El conocimiento de Dios es la mayor necesidad del ser humano, tanto del incrédulo como del creyente. Esta convicción profunda impulsa el mensaje con el que la Iglesia Bautista Internacional inició el año 2023, veinticinco años después de haber comenzado con una serie similar sobre el carácter de Dios. La frase "en el principio Dios" —que en hebreo es el nombre mismo del libro de Génesis— establece verdades fundamentales: antes de que existiera la creación, el tiempo o el espacio, Dios ya era. Esa sola declaración lo revela como creador, sustentador, dueño, soberano, eterno y autoexistente. Cuando Moisés preguntó su nombre, Dios respondió simplemente: "Yo soy", porque Él siempre es, sin pasado ni futuro.
Romanos 1 afirma que todos los seres humanos conocen que Dios existe porque Él se lo ha hecho evidente, tanto en la creación como en el interior de cada persona. Por eso el salmista declara que solo el necio dice en su corazón que no hay Dios. Sin embargo, conocer acerca de Dios no es lo mismo que conocerlo. El conocimiento que transforma no es meramente intelectual; debe bajar de la mente al corazón y de allí a la voluntad, convirtiéndose en experiencia vivida. Como escribió el apóstol: "En él vivimos, nos movemos y existimos".
Cuando este conocimiento falta o se distorsiona, la vida se convierte en un laberinto sin brújula. Dios reveló a través de Oseas que su pueblo perecía por falta de conocimiento de Él. La calidad de nuestra adoración, nuestras relaciones, nuestro trabajo y hasta nuestros entretenimientos reflejan cuánto conocemos al Dios que nos creó. Conocerlo produce amor, el amor produce obediencia, y la obediencia produce la gloria que Él merece.
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El libro de los comienzos en este comienzo de año, y mi texto está limitado a Génesis 1:1. En este principio de año recordamos que una vez dijo Dios: "En el principio Dios." La oración es corta, es el título de mi mensaje, que nosotros pudiéramos gastarnos horas tratando de sondear ese título. "En el principio Dios" me pareció un buen título para comenzar esta serie sobre el carácter de Dios. Me pareció un buen título para comenzar el año, el primer día del año, poder pensar en esa frase tan conocida. De hecho, en el hebreo esa frase es el nombre del libro del Génesis, porque en el hebreo los primeros cinco libros del Pentateuco llevan por nombre la primera frase con la que el libro comienza, de manera que el hebreo no diría algo así como Génesis, sino que el libro se llama "En el principio."
En el principio la IDI comenzó con una serie sobre el carácter de Dios. Ahora, 25 años después —este miércoles cuatro—, de manera que ven, hace veinticinco años del nacimiento de nuestra iglesia. En el principio del año 2023 la IDI decidió, por así decirlo, si nos vemos como cuerpo de Cristo, volver a predicar sobre el carácter de Dios. 25 años después. Pero si me preguntaran: ¿por qué estoy repitiendo esta serie? Es porque estoy convencido hasta, no sé, hasta la médula de mis huesos. Diríamos en el lenguaje cotidiano, hasta el tuétano de mis huesos, que la mayor necesidad del ser humano y de la iglesia en el día de hoy, y en cualquier otra época, es el conocimiento de Dios.
No hay duda de que nosotros estamos rodeados de un caos que parece ir en aumento todos los días, pero ese caos es simplemente un reflejo de cuánto la humanidad se ha ido alejando de Dios. Y en la medida que la humanidad se ha alejado de Dios, el mismo Dios ha decidido alejarse de ella, porque en su santidad no puede guardar relación con una humanidad que le ha dado la espalda y que ha decidido vivir sin Dios aparentemente. Desde que la humanidad comenzó, o ha comenzado a alejarse de Dios, de ese momento todos los caminos del hombre le parecen derecho, pero al final son caminos de muerte, dice Proverbios 14:12 y 16:25.
Decía que el conocimiento de Dios —y esto no es una idea original, honestamente esto tiene años circulando— el conocimiento de Dios es la necesidad más grande que el ser humano tiene, porque Dios es la plomada que endereza todo lo torcido. Dios es la brújula que señala la dirección en la que tú y yo debiéramos caminar. Dios es la roca sobre la cual tú puedes edificar tu vida y toda una civilización.
Cuando Dios no está, sin Dios, la vida del hombre es un laberinto: no sabe para dónde va, no sabe cuándo va a llegar, no sabe en qué dirección va, no sabe si continuar o devolverse. Sin Dios, ese hombre tiene una vida sin rumbo ni dirección, él carece de brújula, no la tiene. Y todo su mundo, todo su mundo que él fabrica, no importa en qué dirección, él lo ha fabricado sobre arena movediza, porque todo comienza con Dios y termina con Dios. Él es el alfa y la omega. El alfa es la primera letra del alfabeto griego y la omega es la última; es el alfa y la omega. Dios es el principio de cada cosa, Dios es el principio de cada vida.
En el principio, cuando tú no tenías vida y estabas siendo concebido, en el momento en que el óvulo de tu madre y el espermatozoide se encontraron, Dios le dio vida. En el principio, cuando todavía no le conocías, a Dios, te hizo nacer de nuevo Dios, intervino y te dio Su Espíritu. Para aquellos que están casados, en el principio de ese matrimonio Dios unió un hombre y una mujer y los hizo una sola carne. En el principio de tu profesión, Dios estuvo allí. En el principio, Dios creó los cielos y la tierra.
A ver si podemos desempacar esa frase por un tiempo. La frase que significa "en el principio Dios creó los cielos y la tierra": antes de que hubiera creación, Dios; antes de que el tiempo comenzara a contar, Dios; antes de que existiera el espacio donde el universo se encuentra, Dios; antes de que hubiera luz, Dios. Desde la eternidad hasta la eternidad, Él es Dios. Y así Él se revela.
En el principio Dios creó los cielos y la tierra. Esa sola frase lo establece como Creador. El Creador que habla y las cosas suceden. El Creador que llama las cosas que no son —como la creación no era— y las llama como si ya fueran. Esa frase con la que iniciamos, con la que el libro del Génesis se inicia, a esta vez a Dios no solamente como Dios que crea, sino que también sostiene, porque si Él no hubiese continuado sosteniendo su universo, el universo hubiera colapsado.
