Integridad y Sabiduria
Sermones

Santificado sea tu nombre

Miguel Núñez 10 abril, 2011

La frase "santificado sea tu nombre" no es un simple recordatorio para Dios, sino una declaración que revela lo que debe ser prioridad absoluta en la vida del creyente. En el contexto hebreo, el nombre no es solo una etiqueta que identifica a alguien; representa la esencia misma de la persona. Cuando Dios se revela a Moisés como "Yo soy el que soy", está declarando su autosuficiencia, su independencia de toda la creación. Este nombre —Yahweh— es tan sagrado que los escribas judíos se bañaban antes de copiarlo y usaban instrumentos nuevos para escribirlo. Es el único nombre propio de Dios, y Él lo ha protegido con uno de los diez mandamientos.

El Padre Nuestro contiene seis peticiones: las primeras tres tienen que ver con Dios y las últimas tres con nosotros. Este orden no es accidental. Santificar el nombre de Dios funciona como la sombrilla bajo la cual se cobijan todas las demás peticiones. Ninguna será escuchada si no hay un genuino interés en honrar ese nombre. El pastor Núñez ilustra esta seriedad con su propia experiencia: de niño preparó un "chivo" para un examen, y cuando su padre lo descubrió, solo le dijo: "No puedo creer que un hijo mío sea capaz de hacer eso". Esas palabras bastaron para entender que su comportamiento reflejaba quién era su padre.

Profanamos el nombre de Dios cuando lo honramos de labios mientras el corazón está lejos, cuando nuestras acciones llevan al incrédulo a blasfemar, cuando hablamos en su nombre sin que Él haya hablado. Dios nunca ha dejado su nombre embarrado. Como le dijo a Israel a través de Ezequiel: "No es por vosotros que voy a actuar, sino por mi santo nombre". A nosotros nos conviene que Dios cuide su nombre, y nos conviene aprender a orar como los salmistas: "Por amor de tu nombre, perdona mi iniquidad".

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Quien tiene la palabra de Dios ahí en sus manos, debemos pedirle que la abra en Mateo capítulo 6. La semana pasada nosotros pusimos la primera mitad del versículo 9; hoy nosotros vamos a poner la segunda mitad del versículo 9. Es una sola frase el texto de nuestro mensaje, pero vamos a leer toda la oración del Padre Nuestro para que usted pueda ver el contexto una vez más. La frase que vamos a poner hoy es simplemente la petición que dice: "Santificado sea tu nombre". Pero yo quiero leer toda la oración comenzando en el versículo 9.

Pues vosotros orad de esta manera: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan nuestro de cada día y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria, para siempre jamás. Amén.

Padre, gracias te damos por una oración tan corta que nos dice tanto, Dios. En esta mañana tu siervo se propone exponer lo que tú le has permitido entender acerca de las implicaciones detrás de esta frase: santificado sea tu nombre. Padre, la santidad de tu nombre es de prioridad uno en tu mente. Sé con tu siervo de manera especial de tal forma que tu pueblo pueda entender qué es lo que hace tan especial tu nombre, y de qué manera ese pueblo debe vivir de tal forma que pueda honrarte de la manera que tú quieres y mereces, que tu nombre sea honrado. En Cristo Jesús, amén. Amén.

Bueno, la semana pasada comenzamos a ver las implicaciones detrás de esta oración tan conocida, la oración del Padre Nuestro, y nos limitamos en esa ocasión simplemente a hablar acerca de la frase "Padre nuestro que estás en los cielos". En esta ocasión nos estamos limitando a esa frase: "Santificado sea tu nombre". Es increíble ver cuánto contenido Dios puede empacar en una oración tan corta, pero como bien dice nuestro refrán, para buen entendedor pocas palabras bastan. Y no hay mejor entendedor que Dios, de manera que a la hora de enseñar a los discípulos a orar, Cristo fue capaz de darles una cantidad enorme de entendimiento acerca de la oración en muy pocas palabras.

La frase "Padre nuestro que estás en los cielos" nos enseñó que ciertamente nosotros podíamos y podemos acercarnos a Dios con confianza, precisamente porque es nuestro Padre. Y como los padres siempre tienen buenas intenciones para con sus hijos, entonces yo puedo tener el atrevimiento, decíamos incluso, de acercarme al trono de la gracia confiando que la persona que está ahí esperando escuchar es mi Padre, que me ha comprado a un precio muy alto.

En el día de hoy, yo quiero comenzar a ver una de las seis peticiones que esta oración encierra. El Padre Nuestro tiene seis peticiones: tres tienen que ver con Dios, su honra, su carácter, lo que es su esencia; tres tienen que ver con mi relación con los demás. Y ese es el orden que Dios siempre sigue. Si tú examinas los Diez Mandamientos, tú encuentras que los primeros cuatro tienen que ver precisamente con el carácter de Dios, la honra de Dios; los últimos seis tienen que ver con mi relación con los demás, con los otros.

Si tú examinas las bienaventuranzas que vimos hace unas semanas atrás, te das cuenta que tienen el mismo patrón. Hay ocho en Mateo: las primeras cuatro tienen que ver conmigo en mi relación con Dios, las últimas cuatro tienen que ver conmigo en mi relación con los demás. Y cuando tú llegas al Padre Nuestro, entonces tú encuentras el patrón que nosotros mencionamos. Las primeras tres peticiones: santificado sea tu nombre, número uno; número dos, venga a nosotros tu reino; y número tres, hágase, Señor, tu voluntad en la tierra como en el cielo. Cada una de ellas tiene que ver con Dios, su carácter, su ser, su esencia, lo que es.

