Integridad y Sabiduria
Sermones

Lo que Dios inicia, Él termina

Miguel Núñez 1 enero, 2012

Lo que Dios inicia, Él lo termina. Esta es la certeza que sostuvo al apóstol Pablo y que debería sostener a todo creyente. En Filipenses 1:6, Pablo expresa estar absolutamente convencido de que el que comenzó la buena obra en los filipenses la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús. Esa convicción no surgió de la nada: fue el resultado de experimentar la fidelidad de Dios a lo largo de los años, en provisión cuando había escasez, en previsión cuando venían pruebas, en providencia cuando los eventos parecían caóticos. Pablo fue abandonado por colaboradores, rechazado por su propio pueblo, encarcelado injustamente, y aun así permaneció confiado. Su seguridad nunca estuvo en sí mismo ni en otros hombres, sino únicamente en Dios.

La obra que Dios comenzó no arrancó en Filipos ni en nuestra conversión, sino en la eternidad pasada, cuando Él nos eligió antes de la fundación del mundo. Dios nos amó cuando no existíamos, nos persiguió cuando huíamos de Él, y nos atrapó en sus redes de gracia. Como ilustró un pastor de campo: nuestra parte fue correr alejándonos de Dios a toda velocidad; la parte de Dios fue alcanzarnos y salvarnos.

Esa buena obra es nuestra transformación progresiva a la imagen de Cristo. Dios es el agente primario de nuestra santificación, y su poder infinito nos guarda hasta el día final. Nada puede separarnos de su amor: ni caídas, ni fracasos, ni circunstancias dolorosas. Todo eso Él lo redime y lo hace cooperar para bien. Por eso, cuando caigamos, debemos levantarnos y seguir corriendo, sabiendo que Dios no ha detenido su obra en nosotros.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Filipenses 1:6 es el título de mi mensaje: "Porque Dios inicia, Él siempre termina." Cuando lo leamos en unos segundos, usted recordará inmediatamente de qué se trata, porque es uno de los versículos más conocidos. Yo quiero limitarme en el día de hoy a este solo versículo, porque yo creo que hay mucho que Pablo quiere decirnos, transmitirnos en pocas palabras.

Pero para no sacar el versículo del contexto, y para aquellos de nuevo que quizás su memoria no les ayuda, yo quiero leer desde el versículo 3 hasta el 6, recordando que solamente vamos a exponer el versículo 6. Estoy leyendo entonces de Filipenses capítulo 1: "Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros, por vuestra participación en el Evangelio desde el primer día hasta ahora." Aquí viene: "Estando convencido precisamente de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús."

Pablo comienza a hablar de cómo él da gracias a Dios en cada una de sus oraciones, cada vez que los filipenses vienen a su mente, o cada vez que Dios trae a los filipenses a su mente. Él da gracias a Dios por estos amados hermanos, pero no solamente nos revela el espíritu de gratitud y la gracia que él da a Dios por ellos, sino que también nos revela cómo lo hace. Nos dice que lo hace con gozo, y nos dice a la vez las razones de ese gozo.

Nos da básicamente dos razones. La primera tiene que ver con la participación o el compañerismo de los filipenses en la expansión del Evangelio que Pablo está predicando. Pablo tenía mucho que agradecer a esta iglesia. Esta iglesia participó con él en la expansión del Evangelio en oración. Participó con él en la expansión del Evangelio en sufrimiento. Participó con Pablo de manera en asuntos financieros y económicos. Cuando Pablo no tenía sustento, en más de una ocasión, esta iglesia pobre se volcó de arriba abajo para enviarle a Pablo, quizás lo que no tenía, para ayudarle a que él continuara expandiendo el Evangelio de Jesucristo.

Por tanto, él está sumamente agradecido de esta iglesia, y ese testimonio hablaba muy bien de ellos. Hablaba muy bien del amor de ellos por Dios. Hablaba muy bien del amor de ellos por la causa de Cristo. Hablaba muy bien del amor de ellos por el apóstol Pablo como misionero del Evangelio, y Pablo está expresando esa alegría por los filipenses desde el inicio.

La segunda razón que Pablo da del gozo que él siente cuando ellos vienen a su mente y cuando él ora, es precisamente lo que el texto de hoy nos deja ver. Pablo está gozoso porque está convencido, tiene la certidumbre de que el trabajo que Dios comenzó en ellos hace aproximadamente diez años atrás, a orillas de un río con Lidia, ese trabajo, Dios era fiel en completarlo. Por tanto, Pablo está gozoso de ellos cuando piensa de esa manera.

