Integridad y Sabiduria
Sermones

El peso de la presencia de Dios

Jairo Namnún 21 febrero, 2021

Dios ofrece a Israel algo que millones de personas buscan hoy: todas las bendiciones, protección sobrenatural, la tierra prometida, prosperidad, absolutamente todo... excepto su presencia. Es la única vez en toda la Escritura que Dios hace esta oferta, y la hace sabiendo exactamente a quién se la hace. Moisés responde con una declaración que revela un corazón que anhela a Dios más que cualquier otra cosa: "Si tu presencia no va con nosotros, no nos hagas salir de aquí." Prefiere morir en el desierto con Dios que avanzar hacia la abundancia sin él.

Lo que Moisés busca no es simplemente la omnipresencia divina, sino el rostro de Dios, su persona, su voluntad, su guía, su aprobación. Y cuando pide ver la gloria de Dios, esa gloria se revela como bondad, compasión y misericordia. La gloria divina tiene peso, sustancia, realidad. Si se pusieran en una balanza todas las maravillas del universo, el amor más puro, las composiciones más hermosas, contra una pizca de la gloria de Dios, la balanza no se movería.

El problema es que los seres humanos fueron creados para depositar su peso sobre algo o alguien, para buscar un salvador. Cuando ese salvador no es Dios, siempre decepciona. Cambiamos de parejas, de trabajos, de amistades, buscando algo que soporte nuestras demandas, mientras huimos del único que cargó nuestros pecados en un madero. Como decía Agustín: "Nos creaste para ti, Señor, y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti."

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

La mañana de hoy les voy a pedir que me acompañen a la ley de Moisés, el libro de Éxodo, capítulo 33. Es el primero de dos mensajes que vamos a estar compartiendo los próximos domingos. Éxodo, capítulo 33; si tienes tu Biblia ahí, por favor ve, vamos a estar saltando, es un pasaje extenso. Si estás en NBLA, es la página 91. El título del sermón en esta mañana es "El peso de la presencia de Dios". Y como mencioné, es el primero de dos mensajes de esta misma porción, Éxodo 33 y 34. Una historia muy conocida por muchos, en la cual yo no puedo dejar de leerla y seguir sorprendiéndome con los detalles que Dios tiene para con nosotros.

Si ya tienes tu Biblia ahí abierta, la puedes abrir en tu celular, va a estar en pantalla también, pero acompáñenme. Si la tienes en tu celular, si la tienes en físico, acompáñenme, Éxodo 33. Si la tienes abierta, di conmigo: amén. Éxodo 33, esta es la Palabra de Dios.

"Entonces el Señor dijo a Moisés..." Vamos bien, Dios ha hablado, ¡gloria a Dios!, Dios sigue hablando. "Entonces el Señor dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que has sacado de la tierra de Egipto." Algo está mal, ¿lo notaste? "A la tierra de la cual juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré. Enviaré un ángel delante de ti." Algo está muy mal. "Enviaré un ángel delante de ti y echaré fuera a los cananeos, a los amorreos, a los hititas, a los ferezeos, a los heveos y a los jebuseos. Sube a una tierra que mana leche y miel, pues yo no subiré en medio de ti." Hoy es real. "No sea que te destruya en el camino, porque eres un pueblo terco."

"Cuando el pueblo oyó esta mala noticia, hicieron duelo, y ninguno de ellos se puso sus joyas, porque el Señor había dicho a Moisés: Diles a los israelitas: Ustedes son un pueblo terco. Si por un momento yo me presentara en medio de ustedes, los destruiría. Ahora quítense sus joyas para que yo sepa qué he de hacer con ustedes. A partir del monte Horeb, los israelitas se despojaron de sus joyas."

"Moisés acostumbraba tomar la tienda y la levantaba fuera del campamento, a buena distancia de este, y la llamó la tienda de reunión. Y sucedía que todo el que buscaba al Señor salía a la tienda de reunión que estaba fuera del campamento. Cuando Moisés salía a la tienda, todo el pueblo se levantaba y permanecía de pie, cada uno a la entrada de su tienda, y seguía con la vista a Moisés hasta que él entraba en la tienda."

"También cuando Moisés entraba en la tienda, la columna de nube descendía y permanecía a la entrada de la tienda, y el Señor hablaba con Moisés. Cuando todo el pueblo veía la columna de nube situada a la entrada de la tienda de reunión, todos se levantaban y adoraban, cada cual a la entrada de su tienda. Y el Señor acostumbraba hablar con Moisés cara a cara." ¡Bendito sea Dios! "Como habla un hombre con su amigo. Cuando Moisés regresaba al campamento, su joven ayudante Josué, hijo de Nun, no se apartaba de la tienda."

"Entonces Moisés dijo al Señor..." Todavía hay gracia y esperanza, hay alguien hablando con el Señor. "Mira, tú me dices: Sube a este pueblo, pero tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Además, has dicho: Te he conocido por tu nombre, y también has hallado gracia ante mis ojos. Ahora pues, si he hallado gracia ante tus ojos, te ruego, te ruego que me hagas conocer tus caminos para que yo te conozca y halle gracia ante tus ojos. Considera también que esta nación es tu pueblo." "Mi presencia irá contigo y yo te daré descanso", le contestó el Señor.

"Entonces Moisés le dijo: Si tu presencia no va con nosotros, no nos hagas salir de aquí. ¿Pues en qué se conocerá que he hallado gracia ante tus ojos, yo y tu pueblo? ¿No es acaso en que tú vayas con nosotros, para que nosotros, yo y tu pueblo, nos distingamos de todos los demás pueblos que están sobre la superficie de la tierra?" "Y el Señor respondió a Moisés: También haré esto que has hablado, por cuanto has hallado gracia ante mis ojos y te he conocido por tu nombre."