Las últimas tres tienen que ver conmigo y contigo. Danos hoy el pan de cada día, esa es la número cuatro. Número cinco, perdona nuestras ofensas como también nosotros hemos perdonado a los que nos ofenden. Y número seis, no nos dejes caer en tentación, o no nos metas en tentación de acuerdo a la otra opción que usted tenga, mas líbranos del mal. Dios siempre sigue ese patrón. Es apropiado, porque todo en el universo es Dioscéntrico. Solamente el hombre vive de un qué céntricamente, pero el diseño entero del universo es Dioscéntrico.

Las preguntas que yo quisiera que consideráramos en el día de hoy, a la luz de esta frase "santificado sea tu nombre", son las siguientes. En primer lugar, ¿qué hay detrás de un nombre? ¿Qué es lo que hay en ese nombre y en particular detrás del nombre de Dios? En segundo lugar, ¿por qué hacer de la santificación de su nombre una petición, cuando nosotros sabemos que eso es algo en lo que Dios ha estado interesado, él ha estado haciendo y continuará haciendo desde la eternidad hasta la eternidad, independientemente de que yo se lo pida o no? Número tres, ¿qué implica santificar el nombre del Señor, que es la petición? Número cuatro, ¿cómo santifica Dios su nombre? Y número cinco, ¿hay evidencias en la Biblia de que Dios santifica ese nombre?

Habiendo hecho esas preguntas, yo quiero que comencemos, como siempre, con la primera, obviamente: ¿qué hay detrás de un nombre? Como nosotros hemos explicado, en el contexto hebreo el nombre tiene una suma importancia. No es algo simplemente que identifica a la persona; es algo que tiene que ver con la esencia misma de la persona. Y eso ha sido así desde el principio. Yo no creo que eso es algo que la raza humana se inventó o que lo formuló. Dios lo ha revelado así desde el principio.

Cuando tú abres esta historia redentora, tú encuentras que Dios dice lo siguiente: "En el principio Elohim..." Dios no ha dicho nada de su creación y ya él reveló su nombre. Y tú sigues revisando la historia y tú encuentras un énfasis enorme hecho por Dios acerca de los nombres. Y cuando tú llegas al final de la historia redentora, ya tú estás en el libro de Apocalipsis. Tú encuentras a Dios todavía haciendo ese mismo énfasis, y yo voy a hablar un poquito de eso más adelante.

Pero para no ir muy rápido: Dios reveló su nombre, Elohim, antes de él revelar cualquier otra cosa acerca de su creación. Y ¿qué fue lo primero que él creó? A Adán. Inmediatamente te encuentras a Adán nombrando a su esposa Eva y nombrando a los animales. ¿Por qué darnos esos detalles? En ese contexto judío, el que nombra tiene autoridad sobre el nombrado. Eso siempre ha sido así desde el principio.

Juan quedó mudo cuando recibió la noticia de que su esposa estaba en estado. Perdón, Zacarías. Y él no pudo poner nombre al hijo. Nadie le pudo poner nombre al hijo hasta que él volviera a hablar, precisamente porque él tenía la autoridad sobre el hijo, y el que tiene la autoridad sobre el hijo nombra a esa persona.

Tú sigues más adelante y te encuentras que cuando Dios se propuso iniciar una nación, él elige un nombre. Pero tan pronto él elige un nombre, él identifica su nombre y le cambia su nombre. Dios no ha iniciado la nación y ya reveló el nombre del iniciador de la nación. "Te llamas Abram, Abram, pero ahora te llamarás Abraham", o padre de múltiples naciones. Hay un énfasis especial que Dios hace en esto de los nombres, y sobre todo en lo que tiene que ver con su propio nombre.

Y tú sigues así a lo largo de toda la Biblia, llegas al final, en el libro de Apocalipsis, y tú lees en el capítulo 3, versículo 12, lo siguiente: "Al vencedor le haré una columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí. Escribiré sobre él el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo." Al final, Dios está hablando de que al vencedor, a él le va a poner un nombre nuevo, le va a poner no solamente su nombre nuevo, sino también el nombre de Dios y el nombre de la ciudad de ese Dios.

¿Qué hay detrás de un nombre? ¿Dónde está la importancia de este hecho? ¿Por qué Dios lo ha hecho así? Y luego, en especial, ¿qué hay detrás del nombre de Dios que tiene tanta prioridad para ese Dios, que cuando él elabora diez leyes para iniciar la primera nación, la nación hebrea, una de las leyes es dedicada a la protección del nombre de Dios?

¿Qué hay detrás de un nombre? Mira si esto es así. En la mente hebrea, desde el inicio, cuando Dios intercepta a Moisés en el desierto, le dice: "Moisés, yo quiero que regreses a Egipto. Vamos a liberar al pueblo." Moisés comienza a conversar con Dios, pero una de las primeras preguntas de Moisés es una pregunta: "Dios, si yo voy a este pueblo y le digo que Dios me ha enviado a liberarlos, y ellos me preguntan ¿cuál es el nombre de ese Dios?, ¿qué tú piensas que yo debo decirles?"

