Integridad y Sabiduria
Sermones

El sufrimiento presente a la luz de la gloria venidera

Miguel Núñez 22 noviembre, 2020

El sufrimiento de este tiempo presente no es digno de ser comparado con la gloria que ha de ser revelada. Esta afirmación del apóstol Pablo en Romanos 8 no es una negación del dolor, sino una invitación a contemplarlo desde una perspectiva diferente. Pablo no minimiza la aflicción; la admite plenamente. Pero después de haber estado en el tercer cielo, después de haber visto lo que ojos mortales no pueden comprender, él coloca el sufrimiento de un lado de la balanza y la gloria venidera del otro, y observa hacia dónde se inclina el peso.

La creación entera gime con dolores de parto, esperando ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. No somos los únicos que sufrimos: sufre la naturaleza, sufrimos nosotros, y aun el Espíritu gime con gemidos indecibles intercediendo por nosotros. Pero ese gemir tiene propósito. Como una madre que olvida el dolor cuando ve a su hijo, así será cuando Cristo aparezca y todo quede atrás en un instante.

Para atravesar este desierto de manera que agrade a Dios se requieren dos condiciones: esperanza y paciencia. La esperanza no es una ilusión, sino una certidumbre de lo que vendrá. Y la paciencia es fruto del Espíritu, provisión divina para nuestra debilidad. El pastor Núñez lo ilustra con el salmista: "Pasamos por el fuego y por el agua, pero tú nos sacaste a un lugar de abundancia." Job perdió todo, pero su mayor bendición no fue recuperar el doble de sus posesiones, sino llegar a decir: "De oídas te conocía, pero ahora mis ojos te ven."

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Glorioso. Cuando delante del Padre Tú puedas presentarnos como aquellos que fuimos comprados a precio de sangre, a precio de Tu sangre, la sangre derramada en un madero por un cordero. Nosotros estamos agradecidos de que Tú estuviste dispuesto a sufrir lo indecible para llevarnos a lo indescriptible, Señor. Tu Hijo unigénito estuvo dispuesto a sufrir lo que sufrió, ¿cómo no hemos nosotros de estar igualmente dispuestos a sufrir por Su causa?

Yo te pido de manera muy especial, Señor, que Tú puedas usar al predicador de una manera que él pueda traer Tu palabra de hace dos mil años atrás a aquellos que están escuchando en este momento, y que al mismo tiempo él pueda traer a los que escuchan a Tu palabra. Cuando esas dos cosas se junten, Tu revelación y Tu audiencia, Tu pueblo, que el efecto en cada uno de nosotros sea igualmente extraordinario como lo es Tu palabra.

Señor, hablando de precio que pagar, ahora recuerdo que en el día de hoy, pastor Enrique, varios de nosotros de esta congregación, en especial Daisy, han viajado a Colombia para ir a hacer Tu trabajo. Pero Daisy va a quedar allá como misionera permanente, y nosotros queremos rogarte por ellos y por ella en especial. Cuídalos físicamente, espiritualmente, emocionalmente. Llénalos y vacíalos allá para llenarlos otra vez, como te cantábamos. Gracias por el ejemplo de haber llamado a Daisy y la respuesta que ella te ha dado, incondicional, aun en medio de la pandemia y justo antes de la época navideña. Ella ha decidido ir a quedarse a ministrar a gente perdida que no te conoce. Ayuda a que otros puedan imitar su ejemplo. Bendice Tu palabra ahora, para Tu nombre y Tu gloria. El resto de Su pueblo dice amén.

Amén y amén. Creo que hemos tenido un buen tiempo de adoración con letras y música apropiadas para lo que es el mensaje de esta mañana. Nosotros estamos continuando nuestra serie en el capítulo 8 del libro de Romanos, y vamos a leer un texto que trata con un tema que es como perenne, por así decirlo.

Este es el título de mi mensaje, te lo voy a dar al principio, a diferencia de lo que usualmente tiendo a hacer: "El sufrimiento presente y la gloria venidera." Quizás una forma más precisa de decirlo es: "El sufrimiento presente a la luz de la gloria venidera." Yo quiero que leamos juntos desde el versículo 18 hasta el versículo 27. La intención original era llevarlo hasta el 30, pero honestamente el tiempo no dio para cubrir todo lo que el apóstol Pablo escribió, todo lo que Dios inspiró, bien empaquetado en este texto que vamos a estar leyendo en el día de hoy.

Escucha lo que es la palabra de Dios: "Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada, porque el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza de que la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera gime y sufre dolores de parto hasta ahora. Y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza hemos sido salvados, pero la esperanza que se ve no es esperanza, pues ¿por qué esperar lo que uno ve? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. De la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. No sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Y Aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque Él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios."

Como ya mencioné, en el día de hoy estamos continuando desempacando aquello que el apóstol Pablo escribió a los romanos, unos miembros de una iglesia que él conocía desde lejos. No había estado allí, pero anhelaba con todo su corazón visitarlos y poderles entregar algunas enseñanzas. Él escribió esta carta, quizás más que una carta es un tratado teológico del apóstol Pablo, unos 25 años después de haber sido llamado. Esto es lo que ellos recibieron, y para bendición nuestra hoy lo estudiamos.

La exposición o el tema yo creo que es muy apropiado, porque estamos en medio de situaciones mundiales que muchos de ustedes conocen, situaciones turbulentas, y en medio de una pandemia que ha causado mucho sufrimiento a mucha gente. Sin embargo, yo creo que este es un tema que ha estado en el tapete por cientos, sino miles de años, no solamente en la mente de filósofos. Ha estado en la pluma, por así decirlo, en el escribir, en la narración de profetas del Antiguo Testamento, de apóstoles del Nuevo Testamento. Pero ellos abordaron este tema de una manera distinta, con una perspectiva por encima del sol, lo que les permitió escribir acerca de esta realidad y hablar acerca de la misma de una manera muy diferente a como nosotros la vemos, la describimos y la vivimos.

Con frecuencia, no he dicho siempre, pero con frecuencia, perspectiva lo es todo. Los autores del libro "Suffering and the Goodness of God" (El sufrimiento y la bondad de Dios) escriben lo siguiente: "Ver tu sufrimiento como parte del propósito amplio de Dios brinda estabilidad emocional." Déjame decirlo otra vez, para que tú puedas ver que tener la cosmovisión correcta acerca de lo que a mí me pasa tiene un efecto en mi diario vivir: ver mi sufrimiento, tu sufrimiento, como parte del propósito amplio de Dios brinda estabilidad emocional. Y lo opuesto es también cierto: no verlo de esa manera nos inestabiliza emocionalmente.