Si Dios creó, entonces ese universo sin consejo, sin ayuda. Eso lo establece, obviamente, como dueño y Señor sobre toda la creación. Y si es dueño y Señor sobre toda la creación, esa frase lo establece como soberano. "Él es dueño del cielo y la tierra," dice Deuteronomio 10:14. Dice el salmista en el Salmo 24:1: "Del Señor es la tierra y todo lo que en ella hay." El que crea es dueño de lo que crea. Ese Dios es el Creador de todo lo que existe, es el dueño de todo lo creado, es soberano sobre todo lo que ahí se mueve. Él tiene la autoridad, Él tiene el poder para hacer conforme al consejo de su voluntad, sin haber consultado a nadie. De hecho, el salmista dice en el Salmo 115 que Dios está en los cielos y Él hace lo que le place. Dios no le rinde cuentas a nadie.
Si Dios existía antes de cualquier otra cosa —y existía— y nada le dio origen, entonces Dios es eterno. Y si Dios es eterno, entonces Dios es autoexistente. Él tiene vida en sí mismo. Él no depende como tú y yo dependemos de alimento, de agua, de sol, de una serie de cosas para vivir. No. El poder de la vida está en Él, el poder de existir está en Él. Él es sin principio ni fin. Él no es afectado por el tiempo, Él no envejece. Es la razón por la que 2 Pedro 3:8 nos dice que para Él un día es como mil años. El salmista afirma exactamente la misma cosa.
Imagina, nosotros que siempre andamos tan apurados y andamos de prisa. "Oye, Dios, ya es tarde, qué tiene este Mesías que no acaba de responder." Él dice: "Es como un segundo. Es más, eso no es tiempo para mí. Yo vivo fuera de ese tiempo. No sé lo que es esperar. Ustedes esperan porque tienen un reloj. Ustedes celebran un calendario, un año pasa, un año comienza, pero desde aquí, desde donde yo estoy, donde yo existo, nada ha cambiado."
Si Dios es eterno y es autoexistente, entonces Dios es autosuficiente. Cuando Moisés estaba interesado en saber el nombre de Dios para volver a Egipto y saber si él podía confiar en ese Dios porque no le conocía, él dice: "¿Cuál es tu nombre? Porque seguro que me van a preguntar." Estaba acostumbrado a los ídolos y todos los ídolos tienen nombres. "¿Qué le digo?" Y Él le dice: "Yo soy." "Yo soy, ¿pero cómo que yo soy?" "Porque yo siempre soy. Yo no tengo pasado, yo no tengo presente, yo no tengo futuro. Yo soy." Eso es lo que llamamos en teología la aseidad de Dios: el hecho de que Dios es autoexistente y autosuficiente. Ese es nuestro Dios. Cuando no había nada, ya Dios era. Nada ni nadie le dio origen, nada ni nadie sostiene lo que creó. Dios no tiene necesidad.
Es interesante que Dios no inicia su revelación y dice a los hijos de los hombres: "Declaro yo, Dios, que yo existo. ¿Quién es prueba de que yo existo?" No. Dios asume que todo ser humano sabe que Él existe. "En el principio yo creé los cielos y la tierra." Dios está diciendo: "Yo no solamente que yo no le debo explicación a nadie —esa no es la idea— yo no tengo que explicarte lo que ya tú conoces. Que tú lo niegas es otra cosa." Y de hecho es exactamente lo que Dios reveló a través de Pablo.
Cuando Pablo escribe su epístola a los Romanos, claramente en el capítulo 1, Dios revela el hecho de que Él entiende como Creador, y el hombre siente, que es que no hay nadie que sea un verdadero ateo. Déjame leerte el texto. Son dos versículos, lo voy a leer de la Nueva Traducción Viviente porque como que lo deja ver mucho más claro. Romanos 1, versículos 19 y 20: "Ellos —la raza humana— conocen la verdad acerca de Dios." ¿Por qué, Dios? ¿Por qué tú estás tan seguro? Escucha: "Porque Él, Dios, se la ha hecho evidente. Yo le hice evidente." Dios no dice descubrible, no: evidente. Esto es evidente que está delante de mí. Ustedes es evidente que están delante de mí. Nadie tiene que explicarme para yo decir: "Oh sí, yo tengo una audiencia delante."
¿Y cómo lo saben? ¿Cómo lo sabemos, Dios? Pues porque "desde la creación del mundo todos han visto los cielos y la tierra." Al contemplar los cielos —cantábamos eso— y por medio de todo lo que Dios hizo, ellos pueden ver a simple vista las cualidades invisibles de Dios. ¿Cuáles son? Su poder eterno y su naturaleza divina.
Déjame pararme ahí porque el versículo no ha culminado. Dios dice: cuando tú sales y contemplas los cielos y ves las maravillas —y más hoy que nosotros disponemos de ciencia y podemos saber de los millones de galaxias con millones de astros que continuamente se expanden a miles de kilómetros por hora de velocidad por todo este tiempo— tú dices: es obvio que aquí hay un Creador detrás. Tan evidente. Escucha al final del texto: "Así que no tienen ninguna excusa para no conocer a Dios."
Lo que Dios está haciendo obvio es que si tienes un universo que funciona armónicamente, si tienes un universo que está calibrado de una manera espectacular —que en la ciencia se puede explicar la manera como está calibrado, de tal forma que los astros no viven colapsando y no viven chocándose uno con otro— si tiene diseño detrás de esa creación, obviamente el azar no pudo haber llegado a hacer tales cosas, y por consiguiente la única conclusión lógica es que hay un Dios detrás. Pero Dios dice —el texto de la NTV no lo tenía esta parte tan claro, pero Dios dice— "Yo solo hice evidente dentro de ellos." En el interior del ser humano hay algo que le dice que existe un Dios. Hay algo en su conciencia, hay algo que apela continuamente a que tiene que existir otra cosa por encima de nosotros.
Voltaire decía: "Si Dios no existiera, habría que inventarlo." Es como si fuera necesario este Ser. O Kant, Immanuel Kant, el gran filósofo de la era de la Iluminación, decía —no era creyente, pero él decía—: "Yo tengo dos problemas, y es que yo no puedo explicar ni la ley moral dentro del hombre." Como que el hombre tiene una idea en todas las culturas de que hay algo bueno y hay algo malo. Hay una coincidencia: siempre piensa que hay algo que es bueno y algo que es malo. ¿De dónde salió eso, que la materia no puede dar esa conciencia, ese nivel de discernimiento? Y tampoco puedo explicar el cielo estrellado en las noches.
