La oración de Pablo por los efesios revela qué tan pequeñas son muchas de las cosas que pedimos habitualmente. Aunque la iglesia de Éfeso había recibido enseñanza del mejor equipo posible —Pablo por tres años, Priscila y Aquila, Apolos, Timoteo, probablemente Juan—, el apóstol ora por algo que aún les falta: un espíritu de sabiduría y revelación para conocer mejor a Cristo. No se trata de información nueva ni de conocimiento oculto, sino de ver con mayor profundidad lo que ya está en la Escritura. La verdad memorizada sin comprender sus implicaciones solo produce personas orgullosas doctrinalmente o legalistas moralmente.
Un mayor conocimiento de Cristo produce mayor amor, y mayor amor resulta en mayor obediencia. Esto no lo dijo Pablo, lo enseñó Cristo mismo: "Si me amas, guardarás mis mandamientos". El problema de desobediencia no es principalmente un problema de voluntad, es un problema de amor, y el problema de amor es que no conocemos suficientemente a Cristo. Cuando esa pasión crece, el brillo del mundo palidece.
Pablo también pide que los ojos del corazón sean iluminados para comprender tres realidades: la esperanza del llamamiento que Dios hizo desde la eternidad pasada, las riquezas de la herencia depositada en los santos, y la extraordinaria grandeza del poder que levantó a Cristo de entre los muertos. Ese mismo poder vive en el creyente y puede vencer la carne, las ofertas del mundo y las tinieblas. El pastor Núñez recuerda la historia de Andrew Fraser, quien aprendió estas verdades de rodillas sobre un piso de tierra en Irlanda, pidiendo al Espíritu que le revelara a Cristo. Ese sigue siendo el secreto: no es inteligencia ni grados académicos, es tiempo pasado a los pies de Jesús.
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El texto que voy a leer en unos momentos se encuentra en la carta del apóstol Pablo a la iglesia de Éfeso. Esta es una iglesia, o fue una iglesia, muy importante en su momento. Pero antes de leer el texto, quiero decirte algunas cosas de la iglesia, porque algunas cosas que voy a decir van a tener relación con cosas que voy a decir más adelante. Además, siempre es bueno conocer un poco del trasfondo, del texto, del contexto, y creo que esto nos va a ayudar y va a ser bien resumido.
La iglesia estaba localizada en la ciudad que lleva su nombre, Éfeso, que era la capital de lo que se llamó Asia Menor, que hoy es Turquía. Fue realmente la iglesia madre de todas las demás iglesias que se mencionan en Apocalipsis, capítulos 2 y 3. Con toda probabilidad, fue fundada por Pablo. Pablo pasó por ahí en su segundo viaje misionero, se encontró con Priscila y Aquila, que habían venido de Roma, pero no la fundó en esta ocasión. Volvió en su tercer viaje misionero, plantó la iglesia y pasó unos tres años allí enseñando día y noche.
Fue advertida por Pablo de falsos maestros que infiltrarían la iglesia, y que a su salida, de hecho, vendrían lobos rapaces. Fue una iglesia altamente bien enseñada, que logró incluso denunciar a aquellos que eran falsos apóstoles, y así impedir que pasaran por apóstoles, como pasa hoy en día. Fue una iglesia que perseveró en la adversidad, una muy buena iglesia.
Lamentablemente, como pasan las cosas, hacia el final de sus días —no sé exactamente cuáles fueron sus días finales—, Cristo le pasa revista a la iglesia de Éfeso, y a las otras seis que son mencionadas en Apocalipsis 2 y 3, y entonces ahí le dice: "Mira, tú has hecho bien esto, has desenmascarado a los falsos apóstoles, pero yo tengo algo contra ti." Y lo que tengo, aunque es una sola cosa, no es pequeña. Yo creo que es una cosa que quizá pudiera Cristo mencionar de la mayoría de los hijos de Él, y es que tú has perdido tu primer amor. El primer amor no es el amor que tú tienes cuando naciste de nuevo, como se enseña; no es nada de eso. El primer amor es el amor por Dios. Has hecho muchas cosas buenas, pero que a la luz de tu pérdida de amor por mí, deslucen en tu historia.
Pero en general fue una iglesia bien enseñada. Déjame decirte quiénes estuvieron ahí: Priscila y Aquila estuvieron ahí. Priscila y Aquila oyeron a Apolos en un momento, un hombre poderoso en palabra, y lo llamaron aparte y le enseñaron el camino de Dios de una mejor manera. Priscila estuvo ahí, Aquila también, Apolos también, Pablo tres años, Timoteo estuvo ahí, Juan probablemente terminó sus últimos años allí. De manera que el Dream Team pasó por ahí, el equipo soñado. Imagínate lo que ellos oyeron, lo que ellos recibieron de enseñanza.
Esta es la razón, pienso yo, por la que cuando Pablo comienza a escribir esta carta, en los primeros catorce versículos le da un condensado de teología que parece ser que ellos entienden bien lo que él está hablando, porque les habla de predestinación, de elección, de adopción, de redención, de santificación, de glorificación. Entonces esa porción, del versículo 1 al 14, que es larga, es una sola oración en el original, sin pausa, sin punto ni coma, una sola oración.
Y luego, después que les habla de esa gran bendición que ellos como creyentes, y todos nosotros, hemos recibido, Pablo dice: "Esta es mi oración." Y lo que nosotros vamos a ver hoy es justamente esa oración. El texto va del versículo 15 al 23; vamos a leerlo del 15 al 21. Pero ese texto del 15 al 23 también es una sola oración sin pausa, ni coma, ni punto en el original. Y Pablo está diciendo: "Ustedes han recibido una gran bendición; yo quiero ahora hacer una gran oración."
Con eso quiero leerte —recuerda que este es el texto que puede cambiar tu vida de oración, que puede cambiar tu vida— del versículo 15 al 21:
"Por esta razón, por todo lo que les ha dicho, también yo, habiendo oído de la fe en el Señor Jesucristo que hay entre ustedes, y de su amor por todos los santos, no ceso de dar gracias por ustedes, mencionándolos en mis oraciones. Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, les dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de Él. Mi oración sigue: que los ojos de su corazón les sean iluminados para que sepan cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de Su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de Su poder. ¿Cuál poder? Ese poder que obró en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a Su diestra en los lugares celestiales, muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio y de todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero."
