Cada oveja del rebaño de Cristo carga responsabilidades que no puede delegar a sus pastores. La primera es hacia sí misma: crecer emocional y espiritualmente estando injertada en una iglesia local. Hebreos 10 llama a no dejar de congregarse porque fuera del cuerpo es imposible mantener firme la profesión de fe. El alejamiento comienza siendo emocional —pérdida de interés, crítica constante— y termina siendo físico, con consecuencias que la oveja no puede luego achacar a sus líderes. La parábola del hijo pródigo lo ilustra: el padre no salió a buscarlo; esperó a que el hijo volviera en sí y regresara por decisión propia. De igual modo, cuando muchos discípulos abandonaron a Jesús por sus enseñanzas difíciles, él no los persiguió sino que preguntó a los doce: "¿También vosotros queréis iros?" Pastorear requiere una oveja presente y un pastor dispuesto.
La segunda área de responsabilidad es hacia la iglesia: velar por su unidad con humildad y paciencia, servir con los dones recibidos, y apoyarla con oración, asistencia y recursos económicos. El pastor Núñez recuerda que Dios ama al dador alegre, no al que da por obligación, y que diezmar nos libera del ídolo del dinero.
Finalmente, la oveja tiene responsabilidades hacia sus líderes: obedecerles y sujetarse a ellos para que pastoreen con alegría y no con queja, orar por ellos, y guardar su reputación no admitiendo acusaciones sin dos o tres testigos. La carga del liderazgo es pesada; las ovejas pueden alivianarla o agravarla según cómo cumplan su parte en esta calle de doble vía.
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Yo quiero emplear el ensayo de esta mañana para hablar de tres grandes grupos de responsabilidades de la oveja para con la iglesia. El tercer grupo de esas responsabilidades son obligaciones y compromisos que la oveja tiene con el grupo de líderes que Dios le asigna. Hay otro grupo de responsabilidades que yo voy a dejar a un lado porque en un mensaje anterior fueron tocadas, y son las responsabilidades de la oveja para con las demás ovejas. En un mensaje que titulamos "La iglesia de los unos y los otros" hablamos ampliamente de la necesidad que tenemos de ministrarnos los unos a los otros, y si usted quiere conocer estas responsabilidades, el mensaje forma parte de esta serie.
Yo no voy a usar un texto base como usualmente hago en la mayoría de los mensajes, sino que, como estas responsabilidades están distribuidas a lo largo del Nuevo Testamento, voy más bien a ir usando los textos en la medida en que voy exponiendo estas responsabilidades de la oveja. Habiendo dicho eso, quiero comenzar con el primer grupo de responsabilidades: las responsabilidades de la oveja para consigo misma.
Lo primero que la oveja necesita entender es que ella tiene una obligación de crecer emocional y espiritualmente, estando injertada en una iglesia local. Hebreos 10:23-25 dice: "Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es el que prometió. Y consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca."
Es responsabilidad de los padres enseñarles a los niños que, en la medida en que ellos comienzan a entrar en la adolescencia, es su responsabilidad ahora buscar el alimento, es su responsabilidad ahora alimentarse, y que ellos necesitan cada vez más ir apropiándose de más y más responsabilidades porque se van haciendo cada vez más maduros. De esta misma manera, los pastores y los ancianos necesitan enseñarles a las ovejas que, ciertamente, cuando ellas nacen de nuevo y comienzan a crecer, hay una responsabilidad vital de ir más allá, de ir la milla extra, de hacer el esfuerzo extra por ellas. Pero llega un momento en que nosotros tenemos que comenzar a pasar esa responsabilidad a la oveja, para que ella comience a madurar emocional y espiritualmente de tal forma que termine dependiente de Dios y no de sus líderes. Y eso no va a ocurrir a menos que yo esté injerto en una iglesia local donde Dios me ha colocado.
Yo creo que es importante reconocer que en las últimas dos décadas ha habido una disminución significativa del valor que el creyente le concede al cuerpo de Cristo, a la iglesia, hasta el punto de que algunos han llegado a pensar que pudieran tener un caminar digno de su llamado sin tener una relación con la iglesia local. Que pudieran agradar y glorificar a Dios de esa manera. Pero eso es completamente contrario al espíritu del Nuevo Testamento.
El autor de Hebreos nos dice que debemos cuidar de congregarnos, no dejar de congregarnos como algunos tenían la costumbre de hacer. Pero lo que nosotros no recordamos muchas veces es que esa necesidad de congregarnos está precedida de cosas que yo no puedo tener a menos que esté congregado. La primera es esta: "Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza." Una razón, entre otras, para permanecer involucrado es que es una imposibilidad que yo pueda mantenerme firme en la profesión de fe que he hecho, a menos que cuente con hermanos y líderes que puedan ayudarme a mantener la firmeza de mi caminar. Y el texto continúa y dice: "Mantengamos firme la profesión de nuestra fe, sin vacilar." El vacilar es la consecuencia de no haber estado injertado en esa iglesia.
