Integridad y Sabiduria
Sermones

Soli Deo gloria (solo para la gloria de Dios)

Miguel Núñez 2 noviembre, 2008

Todo es de Dios, todo es por Él y todo es para Él. Estas tres preposiciones del apóstol Pablo en Romanos 11:36 encierran la razón por la cual Dios demanda que toda la gloria sea suya. Él es el dueño de cielo y tierra, de Él fluye cada bendición que recibimos, todo fue hecho y es sustentado por Él, y el Padre hace todo para el Hijo mientras el Hijo entrega todo al Padre. Si alguien diseña una casa, la construye y la paga, sería injusto que otro reclamara el crédito. ¿Cuánto más cuando hablamos del Creador?

La objeción surge natural: ¿no es egoísta que Dios exija toda la gloria? Pero Dios no necesita ser el centro de atención como lo necesita el hombre inseguro. Él no tiene carencias ni busca aplausos que siempre quedarán cortos de su grandeza. Además, cuando Dios glorifica su nombre desplegando sus atributos, no gana nada para sí mismo: nosotros somos los beneficiados. Como ilustra el pastor Núñez, un padre que trabajó toda la vida por su hijo y finalmente murió para darle vida no puede ser acusado de egoísmo cuando pide honra. Dios nos creó, nos sostuvo, y cuando nos perdimos mortalmente, se encarnó y murió para que viviéramos.

La gloria de Dios no es como una vestidura que Aarón podía ponerse y quitarse; es su misma esencia, aquello que brilla desde su ser y de lo cual no puede despojarse sin dejar de ser Dios. Cuando Él despliega su poder, sabiduría o gracia, sus criaturas reciben bendición. La cruz fue el máximo despliegue de gloria porque mostró lo que el universo no podía reflejar: la gracia, el amor, la misericordia y la justicia divinas actuando juntas sobre un pecador. Vivir para la gloria de Dios no es opcional ni opresivo; es el propósito para el cual fuimos creados, y solo allí encontramos verdadero gozo.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Romanos 11, versículo 36: "Porque de Él, por Él, y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén."

Padre, gracias una vez más por tu habilidad de decir tantas cosas en tan corto espacio. Padre, en esta mañana quien predica reconoce ante tu presencia la dificultad que él tiene, sino imposibilidad, de poder reflejar lo que Tú eres a través de un mensaje o a través de múltiples mensajes. Yo quiero pedirte, Dios, que Tú te levantes, que Tú te exaltes, que Tú ilumines el corazón y la mente de quien predica y los predicados, y que a través de tu Palabra Tú puedas hacer lo que el expositor no puede hacer, y es hacer justicia a la gloria de tu nombre. Toda su incapacidad y su falta de idoneidad para hacernos sublime exposición. Gracias por tu gracia que nos permite intentar hablar de la gloria de Dios en Cristo Jesús. Amén.

Hemos llegado a la última sola. Hemos estado hablando de solo en Cristo, solo por gracia, solo por fe, sola Escritura, y esta es solo para la gloria de Dios, o para la gloria de Dios solamente. Detrás de esa idea y detrás del versículo clave hay dos conceptos importantes, explícitamente o implícitamente. Vamos. Uno es que Dios hace todo para su propia gloria, y la segunda idea detrás de ese versículo y de esta sola es que nosotros debiéramos vivir y hacer todo para la misma gloria.

El versículo que yo leí ciertamente es bien corto, y sin embargo el mensaje está todavía en una porción más corta del versículo. Hay tres frases que lo dicen todo: de Él, por Él, y para Él. Ahí está encerrado el mensaje. Es increíble la manera como Dios tiene la habilidad, la sabiduría que Él tiene de empaquetar tanta información en tan poco espacio. Hemos dicho ya anteriormente que nosotros en esta era de la computadora tratamos de o hablamos de comprimir la información. Y hoy hablamos del formato MP3, hay otros formatos que se están desarrollando, pero cuando Dios decide comprimir su información, Él no lo hace en MP3, Él lo hace en MP∞. Y en los de Él emplearíamos los próximos dos mil años cientos de miles de predicadores tratando de desempacar lo que Dios empacó en un solo versículo de su Palabra.

Pero si tú quisieras saber, si tú quieres una respuesta corta acerca de por qué Dios tiene o requiere o demanda o exige que todo sea para su gloria, tres preposiciones nos dan esa respuesta: de, por y para. Todo es de Él. Y es de Él en más de un solo sentido. Todo es de Él porque Él es el dueño del cielo y la tierra. David reconoció eso en el Salmo 24:1: "Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y los que habitan en él." De esta manera todo es de Él. Él es el propietario.

Hay otra forma, otro sentido en que todo es de Él. Todo es de Él porque todo proviene, fluye de Él. La lluvia, el sol que los incrédulos, que los creyentes recibimos, proviene de Él. El apóstol Pablo, en reconocimiento de lo que es esta gran verdad, les indica a los corintios en su primera carta, en 4:7, les dice, o les pregunta: "¿Qué tienes que no hayas recibido?" Y en la misma carta luego le dice en 8:6 que de Él provienen todas las cosas. Ciertamente todo es de Él.