Ese "¡guau!" que yo acabo de mencionar no es un "guau" emocional; es un "guau" pensado. Es la razón por la que yo titulé este mensaje: "Orando en grande con el apóstol Pablo." Porque, como mencioné, Pablo nos enseña por qué cosas nosotros debiéramos estar pidiendo, qué cosas nosotros debiéramos estar orando, que luego disminuyen en tamaño a todas aquellas cosas por las cuales nosotros continuamente pedimos y que pudieran ser buenas y válidas.
Pablo ha oído algo bueno de la iglesia. Él dice: "Habiendo oído", o sea, que lo que va a decir es como resultado de algo que ha oído: habiendo oído de la fe en Jesús que ustedes han depositado, y habiendo oído del amor por los santos que ustedes exhiben. Habiendo oído que los dos más grandes mandamientos de la ley ustedes los están poniendo en práctica: amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo. Yo por eso no ceso de dar gracias y los menciono en todas mis oraciones.
No me hago la idea necesariamente de que cada vez que Pablo oraba mencionaba a los efesios, sino que es una expresión para dejarles ver cuán frecuente oraba por ellos. Y como daba gracias por el buen fruto que había escuchado, daba gracias por lo que estaba ocurriendo en Éfeso. De manera que cuando tú sabes que una iglesia está bien, no dejes de orar por ella pensando: "Bueno, ya está bien, ¿qué bueno?" Debes ver lo que todavía falta; no hay una iglesia donde haya una persona que no necesite seguir creciendo en áreas donde todavía falta crecimiento, y eso es verdad de cada pastor. De manera que la iglesia de Éfeso se constituyó en un motivo de oración.
Ahora la pregunta sería: ¿a ver, qué oró? Porque si sabemos lo que Pablo oró por los efesios, debiéramos tener una mejor idea de qué orar por los hermanos de nuestra iglesia, por los hermanos de otra iglesia, por mí mismo, porque soy parte de la iglesia. Entonces textos como estos nos ayudan a no orar siempre las mismas cosas, acerca de las mismas cosas, que vuelven la oración aburrida y que no motivan a orar.
Si tú me preguntas a mí: "Resúmeme en una oración, ¿por qué cosa está orando Pablo?", tenemos que empacar eso. Pero si tú me preguntas, Pablo está orando por conocimiento, aunque es un tipo de conocimiento particular. No es un conocimiento puramente doctrinal o intelectual que no transforma a nadie, sino un conocimiento que es llevado a la práctica, que resulta en un mayor conocimiento de Cristo y de todas sus bendiciones y beneficios, y que termina transformando la vida del creyente y beneficiándolo.
Yo comencé a leer hace una semana un libro que acaba de ser publicado; se llama _Reformed Preaching_, o Predicación Reformada, por Joel Beeke, uno de los grandes pensadores y pastores reformados de hoy en día. Y lo que me ha gustado del primer capítulo es poder ver, con la mayor claridad, que la predicación de los reformadores y la predicación verdaderamente reformada es una predicación eminentemente práctica. Es una predicación donde la teología, el conocimiento teológico, tiene que ser llevado a la mente de los creyentes de una manera práctica, de modo que ellos sepan qué van a hacer con eso en su vida.
Y así fue bueno. De manera que lo que Pablo está diciendo es: "Oye, tú lo que necesitas, necesitas algunas cosas para que este conocimiento, que se convierte en pura doctrina, haga otra cosa en ti que quizá no ha ocurrido todavía."
Pablo pide. Vamos a ver los motivos de oración y luego vamos a ver la motivación de la oración, que el domingo pasado creo que fue te mencioné que no son la misma cosa. Los motivos de oración son lo que ustedes mencionaron; alguien mencionó unidad, este es un motivo, pero yo pudiera preguntarte cuál es la motivación de que se sean unidos, y pudiéramos decir varias cosas. Pero cuando Cristo se hizo esa pregunta, por así decirlo, dijo: "Padre, que ellos sean uno para que el mundo crea que tú me enviaste." Hay algo de la unidad de la iglesia que le comunica al mundo algo de la misión de Cristo.
Entonces en este caso, Pablo dice que él está orando. Aquí están los motivos: por un espíritu de sabiduría y de revelación para los efesios. Y aquí está la motivación: "Pablo, ¿pero para qué quieres que tengan un espíritu de sabiduría y de revelación?" La motivación es un mejor conocimiento de Él, y Él, en el contexto de toda la carta a los Efesios, es Cristo. Entonces Pablo pide por sabiduría y revelación, pero lo que quiere es un mayor conocimiento de Cristo.
Ahora, yo te dije todo lo que te dije de la iglesia anteriormente, y quiénes pasaron por ahí, porque toda la teología que la iglesia de Éfeso recibió la recibió del mejor maestro que, después de Cristo, haya pasado por la tierra: Pablo, entrenado en el tercer cielo. Y luego, por los otros maestros que vinieron después.
De manera que Pablo pasó tres años enseñándoles de todo. Ya les mencioné: predestinación, adopción, elección, santificación, glorificación, redención. Y Pablo dice: "No hay que decirles que en este tiempo ustedes todavía no saben lo suficiente." Esa sabiduría y conocimiento de revelación que Pablo está recibiendo, ese espíritu de revelación, son dados por el Espíritu Santo.
Ahora, Pablo no está pidiendo que Dios les dé un conocimiento oculto que aquí no está. Eso no es así. La Biblia es suficiente para lo que nosotros necesitamos: conocer a Dios, adorar a Dios, santificación, promesas para llegar, esperanza para el camino. Lo que Pablo está pidiendo es que de ese texto —y te soy testigo, hermano, algo que tiendo a hacer prácticamente toda la semana— del mismo texto que voy a exponer, aun si ya lo he expuesto antes, ya me lo han enseñado antes, ya se ha predicado antes, yo necesito conocer más de ese texto, que me permita comer algo fresco que Dios me dé para poder brindarlo más adelante. De manera que Pablo está pidiendo mayor espíritu de esa sabiduría y revelación para entender más cabalmente lo que Dios ya reveló.
Y no solamente eso, sino también para comprender las implicaciones de cosas que tú has aprendido, que has repetido, pero que de alguna manera no se traducen en un cambio en la vida en ciertas áreas. Y no se traduce en un cambio de vida en esas áreas por un par de razones: puede ser desobediencia, rebelión; pero la mayoría de las veces es que ni siquiera hemos visto las implicaciones. No hemos visto de qué manera esta enseñanza teológica tiene una implicación en esta área.
