Integridad y Sabiduria
Sermones

El sufrimiento: una experiencia inevitable

Miguel Núñez 6 junio, 2021

El sufrimiento no es una anomalía en la vida cristiana, sino la normalidad esperada en un mundo caído. Pedro escribe a los creyentes diciéndoles que no se sorprendan del fuego de prueba como si algo extraño les estuviera aconteciendo. Desde Génesis 3, todo comenzó a disfuncionar: el trabajo, el dolor, las injusticias, las desilusiones pasaron a ser la experiencia cotidiana. La sorpresa ante el sufrimiento solo revela que no hemos entendido la profundidad de la caída.

Pero hay algo más profundo que comprender: nuestros sufrimientos no son nuestros, son de Cristo. El pastor Núñez comparte la historia de Helen Roseveare, una doctora misionera británica que pasó cinco meses de tortura brutal en el Zaire. En medio de su desesperación, sintió que Dios le comunicaba: "Estos no son tus sufrimientos. Son los míos. Solo te pedí que me prestaras tu cuerpo." Estar en Cristo significa compartir todas sus bendiciones, pero también sus padecimientos. Pablo mismo escribió que se alegraba de completar en su carne lo que faltaba de las aflicciones de Cristo por su iglesia.

Frente al sufrimiento, existen cuatro respuestas posibles: negación, ira, depresión o aceptación. Solo la última tiene contenido bíblico. El llamado no es sufrir como malhechores por nuestro propio pecado, sino como cristianos por causa de Cristo, sin avergonzarnos. Quienes así sufren pueden encomendar sus vidas al fiel Creador, confiando en que sus planes son superiores. El privilegio concedido al creyente incluye tanto creer en Cristo como sufrir por él.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

El Mesías de nuestras vidas. Tú y yo estamos rodeados de la bondad de Dios. Señor, Tú has sido bueno en mis peores momentos. En los momentos cuando quizás hemos pensado que Tú no nos estabas mirando, no nos estabas oyendo o nos estabas disciplinando, quizás fue en esos momentos donde mayor era tu bondad para con nosotros. Simplemente no la vimos, no la supimos interpretar, no la supimos valorar.

Oh Dios, nosotros te pedimos en esta mañana que Tú abras nuestros ojos para nosotros ver las infinitas bondades de nuestro Creador y Redentor. Señor, esta mañana desde que nos levantamos lo único que Tú has hecho es ser bondadoso para con nosotros. Tú nos perdonas, Tú nos alientas, Tú nos das convicción, Tú nos corriges, Tú nos traes al camino, Tú nos levantas, Tú nos das libertad, Tú nos das entendimiento, Tú hablas con nosotros, Tú corriges mi hablar, Tú corriges mi entendimiento y lo haces una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, no te cansas.

Hoy estás dispuesto a amarme tanto como el día que yo te recibí como mi Señor y Salvador, a pesar de mis caídas, a pesar de mis tropiezos, a pesar de mis pecados, a pesar de mis errores, mis faltas, mis insuficiencias, mis deficiencias en mi vida. Tú has sido bueno, inmensamente bueno. Bueno es Dios todo el tiempo, y todo el tiempo bueno es Dios. Nosotros lo afirmamos. Te damos gracias, te bendecimos. Damos testimonio de esto. En Cristo Jesús, y su pueblo dice amén.

El hecho de que tú y yo podamos leer la Palabra de Dios en libertad, sin temor de que nadie nos venga a perseguir, toque la puerta de la iglesia, eso es parte de la bondad de Dios. Bueno, yo les he mencionado en otras ocasiones que el currículum de Dios tiene varias materias, y que hay una materia que se llama el sufrimiento. Que tiene el sufrimiento 101, 102, 103. Yo les decía a Kathy, mi esposa, anoche: creo que voy por el 125.

De manera que el tema o el título de mi mensaje esta mañana es: El sufrimiento, una experiencia inevitable. El sufrimiento, una experiencia inevitable. Déjame contarte una historia.

Helen Roseveare fue una doctora misionera británica. Pasó veinte años trabajando en el Zaire, África. Estando allá en el año 1964, estalló una revolución. Los próximos cinco meses y medio fueron de tortura brutal, esa es la palabra, brutal, para ella y sus colaboradores. De manera que llegó un momento que ya perdió toda esperanza y pensó que Dios se había olvidado de ella. Pero de repente un día ya se sintió abrumada, abrumada esa es la palabra, no por las torturas, sino por el sentido de la presencia de Dios a su alrededor.

Ella dice que luego entendió lo que Dios quería comunicarle. Que ella no oyó a Dios audiblemente, pero fue como si lo hubiese oído. Esto es lo que Dios le comunicó: "Veinte años atrás, tú me pediste que te concediera el privilegio de ser misionera. El privilegio era la identificación conmigo. Lo que has vivido, eso es lo que significa identificarte conmigo. ¿No lo quieres? Esto es lo que significa."

Escucha, porque lo que sigue yo creo que, de una manera como está escrito, la enorme mayoría de los hijos de Dios, y creo que posiblemente de los que están aquí, no lo has escuchado, no lo has entendido, no lo has visto. Esto es lo que significa, dos puntos: "Estos no son tus sufrimientos. Son los míos. Solo te pedí que me prestaras tu cuerpo." Esos no son tus sufrimientos. Está en la Palabra, revelado de esa manera. Pablo los llama los padecimientos de Cristo; son nuestros, y los nuestros son suyos. Solo te pedí que me prestaras tu cuerpo.

Cuando uno pasa a través de circunstancias como esas, usualmente los profesionales de la conducta humana describen cuatro etapas. Negación, donde tú no puedes creer que esto te haya acontecido a ti. Es difícil entrar en una etapa de negación en una experiencia como la que Roseveare tuvo, pero personas que reciben un diagnóstico de cáncer, lo hemos visto una y otra vez, y otro tipo de diagnóstico, al principio dicen: "No, los doctores se equivocaron." Literalmente hablando.

