacer luminares en una generación torcida y perversa, y que tú puedas ser un instrumento poderoso en las manos de un Dios grande.

Padre, gracias. Gracias, gracias por tu satisfactorio palabra que nos cincela. Gracias por tu palabra que nos ilumina cuando nuestra mente está siendo confundida. Gracias por tu palabra que nos deja ver claramente a qué nos llamaste, para qué nos llamaste, de dónde nos sacaste y lo que tú esperas. Gracias que cuando mi carne y el enemigo asaltaron mi mente anoche, tu Espíritu y tu palabra la asaltaron más poderosamente, y tú me ayudaste a llevar mi pensamiento cautivo a los pies de Cristo. Gracias por tenerme aquí de pie, predicando y enseñando tu palabra para la gloria de tu nombre, la iluminación de tu pueblo, la santificación del pueblo que tú amaste, compraste, y para el pueblo que tú quieres usar conforme el llamado y los dones y talentos y oportunidades que tú nos brindas. Y yo te pido, yo te ruego apasionadamente, aquellos que escuchan, que están escuchando, que escucharán después el mensaje en los próximos días y semanas, que tú nos convenzas que la única forma de vivir de este lado es por tu causa, y que yo dé mi vida por la misma causa que Cristo dio la suya. En tu nombre, Jesús.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.