¿Cómo es posible que alguien escriba una carta rebosante de gozo mientras está encadenado a un soldado romano las veinticuatro horas del día? Esa es la pregunta que plantea la carta a los Filipenses, donde Pablo menciona el gozo dieciséis veces en solo cuatro capítulos. El apóstol no estaba en sus mejores momentos: prácticamente solo, con solo Timoteo compartiendo su mismo sentir, y dos de sus colaboradoras más cercanas en conflicto. Sin embargo, nada de eso pudo robarle lo que las circunstancias nunca le habían dado. La cadena podía limitar su carne, pero no su espíritu.
El problema es que la mayoría de los hijos de Dios viven con una mente terrenal tratando de experimentar una vida eterna. Para muchos, el vivir es el trabajo, la salud, la comodidad o las cosas de este mundo. Cuando esas cosas se alteran, el gozo desaparece. Un fin de semana lluvioso que arruina los planes de playa es suficiente para producir amargura, revelando que el sol era necesario para producir gozo y que Dios no era suficiente. Pablo había aprendido algo diferente: contentarse en cualquier situación, en pobreza o prosperidad, saciado o con hambre. Su secreto era simple: todo lo podía en Cristo que lo fortalecía.
El gozo es directamente proporcional a la distancia a la que vivimos del trono de la gracia. Pablo tenía una mente enfocada, desprendida, humilde, de siervo, futurista, agradecida y confiada. Por eso podía decir con toda honestidad: "Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia."
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Saludos para vivir en Su Palabra. Estamos en la epístola a los Filipenses, comenzando una nueva serie en esta mañana. Yo quiero simplemente introducir la serie. Decía que si tuviera que escoger dos versículos de esta carta para usarlos a manera de portada, de modo que esos dos versículos pudieran decirnos en forma resumida de qué se trata esta carta que vamos a introducir hoy, el primero sería Filipenses 1:21. Yo quiero que usted pueda leer conmigo. El texto dice: "Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia." Esa sería la primera parte de lo que pudiera comenzar a decirnos cuál es el centro, el tema, el foco de la epístola.
El otro versículo, el segundo a manera de portada, sería Filipenses 4:4, ya hacia el final: "Regocijaos en el Señor siempre; otra vez lo diré, regocijaos." Esta es una carta muy conocida, una carta muy famosa. A lo largo de los siglos ha sido conocida por algunos como la carta del gozo, y las razones son evidentes en la forma triunfante como Pablo escribe estando en la prisión en Roma. ¿Cómo es posible que alguien pueda estar en una prisión, con su libertad completamente coartada, y poder escribir una carta que luego algunos han bautizado con el nombre de la carta del gozo? ¿Qué es lo que este hombre conocía que quizás muchos de nosotros no hemos llegado a descubrir?
Cuando tú lees esta carta, te quedas con un sabor de que el apóstol Pablo estaba viviendo uno de sus mejores momentos, lo cual no era cierto. Pero si tú no conoces nada de sus circunstancias, esa sería una conclusión natural: que en este momento Pablo está viviendo sus mejores momentos de la historia de su vida. ¿Cómo puede una persona genuinamente experimentar gozo en medio de las peores circunstancias? Es mi deseo que a lo largo de esta serie nosotros podamos descubrir eso que Pablo eventualmente encontró y abrazó, que produjo en él algo que todavía dos mil años después la mayoría de los hijos de Dios no han podido conocer.
Cada vez que comienzo una nueva serie me gusta, de forma muy simple y muy sencilla, a manera de introducción, comentar la razón por la que estoy haciendo esa serie y no otra. Yo no creo que predicar a lo largo de Filipenses sea una buena motivación si se hace simplemente porque nunca antes lo había hecho, o porque es una carta fácil de predicar. Yo creo que deben haber motivaciones que vayan mucho más allá. Decía esta mañana que normalmente me tomo entre seis y ocho semanas de oración, de buscar la presencia de Dios, tratando de determinar en qué dirección Él quisiera dirigirme. Mucho de lo que hago es pedirle a Dios que me ayude a ver las condiciones en que está Su pueblo, las condiciones en las que va a estar la gente que llegará a la iglesia cuando la serie esté siendo predicada, a quien yo no conozco, lo que Él está haciendo en la iglesia, lo que Él está haciendo en mí, para que de alguna manera Él junte todo eso de una forma que pueda producir en mí el querer y el hacer, y ayudarme a aterrizar exactamente donde Él quiere que yo lo haga.
Entonces la pregunta pudiera ser: bueno, ¿qué lo llevó a la carta de Filipenses? Yo comentaba más temprano que hay dos cosas que a mí me continúan sorprendiendo, chocando, y que frecuentemente me entristecen, y que probablemente usted me ha oído decir de diferentes maneras y con diferentes palabras. Una es cuán parecida es la forma de pensar del creyente de hoy con la del no creyente, lo cual frecuentemente sale a relucir en frases que no son vulgares, pero que sí me revelan que esa mente está completamente viviendo en este mundo, en esta dimensión, y que el mundo venidero es algo que va y viene en su mente. Pero lo que me entristece no es esa parte, sino el hecho de que ese hijo de Dios o hija de Dios ni siquiera puede percatarse de eso que yo estoy mencionando, hasta que nos sentamos y comenzamos a hablar, y frecuentemente si son miembros de la congregación podemos llegar a un punto común de entendimiento. Eso es lo uno.