La Biblia dice qué se requiere para negar a Dios. O sea, Dios dice: "Todos los seres humanos conocen que yo existo." Pero yo sé que hay gente que dice que yo no existo. Y luego, para no dejarme como en el aire, para que yo pueda entender, me dice: "Yo te voy a decir qué se requiere para negarme." Salmo 14:1: "El necio ha dicho en su corazón: No hay Dios." Dios dice que se requiere una necedad de parte del ser humano —igual lo repite en Salmo 53:1— para llegar a la conclusión de que lo que él sabe, porque es evidente, no es verdad. De manera que el ser humano conoce que Dios es.
Los defensores de la fe, que nosotros llamamos apologistas, han tratado de explicar la existencia de Dios de diferentes maneras. Han hablado del argumento cosmológico, que ya yo lo mencioné: existe un cosmos; de la nada, nada sale; obviamente alguien debió haberle dado origen. Hay otros que han postulado el hecho de que, bueno, no solamente hay un cosmos, sino que este cosmos está calibrado de una manera tan precisa —a veces hasta la décima y más allá, la potencia de calibración— que es imposible que el azar haya podido lograr algo como eso. Y ese es el argumento teleológico: telos, fin, propósito. Todo tiene un propósito, un fin. La luna no es más grande ni está más lejos ni está más cerca de donde está, porque de haber sido de esa manera, la tierra no podría funcionar como funciona.
De manera que la luna tiene el tamaño preciso, a la distancia precisa de la tierra, para que las cuatro estaciones del año puedan ser más o menos tolerables, vivibles, y la tierra pueda tener una inclinación de su eje. De manera que la luna ahí tiene un propósito: es el argumento teleológico.
Y otros, que ya también mencioné, usan el argumento moral. El hombre tiene una idea básica de lo que es bueno, lo que es malo. Eso es como una conciencia con una ley moral. O sea, hay una ley moral; debe haber un dador de la ley moral. Y es el argumento moral. Y los apologistas —y en ocasiones yo mismo he usado argumentos como esos— pero sabes qué, nadie se ha convertido porque entiende los argumentos morales o cosmológicos.
Si el hombre trata de entender para creer, él nunca va a llegar, nunca va a llegar porque esa no es la manera como la Palabra de Dios describe cómo se entiende. Hebreos 11:3, por lo menos, ¿cómo se entiende la revelación de Dios? En el mundo de la ciencia, yo sé, tú entiendes algo, tú entiendes cómo una medicina funciona y tú la prescribes. Eso no es como Dios dice que su revelación se entiende. Escucha, Hebreos 11:3: "Por la fe entendemos que el universo fue preparado por la palabra de Dios." Primero la fe, luego entiendes que el universo fue preparado por la palabra de Dios, de manera que lo que se ve fue hecho de las cosas que no se ven. Y eso es como nosotros necesitamos ver la manera como llegamos a Dios: es por la fe, no por la razón.
La salvación llega a nosotros cuando ponemos la fe en Dios, en su revelación, en su carácter, en su Hijo, aquel que envió y fue a la cruz y murió por nuestros pecados. Y como yo decía, verdad, no hay ninguna idea, no hay ningún cambio que tú puedas hacer, no hay ninguna otra verdad que pueda cambiar tu vida más, influenciar tu vida más que el conocimiento que puedes adquirir de Dios. Si Dios pudiera desaparecer, toda la creación desaparecería con él al mismo tiempo. Pero escucha, porque este es mi deseo, en cierta medida esta es mi oración para la IBI en el 2023: nada influencia o impacta la vida de un ser humano como lo es el conocer a Dios. Esa es la mayor necesidad del incrédulo, esa es la mayor necesidad del creyente.
Recuerda que Dios reveló a través de Oseas 4:6, cuando el pueblo judío estaba siendo perseguido o dominado por poderes extraños, extranjeros que se lo estaban llevando al exilio, Dios dice a través de Oseas 4:6: "Mi pueblo perece por falta de conocimiento." Una de las traducciones dice: "Mi pueblo está siendo destruido porque no me conoce." Escucha, IBI: "Mi pueblo," dice Dios, no es el incrédulo, son aquellos sobre los que se invocaba el nombre de Dios. Es como que Dios dijera: esta congregación, si fuera el caso, está siendo destruida porque no me conoce; esta vida está siendo destruida porque no me conoce; esta familia está siendo destruida porque no me conoce. Es la misma idea.
El conocimiento de Dios es la roca sobre la cual tú y yo podemos edificar una vida, una profesión, una familia, un matrimonio. Yo creo que la mayoría de los hijos de Dios no se ha detenido a pensar, a meditar, a reflexionar la influencia que tiene el conocimiento de Dios sobre ti y tus estudios. De hecho, la vida de una iglesia, la calidad de la vida de una iglesia, de su liderazgo, depende del conocimiento de Dios que ellos tienen y del conocimiento de Dios que sale de sus púlpitos. Todo comienza con Dios. La calidad de una adoración depende del concepto que tengamos de ese Dios al que adoramos: un Dios grande, una adoración proporcional; un Dios pequeño, una adoración pequeña, superficial, más bien terrenal.
Si lo pudiéramos ver, porque realmente es mi deseo que en el 2023 te lances de manera apasionada a conocer a Dios. Nadie ha terminado de conocerlo, ni el apóstol Pablo en sus días. De hecho, el apóstol Pablo es que una cosa decía: que él quería llegar a conocer a Cristo, el poder de su resurrección. Él quería más, se había estado mal tercereando. Moisés, en un momento dado, después de hablar con Dios cara a cara con frecuencia, después de haberlo encontrado, o Dios haber encontrado a Moisés en el desierto y haber oído su voz, le dice a Dios: "Muéstrame tus caminos, porque yo quiero conocerte." Moisés, pero tú, ¿no habías estado cuarenta días en el monte? ¿No habías...? Tú entiendes, es que yo quiero conocer a ese Ser infinito que me dio una idea, un somero de quién él es.