Entonces, pensemos por un momento: Pablo quiere un espíritu de sabiduría. Aquello que ha estado en concordancia conmigo, ¿saben? De hecho, entre culto hice una —fue la misma cosa antes de comenzar—: "Señor, yo necesito sabiduría." Y yo no sé lo que este hermano o esta hermana tiene; yo tampoco sé qué estás pensando ni qué estás haciendo; yo necesito ver. La sabiduría es ese conocimiento aplicado a la vida, eso es sabiduría. Es la capacidad que Dios le dio a Salomón cuando Salomón estaba caminando bien y le pidió a Dios sabiduría para liderar al pueblo: "Enséñame algo de allá arriba que encuentre aplicación aquí abajo, para que yo pueda liderar al pueblo."
Es la habilidad de entender cosas reveladas por Dios en Su Palabra, padres, para que puedas liderar a tu familia. Eso no se aprende en la universidad, tampoco debe ser algo que yo aprendí de la generación anterior. Es algo que yo entiendo a través de las palabras de conocimiento aquí en la Palabra, y que el Espíritu de Dios me dice: "Mira, esto se aplica así en tu esposa, en tus hijos." Es la capacidad que Dios da a un maestro de la Palabra para enseñar algo de manera que sus discípulos o estudiantes, que entienden en un nivel, él los ayuda a profundizar en ese mismo nivel; después de que él ha llegado ahí. No puedes llevar a otro a donde no has estado.
Es la capacidad que el predicador necesita pedir cada vez que va a entrar a la Palabra, para que él pueda ver la misma enseñanza desde un ángulo distinto, más profundo, con otro color, con otra aplicación, de tal manera que pueda traérsela a sus estudiantes y que ellos puedan comprender lo expuesto de una manera tan práctica que termine transformando su vida. Eso lo hace el Espíritu; eso no lo puede hacer nada más.
Yo menciono todo eso porque la verdad memorizada y no entendida —o la verdad memorizada cuando no hemos visto sus implicaciones— produce personas orgullosas doctrinalmente o legalistas moralmente. La verdad memorizada sin ver las implicaciones que tiene, o no entendida, lo único que tiene capacidad de hacer es formar personas orgullosas doctrinalmente o legalistas moralmente. Y ninguna de esas dos cosas es compatible con la Palabra.
Hermano, es importante —y ustedes me han oído, ya han oído a los otros pastores nuestros— que conozcas el contexto de un texto, que conozcas el trasfondo histórico; hablamos un poco de eso esta mañana. Así somos maestros. Todavía es importante que conozcas su conexión con la teología bíblica, con la teología sistemática. Pero sabes que nada de eso tiene el poder de transformación. El creyente requiere entender de qué manera lo enseñado hace una demanda sobre su vida. Hay que entender eso: una demanda clara que requiere obediencia, y que la obediencia repetitiva termina transformando mi forma de pensar y mi forma de vivir.
Lo enseñado que usted va a oír esta mañana va a poner una demanda sobre ti. Cada sermón. La diferencia —se ha dicho más de una vez— entre un sermón y una clase es, pueden haber varias cosas, pero la diferencia es que una clase no necesariamente pone una demanda sobre ti; es un conocimiento que yo te imparto. ¿Qué hace el sermón? Se supone que pone una demanda sobre el oyente. Dios lo ve así. Ahora yo tengo que responder en obediencia o no, en aceptación o rechazo. Y cuando yo lo pongo por práctica de manera repetitiva, termina cambiando mi forma de pensar y mi forma de vivir.
Entonces, Pablo está pidiendo un espíritu de sabiduría, un espíritu de revelación, para tener un mayor conocimiento de Cristo. Y él pide eso porque entiende —escucha cómo es que funciona— que si tiene un mayor conocimiento de Cristo, hay muchas cosas que pedimos que no necesitamos pedir por separado, porque lo otro va a resultar en lo segundo. Un mayor conocimiento de Cristo va a resultar en un mayor amor por Cristo. "Pero, pastor, eso es algo mío, algo que yo siento emocionalmente." Bueno, tú puedes sentir así; pero ¿acaso no ves que un mayor amor por Cristo resulta en una mayor obediencia a Cristo? Eso no lo dije yo, yo no lo deduje; eso lo enseñó Cristo: "Si me amas, guardarás mis mandamientos." Entonces lo que Cristo dice es: tu problema de desobediencia no es un problema de obediencia en sí, es un problema de amor. Y tu problema de amor es que no me conoces. Si me conocieras, en buen lenguaje de la calle, estarías loco por mí.
Un mayor conocimiento de Cristo produce una mayor pasión por la causa de Cristo y por el reino de Cristo; la causa y el reino, incluyendo la extensión del reino en mi propia vida, lo que implica un mayor señorío sobre mí. Y una pasión por Su reino debilita mi amor por el reino de los hombres. Esta fama que tenemos por las cosas que aparecen en el reino de los hombres... "No, yo lo que necesito es fuerza de voluntad para resistirme a lo que el mundo me ofrece." No, eso no es lo que necesitas. ¿Qué es lo que necesitas? Mayor pasión por Cristo, porque cuando la tengas, el mundo va a palidecer.
Un mayor conocimiento de Cristo me lleva a una mejor comprensión del señorío de Cristo; y como cantamos, un señorío que se extiende a todas las áreas, de manera que Él está sentado —como dice el texto de hoy— a la diestra del Padre sobre todo dominio, autoridad, poder y potestades. Lo que implica que no hay nada a mi alrededor que pueda escapar a Su control; no hay nada que yo pierda que deba atemorizarme, porque Cristo lo vio primero, me preparó primero y preparó lo que iba a suplir. A mayor interés por conocer a Cristo, menor interés por todo lo que el mundo me vende vía las redes sociales, vía la televisión y todas sus otras formas de mercadología.
Yo me enseñaba que es asombroso... Yo no soy un televidente, no he sido un televidente; creo que es fácil de ver. No soy un fanático del deporte, aunque cuando estaba bien lo seguía un poco; pero yo he leído de todo, honestamente todo, porque he estado tratando de entender los tiempos. He estado viendo algunas noticias; de hecho, me han gustado leer acerca de Albert Pujols, que está llegando a los 700 jonrones. Yo vi el jonrón 696, el 697, el 698. Estaba a dos jonrones de que Pujols marcara los 700. Y entiendo que él es cristiano; pero me asombra ver la pasión que genera una marca de 700, que implica un jonrón más, y cuando veo la apatía muchas veces por la resurrección de Cristo, por el reino venidero, por la segunda venida, como si Él no fuera a venir. Es estridente cuando la oscuridad del mundo brilla más que la luz de Cristo en la mente de algunos que se llaman cristianos.
