Integridad y Sabiduria
Sermones

El propósito de Dios en la tribulaciones (parte 1)

Miguel Núñez 17 agosto, 2008

La historia de Job revela una verdad incómoda: a veces las pruebas más severas no llegan por pecado, sino precisamente por integridad. Tres veces en el texto Dios declara a Job "intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal", y sin embargo permite que Satanás lo despoje de todo. Lo que está en juego no es un castigo divino, sino una contienda cósmica. Satanás acusa a Job de seguir a Dios solo por las bendiciones recibidas: "Quítale todo eso y verás si no te maldice en tu cara". Dios acepta el reto porque conoce el corazón de su siervo.

En un solo día, Job pierde sus posesiones, sus criados y sus diez hijos. La respuesta de Job desafía toda expectativa humana: se postra en tierra y adora. "El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor". Esta no fue una reacción improvisada, sino el fruto de una vida cultivada en intimidad con Dios. Cuando la prueba se intensifica y su propia esposa le sugiere maldecir a Dios, Job la reprende: "¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal?"

El pastor Núñez conecta esta historia con la reciente pérdida del templo de la iglesia por un incendio, ocurrida días después de que el liderazgo renovara su compromiso con la causa de Cristo. No es coincidencia, sugiere, sino una prueba que invita a la reflexión personal. El llamado es claro: examinar la propia integridad, no la del hermano, y preguntarle a Dios qué necesita revelar en este tiempo de sacudimiento.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Job, capítulo 1

El libro de Job, todo el capítulo, es un texto extenso. Quizás la primera vez que voy a estar tratando un texto tan extenso como este, pero yo creo que la historia vale la pena que lo hagamos.

Hubo un hombre en la tierra de Uz, llamado Job, y era aquel hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Y le nacieron siete hijos y tres hijas. Su hacienda era de siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y muchísima servidumbre, y era aquel hombre el más grande de todos los hijos del Oriente. Sus hijos solían ir a hacer un banquete en la casa de cada uno por turno e invitaban a sus tres hermanas para que comieran y bebieran con ellos.

Y sucedía que cuando los días del banquete habían pasado, Job enviaba a buscarlos y los santificaba, y levantándose temprano ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque Job decía: "Quizás mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en sus corazones". Así hacía Job siempre.

Un buen día, cuando los hijos de Dios vinieron a presentarse delante del Señor, Satanás vino también entre ellos. Y el Señor dijo a Satanás: "¿De dónde vienes?" Entonces Satanás respondió al Señor y dijo: "De recorrer la tierra y andar por ella". Y el Señor dijo a Satanás: "¿Ya te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra, hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal".

Respondió Satanás al Señor: "¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No has hecho tú una valla alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene por todos lados? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus posesiones han aumentado en la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene; de verdad, te maldecirá en tu misma cara". Entonces el Señor dijo a Satanás: "He aquí, todo lo que tiene está en tu poder, pero no extiendas tu mano sobre él". Y Satanás salió de la presencia del Señor.

Y aconteció que un día en que sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en la casa del hermano mayor, vino un mensajero a Job y dijo: "Los bueyes estaban arando y las asnas paciendo junto a ellos, y los sabeos atacaron y se los llevaron. También mataron a los criados a filo de espada. Solo yo escapé para contártelo".

Mientras estaba este hablando, vino otro y dijo: "Fuego de Dios cayó del cielo y quemó las ovejas y a los criados y los consumió. Solo yo escapé para contártelo". Mientras estaba este hablando, vino otro y dijo: "Los caldeos formaron tres cuadrillas y atacaron los camellos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada. Solo yo escapé para contártelo".

Mientras estaba este hablando, vino otro y dijo: "Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en la casa de su hermano mayor, y he aquí vino un gran viento del otro lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, y esta cayó sobre los jóvenes y murieron. Solo yo escapé para contártelo".

Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rasuró la cabeza y, postrándose en tierra, adoró y dijo: "Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor". Escuchen ahí, miren. En todo esto Job no pecó ni culpó a Dios.

He querido tomar la historia de Job porque es la historia más fascinante, más profunda, más difícil de entender acerca de la interacción de Dios con el hombre, con Satanás, el dolor, el sufrimiento, las pruebas, las vicisitudes y los propósitos que Dios persigue interactuando con todas esas cosas a la vez. La historia de Job no es una historia fácil.

Pero yo quiero en este momento de la iglesia revisar algunas cosas, porque yo no creo que es un accidente. No creo que es simplemente algo fortuito que en medio de esta serie, "La iglesia que Dios quiere", Dios haya permitido que nuestro templo se haya quemado por completo y que hayamos perdido gran parte de aquellas cosas que representaban nuestra comodidad, representaban el lugar donde podíamos ir, nuestras facilidades, nuestros instrumentos, nuestros equipos de música.

Y yo creo que Dios, en su soberanía —que es exactamente lo que es resaltado en el libro de Job— lo ha permitido con un propósito y por un propósito. La pregunta no es si esto tiene propósito; la pregunta es cuál es. Leía un autor anoche con el cual estuve de acuerdo hasta que llegó a esta parte donde decía: "Hay una gran cantidad de sufrimiento que no tiene ningún sentido". ¡Blasfemia! No es verdad.