Es natural que si yo comienzo a alejarme de la iglesia mi fe comienza a enfriarse, y es también natural que cuando mi fe comienza a enfriarse las pasiones de la carne comienzan a ascender. Pasiones que para algunos pudieran ser lujuria, pero para otros son orgullo, chismes, división, críticas, enjuiciamiento, condenación, celos, envidia. Todo eso prolifera en el corazón de una oveja que ha decidido alejarse del cuerpo de Cristo.
Y necesitamos entender cómo se produce el alejamiento, porque lo primero que ocurre es un alejamiento emocional, donde la oveja comienza a perder interés en la iglesia. Luego, la oveja que comienza a perder ese interés que tenía antes empieza a criticar lo que se hace en la iglesia, los ministerios de la iglesia, los líderes de la iglesia, todo el tiempo, encontrando en la crítica la justificación para sentirse como se siente y para actuar como actúa. Pero todavía está, todavía viene a los ministerios, a las actividades, a la iglesia el domingo. Tiene un alejamiento emocional que eventualmente la lleva a un alejamiento físico o geográfico, con lo cual ella termina pagando las consecuencias de haberse alejado precisamente del cuerpo que podía estimularla, amarla y fortalecerla.
¿Cómo lo dice el versículo 24 de Hebreos 10? "Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras." Cuando me ausento del cuerpo de Cristo, ese amor no va a estar ahí, ese estímulo mutuo tampoco puede estar ahí. Y tú necesitas mi estímulo y yo necesito el tuyo. Pero recuerda algo más: el texto dice "consideremos cómo estimularnos unos a otros." Esta responsabilidad es de todos. El autor de Hebreos no dice "pastores, ancianos, considerad el estimular a las ovejas." No. Dice "consideremos estimularnos todos los unos a los otros." Es una responsabilidad que Dios le ha dado precisamente a todo el cuerpo, para ejercerla por cada uno de sus miembros.
Satanás sabe que uno de sus dardos más efectivos es el desánimo. Si él logra desanimarme, logra alejarme; y si logra alejarme del cuerpo, logra enfriarme; y si logra enfriarme, logra que yo comience a entrar en prácticas y hábitos pecaminosos que terminan entonces alejándome de Dios. Tengámoslo claro, hermanos: cuando tú lees y escudriñas el Nuevo Testamento, la responsabilidad número uno de congregarse no recae sobre los líderes, recae sobre las ovejas. La responsabilidad número uno de los líderes es ministrarles a aquellas que se congregan, pero es una imposibilidad ministrarle a ovejas ausentes, es una imposibilidad ministrarle a ovejas que no quieren ser ministradas. La responsabilidad que el Nuevo Testamento coloca con relación al congregarse está sobre las ovejas, y aquellas que estén presentes recibirán precisamente la administración de los líderes de aquel lugar.
Una de las cosas que suele ocurrir es que cuando la oveja se aleja emocional y eventualmente físicamente, comienza a entrar en patrones pecaminosos, y de repente, cuando alguien le confronta, su defensa usual es: "Mis líderes no hicieron lo suficiente." Y es ahí algo que nosotros hemos querido enfatizar desde que comenzamos la iglesia, y no es que se haya hecho más difícil ahora que hay mil quinientas personas. No; cuando teníamos quince o veinte lo dijimos: nos rehusamos a mantener en infancia espiritual a las ovejas del cuerpo de Cristo. Nos proponemos estimular a las ovejas a crecer espiritualmente de tal manera que, por un lado, tomen responsabilidad sobre su vida y, por otro, puedan entonces tomar responsabilidad por su caminar delante de Dios, hasta el punto de que puedan hacerse dependientes de Dios más que de los líderes. El líder no puede garantizar que la oveja va a hacer lo correcto en su ausencia, pero si ella ha aprendido a caminar con Dios y tiene una mente renovada, podrá hacer, aun en ausencia de los líderes, lo que le toca hacer.
Y hay algo que es sumamente importante: el pastorear requiere de dos cosas, una oveja presente y un pastor dispuesto; o dicho de otra manera, una oveja que pida ayuda y un pastor que quiera darla. Menciono eso porque es típico de las ovejas, cuando las cosas no les están yendo bien, alejarse, y luego, en vez de apropiarse de sus responsabilidades, de sus acciones y de sus consecuencias, culpar a los líderes de no haber hecho lo suficiente. Y quizás esto le parezca totalmente contrario a lo que había oído, leído o pensado, pero yo quiero decirle, y lo voy a ilustrar detalladamente, que lo que acabo de decir lo aprendí de este libro, en el Nuevo Testamento.
