Nadie te habla más que tú mismo. En medio de la vida diaria, siempre te estás predicando algún tipo de evangelio —sobre Dios, sobre la vida, sobre ti mismo, sobre otros— y lo que te dices determina cómo respondes a las circunstancias. El Salmo 42 abre una ventana a la conversación privada de un hombre que atraviesa emociones poderosas, preguntas profundas y ataques a su fe. En medio de lágrimas que se vuelven su alimento, él se hace una pregunta brillante: "¿Por qué te abates, oh alma mía?" Es decir, ¿por qué un creyente en el Dios todopoderoso puede llenarse de temor o desánimo? La respuesta apunta a un solo lugar: porque ponemos nuestra esperanza en cosas equivocadas.
La esperanza no es una experiencia, una situación, una posición ni otra persona. La esperanza es una persona, y su nombre es el Señor todopoderoso. Si la esperanza es una persona, entonces no cambia con las circunstancias. En los momentos de oscuridad hay tanta esperanza como en los de luz. Este Dios es soberano —controla todo lo que tiende a dejarnos sin esperanza—, está cerca —es imposible estar en una circunstancia difícil verdaderamente solos— y suple todo lo que necesitamos para enfrentar lo que enfrentamos.
Pero hay algo más profundo: el salmista dice "Dios, mi salvación". El mayor peligro no está fuera de nosotros, sino dentro: el pecado. Podemos huir de situaciones y relaciones, pero no de nosotros mismos. Cristo tomó nuestro rechazo en la cruz para que nunca veamos la espalda de Dios. Si él llegó a ese extremo, no tiene sentido pensar que nos abandonará en el momento de dificultad. Esta semana, inevitablemente, te predicarás algún evangelio. La pregunta es: ¿buscarás esperanza donde no puede hallarse, o levantarás tu rostro al Redentor sufriente?
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Vezють para mi vida en su balal. Es mi gran honor tener estos días con ustedes. Ha sido mi gozo y bienor poder estar estos días aquí junto con ustedes. Y hemos hecho planes para regresar, por eso me siento muy contento.
No sé si ustedes han pensado acerca de esto o no, pero yo no soy el único predicador que ustedes van a escuchar en el día de hoy. En fact, todos los que nos paramos en este lugar a predicar no somos el único predicador que ustedes escuchan. Hay otro predicador al cual ustedes están escuchando todo el tiempo. Ese predicador es probablemente el predicador más influyente en sus vidas. Ustedes escuchan a este predicador una y otra vez. Ese predicador eres tú mismo.
En medio de tu vida diaria, siempre te estás predicando alguna forma o tipo de evangelio a ti mismo. Y las cosas que te dices a ti mismo son muy importantes. Antes de mirar nuestro pasaje, quiero que ustedes escuchen dos principios. El primero de ellos lo mencioné a los pastores durante este fin de semana. Pero aquí está: nadie es más influyente en tu vida de lo que tú eres, porque nadie te habla a ti más de lo que tú te hablas a ti mismo.
Siempre estás en una conversación continua contigo mismo. Siempre te estás hablando a ti mismo acerca de Dios, siempre te estás hablando acerca de la vida, siempre te estás hablando a ti mismo acerca de ti mismo, siempre te estás hablando a ti acerca de otros. Y las cosas que tú te dices a ti mismo acerca de todo esto es lo que marca tu manera de comportarte.
Hay otro principio. Los seres humanos hechos en la imagen de Dios no viven la vida basados en los hechos de sus experiencias, sino en la interpretación que ellos hacen de esos hechos. Siempre estás interpretando la vida. Siempre estás tratando de sacarle sentido a las cosas que tú experimentas. Siempre estás tratando de extraerle sentido a la vida. Por eso es que tú puedes poner a dos seres humanos en una misma situación y vas a encontrar respuestas distintas.
Mi esposa querida Luella y yo iremos a una película, una de sus películas. Y en medio de la película yo escucho a Luella haciendo lo siguiente: ella está experimentando una reacción emocional a la película. Y en medio de esta situación yo estoy pensando: este es el dulce más bueno que yo he probado jamás, es un dulce de la más alta calidad, y yo quiero más de esto. Salimos de la película y dice ella: no fue una película muy buena. Y yo le diría: ¿probaste el dulce? Dos personas en la misma situación, pero hay dos respuestas distintas.