Y yo creo que nosotros necesitamos detenernos, porque no creo que es mera coincidencia que esto haya ocurrido en momentos en que estamos llamando a la iglesia precisamente a levantarse en contra de las falsas enseñanzas de los falsos apóstoles y de los falsos maestros de nuestros días. Yo tampoco creo que es puro acto del destino que tres días después de los ancianos de la iglesia haberse reunido y haber hecho un compromiso más formal que nunca, más cabal que nunca, a luchar por la causa de Cristo, a avanzarla y a comprometerse con la causa de Dios, yo no creo que es fortuito que tres días después el templo donde nos habíamos reunido se haya ido en llamas.

Yo creo que el archienemigo del pueblo de Dios, Satanás, ha comenzado a inquietarse y ha comenzado a inquietar a sus seguidores. Yo creo que cada una de esas cosas necesita ser ponderada, pero yo necesito recordarnos que cuando comenzamos a pasar por las tribulaciones, hay varios riesgos inherentes a la prueba.

Yo quiero mencionar cada uno de ellos antes de entrar a lo que es la historia de Job. Y lo primero es que el primer riesgo es que podamos tomar esta experiencia a la ligera y pensar que de la misma manera que Dios bendijo a Job y le dio dos veces lo que tenía, de esta misma manera, gloria a Dios, aleluya, estamos a la expectativa, porque eso es exactamente lo que Dios va a hacer con nosotros. Y Dios pudiera hacer eso, mas no nos ha prometido esto ni nos ha garantizado eso todavía. La historia de Job no se conoce hasta el final, no se entiende hasta el final. Y yo creo que nosotros estamos en el prefacio, en la introducción de este capítulo, de este libro que Dios ha abierto para nosotros en este momento, y no podemos apresurarnos a llegar a las conclusiones todavía.

Yo le puedo decir que desde que esto ocurrió, en los primeros diez minutos de la información haber llegado a mis oídos hasta el momento que estoy hablando, no he cesado de meditar y de preguntarle a Dios. Pero no podemos todavía concluir porque no sabemos todas las respuestas a los propósitos de Dios aún. No nos apresuremos a salir de la crisis antes de aprender las lecciones porque nos haga falta nuestra comodidad.

Recuerden que la comodidad es buena, pero no necesariamente contribuye a formar el carácter; que el tener recursos es bueno, pero no necesariamente contribuye a confiar en Dios; que el tener las necesidades cubiertas también es bueno, pero no necesariamente contribuye a nuestra santificación. La comodidad, las necesidades cubiertas, los recursos son buenos siempre y cuando puedan ser manejados por un corazón trabajado por Dios y que camine en humildad delante de Dios.

Tenemos otro peligro, un segundo peligro, y es que no nos detengamos a reflexionar y hacer introspección sobre nuestras vidas, y que producto del esfuerzo humano nos levantemos rápidamente, y estemos caminando, y ahí está la idea otra vez, corriendo como corríamos antes. Eso es un riesgo. Y que lleguemos a pensar: "Lo logramos nosotros y no Dios".

Hay un tercer riesgo, y es que simplemente pensemos que esto es un accidente. Los accidentes ocurren, y ciertamente ocurren, y que no hay ningún propósito en esta experiencia.

Yo creo que hay un cuarto riesgo, y es que la lid haya amedrentado de Satanás, su archienemigo, el archienemigo del pueblo de Dios, y que algunos no quieran continuar luchando, echándole el pleito, la batalla por la causa de Cristo. Y si hay algo que yo quiero afirmar en esta noche es que no nos cansaremos hasta que hayamos entrado en gloria.

Yo creo que la carrera apenas ha comenzado y quizás uno de tus mejores días están delante de poder brillar para Dios en medio de la escasez, en medio de la dificultad, en medio de la prueba, de tal manera que se sepa que hay un Dios en el universo que es soberano sobre los hijos de los hombres.

Yo creo que hay un quinto riesgo, y es que realmente entendamos que necesitamos ciertamente hacer revisión de nuestras vidas, pero que nosotros, cada uno de nosotros, comencemos a revisar la vida del otro. Y de repente nos estamos percatando de qué es lo que tiene mal Pedro y Juan y Santiago, cuando en realidad Dios no santifica su vida cuando Pedro se percata del pecado de María, sino cuando María se percata del pecado de María. De manera que nosotros necesitamos hacer una introspección personal a lo largo de los días, de las semanas, porque la sabiduría de Dios tendrá que ser revelada precisamente de una manera progresiva por lo tercos y limitados que somos nosotros.

Yo creo que este capítulo primero del libro de Job nos ayuda a entender —y esto es lo primero a lo que yo quiero llamar la atención— que en este momento la prueba de Job no tiene que ver con un pecado en la vida de Job. Tiene que ver con su integridad. José fue sometido a prueba por su integridad. Pablo estuvo a prueba por su integridad. Daniel estuvo a prueba por su integridad. Jeremías estuvo a prueba por su integridad. Muchas veces la integridad nos va a costar.

Y una de las cosas que revisamos como líderes en este retiro era precisamente la necesidad de caminar en integridad de corazón delante de Dios. Esa integridad, si la abrazamos, va a tener un precio, va a ser probada, y hasta que no sea probada no es verdaderamente integridad.