Pero el texto va a decirnos hoy, nos dice algo más, nos dice que todo es por Él. Claro que todo es por Él. Todo ha sido hecho por Él y todo está siendo sustentado por Él. Juan 1:3, Hebreos 1:3, Colosenses 1:17, cada uno de esos versículos apoyan lo que yo acabo de decir: de que todo fue hecho por Él y todo es sustentado por Él. Pero no solamente todo es de Él, no solamente todo es por Él, sino que todo es para Él. La Palabra de Dios nos dice que el Padre hizo todo para el Hijo, Colosenses 1:16. Pero luego Pablo viene y nos escribe una vez más a los corintios, en 1 Corintios 15:28, y nos dice que una vez que el Hijo haya sometido todo a sus pies, que lo va a entregar y devolver al Padre para que Él sea todo en todos. De manera que el Padre hace todo para el Hijo y el Hijo hace todo para el Padre. Todo es de Él, todo es por Él y todo es para Él.

Yo creo que es lógico pensar entonces que toda la gloria, todo el honor, todo el crédito debiera volver a Él. Sería algo injusto que una persona diseñara una casa, la misma persona construyera esa casa, y esta misma persona pagara, financiara su propia casa, y que luego yo quisiera que algo del crédito se me diera a mí. Yo no puedo recibir el crédito cuando Él la diseñó, la construyó y Él la pagó. Eso comienza a ayudarnos a entender por qué las cosas deben ser para la gloria de Dios.

Ahora escuchen. Nosotros los seres humanos, si somos honestos, en la medida en que vamos entrando en la fe cristiana, no nos sienta bien esto de que todo tiene que ser para la gloria de Dios y que sea Él que lo pida incluso. En esta congregación y en múltiples congregaciones diferentes donde he estado, personas nos han preguntado: "¿Tú no crees, Miguel? ¿Tú no crees, pastor, que es un poco egoísta de parte de Dios que Él siempre quiere que las cosas se hagan para Él?" Y el problema está en que nosotros estamos pensando en Dios como nosotros somos.

Cuando alguien hace algo y él quiere todo el crédito, quiere todo el honor, quiere todo el reconocimiento, a nosotros hay algo que nos irrita, nos molesta, nos da escozor. Nos tenemos que preguntarnos qué es lo que nos molesta cuando eso ocurre para luego ir a Dios y ver dónde radica la diferencia. Cuando alguien quiere ser reconocido, nos molesta porque muchas veces nosotros entendemos, en buen dominicano, que lo que quiere es lucírsela y ser el centro de atracción. Y nos molesta esa actitud, pero a veces también nos molesta que si él es el centro de atracción, entonces yo no puedo ser el centro. Es una razón.

Nos molesta cuando eso ocurre porque entendemos que esa persona lo que quiere es que continuamente lo estén alabando, aplaudiendo, porque él quiere ser reconocido, y a nosotros no nos gusta mucho reconocer a los demás. Esa actitud en otros nos molesta también porque muchas veces entendemos que esta persona está insegura, que continuamente él quiere estar mostrando lo que sabe, lo que tiene, lo que es, para ocultar su inseguridad. Y nos molesta también que esa persona viva de esa manera, se relacione con nosotros de esa manera.

Nos irrita porque sabemos en el fondo, y de esto voy a hablar un poco más adelante, que no todo el crédito es de él. Pero otra vez, nosotros no queremos dar ese crédito porque cuando damos ese crédito a otro por algo que ha hecho, que ha obtenido un logro, como que inconscientemente, o a veces conscientemente, admitimos que esa persona tiene algo, hace algo o es algo que yo no soy o no tengo, y eso me hace sentir inferior. Y como me hace sentir inferior, muchas veces termino no dando reconocimiento o dándolo a medias: "Bueno, sí, fue bueno, pero no tan bueno, porque..." Y ahí me puedo sentir un poco mejor. Esas son las razones por las que nos molesta.

Pero pensemos en Dios un poco a través de estas razones que yo he dado. Dios en ningún momento quiere ser el centro de atención porque Él necesita hacerlo. Dios no tiene carencia, Dios no tiene necesidad. La perfección no carece de nada ni de nadie. Él no tiene esa necesidad de ser centro de atención.

En segundo lugar, cuando pensamos en Dios, cuando Él exige su gloria, Él no está buscando que lo aplaudan, Él no está buscando que lo reconozcan. De hecho, después que tú y yo lo hayamos reconocido, aplaudido, glorificado, después que nos juntemos el mundo entero para hacer eso a una sola vez, todos nos hemos quedado cortos de su gloria. De manera que Él no anda buscando algo que es tan inferior a lo que es su esencia. Él no anda buscando eso como el hombre lo anda buscando.