Eso nos ayuda a nosotros a pensar cómo debiéramos cambiar nuestra manera de pensar en hermanos de otras congregaciones donde hemos estado o no hemos estado. Debiéramos pensar que, independientemente de quiénes sean, si son hermanos, Dios está haciendo una obra en ellos y Él lo ha determinado. Podemos entonces regocijarnos en eso, y muchas veces simplemente relajarnos en esa realidad.

Con eso, yo quisiera contestar, en el tiempo que nos queda, seis preguntas; algunas respuestas serán más largas que otras. Comencemos preguntándonos qué convenció a Pablo. Él dice que está convencido; había un momento en que quizás no lo estaba, pero ya lo está. En segundo lugar, preguntémonos quién comenzó la obra en los filipenses, que también la comenzó en nosotros. En tercer lugar, ¿cuál fue esa obra iniciada? En cuarto lugar, ¿cuál es esa buena obra? Quinto, ¿a qué se refiere Pablo cuando habla de que esa obra que fue comenzada será perfeccionada? Y finalmente, en número seis, ¿cuál es el día de Cristo Jesús al que Pablo alude?

Comencemos con la primera pregunta: ¿qué convenció a Pablo? Pablo estaba absolutamente convencido de que el trabajo que Dios comenzó —pensemos en la aplicación inmediata en la iglesia de Filipos— a pesar de las presiones externas de que hablamos en los mensajes anteriores, a pesar de las evidencias internas de divisiones y de disensiones que también mencionamos, a pesar de todo eso, él está convencido de que nada ha de parar, cambiar o alterar el trabajo que Dios comenzó en ellos. Por tanto, él se siente tranquilo.

Pablo ha experimentado a Dios de una manera extraordinaria. La forma en que ha experimentado la fidelidad de Dios a lo largo de los años, en diferentes momentos, en diferentes ocasiones, en diferentes circunstancias y en todo tipo de lugar, es la forma como experimentó esa fidelidad de Dios a lo largo de todos los años, lo que lo tiene absolutamente convencido de que Dios terminará su trabajo. Ese convencimiento es importante, porque muchas veces lo que el creyente, el hijo de Dios, experimenta durante su vivencia de la fe no es confianza ni sosiego, sino inseguridad e incertidumbre. Y no hay manera de que yo pueda sentirme seguro y gozoso en medio del temor. El temor es uno de los grandes ladrones del gozo del cristiano.

Pablo no experimenta ese temor, y por tanto él está convencido y confiado. Convencido, confiado. Nosotros necesitamos ambas cosas, como el apóstol Pablo supo experimentarlo al final del camino. Cuando nosotros experimentamos mucha de nuestra falta de gozo y seguimos eso hasta la raíz del problema, muchas veces lo que está faltando es una confianza absoluta en la soberanía de Dios, que está orquestando los eventos de mi vida. Y por tanto, como no tengo esa confianza, tampoco puedo tener la seguridad, y como no puedo tener la seguridad, no puedo tener el gozo. Ese no es el caso del apóstol Pablo.

Este es un hombre que vivió confiado. Donde no hay confianza, no hay seguridad. Si hay algo que caracteriza a la carta a los Filipenses, es la expresión de gozo y las veces que Pablo dice estar convencido o confiado. Escúchalo ahora. En 1:6, el texto de hoy: "Estando convencido precisamente de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús." En 1:14, él dice que "la mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tiene mucho más valor para hablar la palabra de Dios sin temor." En 1:25, él dice: "Y convencido de esto, sé que permaneceré y continuaré con todos vosotros para vuestro progreso y gozo en la fe." Y en 2:24: "Y confío en el Señor que también yo mismo iré pronto."

¡Escúchalo! 1:6, estando convencido. 1:14, confiando en el Señor. 1:25, y convencido de esto. 2:24, y confío en el Señor. Una y otra vez, Pablo es un hombre confiado; pero él es un hombre confiado porque es un hombre seguro, y es un hombre seguro porque ha puesto su vida, su futuro, su presente y su pasado en las manos de Aquel que comenzó una buena obra y de quien tiene la certidumbre de que nunca la detendrá hasta que él haya entrado en gloria.