"Entonces Moisés dijo..." Este Moisés siempre quiere más de Dios. "Te ruego que me muestres tu gloria." "Y el Señor respondió: Yo haré pasar toda mi bondad delante de ti y proclamaré el nombre del Señor delante de ti. Tendré misericordia del que tendré misericordia, y tendré compasión de quien tendré compasión. Y añadió: No puedes ver mi rostro, porque nadie me puede ver y vivir."

Señor, estamos en terreno santo, estamos en terreno santo porque estamos delante de algo más grande que la tienda de reunión. Estamos en la presencia de tu santa Palabra; si somos sus hijos, estamos habitados por tu Santo Espíritu. Señor, si algo va a pasar en esta mañana, tú tienes que mover tu santa presencia en medio nuestro. Si algo va a pasar en nuestros corazones, tú tienes que hacer un milagro sobrenatural a través de la exposición de tu Palabra. Si tú vas a salvar a alguien hoy, Señor, si tú vas a avivar a alguien hoy, tú tienes que hacer algo, porque nosotros no somos mejores que Israel. Así que yo te ruego por mí mismo, pero yo te ruego por este pueblo tuyo: ten misericordia de nosotros hoy y avívanos. No nos dejes salir como entramos; a mí no me dejes salir como subí a este púlpito. Para gloria de tu nombre, tu nombre glorioso. Amén y amén.

"Vayan ustedes, pero yo no voy." Así inició el texto que acabamos de leer. El capítulo 32 es uno de esos capítulos que dan mucho dolor de leer, el capítulo anterior al que leímos hoy, porque fue un momento que debió ser de mucho gozo. Moisés subió al monte, Dios le da los diez mandamientos, una serie de mandatos, le da las tablas de piedra. Y mientras Dios y Moisés están teniendo este tiempo de intimidad, el pueblo de Israel se quedó aquí debajo, en las faldas del monte. ¿Así que qué fue lo que hizo? ¿Se acuerdan? Un becerro de oro. Y Dios dice que no hizo Moisés más que subir rápido al monte cuando ya el pueblo de Israel empezó a armar un becerro.

¿Y quién fue parte de los que organizó este becerro de oro? Aarón, que sería el sumo sacerdote, el hermano de Moisés. Es un patrón que el pueblo de Dios repetiría muchas veces: tan pronto siente que Dios está lejano, empiezan a hacer su voluntad. Tan pronto el líder de Dios, o aquel que los acercaba a Dios, lo sentían lejano, Israel se devolvió de inmediato a sus dioses de Egipto. En vez de esperar a Dios, en vez de esperar a Moisés, ellos empezaron a idolatrar.

Y en ese momento Moisés intercedió por el pueblo. El capítulo 32 muestra a Moisés orando por el pueblo y dice: "Señor, no los desaparezcas." Moisés le dice... Dios le dice: "Mira, yo te desaparezco a Israel y yo empiezo de nuevo. Ya yo lo he hecho antes, yo puedo empezar de nuevo. De ti yo saco otro pueblo." Y Moisés intercede, y Dios decide perdonarlos. Ellos merecían un castigo mucho, mucho, mucho mayor, pero Dios escucha la súplica de Moisés. De hecho, Dios mueve a Moisés a interceder, pero eso es otro tema. Y Dios decide pasar por alto la ofensa de Israel.

Pero entonces en el capítulo 33 encontramos lo que Dios decide hacer. Dios dice: "Yo no los voy a consumir, pero sube tú y el pueblo." ¿Lo notaron? ¿Vieron cómo Dios habló? Solamente de Israel, "mi pueblo", pero como cuando un papá está molesto con su muchacho: "Mira, el muchacho", o "ese", "tú y el pueblo". Y luego le dice: "Yo enviaré un ángel." ¿A quién usualmente enviaba Dios? A "mi ángel", o ¿a quién? Al Ángel del Señor, a alguien que sabemos por el Nuevo Testamento que no es más que Cristo mismo preencarnado. Pero en este momento Él dice: "Yo voy a enviar un ángel."

Es como que Dios le está diciendo a Moisés: este pueblo, este pueblo de Israel, es un pueblo absoluta y completamente terco. Es lo que Reina Valera llama un pueblo de dura cerviz, ¿se acuerdan de eso? Un pueblo de dura cerviz, un pueblo que no aprende su lección. Pero Dios es Dios. Él cumple sus promesas, Él no está fallando en nada de lo que Él prometiera. Él dice: "Yo voy a cumplir mi parte del pacto, yo voy a bendecirles." Él les dice: "Yo soy Dios, yo no cambio. Yo se lo juré a Abraham, yo se lo juré a Jacob. Yo voy a derrotar a sus enemigos", lo leyeron. "Yo voy a llevarlos a la tierra."

Así que ten por seguro, le dice a Moisés: ustedes van a recibir la bendición, ustedes van a heredar la tierra que fluye leche y miel, ustedes van a estar saciados, ustedes van a ser ricos, a ustedes les va a ir bien, ustedes lo van a tener todo. Es más, es más, yo les voy a enviar un ángel, ustedes van a tener protección sobrenatural. Ustedes lo van a tener todo, menos a mí. Absolutamente todo, menos Dios.

Y que les espera mucho, eso no es una mala oferta. De hecho, esa es la oferta que miles de millones de personas están buscando hoy, aún en la religión, quizás aún en este templo. Ese es un Dios a la medida, ese es el Dios de hoy, ese es el Dios que tú pides por Versace. Es un Dios, sí, que deja, pero un Dios de bendiciones sin peticiones, es un Dios de beneficios sin requisitos, es un Dios de regalos sin requerimientos, es un Dios de coronas sin cruz.

Y esta es la primera y la única vez que Dios hace esa oferta en la Palabra. Satanás la hace muchas veces, pero esta es la primera y la única vez que Dios hace esa oferta en la Biblia: las bendiciones de Dios sin la presencia de Dios. Solamente ahí Él hace esa oferta, y Él sabe muy bien a quién le hizo esa oferta. Él sabe por qué no se la hizo a otro. Tú sabes por qué, tú leíste el versículo 15, ¿verdad? Léanmelo otra vez, por eso les dije que tuvieran la Biblia abierta. ¿Qué dice el versículo 15? "Entonces Moisés le dijo: Si tu presencia no va con nosotros..." ¿Qué dice, iglesia? "...no nos hagas salir de aquí."