Comencemos por la parábola del hijo pródigo. Tú tienes a un padre y tú tienes a un hijo. El hijo me tipifica a mí. El hijo va adonde el padre y le dice: "Yo quiero mi herencia, me quiero ir." El padre le dice: "Hijo, aquí está tu herencia." El padre no le detiene; el padre le dice: "Tú eres responsable, tú puedes irte, aquí está tu herencia." Y el hijo se va de la casa de su padre.
Usted continúa leyendo la historia y resulta que el padre no le corre detrás al hijo. Se queda en su casa, se queda esperando. El hijo comienza a malgastar su dinero, lo gasta en placeres, en derroches, con rameras, dice el texto, y todo el tiempo el padre estaba en su casa mientras el hijo estaba lejos de ella. Un día, cuando le estaba comiendo las algarrobas con los cerdos, el hijo vuelve en sí y dice: "Yo tengo que regresar a la casa de mi padre." En todo ese tiempo el padre estaba en la casa y no había salido a buscarle.
El padre entendía varias cosas. Número uno: que ese hijo necesitaba crecer, madurar emocional y espiritualmente, pues no podía darse el lujo de permanecer en la infancia espiritual que le llevó a pedir su herencia antes de tiempo. En segundo lugar, el padre sabía que ese hijo estaba fuera de sí, y que mientras estuviese fuera de sí no había manera de que la administración del padre pudiera llegarle.
Cuando el hijo vuelve en sí y regresa a la casa, él pronuncia palabras que son la mejor evidencia de que este hombre se había arrepentido, su orgullo había sido quebrantado y su voluntad había sido quebrantada. Hasta que eso no ocurra, yo no voy a estar en la condición de ser ministrado. Nota que el hijo no regresa a donde el padre a decirle: "Padre, yo he estado y me he reconciliado contigo, yo te digo la parte que tú hiciste mal, yo te digo la parte que yo hice mal, yo te pido perdón, tú me pides perdón y yo te perdono, estamos bien." Eso no es lo que él hace. Lo que el padre hizo o no hizo no es su preocupación. Él está preocupado con lo que él hizo, y regresa donde el padre y solamente habla de su responsabilidad: "La hice, padre, yo he pecado contra el cielo y contra ti."
La responsabilidad del hijo, en primer lugar, era quedarse. Cuando se fue, la responsabilidad del hijo, en primer lugar, era regresar. Cuando él regresa, la responsabilidad del padre era abrirle los brazos, recibirle, amarle, administrarle a su regreso. El hijo aprendió la lección, él creció y finalmente entendió: "Esto depende de mí, no de mi padre."
Al quien pudiera decir: "Bueno, pastor, pero es que eso es con un hijo, no es lo mismo con discípulos." Bueno, yo pienso que si un padre está dispuesto a ir detrás de un hijo, cuánto más detrás de sus discípulos. Pero si queremos ver todavía la enseñanza en el Nuevo Testamento, de parte del mejor maestro con sus discípulos más cercanos, lo podemos ver. Cristo viene predicando a multitudes que se van aglomerando y lo detienen siguiendo. Llega un momento en que él se da cuenta de que estas multitudes lo que están buscando son las bendiciones y no otras cosas, y comienza entonces a hablar y les dice: "Aquel que no come mi carne y no bebe mi sangre no es digno de seguirme." Y ellos se voltean uno con otro y dicen: "Esto es duro de tragar, duro de digerir, ¿quién puede con esta enseñanza?"
Y Juan 6:66 dice que desde ese momento muchos de sus discípulos no continuaron con él. Nota lo que el maestro no hace: no va detrás de ellos, no les busca, no les ruega. ¿Oye lo que sí hace? El versículo siguiente, Juan 6:67, se voltea hacia los doce y les dice: "Y vosotros, ¿acaso queréis iros también?" Esta no es una forma insensible de parte de Cristo de ministrar; esto es una forma de enseñarle a la oveja la responsabilidad que ella tiene de crecer, de tomar responsabilidad por su vida y de quedarse donde ella puede crecer, madurar y ser transformada.
Esta es la manera de Cristo de discipular a sus discípulos. Esto no es forzado, esto no es obligado; esto es una decisión, y a quien va a beneficiar es a ustedes en primer lugar y no a mí. ¿Se quieren ir o se quieren quedar? Ahora bien, era responsabilidad del maestro dar su vida como la dio por aquellos que se quedaron, y ahí está el balance entre la responsabilidad de los líderes y la responsabilidad de las ovejas. Es una ecuación y es una calle de doble vía.