Y Dios no simplemente le dice: "Moisés, ¿qué clase de pregunta es esa?" Dios no le dice: "Moisés, diles que Dios, no..." Dios corresponde a su pregunta y le dice: "Yo soy el que soy. Diles a los hijos de Israel que Yo Soy te ha enviado." Ese es mi nombre: Yahvé. Es el único nombre propio de Dios. Todos los demás nombres son calificativos e identifican algo acerca de él.

Este es el nombre que Dios ha protegido con uno de los Diez Mandamientos. Este es el nombre que el pueblo judío consideraba tan sagrado que cuando los escribas estaban copiando el Antiguo Testamento y llegaban al nombre Yahvé, se detenían e iban y se bañaban. Regresaban, cambiaban, no la pluma porque no era eso lo que usaban, pero el instrumento con que escribían. Tomaban uno nuevo, usaban un sustituto para evitar profanarlo, como Adonai, Hashem, cualquier otra cosa, "Dios". Pero no lo escribían ese nombre: Yahvé. Ese es el nombre que el tercer mandamiento de la ley de Dios está tratando de proteger.

¿Qué hay detrás de un nombre? Dios le dice al pueblo judío: "Cuando tú vayas a jurar, tú no puedes jurar por ninguna cosa que no sea mi nombre." Dios no prohíbe los juramentos en el Antiguo Testamento.

Dios regula los juramentos y les dice: solamente puedes jurar por una cosa, y eso es mi nombre. Y llegamos a Deuteronomio 23, a partir del versículo 21. Ahora sí: "Cuando hagas un voto al Señor tu Dios, en su nombre —porque solamente puedes jurar en él— cuidarás de cumplirlo, porque ciertamente tu Dios te lo tomará en cuenta. Lo que salga de tus labios, cuidarás de cumplir."

Y mira qué más Dios le dice con relación a esto en Levítico 19:12: "Y no juraréis en falso por mi nombre." ¿Por qué, Dios? ¿Qué ocurre cuando yo juro en falso, cuando juro en tu nombre y no cumplo? "Profanando el nombre de tu Dios. Yo soy Yahweh." No jures en nombre de Yahweh y luego vayas y violentes el juramento que has hecho. Decíamos hace un par de domingos atrás que aquellos que han contraído matrimonio bajo el Señor y rompen ese voto, después de haber jurado permanecer el uno con el otro hasta la muerte, han violentado el nombre de Yahweh.

¿Qué hay detrás de un nombre? ¿Qué hay detrás del nombre del Señor? Escucha, el pueblo judío entendió esto de una mejor forma que lo que nosotros lo entendemos. Lo cuidaban, ese nombre. Ellos entendían en su interior lo especial de este nombre. Entendían incluso cuán importante era el nombre de Dios, hasta el punto que a la hora de pedirle algo a Dios, solían hacerlo en relación a su nombre. No había mejor garantía de que Dios fuera a responder.

Mira a Josué. Josué tiene una derrota, Josué tiene una preocupación: ¿qué va a seguir pasando ahora? Y él va donde Dios. Tiene una derrota, no más, pero después de esa derrota él va donde Dios. Y en Josué 7:9 tú lees lo siguiente: "Los cananeos vendrán y borrarán nuestro nombre de la tierra." Escucha a Josué ahora: "¿Y qué harás tú por tu gran nombre?" Dios, nos pueden borrar, nosotros desaparecemos, pero este es el pueblo sobre el cual se invoca tu nombre. Yo quiero saber, Dios, ¿qué tú vas a hacer por tu gran nombre? Porque lo que tú hagas, si este es el pueblo sobre el cual se invoca tu nombre, eso es lo que nos va a pasar a nosotros. Dinos, ¿qué vas a hacer por tu gran nombre? Esta gente sabía cómo orar.

O sea, el salmista dice, imagínate: "Oh Dios, cuán glorioso es tu nombre sobre toda la tierra." Jeremías dice: "¡Grande es tu nombre!" Daniel dice: "¡Tú has hecho un nombre!" Dios ha construido un nombre para sí mismo, y ese nombre es Yahweh.

Cuando Dios comienza a construir la fama del nombre Yahweh es cuando Dios se le revela a Moisés, le dice: "Ve a Egipto, que vamos a liberar al pueblo." Pero Dios no había revelado el nombre Yahweh en el Génesis. Sí está en el Génesis, pero ese no es el nombre con el que los patriarcas conocieron a Dios de manera íntima. El Shaddai fue el nombre patriarcal. Yahweh es un nombre especial. Dios comienza a construir la fama de su nombre, el único nombre propio de Dios, cuando Él comienza a liberar al pueblo de Egipto. Es el nombre del pacto, el Covenant Name: Yahweh. Es Jehová.

Y Dios ha revelado su nombre cuando creó, Dios ha proclamado su nombre al liberar al pueblo judío de Egipto, y Dios ha reivindicado su nombre cuando Dios disciplinó al pueblo judío. La reputación del nombre de Dios es importante para Dios.