La manera como yo sé que esta prueba de Job no tiene que ver con un pecado en su vida es porque tres veces en capítulo y medio Dios afirma que Job es un hombre irreprochable. Job 1:1: "Y era aquel hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal." Job 1:8: "Y el Señor dijo a Satanás: ¿Te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra, hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal." Job 2:3: "Y el Señor dijo a Satanás: ¿Te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay otro como él sobre la tierra, hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal." Escucha lo que Dios le dice a Satanás: "Y él todavía conserva su integridad, aunque tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa." Dios le está diciendo a Satanás: "Tú me incitaste contra mi siervo, a causa de su integridad, sin causa me has incitado."

Job no tiene idea de que aquí hay un conflicto cósmico que está siendo llevado a cabo entre Dios y Satanás, y nosotros tampoco tenemos idea de lo que está ocurriendo en esas dimensiones, aunque muchos pretenden conocerlo. Para Job, guardar su integridad no le fue fácil. Es mucho más fácil guardar la integridad a veces cuando se tiene poco, pero mucho más difícil cuando se tiene mucho. Y dice el texto que no había un hombre más grande en todo el oriente que Job. Guardar la integridad en medio de la abundancia no estaba fácil, pero Job lo hizo.

Nosotros no sabemos mucho acerca del estado espiritual de sus hijos, pero Job estaba preocupado no solamente con su santidad, estaba preocupado con la posibilidad de que sus hijos pudieran haber pecado. El texto dice "en su corazón", en otras palabras, hasta donde Job pudiera saber, sus hijos no estaban pecando de acción. Pero por si acaso, en estas comelonas, en estos banquetes que estaban teniendo —el texto sugiere como que era cada día estos siete hermanos, cada uno tenía su propio día, invitaban a las tres hermanas y como que semana tras semana ellos se reunían, comían juntos— y al final de este ciclo, Job decía: "Por si acaso mis hijos pecaron en el interior de su corazón en los festejos", entonces sacrificios conforme al número de ellos, uno por cada hijo. Hasta ahí estaba Job preocupado con la integridad de su casa.

Cuando Dios comienza a hablarle a Satanás, lo que se pone en tela de juicio es la integridad de Job. Lo que Dios le dice a Satanás: "¿Te has fijado en Job? ¿Te has fijado en mi siervo, temeroso de Dios, irreprochable?" Esta palabra, yo no la pronuncio acerca de mucha gente. Ezequiel 14 nos habla de tres hombres que Dios, en buen dominicano, les saca su plato aparte en términos de la integridad: Daniel, Noé, Job. Dios ha elegido a Job para tener una contienda acerca de cuánto el hombre le es capaz de seguirle por razones que Satanás no cree. Satanás no cree que nadie puede seguir a Dios sino simplemente por las bendiciones que recibe.

Y es por eso que Satanás le dice: "Claro, tú le has cercado, tú le has protegido, tú has multiplicado sus bienes, él es tu niño lindo, claro que Job te va a seguir." Y Dios quiere probarle a Satanás que Job no le está siguiendo simplemente por las bendiciones, sino que Job le ha llegado a conocer de tal manera que le es capaz de seguirlo simplemente por lo que Dios es. Y Dios pone a Job en las manos de Satanás.

Satanás creía que todos los hombres son iguales. Satanás creía que todos los hombres son como aquellos que Cristo describe en la parábola del buen sembrador. Hoy estos dos textos de esta mañana increíblemente estaban en este mensaje y pensé que Dios estaba confirmando que lo usara esta noche. Pero cuando Cristo da la parábola del buen sembrador, mejor dicho del sembrador, él habla, dice Mateo 13:20: "Aquel en quien se sembró la semilla en pedregales, este es el que oye la palabra y enseguida la recibe con gozo, pero no tiene raíz profunda en sí mismo, sino que solo es temporal, y cuando por causa de la palabra viene la aflicción o la persecución, enseguida tropieza y cae." Esa fe no perdura, esa fe caduca. Satanás creía que la fe de Job era de ese tipo.

Ciertamente muchos son los que tienen fe de esa manera. Muchos son los que ciertamente nunca han examinado su fe. Satanás pensó que Job era uno de esa clase de gente. Y cuando Pablo viene en el Nuevo Testamento, él nos hace una observación que yo creo que todos nosotros necesitamos hacernos en tiempos como este. Pablo dice a los corintios, 2 Corintios 13:5: "Poneos a prueba para ver si estáis en la fe. Examinaos a vosotros mismos. ¿O no os reconocéis a vosotros mismos que Jesucristo está en vosotros? A menos de que en verdad no paséis la prueba." Déjame leerte cómo la Biblia al Día lo parafrasea, que es un excelente parafraseo. Dice: "Examínense bien. ¿Son cristianos de verdad? ¿Hay evidencias de que lo son? ¿Sienten cada vez más la presencia y el poder de Cristo? ¿O simplemente están pasando por cristianos aunque en realidad no lo son?" El próximo versículo, entonces Pablo agrega: "Quiero que sepan que nosotros ya hemos pasado el examen y de veras pertenecemos al Señor."

¿Te has preguntado si Dios alguna vez hiciera contigo lo que hizo con Job? Te quitara las bendiciones, te quitara tus posesiones y llegara al punto incluso de quitarte tu salud como más adelante lo supo hacer. ¿Ya te has preguntado cuál sería tu reacción? ¿Fueras a poder tú ser encontrado en la fe aún? ¿O pudieras tú ser encontrado con la esposa de Job que estaba a punto de maldecir a Dios? Y fue la sugerencia, el mejor consejo que ella le pudo dar a Job en medio de la dificultad fue precisamente que maldijera a Dios.