En tercer lugar, cuando Dios quiere ser glorificado, no es que Dios se sienta inseguro de que la gloria se la vaya a dar otro y no yo, porque no ha habido un solo momento de la vida de Dios donde Dios haya tenido ningún tipo de inseguridad.

En cuarto lugar, cuando alguien quiere que se le dé el crédito solamente a él, decíamos que sabemos que de él solo no es el crédito. Toma por ejemplo este ingeniero o arquitecto: diseñó la casa, la fabricó y él la está pagando. El crédito no es solo de él. Él le debe crédito a sus padres que le dieron una educación, él le debe crédito a sus profesores, él le debe crédito a sus líderes, él le debe crédito a personas que le dieron la oportunidad para él aprender ya en el plano profesional a hacer lo que ahora él está haciendo, y él le debe crédito al banco que le financió la casa y a quien le está pagando. Pero en el caso de Dios, Dios no ha tenido profesores, ni ha tenido padres, ni ha tenido líderes, nadie le ha dado consejo, ni nadie le ha financiado ningún proyecto a Dios. Todo el crédito ciertamente es de Él.

"Pastor, pero a mí todavía como que me luce que esto de que Dios haga las cosas para sí mismo me luce un poco egoísta. ¿Usted no cree?" Bueno, piensa en esto. ¿Cómo sabe un hijo que su padre no ha sido egoísta? Bueno, si él piensa que su padre trabajó toda la vida para él, que su padre proveyó toda la vida para él, que su padre se ha preocupado todo el tiempo por él, tiene una idea de si este padre ha sido egoísta para con él.

Pero suponte que este hijo enferme mortalmente, que tenga una enfermedad de la cual él no pueda salir a menos que el padre muera y dé su sangre por él, y que el padre en efecto eso termine haciendo. ¿Podría ese hijo realmente preguntarse en algún momento de su vida si su padre se comportó egoístamente hacia él cuando le pidió que lo honrara, respetara y obedeciera? No. Él tiene evidencia, completa evidencia de todo lo contrario.

De esa misma manera Dios nos ha dado la vida. Dios, por otro lado, sostiene nuestra vida. Nos ha dado dones y talentos que usamos en nuestra vida, y Dios, por otro lado, nos ha dado la extraordinaria oportunidad de la salvación.

Y después que hizo todo eso, nos enfermamos mortalmente de tal forma que, a menos que Dios muriera, yo no pudiera vivir. Y Dios entonces viene y se encarna y va a la cruz y muere, de tal manera que es su muerte por mi vida. Dios hizo eso. Dios se dio a sí mismo. Pudiera yo preguntarme si Dios está siendo egoísta con nosotros.

Nuestras vidas en relación a Dios son como el agua del mar. El agua del mar se evapora, va a las nubes, llueve, cae a los ríos, los ríos vuelven al mar. Nuestras vidas fluyeron de Dios cuando Él nos dio soplo y aliento de vida, y al morir aquellos que le conocemos volvemos a Él a pasar la eternidad con Él. Todo proviene de Él y todo fluye hacia Él.

Ahora, nosotros somos egoístas. Yo hice la pregunta en el primer culto de jamás hacerla otra vez, quizás encuentre alguien aquí, déjenme ponerme los lentes. ¿Hay alguna persona en este lugar que entienda que no es egoísta o no tiene egoísmo, que pueda levantar su mano? Si hubiera alguien que pudiera atreverse a levantar la mano, es la mejor evidencia de su egoísmo. Está siendo tan egocéntrico que no puede ver de qué manera ha sido egocéntrico. Como nosotros somos egoístas y el ladrón juzga por su condición, a nosotros nos entra la duda: ¿Pudiera Dios ser o no egoísta?

Nosotros somos tan egoístas que aun hasta nuestras oraciones manifiestan nuestro egoísmo. Tomás Watson, un puritano del siglo XVII, decía que cuando nosotros oramos nos comportamos como los hombres, y cuando alabamos y adoramos nos comportamos como los ángeles. Ahora, déjame preguntarte: ¿por qué él hizo esa afirmación? La razón es muy sencilla. Nosotros cuando oramos le pedimos a Dios, y le pedimos a Dios, y le pedimos a Dios. ¿Tú has escuchado a los ángeles pedirle algo a Dios? Los ángeles nunca le han pedido nada a Dios, de la misma manera que las aves del campo tampoco le han pedido nada a Dios. Y la razón por la que los ángeles nunca le han pedido nada a Dios es porque ellos conocen algo que las aves conocen y que Cristo nos dejó dicho en Mateo 6:8, y es que vuestro Padre sabe de qué tenéis necesidad. Lo que ellos ven en la vida de las aves es su realidad: Dios siempre ha provisto para los ángeles. Y ¿cómo, si no piden? No, ellos le alaban, ellos le adoran, y el resto se le da por añadidura.

