Integridad y Sabiduria
Sermones

Ocupaos en vuestra salvación

Miguel Núñez 18 marzo, 2012

Filipenses 2:12-13 contiene quizás la explicación más clara de todo el Nuevo Testamento sobre cómo funciona la santificación en la vida del creyente. Pablo escribe a una iglesia que había comenzado a dividirse con murmuraciones y rencillas, y les ofrece un antídoto: ocuparse en su salvación con temor y temblor, porque es Dios quien obra en ellos tanto el querer como el hacer.

La palabra "ocupaos" no significa ganarse, conservar ni mejorar la salvación, sino ejercitarla, desplegarla hacia afuera, hacer visible lo que Dios ya ha puesto adentro. El pastor Núñez lo ilustra con una casa regalada: alguien te entrega una propiedad sin que hayas pagado nada, pero el regalo costó la vida de un hijo. Luego te pide que la mantengas limpia y ordenada, y además te provee la medicina para tener fuerzas, la escoba, los detergentes, todo lo necesario. ¿Qué excusa tendrías para no cuidarla? De la misma manera, Dios no solo nos salvó sino que nos capacitó: proveyó a Cristo para vivir y morir en nuestro lugar, nos dio su Espíritu, su Palabra, pastores y maestros. Todo lo que necesitamos para vivir dignamente ya está provisto.

El imperativo de obedecer siempre cuelga del indicativo de lo que Dios ha hecho primero. Como decía Agustín: "Señor, ordena lo que quieras, pero concede lo que ordenas". Dios causa en nosotros el deseo de obedecerle, un deseo que de otra manera no tendríamos. Entender esto debería transformar nuestra gratitud y nuestra manera de vivir cada día.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Quiero pedirle que abra la Palabra de Dios, el libro de Filipenses, capítulo 2, versículos 12 y 13, dos versículos nada más. "Así que" —dicen otras traducciones "por tanto"— "amados míos, tal como siempre habéis obedecido, no solo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es quien obra en vosotros, tanto el querer como el hacer, para su beneplácito."

El texto que yo acabo de leer es una continuación de algo que Pablo ya viene desarrollando en Filipenses capítulo 2; de hecho, desde el capítulo 1. A manera de introducción, yo quiero decir que este texto es uno de los textos más importantes, sino quizás el más importante, en cuanto a cómo yo puedo entender lo que es la santificación que Dios lleva a cabo en nosotros. Yo no sé cómo el apóstol Pablo, por inspiración de Dios, pudo haber puesto tanto contenido en tan pocas palabras, y de una forma tan clara, acerca de lo que es nuestra santificación.

Y sin embargo, una vez más, yo tengo que decir que Pablo no está trayendo esto como un tratado teológico —como dijimos la semana pasada con relación a la humillación y exaltación—, sino como algo que debiera cambiar completamente la forma en que los filipenses habían comenzado a rencillarse, si pudiera yo usar la palabra, o dividirse. Cada comentarista, a lo largo de estos últimos versículos, ve la necesidad de poder reiterar la idea de que lo que está aquí es en respuesta a las noticias que Pablo ha oído acerca de las cosas que están ocurriendo en Filipos, y que lo que está haciendo es trayéndoles el antídoto para esas cosas que han comenzado a ocurrir en una iglesia que, por lo demás, era una iglesia bastante sana y madura.

Recordemos que en el capítulo 1, versículo 27, Pablo les había dicho: "Solamente comportaos de una manera digna del Evangelio de Cristo." A continuación, él les ofrece el modelo de humillación de Cristo como la forma, el estilo de vida, con el que nosotros pudiéramos hacer eso: vivir de una forma digna de nuestro llamado. Y la exaltación de Jesús a la diestra del Padre es nuestra garantía de que ciertamente podemos vivir esa vida a la que fuimos llamados.

Ahora Pablo quiere conectar de forma clara y directa la humillación de Cristo y la exaltación de Cristo con las palabras que yo acabo de leer para nuestro texto de hoy, porque nota cuál es la frase conectora: "así que". La Nueva Versión Internacional traduce "por tanto". Yo pudiera leer este texto de esta manera: "Por tanto, en vista de la humillación y la exaltación de Cristo, amados míos, tal como siempre habéis obedecido, no solo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es quien obra en vosotros, tanto el querer como el hacer, para su beneplácito."

