Integridad y Sabiduria
Sermones

El perfil de un verdadero siervo

Miguel Núñez 22 abril, 2012

Vivir de manera digna del evangelio requiere condiciones que rara vez están presentes en nosotros: ser de un mismo sentir, caminar unidos en espíritu, dedicarnos a un solo propósito. Lo que impide esa unidad es el egoísmo humano, esa tendencia a ver solo nuestro mundo y a gloriarnos en nosotros mismos. La alternativa es la humildad práctica: considerar al otro como más importante, ponerse en su posición antes de intentar moverlo hacia la nuestra, buscar sus intereses antes que los propios.

Para ilustrar cómo luce un verdadero siervo, el apóstol Pablo presenta primero a Cristo, quien siendo Dios no se aferró a su posición sino que se hizo criatura y vivió como siervo. Luego se presenta a sí mismo, dispuesto a ser derramado como ofrenda de libación. Finalmente habla de Timoteo y Epafrodito, dos hombres en quienes él se reprodujo. De Timoteo dice que nadie más tiene su mismo sentir, que sirvió en el evangelio como un hijo sirve a su padre. De Epafrodito cuenta que arriesgó su vida hasta estar al borde de la muerte por la causa de Cristo, y que estando enfermo su preocupación era que los filipenses supieran que estaba sano.

El pastor Núñez señala que Cristo se reprodujo en Pablo, Pablo en Timoteo y en Epafrodito. Ese es el llamado: ser transformados para poder reproducir el corazón de Cristo en nuestros hijos, en nuestros discípulos, en aquellos que Dios pone a nuestro lado.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Vamos, señálalos para mi vida en su Palabra!

Recordemos que al principio del capítulo 2 de Filipenses, el apóstol Pablo comenzaba animándonos para que nosotros pudiéramos vivir de una manera que fuera digna del Evangelio. Y la forma como nos dijo eso es ayudándonos a entender lo que implicaba ser de un mismo sentir, estar unidos en espíritu y dedicados a un mismo propósito. Imagínate todo lo que se requiere para que tú y yo podamos ser de un mismo sentir, estar unidos en un solo espíritu y nosotros poder caminar con un solo propósito. Eso va a requerir de ciertas condiciones y características de nuestras vidas que frecuentemente no están presentes, pero de las cuales Pablo quiere hablarnos brevemente para que nosotros podamos entender lo que necesitamos adquirir, como parte nuestra, como parte de nuestro carácter, si vamos a honrar esto que Pablo nos está invitando a hacer por medio del Espíritu de Dios que ha inspirado estas palabras.

Y entonces él nos dice que no debiéramos hacer nada por egoísmo o por vanagloria, y eso nos da a nosotros una idea inmediatamente de cuál es alguna de las cosas que evitan que podamos ser de un mismo sentir. Algunas de las cosas en nosotros que evitan que podamos tener un mismo propósito, y lo primero que Pablo menciona es el egoísmo humano, el egoísmo humano o la vanagloria humana, el hecho de que frecuentemente veo mi mundo, pero no veo más allá de ese mundo, o que con frecuencia queremos gloriarnos en nosotros y no necesariamente en el Señor.

Y entonces lo opuesto de eso es la actitud de humildad a la que Pablo nos invita a modelar. Sino que con actitud humilde... Bueno Pablo, pero la humildad es un concepto a veces como difícil de entender, porque cuando yo creo que la tengo ya se me fue, porque jamás hubiese pensado que yo era humilde si realmente yo era humilde. Mientras estás pensando que soy humilde, es probablemente porque todavía no la tengo. Entonces, ¿cómo hago eso en la práctica? ¿Cómo lo llevo a la práctica?

Y él nos dice ahí al principio, son cosas que cubrimos ya, pero para que usted pueda ver cómo caemos donde vamos a caer. Entonces Pablo le dice que yo te voy a decir de manera práctica cómo lo haces: que cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo. Entonces ahora estás con ese otro y necesitas pensar que su idea, su opinión, es más importante que la tuya. Bueno, ¿y si está en el error? Bueno, pero si está en el error, no comienzas desde tu posición. Ponte en su posición, considérala como más importante, y luego trata de moverlo a tu posición, pero no trates de arrastrarlo desde la tuya, sino que te mueves con él a la suya y tratas de llevarlo hacia la tuya si tú entiendes que es la verdad. Pero considera la de él primero. Entonces Pablo nos está instruyendo.

Bueno Pablo, pero tú tienes algo más que decirme para que me ayude a hacer eso. Y eso es claro: no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Cada uno de nosotros tiene intereses, y estos son nuestros propios intereses. No me digas que no. Todos nosotros tenemos intereses, y esos intereses pudieran corresponder a los intereses de Dios, pero otras veces no corresponden a los intereses de Dios. Entonces Pablo nos dice: ok, entonces tú debes no buscar tu propio interés, sino ver cuál es el interés del otro, y el otro va a estar buscando el interés tuyo, de esta manera que los dos se van a encontrar en el medio y ustedes van a aprender dónde yo tengo que ceder hacia allá y dónde el otro tiene que venir hacia donde me hizo. De esa manera podemos ser de un mismo sentir, de un mismo corazón, de un mismo propósito si hemos adquirido esa humildad.

Una vez Pablo pinta ese cuadro, entonces él pasa a darnos ejemplos de siervos. Y él comienza con el siervo por excelencia, el mejor de los siervos, el siervo de siervos, el Señor Jesucristo, y nos da el cuadro de la humillación de Cristo. Cómo él que era Dios no consideró su igualdad con Dios como algo a qué aferrarse. Ahora tú tienes un modelo, un ejemplo de alguien que estaba en la verdad, que tenía una gloria que le pertenecía, tenía una divinidad que le pertenecía, y estando en la verdad él no cedió la verdad, pero él cedió su posición. De manera que es posible estar tú en lo correcto y ceder tu posición sin ceder la verdad para servir al otro.