Tanto influencia el conocimiento de Dios tu vida, que tú pudieras decir libremente, con toda libertad: dime cómo vives y te diré cuánto conoces de Dios. Tú puedes decir con toda libertad: dime cómo piensas y te diré cuánto conoces de Dios. Dime cómo adoras, y no solamente cómo cantas, y te diré cuánto conoces de Dios. No hay qué decir, no hay idea, no hay libro, no hay verdad, no hay concepto, no hay absolutamente nada que pueda impactar, cambiar tu vida, tu pensamiento, la dirección para donde vas, como el conocimiento de Dios.
Ninguna vida se puede levantar por encima del concepto de Dios que él o ella tenga. Ninguna vida se puede levantar por encima del concepto de Dios que él o ella tenga. De hecho, tu vida y la mía son un reflejo de cuánto conocemos al Dios que nos creó. No tiene lugar a dudas: si miras la vida de cualquier persona, él es un espejo, y lo que él refleja es cuánto él conoce al Dios que le dio origen.
Ahora, la pregunta que tú y yo tenemos que hacer, porque quizás algunos que están aquí, que se han leído mucho, que se han tomado cursos de teología o leído libros de teología sistemática, que se pueden recitar los atributos de Dios, quizá pueden incluso definir los atributos de Dios, y quizá pudieran estar pensando: "Pero yo sí conozco a Dios." Bueno, déjame, vamos a hablar un poco brevemente de a qué conocimiento me estoy refiriendo. Porque si tú eres hijo de Dios, en una cierta medida tú puedes decir: "Yo sí conozco a Dios, por eso es que soy hijo de él." Esa es una forma de verlo. Pero la pregunta es: ¿cuál es el conocimiento que cambia, que transforma, que impacta, que influencia una vida?
Porque yo puedo conocer mucho acerca de Dios y no conocer a Dios. De hecho, los ateos que han estudiado teología para negar a Dios conocen mucho acerca de Dios, mucho. Los teólogos liberales que han hecho doctorados y después se volvieron liberales conocen mucho acerca de Dios. Porque yo puedo tener un conocimiento cerebral, teológico, conceptual de quién Dios es. Eso no me cambia. Yo creo que lamentablemente eso es cómo ocurre en la mayoría de los hijos de Dios, que estudien teología o no. Desde los púlpitos, o lo que leen, es básicamente un conocimiento: "Dios es soberano." Y bueno, ¿por qué tú aceptas eso? "No, pues, él es soberano, no puedes discutir con Dios." No, no, no, no, eso es puro, eso lo puede decir un ateo.
El conocimiento que verdaderamente cambia a una persona es un conocimiento que, en primer lugar, tú has adquirido con tu mente. Tiene que transformar tu mente, Romanos 12:2. Ese conocimiento que tú has adquirido, que está en tu mente, tú meditas sobre ese conocimiento, tú rumias ese conocimiento, tú lo masticas, igual lo masticas, igual lo traes y lo comienzas a ver: ¿cómo aplico esto en mi vida? ¿Cómo yo aplico el perdón de pecados en mi vida? ¿Cómo aplico la soberanía de Dios en mi vida? De manera que ahora el conocimiento comienza a bajar al corazón. Y después que baja al corazón, tú permites que eso siga corriendo y llegue a tu voluntad, y lo comienzas a vivir. Y en la vivencia tú eres cambiado, en la vivencia tú eres cambiado.
De manera que estamos llamando a ese conocimiento experiencial, y si no está en el diccionario de la Real Academia esa palabra, o existencial. Experiencial porque yo he tenido una experiencia con ese Dios. O existencial porque ese Dios ha afectado mi existencia, por eso es existencial. Y ese conocimiento al que yo me estoy refiriendo, escucha lo que el libro de Hechos, capítulo 17, versículo 28, revela: "En él vivimos, nos movemos y existimos." Si eso es verdad, y lo es, no puede haber nada que cambie en mi vida más que la manera como yo le conozco. Porque en él transcurre, existe toda mi vida. Yo vivo en él, yo me muevo en él, y yo existo en él. Por consiguiente, no hay nada de mi vida que no esté relacionado a cuánto yo conozco a Dios. No hay nada, absolutamente nada, desde mis pensamientos a mis palabras a mis acciones. Así de cruciales son las implicaciones del conocimiento de Dios.
Juan Calvino, uno de los más grandes teólogos de la historia de la iglesia, definitivamente en el top tres, vamos a decir, Juan Calvino, él tiene una obra voluminosa. Él comienza su obra diciendo que nosotros no podemos conocernos a nosotros mismos. Y tanto que pensamos que nos conocemos, estamos hablando con él y dice: "No, porque yo me conozco." No te conoces. Tú piensas que te conoces, tú tienes una idea de que te conoces. Juan Calvino dice que ninguno de nosotros se conoce a sí mismo hasta que no haya —eso es como su obra, su opus magnum abre— hasta que tú no hayas sentado, contemplado el rostro de Dios, y luego tú desciendes y te conoces a ti mismo.
Eso suena como abstracto, pastor. Te lo voy a aterrizar, un buen dominicano. Isaías era considerado quizás por él, pero considerado el hombre más recto en la nación de Israel, hasta que Dios lo encumbró y lo dejó verlo: "Santo, santo, santo." Y es como que luego Dios lo bajó, e Isaías se sintió destrozado, un hombre impuro, pecaminoso, de labios impuros. Yo no creo que tú y yo, a lo mejor, estemos viendo en la mañana un hombre deshecho, arruinado debido a nuestra impureza. Dios es la lupa que te permite ver lo que no es visible a simple vista. Eso es lo que le pasó a Isaías, que cuando Dios le prestó el microscopio, más que una lupa, y él se miró adentro, él dijo: "¿Y esto soy yo?" Y pensar que a veces nosotros hablamos: "No, no, fue la… No, es lo que él no sabe con quién se metió," como que se metió con alguien muy grande.