Esa motivación hizo que yo predicara la serie del Sermón del Monte, tratando de acercar la teología bíblica, la enseñanza bíblica, a la práctica. Pero lo otro que me choca con frecuencia, y que es lo que ha motivado esta serie, es que la mayoría de los hijos de Dios no necesariamente viven la mayor parte de su tiempo motivados por el gozo que Dios ha puesto, ha creado y ha cultivado en ellos. La vida cristiana con más frecuencia es el resultado de un esfuerzo de obediencia que tiende a cansar, a drenar, a pesar, en vez de ser algo que continuamente esté motivando al creyente a seguir a su Dios.
¿Por qué me entristece? Me entristece en ocasiones, y momentáneamente, porque estoy convencido de que la mayoría de las veces estamos siendo movidos a una vida de obediencia por miedo a las consecuencias. Lo que implica que si Dios removiera las consecuencias de nuestro mal caminar, con toda probabilidad una cantidad enorme de Sus hijos comenzaría a vivir de otra manera, revelando que ellos no aborrecen el pecado sino que aborrecen las consecuencias del pecado. Eso me dice a mí que la mente aún no está transformada, y por tanto los deseos tampoco, y aún más, que el Señor aún no está siendo conocido como Él quiere y desea ser conocido. Que con tanta facilidad nosotros pudiéramos desviarnos hacia un estilo de vida más característico del mundo que de los hijos de Dios, eso me ha llevado a desarrollar esta serie.
Yo creo que sería bueno poder desarrollar un gozómetro que nos permita medir la variabilidad del gozo de los hijos de Dios, y que nosotros podamos hacer eso en la manera en que ese gozo se refleja o no en su rostro, en su manera de servir, en su manera de hablar o en su interior. Yo creo que veríamos ese gozómetro como un yo-yo, continuamente hacia arriba y hacia abajo. Porque si somos honestos, lo que con frecuencia observamos en el rostro de aquellos que ya han confiado en Dios y han confiado en que Él es soberano, es un rostro de preocupación, de ansiedad, un rostro abrumado, un rostro apagado, un rostro de cuestionamiento y de dudas. Y ese no es el espíritu del autor de esta carta, que está encadenado a un soldado romano las veinticuatro horas del día. La pregunta entonces es: ¿qué es lo que este hombre conoce que quizás nosotros no conocemos?
Me preocupa que esa forma de ser, ese estado de poca motivación, de falta de ánimo, de falta de gozo, es lo que frecuentemente motiva la desobediencia. Porque cuando yo no estoy encontrando en el Señor lo que se supone que debo encontrar, o en el reino de los cielos lo que yo debiera encontrar de forma natural, yo recuerdo lo que viví en el otro mundo cuando había estado en la carne, e incursiono nuevamente en ese otro territorio donde encuentro cierto gozo y motivación momentánea, que me recuerda que entonces esto no estaba tan mal como yo pensaba. Pero luego me encuentro con el miedo a las consecuencias y tengo que regresar y esforzarme a vivir de la otra manera, pero por lo menos momentáneamente experimenté cierto grado de gozo. Y eso me llena de tristeza.
Yo no creo que eso es lo que el apóstol Pablo vivió, y eso definitivamente no es lo que nosotros encontramos en la carta a los Filipenses. Cuando eso ocurre, cuando esa es la evidencia, con frecuencia la pregunta que tú oyes, o que quizás haces, es: "¿Y qué tiene de malo?" Yo no creo que el apóstol Pablo jamás se hizo una pregunta semejante. Él vivía en otra dimensión, su perspectiva era otra. Cuando yo hago esa pregunta, estoy revelando que eso que tú quieres que yo deje, elimine, o que no haya, realmente es una fuente de gozo para mí. Y ahora tú quieres eliminarme eso también, y honestamente la vida cristiana puede parecer tan aburrida después de todo. Pero eso que quizás tú quieres que yo prescinda nunca fue una motivación o fuente de gozo para el apóstol Pablo.
Cuando alguien le mencionó a Pablo que había hermanos para quienes comer carne era piedra de tropiezo, en ningún momento por la mente de Pablo pasó la idea: "¿Oy, y qué tiene de malo? No estamos en la ley, estamos ya en la gracia." En ningún momento. Pablo simplemente quería saber la razón: "¿Ah, es piedra de tropiezo para alguno? ¿No hay problema. Yo jamás comeré carne." Yo no obtengo gozo de la carne, y prescindir de la carne no es ningún problema, porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Y como esto tiene que ver con la causa de Cristo y con un hermano que pertenece a la familia y a la causa de Cristo, yo prescindo de la carne sin ningún problema. Cuando nosotros tenemos dificultad de prescindir de cosas en este mundo pasajero sin preguntarnos primero su relación con el reino de Dios, estamos revelando que realmente las cosas de este mundo continúan siendo fuente de gozo para nosotros.
Yo enviaba un mensaje ayer en Twitter —finalmente alguien me convenció de que lo hiciera— de que las circunstancias no debieran robarnos el gozo, porque ellas nunca han sido la fuente del mismo. Cristo es la fuente y Él siempre está ahí para producirlo. De tal forma que si no lo estoy experimentando, hay algo que yo no estoy haciendo, conociendo, viviendo o entendiendo, que necesita cambiar en mí. Así es como tenemos que verlo.
La persecución, los naufragios, las veces que fue azotado, las falsas acusaciones, los hermanos que desertaron y que fallaron a su fidelidad en el Evangelio: para el apóstol Pablo, las carencias, nada de eso pudo robarle el gozo. Y Pablo no era Dios encarnado; era hombre de carne igual que tú y que yo. De manera que eso nos recuerda que es posible vivir de esa manera. Cuando no lo hacemos, es quizás porque yo no he aprendido, no he encontrado lo que el apóstol Pablo encontró.