La segunda etapa es la etapa de la ira. Quizás esta sea la peor de todas, porque frecuentemente hay una ira contra aquellas personas que él o ella entiende son culpables de su sufrimiento. Y esa persona puede incluir el médico. Yo he estado ahí. Puede incluir el pastor. Yo he estado ahí. Puede incluir el esposo, puede incluir el amigo, puede incluir a Dios. Es más, puede incluir a la persona misma que está sufriendo, que te dice, y yo he estado en consejerías más de una vez: "Yo tengo rabia conmigo misma" o "conmigo mismo." Es la peor etapa, por lo que Pablo dice en Efesios 4:26-27: "Enójense, pero no pequen. No se ponga el sol sobre su enojo, ni den oportunidad al diablo." El enojo prolongado nos abre puertas enormes y nos hace vulnerables a la influencia de las huestes de las tinieblas como ninguna otra expresión del ánimo.

La tercera etapa es la depresión. Después de mucho tiempo de ira, nuestras energías emocionales se consumen. No tengo fuerza para pelear. He perdido la esperanza. Todo se ve oscuro. Esto no va a cambiar.

La cuarta etapa es donde Roseveare entró. Es la única etapa bíblica, o es la única etapa que tiene contenido bíblico. Es la única etapa madura y es la que corresponde al entendimiento de Dios. Tú y yo necesitamos recordar que las circunstancias por las cuales atravesamos no es algo que Dios ignoró. No es algo que Dios no previó. No es algo que a Dios se le ha ido de la mano. No es ninguna de esas cosas. De manera que tú y yo necesitamos entender qué es lo que la Palabra de Dios dice acerca del sufrimiento en nuestras vidas y continuar viéndolo todo el tiempo como Dios lo ve.

Después de la caída de Adán y Eva todo comenzó a disfuncionar. Tú lo sabes, tú lo vives todos los días. El trabajo, el dolor, el sufrimiento, las precariedades, las desigualdades, los engaños, las desilusiones, las injusticias, pasaron a ser la normalidad de la vida después de Génesis tres. Nosotros estamos en un proceso de restauración, de redención, de rescate. Y en esa tarea, a ti y a mí nos toca un rol que jugar.

Por tanto, las experiencias de dolor y aun de sufrimiento profundo son las que tú y yo debiéramos esperar día a día en nuestro paso por esta tierra. Las experiencias de dolor, de sufrimiento, dificultad, de pérdidas, es la expectativa con la que debiéramos levantarnos todos los días. De hecho, eso es como Pedro comienza este texto. Te lo voy a leer, quiero que lo leas conmigo, en su primera carta, capítulo 4, versículos 12 al 19.

Recuerda el título del mensaje: El sufrimiento, una experiencia inevitable. Déjame leerlo otra vez para que puedas ver ese título en el primer versículo que voy a leer. El sufrimiento, una experiencia inevitable: "Amados, no se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo." Nada extraño. ¿Es una prueba y es de fuego? "Antes bien, en la medida en que comparten los padecimientos de Cristo, regocíjense."

En la medida en que comparten los padecimientos de Cristo, exactamente lo que Dios le dice a Roseveare, la doctora: "Tus sufrimientos no son tuyos, son míos. Te pedí que me prestaras tu cuerpo." "Regocíjense, para que también en la revelación de su gloria se regocijen con gran alegría. Si ustedes son insultados por el nombre de Cristo, dichosos son, pues el Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre ustedes. Ciertamente por ellos Él es blasfemado, pero por ustedes Él es glorificado. Que de ninguna manera sufra alguien de ustedes como asesino, ladrón, malhechor o por entrometido. Pero si alguien sufre como cristiano, que no se avergüence, sino que como tal glorifique a Dios."

El versículo 17: "Porque es tiempo de que el juicio de Dios comience por la casa de Dios. Y si comienza por nosotros primero, ¿cuál será el fin de los que no obedecen el evangelio de Dios? Y si el justo con dificultad se salva, ¿qué será del impío y del pecador? Así que los que sufren conforme a la voluntad de Dios," subraya eso, "conforme a la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador haciendo el bien."

Desde que tú comienzas a leer ese texto, es claro que Pedro les está escribiendo a cristianos. ¿Cómo lo sabemos? Por la manera como él inicia: "Amados." Solamente en el Nuevo Testamento los autores de los textos se dirigen con ese calificativo a creyentes. Y en el texto hay varias frases que uno pudiera usar para entender mejor cómo Dios ve el sufrimiento, y que podamos entender mejor por qué es que mis sufrimientos no son míos, son de Cristo en un cuerpo prestado.

Yo lo que quiero hacer en el día de hoy es recorrer varias enseñanzas directamente salidas del texto.

Enseñanza número uno: las experiencias de dolor y sufrimiento representan la normalidad en este mundo en que vivimos. Versículo 12: "No se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos." Las pruebas no deberían ser una sorpresa para nosotros. A la luz de la Palabra de Dios es como Pedro dice: ustedes actúan y reaccionan como si algo extraño hubiese acontecido. ¿A ustedes se les ha olvidado en qué planeta es que viven? ¿Se les ha olvidado que este es un planeta bajo condenación en proceso de redención? ¿Se les ha olvidado Génesis tres, que de ese día en adelante nada funcionaría bien? ¿Se les ha olvidado que las condiciones de creación quedaron atrás y ahora estamos en condiciones de corrupción?

De manera que nuestra sorpresa ante el dolor solo es muestra de que yo no he entendido la caída del planeta ni la caída de la humanidad. Es más, yo ni siquiera he entendido ni mi propia caída, porque es mi propia caída la que me dificulta procesar las experiencias de la vida. Cristo no se le dificultó procesarlas. Nosotros nos damos cuenta de que necesitamos recordar y entender que la caída es la razón primaria y originaria de todo nuestro dolor.

Pero hay algo más. Yo necesito entender, a la luz de lo que Pedro reveló ahí en ese primer versículo, que estas pruebas son pruebas de fuego que vienen, el texto dice literalmente, para probarlos.