Cuando oramos nos comportamos más como los hombres; cuando adoramos nos comportamos más como los ángeles. Y al adorar y al rendir gloria, tenemos que dar la gloria toda a la Trinidad. Tenemos que darle gloria al Padre que nos dio la vida, tenemos que darle gloria al Hijo que perdió su vida, y tenemos que darle gloria al Espíritu Santo que recreó nuestra vida. Al Padre por darla, al Hijo por perderla, y al Espíritu Santo por recrearla. Toda la Trinidad es merecedora de manera individual y conjunta de la misma gloria.

Ahora quizás sea bueno, antes de continuar hacia adelante, que podamos definir un poco esto de la gloria, el término gloria, la expresión bíblica de la gloria de Dios. Algo que hemos tratado de hacer en otras ocasiones; probemos tratar de profundizar y expandir en el día de hoy. La palabra gloria en el hebreo significa, o es la palabra kabod. Kabod viene de un vocablo, de una raíz que significa pesado, algo que no es ligero, algo que no es ordinario. Y yo decía en el culto anterior que en el inglés hay una expresión: cuando algo es sumamente profundo y de consideración decimos "wow, that's heavy", eso es pesado. Eso es parte de lo que este concepto de la gloria de Dios significa.

Ahora, en el griego la palabra es doxa, y doxa en su significado original, en el griego de donde viene, implicaba opinión, tener una opinión acerca de alguien. Mantén esas dos ideas para continuar desarrollando esto de lo que es la gloria de Dios. Porque cuando nosotros vemos en la Palabra de Dios la expresión "la gloria de Dios", con frecuencia hace referencia a su reputación, a su excelencia y a su honor. Pero en otras ocasiones hace referencia a esa luz, a esa brillantez que rodea el ser de Dios.

Cuando Moisés le pidió a Dios que le mostrara su rostro, Dios dice: "No, nadie puede ver mi rostro y vivir, pero te voy a mostrar mi gloria". Y lo subió al monte y lo puso en la hendidura, le tapa el rostro y le pasa por delante, y luego le descubre el rostro y Moisés ve su espalda. ¿Qué fue lo que Moisés vio? Una brillantez, una luz alrededor de ese ser que es Dios. Cuando Cristo va al monte de la transfiguración y es transfigurado, ¿qué es lo que ven? Que toda su ropa se vuelve blanca y hay una brillantez que sale de su interior, y los apóstoles dijeron: "Y vimos su gloria". El libro de Apocalipsis dice al final que en la Nueva Jerusalén no habrá sol, no habrá luna, no tendremos necesidad. ¿Por qué? Porque el Cordero está en medio de la ciudad y Él es la luz de la ciudad, Él es su lumbrera, dice el texto.

Ahora tenemos que entender que la Biblia habla tanto de la gloria del hombre como de la gloria de Dios, que hay momentos en que la misma palabra es usada para hacer referencia al hombre y otro momento que es usada para hacer referencia a Dios. Y en un solo versículo yo quiero mostrarte cómo este texto de 2 Corintios 3:18 lo dice: "Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen, de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu". El texto nos dice no que estamos contemplando la gloria, sino que estamos contemplando un reflejo de su gloria como en un espejo, la gloria del Señor. Pero al mismo tiempo dice que de alguna manera nosotros estamos siendo transformados de gloria en gloria en su imagen por el Señor.

Ahora escuchen. Cuando la Palabra de Dios habla de la gloria de Dios y de la gloria del hombre, no está hablando de la misma cosa. Quizás la persona que mejor nos ha ayudado a entender esto es una vez más el puritano Tomás Watson del siglo XVII. Déjame ilustrártelo con este versículo de Éxodo 28:2: "Y harás vestiduras sagradas para tu hermano Aarón, para gloria y para hermosura". Moisés, yo quiero que encuentres a personas que puedan tejer vestiduras gloriosas para que Aarón se las ponga, las vista, vestiduras de gloria y de hermosura.

Cuando Aarón venía al tabernáculo cubierto de toda esta vestidura, como en el día de la expiación, con el pectoral, las doce piedras preciosas, todo brillando, el pectoral hecho de hilos de oro, de plata, era algo extraordinario. Él venía cubierto de gloria, dice el mismo texto. Cuando él terminaba de oficiar, él se quitaba todo eso, se desvestía, se quitaba toda esa gloria, pero él seguía siendo Aarón y él seguía siendo el sacerdote. Y usted preguntará: ¿para dónde usted va con todo eso? Bueno, no vaya tan rápido, yo lo voy a explicar.

Aarón podía hacer eso. Esa es la gloria del hombre: se la ponía, se la quitaba. Dios no puede quitarse su gloria. La gloria es lo que Él es; gloria es su esencia. La única manera de Dios quitarse su gloria es dejar de ser. Dios es como el sol: el sol no puede dejar de brillar y seguir siendo sol. Luz es lo que el sol es. Y de esta misma manera hay algo que fluye, que mana de forma natural del ser de Dios, de su esencia, de la cual Él no puede deshacerse. Eso es parte de lo que Él es.