En cada texto estudiado, en cada sermón predicado —Dios sabe que en un momento— hay un deseo en mí, creciente, de que yo termine conociendo más a Cristo de manera existencial; no tiene nada que ver con filosofía. En cada área de mi existencia. Te lo voy a ilustrar, porque el conocimiento tiene que hacerse práctico. Yo quiero conocer a Cristo de manera existencial, que es parte de la característica de la predicación reformada, según lo he estado leyendo.
Entonces, ¿en su vida, pastor, cómo se ve eso? Para que yo sepa cómo ilustrarlo en la mía, te voy a dar una idea. Yo quiero conocer más de Cristo en mi función de pastor, para cuidar mejor Sus ovejas; eso como que se entiende. Yo quiero conocer más de Cristo en mi función como médico, para identificar y entender mejor al débil, al dolido. Yo quiero conocer más de Cristo en mis logros, para glorificarlo en ellos. Pero también quiero conocer más de Cristo en mis fracasos, para ver cómo Él es refugio. Yo quiero conocer más de Cristo en mi obediencia, porque ahí voy descubriendo Su señorío y quiero seguir expandiéndolo más allá. Pero, ¿sabes qué? Yo quiero conocer más de Cristo en mis pecados, para conocer más de Su perdón, más de Su misericordia y más de Su gracia. Yo quiero conocer más de Cristo en mis relaciones; yo quiero saber cómo amar más a mi esposa, a ustedes, a los pastores que sirven conmigo y a otros pastores que sirven en otras iglesias.
Yo quiero conocer más de Cristo en mis relaciones. Yo quiero conocer más de Cristo en mis ofensas y heridas que otros me han causado, para yo saber, para yo conocer más de Cristo cuando hemos ofendido y hemos herido con nuestras actitudes y pecados. Yo quiero conocer más de Cristo cada vez que estoy en sufrimiento físico o emocional, porque yo quiero conocer su consuelo. Cuando conozca más de su consuelo, según Pablo, entonces tengo más capacidad para consolar a otros, con el mismo consuelo con que hemos sido consolados, según 2 Corintios, capítulo uno.
Yo quiero conocer más de Cristo en mis buenos momentos. No piensen que soy un pastor aburrido; yo gozo la vida. Pero en mis buenos momentos yo quiero experimentar más gozo que el que estoy teniendo. Lo diré así: yo quiero conocer más de Cristo en mis momentos de gozo. Para mí, honestamente, créanme, pero para mí, al igual que para Pablo, vivir es Cristo y el morir, verdaderamente, es ganancia en gran manera. No estoy acelerando la muerte, porque eso no está en el poder de Dios para mí de esa manera, pero cuando llegue será bien recibido.
Algunos quizás están pensando: "Pastor, por lo que yo trabajo, no sé qué… yo no sé. Usted vende carros o es guía turístico. Yo no puedo ver a Cristo en cada cosa que yo hago." No. Yo creo que tienen que pensar de otra manera. Déjenme explicarlo con relación a la predicación y luego regreso a lo que tú haces.
Finalmente entendí mejor lo que algunas personas hablan acerca de la predicación centrada en Cristo. Porque muchas veces pienso y veo cómo están tratando de encontrar a Cristo en cada versículo de la Biblia, y no está. Brian Chapell, que ha escrito mucho sobre esto, tenía una cita que me encantó, porque finalmente dije: "Ahora sí está hablando." Brian Chapell dice: predicar a Cristo, o predicar centrado en Cristo, no es encontrar a Cristo en cada verso; es encontrar dónde ese verso está en relación a Cristo. Entonces, sea un verso o un pasaje, la pregunta es: ¿cuál es la relación que guarda todo lo que tú haces con la persona de Cristo?
Porque si yo soy posesión de Él de alguna manera, no es que tengo que encontrar a Cristo en lo que hago; lo que tengo que saber es cuál es la relación que tiene lo que hago, no importa qué, con Cristo. Y ahí entonces nosotros de nuevo volveremos a conocer más de Cristo de manera existencial. Esa es la primera petición de Pablo: un espíritu de sabiduría y de revelación para un mayor conocimiento de Cristo.
Ahora, la segunda petición de Pablo, en los versículos 18 y 19. Pablo primero hizo esa petición, y ahora dice: "Mi oración es que los ojos de su corazón les sean iluminados." Ya tú sabes que no son estos ojos físicos. "Para que sepan cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de su poder."
Cuando Pablo dice que pide que sus ojos sean iluminados —los ojos de su corazón—, es algo que el Espíritu hace, para que ellos puedan ver ciertas cosas, para que puedan ver realidades plasmadas en Su Palabra, enseñadas por Pablo a la iglesia. Ellos, que tienen una buena reputación, puedan ver mejor lo que ya está aquí. Y es que con frecuencia, al leer un texto, yo le digo al Señor: "Dame revelación, inspiración, discernimiento, sabiduría para este mismo texto."
Déjenme ilustrar esto. Yo leía el viernes —y volví a leerlo ayer para comprobar lo que había leído— acerca de las ballenas azules. Se preguntarán: ¿y eso le interesa? No, yo vi un clip de treinta segundos, o sea un minuto, de una ballena azul que se levantaba del agua. Había alguien en un bote pequeño junto a ese animal, ese gran ser. Me puse a leer acerca de la ballena azul y descubrí, aprendí, que ellas emiten un sonido que está por debajo de la frecuencia que el oído humano percibe. O sea, si la ballena azul está ahí y está haciendo un sonido, ese sonido en particular tú no lo oyes. Pero si yo pudiera, de repente, si Dios me diera la capacidad para poder oír a ese nivel de frecuencia, yo comenzaría a oírlo.
Suena interesante, pero lo más impresionante para mí fue leer que ese sonido se transmite a otras ballenas hasta 800 kilómetros de distancia. O sea, un sonido que yo no oigo ahí al lado de ella, resulta que hay otro animal como ella que, a 800 kilómetros de distancia, siente que está en compañía de ella, que le están hablando. Y yo le digo a mi esposa con frecuencia, cuando descubro cosas: "A la verdad que Dios hace lo que le da la gana. ¿Qué es lo que Dios no puede hacer?"