Iglesia, ¿dónde estaba Moisés cuando él respondió eso? ¿Tú crees que él estaba en Jarabacoa? ¿Tú crees que él estaba en Punta Cana? ¿Dónde estaba Moisés? ¿Dónde estaba Israel cuando él le dijo: "Si tu presencia no va con nosotros, no nos hagas salir de aquí"? ¿Qué no estaba ahí delante esperando para asesinarlos? ¿Qué estaba arriba de ellos? ¿Qué tenían debajo de ellos? Arena. ¿Qué estaba arriba de ellos? El sol del desierto. ¿Quién quiere vivir en el desierto? Y ¿qué es lo que les responde Moisés? "Señor, yo prefiero morirme en el desierto que dar un paso hacia adelante si Tú no estás ahí."

Ese es el corazón de un hombre que anhela la presencia de Dios más que cualquier otra cosa. El anhelo de Moisés no era la tierra prometida, era el Dios que prometió la tierra. ¿Tú estás oyendo eso? Yo creo que no. "Yo prefiero morirme en un desierto si Tú estás aquí, porque yo estoy hablando contigo, yo sé que Tú estás aquí. Yo prefiero quedarme en esta aflicción por siempre, que ir a descansar donde Tú no estás."

Y tú notaste que Moisés no está hablando en primera persona del singular. Esta es una de los pocos casos donde, ¡gloria a Dios!, Israel lo hizo bien. Israel lo hizo bien. Dice: "Si tu presencia no va con..." ¿quién? "...con nosotros." Yo y mi pueblo, yo y tu pueblo. Y el versículo 4, no sé si lo leyeron, dice que cuando el pueblo oyó esta mala noticia hicieron duelo. El pueblo completo, del versículo 4 en adelante se habla del pueblo completo haciendo duelo, como que todo el mundo entendió esto.

Todo Israel que salió de Egipto por la promesa de llegar a tierra prometida... No crean que fue porque ellos tenían un avivamiento espiritual tan grande que ellos dijeron: "Bueno, de cierto somos siervos, vamos a llegar a tierra prometida." Pero algo sucedió en su corazón, Dios se movió en su corazón, que ellos dijeron: "Es que Dios es mejor que la tierra prometida." Y se llenó de duelo el pueblo. El pueblo entero anheló la presencia de Dios y sintieron el pesar de quedarse, de la posibilidad de quedarse sin Dios.

Y es que mira, hay algo dentro de nosotros que genuinamente sabe, no con palabras, quizás no sabe expresarlo, pero toda la humanidad tiene un anhelo profundo por Dios, por la presencia de Dios. Tal vez no sabe expresarlo, no te lo sabe decir así, pero dentro de nosotros toda la humanidad tiene un anhelo profundo por Dios mismo, por su presencia, por su ser, algo que ninguna otra cosa en el universo lo puede llenar. Y nos pasamos la vida entera tratando de llenarlo con lo que sea, pero lo que genuinamente anhelamos es a Dios, a Dios mismo. Como nos decía, nos leía yo: "Mi alma tiene sed de Ti." O como decía el autor C.S. Lewis: "Dios no puede darnos la felicidad y la paz apartados de Él, porque no la hay, no existe tal cosa."

Y entonces está pidiendo a Dios que los acompañe su presencia personal. Yo sé que algunos de aquí están pensando: "Bueno, Dios es omnipresente." Y es cierto, en otra serie aquí hablamos de la omnipresencia de Dios. Es el hecho de que Dios está presente en todo lugar, desde un extremo del universo, desde las hojas hasta las playas, hasta las supernovas. Dios está presente en todo lugar. "¿A dónde iré de tu Espíritu? ¿A dónde escaparé de tu presencia? Si subo a los cielos, ahí estás Tú", dice el Salmo 139. Dios es Dios, sí, Él está en todo lugar, eso es cierto.

Pero la palabra para presencia, y que esto te pueda ayudar a entender a qué nos referimos con la presencia personal de Dios... La palabra para presencia, y aquí vamos a tocar las letras de hebreo, es panim. Panim. Y panim literalmente significa "rostro." ¿Y tú quieres algo más personal que un rostro? Lo que Moisés está pidiendo es que él quiere ver el rostro, él quiere que el rostro de Dios lo acompañe, que la persona de Dios lo acompañe. Moisés le está diciendo: "Dios, nosotros necesitamos contar con tu persona, necesitamos poder contar con tu voluntad, contar con tus deseos, contar con tu guía, contar con tu control, contar con tu aprobación. Nosotros necesitamos saber que Tú estás de nuestro lado, saber que al mirar a la derecha Tú estás ahí apoyándonos, Tú mismo, no un enviado por Ti. Tú mismo. Es poder verte y verte feliz, saber que estás satisfecho." A eso es que se está refiriendo Moisés cuando pide la presencia personal de Dios.

Y tú puedes ver porque eso no es lo único que Moisés pide, ¿no es cierto? Versículo 18, ¿qué es pide Moisés ver? "Entonces Moisés dijo: Te ruego que me muestres tu gloria." Este Moisés estaba absolutamente decidido a conocer a Dios de cerca. Él quería conocer todo lo que se pudiera conocer acerca de Dios. Él no se conformaba con las sombras, él quería la luz. Y ese es Dios, ¿no es cierto? No importa cuánto tiempo tú lo conozcas, siempre hay algo más que conocer. Dice el versículo 10 que Moisés era como amigo de Dios, y todavía le pedía a Dios que quería más y más y más, ¿no es cierto?