El lente de Dios magnifica y enfoca nuestra visión distorsionada del mundo, magnifica y enfoca nuestra visión distorsionada del mundo para contemplar la realidad como la realidad es. Mientras tanto, tú y yo incluidos, tú y yo no vemos las cosas como son, sino como nosotros somos. Pregúntale a Dios. Esa es la razón para la que Pablo dice que mira, aquellos que se juzgan a sí mismos y se comparan consigo mismos, se miden a sí mismos, no son sabios. Y el mismo Pablo dice: "No, mira, si tú me vas a aplaudir, no, no, déjate, espera que se abran los libros al final de la historia, el día de rendición de cuentas, cuando se expongan las motivaciones y las intenciones del corazón. Ahí es que se va a ver."
Nosotros necesitamos a Dios para conocer la realidad de tu mundo interior y de tu mundo exterior.
Nosotros tenemos expectativas irreales de la vida y de los demás, expectativas que Dios jamás pudiera hacernos. "Yo nunca tuve esa expectativa de la vida para ti; de hecho, mi Palabra dice todo lo contrario: que en este mundo tendrás tribulación." Si no la tuviste, fue una bendición añadida. Y tenemos expectativas erradas de los demás, tenemos ideas erróneas acerca de Dios, tenemos ideas erróneas de cómo Dios debiera obrar. Y usualmente la manera como ideamos a Dios es que Dios, para mí y mi pecado, es benevolente, tiene gracia, me da tanto perdón; pero como el otro, que le dé justicia. Si paramos de decir eso en lenguaje de la calle: que le dé duro. Y dada toda esa realidad, llegamos a conclusiones distorsionadas.
Las cosas no son como nosotros las vemos; nosotros vemos las cosas como nosotros somos. Las cosas son como Dios las ve. Por tanto, yo necesito la Biblia para saber cómo Dios es, yo necesito la Biblia para saber cómo la vida es y lo que yo debo esperar de ella, yo necesito a Dios para verme a mí mismo y ver a los demás. Cuando no conozco a Dios, lo absoluto, el Increíble, o cuando conozco a Dios de una manera deficiente —fíjate que no dije incompleta, porque siempre será incompleta; cuando digo deficiente es que tengo un conocimiento de Dios con un defecto en algún lugar— pocas veces caminamos bien, porque esa distorsión me hace tropezar.
La razón por la que muchas veces pensamos que estamos caminando bien es porque hay caminos que al hombre le parecen correctos, pero al final son caminos de muerte. Yo no conozco una verdad más contundente que esta. ¿Tú te imaginas? Que este me parece que es el camino que yo debo seguir, y lo estoy siguiendo, estoy convencido, y lo defiendo, y lo proclamo, y lo digo, y luego me fui por el precipicio porque era un camino de muerte. Así es la naturaleza caída, así es la mente caída. Es que la naturaleza caída mantiene la mente a oscuras. Yo necesito la luz de la Palabra para que ilumine mis áreas oscuras de la mente. La naturaleza caída mantiene la mente sin luz, con un razonamiento distorsionado y con una lógica terrena, finita y desenfocada.
Yo creo que frecuentemente nosotros hacemos juicios acerca de cómo Dios es o cómo Dios está obrando. No sé si te has encontrado a ti mismo… Yo sé que me ha pasado; estoy tratando que no me pase en el presente, pero yo sé que me ha pasado. ¿No te ha encontrado? "No, yo sé lo que Dios está haciendo en su vida." ¿En serio? O sea, ¿Dios ha hablado contigo anoche y te dijo: "Mira, en la vida de Miguel yo estoy haciendo tal y tal cosa"? Yo no sé lo que Dios está haciendo en la vida de otros. Yo puedo ver lo que Dios hace, ya ha hecho: "Wow, yo veo ahora lo que Dios hizo." Sí, porque ya Dios me lo reveló a través de la historia con él, con ella. Yo no sé lo que Dios está haciendo en la mente de otro, en el corazón de otro, en las intenciones y motivaciones de otro. Eso es secreto entre la Trinidad.
Y yo creo que nosotros muchas veces tenemos como conclusiones infantiles acerca de Dios. Y Dios, en su gracia, en su misericordia, en su bondad, en su amor para conmigo, me las tolera. Ya está. Si pudiéramos decir así, mira, yo creo que estas cartas —esta carta se supone que fueron reales, escritas por niños— eran como una pregunta que querían hacer de Dios. Ya voy a leerte algunas de ellas; yo creo que esto refleja cómo nosotros somos.
"Querido Dios, en vez de permitir que la gente muera para hacer gente nueva, ¿por qué no te quedas con la que ya tienes? Firmado, Jane."
Próximo: "Querido Dios, ¿es cierto que tú eres invisible o solo es un truco? Firmado, Lucy."
"Querido Dios, gracias por mi hermanito, pero realmente lo que te pedí fue un perrito. Firmado, Joyce."
"Querido Dios, ¿tú quisiste hacer las jirafas así o fue un accidente? Firmado, Norma."
"Querido Dios, yo fui a una boda en la iglesia el otro día y ellos se besaron ahí mismo en la iglesia. ¿Está bien eso? Firmado, Neil."
Este es el mejor de todos para mí: "Querido Dios, seguro que es muy difícil para ti amar a todas las personas en el mundo. En mi familia somos solo cuatro y nunca lo logro."
Y creo que nosotros con frecuencia hacemos cartas en la mente: "Querido Dios, ¿es verdad que tal cosa?" Pero esto por lo menos era una pregunta para que Dios respondiera, por así decirlo. Nosotros le decimos a Dios, le reportamos: "Querido Dios, fulano está haciendo…" No, yo no sé; la verdad que no sé.
El conocimiento correcto de Dios —déjame decirlo en dominicano, tengo que decirlo así para aquellos que están fuera de nuestro país y que no conocen nuestros modismos— el conocimiento correcto de Dios pone a Dios en su sitio alto, y para decirlo entonces en dominicano, me pone a mí en mi puesto, me pone a mí en mi lugar, donde yo tengo que estar, donde a mí me toca.
Lamentablemente, cuando Adán y Eva van a pecar, fue nuestra naturaleza pecadora que distorsionó la imagen de Dios hasta el día de hoy. Adán y Eva iban a vivir de una manera distinta cuando experimentaban relación íntima con Dios, y de otra manera completamente diferente ellos y sus descendientes por igual después que pecaron. Después que Adán y Eva llegaron a perder, y por consiguiente nosotros, la habilidad de ver a Dios por lo que Él es, el carácter de Dios siempre está en cuestionamiento en nuestra mente.