Yo traigo esa ilustración para decirte que lo que Pablo está pidiendo es algo como eso. Miren, son cosas que ya están; en este caso, el sonido de la ballena. Lo que Pablo está pidiendo es que sus ojos les sean iluminados para que vean lo que no ven, pero que ya está. Esa es la idea. Y tú y yo necesitamos eso.
Entonces, Pablo está pidiendo que nosotros podamos ver espiritualmente aquellas cosas hechas en el pasado por Dios, aquellas cosas que han sido provistas por Cristo en Cristo, que representan mi herencia que está por venir. El más grande académico de la epístola a los Efesios, reconocido por el mundo cristiano —quizás no conocían su nombre hasta esta semana—, es considerado como el académico de la epístola a los Efesios. Él dice que lo que separa a Pablo del resto de los apóstoles fue su visión espiritual. Eso es lo que Pablo le pedía al Señor: la visión espiritual para estos efesios. Eso es lo que tú necesitas. Eso es lo que yo necesito.
Entonces, cuando Pablo habla de que les sean iluminados los ojos, dice: "Esto es lo que yo quiero que ellos sepan, que conozcan: la esperanza de su llamamiento —el llamamiento de ellos mismo, tuyo y mío—, las riquezas de la gloria de su herencia en los santos —es decir, hay una herencia depositada para los santos— y la extraordinaria grandeza de su poder."
Hablemos de lo primero: necesito entender mi llamado. Déjenme comenzar así. Si tú, si no lo sabías, al pasar a hacer parte de la iglesia, la palabra "iglesia" es ekklesia en el griego, y eso implica ser llamado fuera. En otras palabras, estabas en un sitio y te llamaron fuera, te sacaron del mundo y te colocaron en un lugar que se llama la familia de Dios, que es la iglesia. Cuando estabas allá, ibas camino a la perdición; cuando te pusieron aquí, vas camino a la gloria. Cuando estabas allá, estabas en tinieblas; cuando te pusieron aquí, estás en la luz. De la misma manera que te llamaron de la oscuridad a la luz, te sacaron de un camino de perdición a un camino de gloria, te sacaron de una vida que estabas viviendo para vivir otra vida.
Y cuando Dios me puso a vivir esa otra vida, puso a mi disposición los recursos en gloria para que viviera esa nueva vida. Pero cuando yo insisto en vivir la vida vieja, tengo una carencia de recursos —no estoy hablando de dinero—; la vida me resulta pesada siendo hijo de Dios, porque estoy insistiendo en vivir una vida que no es la vida para la que ahora fui llamado. Pero cuando estoy viviendo la vida que Él diseñó para mí, para esa vida hay una abundancia de recursos en gloria.
Entonces, el llamamiento que Pablo quiere que yo entienda resulta que comenzó en la eternidad pasada. El mundo no existía y ya Dios me había llamado; me escogió antes de la fundación del mundo. Adán y Eva no habían nacido ni pecado, y ya Dios me había escogido. Por tanto, cuando yo nací, yo no soy un accidente de la unión de una señora de nombre Mercedes y un hombre llamado Luis Napoleón. No. Yo soy el fruto de un llamamiento en la eternidad pasada, que venía con una colocación en un núcleo familiar que Dios entendía que yo necesitaba, para que posteriormente yo pudiera llevar a cabo el propósito para el cual me pensó y me trajo a esta vida.
Esa es la realidad. Yo nací con una carta de ruta, pero en mi rebelión yo abrazo y construyo otra carta de ruta, y Dios me deja por un tiempo. La apuesta a Pablo: la palabra dice que Dios lo apartó desde el vientre de su madre, pero cuando él nació, ¿usted piensa que él abrazó la carta de ruta que Dios pensó para él desde el vientre de su madre? No; él abrazó su propia carta de ruta, y ¿qué hizo? Empezó a partir la iglesia.
Pero como Dios le hizo un llamamiento en la eternidad pasada, entonces cuando él iba por el camino que no le correspondía, Dios le dijo: "Pablo, hasta aquí." Se le apareció, lo tumbó al piso, le preguntó: "¿Por qué me persigues?" Le dice: "¿Qué es eso?" Esta es la carta de ruta, y Pablo cambia de dirección. La única razón por la que Dios hizo eso es porque el llamamiento de Dios fue hecho a Pablo en la eternidad pasada, porque si Dios no hubiese hecho ese llamamiento en la eternidad pasada, ¿tú crees que lo iba a llamar cuando estaba acabando con la iglesia? Claro que no.
Como el mismo Pablo explica en Romanos 11:29, los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables. Te llamé en la eternidad, te perseguiré hasta que entres en la eternidad futura; mi llamamiento es irrevocable para él. ¿Tú entiendes lo extraordinario de tu llamado? Esto que Pablo está diciendo: el que ni siquiera entiende su llamado, el privilegio que es, la garantía que es, lo que te ofrece, el paquete con lo que viene tu llamado; si lo entendiera, ya viviera de otra forma.
Y tú necesitas tener esperanza en ese llamado. Mi esperanza es grande porque mi Dios es grande, y ese Dios en su grandeza ha hecho mi llamamiento eterno. Dios dice: "Con llamamiento eterno te llamé; te llamé en la eternidad pasada y sigo hasta la eternidad futura." ¡Wow!
Ahora bien, cuando la palabra de Dios me habla de esperanza, no es la manera en que otros hablamos de esperanza. Es como cuando alguien te dice: "Mira, ¿tú vas para Europa el próximo año?" y te dice: "Yo tengo la esperanza de ir." Esa no es la esperanza bíblica. La esperanza bíblica es certidumbre. O sea, si alguien me pregunta: "Mira, ¿tú vas para el cielo? ¿Tú piensas que vas a entrar al cielo?" Yo digo: "Bueno, yo tengo la esperanza de entrar." Si lo estoy diciendo como usamos la palabra esperanza coloquialmente, eso es un "quién sabe, yo estoy tratando." Pero si tú me preguntas a mí, yo tengo —no— yo tengo la esperanza de que voy a entrar, y bíblicamente eso te lo estoy afirmando. Entonces tú puedes concluir con la firmeza de que va a entrar.
Y Pablo está diciendo: "Yo quiero que tú entiendas la esperanza de tu llamado." Tú necesitas más conocimiento de Cristo, y luego necesitas seguir abundando en estas cosas. Cuando Pablo usa la palabra "conocimiento" en ese pasaje, no usa la palabra *gnosis*; él usa la palabra *epignosis*, que implica un conocimiento agrandado, engrandecido, más allá de lo que normalmente tenemos.