Escucha lo que él dice en Filipenses 4:11-12: "He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación." He aprendido, no simplemente aceptarlo porque bueno, Dios es soberano y ¿quién se puede revelar? No, no. Yo he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación, en la cárcel o fuera de la cárcel.
Sé vivir en pobreza y sé vivir en prosperidad. En todo y por todo he aprendido el secreto. Esto es algo que yo no conocía, pero yo lo encontré, y he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad. Ya Pablo aprendió eso de tal forma que ahora esa es la manera como él vive, y si él lo aprendió, yo lo puedo aprender. Lo que necesito es descubrir qué es.
Ahora él me dice, por lo menos en parte, él me introduce a qué es ahí mismo, y me da también después en el próximo versículo, versículo 13: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." Cuando Cristo, y solo Cristo, es mi fuente de gozo, entonces no hay nada que me lo pueda variar, porque siempre está ahí para mí.
Mientras más yo me adentro en la fe, en la vida cristiana y en esta experiencia de gozo, más me convenzo de que mi gozo es directamente proporcional a la distancia a la que yo vivo del trono de la gracia. Y de esa misma manera, mi gozo es directamente proporcional a cuánto yo estoy viviendo en la carne o en el Espíritu. Y ahora juntamos esos dos conceptos, y resulta que la distancia a la que yo vivo del trono de la gracia es exactamente, o mejor dicho, que yo estoy viviendo en la carne; las circunstancias afectan a la carne continuamente, y eso hace que mi gozo se me vaya.
Como el apóstol Pablo había aprendido el secreto de que en Cristo él todo lo podía, estaba viviendo muy cerca del trono de la gracia y, por tanto, muy frecuentemente en el Espíritu. Las circunstancias que ocurrían no tenían efecto sobre su espíritu, porque el espíritu no puede ser encadenado; solamente la carne puede serlo. Pablo está encadenado y tenía más gozo que la mayoría de nosotros que estamos libres. Entonces, parecería que los libertos somos los que estamos encadenados, y el encadenado era quien realmente estaba disfrutando de libertad.
Mira cómo ocurre: planeamos un fin de semana con la esposa, el esposo, los hijos; nos vamos a un resort, pero resulta que estamos llegando, comienza a llover y se pasa todo el fin de semana. Y la lluvia solamente es suficiente para amargarnos, deprimirnos, estresarnos o airarnos. Pero a mí se me olvida que quien orquesta la lluvia es Dios, de manera que quien me ha amargado el fin de semana, estresado o airado, es Dios. Y como yo estoy viviendo en la carne, yo no puedo pasar un buen fin de semana en una habitación o casa donde esté compartiendo libremente, felizmente, gozosamente con mi esposa y mis hijos, sin la playa. El simple hecho de remover el sol y la posibilidad de estar afuera es suficiente para causar en nosotros amargura, porque yo había planeado que ese fin de semana yo iba a estar bajo el sol y me iba a dorar la piel.
Ahí viene la pregunta: pastor, ¿y qué tiene de malo dorarse la piel? Porque incluso es algo de la naturaleza. Yo no hubiese sabido qué tendría de malo en lo más mínimo, hasta que vi tu reacción cuando el sol no estaba. Y ahí está lo que tiene de malo: ya no tenemos que volver a preguntarlo. Eso es evidente: el sol es necesario para producir gozo en ti, y Dios no es suficiente. Y como Dios lo sabía, Él lo puso en evidencia, a ver si tú y yo lo descubrimos.
Ese no es el apóstol Pablo. Cuando Pablo escribe esta carta, él está encadenado, recuerda. Él no está en sus mejores momentos; de hecho, él está prácticamente solo. Escucha lo que él escribe en Filipenses 2:20: "Pues a nadie más tengo del mismo sentir mío, y que esté sinceramente interesado en vuestro bienestar." Solamente tengo una persona con el mismo sentir y que tenga interés en su bienestar, y ese es Timoteo. ¿Dónde están los otros? "Bueno, no están conmigo. Algunos se han ido al mundo y otros simplemente no han podido estar." Encadenado, con Timoteo solamente, del mismo sentir, y Pablo escribe una carta que pasa a la historia como el libro del gozo.
¿Qué es lo que este hombre conoce? ¿Dónde vive él? ¿En qué dimensión camina él? En esa misma carta, él revela que dos de sus mejores colaboradoras, Síntique y Evodia, estaban de pleito, y él les dice: "Hermanos, ayuden a estas hermanas a reconciliarse." A pesar de eso, nada pudo robarle a Pablo el gozo que Dios había producido en él y había cultivado por medio de su Espíritu. No necesitaba estar en libertad para experimentarlo; en medio de la aflicción, en medio de la cárcel, porque las circunstancias nunca fueron motivos de gozo para Pablo.
Y pensar que nosotros a veces perdemos el gozo porque alguien me pasó por el lado y no me saludó. "Pastor, bueno, me saludó, pero me saludó de esta mala manera." Y ya yo me paso media mañana molesto, airado por la osadía de esa persona de haber saludado a algunos y no haberme saludado a mí. Eso es lo que hace que frecuentemente ese estado de ánimo de falta de motivación, de falta de gozo, haga que con frecuencia los hijos de Dios comiencen a escarbar en los basureros del mundo en busca de un gozo, satisfacción y plenitud que Dios no ha podido darle. Y cuando se lo da, es tan temporal que necesitan incursionar en otras áreas.