Nota cómo lo primero que Pablo hace es exhortar a estos hermanos a quienes él llama "amados", y no solamente "amados", sino "amados míos". Una vez más, el corazón pastoral de Pablo sale a relucir; un corazón que siempre me impresiona y me humilla cada vez que yo veo cómo Pablo le escribe a esta gente, y cómo se siente tan cercano a ellos años después de haber pasado por allí. Cuando les escribe, les llama "amados", y no solamente se conforma con llamarles "amados", sino que quiere hacerlos sentir aún más cerca de su corazón y les llama "amados míos". Yo creo que podemos decir con toda certidumbre que Pablo no los está llamando de esta manera porque los está preparando para confrontarlos con la próxima verdad. No, no; esto es sincero. Pablo tiene una trayectoria de integridad. De hecho, en el capítulo 4 de esta carta, Pablo les llama "mi gozo y corona mía", de forma tal que él tiene un cariño entrañable por esta gente, y eso es lo que se ve aquí en lo que está escribiendo, sobre todo al hilo de las rencillas y divisiones que estaban ocurriendo.

Entonces luego les dice: "Tal como siempre habéis obedecido, no solo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia." Esta es una iglesia que, por lo demás, era obediente. Es una iglesia que supo obedecer a Pablo no solamente cuando los tuvo presentes, sino también en la ausencia de Pablo. Yo creo que podemos decir que cuando tú obedeces solamente cuando alguien está presente, quizá lo estás haciendo más por intimidación o quizás por hipocresía; pero esta no es ese tipo de iglesia. Esta gente supo obedecer a Pablo cuando él estuvo allí con ellos, y supo obedecer a Pablo cuando él salió de en medio de ellos. Y Pablo les está animando, les está exhortando, a que continúen obedeciendo. Les dice: "Tal como siempre habéis obedecido."

La palabra traducida como "obedecido" en el original es *hypakoúo* e implica someterte a la autoridad o a las enseñanzas de alguien o algo. En este caso, la iglesia se había sometido a las enseñanzas de Pablo, que en esencia no eran más que las verdades del Evangelio. Entonces Pablo les está ofreciendo a Cristo como el ejemplo supremo de obediencia, al cual ellos supieron seguir en un momento, y debieran seguir ahora que han comenzado a ocurrir estas desavenencias.

Nota realmente que este es el contexto del próximo mandato, la próxima ordenanza, que viene inmediatamente después de las palabras que yo escogí para mi texto de hoy. Escucha cuál es: "Hacer todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones." Para las murmuraciones, para las discusiones, tenemos un ejemplo de humillación; tenemos como garantía la exaltación; y ahora Pablo está diciendo: "Ocupaos en vuestra salvación", no en nuestras disensiones y murmuraciones, sino en vuestra salvación. Y luego entonces comienza a explicar, de una forma muy breve, cómo ocurre nuestro proceso de santificación.

Cuando hablamos de santificación, estamos hablando de madurez espiritual, del crecimiento en santidad que nosotros vamos alcanzando a lo largo de la vida. Antes de yo entrar en eso, quisiera en este momento —en el servicio anterior lo hice en la introducción, pero lo voy a hacer ahora— pedirles que de aquí en adelante pudieran estar bien alertas y afinar su atención, porque hay una serie de cosas que vamos a estar explicando que no van a ser complicadas, pero yo necesito seguirlas de principio a fin para poderlas entender.

Anthony Hoekema es uno de los autores del libro conocido como *Cinco puntos de vista acerca de la santificación*. En ese libro está el punto de vista wesleyano, el pentecostal, el de la Conferencia de Keswick —una conferencia acerca de santidad que se viene llevando a cabo todos los años desde 1875—, el punto de vista reformado y el punto de vista dispensacional. Hoekema representa el punto de vista reformado. Él dice en su exposición que nosotros necesitamos entender la diferencia entre lo que es la remoción de la culpa, que ocurre por el proceso de justificación en la cruz el día que Cristo murió por mis pecados —y la culpa es esa acusación que pesaba sobre mí que, de no ser removida, me enviaba al infierno—, y lo que es la contaminación o polución moral que permanece con nosotros: la contaminación moral que permanece en mi mente, mis pensamientos, mi corazón, mis motivaciones e intenciones. Eso es lo que el proceso de santificación va a ir produciendo a lo largo de toda mi vida.

