Integridad y Sabiduria
Sermones

Solo por fe: el principio sobre el cual la iglesia se levanta o se cae

Miguel Núñez 29 octubre, 2023

La fe que salva nunca viene sola. Este es el principio que Santiago defiende con urgencia en su carta, preocupado por creyentes que profesaban una fe ortodoxa pero vivían indiferentes ante las necesidades del prójimo. No se trata de que las obras contribuyan a la salvación —eso quedó claro en la Reforma que recordamos cada 31 de octubre—, sino de que una fe genuina produce inevitablemente frutos visibles. Como lo expresó Juan Calvino: es la fe sola la que salva, pero la verdadera fe nunca está sola.

Santiago ilustra esta verdad con ejemplos contundentes. Si un hermano no tiene qué comer ni qué vestirse, y alguien le dice "vete en paz, abrígate y come bien" sin darle lo necesario, ¿de qué sirve esa fe? Incluso los demonios tienen teología ortodoxa: reconocían a Jesús como el Santo de Dios y el Hijo del Altísimo, se sometían a su autoridad, pero su conocimiento correcto no los transformaba. Abraham fue declarado justo cuando creyó a Dios a los setenta y cinco años, mucho antes de ofrecer a Isaac; pero fue al ofrecer a su hijo, cuarenta años después, cuando su fe quedó evidenciada ante los hombres. Rahab, una mujer cananea y prostituta, demostró su fe en el Dios de Israel cuando escondió a los espías y arriesgó su vida por ellos.

El pastor Núñez lo resume así: si mi teología y mi práctica no coinciden, mi salvación y el cielo tampoco. Cristo mismo lo enseñó: por sus frutos los conoceréis, no por su profesión de fe.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Algunos recuerdan y quizás otros no, pero este martes 31 de octubre nosotros estaríamos recordando y celebrando otro aniversario de lo que conocemos hoy como la Reforma Protestante. Se piensa, la historia nos ha dejado el legado de que un día como ese, 31 de octubre del año 1517, Martín Lutero proclamó o clavó más bien en la puerta de la catedral de Wittenberg sus famosas 95 tesis, llamando a la iglesia de entonces a revisar su doctrina del perdón de pecados a través de la venta de las indulgencias.

En esencia, esto consistía en que tú podías donar una cierta cantidad de dinero, que en esta ocasión se dijo que era para la construcción de la catedral de San Pedro, y que por esa cantidad de dinero tus pecados podían ser perdonados. A mayor cantidad de dinero, mayor cantidad de pecados pudieran ser perdonados o más años en el purgatorio pudieran ser condonados. Martín Lutero fue provocado por una enseñanza como tal y el 31 de octubre de ese año clavó sus 95 tesis llamando a la iglesia a revisar en esencia esa creencia, no con la intención de dividir la iglesia ni con la intención de crear una revolución como la que se creó.

Eventualmente las 95 tesis llegaron a manos del papa León X, papa de turno, quien las leyó y al final dijo: "Es el trabajo de un monje alemán que estaba ebrio; cuando se le pase, cambiará de opinión." Pero como todos sabemos, Lutero no cambió de opinión. Más bien, el clavado de las tesis cambió de dirección y la revolución protestante comenzó, afectando todo el continente europeo, sobre todo en la parte occidental.

Dos años más tarde, un poco menos de dos años, año y medio más tarde, en abril del año 1521, el papa León X firmó una bula papal excomulgando a Lutero. Quizás para nosotros eso suene un poco más como que Lutero fue expulsado de una iglesia local, pero esa no era la creencia. La creencia era que una vez tú eras excomulgado, tú no tendrías salvación, tú no tendrías parte en el reino de los cielos, tú estabas condenado, tú estabas destinado para la condenación eterna. Cuando Lutero recibió la bula, cuando la leyó, la quemó y dijo: "El problema es que ustedes no son la iglesia real porque ustedes han negado el Evangelio, y el Evangelio es lo que define la iglesia junto con las ordenanzas que la iglesia celebra: el bautismo y la Santa Cena."

Desde ese momento la salvación por fe a través de la persona de Cristo ha sido debatida, en algunos casos con furor, en diferentes momentos de la historia. De acuerdo con la Palabra de Dios, la salvación es obtenida por el hombre por gracia solamente, por medio de la fe solamente, en la persona de Cristo solamente, para la gloria de Dios solamente. Y eso está contenido en la Palabra de tal forma que sola satisface. Sola Scriptura, solo en la Palabra, con la Palabra solamente. Dicho de otra manera, el creyente o el incrédulo pudiera llegar a conocer su salvación en Cristo y luego pudiera continuar en su santificación, llegar a conocer a Dios a través de la persona de Cristo y relacionarse con Él. De manera que Sola Scriptura es suficiente para que el hombre pueda alcanzar salvación y santificación.

Salvación por fe solamente pasó a ser el principio, según Lutero, sobre el cual la iglesia se levanta o se cae. Y en esencia es el título de mi mensaje: solo por fe es el principio sobre el cual la iglesia se levanta o se cae. Lutero llegó a decir: "Si la doctrina de la justificación por fe se pierde, todo el resto de la doctrina se pierde." Lutero insistía en que las obras del hombre no solamente son insuficientes para la salvación, pero son incapaces de salvarlo, porque todas nuestras facultades y todas nuestras obras están teñidas de pecado, y que la única obra necesaria era la obra de Cristo culminada en la cruz cuando Él dijo "consumado es", y el triunfo proclamado tres días después.

Desafortunadamente el hombre no acaba de entender que sus obras no lo pueden salvar, primariamente por una razón: es que él no puede ver lo malvado de su corazón y de su conciencia, porque aún después de haber sido salvado, el hombre tiene una incapacidad para ver las cosas como son.