No dice para condenarlos, pero para probarlos sí, para purificarlos, para separar lo que es de Dios de lo que no es de Dios, para separar los creyentes de los no creyentes. Esta pandemia ha separado a mucha gente que había estado en iglesias, que hoy no están y quizás no vuelvan a estar. Las pruebas vienen para separar los que tienen una mente puesta en las cosas de la carne y los que tienen una mente puesta en las cosas del Espíritu, los maduros de la fe y los niños en la fe, los que tienen una vida egocéntrica todavía viviendo para ellos mismos. A pesar del mandato de parte de Dios en 2 Corintios 5:15, que los que ahora viven ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió por ellos. Las pruebas separan los que todavía viven para sí de aquellos que viven para Cristo.

Las pruebas separan, escucha esto, los que viven para quejarse de la vida y los que viven para glorificar a Dios en aquellas cosas que hacen que otros se quejen. Dos grupos: los que viven para quejarse de la vida y otros que deciden glorificar a Dios en las mismas cosas que hacen que este grupo se queje. Amados, no se sorprendan del fuego de la prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo. Es el texto de la enseñanza número uno: es la normalidad.

Enseñanza número dos: la vida venidera. Cristo nos ha llamado a compartir su gloria, pero en esta vida el llamado es a compartir sus sufrimientos y a convertir lo sufrido en gloria. En la próxima vida hay una gloria que nos espera y la vamos a compartir sin límites. En esta vida, Cristo nos ha llamado no a compartir su gloria, sino a compartir sus sufrimientos, y en la medida en que yo entro en los sufrimientos de Cristo, como les llama Pedro, como les llama Pablo, mi llamado es a tomar lo sufrido y convertirlo en gloria, como Cristo convirtió la cruz.

El texto nos deja ver que esta vida no es como estaba supuesta a ser anterior a la caída. Las cosas eran diferentes, pero el hombre distorsionó la obra del Diseñador. Y el Diseñador decidió con la distorsión del diseño trabajar en eso, un diseño estropeado, para entonces redimirlo y volver a la condición anterior. Pero mientras tanto habría trabajo, dolor, sufrimiento, del que participó Cristo, del que encarnó Cristo, y que ahora a ti y a mí nos toca compartir con Él. Cristo encarnó el mayor trabajo, soportó el más profundo dolor y sufrió la peor experiencia.

Yo no sé si nosotros hemos entendido bien lo que implica el estar en Cristo. Es una frase eminentemente paulina. Pablo repite la frase "en Cristo, en Cristo, en Cristo" un número de veces que ya se me fue de la memoria, pero es enorme. Yo no creo que nosotros entendemos eso, porque cuando la Palabra de Dios dice que estamos en Cristo, eso implica que todas las bendiciones que Cristo pudiera disfrutar serán mías. No se va a quedar una fuera. Como es que la Palabra lo dice: somos coherederos con Cristo. No dice que somos herederos de Cristo, que también lo somos, pero yo estoy tan en Cristo que todas las bendiciones que sean de Cristo yo las voy a heredar. Soy coheredero. ¿Amén a eso? Okay, sigue diciendo amén, porque vamos a seguir viendo.

¿Qué implica el estar en Cristo? Bueno, implica que cuando Cristo murió, yo morí. Eso no es una interpretación de lo que la Biblia dice, eso es lo que Romanos 6:8 dice. ¿Qué implica estar en Cristo? Cuando Él resucitó, yo resucité con Él. Eso dice Efesios 2:6. Cuando Cristo murió en la cruz, Él pagó por mí, porque yo estaba en Él y Él murió. Cuando Él murió, pagó por mí. Él pagó, sí, pero pagó por mí. Cuando Cristo ascendió a los cielos y se sentó a la diestra del Padre, ¿no sabes lo que dice Pablo? Que nosotros hoy estamos sentados a la diestra del Padre. ¿Cómo es que yo estoy sentado a la diestra del Padre cuando estoy aquí frente a ustedes? Porque estoy en Cristo, y Cristo está sentado a la diestra del Padre.

Tú disfrutas las bendiciones enormes de estar en Cristo. Eso implica que todas las experiencias de Cristo son mías también. Si todas las bendiciones de Cristo son mías, todas las experiencias de Cristo son mías también. En la historia de la doctora Rosaria, sus padecimientos no eran suyos, sino de Cristo, porque ella estaba en Cristo. "Tus torturas son mías, simplemente te pedí que me prestaras tu cuerpo."

Escucha cómo Pablo lo dice en 2 Corintios 1:5: "Porque así como los sufrimientos de Cristo son nuestros en abundancia, así también abunda nuestro consuelo por medio de Cristo." Nos gusta el consuelo por medio de Cristo, nos gusta la gloria de Cristo compartida, coheredar, pero los sufrimientos, dejamos a Cristo solo. ¿Por qué tengo yo que compartir eso? En buen dominicano: lo que va bien. Sufrimos en abundancia y Él nos consuela en abundancia. ¿Recuerdas lo que la doctora dijo? Llegó un momento donde yo me sentía abrumada por la presencia de Dios. ¿Alguna vez te has sentido abrumado por la presencia de Dios? Abrumado, no simplemente que tengo un sentido de la presencia de Dios. No, estoy abrumado de su presencia. De manera que lo que Cristo sufrió y por las razones que sufrió, a mí me toca sufrir.

Ahora, no hay ni un "amén". Había muchos "amenes" con la gloria que me toca compartir, coheredar. Ahí me toca sufrir por Él. Déjame leerte literalmente lo que escribí en el día de ayer y quiero leerlo tal como lo escribí: "Hay un trabajo de redención que hacer y Cristo es el Redentor. Por consiguiente, todas las circunstancias por las cuales Cristo tuvo que pasar para redimir al mundo, incluyendo su cruz, yo necesito atravesar por circunstancias similares como una manera, escucha, de contribuir a la redención de lo caído en nombre suyo."

