Integridad y Sabiduria
Sermones

Recuérdale a tu alma Sus misericordias

Reynaldo Logroño 11 julio, 2021

En medio de la devastación más absoluta —templo destruido, murallas derribadas, pueblo hambriento y deportado— el profeta Jeremías encuentra palabras que parecen imposibles: "El fiel amor del Señor nunca se acaba, sus misericordias jamás terminan". No son palabras dichas desde la comodidad, sino desde el abismo. Jeremías había visto morir a su gente durante más de dos años de asedio babilónico, había presenciado cómo todo lo que definía a Judá desaparecía. Y sin embargo, en ese momento de queja profunda, algo cambia: decide renovar su mente y hablarle verdad a su alma.

El giro no ocurre porque el sufrimiento desaparezca, sino porque Jeremías recuerda quién es Dios. Recuerda el pacto, recuerda que la vara de disciplina no es espada de enemigo, recuerda que las misericordias divinas son como el maná: nuevas cada mañana, diseñadas para la necesidad específica de cada día. No son genéricas ni recicladas; vienen frescas, hechas a la medida de nuestras luchas. Por eso el profeta puede declarar: "El Señor es mi porción, por lo tanto esperaré en él".

Esa declaración tiene un costo: implica vivir como los levitas del nuevo pacto, sin aferrarse a porciones terrenales —ni cuentas bancarias, ni carreras, ni siquiera la familia— como fuente última de esperanza. Implica también aprender a esperar, algo profundamente contracultural en una generación obsesionada con la gratificación instantánea. La espera prueba la fe, ejercita el carácter y nos obliga a someternos. Como ilustra la historia del himno "Roca de la Eternidad", compuesto por un pastor que encontró refugio en la hendidura de una roca durante una tormenta: el único refugio verdadero es Cristo. Predicarle esa verdad al alma cada día no es opcional; es la labor constante de quien ha entendido que sus misericordias nunca cesan.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Con bendición. Es un privilegio siempre pararme aquí y abrir la Palabra de Dios, pero no deja de ser un grandísimo compromiso. Estamos hablando, estamos abriendo la Palabra hablada por Dios, y eso no es poca cosa. Yo quisiera hoy compartir un pasaje que desde hace un tiempo ha trabajado mucho en mi corazón, y el Señor ha puesto también el deseo de compartirlo con mi iglesia, pero yo no lo puedo hacer; tiene que hacerlo el Espíritu Santo, así que vamos a hablar.

Padre, gracias, Señor. Como te cantábamos, Señor, gracias porque Tú eres un Dios sin mengua, un Dios que nada lo puede contener, un Dios perfecto, pero un Dios amoroso, Señor, que le ha placido hacer suyos a quienes son insignificantes para el mundo, para que puedan tener una relación personal contigo. Padre, no permitas que nosotros lleguemos en nuestra vida a asumir ese privilegio. Recuérdanos todos los días el privilegio que es tener un Dios como Tú. Gracias por Tu Palabra; gracias porque Tú has sido fiel; gracias porque Tú nos enseñas a través de ella, primero cómo Tú eres, Señor, y segundo cómo nosotros podemos responder en adoración por lo que Tú eres, Padre. Así que a Ti te pido que seas con nosotros, que en este tiempo Tú abras nuestro entendimiento, que abras nuestros oídos, nuestros ojos, nuestra mente, nuestro corazón, no para traernos a nosotros, sino para que sea Tu Palabra la que hable. Cógeme a mí, Señor, y escóndeme detrás de Tu cruz, que nadie me vea, Señor, que solamente vean Tu Palabra y el amor que Tú tienes por nosotros a través de Tu Hijo. Sé con nosotros, Señor, en Cristo Jesús. Amén.

Bien, hermanos. El pasaje que vamos a estar viendo hoy es un pasaje que se encuentra en el Antiguo Testamento. Se encuentra en el libro de Lamentaciones, y Lamentaciones es un libro que se encuentra exactamente después del libro de Jeremías en la Biblia. Se encuentra ahí porque casi todo el mundo coincide en que el profeta Jeremías debe haber sido el autor del libro de Lamentaciones. De hecho, en muchas versiones de nuestras Biblias aparece como nombre "Las Lamentaciones de Jeremías."

Yo quiero contraponer un poquito esos dos libros. Por ejemplo, mientras el libro de Jeremías tiene 52 capítulos, Lamentaciones solamente tiene 5. En el libro de Jeremías se recogen los 40 años de ministerio profético que tuvo el profeta en el pueblo de Judá, y básicamente en su ministerio él se concentró en varias cosas: en reprender al pueblo de Judá por su desobediencia ante los estatutos del Señor, en sacarlos de su idolatría y en advertirles las consecuencias que vendrían por ello. Jeremías le profetizó al pueblo de Judá que Dios iba a usar un pueblo pagano e idólatra para someterlos, y que Dios lo iba a usar para disciplinar a Su pueblo a través de ese pueblo.

En el libro de Lamentaciones, Jeremías recoge su experiencia como testigo ocular en el tiempo en que se cumplieron sus profecías, en el tiempo en que Jerusalén fue invadida por el imperio babilónico. Nabucodonosor, rey de Babilonia, tomó la ciudad de Jerusalén en el año 586 antes de Cristo, durante el gobierno del rey Sedequías. Y yo no sé si le pasó a usted, pero cuando uno lee que Nabucodonosor con ese poderoso ejército tomó Jerusalén, uno tiende a pensar que él llegó con toda su fuerza, con todas sus armas, entró a Jerusalén, capturó al rey, tomó prisioneros a los generales, y entonces luego tomó a todo el pueblo y se lo llevó a Babilonia. Pero no es así; nada más lejos de la realidad.