La serpiente le vendió la idea a esta primera pareja —léelo de otra manera, pero lee el texto y piénsalo—: "Dios no es tan bueno ni tan honesto como ustedes piensan, porque Dios te dijo que no podías comer del árbol porque ibas a morir. En realidad, mira qué es lo que pasa: yo sí soy honesta, yo te voy a decir la verdad." Y así nos habla la vida: "Yo te voy a decir la verdad: si tú comes de esa fruta, tú vas a llegar a ser como Él, y eso es lo que Dios no quiere." ¿Qué es lo que está en cuestionamiento? El carácter de Dios.
Cuando Eva compró esa idea, si tú me preguntas a mí —con el perdón quizás de otros teólogos que piensan de manera diferente—, si tú me preguntas a mí, Eva no mordió la fruta y pecó; Eva pecó y después mordió la fruta. Tú pecas antes. Cuando Eva consideró la posibilidad, cuestionó la bondad del carácter de Dios y creyó que la serpiente era más veraz que Dios, en ese momento Eva pecó. Y cuando Eva pecó, de ahí en adelante la distorsión del carácter de Dios quedó distorsionada en su mente, y jamás hemos podido ver a Dios por lo que Él es.
Mira, hace doscientos años atrás, más o menos, en la época de la Ilustración, la época de la razón —en inglés, the Age of Reason—, la época donde grandes mentes brillaron por su pensamiento intelectual, ahí el hombre comenzó a pensar: "Este Dios de la Biblia que creó y permaneció en íntimo contacto y control con su creación… no, no, eso no es verdad. Dios creó porque de la nada nada sale, pero Dios se desconectó de su creación y Él estableció una serie de leyes físicas, y la creación funciona de acuerdo a esas leyes físicas, pero Dios no tiene ningún contacto con este mundo."
Alguien pudiera decir: "Bueno, ¿pero cuál es la gran cosa si fue Dios el que creó?" No, ese es todo el problema del mundo, porque si Dios creó y después se desentendió de este mundo, esta Biblia no es verdad, porque esta Biblia la dio Dios precisamente en su contacto con seres humanos de este mundo a quienes Él quería revelarse para trabajar a través de ellos. De manera que los pequeños movimientos de las ideas crean grandes consecuencias en la vida de los hombres.
Yo mismo he oído —y no sé si a alguien de ustedes le han dicho en algún momento—: "¿Y tú crees que Dios va a estar pendiente de ese disparate?" Bueno, Dios es claro que aun el disparate de un pajarito caerse en el medio de la nada, que tú y yo no estamos ni viendo ni conocíamos, eso no pasó sin que Él lo consintiera.
Lo que nos ha pasado —eso fue hace doscientos años—, lo que nos ha pasado ahora es que el Dios de nuestra generación no es tan santo. Y como no es tan santo, tú sabes, a Él tampoco le importan tanto mis pecados, porque en su gracia y misericordia y su amor los pasa por alto. Y se nos olvida que si grande es su gracia, infinita es su santidad.
No tenemos tanta reverencia hacia nuestro Dios. "No queremos representarlo reverentemente, pues no necesita nada de eso." No, Él no; yo sí. A mí se me puede olvidar. Las cosas que yo digo que Dios no necesita, el problema no lo tiene Dios; soy yo. Yo soy el que necesito que se me recuerde continuamente delante de quién estoy, a quién yo le sirvo, a quién yo le rindo cuenta, a quién yo represento. Y de ahí la informalidad para dirigirnos a Dios en nuestros días: una manera menos reverente, menos piadosa, menos digna, más mundana. Mundana implica más de este mundo.
En manos, yo decía al principio que nada es tan importante para la vida del hombre como el conocimiento de Dios. Para que Dios sea glorificado como Él merece —yo quisiera decir eso otra vez—, para que Dios sea glorificado… Gloria a Dios. Y espero que no vaya tan rápido. Para que Dios sea glorificado como Él merece, yo necesito un concepto de Dios alto, sublime y tres veces santo. Yo necesito un concepto de Dios tan alto que Él se ofendió grave, profundamente —sería una mejor palabra— con mi pecado, hasta el punto… Fue tal la profundidad de mi ofensa contra Él, que Él prefirió clavar a su Hijo en la cruz —como ya me han oído decir otras veces— antes que pasar por alto mi falta.
Yo necesito ese concepto, porque si yo no tengo ese concepto de ese Dios, yo ni voy a vivir una vida de santidad, número uno, y número dos, tampoco lo voy a glorificar como Él merece. Recuerda una vez más: el pecado en el que yo fui concebido, el pecado que yo practico, el pecado que practicamos todos los días —el de esta mañana, el de mañana— fue tan ofensivo para Dios que Dios prefirió clavar a su Hijo en una cruz antes que decir: "Está bien, yo te perdono así. Yo no le rindo cuenta a nadie, tengo el poder y la autoridad; perdonado estás." No. Dios dijo: "Así no."
Yo necesito el concepto correcto de Dios para vivir a la altura del satisfacer, una vida que honre a Dios.
Una vida de obediencia continua. Yo no dije perfecta, recuerda, eso no existe, la obediencia perfecta. El concepto de una vida de obediencia continua, eso es otra cosa. Yo necesito el concepto correcto de Dios, porque cuando yo conozco a Dios como Él es, o más bien como Él se ha revelado... Porque a veces oímos: "No, yo no creo eso, pastor, porque mi Dios, el Dios en el que yo creo..." Bueno, es un Dios que yo fabriqué. Es el Dios como Él se ha revelado. Cuando conozco a ese Dios como Él se ha revelado, ¿sabes qué ocurre? De manera axiomática, de manera mandatoria, yo comienzo a amarlo. El amor a Dios es un derivado directo de cuánto le conozco, es un derivado natural. Le conozco hasta cinco, le amo hasta cinco. Y entonces cuando yo amo a Dios por lo que Él es, yo le obedezco de manera natural. Le amo hasta cinco, le obedezco hasta cinco. Vivo una vida de más obediencia repetitiva. No conozco tanto a Dios como yo lo sé, porque el Cristo lo dijo: "Si me amas, obedece mis mandamientos." Lo que el Cristo estaba detectando en la desobediencia de los apóstoles: acá hay un problema de amor por mí que no está presente, y eso es lo que causa estos impulsos de Pedro. "Si me amas..." En otras palabras: ámame, y tu obediencia será natural. "Bueno, Señor, pero yo no puedo producir amor." No, no puedes, pero puedes perseguir el conocimiento mío, y cuando me conoces, me amas de manera natural. Y cuando le obedeces, recuerda cómo es que vamos: le conozco, luego le amo; le amo, entonces le obedezco; y cuando le obedezco, entonces le glorifico como Él merece.