Hay un trabajo de redención, Cristo es el Redentor. Él se fue, Él me hizo embajador de su causa, y por tanto hay sufrimientos de Cristo que todavía faltan por ser sufridos. Pablo habla de eso. Pablo quería el gozo de poder compartir de los sufrimientos de Cristo que todavía faltaban, por así decirlo. Escucha cómo Colosenses 1:24 lo dice: "Ahora me alegro de mis sufrimientos por ustedes, y en mi carne," escucha ahora, "completando lo que falta de las aflicciones de Cristo, hago mi parte por su cuerpo, que es la Iglesia." ¿Escuchaste?

Hay un trabajo de redención, este es el Redentor, nosotros somos los embajadores de Cristo. El trabajo de redención cuesta trabajo. Los sufrimientos de Cristo le costaron todo eso. Él hizo el mayor trabajo, pagó el mayor precio, sufrió el mayor dolor. Hay una parte que toca para completar la redención y Cristo dice: "Ahora te toca a ti." Pero, ¿y por qué, Señor? Porque tú estás en Cristo. Pablo claramente lo dice: "Completando lo que falta de las aflicciones de Cristo, hago mi parte por su cuerpo, que es la Iglesia." "No, pastor, pero usted que dirige la iglesia, que lo haga usted." No, la Iglesia somos todos nosotros, y soy un miembro de ustedes. Cristo está redimiendo su Iglesia y nosotros somos sus embajadores. Toca completar las aflicciones de Cristo.

Ahora escucha. Hay una sola pregunta que tú y yo tenemos que contestar esta mañana antes de irnos: si tú estás dispuesto a prestarle tu cuerpo y tu vida para Él hacer un trabajo en ti y a través de ti. Esa es la única pregunta. Si tú estás dispuesto a prestarle no solamente tu cuerpo, también tu vida. Porque puede ser, ¿cómo, me toca sufrir lo que Helen Roseveare sufrió? Probablemente no, no lo sé, pero estoy dispuesto a que mi vida sea consumida por su causa como parte del trabajo que yo voy a agregar al trabajo de redención.

Entonces, en realidad, ¿cuál debe ser nuestra actitud frente a la vida y frente al dolor? Bueno, Pedro me dice versículo 14: "Regocíjense." Escucha el versículo 13 otra vez: "Para que también en la revelación de su gloria se regocijen con gran alegría." Pero entiende que mi regocijo no debe esperar hasta que el reino de Cristo se haya instaurado, que mi regocijo no debe esperar hasta que llegue la consumación de los tiempos o hasta la revelación final, sino que mi regocijo hoy debe ser una anticipación. Mi regocijo parcial, porque el regocijo completo será en gloria, debe ser hoy una anticipación del regocijo que yo tendré en gloria. Y pensando en eso, esa debe ser mi motivación para continuar haciendo y contribuyendo a los sufrimientos de Cristo.

Hebreos 12:2 dice que por el gozo puesto delante de Él, ahí está, Cristo sufrió, toleró, soportó la cruz. En otras palabras, la cruz estaba aquí atrás, el gozo estaba allá delante. "No voy a enfocarme en esto que está aquí atrás, en el madero donde me tienen clavado. Eso está atrás. Estoy enfocado en el gozo hacia el cual yo estoy caminando." Y de esa manera tú y yo necesitamos caminar y correr también. El gozo delante es la motivación del dolor detrás.

Me recordé esto otra vez que hemos dicho en otras ocasiones: no hay coronas sin cruz, ni para ti ni para Cristo. Él fue coronado como lo que Él es después de la cruz. No hay gloria sin vergüenza, ni para ti ni para Cristo. No hay regocijo sin lágrimas. No hay resurrección sin muerte. No hay bendición final sin sufrimiento inicial.

No olvides lo que dijo el grande teólogo Agustín, el siglo quinto, años cuatrocientos y tantos: "Dios tuvo un solo Hijo sin pecado, pero no ha tenido uno solo sin dolor." Dios tuvo un solo Hijo sin pecado, no ha tenido uno solo sin sufrimiento. La narración con la que yo inicié yo creo que fue un buen punto de arranque para entender lo que el texto tiene que enseñarnos hoy.

Enseñanza número tres: el insulto, el oprobio, el rechazo y aun los sufrimientos sufridos por causa de Cristo representan una bendición en sí misma.

¿No sería una contradicción que esto quiere decir? No, el insulto, el oprobio, el rechazo y aun los sufrimientos, escucha, por causa de Cristo, porque se pone en mi pecado otra cosa, representan una bendición en sí mismo. El versículo 14: "Si ustedes son insultados por el nombre de Cristo, dichosos son". La Reina Valera del 60 dice "bienaventurados son", el original dice "makarios", que quiere decir bendecidos, que es la traducción de la Nueva Traducción Viviente. Pero ¿por qué es que yo soy bendecido? Por la razón, ahí está, ahí mismo. Escucha: "Si ustedes son insultados por el nombre de Cristo, dichosos son". ¿Cómo? ¿Por qué? Aquí está la razón: "El Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre ustedes". Ciertamente por ellos Él es blasfemado, el mundo blasfema a Dios, pero por ustedes es glorificado.

Si la razón del vituperio, del insulto, es justamente mi obediencia en Cristo, soy un bendecido porque el Espíritu de gloria reposa sobre mí. Los incrédulos no son vituperados por la causa de Cristo. Los que dicen ser cristianos y no lo son, me llenos son insultados porque viven para cristianos, o viven para sí mismas, y como son incrédulos, aunque se identifican como cristianos, son incrédulos, no han creído. Sus estilos de vida están conformados al mundo y por tanto el mundo no les molesta. Al contrario, el mundo le encanta que ellos estén con ellos, sean como ellos, vivan como ellos, hablen como ellos, se vistan como ellos. Se llaman cristianos, los que viven para sí y no para quien los compró, no son insultados por causa de Cristo, no, yo no, porque ellos no irritan al mundo tampoco.