Yo quiero que leamos un pasaje que está en 2 Reyes 25:1-13, simplemente para que tengamos el contexto del pasaje que vamos a leer hoy. Yo lo voy a leer en la versión Nueva Traducción Viviente, aprovechando que las fechas del calendario hebreo son mencionadas en el equivalente a nuestros calendarios, y así tenemos mejor idea. Leo, 2 Reyes 25:1:

"Así que el 15 de enero, durante el noveno año del reinado de Sedequías, Nabucodonosor, rey de Babilonia, dirigió a todo su ejército contra Jerusalén. Rodearon la ciudad" —hay que tener en cuenta que Jerusalén era una ciudad totalmente amurallada— "rodearon la ciudad y construyeron rampas de asalto contra las murallas. Jerusalén estuvo sitiada hasta el año 11 del reinado de Sedequías. Así, el 18 de julio del año 11 del reinado de Sedequías, el hambre en la ciudad ya era muy intensa y se habían agotado por completo los últimos alimentos que quedaban."

Durante más de dos años, Jerusalén veía cómo fuera de sus murallas se levantaba una segunda muralla, una muralla de babilonios, de soldados, que no permitía que nadie ni entrara ni saliera de la ciudad. Es una estrategia militar que se usaba en esa época, y comenzaron a asfixiar a la población de Jerusalén. Llegó un momento en que ya no podían salir a cultivar alimentos, ni comprar alimentos; ni siquiera podían comprar el aceite que tenían que usar para encender sus lámparas. Y quizás, si había médicos en esa época, no podían comprar ningún tipo de medicamento o de esencia que fuera medicinal.

Entonces, miren ese panorama: más de dos años en esa situación. Jeremías está viendo cómo su pueblo comienza a languidecer, cómo personas comienzan a morir, cómo comienzan a sufrir, cómo comienzan a sentir que realmente Dios los había desamparado. Pero por otro lado, me imagino que Jeremías por dentro estaba diciendo: "Yo se los dije, yo tengo cuarenta años diciéndolo." Y luego de que pasa todo esto, en ese tiempo entran las tropas y destruyen toda la ciudad.

Voy a leer ahora en el mismo capítulo, 2 Reyes 25:8-13. Dice: "El 14 de agosto de ese año, que era el año 19 del reinado de Nabucodonosor, llegó a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la Guardia Real del rey babilónico. Quemó por completo el templo del Señor, el Palacio Real y todas las casas de Jerusalén; destruyó todos los edificios importantes de la ciudad. Después supervisó a todo el ejército babilónico mientras derribaba por completo, por completo, las murallas de Jerusalén. Entonces Nabuzaradán, capitán de la Guardia, se llevó cautivas a las personas que quedaban en la ciudad, a los desertores que habían jurado lealtad al rey de Babilonia, y al resto de la población."

Jeremías sigue viendo lo que está pasando con su pueblo, y ahora se da cuenta de que los babilonios destruyeron todo y dejaron a Judá sin nada. Se quedaron sin la posibilidad de adorar a su Dios, porque ya no tenían templo; se quedaron sin dirección, sin liderazgo, porque ya no tenían rey, no tenían palacio; se quedaron sin alimento, se quedaron sin luz, se quedaron sin salud, se quedaron sin protección porque las murallas fueron destruidas; se quedaron sin hogar; se quedaron sin su territorio, ese territorio que el mismo Dios les había dado como herencia a Su pueblo en el pasado.

Y en medio de ese escenario es que Jeremías escribe los cinco capítulos de Lamentaciones. Ese es el contexto en que Jeremías escribe el capítulo 3 que vamos a ver hoy. Y aunque nos vamos a concentrar solamente en los versículos 18 al 26, me gustaría que, como vuelo de pájaro, pudiéramos ver los primeros 17 versículos, porque estos versículos son un listado de quejas del profeta por el trato que Dios le estaba dando a Su pueblo.

En este capítulo, Jeremías usa un estilo que se llama personificación, y aunque es obvio que le está hablando en nombre del pueblo, él lo hace todo en singular y en primera persona, como si todo lo que le está pasando al pueblo le estuviera pasando a él. Entonces, veamos rápidamente las quejas del profeta en los primeros 17 versículos.

Primero, en el versículo 1, el profeta se queja de que Dios está enojado y dice: "Yo soy el hombre que ha visto la aflicción a causa de la vara de Su furor." Ojo, qué interesante: el profeta está consciente de que Dios no está usando una espada de Su furor como la usaría con un enemigo; está usando una vara, como la usaría con un hijo, como el padre que disciplina a su hijo rebelde. El profeta está claro desde el principio de lo que Dios está haciendo, porque él ya se lo había dicho y él lo había profetizado.

Segundo, en el versículo 2, la queja de que el pueblo esté en oscuridad: "Me ha llevado y me ha hecho andar en tinieblas, no en luz." Y ya dijimos que, obviamente, lo más seguro es que ellos solamente tenían provisión de aceite quizá por cuánto, ¿seis meses, un año? ¿Qué pasó luego? ¿Se imaginan lo tenebroso que es para un pueblo entero estar en oscuridad?

En el versículo 3, la queja de que Dios se presenta contra ellos como un enemigo: "Ciertamente contra mí ha vuelto y revuelto Su mano todo el día." En el versículo 4, se queja de que la nación judía podría ser comparada con un hombre destruido físicamente: "Ha hecho que se consuman mi carne y mi piel; ha quebrado todos mis huesos." Y en los versículos 5, 6 y 7, se queja de que están rodeados, literalmente, y sin ninguna vía de escape: "Me han sitiado y rodeado de amargura y fatiga. En lugares tenebrosos me ha hecho morar como los que han muerto hace tiempo. Me ha cercado y no puedo salir; ha hecho pesadas mis cadenas."

En el versículo 8, se queja de que Dios se hace el sordo a sus oraciones. En el versículo 14, se queja de que sus mismos vecinos se ríen de sus aflicciones. Y por último, en el versículo 17, se queja de que ya no tiene esperanza de vivir en paz y felicidad, y dice así: "Y mi alma ha sido privada de la paz; he olvidado la felicidad."

Entonces, hermanos, entendiendo el contexto histórico, entendiendo lo que había pasado en el pueblo de Judá, entendiendo el corazón del profeta —que por un lado tiene dolor y por otro lado debe tener rabia, porque el Señor le había enseñado lo que iba a pasar si seguían siendo idólatras—, en ese corazón revuelto, con esas quejas, con esas lamentaciones, es que yo quiero que nosotros leamos el pasaje que vamos a ver hoy.