La primera responsabilidad de la oveja, en este primer grupo, es hacia sí misma: crecer y madurar espiritualmente, injertada en una iglesia local. En segundo lugar, necesita caminar o tener una vida digna de su llamado, como se nos menciona en Efesios 4:1. Los líderes de la congregación tienen un mandato de parte de Dios de ayudar a los miembros a crecer y a mantenerse en santidad, pero la responsabilidad primera es de la oveja y no de los líderes, porque el líder no puede garantizar la santidad de esa vida una vez que sale de su presencia.
Viene por una hora a una consejería, viene por un servicio, un culto del domingo, se va, no la vuelvo a ver por días. ¿Cómo podemos garantizar la santidad de esa vida una vez que salió de nuestra presencia? Obviamente, la oveja es la única garantía de que quiera dejar el mundo, alejarse del mundo para acercarse cada vez más al reino de los cielos y a sus valores. Ella tiene que caminar de una manera digna de su llamado. Y cuando no lo hace, cuando se desvía, cuando entra en caminos de pecado, ella no puede acusar a sus líderes ni acusar a otros de su derrotero.
Déjame darte un principio que compartimos con los consejeros en el curso de Consejería Bíblica: nadie va a ningún lado acusando a otras personas; ni la Palabra se lo va a permitir ni el Espíritu Santo tampoco. Y déjame darte un segundo principio: su crecimiento emocional y espiritual es directamente proporcional a cuánto yo me apropio de mis acciones y responsabilidades. Mi crecimiento espiritual y emocional es directamente proporcional a cuánto yo me apropio de mis decisiones, de mis problemas y de mis responsabilidades. Eso es parte de la obligación y del compromiso de la oveja consigo misma.
Pero hay un segundo grupo de obligaciones o compromisos que la oveja tiene, que ver ahora hacia la iglesia misma. Dentro de este segundo grupo yo te voy a dar tres; no son las únicas, pero las voy a ilustrar con tres. El pacto de compromiso que usted firmó recientemente tiene como obligación número uno: velar por la unidad de la iglesia. Y esa palabra "velar" fue escogida a propósito. Es que tengo que hacer un esfuerzo por contribuir a que el cuerpo de Cristo se mantenga unido.
Oye cómo Pablo lo dice en Efesios 4:2-3: "Con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor, esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz." Esta carta no fue enviada a los líderes; esta carta fue enviada a la congregación, a los efesios. Las demás cartas también: las cartas a las congregaciones, a los tesalonicenses, a los gálatas, a los corintios, fueron leídas a su debido tiempo en la congregación y para la congregación. Y Pablo le dice a la congregación: "Esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz."
¿Y cómo hacemos eso? Está aquí, al principio del texto que leí: "Con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros." Eso es como yo hago mi parte para contribuir a que el cuerpo de Cristo no se divida. Soy paciente, soporto al otro, tengo mansedumbre, actúo y camino con humildad. Cuando esas cosas no están presentes, yo genero conflictos, conflictos emocionales que lo drenan a usted y drenan a sus líderes.
Los conflictos emocionales no solamente drenan a la oveja; drenan a los líderes que tienen que lidiar con ellos. Y de repente, si usted hace su parte de mantener la unidad del Espíritu, resulta que en vez de tener líderes cansados emocionalmente y drenados por estar continuamente apagando fuegos, usted tiene líderes fortalecidos que pueden ministrarle a su alma, a su vida y al resto de la congregación. Esa es una responsabilidad de la oveja para con su iglesia.
La segunda responsabilidad de la oveja para con su iglesia aparece en 1 Pedro 4:10 y tiene que ver con su servicio para esa iglesia: "Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndoos los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios." Según este texto, si usted es un cristiano verdadero, nacido de nuevo, usted tiene por lo menos un don dado por Dios. Pero Dios se lo dio para que usted haga algo con él, y eso es que usted le pueda servir al otro, sirviéndoos los unos a los otros como administradores de la multiforme gracia de Dios.
Dios no me dio el don para mi autoconsumo; me lo dio para ponerlo al servicio del otro. Y cuando ese otro entonces no está recibiendo el servicio de mi don, yo le estoy robando mi servicio. Obviamente hay un tiempo para cada cosa: hay un tiempo para crecer, hay un tiempo para madurar, hay un tiempo para no ejercer el don todavía. Pero llegado ese tiempo, yo necesito ponerlo al servicio del cuerpo de Cristo, porque para eso me lo dio el Señor. No hay nada más poderoso que una iglesia de siervos.
Cuando comenzamos este año, le pedimos frente a ustedes públicamente al Señor que este año fuera el año del servicio. Y ciertamente, el mismo incendio que ocurrió forzó a mucha gente a servir y comenzaron con muchos bríos, y le damos inmensa gracias por su esfuerzo, su participación y por todo lo que hicieron. Pero con el tiempo hemos comenzado a cansarnos, y ahora volvemos de nuevo a tener dificultad en encontrar a esos siervos. Queremos recordarles y animarles, hermanos, que esta carrera cristiana es un maratón, no es una carrera de cien metros. Que mantengamos el ánimo, que nuestro enemigo ni se cansa ni se va de vacaciones, que necesitamos estar alerta continuamente, luchando hasta que el Señor nos encuentre o nosotros vayamos a su presencia.
