Vivimos tiempos de confusión, desamor y rebeldía, tiempos que bien podrían llamarse los peores. Y sin embargo, para el creyente, estos mismos tiempos son también los mejores. Esa aparente contradicción es la que Pedro quiso resolver cuando escribió a cristianos dispersos, perseguidos, lejos de Jerusalén y de la protección de los apóstoles. Ellos vivían el peor de los tiempos, pero Pedro les ayudó a ver que simultáneamente vivían el mejor de los tiempos.
Los profetas del Antiguo Testamento hablaron de la gracia que vendría, del Mesías sufriente y de la gloria que seguiría. Pero no entendían lo que anunciaban. Isaías profetizó sobre la virgen que concebiría sin comprender cómo sucedería. Daniel recibió visiones sobre los tiempos finales y confesó: "Yo oí, pero no pude entender". Esos hombres fieles sufrieron persecución, torturas y muerte proclamando un mensaje que ni siquiera era para su generación. Servían a otros que vendrían siglos después.
Hoy, niños entienden con claridad doctrinas que aquellos profetas anhelaron comprender. Los creyentes de este lado de la resurrección tienen el Espíritu Santo morando permanentemente en ellos, un mejor pacto sellado con la sangre de Cristo, y un mediador que intercede sin cesar. Incluso los ángeles anhelan mirar estas cosas pertenecientes a nuestra salvación. Cristo no vino a redimir ángeles, sino a nosotros. Por eso, aunque el mundo se desmorone, el cristiano tiene revelación completa, esperanza viva y todo lo necesario para la vida y la piedad. Quejarse sería ignorar cuán inmensamente privilegiados somos.
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Padre, nosotros en un sentido somos peregrinos y extranjeros en una tierra extraña. Pero no somos como aquellos peregrinos que dan vueltas sin saber hacia dónde van, a dónde llegarán, ni cuál es su rumbo. Nuestra ruta está claramente marcada. Nosotros sabemos nuestro destino, nosotros sabemos quién es nuestro guía. Nosotros conocemos las condiciones que nos esperan, de manera que lo único que nos hace peregrinos y extranjeros es que esta no es nuestra tierra, esta no es nuestra morada. Esto no es donde yo estoy planificando pasar el resto de la eternidad.
De manera que ayúdanos a entender la perspectiva de peregrinos especiales, peregrinos que creen las promesas que tu Hijo Jesús nos hizo y quien vino a cumplir y a garantizar las que faltan por ser cumplidas. En esta mañana nosotros venimos delante de ti como personas privilegiadas de haber recibido una salvación tan grande, como dice tu Palabra. Nosotros somos de aquellos que disfrutan hoy cosas que personas en el pasado, incluso profetas tuyos, no pudieron ni ver ni disfrutar ni entender. Padre, por medio de tu Palabra nosotros te pedimos que tú nos abras el entendimiento, no solamente a tu revelación, sino a nuestra condición privilegiada en Cristo Jesús. Es en su nombre que te lo pedimos. Si su pueblo dice amén, bendiciones.
Podemos sentarnos. Bienvenidos a la casa del Señor para aquellos que aún no había tenido la oportunidad de saludar, que son la mayoría de ustedes, aunque ya el pastor Luis en representación de todos nosotros los pastores les había saludado.
En el día de hoy nosotros estamos retomando una serie que dejamos atrás creo que hace diez meses. Esos son los caminos del Señor. Si no estamos dispuestos a ser interrumpidos, interceptados por el Señor, yo creo que no estamos listos para caminar con él. Comenzamos una serie acerca de la primera carta del apóstol Pedro a sus seguidores, pero en eso la pandemia llegó a nosotros y entendimos por medio de la dirección del Espíritu de Dios que era tiempo de interrumpir esa serie en su inicio y dirigirnos en otra dirección. Y entonces hicimos una serie llamada "Volveos a mí", debido a que entendíamos que había una gran necesidad del pueblo de Dios de volverse a ese Dios en arrepentimiento y en búsqueda de intimidad. Predicamos dos sermones nada más cuando nos vimos compelidos a desviarnos, pero ahora entiendo por el mismo Espíritu de Dios que es tiempo de retomar esta serie.
Yo quisiera recordar algunas verdades que mencionamos en esa ocasión, brevemente, para entonces poder revisar el texto para el día de hoy. Pedro está escribiendo. Pedro el apóstol, el Pedro que le falló a Cristo, el que lo negó tres veces, Pedro el inmaduro en una ocasión, ya ha madurado, ya tiene convicción teológica, ya ha pasado por dificultades, ha estado en la cárcel, ha sido castigado en varias ocasiones, y él tiene una experiencia y una madurez que antes no tenía.
De manera que él está listo ahora, alrededor del año 62 o 63 de nuestra era, para escribir una carta a personas, judíos en su gran mayoría, que ya no estaban en Jerusalén, estaban dispersos, estaban en la diáspora, habían tenido que salir de Jerusalén, ya no estaban cerca de los apóstoles para sentirse ahí como protegidos, estaban bajo persecución, y Pedro entiende que este grupo de personas está en necesidad de que se le inyecte esperanza en medio de aflicciones y dificultades.
En cierta medida, ellos estaban viviendo los peores tiempos. Y sin embargo, viviendo los peores tiempos, Pedro viene, reconoce los tiempos que ellos estaban viviendo y trata de ayudarles a entender que a la vez ellos estaban viviendo los mejores tiempos. Y cómo es que tú puedes vivir el peor de los tiempos y el mejor de los tiempos al mismo tiempo, ese es el título de mi mensaje. Es una frase que yo he usado por lo menos una o dos ocasiones anteriores, pero que te voy a ayudar a entenderla un poco mejor, quizás, en el día de hoy, si el Espíritu de Dios nos ayuda.