Ahora, muchos han malentendido lo que Lutero expresó. Muchos han creído que como las obras no tienen ningún rol en la salvación, de acuerdo a lo que Lutero dijo, que las obras no tienen ningún rol tampoco en la vida del creyente. Y esas dos cosas son totalmente diferentes, distintas, y apuntan en dos direcciones completamente diferentes. Una cosa es que mis obras no puedan contribuir a mi salvación y otra cosa muy distinta es que mis obras no tengan ningún rol que jugar una vez yo soy salvo.

Santiago, ahí donde estamos conectando con la Reforma, Lutero y todo esto que se produjo, con el mensaje de hoy, Santiago en su carta está expresando la preocupación que él tenía precisamente por la indiferencia y la indolencia que él veía en personas que profesaban ser cristianas, que no tenían consideración hacia el otro. Pero al mismo tiempo estaba preocupado por la dicotomía o el divorcio que él veía entre lo que se profesaba y lo que se vivía.

Al inicio del capítulo dos, yo no te leía esa parte porque quería ver en el contexto de la Reforma el texto de hoy, pero al principio del capítulo dos Santiago está abordando el hecho de que muchas personas aparentemente en las iglesias a las que les estaba escribiendo estaban experimentando un favoritismo hacia aquellos que tenían riquezas en detrimento de los pobres, como el mismo Santiago leía. Santiago continúa entonces su argumento diciendo que la fe verdadera es mostrada en obras de bien. Santiago insistía en que una fe sin obras está muerta, no es real, no es genuina, no es verdadera, y si no es nada de eso, no es una fe que te pueda salvar.

La razón por la que Santiago está diciendo todo eso es porque Santiago entiende que a la luz de las Escrituras, cuando tú llegas a Cristo eres una nueva criatura. Como eres una nueva criatura, tú tienes una nueva mente, un nuevo corazón, una nueva voluntad, una nueva forma de pensar y de vivir. Ya tú no consideras a nadie según la carne, y como no consideras a nadie según la carne, no sigues tratándolos de la misma forma.

Y ahora entonces, con ese trasfondo de la preocupación de Santiago, yo quiero invitarte a que leas conmigo el texto de hoy, que si no tuviéramos ningún otro texto en las Escrituras se prestaría para mala interpretación. Yo quiero que leas a partir del versículo 14 en Santiago 2: "¿De qué sirve, hermanos míos, si alguien dice que tiene fe pero no tiene obras?"

¿Acaso puede esa fe salvarlo? Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, y uno de ustedes les dice: "Vayan en paz, caliéntense y sáciense", pero no les da lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, por sí misma, si no tiene obras, está muerta. Pero alguien dirá: "Tú tienes fe, yo tengo obras". Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; haces bien. También los demonios creen, y tiemblan. Pero, ¿estás dispuesto a admitir, oh hombre vano, que la fe sin obras es estéril?

¿No fue justificado por las obras Abraham, nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? Vamos a llegar ahí. Ya ves que la fe actuaba juntamente con sus obras, y como resultado de las obras, la fe fue perfeccionada. Y se cumplió la satisfechos que dice: "Y Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia", y fue llamado amigo de Dios. Ustedes ven que el hombre es justificado por las obras y no solo por la fe. Vamos a llegar ahí. Y de la misma manera, ¿no fue la ramera Rahab también justificada por las obras cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino? Porque así como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin las obras está muerta.

El tema del texto que leímos, solo uno, es la relación entre las obras y la fe. El texto, cuando tú lo lees tal cual lo leímos, pudiera prestarse a confusión. Y de hecho, hubo momento en que Lutero no aceptaba esta carta como parte del canon, porque entendía que era una epístola de paja. Ya mencioné en un momento dado, porque entendía Lutero inicialmente que no contenía la naturaleza del evangelio y que parecía contradecir las enseñanzas de Pablo. Sin embargo, como ya mencionaba, Santiago lo que estaba preocupado es porque algunos que profesaban la fe no poseían la fe. Siendo profesantes de la fe, no eran poseedores de esa fe.

De manera que esta es una epístola altamente práctica. Esta es una epístola que trata de definir la fe cristiana en términos prácticos del día a día. La parte teológica, por así decirlo, es como si Santiago se la hubiese dejado a Pablo en Romanos, en Gálatas, en Efesios. Y lo que está diciendo ahora es: cuando tú tomas toda esa teología, ¿por qué es que no la vemos en la vida diaria? Y él quiere decirnos o enseñarnos cómo es que luce esa teología. Y lo quiere hacer por más de una razón.

Santiago quería dejar claro que la teología ortodoxa sin la práctica de vida que refleja dicha teología no va a salvar a nadie. La teología ortodoxa sin la práctica de vida no va a salvar a nadie. Él quería evitar que la gente muriera con una teología ortodoxa y terminara en la condenación. Es como Cristo, que en un momento dado, al final del Sermón del Monte, dice: "¿Por qué me llaman Señor, Señor, y no hacen lo que les digo? No todo el que me dice Señor, Señor, entrará al reino de los cielos, sino solamente aquel que obedece la voluntad de mi Padre". Eso estaba preocupado también con la práctica de la fe.

Santiago le preocupaba que personas que no vivían la fe y que no vivían lo que profesaban pudieran darle una mala reputación al movimiento cristiano. Quizás Santiago estaba preocupado por algo que se dice de Mahatma Gandhi, que algunos ponen en duda que haya pronunciado estas frases. Pero independientemente de que la haya dicho Mahatma Gandhi u otro, no importa; el punto es correcto. Y es que se dice que Mahatma Gandhi en una ocasión dijo: "A mí me gusta el Cristo, pero no me gustan los cristianos, porque son tan diferentes a él". En otra ocasión se dice que él dijo: "Si no fuera por los cristianos, yo fuera cristiano". Santiago quiere dejar claro que si vamos a llamarnos cristianos, tenemos que lucir como el Cristo. Es la preocupación de Santiago.

El tema, de nuevo, el tema de la carta de Santiago: la relación entre la fe y las obras. Entonces, lo que necesitamos ver ahora es qué es lo que él dice acerca de esa relación. Tenemos un tema, y ahora lo que él va a pasar a hacer es ayudarnos a ver con diferentes ilustraciones cuál es esa relación que existe.