¡Qué bueno es encontrar a un hermano que, cuando tú le dices: "Fulano, dime qué tengo que hacer", responde: "Dime"! Versus el fulano que dice: "Hay no, tengo muchas cosas, estoy cansado, es que no puedo." Pero resulta que tengo muchas cosas porque esas cosas que tengo las tengo en el mundo, y al mundo le estoy dando mi mejor esfuerzo y mi mejor energía, y no al reino de Dios. Pero luego venimos y cantamos "daré lo mejor de mí", y vamos allá afuera y cuando aquí adentro necesito hacer algo, digo que estoy cansado, que no puedo, que estoy agotado. Sí, estoy en un reino, pero no en el reino de los cielos.
Ojalá fuera: "Estoy tan cansado de las cosas que hago para Dios que tengo que dejar algunas." No; es que estoy tan cansado de lo que hago en el mundo que no le puedo dar a Dios suficiente. Pero es una responsabilidad nuestra el poder contribuir y servir a la causa de Cristo. Es una responsabilidad de la oveja para con la iglesia.
Número tres: una responsabilidad de la oveja para con la iglesia es apoyarla. ¿Cómo? De diferentes maneras. Una manera sencilla: orando por la iglesia, por mis hermanos.
Cada vez que usted esté pensando en usted mismo y pidiéndole cosas a Dios para usted y su familia, trate de aquí en adelante de pensar en algún hermano y pida por él, en algún líder, pida por él y su familia. Aprovecho la oportunidad, es un buen recordatorio. Pero por mí, pedir por mi familia, aunque pedir por la otra familia, la familia de la iglesia. Grandes cosas comenzarán a ocurrir cuando todo el mundo esté orando por la iglesia de manera consecutiva, variamente.
En segundo lugar, yo puedo apoyar la iglesia asistiendo a sus actividades, a sus ministerios. Yo no sé cuántos de ustedes han sido líderes, cuántos de ustedes les ha tocado preparar en alguna ocasión una conferencia. Pero no hay nada más desmoralizante para un líder de LEPANA, para un líder de GAR, para un líder de YA, para un líder de los jóvenes profesionales, para un líder del grupo de mujeres o para cualquier otro ministerio, que él o ella se prepare por horas. Tienes que escucharla bien: ella ha estudiado, se ha preparado, ha orado. Y cuando la va a presentar, personas a quienes él o ella les han ministrado, que han solicitado su servicio, con lo que yo sé que puedo contar, resulta que, ¡oh, pero no están aquí!
No es que ya yo me sé eso, ya yo sé eso. En otras palabras, tu único interés en estar presente... Si yo puedo, seré caro al otro. Mis dones no se me dieron para que fueran esponjas. Mis dones se me dieron para que a mí me expriman. Y cuando usted asiste a un grupo de esos, aun usted conociera el contenido, aun usted esté por encima de lo que se esté presentando, recuerde: su presencia inyecta ánimo y apoyo moral a su líder. Número dos, su conocimiento, a la hora cuando usted levanta la mano, contribuye entonces a que otros aprendan también, o su sabiduría. En tercer lugar, si usted es sanguíneo, usted le da color a la vida. Para aquellos que la vemos como blanco y negro, le necesitamos.
Si Dios le puso en esta iglesia, la iglesia le necesita y usted necesita esta iglesia. Nosotros tenemos algo que dar a los demás. No podemos pensar siempre: voy a aprender, ¿qué me pueden dar?, ¿qué nos ha traído de beneficio? Esta vida cristiana no es para pensar en beneficios, es para dar. Y habrá un tiempo para cada cosa: habrá un tiempo para recibir y habrá un tiempo para dar. Su madurez —usted, un líder maduro, una oveja madura— su madurez aporta algo al grupo. Asista, fortalézcale. Esa es otra manera de apoyar su iglesia.
Otra manera de apoyarla es económicamente. 2 Corintios 9:7: "Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre." Oye lo que el texto no dice: Dios ama al que cumple con su diezmo. No lo dice. Dios está diciendo, de hecho, lo contrario. ¿Tú bienes? ¿Tú vas a dar tu diezmo? Bueno, tengo que dar esto porque hay que darlo. Pero está una fácil, y dice: no, no, déjame el bolsillo mejor. Porque mi ofrenda es un acto de adoración, y yo no quiero que mi adoración te pese, mi hijo. Yo quiero que mi adoración sea algo voluntario, genuino. Si es tan pesado, si te carga tanto, si no va a ser un acto de adoración, no me lo des. Porque no lo necesitan. Al final, el Dios que hizo el universo de la nada no necesita nuestro dinero.
