Integridad y Sabiduria
Sermones

Nehemías, un hombre de justicia social

Miguel Núñez 31 mayo, 2009

Nehemías 5 confronta una realidad incómoda: judíos oprimiendo a judíos. Mientras se reconstruían las murallas de Jerusalén, el pueblo clamaba porque sus propios hermanos los estaban esclavizando. Algunos no tenían comida, otros habían empeñado sus campos y casas, y un tercer grupo había tomado préstamos con tasas de usura de hasta el setenta y cinco por ciento solo para pagar impuestos. El resultado era devastador: hijas e hijos vendidos como esclavos, familias despojadas de todo, sin posibilidad de recuperarse.

La reacción de Nehemías fue de ira santa. Convocó una asamblea pública, puso a los poderosos frente al pueblo y los confrontó directamente. Les recordó que ellos mismos habían rescatado a hermanos judíos de la esclavitud en otras naciones, y ahora los estaban esclavizando de nuevo. Les preguntó si acaso habían olvidado los setenta años en Babilonia, las consecuencias que ya habían sufrido por su injusticia. Nehemías no pidió un plan gradual; exigió restitución ese mismo día: campos, viñedos, casas y parte del dinero cobrado debían ser devueltos inmediatamente.

El texto revela que Dios pesa su ley mirando cómo practicamos la justicia, cómo amamos la misericordia y si caminamos con humildad. No basta con actuar misericordiosamente; Dios demanda que amemos la misericordia. El pastor Núñez ilustró esto recordando cómo su padre separaba comida de cada plato familiar para dársela a quienes venían a pedir, enseñándole que quien tiene aseguradas tres comidas puede compartir con quien quizás no volverá a comer ese día. El llamado es claro: los hijos de Dios deben ser íconos de su carácter justo y misericordioso ante un mundo que observa.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Con eso, yo quiero que nos llamó a la Palabra de Dios, capítulo 5 del libro de Nehemías. Vamos a leer los primeros 15 versículos, vamos a detenernos y el resto de los versículos los ponemos a lo largo del camino.

Comenzando en el versículo 1: "Hubo un gran clamor del pueblo y de sus mujeres contra sus hermanos judíos. Había quienes decían: nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas somos muchos; por tanto, dennos trigo para que comamos y vivamos. Había otros que decían: nosotros tenemos que empeñar nuestros campos, nuestras viñas y nuestras casas para conseguir grano a causa del hambre. También había otros que decían: hemos pedido dinero prestado para el impuesto del rey sobre nuestros campos y nuestras viñas. Ahora bien, nuestra carne es como la carne de nuestros hermanos, y nuestros hijos como sus hijos. Sin embargo, aquí estamos obligando a nuestros hijos y a nuestras hijas a que sean esclavos, y algunas de nuestras hijas ya están sometidas a servidumbre, y no podemos hacer nada porque nuestros campos y nuestras viñas pertenecen a otros."

"Entonces me enojé en gran manera cuando oí su clamor y estas palabras. Se reveló mi corazón dentro de mí, contendí con los nobles y con los oficiales y les dije: ¿Estáis cobrando usura cada uno a su hermano? Y congregué contra ellos una gran asamblea. Y les dije: nosotros, conforme a nuestras posibilidades, hemos redimido a nuestros hermanos judíos que fueron vendidos a las naciones; ¿y ahora vosotros venderéis a nuestros hermanos para que sean vendidos a nosotros? Entonces se quedaron callados y no hallaron respuesta."

"Y agregué: no está bien lo que hacéis. ¿No debéis andar en el temor de nuestro Dios a causa del oprobio de las naciones enemigas nuestras? También yo, y mis hermanos y mis siervos, les hemos prestado dinero y grano. Dejemos, pues, que abandonemos esta usura. Os ruego que hoy mismo les devolváis sus campos, sus viñas, sus olivares y sus casas. También la centésima parte del dinero y del grano, del mosto y del aceite que estáis exigiendo de ellos."

"Entonces ellos dijeron: lo devolveremos y no les exigiremos nada. Haremos tal como has dicho. Y llamé a los sacerdotes y les hice jurar que harían conforme a esta promesa. También sacudí los pliegues de mi manto y dije: así sacuda Dios de su casa y de sus bienes a todo hombre que no cumpla esta promesa. Así sea sacudido y despojado. Y toda la asamblea dijo: amén. Y alabaron al Señor. Entonces el pueblo hizo conforme a esta promesa."

"Además, desde el día en que el rey me mandó que fuera gobernador en la tierra de Judá, desde el año 20 hasta el año 32 del rey Artajerjes, doce años, ni yo ni mis hermanos hemos comido del pan del gobernador. Pero los gobernadores anteriores que me precedieron gravaban al pueblo y tomaban de ellos 40 siclos de plata, además del pan y del vino. También sus siervos oprimían al pueblo. Pero yo no hice así a causa del temor de Dios."

Padre, gracias te damos por Tu Palabra, la convicción que ella produce, los cambios que causa en nosotros. Permite que Tu Palabra en el día de hoy no regrese vacía. Que Tú puedas escudriñar los corazones, penetrar las mentes, abrir los oídos, quebrar las voluntades y ayudarnos a entender nuestra responsabilidad de justicia social ante los demás. Lo pedimos en Tu nombre, amén.

Este capítulo de Nehemías es interesante porque trata de un tema que raramente es discutido ni expuesto dentro de lo que es el pueblo de Dios. Es algo que olvidamos. Y eso que olvidamos es nuestra responsabilidad ante el mundo que nos rodea, donde nosotros debemos contribuir a que haya justicia social. La reacción de Nehemías nos permite ver cómo Dios siente con relación a las injusticias sociales, y cómo debiéramos nosotros sentir.