Y él comienza, como ya vimos en un texto anterior, comienza con dos preguntas retóricas. "Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno alegar...?" Nota que tiene que ser cuidadoso cuando le hace un análisis. ¿De qué le sirve a uno alegar? Tú puedes alegar eso, pero eso no quiere decir que es así. ¿De qué le sirve a uno alegar que tiene fe si no tiene obras? Es como decir: tú dices tener fe, pero yo no veo tu fe en acción. Entonces, ¿cómo lo sé que tú tienes la fe? No lo sé. La insinuación de la pregunta es que esa fe que no es adornada por las obras —no ganada por las obras, adornada con las obras— no es una fe verdadera. Y si no es una fe verdadera, bueno, ¿puede salvarte?

La segunda pregunta, otra pregunta retórica, que cuando tú la respondes, responde a la primera. Escucha la segunda pregunta: ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? Esa fe que no se puede ver, ¿tú crees que es una fe salvífica? Y, ¿indagaría realmente de Santiago? No. Pues eso responde a la primera: que tu fe no te sirve de nada. Para Santiago, la fe no solamente tiene que creer bien; tiene que lucir bien, tiene que verse bien.

Santiago entiende que hay dos tipos de fe. Hay una fe falsa que no salva, que tampoco tiene cómo demostrarse. Y una fe verdadera que, por naturaleza, por definición, tiene sus evidencias alrededor de la fe, que son estas obras. Y entonces él nos da cuatro ilustraciones que son bastante contundentes y aclaratorias.

Ilustración número uno, versículo 15: "Supongamos que un hermano o una hermana no tiene con qué vestirse y carece del alimento diario, y uno de ustedes dice: 'Vayan en paz, abríguense y coman hasta saciarse', pero no le da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué servirá eso?" Para sentir la insensibilidad que ese hermano exhibe hacia la necesidad del otro es la evidencia de que no tiene una fe que lo haya salvado. Él puede llamarse cristiano de coro y cantar himnos antiguos, pero no. Ni le agrada a Cristo.

Él dice que se vaya en paz, pero el hermano que tiene hambre, que no tiene qué comer, que no tiene qué vestirse, él no puede irse en paz. Porque cuando él se acuesta, él no puede dormir en paz. Yo no sé si tú eres como yo, como mi esposa, que no podemos dormir cuando tenemos hambre. Tenemos que levantarnos y comer algo. Gracias a Dios que siempre hay algo donde vamos a buscar.

Pero Santiago está creando un escenario posible para que podamos entender que estas incongruencias, en su mente por lo menos, no pueden ser. Santiago entiende que no podemos tener un clóset lleno de ropa y tener hermanos aquí en necesidad, y poderle decir al hermano: "Vete en paz", cuando el que debiera estar sin paz soy yo, al estar saciado y el otro en necesidad.

Ahora, Santiago no es el único autor del Nuevo Testamento que tiene la misma preocupación, casi con el mismo lenguaje. Déjame traerte a un apóstol. Recuerda que Santiago, el hermano de Jesús, no creía en Jesús ni siquiera cuando Jesús estaba en vida. Luego, con Jesús resucitado, ya va a creer, y era, y llegó a ser incluso el pastor principal, la cabeza de la iglesia en Jerusalén después de Pedro. Entonces, ahora voy a traerte las palabras de un apóstol, de alguien que caminó con Cristo, que oyó a Cristo, y es nada más y nada menos que Juan.

Cuando él escribe su primera carta, capítulo 3, versículos 17 al 18, escucha lo que dice: "Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad y no tiene compasión de él..." ¿Tú ves que es lo mismo? Es la misma pregunta y la misma preocupación. "Y no tiene compasión de él..." Pregunta retórica: ¿cómo se puede decir que el amor de Dios habita en él? En otras palabras, ¿cómo se puede decir que es cristiano? Lo mismo que ya Santiago está diciendo.

"Queridos hijos" —Santiago dice "queridos hermanos"— "no amemos de palabra ni de labios para fuera" —en buen dominicano, de la boca para fuera— "ni de palabra. No amemos de palabra ni de labios para fuera, sino con hechos y de verdad". Casi las mismas preocupaciones, la misma preocupación de Santiago con palabras sinónimas. Santiago podría tomar las palabras de Juan y decir: si amas de palabras solamente, no te sirve de nada. Demuéstrame con hechos y de verdad lo que crees y profesas con las palabras.

En este primer ejemplo, nosotros pudiéramos pensar en quién dijo algo muy similar. Es su Cristo. Nos dijo que no seamos como los fariseos, que dicen esas palabras pero no hacen esas obras. Él dice: "Así no sean". Lo mismo que Juan dice, lo mismo que Santiago dice.

Ahora, quizás alguien está escuchando y dice: "Bueno, pastor, pero Santiago habla de hermanos. Él ama, queridos hermanos. Y ahora Juan se refiere a este grupo y dice queridos hijos, hablando de hermanos en la fe". Ok, déjame traerte, por así decirlo, un cuarto bate del Nuevo Testamento para que nos ayude a entender. Y entonces vamos donde Pablo y le preguntamos: "Pablo, ¿qué tú crees? ¿Es esto solamente relativo a los hermanos de la fe?"

Y esto es lo que dice en Gálatas 6:10: "Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad..." Subraya la palabra siempre. Siempre, siempre que tengamos la oportunidad, escucha, "hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe". ¿Por qué? Porque es la manera como nosotros imitamos a Dios. ¿Qué dice? ¿Qué dijo Cristo acerca del Padre? Que el Padre muestra su bondad a todos. Hace salir el sol para todos, hace llover sobre buenos y malos. Y hagan lo mismo, que hagan lo mismo, para que nosotros podamos ser hijos de Dios, para que mostremos que somos hijos de Dios.