Nuestro Dios es un Dios de revelación, y por tanto Él ha revelado suficiente en su Palabra para que yo pueda confiar el resto del camino. Cuando a mí me falta confianza, no es porque me falte revelación; está aquí. Lo que me falta es fe en lo revelado, seguridad acerca de lo revelado. Eso es lo que a Pablo no le faltó. Nuestra inseguridad es un obstáculo para que nosotros podamos depositar nuestra confianza en Dios, creyendo que Dios ha de orquestar los eventos de la vida a mi favor, aun cuando no luzcan de esa manera.

Pablo es un hombre de gozo, pero su gozo era el resultado de su confianza en Dios, nunca en el hombre, nunca en sí mismo, sino siempre en Dios. Parte del problema nuestro es cuando depositamos nuestra confianza en el otro hombre o en mí mismo, y vivimos así. Cuando tú lees la carta a los Filipenses, y aun en el texto de hoy, tú podrás apreciar que en ninguna ocasión Pablo puso su confianza en sí mismo: nunca en el hombre, siempre en Dios.

Pablo supo ser abandonado en ocasiones por algunos de sus más cercanos colaboradores, como fue Demas, que se fue al mundo. En ocasiones Pablo fue rechazado por sus compatriotas; sus propios hermanos judíos lo rechazaron, lo persiguieron, lo encarcelaron y lo acusaron falsamente, y él, confiado. Otras veces Pablo fue decepcionado por Marcos, que lo abandona en Panfilia y en quien él no tiene confianza o seguridad para un segundo viaje misionero. En otra ocasión, muy posteriormente, fue sorprendido por un Pedro que no se atrevía a comer con gentiles, y Pablo le llama hipócrita en medio de toda la congregación.

Esto fue una gran sorpresa para Pablo, y sin embargo Pablo continuó haciendo, continuó siendo todo el tiempo, a pesar de Demas, a pesar de Marcos, a pesar de Pedro. Él continuó siendo un hombre seguro, confiado, con gozo, porque sabía en quién había depositado su confianza: no en él, no en los demás, sino en Dios. "Estando convencido precisamente de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús."

Es un hombre convencido de múltiples maneras y llegó a ser un hombre convencido por múltiples razones. Cuando tú estudias su vida, las vas descubriendo una a una. La provisión de Dios para Pablo en los momentos de mayores carencias —"sé vivir en la abundancia y en la escasez"— en esos momentos de escasez, Dios le mostró que iglesias como la de Filipos, iglesias pobres, fueron capaces de desprenderse de lo suyo para enviárselo. La provisión de Dios en su vida lo convenció.

La previsión de Dios: como en aquel momento cuando Pablo va hacia Jerusalén y el Espíritu de Dios le habla, Cristo le habla y le dice: "Te esperan cadenas y prisiones." Pero Dios le estaba preparando. Como Dios le preparó para cada una de las circunstancias que él enfrentaría, la provisión de Dios, la previsión de Dios, lo tenía convencido. La providencia de Dios en la orquestación de todos los acontecimientos de su vida para llevarlo hasta donde él tenía que llegar.

Y Pablo escucha, ¿verdad? Cuando Cristo le llama, él encuentra camino a Damasco, que él sería un hombre que estaría dando testimonio delante de reyes y príncipes. Y tú encuentras a Pablo delante de Félix, delante de Festo, luego ante Agripa; ahí va Pablo para el César. De tal manera que la providencia de Dios, orquestando los eventos de la vida de Pablo, lo tenían completamente persuadido. La provisión, la previsión, la providencia de Dios lo persuadieron. Y para él era un hombre convencido.

Convencido por la fidelidad de Dios para el pueblo judío, a pesar de cientos de años de infidelidad, Dios permaneció fiel a su promesa. Pablo estaba convencido por el amor de Dios que nos dio a su Hijo cuando éramos sus enemigos. Nosotros pudiéramos entender entregar a su Hijo por alguien que tuviera la misma altura y dignidad de su Hijo, para entregarse como novia, pero entregarle a su Hijo como novia una iglesia que le ha sido tan infiel... eso convenció a Pablo. Pablo estaba convencido por el poder de Dios que levantó a Cristo de entre los muertos.

Él estuvo convencido por la gracia de Dios que lo encontró camino a Damasco, cuando él estaba persiguiendo a la novia de su Hijo. Cristo lo encuentra en su gracia, le da vida y lo hace parte de la iglesia que él perseguía. Date cuenta de qué es lo que tenía a Pablo convencido, persuadido. Pablo estaba convencido por la historia del Calvario, donde la misericordia de Dios perdonó al pecador de su pecado. Pablo estaba convencido del trabajo que Dios había hecho en su vida, donde lo convirtió, donde lo llevó de ser perseguidor a ser predicador.