Una de las cosas que yo quiero volver a recordarles a la iglesia es que cuando Dios creó al hombre, lo creó a su imagen y semejanza. La palabra "imagen" es la palabra "ícono"; en español sería el equivalente a esa palabra. De manera que cuando Dios hizo al hombre y a la mujer, nos hizo como ícono de quién Él es. Y en todos los ámbitos en que nosotros nos movemos, tenemos la responsabilidad de representar esa imagen. Por tanto, si el carácter de Dios es justo y santo, Dios espera que cuando su pueblo se mueva en esta sociedad, ellos puedan reflejar su justicia, su misericordia y su santidad ante el mundo.

Es un tema que quizás no aparece en cada libro de la Biblia, pero aparece con frecuencia en múltiples libros de la Biblia de diferentes maneras. La Ley de Moisés, el Pentateuco, tiene múltiples referencias a estas cosas, a estas justicias sociales que Dios espera que nosotros tengamos ante los demás.

Éxodo 22, a partir del versículo 21 —el libro del Éxodo, que cubre apenas el primer año de los cuarenta años en el desierto— ya al principio Dios comenzó a decirle a su pueblo: "Al extranjero no maltratarás ni oprimirás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. A la viuda y al huérfano no afligiréis. Si los afligís, si claman a mí, ciertamente yo escucharé su clamor y se encenderá mi ira, y os mataré a espada, y vuestras mujeres quedarán viudas y vuestros hijos huérfanos. Si prestas dinero a mi pueblo, a los pobres entre vosotros, no serás usurero con él ni le cobrarás intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque es su único abrigo, es el vestido para su cuerpo; ¿en qué otra cosa dormirá? Y será que cuando él clame a mí, yo le oiré, porque soy clemente."

En este texto Dios nos deja ver la obligación que tenemos no solamente con el hermano —en este caso con el creyente—, sino aun con el extranjero, y luego con el huérfano, con la viuda, con el débil, con el menospreciado, con aquellos que están en pobreza. Y Dios promete que si ellos claman a Él por la injusticia que están sufriendo, Él se compromete a responder su clamor, y no lo va a dejar sin cobrar. La próxima generación, nuestros hijos y nuestras hijas, pagará las consecuencias.

Y quizás parte de la injusticia que hemos sufrido en ocasiones es simplemente el reflejo, el pago de las consecuencias por haber sido tan injustos con otros. Con la misma vara que mides, de esa misma forma se te medirá. Y quizás parte de lo que pagamos en la injusticia que otros cometen contra nosotros es precisamente el sentido de la justicia: como yo he estado viviendo, con poca misericordia, siempre midiendo con un rasero "justo" de las cosas, y en otros casos —y en muchos casos— con un sentido injusto, que es todavía peor.

Pero Dios dice: cuando él clame, yo voy a responder. No porque sea bueno, no porque se lo merezca, sino porque yo soy clemente, yo soy benevolente, porque yo soy bueno, porque soy un Dios de misericordia, un Dios de gracia. Mi misericordia, mi bondad, necesitan ser reflejadas de manera mandatoria en su pueblo. Y si hay algo que yo sé de la Palabra de Dios, si hay algo que yo sé de su creación, es que Dios nos creó precisamente para su honor y su gloria, y eso implica que lo que yo haga, lo que yo diga, lo que yo trabaje, de alguna manera tiene que reflejar su imagen. Y su imagen y su carácter implican gracia, misericordia, benevolencia, bondad y un sentido justo de equidad, que no haya prejuicios ni opresión contra el otro.

Los profetas del Antiguo Testamento hablaron de eso. Miqueas habló de su amor, habló de su misericordia. Isaías habló de lo mismo. Y quizás la denuncia más severa vino de Amós, el profeta de la justicia social, el profeta que dice en Amós 2:6-7: "Así dice el Señor: por tres transgresiones de Israel y por cuatro, no revocaré su castigo, porque venden al justo por dinero y al necesitado por un par de sandalias. Los que pisotean en el polvo de la tierra la cabeza de los desvalidos, también tuercen el camino de los humildes."

En el Antiguo Testamento había los oráculos de maldición y los oráculos de bendición. Los oráculos de maldición son los que comienzan frecuentemente con un "¡Ay!", "¡Ay de vosotros!", "Woe to you." Los oráculos de bendición frecuentemente comenzaban con un "Bienaventurado", o con "En verdad, en verdad os digo", como Cristo vino a decir posteriormente. Pero en esta ocasión, cuando tú lees el libro de Amós, hay varias veces que Dios pronuncia un oráculo de maldición, un "¡Ay de vosotros!", precisamente por las transgresiones que han cometido. Amós en una ocasión denuncia a las ricas de Samaria y les llama "vacas de Basán que oprimen a los pobres." Y ese es Dios hablando; es Dios en su corazón sensible, en su corazón ardiendo contra la injusticia.

Yo quiero hablar de todo esto a manera de introducción, porque de esto se trata este capítulo de Nehemías: de las injusticias, de las consecuencias, de lo que se espera que el pueblo haga cuando se arrepiente de lo que ha hecho, qué es lo que Dios demanda a la hora del perdón, a la hora del arrepentimiento.