Bueno, la ilustración que Santiago trabajó se parece mucho a una parábola que Cristo trajo. Recuerda la parábola del buen samaritano. En la parábola hay un hombre que está tendido en el suelo, que está en necesidad, que está herido. Van a saltar, y resulta que pasa un sacerdote y un levita. Se supone que ellos son los creyentes, es sacerdote y es levita. Ellos trabajan en el templo, ellos creen el Antiguo Testamento, creen en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Ven al herido, ven la persona en necesidad, le pasan de lado, siguen, y quizás piensan: "Bueno, a otro que lo ayude". Luego viene un samaritano, que representa al incrédulo, porque el samaritano no creía en todo el Antiguo Testamento; creía solamente en los primeros cinco libros, en el Pentateuco.

De manera que este es un incrédulo, y el samaritano lo ve, tiene compasión de él, limpia su herida, lo monta en su caballo, lo lleva a un tipo de albergue, le dice a la persona que lo cuide, le da dinero y le dice: "Yo voy a regresar. Cuando yo regrese, tú me puedes contar si te costó más de la cuenta, más de lo que te di para cuidar de él, y yo te lo voy a pagar." Y Cristo le dice: "¿Cuál de estos demostró ser el buen prójimo?" En la parábola, los creyentes —el levita y el sacerdote— se comportaron como incrédulos, y el incrédulo se comportó como un creyente. Eso tiene dos mil años pasando.

Y ahora Santiago continúa su argumento: "Así también la fe, por sí sola, si no tiene obras, está muerta. Sin embargo, alguien dirá: 'Tú tienes fe y yo tengo obras.' Pues bien, muéstrame tú fe sin las obras." Hermanos, imagínate este escenario: ahora alguien aquí dice que tiene fe. Ok. Y tú le dices: "Ah, sí, muéstrame, muéstrame tu vida." Y no tiene nada que enseñarle. ¿Cómo tú sabes que tiene fe?

Es detrás de esto que Santiago anda. Santiago no anda detrás de probar, como parecería, a ver si yo comprometo la salvación con las obras. Lo que Santiago está tratando de decir es: es fácil farisaicamente decir "yo creo", pero luego no tengo nada que mostrar. Eso es lo que Santiago dice: "Sin embargo, alguien dirá: 'Tú tienes fe, yo tengo obras.' Pues muéstrame tu fe sin las obras." No tengo cómo saber, dice. Ahora, si tú me preguntas a mí, esto es lo que yo voy a hacer: yo te mostraré la fe por mis obras. En otras palabras, cuando yo te hablo de mis obras y te explique de dónde proceden, tú vas a creer que yo tengo fe.

A eso es que Santiago está apuntando. Cuando él dice "yo te voy a mostrar mi fe por las obras", es que cuando examinas mi vida, mis obras podrán decirte que hay un Dios detrás de esas obras, y en Él está mi fe. Y el punto de él es que la ausencia de buenas obras en el que dice creer habla de que su fe no está, que está muerta.

Yo te comenté en una ocasión que uno de los puritanos del pasado decía: "Es una cosa terrible irse de los bancos o de la silla de una iglesia al infierno, pero esto sería mucho peor: irse desde el púlpito al infierno." Hermanos, las obras no son hechas para adquirir salvación; son hechas después que la salvación ha llegado. Y cuando el Espíritu Santo vino a morar, entiende, cambió la mente, cambió el corazón, cambió la voluntad, cambió el deseo. Comenzó a ver a la otra persona no conforme, no según la carne, y al ver eso comenzó a actuar y a responder de una manera distinta.

Esto es como Juan Calvino lo decía: es la fe sola la que salva, pero la verdadera fe nunca está sola. Es una buena forma de ponerlo. Si tú quieres saber cómo es la salvación, es la fe sola la que salva. Pero si tú quieres saber lo que es una verdadera fe, déjame decirte que la fe nunca está sola, porque está acompañada de las obras que son naturales o frutos de la nueva naturaleza.

Segunda ilustración de Santiago, que es poderosa también. Versículo diecinueve: "Tú crees que hay un solo Dios. ¡Magnífico! ¡Excelente!" Quizás los otros dirían "dame cinco", "great", "wonderful", como dirían en inglés. "¡Magnífico!" Pero hay un problema: si no pasa de ahí, también los demonios creen y tiemblan.

Los demonios, de hecho, tenían una teología ortodoxa. Llegaron a llamar a Jesús "el Santo de Dios" en Marcos 1:24. Llegaron a llamarle "el Hijo del Dios Altísimo" en Lucas 8:28. De manera que ellos creían en la divinidad de Jesús, creían en la encarnación de Jesús. De hecho, los demonios creían que había un lugar llamado el abismo donde ellos eran atormentados. Le pidieron a Jesús que no los mandara allá. De manera que ellos reconocían el señorío de Cristo: "Nosotros sabemos que tú tienes autoridad para dejarnos aquí, dejarnos deambulando por la tierra, o mandarnos al abismo. ¡No nos mandes allá!" Se sometían a Cristo, pero su teología ortodoxa no los cambió. Y si no los cambió, pues no tienen fe, por lo menos de la fe que Santiago está hablando.

Para Santiago, si tu teología y tu práctica no coinciden, entonces tu salvación y el cielo tampoco. Para Santiago, si mi teología y mi práctica no coinciden, mi salvación y el cielo tampoco.

Ilustración número tres, que es la que más he aguantado de ver: la fe de Abraham. Esta es la ilustración que a Lutero le preocupaba, y no aceptaba esta carta como canónica por un tiempo. Eventualmente imagino que la llegó a entender. Pero vamos a ver si nosotros podemos entender, siempre cuando tú puedas tener en cuenta lo que dijimos el domingo pasado. Y es que cuando tú tienes un pasaje que no parece estar claro, tienes que ir a un pasaje donde sí esté más claro, que pueda traer luz a lo que pudiera ser como la confusión que tú estás teniendo. Y que al mismo tiempo tú vas a tratar de encontrar la explicación no fuera de la Biblia, sino en la Biblia, porque la Biblia es su propia intérprete. Si tú tienes eso en mente, entonces vamos a hacer el ejercicio.