Pablo estuvo convencido por la soberanía de Dios que hace cooperar todas las cosas para bien, para aquellos que aman a Dios y han sido llamados conforme a su propósito. Escúchame: todas las cosas incluyen tus caídas y tus pecados. ¿Tú quieres mejor garantía que Dios, el Dios de lo alto, diga: "¿Sabes qué, hijo? Este no es un estímulo para que caigas, esto no es un estímulo para que peques." ¿No? Este es un estímulo para que cuando hayas caído, te levantes y puedas continuar. Tus peores errores, tus peores caídas y tus peores pecados, Yo los voy a hacer cooperar para bien si tú eres parte de aquellos que han sido llamados conforme a mi propósito.

Si eso no es motivación suficiente para amar a Dios, obedecer a Dios y correr hacia Dios, yo no sé qué te va a motivar. Y Pablo, por eso es que dice: "Yo estoy convencido." ¿Cómo no voy a estar convencido de un Dios que me promete que la negación de Pedro va a cooperar para bien? Yo estoy convencido de que lo que Él comienza, Él siempre termina, y la mejor evidencia de que lo va a terminar es que Él lo comenzó. Y eso es lo que le está tratando de comunicar a los filipenses.

Nosotros no somos así. Nosotros no podemos dar garantía de que lo que comenzamos terminamos. De hecho, si la historia se escribiera de muchos de nosotros, habría más evidencia de que lo que comenzamos no terminamos que de lo opuesto. Porque nosotros somos dados a las desilusiones, a las decepciones, nos cansamos. "¿Y por qué tú no seguiste ahí?" "Ay, me habitual deseo... no tenía ganas." "Bueno, yo quería, pero se me acabaron los recursos." "Bueno, fue que yo no pensé, pero esto me salió mucho más difícil de lo que yo pensaba."

Pero Dios no es así. Nunca le han faltado recursos. Nunca se ha cansado. Nunca se ha desilusionado. Nunca se ha decepcionado. Nunca a Dios le ha faltado la forma de hacer las cosas. Y nunca Dios ha sido sorprendido para que Él pudiera decir: "Lo dejé a mitad, porque yo no sabía que Miguel iba a hacer eso en tal año, en tal día." No. Yo orquesté todo el pasado de Miguel sabiendo que tal año, tal día, él haría eso, y yo, a partir de ahí, orquesté todo su futuro y lo haré cooperar para el fin para el cual yo le creé en primer lugar.

¿Tú entiendes de qué clase de Dios es que está hablando? Dios no es como nosotros: cansado, desilusionado, decepcionado, falto de recursos. No, no, no, no. Eso nunca ha sido el caso con Dios. Dios nunca se ha cansado. Nunca le ha faltado motivación. Nunca le ha faltado fortaleza para continuar algo que lo cansó en el camino.

Además, Pablo está convencido de toda la teología que Dios mismo le ha enseñado. No solamente cuando estuvo allá en Arabia, siendo enseñado directamente por Dios, sino a lo largo de su vida y a lo largo de sus experiencias. Dios le ha ido enseñando una cosa tras otra. Y Pablo, al final, quedó completamente convencido por la historia del Antiguo Testamento, la fidelidad de Dios para con su pueblo. Pablo quedó convencido por la vida de Cristo, que nace sin pecado, vive sin pecado, muere sin pecado. Pablo queda convencido por la historia de la cruz, por la tumba vacía, por la historia de la resurrección. Pablo queda convencido por el encuentro de Cristo con él en el camino a Damasco y la transformación en su propia vida.

¿Qué convenció a Pablo? Acabamos de decirlo. Próxima pregunta, la segunda: ¿quién comenzó la obra? Obviamente Dios. Él tiene lo que se requiere para comenzarla y terminarla. De Él es que Pablo está hablando cuando le dice a los filipenses: "Doy gracias a Dios por cada uno de vosotros; cada vez que tengo memoria de vosotros, doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros."

Quizás Pablo está pensando, cuando dice que el que comenzó la buena obra —en el contexto inmediato—, en Lidia. Como Pablo llega a Filipos y no encuentra sinagoga. No hay sinagoga. Entonces, de alguna manera, Dios lo lleva a orillas del río y allí se encuentra con una mujer, vendedora de púrpura, una mujer de recursos. Y de una forma sobrenatural, el texto del libro de los Hechos, capítulo 16, dice que Dios abrió el corazón de Lidia para que pudiera entender el mensaje que Pablo predicaba. Sobrenaturalmente.