Y parte de eso es lo que nosotros vamos a ver en el día de hoy en este quinto capítulo de Nehemías. El primer versículo comienza diciendo: "Y hubo un gran clamor del pueblo y de sus mujeres contra sus hermanos judíos." La palabra traducida al español como "clamor" es la misma palabra que aparece en el capítulo 2 del libro del Éxodo cuando habla de que el Señor oyó el clamor del pueblo precisamente por la opresión de la esclavitud en la nación de Egipto. De tal manera que parece ser que la opresión, el caos y la dificultad en estos momentos era comparable a lo que había pasado en la nación de Egipto, donde los egipcios esclavizaron a los israelitas, excepto que en esta ocasión son judíos oprimiendo a judíos.

Y tú tienes varios grupos aquí que son identificados por separado con diferentes quejas, que probablemente reflejan diferentes niveles de dificultad económica o de pobreza.

El primer grupo está hablando de que no tiene comida, no tiene trigo suficiente para comer. Este grupo no tiene posesiones, no tiene nada, no tiene dinero; de hecho, no tiene ni siquiera comida. Esa es el primer grupo que mencionamos, en los versículos 1 y 2.

Para un segundo grupo, mencionado en el versículo 3, donde dice: "Había otros que decían: nosotros tenemos que empeñar nuestros campos, nuestras viñas y nuestras casas para conseguir grano a causa del hambre." Este grupo tiene hambre también, pero tenía algunas posesiones, tenía algunas casas, tenía algún terreno. Pero todas esas posesiones fueron empeñadas y ahora tampoco tienen posesiones. Lo que están haciendo es conseguir comida por las posesiones que tenían, de tal manera que su nivel de pobreza se ha ido agravando. El segundo grupo, que tenía un poco más que el primero, se va uniendo, se va acercando, como ocurre en todos los procesos de desigualdad social: los ricos terminan más ricos y los pobres terminan más pobres, y eso es lo que nosotros estamos viendo en este momento en la nación de Israel.

Y había todavía un tercer grupo, un tercer grupo que todavía le quedaban sus propiedades, todavía no las habían cedido, no habían empeñado. Pero ese grupo ya había tenido que tomar préstamos para pagar los impuestos sobre la propiedad. El impuesto que usted paga sobre su casa, su apartamento, o sobre una oficina, por ser una propiedad suya, no es una idea nueva. El emperador Artajerjes había gravado todas las propiedades de tal manera que si tú tenías un campo, una finquita, un viñedo, una casa, tenías que pagar impuesto por eso. Este grupo todavía no ha perdido su casa, pero ha tenido que coger dinero prestado para poder pagar los impuestos.

Y eso aparece en el versículo 4, donde dice: "También había otros que decían: hemos pedido dinero prestado para el impuesto del rey sobre nuestros campos y nuestras viñas." Lo que empeoraba la situación era el hecho de que en la antigüedad la tasa de interés por esos préstamos usualmente oscilaba entre un 51 y un 75%. Algo enorme, una usura monumental. Pero peor aún cuando es el pueblo judío el que está cobrando esta usura al pueblo judío, y de eso es lo que este texto nos está hablando.

Ahora tú tienes los grupos identificados. Al primero le falta comida. El segundo acaba de empeñar sus propiedades para conseguir comida y ya no tiene nada. Y el tercer grupo le quedan sus propiedades, pero ha incurrido en préstamos gravosos que no podían pagar —y no es un "quizás", no podían pagar el préstamo—, porque esa es la próxima queja, la próxima explicación: lo que estaba ocurriendo precisamente porque no podían pagar estos préstamos a esta tasa de interés.

Versículo 5: "Nuestra carne es como la carne de nuestros hermanos, y nuestros hijos como sus hijos; sin embargo, estamos sometiendo a nuestros hijos y a nuestras hijas a que sean esclavos, y alguna de nuestras hijas ya están sometidas a servidumbre, y no podemos hacer nada porque nuestros campos y nuestras viñas pertenecen a otros." En la antigüedad ocurría lo siguiente: si yo incurría en un préstamo y no lo podía pagar, la manera de pagarlo era tomando a mis hijos y a mis hijas, esclavizándolos y quedándoselos el otro como esclavos para que trabajaran hasta que el préstamo fuera pagado. A veces por meses, a veces por años, y aún en algunos casos yo mismo, el padre, la madre, teníamos que pasar a ser esclavos para poder pagar esos préstamos.

Eso es lo que está ocurriendo aquí, y le están diciendo a Nehemías: "Nehemías, tenemos una situación grave porque algunos de nuestros hijos e hijas ya pasaron a la esclavitud. Pero sabes qué, Nehemías, los campos que teníamos los arrendamos, los empeñamos, los vendimos; no tenemos con qué comprarlos de nuevo, de tal manera que ellos permanecerán como esclavos por quién sabe cuánto tiempo." Ese es el clamor que Nehemías está escuchando, ese es el clamor que Dios está escuchando y que Dios va a responder.

Tenemos que recordar que, a pesar de que Esdras fue enviado por Dios a restaurar la vida espiritual del pueblo, Nehemías fue enviado a restaurar las ciudades y las murallas. No hay manera de que yo pueda restaurar la vida espiritual de mi persona, de mi familia, de mi nación, en medio de injusticias sociales que Dios no pasa por alto, que Dios juzga, nos saca cuentas y nos hace pagar por ellas. Yo creo que nosotros tenemos que recordar eso esta mañana.