Versículos 20 y 21. Santiago dice: "¡Qué tonto eres si tú crees todo lo anterior sin obras! ¡Qué tonto eres! ¿Quieres convencerte de que la fe sin obras es estéril?" Pregunta Santiago. Entonces la otra pregunta: "¿No fue declarado justo nuestro padre Abraham por lo que hizo cuando ofreció sobre el altar a su hijo Isaac?"

Bueno, si eso fuera lo único que tuviéramos en la Biblia, entonces pudiéramos llegar a la conclusión de que la salvación es por obras, porque Abraham fue declarado justo cuando ofreció a Isaac, lo que implica que fue declarado justo después que obedeció, lo que implica a su vez entonces que la salvación es por obras. Pero como la Palabra es su propia intérprete, la referencia aquí es a Abraham, y resulta que no es solamente Abraham, pero lo que se dice de Abraham está narrado en el libro de Génesis. Entonces, si eres un buen intérprete de la Biblia, tú dejas Santiago en ese lugar, te vas al libro de Génesis y comienzas a leer acerca de Abraham y de qué fue lo que pasó.

Y esto es lo que tú encuentras en el capítulo 15, versículo 6 de Génesis. Y se dice que Abraham le creyó a Dios y le fue contado por justicia; fue declarado justo. Ahí está. Pregunta: ¿qué edad tenía Abraham cuando eso ocurrió? Y número dos: ¿tenía Abraham ya a su hijo Isaac? Porque él lo ofreció en algún momento. Abraham tenía 75 años y acababan de hacerle la promesa de que algún día, a pesar de su avanzada edad, él tendría un hijo, el hijo de la promesa. Y cuando Abraham creyó eso, Dios le contó su fe como justicia. Le hizo como carácter moral. Dios le otorgó el carácter moral suyo a Abraham por fe.

De hecho, la palabra ahí "le fue contado" es logizomai, que implica cargar a la cuenta de otro. Dios le cargó a la cuenta de Abraham su propia justicia, su carácter moral, a los 75 años, antes de que Isaac hubiese nacido. Pasan 25 años e Isaac nació, de manera que Abraham tiene 25 años creyendo cuando fue contado como justo, cuando Isaac nació. Y ahora, la mayoría de los académicos entiende que Isaac tenía 12, 13, 15 años, o quizás hasta algo más, cuando fue ofrecido —casi ofrecido— en el altar. Bueno, fue ofrecido; lo único es que no murió en el altar. De manera que habían pasado como 40 años cuando Abraham ofrece a Isaac en el altar, ya siendo creyente y habiendo sido declarado justo.

Y ahora Santiago dice que Abraham fue declarado justo cuando ofreció a su hijo Isaac. La pregunta es: ¿fue en ese momento? ¿Fue antes? Obviamente Génesis me dice que fue antes. Pero los teólogos reformados, yo creo que tienen razón, nos están diciendo: la diferencia está en que cuando Dios declaró a Abraham justo, nadie lo sabía. Cuarenta años después, cuando Abraham va y ofrece a su hijo en el altar, ahora no solamente el cielo lo sabe, sino que los hombres —que quizás estuvieron ahí, que no había nadie, pero los que se enteraron posteriormente, incluyendo Isaac mismo— se dieron cuenta de que Abraham le había creído a Dios. Y ahora lo que Abraham estaba haciendo era mostrando que le había creído tanto a Dios que era capaz de ofrecer a su propio hijo en el altar. Sus obras lo justificaron delante de los hombres; quedó clara su fe. Su fe lo justificó delante de Dios.

Y eso es verdad con nosotros, hermanos. Si tú haces una profesión de fe hoy, le entregas tu vida a Cristo, sabes que nadie lo va a ver. Quizás si te paras en un momento dado, quizás el que estaba a tu alrededor y te vio quizás está enterado de eso, pero el resto no tiene la menor idea de que tú eres un creyente. ¿Cómo se van a enterar? Y Santiago dice: cuando esa persona comienza a vivir y comienza a mostrar las obras de un cristiano en su vida, entonces delante de los hombres también está justificado como creyente.

Entonces mira cómo Santiago avanza su argumento. Versículo 24: "Como pueden ver, una persona es declarada justa por las obras y no solo por la fe." Ese versículo parecería como que las obras tienen que ver con la declaración de justo, pero ya mostré que ese no fue el caso de Abraham en lo más mínimo. Pero si mis obras externas dan evidencia de mi fe interna, mi fe sola me justifica delante de Dios; mi fe acompañada de las obras me justifica como justo delante de los hombres. Esa es la idea.

Entonces, lo que Santiago está tratando de comunicar es que la fe que no se ve no es fe; es una profesión de fe, pero no es fe.

Cuarta ilustración y última. Esta ilustración es espectacular, porque la que acabamos de ver tiene que ver con una persona judía, el padre de la fe, el padre del judaísmo: Abraham. Pero, ¿y los gentiles? ¿Cómo van a creer los gentiles? De la misma manera: por fe. Entonces ahora Santiago toma un ejemplo de una mujer gentil, pagana, cananea, que le hicieron la vida imposible a los judíos —los cananeos— y peor aún: prostituta. De manera que este es el ejemplo ideal.

Escucha lo que Santiago dice, versículos 25 y 26: "De igual manera, ¿no fue declarada justa por las obras aun la prostituta Rahab cuando hospedó a los espías y les ayudó a huir por otro camino? Pues como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta."

Otra vez tenemos que irnos a donde se habla de ella en la Palabra. Hay textos que se llaman textos sede, que son los textos donde las cosas se dicen con toda claridad y amplitud, que me dejan ver todos los detalles. Entonces nos vamos a Josué para ver qué fue lo que Rahab hizo, en qué contexto, qué fue lo que hizo y cuándo lo hizo. Y esto es lo que pasa: Josué va con los espías.