Entonces ese Espíritu de gloria de que Pedro habla, que reposa en nosotros, esa es la evidencia de que yo soy hijo de Dios. Eso es lo que puede estar diciendo: si verdaderamente ustedes viven la vida cristiana de tal manera, de una forma tan radical que el mundo les odia, sufren el oprobio del mundo, tú eres un bendecido porque el Espíritu de Dios vive en ti. Tú eres un redimido, tú eres uno de los de Él, tú eres quien va a coheredar con Cristo. Ese Espíritu de gloria que mora en mí, que me permite seguir corriendo y luchando, librando la buena batalla, ese Espíritu de gloria que vive en nosotros es lo que me permite disfrutar parte de esa gloria en este mundo caído.

Eso es increíble, que yo pueda disfrutar parte de una gloria venidera ahora, antes de llegar a aquel lado. Pastor, pero yo no siento que eso es como yo he vivido mi vida, yo no siento que estoy compartiendo parte de esa gloria. Bueno, ese es el problema, que se supone que sí.

Escucha, en Hechos no te voy a narrar ni leer todo el capítulo de Hechos siete. El capítulo 7 es enorme, pero narra el martirio de Esteban. Esteban estaba en un momento dado defendiendo la fe cristiana. Algunos de las sinagogas, dice la narración, se levantaron contra él y lo insultaban, y mientras eso ocurría dice que en un momento dado ellos vieron su rostro y lucía como la de un ángel. ¿Qué tú piensas que estaba pasando en ese momento? Que el Espíritu de gloria que moraba en él resplandeció en gloria. Esteban estaba siendo vituperado pero estaba siendo bendecido. Esta es la realidad.

Y Esteban siguió defendiendo la causa de Cristo y los pegó contra la espada y la pared, recorriendo toda la historia del pueblo de Israel y toda su rebelión, y ellos no podían contender con él y se enardecieron aún más. Pero escucha lo que dice el versículo 55-56 del capítulo 7 de Hechos: "Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijó los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios de este lado de la eternidad, y a Jesús de pie a la diestra de Dios, y dijo: Veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios".

¿Cuántas veces tú lees en el Nuevo Testamento que Cristo está de pie a la diestra de Dios? Una o dos veces. ¿Cómo está usualmente? Sentado a la diestra de Dios, es como símbolo de autoridad y como símbolo del juez sobre todo el universo. Pero ahora Cristo se levanta en el momento en que Esteban está siendo juzgado, como abogado defensor de Esteban delante del Padre. Y Esteban lo vio antes de llegar a la presencia de Dios porque el Espíritu de gloria que estaba en él permitió abrir los ojos, y Dios abrió los cielos para que él, conociendo los cielos abiertos, pudiera haber compartido y disfrutado entrar en la gloria venidera estando de este lado todavía. Y él terminó apedreado, pero mientras moría tú conoces las palabras de Esteban: "Padre, no les tomes en cuenta este pecado".

Yo creo que muchos de nosotros diríamos: que cada piedra que me está golpeando, y asegúrate de enjuiciarlo por cada piedra. Recuerda que cuando él llamado a convertir en gloria lo soportado, ahí está en el juicio de Esteban el convertir en gloria lo sufrido. Esteban tomó su apedreamiento y lo convirtió en gloria. ¿De quién él aprendió eso? De Cristo.

Escucha, Juan 17, horas antes de Cristo ser crucificado, Cristo está orándole al Padre y dice estas cosas. Habló Jesús, capítulo 17, perdón, versículo 1, capítulo 17, y alzando los ojos al cielo dijo: "Padre, la hora ha llegado". ¿Cuál es esa hora? La muerte, la hora de su crucifixión. Entonces escucha: "Glorifica a tu Hijo para que Él te glorifique a ti". ¿Cuándo? A la hora de la muerte. ¿Cómo? Por crucifixión. Padre, llegó la hora de yo tomar el sufrimiento y convertirlo en gloria. De ahí aprendió Esteban lo que a él le toca hacer.

Enseñanza número cuatro: hay dos formas de sufrir en este mundo en sentido general. Tú puedes sufrir como transgresor de la ley o tú puedes sufrir por guardar la ley, por ser cristiano, por honrar al dador de la ley. Escucha el versículo 15: "Que de ninguna manera sufra alguno de ustedes como asesino, como ladrón o malhechor, o por entrometido". En otras palabras, ciertamente la Palabra nos llama a sufrir, o sufrir con gozo, a regocijarnos en el sufrimiento por causa de Cristo, pero no por ser malhechor, ni ladrón, ni asesino.

Bueno, es un pecado serio que Pedro hizo simplemente porque ahí lo podríamos ver todos, pero al mismo tiempo está tratando de ayudarnos a entender que hay sufrimiento que viene simplemente por yo también ser un violador de la ley. Pastor, pero a los hijos de Dios... Claro, a los hijos de Dios. Desde el Pentateuco hasta Apocalipsis, Aarón tuvo que sufrir la muerte de sus dos hijos carbonizados mientras ellos adoraban a Jehová, por haber deshonrado a Dios en la adoración. Sansón, Sansón le esperaba muy bien en gloria porque de Sansón habla el libro de Hebreos, pero tuvo que sufrir por su lujuria, murió con los ojos sacados incluso. David tuvo que sufrir enormemente por su pecado con Betsabé. De manera que nosotros podemos sufrir como cristianos por causa de Cristo, podemos sufrir por causa nuestra.

Ahora, el énfasis de Pedro es este. Por eso dice el versículo 16: "Pero si alguien sufre como cristiano", ahí está, "que no se avergüence, sino que como tal glorifique a Dios". Hay un llamado a no avergonzarnos, hay un llamado a no hacer lo que lamentablemente Pedro hizo y que nos dejó de ejemplo: que a la hora de ver el sufrimiento acercarse, negó a Cristo. Eso es negar a Cristo, eso es avergonzarte de la causa de Cristo. Pero está diciendo: si a alguno le toca sufrir como cristiano, no se avergüence, no eche para atrás, no niegue la causa, no baje la bandera, no diga "no, yo estaba relajando, yo era cristiano pero yo realmente no soy".