Y eso es exactamente lo que Cristo hizo, pero Cristo entendió que aparte de su misión de salvación, si él nos iba a pedir que fuéramos esto que Pablo ya nos pidió por inspiración del Espíritu, yo necesitaba un modelo. Y él, siendo Creador, se convirtió en criatura, y una vez vivió entre las criaturas, entonces comenzó a vivir como un siervo para que nosotros pudiéramos aprender cómo luce un siervo y luego decirnos: así es que tú tienes que lucir.

Bueno, y luego él vivió su vida, pero resulta que quizás ahora yo tengo un modelo de vida, pero yo no sé cómo morir. Y aparte de su misión de salvación, él va y muere en un madero de tal forma que yo pueda aprender de qué manera un siervo de Dios está dispuesto a vivir y a morir. Y ese es el ejemplo por excelencia.

Una vez Pablo me da ese ejemplo, entonces él comienza a hablarme incluso de él mismo, porque Pablo está hablando de él en cumplimiento con algo que Cristo ha dicho: que todo discípulo cuando es entrenado bien es como su maestro. Cristo es el Maestro, Pablo fue un discípulo; si Cristo es el Maestro debió haber entrenado bien a Pablo, por tanto Pablo debe lucir como Cristo. Y tanto lució Pablo como Cristo que llegó a decir: imítenme a mí también como yo imito a Cristo. Es una época cosa. Pablo estaba tan seguro que Cristo se había reproducido en él que él se atrevía a decir por inspiración del Espíritu: imítenme a mí también, que yo estoy imitando a Cristo, no de una forma vanaglorosa sino de una forma cierta para ayudarnos a nosotros como personas humanas a saber que tú puedes.

Entonces Pablo me dice en el versículo 17 de este capítulo 2: "Pero aunque yo sea derramado como libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe", y ahí está el servicio, "me regocijo y comparto mi gozo con todos vosotros". Pablo está diciendo que aunque él se ha derramado en servicio, él está haciendo referencia a su muerte con esto de ofrenda de libación. Esta es una ofrenda que explicamos ocurría en el mundo pagano de una manera y ocurría en el templo en el tabernáculo de otra manera. Cuando era ofrecido el cordero, en ocasiones se tomaba una copa de vino puro y se tiraba sobre el altar. Eso era llamado la ofrenda de libación. Pablo dice: si mi servicio hacia ustedes es derramado como una ofrenda de ese tipo de libación, yo me regocijo con ustedes y me lleno de gozo si yo puedo servirles y que mi servicio sea como una ofrenda de ese tipo.

Está el modelo de Cristo, en quien Cristo se ha reproducido, que es Pablo, y ahora Pablo nos va a hablar de dos siervos en quien él se ha reproducido: Timoteo y Epafrodito. Y nos va a hablar de sus condiciones, de sus caracteres, de lo que tenían. Y lo que yo quisiera invitarlos, después de leer esto y después de orar, es que en la medida en que hoy vamos a ver acerca de Timoteo y de Epafrodito, que yo pueda preguntarme: ¿qué tan cerca yo estoy de ser un Timoteo, un Epafrodito, o qué yo necesito hacer o cambiar? Y que Dios nos hable.

Escucha, comenzando el versículo 19: "Más espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, a fin de que yo también sea alentado al saber de vuestra condición. Pues a nadie más tengo del mismo sentir mío y que esté sinceramente interesado en vuestro bienestar. Porque todos buscan sus propios intereses" —¿te das cuenta por qué teníamos que regresar al principio?— "no los de Cristo Jesús. Pero vosotros conocéis sus probados méritos, que sirvió conmigo en la propagación del Evangelio como un hijo sirve a su padre. Por tanto, a este espero enviarlo inmediatamente, tan pronto vea cómo van las cosas conmigo. Y confío en el Señor que también yo mismo iré pronto. Pero creí necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano, mi colaborador y compañero de milicia, quien también es vuestro mensajero y servidor para mis necesidades, porque os añoraba a todos vosotros y estaba angustiado porque habíais oído que se había enfermado. Pues en verdad estuvo bien enfermo, a punto de morir, pero Dios tuvo misericordia de él, y no solo de él sino también de mí, para que yo no tuviera tristeza sobre tristeza. Así que lo he enviado con mayor solicitud para que al verlo de nuevo os regocijéis y yo esté más tranquilo en cuanto a vosotros. Recibidlo, pues, en el Señor con todo gozo, y tened en alta estima a los que son como él, porque estuvo al borde de la muerte por la obra de Cristo, arriesgando su vida para completar lo que faltaba en vuestro servicio hacia mí".

Escucha cómo Pablo comienza: espero en el Señor. ¿Qué también esperamos nosotros? Cuando hablamos de esperar en el Señor, hay como dos sentidos de esa palabra. Yo pudiera esperar en el sentido de: yo tengo esperanza en el Señor. Y eso es bíblico y debemos hacer eso. Pero hay otro sentido de esperar en el Señor que tiene que ver con su tiempo, con el tiempo de Dios.

¿Qué tanto sabemos nosotros esperar? ¿Qué nos impide esperar por Dios? A veces simplemente que ese fruto del Espíritu llamado paciencia simplemente no está en mí, por lo menos no está desarrollado. A veces es nuestro orgullo que quiere ir delante y quiere simplemente hacerlo. A veces ese orgullo autosuficiente que dice: bueno, yo puedo manejar esto, no tengo que orar por esto. Y entonces somos como los israelitas que cuando Dios les dijo vayan y ocupen la tierra prometida, no fueron, de manera que estuvieron detrás de su cronología y sufrieron las consecuencias. Tuvieron que esperar cuarenta años entonces para entrar. O luego ya más adelante, cuando Dios les dice no vayan a la batalla, ellos no quisieron esperar esa voz y se fueron a la batalla y sufrieron las consecuencias.