Nota algo cuando Dios habla con Satanás. Cuando Dios le dice: "¿Tú no tienes a Job, mi siervo temeroso, intachable e irreprochable?" Satanás le dice: "¿Job? ¿Y quién es Job? No, él sabe bien." En otras palabras, él le tiene echado el ojo a Job, él está loco por hacerlo caer. Lo que pasa es que hasta ahora él no ha podido. Dios no le ha dado permiso. Dios le tiene un cerco. Y eso es una buena lección ahí, en este momento en que la iglesia vive amedrentada por Satanás, reprendiendo a Satanás. Lo cierto con Satanás es que cuando Dios pone su cerco alrededor de ti, Satanás no puede ponerte un solo dedo si Dios no da permiso.

Y cuando Dios dice: "¿Han notado a mi siervo Job?" Satanás está: "¿En ese de ahí? ¿No te lo he notado? Claro que sí. E incluso sé por qué le está yendo bien también. Es que tú no me dejas tocarlo, tú no me dejas probarlo, tú lo tienes cercado." Bien le dice Dios a Abraham: "No temas, yo soy tu escudo por delante y por detrás." Mientras Dios sea mi escudo, no hay nada ni nadie que pueda acercarse a mí. Y Satanás estaba frustrado, pero Dios le dice: "Ahí está Job, tú lo tienes."

Satanás está acusando a Job de que es un buen aprovechado, que te sigue a diario simplemente por las bendiciones, por lo que recibe. Dios está diciendo: "No, ve y prueba su integridad." Y Satanás acepta el reto. Entonces el Señor dijo a Satanás: "He aquí, todo lo que tiene está en tu poder, pero no extiendas tu mano sobre él." Y Satanás salió de la presencia del Señor.

Ya tú oíste lo que ocurrió. En un solo momento él pierde sus bueyes. En un solo momento sus criados son muertos por saqueadores, los sabeos, los caldeos. Tú y yo viste cómo en un solo momento fuego cayó del cielo. ¿Te das cuenta de todo lo que Satanás puede hacer? Fuego cayó del cielo que sus criados interpretaron que era fuego que provino de Dios porque vino de arriba, cuando en realidad era de Satanás, y consumió las ovejas y a los criados, dice el versículo 16. En un solo momento Satanás levantó un viento recio e hizo caer la casa y mató a los diez hijos de Job.

Nuestro enemigo tiene límites. La soberanía de Dios por él es poderoso. Él es capaz de mover los corazones de hombres malvados como los sabeos y los caldeos y hacer que ellos se muevan en contra de Job y sus criados y sus posesiones. Ahí está la historia. Él es capaz de hacer llover fuego del cielo de tal manera que consuma parte de las posesiones de Job. Ahí está la historia. Él es capaz de levantar vientos y hacer incluso que toda una casa se pueda colapsar matando a los diez hijos de Job, y lo creemos porque la Palabra así lo afirma. Él es poderoso, él es capaz, él es sagaz, él juega sucio, pero él tiene límites cuando tiene que ver con los hijos de Dios.

Y todo esto tenía un propósito, tenía una finalidad en la mente de Satanás. Escucha qué es lo que Satanás le dice a Dios: "Quítale todo eso y tú vas a ver si no te maldice en tu cara." Esa no es forma de hablar, y a Dios. A menos que tú seas Satanás, no tienes escrúpulos. Juega sucio. Es un inmoral y es un acusador. Satanás está acusando a Job de que él le sigue por las bendiciones que recibe y le dice: "Tan pronto tú le quites esto a él, él te va a maldecir en tu misma cara."

Satanás sabe que él no puede interferir, que no puede luchar con Dios cara a cara, pero él sabe que él puede lograr manchar la integridad de sus hijos. Y si él logra manchar la integridad de sus hijos, cuando lo haga él habrá desactivado, hecho inoperante, inactivo —desactivado quizás sea la palabra— a ese hijo o a esa hija de Dios para los propósitos de Dios.

Satanás está tentando a Job en este momento de que maldiga a Dios. La tentación que la esposa no pudo resistir, eso es exactamente lo que ella recomienda que él haga. Ella se rinde primero. Job no lo hace ni ahora ni después. La historia se complica con Job más adelante, pero no con lo que Satanás pensaba que iba a ocurrir, que era que él iba a maldecir a Dios en su propia cara.

Preséntese el tentador, el que va a estar detrás de cada uno de nosotros y detrás de la iglesia también. Si tú quieres mantener tu integridad, tú vas a ver lo poderosas que son las tentaciones. C. S. Lewis dice que solamente aquellos que han tratado de resistir las tentaciones saben el poder que ellas tienen, porque los demás no conocen el poder de las tentaciones; simplemente se entregan a ellas.

Solamente aquellos que han tratado de resistirla conocen el poder de las tentaciones; los demás no tienen idea porque simplemente se entregan a ellas. Pero sabes una cosa: si tú quieres caminar en integridad de corazón, si el liderazgo de IBI, como se comprometió en este retiro, quiere caminar en integridad de corazón, ese liderazgo va a ser probado y va a ser atacado, porque es algo que Satanás odia: la integridad del caminar de los hijos de Dios.