Esto es importante que lo entendamos, porque si hay algo que nosotros sabemos es que Dios puede darme un hijo, una esposa, un novio, una novia, puede darme casa, cosas materiales, puede darme bendiciones materiales y espirituales enormes, incluso puede darme a su Hijo. Lo que Dios no puede hacer es darme su gloria. De hecho, Él rehúsa dármela, como lo dice el profeta en Isaías 48:11: "Mi gloria no la daré a otro". ¿Qué es lo que es la gloria de Dios? Son sus atributos, su esencia. Dios no puede darme su omnipotencia, solo Él puede tenerla. Su omnisciencia, su omnipresencia, su amor infinito, su gracia infinita, su misericordia infinita, su eternidad. Eso es lo que brilla desde adentro de su ser y que tiene al mundo en asombro. Él no puede darme eso, de la misma manera que no puede dejarla a un lado; Él dejaría de ser Dios.

Lo que Dios sí puede hacer, y lo ha hecho, es reflejar su gloria. Él creó los cielos, Él creó la expansión de los cielos, y el salmista en Salmo 19:1 dice: "Los cielos proclaman la gloria de Dios y la expansión anuncia la obra de sus manos". La grandeza del universo, la forma armoniosa como todo este universo de billones de astros funciona, habla del poder de Dios, de la sabiduría de Dios; reflejan su gloria. Dios puede hacer eso.

Lo que el universo no puede hacer es esto: el universo refleja esa sabiduría, refleja su poder, su infinitud, la majestad, la hermosura, todo eso. Pero el universo no puede reflejar la gracia de Dios, ni el amor de Dios, ni la misericordia de Dios, ni la justicia de Dios. De tal manera que si Dios solo desplegara el universo para demostrar quién Él es, habría una deficiencia en la revelación de su gloria. Y la había.

Y Dios nos dio a su Hijo, y Él fue a la cruz, y en la cruz Dios Hijo desplegó la gracia, la misericordia, el amor y la justicia de Dios que el universo no podía reflejar. Y Dios completó la revelación de su ser, y el hombre podía ahora entender mejor lo que Él era. La cruz es el despliegue de la gloria del Padre en el Hijo. El Hijo habló de eso: "Ahora ha llegado mi hora, la hora de mi glorificación. Padre, glorifica a tu Hijo para que Él pueda glorificarte a ti". ¿De qué Él estaba hablando? De la cruz, para que el mundo vea la gracia, el amor, la misericordia y tu justicia desplegada en la cruz, lo que el universo no ha podido hacer.

Dios hizo eso, y ha hecho más, y lo hizo por Él. Dios no ha hecho nada que no sea para su gloria. Yo sé que algunos entendieron ya, otros están por entender, pero continúen sintonizados. Isaías 43:7 dice: "A todo el que he llamado por mi nombre". Escúchame: "A quien he creado para mi gloria, a quien he formado, a quien he hecho". Dios nos hizo para su gloria.

Bueno, pastor, pero eso suena como un poco egoísta. ¿Qué hay? ¿Cuál es la alternativa? ¿Te dejo sin crear para que no existas? ¿Prefieres eso? ¿O prefieres que despliegue mi gloria en ti, y te cree, te haga y te dé vida? Dios nos creó, y nos creó para su gloria. Yo soy el resultado del despliegue de su gloria, o no existo.

Y luego me he perdido, y empañé su gloria, y pisoteé su gloria, y le quité brillo a su gloria. Le quité brillo a la creación, a la creación del Dios glorioso. Y Dios entonces decidió redimirme para su gloria. Efesios 1:5 dice: "Nos predestinó para adopción como hijos suyos mediante Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para la alabanza de la gloria de su gracia, que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado." Me creó para su gloria, me perdí, me redimió para su gloria.

Bueno, pero eso es egoísta. ¿Cuál es la alternativa? ¿Te dejo condenado y te vas al infierno para el resto de la eternidad? ¿Prefieres eso, o quieres que haga tu redención para mi gloria y muestre mi gracia en ti? Mi salvación pone de manifiesto la gloria de su gracia.

Hermanos, tenemos que entender que el universo despliega la gloria de Dios, que el Hijo viene y despliega la gloria de Dios, que las aves del campo y los peces del mar despliegan la gloria de Dios, que es solamente esta criatura la que no quiere reflejar la gloria de su Creador. Tenemos que entender que cuando Dios glorifica su nombre, se glorifica a sí mismo en el despliegue de sus atributos, pero Dios no gana nada con eso. Cuando Él despliega su poder, a Dios no se le suma nada; a mí sí me ayuda, porque su diestra es la que me sostiene. Cuando Dios despliega su gracia en la cruz, Dios no gana absolutamente nada. Dios ha sido Dios desde toda la eternidad. Yo soy el beneficiado del despliegue, del llover de su gracia sobre un pecador.