Entonces, esperar en el Señor es saber esperar y discernir su tiempo para que cuando ese tiempo llegue, yo pueda hacer aquello que Dios me estaba llamando a hacer. Dios no quiere que yo vaya detrás, pero Dios tampoco quiere que yo vaya delante. Yo creo que muchas de nuestras consecuencias las vivimos porque no sabemos esperar. No sabemos esperar el tiempo de Dios.

Yo estoy seguro que Dios me llamó a esto, puede ser, pero ¿tú estás tan seguro del llamado como del tiempo? Cristo estaba seguro de que Dios le había enviado como redentor, pero tenía que esperar 30 años para iniciar su labor. De manera que haber recibido el llamado y estar convencido del llamado no es lo mismo que conocer con certidumbre la hora del llamado. Moisés tenía un sentido a los 40 años de que Dios le había llamado a liberar al pueblo y mató a un hombre, un egipcio, y tuvo que salir corriendo por 40 años más. Date cuenta de cómo el tiempo de Dios es tan importante como el llamado mismo.

Yo he dicho esto una vez más, ahora lo pueden tomar bien porque no veo nada de orgullo en esto. Yo he dicho varias veces en las últimas semanas en diferentes contextos que si alguien me preguntara qué es lo que yo mejor he hecho, no es lo que yo he hecho perfectamente ni es lo que yo me enorgullezco, sino si tú haces una lista de lo que tú entiendes que tú has hecho mejor, yo no voy a enlistar ahí ni predicar ni enseñar ni levantar una iglesia. Yo te voy a decir que es, creo yo, esperar. No hay nada de qué enorgullecerme porque aun es pues Dios que te da la habilidad de esperar.

Déjame ilustrarte algo que pasó ayer. Estaba en Puerto Plata predicándole a un grupo bien señalado, era como enseñanza y prédica a un grupo de pastores de la Convención Bautista Dominicana. Lo voy a decir porque lo que yo dije lo dije públicamente, no tengo nada que ocultar. Y en un momento dado, ya sea al final, no sé cómo llegamos a esto, yo comencé a hablar de esto que estoy hablando ahora: la necesidad de saber esperar. Y lo que yo terminé diciendo yo no lo tenía en mi corazón o en mi mente cuando yo comencé a hablar durante todo el día de ayer. Pero justo cuando terminé de decir "saber esperar", Dios lo trajo a mi corazón. Yo me detuve como por dos segundos para estar seguro que debía y podía decir esto, o por lo menos que Dios era quien lo estaba inspirando en mí. Y después de dos segundos de pausa que entendí que sí, dije: "Bueno, a manera de ilustración, yo tenía 14 años esperando para decirle todo lo que yo le he dicho en el día de hoy." Catorce años. Nuestro hermano Otto en un momento dado me miró y me dijo: "¿Catorce años?" Pero cómo va a ser, Cristo tuvo 30 y era el Señor esperando para hablar.

En esos 14 años Dios fue preparando mi espíritu y el espíritu de los que iban a escuchar, de tal manera que yo lo pudiera entregar con la mansedumbre que creo pude entregarlo y que ellos pudieran escuchar con oídos mansos. Y Dios hizo una obra de gloria para Él mismo en el día de ayer en sus vidas.

El tiempo de Dios. No dice "yo espero en el Señor, yo sé que yo tengo que enviar a Timoteo y lo quiero enviar", y vamos a hablar mucho acerca de eso, pero Dios está orquestando algo y él dice "vamos a ver cómo van las cosas conmigo." Yo no sé exactamente qué Pablo estaba tratando de decirnos con eso, pero aparentemente estaba esperando que alguna cosa con él, con su prisión, no sé si trámites, como que caminaran, y cuando eso se diera, tan pronto eso se diera, él enviaría a Timoteo hacia Filipos. Pablo está consciente del control soberano de Dios. Tú tienes que hacer las cosas en el tiempo de Dios, en la voluntad de Dios, en la forma de Dios, con los medios de Dios, en el poder de Dios, para gloria de Dios. Eso garantiza tu labor. La esperanza de un siervo en la espera no está en lo rápido que ocurra, está en el Señor.

Sara no supo esperar. "No es, pastor, que ya iban 12 años y faltaban 13." No importa, el problema es que tenemos miles de años después del error de Sara. Y ella abrazó a Ismael por Ismael. ¿Cuántos Ismael es que no hemos abrazado? Y una vez Ismael nace, yo necesito quedarme con Ismael abrazando los rechazones. Sara sí, eventualmente él tuvo que tomar una decisión.

Bueno, Pablo está esperando para enviar a esta persona que él llama "este Timoteo, mi hijo en la fe." En 1 Timoteo 1:2 él le llama "mi hijo en la fe." Timoteo conoció al Señor por Pablo y a partir de ahí comenzaron a desarrollar una relación muy especial, y Pablo está por enviarlo a Filipos.

Y escúchenlo, lo que Pablo dice: "Yo lo quiero enviar para que yo mismo sea alentado al saber de vuestra condición." Pablo, tú me humillas una y otra vez con la forma en que tú piensas. Pablo, me siento pequeño con la forma en que tú piensas. Está en prisión. Tú me dices en esta carta, porque lo leí, que tú no tienes a nadie como Timoteo, y tú te vas a deshacer de él. Uno pensaría: "No, mira, ustedes son los filipenses y ustedes se tienen unos a otros, déjame a Timoteo por lo menos que es como un hijo para mí, para que ore conmigo, lea la Palabra conmigo, para que me conforte en la prisión." No, "yo solo voy a enviarlo." Pero, ¿y para qué? "Para que yo mismo sea alentado al saber de vuestra condición." Es que me han llegado noticias de que estas dos colaboradoras amadas mías están en rencillas y yo he estado triste por eso. Yo voy a enviar esta carta, yo quiero saber el efecto que esta carta va a tener, y cuando esta carta se lea, yo quiero saber si hay nuevas noticias para mí, para yo poder ser alentado al saber de vuestra condición, a ver si cambia la tristeza de mi corazón. ¡Wow!