Y yo necesito que lo veamos así, porque lamentablemente en este pasaje se encuentran versículos de los que se conocen como "versículos bonitos de la Biblia": versículos que podemos poner en una ficha, en una camiseta, en una taza, en nuestras redes sociales. Se ven preciosos con florecitas.

Hermano, ojalá que aparte de hoy, nunca más volvamos a leer estos versículos sin entender lo que estaba pasando en el pueblo de Dios y en el profeta Jeremías. Entonces vamos a leer; sigo leyendo en la versión Nueva Traducción Viviente:

"Yo exclamo: mi esplendor ha desaparecido, se perdió todo lo que yo esperaba del Señor. Recordar mi sufrimiento y no tener hogar es tan amargo que no encuentro palabras. Siempre tengo presente en mi mente este terrible tiempo mientras me lamento por mi pérdida. No obstante, aún me atrevo a tener esperanza cuando recuerdo lo siguiente: el fiel amor del Señor nunca se acaba, sus misericordias jamás terminan. Grande es su fidelidad, sus misericordias son nuevas cada mañana. Y yo me digo: el Señor es mi herencia, el Señor es mi porción, por lo tanto esperaré en Él. El Señor es bueno con los que dependen de Él, con aquellos que le buscan. Por eso es bueno esperar en silencio la salvación que proviene del Señor."

El profeta comienza diciendo: "Señor, mi esplendor, nuestro esplendor ha desaparecido, se perdió todo lo que teníamos, todo lo que esperábamos en ti, todo se perdió." Si tuviésemos una versión con lenguaje más coloquial, diría: "Y yo grito: Señor, se nos fue el brillo, todo se derrumbó, ya no queda nada, todo es sufrir."

Veamos cómo sigue diciendo en los versículos 19 y 20: "Recordar mi sufrimiento y no tener hogar es tan amargo que no encuentro palabras." El lamento de Jeremías eran esos recuerdos. "Siempre tengo presente, en cada instante, este terrible tiempo mientras me lamento por mi pérdida." Jeremías concluye que su estado de desaliento, de frustración, de angustia es provocado por ese constante pensamiento de lamento, de todo lo perdido, de todo lo sufrido.

"Ay, Señor, el templo, tan hermoso que era, el orgullo de nuestro rey Salomón. Señor, las murallas, nuestro emblema de protección, que sirvieron de inspiración para tantas almas, comparándolas con la fortaleza que eras tú con nosotros. Oh Señor, cuánto sufrir, cuánta muerte, cuánta indiferencia de tu parte." Y en ese modo de queja pasa algo, y de repente Jeremías se da cuenta de que tiene que hacer algo, y es renovar su mente, como diría el pastor Miguel, y cambiar su pensamiento, enfocarse en pensar en lo verdadero.

Dice el versículo 21: "No obstante, sin embargo, a pesar de todo lo vivido, a pesar de todo lo sufrido, aún todavía me atrevo a tener esperanza cuando recuerdo lo siguiente." Hagamos una pausa. ¿Qué fue lo que recordó Jeremías? Bueno, Jeremías recordó que él mismo comenzó su queja reconociendo que Dios estaba disciplinando a su hijo, que le estaba dando su merecido, que era consecuencia del pecado del pueblo rebelde. Pero también recordó que Dios es su Padre, y que es un Padre amoroso, y que dice la Biblia que el Señor corrige a quien ama. Y también recordó cómo ese Dios, que es bueno, que es amoroso, que es justo, que es misericordioso, hizo un pacto con su pueblo.

Y de hecho, tiene que haber recordado también que el mismo Dios se lo dio a revelar a Jeremías, porque Jeremías lo escribe en el capítulo 31 de su libro. Dice: "Porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, declara el Señor: pondré mi ley dentro de ellos y sobre sus corazones la escribiré; entonces yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo." Jeremías recordó que el pacto de Dios implicaba que Dios siempre permanecería fiel aunque su pueblo fuera infiel.

Durante este mensaje, yo voy a hacer mucho énfasis en este texto, en las veces que se utilizan los siguientes términos: "yo recuerdo", "yo tengo presente", "yo me digo". Porque lo que Jeremías hizo fue renovar sus recuerdos, reprogramar su mente, hablarle verdad a su alma y enfocarse en lo verdadero. Y cuando él hace eso, cuando él entiende y cambia completamente su discurso, vuelvo a leer el versículo 21: "No obstante, aún me atrevo a tener esperanza cuando recuerdo lo siguiente", o sea, porque ya entendí que "el fiel amor del Señor nunca se acaba, sus misericordias jamás terminan, grande es su fidelidad, sus misericordias son nuevas cada mañana, y yo me digo: el Señor es mi porción, el Señor es mi herencia, por tanto en Él esperaré."

Inmediatamente, el lamento de Jeremías cambió, porque ahora él se enfocó en lo que tenía que enfocarse: él se enfocó en el consuelo que viene directamente de lo alto. Su sufrimiento no desapareció, pero él entendió que su Dios es muchísimo más grande que su sufrimiento. Jeremías entendió que aunque Israel fue infiel, el fiel amor del Señor nunca se acaba; lo dice su pacto, él lo podía escribir. Él entendió que la vara del enojo del Señor se puede gastar, pero que sus misericordias nunca se gastan. Él entendió que era por sus misericordias que aún seguían en pie; la versión Reina Valera del pasaje, el versículo 22, dice: "Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos."

Jeremías entendió que no podía seguir lamentándose por haber perdido su hogar, porque su hogar no era la hermosa ciudad de Jerusalén, sino que su herencia, su porción, su parcela era el mismo Dios. Jeremías entendió que tenía que recordarse constantemente: debo confiar y esperar en un Dios misericordioso y fiel, debo confiar y esperar en un Dios misericordioso y fiel. Por eso a este mensaje yo le he titulado: "Recuérdale a tu alma sus misericordias."