Pues aquí Moisés se atrevió y le dijo: "Dios, yo quiero ver tu gloria." Y la palabra en el original para gloria es otra palabra importante, es la palabra kavod. Y kavod, aunque ya los que saben de hebreo ya saben lo que significa kavod... Kavod tiene un significado de peso, de sustancia. ¿Me entienden? Peso, sustancia. Eso es gloria: peso o sustancia.

Tú empiezas a entender lo glorioso que Dios es cuando tú empiezas a percibir que a Dios tú no lo construyes, tú lo descubres. Que no es que tú vas formando una idea de Dios, tú vas identificando o descubriendo la idea de Dios. Que mientras tú más vas echando luz, tú vas viendo más de lo que ya estaba ahí. Que Dios es algo que ya es, que ya existe mucho antes de que tú fueras a pensar en Él. Que Dios es algo sólido, real, pesado, trascendente. No algo etéreo, no algo inventado, no es un concepto. Es una persona más importante, más pesada, de lo que tú pudieras llegar a comprender. No es una idea, no es un pensamiento. No es que nosotros nos inventamos a Dios, es que Él es más real que nosotros.

Nosotros no creamos a Dios, Él es el soberano Creador del universo. Dios no nos necesita a nosotros en lo más mínimo. Él era Dios desde antes de la eternidad, siempre completamente satisfecho en sí mismo, siempre hermoso, siempre glorioso, siempre majestuoso, siempre pesado, sólido, real, trascendente. Mientras nosotros necesitamos a Dios aún para respirar.

Hermano, la gloria de Dios es tan pesada que si se colocaren una balanza celestial de un lado las estrellas, sí, las galaxias y las ballenas, sí, los cisnes y las aves y todo lo que está en las profundidades y en las junglas... Y a eso tú le sumas las maravillas del mundo antiguo y del mundo moderno y la arquitectura más hermosa. Y entonces se le agrega el amor más grande y más puro de los mejores matrimonios que han existido. Y junto se le pone todas las más hermosas composiciones, la melodía más hermosa. Y a eso se le multiplica todo el amor más puro de una madre por un hijo recién nacido. Todo eso en una balanza, y del otro lado se le pone una pizca del peso de la gloria de Dios. La balanza no se mueve. La balanza no se mueve. No hay nada, nada, nada en todo el universo que pueda hacerle contrapeso a la gloria de Dios.

No hay nada que se compare con la realidad de la existencia, trascendencia e inmanencia de nuestro soberano Creador. El mundo entero no es una ofrenda digna de ofrecer con la gloria del Señor y su peso incomparable. Por eso es que cuando tú ves la cosa más hermosa del universo, aún no se te sale: "¡Oye, gloria a Dios!" ¿Por qué? Porque no hay otra cosa que decir. Y alguien decía que el momento más incómodo para un ateo es cuando ve hermosura, porque no sabe a quién darle gloria.

Y cuando tú empiezas a sopesar la gloria del Señor, es que tú puedes ver por qué Cristo dice que nadie que no esté dispuesto a dejar padre o madre o casa o riqueza no es digno de ser su discípulo. Es que amor tan grande y sin igual demanda toda mi vida y mi ser. Dios es tan pesado, Dios es tan real, Dios importa tanto que todo lo demás, todo lo demás entra en un segundo plano. Todo lo demás entra en un segundo plano.

Y hay dos o tres que están por ahí atrás que dicen: "Esto es un fanatismo. Yo pensaba que él era más balanceado, pero es medio fanático también, un fanático religioso." Es lo contrario, porque este conocer la gloria de Dios es lo que te libera para poner las cosas en su lugar. Cuando tú entiendes en qué lugar va Dios, es que tú pones las otras cosas en el lugar donde van. Y yo te lo voy a explicar en un momento bien rápido.

Moisés lo entendió muy bien, por eso vino a ser el hombre más balanceado de todo el Antiguo Testamento. Él lo entendió muy bien. Por eso se había podido soltar. Por eso se había podido danzar. Él sabía qué era Dios y qué era todo lo demás.

Pero bueno, aquí voy. Mira, nosotros los seres humanos fuimos creados para adorar, que en términos prácticos eso tiene que ver con depositar nuestro peso, depositar nuestras cargas, depositar quiénes somos sobre alguien más o algo más.

Nosotros siempre, siempre, siempre, todos nosotros acudimos a algo o a alguien para que sea nuestro soporte, para que sea nuestra ayuda. Siempre estamos yendo donde algo o alguien para que nos lidere y nos libere. Todos estamos constantemente buscando un salvador, buscando a alguien a quien darle gloria. Y siempre que ese salvador no sea Dios, nos termina decepcionando. Y siempre que le damos gloria a alguien que no sea Dios, lo terminamos deformando. ¿O tú no ves el triste final del 99.9 por ciento de los artistas y los famosos?

Nosotros demandamos demasiado de nuestras parejas y nuestras relaciones terminan en desastre, porque esperamos perfección de un esposo o una esposa que simplemente no tiene suficiente peso como para soportar nuestras demandas. No pueden soportarnos. Cambiamos de amistades, cambiamos de trabajo, cambiamos de look, cambiamos de casa. Seguimos todo el tiempo buscando algo o alguien sobre quien colgar nuestras vidas, alguien que aguante nuestro peso, alguien que nos dé algo más de peso, trascendencia, valor, sustancia, algo que trascienda el tiempo, algo que nos dé significado, algo que sea glorioso.

Y mientras lo hacemos, por eso es la ironía, estamos corriendo de aquel que verdadera y únicamente tiene suficiente gloria como para cargar nuestras cargas, aquel que verdadera y únicamente es digno de recibir la gloria de nuestras vidas, aquel que verdadera y únicamente subió a un madero para cargar nuestras cargas y nuestros pecados. Nosotros andamos corriendo inquietos de un lado para otro buscando satisfacción en cosas creadas, mientras nuestro Señor nos dice que busquemos al Señor mientras puede ser hallado. Y es como decía el gran teólogo Agustín: "Nos creaste para ti, Señor, y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti."