Pastor, yo no estoy de acuerdo con usted. Está bien, no tiene que estar de acuerdo, pero escúcheme. La próxima vez que tú experimentes falta de gozo, de satisfacción, por cosas sencillas de la vida, recuerda que tienes el derecho de seguir en desacuerdo conmigo, y que sigues probando lo que estamos hablando en esta mañana.
La mayoría de los hijos de Dios tienen una mente terrenal tratando de vivir una vida eterna que ya Dios les ha otorgado, y eso representa un conflicto continuo en su interior, y muchas veces en su exterior también. El martes pasado, estábamos hablando de estas cosas en la clase de Romanos en el Instituto. Y yo le decía al grupo: no sé cuántos me lo creen, pero yo disfruto cada cosa que yo hago. Yo disfruto predicar y yo disfruto estudiar. Yo disfruto cuando no estoy predicando, aunque no me lo crean. Yo disfruto dar consejería y no dar consejería. Yo disfruto estar a solas y estar acompañado. Yo disfruto ir a un lugar donde esté todo soleado, y disfruto si comienza a llover, porque me brinda mayor oportunidad para quedarme tranquilo, meditando, reflexionando, estudiando.
Yo me pregunto si el estado de ánimo de los hijos de Dios es uno que les permite, prácticamente, disfrutar toda su vida. Porque si hay una persona en el planeta tierra que debiera tener la posibilidad de disfrutar toda su vida, es el hijo de Dios, y si él no lo puede hacer, nadie lo puede hacer. Pero eso va a requerir algunas cosas de las que vamos a estar hablando en unos momentos.
Pablo está en una cárcel. El libro de los Hechos, en el último capítulo, nos habla de ese arresto domiciliario por dos años que él estuvo. Es probablemente desde esa prisión que él está escribiendo esta carta, aunque él tuvo otra prisión más adelante. Él está experimentando su cautiverio; no está rodeado de sus mejores compañeros, no está en sus mejores momentos, pero su espíritu no ha cambiado. La pregunta es: ¿qué es lo que lo podía limitar? La cadena podía limitar la carne de Pablo, pero lo que no podía limitar era su espíritu. Por lo tanto, la cadena no le podía robar al espíritu lo que el espíritu había adquirido sin la cadena. ¿Me entendieron esa idea? El gozo que Pablo adquirió fue adquirido sin cadena; la cadena no se lo puede quitar, no tenía nada que ver con su experiencia.
Y eso es donde tú y yo tenemos que llegar. Yo creo que la carta a los Filipenses nos va a ayudar a entender qué es lo que está pasando. El apóstol Pablo escribe y habla en esta carta dieciséis veces de gozo y regocijo, en sus formas verbales: regocijarme, regocijaos. Dieciséis veces en cuatro capítulos. Y luego él menciona, en esos mismos cuatro capítulos, once veces la palabra "mente" o "actitud", dependiendo de la traducción que usted esté usando. De manera que hay una relación ahora entre la experiencia de gozo y el regocijo, y la mente o actitud que yo poseo.
Hermano, si hay algo de lo que estoy convencido, esa realidad es una de esas cosas. Mi estado de mente, la actitud frente a la vida en general y frente a la vida cristiana —que en realidad solamente debiera haber para el cristiano una sola vida, pues eso es parte del problema: la dicotomía entre "esta es mi vida cristiana" y "esta es el resto de la vida"—, ¿verdad? ¿Tú tienes dos vidas? El cristiano tiene una sola vida, se supone; debiera tener una sola vida a partir de cuando entra al reino de los cielos, de tal manera que él pueda decir: "Para mí, el vivir es Cristo." No hay otra cosa. Todo lo relacionado a su causa me consume, todo lo que tiene que ver con Él, todo lo que está relacionado a su reino: esa es mi vida. Fuera de ahí no tengo otra vida; yo la tenía, pero la perdí. Y ahí está entonces la relación entre actitud, mente y gozo.
Cuando el apóstol Pablo les escribe a los Romanos, les habla de ser transformados por medio de la renovación de vuestra mente, de lo que Pablo está hablando en Filipenses. Si esa renovación de la mente no se está produciendo, yo no estoy siendo transformado. Si yo no estoy siendo transformado, yo no me estoy comportando como un ciudadano del reino de los cielos, y por tanto el conflicto surge inmediatamente en mi interior y en mi exterior, porque ahora yo tengo una nueva ciudadanía pero tengo una mente vieja todavía. La necesidad de la transformación es vital, y eso genera que el cristiano, que ahora tiene un nuevo estándar, frecuentemente piense tan similarmente al no cristiano, porque no ha ocurrido transformación suficiente para que él pueda disfrutar ahora la vida cristiana.
Cuántas veces, en múltiples contextos, hemos oído y hemos dicho que la vida cristiana no es fácil. Yo tengo años que no entiendo eso. Literalmente, yo no entiendo cómo se puede decir eso o experimentar eso. Yo no conozco nada más fácil que la vida cristiana.
Literalmente hablando, yo no conozco nada más fácil de llevar que la vida cristiana. Yo tengo una sola motivación: agradar a mi Dios, y Él me da el poder, pone en mí el querer y el hacer para hacerlo, me dice cómo hacerlo, me pone el Espíritu para iluminarme. Cuando yo no estoy haciendo bien, Él está interesado en mi vida y quiere bendecir mi vida. Aun cuando me disciplina, es una bendición para mí. ¿Dónde está la dificultad?