Yo quiero que vayan conmigo al Salmo 42. Vamos a leer el Salmo completo.
"Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios? Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: ¿dónde está tu Dios? Me acuerdo de estas cosas y derramo mi alma dentro de mí, de cómo yo fui con la multitud y la conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta. ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío. Mi alma está abatida en mí. Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán y de los hermonitas, desde el monte de Mizar. Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas. Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. Pero de día mandará Jehová su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo, y mi oración al Dios de mi vida. Diré a Dios, roca mía: ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo? Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan diciéndome cada día: ¿dónde está tu Dios? ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío."
Para poder comprender lo que el salmista está queriendo decir, tenemos que entender lo que él estaba viviendo. Y hay tres cosas que sobresalen del salmo que nos hablan de la experiencia que él ha tenido. En primer lugar, él está experimentando emociones realmente poderosas. Él habla de dificultades dentro de sí. Él utiliza palabras que realmente nos dan un cuadro muy vivido. Él dice que sus lágrimas han sido su alimento. Es una imagen de estar llorando con tanta fuerza que de hecho estamos probando nuestras lágrimas.
En medio de estas poderosas emociones hay una segunda cosa: él está haciendo preguntas profundas. Una de esas preguntas la vemos en el versículo 9, donde él dice: "Dios, ¿por qué te has olvidado de mí?" Tú no puedes hacer una pregunta más significativa que esta. Dios, ¿dónde estás tú? Dios, ¿qué estás tú haciendo? Dios, ¿cómo puede ser que tú hayas vuelto tu espalda a mí? Dios, ¿estás tú ahí?
Pero hay una tercera cosa: él está bajo ataque. De hecho, es más preciso decir que su fe está siendo atacada. Yendo a través de estas emociones y haciendo esa clase de preguntas, hay gente alrededor de él que le está diciendo: ¿y dónde está tu Dios ahora? ¿Dónde está este Dios de amor? ¿Dónde está este Dios de gracia? ¿Dónde está Él?
Piensen conmigo ahora. En momentos de emociones poderosas, de preguntas profundas y de dificultades, tú te vas a predicar algún tipo de evangelio a ti mismo. Tú te vas a decir a ti mismo algo sobre lo que estás experimentando en ese momento preciso. Y yo les preguntaría a ustedes en esta mañana, para que seamos honestos: cuando tú estás enfrentando lo que tú no esperabas, cuando tú estás sufriendo o enfrentando dificultades, cuando Dios no parece que está cerca, cuando tú te preguntas qué está Dios haciendo, ¿qué te dices tú a ti mismo?
¿Te predicas a ti mismo el verdadero evangelio tal como es revelado en la verdadera Palabra de Dios, o caes en predicarte a ti mismo alguna clase de evangelio falso? Tal vez es un evangelio de la soledad, y tú te estás diciendo a ti mismo que estás en esa circunstancia solo, que nadie está allí contigo, que nadie te puede entender. O te predicas a ti mismo un evangelio de pobreza, diciéndote que no tienes los recursos para poder enfrentar esta dificultad. O te predicas a ti mismo un evangelio de la parcialidad, mirando la vida de otras personas que parece que es más fácil que la tuya y preguntándote si Dios les ama a ellos más de lo que te ama a ti. O te predicas a ti mismo un evangelio de la inhabilidad, que te dice que no tienes la fortaleza que se requiere para poder enfrentar la situación que tienes por delante.
En esos momentos de soledad, donde estás tú y tu alma únicamente, donde no hay nadie a quien hablarle, ¿qué clase de evangelio te predicas a ti mismo? Cuando vienen las dificultades, ¿te llenas de pánico? ¿Te preguntas de nuevo si realmente vale la pena?
Esto es lo que yo amo acerca del Salmo 42. Por la gracia de Dios, nosotros somos invitados a poder atisbar dentro de la conversación privada del salmista. Nosotros podemos oír las cosas que él se está hablando a sí mismo. Y por esto es que esto es tan importante: ustedes viven en un mundo caído. Y porque tú eres hijo de Dios, no se te ha dado un tíquete para que te libres de las dificultades de un mundo caído. Así que tú vas a tener que enfrentar situaciones que son inesperadas. Vas a enfrentar dificultades. Este mundo caído va a entrar a tus puertas. Tal vez eso ya ha sucedido para algunos que están aquí en esta mañana.