Quizás Pablo está recordando esos inicios de la iglesia cuando cayó en la cárcel. Pablo tenía poco tiempo en Filipos y ya estaba en la cárcel. Cuando estuvo en Judea, estuvo en la cárcel. Cuando estuvo en Roma, estuvo en la cárcel. Yo creo que cada vez que Pablo iba para algún lugar, él no preguntaba cómo son los hoteles ahí; él preguntaba cómo son las cárceles, porque él sabía que ahí era donde iba a terminar siendo hospedado.

Y él llegaba a Filipos y estaba en la cárcel otra vez. Y como este temblor de tierra ocurre, cómo se sacuden los cimientos de la prisión, las puertas se abren, y como el carcelero pensaba que los prisioneros habían escapado —lo cual significaba que él perdería su vida, porque cualquier prisionero que escapara bajo su custodia le costaría la vida al carcelero—, cuando ya estaba a punto de suicidarse para clavarse la espada, Pablo lo detiene: "¡No te hagas daño, estamos todos aquí!" Le predicó el evangelio. Y de manera sobrenatural, este hombre llega a creer.

Y ahora tienes a una persona rica y una persona pobre que son los que inician la iglesia de Filipos. Muy como Dios. No hay ricos, no hay pobres, no hay negros, no hay blancos, no hay judíos ni gentiles: somos uno en Él. Quizás Pablo está pensando: "Oye, yo no conocía a nadie aquí; de hecho, Pablo estaba en otra región cuando se le aparece este hombre en visión y le dice: '¡Ven, ayúdanos en Macedonia!'" Y Pablo, dirigido por esa visión, va hacia Macedonia y se encuentra con Lidia, todo esto dirigido sobrenaturalmente.

Quizás Pablo tiene todo esto en mente, diciendo: "¡Wow! Si Dios me sacó de esa región, me impidió entrar a la otra región para donde yo iba, me envió para Macedonia, me hace encontrar con Lidia, de ahí a la cárcel, y allí me encuentro con que el carcelero creyó —Lidia, el carcelero, las primeras evidencias de fe en Filipos—, si esto comenzó así, a mí no me cabe la menor duda de que ha de terminar bien." Dios comenzó. La pregunta es: ¿quién comenzó la buena obra en nosotros?

Bueno, nosotros somos hechura suya, dice Efesios 2:10, hechos en Cristo Jesús, creados para hacer buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. De tal forma que Dios piensa en estas buenas obras, las prepara, y luego que las prepara en su mente, las pone como a un lado, por así decirlo. Entonces nos concibe, nos crea a la imagen de Cristo Jesús; somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras. De manera que Dios, ahora en su providencia, va a hacer que estas buenas obras y estos redimidos se junten, porque ellos tienen que andar en estas buenas obras.

Y Pablo, siendo uno de los redimidos que está siendo movido por Dios para que se junte con estas buenas obras, está viendo la congruencia de eso y se sabe convencido. En buen dominicano: hasta los tuétanos de mis huesos, yo estoy convencido de que el que comenzó la buena obra no se detendrá hasta el último día. Él tenía planes contigo, Él tenía planes conmigo, y tenía obras para ti y obras para mí, y sus planes contigo y sus planes conmigo tienen que juntarse con las obras que Él preparó de antemano. Dios hace eso: la providencia de Dios.

En tercer lugar: ¿cuándo fue iniciada esa obra? Bueno, hemos dicho siempre que la Escritura es su propia intérprete, de manera que vamos a dejar que la Palabra de Dios responda esa pregunta. ¿Cuándo fue iniciada esa obra? Efesios 1:4: "Según nos escogió en Él desde antes de la fundación del mundo." En la eternidad pasada, Dios hizo una elección.

Cuando nada más existía y cuando nadie más existía, Dios hizo una elección. Por tanto, esa salvación de que venimos hablando es obra exclusiva de Dios, porque Él incluso hace esa elección de ti para salvación en un momento cuando tú ni siquiera existías, ni había ni siquiera ninguna cosa material creada, en la eternidad pasada, desde antes de la fundación del mundo. Dios en su mente hizo una elección, y por tanto, como solamente Él existía, solamente Él pudo haber sido y sigue siendo el autor de la salvación. La salvación es de Dios, de principio a fin. Esto debía habernos hecho decir amén y brincar para arriba y llegar al tercer piso, así es posible. Hacíamos algunos pentecostales entre nosotros. Bueno, parece que hay algunos que aplaudieron.