El cristiano necesita cambiar la perspectiva acerca de sus experiencias del dolor en este mundo. Sin lugar a dudas hay sufrimiento, hay sufrimiento que es innumerable, y ese sufrimiento claramente es el resultado de la caída de Adán y Eva, como parte de la maldición que Dios pronunció sobre la tierra. Y sin embargo, esa maldición que fue recibida como parte de la transgresión es algo que Dios la toma y la convierte en bendición.

Déjame decir eso que yo acabo de decir a través de las palabras de estos autores del libro que yo acabo de citar: "Contrario a los judíos que querían poder y los griegos que querían sabiduría, el evangelio de Jesús enfatiza el favor de Dios, escúchame, manifestado..." El favor de Dios manifestado. Aguza tus oídos ahora: a través de la debilidad, la humillación y aun la muerte. ¿Cómo fue, pastor? El favor de Dios manifestado a través de la debilidad, la humillación y aun la muerte. Aguza tus oídos aún más: el sufrimiento, lejos de ser una marca de rechazo, es más bien una marca de Su favor y de bendición. El sufrimiento, en vez de ser una marca de rechazo, es una marca distintiva de Su favor y de Su bendición.

Por eso el apóstol Pablo escribe a los filipenses en Filipenses 1:29 y les dice que a nosotros se nos ha concedido el privilegio no solamente de creer en Cristo, sino también de sufrir por Él. Es un privilegio, es una bendición, es algo que forma parte del favor de Dios. Pero es el autor de Hebreos que dice que Dios a todo el que tiene como hijo lo azota. ¿Cómo? Sí, que Dios solo azota a Sus hijos. Pues así es. Bueno, Él le busca al incrédulo, pero Dios quiere dejar claro que si verdaderamente tú eres Su hijo, Él te disciplina. Y decía esta mañana que nunca he visto a nadie dar una pela a los hijos del vecino. Tú disciplinas a tus hijos. ¿Y por qué le haces lo que le haces? Porque ellos hacen lo que hacen, y yo quiero que en el futuro ellos tengan un mejor porvenir.

De eso es que el apóstol Pablo nos va a estar hablando en esta porción del capítulo 8 del libro de Romanos. El texto que yo leí no es particularmente extenso, pero es teológicamente denso. Y por eso nosotros vamos a dividir la enseñanza, igual que hacemos siempre, en puntos o secciones. En este caso le voy a llamar puntos de enseñanza.

El primer punto de enseñanza podemos recibirlo de esta manera: lo que pienso de mi sufrimiento depende de la perspectiva desde la cual yo evalúo lo que a mí me acontece. Otra vez, por si acaso tú pudieras escribir o escuchar el mensaje posteriormente, y a la luz de la palabra ver otra vez estos principios de enseñanza. Número uno: lo que pienso de mi sufrimiento depende de la perspectiva desde la cual yo evalúo lo que a mí me acontece.

Mientras más tiempo vivo, si hay algo que aprecio del tiempo de envejecimiento, es que mientras más vivo, como que más experiencia acumulo y mejor visión puedo tener de las cosas. Y por tanto, con relación a esto que yo acabo de decir, mientras más años pasan, más convencido estoy de que parte del sufrimiento que experimentamos, no todo, parte del sufrimiento, que es una parte importante del sufrimiento que experimentamos, está relacionado a la manera como yo contemplo y evalúo mis circunstancias.

Esta mañana yo me paré frente al espejo. Necesitaba prepararme para venir aquí, y de repente yo vi como que del ojo izquierdo la visión estaba un poco borrosa. Y entonces, así como en medio segundo, me dije: "No, no puede ser que haya tenido otro sangramiento de retina." Y me quito los lentes, y todo quedó claro. Entonces alcé el lente a la luz y vi lo empañado que estaba. Y esa es una excelente ilustración que Dios me la dio antes de venir a predicar este mensaje, porque unos lentes sucios hacen borrosa la realidad que yo vivo. Y una mente sucia por nuestro pecado, oscura por la caída, también distorsiona la hermosura del plan de Dios para nuestras vidas.

Muchos conocen la frase sencilla, quizás todos la conocen: "Me quejé de que no tenía zapatos hasta que vi a alguien que no tenía pies."

Es una ilustración sencilla, pero que pone de manifiesto que cuando nosotros carecemos de perspectiva, o cuando nosotros no tenemos la habilidad de comparar la alternativa, entonces llegamos a juicios errados que con frecuencia no complacen a nuestro Dios. Todo es cuestión de perspectiva. El no tener zapatos no es una condición agradable, yo lo admito, yo estoy consciente de eso. Es una carencia, y es una carencia que yo no quisiera sufrir. Mi padre la sufrió; mi padre fue a la escuela cuando era niño sin zapatos. Yo no quisiera pasar, no pasé por su experiencia, no quisiera pasar por su experiencia en el futuro. Pero también tenemos que admitir que cuando tú lo pones al lado de alguien que no tiene pies, inmediatamente la carencia de zapatos como que palidece ante esta otra realidad que me sirve de comparación, ¿sí o no?

Es esa perspectiva del mundo y de la vida, la perspectiva correcta del mundo y de la vida, que llevó al apóstol Pablo a concluir en el texto que el pastor Luis leyó, de 2 Corintios 4:17, que la aflicción de este mundo es leve y pasajera. Y cuando de sufrimiento se trata, yo no creo que ha habido nadie después del Señor Jesucristo con mejor currículum que el apóstol Pablo para escribir acerca de las vicisitudes de esta vida presente. Y uno pudiera, después de leer las vicisitudes de Pablo, llegar a la conclusión o llegar a preguntarse: ¿cómo es posible que este hombre pudiera escribir de una manera tan positiva acerca de las condiciones por las cuales él tuvo que atravesar, hasta el punto que llegó a decir que se gloriaba en las tribulaciones, se gloriaba en ser débil, porque cuando era débil entonces era fuerte?

Pablo había estado en el tercer cielo. Él había visto una realidad que nosotros esperamos. Él escuchó de cosas que luego se le prohibió que pudiera hablar de ellas, porque oídos de mortales, mentes de mortales, no podían ni siquiera comprender lo que él había visto y oído en aquel lugar. Y probablemente no vio todo lo que nosotros vamos a ver y a contemplar de una manera glorificada.