Charles Dickens escribió hace años atrás una historia en estilo novela. Cuando hablamos de novela, estamos hablando de cosas que son históricas pero con el elemento de ficción, de manera que no todo lo escrito ahí fue real. Pero la escribió alrededor de condiciones anteriores a la Revolución Francesa y durante la Revolución Francesa, y eventos que se dieron en dos ciudades diferentes: en París y en Londres. Y él comienza esa novela con esta frase o con este párrafo. Escuchen:
"Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos. Era el siglo de la locura, era el siglo de la razón. Era la edad de la fe, era la edad de la incredulidad. Era la época de la luz, era la época de las tinieblas. Era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación. Lo teníamos todo y no teníamos nada. Íbamos directos al cielo e íbamos de cabeza al infierno. Era, en una palabra, un siglo tan diferente del nuestro que, en opinión de autoridades muy respetables, solo se puede hablar de él en términos superlativos, tanto para bien como para mal."
¿Te suena familiar? ¿Tú piensas que hay algo nuevo debajo del sol? El tiempo que nos ha tocado vivir pudiera ser descrito de una manera muy similar como Dickens describió su tiempo. Yo creo que esta primera epístola de Pedro a sus seguidores es extremadamente relevante para nosotros veinte siglos después. El cielo y la tierra pasarán, pero mi Palabra no pasará. Ni en relevancia, ni en autoridad, ni en necesidad, ni en poder, ni en sabiduría. Su Palabra es eterna para siempre.
Es una carta breve, pero a pesar de su brevedad ha sido calificada por algunos como desproporcionalmente importante o significativa. De hecho, Martín Lutero decía que esta es una de las obras más significativas y convincentes del Nuevo Testamento. Cinco capítulos. Es un documento breve por parte de un apóstol que no necesariamente venía como con el mejor currículum, por así decirlo, excepto que ya había adquirido experiencia y tenía otra perspectiva de la vida.
Hay en esencia cuatro temas que están entretejidos a lo largo de esta carta que nosotros necesitamos recordar en el resto de lo que nos queda por cubrir: el sufrimiento, la esperanza, las promesas de Dios y el cuidado de Dios para con nosotros.
Hermanos, meses y años de dificultad nos esperan. Creo que habría que ser muy inocente para creerlo de otra manera. Apenas unos días atrás, un solo presidente en una sola nación cambió y las condiciones han cambiado, o la perspectiva del futuro ha cambiado en apenas días. De manera que nosotros necesitamos, y algunos de ustedes me han oído decir esto de manera repetitiva, sobre todo a los pastores: pastor, prepara tu iglesia para el sufrimiento. Y la única manera de perseverar siendo fiel a Dios en este mundo lleno de dolor, de sufrimiento, de distracción, de tentaciones, de diversiones, es poseyendo una perspectiva eterna. Y ese es el título de la serie: "Viviendo con una perspectiva eterna".
Hubo un grupo de personas de los cuales Dios escribió ya al final de su revelación, de hecho en el libro de Apocalipsis, pero escribió de ellos acerca de eventos que ya habían ocurrido, y Dios dice que el mundo no era digno de ellos. Esto se podría decir a la revelación bíblica de gente que atravesará el período de la tribulación, pero al mismo tiempo se puede decir con completa confianza de creyentes del Antiguo Testamento que están registrados en múltiples lugares, pero están como resumidos en el capítulo 11 del libro de Hebreos.
La razón para enfatizar su fidelidad es que esa gente tuvo menos revelación que nosotros. Vivió bajo un pacto de la ley con menos promesas y menos garantía y con un intermediario inferior al que nosotros tenemos. Esa fue una generación que escuchó Palabra de Dios por medio de los profetas, sobre quienes venía el Espíritu de Dios de manera intermitente, pero que nunca disfrutó de manera permanente de la morada del Espíritu como tú y yo la tenemos. De tal forma que pensar en la fidelidad de ese grupo de personas y luego ver la infidelidad de este otro grupo con mejores condiciones, mejores promesas, mejor pacto, mejor intermediario, con mayor gracia y con la morada del Espíritu, es algo sumamente contrastante.
La pregunta es cuál fue la clave de la fidelidad de esta gente. Yo creo que hay dos cosas que la pueden resumir. Una es su fe inquebrantable en un Dios que ellos llegaron a conocer de manera íntima; le creyeron a Dios. Y número dos, su perspectiva de esta vida debajo del sol. El autor de Hebreos dice de ellos que ellos vieron las promesas de Dios, las saludaron de lejos, las recibieron sin nunca haber llegado a ellas, y así esperaron y así murieron en esperanza. La iglesia necesita una fe probada y refinada por el fuego y una perspectiva eterna.
Ahora, a lo largo de la historia se ha visto una y otra vez que cuando la iglesia ha vivido momentos sin retos, sin desafíos, sin dificultades de ningún tipo, sus miembros tienden a acomodarse y adaptarse a la forma del mundo alrededor. En otras palabras, sus miembros tienden a mundanalizarse. Yo leí recientemente una porción de un libro escrito por un historiador contemporáneo muy conocido en ciertos círculos, Carl Trueman, y hablaba de lo craso, de lo increíble que es la mundanalidad de la iglesia hoy en día. Él vive en los Estados Unidos. Es la tendencia del cristiano a acomodarse, evitando oponerse al mundo que viene en sentido contrario, olvidando que el precio que no pagas ahora lo pagas después, y lo pagamos con intereses.