La razón por la que lo odia es porque él sabe que tan pronto logra manchar la integridad de sus hijos, ese hijo no va a ser usado por Dios. Satanás sabe que si él logra manchar la integridad de una iglesia, esta iglesia no va a ser usada por Dios. Él está detrás, él odia la integridad del pueblo de Dios, él odia los hombres y las mujeres que quieren caminar en integridad de corazón. Él los persigue, los estudia, los busca, los tiene acechados, y ataca cuando Dios le da permiso. Porque él sabe que si Dios decide usar a un hombre, a una mujer, si Dios decide usar a una iglesia, es mucho el daño que esa persona o esa iglesia puede hacer al mundo de las tinieblas, si Dios se propone usarle.

"Se levantó Job, rasgó su manto, se rasuró la cabeza y postrándose en tierra, adoró y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, desnudo volveré allá. El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor."

Escucha este comentario de parte de Dios: "En todo esto, Job no pecó ni culpó a Dios." No culpó a Dios, no cuestionó a Dios, no se desilusionó con Dios, no se airó contra Dios, no está desconcertado en medio de la prueba. Y una pregunta para cada uno de nosotros: ¿Cuántos de nosotros hemos cultivado una relación con Dios hasta el punto de que nuestra primera respuesta a la calamidad es una de adoración?

Job no comienza a adorar a Dios ese día. Él tiene una experiencia continua con Dios que le define como temeroso de Dios. Cuando la experiencia llega, lo único que Job hace es continuar haciendo lo que él tenía una vida haciendo: adorar a Dios, reconocer su soberanía, reconocer que él estaba bajo su dirección, y simplemente reconocer que Dios dio, que Dios quitó; bendito sea el nombre del Señor.

Si esta noche, y no quisiera hacerlo personal, pero si esta noche en este momento sonara tu celular y te informan que uno de tus hijos ha muerto, ¿sería tu respuesta la de arrodillarte, postrarte en tierra como Job y decir: "Dios dio, Dios quitó; bendito sea el nombre del Señor"? Pudiéramos leer esta historia y decir: "Yo no sé cómo este hombre lo hizo." Fueron diez, no uno, diez. Y quizá pudiéramos decir: "Yo no sé cómo este hombre lo hizo." Pero recuerden que este no es cualquier hombre. Cuando Dios habla de tres hombres a quienes él les hace su plato aparte, está Noé, está Daniel, está Job. Es un hombre con una relación con Dios férrea. Es la razón por la que Dios lo escoge para que obrara a través de él, porque él sabe que con el trabajo que Dios mismo ha hecho en Job, él es el mejor candidato en ese momento, en esa región, para Dios llevar a cabo esa prueba.

¿Sería esa nuestra respuesta? ¿Es esa la respuesta de IBI, de la iglesia? Recuerda, esto es una prueba mínima. Aquí estamos todos, este lugar es tan bueno y tan cómodo, quizás más cómodo que el otro. Tenemos parqueos. Esto no es una prueba real, esto es simplemente una antesala a algo que pudiera posteriormente convertirse en una prueba. ¿Cuántas iglesias tendrían la oportunidad de perder su templo y, a punto de perderlo, haber conseguido este lugar? No hay nada de vanaglorioso, simplemente la gracia de Dios. Pero el reconocimiento de que esto realmente no es una prueba.

Yo no sé si esto va a terminar aquí, pero yo me sospecho que si Dios va a usar a IBI grandemente, esta no será la última prueba ni es la peor de ellas. Yo creo que vendrán otras y que este es el principio de algo que Dios quiere hacer para comenzar a preparar su pueblo para lo que él quiere hacer a través de su pueblo. Y yo creo que entonces, bajo ese entendimiento, nosotros debiéramos comenzar a reflexionar, a inspeccionar nuestras vidas y ver dónde nosotros estamos.

Si IBI va a ser más bendecida por Dios, como alguna gente me ha escrito, me ha llamado, algunos pastores me han animado a esperar lo que Dios va a hacer de ahora en adelante, si Dios va a hacer eso, a mí no me queda la menor duda de que seremos probados más grandemente. Habrá cosas que ajustar, estilos de vida que cambiar, cosas a las que tenemos que renunciar. De lo que sí estoy seguro es que nosotros no podemos caminar con Dios y continuar en la misma dirección que veníamos todo el tiempo en nuestras vidas. Esas dos cosas son incompatibles. Habrá cosas que dejar a un lado; en la medida en que tengamos que funcionar en un lugar que no es nuestro, habrá ajustes de actividades que tengamos que hacer en el nombre de Cristo.

Se lo pido desde ahora: no comencemos a quejarnos cuando los ajustes tengan que hacerse. No hay otra manera de hacerlo. Y las incomodidades son buenas: nos forman, nos forjan, nos dejan ver qué es lo que realmente Dios valora, nos ayudan a clarificar las prioridades, nos ayudan a afirmar, a abrazar, a proclamar, a valorar lo que realmente Dios valora. Lo temporal pasa a un segundo plano. Aquello que yo dejo de usar cuando cierro los ojos y me muero no tiene ningún valor ante los ojos de Dios, y tanto que lo valoramos nosotros, lo guardamos, lo aseguramos. Dios ha puesto a su siervo a través de una prueba porque él quiere hacer algo en Job y enseñarle cosas que Job todavía no conoce.

Hay una segunda conversación entre Dios y Satanás. Escúchame por un momento, capítulo 2. Sucedió que un día cuando los hijos de Dios vinieron a presentarse delante del Señor, vino también Satanás entre ellos para presentarse delante del Señor. Y el Señor dijo a Satanás: "¿De dónde vienes?" En otras palabras, Satanás vive rondando la tierra, él vive acechando a los hijos de Dios que él pudiera en un momento dado sembrarle una zancadilla y hacerlo caer. Satanás respondió: "De recorrer la tierra y de andar por ella." Como que dice: "¿Qué más es lo que yo hago todos los días, Señor?"