Él define la santificación entonces como un proceso sobrenatural que Dios realiza en nosotros en el cual permanecemos activos, y nos dice que la pasividad no es propia de alguien que ha sido regenerado por el Espíritu Santo, sino que el que ha sido regenerado por el Espíritu Santo —como vamos a ver en las palabras de Pablo— tiene otra actitud. Notemos entonces cómo Pablo combina sus palabras: "Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es quien obra en vosotros, tanto el querer como el hacer, para su beneplácito."

La palabra "ocupaos" está en el presente imperativo, lo que implica que es algo que yo tengo que abrazar de por vida. No es algo que yo hago una vez y luego no lo hago, sino que esto es un estilo de vida que yo abrazo de tal forma que pueda caracterizar lo que es mi vida cristiana, porque mi llamado es a vivir una vida digna precisamente del llamado que Dios me ha hecho. Pablo no está hablando de ganarnos la salvación; esa no es la palabra que él usa, una salvación que no te puedes ganar porque no es por obras. Pablo no está hablando tampoco de conservar la salvación como algo que yo puedo perder. Pablo no nos está hablando de mejorar la salvación, porque eso es algo que Cristo ya completó en la cruz. Pablo tampoco nos está hablando de buscar la salvación, porque él no le está hablando a incrédulos; él está hablando a creyentes a quienes llama "amados míos".

Pablo está hablando de otra cosa, y precisamente esa es la pregunta: ¿de qué es que Pablo está hablando, que él conecta con la idea de que Dios obra en nosotros tanto el querer como el hacer? Yo voy a hacer algo que decía esta mañana que es antihermenéutico: voy a usar una ilustración antes de exponer el texto, porque a propósito quiero que cuando se haga la exposición del texto, esta quede tan clara como lo va a facilitar la ilustración.

Suponte que yo te regalo una casa y tú no tenías un solo centavo. Absolutamente nada; no tenías manera de adquirir una casa. Te regalo la casa y te la regalo incondicionalmente. Tú no hiciste nada para merecer la casa, y como te la regalé incondicionalmente, no hay nada que tú puedas hacer para perderla. Luego tú vienes donde mí y me preguntas: "¿Cómo tú hiciste eso?" Yo te digo: "Bueno, si te digo la verdad, para yo tener esa casa yo tuve que dar la vida de uno de mis hijos." Te entrego la casa. Tú dices: "¡Guau! ¿La vida de uno de tus hijos?" Y yo te voy a pedir que simplemente la mantengas en orden y limpia.

¿Qué es lo que es hermoso? Tú pensarías que yo tengo el derecho moral de pedirte eso, porque no solamente te la regalé, sino que yo he dado a mi hijo para entregarte una casa. Y yo creo que tú pensarías: "poco es que me está pidiendo, que me ocupe de mantenerla limpia y ordenada". ¿Qué es lo que había? Tú te mudas, y después de varios días la casa ha comenzado a acumular polvo y suciedad. Entonces bueno, pero yo tengo otro problema ahora.

En primer lugar, yo tengo una enfermedad debilitante que me impide cuidar de esta casa. En segundo lugar, yo no tengo un centavo para comprar una escoba, ni un suavizante, ni detergentes, y tú me has pedido que la mantenga ordenada y limpia. Yo no tengo cómo hacerlo. Yo me entero de tu condición. Es una ilustración nada más. Suponte que yo tenga la medicina que puedo inyectarte, y que de repente tú cobres la vitalidad para poder hacer lo que te pedí: que la mantuvieras en orden. Pero también, sabiendo que tú no tenías cómo hacerlo, yo te traje la escoba, y te traje el suavizante, y te traje los detergentes, y te traje los guantes, y te traje la escalera, y te traje las escobillas, y te traje las fregadoras, y te traje todo lo que tú necesitabas. ¿Cuál excusa tendrías para no tener la casa en orden y limpia?

Eso es más o menos lo que Pablo está tratando de comunicarnos en estas palabras. Recuerda que es una ilustración, y las ilustraciones siempre se quedan algo cortas de la realidad. Pero escucha otra vez las palabras de Pablo: "Ocupaos de vuestra salvación con temor y temblor." La palabra traducida como "ocupaos", lamentablemente en el español no nos da el sabor que nos da incluso en la traducción al inglés, ni siquiera el original. En el inglés dice: *Work out your salvation*. La forma de traducir eso al español es un poco difícil, pero yo voy a tratar en un segundo. Para que los que entienden el idioma inglés lo capten: yo no puedo *work out* algo si alguien no lo ha *worked in* primero, ¿cierto? Yo no puedo desplegar algo hacia afuera externamente, a menos que alguien lo haya puesto adentro de mí primero.