Ahora, en la eternidad pasada, cuando Dios me pensó, si lo hubiéramos podido preguntar: "¿Y cuál es tu propósito? ¿Cuál es tu propósito singular para atraerme a la vida miles de años después?", Él te hubiera dicho —porque está en Romanos 8:28-29— hacerte conforme a la imagen de su Hijo. Lo que implica que todas las circunstancias por las cuales tuvieras que atravesar —los desiertos, las abundancias, las carencias, la salud, la enfermedad, el matrimonio, lo otro, lo que sea— todas las circunstancias van a convergir en formar en ti una mejor imagen de Él. Ese es su propósito; nada lo va a alterar.
Nuestro llamamiento tiene el propósito más alto de todo el universo, y es que Dios va a trabajar en mí y en mí hasta que yo comience a parecerme a su Hijo. Yo creo que todo el mundo quiere parecerse a Cristo. ¿Hay alguien aquí que no quiera parecerse a Cristo? A ver, si los hay, hacemos una consejería colectiva al final. Lo que nadie quiere es que lo pongan y nadie quiere que lo pongan a cocer a fuego lento, hasta derretirse, hasta que todas las impurezas se derritan, pero queremos parecernos a Cristo.
Pero no me puedo parecer a Cristo sin poda, y no me puedo parecer a Cristo sin calor. Me hace pensar en la mariposa. ¿Han visto en el campo alguna vez cómo esa lámpara de queroseno en la noche, la mariposa viene y se acerca a la luz? La atraviesa, pero tampoco se pega del tubo; el calor la repele. La luz está buena como luz, pero no con calor. La luz de Cristo tiene un calor, y a muchos les da por huir del calor de esa luz.
Entonces, escucha cómo describe tu llamado. Escucha cómo Pedro lo dice en su primera carta, capítulo 2: "Ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa" —todo eso es llamado—, "pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anuncien las virtudes de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable." Yo estaba en las tinieblas, me sacaron de ahí, me trajeron a la luz, y me dijeron: "Estoy haciendo algo tan extraordinario con mi propósito: yo quiero que tú proclames mis atributos."
Y para eso, primero te voy a hacer algo. No es que tú vas a llegar a ser; no, ya tú eres. Mire, yo creo que el que sea que tú eres un linaje escogido —yo te elegí— eso te agrega un valor, el hecho de ser linaje escogido en Cristo; me agrega un valor. Tú eres un real sacerdocio; en otras palabras, ya Cristo murió, abrió el acceso al Padre, yo puedo tener acceso directo, puedo hablar con Él, yo ofrezco mis propios sacrificios, que es mi propia vida. De manera que yo soy un real sacerdocio; soy real porque cuento con la realeza de Cristo. Vengo de un mundo de tinieblas y de esclavitud, pero voy hacia un mundo de gloria.
Yo fui escogido por Dios; eso aumenta mi valor. El ser real sacerdocio de Dios aumenta mi valor. El ser una nación santa —me separaron; la palabra "santo" significa eso: separado— aumenta mi valor en Cristo. Pero tiene un valor.
Y luego el texto de Pedro me dice que fuimos adquiridos para posesión de Dios. Uno va a pensar: "Bueno, qué bueno que le pertenezco a Dios." En el mejor de los casos pudiera pensar: "Bueno, le pertenezco a Dios, tengo que obedecerlo, no me queda de otra." Yo creo que Pablo está tratando de ayudarnos a entender algo también, y Pedro por igual: no es que el hecho de pertenecerle a Dios es algo ordinario; es algo extraordinario, y te da un valor extraordinario. Déjame ver si lo puedo ilustrar.
Años atrás, con un grupo de ustedes —no sé cuántos lo escucharon o cuántos me lo recuerdan— yo les dije en esa ocasión que los palos de jugar golf, en inglés llamados *clubs*, de John F. Kennedy, en una subasta, se vendieron por $772.000 dólares, multiplicado por el tipo de cambio, algo como 40 millones de pesos. Explícame qué era la magia que estos palos tenían. Nada, simplemente le habían pertenecido a un hombre famoso, famoso por ser presidente de esa nación.
Pero resulta que ahora tú eres posesión, no de un presidente muerto, sino del Dios todopoderoso, Creador de cielo y tierra, soberano sobre todo lo que existe.
En ti mismo, no es que tú tienes un valor en ti mismo, sino que en Cristo tú tienes un valor. ¿Cuál es tu valor? ¿Tú has pensado una vez en tu valor? Yo sé cuál es mi valor y tu valor, porque tú y yo tuvimos un precio: la sangre del unigénito de Dios. Yo estaba vendido, me había hecho esclavo, y Él fue y pagó un precio y me rescató y me sacó de ahí.
Ahora, no crea que me van a escribir después en las redes sociales condenándome, como frecuentemente hacen. Yo tengo claro que la Palabra dice que nosotros nos desviamos, todos nos desviamos, que no hay nadie bueno, no hay nadie justo. En Cristo yo tengo un valor, y sé que tengo un valor. Porque cuando Dios Hijo le habla a Dios Padre en el pasaje alto de Juan 17, que quizás vemos uno de estos domingos, en el versículo, Cristo dice: "Padre, yo he manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; eran tuyos y tú me los diste." O sea que antes de que fueran míos, eran tuyos. ¿Cómo así? ¿Tú los elegiste? Tú los elegiste en la eternidad pasada, lo que faltaba de que yo viniera y los redimiera.
Y ahora resulta que el Padre le dice al Hijo, a quien ama sobre todas las cosas: "Yo te voy a regalar la humanidad redimida; tú eres una ofrenda de amor del Padre al Hijo." Y lo único que le dice al Hijo es: "Ahora, Hijo, hay que pagar un precio, y el precio es tu vida y tu sangre." Y Él lo pagó. ¿Tú te imaginas cómo esa idea, verdaderamente captada y entendida, debiera cambiar tu forma de acercarte a la hora de servirle y vivir en Él, por Él y para Él? Él nos sacó del lodo en que estábamos, nos limpió de tal forma que ahora tú y yo podemos representar a la persona más pura del universo entero. Eso es impresionante.