Jericó envía dos espías para que se familiarizaran con el terreno y pudiera ser la conquista más factible. Ellos van y se hospedan donde esta mujer que yo no conocen, que tiene una casa que está en la muralla de la ciudad, lo cual hoy en día sabemos que era cierto, que habían casas dentro de las murallas por torreones súper anchos. Y resulta que esta es una cananea, enemiga de los judíos, y es una mujer prostituta.

Cuando ella los ve, les informa a ellos que ellos se habían enterado de que el Dios —y el texto dice ahí "el Señor" con todas las letras mayúsculas, lo que implica es que es Jehová— y ellos habían enterado de todo lo que Jehová había hecho con los israelitas, y cómo habían derrotado a los amorreos, y cómo Dios secó el mar Rojo, y cómo pasaron. Y ella dice que ella ha creído en ese Dios del cielo y de la tierra, y que ustedes son sus mensajeros. Y entonces nota, esa es la fe que ya ha puesto, y por la fe que ya depositó en ese Dios, ella les dice: "Ahora, señores espías, por tanto yo los voy a esconder aquí. Súbanse en el tejado, súbanse arriba a la azotea para que no los encuentren." Y ya luego, que la noche, que el día ya ha caído, pues ella los bajó por una ventana haciendo uso de una soga o de una cuerda, y ellos escaparon. Su fe en Jehová precedió a su acción. Ella tenía una fe que se vio en las obras. Ese es el orden.

Y alguien, ustedes pudieran decir: "Bueno, ¿por qué así tan fácil? Ya creyó y obtuvo salvación." Bueno, número uno, el texto lo dice, el de Santiago, el del libro de Hebreos. Pero solamente Dios conoce lo que está pasando en el corazón. Quizás alguien lea la historia del ladrón en la cruz. Tú sabes la historia del ladrón en la cruz. El ladrón está ahí, está muriendo, mira para donde Cristo, le dice: "Acuérdate de mí cuando estés en tu reino." Y Cristo le dice: "Hoy estarás conmigo en el paraíso." No dijo más nada, y lo próximo que él sabe es que está dentro del paraíso. ¿Así tan fácil?

Bueno, quizás esta ilustración... No creo que la haya contado aquí anteriormente, de un sistema que se usó. Un americano presbiteriano estaba predicando sobre el ladrón en la cruz, está tratando de ilustrarlo, y dice: "Te imaginas al ladrón en la cruz, él se aparece en el cielo, y el primer ángel que lo entrevista le dice: '¿Y qué tú hacías? No sé cómo tú llegaste aquí. ¿Tú no pertenecías a una iglesia?' 'No, no.' '¿Nunca te habías bautizado?' 'No, no me había bautizado.' '¿Pero cómo tú llegas?' 'No sé.'" El ángel está como confundido y dice: "Déjame buscar a mi ángel supervisor porque yo estoy confuso."

Viene el ángel supervisor y dice: "Ese señor, yo tengo una pregunta para usted, y la pregunta tiene que ver con el tema del sermón de hoy. ¿Usted ha oído algo acerca de la doctrina de la justificación por la fe?" "Eh, no, no tengo la menor idea de lo que es eso." "¿Cómo que no tiene la menor idea de lo que es?" "No." Pues le dice el ángel supervisor: "Bueno, vamos a algo más fácil. ¿Ha oído algo acerca de la doctrina de la Palabra?" "Dice: nunca me la dieron." "¿Pues cómo tú llegaste aquí?" Dice: "Yo no sé, pero el hombre de la cruz del medio me dijo que yo podía venir."

Salvación en Cristo y en Cristo solamente. Por Cristo él tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra, y el hombre de la cruz del medio le dijo con toda autoridad: "Dile que yo te envié." Rahab fue considerada justificada por lo que ya hizo, demostró la fe que ya tuvo. Esto es cómo es.

Entonces, considerando que yo estoy predicando este texto de Santiago en el contexto de la Reforma, que se estará celebrando en dos días el aniversario de la Reforma, entiendo que no puedo salir del texto sin traerte más claridad acerca de esta doctrina, y hacerlo a partir de la epístola del apóstol Pablo, que es la contrapartida con quien él pensó que Santiago estaba teniendo alguna dificultad.

Entonces yo te voy a leer un texto de Romanos 3:20 al 26. Yo creo que este es el texto que más claramente y más detalladamente explica la salvación y la doctrina de la justificación por la fe. Déjame leer de Romanos 3 del 20 al 26: "Porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él. Por las obras de la ley nadie es justificado, pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado. Pero ahora, aparte de la ley —no tiene que ver con la ley— la justicia de Dios ha sido manifestada, confirmada por la ley y los profetas. Esta justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo es para todos los que creen, porque no hay distinción. Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios." ¿Habrá un poquito o un poquito? Todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios. "Todos son justificados gratuitamente por su gracia, por medio de la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús."

Déjame desempacar eso en los próximos siete u ocho minutos. La mayoría de los académicos reconocen que ese texto que acabo de leer es el corazón de la epístola a los Romanos, y que quizás sea el corazón de toda la Biblia. O quítale el "quizás": es el corazón de toda la Biblia, porque ahí está todo dicho con relación a la salvación. Déjame mencionarte siete enseñanzas que salen de ahí; con eso cerramos.

Enseñanza número uno, versículo 20: "Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Dios." En otras palabras, no hay esfuerzo humano de ningún individuo —no importa si es Daniel, no importa si es Job, si es Noé, no importa quién— no hay esfuerzo humano que pueda llenar a cabalidad la ley de Dios debido a nuestra naturaleza pecadora. Pero incluso anterior a la naturaleza pecadora, Lucifer no lo pudo hacer, y Adán y Eva tampoco. Entonces, por las obras de la ley no es que se llega.