La elección de Dios es exclusiva de nuestro Dios. Dios te concibió en su mente; escucha esto: tú no existías, el mundo material no existía, y Dios te amó. ¿Cómo lo sé yo? Porque el texto me dice que cuando Dios le habla a Israel como elegido, le dice: "Con amor eterno te he amado." Mire, Jeremías 31:3. Antes de que nada existiera, yo te amé, te concebí en mi mente, te di vida en mi mente y te amé eternamente. No ha habido un momento en que yo no haya pensado en ti. Con amor eterno te he amado.

¿Ya os conté? Dios me amó. No me amó cuando yo me había portado bien; me amó cuando yo no me había portado ni bien ni mal. Y luego nací, y lo único que hice fue portarme mal, y me siguió amando igual. Y en la eternidad futura me amará igual, porque con amor eterno me ha amado. Desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura, Dios me ha amado de la misma manera. Si eso no te motiva a la obediencia, si eso no te motiva a amarlo, y luego a obedecerle... "Si me amáis, obedeced mis mandamientos." No es por temor, es por amor.

Dios es como el arquitecto. Ahora que me he estado construyendo, he oído mucho de construcción. Es como el arquitecto que diseña en su mente, concibe en su mente lo que él quiere crear, e incluso en su mente está pensando en los materiales que se van a usar para la construcción. Pero ¿sabes algo que yo he aprendido hablando con arquitectos? Es que ellos, antes de que comiencen a cavar la zapata, aman su diseño. Aman aquello que concibieron en su mente, y lo estoy diciendo de buena manera: aman aquello que ellos concibieron en su mente. Antes de que comenzaran a cavar la zapata, ya dicen: "Estoy loco por comenzar, estoy loco por verlo." Y eso es Dios. Antes de la realización, el arquitecto ama su diseño.

Dios, cuando me concibió, me amó con amor eterno. Y luego ese arquitecto, a lo largo de la construcción, en el buen sentido lo sigo diciendo, está loco con su diseño. Él ama lo que él concibió, y he aprendido que parte de la razón tiene que ver con que el diseño es como una parte de él, representa parte de lo que él es. De esa misma manera, cuando Dios me concibió en la eternidad pasada, y Dios me concibió como eventualmente yo llegaría a ser su hijo, que yo llegaría a ser como el unigénito y llegaría a ser coheredero, yo comienzo a pensar en cómo Dios amaba esa concepción en su mente, y cómo antes de que pudiera ser realidad ya la estaba amando, y cuando comenzó a ser realidad, se volvió a poner loco con lo que había construido en su mente, porque representaba parte de lo que él era, parte de lo que es su esencia.

Y ese eres tú. Hechos a imagen de Dios, no Dios; criaturas, no creador; pero representamos de alguna manera parte de lo que Él es. Y Dios me amó en la eternidad pasada, hasta el punto de hacerme coheredero con el unigénito. Eso me habla de la calidad de amor que Dios tiene para con nosotros. Dios no sabe amar imperfectamente; por tanto, Él me ha amado perfectamente todo el tiempo.

¿Cuál fue esa buena obra que Dios comenzó? Nota cómo Pablo, por medio del Espíritu, le llama buena obra. Solamente Dios puede hacer una obra buena. Si la fuente es buena, la obra es buena. Todas nuestras obras están teñidas por el pecado, porque todas mis intenciones, todas mis habilidades y capacidades están teñidas por el pecado; por tanto, yo no puedo hablar de mis obras buenas. Pero Dios, cuando hace una obra, siempre es buena, siempre es agradable y siempre es perfecta. Ese es nuestro Dios. Él comenzó la buena obra, la agradable obra, la perfecta obra en vosotros.

En la eternidad pasada, esa es la aplicación remota. Y en la aplicación inmediata es Filipenses: su salvación, la iglesia, todo eso. Pero tú lo sigues aplicando, y es la salvación de cada uno de nosotros. Y cada iglesia que Dios ha creado, Dios la llevará hasta donde Él quiso, intentaba o soñaba con llevarla todo el tiempo. Pablo está expresando certidumbre acerca de la iglesia de Filipos, pero lo que es cierto de ellos es cierto de nosotros. Es una gran realidad: la salvación, de principio a fin, es de nuestro Dios.