Quizás eso nos puede ayudar a entenderlo un poco. En ocasiones, quizás usted lo ha dicho, lo ha oído. Alguien dice, menciona un nombre: "Fulano de tal." Y alguien dice: "¡Bueno! Ese señor tiene un nombre increíble." Y otra vez si alguien dice: "Bueno, ese hombre tiene un nombre, no hay quien..." Inmediatamente, usted no ha oído nada más excepto el nombre equis, y cuando usted oye que alguien dice: "No, ese señor tiene un nombre increíble", ya usted está predispuesto positivamente en esa dirección. "Ah, no me diga, ¿y por qué?" Y cuando alguien dice algo negativo acerca de alguien, si usted ha oído nada más, ya usted está predispuesto negativamente en esa otra dirección.

¿Qué hay detrás de un nombre? Es que hay mucho más de lo que nosotros entendemos. Y como hay mucho más, Yahweh ha estado cuidando su reputación. ¿Usted a veces confía o no confía por lo que usted haya oído de ese nombre?

Pero, ¿de qué otra manera el nombre tiene implicaciones que a lo largo de toda la historia bíblica, y este es así una y otra vez? Bueno, aparte de que me identifica, aparte de que el nombre en el contexto hebreo habla de lo que yo soy, el nombre es lo que a mí me permite comenzar a tener una relación con alguien. "Este es el señor Juan Antonio." "Mucho gusto, mi nombre es Miguel Núñez." No hemos hablado y ya conoce mi nombre. El nombre permite que comencemos a tener una relación. Esta relación no va a ir muy bien si comenzamos a hablar y le digo: "Mira, tú..."

Y no solamente la relación permite iniciar, el nombre permite iniciar la relación. El nombre muchas veces permite regular la relación para protegerla, de tal manera que los límites no sean cruzados. Por ejemplo, usted tiene un amigo de 45 años. Su nombre, no sé, Felipe. Felipe llega a la casa, usted va y lo saluda: "Oh Felipe, ¿cómo tú estás?" Y su niño de seis años se levanta y dice: "¡Hey Felipe! ¿Cómo tú estás?" Y usted dice: "No, no, no, no. ¡Don Felipe para ti!" El niño comienza a entender qué clase de relación se supone que él debe tener con esa otra persona. El nombre nos ayuda a entender eso.

Si usted tiene que llamar a ciertas personas que una vez tienen un doctorado, no aceptan que no lo llamen si no es "doctor fulano". A veces es así. Y usted entiende que él está tratando de establecer un tipo de relación con usted también cuando dice: "No, no, doctor fulano para usted." Oye, en ocasiones a los presidentes se les dice "Su Excelencia". Me está ayudando a entender quién es y cómo yo debo relacionarme con esa persona.

Moisés le dice a Dios: "Cuando llegue a este pueblo y yo me pregunte cuál es tu nombre, ¿qué le digo?" "Yo soy el que soy. Yo soy te ha enviado. Ve y dile eso a los hijos de Israel." El Yo Soy: el Dios autosuficiente, el Dios que no depende de nada ni de nadie, el Dios que tiene vida en sí mismo y que existe en sí mismo. Lo que en teología llaman en inglés the aseity of God, la seidad de Dios, el hecho de que Dios subsiste en sí mismo.

Este es el nombre que separa a Dios del resto de su creación, porque es el nombre que nos ayuda a entender que Dios es autosuficiente e independiente, y que nada más en la creación tiene esa propiedad. Mira cómo Dios lo dice en Hechos 17:24-25: "El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay, ni es servido" —continúa el 25— "ni es servido por manos humanas como si necesitara de algo, puesto que Él da a todos..." Escucha: "Él da a todos vida y aliento y todas las cosas." El sol arde porque Dios existe. No solamente lo creó, Dios lo sostiene, pero Dios tiene vida en sí mismo. Yo Soy.

Este es el nombre que separa a Dios del resto de su creación. Es el único nombre propio. Yahweh. Recuerda que Dios es incomparable en todo el universo. Y Dios quiere que cuando yo me aproxime a Él y termine diciendo: "Padre nuestro que estás en los cielos", que inmediatamente yo recuerde que la persona que es mi Padre es el Dios que tiene un nombre que es Santo, Santo, Santo. Dios quiere que yo recuerde ambas cosas.

Si Dios no cuidara de su nombre, nosotros trivializaríamos a Dios en un solo momento, en un abrir y cerrar de ojos. Lo trataríamos como algo ordinario. Dios cuida su nombre, Dios limpia su nombre, Dios exalta su nombre, y aun así, nosotros muchas veces no hemos tenido el cuidado de mantener la reputación de su nombre. A mí me conviene que Dios cuide de su nombre.

Míralo en este texto de Deuteronomio 28:58-59: "Si no cuidas de poner en práctica todas las palabras de esta ley que están inscritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y temible, el Señor tu Dios —temiendo este nombre glorioso y temible, Yahweh tu Dios, lo que dice el original— entonces Yahweh hará terribles tus plagas y las plagas de tus descendientes, plagas severas y duraderas, y enfermedades perniciosas y crónicas." Si yo no quiero esas plagas, yo necesito cuidar ese nombre. Y Dios necesita cuidar su nombre. Cuando Él lo cuida y yo lo cuido, yo evito las plagas y evito las consecuencias. A mí me conviene que Dios cuide, exalte y limpie su nombre, y yo tengo que reconocer eso en mi propia vida.