¿Qué es la misericordia de Dios? La expresión hebrea "misericordia" aparece más de 350 veces en el Antiguo Testamento y más de 30 en el Nuevo Testamento. Solamente en el libro de los Salmos, la palabra "misericordia" aparece más de 120 veces. De hecho, si alguien quisiera solo por cultura general leer un capítulo de la Biblia, alguien que dice: "Yo estoy cansado de que cada vez que me preguntan si le he leído a la Biblia, yo no sé qué responder. Si yo voy a salir de eso, voy a coger un capítulo, lo voy a leer, y cuando me pregunten, yo digo que sí." Coge la Biblia, la abre, y busca cuál es el capítulo más corto. ¿Con qué se va a topar? Con el Salmo 117. Y ustedes saben lo que dice el Salmo 117: "Alaben al Señor, naciones todas, alábenle, pueblos todos. ¿Por qué? Porque grande es su misericordia para con nosotros, y la fidelidad del Señor es eterna. ¡Aleluya!" ¿Ya? Esa persona leyó un capítulo de la Biblia.

En español, el término que más se asemeja a misericordia es "compasión", pero realmente misericordia tiene un significado mucho más amplio. Por eso es muy difícil poder definirlo, porque el mismo concepto de misericordia incluye otras nociones relacionadas: incluye nociones de amor, de gracia, de bondad, de perdón; incluye el mismo término de fidelidad, que tantas veces en la Biblia se menciona al lado de misericordia. Y yo personalmente me gusta verlo de esta manera, una manera en que yo en mi pequeña humanidad pudiera apropiarme de ello. Yo siempre digo: por la misericordia de Dios es que yo abro los ojos cada mañana. Su misericordia es la que me ha traído hasta aquí, hasta esta hora, donde yo estoy ahora; eso es su misericordia. Y su fidelidad es la que me va a acompañar en todo mi caminar.

Alguien dijo que es una excelente receta levantarte y dar gracias por su misericordia, y en la noche dar gracias por su fidelidad. Por eso me identifico mucho con el salmista David en el Salmo 117, porque dice: "Grande es su misericordia", sí, es tan grande que ha sido capaz de sobreabundar mis faltas. Por eso el Señor deja que yo abra los ojos cada mañana. "Y su fidelidad es eterna": me va a acompañar siempre, donde quiera que yo vaya, Él va a estar conmigo.

Ahora bien, tanto la misericordia como la fidelidad de Dios son atributos comunicables de Dios. Saben que los atributos de Dios se dividen en dos: atributos incomunicables, que son todos esos atributos de Dios que solamente le pertenecen a Él, que los humanos no tienen ni una pizca de eso, como son por ejemplo su inmutabilidad, su omnipotencia, su omnisciencia; pero hay atributos de Dios que son comunicables, que son aquellos que de alguna forma Dios pone una versión de ellos en nosotros, obviamente no igual, pero se asemejan. Y es el caso de la misericordia, de la fidelidad, del amor, de la justicia, de la santidad, de la ira. Pero lamentablemente, muchas veces el hecho de que nosotros podamos experimentar en cierta medida esos atributos que también tiene Dios hace que nos confundamos y no comprendamos exactamente cómo funcionan esos mismos atributos en Dios. Y cometemos el error, consciente o inconscientemente, de tratar de humanizar esos atributos en Dios para nosotros poderlo entender, y eso es pecado.

Yo quiero ilustrarlo con una canción. Hay una canción muy vieja en inglés, de principios de los años 70, que cuenta una historia basada en hechos reales, que puede ilustrarnos un poco hasta dónde puede llegar la misericordia, el perdón y la fidelidad en nosotros los humanos. La canción cuenta la historia de un hombre que, luego de cumplir su condena en prisión, le escribe una carta a su esposa, y la letra de la canción dice más o menos así: "Mi amor, si me has perdonado y todavía me amas, ata una cinta amarilla alrededor del roble que está en el frente de la casa. Yo sé que han pasado tres largos años, por eso yo necesito saber: ¿tú me has perdonado? ¿Todavía me amas? Si cuando pase por la casa no veo una cinta alrededor del árbol, no te preocupes, me quedaré en el autobús, me olvidaré de nosotros y cargaré con mi culpa."

Y sigue diciendo la canción que el hombre está en el autobús con la cabeza baja, que no quiere levantar la cabeza ni abrir los ojos. Y dice: "Por favor, chofer del autobús, mira tú y busca por mí; yo no tengo fuerzas para abrir los ojos y mirar." Y dice la canción que de repente todo el autobús está gritando y aplaudiendo. Dice: "Yo no puedo creer lo que estoy viendo: hay cientos y cientos de cintas amarillas alrededor del roble." Y termina la canción diciendo: "Ahora yo sé que llegué a mi casa."

¡Qué hermosa canción! ¡Qué mujer tenía ese hombre, cuántos valores! Eso no le da, no por el tobillo, ni por la última capa de la suela del zapato, a cómo se ve en Dios su misericordia, su fidelidad y su perdón. Lo primero es que Dios no tiene que esperar una carta o una oración de nosotros para que Él ponga en marcha el plan misericordioso. El Señor ha sido inicial, no. Nosotros acabamos de leer en el versículo veintidós que dice: "Sus misericordias jamás terminan."

Las misericordias de Dios no se agotan, son continuas. El Señor es una fuente inagotable, fresca, constante, caudalosa, rica de misericordia. Cuando nosotros oramos para que Dios tenga misericordia de nosotros, Él responde a nuestra oración, pero Él no responde volviéndose misericordioso; Él responde abriéndonos los ojos y mostrándonos que Él es y siempre ha sido misericordioso todo el tiempo. Muchas veces podremos ver mejor la obra de Dios y sus atributos si cambiamos nuestro punto de vista y vemos nuestra vida desde el punto de vista de la oración.

Ahora bien, de la misma manera que en la canción, nosotros no merecemos la misericordia de Dios, igual que el esposo. La menor de las misericordias de Dios sobrepasa por mucho cualquier mérito que nosotros tengamos. Es más, nosotros tenemos tan poco mérito que quizás podemos decir que, si tenemos algún mérito, es que nosotros nos empeñamos día a día haciendo cosas que le desagradan a Dios, como para que pudiera decir: "Me cansé de ti."