Entonces, date cuenta, ciertamente Cristo se reprodujo en Pablo. Esto es, si Pablo siente tristeza por estas desavenencias, más tristeza siente nuestro Señor. Y Pablo quiere ver si él puede afectar esa condición. Cristo se reproduce en Pablo. Vamos a ver si Pablo se reprodujo en Timoteo, porque ese es su hijo espiritual. Y Pablo comienza diciendo: "A nadie más tengo del mismo sentir mío y que esté sinceramente interesado en vuestra condición." Pablo se reprodujo en ese hombre. "A nadie más tengo con mi mismo sentir." Es una palabra compleja en el griego que implica exactamente eso: un mismo espíritu. Es soulmate, a kindred spirit, alguien que siente igual que yo, que ve igual que yo. Su corazón late junto con el mío por las mismas cosas que mi corazón late. Su corazón late por las cosas del Señor, las cosas de la iglesia de Filipos. A nadie más tengo como él.

¡Wow! Pero el ministerio, qué solitario. Pastor, desde la época de Jesucristo ha sido así. Señor abandonado. Pablo con Timoteo. Demas se fue al mundo y otros no están conmigo, están en otros lugares. Yo creo que Dios lo hace porque en mi soledad yo aprendo de su suficiencia. Y en ocasiones Él tiene que sacarnos de en medio de la multitud, a ti y a mí, para poder tener tiempo conmigo. Y en ocasiones parte del abandono es parte del trabajo de Dios. Dios no nos responsabiliza del pecado de la vida, ese del pecado del abandono de aquellos como Demas, pero sí de que "yo orquesté eso porque yo quiero, necesito trabajar en tu dependencia conmigo solamente."

¿Por qué es que solamente Timoteo tiene del mismo sentir de Pablo? No dice por qué en el siglo XXI. Porque todos buscan sus propios intereses, no los de Cristo. ¿Te das cuenta por qué teníamos que regresar al principio del capítulo 2, donde Pablo dice que no debiéramos tener nuestros propios intereses, sino que debiéramos buscar los intereses de los demás y considerarlos como más importantes que nosotros mismos? Porque cuando eso no se da, se da esta condición donde los intereses míos prevalecen sobre los tuyos. Y Pablo dice: "No, no, nada que hagas por egoísmo o por vanagloria."

Y lo que dificulta que tus intereses yo los considere superiores y primero a los míos es mi yo. Yo no sé si tu yo es como mío, pero son yo ellos. Y probablemente es como mío, y es que rehúsa morir. Él se deja herir hasta el punto de agonizar, pero él no exhala la última respiración. Cada cierto tiempo él, el yo, vuelve y resurge y se fortalece. Por eso Pablo dice: "Yo tengo que golpear mi cuerpo." Yo estoy golpeando mi yo continuamente porque no lo puedo dejar que cobre fuerza otra vez porque me gana la batalla, me gana la carrera.

Entonces, este Timoteo, Pablo ha podido reproducirse en Timoteo de tal manera que Timoteo es del mismo sentir de Pablo. Ama a los filipenses como Pablo ama, por eso también lo quiere enviar ahora. En parte quizás tiene que ver con el hecho de que Timoteo participó en la fundación de esta iglesia con Pablo. Pablo viene en ese viaje misionero, se para en Derbe, pasa por Listra, y entre una de esas dos ciudades, no está claro en el texto, él se encuentra con Timoteo. Y se lleva a Timoteo, lo circuncida y se lleva a Timoteo. Timoteo había sido educado por su madre Eunice, por su abuela Loida. Su fe tenía que ver en parte con el legado espiritual de estas dos mujeres, porque Pablo le dice a Timoteo acerca de eso en su segunda carta, capítulo primero. De hecho, Pablo le dice: "Aviva el don que hay en ti por la imposición de las manos." Pero inmediatamente antes le dice: "Yo recuerdo de la fe que hubo en tu madre Eunice y en tu abuela Loida." Por tanto, debido a ese legado espiritual, aviva el don que hay en ti. En otras palabras, tú tienes un legado que debe ayudarte a lo que es el uso de ese don que tú tienes.

Y ahora mismo, aquí en Roma, nadie, nadie es como Timoteo para mí. Recuerda cómo en el capítulo primero, en el versículo 16, hablamos de que en Roma había personas predicándole el evangelio por ambición, por rivalidad, por egoísmo, por ambición de poder, de influencia, de nombre, de fama, de reemplazar a otro. Había un grupo de personas que estaban predicándole el evangelio de esa manera. Y otros que estaban predicando de buena voluntad. No sabemos qué pasó con esos que estaban predicando de buena voluntad alrededor de Pablo, pero en este momento parece que no están. Está Timoteo. Y nadie es como él para Pablo.

Timoteo es un modelo de siervo que ha muerto a sí mismo.

Primero te presento a Cristo, luego te hablo de mí, que estoy dispuesto a ser ofrecido como ofrenda de libación, luego te hablo de Timoteo. Cristo se reproduce en mí, yo en Timoteo, yo en Epafrodito, y todo discípulo, cuando es entrenado bien, es como su maestro. Aquí tú estás entrenando. Si lo estás entrenando, si lo entrenas bien, será como tú. ¿Te preocupa o te alegras? ¿Me preocupa que vaya a ser como tú o te alegras?

Howard Hendricks decía, y yo creo que es un buen consejo, que cada uno de nosotros necesita tres personas en su vida. Necesita un Pablo que te pueda decir la verdad. Bueno, Pablo le dijo la verdad a todo el mundo. Necesitas un Timoteo a quien tú estás formando. Y tú necesitas un Bernabé que te anime, te estimule. Al menos de este lado de la gloria, hasta que esta carne dure, todos nosotros necesitamos ser estimulados y animados. La Biblia dice eso de todas las formas posibles. Y lo dice aquí Pablo con relación a Timoteo y Epafrodito, porque uno de ellos dos, probablemente Epafrodito, va a llevar la carta, y él habla abundantemente de cómo ellos eran. Y eso es un estímulo para ellos. Se lo está escribiendo a ellos, pero ellos van a llevar la carta.