Así que escuchar lo que este hombre de Dios se tiene que decir a sí mismo en una situación como esta es muy sano y puede ser de mucha ayuda. Yo solo quiero enfocarme en el versículo 5: "¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío."
El salmista inicia la conversación consigo mismo haciendo una pregunta. Es una pregunta brillante: ¿por qué estás abatida, alma mía? Él está preguntando: ¿por qué un creyente en el Dios todopoderoso puede tener temor en alguna circunstancia? ¿Por qué un creyente en el Dios todopoderoso puede sentirse desanimado? ¿Por qué un creyente en el Dios todopoderoso puede preguntarse alguna vez si su vida realmente tiene sentido? ¿Por qué un creyente en el Dios todopoderoso puede en algún momento llenarse de pánico y caer en ansiedad?
La pregunta nos lleva aquí: ¿es porque tu esperanza te falla? Es porque tú estás poniendo la esperanza en un lugar equivocado. La razón por la que nosotros nos llenamos de pánico es porque ponemos nuestra esperanza en cosas que no pueden realmente librarnos, en cosas que siempre nos van a fallar.
¿Por qué no puedes poner la esperanza en tu corazón? Tu familia debería amarte, pero no puede ser jamás tu salvador. Yo he tenido cientos de mujeres que me han dicho lo siguiente: todo lo que yo he querido siempre era un hombre que me hiciera feliz. Tu marido debe amarte.
Él debe servirte voluntariamente, pero él no puede ser la fuente mayor de tu felicidad, porque ese lugar solo le pertenece a Dios y únicamente a Él. Padres, ustedes no pueden amarrar su reputación a la vida de sus hijos, si ellos fueran puestos en este mundo para que ustedes se sintieran bien acerca de ellos. No, Dios nunca hace eso.
Yo tengo que decirles esta experiencia. Yo estaba en mi casa en un fin de semana raro; yo no estoy en mi casa, voy frecuentemente los fines de semana. Yo pensé que sería bueno ver fútbol americano en la televisión. Iba a encender la televisión cuando, de repente, detrás del salón vino mi hijo, que entonces tenía 16 años de edad, y él tenía el pelo verde, verde brillante. Ustedes no pueden imaginarse cómo se veía ese pelo.
Primero usó unos químicos que sacaron todo el color natural de su cabello. Era translúcido; ustedes podían ver a través del pelo. Luego se puso ese químico verde en el cabello, y el resultado era que parecía plástico cortado de color verde metálico, como uno de esos paños que se le pone a los arbolitos de navidad que son de plástico. Él se paró en el centro de mi sala, y ¿qué tú piensas? Yo pensé: "Quítate el adorno de navidad de la cabeza, chico."
Y entonces allí me di cuenta de que la razón por la que yo me había quedado ese fin de semana en mi casa era que iba a ir a hablar al día siguiente en una iglesia muy prominente en la ciudad de Filadelfia, al final de una conferencia de familia y matrimonio. Ellos estaban motivados y emocionados de que yo iba a traer a toda mi familia conmigo ese día. Íbamos a entrar a esa habitación: mi esposa, mis otros tres hijos… y el chico arbolito de navidad.
Tú nunca puedes poner tu reputación en las manos de tus hijos; siempre te van a fallar. Y entonces el chico se afeitó la cabeza, solo para descubrir que el cuero cabelludo también le había quedado verde. Tú no puedes poner tu identidad ni tu sentido de propósito en las manos de tus hijos.
Nosotros hemos visto esto en los Estados Unidos y América: cuando la economía ha caído, millones de personas han perdido sus empleos. No puedes poner tu esperanza en tus posesiones, porque lo que una vez fue nuevo, muy rápidamente se convierte en viejo. No puedes poner tu esperanza en tu belleza física, porque tristemente eso también se apaga.
Ahora, si tú estás sentado en este lugar, debes admitir que te falta esperanza, porque estás poniendo tu esperanza en las cosas equivocadas. Vamos a hablar de la esperanza por un momento. Lo primero que ustedes deben saber es que los seres humanos fueron creados para vivir por esperanza. Nosotros no vivimos por instintos; somos movidos y motivados por la esperanza que ponemos en algo. La esperanza siempre tiene un objeto y una expectativa: yo estoy esperando algo y pongo esa esperanza en algo.