Fíjense algo: yo dije "nosotros." Yo no me estoy refiriendo al inconverso que no cree en Dios, o al que no conoce a Dios, o al que tiene una mala teología. No, nosotros. Si tú y yo somos sinceros, nosotros todos los días hacemos cosas como para que el Señor se canse de nosotros. ¿Qué hacemos nosotros? Bueno, por ejemplo, muchas veces nosotros aceptamos su misericordia, pero no somos agradecidos. Damos por sentado todo lo que recibimos de Él, o pensamos que lo hemos recibido porque lo merecemos, o peor aún, porque entendemos que Dios está obligado a hacerlo.

O muchas veces abusamos de ella. Tenemos su misericordia y abusamos de ella de manera pecaminosa. Bueno, como tengo su misericordia... yo tengo una camiseta que dice: "Las misericordias son nuevas cada mañana", eso me da licencia para pecar, porque mañana será otro caso. Y muchas veces, ¿saben lo que hacemos? Ignoramos su misericordia, o simplemente no las vemos, y nos quejamos continuamente. Y por eso muchos de nosotros tenemos una vida basada en la queja.

¿Y ustedes saben por qué? Porque aunque no lo quisiéramos aceptar, la idea de misericordia que tenemos en nuestra mente es diferente. Y yo escribí lo que sería una definición del término "misericordia" según mi vida práctica. Por ejemplo: "Misericordia: dícese de todas aquellas cosas, circunstancias o eventos buenos —siempre buenos— que Dios ya se ha comprometido y obligado a hacer, de forma que mi vida sea, desde mi punto de vista, cómoda, buena, próspera y placentera. Aquí y ahora." ¿Imposible, verdad? Como yo voy a... No puedo ponerlo en mis redes sociales. No, no la ponemos en redes sociales, pero saben algo: la tenemos ahí. La tenemos ahí.

Porque estamos acostumbrados a que la misericordia tiene que ser según nuestra agenda. Si yo no la puedo ver, es porque no son según mi agenda, y si no son según mi agenda, yo no la considero misericordia del Señor. Te me anota, recuerda: aunque en un momento de tu vida las misericordias no parezcan visibles, que reales son para Dios, ellas están ahí porque no cesan. Un comentarista bíblico escribió que las misericordias de Dios son como la luna, que aunque parece crecer, menguar y cambiar de tamaño, siempre es igual, siempre es la misma, siempre está ahí, nunca disminuye y mucho menos se destruye. ¡Wow! Así son las misericordias de Dios.

Pero bueno, no se queda ahí. No solamente tenemos una fuente inagotable de misericordia, sino que dice el pasaje que sus misericordias son nuevas cada mañana. Tú no tienes una misericordia que no funcionó con un hermano y te la dieron a ti a ver si funciona, no. Una misericordia con su plástico nuevo cada día, para ti, para mí. Una misericordia diseñada para tu necesidad de ese día, para la necesidad que Dios sabe que tú tienes, no la que tú crees que tienes: la que Dios sabe que tú tienes y tú necesitas.

Paul David Tripp, en su libro devocional —"Nuevas misericordias cada mañana", perdón— que de hecho está en la librería, dice lo siguiente: "Las misericordias de nuestro Señor son hechas a la medida de nuestros retos, de nuestras decepciones, de nuestros sufrimientos, de nuestras tentaciones y de nuestras luchas sinceras y constantes contra el pecado." Diseñadas, hermano, a la medida de lo que yo necesito. Tripp sigue diciendo: "Las misericordias de Dios no vienen de un solo color, vienen en todos los colores posibles del arcoíris de la gracia. Las misericordias de Dios no son el sonido de un solo instrumento, son una sinfonía de la orquesta de la gracia. La misericordia de Dios es predecible porque es una fuente que nunca deja de fluir; yo puedo saber que está ahí. Pero a la vez la misericordia de Dios es impredecible porque vienen a nosotros de forma sorpresiva. La misericordia de Dios es el mayor consuelo, pero también es un llamado a una nueva forma de vida. La misericordia de Dios cambia todo, y para siempre, en la vida de quien la recibe." Y ahí termina Tripp.

Hermano, a diferencia de la canción, nosotros no tendríamos que bajar la cabeza, cerrar los ojos y estar asustados por si acaso aparece la cinta amarilla. Nosotros podemos confiar en que sus misericordias van a estar ahí siempre. Podemos confiar en que sus misericordias son para nosotros, que nunca se van a acabar, y podemos confiar en que Él nunca va a decir "hoy no estoy en eso"; siempre están ahí, cada día. Las misericordias de Dios son como el maná: están todos los días y sirven para ese día.

Dios quiere que sus hijos confiemos en que Él es un Dios fiel, que está pendiente de cada uno de nosotros cada día. ¡Increíble! O sea, no es como ese increíble amigo, súper fiel, súper misericordioso, que te lleva una compra al fin de cada mes. El Señor es mucho mejor que eso. Él quiere visitarte cada día y regalarte lo que tú necesitas ese día. Si hoy es comida, comida; si mañana es ropa, ropa; si pasado mañana lo que tú necesitas es que alguien te oiga, Él tiene sus oídos ahí. Si lo que necesitas es un abrazo, Dios está ahí para abrazarte. Es nuestro Dios. Por eso es que las misericordias de Dios realmente sobrepasan nuestro entendimiento; nuestra mente limitada no puede asimilarlas.

Otro comentarista dijo lo siguiente. Voy a citar esta frase: "Puede encontrarse más misericordia de Dios en la camilla de un quirófano que en una cama con almohadas de pluma y sábanas de seda." No, a mí no. Señor, desayuno quiero, ¡gracias! Ahorra de esa misericordia. Lo que pasa es que esa operación que tuvo que pasar va a hacer de ti un mejor hombre, va a formar tu carácter, te va a preparar para una misión. Pero a mí no me interesa eso. Déjame en mi cama, arropado con mi almohada. Yo no quiero esa misericordia. Esa misericordia no está en mi agenda. Las misericordias de Dios van mucho más allá de nuestro entendimiento.