Escucha lo que dice en el versículo 22 de Timoteo. Y ahora lo dice aquí: "Vosotros conocéis sus probados méritos." Estos son méritos, no gloria, méritos. Cosas buenas que ha hecho a favor de la causa de Cristo. La Palabra de Dios habla de buenas obras. De hecho, el texto de Hebreos que yo leí en el capítulo 10 nos habla de hacer obras buenas. Efesios 2:8-9 nos habla de que somos creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras. Y las malas son las que hacemos nosotros a nuestra manera y de acuerdo a nuestro diseño. Pero aquellas que Dios preparó de antemano, y en las cuales entonces yo camino, son buenas obras.

Pablo habla de los probados méritos de Timoteo. Probados méritos, en otras palabras, no es que yo pienso así de Timoteo, es que todos lo conocemos. En la comunidad de creyentes todos conocemos sus probados méritos: que sirvió conmigo en la propagación del satisfactionevangelio. Ese es uno de esos méritos. Como un hijo sirve a su padre. No es simplemente que Timoteo espiritualmente, yo fui el instrumento que lo vio nacer o que Dios usó para hacerlo nacer. No es eso. Es que él ha servido en la propagación del satisfactionevangelio como un hijo le sirve a un padre. ¿Cómo le sirve un hijo a un padre? Con cariño, de manera desinteresada, con gozo, con entrega, sin contar el precio.

Cuando estos dos siervos salieron a predicar el satisfactionevangelio, Pablo amaba a Timoteo y sentía gozo de ministrar con él. Timoteo amaba a Pablo como a un padre y sentía gozo de ministrar con su padre. Y mientras caminaban, como vamos a ver, estuvieron juntos mucho tiempo. Pablo se fue replicando en Timoteo de tal manera que ahora Pablo puede decir que no tengo nadie más que sea del mismo sentir conmigo como lo es Timoteo. En parte es su legado espiritual.

Pero mira cómo Pablo le llama a Timoteo. En Primera Timoteo 1:2 le dice "mi hijo en la fe." En Segunda Timoteo 1:2 le dice "amado hijo." En Primera de Corintios 4:17 dice "mi hijo amado y fiel en el Señor." En Romanos 16:21 le llama "mi colaborador." Timoteo es esa clase de hijo que no se despegaba de su padre. Cuando Pablo escribió la carta a los Romanos, Timoteo estaba con él. Está ahí en la carta. Cuando Pablo escribió la carta a los Colosenses, Timoteo estaba con él. Cuando Pablo escribió la carta a los Filipenses, esta, Timoteo estaba con él. Cuando Pablo escribió Segunda de Corintios, Timoteo estaba con él. Cuando Pablo escribió Primera y Segunda de Tesalonicenses, Timoteo estaba con él. Cuando Pablo escribió a Filemón, Timoteo estaba con él. Timoteo estaba con Pablo todo el tiempo.

Y ahora le está diciendo que ustedes conocen sus probados méritos, él es del mismo sentir de mi corazón. Yo siento como él siente, él siente como yo siento. Yo siento como Cristo siente y ahora Timoteo está sintiendo como Cristo siente. Porque Cristo se reprodujo en mí, yo en Timoteo, en Epafrodito, en ti, mi amigo, y en ti, mi amiga. Timoteo tenía el mismo interés por el bienestar de los filipenses que Pablo tenía. Y Pablo está diciendo que yo estoy enviando a alguien cuyo testimonio es incuestionable, todos conocen sus probados méritos. Ahí va Timoteo.

Ahora, Pablo exhibe en esta carta incluso un corazón de siervo extraordinario. Porque si Timoteo es aquel que es de su mismo sentir, él está en una cárcel y lo está enviando. Se está deshaciendo de Timoteo para que aquellos que están allá puedan recibir la carta o ser pastoreados de una mejor manera, llegar a entenderse mejor, recibir mejor las noticias y él sentirse alentado de la condición de mejoría de los filipenses. Pablo ama a esta congregación, y a la verdad que cuando tú lees el resto que vamos a leer ahora, la congregación lo amaba a Pablo.

Ahora, Pablo tiene un segundo compañero que quizás no era tan cercano como Timoteo, pero era cercano y está con él en Roma, y se llama Epafrodito. Y entonces él dice: "Pero creo que es necesario también enviaros a Epafrodito." Pablo, ¿y con quién tú te vas a quedar ahora? No es que yo los necesito a ambos. Sí, pero tú estás solo. Sí, pero la causa lo necesita.

"Tuve por necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano." Eso tiene cualquier creyente: mi hermano. En el original puede leer "mi hermano, mi colaborador, mi compañero de milicia." Es hermano porque somos hermanos en la fe. Yo nací del Espíritu como él nació del Espíritu. Es mi hermano, pero Pablo usa el pronombre personal "mi" para dar una connotación de cercanía, de manera que no es cualquier hermano. Y le llama mi hermano, le llama mi colaborador, alguien que trabaja con él. Es una expresión muy paulina esta de colaboradores. Es una palabra que aparece 13 veces en el Nuevo Testamento. La única excepción es Juan, que la usa una vez de las 13 en su Tercera Carta, versículo 8. Las demás 12 ocasiones es Pablo que la usa.

Para hablar de alguien usa "sunergos," que viene de donde nosotros tenemos la palabra sinergia. Cuando dos cosas son sinérgicas o sinergísticas, ellas dos producen un trabajo mejor que lo que cada una de ellas podría hacer por separado. De manera que Pablo está diciendo: mi unión con Epafrodito produce un resultado mejor al que yo y él podríamos hacer por separado. Es mi colaborador de esa manera.