Ah, que mi mente está todavía en la tierra, en el reino terrenal. Pero resulta que mi vida ya la transfirieron a la vida eterna, y vivir la vida eterna con una mente temporal es completamente —como se dice en inglés— un oxímoron; es una contradicción. Mira cómo se da en la práctica, porque tenemos que bajar esto a la práctica.
Aunque muchos no lo digan, para muchos "el vivir es mi trabajo". Por tanto, si se afecta mi trabajo, se afecta mi gozo. Si el trabajo va bien, los ingresos aumentaron: "¿Cómo está, hermano?" "Bien, bien." "¿Tu relación con Dios?" "Bueno, eso pudiera mejorar, pero el trabajo va muy bien." En otras palabras, la razón por la que puedes responder bien es que tu trabajo está bien, porque para ti el vivir es tu trabajo. Y la vida cristiana: "Mi gozo, eso no anda también, pero total, yo un día voy y juego boliche y meto 50 puntos, otro día 110, y así es mi vida cristiana."
Para muchos, aunque no lo digan, "el vivir es estar en salud", y cuando la salud se afecta —hasta con una gripecita— usted pone esa cara de depresión enorme, sobre todo en el género masculino. ¿Sí o no? A veces algunas esposas —y estoy diciendo esto en serio, no sarcásticamente— me han preguntado: "Doctor, ¿qué le pasa a mi esposo?" "Él tiene esto, esto y esto, más que es hombre." Para otros, "el vivir es la comodidad", y cuando alguien interfiere con su comodidad, con su espacio, con su tiempo, ya se irritan, ya se molestaron.
En un momento en que Jesús se disponía a descansar y a experimentar cierta comodidad, Él se voltea y ve las multitudes, y los apóstoles inmediatamente dijeron: "Maestro, es tan tarde, sería bueno que ellos se retiraran." La realidad es: "Maestro, ya estamos cansados, no vamos a comenzar con esto otra vez." Y el Maestro les dice: "Bueno, ¿sabes qué? Estamos cansados, pero cuando yo vi la multitud tuve compasión de ellos. Así que recuéstense, que ahora vamos a ministrar otra vez." Me imagino a los apóstoles diciéndose entre ellos: "Esto es lo que yo te digo, que Él no descansa, lo mismo siempre."
Sí, yo creo que hay que descansar, hermano, pero Dios va a interrumpir nuestro descanso. Porque para mí el vivir no es descanso; se descansa para vivir, pero el vivir no es descanso. Para otros el vivir es comer, la comida es lo primero. Salimos y ya empieza: "¿Para dónde vamos? Comida china, comida mexicana, no, no, no, no..." Y llegamos al otro sitio y estamos a punto de irnos de lado porque nunca puede ser lo que yo quiero. Hermano, en su casa su esposa hace la comida que usted quiera, esta noche, mañana; después de la comida no llegará el fin del mundo, pero para muchos el vivir es comer.
Y para muchos el vivir es disfrutar de las cosas de este mundo; por tanto, cuando las cosas de este mundo se afectan, eso nos afecta enormemente el gozo. ¿Te das cuenta dónde están, dónde está el problema? Mi mente está aquí abajo todavía, y continuamente me estoy preguntando: "¿Hasta dónde puedo llegar?" Porque lo que yo quiero saber es: "¿Cuánto puedo disfrutar de las cosas de este mundo sin llegar a pecar?" Pablo dice: "¿Qué clase de pensamiento es ese?" La mente está en el otro mundo, y ahora las cosas que se hacen o no se hacen tienen que estar en relación a la causa de Cristo, porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia.
Como mencionaba anteriormente, el simple hecho de ser piedra de tropiezo para un hermano le basta a Pablo para decir: "Eso es el problema, no comeré carne jamás." Para mí el vivir no es la carne, así que yo no tengo ningún gozo de la carne. Mi gozo viene del Señor: si me la como, muy bien, y si no me la como, también. Las privaciones de la carne a nosotros nos sacan de nuestro gozo, de nuestras casillas. ¿Por qué? Porque vivimos en la carne. La cadena privaba a Pablo de la libertad de su carne, pero no de su espíritu. Por eso Pablo no podía ser robado del gozo que estaba experimentando.
Nosotros tenemos que aprender a vivir más en el Espíritu, tenemos que aprender a vivir más la vida eterna que ya se nos entregó. Eso requiere una mente nuevamente transformada por la Palabra, por su verdad; una nueva vivencia y otra dimensión de existencia. Pero no hemos aprendido eso, y vivimos centrados todavía en este mundo. Y no hay nada más cambiante que este mundo; por tanto, las cosas que cambian en este mundo nos afectan tanto porque todavía estamos viviendo aquí abajo.
No hemos aprendido a levantarnos por encima de eso. El apóstol Pablo tenía su mente tan puesta en el próximo mundo venidero que decía: "Para mí el morir es ganancia. Total, mi mente ya está allá; yo lo que voy a hacer es juntarme con mi mente. Mi mente se fue hace mucho tiempo." Y este mundo no le producía ninguna satisfacción. "Yo me voy a quedar por causa de ustedes y lo voy a disfrutar también, pero no porque me produzca ninguna satisfacción."