Cuando nosotros carecemos de conocimiento completo acerca de alguna situación —¿con qué frecuencia pasa eso, que carecemos de conocimiento completo? Siempre, ¿verdad? Ok, subraya esta palabra—, cuando nosotros carecemos de conocimiento completo acerca de alguna situación, lo más frecuente es que hagamos juicios erróneos y pecaminosos. ¿Con qué frecuencia? En otras palabras, la única persona que realmente conoce lo que estaba ocurriendo, lo que me está pasando, lo que me estaba ocurriendo, lo que me va a ocurrir y lo que va a resultar de lo ocurrido, es nuestro Dios.

Esta fue la experiencia de Job. Job evaluó su sufrimiento posteriormente, no inicialmente. Evaluó sus circunstancias, y como no entendía lo que Dios estaba haciendo, llegó a una conclusión errónea acerca de su Dios.

Cuando el apóstol Pablo comienza a escribir sobre este tema, nota cómo lo hace. Dice: "Pues considero..." Bueno, Dios inspiró eso. "Considero..." Nota que Pablo no está diciendo "yo te estoy dando mi opinión personal." No lo fue; era la opinión del Espíritu. Pero en términos humanos, lo que Pablo estaba diciendo es: "Yo he llegado a la conclusión, puedo considerar mi vida, mi acontecimiento, mi experiencia. Después de haber sido fariseo, después de haber estado en el tercer cielo, de haber regresado, y ahora qué he pasado —recuerda, 25 años después de su llamado que le está escribiendo—, después de haber pasado por todo esto, habiendo tenido en mi mano, por así decirlo, hechos, conocimiento y experiencia que yo he puesto de un lado de la balanza y he observado de qué lado la balanza se volteó, yo entonces considero algo que yo quiero comentar."

En otras palabras, esto es como Pablo lo hace: él pone de un lado de la balanza el sufrimiento de este mundo. Es mucho, de hecho es pesado. Y él notó —lo estoy ilustrando— como que la balanza hizo así, porque el sufrimiento de este mundo es pesado. Pero luego él pone de este otro lado la gloria que ha de ser revelada en el futuro, y él notó inmediatamente que la balanza se fue del otro lado. Y entonces él dice: "Yo considero que el sufrimiento presente, o de este mundo presente, no es digno de ser comparado con la gloria que ha de ser revelada."

Pablo admite que en este mundo hay sufrimiento. Él lo admite, es sin lugar a dudas que estamos sufriendo en un tiempo y en un lugar donde los sufrimientos están a la orden del día. La gente sufre por diferentes circunstancias. A veces sufre por enfermedades, o bueno, frecuentemente sufre por enfermedades. La gente sufre por pérdidas: pérdida de seres queridos, pérdida del trabajo. Otros sufren por incapacidad de tener hijos. Otros sufren por hambre y carencias distintas. Y así podríamos hacer una larga lista de necesidades, o carencias, o situaciones que causan dificultad en este mundo y que son las circunstancias con las cuales uno atraviesa este desierto de dolor. Pablo lo admite, él está consciente de eso, y por eso habla de sufrimiento de este tiempo presente.

Pero luego él inmediatamente me dice: "Pero yo tengo que darte una perspectiva que va a cambiar la manera como tú consideras lo que estos sufrimientos representan." E inmediatamente después dice: "Ellos no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada." Es una forma de decir: la intensidad de tu dolor no se compara con la intensidad de la gloria que tú has de experimentar.

Eso es exactamente lo que les dice a los corintios en su segunda carta, capítulo 4, versículo 17: "Pues esta aflicción leve y pasajera" —y el pastor Luis la leyó— "nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación." En otras palabras, no puedes ni siquiera encontrar una comparación entre lo que es tu experiencia aquí abajo con lo que será tu experiencia allá arriba, si el cielo estuviera allá arriba.

No importa si la profundidad de tu sufrimiento tiene la dimensión del sufrimiento de Job o el de Pablo o de cualquier otro; él los consideró, Pablo los consideró, leves y pasajeros. Pablo piensa que es leve a la luz del peso de gloria del cual él habla en 2 Corintios. Él consigue hacerte ver que si tú colocas de un lado, como ya dije, de la balanza una cosa, y luego colocas de la otra la otra, el peso de gloria es mucho mayor. Es tu sufrimiento visto a la luz de la gloria futura lo que lo convierte en leve. De esa misma manera, el sufrimiento de esta vida temporal, al lado de la gloria eterna que va a ser parte de tu experiencia, convierte a ese sufrimiento en pasajero.

Ahora, ahí está el primer punto de enseñanza, como lo dijimos: que tu experiencia, o lo que piensas de tu sufrimiento, depende de la perspectiva desde la cual yo evalúo lo que a mí me acontece. Y Pablo prueba esa realidad.

El segundo punto de enseñanza de este texto tiene que ver con el hecho de que hay una espera, no solo de parte nuestra, sino también de parte de todo el orden creado. Pablo usa una figura literaria que llamamos personificación. Él personifica la creación como si la creación fuera una persona, y él no fue el único autor que hizo eso. El salmista habla de que los árboles batirán las manos; él está personificando los árboles. Habla de que los montes cantarán. Pablo quiere que nosotros podamos entender de cierta manera, con claridad, con colores, lo que le está tratando de decir. Entonces él personifica la creación, y en el versículo 19 dice: "Porque el anhelo profundo de la creación" —como si la creación fuera una persona— "es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios."

La creación anhela y espera ver la revelación. Escucha bien lo que está diciendo: la revelación de los hijos de Dios. No solamente quiénes son hijos de Dios y quiénes no son; la creación espera ver, en la revelación de los hijos de Dios, la expresión de la gloria de Dios. Cuando esa creación —personificándola— cuando esa creación pueda ver que estas criaturas caídas, destituidas de la gloria de Dios, han sido levantadas y han sido investidas con la misma gloria del Creador, eso será una experiencia extraordinaria.

Yo le di un poco de rienda suelta a mi imaginación y pensé: cuando Satanás vea de dónde él cayó y a dónde llegó, y en el futuro él pueda ver de dónde Dios nos levantó y a dónde nos llevó, y cuando él pueda ver que él salió de la gloria y terminó en vergüenza, y nosotros salimos de la vergüenza y terminamos en gloria, él quedará atónito del trabajo de Dios. La creación anhela —la idea es como estirar el cuello— para ver la revelación de los hijos de Dios. Entonces nosotros no somos los únicos que esperamos; hay una espera de toda la creación. Este fue el segundo punto de enseñanza.