Pablo está diciendo —y yo creo que cuando tú revisas el lenguaje original, revisas el español, revisas el inglés, revisas múltiples traducciones del español y del inglés— yo creo que el sentir más bien de la frase es: *ejercitar vuestra salvación*. Ponerla de manifiesto, hacerla visible, hacerla, déjala ver. Y cuando tú la vayas a dejar ver externamente lo que ya Dios ha puesto internamente, cuídate de que lo hagas con temor y temblor. Esto es algo especial.

Pablo está diciendo: "Hermanos, si nos ocupamos de dejar ver nuestra salvación, aquello que Dios ha puesto adentro, si nos ocupamos en eso, estas murmuraciones, divisiones y rencillas van a parar." Tú tienes que darte cuenta de la obra que Dios ha hecho por ti en la cruz, y que continúa haciendo, de una manera que eso te mueva al sentido de: "¡Wow, lo que Dios ha hecho!" Y que tú puedas comenzar a vivir entonces esa salvación con temor y temblor. Cuando revisas esa frase en el Antiguo Testamento, te das cuenta de que era una frase usada frecuentemente para ese sentido de asombro por estar en la presencia de Dios.

La salvación que Dios ha traído a tu vida está apreciada, ha costado la vida del Hijo, es tan extraordinaria que, si la apreciaras, tú vivirías esa salvación hacia afuera, externamente, visiblemente. Y lo harías no como un peso, sino que lo harías como una reacción natural a lo que has entendido, y lo harías incluso con un sentido de humildad reverente. Yo creo que esa sería la mejor forma de decirlo: temor y temblor. Que es exactamente lo que Pablo ha comenzado a decirles en el versículo 3, cuando dice: "Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que cada uno considere al otro como superior a sí mismo, no buscando cada cual sus propios intereses, sino los intereses de los demás."

Esa es la humildad, y la reverencia viene porque tú has entendido lo que Cristo ha hecho en la cruz, lo que continúa haciendo en tu vida en el día de hoy. Y todavía no hemos llegado allí, pero por tanto, tú debieras y yo debiera vivir ocupado en mi salvación. A ver, escuchen. Pablo no lo deja ahí. Ese es un concepto importante que él nos ha traído, pero Pablo ahora me dice por qué yo debiera hacer eso. Pablo, de una forma práctica, me explica por qué yo debiera vivir ocupado en mi salvación con humildad reverente.

*"Porque"* es la palabra conectora. "Dios es quien obra en vosotros, tanto el querer como el hacer", la Nueva Versión Internacional dice: "para que se cumpla su buena voluntad." Dios es quien está operando en nosotros el querer y el hacer, con la intención de que su buena voluntad pueda ser llevada a cabo. Pero yo me doy cuenta de que, como en la ilustración de la casa, el día que él me entregó mi salvación sin su ayuda, yo no tenía cómo llegar a vivir esa vida de santidad que él me ha pedido que yo pueda vivir. Y por tanto, él me ha provisto, como en la ilustración de la casa, cada una de las cosas requeridas, antes de pedirme que yo viva una vida digna de mi llamado.

Dios ha hecho ese trabajo. Y entonces, ciertamente, separados de Él, nada podemos hacer. Separados de Él, yo no tengo la motivación para vivir la vida cristiana de esa manera. Yo no tengo la fuerza, yo no tengo la habilidad, yo no tengo la perseverancia, yo no tengo la determinación, yo no tengo la integridad para vivir esa vida. Y por tanto, cuando vemos a uno de los hijos de Dios no viviendo de una forma digna de su llamado —asumiendo que verdaderamente es hijo de Dios— sabemos que ha comenzado a alejarse de ese Dios, ya sea por rebelión, por esa evidencia, por falta de oración, por falta de lectura de la Palabra, o lo que tú quieras. Pero separados de Él, nada podemos hacer.