Y Cristo dijo algo similar cuando nos hablaba acerca de los tesoros. Cristo decía que nosotros no debiéramos acumular tesoros en esta tierra, y no tengo que ser millonario para que esto tenga sentido para mí, ni rico tampoco; yo simplemente necesito tener algunas cosas materiales y ya Cristo está ayudándonos a entender. Él nos dice que nuestro tesoro no debe estar en esta tierra, sino en el próximo mundo. De tal forma que cuando las cosas marchan aquí, tú no seas afectado, porque donde está tu tesoro está también tu corazón.
Y eso es precisamente lo que ocurre: que nuestros tesoros están aquí. Cuando esas cosas son afectadas —como un carro que es chocado— inmediatamente yo cambio, pierdo mi gozo, porque ahí es donde está mi tesoro; mi mente está con el carro y mi corazón está con el carro. O si no es el carro, es otra cosa temporal y efímera que no tiene tanto valor, pero que a mí me afecta enormemente, porque si la verdad es conocida, mi mente no está allá arriba; mi tesoro no está allá arriba, mi tesoro está aquí abajo. Pablo no tiene ese problema: su mente está en otro mundo, en otra dimensión.
Si tú quieres disfrutar la vida como Pablo la disfrutó, tú necesitas la característica de una mente como esta. Tú necesitas una mente enfocada que pueda decir: "Para mí el vivir es Cristo" —Filipenses 1:21, primera parte—. Tú necesitas no solamente una mente enfocada, sino también una mente desprendida que pueda decir: "Y el morir es ganancia" —Filipenses 1:21, segunda parte—. Tú necesitas una mente humilde que considera a los otros como superiores a sí mismo —Filipenses 2:3—. Tú necesitas una mente de siervo, que fue la mente que hubo en Cristo Jesús, que no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo —Filipenses 2:5—.
Ahora bien, yo tengo una mente enfocada, una mente desprendida, una mente humilde, una mente de siervo; pero también necesito una mente futurista que olvida lo que está detrás y se esfuerza hacia lo que está adelante —Filipenses 3:13—. Tú necesitas una mente agradecida, de tal forma que puedas darle gracias a Dios en medio de las circunstancias, cualesquiera que sean esas circunstancias —Filipenses 4:6—. Y necesitas una mente confiada en los propósitos de Dios, de tal manera que su paz, que trasciende todo entendimiento, pueda inundarte. Y ahora, con esa mente humilde, de siervo, enfocada, futurista, desprendida y confiada, puedes experimentar el gozo del Señor en todas las circunstancias de la vida.
Por eso es que Pablo dice: "Yo he aprendido el secreto." Sí, eso se aprende y es un secreto; no todo el mundo lo tiene. Si nosotros tomamos una sola de esas siete características —la que tiene que ver con nuestra actitud de gratitud—, vamos a descubrir que mucha de nuestra falta de gozo es simplemente ingratitud por lo recibido. Tenemos 6, 7, 8, 9, 10 cosas y perdemos una, se nos afecta una, y esa es la cosa que nos roba el gozo que Dios nos compró, olvidando todo lo demás que tenemos. La gratitud es la clave de la satisfacción.
Escucha cómo Pablo dice en Filipenses 4:6: "Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo —toda circunstancia, todo lugar, todo problema—, mediante oración y súplica, con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios; y la paz que sobrepasa todo entendimiento guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús." Presenta tus peticiones con acción de gracias, y la paz... nota la relación entre gracias y paz.
Eso no es como vive la mayoría de los hijos de Dios, y la manera como lo sabemos es porque frecuentemente hay una actitud de queja que atribuimos al país, a la cultura, al gobierno de turno, al tráfico... El tráfico no es la causa de la pérdida de gozo de mucha gente. Es fácil verlo, y lo voy a ilustrar en treinta segundos: hay veinte conductores en el mismo tráfico; diez llegan irritados a su oficina y diez llegan muy tranquilos. El tráfico no fue el problema; los veinte experimentaron el mismo tráfico. ¿Te das cuenta? Es la mente: la mente con la que yo vivo y la expectativa que tengo de este mundo, de este lado de la gloria.
Nosotros vivimos irritados por un mundo de injusticia. ¿Cuándo se nos informa, en la Palabra de Dios, que este será un mundo de justicia antes de la segunda venida? Cuando tú tienes esa información, hermano, vives soñando con esa expectativa. Esa falsa expectativa encuentra continuamente la realidad, y eso hace que yo salga de mi gozo continuamente. Vivimos como debiéramos vivir —perdón— con una perspectiva por encima del sol.
¿Cómo luce la vida por encima del sol? ¿Sabe cómo luce la vida por encima del sol? Todas las cosas, independientemente de cuáles sean, cuán funestas, cuán horribles sean, cuán dolorosas parezcan, cooperarán para bien. Entonces, es una garantía que yo tengo, es algo en lo que yo puedo confiar.
Y eso es lo que hace que Pablo diga: "Tú sabes qué, he llegado a la conclusión de que si yo tengo qué comer y con qué vestirme, estamos contentos, porque el resto de las cosas de este mundo han perdido tanto valor y glamur y brillo que la comida y el vestido me son suficientes." Y el resto, dice Pablo, yo tengo la satisfacción del mundo venidero, donde ya yo estoy viviendo en mi mente. Esa es la manera.
La manera como el apóstol escribe a esta iglesia. Ahora, no sé cuántos de ustedes están familiarizados, pero yo tengo que decirles, antes de cerrar, algunas cosas acerca de la iglesia a la que se le ha enviado esta carta. Esta es una iglesia que Pablo funda en el segundo viaje misionero. Hechos 15 y Hechos 16 nos dan toda la historia.