Tercer punto de enseñanza: Pablo nos ayuda a ver o a entender que hay una razón de peso por la cual sufrimos. Hay una razón de peso por la cual sufrimos. Escucha el versículo 20: "Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad." La creación no es la que causa la vanidad en la que cayó, "sino por causa de Aquel" —con mayúscula— "que la sometió en la esperanza." Y ahí terminó el versículo; lo vamos a continuar en un momento. "De Aquel que la sometió en la esperanza."

Pablo habla de que la creación fue sometida a vanidad para referirse al hecho de que la creación, que fue buena en gran manera en un principio, perdió su propósito, perdió su sentido, perdió su bonanza absoluta y perdió sus condiciones ideales. La razón por la que yo digo eso es porque la palabra traducida como "vanidad" es la palabra en el original *mataiotes*, la cual aparece tres veces en el Nuevo Testamento: Romanos 8:20, que es aquí donde estamos; Efesios 4:17; y 1 Pedro 1:18. Y describe —escucha— que algo no tiene ni el estándar ni el propósito para lo cual fue creado. En este caso, la creación no tiene ni el estándar ni el propósito para la cual fue creada, debido al juicio que Dios pasó después de la caída de Adán. Por eso fue sometida a vanidad.

Pero la imperfección de la creación no se debe a algo que estaba mal en la creación misma. El texto dice que no cayó en esa condición a causa de su voluntad, sino que cayó en esa condición a causa de la voluntad de Aquel, con mayúscula, de Dios. Dios es quien la somete a la vanidad de la corrupción, y ella entonces pierde el propósito y el sentido original para el cual fue hecha.

De manera que la primera razón por la cual nosotros estamos atravesando este sufrimiento —que Pablo califica de leve y pasajero, y que para nosotros no parece pesado y eterno— es porque Dios dijo en Génesis 3: "Maldita será la tierra por tu causa, Adán." Es como si Dios le hubiera dicho: "Mira, Adán, el pecado, la transgresión contra mi ley y contra mi carácter, tuvo tal peso, tuvo tal magnitud, que tú mereces que yo maldiga el lugar de tu habitación, el lugar que tú vas a habitar. Y tu descendencia también merece esta imposición de parte mía."

Ahora, el versículo 20 termina y continúa en el 21. Verás, como sabemos, en el original no había capítulos ni versículos, pero el versículo 20 termina con la expresión de que Dios la sometió en esperanza, pero me deja ahí como en el aire para terminarla en el 21. Entonces yo la voy a terminar en el 21 para luego darte mi cuarto punto de enseñanza: "En la esperanza de que la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción, a la libertad de la gloria de los hijos de Dios." ¿Te das cuenta que nosotros tendremos una gloria? A la libertad de la gloria de los hijos de Dios. "Pues sabemos que la creación entera gime y sufre hasta ahora dolores de parto."

El cuarto punto de enseñanza es que el sufrimiento de este tiempo presente tiene dimensiones cósmicas. ¿Por qué tiene dimensiones cósmicas? Porque el apóstol Pablo, personificando la creación, me dice que la creación entera gime a una, por completo. Gime el cabrito cuando se lo come el león, o el tigre, o el puma. Y gime la creación inanimada, por así decirlo, con terremotos y maremotos e inundaciones y sequías. Por tanto, la creación estaba en una esclavitud —personificándola— de corrupción. Pero Pablo dice que Dios la sometió a esa situación en esperanza; en otras palabras, con un propósito distinto: de llevarla de esa condición de corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios.

Y aquí Pablo nos deja ver que nosotros no somos los únicos que experimentamos o que experimentaremos gloria. La tierra será llena de su gloria como las aguas cubren el mar. Pero es que la creación —Pablo habla de que la creación misma— va a experimentar la gloria de los hijos de Dios. Pero eso, mientras tanto, tendremos que esperar. Y eso ocurrirá cuando nosotros, aquellos que hayamos dormido, nos levantemos de los sepulcros y entonces nuestros cuerpos sean glorificados. Y en ese momento podríamos decir que verdaderamente las cosas viejas pasaron, todas han sido hechas nuevas.

Y aunque el apóstol Pablo les habla a los corintios acerca de esa realidad en términos de nuestro nuevo nacimiento, hay algo todavía viejo en mí, y yo lo puedo ver si me paro frente al espejo: hay canas y hay arrugas que comienzan, y hay un proceso de envejecimiento. Por tanto, hay algo viejo todavía. Pero cuando ese cuerpo que se entierra como mortal se levante como espiritual, cuando ese cuerpo que se entierra en debilidad se levante en poder, cuando ese cuerpo corruptible se levante como incorruptible, entonces todo habrá sido hecho nuevo. Como lo nuevo no puede habitar en lo viejo, habrá un cielo nuevo y una tierra nueva.

Ahora, yo creo que muchos de nosotros pensamos que para leer acerca de ese nuevo cielo y esa tierra nueva tenemos que llegar a Apocalipsis 21, cuando en realidad, si el profeta Isaías estuviera aquí con nosotros hoy, hubiese estado diciendo: "No, yo hablé de eso mismo 750 años antes de que Cristo viniera." De manera que, antes de la primera venida, ya yo estaba hablando de la segunda venida. Escucha cómo Isaías lo dice en el capítulo 65, versículos 17 y 18: "Pues he aquí, yo creo cielos nuevos y una tierra nueva, y no serán recordadas las cosas primeras ni vendrán a la memoria." Como dice una de las canciones que cantamos, verás que la muerte será solamente una memoria de la redención. "Pues estas cosas ni vendrán a la memoria." Pero escucha qué pasa en el interín: "Pero gozaos y regocijaos para siempre en lo que yo voy a crear." ¿Escuchaste? Ahí está diciendo: gozaos ahora, regocijaos ahora, en lo que yo voy a hacer en el futuro, en lo que yo voy a crear. "Porque he aquí, voy a crear a Jerusalén para regocijo y a su pueblo para júbilo." ¡Wow!

El intento de Pablo de personificar la creación continúa, porque ahora habla de que la creación gime con dolores de parto. Y yo creo que es una buena ilustración, una excelente ilustración. Bueno, no esperaríamos menos del Espíritu de Dios que inspiró esto. Porque yo he estado —ya hace años que no— literalmente participado activamente en un parto, pero recuerdo cuando me tocó hacerlo, y yo solía escuchar en hospitales de nuestro país mujeres por ocho, diez, quince, dieciocho horas gritar. ¡Wow, wow, wow, wow! La verdad que yo odié esa circunstancia, no por ellas sino porque me dolió escuchar algunos de los llantos y gritos. Pero lo que me impresionaba era que, después que el niño arribaba, como al minuto, a los dos minutos, esa madre se olvidó del dolor y los gritos y los llantos. Y después, me sorprendía mucho más que poco tiempo después estaban en estado otra vez.