Ahora, tú pudieras decir: "Bueno, pastor, ¿dónde usted encuentra en la Palabra ese afán del conocimiento de Dios?" Bueno, porque Dios lo reveló, está ahí. Es un versículo que tú lo has oído, lo has leído, quizás en alguna ocasión lo has enseñado. Escucha a Dios hablando en Jeremías, es en el 9:23 y 24. Así dice el Señor: "No se gloríe el sabio de su sabiduría." Lo que el sabio tiene como supremo es su sabiduría; Dios dice: no se gloríe en eso. Que el poderoso... Imagínate, no sé quién, el presidente más poderoso de la tierra, lo que él tiene como máximo sería su poder. Que no se gloríe en eso. Y el rico, lo que él tiene... Imagínate los multimillonarios que existen; si hay algo de lo que ellos pueden enorgullecerse, es precisamente de su riqueza. Y Dios dice: no, olvídense de todo eso, eso aquí arriba no vale dos centavos. Los billones no valen dos centavos aquí arriba.
Te voy a decir lo que vale: pero si alguien se va a gloriar, que se gloríe de esto, de que me entiende y me conoce. Si tú vas a tener algo por valor, algo que valga la pena, algo que no se vaya a quedar de este lado de la eternidad, algo que tú te puedas llevar contigo, algo que ahí arriba nosotros podamos aplaudirlo, es que tú me conoces y tú me entiendes. Como un Moisés: "Muéstrame tus caminos." Escucha lo que Dios termina ese versículo: "Pues yo soy el Señor." Es tan increíble que de folletín dice eso, que me entiende y me conoce. Y Dios dice: ahora déjame revelarte algo de mi carácter, porque de ahí es con eso que tú tienes que lidiar. Porque yo soy el Señor que hago misericordia, esto es carácter, derecho y justicia en la tierra. Tres revelaciones de sus atributos. "En estas cosas me complazco," declara el Señor.
Nada es más importante para Dios en relación a nosotros que el que yo le conozca y el que yo le entienda hasta donde Él ha revelado, que yo le conozca y que yo le entienda. Una mujer piadosa, un hombre piadoso conoce a su Dios. Por eso es piadoso, y conoce sus caminos. Como Moisés pedía: "Dame a conocer tus caminos." Y los caminos de Dios son inescrutables. ¡Cuán insondables son tus juicios e inescrutables! Tus pensamientos son soberanos, los caminos de Dios son soberanos. Es solamente Él ha decidido porque son así y no de otra forma. Son verdaderos, no te van a engañar. Son justos. No tengas nunca, no entretengas la idea en tu mente nunca, de que eso no es justo si Dios lo ha hecho, no importa lo que sea. Son de propósito, son de bondad, son de fidelidad, son de gracia, pero sobre todo son de santidad.
Hermano, si revisas la Biblia, si revisas nuestras propias vidas, cuando no le conocemos, o si le conocemos pero Satanás ha logrado entretenernos momentáneamente de manera que lo que conozco ahora no está teniendo un impacto sobre nosotros, es posible. Satanás es capaz de eso, porque Satanás antes de ser Satanás conocía a Dios, lo educaron en la universidad del cielo, pero él se entretuvo con él mismo, se vio a sí mismo. Entonces cuando somos desviados o no le conocemos, es cuando la carne se entrega a sus deseos. Porque sabes que tú y yo no tenemos el poder de vencer los impulsos de la carne. Como dirían en inglés: no way, no how. No hay forma. La carne nos vencería una y otra vez, y lo único que puede vencer el poder de la carne es uno, la morada del Espíritu dentro de nosotros, y dos, que yo vaya adquiriendo un conocimiento... Fíjate, no es que yo tenga simplemente, es que yo continúe adquiriendo un conocimiento de Dios cada vez mayor que incendia la chispa, que incendia mi pasión por Dios hasta el punto de debilitar los impulsos de mi carne, de tal forma que mi deseo por las cosas de Dios conquista de manera abrumadora los deseos por las cosas de la carne.
Nuestro conocimiento de Dios... Por el tiempo voy avanzando, déjenme ir cerrando y aterrizándolo, aunque he tratado de ir haciéndolo a lo largo del camino. Nuestro conocimiento de Dios afecta toda nuestra existencia. El sentido de satisfacción con el que tú y yo vivimos depende de cuánto conocemos a Dios. Lo sé por experiencia propia. El conocimiento de Dios afecta la manera como tú amas al otro. De hecho, Juan escribe en su primera carta: no me digas que amas a Dios y no amas al otro. Juan sabe la relación que existe. La manera como nosotros conocemos a Dios afecta cómo pastoreamos, y para mí eso es vital para mi persona. El que yo pueda decirme: ¿sabes qué? ¿Tú quieres medir cuánto conoces a Dios? Entonces mira cómo estás pastoreando a sus ovejas. Porque si le conoces, le amas, y tú sabes cómo Cristo se lo trajo a colación a Pedro: "¿Tú me amas?" "Sí, Señor." "Bueno, pues apacienta mis ovejas." Y la pregunta "¿tú me amas?" es como "¿tú me conoces?"
La manera, padres, la manera como ustedes crían, está directamente relacionada a cuánto tú conoces a Dios. Aquellos de nosotros que somos profesionales, la manera como tú ejerces tu profesión está directamente relacionada a cuánto tú conoces a Dios. Ahora, para todos: la manera como eliges tus entretenimientos depende de cuánto conoces a Dios. Tú puedes firmar eso con sangre.