La Palabra de Dios nos recuerda, el Espíritu Santo hablando a través de Juan —ahora no es el pastor Núñez quejándose, es el Espíritu Santo quejándose—: tú no puedes decirme que amas a Dios cuando no amas al prójimo. De tal manera que hay dos conclusiones rápidas: cuando tú no amas al prójimo y dices que amas a Dios, tú estás mintiendo, la Palabra te hace mentiroso. Y número dos, si verdaderamente amas a Dios, no hay forma de que no ames al prójimo, no hay forma de que no sientas por él, no hay forma de que no quieras ser misericordioso, no hay forma de que no quieras ser bondadoso; el Espíritu de Dios revela eso.

Y eso no es nuevo, eso no es solo del Nuevo Testamento, porque es el mismo Dios bondadoso y justo de siempre, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Oye cómo el profeta Miqueas lo dice en 6:8: "Él te ha declarado, oh hombre..." Yo creo que ese "oh hombre" tiene un significado importante. Él no simplemente dice; él pudo haberlo inspirado de otra manera, pero hace una pausa: "Él te ha declarado, oh hombre", está llamando la atención, "lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti?" Escúchenme, yo te voy a resumir, de acuerdo a Dios, la esencia de la vida cristiana en tres cosas, nada más. Dios dice esto: "Solo practicar la justicia, amar la misericordia y andar humildemente con tu Dios." Resumen de toda tu vida cristiana.

Ahora, escucha cómo Dios lo dice: esto es lo que Él, oh hombre, demanda. No sugiere, no recomienda: demanda. Y lo demandado implica que cuando no lo cumplas, te lo voy a sacar en cuenta.

Ya Moisés le dijo: "Cuando te lo saque en cuenta, te lo voy a sacar en cuenta en tus hijos y en tus hijas incluso, para que aprendas a no hacerles a los hijos y a las hijas de los demás." Dios demanda que hagamos su justicia en todos los ámbitos, que no haya un trato desigual, que no seamos injustos, que amemos la misericordia.

Oye lo que Dios dice: no dice que obres misericordiosamente. Es fácil obrar misericordiosamente. Otra cosa es amar la misericordia. Viene alguien a pedirte y dices: "Está bien, toma, ve." Yo obré misericordiosamente porque yo no tenía que hacerlo, pero mi actitud revela que yo no amo la misericordia en lo más mínimo. Dios dice: "Yo no te estoy demandando que actúes con misericordia; yo te estoy demandando que ames la misericordia, porque eso me representa a mí, y tú eres mi ícono, tú eres mi imagen, y cuando el otro te ve a ti, en gran manera me está viendo a mí, que moro en ti."

A manera de ilustración —que frecuentemente no me gusta hacer— para ilustrar lo que implica amar la misericordia, yo vi ese ejemplo en mi padre. Cuando todos los días había que cocinar extra para alimentar personas que venían a comer al mediodía, y si por casualidad eso se olvidaba, al momento de estar sentado él separaba, cogía un plato y de cada uno de nosotros sacaba comida para hacer un plato para aquellos que venían a pedir comida. Yo, a mis ocho años, cuando me quejaba, escuchaba las palabras: "Tú comiste esta mañana, tú vas a comer ahora, tú vas a comer esta noche. La persona a la que le vamos a dar esto probablemente ni comió esta mañana ni vuelva a comer esta noche, de manera que tú debes estar contento de que él va a comer ahora de tu plato." Eso es amar la misericordia, y eso es lo que Dios nos pide.

Y andar humildemente con tu Dios. La razón por la que la humildad está ahí es que muchas veces el orgullo y el pretender que "yo lo hice, yo me gané esto, esto es por mis méritos" son lo que muchas veces no nos permiten amar la misericordia. La vida que se nos ha dado no está tan complicada; es bien resumida. La complicamos nosotros con nuestros orgullos, nuestra forma de pensar y nuestro sentido de justicia, que muchas veces solamente queremos ajusticiar al otro, pero todo el tiempo le pedimos a Dios que nos vea con ojos de misericordia.

Practicar la justicia. Cuando Dios dice el requisito número uno: "Practica la justicia", no implica cumplir con la ley de los hombres; los incrédulos pueden hacer eso. Dios implica que tú tienes que ir más allá y cumplir con la ley moral. La ley dominicana pudiera no querer darle ciudadanía a los haitianos; eso es una injusticia cuando han nacido en nuestro país. Porque ese dominicano, cuando nace en Estados Unidos, ¿cuál era su ciudadanía? Aunque la ley dominicana lo establezca, es inmoral delante de los ojos de Dios, y Dios no lo va a dejar pasar; va a sacar cuentas por injustos, porque queremos tratar al haitiano de una manera y que a nosotros nos traten de otra manera cuando llegamos a Estados Unidos. El clamor de Dios no va a pasar desapercibido.

¿Y qué si ese Dios ha querido que entren nuestros hermanos de allá para acá, para que encuentren salvación en nuestro país y salgan del vudú? ¿Tú tienes problema con eso? La tierra y toda su plenitud es de Dios, y Él hace lo que quiere con su mundo y tiene ese derecho. Él está pendiente de lo que está ocurriendo.

"Si tomas en prenda el manto de tu prójimo —le prestaste algo, te dijo 'déjame tu manto como garantía'— se lo devolverás antes de que se ponga el sol, porque su único abrigo es el vestido para su cuerpo; ¿en qué otra cosa dormirá?" Tú sabes bien lo que esto significa para nosotros: le prestaste en nuestro sistema monetario, le prestaste cien pesos y le dijiste que sí, pero le pediste el abrigo por si acaso. Cuando él se vaya a dormir, devuélveselo. ¿Te haya pagado o no? Él tiene un solo abrigo, quizás, y en eso va a dormir; devuélveselo de su lado.