En una ocasión le preguntaron a un pastor de campo que explicara cuál era su rol en su salvación y el rol de Dios en esa salvación. Él dice: "Primero yo hice mi parte y luego Dios hizo su parte." Entonces le preguntaron: "¿Cuál fue tu parte y cuál fue la parte de Dios?" Él dice: "Primero, yo salí corriendo a toda velocidad, con toda intensidad, alejándome de Dios, y entonces Él me cayó atrás y me salvó. Esa fue mi parte y esa fue su parte." Ninguno de nosotros quería saber de Dios. No lo decíamos, pero nadie busca de Dios. Si tú tuviste alguna parte en tu salvación, fue la parte que tenía que ver con el alejamiento que tú querías tener de Dios. Y si Dios tuvo alguna parte, es toda la parte, donde Él te cayó atrás.

Yo me lo imagino, es una ilustración, pero en los juegos de fútbol americano, ¿usted se ha imaginado al corredor que tiene la bola? Yo no sé nada de fútbol, pero por el momento he visto esto: el corredor que tiene la bola va corriendo, y hay otro del equipo contrario que viene atrás. Y como se dice, lo atrapan. Yo me imagino a nosotros corriendo con nuestro egocentrismo, como si fuera la bola de fútbol, y a Dios cayéndonos atrás, y nos atrapó. Y yo luché por zafarme, como Jacob, y quedé descoyuntado, como Jacob, y caminé cojo, como Jacob, pero no me les escapé.

Voy a hacer algo que creo que usualmente no hago: voy a tomar una segunda ilustración, inmediatamente después de esta, para explicar la primera y ampliarla. James Montgomery Boice habla en su comentario sobre Filipenses de que en la revista Eternity, años atrás, se publicó un artículo con el título de "Encounter with Light", encuentro con la luz, donde se hablaba de un joven ateo que oyó de la conversión de C. S. Lewis, quien también fue agnóstico por muchos años, y comenzó a escribirse con Lewis, expresando sus dudas, inquietudes y certidumbres. Lewis comenzó a responderle. Por el momento en que Lewis le escribe, le dice: "Yo creo que ya tú estás atrapado en sus redes. El Espíritu Santo está detrás de ti; dudo que puedas zafarte." Dice la historia que poco tiempo después, el estudiante que había sido perseguido por Dios entregó su vida al Señor, y encontró lo mismo que C. S. Lewis había encontrado: que la salvación es completamente del Señor.

Algunos de nosotros ya fuimos atrapados en sus redes, y quizá estamos aquí y todavía no hemos tenido el encuentro de salvación. Pero si tú estás en sus redes, nada te permitirá zafarte. Tú puedes luchar, tú puedes patalear, tú puedes quejarte, tú puedes gritar, pero tú vas a entrar. Porque Él te amó en la eternidad pasada, te eligió con amor eterno, y no te está persiguiendo por casualidad. Llegará un momento en que no podrás resistirte a su amor, y tendrás que entregar tu vida, y humillarte y admitirlo, y luego dar gracias.

Número cinco: ¿a qué se refiere Pablo cuando habla de que la obra será perfeccionada? Cuando Pablo habla de que el que comenzó la buena obra la perfeccionará, ¿de qué es que Pablo está hablando? Bueno, recuerda, piensa un poco en Filipos, piensa un poco en Lidia. Tenía el corazón cerrado; no solamente tenía el corazón cerrado, lo tenía endurecido. Los ojos estaban cerrados, el entendimiento entenebrec­ido, la voluntad esclavizada; era enemiga de Dios. Y Dios un día le dice a Pablo: "No vas a evangelizar en esa área; te vas a Macedonia. Te vas a encontrar con una mujer, su nombre es Lidia." Y cuando Pablo comenzó a predicar, de manera sobrenatural Dios abre el entendimiento de Lidia, le abre el corazón, le abre los ojos, la levanta de sus delitos y pecados donde ella estaba muerta, y le da vida. Un muerto no puede abrir los ojos; de hecho, ni siquiera sabe que tiene ojos para abrirlos. Y Dios levanta a esta mujer de entre los muertos, espiritualmente hablando, le da vida espiritual, vida eterna, y el trabajo en Lidia comenzó.