Ok, perfecto. Entendí bien. Y ahora, ¿qué implica para mí y para ti saber esto? ¿Cuál es mi parte del pacto? Muy fácil: lo acabamos de leer en el versículo veinticuatro, el versículo veinticuatro. Y yo me digo: "El Señor es mi herencia, por lo tanto, esperaré en Él." ¿Y qué significa que el Señor es mi herencia, que el Señor es mi porción? Bueno, de seguro que cuando Jeremías escribió ese texto, estaba recordando la repartición de la tierra prometida entre las tribus de Israel. Y es aquel recuerdo de que a cada tribu se le dio una porción específica como herencia de la tierra que Dios le prometió a su pueblo.

Sin embargo, hubo una tribu a la que Dios no le dio porción. ¿Cuál fue esa tribu? Vamos a leer en Deuteronomio 10, el versículo nueve. Dice: "Por tanto, Leví no tiene porción como herencia con sus hermanos; el Señor es su herencia, así como el Señor tu Dios les habló." Leví era la tribu de los sacerdotes; eran los encargados de mantener al pueblo consagrado a su Dios, eran los que tenían que modelarle al pueblo, y a las demás tribus, la confianza en Dios, la obediencia y la devoción a Dios. Por otro lado, las demás tribus tenían el compromiso de contribuir para las necesidades específicas de la tribu de Leví.

A los levitas no les tocaba preocuparse por cultivar, por comprar, por hacer ropa. Las demás tribus decían: "Nosotros nos vamos a encargar de tus necesidades físicas para que tú puedas suplir nuestras necesidades espirituales ante nuestro Dios. Tu misión va más allá de lo que nosotros estamos haciendo, sigue haciéndolo."

Entonces, cientos de años después, Jeremías parece que está diciendo: "Y el templo no está, no hay donde hacer el sacrificio al Señor, nos quitaron nuestra porción." Y me lo imagino interrumpiendo: "¿Nicho, Dios, Jeremías, entonces vacaciones? ¿No? ¿Qué escena con Dios, porque no hay donde?" Y Jeremías lo había dicho: no, por el contrario, ahora todos, todos tenemos que hacer de levitas. Ahora a todos nos toca vivir confiados en la fidelidad y en la misericordia de Dios, y velar por el cumplimiento de sus estatutos. Ahora que no tenemos una porción física, ahora que nosotros sabemos que nuestra porción es el Señor, eso es lo que está diciendo Jeremías.

Y bien, en 2021, ¿qué implica para ti y para mí poder decir "el Señor es mi porción, esperaré en Él"? O mejor dicho, ¿qué implica no solo decirlo, sino que nuestra vida, si nosotros abrimos la boca, diga por nosotros la porción real del Señor y el esperar en Él? ¿Qué implica eso?

Bueno, implica muchas cosas, pero yo quiero que nos concentremos en tres principios. Implica entender tres principios. Número uno: implica entender que estamos llamados a ser los levitas del nuevo pacto. Dice el apóstol Pedro en su primera carta, capítulo dos, versículo nueve: "Porque ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios." Él es nuestra porción, nosotros somos de él, a fin de que anuncien las virtudes de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Hermano, Dios nos compró a ti y a mí por precio, y no por cualquier precio, por el precio de la sangre de su Hijo, de su Cristo. Tú sabes qué decir: que nosotros no nos gobernamos, que nosotros no somos nuestros dueños. Nosotros estamos aquí con una misión, y es vivir sabiendo que nuestra porción es Dios. Y usted sabe cómo se hace: como dice Pedro, viviendo una vida que anuncie las virtudes de nuestro gran Dios, que las anuncie.

Es que al final, al final, todos somos publicistas del Señor. Nuestra vida debería ser un gran banner, una gran valla, un gran cartel que diga: "Mi Dios es soberano, mi Dios es fiel, mi Dios es misericordioso, mi Dios es santo, mi Dios es justo." Pero no es que vamos a andar por la calle diciéndolo: "Mi Dios es justo, mi Dios es fiel." No, es que mi vida lo diga. Eso quiere decir que cuando el mundo vea un hombre que no se deja dominar por las ansiedades que hay en esta tierra, la gente diga: "Ese hombre tiene un Dios que es soberano." Que cuando el mundo vea una mujer que le gusta servir al necesitado, que le gusta servir a los enfermos, que le gusta orar por los que lo necesitan, el mundo diga: "Esa mujer tiene un Dios misericordioso." Eso es lo que significa que el Señor sea nuestra porción.

¿Qué más implica? Implica entender que la porción del Señor es incomparable e inigualable. Hermanos, nada en esta tierra, nada de este lado de la gloria tiene la capacidad de darnos esperanza completa, gozo, llenura o satisfacción. Nada. Hermano, tu porción y mi porción no puede ser un pedacito de este mundo caído, aunque tenga frente de playa; ese no puede ser mi porción, ahí no puede estar mi corazón. Tu porción no puede ser una cuenta de banco, por más ceros que tenga. Tu porción no puede ser un seguro médico, por más cobertura que tenga. Tu porción, tu confianza, no puede estar en una carrera profesional, por más maestrías que tenga. Tu porción, mi hermano, no puede ser tu familia. Y tu porción no puede ser tú mismo; tú no eres tu dueño. ¿Sabes por qué? Porque nada de eso realmente nos da esperanza. Si tu esperanza ha estado en ese tipo de cosa, créeme, nunca estarás satisfecho.

Y tercero, implica entender que esperar en Él significa vivir confiados en su voluntad. Esperar en Dios implica exactamente eso: esperar. Esperar es el enemigo número uno de nuestra generación, lo opuesto a todos nuestros objetivos. Mientras más rápido, mejor. El banco en línea, mejor. El internet más rápido, mejor. El carro más rápido, mejor. El que se paga más rápido, mejor. Más tiempo tengo para hacer otras cosas —yo no sé cuáles, pero tengo más tiempo— y en mi tiempo yo sé qué hacer: lo que yo quiero, según me apetezca. La palabrita de esta generación es "gratificación instantánea"; esa es la consigna. Todos quisiéramos no esperar. La paciencia se quedó para ser una virtud de los monjes que viven en un monasterio, no de un ejecutivo, no de un universitario. No, yo quiero rápido, rápido.