Cuando Dios despliega su sabiduría, Dios no cambia. Si reconocemos esa sabiduría o no, eso no lo hace más o menos sabio. Dios simplemente comparte conmigo la sabiduría que luego me lleva a conocerle y adorarle. Hermanos, entiendan de una vez y para siempre: cuando Dios decide glorificarse a sí mismo en el despliegue de sus atributos, el despliegue de sus atributos es la bendición de sus criaturas, aun de los impíos, y mucho más del creyente.

Juan 17:1: "Estas cosas habló Cristo, y alzando los ojos al cielo dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti." Eso decía el Hijo. Dios se glorificó a sí mismo, ¿dónde? En la cruz. Hablamos de eso. Nota esta dualidad entre Padre e Hijo: el Hijo viene y glorifica al Padre, el Padre viene y glorifica al Hijo. Cristo le dice al Padre: "Padre, glorifica tu nombre." El Padre clama y dice: "Lo he glorificado y lo volveré a glorificar." Los discípulos vienen y le preguntan a Jesús: "¿Cómo aprendemos a orar?" Y Jesús les dice: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre", que es otra manera de decir: glorificado sea tu nombre. Jesús viene, vive y muere consumido por una pasión por glorificar a su Padre.

Me quiere entender que la gloria de Dios no está divorciada de la felicidad y el gozo de sus criaturas. En Isaías 48:11, Dios dice que Él hará todas las cosas por amor a sí mismo. Y este es el versículo con el cual han venido varios de ustedes, varias personas fuera de esta iglesia. "Pastor, mire este versículo. Dios dice que hace las cosas por amor a sí mismo. ¿Eso no le parece egoísta?" ¿Tú entiendes el contexto de cuándo esto fue dicho y cuál era la alternativa? El pueblo judío estaba en rebelión por cientos de años. No se merecían el perdón, se merecían destrucción múltiples veces. Y cuando Dios estaba a punto de destruirlos, dice: "No, no los voy a destruir por amor a mí mismo, porque por amor a mí mismo he decidido desplegar mi fidelidad a un juramento que hice a Abraham, a Isaac y a Jacob, y he decidido mostrar mi gracia perdonadora sobre un pueblo rebelde por cientos de años."

De tal manera que cuando Dios dice que Él va a hacer esto por amor a sí mismo, el resultado es la preservación de los israelitas. La alternativa era su destrucción, y los hijos y las criaturas fueron los beneficiados. El Hijo muestra su gloria, la creación muestra su gloria, los ángeles proclaman su gloria. Ahora Pablo viene y dice: "Ya sea que comáis o bebáis, o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo para la gloria de Dios." Si el Hijo lo hace, el universo lo hace, los ángeles lo hacen, y los demonios lo harán, dice el texto, quieran o no. ¿Por qué es que esta criatura no quiere hacerlo? ¿Cuál es el problema?

La enorme mayoría de las cosas que los hijos de Dios hacen, no las hacen para la gloria de Dios. Vamos a buscar un trabajo y la última pregunta, si es que me la hago, es: "¿Cómo puedo yo glorificar a Dios en este trabajo?" Y no lo tomo o lo rechazo en base a esa pregunta; lo tomo o lo rechazo en base a un salario. Lo hago para la gloria de mi situación económica. Ganamos el dinero, gastamos el dinero, y ni lo ganamos ni lo gastamos para la gloria de Dios, porque la última pregunta, si es que alguna vez entra a nuestra mente, es: "¿Cómo esta ganancia o este gasto de dinero glorifica a Dios?" Eso ni nos pasa por la mente. Decimos que Dios es el dueño del oro y la plata, pero luego nosotros decidimos tanto ganarlo como gastarlo sin contarle al dueño del oro y la plata.

La razón para comprar esto, para comprar una propiedad, para comprar un carro, no es que yo tengo el dinero. Pero si yo pienso de esta manera, yo no estoy haciendo las cosas para la gloria de Dios. Yo no le he preguntado al Dios de gloria cuál es su opinión, al dueño del dinero con el cual yo voy a comprar esta propiedad. De igual manera, el hecho de que yo no tenga el dinero no es razón para no comprar algo. Y ustedes preguntarán: "Juan, ¿y cómo lo va a comprar?" Pero se lo voy a ilustrar con algo que acabamos de oír.

Nosotros hace algunas semanas anunciamos que cuando terminemos este tiempo, que nos va a tomar algunos meses más por la misma idea, nos vamos a la propiedad, y que eso va a tener un costo de más de diez millones de pesos. Nosotros, cuando hicimos el anuncio, no teníamos ni un millón en la mano, por así decirlo, de ese anuncio. Pero lo anunciamos. Nosotros no dijimos: "Vamos a coger una ofrenda y dependiendo de lo que entre, nosotros luego vamos a decidir." Si lo hubiéramos hecho de esa manera, el dinero hubiese tomado la decisión. Usted, si es siervo de Dios o es hijo de Dios, no puede vivir de esa manera. El dinero no es su Dios.