Y sin embargo, habiendo nosotros visto a Dios cuidar su nombre, exaltar su nombre, reivindicar su nombre, aun así, con frecuencia nosotros trivializamos el nombre de Dios. ¿Sabes que cuando Dios revela su nombre, o uno de sus nombres, Él está poniendo de manifiesto algo de su carácter y me está ayudando a mí a entender cómo yo debo relacionarme? Yahweh: el Dios autosuficiente. Elohim: el Dios creador. El Shaddai: el Dios todopoderoso. Elión: el Dios altísimo. Olam: el Dios eterno. Cada uno de esos nombres me revela algo acerca de Dios, lo cual entonces va a mejorar mi relación con Él y me va a permitir a mí conocer mejor de qué manera yo debo relacionarme con Él y vivir bajo su señorío.

Nosotros necesitamos cuidar de eso. Cuando nosotros no honramos el nombre de Dios, no honrar el nombre de Dios es desmentir su carácter. Y cuando nosotros desmentimos el carácter de Dios, nosotros estamos bajando a Dios de su trono. Y cuando nosotros bajamos a Dios de su trono, nosotros le estamos quitando, despojando a Dios de su divinidad. Y cuando Dios es despojado de su divinidad, los dioses paganos se sientan en su trono, y yo sufro la consecuencia de los dioses paganos. A mí no me conviene despojar a Dios de su divinidad y no me conviene desmentir su carácter. Por eso, entre otras cosas, Dios está tratando de proteger lo glorioso de su nombre, la integridad de su nombre. Santificado sea tu nombre.

Ahora, ya vimos qué hay detrás de un nombre. Segunda pregunta: ¿por qué pedirle a Dios que santifique su nombre si Él lo viene haciendo todo el tiempo y lo va a hacer se lo pida yo o no se lo pida, porque es prioridad número uno en su mente? Bueno, yo creo que esa petición tiene varias implicaciones. En primer lugar, yo no creo que Cristo les está diciendo a los discípulos: "Cuando vayan a orar, recuérdenle a Dios que santifique su nombre."

Yo estoy seguro que eso no es lo que Cristo tenía en mente. Por otro lado, yo estoy también seguro que eso sí es un recordatorio, entre otras cosas, para mí, la criatura, de que yo tengo un Dios que tiene un nombre, que es santo, santo, santo. Nosotros necesitamos recordatorios frecuentes acerca de la santidad de Dios o nos desviamos profundamente.

¿Por qué es un Dios que quiere revelarse al hombre? ¿Por qué es un Dios que se ha caracterizado desde el inicio por ser un Dios revelador? Cuando Él desciende al monte Sinaí, lo hace a través de una experiencia que llenó al pueblo de temor, y Dios no se arrepintió por el temor del pueblo. Al contrario, Dios le dice a Moisés: "Enséñale al pueblo a temer reverentemente". Y desciende con fuego, con humo, con truenos, con la montaña que se sacude, y todo el pueblo se llenó de temor. Y eso era exactamente lo que Dios quería provocar en ellos.

Un Dios que quería revelarse, incluso en la persona de Jesús encarnada, ¿por qué mantiene al pueblo a distancia? Porque antes de yo aprender a relacionarme con Dios en intimidad, yo tengo que aprender a reverenciar la presencia de ese Dios. Y si no, yo voy a pagar las consecuencias de no saber cómo relacionarme con Dios. El nombre inicia la relación y el nombre regula la relación, y me enseña qué tipo de relación yo debo tener con esa persona. Dios ha mostrado en su Palabra la importancia que le da a este nombre.

En tercer lugar, porque Dios pone esa petición ahí en el Padre Nuestro, de que santifique su nombre, es para recordarme que ninguna otra petición ha de ser escuchada y oída si yo no estoy empeñado en la santificación de su nombre. "Perdónanos hoy nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores". ¿Tú estás santificando mi nombre? Bueno, pero no me pidas que perdone tus deudas. "Danos el pan de cada día". ¿Tú quieres mi provisión? ¿Tú estás empeñado en la santificación de mi nombre? Porque si no, no me pidas mi provisión.

Esta es la sombrilla debajo de la cual se van a cobijar todas las peticiones. Las peticiones son concedidas conforme al grado, al interés que yo tenga, muestra con el que viva acerca de la santidad del nombre de Dios. De manera que esto es algo vital para el creyente: salvaguardar la integridad del nombre Yahvé, el Dios que es, el nombre que separa a Dios del resto de la creación, el Dios autosustentado.

Mira que Dios dice en uno de los Salmos, 138:2, que Él ha engrandecido su nombre y su Palabra por encima de todo. Dos cosas Dios ha engrandecido, ha exaltado, ha levantado, ha proclamado: mi nombre, que revela mi esencia, y mi Palabra, que revela mi fidelidad y mi autoridad. Y Dios dice: "Yo he levantado esas dos cosas por encima de todo". En la medida en que Dios levanta su nombre, y su nombre es conocido, y su nombre es aceptado, en esa misma medida los nombres de los dioses paganos comienzan a desaparecer.

Tú recuerda lo que Dios le dice a Faraón en un momento dado. Él le dice a Faraón en Éxodo 9:16: "Por esta razón en verdad te he permitido permanecer. Por eso estás vivo todavía, Faraón. Por esta única razón te lo voy a decir ahora: para mostrar mi poder y para proclamar mi nombre por toda la tierra". En la medida en que yo continúo mostrando mi poder sobre el tuyo, una y otra vez —primera plaga, segunda plaga, tercera plaga— yo contribuyo a proclamar mi nombre por toda la tierra. De manera que quedas con vida todavía porque cada una de esas plagas tenía un dios detrás representado por la plaga.