De hecho, yo creo que el avance tecnológico más revolucionario de este año ha sido que por fin WhatsApp nos permite oír los mensajes de voz a 1.5 y al doble de velocidad. Por fin, por fin. Ese mensaje que parece un podcast que me manda mi amigo, de siete minutos lo puedo oír en minuto y medio. Así puedo hacer otras cosas que yo quiero en ese tiempo. Todo lo quiero más rápido.

Hermano, créeme, te aseguro que el Señor te va a poner a esperar a ti y a mí, y no lo va a hacer por desgano o por indiferencia, ni porque no esté pendiente de ti. Él lo puede hacer por varias razones. Primero, quizás porque no haya llegado el momento que Él sabe cuál es, de que tú recibas una respuesta. Él te pone a esperar porque Él te conoce: te conoce hoy y te conoce como tú vas a ser mañana, el año que viene y dentro de diez años. Y si Él decide que hoy tú tienes que esperar, mi hermano, tú tienes que esperar. O quizás nos pone a esperar porque estamos siendo disciplinados; algo hemos hecho y Él quiere que nosotros esperemos. O simplemente puede ser que Él nos esté entrenando. ¿Cómo? Entrenando con la espera. Sí, porque la espera puede trabajar de cuatro maneras diferentes.

La espera pone a prueba nuestra fe; nos muestra si nuestra fe es real, si es duradera, constante, o si simplemente somos como la semilla que cayó en el camino en la parábola del sembrador. Pero la espera también requiere sumisión —ese otro término que no nos gusta—; la mejor forma de sacar provecho a la gracia divina es sometiéndonos a la voluntad de Dios. Tercero, la espera ejercita nuestros músculos espirituales: fortalece nuestro carácter, nos da disciplina, nos da constancia. Y cuarto, la espera nos da la oportunidad de pensar tranquilos, quietos. Mientras esperamos podemos meditar, podemos reflexionar, podemos evaluar si lo que estamos viendo como una misericordia realmente lo es, y si lo que estamos viendo como una necesidad quizás no lo es —es un gusto que me quiero dar—. ¿Pero quién sabe si es una necesidad? Dios.

Entonces, que Él nos ponga a esperar, independientemente de cuál sea la razón, tenemos que entender que Dios es soberano y tiene el control. De lo contrario, nos vamos a sentir profundamente decepcionados, dudosos del Señor o presos del desaliento. Hermano, recuerda: Dios responde en su debido tiempo. Dios es bueno con todos los que verdaderamente lo esperan y lo buscan. Dios no es un caprichoso ni parcial; Él es amoroso, misericordioso y fiel, y su voluntad es buena, agradable y perfecta.

Entonces, hermano querido, tú leíste como inicio el versículo 24. Me digo, yo me lo digo, me lo digo: el Señor es mi herencia, por lo tanto esperaré en Él. Querido, predícate a ti mismo. Predícate a ti mismo: el Señor es mi porción, esperaré en Él. Predícatelo todos los días. Predícate a tu alma: alma, el Señor es tu porción, espera en Él. Predícate a tu mente: mente, el Señor es tu porción, espera en Él. Ojos, el Señor es tu porción, espera en Él. Manos, el Señor es tu porción, espera en Él. Lengua, lengua, cállate, el Señor es tu porción, espera en Él.

Es una labor diaria, es una labor que no nos va a salir espontáneamente mientras estemos de este lado de la gloria. Es algo que tenemos que hacer énfasis todos los días. Predicar, no se nos viene siempre. Me falta terminar el pasaje, pero sí, versículo 25: "El Señor es bueno con los que dependen de Él, con aquellos que le buscan." Amén. "Por eso es bueno esperar en silencio la salvación que proviene del Señor."

Yo no quisiera que salgamos de aquí sin respondernos internamente esta pregunta: ¿en quién o en qué tú estás esperando? A ti te voy a huir, respóndete tú mismo: realmente, ¿en quién yo estoy esperando? ¿En quién o en qué está puesta tu confianza? ¿A dónde tú acudes en medio de la prueba? ¿En dónde tú estás buscando refugio y protección cuando tú la necesitas? Analízalo.

En Inglaterra, en el año 1762, había un joven pastor llamado Augusto Toplady. Él era un predicador itinerante que predicaba de pueblo en pueblo. Un día se dirigía a predicar en un pueblo cerca de donde él vivía. Dice que de forma repentina se encontró debajo de una fuerte tormenta que lo obligó a buscar refugio. Él, buscando refugio, se topa que providencialmente, a un lado del camino, había una gran roca. Pero esa roca tenía una peculiaridad, y era que tenía una hendidura. Él corrió hacia esa hendidura, se metió en ella y se dio cuenta de que él cabía perfectamente, y que mientras él estaba en esa hendidura no sentía la tormenta.

Y él dijo: "¡Wow, Señor! Gracias, gracias Padre por proveer. Gracias por tu misericordia, gracias por tu fidelidad." Pensando en eso, se puso a meditar y comenzó a meditar en el Salmo 31, que dice: "Señor, inclina a mí tu oído, rescátame pronto. Sé para mí roca fuerte, fortaleza para salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza, y por amor de tu nombre me conducirás y me guiarás. Me sacarás de las redes secretamente tendidas, porque tú eres mi refugio." Dice que Augusto comenzó a orar, y no sé si comenzó a escribir ahí mismo o en su mente a componer las primeras estrofas de lo que luego fue el famoso himno "Roca de la Eternidad."

Y ese himno dice: "Roca de la eternidad, fuiste abierta tú por mí. Sé mi escudo fiel y leal, pasen encuentros solo en ti. Rico el vívido manantial en el cual lavado fui. Aunque yo sea siempre fiel, aunque obre sin cesar, del pecado no podré justificación lograr. Solo en ti, teniendo fe, sobre el mal todo retumbar. Mientras haya de vivir, y al momento de expirar, cuando vaya a responder en tu augusto tribunal, sé mi escudo fiel y leal, Roca de la Eternidad."