Pablo nos ayuda a ver esto aquí. Cuando dice que Él obra en nosotros tanto el querer como el hacer, en segundo lugar Pablo nos ayuda a ver que yo debiera vivir con un sentido de mayor agradecimiento, al entender que: "¡Guau, Dios! Me obra en mí primero, y luego obra no solamente el querer, sino también el hacer." Me capacita para que yo pueda vivir la vida a la cual Él me ha llamado. Todavía más motivo para vivir agradecido. Ocupaos en esa salvación con humildad reverente, por lo que has llegado a entender. Y ante eso, estas palabras me dejan ver que yo no tengo excusa para no ocuparme en mi salvación.

De la misma manera que el inquilino de esa casa que usé como ilustración no tenía ninguna excusa para no mantener la casa en orden, organizada y hermosa, nosotros no tenemos ninguna excusa. Dado el poder del Espíritu que vive en mí, dada la verdad que Dios me ha revelado, dada la salvación que me ha entregado, dadas cada una de las cosas que Dios ha hecho, no tengo excusa para no ocuparme de mi salvación de una manera que a Él le honra. La desobediencia implica que yo pudiera resistir este proceso, y la obediencia implica que hay algo que a mí me toca hacer. La desobediencia, como patrón de vida, implica hasta dónde puede llegar la resistencia del ser humano a ese trabajo que Dios viene haciendo para que se cumpla su buena voluntad.

Pero escúchenme. Dios ha provisto. Cuando Dios entendió que tú y yo necesitábamos a alguien que viviera una vida perfecta y cumpliera la ley, Dios lo proveyó. Cuando Dios entendió que yo necesitaba a alguien que muriera en mi lugar, Dios lo proveyó. Cuando Dios entendió que yo necesitaba a alguien que pudiera desarmar los poderes de las tinieblas, de tal manera que la iglesia pudiera vivir de una forma más libre, Dios lo proveyó. Cuando Dios entendió que necesitábamos de alguien que conquistara la muerte por nosotros, Dios lo hizo. Alguien que pudiera resucitar y, en su resurrección, darme esperanza de la mía propia: Dios lo hizo. Cuando Dios entendió que esta vida cristiana tiene que ser vivida —no puede ser vivida en la carne, sino que necesita poder sobrenatural para poder vivirse— Dios proveyó el Espíritu y lo puso dentro de mí para que pudiera serlo.

Cuando Dios vio que yo, en mi sabiduría, me desviaba continuamente y no podía mantener el camino, Dios me dio su sabiduría en su Palabra. Cuando Dios vio que yo necesitaba un modelo de vida que dejara huellas detrás de las cuales yo pudiera ir e imitar, Dios me lo dio en la persona de Jesús. Cuando Dios entendió que yo necesitaba advertencias para cuando me desviara del camino, me dio pastores, me dio maestros, me dio la voz de su Espíritu. Dios me ha dado cada cosa que yo necesito para vivir la vida que Él me ha entregado desde la cruz, y yo pueda vivir de una forma digna de su llamado. Eso es lo que Pablo nos está tratando de comunicar: ya tienes lo que necesitas. Y esa es la razón por la que Dios lo hace: para ver cumplida su buena voluntad.

"Pastor, ¿y las obras?" Yo sabía que esa pregunta venía. Pablo nunca se queda. En términos generales, hay dos grupos de obras: las buenas y las malas. Si están en la Palabra de Dios, claramente visible. Déjenme leer del texto de Efesios 2:8 al 10, para que puedan ver los dos tipos de obra.

"Porque por gracia sois salvados, por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios, no por obras." Ahí están las malas: no por obras de hombres, no por obras que tratan de llenar algo que no pueden llenar, porque no llegan a mi estándar; no por obras que lo que hacen es traer gloria al hombre; no por obras que el hombre ha escogido porque no le gusta el diseño de Dios de cómo es la salvación. Esas son las obras malas. "Para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer" —aquí vienen las buenas— "buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas." Este texto muestra con claridad cómo nosotros tenemos esas obras malas y estas obras buenas.

Las malas son malas porque las obras del hombre provienen de un corazón malvado, que busca su propia gloria y que no trata de seguir el camino de Dios. Y las buenas son buenas porque provienen de Dios, de la bondad de nuestro Dios, que Él las preparó de antemano, para que cuando Él me entregara salvación y continuara trabajando en mi santificación, yo pudiera ir y llenar esas obras para su beneplácito, para su buena voluntad. Y por eso las preparó de antemano. ¿Te das cuenta cómo Dios sigue trabajando en nosotros? Dios trabaja y entonces yo puedo trabajar. Es como el abanico: el abanico da vueltas, pero depende de una planta eléctrica. Si la planta eléctrica no está, el abanico no puede funcionar. Yo soy como ese abanico y Dios es como la planta eléctrica, si tú pudieras pensar en eso.