De manera que estos dioses se los vamos a desplazar de tu tierra. Tú tienes al Nilo por dios; muy bien, lo vamos a convertir en sangre, para que Faraón y el pueblo egipcio sepa que el Dios Yahvé está por encima de su dios Río Nilo. En la medida entonces en que el nombre de Dios crece, los nombres de los dioses paganos van siendo replegados. "Yo te he mantenido, Faraón, para proclamar mi nombre por toda la tierra y replegar todos sus dioses". Yahvé es mi nombre. Es ese nombre que Dios ha cuidado, no porque Dios es ególatra, no porque Dios tenga hambre de poder, sino porque es el nombre glorioso que mejor lo identifica. Y Dios es un Dios de verdad.

Tercera pregunta: ¿Qué significa santificar su nombre? En términos sencillos, básicos, significa honrarlo, respetarlo; significa honrarlo en palabras y en obras. No es simplemente en palabras. Eso significa santificar el nombre de Dios, y sobre todo delante de los demás.

Yo quiero ilustrarte cómo esto luce en la historia redentora, porque Dios tiene una preocupación monumental, no solamente con que yo honre su nombre, sino que yo lo levante delante de los demás. Aarón consagró a sus dos hijos al sacerdocio, y es Aarón que ve a Dios carbonizar a sus dos hijos en medio de una experiencia de adoración al Dios verdadero. Y Aarón va donde Moisés estresado, perturbado: "Moisés, ¿qué es lo que pasa aquí?" Mira las palabras de Moisés. ¿Tú sabes lo que Dios dijo? "Como santo seré tratado por aquellos que se acercan a mí", y tus hijos no lo hicieron. Y Aarón calló.

Pero es Moisés posteriormente que es impedido de entrar a la tierra prometida por algo similar, porque Dios le dice a Moisés: "Ve y háblale a la roca y yo le daré agua". Moisés golpea la roca dos veces, insulta al pueblo, y escucha las palabras de Dios de por qué Moisés no puede entrar: "Por no haberme tratado como santo" —escucha— "delante de los ojos de los hijos de Israel". Moisés, yo no puedo permitir que mi nombre sea profanado delante de los demás. Le da una mala reputación a mi ser. Yo no puedo permitir que los líderes lo hagan delante de las ovejas, y yo no puedo permitir que el creyente lo haga delante de los incrédulos jamás. Porque mi nombre habla de quién yo soy, y cómo te portas delante de los demás habla de cómo tú estás reflejando lo que yo soy.

Déjame contarte esta ilustración; quizá nos ayude. Bien terrenal. Son las únicas ilustraciones que podemos tener porque no hemos llegado al cielo. Para los que no son de nuestro país: cuando tú vas a tener un examen y escribes algo en un pedacito de papel con letras pequeñas, y lo doblas y lo escondes para sacarlo en el aula de clase, eso es llamado en nuestro país un "chivo". No sé por qué se llama así, pero es un chivo. Séptimo grado, yo hice mi primer y último chivo. Yo estoy escribiendo esto; mi padre pasa por el lado, se para, me pregunta lo que es. Un chivo. ¿Qué le voy a decir? Es un pedacito de papel así y las letras nadie las puede ver. Entonces me mira, muy tranquilo, me dice: "Yo no puedo creer que un hijo mío sea capaz de hacer eso". Y se fue. Él no me dijo "destrúyelo", "no lo hagas", "no te atrevas". Él entendió que me dijo suficiente. Yo no solamente quería destruir el chivo; yo quería desaparecer yo.

Mi padre entendió que mi comportamiento refleja lo que él es, y le importaba. ¿Cuánto más tú piensas que le importa a Dios el comportamiento de sus hijos ante los demás? Porque le reflejamos, malamente pero le reflejamos, y tú lo vas a ver más adelante, como Dios lo dice.

¿Qué implica santificar el nombre de Dios? Es honrarlo en palabras y en hechos. Y lo deshonramos. Déjame darte varias ilustraciones de cómo y cuándo lo deshonramos. Y es que la petición es que este nombre sea santificado; yo se lo estoy pidiendo a Dios, Él lo va a hacer.

Deshonramos su nombre cuando honramos a Dios de labios y mi corazón está lejos de Él, Mateo 15:8-9. Deshonramos su nombre cuando nuestras acciones pecaminosas llevan al inconverso a hablar mal de mi Dios: "Mira, mira este, y eso que cristiano. Yo no sé qué clase de cristiano que tú eres. Y ese es el Dios a quien tú sigues". Eso fue exactamente lo que Natán le dijo a David. Natán va donde David, le dice: "Por cuanto lo que has hecho ha dado ocasión para que los incrédulos blasfemen el nombre de Dios, el niño va a morir".

Dios se toma sumamente en serio cuando las acciones de sus hijos llevan al incrédulo a blasfemar su nombre, porque lo que yo he reflejado ante los demás ha revelado —malamente, pero ha revelado— el carácter de Dios, y el otro se queda con una imagen de Dios completamente distorsionada y, por tanto, lejos de Dios.