Y es mi compañero de milicia. Pablo, no olviden nunca, que estaba en una guerra espiritual, y tú también, y yo también. Y Pablo sabe que tenemos un enemigo más poderoso, más grande, contra quien yo no puedo batallar solo. Hasta que Roma surgió como imperio, y no sabemos si Pablo tiene esto en mente, pero es una posibilidad, las batallas se peleaban cada soldado llegaba al campo de batalla, y tú ibas por aquí y tú ibas por allá, yo venía por acá, cada cual por separado. Pero Roma creó un sistema de pelear las batallas que se hizo invencible en su tiempo. Y es que Roma alineaba a sus soldados hombro con hombro, por más que hombro con hombro, cada cual con un escudo, escudo con escudo, encajaba un escudo con el otro, y esto se constituía como en una pared impenetrable. Y el ejército avanzaba, los escudos unidos como si fuesen paredes de soldados, y cada cual con su lanza.

La batalla espiritual tiene que pelearse de la misma manera, donde tú miras para tu hermano al lado y tú lo consideras tu compañero de milicia en una batalla que es mucho más grande que tú y tus fortalezas, y para la cual tú no puedes luchar solo. Y tú no puedes tomar la espada y clavar al hermano, y viceversa, porque ustedes son soldados de un mismo ejército. Y Pablo está pensando quizás en eso: es mi compañero de milicia.

Pero veamos cómo más Pablo describe a Epafrodito: "vuestro mensajero y servidor para mis necesidades." Epafrodito vivía en Filipos. Cuando Filipos se entera, o los filipenses se enteran, la iglesia de Filipos se entera que Pablo está preso, la iglesia envió a Epafrodito para que fuera a atender a Pablo. "Epafrodito, vete, que oímos que Pablo está preso. Vete a atender a Pablo en sus necesidades." Por eso es que Pablo dice "vuestro mensajero," más que mío, "y servidor para mis necesidades." Y Pablo está dispuesto a deshacerse de aquel que le servía en sus necesidades y quedarse solo. ¡Wow!

Ahora, Epafrodito quiere ir. ¿Por qué quiere ir Epafrodito? Vamos a ver si el corazón de Epafrodito luce como el de Pablo, porque es su discípulo, y cuando haya sido entrenado bien, luce de velocidad como Pablo. Oye lo que dice Pablo de Epafrodito: "Porque él os añoraba a todos vosotros." O sea, como Pablo era. Añorarlos: "Mi corona y gozo mío." Epafrodito añoraba verlos.

Y estaba angustiado. Epafrodito estaba angustiado porque habíais oído, vosotros habíais oído, que se había enfermado. Epafrodito estaba preocupado porque los filipenses habían oído que él se había enfermado, y como Pablo dice, "en efecto se enfermó, que estaba a punto de morir." Y los filipenses se enteraron de eso, se preocuparon por Epafrodito, Dios sanó a Epafrodito, y ahora él está sano. Y Epafrodito está pensando: es que los filipenses están preocupados por mí todavía, como si yo estuviera muriéndome o muerto. Yo quiero ir a decirles que no, que estoy sano.

¿Qué clase de hombres son estos? ¿Cuál es el tamaño de su corazón? Porque él pudo haber dicho: no, yo me paro en la próxima parada de caballos que vaya para allá, de burros, camellos, y que esos le informen cómo yo estoy. No, Pablo quería que lo vieran, como vamos a ver, pero quería que lo vieran sano.

Epafrodito probó esa condición de siervo, porque el texto nos dice que él se enfermó arriesgando su vida por la causa del satisfactionevangelio. El amor del satisfactionevangelio tiene riesgos. La causa de Cristo, si yo la voy a vivir, está plagada de riesgos. Desde el punto de vista humano, déjame ver qué riesgo no había en el desierto: si se acaba el agua y la comida, ¿dónde va a aparecer?

Sí, Jehová dice que va a dar maná todos los días, y si Jehová se ha ido y deja de dar maná, ¿dónde vamos a encontrar comida? Y si nos encontramos con enemigos en el camino, ¿dónde vamos a dar auxilio? Yo solo sé que dar auxilio y arrear de arena.

Felipe va para la selva del Amazonas en el verano, en una misión. Yo hablaba con él en días pasados y le decía: "Diecisiete horas en un autobús, son áreas peligrosas." Diez minutos recordaba y me decía: "Pero yo voy con el Señor." Va a haber riesgo, esas diecisiete horas, y es el resto, treinta y cuatro horas, va a haber riesgo. Claro que sí, que va a haber riesgos. Pero la iglesia nunca se ha extendido sin que haya hombres y mujeres que se arriesguen. "No, pastor, yo no voy a coger riesgos." Pues tú no vas a vivir la vida cristiana, tú vas a vivir otra vida, la propia quizás, pero no la vida cristiana.

Pablo vivió de esa manera continuamente. Cuando Pablo salía para Macedonia, le apareció un hombre en sueño y le dice que venga a Macedonia a ayudarlos. ¿Qué sabe él quién lo va a esperar allá? Y Dios permitió que Pablo entrara en situaciones de riesgos significativos. Escucha lo que le dice a los corintios en la segunda carta, capítulo primero: "No queremos que ignoréis, hermanos, acerca de nuestra aflicción sufrida en Asia." El Evangelio y los apóstoles verdaderos no están exentos de aflicciones. "Porque fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida. De hecho, dentro de nosotros mismos ya teníamos la sentencia de muerte."

Pablo vivió eso. ¿Por qué Dios permitió que eso ocurriera? Él nos dice por qué: "A fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos." Dios permitió que Pablo llegara a un momento donde él perdió toda esperanza de que iba a salir con vida. En su interior, Pablo dijo: "Ya tenemos la sentencia de muerte, hasta aquí llegamos." Y luego Dios le muestra y le dice: "Pablo, mira, sal de ahí, de esa condición." No lo dice cómo, pero: "Yo permití que llegaras ahí para mostrarte que tú tienes que aprender a confiar en mí, y en mí solamente."

Nosotros no tenemos problema en confiar en Dios; nuestro problema es confiar en Él solamente. El "solamente" es el problema siempre. Yo decía a los pastores ayer: nosotros siempre vivimos diciendo que claro, que para la gloria de Dios. Pero cuando lo pensamos bien, muchos que están diciendo "para la gloria de Dios", cuando hablamos de "solamente", y la salvación tuya y mía es para la gloria de Dios solamente, es el "solamente" que me crea problema. Entonces Pablo dice: "Para que aprenda a confiar en Dios solamente, que resucita a los muertos."