Sin lugar a dudas, se están moviendo tiempos difíciles. Y a veces leo y leo y leo, y me convenzo de que este es el peor de los siglos. Pero luego me recuerdo, al rato me recuerdo, que la iglesia se ha fortalecido, ha crecido, se ha expandido en medio de las peores circunstancias, y pienso: no, no, no, no, no, este es el mejor de los siglos.
Es un tiempo de mucha oscuridad, y a la vez es un tiempo de mucha luz. El Evangelio se ha expandido a regiones nunca alcanzadas. Es un tiempo de mucha indefinición de lo que es un hombre y lo que es una mujer, de lo que es un padre o una madre, de lo que es una vida en el útero y una vida que ya ha visto la luz de este mundo y que ambas tienen el mismo valor, pero hay mucha indefinición de si verdaderamente eso es así o no. Este es un tiempo de mucha rebelión y, por tanto, nosotros vamos a necesitar de mucha sumisión a los propósitos de Dios y vamos a permanecer fieles a su voluntad.
Estos son tiempos de mucha queja e insatisfacción. De parte de incrédulos, no hay circunstancias, no hay condiciones, no hay gobierno, no hay sistema político, social, no hay nada que pueda ser suficiente para calmar la insatisfacción de la generación de hoy. Yo lo puedo entender porque la satisfacción nuestra está en Cristo Jesús, pero cuando ese número de quejas y de insatisfacción crece en los hijos de Dios, yo creo que queda evidentemente claro que nosotros no tenemos seguridad o claridad acerca de cuán privilegiados nosotros somos. Eso es lo que espero va a hacer la porción que yo voy a cubrir en el día de hoy. Porque habíamos cubierto hasta el versículo 9, estamos retomando y pronto lo estaremos leyendo básicamente del 10 al 12.
Pero después de todo, quizás este sea el peor de los tiempos y a la vez es el mejor de los tiempos. Podríamos preguntarnos qué es lo que hace a este tiempo el peor de los tiempos. Bueno, el apóstol Pablo les escribía a Timoteo y le decía que en los tiempos finales vendrían días difíciles. Y la palabra que Pablo usa ahí, que es traducida a nuestro idioma como "difíciles", es una palabra griega, chalepós, que implica tiempos duros, difíciles, de estrés, violentos, peligrosos e incluso difíciles de soportar en términos de dolor físico o mental. Eso es lo que la palabra significa, de manera que Timoteo debe saber esto: que vendrán tiempos difíciles de soportar en términos físicos o mentales, tiempos de estrés. Pablo habituó a Timoteo: Timoteo, los tiempos irán de mal en peor. Y dos mil años han pasado, te imaginas entonces el camino hacia dónde van.
Y Pablo le había dicho a Timoteo que vendrían tiempos difíciles, no debido a la existencia de pandemias, sino debido a un deterioro moral de la sociedad. Y le habla de 19 características de esos tiempos y luego las reúne como en medio de dos portalibros. La primera es que los hombres serían amadores de sí mismos, imagínate todo lo que eso conlleva. Y la última es que los hombres no serían amadores de Dios, sino amadores de placeres. Te imaginas todo lo que Pablo pudiera decirle a Timoteo entre esos dos portalibros: los hombres serán amadores de sí mismos, los hombres no serán amadores de Dios sino de los placeres. Quizás eso hace que pudiéramos decir este es el peor de los tiempos.
Pero al mismo tiempo quizás yo pudiera decir, no, no, es el mejor de los tiempos. Es el mejor de los tiempos porque el Evangelio ha avanzado ahora por dos mil años. La Iglesia es más numerosa que lo que nunca antes había sido. Nosotros tenemos más recursos, más biblias, más traducciones, más versiones, más canales de comunicación, más pastores, más líderes, más seminarios, más institutos que cualquier otro tiempo de la historia pasada. De manera que ciertamente es el peor de los tiempos en medio del mejor de los tiempos.
Escucha al apóstol Pedro ahora, ayudando a sus seguidores a entender. Y ahora escucha al pastor Núñez siguiendo a Pedro, ayudándote a entender. Escúcheme, porque esta es la palabra clave: lo increíblemente privilegiado o privilegiados que tú y yo somos de vivir de este lado de la resurrección.
Escucha a Pedro, que viene hablando de la salvación que hemos recibido. El versículo 10, Primera de Pedro, capítulo 1: "Acerca de esta salvación, los profetas que profetizaron de la gracia que vendría a ustedes", los profetas del Antiguo Testamento no habían recibido la gracia que vendría a ustedes, "diligentemente inquirieron y averiguaron", estaban tratando de entender. ¿Qué es lo que iba a llegar a aquella gente? "Procurando saber qué persona o tiempo indicaba el Espíritu de Cristo dentro de ellos, al predecir los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirían."
A ellos, escucha, subraya esto: "A ellos les fue revelado que no se servían a sí mismos, sino a ustedes." ¿Qué? Estos profetas fueron perseguidos, sufrieron, los torturaron, ¿para ni siquiera servirle a su generación? No, no, le estaban sirviendo a ustedes. "En estas cosas que ahora les han sido anunciadas mediante los que les predicaron el Evangelio", esos son los apóstoles luego, "por el Espíritu Santo enviado del cielo." Escucha: "Cosas a las cuales los ángeles anhelan mirar." ¿Qué está diciendo? Que las cosas que tú y yo hemos recibido son cosas que los ángeles están mirando qué es lo que está pasando allá abajo, anhelan mirar.
Pedro comienza hablando, bendiciendo a Dios en su primer capítulo, bendiciendo a Dios por la misericordia que nos ha otorgado al hacernos nacer de nuevo, versículos 3 y 4. Y Pedro continúa hablando de que nosotros hemos recibido una herencia incorruptible, inmaculada y que no se marchita, reservada en los cielos para ustedes. Lo que está tratando de ayudarnos a entender son nuestros privilegios. Hemos recibido una salvación por misericordia, tenemos una promesa que está siendo mantenida, preservada en los cielos, una promesa que no puede ser marchitada, es incorruptible, nadie la puede dañar.