Vuelve el Señor con Job. Fíjate, te has fijado en mi siervo Job, la tercera vez, porque no hay otro como él sobre la tierra: hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Y él todavía conserva su integridad, aunque tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa. Respondió Satanás al Señor y dijo: "Piel por piel." Es fresco este hombre, este individuo. "Todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Sin embargo, extiende ahora tu mano y toca su hueso y su carne; verás si no te maldice en tu misma cara."

Eso es lo que Satanás quiere: darse el gusto de oír a Job decir: "Maldito seas tú, Jehová." Quítenle la salud, a ver si no te va a maldecir en tu propia cara. Satanás está enojado de que Dios lo ha tirado del paraíso, que lo ha tratado de la manera que lo ha tratado desde entonces, y él quiere oír a cada individuo, cada hijo de Dios en especial, maldecir a su Dios.

Y el Señor dijo a Satanás: "He aquí, él está en tu mano, pero guarda su vida." Satanás salió de la presencia del Señor e hirió a Job con llagas malignas desde la planta del pie hasta la coronilla. Y Job tomó un tiesto para rascarse mientras estaba sentado entre las cenizas. Entonces su mujer le dijo: "¿Aún conservas tu integridad? Maldice a Dios y muérete." Por eso Satanás no quería a esta mujer; mejor se la dejó a Job. Más beneficiosa al lado de él que al lado mío.

Pero él le dijo: "Como habla cualquier mujer necia, has hablado. ¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal?" Escucha cómo Job entiende la soberanía de Dios en el dolor, en el sufrimiento, en la aflicción, lo que la iglesia de hoy no entiende, que vive programando bendiciones, y todas las pruebas "no vienen de Dios" y no las quieren, y siempre "todo esto tiene que ver con Satanás." Escucha cómo Job lo entiende: "¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal?"

Escucha a Dios hablando una vez más, porque esto fue inspirado por el Espíritu de Dios: "En todo esto, Job no pecó con sus labios." ¡Guau! ¿Qué será tener un tío así? Este hombre, no hay quien lo conmueva. Entiende a Dios en su soberanía. Él no sabe lo que está pasando allá arriba, pero él sabe una cosa: si tiene que ver con su universo, Dios está en medio.

Yo no sé qué es lo que está pasando entre Dios... Él nunca lo supo. Job no es el autor de este libro. Yo no creo que haya un académico que crea que Job es el autor de este libro. Él nunca entendió qué fue lo que pasó. Job se muere en su ignorancia de qué pasó. De lo que él sí está seguro, y mantiene esa posición a lo largo de los discursos de su libro: Dios tiene que ver con esto. Y Job comenzó muy bien, pero en un momento dado Dios tiene que reprenderlo.

En este momento Dios le dio un permiso más amplio a Satanás y le permite enfermarlo. ¿Te das cuenta hasta dónde llega la capacidad, el poder de nuestro enemigo? Tenemos que entender varias cosas de él: él puede mover las fuerzas de la naturaleza, él puede hacer llover fuego, él puede mover el corazón de malvados, él puede enfermar a un individuo. Lo llenó de llagas desde la coronilla hasta los pies. Pero entienda esto también: para hacerlo tuvo que esperar que Dios quitara el círculo de protección sobre la salud de Job.

¿Y te vas a amedrentar de un enemigo que tiene que pedir permiso a tu dueño? ¿Te vas a amedrentar de alguien que, aunque es poderoso, no puede tocarte a menos que el que te compró le dé permiso? Y aquí ves, entonces, la interacción entre el poder de Satanás, la soberanía de Dios y el poder de Dios.

Escúchame: algo que hemos estado haciendo desde el principio. Lo que está aquí en juego y por probarse es la integridad de Job. Dios la hace notar tres veces.

Satanás está de acuerdo con que Job es un hombre íntegro, excepto que él cree que es por las razones equivocadas. Y su esposa se ha dado cuenta también de que su esposo es un hombre de integridad. Le dice: "¿Todavía vas a mantener tu integridad? Maldice a Dios." Esta integridad es proverbial. Se conoce en la tierra, se conoce en los cielos. Dios la conoce, Satanás la conoce, su esposa la conoce. Pero su esposa no fue la mejor consejera, y mucho menos en el momento de la prueba y de la debilidad.

Pero Satanás sabe, él tiene una buena historia. Y comentando las esposas, si esto no es un comentario negativo sobre ustedes, simplemente es una observación para que sepan ser sabias. Cuando él quería tumbar a Adán, él no fue donde Adán. Él fue donde Eva. Ustedes tienen una influencia enorme sobre nosotros. Satanás lo sabe. Cuando él quería desviar a Abraham, él no habló con Abraham, él tentó a Sara. Cuando él no pudo hacer caer a Job directamente, él fue por la yugular y se fue donde su esposa, y su esposa le sugiere en este momento de debilidad que maldiga a Dios.

Job reconoce que esto que ella continúa haciendo es algo impensable. Le reprende, le dice: "¿Hablas como hablan los necios? ¿Como tú hablar de esa manera? ¿Es que vamos a aceptar el bien y acaso no vamos a aceptar el mal de parte de Dios?"