Después de un tiempo de haber hecho el primer viaje misionero, Pablo entiende que debe regresar a las iglesias que ha plantado para ver cómo están los hermanos. Él habla con Bernabé, Bernabé está de acuerdo, y Bernabé dice: "Vamos a llevar a Juan Marcos." Y Pablo dice: "¿Juan quién? No, Marcos no va con nosotros. Marcos nos abandonó en Panfilia; yo no voy a llevar a Marcos." Y comenzó el desacuerdo, y un desacuerdo tan grande que Bernabé se fue a Chipre con Marcos, y Pablo tomó a Silas y emprendió el viaje. Se fueron a Antioquía, de donde Pablo salió en cada uno de los viajes misioneros.
Pablo y Silas comienzan a viajar, pasan por las regiones de Siria y Cilicia —perdón— y continúan. Llegan a Derbe y a Listra, y ahí se encuentran con Timoteo, a quien Pablo no conocía, pero que aparentemente ya tenía un buen testimonio. Pablo circuncida a Timoteo para evitar problemas con los judíos, y Timoteo se une al equipo. Ellos siguen viajando: cuando quieren entrar a Asia, el Espíritu de Jesús se los impidió; siguen entonces viajando, llegan a Misia; desde Misia querían entrar a Bitinia, y el Espíritu de Jesús lo impidió otra vez. Y ahí siguen hasta Troas.
Troas es un puerto de mar —o era un puerto de mar— en lo que hoy es Turquía. Ahí Pablo recibe una revelación: en un sueño ve a un hombre de Macedonia —el área de lo que hoy es Grecia y sus alrededores— llamándolo para que viniera a ayudarles. Pablo decide ir en esa dirección, de manera que Pablo, por primera vez, cruza a Europa. Cuando llega a Europa, la primera ciudad es Samotracia, luego Neápolis, y diez kilómetros después, Filipos. De manera que probablemente siguieron caminando de Neápolis a Filipos porque era muy acostumbrado, y esa es la primera iglesia fundada en el continente europeo.
No había sinagogas evidentemente, por tanto Pablo se va al río y se encuentra con una mujer de negocios que vende tela de púrpura —realmente de dinero, ella también, porque la púrpura era el color de la gente adinerada—. Esa mujer es Lidia, a quien Dios le abre el corazón para que entienda el mensaje de Pablo. Lidia se convierte, y Lidia es la primera creyente en Europa, la primera cristiana europea. Lidia los invita a su casa.
Mientras ellos caminan hacia la casa, se encuentran con una muchacha que está endemoniada, pero que aparentemente quería ayudar a Pablo, porque le decía a todo el mundo: "Estos son siervos del Dios altísimo; síganlos, óiganlos." Pero Pablo se da cuenta, después de unos días, de que esta mujer está endemoniada, y la libera del demonio. Los dueños de la esclava —porque esa muchacha era esclava— se indignan porque perdieron sus ingresos, consiguen que las autoridades metan a Pablo y a Silas en la cárcel.
Y ese fue su peor aprieto, porque a medianoche, después que los azotaron mucho —dice el texto—, los metieron en la cárcel. A medianoche están ellos cantando. Fíjate que los látigos y la cárcel tampoco pueden quitarle el gozo a Pablo y a Silas, porque el látigo y la cárcel no lo habían dado, entonces no tenían nada que ver con esas experiencias.
De repente, las puertas de la cárcel se abren, las cadenas se aflojan. El carcelero piensa que todos los prisioneros se han ido, toma la espada y se va a matar, porque él iba a perder su vida si los prisioneros hubieran escapado —así se hacía—. Y Pablo le dice: "No lo hagas, estamos todos aquí." Él cae de rodillas: "¿Qué debo hacer para ser salvo?" Pablo le explica, el hombre se salva, él y su casa, y él y su casa fueron bautizados. La primera iglesia en Europa está formada por una mujer rica y un carcelero con su familia: tan típico de Dios, dos clases distintas, uno adinerado y uno sin dinero.
Y ahí comienza la iglesia de Filipos. Se estima que Pablo fundó la iglesia alrededor del año 49, 50 o 51, y diez años después él envía esta carta a los filipenses. La razón por la que menciono eso de los diez años después es porque la manera como Pablo le escribe a esta gente, diez años después, es extraordinaria. No sé cómo Pablo puede —diez años después, sin haber visitado a estos hermanos en diez años— escribirles como les escribe. En Filipenses 4:1, uno de sus clásicos, dice: "Así que, hermanos míos amados y añorados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados." Diez años después: "Ustedes son mi gozo y mi corona."
Bueno, no era una iglesia cualquiera. Era una iglesia que había dado ejemplo de ser una iglesia que suplió a Pablo en la necesidad y a otros hermanos en carencia. Fue una iglesia que dio evidencia de una verdadera koinonía, un verdadero sentido de comunidad. Escucha cómo Pablo le escribe en el capítulo primero, versículo 4 y 5: "Orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros." Escucha ahora cuál es parte del gozo, la razón del gozo: "Por vuestra participación en el Evangelio desde el primer día hasta ahora."
Lo que está diciendo es: "Yo oro todos los días por ustedes, y cuando oro, oro con gozo. Pero ¿sabes qué parte de la razón del gozo es? Su participación conmigo en el Evangelio." Ustedes hicieron parte de una sola comunidad conmigo, y ahora en comunidad nosotros hemos estado trabajando para el reino de los cielos, para Cristo. De tal forma que su participación, su koinonía en el Evangelio, por el Evangelio, es parte de mi gozo.