Deshonramos el nombre Yahvé cuando le llamamos "Señor, Señor" y luego no hacemos lo que Él dice, Lucas 6:46. Deshonramos el nombre del Señor cuando hablamos en su nombre y Dios no ha hablado. "Dios te dice..." Mi Dios no ha dicho nada. "Dios te manda a decir..." Y Él ha estado en silencio. "Así dice el Señor", y el Señor no ha dicho absolutamente nada, Jeremías 14:14-15. Profanamos su nombre.

Profanamos su nombre cuando usamos ese nombre para beneficio personal, como hacen los mercaderes del evangelio de la prosperidad. Profanamos su nombre cuando actuamos en la carne y decimos que hemos actuado en su poder. "Señor, Señor, en tu nombre echamos fuera demonios, en tu nombre profetizamos, en tu nombre nosotros hicimos, predicamos". Y Cristo dice: "Yo les diré: fuera de aquí, yo jamás os conocí", Mateo 7:22-23. "Señor, pero fue en tu nombre". No, fue en la carne y dijiste que era mi nombre; lo has profanado, fuera de aquí.

Dios cuida de su nombre. Profanamos el nombre de Dios cuando nos bautizamos y ni siquiera cristianos somos, Hechos 8:18 en adelante. Y profanamos su nombre cuando tomamos la cena del Señor indignamente, y por eso algunos murieron y otros se debilitaron, 1 Corintios 11:27-30. Es serio esto: qué significa santificar el nombre de Dios y cómo yo lo deshonro.

Preguntas número cuatro y cinco pueden ir juntas: ¿Cómo santifica Dios su nombre? Y ¿ha dejado Dios evidencia de que cuando su nombre es profanado, Él va a limpiar su nombre? Bueno, la santificación de su nombre no es algo que el pueblo de Dios ha tenido como prioridad, nunca; pero sí es algo en lo que Dios ha estado preocupado todo el tiempo. Y por tanto, como el pueblo de Dios no ha estado preocupado con la santificación de su nombre, Dios se ha tomado la libertad de limpiar su nombre sobre ese pueblo.

Yo no sé cómo no lo vemos: la relación del nombre de Dios con todo lo que Dios hace. Dios tiene una promesa en ese famoso pasaje de Segunda de Crónicas 7:14 de sanar la tierra, y esa promesa está relacionada a su nombre. Dios dice: "Si mi pueblo, sobre el cual se invoca mi nombre..." Si el pueblo que me representa, si el pueblo que me conoce se humilla, porque es orgulloso; si ora, porque no habla conmigo; si busca mi rostro, porque se levanta y se va a trabajar como si yo no existiera; y si se arrepintiera de sus malos caminos, porque andan caminos de pecado, entonces yo oiría desde los cielos y sanaré la tierra. ¿Dónde? Como sobre el pueblo, o en el pueblo, o a través del pueblo sobre el cual se invoca mi nombre. Mi reputación está en juego.

Y al final del Antiguo Testamento, cuando el pueblo de Dios no responde —y no responde a este profeta y a este profeta y a aquel profeta— Dios lo envía a Babilonia en el destierro. Y con el pueblo se va Daniel, y con el pueblo se va Ezequiel. Y Dios habla a través de Ezequiel y dice lo siguiente: "Los esparcí a su pueblo, a los judíos, entre las naciones, y fueron dispersados por las tierras. Conforme a sus caminos y a sus obras los juzgué." Uno pensaría que, una vez Dios los disciplinó y los esparció, donde ellos fueran andarían con cuidado. Escucha lo que Dios dice: "Cuando llegaron a las naciones a donde fueron, profanaron mi santo nombre."

Ahora oye, escucha ahora la relación que Dios establece entre la profanación de ese nombre que yo acabo de pronunciar y lo próximo que Él dice: "A donde fueron profanaron mi santo nombre, porque de ellos se dice: estos son el pueblo de Yahweh y han salido de su tierra." El incrédulo está diciendo: "Mira cómo vive este pueblo. Ese es el pueblo de Yahweh y ha salido de su tierra." Mi pueblo está en oprobio, la reputación de mi nombre en entredicho.

Dios dice, Ezequiel: "Pero escucha, yo he tenido compasión de mi pueblo..." No, de mi santo nombre, que la casa de Israel había profanado entre las naciones a donde fueron. Yo me he compadecido de la condición en la que se encuentra mi nombre, Yahweh, entre las naciones. "Por tanto, Ezequiel, di a la casa de Israel: Así dice el Señor Dios: No es por vosotros, casa de Israel, que voy a actuar." No. ¿Y entonces por qué vas a actuar? "Sino por mi santo nombre, que habéis profanado entre las naciones a donde fuisteis. Vindicaré la santidad de mi gran nombre, profanado entre las naciones, el cual vosotros habéis profanado en medio de ellas."

Oye lo que dice, escucha bien, porque Él no ha terminado de hablar todavía a través de Ezequiel: "Yo voy a vindicar, a reivindicar la santidad de mi gran nombre entre las naciones. Ha sido profanado entre las naciones." ¿Qué va a pasar, Dios? Escucha: "Entonces las naciones sabrán que yo soy Yahweh," declara el Señor Dios. ¿Cuándo? ¿Cuándo lo van a saber? "Cuando yo demuestre mi santidad entre vosotros a la vista de ellos." Cuando yo tome a mi pueblo y le pase justicia a la vista de ellos, y limpie mi nombre y declare mi santidad sobre ellos, las naciones que habían blasfemado mi nombre a causa de vosotros, ellos van a saber quién es Yahweh.