Epafrodito dio su vida, o mejor dicho, arriesgó su vida por la causa del Evangelio. Y él estaba en algo sencillo, pero es en las cosas sencillas que Dios nos quiere confiar, probar nuestra confianza en Él continuamente. Yo estaba en Puerto Plata ayer con mi esposa, estaba predicando como les mencioné, y el plan era venir anoche. Al mismo día, a las seis y pico de la tarde, y el plan era llegar aquí anoche. Pero cuando llegamos a Santiago, independientemente el uno del otro, sentimos: "Debiéramos dormir aquí." Pero ella no me dijo nada hasta que yo lo dije. Yo dije: "Yo estoy muy cansado, son las ocho, había mucho tráfico para bajar desde allá. Yo creo que debemos quedarnos aquí, irnos mañana en la madrugada y llegar temprano por el servicio de las ocho." Y así lo hicimos.

"Pastor, pero mira, hay un riesgo con eso, y si se le pincha una goma." Ahora, amó por las gomas antes de salir, literalmente. En manos, claro que las gomas se pueden pinchar, pero en cincuenta y tres años que yo tengo de vida, yo nunca he tenido que cambiar una goma en la carretera. A mí se me han pinchado muchas gomas. Llegó un momento que yo creía que yo tenía clavos en mí mismo, porque a cada rato tenía una goma pinchada. Nunca en una carretera. Es más, nunca en una calle; siempre en mi casa aparecía vacía. Cincuenta y tres años de eso. ¿No voy a creer que Dios puede protegerme de ese tipo de cosas? Pues claro. Y llegamos, llegamos a tiempo. Llegué, creo que con un minuto de atraso al culto. Y no porque no llegara a la ciudad a tiempo; pasaron otras cosas.

Pero Pablo nos dice que estas cosas pasan, y las aflicciones. Si Epafrodito casi se muere, aquí lo dice, vamos a llegar a eso en un momento, pero casi se muere. Entre otras cosas, en la misma carta a los corintios, segunda carta, primer capítulo, escucha lo que dice: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en toda tribulación nuestra, para que nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios."

Cuando yo sufro aflicción, Dios me dice: "Estoy consolando, hijo. Permite que yo te consuele. Siente mi consolación." A veces estamos tan agriados que Dios está tratando de consolarme y nuestra actitud está diciendo a Dios, simbólicamente hablando: "No me consueles. Quiero estar agriado, me gusta estar agriado." Dice: "Déjame consolarte." Ok, entonces tú permites que Dios te consuele. Quizás un año después de Él tratar, pero Dios te consoló y tú aprendiste a consolar, para que puedas consolar a otros con el mismo consuelo que ya tú has experimentado de parte de Dios. Porque antes de tu aflicción no sabías consolar. Estabas tan duro, estabas tan sin sensibilidad, que no sabías consolar.

Y Pablo aprende todo eso. Y aquí está Epafrodito a su lado, casi a punto de muerte. Y Dios lo salva. Oye lo que Pablo dice entonces, hablando de Epafrodito: "Así que lo he enviado con mayor solicitud, para que al verlo de nuevo os regocijéis, y yo esté más tranquilo en cuanto a vosotros." Se lo he enviado ya sano, para que al verlo... No fue que, tú sabes cómo son las noticias: "No, que ya él se sanó." "¿Y quién te dijo?" "Bueno, me lo dijo Fulano." "¿Y será verdad? Porque él se estaba muriendo." No, no, vete tú, vete tú, para que al verte se regocijen. Y cuando ellos se regocijen, yo puedo estar más tranquilo.

"¿Pablo está intranquilo?" Bueno, que yo estaba preocupado que Epafrodito se estaba muriendo y no se murió, él está vivo. Mano, si estas cosas tan sencillas como esa tienen consecuencias. William Barclay documenta, o reproduce la documentación, que poco tiempo después de este primer siglo, cuando el tiempo del Nuevo Testamento pasa, hubo un grupo de cristianos que se formó y se llamaron "Parabolani". En inglés sería "The Gamblers". En español sería algo como "los que nos la jugamos", los que nos jugamos la vida. Este grupo de cristianos se constituyó para ir a situaciones difíciles de cárceles donde nadie se atrevía a ir, y a visitar enfermos con enfermedades consideradas en este tiempo altamente contagiosas, donde nadie se atrevía a ir, y ellos ir y llevar el Evangelio. Nos jugamos la vida en esas condiciones: "The Gamblers".

¿Pero qué tiene eso que ver con Epafrodito? Que este grupo se fundó para imitar el modelo de Epafrodito. ¿Tú puedes creer eso? Esta gente aparentemente sabía más de Epafrodito que nosotros, y ellos se unieron para replicar el modelo de Epafrodito, que Pablo dice arriesgó su vida por nosotros.

Mira cómo Pablo entonces dice: "Cuando llegue, recibidlo en el Señor con todo gozo, y tened en alta estima a los que son como él." Cuando él venga, recíbelo con gozo y recíbelo en el Señor. ¿Qué implicaría eso? Asegúrate que él esté suplido, que él esté cómodo, que no le falte nada, que él esté acompañado emocionalmente. Suple todas sus necesidades.

Algunos de ustedes están hospedando algunas personas que vienen de Santiago porque hay un curso del Instituto que viene a dar un profesor de fuera esta semana, jueves, viernes, sábado y domingo, y algunos de ustedes que me están oyendo lo van a estar hospedando. Hermano, recíbelo en el Señor con mucho gozo, súplele todas sus necesidades. "¿Ah, que quién va a venir a buscarlo?" ¿Usted tiene carro? ¡Tráigalo! "¿Que quién va a venir a traerlo?" ¿Usted tiene carro? Venga, hágalo. Búsquelo. ¿Por qué? Hacerlo en el Señor y con gozo, que usted lo está recibiendo. Aprendamos el sentido de hospitalidad. Nosotros tenemos que crecer en eso. La hospitalidad no es cómoda.