Lo que Él quiere es: "Mírate, te saqué del lodo y te limpié de tal forma con la sangre del Cordero, y ahora tú puedes ir y proclamar verbalmente y reflejar con tu vida mis virtudes." No es por accidente que Pablo le escribió a Timoteo. En 2 Timoteo 1:9 le dice que Dios nos llamó con llamamiento santo. Nos llamó. ¿Cómo voy a exponer sus virtudes, a proclamar sus virtudes, si no me santifico? Ante todo, yo llevo una responsabilidad. Este llamamiento es un privilegio extraordinario, y así de extraordinario es también mi responsabilidad.
Pablo pide también para que los ojos de ellos sean iluminados y puedan conocer las riquezas de su gloria, algo de lo cual él vuelve a hablar en Romanos 9:23-24. Ahora imagínate, vamos a tratar de usar algo metafórico. Supongo que tú tienes riquezas, dinero en efectivo en este mundo. ¿Dónde lo tendrías? Bueno, podrías tener una cuenta de ahorros, una cuenta corriente, podrías tener un fondo de inversión, podrías tener acciones. Pero esas cuentas tienen nombres; ahí están los nombres que yo te di, y hay otras formas también, ¿verdad? Esas son tus riquezas de aquí.
Pero yo quiero decirte que las riquezas en gloria las puedes ver como cuentas de bancos espirituales. Esas cuentas de bancos espirituales tienen nombres, de donde tú puedes extraer, de la misma manera que tú extraes dinero. Tú puedes extraer de las riquezas en gloria para vivir de una manera mucho más extraordinaria. Están la cuenta de su gracia, de su paz, su voluntad, su propósito, su gloria, su llamado, su herencia, su poder, su amor, su Espíritu, sus dones, su sacrificio, su fortaleza y su armadura, entre no sé cuántas más. Yo te digo: cuando vives la vida que Él te ha llamado a vivir, de esas cuentas tú puedes extraer de manera interminable y el nivel nunca baja, lo que no ocurre con las cuentas bancarias.
Pero Pablo dice: "Yo quiero algo más. Yo quiero que los ojos de ustedes sean iluminados para que puedan ver la grandeza de su poder, la extraordinaria grandeza de su poder." ¿Cuándo quedó demostrado ese poder? Ese poder fue el que obró en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su diestra en los lugares celestiales. La naturaleza humana de Cristo murió en un momento dado cuando Él murió; inmediatamente sus enzimas comenzaron a detenerse, todo el metabolismo de cada célula paró, cada célula comenzó a morir y prontamente a descomponerse.
Y de repente, tres días después, todo ese proceso en reversa comenzó a moverse en la misma dirección, y cada célula cobró otra vez vida, y todo lo que funcionaba antes comenzó a funcionar, y de repente la naturaleza humana de Cristo se unió a la naturaleza divina de Cristo, y Cristo salió de la tumba. Pablo nos dice en Romanos que el poder que levantó a Cristo de entre los muertos es el poder del Espíritu, y la misma Palabra testifica en Romanos que ese poder viene a vivir en nosotros.
¿Cuáles son las implicaciones? Bueno, a la luz de lo que la Palabra enseña, si ese poder que levantó a Cristo de entre los muertos viene a vivir en mí, entonces yo puedo vencer cada tentación y cada debilidad que está en mí hoy en día. Yo estoy diciendo que se puede vencer. Y parte del problema de esa lucha debilitante que muchas veces vemos en el creyente es que él está luchando en su fuerza de voluntad y su disciplina, pero ni siquiera ha pedido ayuda a Dios para que Dios le ayude por medio de su Espíritu a vencer.
Se puede comprobar, Mario, te lo digo hasta por experiencia propia. A veces tú te limitas a pedir eso porque lo que quieres es como frenar esa debilidad o frenar ese pecado por un tiempo, y cuando ya tú te consideras como que lo dominaste, lo quieres consumir un poquito otra vez. Ya lo digo por mi hábito de consumir Coca-Cola, que ni siquiera es algo necesariamente pecaminoso, pero es así: lo vas a suprimir por un tiempo, sí, pero entonces, como que ya lo dominé, me puedo tomar una poquito otra vez. Si ese poder vive en mí, yo puedo vencer el poder de la carne, que es lo que Pablo habla en Gálatas 5, cuando llegamos al fruto del Espíritu y a las obras de la carne.
Si ese poder que levantó a Cristo de entre los muertos vive en mí, entonces las ofertas que el mundo me hace, tan coloridas y de tantos tamaños y formas diferentes, pueden ser obliteradas por el poder del Espíritu. Y ese mismo poder actúa en los tres frentes de batalla que yo tengo todo el tiempo. Yo tengo la carne, te hablé de que se puede vencer la carne. Yo tengo el mundo, te hablé de que se pueden vencer las ofertas del mundo. Pero también tengo el mundo de las tinieblas. Pablo me dice, para que yo pueda entender, que por ese poder tú puedes vencer el poder de las tinieblas. Porque a Cristo lo sentaron a la diestra del Padre sobre todo dominio, autoridad, poder y potestad, y es en Él que tú estás, es en Él que has sido sembrado, es en Él que tú vives, de manera que tú tienes poder para luchar y vencer el mundo de las tinieblas.
Es ese extraordinario poder que Él demostró cuando levantó a Cristo de entre los muertos. Por eso, para decirlo de nuevo, yo quiero que a los efesios se les iluminen los ojos del corazón para que puedan entender eso. Pastor, ¿y eso cómo se gana? Bueno, se gana meditando en la Palabra, leyéndola, estudiándola, meditándola. Se gana permitiendo que la Palabra te lea, porque es el único libro que te lee. Tú lees los demás libros; este libro te lee a ti. Este libro te dice que no hay nadie bueno. Este libro te dice que cuando tú eres infiel, Dios permanece fiel. Deja de argumentar si tú eres infiel o no; a mí ya me dijeron que sí. Este libro te dice que vives luchando con cosas de la carne; admítelo y pide perdón. Este libro te lee. Eso es lo que ocurre cuando tú tomas ese espejo, encuentras la confrontación, la abrazas, la aceptas, pides perdón, haces un compromiso con Dios y le pides ayuda para que no sigas por ese camino.