Porque mira, el punto central es este, teológico: Dios no necesita más gloria, Él tiene suficiente allá. Él no nos creó porque Él necesita la gloria, Él nos creó para desplegar su gloria, para compartir su gloria, para que el mundo vea su gloria y en eso nosotros también seamos beneficiarios, recibamos de su bendita gracia. Yo no sé si usted está entendiendo eso. Es como se le dice el overflow. ¿Qué me dice overflow en español? Como lo que fluye, es el gozo que se desborda de Él, de la increíble gloria que se desborda de Él, que nosotros recibimos. O como dice la Palabra: "Y de su plenitud todos recibimos, y gracia sobre gracia." ¿Tú me estás entendiendo? No es que a Él le falta nada, es que a Él le sobra tanto que nos está dando a nosotros.

Y es por eso que por su misericordia y gracia no tenemos que estar buscando pobres sustitutos. Cada vez que buscamos un pobre sustituto, en vez de adorar al Creador, nosotros estamos construyendo becerros de oro que puede tener la forma de un esposo, puede tener la forma de un trabajo, puede tener la forma de un hobby, puede tener la forma de una carrera, puede tener la forma muy frecuentemente de yo mismo, de un espejo, un pobre sustituto del Dios Creador. Yo no sé si a ti eso te afecta tanto, pero cada vez que yo pienso en eso, se me rompe el corazón pensando: yo soy tan Éxodo 32 que me duele. Dios eterno y yo haciéndose becerros de oro. Señor, perdónanos.

Entonces, si Dios es Dios y su gloria es tan gloriosa y sobra y hay suficiente y su presencia es tan pesada, ¿cómo podemos buscarla? ¿Cómo podemos buscarla? Déjame decirte que este no es un seminario de cómo buscar la presencia de Dios y este pasaje no te da todos los puntos para eso. Sin embargo, sí nos dice al menos cinco cosas que deben ocurrir, que deben pasar si es que la presencia de Dios personal va a ser una realidad en nuestras vidas. No son cinco pasos que tenemos que hacer, eso no es, la Biblia no es un libro de autoayuda. Pero sí son cinco cosas que deben ocurrir, que deben ocurrir para que la presencia de Dios sea una realidad en nuestras vidas.

Y la primera es la primera, la fundamental, la sine qua non, la que no puede fallar: Dios tiene que estar dispuesto a ser hallado. Para que la presencia de Dios sea una realidad en medio nuestro, Dios tiene que querer. Nosotros no podemos obligar a Dios a ser nada. Dios es Dios, nosotros somos nosotros. Si Dios dice no, se acabó allí. Y si a eso tú le agregas que nosotros somos pecadores y sus ojos son tan santos que no pueden ver el mal, tú tienes lo que dice el versículo 3, lo que dice el versículo 6 y lo que dice el versículo 20: que si Dios, en su presencia santa, decide aparecerse cerca de nosotros, nos puede destruir en un momento. Tú tienes un Isaías 6:5 ocurriendo cada momento: "¡Ay de mí, porque perdido estoy!" Eso es algo que tenemos que recordar. Al fin y al cabo, Dios tiene que querer, Dios tiene que querer.

Si Dios decidía, oigan esto, esto es importante, si Dios decidía desaparecer a Israel, ¿quién iba a decirle a Dios que lo hizo mal? Usted ha leído el Éxodo, la Biblia, hasta el capítulo 32. Estamos en el final de febrero, el que está haciendo la Biblia cronológica ya llegó hasta ahí. ¿Ustedes no creen que Dios hubiera hecho bien con dejar la Biblia hasta ahí, con la cantidad de pecados que la gente comete una y otra vez? Yo sé que nos duele en el orgullo, pero Dios ha tenido mucha misericordia con la humanidad. Es más, vamos a hacerlo personal: piensa en tu propia vida. Dios ha tenido mucha misericordia contigo, Dios ha tenido mucha misericordia conmigo. Las cosas que yo le he hecho a Dios, yo no me las perdonaría. Yo no sé cuántas veces, cuando algún familiar mío me hace algo, que yo digo: "Yo no puedo creer que tú hayas hecho eso," Dios me recuerda: "¿Tú sabes lo que tú me has hecho a mí?" ¿A algún papá le ha pasado? No me quiero sentir solo. ¿Me la van a hacer? ¿A algún papá le ha pasado? Para yo no sentirme solo. Ok, hay dos o tres que les ha pasado. Gracias, hermanos.

Ahora, esto es como un adelanto de la segunda parte de este sermón. Esta es la parte para mí más increíble, si les soy totalmente honesto delante de la presencia del Señor, de toda la Biblia: Dios tiene un deseo profundo de estar cerca de nosotros. Dios tiene un deseo profundo de perdonarnos. Yo esto ni lo entiendo. Lo he estudiado bastante, mi esposa es testigo, que aún ayer estábamos teniendo una conversación extensa sobre este tema: Dios ha atado su gloria a su bondad. Tengo aquí la cara de algún teólogo que se me queda mirando y dice: "¿Qué tú estás diciendo?" No me voy a acobardár, Gabriel: Dios ha atado su gloria a su bondad.

Mira el versículo 18 conmigo. Te voy a tener la Biblia abierta, 18 y 19. Oye esto. Entonces Moisés dijo: "Te ruego que me muestres tu gloria." Y el Señor respondió: "Yo haré pasar toda mi bondad delante de ti y proclamaré el nombre del Señor delante de ti. Tendré misericordia del que tendré misericordia y tendré compasión del que tendré compasión."