Por eso escribió a Timoteo Pablo. Cuando tú lees la segunda carta de Pablo a Timoteo, es una carta intensa, es una carta personal, es una carta final. Ya no hay tercera de Timoteo, este es el último documento de Pablo antes de morir. Y en esa carta Pablo estaba preocupado, tú puedes sentir la preocupación de Pablo de que Timoteo, a quien Pablo le llevaba como 30 años, se pudiera retractar a última hora. Y Pablo escribe en el capítulo 1, versículo 8 de esa carta, le dice: "Por tanto, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, prisionero suyo". Te das cuenta, Pablo dice: yo estoy en cárcel. Pablo estaba en una cárcel, la última cárcel de Pablo en Roma. Pablo estuvo en cárcel dos veces en Roma, esta es la última, la segunda. Y dice: yo soy un prisionero, no de Nerón, no del imperio romano, de Cristo, porque yo estoy en Cristo, y si estoy en la cárcel, estoy en Cristo, estoy en una prisión suya.

"Sino participa conmigo en las aflicciones por el satisfacerlo, escucha, según el poder de Dios". Participa conmigo, Timoteo, en las aflicciones que todavía restan, que todavía quedan por el satisfacerlo, y participa según el poder de Dios. En otras palabras, si vas a participar en el poder de la carne, te vas a quejar, vas a sufrir, vas a llorar, vas a gritar, vas a estar quejándote continuamente. Pero sabes qué, no estás supuesto a hacer así, estás supuesto a pasar por las aflicciones conforme al poder de Dios. Este es el poder del Espíritu de gloria que mora en ti. Por eso no dijo: "recibiréis el Espíritu de gloria, seréis mis testigos". En el original dice "seréis mis mártires", en Jerusalén, Judea, en Samaria, hasta los confines de la tierra. Y cómo, te hizo un anuncio, pero sabes qué, te hizo un anuncio porque va a ir a una realidad después que el Espíritu que desciende de los cielos, cuando bajó el Espíritu de Dios. Por eso es que Pablo le está diciendo: Timoteo, según el poder de Dios, no te avergüences.

Enseñanza número 5: creyentes y no creyentes están sujetos al juicio de Dios. ¿Cómo? El versículo 17: "Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios, y si comienza por nosotros primero, ¿cuál será el fin de los que no obedecen al satisfacerlo de Dios?"

La mayoría de ustedes, la enorme tristeza de no estar conscientes de lo que le estaba ocurriendo a la iglesia en Norteamérica. Por eso, no solamente triste, es extremadamente doloroso verlo. Nosotros somos la hermana del sur, que su historia nos sirva de advertencia a nosotros. Se ha hablado mucho de si esta pandemia representa o no representa el juicio de Dios, y pocos se atreven a decir una cosa u otra porque obviamente no somos Dios para afirmar.

Yo estaba en una conferencia internacional reciente, no en una conferencia, en un conversatorio con líderes de diferentes localidades distintas del globo terráqueo vía Zoom, y la idea era conversar con John Piper. Yo le hice la pregunta si él pensaba que esto era un juicio de Dios, porque en su libro "El coronavirus y Cristo" él habla de eso, y él obviamente no quería ser muy dogmático, pero él dijo: "Puede ser". Pues mi respuesta es que esto es, mínimo, al menos, que puede ser es un llamado de Dios al mundo y a Su iglesia.

Y en una entrevista que me hicieron, estando fuera del país recientemente, en un podcast —no voy a mencionar el nombre, que estaba en la página de internet y demás—, pero la persona, el pastor muy conocido, la mayoría de ustedes lo conocen, a mí me preguntó qué yo había visto en la pandemia como médico y pastor. Y él, antes de que yo contestara, me dijo: "Es que yo he visto poco arrepentimiento". Y yo no pensé que alguien en Norteamérica quizás me iba a decir eso, y él dijo: "Mingo, exactamente". El llamado de atención para muchos, incluso en el momento de los cierres y demás, pasó a ser un llamado a la diversión, mucho entretenimiento, mucho como "comamos y bebamos que mañana moriremos". Pero ciertamente la iglesia, de diferentes ángulos tú puedes ver, ¿por qué hay como que sufre juicio?

Porque algunos pudieran decir: "No, que Romanos 8:1 dice que no hay condenación para los que estamos en Cristo", y yo estoy de acuerdo. Y entonces, bueno, por un lado, 2 Corintios 5:10 dice que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para rendir cuentas de todo lo que hayamos hecho, sea bueno, sea malo. Entonces, ¿hay o no hay un juicio? Sí, comparecemos ante el tribunal de Cristo. Primero de Corintios 3, del versículo 3 en adelante, se me dice que algunos de nosotros vamos a ir a ese tribunal, vamos a presentar nuestras obras, y algunas de esas obras simplemente serán como quemadas por el fuego porque no pasaron el escrutinio de Dios. Es como: Miguel Núñez, diez mil sermones, siete mil para Su gloria, tres mil para la mía; balance: tres mil. Es una ilustración obvia, pero hay recompensas que yo no voy a recibir como fruto de la evaluación, hay recompensas que tú no vas a recibir. Voy a entrar, pero hay pérdidas declaradas por Pablo en su primera carta. Entonces, eso es parte de lo que implica que el juicio comenzará por la iglesia primero.

Pero déjame verlo de otra manera. Vamos al Antiguo Testamento. Noé fue salvo del diluvio, sí, pero él tuvo un año dentro de un arca cerrada, sin ventanas, alimentando animales, cuidando animales; él tuvo que pasar por esa experiencia. A la hora de Dios traer juicio a la nación de Israel, el profeta Habacuc no podía creer que Dios había traído los asirios contra su propio pueblo como parte del juicio; él sufrió lo que vio. Se fue el reino del norte. Cuando el reino del sur cayó, a Jeremías le tocó vivir en carne propia la caída del reino del sur. ¿Tú has leído el libro de Lamentaciones? El libro de Lamentaciones es el lamento más profundo de un profeta que ha visto la ciudad de Dios pisoteada, destruida, invadida, y sus hijos llevados al exilio. Bueno, ahí tú tienes a Jeremías sufriendo de otra manera el juicio de Dios sobre su pueblo. La otra manera de verlo es que Dios disciplina a sus hijos, como disciplinó a David y tuvo un infierno dentro de su propia casa, tal como le fue anunciado.