Pues de esa misma manera, ahora mismo la creación gime con dolores de parto. Pero cuando el niño —que ya no es niño, sino Rey de reyes y Señor de señores— aparezca, nosotros también podremos regocijarnos. Y todo este dolor y esta memoria y este recuerdo y este llanto y esta lágrima quedará atrás en un solo momento, y podremos celebrar con Él.

Escucha ahora al apóstol Pablo hablándonos todavía, personificando la creación junto con nosotros: "Y no solo ella, la creación, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior." Pero no está negando la realidad de nuestro dolor, no la está admitiendo; lo que está haciendo es dándole perspectiva a la experiencia. "Nosotros gemimos en nuestro interior." Él no dice: "Casi ustedes de creyentes gimiendo." Eso no. Es parte de nosotros. Y él se incluye: "Nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestros cuerpos."

Nosotros, en un sentido, ya fuimos adoptados por Dios, y ya les hablé de eso hace tres domingos atrás. Pero la completitud final de eso se dará cuando nuestros cuerpos sean redimidos y se levanten en gloria. En el interior nosotros gemimos de forma multidimensional, pudiéramos decir. Nosotros gemimos a veces físicamente, cuando nos duele algo corporalmente hablando. A veces nosotros gemimos emocionalmente, cuando perdemos un ser querido, cuando somos heridos de una forma emocional. Pero nosotros a veces gemimos también espiritualmente, cuando tú gimes por tu pecado o cuando gemimos por el pecado de otro.

Yo no sé si tú has gemido alguna vez por tu pecado. Si no lo has hecho, pídele a Dios que te permita verlo hasta el punto de gemir. Y si no has gemido por el pecado del otro, que te duela el pecado del otro, pídele a Dios que te dé esa experiencia como la tuvo Cristo cuando lloró por Jerusalén.

Ahora, ese sufrimiento presente tiene dimensiones cósmicas: sufre la creación, sufrimos nosotros, sufrimos nosotros incluso en quienes mora el Espíritu Santo. Y ese sufrimiento, dolor, gemir va a continuar hasta que finalmente Cristo regrese, nuestros cuerpos sean redimidos, seamos glorificados, y entonces solamente habrá una memoria de la muerte como recordatorio de nuestra redención.

Quinto punto de enseñanza: para esperar por la gloria venidera —y esto es importante, porque ahí donde estamos, estamos en el "ya" y "no todavía", como le llaman teológicamente, no "Bernarda", en el "ya" pero "no todavía"— para esperar por la gloria venidera de una manera, escúchame, que complazca a Dios, se requieren dos requisitos o dos condiciones: esperanza y paciencia.

Déjame leer el texto de hoy, versículos 24 y 25: "Porque en esperanza hemos sido salvados; pero la esperanza que se ve no es esperanza, pues ¿por qué esperar lo que uno ve? Entonces estamos esperando como con una esperanza. Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos." Pablo nos está hablando de que nuestra espera necesita, requiere, demanda —para complacer a Dios— de dos condiciones: esperanza, y requiere también paciencia.

La palabra esperanza en el original es elpís. Escucha lo que implica: implica un deseo por algo bueno en el futuro con la expectativa de obtenerlo. Esperanza, elpís en el original, implica un deseo de algo bueno en el futuro con la expectativa, la certidumbre, de obtenerlo. La palabra, la esperanza, tiene que ver con mirar algo hacia adelante y haciéndolo con la seguridad de que vas a recibirlo por seguro.

¿Por qué estoy enfatizando eso? Porque hay una diferencia entre la manera como la Palabra habla de la esperanza y la manera como la gente del primer siglo, cuando se escribió el Nuevo Testamento, habló de la esperanza. Para la gente del primer siglo, la esperanza era una ilusión. Nosotros no tenemos una ilusión; nosotros tenemos una convicción de lo que ha de venir, una certidumbre de lo que ha de venir.

Ahora, la esperanza de la que yo estoy hablando requiere de fe. Gente de poca fe, gente de poca esperanza. Gente de mucha fe, gente de mucha esperanza. Gente sin fe no tiene esperanza; todo termina cuando tú mueres. Déjame ilustrarte por medio de la Palabra que la esperanza requiere fe, requiere confianza en Dios. Fe y confianza en Dios es la misma cosa.

Escucha a Pablo, el mismo autor de Romanos, hablando del mismo tema del sufrimiento a los corintios, en su segunda carta, capítulo 1, versículos 8 y 9: "Porque no queremos que ignoréis, hermanos, acerca de nuestra aflicción sufrida en Asia." ¿Tú ves que el tema es aflicción? "No queremos que ignoren qué me pasó y por qué me pasó. Porque fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza" —ahí está la palabra— "de salir con vida." Ok, esto es lo que pasó, lo que Pablo pasó: perdió la esperanza de salir con vida. Pero Dios es soberano; Dios fue el que orquestó esto, Dios fue el que permitió que Pablo llegara hasta ahí.

Escucha ahora cómo lo explica: "De hecho, dentro de nosotros mismos ya teníamos la sentencia de muerte." Pero, ¿por qué Dios te permitió llegar ahí? Porque no murió en esa experiencia.

A fin de que —ahí está la razón— no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos. Dios permitió que yo llegara a perder la esperanza de salir con vida, con la intencionalidad expresa de aumentarme confianza en Él. Dicho de otra forma, de aumentar mi fe en Él. Al apóstol Pablo necesitaban que le aumentaran la fe. Nosotros necesitamos ¿qué cosa? En esto dos, por si lo Pablo no deja ver la relación que existe entre la fe y la esperanza. Y nota cómo lo explicó: "De manera que no confiáramos en nosotros mismos" —cuando tuviéramos fe en nosotros mismos— sino "en un Dios que resucita a los muertos." A los muertos.

Pero yo decía que la esperanza requiere confiar en Dios, fe en Dios. Creer que Dios existe no es lo mismo que creerle a Dios. Satanás cree que Dios existe, pero no le cree a Dios. Satanás cree que esta Palabra es infalible, pero él no le tiene confianza a lo que esta Palabra dice. Esa es la primera palabra. Yo decía que tú necesitas de dos condiciones para esperar en este tiempo presente de una manera que complazca a Dios.