Ahora, te voy a decir también cómo no se gana. No se gana con una lectura o estudio superficial de la Palabra. No se gana orando lo mismo, acerca de lo mismo. No se gana enseñando y predicando lo mismo, acerca de lo mismo, sin haberle pedido a Dios que te dé más entendimiento de lo que ya has rumiado. No se gana con un devocional del diario, aunque hay devocionales extraordinarios, hermanos, pero es comida predigerida. Lo puedes usar, pero no es nuestra dieta principal. Y no se gana oyendo un sermón a la semana. En Estados Unidos, los hermanos han ido acortando los sermones; ya en muchas iglesias son de 20 o 25 minutos. La semana tiene 168 horas. No me digas que 20, 25 o 30 minutos de esas 168 horas es todo lo que tú tienes para escuchar lo que Dios tenga que decirte en la semana. Como dirían en inglés: no way, no how. No hay manera.
Entonces, ¿cómo se gana? También no contando una historia de Sierra, si eso es real. Un predicador del pasado, poco conocido en algunos círculos pero en los círculos más académicos ampliamente conocido, vivió no hace tanto tiempo atrás; nació en 1876. Yo me lo imagino siendo joven, que para algunos de ustedes no es tan atrás. En un momento dado, él conocía a un hombre de nombre Andrew Fraser, un hombre muy piadoso. Fraser estaba muriendo de tuberculosis pulmonar; eran otros tiempos. Tenía los pulmones bien destruidos y tenía dificultad para respirar, pero este joven decidió ir a visitarlo.
Entonces, en esa introducción, Fraser le dice algo. Le dice: "Joven, ¿estás tratando de predicar a Cristo? ¿Cierto?" "Sí." "Bueno, si entras un momento, hablemos acerca de la Palabra de Dios." Y no le dijo: "Hablemos acerca de la Palabra de Dios," sino: "Hablemos acerca de Cristo," porque la Palabra de Dios es acerca de Cristo entero. Abrió su Biblia y hasta que le quedó fortaleza estuvo abriendo un pasaje tras otro, enseñándole verdades en esa oportunidad que hasta ese momento nunca había visto, o nunca había apreciado; puede que las hubiera visto, pero no las había apreciado.
Las lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de Aaron. Y en un momento él cobró fuerza y le preguntó a Fraser: "¿Dónde tú aprendiste estas cosas? ¿Podría decirme dónde yo puedo encontrar un libro que pudiera abrirme ese entendimiento y enseñarme estas verdades? ¿Usted aprendió esto en algún seminario o en alguna universidad?"
Fraser respondió: "Mi querido joven, yo aprendí estas cosas de rodillas en un piso de tierra, en una pequeña casa hecha de paja en el norte de Irlanda. Allí, con mi Biblia abierta delante de mí, arrodillado por horas, supe pedirle al Espíritu de Dios que revelara a Cristo a mi alma. Yo quería que revelara a Cristo a mi alma y que abriera la Palabra de Dios a mi corazón. Y Él me enseñó más en mis rodillas, en ese piso de tierra, que lo que yo pude haber aprendido en todos los seminarios o universidades del mundo."
James Montgomery Boice relata esta historia en su propio comentario de Efesios. Montgomery Boice murió en el año 2000. Después de relatar esa historia, dice: "Ese es el secreto. No es tanta inteligencia, ni instrucción extraordinaria, ni grados académicos. Es tiempo pasado con Dios."
Escucha: Dios le abre el corazón, los ojos del entendimiento, solamente —subraya la palabra "solamente"— a personas que se sientan a los pies de Jesús. Cuando tú abres la Palabra, puedes leerla, puedes cerrarla, puedes leer cinco capítulos al día, pero eso no dice que pasaste tiempo con Jesús.
Cuando yo abro la Palabra para enseñar el domingo, en ese momento yo abro la Palabra, yo no soy el maestro; el maestro es Cristo por medio del Espíritu Santo. A Él es que yo tengo que decirle: "De esto que está aquí, enséñame, abre esa Palabra, yo no puedo abrirla. Dame un espíritu de sabiduría y de revelación, ilumina los ojos de mi entendimiento." Puedes usar comentarios y puedes usar lo que tú quieras, pero sabes que aun cuando lees el comentario, necesitas el Espíritu de sabiduría, de entendimiento y de revelación. Eso es de Cristo, ese trato. No es de ningún otro.
Porque si conoces a ese Cristo —como Pablo estaba hablando, como los de Éfeso estaban en camino a conocer a Cristo—, todo lo demás se desprende como cosa secundaria. Le amas más, le obedeces más, estás más dedicado a su causa. Tienes pasión por su reino; el reino de los hombres no te llama tanto la atención, no tiene tanto color, no tiene tanto tamaño. Tus tentaciones bajan de fuerza, porque tienes un poder dentro de ti que está conquistando tus debilidades, y tus debilidades son cada vez menos fuertes, y Él está formando fortalezas que tienen la capacidad de vencer.
Sabes por qué: porque Él ejerce dominio, no solamente sobre el gobierno de los astros y de los ángeles y de la batalla espiritual. No. Él ejerce dominio sobre tu mente, sobre tu corazón, sobre tus debilidades, sobre tus pasiones, sobre tus emociones. Él ejerce dominio sobre todo. De manera que pídele ayuda a ese Cristo, que es Señor de todo, para que por medio del poder que vive en ti —que es el Espíritu que te regeneró en primer lugar— tú puedas vivir la vida que Él compró, y no la vida que yo venía viviendo. De eso es que se trata. Y entonces su yugo será fácil y su carga será ligera, tu amor será grande por Él y tu obediencia será extraordinaria a Él.
¡Padre, gracias! Yo te doy gracias por alimentar mi mente y mi corazón al traerme de este pasaje. Te doy gracias por no dejarme satisfecho con lo que años atrás me habías salado y había salido a mi corazón. Pero mi oración para esta iglesia y toda iglesia es que Tú nos abras a nosotros, tus hijos, y nos des espíritu de sabiduría, espíritu de revelación; que ilumines los ojos y el corazón para ver la extraordinaria grandeza de tu poder, las riquezas de tu gloria, la esperanza extraordinaria en tu llamado. Ayúdanos a ver a Cristo mucho mejor, a que yo luzca como Cristo, y cuando no, a que yo quiera oler y lucir como Él, y vaya a ti y te lo pida, te pida perdón por las cosas que quizás no han permitido hacerlo.
Al final, al principio, es Cristo y solo Cristo. Es en su nombre que predicamos. Y Señor, lo único que tenemos es Cristo; todo lo que está fuera de Cristo no lo tenemos, y lo que tenemos, lo tenemos en Él. Por tanto, lo único que tenemos es a Cristo. Gracias por Él. En su nombre oramos, amén.
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