Yo necesito diezmar para despegarme del dios dinero. Yo necesito diezmar para poder, finalmente, deshacerme de los tentáculos que ese dios dinero crea en nuestra vida y cómo nos agarra. El beneficiario de eso, en último caso, sería yo. Dios quiere darnos. Conozco persona de esta iglesia que no puede mucho. De hecho, persona que hemos ayudado en ocasiones. Hoy hablaba con una de ellas entre un servicio y otro. Me decía: yo doy mi diezmo, y aparte de eso doy esto y esto más. Y yo me quedaba oyéndole y decía: ¡Guau! Pero una persona que hemos ayudado en algunas ocasiones quiere dar más del diez por ciento.
Como hemos dicho otra vez: si alguno se pregunta, "pero yo no creo en ese diez por ciento para esta época", muy bien, pues dé el once, el doce, el veinte. Muy bien. Pero no lo creemos porque queremos dar el tres, el cuatro, el uno y medio. Bueno, ¿y de dónde viene todo esto? Porque algunos entienden que ya ese sistema no está vigente en el Nuevo Testamento. Bueno, como sistema tributario del Antiguo Testamento, así no está vigente. Estoy muy de acuerdo. En el Antiguo Testamento era un sistema tributario donde había un diez por ciento que iba a los levitas, un diez por ciento que iba a la manutención del templo, y un diez por ciento que se recogía cada tres años para los necesitados: veintitrés por ciento al año. Ese sistema tributario no está vigente hoy.
El principio detrás de lo que es el dar y ofrendar continúa presente de la misma manera. Escúchenme bien. Había un diez por ciento que iba para mantener el templo. ¿No hay necesidad de mantener el local? Había un diez por ciento que iba para los levitas. ¿No hay necesidad de mantener a aquellas personas que trabajan para el ministerio? Habrá la oficina, verá cuántas personas hay ahí. Había un diez por ciento cada tres años que era para ayudar a los necesitados. ¿Acaso no hay esa necesidad entre nosotros? La razón para el diezmo en el Antiguo Testamento está exactamente igual hoy: son esas mismas necesidades que yo acabo de demostrar, aunque la aplicación no es exactamente de la misma manera.
Pero quizás en un mensaje como este, hablando de las obligaciones y responsabilidades de la oveja, ayudarle a entender algunas cosas en esta área sería bueno. En unas semanas atrás, cuando hablamos en un servicio de miércoles de lo que costaba mantener esto o alquilar esto a mitad de precio, a mitad de precio, algunos no se hicieron: "¡Ah, cómo va a ser!" La razón por la que no queremos continuar en enero es porque no podemos pagar el cien por ciento de lo que cuesta. Pero a mitad de precio pagamos ciento veinticinco mil pesos mensuales. Un segundo renglón —y no doy más porque no nos vamos a pasar aquí la mañana en esto— en ayuda y comida nada más, solamente comidas sin contar las demás ayudas, más de cincuenta mil pesos mensuales en comida a personas necesitadas entre nosotros. Esos dos renglones consumen doscientos mil pesos al mes. ¿Quién lo va a pagar? Y todavía nos falta una serie enorme de renglones que son necesidades de la iglesia continuamente.
¿Te das cuenta de la necesidad que tenemos todos de ser parte de este cuerpo de Cristo? Hemos hablado de las responsabilidades de la oveja para consigo misma, las responsabilidades de la oveja para con su iglesia, las responsabilidades de la oveja para con sus líderes. Sin lugar a dudas, el Nuevo Testamento tiene directrices claras de cuáles son los compromisos que la oveja del cuerpo de Cristo establece con sus líderes, una vez ya se hace parte del cuerpo. Y la primera de ellas que quisiera mencionar es Hebreos 13:17: "Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta; permitirles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería aprovechoso para vosotros."
Obedeced y sujetaos a vuestros pastores. Obviamente no estamos tratando de insinuar que si los pastores le piden que haga algo contra lo que la Palabra enseña, que lo haga. No. Su conciencia sigue atada por la Palabra de Dios. Pero dentro de lo que es bíblico, hay un mandato a la obediencia, a la sumisión, a sus líderes. Porque dice Dios: porque Yo los he puesto ahí para velar por sus almas. Y Dios entonces les recuerda algo más a la sub-oveja: "Escucha, como quienes han de dar cuenta." Ovejas, Yo me ocupo del juicio de los que lo hicieron bien y de los que lo hicieron mal. Pero sujetaos, obedeced a vuestros pastores. Oye bien lo que dice ahora: para que de esa manera lo puedan hacer con alegría y no quejándose, porque eso no sería aprovechoso para ustedes.