Y Levítico 19:13 habla de que al jornalero —la persona que trabaja por ajuste, un día doscientos cincuenta pesos, trescientos pesos en nuestro sistema económico— ese salario no se lo retendrás toda la noche. En otras palabras, no le puedes decir "te pago mañana". Eres un abusador cuando se lo retienes. Tú lo contrataste por un día, él terminó su día; al final del día tú le pagas su día. "Porque él ha trabajado y es pobre, necesita su dinero, y yo estoy en el cielo para hacerte rendir cuentas."

Eso no es simplemente Antiguo Testamento, ni el Dios de la ley, ni el Dios de la severidad. No, no, no. El Nuevo Testamento es el mismo Dios. Mira lo que Dios le dice a los fariseos y a los escribas, que se conocían en la ley, que la podían recitar, que ayunaban dos veces por semana. Cuando yo terminé de hacer todo de su diezmo lo que creció... te lo voy a resumir en el lenguaje de Miguel, como castellano más sencillo; el resumen de lo que voy a leer son estos versículos, y ese es el resumen:

"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley." Importa si tú sabes la ley, si tú la conoces, si tú te la sabes; cuando tú violas los preceptos —escúchame— los preceptos de más peso de la ley. ¿Cuáles son los preceptos de más peso de la ley? Escucha: la justicia, la misericordia y la fidelidad. Tú quieres saber cómo yo peso mi ley: yo miro cómo tú haces justicia, yo miro cómo tú haces misericordia y amas la misericordia, y yo miro si eres fiel o no. Esas son las cosas de más peso de la ley. "Estas son las cosas que debíais haber hecho sin descuidar aquellas —aquellas también—, pero estas no las puedes dejar de hacer, porque el que ama a Dios verdaderamente ama la misericordia, practica la justicia y camina en humildad de corazón con su Dios."

La palabra *mishpat* es la palabra "justicia" en este contexto en el hebreo, e implica la protección del débil contra el poderoso, su protección y la garantía de un sistema judicial que funcione bien. ¿Te das cuenta cuánto *mishpat* falta en esta nación? Que falte del incrédulo lo entendemos; lo que no podemos entender es cuando falta del creyente. Que incrédulos y creyentes sean tratados injustamente por hijos de Dios, cuando elevan su clamor —aun cuando ellos no sean buenos en conducta— Dios va a oír el clamor. ¿Por qué les viene violencia? A veces parece que no entendemos cómo cometemos estos abusos, pero Dios se irrita, al igual que a mí me irrita.

Cuando tú te paras en un semáforo, bajas tu vidrio, y alguien ofrece un aguacate por diez pesos —un cojito con dos muletas; no sé si cuesta diez pesos, pero lo voy a ilustrar— y tú le pides que te lo rebaje a ocho pesos, y luego llegas a tu casa contento porque conseguiste que te rebajaran dos pesos a un cojo: ese clamor llega a los cielos. Y Dios mira para abajo y ve ese abusador. ¿No viste de quién te aprovechaste? ¿Qué te va a hacer con dos pesos, con diez o con veinte?

¿Tienes un trabajador y lo despides? "¿Ah, la ley no me pide que yo le dé liquidación?" ¿Desde cuándo tú trabajas para los hombres? Tú no eres el ícono de la ley de este país; tú eres el ícono de Dios. ¿Con qué va a comer la próxima semana? Si la ley de este país no la protege, Dios la protege, y Dios demanda que nosotros la protejamos también. Vergüenza debiera darnos cuando no representamos a Dios correctamente.

Nehemías se irritó. Se enfrentó a los poderosos, a los fuertes. Nehemías vio que esto atentaba contra la estabilidad de la nación. Esta desigualdad social que ha producido tantas convulsiones en Latinoamérica, y revoluciones que han terminado en algunos casos en comunismo, no es más que producto de la desigualdad social. Nehemías dijo: "Esto no se puede permitir. Esto atenta contra la estabilidad de la nación y atenta contra la vida espiritual de la nación."

"Entonces me enojé en gran manera cuando oí su clamor y estas palabras; y reflexioné en mi corazón, y reprendí a los nobles y a los oficiales, y les dije: '¿Estáis cobrando usura cada uno a su hermano?' Y congrequé contra ellos una gran asamblea." Este lenguaje es fuerte aquí: en gran manera, se encendió mi corazón, contendí con ellos. ¿Con quiénes? Con los nobles y los oficiales; no con los débiles, con los poderosos contendí. Y fue y les dijo: "¿Estáis cobrando usura?" Y congregué contra ellos una gran asamblea. Nehemías toma al pueblo, lo pone en un lugar, pone a los nobles en un lugar, a los oficiales en otro lugar, los congrega contra ellos, y delante de toda la asamblea los confronta y les dijo: "¡Ustedes son unos usureros!" Nehemías, una vez más, se crece como líder, confronta lo mal hecho, confronta la injusticia, confronta a los poderosos.

Y los poderosos se quedaron sin respuesta. Nehemías lo dice: "Nosotros, conforme a nuestras posibilidades, hemos redimido a nuestros hermanos judíos que fueron vendidos a las naciones, ¿y ahora vosotros vendéis a vuestros hermanos para que sean vendidos a nosotros?" Entonces quedaron callados y no hallaron respuesta. Y agregué: "¿No está bien lo que hacéis? ¿No debéis andar en el temor de nuestro Dios, a causa del oprobio de las naciones enemigas nuestras?"