El apóstol Pablo aquí les dice "ocupaos", que según los expertos del idioma original está en plural, y por tanto el imperativo es primero a los filipenses como comunidad: "Paren esto que está ocurriendo, y ocupaos vosotros, filipenses —y los viences que están aquí también— en vuestra salvación con temor y temblor." Pero obviamente tiene que tener una aplicación personal, porque si algo va a llegar a ser parte de la comunidad, tiene que ser parte del individuo primero. De manera que ocúpate de tu salvación con temor y temblor. Olvídate del otro; eso va a contribuir a que Dios pueda libremente hacer su trabajo sin que yo necesite criticarlo o murmurarlo, y ustedes no estarían en este tejemaneje. Básicamente eso es lo que Pablo les está diciendo.

Y no tenemos excusa para no ocuparnos de la salvación como es debido. MacArthur lo dice de esta manera: "El creyente no tiene excusa para no experimentar santificación progresiva." Porque aquí vienen sus palabras: nunca se encontrará sin el ejemplo de Cristo, y nunca se encontrará sin el poder del Espíritu de Dios. Debido a que Dios lo provee —provee el ejemplo, provee el Espíritu, provee el poder, provee la sabiduría—, entonces él no tiene excusa.

La palabra "ocupaos" no solamente está en el plural sino que está en el imperativo; es una orden. Pero ese imperativo está directamente relacionado con las próximas palabras de Pablo: "porque Dios es quien obra en vosotros así el querer como el hacer." Voy a hacer un paréntesis aquí para poder explicar algunas cosas que lo puedan entender. Cuando tú revisas el Nuevo Testamento, en esencia los autores usaron tres modos verbales: el indicativo, el imperativo y el subjuntivo. "Yo estoy cruzando la calle" es el indicativo. "Cruza la calle" sería el imperativo. "Yo podría cruzar la calle" es el subjuntivo.

Pastorito, esta elección de gramática, ¿qué viene hoy? Si estás seguro de que se está predicando la Palabra, dame un segundo, porque si no fuera importante no estaría gastando tiempo en esto. Yo te lo voy a simplificar: esos tres modos en dos. En cuanto a la santificación, el Nuevo Testamento básicamente usa dos modos verbales: el indicativo y el imperativo. El indicativo siempre tiene que ver con lo que Dios ha hecho, está haciendo o va a hacer. Y el imperativo siempre tiene que ver con lo que a mí me toca hacer.

Y hay algo más, y es que en todos los casos el imperativo —lo voy a ilustrar con esto— está siempre relacionado y colgando del indicativo. En otras palabras, lo que a mí me toca hacer depende de lo que Dios ha hecho primero. Dios nunca me pide que yo haga algo que Él no me haya capacitado primero, desde la obra de la cruz a través de todo lo demás que Él continúa haciendo en mi vida y por mi vida. Si Dios no hubiese obrado las primeras cosas, yo no podría hacer las segundas cosas.

Por tanto, Pablo está diciendo "ocupaos" —ese es el imperativo—, pero te estoy diciendo que la razón por la que tú puedes ocuparte y debes ocuparte en tu salvación es porque Dios es quien está obrando —ese es el indicativo—, tanto el querer como el hacer. No solamente te da la capacidad de hacerlo; Dios te da el deseo para que lo hagas.

Y ahora entonces comienzo a entender mejor. Déjame darte una ilustración más. Suponte que tienes un accidente y quedas imposibilitado de moverte. Suponte que yo sea cirujano, que no lo soy. Yo tengo la capacidad de operarte, te opero, te pongo un yeso, te doy terapia física. Había días de terapia en que tú no querías venir; yo iba a tu casa, te motivaba, te levantaba, te guiaba. Comenzaste a caminar. Pero luego me entero de que, después que te reintegraste al trabajo, había días en que tú no querías ir al trabajo, no querías caminar, no te sentías motivado. Suponte que yo fuera a tu casa, te levantara, te motivara, e incluso me fuera a trabajar contigo. Y que tres años después, cuando alguien te pregunta, tú digas: "Bueno, en realidad yo estoy como estoy ahora por el esfuerzo que yo he hecho." ¿Qué pensarías?