Aquí está el punto más importante. Hay solamente dos lugares donde nosotros podemos buscar esperanza: en algún lugar, en alguna cosa del mundo creado —en las situaciones, localidades o cosas materiales de este mundo, o en otras personas creadas—, o en Dios. O estás buscando la esperanza de manera horizontal, o estás buscando la esperanza de manera vertical. No hay otra opción.
De nuevo, voy a hacerles esta pregunta esta mañana: ¿Dónde tú buscas esperanza? ¿A dónde vas a alcanzarla? ¿Dónde estás deseando o anhelando la esperanza? El salmista dice lo siguiente: la esperanza debe estar en Dios. Y al decir esto, él está diciendo algo realmente profundo y teológico. La esperanza no es una experiencia, no es una localidad, no es una situación, no es una posición, no es otro ser humano. La esperanza es una persona, y su nombre es el Señor Todopoderoso.
Tú necesitas decirte el lunes que la esperanza es una persona. El miércoles en la tarde debes decirte: "La esperanza es una persona." El viernes en la mañana necesitas recordar que la esperanza es una persona. El sábado en la tarde necesitas recordarte que la esperanza es una persona. Cuando las situaciones te están fallando, debes decirte: "La esperanza es una persona." Cuando alguien ha herido tus sentimientos, debes decirte: "La esperanza es una persona." Cuando estás en la desesperación, cuando estás enfrentando lo inesperado, debes decirte: "La esperanza es una persona." Cuando estás sufriendo una enfermedad física, debes decirte: "La esperanza es una persona."
Esto es por lo que todo esto es importante: si la esperanza es una persona, la esperanza no cambia con las circunstancias. ¡Alabado sea Dios!
¡Listen! ¡If hope is a person, in moments of darkness, you have just as much hope as you had in those moments of light! ¡Escuchen, si la esperanza es una persona, en los momentos de oscuridad, hay tanta esperanza como en los momentos de luz! ¡If hope is a person, you have just as much hope when life is hard as you did when life seemed easy! ¡Si la esperanza es una persona, hay tanta esperanza cuando el matrimonio sea difícil! ¡Si tú has perdido tu empleo, todavía tienes la esperanza! ¡Si tus hijos no están haciendo todo lo que tú quisieras que hicieran, todavía tienes esperanza!
¡Hope in God is unshakeable! ¡La esperanza en Dios no se puede conmover! ¡Nada puede quitarte esa esperanza! ¡I don't know about you, but I need to know that! ¡Yo no sé ustedes, pero yo necesito conocer esto! ¡I need to know that the thing that I've placed my hope in will not fail me! ¡Yo necesito saber que aquello en lo que yo voy a poner mi esperanza no me va a fallar! ¡Y ustedes también lo necesitan!
¡Now if God is your hope, there are three wonderful things that that means for you! ¡Ahora, si Dios es tu esperanza, hay tres cosas maravillosas que esto significa para ustedes! La Biblia nos va a decir que este Dios en quien yo pongo mi esperanza es soberano. ¡Que este Dios en quien yo pongo mi esperanza es un Dios soberano! Esto es lo que eso quiere decir: que Él está en control personal de todas las situaciones que tienden a ponerme sin esperanza. Él controla y gobierna todas aquellas cosas que me hacen sentir que no tengo esperanza. Él gobierna todo momento de tristeza y de gozo. Él controla sobre todo las situaciones de felicidad y dolor. ¡Él gobierna, Él gobierna, Él gobierna! ¡Es imposible para ustedes jamás estar en una situación que no esté gobernada por el Rey Cristo!
Ahora, la segunda cosa que eso significa es que Él está cercano. Yo amo la forma en que Pablo habla acerca de la soberanía de Dios en Hechos capítulo 17. Marquen ese pasaje y vayan ahí más tarde. Dice que Dios determina el momento exacto donde yo iba a nacer y el tiempo exacto de mi existencia en esta tierra. ¡Dios es tan poderoso en su soberanía que Él de hecho gobierna el lugar donde está mi dirección física! Y entonces dice que Él gobierna de esa manera porque Él no está lejos de nosotros, para que en cualquier momento nosotros podamos estirarnos y podamos tocarlo. Pablo está diciendo que Dios está cerca de nosotros, que Él ha hecho el mundo de esta manera porque está cercano a cada uno de nosotros.