La otra palabra es paciencia. Viene del original *hypomoné*, que implica permanecer bajo disciplina o bajo algún peso. Implica permanecer bajo un peso: el peso del sufrimiento de este tiempo, el peso difícil de este tiempo. Perseverar. Ahí lo podemos decir de esta manera: es la habilidad de perseverar cuando las circunstancias son difíciles. No el estar sentado pasivamente, sino el enfrentarlas de una manera triunfante para glorificar a Dios. *Hypomoné*. William Barclay, en uno de sus comentarios —no recuerdo cuál ahora—, habla de que esa palabra de paciencia en el original tiene que ver con no simplemente soportar el sufrimiento, sino de convertir en gloria lo soportado. Es similar a lo que aparece aquí: el enfrentar las dificultades de manera triunfante para glorificar a Dios.

Entonces, nosotros no solamente necesitamos esperanza, necesitamos también paciencia. Y esas dos palabras en el Nuevo Testamento están unidas en más de un versículo. Escucha cómo Romanos 5:3-5 une estas dos palabras: "Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, y la paciencia produce carácter probado, y el carácter probado produce esperanza" —ahí está la otra palabra— "y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado." La tribulación produce paciencia, la paciencia produce carácter probado, el carácter probado da como fruto la esperanza.

El mismo apóstol Pablo, todavía en el mismo libro que estamos tratando hoy, pero capítulos más adelante, en Romanos 15:4, dice lo siguiente: "Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió," escucha, "a fin de que por medio de la paciencia" —ahí estaba la palabra— "nuestra y del consuelo de las Escrituras, tengamos esperanza." La esperanza requiere también de paciencia. De manera que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.

Pero resulta que la paciencia, de acuerdo a lo que el mismo autor de Romanos escribe a los Gálatas en 5:22, es un fruto del Espíritu. Oye lo que Dios está haciendo. Dios dice: "Mira, este tiempo presente es difícil para la carne. Yo sé que hay una debilidad que la carne tiene. Para tú poder atravesar este desierto, por así decirlo, tú requieres de paciencia y requieres de esperanza. Tú no la puedes producir, pero oye, lo voy a hacer. Voy a poner mi Espíritu a morar en ti para transformarte a la imagen de mi Hijo. En la medida que Él hace eso, mi Espíritu va a producir un fruto en ti, parte del cual es la paciencia." Lo que tú requieres para esperar por la gloria venidera. No solamente Dios me llama a esperar, me equipa para esperar. Como diría en inglés: "God is an enabler." No hay nada mejor que lo que acabo de decir ahora.

Para esperar con esperanza tú necesitas conocer a Dios. Yo estaba ayer en la mañana en la iglesia del pastor Ángel Carroza compartiendo con la iglesia. Le decía que el problema —hablaba un poco de la pandemia para darle contexto a mi exposición— y decía que el problema principal del pueblo de Dios es que no conoce a su Dios. Ahora, hemos hecho entre pastores también, entre nosotros los pastores, recientemente un retiro. El conocimiento de Dios que me lleva a amar a Dios. Nosotros conocemos muchos mandatos, reglas, versículos, pasajes, historias, personajes, eventos, milagros. Nada de eso dice que yo conozco a Dios necesariamente. Puedo conocer de un presidente o un ex famoso. Puedo leer su biografía, puedo hablar con su esposa, puedo hablar con sus hijos, me pueden contar, puedo ir a su casa. En un momento dado me pueden llevar a su biblioteca y puedo conocer mucho de él, pero eso no dice que yo le conozco de forma personal.

Ahora, en la Biblia aquellos que conocieron a Dios mostraron paciencia y esperanza. José es vendido por sus hermanos, cae preso por hacer lo bien hecho. Se calcula como unos trece años en prisión por hacer lo bien hecho. Y cuando él llega a ser primer ministro de Egipto, sus hermanos —hay una hambruna donde ellos estaban, en Canaán— bajaron a Egipto. No sabían que José era el primer ministro. Ven a José, se encuentran, no lo reconocen. José sí sabe que son ellos. Y eventualmente, cuando se dan cuenta que es José, se llenan de temor y piensan: "Bueno, ahora sí estamos fritos, porque con lo que le hicimos a José, él nos va a vengar."

Y mientras ellos están preocupados y ansiosos con la memoria de lo que hicieron, José está lo más quitado de bulla y les dice: "Tranquilos," como diría aquí, "tranquilos, quietos, chill out. Porque aunque lo que ustedes hicieron lo hicieron para mal, mi Dios lo hizo para bien, para preservar a mucha gente y a toda una nación." ¿Qué fue lo que le dio a José la paciencia de esperar en la cárcel? Bueno, la esperanza que él tenía en su Dios, que lo reivindicaría de alguna manera.

Tú puedes oír acerca de la paciencia de Job, pero por otro lado tú encuentras que personajes como Caín, que no conocían a Dios, se resintieron. ¿Pero contra quién se resintieron? Contra Dios. Tú lees acerca de Jonás, que se resintió. ¿Contra quién se resintió Jonás? Contra Dios. Hasta el punto que al final de su historia él está ahí debajo de una matita, de un árbol que Dios mismo hizo crecer, le dio sombra. Dios lo va a hacer secar. Y luego confronta a Jonás: "¿No estás airado?" Y dice Jonás: "¿Por qué te hallas? ¿Tienes razón para estar airado?" "Sí, yo tengo razón hasta la muerte para estar airado." Pero, ¿es que conocía a Dios?

La esposa de Job no conocía a Dios y se airó. Se resintió y le dice a su esposo: "Maldice a Dios y muérete." Tú no te puedes resentir, escúchame, tú no te puedes resentir que no sea contra Dios. No te puedes quejar que no sea contra Dios. Dios se declara responsable de todo cuanto acontece en su universo y en el universo de tu vida. Eso es exactamente lo que la Palabra de Dios declara acerca del pueblo judío cuando se quejó contra Moisés: literalmente dice que el pueblo se quejó no contra Moisés, sino contra Dios.