Bueno, de esa misma manera, Dios nos ha salvado, nos ha capacitado, nos ha motivado, nos ha dirigido, nos acompaña continuamente en el camino, nos motiva, nos empuja, crea el deseo en mi interior para luego yo ir a vivirlo en el exterior, para que yo pueda desplegar mi salvación. Y todavía nosotros nos quejamos de cuán difícil es la vida que Dios nos ha llamado a vivir. Si Dios me dice "ocupaos en vuestra salvación", eso está basado en lo que Él ha hecho primero, para decirme que yo pueda hacer esto. El indicativo de aquello que Dios ha hecho y está haciendo siempre depende de la obra de la cruz, de la obra del Espíritu que mora en nosotros, y de la Palabra de Dios en nuestras mentes y en nuestros corazones.

Déjame darte un par de ilustraciones más. Pablo les dice a los corintios en 2 Corintios 7:1: "Por tanto, amados..." Siempre me llama la atención cuando Pablo llama "amados" a los corintios, porque era una congregación difícil. Pero era una congregación dentro de la cual había hijos de Dios, y por eso Pablo les llama "amados", igual que a los filipenses. "Teniendo estas promesas" —eso es lo que Dios ha hecho, nos ha prometido y nos ha garantizado—, "teniendo estas promesas", escucha ahora el imperativo: "limpiémonos de toda inmundicia de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios."

Las promesas de Dios equivalen a lo que serían mis indicativos, a lo que Dios ha hecho y que está prometido y que es cierto. Y ahora entonces yo necesito limpiarme, yo necesito alejarme de toda tentación, de toda mala compañía, de toda mala influencia, de toda corrupción moral —volviendo a aquella polución moral de que hablamos a su momento—. Yo necesito alejarme de todo eso, de tal forma que el trabajo que Dios está haciendo en mí, por su buena voluntad, pueda tener un mejor beneficio en lo que es mi vida de santificación. Y de ahí que Pablo les diga a los corintios: "Limpiémonos de toda inmundicia de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad" —ahí está la santificación— "en el temor de Dios."

"Pastor, pero no entiendo bien. Usted habla de 'limpiémonos'; a veces lo oigo decir que uno tiene que arrepentirse, pero luego lo oigo decir que Dios es quien da el arrepentimiento. ¿Cómo es la cosa? ¿Es Dios quien da el arrepentimiento, o soy yo quien tiene que arrepentirse?" Déjame hacerte una pregunta. Alejémonos un momento de la revelación de la Palabra para reflexionar nada más. Humanamente hablando, ¿tú creerías que un hombre puede llegar a ser Dios? No. ¿Tú creerías que Dios puede convertirse en hombre? No. Pero en la persona de Jesús, Dios se hizo hombre y el hombre era Dios. Eso es una paradoja, y la creemos. ¿Sabe por qué la creemos? Simplemente porque la Palabra lo revela; no hay ninguna otra razón.

Dios es quien da el arrepentimiento, y yo tengo que arrepentirme. ¿Cuál de las dos? Ambas cosas, porque la Palabra habla de ambas cosas. Si no lo entiendes, déjalo ahí, porque eso es lo que la Palabra revela. Dios sabe dónde esas dos cosas se juntan.

La obra de Dios hace posible que yo pueda obedecer. Escucha lo que Pablo les dice a los romanos en 12:1-2: "Os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, agradable y santo a nuestro Dios." Pero fíjate cómo Pablo comienza: "Os ruego por las misericordias de Dios" —ese es el indicativo— que "presentéis vuestro cuerpo como sacrificio vivo y santo". La razón por la que yo puedo obedecer presentando mi cuerpo a Dios es precisamente por todas las misericordias de Dios que Pablo describió desde el capítulo 1 hasta el capítulo 11 de Romanos, que me capacitaron ahora para poder presentar mi cuerpo a Dios.

La verdad detrás de todo esto es que la motivación la provee Dios, porque Él obra en mí tanto el querer como el hacer. La capacidad la provee Dios, y luego Dios me pide —habiéndome capacitado— que yo vaya y le obedezca, porque ahora Él ha hecho la obra que Él tenía que hacer.