Pero en el ínterin puede ser que en mi caminar, en mi peregrinar, a lo mejor yo me desvío y me pierdo del camino. Pero Pedro dice en los versículos 5 al 9: eso no te va a pasar porque tú estás siendo guardado por el poder de Dios. Ojo, ojo. O sea que si me voy a caer, si me voy a desviar, si me voy a perder, Dios dice: ¿para dónde vas? Yo estoy siendo guardado por el poder de Dios.
Y ahora Pedro continúa en este versículo hablando de esa salvación para ayudar a entender el privilegio de vivir una vez más de este lado de la resurrección. Y lo primero que él hace es que nos ayuda a entender que estos profetas del Antiguo Testamento, ellos hablaron cosas futuras que ellos no entendían. Escucha lo que Pedro dice que ellos anunciaron, profetizaron de la gracia que vendría a ustedes. Cuando ellos hablaron de la gracia que vendría a nosotros, estaban refiriendo en el contexto al futuro de la persona de Cristo, quien vino lleno de gracia sobre gracia. Ellos hablaron de eso y Pedro dice que ellos, aunque estaban hablando de la encarnación de ese Cristo, llegaron a hablar incluso de la resurrección y hasta de la ascensión a los cielos, ellos no entendieron a cabalidad lo que estaban hablando.
Ellos estaban proclamando un mensaje que recibían por revelación, pero sabes que luego tenían que ponerse a indagar, a estudiar, a inquirir y quizás hasta preguntarle a Dios en oración: ¿qué es lo que estás tratando de comunicarnos? Escucha cómo Pedro lo dice: "Acerca de esta salvación, los profetas que profetizaron de la gracia que vendría a ustedes, diligentemente inquirieron y averiguaron." Bueno, Jesús no estaba con ellos presentes para ellos, no eran como los discípulos que iban donde Jesús y decían: Maestro, no entendimos la parábola. Entonces, ¿qué podían hacer? Bueno, quizás un profeta tardío, como Malaquías, por ejemplo, el último de los profetas en el Antiguo Testamento, quizás comenzaba a leer profetas más tempranos. Quizás se iban al libro del Pentateuco, los primeros cinco libros de la Biblia, escritos por Moisés.
Ellos recibieron revelación, pero les faltó iluminación. Ellos no entendieron cosas que hoy nosotros vemos con absoluta claridad. Nosotros tenemos, tú puedes creerlo, te va a ser chocante, pero eso está claro en la Palabra, nosotros tenemos mucho más entendimiento hoy en día que Moisés, que pasó 40 días con Dios, que Elías, que Eliseo, que Jeremías, que Daniel y muchos otros. Te imaginas el enorme privilegio que tú y yo tenemos, no para vanagloriarnos, sino para vivir agradecidos de Dios todo el tiempo, de que estos profetas inquirieron y averiguaron de cosas que hoy tú y yo las tenemos como básicas, como doctrinas esenciales y básicas.
Entonces, ¿qué era lo que estaban tratando de indagar, de inquirir, de averiguar? Bueno, Pedro nos dice en el versículo 11 cuál era el contenido de su investigación: "Procurando saber", versículo 11, "qué persona o tiempo indicaba el Espíritu de Cristo dentro de ellos, al predecir los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirían." Ellos hablaron del Mesías que vendría. El Espíritu de Cristo no es otra cosa que el Espíritu Santo, no es otra cosa que el Espíritu de Dios. En un par de ocasiones la Biblia habla del Espíritu Santo como el Espíritu de Cristo. Y el Espíritu de Dios vino sobre mí, en ese momento recibían revelación. Y estaban tratando de indagar acerca de: ¿qué persona? ¿Quién era ese realmente que vendría? ¿Quién sería ese Mesías futuro? ¿Y de qué tiempos? ¿Cuándo es que va a venir? ¿En 100 años, en 500, en 1000 años? ¿En el tiempo en que nosotros estamos profetizando? Ellos recibieron una revelación parcial, incompleta acerca de los propósitos de Dios.
Profetas como Isaías recibieron una clara revelación acerca de la pasión de Cristo, sus sufrimientos, en los capítulos 50 y 53. Pero Isaías no tenía idea, o mejor dicho, no entendía a cabalidad aquello de lo cual él habló. De hecho, Isaías 52 y 53 no solamente habla de la pasión de Cristo, habla de la gloria que él recibiría, habla de la descendencia numerosa que él recibiría como recompensa. Primero el sufrimiento, luego la gloria; primero la cruz, luego la coronación. Lamentablemente el judío del primer siglo no tenía tiempo ni paciencia para pensar, ni humildad, para pensar en un Mesías sufriendo. Es la razón por la que rechazaron a Cristo una y otra vez.
Ellos querían un Mesías victorioso, triunfador, que los llevara a la cúspide sobre las naciones, no sabiendo que ellos tenían un Mesías ciertamente victorioso sobre el pecado, sobre la muerte, triunfador, pero no sería ni en los tiempos de ellos ni a la forma de ellos. Pero el judío no solamente no quería someterse a un Mesías sufrido, sino tampoco a un Mesías que viniera a llenar promesas que ellos concebían de otra manera. Y si los profetas del Antiguo Testamento, aun con la revelación de Dios, carecían de entendimiento, si los profetas carecían de entendimiento aun con la revelación de Dios, imagínate cuán densa era la ceguera, la catarata de los ojos espirituales del pueblo judío cuando Cristo llegó.