"No, porque yo tengo dos hijos." Bueno, ponlos en una habitación y deja una libre. Cuando hay una voluntad, hay una manera. Suponga que yo me acerque y diga: "Hermano, tú tienes una habitación, tenemos un hermano que viene." "Ah, no, hermano, yo no tengo, yo tengo dos hijos, cada uno duerme en una habitación." "Ah, qué pena, porque estos hermanos tenían la disponibilidad de pagar cien mil pesos la noche." "Ah, no, pero yo muevo mis hijos, hermano, no se preocupe, porque total, ellos están acostumbrados a hacer esto y lo han hecho otras veces."

¿Tú sabes las veces que yo he probado de esa manera quién es nuestro verdadero Dios? Tú me probaste que tu dios dinero te mueve. Es más, tú te vas de tu casa y te vas a un hotel y se la dejas a esa gente por menos dinero que eso. Pero cuando Dios te lo pide, dice su Palabra: "Yo tengo problema, yo tengo demasiado, yo no tengo espacio en mi casa." ¿Te das cuenta? Yo he hecho ese ejercicio con múltiples situaciones.

A los que llegan tarde les he dicho: "Mira, si tú quieres, suponte que yo diga que la semana que viene todo el que llegue cinco minutos antes le voy a mandar diez mil pesos." La gente va a estar aquí media hora antes. Pero si el Señor te lo pide, tú no lo haces, aunque te lo pide todas las semanas. Con lo cual tú pruebas quién es tu verdadero dios.

Pablo continuamente... Él dice que tengan a Epafrodito en alta estima. Me lo dice eso continuamente. Escucha lo que dice a los tesalonicenses: "Pero os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que con diligencia trabajan entre vosotros, y los dirigen en el Señor, y os instruyen, y que los tengáis en muy alta estima con amor." ¿Porque son santos? No. ¿Porque son tan extraordinariamente buenos? No. "Por causa de su trabajo." A causa de que este es su trabajo, este trabajo hace que tú quieras tenerlo en alta estima. Nada más. A que lo trates como rellenarse no, lo que dice: que lo ames, que lo aprecies, que lo suplas. Que seas sensible, te ocupes de él, lo animes.

Jeremías te traiga, le busque. Vivan en paz los unos con los otros.

Pero Pablo nos dice en esta carta a los filipenses cómo, ciertamente, Epafrodito estuvo a punto de la muerte y cómo Dios lo libró. Versículo veintisiete: "Pues en verdad estuvo enfermo, a punto de morir. Pero Dios tuvo misericordia de él, y no solo de él, sino también de mí, para que yo no tuviera tristeza sobre tristeza." Oye, la interpretación de Pablo de la orquestación de Dios. Pablo nos dice simplemente: bueno, Dios tuvo misericordia de Epafrodito y lo salvó. No, cuando tuvo misericordia de Epafrodito, tuvo misericordia de mí también, para que yo no tuviera tristeza sobre tristeza. Pablo entiende: si se me muere Epafrodito, yo voy a estar triste. Y ya tenía tristeza por lo que estaba pasando en Filipenses. En Filipo.

Bueno, pero Pablo, ¿tú no eres el apóstol del gozo que siempre está gozoso? Sí, tú puedes tener gozo y tristeza, porque no puede ser que yo tenga a alguien que es mi compañero, mi compañero de milicia, mi hermano, y se me muera y que yo no experimente ninguna tristeza. Y no puede ser que yo tenga tantos colaboradores aquí en Roma, en Filipo, y tienen disensiones, y que yo no me entristezca. Pues si él se muere ahora, yo voy a tener tristeza sobre tristeza, y Dios en su misericordia no ha permitido para mí que eso ocurra. Así es nuestro Dios, así es la interpretación de Pablo.

Y finalmente, en el versículo 30: "Porque estuvo al borde de la muerte," otra vez Pablo repite eso, "por la obra de Cristo, arriesgando su vida para completar lo que faltaba en vuestro servicio hacia mí." Ustedes, los que están en Filipo, no pudieron venir a servir de esa manera. Él lo hizo, y al hacerlo, lo hizo en representación vuestra, y él completó por vosotros lo que faltaba de vuestro servicio hacia mí.

¡Wow! Cristo se reproduce en Pablo, Pablo en Timoteo y Pablo en Epafrodito. El corazón de Pablo y de Epafrodito, el corazón de Timoteo y de Epafrodito, lucen como el de Pablo, y el corazón de Pablo luce como Cristo. Tenemos que reproducir eso, tenemos que llegar a ser como Cristo para reproducir eso en nuestros hijos, que son los primeros discípulos. Pero antes de reproducirlo, Dios tiene que cambiarnos. ¡A mí!

Tenemos que reproducir eso, entonces, en aquellos que tenemos como grupos bíblicos, de parejas, de jóvenes, del tipo que usted lo entienda. De tal forma que cuando usted lo haya entrenado bien, él luzca como el maestro, y que ese maestro haya estado luciendo como Cristo.

¿Paz total? Pero nadie es perfecto, ¿no? Ni Pablo tampoco. ¡Dios sabe eso! Pero todo el mundo peca y Pablo también. Lo que no quiero hacer, eso hago; lo que quiero hacer, no lo hago. Pablo también. Pero su corazón era como el del Señor. Le latía por las cosas que le latían al corazón de Dios. Siempre. Pablo era seducido santamente, como dijimos el domingo pasado, por las cosas de Dios, no por las cosas del mundo. Cuando pecó, pecó porque nosotros tenemos pecado que reina en los miembros de nuestros cuerpos todavía. Pero no porque se sentía seducido por la oferta del mundo; eso murió para él hace mucho tiempo. Las cosas de Dios lo atraían santamente. Y eso es lo que Dios quiere para nosotros.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.