Enseñanza número dos, versículo 20 todavía, pero la segunda parte: "Pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado." En otras palabras, si tú tomas un resumen de la ley, que son los diez mandamientos, y tú miras lo que ahí está, esos diez mandamientos reflejan el carácter santo y perfecto de Dios. Ni tú ni yo hemos cumplido nunca un solo de los diez mandamientos. Uno solo. El que viola uno lo viola todo, dice Pablo. De manera que nosotros somos transgresores de la ley. Lo único que la ley puede hacer es, como un espejo, me enseña lo malvado de mi corazón, que es incapaz de hacer. Es más, déjame decirte algo: si yo te doy un lápiz y un papel y te digo: "Escribe ahí diez leyes que tú prometes que tú vas a cumplir en tu vida," tú las escribes, pero tú tienes que rendirme cuenta a mí por el resto de tu vida de que tú estás cumpliendo estas diez leyes. Ni eso tú lo llenas. Tú violas tus propias leyes, ¿sí o no? Bueno, si el que dijo que no, acaba de violarla. Es la realidad: nosotros nos hacemos promesas que incumplimos. Imagínate las que le hacemos a Dios.

Enseñanza número tres: con la venida de Cristo todo cambió. Versículo 21: "Pero ahora, aparte de la ley —ahora, no antes; para ahora, aparte de la ley— la justicia de Dios ha sido manifestada, confirmada por la ley y los profetas. Esta justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo es para todos los que creen." La palabra "ahora" es clave. La frase "pero ahora" aparece como catorce veces en las epístolas de Pablo para significar: antes no era así, pero ahora sí. ¿Y qué es lo que ha cambiado, Pablo? Que ahora Cristo vino, y la justicia de Dios, la rectitud moral del Padre que es requerida para entrar al cielo, ha sido revelada en la persona de Jesucristo. Anterior a eso, anterior a que tú conozcas a Cristo, si tú estás aquí y estás fuera de salvación, esto es lo que la Palabra dice en Juan 3:36: que la ira de Dios reposa sobre ti. Eso no quiere decir que tiene que continuar así, pero es como es. Es como fue sobre mi vida hasta que yo creí. Juan 3:36: la ira de Dios reposa sobre ti desde el momento que uno nace hasta el momento en que uno se convierte, porque es Cristo que remueve esa ira.

Enseñanza número cuatro: la humanidad entera ya está bajo la condenación. Versículo 23: "Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios." Todos. Todos son concebidos, somos concebidos en pecado. Todos nacemos en pecado. Todos cometemos pecado desde la niñez. De hecho, un salmo dice que desde la niñez se han desviado en amar el pecado. Sin Cristo, el pecado nos esclaviza, de manera que tú pasas a ser el esclavo y él pasa a ser el amo, de manera que tú complaces sus deseos y no los deseos de Dios. Cuando Cristo viene, entonces él tiene que romper el yugo de la esclavitud del pecado, porque a quien el Hijo hace libre, entonces llega a ser verdaderamente libre. Estamos en el mercado de los esclavos.

Enseñanza número cinco: mi salvación, en todo esa parte de Romanos 3, mi salvación o redención fue comprada por Cristo y llega a mí por gracia. Llega a mí por gracia. Así me lo reserva el versículo 24: "Todos son justificados gratuitamente por su gracia, por medio de la redención que es en Cristo Jesús." Si me llega por gracia, ya mi soberano no tiene nada que ver. De hecho, Pablo lo dice claramente en Romanos 11:6: "Pero si es por gracia, ya no es a base de obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra." Muy simple: si la salvación es por obra, ya no es por gracia; si es por gracia, ya no por obras.

Enseñanza número seis: Dios Padre exigía el pago de la deuda moral adquirida por Adán al momento de pecar. Como la paga del pecado es la muerte, Cristo tuvo que morir en mi lugar o me iba al infierno a morir. Dios Padre tenía dos opciones: envío a la humanidad entera a la condenación, o envío a mi Hijo a cumplir la ley que nadie puede cumplir, a pagar la deuda que nadie puede pagar. Nadie tiene lo que se requiere para pagar de hecho deuda. Y cuando él derrame su sangre y pague por sus pecados, entonces yo los perdonaré. Escucha cómo el texto lo dice hablando de Cristo: "Cristo es a quien Dios Padre exhibió públicamente." ¿Quién clava a Cristo en la cruz? En último caso no es Pilato, ni es Herodes, ni son los romanos, ni son los judíos. Es Dios Padre, que necesita que su ley sea reivindicada y que alguien pague por el daño horrible, eterno, que Adán causó.

Al principio, ¿cómo lo va a hacer? Con su propia sangre. Escucha: "Dios lo exigió públicamente como propiciación por su sangre, a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente." Anteriormente, pero ahora no. Ya no iba a hacerlo, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea justo. En otras palabras: "Mi justicia ha sido violada, ha sido transgredida, tiene que ser reivindicada. La paga del pecado es muerte. Mi Hijo va a morir. Cuando mi Hijo muera, Él va a declarar que mi justicia ya ha sido reivindicada."

Versículo 26, que acabo de leer: "Para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea justo." Si Dios no hace eso, entonces no hubiese podido demostrar que Él es justo, porque Él no pagó, no hizo pagar a nadie como había prometido lo que habían hecho.

Enseñanza número siete y final: la justificación viene a través de la fe en la persona de Jesús. Ese es el tema de Santiago, es el tema de este mensaje. La justificación viene a través de la fe en la persona de Jesús. ¿Y cómo lo dice aquí mismo el versículo 26 al final? "Y sea Él el que justifica." Escucha: "Al que tiene fe en Jesús." Es Dios el que justifica. Es la doctrina de la justificación al que tiene fe. Es la justificación por la fe en Jesús. Eso es exactamente lo que el texto dice.