Entonces, ¿cómo lo hacemos? Usted ora, usted ayuna, usted espera, usted habla, usted le pide a Dios que aquellos que están en medio de la decisión sean de un solo corazón y de un solo sentir. Y usted vuelve a Dios, y usted vuelve a ayunar, y usted vuelve a esperar, hasta que usted tenga claro cuál es la voz de Dios. Y entonces usted procede a hacer y a planificar conforme a lo que usted entiende Dios le ha ordenado. Pero Dios tiene que ser el que tome nuestras decisiones si nosotros vamos a vivir para la gloria de Dios. Mientras nosotros vivamos haciendo las cosas conforme a nuestros planes, a nuestros cálculos, a lo que nos parece lógico, nosotros estamos viviendo para la gloria del hombre, la gloria de mi propio nombre.

Nosotros podemos glorificar a Dios de esa manera. Nosotros podemos glorificar a Dios en adoración: claro, cantamos de sus atributos, de su poder, de su gracia, de su amor, de su misericordia, de lo que es, de su luz, de su eternidad. Todo eso lo hemos cantado. Eso, cuando hacemos eso, nosotros estamos glorificándole en adoración. Le podemos glorificar en oración, por la manera que pedimos o por la manera en que no pedimos.

Podemos glorificar a Dios cuando le amamos por encima de todas las cosas, cuando le amamos por encima de las ofertas del mundo, ofertas que el mundo me trae, que yo las uso y que no me dejo destruir en mi vida. Glorificamos a Dios cuando nosotros le damos prioridad a estas cosas y ponemos a Dios en el primer lugar, y ponemos a las ofertas del mundo en el segundo lugar, y continuamente le vivimos preguntando: "¿Qué Tú piensas de esto? ¿Qué Tú crees de aquello?"

Escúchenme por un momento: cuando tú pones el dinero en el primer lugar, el dinero te esclaviza. Cuando tú pones el trabajo en primer lugar, el trabajo te esclaviza. Cuando tú pones los deseos de la carne en primer lugar, la lujuria te esclaviza. Cuando tú pones a Dios en el primer lugar, Dios no te esclaviza. Es el único ser, la única cosa, que cuando tú le das el primer lugar no te esclaviza, te da libertad y te hace verdaderamente libre. Y eso le glorifica.

¿Te das cuenta de por qué Dios quiere que las cosas se hagan conforme a su gloria? Él no es egoísta cuando Él funciona de esta manera. Él es sumamente dadivoso. Nosotros somos los receptores de sus beneficios.

Nosotros podemos glorificar a Dios haciendo su voluntad. ¿De qué manera se glorifica a Dios cuando tú haces su voluntad? Eso produce los mejores resultados. Y ¿qué ocurre cuando los mejores resultados son producidos, producto de estar en la voluntad de Dios? Que yo compruebo entonces que ciertamente la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta, y esos son parte de sus atributos. Estoy reflejando atributos de Dios al cumplir su voluntad. Y de la misma manera, cuando lo desobedezco, me estoy rehusando a reflejar algo que Dios es. Me rehúso a ser espejo de tu ser, de tu gracia, de tu misericordia, de tu voluntad, de tu luz, de tu brillantez. Haces obediencia, haces eso.

Nosotros podemos glorificar a Dios cuando somos altamente productivos: cuando nuestra vida espiritual es productiva, cuando el estudiante es productivo y eficiente al estudiar, cuando el trabajador es productivo y eficiente glorificando a Dios en su trabajo. "En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto." No en la ineficiencia, no en la incapacidad, no en la mediocridad. En que llevéis mucho fruto, en tu vida espiritual, en tu vida de trabajo, en tu día a día.

Filipenses 1:11, y como lo dice con relación a nuestra vida espiritual: llenos del fruto de justicia. Llenos, no con el vaso a mitad, no con un poco. Llenos del fruto de justicia, que es por medio de Jesucristo. Ahora, ¿para qué quiere Pablo que estemos llenos del fruto de justicia? Escuche para qué: para la gloria y alabanza de Dios.

¿Cómo es que mi justicia, mi santidad, mi rectitud moral resulta en la gloria de Dios? Bueno, cuando tú tienes una vida de pecado, esa vida de pecado impide que parte de la santidad de Dios en ti se refleje. Eso es como ocurre. Pero yo he visto el pecado; eso es otra manera de glorificar a Dios. ¿Cómo? Porque estoy en la santidad. Mientras más santidad haya en mi vida, más soy un reflejo de la santidad de Dios. Más pueden otros ver un reflejo de la santidad de Dios en mí, y resulta que ahora yo soy un instrumento de santificación, porque soy un, o mejor dicho, un instrumento de glorificación, porque soy un instrumento de reflexión de su santidad.

¿Qué? ¿Podemos glorificar a Dios siendo agradecidos? De tal manera que podemos ser tan agradecidos que el mundo sepa que el Dios que nosotros tenemos no tiene que tener a sus criaturas en abundancia para que ellos estén gozosos y satisfechos. Que nosotros tenemos un Dios que es capaz de tenernos en la escasez y tenernos satisfechos y gozosos por encima del resto de la humanidad. Eso glorifica a Dios.