Yo creo que la pandemia en la que estamos es un llamado al mundo y a la iglesia, y lo triste es que en muchos lugares ni el mundo ni la iglesia escuchó la alarma de despertar. Bueno, yo sé que algunos de ustedes han sufrido de COVID, incluyendo mi esposa, en diferentes grados. Sé que algunos de ustedes han perdido familiares cercanos, amigos cercanos, y eso ha dolido. La iglesia misma, la iglesia de Cristo universal, ha sido sacudida por esta pandemia. Pero la respuesta no es mordernos unos a otros como estamos viendo en el norte; la respuesta no es dividirnos unos con otros; la respuesta no es abandonar la fe como ha ocurrido en el norte de parte de algunos líderes; la respuesta no es la enorme apostasía que hemos visto en los últimos años y en los últimos meses en el norte de líderes de Dios.

Y Pedro dice: "Si aún el creyente de este lado... y si el justo con dificultad se salva, ¿qué será del impío y del pecador?" Cuando dice que el justo con dificultad se salva, no está diciendo que a Dios le da trabajo salvarlo, no. Lo que está diciendo es que el justo, con el poder del Espíritu dentro, tropieza, se cae, peca, se arrepiente; tropieza, se cae, peca, se arrepiente; y en eso se pasa la vida. Él también se condenaría si no fuera porque Dios interviene sobrenaturalmente, si no fuera por la fidelidad de Dios a su propio compromiso con su plan de redención; todos pereceríamos. Y por eso es que está hablando de que el justo con dificultad se salva. Pero de aquí a que entremos en gloria, hay mucho trabajo, mucha dificultad por la cual pasar.

Cristo lo dijo: "En este mundo tendréis tribulación, aflicción". Pablo hablando, y Lucas registrando esto en Hechos 14:22: "Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos al reino de Dios". Y escucha, no estaba diciendo Pablo con eso que es necesario que para yo ganar la salvación pase por la tribulación. No, no, no. Ya siendo creyente, falta mucha tribulación que atravesar, y es necesario que a través de ella pase para entrar al reino de Dios. Y si vives en este mundo, tendrás tribulación. Si eres cristiano, tendrás tribulación. Si eres un cristiano piadoso, comprometido con la causa, ahí es que tendrás tribulación de verdad. "¿Ah, no? Pues mejor soy un tibio, pastor". Bueno, buena suerte del otro lado de la gloria. ¿Qué es lo que Pablo le decía a Timoteo? Todo el que quiera vivir piadosamente será perseguido. Todo el que quiera vivir piadosamente.

Enseñanza número seis y última: la manera de sufrir bien es encomendando nuestras vidas a la voluntad de Dios sin reservas ni condiciones, porque tenemos fe absoluta. Oye, ¿por qué es que tú vas a encomendar tu vida a la voluntad de Dios? No porque no te queda de otra, porque eso es como patético, es decir, se dice en español, patético. No, la razón por la que tú vas a encomendar tu vida sin reservas ni condiciones es porque tenemos fe absoluta en la sabiduría, el poder y en la soberanía de Dios.

Versículo 19 y último del texto de hoy: "Así que los que sufren conforme a la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador". Al fiel —subrayado— Creador, haciendo el bien. Si sufro conforme a la voluntad de Dios implica que mi sufrimiento no es por lo que un Sansón hizo, no es por mi pecado; es un sufrimiento por la causa de Cristo, por ser cristiano. Y que yo llegué a entender que los planes de Dios son muy superiores a los míos, independientemente, hermano, independientemente de cuáles son las circunstancias en el camino de tu vida. Yo puedo vivir en negación, yo puedo vivir en ira, yo puedo vivir en depresión, o yo puedo entrar a la aceptación de los propósitos de Dios confiado en la sabiduría y en el poder y soberanía de nuestro Dios.

Cristo no necesitaba la cruz, pero tú sí. Cristo no necesitaba que sus pecados fueran perdonados, pero tú y yo sí. Cristo no necesitaba encarnarse, pero tú y yo sí. Y sabes qué, quizás hay cosas que yo no necesito necesariamente —que lo dudo—, pero quizás hay alguna cosa que yo no necesito, pero sabes qué, quizás el otro sí. Quizás hay cosas que Cathy no necesita como fruto de estar casada conmigo, pero sabes qué, quizás yo sí. Entonces Cristo puede entrar en la encarnación e ir a la cruz, pasar los padecimientos para sufrir cosas que Él no necesitaba, pero por causa del proceso de redención. Pero tú y yo no estamos dispuestos a hacerlo.

No, ¿sabes lo que el Hijo hizo? El Hijo, son la ilustración, le prestó Su vida al Padre para que el plan de redención pudiera ser llevado a cabo. Y la pregunta es si tú y yo estamos dispuestos a contribuir a llenar los sufrimientos de Cristo a medida que Él continúa llevando a cabo Sus propósitos. Los planes de Dios, tú y yo tenemos que estar de acuerdo, los planes de Dios son muy superiores a los míos. Y si estamos de acuerdo, ¿por qué es que luchamos tanto con la voluntad de Dios? ¿Por qué nos rebelamos tanto? ¿Por qué no estamos de acuerdo con Él continuamente?