Y eso nos revela por qué a veces no experimentamos el gozo que debiéramos experimentar. Porque cuando Dios nos salvó y nos hizo seres nuevos, nos colocó en una comunidad. Y es en esa comunidad donde Dios nos colocó en hermandad y koinonía verdadera con los hermanos, donde se supone que yo debo estar experimentando mi gozo. Porque ahora todos estamos unidos por una misma causa. Y Dios diseñó la vida cristiana para vivirla en comunidad, trabajarla en comunidad y celebrarla en comunidad.
Pero Dios me pone en la vida cristiana, y yo todavía quiero celebrar con gente de afuera. Y si bien es cierto que tenemos que ganar a los de afuera, no es menos cierto que donde Dios quiere que yo experimente mi gozo es en la comunidad cristiana. Se anunciaba el grupo de los hombres de oración el próximo sábado a las siete, y la reacción fue: "Otra actividad más, otra cosa más." Es que tu vida te sacaron del mundo hace mucho tiempo. Las cosas que giran alrededor de la comunidad cristiana se supone que constituyen tu vida.
Pero cuando eso no es así, te pesan. Claro que te va a pesar. No estoy diciendo que si el sábado en la mañana tú te despiertas y realmente estás muy cansado, que de una forma legalista tienes que estar aquí. No es lo que estoy diciendo. Lo que estoy señalando es que a lo mejor, si a las siete de la mañana la invitación fuera para jugar golf, o tenis, o dominó, o correr, o cualquier otra cosa, a lo mejor no me resultaría "otra actividad más." Y la razón por la que me resulta de esa manera es que yo no he acabado de entender que mi vida gira alrededor de una causa, y que las celebraciones y mi gozo giran en torno a esa comunidad.
Los judíos lo entendieron bien. La sinagoga era el centro de toda la actividad social de la comunidad. No había una cultura y una religión separadas: su cultura era su religión y su religión era su cultura. La manera de celebrar giraba alrededor de la sinagoga. Mis amigos, ¿quiénes son? Los de la sinagoga. ¿Y para dónde voy a caminar? Para la sinagoga. Es mi comunidad. La gente que tiene amigos del Club de Leones lo hace igual: ¿con quién sales? Con mis amigos del Club de Leones. ¿Y el viaje? Con los amigos del Club de Leones. Pero si pasaste a otro reino, es en esa comunidad donde se supone que tú debes experimentar el gozo del Señor.
Y esto me lleva a algo que raramente se nombra. La motivación para esta serie no puede ser que los hijos de Dios reciban un llamado de parte de Dios, reciban vida eterna, reciban Su Espíritu, reciban una comunidad que Dios llama Su iglesia, reciban Su Palabra, que Dios les abra los ojos, que Dios les dé Su Espíritu para trabajar en ellos, que Dios les dé garantías, que les dé propósito, que les diga que esta es su vida, que controle su futuro y sus circunstancias, que Dios les dé esa seguridad, les dé discernimiento, que Dios te dé Su certidumbre, que Dios nos dé pastores que nos guíen, y que después de todo eso yo todavía no sepa cómo vivir en plenitud y en gozo la mayor parte del tiempo.
Es como si Dios bajara y dijera, como se dice en inglés: *"What's the matter with you?"* ¿Cuál es tu problema? ¿Es que Yo no soy suficiente? ¿Es que lo que te he dado no te basta? ¿Es que eres insaciable? ¿O es que no Me conoces? ¿No has oído, no has sabido que en Mi presencia hay plenitud de gozo y a Mi diestra delicias para siempre? ¿No te lo han dicho, no te lo han informado? ¿O nunca has estado en Mi presencia, nunca has estado a Mi diestra? *"What's the matter with you?"* ¿Cuál es tu problema?
¿Realmente Yo no soy suficiente para ti? ¿Realmente necesitas las circunstancias y los vientos siempre soplando en tu dirección para experimentar gozo? No soplaron de esa manera para Mi Hijo, quien terminó clavado en una cruz, y por el gozo puesto delante de Él fue hasta la cruz. ¿Es que Yo no he puesto el gozo delante de ti? ¿Es que no te he hecho promesas? ¿Es que no te las he garantizado? ¿Es que no te he dado evidencia de que las voy a cumplir? ¿Qué te pasa? ¿Por qué no te sinceras y admites de una vez y para siempre que estás en posesión de una vida eterna, pero tienes una mente terrenal y no la puedes vivir?
No me acuses, no acuses la vida que te he dado de que no produce gozo y de ser pesada. Mis mandamientos no son gravosos. Sácame del banquillo de los acusados donde me has tenido por tanto tiempo, diciendo que la vida cristiana no es fácil. Pongo el querer y el hacer, vivo dentro de ti en la tercera Persona, la actividad del Espíritu vive en ti, y todavía Me acusas de ser gravoso. No solamente te digo qué hacer, sino que te doy hoy la fuerza para que lo hagas, y todavía te quejas de la vida. Pero es que Yo no solamente soy el Autor de la vida, no solamente soy el Sustentador de la vida: Yo soy el Orquestador de tu vida. Cada segundo, cada evento, cada circunstancia, Yo lo he producido, y de cada uno de ellos te has quejado.
Es mi oración que a partir de hoy tú puedas comenzar a cambiar tu mente, a adoptar otra perspectiva de la vida, otra perspectiva de la vida de este lado de la eternidad, y que tú puedas decir mañana, al final de esta serie, dentro de un mes: "Oye, para mí también el vivir es Cristo y el morir es ganancia."