¿Qué es esto que está pasando aquí? Otra vez, este es el tráiler del próximo sermón. Cuando por fin se le concede a Moisés su petición, iglesia, este es uno de los pasajes más pesados de toda la Escritura, uno de los pasajes más citados de toda la Biblia. Cuando a Moisés se le concede su petición, acompáñame a Éxodo 34, capítulo 6 y 7. Cuando a Moisés se le concede su petición, un pasaje que hoy Luis no sabía, él no había leído mi sermón, yo no sabía que iba a utilizar eso, en el Salmo 145 lo cita también. Cuando a Moisés se le concede su petición, un pasaje que Jeremías cita, que Números cita, que Isaías cita, que Zacarías cita. Cuando a Moisés se le concede su petición de ver la gloria de Dios, ¿qué tú esperarías que Dios dijera y pasara?

Éxodo 34:6-7, escuche iglesia, lea conmigo: "Entonces pasó el Señor por delante de él y proclamó: El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, él que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable, que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación."

Moisés, es que mi bondad es mi gloria. Por eso es que tú quieres más de mi presencia, por eso es que tú no has sido consumido, por eso el universo sigue girando: porque yo soy clemente y compasivo, porque soy lento para la ira y grande en misericordia, porque yo guardo misericordia a miles y miles y miles y miles y miles. Y ciertamente yo soy justo, yo no dejo impune, yo no permito que la maldad ande corriendo, yo castigo la tercera y la cuarta generación, y muestro misericordia a miles y miles. Compara tercera y cuarta generación con miles y miles y miles. Es eso: Yo, el gran Yo Soy, el Señor, el único Dios. Mi bondad es mi gloria.

Si de alguna manera vamos a estar cerca de Dios, es por su inmensa misericordia. Él tiene que querer, no hay otra manera de contar con su presencia y su favor en nuestras vidas si no es por su gracia. ¡Oh Señor, si tú quisieras moverte en medio nuestro!

En segundo lugar, eso está claro en cada capítulo de la Biblia, está muy claro en este texto de hoy: necesitamos buscar a Dios en arrepentimiento. Necesitamos buscar a Dios en arrepentimiento. Tú has notado que el común denominador en todos tus problemas eres tú. Solo en Cristo, solo fue el caso, solo en Cristo los problemas se venían de afuera. Pero en tu vida, aun cuando tu problema viene de afuera, tú lo empeoras. Bueno, quizá tú no; yo sé que yo sí. Nuestro problema es nuestro pecado. Nuestro verdadero problema, serio, serio, serio, es nuestro pecado. Esto es nuestro pecado. La principal razón por la que nos alejamos de Dios también fue el pecado de Israel, lo que alejó a Dios de Israel también, y por lo que ellos se alejaron de Él primero. Y este texto entonces muestra claramente que para buscar a Dios hay que buscarlo en arrepentimiento. Esa es una palabra que no podemos perder de nuestro vocabulario, iglesia, que nuestros hijos no se pierdan esa palabra.

Y lo vimos del versículo cuatro en adelante. El pueblo sabía que había pecado y sentía el peso de su pecado. Y dice el texto que ninguno de ellos se puso sus joyas, y dice el versículo seis que después, a partir del monte Horeb, dicen los israelitas, se despojaron de sus joyas. Y aquí hay una simbología interesante, no puedo meterme en todos los detalles, pero las joyas en general son las muestras de un pueblo que está en altas. Israel era un pueblo que estaba en bajas. Lo que ellos estaban mostrando de manera externa era lo que había ocurrido en ellos de manera interna. Ellos sabían que este no era un momento de gozo y alegría; esto era un momento de dolor y quebrantamiento. Esta es una muestra externa de su arrepentimiento interno.

Interesantemente aquí tú notas que pasó algo profundo en el corazón de Israel, por lo menos en este momento, porque en el versículo cinco Moisés les dijo que se quitaran sus joyas, es una palabra única, pero en el versículo seis dice que ellos se despojaron de sus joyas, es una palabra diferente. Es como que Moisés dijo quítenselas, y ellos se las arrancaron. Y dice el versículo seis que de ese momento en adelante ellos no volvieron a ponerse las joyas. Fue como que de ese momento en adelante ellos entendieron la gravedad de lo que ellos habían hecho.

Interesantemente, en el capítulo 32 Moisés, y Aarón, le había dicho: "Miren, quiten las joyas a sus hijos y vamos a hacer el becerro de oro." Estas son las joyas que les quedaban. Con las joyas que les quedaban, en vez de hacer idolatría y un becerro, ellos se despojaron de ellas. Lo que está ocurriendo aquí es que, en vez de estar adorando dioses falsos, en vez de estar celebrando su estatus —recuerden que muchos de ellos se vistieron de los egipcios o se iban—, en vez de estar celebrando su estatus, en vez de estar adorando dioses falsos, ellos están diciendo: "Nosotros nos arrepentimos de todas estas malas acciones y queremos venir delante de Dios." Como diciendo: "Yo quiero empezar de nuevo, yo quiero empezar puro y limpio, yo no quiero volver a esto, yo me estoy despojando de todo lo que me llevó a adorar mal en el pasado."

Si Dios se va a hacer presente, ¿no es verdad que Dios va a pasar por tu vida y va a quemar ciertas impurezas? Si el Espíritu Santo se va a mover en medio de nosotros, no hay duda, hay cosas de las que vamos a tener que despojarnos. Principalmente tiene que haber un cambio de actitud de corazón, un corazón que le diga al Señor: "Dios, haz lo que tú quieras, haz lo que tú quieras." Un corazón humilde, recordando que el Señor es glorioso. Dice el Salmo 138 que atiende al humilde, pero al altivo conoce de lejos.

Así que, hermano, ¿de cuáles joyas tú te vas a despojar si tú quieres la presencia de Dios? ¿Cuáles cosas te están llevando a pecar? ¿Qué son esas cosas que tú tienes que dejar de ahora en adelante en tu búsqueda de la presencia de Dios? Si tú de verdad quieres caminar con Dios de cerca, si tú de verdad quieres sentir a Dios presente, si como iglesia queremos sentir a Dios en medio nuestro, ¿de qué tenemos que despojarnos? Recordando que el corazón contrito y humillado el Señor no lo despreciará.