Eso es lo que hace grande al Rey de mi corazón. Porque yo estoy cerca de ustedes esta mañana, pero no estoy cerca de mi amada esposa. Porque yo no soy soberano. Pero Dios es capaz de estar cerca de todo el mundo en todo momento. ¡Así que Él siempre está lo suficientemente cerca para que yo me extienda y lo toque, y cuán hermoso es ese pensamiento! Es literalmente imposible para ti, como hijo de Dios, estar en una circunstancia difícil jamás solo. En cualquier circunstancia en que tú te encuentres, tú no estás allí solo. Hay momentos en que tú debes decirte a ti mismo: es imposible que yo esté solo. Yo quiero que ustedes repitan esto junto conmigo: ¡Yo no estoy solo! Otra vez, vamos a hacerlo: ¡Yo no estoy solo! Yo espero que ustedes recuerden eso.
Dios es soberano, Dios está cerca, y hay una tercera cosa: Él trae junto consigo todo lo que nosotros necesitamos para la vida y para la piedad. ¡Esto es increíble, asombroso! ¿Qué significa esta palabra "piedad"? La piedad es un tipo de vida que honra a Dios entre el momento en que tú viniste a Cristo y el momento en que tú vayas de nuevo a tu casa en el cielo. Así que Él me da todo lo que yo necesito para estar donde estoy supuesto a estar y para hacer lo que estoy supuesto a hacer en el momento de dificultad.
Si ustedes no tienen esperanza en Dios, no pueden medir su potencial de manera correcta. Todos los días nosotros medimos nuestra capacidad, nuestro potencial. Es como el niño que está aprendiendo a caminar, que se está agarrando a la rodilla de su mami, midiendo su potencial para poder caminar a través de la habitación hacia su papi. Nosotros siempre estamos midiendo nuestro potencial, y muchos creyentes cometen este error: se nos ha enseñado que veamos hacia atrás para ver cuánto hemos hecho, y se nos ha enseñado que veamos el tamaño del problema. Pero el hecho más importante de todo se pierde: la presencia y la promesa de Dios.
Porque tú no solamente has recibido el perdón como hijo de Dios. Escuchen lo que voy a decir: a ti se te ha dado nuevo potencial, de nuevo, de nuevo, de nuevo, de nuevo, ¡de la gracia de Dios!, que son los regalos de la cruz de nuestro Señor Jesucristo, aquí y ahora mismo. Así que permítame repetir: si tu esperanza está en Dios, estás esperando en aquel que controla todas tus circunstancias; tú estás esperando en alguien que siempre está cerca; y tú estás esperando en alguien que siempre te suple todo lo que tú necesitas para enfrentar lo que estás enfrentando.
Si yo fuese a mirar un vídeo del último mes de sus vidas, en la manera en que ustedes han respondido a las dificultades de esta vida en un mundo caído, ¿se vería que tú has puesto tu esperanza en Dios? Porque la esperanza en Dios se va a mantener firme, no importa cuál sea tu circunstancia. No estoy hablando de que nosotros neguemos la existencia de la circunstancia. Yo no estoy hablando acerca de que nosotros juguemos juegos mentales con nosotros mismos. La Biblia dice en Romanos 4 que Abraham consideró el hecho de la esterilidad de Sara, que aquella situación parecía algo realmente imposible, pero que no se escondió de esa realidad, sino que creció en fe. Si tu esperanza está en Dios, no importa lo que estás confrontando, porque vas a estar mirando la vida a través de los lentes de su soberanía, de su cercanía y de su capacidad de suplirte.
Ahora, volvamos al Salmo 42. ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío. Él dice: "Dios, mi salvación." Yo no sé si el salmista era consciente de la gloria venidera contenida en la palabra que él simplemente usó. Pero esta palabra "salvación" apunta el dedo, en los anales de la historia, hacia aquel momento de la venida de nuestro Señor Jesucristo. Y dentro de esta palabra se encierra una admisión profunda.