Lo que tenemos que ver en esta historia, hasta este punto, es que nosotros tenemos mucha mejor idea de lo que está pasando porque la historia ha sido contada. Pero en el momento no sabemos. Job no sabía, y todavía no tenemos todos los detalles, ¿verdad? No sé si llegaremos a tener de qué Dios está tratando de hacer con nosotros y con la IBI. Pero si algo estamos seguros es que esto tiene un propósito, que ha llegado en un momento muy coyuntural, que no es un accidente que la iglesia que ha estado cómoda en su lugar de adoración, provista con recursos, de repente en un momento en que estamos hablando de la iglesia que Dios quiere, y en un momento en que estamos hablando de que necesitamos enfrentar los falsos maestros, los falsos profetas... Yo no creo que en esta coyuntura es accidente que esta prueba nos haya llegado.

Pero como decía hoy, simplemente quiero abrir la reflexión. Yo quiero venir con un ángulo mucho más amplio, ayudarnos a entender que hay conflictos cósmicos de los cuales nosotros no tenemos idea y no vamos a pretender tener idea. Pero que debajo de eso que ocurre en cada experiencia hay un propósito, y que la manera de nosotros encontrar este propósito, y que pensamos que Dios nos puede hablar como iglesia en las próximas semanas, es si cada uno de nosotros se propone entrar en esta reflexión, en esta introspección, preguntarle a Dios: "¿Estoy yo caminando con la integridad que caracterizó a Job, o hay cosas en la integridad a la que yo estoy faltando? ¿Hay cosas que el enemigo, conociéndome, puede usar para desactivarme?" Si pudiéramos decir, el enemigo está tratando de hacerlo, me está cayendo atrás, me está pisando los talones, y yo estoy en peligro de caer precisamente porque me ha puesto el ojo como se lo puso a Job. Y este es el momento quizás en la reflexión de yo descubrirlo y decir: "No, no me encuentres, enemigo."

Ojalá tuviera más tiempo para revisar toda la historia, toda la experiencia de Job. Pero Job quedó tan deformado por estas llagas que sus tres amigos, bien intencionados, cuando se acercaron y lo vieron de lejos, dice el texto que no le reconocieron. Así de deformado estaba Job, sentado rascándose, sabrá Dios con una rama, con una piedra. Sus hijos muertos, diez. No hay posesiones, se han ido. Una esposa que no le está haciendo de buena compañía, y a quien él tiene es a Dios.

Job insiste todo el tiempo: "Yo quiero una audiencia con Dios." Y es ahí donde Job flaquea en su historia. No es maldecir a Dios. Es simplemente en insistir en que él necesita una audiencia con Dios y que él está bien. Y ciertamente la experiencia no comenzó porque él tenía pecado, pero en la prolongación de la prueba, Job en un momento dado termina autojustificándose, por así decirlo, y comienza entonces a cuestionar a Dios por primera vez. Y es ahí donde Dios aparece y Job tiene que ceder.

Pero en el camino, Elifaz, su buen amigo, como diría en inglés, su "buddy", insistía en que Job había pecado grandemente y que esa era la causa de su sufrimiento. Interesantemente, tres diálogos estos tres amigos tienen, y los tienen tres veces: uno después del otro, después del otro. Y finalmente cuando aparece el cuarto, lo primero que hace, como él es más joven, se pasa todo un tiempo excusando su juventud y que él va a hablar porque ellos critican que él sea tan joven. Bildad insistía en que alguien que había pecado como Job no debía estar sorprendido si su hijo estaba sufriendo. Y Zofar decía que el problema de Job era la avaricia, que una persona rica se hace rica por avaricia y por opresión de los pobres.

¿Qué tú haces con tres amigos así? Estás lleno de llagas, has perdido tus hijos, hasta donde él sabía en ese momento no había pecado. Y así es que no había pecado. Uno insiste en que él había pecado grandemente, que por eso es que está sufriendo grandemente. El otro insistía en que alguien que había pecado como Job no debía sorprenderse si su hijo estaba sufriendo. Y Zofar decía que el problema de Job era su avaricia.

Se prolongó la agonía. En la prolongación de la prueba es cuando Job termina pecando, pero por cuestionar a Dios. ¿Y qué va a pasar si esta prueba se prolonga? ¿Qué va a pasar si yo llegué a IBI por todo lo que IBI tenía que ofrecerme, y ahora que no lo tiene, bueno, voy a esperar un mes, voy a esperar un mes, y si se prolonga me buscaré otro lugar que me ofrezca lo que antes yo tenía?

Yo creo que esos son momentos buenos. Yo creo que necesitamos cada uno de nosotros, si tú te sientes parte de lo que es la iglesia y estamos hablando de la iglesia que Dios quiere, y creo que es un momento espectacular para nosotros revisarnos personalmente. Hablarle de ti, del otro. Tú mira hacia adentro. Revisa tus motivaciones, la razón por la que estás en la fe. Revisa si verdaderamente estás en la fe o no estás. La razón por la que estás en IBI, la razón por la que haces las cosas que haces.

En otra semana nos vamos a encontrar como iglesia en un momento de intimidad, en un momento de confesión, en un momento de búsqueda íntima con Dios. Y ahí le vamos a contar a Dios lo que hemos encontrado. Pero no seas, no vayas al vapor, no concluyas rápidamente la introspección, tu examen. No lo aceleres. Si alguien te cuenta lo que descubrió, no asumas que eso mismo es lo que tú tienes, cuando quizás es eso y más, o quizás no es eso, es otra cosa.