Una más. La más gloriosa. La mejor manera de glorificar a Dios, la menos deseada, la menos buscada, la más rechazada, pero la más gloriosa. Podemos glorificar a Dios en medio del peor dolor y sufrimiento. Nadie ha glorificado a Dios mejor que el Hijo, y nadie lo ha glorificado mejor que en la cruz clavado, sangrando, traspasado. "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen." Aquí está, Padre, el reflejo de tu gracia, de tu misericordia. Y como no puedes pasar por alto el pecado, yo muero por el pecado y reflejo tu justicia. La muerte de Cristo glorificó al Padre.

A Pablo lo decapitaron. A Jacobo también. A Juan el Bautista también. La sangre de los mártires ha sembrado el mundo de iglesias. Nadie glorifica a Dios más extraordinariamente que cuando una persona decide abrazar su verdad, vivir por su verdad, sufrir por su verdad y morir por su verdad. Cuando en medio del dolor nosotros podemos gritar al mundo, en medio del dolor, en medio del sufrimiento: "Mi Dios es suficiente", Dios luce en todo su esplendor. Cuando el mundo entiende que yo no necesito de riquezas, de posición, de fama, de nombre, de apellido, de finanzas, de reconocimiento, de aplausos, de popularidad, que no necesito ni siquiera de salud para glorificar a Dios, el mundo sabe qué clase de Dios tenemos.

¿Cuándo es el hombre de Dios? El hombre es nacido ciego, treinta y ocho años ciego. ¿Es que acaso pecó este hombre? No. ¿Sus padres? No. Y entonces, ¿para qué nació ciego? Ajá, para que se muestre la gloria de Dios en él. ¿Treinta y ocho años de ceguera? No, la gloria de Dios vale cien años de ceguera de cientos de hombres, si Dios puede glorificarse y mostrar su obra en nosotros.

Ahora, escúchame para finalizar y como aplicación final. El Catecismo de Westminster, mil seiscientos y tantos. Ellos produjeron una versión corta para niños, para niños. ¿Y qué día se le van a comenzar a enseñar? A los seis añitos. Siempre preguntas. De esto he hablado antes, pero yo quiero hacer una observación en el día de hoy en conexión con todo esto. La primera pregunta del Catecismo a los seis años: ¿Cuál es el propósito número uno de la vida del hombre? Y la respuesta que nunca te olvides es: glorificar a Dios y gozarse en Él para siempre.

La gente entendía algo de esta ecuación. Mira cómo es: glorificas a Dios como prioridad y el resultado es que te gozarás en Él. De la manera más tierna posible que yo te lo puedo decir, sin intención de ofenderte, pero con la intención de iluminar tu entendimiento: si no hay gozo en tu vida, no estás viviendo para la gloria de Dios. No estás viviendo su propósito. Es una imposibilidad que una criatura viva el propósito de Dios y que no tenga plenitud de gozo. La plenitud del gozo es una consecuencia, es un fluir, es un emanar natural de estar en el propósito de Dios.

Los peces están contentos en el agua. Las aves están contentas en el aire, cantando día a día la gloria de Dios. Los astros están en sus lugares proclamando la gloria de Dios. Cada cual está haciendo su propósito. Los peces, las aves están contentas, están llenas de gozo. Cuando las encierras, eso es cuando tú les quitas parte de su propósito. Nosotros, cuando vivimos el propósito de Dios, le glorificamos, y cuando le glorificamos, de forma natural estamos en gozo.

La ausencia de gozo implica que no le estoy glorificando. Pero Él me dijo que yo fui creado para su gloria, lo que implica que si no estoy en gozo, no estoy glorificándole. Y si no estoy glorificándole, estoy en pecado, porque estoy evadiendo el propósito para el cual Dios me creó. Y eso no es poca cosa: que Dios me creó para una cosa y yo le digo no, yo voy a vivir mi propósito y voy a buscar mi propio gozo.

Vivimos buscando gozo. ¿Quién no quiere gozo? ¿Se ha encontrado una persona que no haya o no quiera ningún gozo? El que se inyecta cocaína quiere, el que la fuma quiere, el que la huele quiere un gozo. Todo el mundo quiere gozo, pero estamos errados en la manera de encontrarlo. Dios no quiere que nosotros estemos detrás del gozo. Dios quiere que yo vaya detrás de la fuente de gozo, le glorifique, y cuando yo esté detrás de la fuente de gozo, entonces la fuente hará fluir gozo de manera natural y abundante sobre mi vida, que me acompañará todo el tiempo.

El propósito número uno de los hombres: glorificar a Dios, y como consecuencia, él se gozará en Dios para siempre. Una vez más para cerrar: el propósito número uno de los hombres es glorificar a Dios, y como consecuencia, él se gozará en Dios para siempre, y no de ninguna otra manera.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.