Nehemías toma a los poderosos, a los nobles, a los oficiales; no en privado, sino públicamente. Todo el pueblo sabe lo que está ocurriendo. No podemos ir en privado; hay que hablarles delante del pueblo, de tal manera que el pueblo sepa que esto está siendo confrontado y corregido, y que ellos sean testigos de la corrección.

Y Nehemías les dice: "Yo no entiendo: cuando nosotros venimos de Persia, cuando llegamos aquí, había hermanos judíos que estaban como esclavos de otras naciones. Nosotros hicimos el esfuerzo, conseguimos dinero, los compramos; y después de sacarlos de la esclavitud, ahora nosotros hemos vuelto a hacerlos esclavos, pero de nosotros los judíos." Así es la carne.

La carne se atreve a condenar en el otro lo que ella misma hace en nosotros, y muchas veces el pecado que yo cometo es el que más fácil identifico en el otro, porque yo sé cómo luce, yo sé cómo funciona, yo sé cómo se manifiesta, excepto que yo no lo veo en mí. Pero yo sé cómo funciona, y tan pronto lo veo en el otro, lo condeno en el otro, cuando yo mismo me estoy comportando de la misma manera. Nosotros tratamos muchas veces de una manera, y hablamos y respondemos de una manera que no la vemos, pero cuando el otro nos responde de esa manera, ¿quién eres? Eso es la carne. Los esclavos se los quitamos a las naciones extranjeras para tenerlos nosotros; se lo estaban haciendo ellos, porque así es la carne: no quiere que el otro tenga lo que ella quiere tener. Tú no lo puedes tener, pero yo sí. Y eso es precisamente lo que Nehemías está confrontando en esta ocasión.

Y nos dice: ¿Cómo es posible que hayamos comprado a los hermanos y ahora estamos esclavizándolos nosotros? E incluso les dice: "¿No debéis andar en el temor de nuestro Dios a causa de lo que nos han hecho las naciones enemigas?" ¿Qué es lo que Nehemías les está diciendo? ¿Se les olvidó cómo las naciones extranjeras nos han oprimido por causa de la justicia de Dios contra nosotros? ¿No recuerdan que tuvimos 400 años en Egipto precisamente por la iniquidad del pueblo? ¿No recuerdan lo que ocurrió en el desierto? ¿No se acuerdan que tuvimos 70 años en Babilonia? ¿No se acuerdan que antes de eso el emperador de Asiria se llevó a las diez tribus del norte? ¿No se acuerdan cómo hemos estado todo ese tiempo, oprimidos por naciones extranjeras como consecuencia de nuestras acciones? Debieran tener temor de Dios por la disciplina que hemos pasado.

Si esa disciplina no los ha cambiado, no ha doblado su voluntad, no ha convertido su corazón, nada lo va a hacer. Y eso ocurre en nuestras vidas, ¿verdad? Que Dios nos pasa por esta disciplina, por esta dificultad, y si esas cosas no han doblegado mi voluntad, no me han hecho humilde, no me han hecho manso, nada lo va a hacer. Que si el desierto no pudo conmigo, nada puede conmigo. Hay desierto, es obvio que hay desierto. Y no sé si usted ha pasado, pero hay desierto: el Sahara, desiertos espirituales, desiertos de diferente tamaño y diferente nombre.

Y Nehemías les recuerda que debieran mantener temor de las consecuencias del Señor. El versículo 10 dice: "También yo y mis hermanos y mis siervos le hemos prestado dinero y grano. Os ruego, pues, que abandonemos esta usura." Algunos han tomado esto para decir que parece que Nehemías también había prestado dinero con usura, porque habla en plural aquí y dice: "Os ruego, pues, que abandonemos esta usura." Pero el contexto, la manera como Nehemías se presenta en este texto, yo creo que dista mucho de esa idea.

El hecho de que hable en plural no implica que él sea culpable de eso, porque Nehemías siempre ha hablado en plural. Recuerden cómo él oraba: "Yo y la casa de mi padre hemos pecado contra ti." Él no fue llevado a Babilonia, él no había cometido los pecados que habían hecho pagar con 70 años en Babilonia, pero él habla de "yo y nosotros todos hemos pecado, hemos obrado perversamente." Y sin embargo, él no era el causante de eso. De esta misma forma, él pudiera estar hablando de una manera comunitaria cuando dice: "Paremos, abandonemos esta usura."

Yo creo que lo que Nehemías está diciendo es algo todo lo opuesto. Es decir: "Yo sé lo que es prestar dinero, yo sé lo que es dar grano, porque yo he prestado dinero y grano; yo sé lo que es eso, yo sé lo que es no cobrar usura, yo sé lo que es no cobrar. Pero si ustedes necesitan, ahora mismo sigan mi ejemplo; yo lo he modelado, yo les he enseñado cómo se debe ser." Pero ahora Nehemías los está llamando, no solamente a que se arrepientan, sino que les está diciendo: hay que hacer más que arrepentirse, hay que hacer restitución. "Os ruego que hoy mismo les devolváis sus campos, sus viñas, sus olivares y sus casas, también la centésima parte del dinero y del grano, del mosto —el mosto es el zumo de la uva— y del aceite que estáis exigiendo de ellos."