Hermano, tú le pides cosas a Dios que Dios no te da, pero una cosa, Dios te da. No hay una sola vez que tú hayas pedido que no te haya dado. Escúchame, pero vete al pasado ahora. ¿Y qué? Cristo dijo: "El que pide, recibe; el que toca, se le abrirá". Garantías. "Sí, pastor, pero yo le pido y no me da lo que yo quiero". Eso es otra cosa. Cristo no dijo: "Pide, que te voy a dar lo que quieras". Ahora, si tú entiendes el carácter de Dios verdaderamente, si tú conoces al Dios que se ha revelado aquí, tú tienes que aceptar, afirmar, aplaudir el hecho de que cada vez que Dios te da algo en respuesta a una oración, lo que Él te da es muy superior a lo que le estabas pidiendo. ¡O Dios no es Dios! ¡Muy superior! Por eso el que pide, recibe, pero recibe lo mejor de lo que esa petición pudiera estar esperando. El que no creemos es el carácter de Dios, o no lo conocemos.

"Los que sufren conforme a la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador". ¿Por qué? Porque Dios hace las cosas conforme al consejo de Su voluntad. Eso es Efesios 1:11: todas las cosas Dios las hace conforme al consejo de Su voluntad. Daniel nos ayuda a entender. En Daniel 4:35 dice: "Él, Dios, actúa conforme a Su voluntad en el ejército de los cielos y entre los habitantes de la tierra". Escucha: "Nadie puede detener Su mano ni decirle: '¿Qué has hecho?'". Yo sufrí una pérdida o lo que tú quieras. "¿Qué Tú has hecho?" Porque Dios pudiera decir: "Mentira". Mas el barro no puede cuestionar al alfarero.

Paul Tripp, en su último libro, nos dice algunas cosas acerca de la forma como nos quejamos, que yo compartí ya con ciento cincuenta líderes de nuestra iglesia hace un par de semanas atrás. Escucha lo que Tripp dice: una queja horizontal, que son todas nuestras quejas.

Es una queja contra el que ejerce señorío sobre las circunstancias. ¿Te quejas de ella? ¿Contra quién? Contra Dios. Y él dice lo siguiente. Lo que sigue ahora, él mismo dice, es mortal. Es una frase, una palabra que usan mucho los jóvenes. "No, eso estaba mortal." Bueno, Tripp dice de su propia afirmación: "Esto que viene ahora es mortal." Bueno, ¿qué diría? El final. O el final final. Escucha ahora lo que dice: una vida de quejas, en silencio o no. En otras palabras, yo pudiera vivir una vida de quejas aun sin hablar. Afecta o altera tu confianza en la sabiduría, la bondad y la fidelidad de Dios. Claro, ¿por qué? ¿Quién es que te tiene ahí? Mi Dios. ¿Y a mano de quién es que me tiene donde me tiene? Dios. Y él desciende, ¿ves?

Una comunidad de líderes, en este caso, una comunidad de ovejas que desarrolla una cultura de queja está en peligro espiritual. En el desierto, ¿cierto? La historia del éxodo. Mucha gente murió. En un día, veinticuatro mil cayeron. ¿Por qué? Creo que es el número, puede estar equivocado.

Pedro, en su primera epístola, está diciendo así: que los que sufren conforme a la voluntad de Dios encomienden su alma al fiel Creador haciendo el bien. Pablo dice en 1 Corintios 4:12: "Cuando nos ultrajan, bendecimos. Cuando somos perseguidos, lo soportamos. Cuando hablan mal de nosotros, tratamos de reconciliar." O sea, ¿qué es lo que te pasa, hermano? Tranquilo. No tienes que pelear.

Yo decía en estos días, en un tweet, yo decía: estoy consciente, no estoy de acuerdo con todo lo que se publica. Estoy consciente de todo lo que se me critica. En ambos casos, no tengo ni que responder ni tampoco irritarme. Es el orgullo que se irrita y se hiere. Es la humildad que perdona. Y cerraba el tweet diciendo: "Ten paz, tranquilo." ¿Qué ha de reconciliarte un afán por responder a todo el mundo que escribe algo con lo que yo no estoy de acuerdo?

Cristo dijo: "¿Eso es malo?" Antes bien, a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, dale la otra también. ¿Te gustó de ese lado? Coge este también. Al que quiera ponerte pleito y quitarte la túnica, dale la capa. Peleando por cosas de este mundo, si tuvieran valor. El que te obliga ir a un kilómetro, ve dos. Total, tienes una eternidad entera por delante, donde puedes caminar toda la distancia del mundo que tú quieras.

Y eso, ¿cómo es que se ve en la vida práctica? Eso es otra vida, hermano. Eso es otra vida. Así es una vida completamente diferente. Es una vida completamente gozosa. En vez de ser una vida como de dolor, de sufrimiento y de lo que me falta y de lo que no tengo, es una vida de gloria. Porque todo lo sufrido lo convierto en gloria por causa de Cristo. Y porque es un privilegio completar las aflicciones que faltan, aflicciones de Cristo que todavía faltan por llenar. Un enorme privilegio. Por eso es que Pablo dice a los filipenses que a vosotros se les ha concedido el privilegio de creer en Cristo, pero también de sufrir por él.

¿Cuáles son sus aflicciones? Señor, aquí está mi cuerpo, aquí está mi vida. Tú no tienes ni que pedírmela prestada, porque es tuya. Simplemente úsala en lo que tú quieras.

Padre, gracias. Es pesado pensar, Dios, como que mis sufrimientos son míos. Quizás algunos que están aquí están pensando: "Sí, pero a mí me duele." Y a ti también. De hecho eso dice el estudio en tu Palabra, del libro del pueblo hebreo, que en todas sus aflicciones tú también estuviste afligido con ellos. Señor, ayúdame a entender mejor lo que implica estar en Cristo. Es todo un paquete, todas sus bendiciones y todos sus padecimientos. Ambas cosas concedidas como privilegio. Gracias por abrir nuestros ojos para entender la Palabra que tú abriste delante de nosotros. Ayúdanos a celebrar ahora en adoración y sigue haciéndote presente a tus hermanos con un sentido de tu presencia. En Cristo Jesús, si su pueblo dice amén, bendiciones.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.