Mira cómo Agustín lo entendió y lo explicó. Te voy a dar tres de sus frases. Primera: "Señor, ordena lo que tú quieras, pero concédeme lo que ordenas." Ordena lo que tú quieres, pero concédeme lo que ordenas. Señor, tú puedes ordenarme que yo haga cualquier cosa, pero yo no puedo hacerla. Dame lo que tú estás ordenando. Si tú entiendes eso, va a cambiar radicalmente la manera como vas a orar a través de tu proceso de santificación. Es precisamente el Evangelio el que provee la motivación para yo ir donde Dios y decirle: "Dios, esto que está en mi mente, que fue parte de mi vida, yo no lo quiero. Yo necesito que tú lo hagas; yo te pido que tú lo remuevas de mí."

Mira otra frase de Agustín: "Nuestras obras son nuestras, porque nuestras voluntades —ahora libres en la salvación— las han producido; pero son también de Dios, porque fue su gracia la que causó que nuestras voluntades las pudieran hacer." ¿Me entienden? Nuestras obras son nuestras, claro, porque yo las hice; pero son de Dios porque, a fin de cuentas, fue su gracia la que causó que mi voluntad las pudiera hacer en primer lugar.

Todavía en otra ocasión, Agustín dijo: "Dios causa que hagamos lo que a él le place, al hacernos desear lo que de otra manera no desearíamos." Y tú puedes ver entonces de qué forma ciertamente Dios está causando en nosotros tanto el querer como el hacer. Si tú entiendes eso, entonces ciertamente tienes mayor motivación para ocuparte en tu salvación con temor y temblor, porque vas a vivir mucho más. De una obra que es completamente de Dios, desde la Cruz hasta el día de hoy, el Espíritu obrando en ti, produciendo un deseo en ti que de otra manera no tendrías.

Pastor, ¿y qué es eso? ¿Qué es eso? No entiendo todavía. Algunos de nosotros somos un poquito más lentos que otros. "No entiendo la ley, la obedezco, no la obedezco, es necesario." Bueno, a menos que sea... No entiendo; si no fuera por la gracia, no creeríamos eso. Si no creemos que tenemos que obedecer la ley, entonces no vamos ni siquiera a prestar atención a los diez mandamientos.

Pero lo que Pablo nos está ayudando a entender es que el Espíritu de Dios que nos salva, nos regenera, viene y mora en nosotros, nos da sabiduría, nos da entendimiento. Nos da entendimiento, causa en nosotros el deseo de querer obedecer la ley. Y, por tanto, solamente personas salvadas por gracia —no por obras, para que nadie se gloríe—, llenas del Espíritu Santo, podrían ir a obedecer la ley de Dios, no motivadas por miedo a la condenación, sino por amor a su nombre. "Si me amáis, obedeced mis mandamientos."

¿Tú entendiste lo que yo he estado tratando de explicar? Cristo vivió en mi lugar, murió en mi lugar, obedeció en mi lugar, pagó en mi lugar. Resucitó para garantizar mis promesas. No solamente resucitó y garantizó mis promesas, sino que también entendió que yo no podía vivir la vida a la que me había llamado si Él no me capacitaba; y me dio su Espíritu para que yo pudiera precisamente amarle y obedecerle. Me llenó con su Espíritu, me colocó en un cuerpo, me da convicción de pecado para que yo pueda arrepentirme y vivir mi vida.

Cuando le pido perdón, me dice que ya lo había otorgado desde la Cruz. Cuando voy a obedecerle y fallo en mi obediencia, la diferencia entre mi obediencia imperfecta y la obediencia perfecta que Dios requiere, la llena Cristo cuando fue a la Cruz. ¿Tú entendiste lo que Dios ha hecho por nosotros? Él ha comenzado la obra, Él mantiene la obra, Él terminará la obra. Él es quien nos motiva, Él es quien opera en nosotros el creer, opera en nosotros el hacer, y todavía nosotros no tenemos suficiente agradecimiento para tratar de amarle y seguirle de una mejor manera.

Ocupaos de vuestra salvación con temor y temblor, porque es Dios quien opera en vosotros tanto el querer como el hacer, para su buena voluntad. ¿Te das cuenta? ¿Te das cuenta de lo que Pablo nos está diciendo? ¿Te das cuenta de lo vital que es este texto para mi vida diaria, cotidiana? ¿Lo importante que es este texto para la vida de los filipenses? ¿Cambiaría esto tu vida?

¡Demos gracias a Dios!

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.