¿Te acuerdas cómo hablamos de que cuando Nehemías oraba a Dios, le hablaba de "hoy mismo", de "ahora, que estén atentos tus oídos"? Su sentido de urgencia, su sentido del tiempo, de que ahora cuenta para siempre; aquí lo ves otra vez. No dice: "Os ruego que hagáis un plan para ver cómo pueden devolver los campos, los viñedos, las casas." No, no, no. "Os ruego que hoy mismo les devolváis sus campos, sus viñas, sus olivares y sus casas, y la centésima parte del dinero y del grano y del mosto y del aceite." Todo eso que ustedes han estado cobrando, devuelvan parte de eso. Hoy, que comience hoy mismo, que pare esta injusticia hoy. Que de no ser así vamos a cosechar consecuencias otra vez.

Nosotros no sabemos si parte de las consecuencias que hemos pasado —económicas, en nuestros trabajos, en nuestros despidos, en nuestras empresas— tienen que ver con lo que yo le he hecho a otros: a mi trabajador, a la gente de la calle, o con lo que yo siento por el extranjero, por el haitiano. Nosotros no sabemos, porque Dios no está escribiendo la historia con nuestras vidas de manera visible, pero es posible que yo simplemente estoy cosechando fruto y consecuencia de injusticia que yo he cometido en pensamiento, en obras, en palabras o en actitudes.

Nehemías había reprendido a los poderosos, los había confrontado con dureza, y ellos se arrepintieron. Ellos pudieron haberse rebelado contra Nehemías; eran los príncipes y los oficiales, tenían poder, tenían dinero. Sin embargo, no lo hicieron, porque cuando Dios comienza a hablar y su Espíritu se comienza a mover y Él comienza a usar su Palabra, eso comienza a dar una convicción de pecado ante la cual nadie se puede resistir. En Nínive, los ninivitas —ni las vacas de los ninivitas— hasta ellas se arrepintieron.

Oye lo que el pueblo dijo: la asamblea, los oficiales, los nobles, los poderosos. "Los devolveremos y no les exigiremos nada. Haremos tal como has dicho." Y él llamó a los sacerdotes e hizo jurar a todos que harían conforme a esta promesa. En esa ocasión los sacerdotes eran los guardianes de los juramentos. Los juramentos en aquella ocasión no eran como los juramentos ahora, que la gente los vacía como si no los hubiera hecho; no sé ni para qué los hacen. Porque firman un contrato e imagínense un juramento verbal: "Yo dije eso... tengo alzhéimer... será que yo no me acuerdo." Pero en aquella ocasión era diferente, y sobre todo cuando se traía testigos de peso y se los entregaba a los guardianes de los juramentos.

Entonces en Nínive —aquí en Jerusalén— se está tratando de decir: "Aquí lo vamos a firmar, pero lo vamos a jurar delante de los sacerdotes; ellos serán testigos de lo que ustedes hoy se comprometen a hacer." De esa manera, Nehemías había ganado el respeto, la autoridad; vuelve y crece como líder, vuelve y le reconocen su autoridad, y la gente estuvo dispuesta a devolver aquellas cosas que realmente habían tomado. Y lo hizo jurar frente a los sacerdotes.

"También sacudí los pliegues de mi manto." Era una costumbre, una manera de convidar al otro, de reprender al otro y de hacerlo partícipe del juramento. "Así sacuda Dios de su casa y de sus bienes a todo hombre que no cumpla esta promesa. Así sea sacudido y despojado." Esta acción simbólica, muy típica del Antiguo Testamento, significaba: de esa manera que Dios sacuda tu casa, sacuda tu familia si tú no cumples con lo que estás diciendo hoy. Esa acción tenía mucho peso; la gente entendía que esto era delante de Dios que se estaba comprometiendo.

Y toda la asamblea dijo: "¡Amén!" Ahora es tan poderoso, porque no solamente dijeron que sí, sino que dijeron "amén", alabaron al Señor, y el pueblo hizo conforme a esta promesa. No fue que lo prometieron nada más; lo hicieron. El pueblo hizo conforme a esta promesa: cumplieron su voto.

Y ellos recordaban las palabras de Moisés, recordaban la ley de Moisés, donde habla específicamente de que cuando tú hagas un voto al Señor, cuídate de cumplirlo. Mira cómo lo dice en Deuteronomio 23:21-23: "Cuando hagas un voto al Señor tu Dios, no tardarás en pagarlo, porque el Señor tu Dios ciertamente te lo reclamará y sería pecado en ti. Sin embargo, si te abstienes de hacer un voto, no sería pecado en ti. Lo que salga de tus labios cuidarás de cumplirlo, tal como voluntariamente has hecho voto al Señor tu Dios, lo cual has prometido con tu boca." Cuando tú haces un voto, el día de tu voto queda delante de Dios. Aunque no sea un voto formal, pero existe un compromiso delante de Dios: lo que salió de tus labios, cuídate, porque tú lo vas a cumplir. Tú has dado tu palabra y Dios te va a sacar cuentas por la palabra que tú has dado.

Porque tú te identificas como su hijo, y sus hijos tienen que representarlo a Él. Y Dios nunca ha faltado a su promesa ni a su palabra; Él espera que tú, que lo representas, no faltes a la tuya. Por eso, de tal manera que su imagen no quede manchada.

Nehemías revela algo aquí que es extraordinario de su liderazgo, pero que al mismo tiempo nos ayuda a entender que realmente no pudo haber sido partícipe de lo que estaban cobrando con usura. Porque Nehemías dice que por doce años, del año 20 hasta el año 32 del rey Artajerjes —lo cual es increíble, porque Nehemías, como copero del rey, le había dicho a Artajerjes que tenía que ir a Jerusalén a resolver un problema de unas murallas que el reino conocía. ¿Y se aparece doce años después? "Yo vengo ahora", y viene doce años después—, Nehemías dice: "Durante esos doce años yo no cobré mi salario."