Amén. En tercer lugar, si el Señor quiere moverse en medio nuestro y hacerse presente, algo que debe ocurrir es que su pueblo le busque por lo que Él es y no por lo que Él da. ¿Recuerdan que hablamos de eso? Y déjame decirte, no es que Dios tiene problemas de baja autoestima. No es que Dios tiene este complejo de que la gente siempre viene donde Él porque quiere su beneficio y Él se siente mal, como un jefe que nada más viene donde él a pedirle favores. Dios no tiene ningún problema con bendecirnos. Él es un padre amoroso, con gusto nos bendice. Cero problemas con bendecir a su pueblo tiene Dios. Estaba dispuesto a bendecir a los israelitas todavía.

El problema es mayor y en gran parte tiene que ver hasta con nosotros mismos, y te lo voy a explicar ahora. Mira, si nuestro corazón está detrás de las bendiciones de Dios y no del Dios que bendice, entonces nosotros estamos construyendo murallas de arena para detener un tsunami. Estamos organizando muy bien las sillas del Titanic, poniéndonos bien el cinturón para un avión que va a amarizar y hundirse. Porque pudiéramos ir donde Dios y pedirle que bendiga nuestros planes, que cumpla nuestras peticiones, que prosperen nuestros caminos y que afiance nuestros pasos, y Él pudiera hacerlo. Pero ¿de qué sirven si sus pensamientos no son nuestros pensamientos y sus caminos son más altos que nuestros caminos?

Más bien lo que Dios quiere es que vayamos y le pidamos: Dios, ¿cuáles son tus planes para nosotros? ¿Cuáles son tus deseos para nuestras vidas? ¿Cuál es tu voluntad para nuestro futuro? ¿Cuáles son tus buenas obras que tú preparaste de antemano para nuestras vidas? Para lo primero tú sigues el libro de Proverbios: pórtate bien y tú vas a tener una vida exitosa. Pero para una vida plena tú tienes que conocer a Dios de cerca. Una vida exitosa la logra cualquier persona que se porta bien: puede tener una vida exitosa y tener una buena familia, un buen carro y una buena casa. Pero una vida plena, satisfecha, solo se logra viviendo con Dios de cerca, y eso solamente se logra caminando en discernimiento de cerca con la mano de Dios, yendo detrás de su corazón, no de su bendición.

Amado hermano, hay una diferencia monumental entre creer en Dios y creerle a Dios, entre creer en Dios y querer a Dios, entre querer lo que Dios da y querer lo que Dios es. Y óyeme, entre escuchar acerca de Dios y conocer a Dios íntimamente. Y si voy a su punto con esto: muchas veces, muchas, muchas veces en esta tierra, solo el sufrimiento nos permite pasar esa materia. Solo el sufrimiento nos pasa de oidores a hacedores, de buscadores de bendiciones a buscadores del Bendecidor.

Un cuarto punto: necesitamos buscar a Dios en humildad y contemplación. En medio del pasaje, no sé si ustedes notaron esta tienda, esta tienda de reunión, este lugar tan extraño. Los versículos 7 al 10 no los voy a leer por cuestión de tiempo, pero los versículos 7 al 10 nos hablan de esta tienda de reunión. ¿Lo notaron? Este lugar tan extraño que requería tanta humillación y contemplación de parte del pueblo. Una cosa asombrosa, totalmente diferente a lo que nosotros recibimos y buscamos hoy.

Y de hecho esto me habla de otro punto que no lo mencioné porque sabía que no me iba a dar el tiempo, pero la presencia de Dios se manifiesta en la comunidad de la fe. No se manifiesta en individuos separados, sino en la comunidad de la fe. Emanuel es "Dios con nosotros", no "Dios conmigo". No hay llaneros solitarios de la fe, no hay cristianos sin iglesia. Pero es otro punto que está en el texto, pero no me da tiempo a desarrollar.

En todo caso, en esta tienda de la reunión se hablaba de que el pueblo entero reconocía que ellos no eran dignos de que Dios morara en medio de ellos. Entonces había una tienda de reunión que estaba fuera. Nosotros venimos como que Dios y yo, uno, uno, uno, uno. ¿Sabes? Dios y yo. El pueblo entero reconocía que Dios no podía hablar con ninguno de ellos y por tanto solo hablaba con Moisés. Y hoy en día cualquiera cree que él y Dios son como carne y uña. Cualquiera de nosotros... no me vayan a interpretar mal, yo no soy mejor que ustedes. El pueblo entero reconocía que tenía necesidad de Dios y por eso iban donde Moisés y salían a la tienda.

Oigan esto, dice el texto que cuando Moisés salía... oigan esta práctica. Cuando Moisés salía a reunirse en la tienda, no sé si lo notaron, dice el versículo 8, si van a los recuerdos, todo el pueblo. Así es, el versículo 8: todo el pueblo se levantaba, permanecía de pie y seguía a Moisés con la mirada. ¿Tú sabes la humildad que requiere eso? Todo un pueblo parado a ver lo que está haciendo Moisés. Va para la tienda, imagínate el sistema de aviso. Moisés va para la tienda, todo el mundo se para a mirar a Moisés en expectativa, humildad, contemplación, reflexión, a ver qué va a pasar. Moisés entra en la tienda, baja la nube, todo el mundo paraba todo, se levantaba y empezaba a adorar.

Wow. Hoy en día si estoy un minuto en el banco, estoy con mi celular dándole para arriba a Instagram. Vivimos en una sociedad que es todo así. No hay reflexión, no hay meditación, no hay contemplación. Si me siento a leer cinco minutos, me aburro. Pero este pueblo, para tener algún tipo de encuentro con Dios, tenía que pasar horas en proceso ritual con tal de apreciar un poquito de la presencia de Dios. ¿Tú notas la diferencia? Dime si no hemos perdido algo, si en medio de tanta bulla hemos perdido sus susurros.