Isaías profetizó que una virgen concebiría. ¿Tú piensas que él entendía que se iba a requerir que el Espíritu Santo descendiera y que María concibiera por obra y gracia del Espíritu? Claro que no. Isaías profetizó acerca de que Él sería Emanuel, Dios con nosotros. ¿Tú crees que Isaías entendía que la segunda persona de la Trinidad, siendo igual a Dios, no consideraría su igualdad con Dios como algo a que aferrarse, y vendría y se encarnaría y se haría hombre y sería siervo? ¿Tú piensas que Isaías entendió eso? Claro que no.
Esta gente recibió revelación, le faltó iluminación. Y sin embargo, nosotros hablamos de la virgen y de la concepción de María por obra y gracia del Espíritu, y hablamos de Cristo como segunda persona de la Trinidad que se encarnó, y se la enseñamos a niños hoy que las entienden perfectamente. Imagina cuán favorecidos nosotros somos. Que Isaías, el profeta mesiánico, el profeta que tuvo una visión del trono de Dios, que vio serafines, que escuchó a serafines cantar "Santo, santo, santo", el profeta que tuvo sus labios cauterizados por un carbón encendido, un carbón encendido tomado por unas tenazas que pasaron por su labio y fueron purificados, que ese Isaías no podía entender cosas que hoy niños entienden a cabalidad. Porque ellos, al profetizar, no sabían acerca de la gracia que vendría a ustedes. Al profetizar no se estaban sirviendo a sí mismos ni a su generación; esto era para otra generación, esto para otro tiempo.
Déjame darte otra ilustración rápidamente, más corta. Daniel recibió varias visiones y sueños, y hacia el final de su libro, capítulo 12, Daniel habla de una visión acerca de los tiempos finales. Escucha lo que Daniel dice en Daniel 12:8: "Yo oí la revelación, pero no pude entender. Entonces dije: Señor mío, ¿cuál será el resultado de estas cosas? Y él respondió: Anda, Daniel, porque estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin." Señor, yo recibí estas cosas, yo las voy a profetizar, yo las voy a escribir incluso, pero yo no entiendo. Y tú no lees en Daniel que el Señor le dijo: "No te preocupes, déjame explicarte, no está complicado, Daniel." No, le dice: "Daniel, anda, sigue tu camino. Esto está sellado, esto está cerrado hasta el tiempo del fin."
Hermano, quizás este es el peor de los tiempos, pero sin duda es el mejor de los tiempos. Isaías no sabía que el Señor vendría durante la ocupación de Palestina por parte del Imperio Romano, durante el emperador Julio César y el gobernador Pilato; no tenía idea de eso. Isaías, de hecho, habló de un personaje que vendría a introducir al Mesías y que iba a ser como una voz que clamaba en el desierto, que allanaría el camino. ¿Tú piensas que él conocía de Juan el Bautista? Claro que no. ¿Que sería hijo de Elisabet y de Zacarías? No.
En el versículo 12 del texto de hoy, Pedro amplía un poco lo que le está tratando de decir. Los profetas de la antigüedad llevaron a cabo su misión con completa fidelidad, a pesar de que a ellos no les fue revelado que no se estaban proclamando a sí mismos, y que ellos no se estaban sirviendo a ellos mismos. Y van a sufrir persecución, rechazo. Jeremías llegó a maldecir, maldito —dicen que, en el texto, es una mala palabra que yo estoy pronunciando, ¿ok?— en el texto: "Maldito el día en el que yo nací." Wow.
Si esta gente sufrió lo indecible, y Pedro está diciendo que las revelaciones que recibieron ni siquiera eran para ellos. Por lo menos las que ustedes recibieron, la medida de gracia, la medida de parte de la misericordia de Dios. Sufrieron persecución, rechazos, vejámenes, torturas y hasta pérdida de la vida. Cuando estaban apedreando a Esteban, acusaba a los judíos que lo apedreaban y les decía: "¿A cuál de los profetas del Antiguo Testamento ustedes no apedrearon como están apedreándome a mí? Denme uno, uno solo."
Bueno, esos fueron los hombres fieles a los propósitos de Dios, con menos revelación, bajo un pacto de la ley, con intermediarios como Moisés, versus un mejor pacto de gracia, sellado con la sangre de Cristo y un intermediario como Cristo mismo. La gente que recibía esta carta de parte de Pedro, ellos no vieron al Señor Jesús, Pedro sí; no caminaron con Él como Pedro sí lo hizo, y sin embargo Pedro los consideraba grandemente privilegiados.
A veces yo no sé si a ti te ha pasado. A veces yo pienso: ¿Qué hubiese sido caminar con el Señor y sentarse ahí a sus pies, escucharlo enseñar y oír su voz? Y pensaría, de vez en cuando me pasa, como que hubiese sido un mayor privilegio. Pero resulta que luego me acuerdo que cuando Tomás el apóstol, que también caminó con Él, que estuvo con Él, que estuvo en la última cena, cuando Tomás en un momento dado tiene duda de si Él había resucitado, porque el Señor se había aparecido a diez de los apóstoles pero él no estaba ahí, no sabemos dónde estaba. Y Tomás dice: "No, yo no voy a creer a menos que yo pueda poner mi dedo en la llaga." Cristo se le aparece, Cristo desciende a él, se le aparece, le muestra sus llagas. No sabemos, el texto no nos dice si él finalmente puso el dedo en la llaga; yo lo dudo mucho. Él se arrodilla, le dice: "¡Señor mío y Dios mío!"
¿Y qué tú piensas que Cristo le dice? ¿Tú piensas que Cristo le dijo: "Wow, Tomás, qué bueno que creíste. Tomás, yo sabía que tú te ibas a someter. Tú eres un, ¿cómo diré en inglés? Un 'Charlie good fellow'. Tú eres un buen hombre"? No, no. "Tomás, ¿porque me ves tú crees? Dichosos, Tomás, benditos los que han creído sin ver."