De manera que para esperar en este tiempo presente y poder experimentar estas aflicciones como leves y pasajeras, yo necesito paciencia, yo necesito esperanza. Para yo tener esperanza, yo necesito conocer a Dios. Y para yo tener paciencia, necesito la morada del Espíritu, porque eso es un fruto del Espíritu. Y para tener la morada del Espíritu, necesito conocer a Dios en salvación. Pero yo necesito también, de poder ser salvado, conocerle en intimidad. Yo puedo orar sin conocer a Dios, porque orar e intimar con Dios son dos cosas distintas. Yo he hecho ambas, de manera que eso no es algo que yo leí en un libro, es algo que yo descubrí en mi vida.

Es el lugar de la última enseñanza, para unos enseñanzas: que no estamos solos ni tampoco estamos sin ayuda en nuestra aflicción, porque Dios ha hecho morar su Espíritu en nosotros. Y ese Espíritu de Dios, quien nos acompaña, hasta el punto que sabe interceder por nuestras necesidades. Y cuando hace dicha intercesión, lo hace con tal empatía que Él mismo gime de forma indescriptible.

Escucharlo en el versículo 26: "De la misma manera también el Espíritu" —que ya dijimos que mora en nosotros, por tanto no estamos solos— "nos ayuda en nuestra debilidad." ¿En cuál debilidad? "No sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles." Gime la creación, gemimos nosotros, gime el Espíritu. Obviamente el Espíritu no gime de la misma manera que nosotros gemimos, pero sea algo que Pablo me deja ver es que nosotros no estamos solos. Que en nuestra debilidad, y específicamente en nuestra debilidad al orar, el Espíritu de Dios que mora en nosotros... Es como si Dios hubiera dicho: "Mira, yo sé la incapacidad que ustedes tienen de orar. Tienen muchas incapacidades, y para esas incapacidades yo les voy a proveer lo que es mi suficiencia. Y va a llegar por medio del Espíritu, y no simplemente a través de algo externo, sino que yo lo voy a poner en su interior."

Y Pablo hace mención de la debilidad humana en el contexto de nuestra oración. ¿Saben por qué? Porque en primer lugar nosotros somos débiles al orar porque no oramos lo suficiente. Ni tú ni yo oramos lo suficiente. También hay que decir una cosa: nosotros somos débiles al orar porque no tenemos fe suficiente. Nosotros somos débiles al orar porque no conocemos a Dios lo suficiente —Él es quien responde nuestras oraciones. Y todavía mucho más: nosotros somos débiles al orar porque no conocemos sus propósitos. Y como no conocemos sus propósitos, no conocemos su voluntad. Y aquí nosotros somos particularmente débiles: Dios solo responde las oraciones que tienen que ver con su voluntad.

Eso dice: "Bueno, cuando oramos conforme a su voluntad, Él nos oye." Ahora, el hecho de no conocer su voluntad, y de que Dios solamente responda las oraciones que tengan que ver con su voluntad, no nos debe desanimar en lo más mínimo a la hora de orar. Porque múltiples cosas fortalecen la oración. Influye en tu conducta, y tu conducta revela tu corazón. La oración influye en nuestra conducta. La oración ayuda.

Cristo dijo que la mies es mucha. Ahora, sobre eso son pocos. No nos dijo que fundáramos seminarios, aunque yo creo en ellos. No nos dijo que fundáramos iglesias, aunque literalmente las iglesias tienen que ser fundadas. Lo que Él dijo es: "Esta es la fórmula". Y dónde el Señor de la mies, rogad ahora al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Entonces luego fundamos seminarios, fundamos las iglesias en tercer lugar, pero no es exhaustiva esta lista.

La oración es necesaria para vivir una vida de santidad. Estoy entendiendo ahora por qué me falta santificación, bueno, por lo menos en parte. Cristo dijo: "Velad y orad para que no entréis en tentación". Y horas después Pedro le estaba negando, después de haberse dormido junto con Juan y Jacobo. Fue en ese momento que lo dijo: "Velad y orad". Ahora, el día cuando volvió, Él los encontró durmiendo. Los reprendió tres veces para que no entrasen en tentación, y poco después Pedro le estaba negando.

Ahora, el texto nos dice que el Espíritu intercede con gemidos indecibles y de pensamientos y palabras que nosotros no entendemos. Indecibles, indescriptibles, porque eso es una conversación intertrinitaria: el Espíritu orando a Cristo, por así decirlo, o Cristo intercediendo ante el Padre, o de alguna otra forma intertrinitariamente. Eso da que nosotros no entendemos. Algunos académicos entienden que esta forma indescriptible del Espíritu tiene que ver con el don de lenguas. Académicos creen eso; otros académicos tienen razón para creer lo contrario. Ahora, no voy a entrar en el detalle de la controversia de por qué sí, por qué no, porque este no es el tiempo para eso. La realidad es que Dios ha hecho morar su Espíritu en nosotros y Él intercede con gemidos indescriptibles, indecibles, ante Dios Padre, ante Dios Hijo. Intercede a favor nuestro.

Y lo más increíble de todo es lo que Pablo nos va a decir en el próximo versículo, porque la ayuda especial en la debilidad de la oración, que el Espíritu viene a asistir, no es como que alcanza su clímax en el versículo siguiente. Pero el Espíritu gime por nosotros porque simpatiza con nuestro dolor, con nuestro sufrimiento, de la misma manera que Dios dice en el Antiguo Testamento: "En todas sus aflicciones yo también estuve afligido". El Espíritu siente, gime. Y escucha ahora dónde el Espíritu como que culmina su ayuda en la debilidad nuestra en la oración: "Y Aquel —con mayúscula— que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu —en mayúscula— porque Él —en mayúscula— intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios".

¡Oh, wow! ¿Para qué es esto? Porque yo no sé cómo orar en esta circunstancia. Porque yo no sé cuál es la voluntad de Dios: si me caso, no me caso; si me caso con esta persona, no me caso con esta persona. Fuera cristiano, el Espíritu mora en ti, relájate. Él está orando por la voluntad de Dios con relación a esa circunstancia de la cual tú desconoces su voluntad. ¿Para qué tú crees que lo pusieron a morar en ti? Porque Dios conoce la debilidad que tú y yo tenemos en la oración.

Es como una ilustración. Es como si el Espíritu estuviera oyendo mi oración y diciendo: "Padre e Hijo, él está orando así, pero no le hagas caso, que eso no le conviene a él. Esta es la oración que necesita. Esto es lo que necesita. Esta es la provisión que requiere. Esto es verdaderamente su necesidad. Es un deseo que él tiene, pero dentro de esa necesidad se le quita. No te olvides de eso. Esto es lo que él requiere, Cristo. Esto es lo que Tú compraste en la cruz. Esto es lo que requiere en este momento".