Hermano, yo no sé qué tú estás respondiendo. Yo no sé hacia dónde tú corres a refugiarte en medio de la tormenta. Yo no sé si tú te estás apoyando en Él o te estás apoyando en otra cosa. Si tu porción es otra cosa, yo no sé si tú te estás escondiendo en la Roca Eterna, o si tú has tratado de guarecerte detrás de piedra de cita, o peor aún, detrás de arena. Como cantaba aquel: que sin Cristo no hay piedra firme, todo es arena. O quizás te estás escondiendo detrás de árboles poco frondosos. Bueno, eso no funciona.

Cuando el maligno intenta llenar tu cabeza de recuerdos y pensamientos acusadores, habla la verdad a tu mente. Predícalo de manera directa a tu mente, predícalo de manera directa a tu alma. Recuérdale sus misericordias. Al final del capítulo 3 de Jeremías, ya él había entendido. Miren cómo él dice: "Pero desde lo profundo del hoyo invoqué tu nombre, Señor, y me oíste. Cuando clamé, escucha mi ruego, oye mi grito de socorro. Así fue cuando llamé, tú viniste y me dijiste: no tengas miedo. Señor, has venido a defenderme, has redimido mi vida."

Hermano, cuando necesites consuelo, búscalo en el raudal interminable de las misericordias de Dios. No lo busques en otro lugar. Pero yo sé que aquí hay personas, y quizás me están viendo por internet o van a ver este video en cualquier momento, que están oyendo esto por primera vez. Si tú estás oyendo de la misericordia y la fidelidad del Señor por primera vez hoy, créeme, te estás llevando la mejor de las noticias. Dios envió a su Hijo para morir por ti como el mayor resultado de su amor y su misericordia.

De la historia de Toplady ya hace más de 260 años. ¿Y dónde está esa roca? Hay una placa que dice: "Esta es la Roca de la Eternidad que cobijó a Augusto Toplady en el año 1762." Bueno, esa roca está allí hoy. Pero vayamos un momento más allá: ni siquiera esa roca estará siempre ahí. La verdadera Roca de la Eternidad es Cristo. Amigo, acoge a Cristo en medio de tu tormenta. Métete en la hendidura de su costado, que aparte de darte protección te va a lavar con su sangre.

No pierdas tiempo, porque yo te tengo una noticia que no es muy buena. Tú has oído que la misericordia de Dios no se acaba, pero ¿sabes algo? Para ti se acaba. Tú tienes que tomar una decisión en vida. Dice la Palabra, 2 Corintios: "En el momento preciso te oí, en el día de salvación te ayudé." Efectivamente, el momento preciso es ahora. Hoy es el día de salvación. Tú no sabes si vas a tener otra oportunidad de estar expuesto al mejor mensaje que tú puedas oír. Tú no sabes, yo no sé si vamos a estar aquí vivos mañana.

¿Ahora no te encantaría poder cantar como va a cantar Toplady el día del juicio, cuando vaya a responder en tu augusto tribunal: "Sé mi escudo fiel y leal, Roca de la Eternidad"? No hay otro lugar donde tú puedas correr. No hay otro lugar donde tú puedas escapar de la ira de Dios. No hay otro lugar donde tú puedas esconderte de su justicia y de su santidad, si no es la Roca de la Eternidad. Hoy puede ser el día de salvación. Amén.

Vamos a orar. Padre, te damos las gracias, Señor, por lo que tú eres. Señor, ya tenemos que dar gracias por más nada, pero especialmente queremos dar gracias por tu misericordia, porque muy a pesar de nosotros tú has sido fiel, tú has sido amoroso, tú has sido el Padre que todos quisiéramos tener. Gracias, Señor, porque así como tú diste consuelo a Jeremías y al pueblo de Judá, esas palabras que Él vivió hace tantos años atrás son inspiradas por ti y nos dan el mismo consuelo.

Gracias, Señor, porque tú conoces exactamente el lugar de la historia donde está cada uno de nosotros. Gracias, Padre, porque tú conoces la tormenta que estamos pasando. Yo sé que la mayoría de los que estamos aquí no hemos pasado situaciones como la que pasó el pueblo de Judá en esos dos años y medio, o como las que pasó Jeremías, o como las que vio Jeremías. Pero yo sé que hay muchas personas que tienen una tormenta que no ven cuándo va a terminar. Oh Padre, revélales de una manera que ellos entiendan que ya tú estás viendo el sol que va a salir después de su tormenta. No solamente eso, Padre: revélales que en medio de la tormenta tú los estás entrenando para que cuando venga la otra él pueda vivir más confiado en ti.

Gracias porque sales, Señor, con lo que nosotros no merecemos, y que tú cada día lo haces con nosotros. Sé con tu iglesia, Señor. Sé con cada uno de nosotros. Ayúdanos, Señor, a vivir una vida que refleje que nuestra porción real eres tú, que todo lo demás es añadidura, que todo lo demás es secundario, que si por alguna razón lo pierdo todo y solamente me quedas tú, yo lo tengo todo. Padre, nosotros no podemos hacer eso en nuestra fuerza; nosotros dependemos de tu Espíritu. Ayúdanos, Señor, para que intencionalmente nosotros podamos venir delante de ti, llorar y clamarte y darte gracias por lo que tú eres con nosotros. Cuídanos, Señor. Protégenos, Señor. Úsanos, Padre. Perfecciónanos, Señor, para que seamos cada vez mejores hijos tuyos, hasta que tú lo decidas, Señor. Gracias, Señor. En tu nombre te lo pedimos, amén.

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Reynaldo Logroño

Reynaldo Logroño

Reynaldo Logroño sirve como uno de los pastores de la Iglesia Bautista Internacional. Ha servido en diversas áreas del ministerio —Consejería Prematrimonial, Grupos Pequeños, Escuela Bíblica Dominical, Ministerio de Cárceles y Conferencias Por Su Causa— y actualmente dirige los Ministerios Juveniles y la Escuela Bíblica Dominical junto a su esposa. Es licenciado en Publicidad con maestría en Gerencia de Mercadeo, graduado del Instituto Integridad & Sabiduría y certificado en Educación Cristiana. Casado con Jenny Thompson, es padre de Celso, Sebastián y Reynaldo Jr.