Déjame decirte algo. ¿Tú has visto a Cristo alguna vez? Si alguno lo ha visto, nos vemos en el camerino, porque hablemos de ver. Tú no has visto a Cristo, ¿verdad que no? ¿Tú has creído en Cristo? Y no lo has visto. Bendito, bendecido, dichoso los que han creído sin ver. Los que han creído mi Palabra más que una aparición. Benditos aquellos para quienes mi Palabra es suficiente. Yo anuncié que yo resucitaría, y tus hermanos, Tomás, te lo dijeron, y todavía necesitabas una aparición.
Dijo Pablo a los corintios, voy a poner en mis palabras para hacerlo sobre hoy: Nosotros no somos como aquellos que tienen que estar viendo una cosa siempre y un milagro, porque nosotros somos de aquellos que caminamos por fe y no por vista. ¿Te das cuenta el valor de la fe? No es una fe ciega, es una fe en lo que Dios ha revelado. Y Pedro está ayudándonos a entender lo privilegiados que nosotros somos.
Él está hablando de Cristo ahora, y escucha lo que él dice. En el versículo 8, me estoy como devolviendo un momento para que tú puedas entender cómo Pedro está conectando las ideas anteriores y la que estoy desarrollando: "A quien sin haber visto ustedes lo aman, y a quien ahora no ven pero creen en Él, y se regocijan grandemente con gozo inefable y lleno de gloria." Pedro le está diciendo, les está escribiendo a un grupo de gente, pero ahí estamos nosotros también, los que estamos viviendo de aquel lado de la resurrección. Nosotros no hemos visto a Cristo, pero le amamos. No lo hemos visto, pero le creemos. Y no lo hemos visto, pero nos regocijamos con gozo inefable y lleno de gloria.
Eso requiere una fe extraordinaria. De hecho, no solamente una fe extraordinaria, requiere de una fe sobrenatural. Y honestamente, ese es el tipo de fe que tú y yo hemos recibido: una fe sobrenatural, dada por el Espíritu de Dios, por gracia, para creer sin haber visto. ¿Y cómo nos fue dada esa fe? Cuando el Espíritu de Dios viene a morar dentro de nosotros.
Ahora déjame hacer una pregunta. ¿Tú te imaginas? Fue un privilegio grande, enorme, ciertamente, haber estado al lado de Cristo cuando la segunda persona de la Trinidad acá abajo se encarnó. Pero ¿tú no crees que es un privilegio igual que la tercera persona de la Trinidad, con el mismo rango que la primera y la segunda, haya venido y haya hecho morada dentro de ti?
Esta es una ilustración que hemos usado otra vez. Si tú la recuerdas, algunos la recordarán. ¿Pero tú prefieres un entrenador que viene a tu casa, o tú a donde él, y él te entrena desde afuera? ¿O prefieres un entrenador que pueda meterse dentro de ti y entrenarte desde adentro? Creo que la respuesta es obvia, ¿verdad? Bueno, tú tienes al entrenador, el Espíritu de Dios, dentro de ti, haciendo lo que de otra manera no pudiera hacer fuera de ti. Entiende, esa es la razón por la que Dios nos ha dado el Espíritu: para que podamos obedecer, creer, amarle, esperarle, ser sostenidos en medio de la dificultad, porque se requiere de algo sobrenatural dentro de ti para perseverar.
Escucha el versículo 12, para cerrarlo más completo: "A ellos les fue revelado que no se servían a sí mismos —a los profetas— sino a ustedes, en estas cosas que ahora les han sido anunciadas mediante los que les predicaron el satisfechas por el Espíritu Santo enviado desde el cielo." ¿Qué es lo que está diciendo? Los profetas del Antiguo Testamento vinieron, hablaron de cosas que se cumplieron en la persona de Jesús. Él trajo el mensaje, el Evangelio. Ese Evangelio ahora a ustedes les fue predicado, ¿por quién? Por los apóstoles y otros enviados. "Que les fueron anunciadas mediante los que les predicaron el Evangelio." ¿Cómo lo hicieron? Por el Espíritu Santo enviado desde el cielo. ¿Y qué tan extraordinarias esas cosas eran y son? Bueno, cosas a las cuales los ángeles anhelan mirar.
Pedro nos mira a nosotros y nos dice: ustedes son unos privilegiados comparados, no solamente con la generación del Antiguo Testamento, comparados con los profetas del Antiguo Testamento que anunciaron que el Mesías venía. Ustedes son unos privilegiados incluso con relación a los ángeles, que anhelan mirar lo que Dios está haciendo en ustedes y a través de ustedes. ¿Y a quiénes servían esta gente? No a ellos. Yo me pregunto si nosotros fuéramos tan fieles, sabiendo que... si yo fuera un pastor tan fiel sabiendo que yo estoy predicando para una generación dentro de 700 años. En serio. Sabía que yo no voy a ver. Ni los hijos de los que están aquí lo van a ver, ni los nietos, ni los bisnietos, ni los tataranietos. Los choznos, ¿así es que le dicen a esa edad de la generación? Ni esos. No, dentro de 700 años.
Ahora, Pedro quiere que yo pueda entender todavía más la gracia que tú y yo disfrutamos de este lado de la resurrección, cuando ángeles, ya no los profetas del Antiguo Testamento, no, ángeles anhelan ver cosas pertenecientes a nuestra salvación. Escucha cómo la Nueva Traducción Viviente traduce esta última parte del versículo 12 del texto de hoy. Todo esto es maravilloso. Yo pondría ahí extraordinario, sobrenatural, increíble, que unos ángeles observan con gran expectación cómo suceden estas cosas. Los ángeles no son omniscientes. Los ángeles no conocen todo lo que Dios va a hacer, ni entienden de antemano todo lo que se está haciendo.