Pero no pienses en Pablo, en Pedro, en María. Piensa en ti, que tú puedes decirle cada noche, si el Señor delante de ti: "¿Cómo está mi integridad? Tú que lo conoces todo, Tú que oyes mi pensamiento, Tú que ves lo que veo, Tú que pesas mi corazón y las intenciones de mi corazón, ¿qué Tú ves? ¿Qué tienes que decirme?"

Yo te prometo, yo estoy haciendo lo mismo. Recibí la noticia y a los diez minutos Dios me hizo la primera observación. Y yo no voy a terminar de reflexionar sobre esto por semanas.

Al final de la prueba, Job es reivindicado por Dios. Dios quería que Job le conociera de otra manera. Y en Job cuarenta y dos, versículo cinco, cuando Job es confrontado con Dios, le dice: "¿Quién es este que oscurece mi consejo? ¿Qué sabes tú de esto, de la creación, cuando contuve las aguas, de las playas? ¿Qué tú sabes de todo esto, Job?" Y Job tiene que decir estas palabras: "De oídas había oído de ti, pero ahora mis ojos te ven. Por eso me retracto y me arrepiento en polvo y ceniza."

"Dios, gracias porque te conocía." Escucha lo mucho que Job conocía a Dios, que le permitió resistir la prueba como la resistió. Y al final él descubre: "Yo solamente te conocía de oídas." ¿Te imaginas que un hombre que conoce a Dios de oídas es capaz de mantener una integridad como la mantuvo en la peor de las pruebas? Diez hijos muertos, la salud se ha ido, sus posesiones se han ido, no tiene seguridad ni económica ni física, los hijos no están ahí para protegerlo. En medio de eso él mantiene la integridad y se mantiene firme, reprende a la esposa, y ese es el hombre que apenas conoce a Dios de oídas. ¿Cómo tú le conoces? Honestamente, hermano, hermana, ¿cómo le conoces?

Si Job, que era Job, que era uno de estos tres hombres que Dios dice, con Noé, Daniel, Job, si ellos estuvieran en medio del pueblo, yo no salvaría al pueblo, ellos se salvarían por sí solos, por su caminar, por su integridad... Y Job dice: "Yo te conocía de oídas." ¿No quieres tú ver a Dios como Job le vio? Quizás uno de nuestros mayores pecados es estar satisfechos con lo que sabemos de Dios. Es estar satisfechos con lo que hemos experimentado de Dios. Es estar satisfechos con lo poco que sabemos de su Palabra. Quizás eso es uno de nuestros peores pecados.

Y Job dice: "Ahora mis ojos te ven. Me arrepiento en polvo y ceniza."

Y sucedió que después que el Señor habló estas palabras a Job, el Señor dijo a Elifaz temanita: "Se ha encendido mi ira contra ti y contra tus dos amigos, porque no habéis hablado de mí lo que es recto, como mi siervo Job. Ahora pues, tomad siete novillos y siete carneros, e id a mi siervo Job y ofreced holocausto por vosotros, y mi siervo Job orará por vosotros. Porque ciertamente a él atenderé para no hacer con vosotros conforme a vuestra insensatez, porque no habéis hablado de mí lo que es recto, como mi siervo Job."

Dios reivindica a Job, a pesar de que Job pecó en la prueba al cuestionar a Dios. Pero Dios sabía que esta prueba no fue poca cosa para Job. Lo que sí sabía es que sus amigos no hablaron lo correcto, hablaron insensateces. Y si esta prueba se prolonga, es posible que algunos de nosotros pudiéramos terminar hablando insensateces. Que Dios no nos encuentre de esa manera.

Y hay la necesidad de que cada uno de nosotros, en oración y ayuno... Estos son tiempos de oración y ayuno.

De orar por la iglesia, por nosotros, por los líderes. Hay decisiones que tomar, aun mañana hay una decisión que tomar, y habrá otras que tomar en el futuro muy cercano que tienen que ver con cada uno de nosotros. Necesitamos sus oraciones, y que nosotros podamos con corazones humildes, arrepentidos, buscando de Dios.

Es el Dios que quizás ni de oídas te conozco. Quizás de tradición, quizás de rumores, quizás de lo que me han dicho en la iglesia, pero no lo sé de tu Palabra, no la conozco, no la busco, no la escudriño. Quizás de lo que he oído en los pasillos, o de lo que me han dicho en la escuela dominical. Quizás Dios nos encuentra de esa manera.

Que Dios nos encuentre a cada uno de nosotros después de este ejercicio habiendo confesado, habiéndonos arrepentido, habiéndole pedido a Dios que nos revele lo que necesita revelar, que nos encuentre haciendo las correcciones de lugar, los ajustes necesarios. Eso es algo que arrepentimiento es esto: tú vas en esta dirección, te arrepientes y vas en esta dirección. Arrepentimiento no es mejoría de tu vida cristiana, no es un compromiso un poco más alto. Es una dirección contraria a la que llevaba en ese aspecto de mi vida.

Y si Dios nos va a aprobar, o mejor dicho, si Dios nos va a usar como iglesia, y yo tengo una enorme sospecha de que Él está detrás de eso, Él tendrá que hacer un trabajo en nosotros primero, donde nosotros podamos ser limpiados, más arrepentidos.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.