Mira cómo lo dice: "Además, desde el día en que se me mandó que fuera gobernador de la tierra de Judá, desde el año 20 hasta el año 32 del rey Artajerjes, 12 años, ni yo ni mis hermanos hemos comido del pan del gobernador. Pero los gobernadores anteriores que me precedieron gravaban al pueblo y tomaban de ellos 40 siclos de plata, además del pan y del vino. También sus sirvientes oprimían al pueblo, pero yo no hice así a causa del temor de Dios."

La expresión "el pan del gobernador" era una expresión para hablar del salario del gobernador. Él dice: "Por 12 años yo no tomé del pan del salario del gobernador." La manera como se hacía era que los gobernadores tenían la potestad, el derecho, de que sus salarios salieran de un impuesto que ellos le imponían a la gente. Entonces, ese impuesto que ellos determinaban lo tenían con completa libertad, de modo que se eximían a sí mismos de pagarlo de su propio bolsillo, y muchos gobernadores se hicieron millonarios precisamente a base de ese impuesto.

Él dice: "Es más, no solamente yo, sino que mis hombres tampoco han cobrado del dinero del pan del gobernador." Pero el texto pregunta: ¿por qué? Dice: "Los gobernadores anteriores también gravaban al pueblo, tomaban de ellos 40 siclos de plata, además del pan y del vino. También sus sirvientes," no solo el mal del gobernador, hasta los sirvientes lo hacían, "oprimían al pueblo." Dice: "Pero yo no hice así." ¿Pero a causa de qué? A causa del temor de Dios.

Amigos, eso es lo que hace falta en el pueblo de Dios: más temor de Dios. ¿Y qué es eso, el temor de Dios? Yo creo que es una combinación de cosas. Por un lado, esa reverencia a la santidad de Dios implica eso; por otro lado, es el sentido de rendición. Yo creo que implica el respeto a Su ley santa. Yo creo que abarca eso, pero yo creo que abarca algo que nosotros no queremos hablar en la iglesia de hoy en día.

Porque como el Señor es todo gracia, todo amor, toda misericordia, toda bondad, cuando hablamos de que hay un temor santo que hay que tenerle a la disciplina de Dios, ay no, no, no, al Señor no se le teme. Bueno, pues teme las consecuencias entonces. Teme algo, porque cuando tú le pierdes el temor a Dios, le pierdes el temor al pecado, y cuando tú le pierdes el temor al pecado, tú te desenfrenas. Entonces hay un temor santo que hay que tener a las consecuencias de Dios, que a veces son muy largas y, de cierto, muy severas. La Biblia está ahí para explicarlo y dejarnos un legado acerca de eso.

Y Nehemías fue más allá. Al igual que Pablo, que no cobró su salario, Nehemías dice en el versículo 17: "Y había a mi mesa 150 judíos y oficiales, sin contar los que vinieron a nosotros de las naciones que nos rodeaban." Hasta el extranjero venía a la mesa del gobernador a comer todos los días. Todos los días había que matar un buey, versículo 18, seis ovejas y aves.

El texto dice "para mí", pero no era para la persona de Nehemías, sino para la mesa del gobernador, donde vendrían más de 150 personas a comer todos los días. Y eso no son judíos solamente, sino personas que han venido de otras naciones y que hoy son extranjeros. Eso refleja el corazón de Dios, el carácter de Dios: benevolente, proveedor. Y con todo esto, no reclamé el pan del gobernador.

En otras palabras, aunque me estaba gastando dinero en comida, aunque estaba dando todo esto, aún así no cobré lo que me tocaba. Evidentemente él vino con dinero suficiente, con riqueza suficiente de parte de Artajerjes. Y dice Nehemías: "¿Por qué había de ser pesada la servidumbre sobre este pueblo? Si yo puedo de alguna manera aliviar su carga, yo quiero contribuir no cobrando mi salario, y de esa manera contribuyo a aligerar un poco la servidumbre, y que se use mi salario en la comida de estos individuos que vienen a comer a mi mesa todos los días."

Y él termina este texto diciendo: "Acuérdate de mí, Dios mío, para bien, conforme a todo lo que he hecho por este pueblo." Yo no creo que Nehemías está diciendo: "Acuérdate de mí porque yo he hecho tanto bien, tantas obras buenas, acuérdate de mi mérito." Yo no creo que es eso. Yo creo que es más bien que Nehemías, conociendo que él ha actuado con buenas intenciones, con una intención de misericordia de ayudar a su pueblo, le está diciendo a Dios: "Ten misericordia de mí también. Acuérdate de que he actuado, hasta donde mi conciencia me lo permite, bien, con una conciencia santa y una intención santa para favorecer a mi pueblo. Ten misericordia de mí; acuérdate de mí, Dios mío."

Pero tú tienes que estar muy seguro de lo que has hecho, de las intenciones, para ir donde Dios y decir: "Acuérdate de mí conforme a lo que yo he hecho." Porque si lo que yo he hecho no ha sido hecho bien, tú le estás pidiendo a Dios no gracia ni misericordia, sino justicia: "Acuérdate de mí de acuerdo a lo malo que he hecho." Nehemías dice: "Acuérdate de mí de acuerdo al bien que yo he hecho." Él tenía que estar muy seguro de que había actuado con libertad de conciencia, con limpieza de conciencia, con una intención, hasta donde él podía ver, santa y pura delante de Dios.

---

*Integridad y Sabiduría* es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la difusión de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. En esta página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos con integridad y sabiduría.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.