Me dice que no importa cuál es el peligro que yo confronte en este mundo caído, no importa cuán difícil pueda ser la vida, no importa qué yo pudiera sufrir. El mayor peligro no existe fuera de mí, sino que existe dentro de mí. Mi mayor necesidad no tiene que ver con una relación. Mi mayor necesidad no tiene que ver con una situación. Mi mayor necesidad no tiene que ver con mi cuerpo físico. Mi mayor necesidad, mi mayor necesidad, vive en mi corazón. Y la Biblia le pone un nombre: el pecado. Lleva a la muerte. Tiene el potencial de destruir cada palabra y cada hecho de mi propia vida.
Es el dilema cruel de todo ser humano. Yo puedo huir de las situaciones. Yo puedo huir de las localidades. Yo puedo escaparme de las relaciones, pero yo no puedo escapar de mi pecado. Así que el salmista está diciendo lo siguiente: yo tengo esperanza en ti no solamente porque tú me das gozo en medio de las dificultades; yo tengo esperanza en ti porque tú me has librado de mi mayor dificultad. Yo tengo esperanza en ti, no solamente porque tú me has librado de una situación difícil. Yo tengo esperanza en ti porque tú me has rescatado a mí de mí mismo.
Yo estoy casi a punto de escuchar sus pensamientos. Pero, listen, esto es lo que la vida les diría a ustedes: ustedes no van a entender su necesidad de salvación a menos que se apropien de esto. El mayor peligro que existe para tu vida eres tú mismo. El mayor peligro que existe en mi vida soy yo mismo. Y este Dios de esperanza me rescata a mí de mí mismo. Eso es gracia. ¿Has tratado alguna vez de huir de ti mismo? Cuando yo he tratado de huir de mí, al final de la carrera siempre me enfrento a mí mismo otra vez. Tú no puedes huir de ti. Tú necesitas un libertador. Y el salmista está diciendo: tengo esperanza porque tú me has encontrado en el lugar más profundo de mi necesidad.
Quiero que vayan conmigo al terminar a Romanos capítulo 8. En Romanos 8, Pablo está hablando de lo que significa vivir en un mundo caído. Él está hablando del hecho de que llegamos a un punto en que ni siquiera sabemos por qué debemos orar, y el Espíritu Santo lleva ante el Padre palabras que nosotros no podemos decir. Pero quiero que miren conmigo los versículos 31 y 32:
"¿Qué pues diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?"
Yo pienso que en estas palabras hay una definición gloriosa de lo que es la esperanza. Aquí está lo que Pablo está argumentando.
Si Dios pudo controlar y frenar las fuerzas de la naturaleza, Él va a controlar los eventos de la historia humana para que en el momento determinado su Hijo venga, y para que muera, viva y muera en el momento en que debió hacerlo, para rescatarte a ti del pecado. Si Dios llegó a ese extremo, aun a la muerte de su único Hijo, no tiene ningún sentido pensar que Él te va a abandonar a ti en tu momento de dificultad. Si Él me dio a su Hijo, ¿no nos dará juntamente con Él todas las cosas que necesito en este momento de sufrimiento?
Todo lo que necesitas hacer en el momento de tu sufrimiento es recordar la cruz del Señor Jesucristo. La cruz es tu garantía. La cruz es tu garantía. Este Dios que colgó a su Hijo en esa cruz es el Dios que no te va a volver la espalda a ti ahora.
El mayor sufrimiento que Cristo experimentó no fue físico. El mayor sufrimiento que Cristo experimentó fue relacional. Fue aquel momento en que Él dijo estas palabras: "Eloi, Eloi, lama sabactani. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Escuchen lo que voy a decir, porque la esperanza se encuentra aquí: su Cristo tomó tu rechazo para que tú nunca veas la espalda de Dios.
¡Alabado sea el Señor! Esta semana, de alguna forma y de alguna manera, tú te vas a enfrentar a alguna clase de viento y oleaje de esperanza perdida. Vas a buscar la esperanza donde la esperanza no puede ser hallada. O le vas a volver la espalda a Dios, o vas a levantar tu cara al Redentor sufriente y decir: "Yo no entiendo lo que está pasando en mi vida en este momento, pero yo sé esto: Tú reinas. Tú gobiernas. Tú estás cerca. Tú me has dado lo que yo necesito, y nunca vas a volver tu espalda a mí."
Yo descanso y pongo mi esperanza en ti. Yo no entiendo lo que está pasando, pero me sostengo en ti.