Cuando Adán y Eva perdieron la relación con Dios, por tanto dejaron de conocerle como lo habían conocido hasta ese momento, ellos perdieron la vida espiritualmente, perdieron la luz. Cuando perdieron la luz, pudiéramos decir tanto físicamente como espiritualmente. Por eso, cuando esto ocurre, Dios tiene que enviar a su Hijo, porque ahora el conocimiento que Adán y Eva tenían de Él ya no lo tenían, se afectó. Y por eso cuando Cristo viene, en la cúspide, en todo lo alto, ahora antes de morir, en Juan 17:3 dice: "Y esta es la vida eterna." Escucha: que te conozcan, conocimiento de Dios. A ti, porque no te conocen, y a tu Hijo, y a ti el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado. La vida eterna está relacionada con si te conocen a ti, el único Dios verdadero, y a mí, quien los lleva a ti, porque yo soy el camino, la verdad y la vida.
Antes de que Dios creara, lo único que existía era el Dios trino, que tiene vida en sí mismo. Que como hablamos, era existencia. Todo lo que existe, lo creado, cobra vida cuando el Padre y Dios dijo que estaban juntos desde el principio, le dieron vida.
En mi mente, estudiando Génesis 1:1, "en el principio Dios creó los cielos y la tierra", llegué a la conclusión —quizá no está en un 100% así, pero creo que tiene una gran cantidad de verdad— que la exégesis o la interpretación de Génesis 1:1 me la da Juan 1:1-3.
Escucha, Juan, el Nuevo Testamento: "En el principio", la misma frase. Es como que Juan dice: "Déjame agarrar lo de atrás otra vez". En el principio ya existía el Verbo. O sea, como no había nada, ya el Verbo existía. Y el Verbo estaba con Dios. ¿Cuándo fue eso, Juan? En el principio. Y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de Él.
En el principio Dios creó los cielos y la tierra, pero resulta ahora que Juan dice: "Todas las cosas fueron hechas por Él", el Verbo, por Jesús. Y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. Ahora yo entiendo mejor Génesis 1:1. En el principio, el Dios trino. Había un Dios trino. De hecho, la palabra ahí para Dios es Elohim, que es un plural, un plural de majestad, quizá aludiendo a la Trinidad. En el principio, cuando no había nada, ya el Verbo, Jesús, estaba con Dios el Padre, y Jesús creó los cielos y la tierra. Eso es lo que dice Juan 1.
Y luego Juan 1:1-3 me deja ver que todo fue hecho y nada de lo que fue hecho fue hecho sin Él. Y más adelante me dice que en Él estaba la vida. Claro, todo estaba muerto antes, no había nada. Y que Él es la luz de los hombres. Yo decía que Dios es la luz en términos físicos y espirituales, porque recuerda: no había luz hasta que Dios no la creó, por lo menos en este espacio contenido. Porque la luz también es simbólica de la presencia de Dios. Cuando Dios no está, no hay luz. Por eso el infierno es descrito como lugar de tinieblas, porque la luz es simbólica de la presencia de Dios.
De hecho, escucha cómo se profetizó que Cristo vendría. En Isaías 9:2: "El pueblo que andaba en tinieblas, en la oscuridad, sin luz, ha visto una gran luz" —Cristo—. "A los que habitaban en tierra de sombra de muerte, la luz ha resplandecido sobre ellos". De manera que tú puedes ver que ciertamente la luz es simbólica de la presencia de Dios. Pero para conocer a Dios de una manera que yo pueda tener salvación, yo necesito a su Hijo. "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti y a tu único Hijo, a Jesucristo, a quien tú enviaste".
Yo necesito luego de ser su hijo, luego de ser su hijo, conocer a Dios. Porque esta es mi petición para este año, este es mi estímulo para este año: conocer a Dios. Yo no puedo conocer de Dios si yo no estudio donde Dios se ha revelado, si yo no medito en aquella cosa que Dios ha revelado de sí mismo. No puedo, es imposible. Y las que estudio y no las sigo estudiando, rumiando, creciendo, se me olvidan.
Tú estudiaste una vez cuál era el valor del factor pi. Y a la mayoría se le olvidó. No se le olvidó, pero a algunos se le olvidó: 3.1416. ¿Qué pasó con los que estudiaron el valor de pi y se les olvidó? Y las cosas que estudiaron también las olvidaron. ¿O tú todavía recuerdas la definición de lo que es el seno, coseno? Ah, ya vamos, la cosa va cambiando. ¿Lo que es una derivada, lo que es una integral? ¿Verdad? Se te olvidó.
Yo necesito la revelación de Dios. Yo necesito el Espíritu de Dios que me traiga luz. Yo necesito el Espíritu de Dios que fue enviado de acuerdo a lo que Cristo señaló para que me recuerde, me recuerde la verdad, porque se me olvidan. Cuando los años comienzan a pasar, mucho más. Una vida de obediencia continua revela que verdaderamente conoces a Dios. Recuerda: tú no conoces a Dios hasta el uno al cinco y ya no haces más y ya eso como que sigue creciendo solo. No, yo tengo que seguir alimentando, yo tengo que seguir alimentando el conocimiento de Dios para que lo viejo se renueve y lo que no conocía me llegue.
Y es mi deseo, verdad, que nosotros individualmente y como iglesia en el 2023 hagamos todo el esfuerzo —yo creo que el púlpito lo va a hacer— hagamos todo el esfuerzo para continuar revelando todo lo que podamos, hasta donde sea posible, el carácter de Dios. ¿De qué manera eso afecta mi vida aquí abajo? Porque en un sentido como que ya está bueno de conceptos teológicos que la gente se nos viene con ellos pero que no cambian la vida de nadie ni la vida de la iglesia. Eso no me sirve. El conocimiento teológico tiene que ser experiencial, tiene que bajar a mi experiencia, porque ahí es donde yo revelo a Dios para otros.
Padre, gracias, porque en el principio Dios creó los cielos y la tierra. De la nada, Tú hablaste y la nada lo creó todo. Ese es el Dios a quien servimos. En el principio Dios me dio vida en el vientre de mi madre. En el principio Dios visitó a mi madre para que pudiera salir con vida a este mundo y comenzar a vivir. En el principio Dios me entró en esta iglesia. En el principio Dios, niño, me unió a una mujer o un hombre. En el principio Dios nos dio una familia. Todo comienza contigo, todo termina contigo. Sé con nosotros, Dios. Ayúdanos a conocerte para amarte y obedecerte y glorificarte, en ese orden. Te lo pedimos en Cristo Jesús. Si su pueblo dice amén.