Antes de que me acusen: nos acercamos con confianza al trono de la gracia por el sacrificio de Jesús. Bendito sea el Señor, estamos en tiempo de Nuevo Testamento. Yo cierro mis ojos y oro, me encuentro con Dios. El mismo Dios santo y soberano del Antiguo Testamento, no son Dioses diferentes. Tengo un medio diferente, que sigue siendo el soberano y santo Señor. A través de la cruz me acerco con confianza al mismo Dios. Y tal vez escucho menos respuestas, tengo menos cercanía, siento menos la presencia, porque Dios se sigue moviendo en silbidos apacibles y estoy en el momento todo el tiempo corriendo, todo el tiempo con ruido y el bullicio, todo el tiempo. Y Dios hablando en silencio, y no hay momentos de reflexión.

En quinto lugar, quinto y último lugar, si queremos que la presencia de Dios esté en medio nuestro, necesitamos un mediador. Esta historia es más larga que un solo versículo porque había un mediador, e Israel no desapareció con lo que hizo con el becerro porque Moisés intercedió. Dios comunicó lo que iba a hacer porque Él tenía con quién hablar en Moisés. Y se nos habla cómo Dios preparó un hombre que tenía una tienda que él sacaba fuera del pueblo, donde él hablaba e intercedía.

Ese hombre, el profeta más grande del Antiguo Testamento, ese amigo de Dios, iba una y otra vez e intercedía por los pecados de Israel. Hablaba con Dios cada vez que ellos caían. Moisés estaba ahí en medio del pueblo intercediendo, hablando con Dios por los pecados de su pueblo. Bendito sea Dios por su mediador Moisés. Gracias a Dios por la vida de Moisés. ¡Oye, gracias a Dios!

Y el texto de hoy terminó diciendo que Moisés no era digno de ver el rostro de Dios y vivir. Y si conoces la historia, sabes que ese mismo hombre no pudo entrar en ese momento en la tierra prometida por su propio pecado. Pero hoy nosotros conocemos a Aquel que vendría después de Moisés. A Aquel que fue, según Hebreos dos, considerado en más gloria que Moisés. A Aquel en quien vimos su rostro lleno de gracia y verdad. A Aquel que vino a revelar al Padre. A Aquel que vino y habitó en medio de nosotros. A Aquel que fue la presencia misma de Dios en medio nuestro.

El mediador perfecto, quien intercede por nosotros, que ahora nos llama a ir a Él en arrepentimiento, que nos buscó a nosotros en nuestro peor momento, que nos ofrece y nos garantiza su perdón, que nos llama a una vida verdaderamente plena, que no envía un ángel, que vino Él mismo por nosotros, que nos revela la gloria del Padre, nos promete una vida preciosa. Jesús, nuestro mediador, Dios en medio nuestro.

Dime tú, mi hermano, ¿tú no quieres vivir en su presencia? Dime si tú no quieres vivir en su presencia. Y dime tú, mi hermano, ¿hay algo más importante, de mayor peso, de mayor valor que Jesús en tu vida?

Acompáñenme a orar. Señor Jesús, como iglesia nosotros hoy en esta mañana queremos exaltar tu santo y bendito nombre y decirte: bueno eres Tú. Tú eres hermoso, glorioso, majestuoso, grande, grande, Señor. Tú has hecho tantas cosas por nosotros. Tú has hecho tantas cosas por nosotros, Dios. Pensar en quiénes éramos antes y pensar en quiénes somos ahora... no podemos sino adorarte. Gracias, gracias, Señor. Gracias, Señor. Pensamos en tu belleza y te bendecimos. Pensamos en tu majestad y te bendecimos. Pensamos en tu gracia y nos quedamos pequeños.

Y junto con eso, Señor, queremos pedirte perdón. Yo quiero pedirte perdón, Señor, porque he valorado tantas cosas más que a ti. Señor, yo te he puesto en segundo plano muchas veces, aun esta misma semana. Yo te pido perdón, Señor, porque cada vez que peco, pero ahora pienso en pecados específicos, que al pecar yo he decidido ponerte a ti en segundo plano. Perdóname, Señor. Señor, perdóname.

Señor, como iglesia te pedimos perdón por los momentos donde hemos estado deseando más tus bendiciones que a ti. Y te damos gracias porque Tú nos has bendecido tanto, Señor. Te damos gracias porque Tú no nos has dejado. Tú sigues bendiciendo esta congregación, Tú sigues bendiciéndome a mí. Yo te doy gracias por eso. Pero yo quiero pedirte, Señor, si Tú quieres, como Tú hiciste con Israel en ese momento, si Tú quieres avivarme, si Tú quieres avivar esta congregación, y si Tú quieres hacerte grande a nuestros ojos y darme a entender, Señor, que Tú eres más valioso que cualquier otra cosa.

¡Oh Dios Padre! Si tú entregaste a tu Hijo, si tú entregaste tu vida, ¿qué otra cosa vale más que tú? ¡Oh Dios, no hay nada ni nadie que se compare contigo! Yo te pido perdón, yo te ruego, Señor. Yo te clamo que tu presencia sea real en mi vida a partir de hoy. Que sea real, Señor, en esta iglesia, que esta sea verdaderamente una iglesia que camina en tu presencia, como lo ha sido tantas veces, Señor.

Que mi casa y esta morada tuya, que mi casa, Señor, sea una casa donde se pueda hacer evidente que tu presencia está allí. Señor, esta congregación se postra ante ti, te declara como el Rey y te dice que nadie tiene más valor que tú. Para tu gloria, Señor. Amén.

Jairo Namnún

Jairo Namnún

Jairo Namnún sirve como director ejecutivo de Coalición por el Evangelio, encargado de idear y supervisar el contenido del ministerio. Posee una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Patricia Namnún y juntos tienen dos hijos: Ezequiel e Isaac.