Dios reivindica su nombre, hermanos del alma. Si hay algo que yo sé, es que Dios nunca ha dejado su nombre embarrado. Nunca, nunca, nunca, nunca. El juicio que Dios trae, las consecuencias que Dios trae, es la manera como Dios reivindica su nombre. No, yo no te estoy acusando; yo estoy tratando de ayudarte a retomar la santidad del nombre de Dios y ayudarte a entender lo primordial, lo prioritario que esto es para Dios, en beneficio nuestro, hermano.

Hermano del alma, yo no quisiera nunca tener, o ver a Dios tener que limpiar su nombre sobre mi vida por la manera en que yo lo he embarrado. No, yo prefiero irme primero a su presencia, pero Dios no lo va a dejar embarrado. Setenta años de esclavitud; allá lo limpiaré, pero Dios no lo va a dejar tirado por el suelo. Un año por cada año que el pueblo no le había dado reposo a la tierra, una tierra que yo había manchado con mucha sangre.

Hermano, nosotros tenemos que reganar, retomar la importancia, la sensibilidad del corazón nuestro hacia la santidad de su nombre, hermano. No solamente la gloria de Dios lo merece; es que a nosotros nos conviene. Y la manera como nosotros mostramos y hemos reganado eso o no, de una u otra manera lo hacemos: a través de nuestras acciones y nuestras oraciones lo revelamos.

Si hay algo que yo aprecio de los salmos, es la manera como esta gente conocía a su Dios. Y porque conocía a su Dios, sabía cómo orarle a ese Dios. Y cómo sabía cómo orarle a ese Dios, veían sus oraciones contestadas. Esa es la pregunta. Cristo, enséñanos cómo orar. Y Cristo dice: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre." Porque si tú entiendes la importancia que tiene la santidad de este nombre, eso implica que tú has comenzado a conocer a Dios. Si tú has comenzado a conocer a Dios, eso va a cambiar la manera como tú oras. Si tú cambias la manera como tú oras, tú vas a tener más oraciones respondidas que las que estás teniendo en este momento.

Déjame ilustrar lo que yo acabo de decir, porque los salmos son la ilustración perfecta. Salmo 25:11: "Oh Señor, oh Señor, por amor de tu nombre, perdona mi iniquidad." Por amor de tu nombre, perdona mi Dios, perdona mi pecado. Por amor de tu nombre, porque es grande mi pecado. Y nosotros, ¿cómo lo hacemos? "Señor, perdona, perdona mi pecado, pero es que mi esposa me saca de quicio." Tu pecado no tiene nada que ver con tu esposa; tiene que ver con tu iniquidad. Y la razón para que me pidas perdón no es la forma como tu esposa o tu esposo... La razón por la que me pides perdón es como este salmista lo hace: "Oh Señor, por amor de tu nombre, perdona mi iniquidad, porque es grande." No es de acuerdo a mis circunstancias atenuantes que estoy teniendo que te pido que perdones mi iniquidad. No, es por amor a ti mismo, Dios, por la misericordia sobre tu nombre. Y ese nombre es invocado sobre mi persona y mi familia.

Salmo 143:11: "Por amor a tu nombre, Señor, vivifícame; por tu justicia saca mi alma de la angustia." Dios, sácame de aquí. Dios, estoy abatido, ya no puedo más, sácame de aquí. Pero, ¿por qué razón? Por amor de tu nombre. Y nosotros, ¿cómo decimos? "Dios, ya no aguanto, yo no soporto, yo no puedo más." Y te decía esa oración tan egocéntrica. Mira el salmista: "Padre, no puedo más, estoy a punto de... Yo puedo quebrantar tu nombre en esta condición, y yo no puedo, yo no debo. Por amor a tu nombre, sácame de donde estoy, Dios." Esta gente conocía a su Dios. Como conocía a su Dios, ellos sabían cómo orar. Como sabían cómo orar, Dios sabía cómo responder.

Escucha Daniel ahora, Daniel 9:19: "Oh Señor, escucha; Señor, perdona; Señor, atiende y actúa, no tardes." ¡Tan apurado Daniel! Está en una situación difícil. Escúchalo otra vez para continuar la oración: "Oh Señor, escucha; Señor, perdona; Señor, atiende y actúa, no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío, porque tu nombre se invoca sobre tu ciudad y sobre tu pueblo." Mira tu pueblo en Jerusalén, mira la ciudad que lleva tu nombre, mira lo que los pueblos dicen. Actúa, haz algo, perdona, no tardes, Dios, pero por amor a ti mismo. No por amor a tu pueblo; por amor a ti mismo, Dios, levanta a tu pueblo. Por amor a tu nombre, la gloria de tu nombre que ha sido echada por tierra por tu pueblo. Ahora, por amor a ti mismo, levanta ese pueblo, Dios. Esta gente sabía cómo orar.

Bueno, esa es la petición. Cristo, enséñanos cómo orar, porque no sabemos. Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Nosotros estamos tan centrados en nosotros mismos que creemos que la oración es para mí en primer lugar. Es para nosotros en segundo lugar, pero en primer lugar para que Dios me enseñe cómo honrar su nombre sobre toda la tierra.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.