De manera que en el texto de Romanos, ese es uno de los textos que Lutero tomó, mordió, digirió para todo explicar, y es el texto que él entendía que chocaba con lo que Santiago estaba tratando de explicar. Pero yo creo que quedó claro que Santiago no está preocupado con la salvación, sino que estaba preocupado de qué manera nosotros realmente podemos saber si alguien llegó a ser salvo, y de qué forma práctica yo puedo ver que alguien verdaderamente es cristiano. Si no luce como cristiano, entonces Santiago contesta: "Bueno, examina su vida y mira sus obras."

¿Sabes qué? Su medio hermano Jesús enseñó eso mucho antes que él. ¿Cómo lo dijo? "Por sus frutos los conoceréis." Nota lo que Cristo no dijo: "Por su profesión de fe los conoceréis." "Porque afirman que creen los conoceréis." "Porque sus padres eran creyentes, dieron diezmos y lo criaron como un creyente, y siempre ha sido creyente, e iba a una iglesia evangélica y se bautizó." No, Cristo no dijo eso. Lo dijo Cristo, lo dijo Juan, lo dijo Pablo, lo dijo Santiago, con diferentes palabras.

Y ahora yo entiendo: Abraham, Génesis 15:6, Dios lo declaró como justo cuando creyó. Capítulo 22, él demostró su fe cuando ofreció a Isaac como sacrificio, y por tanto quedó evidenciado ante los hombres, justificado ante los hombres, que verdaderamente él era un creyente. Y eso es lo que Santiago está tratando de hacer a lo largo de toda su carta.

Lo dijimos: la carta de Santiago es eminentemente práctica en todo, en cada capítulo. Lo que él trae a colación es algo práctico: cómo debe lucir la vida de un creyente. Y nos ayuda a nosotros a vernos todos en el espejo, y nos sirve entonces a creyentes y no creyentes.

De manera que, al final de este mensaje, si tú eres creyente, considera si has convencido a tu tata, no a tus huesos, que eres creyente. Yo creo que tienes motivos de oración. Por un lado, debes tener mayor gratitud al entender todo esto de la gracia de Dios en su Hijo Jesús, que fue y pagó con su sangre. Y quizás quieras orar esta mañana dándole mayor gracias por el perdón de pecados, el tuyo y el mío. Al mismo tiempo, quizás pudiste ver que, en términos de lo que haces por otros, quizás no estás a la altura de lo que se supone un cristiano haga. Y quizás quieras orar esta mañana para hablar con Dios, pedir perdón y comprometerte a que vas a lucir más como el Cristo, para que no se hable mal del cristianismo, como decía Gané.

Pero si por alguna razón tú estás aquí y por medio del Espíritu de Dios, por medio de su Palabra, llegaste a entender que estás sin salvación, pero al mismo tiempo el Espíritu de Dios te dio iluminación y te dio convicción para ver que realmente eres un hombre, una mujer pecadora que está en necesidad de perdón, y si Él te ha ayudado a entender que ese perdón se obtiene única y exclusivamente por la sangre que Cristo derramó hace dos mil años, y tienes el deseo de encontrar ese perdón hoy, yo quiero darte la oportunidad de orar por ti, contigo, en un momento.

Es una oración de salvación donde tú vas a, en tu interior, en tu mente —no tienes que pasar adelante— en un momento te voy a pedir que te pongas de pie y te quedas ahí, y tú vas a hablar con Dios. Yo te voy a guiar desde aquí. Tú puedes usar tus propias palabras, según yo te voy produciendo mis palabras, pero en ese proceso es donde vas a reconocer que eres un hombre, una mujer pecadora, que ha entendido hoy por medio del Espíritu que está fuera de la salvación, que tú quieres obtener perdón en Cristo, por Cristo, por la sangre. Y quieres también al mismo tiempo entregar tu vida, entregar tu mente, entregar tu corazón, entregar tu voluntad, y decirle: "Señor, yo no quiero que el pecado reine en mí. Yo quiero que Tú reines en mí. No quiero que el pecado sea mi amo, sino que Tú seas mi amo. Y yo no quiero ser esclavo del pecado. Si voy a ser esclavo, quiero ser tu esclavo, pero no del pecado."

Si es tu deseo, entonces yo quiero guiarte desde aquí en una oración de salvación. De manera que cerremos los ojos. Yo voy a hacer la oración desde aquí. Tú vas a hacer la oración en tu mente, en tus palabras. Puedes seguirla, puedes repetirla en tu mente por igual. Pero lo único que te voy a pedir es que te pongas de pie si es tu deseo entregar tu vida al Señor y recibir salvación en este día, ahí donde estás. Tú puedes ir adelante de Dios.

"Sí, Señor, gracias por traerme aquí. Gracias por tu Espíritu que me abrió los ojos. Gracias por tu Espíritu que me ayudó a entender que estoy en necesidad de perdón de pecados, que lo único que puede hacerlo es la sangre de Cristo. Gracias, Padre, por haber enviado al Hijo a la cruz a derramar esa sangre a mi favor. Yo ahora te pido perdón por mis pecados. Los conoces todos mejor que yo: los pasados, los presentes y los futuros. Perdóname, perdóname porque soy transgresor de tu ley. Yo te pido en tu nombre que vengas a mí en la persona del Espíritu a morar conmigo, que cambies mi mente, mi corazón, mi voluntad, mis deseos, me empoderes para vivir otra vida, una vida que te agrada, una vida que ilustre lo que yo ahora soy: una nueva criatura. De manera que yo pueda ir luciendo como el Cristo, que mi estilo de vida, mi forma de hablar, de pensar, de obrar, revele aquello en lo que yo creo. Y gracias, gracias porque entiendo que la salvación es de ti por completo. Ahora solo tengo una petición, y es que de aquí en adelante Tú me ayudes a caminar por fe, Tú me ayudes a correr la buena carrera, a pelear la buena batalla, y pueda seguir hasta el final confiando en ti, reconociendo que Tú eres el autor y consumador de mi fe, de mi salvación. Si me la das hoy, es porque Tú la vas a cuidar a lo largo del camino hasta que yo entre y me encuentre contigo. Pido que Tú hagas eso por mí, en Cristo Jesús. Amén."

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.