¿Tú crees que Dios está por ti o contra ti? Porque por dondequiera que tú ves, todos me lo está haciendo Dios. Ahora, como Dios responde solamente las oraciones que tienen que ver con su voluntad, y el Espíritu está intercediendo en esa dirección, ¿qué es lo que a mí me corresponde entonces? Rendir mi voluntad a su voluntad. Es lo que Cristo hace. Cristo en una sola oración corta nos deja ver que en una oración pueden coexistir dos voluntades: "Padre, si es posible, que pase de mí esta copa" —esa es mi voluntad—, segunda voluntad: "pero que se haga tu voluntad y no la mía". Lo que me toca es rendir mi voluntad a la voluntad de Dios. ¿Y cómo yo hago eso? En oración, intimando con Dios, presentándole mi voluntad y diciéndole: "Pero al final del camino, no le hagas caso".

Yo me he encontrado orando múltiples veces diciéndole a Dios: "Pero eso es lo que yo quiero. Eso es lo que mi carne quiere. Pero yo te pido en el nombre de Cristo que no le hagas caso ni a mis deseos, ni a mi carne, ni a mis pensamientos, ni a mis ideas. Yo quiero lo que Tú quieres. Lo que Tú no quieras, yo no lo quiero". Para eso el Espíritu mora en mí.

Ahora, con cierta frecuencia ofrecemos resistencia a la acción del Espíritu de Dios en nosotros. ¿Por qué? Porque nos falta perspectiva. Por esa razón, déjame cerrar mi mensaje con un texto del Salmo 66 y dos comentarios. Salmo 66, del 10 al 12. Escucha al salmista y deja que estas palabras calen. Estas palabras que suenan como de quejas de este tiempo presente, déjalas calar como tal, como quejas, para yo leerte la última línea.

"Porque Tú nos has probado, oh Dios. Nos has refinado como se refina la plata. Nos metiste en la red" —este hombre conoce a Dios, él sabe cómo es que la providencia funciona—. "Carga pesada pusiste sobre nuestros lomos, hiciste cabalgar hombres sobre nuestras cabezas. Pasamos por el fuego y por el agua" —¿te acuerdas lo que cantamos? "Puedo pasar por el fuego, que se muevan las aguas"—. Escucha ahora: "Pasamos por el fuego y por el agua". Suena como que el salmista está, ya en mente, a punto de decirlo. Está diciendo: "Tú hiciste todo eso". Pero escucha la última línea: "Pero Tú nos sacaste a un lugar de abundancia".

Es como que el salmista estaba diciendo: "Nos llevabas para un lugar de abundancia, y sabías que para experimentar la abundancia —no solamente material, eso es secundario—, la abundancia espiritual de tus riquezas, yo necesitaba esas experiencias. Tú nos has probado". Es ahí donde salen a relucir nuestros pecados. Recuerda una y otra vez el ejemplo que te mencioné tantas veces de aquel misionero joven que fue a visitar a Hudson Taylor, que quería irse al campo misionero. Y él le dice: "Bueno, mira, joven". Y pone un vaso de agua y lo llena, le da un golpe y el agua se desparrama. Le dice: "Solamente recuerda, cuando estés en el campo misionero, que lo que sale de ti es solamente lo que está dentro de ti. La vida te va a golpear duramente a ti y a mí. Lo que sale de ti no lo ha puesto nadie". De manera que cuando la vida me aprieta, yo comienzo a observar de qué estoy mojado, porque eso es lo que Él estaba tratando de sacar. Nos has probado, nos has refinado. En otras palabras, nos ha ido santificando, pero nos sacaste a un lugar de abundancia.

¿Tú crees que el cielo nuevo y la tierra nueva es un lugar de abundancia? ¿Tú crees que esa gloria futura será abundante en todo el sentido de la palabra? Pues este tiempo presente, esta aflicción leve y pasajera, lo único que está haciendo es preparándonos para la abundancia que ha de venir. Porque frecuentemente nosotros ni siquiera sabemos cómo manejar la abundancia si no somos preparados previamente.

Y tú puedes ver eso en la vida de Job. Que Job al final recibe el doble de todo lo que él tenía. Pero esa no es la bendición de Job, honestamente. Porque a Dios no le hacía falta lo que le quitó en primer lugar para después devolvérselo doblemente. No, la bendición que Job recibió es que Job llegó a conocer a Dios de una manera tan personal que nunca había visto a Dios de esa forma. Y por eso es que dice: "Yo de oídas te conocía, pero ahora mis ojos te ven". Ahí es que Job es bendecido. Él fue llevado a un lugar de abundancia. Pero, ¿cómo fue llevado? Después que fue probado, después que fue refinado. Y luego entonces Dios podía entregarle abundancia espiritual, y de otras cosas también, porque ahora él había sido preparado para manejar lo que antes no hubiese podido hacer.

Todo es cuestión de perspectiva, incluyendo el sufrimiento presente, que no vale la pena comparar con la gloria que ha de venir. Y déjame decir eso otra vez, es cierto: todo es cuestión de perspectiva, incluyendo tu sufrimiento presente —no el de los héroes de la Biblia, el tuyo— que no vale la pena comparar con la gloria que ha de venir.

Padre, gracias porque Tú nos has dicho en tu Palabra, y luego en canciones, en dos mil años de historia, de tantas formas distintas, que ciertamente no hay ni siquiera remotamente una comparación entre lo leve de este sufrimiento y lo pesado de la gloria que nosotros vamos a experimentar. Y que no hay tampoco ninguna comparación entre este sufrimiento temporal y la gloria que será eterna. Señor, yo te pido por mis hermanos, por mí mismo, por los demás hermanos de otras congregaciones en otras latitudes, que Tú nos permitas atravesar el tiempo que nos quede por delante con nuevos ojos, con una nueva visión, con una nueva perspectiva. Recordando que esta no es la morada definitiva, estas no son las condiciones originales en las que Tú creaste el planeta, pero tampoco son las condiciones en que la creación va a terminar. Que Tú no solamente nos vas a glorificar a nosotros, sino que Tú has de glorificar todo lo creado, porque ciertamente la tierra será llena de tu gloria como las aguas cubren el mar. Gracias por tu Hijo Jesús, porque la única esperanza de gloria que tenemos está depositada en la obra que realizó a favor nuestro, y por sus méritos tenemos la certeza de que lo que Él herede, yo heredaré. En Cristo Jesús te lo hemos orado. Y su pueblo dice: Amén. Bendiciones.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.