De hecho, mira cómo Pablo explica los efectos, cómo los ángeles están esperando para acabar de entender. Efesios 3 dice: "De este modo, la infinita sabiduría de Dios..." Ese es el problema: los ángeles son finitos, nosotros también, pero la sabiduría de Dios es infinita. "La infinita sabiduría de Dios puede ser dada a conocer ahora por medio de la iglesia" —esos somos nosotros— ¿a quiénes? ¿A quiénes es que Dios le está dando a conocer acerca de su infinita sabiduría a través de la iglesia? A los principados y potestades en los lugares celestiales. La iglesia es el aula de clase de los ángeles. Dios es el maestro. Es como Gabriel: "Profe, una pregunta, no entendía." Y nosotros somos como espectadores o estudiantes.
Los ángeles son seres privilegiados, no hay duda de eso. Sin lugar a duda, viven en la presencia de Dios. Pero Pedro está hablando de una perspectiva que me da a entender que no es que el privilegio tuyo es mayor que el privilegio de los ángeles, sino porque ellos están viendo cosas pertenecientes a la salvación que tú has recibido.
Piensa en alguna de estas cosas a medida que vamos resumiendo. Los ángeles cayeron, un grupo de ángeles cayeron. Pero ¿sabes que no les ofrecieron salvación? De hecho, un grupo de ellos está en prisiones de oscuridad, y a nosotros sí se nos ofreció salvación. El Hijo de Dios no fue a una cruz a morir para redimir ángeles, pero estuvo dispuesto a ir a la cruz para redimirnos a nosotros. Hizo por nosotros lo que no hizo por ángeles. ¿Por qué? Yo no sé. El Padre estuvo dispuesto a clavar a su Hijo; el Hijo estuvo dispuesto a darse a sí mismo, a ser torturado, a ser humillado para sacarnos de la vergüenza, y los ángeles que cayeron hoy ya están permanentemente en vergüenza.
Escucha lo que el autor de Hebreos dice en 2:16 en la versión de la NTV, la Nueva Traducción Viviente: "También sabemos que el Hijo no vino para ayudar a los ángeles." En caso de que usted estaba oyéndome y pensando: "No, yo no creo que el pastor está correcto," no, no, míralo aquí. "También sabemos que el Hijo no vino para ayudar a los ángeles, sino que vino para ayudar a los descendientes de Abraham," espiritualmente hablando. No solamente a los judíos. El mismo autor de Hebreos, en otro capítulo dice, hablando de los ángeles: "¿No son todos ellos espíritus ministradores enviados para servir por causa de los que heredarán salvación?" ¿No? ¿Vamos a los ángeles y los ángeles? No. No porque nosotros somos la gran cosa, sino porque ellos sirven a Dios sirviéndonos a nosotros.
De manera que ahorita no comiences a darle orden a ningún ángel que te haga algo por ti. No, ellos obedecen a su comandante en jefe que es Cristo Jesús, para beneficio tuyo y beneficio mío. En gran manera somos favorecidos, privilegiados, bendecidos. Este en gran medida es el mejor de los tiempos.
Cristo vino y murió en una cruz para el perdón de los pecados y derrotó allí el pecado, y luego resucitó al tercer día y derrotó entonces la muerte. Ascendió a los cielos y ahora está sentado a la diestra del Padre intercediendo, por los ángeles no, por ti, por mí. ¿Te imaginas? ¿A quién se le ha dado toda autoridad intercediendo ante el Padre? ¿Te imaginas el privilegio de que tú vas a heredar lo que Cristo herede? Claro, porque si Cristo es el Unigénito de Dios y Dios me ha hecho hijo, pues ahora resulta que todos los hijos son coherederos.
El Espíritu de Dios vino y descendió el día de Pentecostés para morar permanentemente con su iglesia, no para ser dado intermitentemente como en el Antiguo Testamento. Eso nunca fue una realidad en el Antiguo Testamento. Los profetas del Antiguo Testamento escribieron predominantemente para nosotros y acerca de nosotros, y luego Dios envió a los apóstoles en sustitución de ellos, y ellos proclamaron el cumplimiento de lo que los profetas habían anunciado, y todo eso nos lo explicaron con claridad.
Y hoy en día nosotros una vez más enseñamos a niños doctrinas que los profetas del Antiguo Testamento estaban como: "No entiendo. No sé cómo es que la virgen va a concebir y cómo es que el Mesías viene." Y los niños de pocos años entienden estas cosas. Tenemos el Espíritu de Dios morando con nosotros permanentemente, que cuando yo abro la Escritura ilumina mi mente para que la pueda entender. El Espíritu que nos fortalece en la tribulación, que nos consuela en el dolor, que nos fortalece en la debilidad, que nos acompaña en la soledad, que me restaura en mis heridas, que nos recuerda su verdad a la hora de la necesidad, que nos convence de pecado, nos da arrepentimiento para que luego Cristo pueda perdonarme. Y Dios es el que está haciendo toda y cada una de esas cosas.
¿Tú te imaginas lo bendecido que tú eres, lo privilegiado que tú eres? De qué manera Dios te ha dado misericordia sin fin. Bueno, ¿y si el Hijo se olvida de mí allá arriba y no intercede ante el Padre por mí? O no, él es mi abogado. No te preocupes, que aquí eso no va a pasar nunca. Llueva o truene, eso no va a pasar. Pero si eso fuera una posibilidad, resulta que alguien de la misma categoría, que es la tercera persona de la Trinidad, que no está allá arriba sino que está aquí abajo morando en ti, intercede ante Dios con gemidos indecibles, porque tú y yo no sabemos cómo orar.