Uno de los privilegios —el privilegio más grande que Dios me da— es liderar Su grey. Lo hago con gozo. No me pesa. Pero imagínense esa misma carga teniendo que hacerla como si esto fuera un peso enorme, que cuesta día a día pensar que tengo que hacer eso otra vez. Pongámonos de ejemplo a Moisés. Cuando el pueblo se quejó y se quejó y se quejó, cómo cargó eso Moisés, hasta el punto en que Moisés fue donde Dios y le dice: "Señor, prefiero que me mate. Quítame la vida. Ya no puedo más." ¿Imaginas que tú tengas líderes que tengan que hacer eso? No es fácil liderar. El líder no tiene la habilidad muchas veces que usted tiene de ir al consejero y decirle todo lo que usted quiere decirle. Muchas veces el líder tiene que ir donde Dios y contarle lo que otras veces no puede traer a colación. No es fácil.
Una buena ilustración: un niño de nuestra iglesia de seis años, creo, le contó a su padre ayer. Venía en el carro después del colegio y él viene llorando. Y el papá le dice: "Mi hijo, ¿qué te pasa?" "No, que me pusieron de líder de tres niños esta mañana." "Mi hijo, pero ¿por qué lloras?" "Papi, ¿tú crees que es fácil liderar a tres niños?" Y le dice el papá: "Mi hijo, ¿qué tú piensas del pastor que tiene mil quinientas personas que liderar?" Y dice el niño: "¿Con mil quinientas?" Se le estaba olvidando que estaba llorando. "¿Con mil quinientas?" La carga a veces es pesada, pero la podemos alivianar si sabemos cómo ser, cómo comportarnos como ovejas.
¿Y cómo yo puedo hacer eso? ¿Cómo yo puedo cargar a los líderes de mi iglesia? Bueno, quejándome y murmurando continuamente, resistiendo su autoridad, desafiando sus decisiones, creando división en el cuerpo de Cristo, no valorando el cuidado que se tiene sobre ella o que se ha tenido, no apoyando las actividades de la iglesia con su presencia. Esas cosas contribuyen a cargar y a drenar a sus líderes. Usted necesita orar por nosotros y nosotros por usted. La tarea de liderar espiritualmente es monumental. Las decisiones a veces son complejas.
A veces nos ha tomado dos o tres semanas orando, esperando, reflexionando, conversando unos con otros para llegar a una decisión, porque si hay alguien a quien no queremos ofender, si no queremos pecar en la decisión, queremos encontrar en la espera la mejor guianza y la mejor dirección de Dios para hacer lo que entendemos es la voluntad de Dios para ese momento. Los ancianos tendremos que dar cuenta delante de Dios, pero creo firmemente que las ovejas también, por la manera como hemos liderado y por la manera como hemos seguido o no seguido. Yo creo que Dios, ahí en el tribunal en el que todos compareceremos, verá cómo juzga a cada quien.
1 Tesalonicenses 5:12. Pensando en todo esto que les he dicho —la necesidad de apoyar a sus líderes—, lo que dice es: "Pero os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que con diligencia trabajan entre vosotros, y os dirigen en el Señor, y os instruyen." Escúchenme ahora: "y que los tengáis en muy alta estima con amor por causa de su trabajo." Que reconozcáis a los que trabajan con diligencia —obviamente parece que había algunos que no trabajaban con diligencia—, que reconozcáis a los que con diligencia trabajan entre vosotros, y os dirigen, y os instruyen, y que los tengáis en muy alta estima.
Ahora, nota lo que no dice. No dice que los tengáis en muy alta estima porque son hombres extraordinarios, porque son hombres tan extraordinarios que se aproximan a los ángeles, porque son hombres impecables. No dice eso. No podemos pasar por alto esta frase, porque esta frase es la clave de por qué la alta estima: "y los tengáis en alta estima por causa de su trabajo." El énfasis no está en el hombre; está en Dios, que le asignó el trabajo, y el trabajo es sagrado, es sublime, es delicado, es complicado, es complejo. Por causa del trabajo, no de ellos, tenedlos en alta estima.
De tal manera que ellos se puedan sentir estimulados por vosotros. Y es otra manera de cómo podemos apoyar a la iglesia, o a sus ancianos. En este caso está hablando de que podemos apoyar a esos ancianos también, o líderes, cuando los apoyamos económicamente. Escuchen: 1 Timoteo 5:17: "Los ancianos que gobiernan bien sean considerados dignos de doble honor, principalmente los que trabajan en la predicación y en la enseñanza." Parece que había algunos que no gobernaban bien.