¿Pero estás entendiendo de lo que estoy hablando? ¿Tú estás entendiendo las bendiciones, las incontables, insuperables bendiciones de aquellos que han sido hechos hijos de Dios? Para después estar cheleando con Dios si le damos o no le damos, ya sea materialmente o emocionalmente o espiritualmente.
Hoy, hermano, tú conoces su primera venida. Él sí, su segunda venida, tú conoces de los tiempos futuros. Tú conoces que habrá tierra nueva, cielo nuevo, estaremos con Él por siempre. Hay cosas que no entendemos todavía, ciertamente, pero entendemos mucho más que lo que ellos entendieron.
De hecho, la segunda carta de Pedro, capítulo 1, versículo 3 dice que Dios nos concedió —tiempo pasado, ya nos dio— todo lo concerniente a la vida y a la piedad. Todo lo que tú necesitas para vivir y convertirte en un hombre piadoso o una mujer piadosa ya nos fue dado. No hay que esperar nada más, estás equipado. Bueno, ¿y por qué no me va también? Porque no lo usas. Dios nos ha concedido todo lo concerniente a la vida y a la piedad; nos lo dio en Cristo Jesús, nos lo está dando a través del Espíritu Santo, nos ha dado a través de su Palabra.
Nosotros somos hijos de Dios, no hijos de la ira. Somos hermanos de Cristo y Cristo no se avergüenza de llamarnos como tal. Somos la luz del mundo. ¡Wow! Somos la luz del mundo. Somos la sal de la tierra. ¿Tú quieres mayores privilegios? Somos, ya hemos sido llamados embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros. ¿Te imaginas? Que estos son mis calificativos: la luz del mundo. ¿Y qué más? La sal de la tierra. ¿Y qué más? Yo soy un embajador de Cristo. ¿Tú vas a comparar un embajador de Estados Unidos ante la ONU con un embajador de Cristo por Dios? O sea, no me avergüences de esta manera. Entiende, no me humilles de esa manera. No hay comparación. Cielo nuevo, tierra nueva, por los siglos con el Señor.
Este es el peor de los tiempos. Sí, está bien, pero es el mejor de los tiempos. Esto es tiempo de mucha confusión, pero tú tienes su revelación y la tienes completa, porque los profetas del Antiguo Testamento tenían su revelación pero incompleta. Esto es tiempo de mucho temor, pero Dios te dio un espíritu de valentía. Esto es tiempo donde muchos desesperan, pero tú tienes una esperanza viva; eso dice la Palabra. Esto es un tiempo de placeres mundanos con funestas consecuencias, pero sabes qué, tú tienes los deleites de Dios. Esto es un tiempo de mucho vacío, pero estás lleno, Dios te llenó con su Espíritu. Esto es tiempo de mucha soledad, pero tú tienes su compañía. Esto es un tiempo donde impera la mentira, pero tú conoces la verdad. Esto es un tiempo de pandemia, pero no de pandemonio para nosotros. Nosotros no estamos confundidos, desmoralizados, amedrentados. Pandemia sí, pandemonio no. Estos son tiempos caóticos, pero no fuera de su providencia. Tiempos caóticos, pero no fuera de su providencia. Tiempo de personas desenfrenadas —los hombres serán implacables—, sí, pero no fuera de su control.
En fin, este es el peor de los tiempos y el mejor de los tiempos. Regocíjate, alégrate, dale gracias a nuestro Dios. Sométete a su voluntad. Celebra su salvación. Proclama su mensaje. Espera con alegría. Ten esperanza; es viva tu esperanza. Cree su Palabra. No necesitas apariciones. Ya tenemos más que apariciones.
Tenemos la satisfacción de Dios, en su totalidad, como Dios entendió que la necesitamos, y nos ha dado todo para la vida y la piedad. Y aún así te vas a quejar, y aún así vas a estar en el antecedente, y aún así quieres más. No, en buen dominicano: no puedes ser tan gandío. Ya tú tienes más de lo que pudieras esperar, o pensar, o imaginar. Dios te ha dado mucho más, mucho más de lo que puedes pensar o imaginar, por medio del poder del Espíritu de Dios que mora en ti y por medio de Cristo Jesús, en quien tú estás.
Recuerda esa frase: en Cristo. Con esto cierro ya, rapidito. Cuando un predicador dice "ya cierro", no le crea mucho, porque solamente están comenzando de nuevo. Pero créeme ahora. Pablo usa la frase "en Cristo" yo creo que como 76 veces en sus cartas. De manera que cuando Dios te ve, literalmente te ve en Él. ¿Te sabes el privilegio de eso? Que no hay un solo momento en que Dios Padre pudiera verte fuera de Cristo. ¿Tú estás en Cristo o no estás? Pero si un día creíste, de nuevo: estás en Él por el resto de la eternidad.
¡Padre, gracias! ¡Padre, gracias porque tus bendiciones son incontables, son inimaginables! ¡Ayúdanos a recordarlas! Oh Señor, solo en Cristo nosotros tenemos lo que tenemos. Tenemos bendiciones que los profetas anhelaron ver, entender, que niños hoy entienden. Tenemos bendiciones y cosas que estás haciendo hoy en la iglesia, a través de la iglesia, que todavía los ángeles que están en tu presencia anhelan ver. Oh Dios, gracias por un favor tan inmerecido. Gracias por tu Hijo. Hijo, gracias por tu vida. Espíritu, gracias por tu poder. En el nombre de la Trinidad hemos orado, predicado, y esperamos para la gloria del Hijo. Amén, amén. Bendiciones.