El contexto de este doble honor —la enorme mayoría de comentaristas y estudiosos del lenguaje original está de acuerdo— es la manutención del anciano, porque eso es exactamente lo que el próximo versículo dice. Déjenme leer los dos versículos juntos para que ahora tengan sentido. Versículo 17, 1 Timoteo 5: "Los ancianos que gobiernan bien sean considerados dignos de doble honor, principalmente los que trabajan en la predicación y en la enseñanza." ¿Por qué? Próximo versículo: "La Escritura dice: No pondrás bozal al buey cuando trilla, y el obrero es digno de su salario." El obrero es digno de su salario. Esa es la razón del doble honor.
Esto no implica que les demos doble salario; lo que sí implica es que nos ocupemos de que todas sus necesidades estén apropiadamente cubiertas, de ahí el doble honor. La razón por la que se me hace más fácil hablar de estas cosas es porque, por el hecho de que mi esposa es médico, por el hecho de que hasta hace cuatro meses yo había estado practicando medicina, no habíamos tenido la necesidad de cargar a la iglesia, y por once años no recibimos un solo centavo de salario de parte de la iglesia, ni beneficios tampoco, de ningún tipo. No lo creíamos necesario. Pero eso no sienta buen precedente para los que vienen después, que no tienen la misma capacidad ni la misma necesidad.
Y por tanto, en la medida en que la iglesia crece, se hará necesario tener nuevos pastores, más pastores, cuyas necesidades deben estar cubiertas con doble honor. Mientras mejor ejercemos nuestra responsabilidad bíblica, mejor honramos a Dios, mejor recibimos sus bendiciones. Eso es parte de lo que Él ha establecido. ¿Por qué? Porque no pondrás bozal al buey cuando trilla, y el obrero es digno de su trabajo.
Y finalmente, la última de estas responsabilidades de este tercer grupo —las ovejas para con sus líderes— es guardar la reputación de los mismos. Escuchen lo que Pablo le dice a Timoteo en su primera carta, 1 Timoteo 5:19: "No admitas acusación contra un anciano sino con dos o tres testigos." La acusación, la difamación de cualquier persona, es seria delante de Dios. Pero Pablo le dice a Timoteo que quiere de manera singular señalarle lo serio que es la acusación contra un anciano, hasta el punto de que no la admita a menos que pueda tener dos o tres testigos consigo.
¿Por qué? Porque cuando permites la difamación de la reputación de un anciano o pastor de la iglesia, comprometes todo el liderazgo, comprometes entonces toda la iglesia, avergüenzas a la iglesia, avergüenzas la causa de Cristo, avergüenzas la gloria de Cristo. Y eso es serio. Asegúrate, antes de oírla, si es una acusación contra un anciano, de que esta persona venga con dos o tres personas, de tal manera que quede absolutamente claro que esto es cierto, y no que es un rumor, una percepción, una opinión, o algo que alguien no se sintió bien con él y por eso ya acusó de esa manera. Porque lo que está en juego no es tanto el nombre de esa persona ni el que es anciano; es la causa de Cristo representada por esta iglesia local en las personas de su liderazgo.
Dios quiere preservar la reputación de los mismos. Cuando alguien quiera hablarte de cualquier persona, o en especial de tus ancianos, ya sabes que prefiero que no lo hablemos a menos que podamos tener dos o tres personas como testigos de eso que me está contando. Y si esos dos o tres testigos están de acuerdo contigo, yo estoy dispuesto a oírlo y podemos atajarlo donde él. No es que tapemos las cosas; es que cuidemos la reputación de tal manera que tengamos veracidad absoluta, fuera de rumores y comentarios. Por causa del nombre de Cristo, por amor a Su nombre.
Yo creo que eso nos da una idea de lo especial que es para Dios Su iglesia y el liderazgo que la representa. A lo largo de cuatro meses, durante dieciséis o diecisiete mensajes, hemos cubierto mucho terreno que tenía que ver con la predicación, con la evangelización, con la consejería, con la restauración espiritual, con la armadura del soldado de Dios, con los líderes, con las ovejas. Pero si vamos a tener una iglesia que Dios quiere, que le honre, que le glorifique, nosotros los líderes tendremos que realizar nuestra labor y responsabilidad, y las ovejas hacer su labor y su responsabilidad. Y en eso entonces, de manera conjunta, podemos crecer hasta la estatura del hombre completo, del hombre maduro, que es lo que Cristo quiere ver en nosotros.
Que Dios bendiga Su iglesia, que Dios bendiga la semilla que Él haya sembrado, de tal manera que a partir de este momento, habiendo terminado esta serie, entendamos mejor como iglesia qué nos toca hacer, qué no hicimos bien, corrijamos el curso y podamos decir: "Señor, yo quiero honrarte y glorificarte ya de aquí en adelante, en Cristo Jesús."