Ahora ya está viva; estaba muerta, pero ha pasado de la muerte a la vida. Ahora ya está limpia. A ti también, Dios en algún momento te encontró con un corazón duro, cerrado, endurecido, sin entendimiento, y Él te abrió los ojos un día, sobrenaturalmente, y tú entendiste lo que estabas oyendo o lo que habías oído. Y es como si tú pudieras decir: "¡Eureka, eureka, lo he encontrado!" Ahora todo está claro; lo que antes yo no podía ver, ni querer, ni desear, ahora lo deseo con ansias. Nadie más puede traer a una persona de la muerte a la vida, sino Dios. Nadie más puede romper las cadenas que te esclavizaban al pecado y a la vida anterior, sino Dios.

Este trabajo que Él comenzó cuando tú no lo querías, cuando tú no lo deseabas, cuando tú no lo amabas, cuando tú eras su enemigo, si Él lo comenzó en ese momento, ¿tú no crees que lo va a detener ahora que tú eres su hijo? Él va a comenzar ahora a limpiarte, va a comenzar a quitar de ti todo aquello que no luce como su hijo. Y esas son las cosas que nos duelen: son las experiencias dolorosas, las caídas necesarias, donde a través de cada una de esas cosas Dios quitó un pedazo de mí que no lucía como Él.

Y cada vez que Dios nos pellizcaba, o cada vez que Dios nos daba ese golpecito formando la imagen, nos dolía y decíamos: "No, no más, no quiero. No voy a hablar, no voy a decir, no voy a…". Pero Dios estaba, pacientemente, formando la imagen en ti y en mí.

Habiendo creído, Dios hace efectiva la justificación que Cristo logró hace dos mil años en la Cruz, de manera que Él venía allá orquestando por cientos de años todo eso, y ahora tú eres un hombre justificado delante de Dios. Él es el que te está perfeccionando, pero el que te está perfeccionando es el mismo que te eligió. Es el mismo que te llamó, es el mismo que te justificó. Es el mismo que ha de glorificarte, es el mismo que te perdonó. Es el mismo que propició su propia ira.

Tú puedes creer eso, que Dios estaba irado y cuando Dios tenía que tener su ira propiciada, Él tuvo que propiciársela a sí mismo, en la persona de su Hijo. Porque ¿quién va a propiciar la ira de Dios? ¿Quién tiene lo que se requiere para poder aplacar, calmar la ira de Dios contra el pecado, que no sea Dios mismo? Cristo, hecho hombre, la única persona que puede tener un sacrificio tan extraordinariamente perfecto, que puede ser capaz de llenar la justicia de nuestro Dios.

El mismo que te eligió es el mismo que propició su propia ira. En otras palabras, cuando Dios decidió salvarte, no había quien pudiera salvarte que no fuera Él mismo. Tú pecaste contra Él y ahora que Él quiere salvarte, Él no tiene a nadie quien pueda salvarte, que no sea el León de la tribu de Judá. No hay otro en todo el universo que pueda abrir los sellos, que no fuera el León de la tribu de Judá. Dios mismo, hecho hombre, Cordero y León. Wow. El Cordero en la Cruz, el León que defiende a su pueblo, y lo protegerá por la eternidad.

Escucha lo que Pablo le escribe a su pupilo Timoteo, en su segunda carta, 1:12. "No me avergüenzo, pero ¿por qué, Pablo?" Porque yo sé en quién he creído. Oye lo que Pablo dice: no dice "yo no me avergüenzo porque yo tengo una estela impecable de trayectoria cristiana". No dice "yo no me avergüenzo porque toda esta iglesia que yo he plantado será mi corona a la hora de presentarme delante del Señor". No dice "yo no me avergüenzo porque yo he dado testimonio infalible de mi fe". Dice: "Yo no me avergüenzo, porque yo sé en quién he creído".

Escucha ahora la palabra otra vez: "Y estoy convencido de que Él es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día". Por eso no me avergüenzo. No me importa, mis cárceles no me importan, mis persecuciones no me importan. No me importa si estoy desarrapado, si estoy en amarguras, si estoy en escasez, en desnudez. No me avergüenzo, porque yo sé que yo estoy en la mano de aquel que es poderoso para cuidarme y protegerme y guardarme hasta el día que yo me encuentre con Él. Esa confianza, en Dios. No en su vida. No, no, no; él está convencido y él no se avergüenza.

"De guardar mi depósito", ¿qué fue lo que Pablo depositó? Su vida, su fe. El día que él creyó, dijo: "Aquí está mi vida, Jesús, la dejo en tu banco como depósito", y él dice: "Estoy convencido de que Él la va a proteger". Si Dios puede sostener —escuchen— si Dios puede sostener zillones de planetas, de galaxias, con el poder de su palabra, ¿tú no crees que Él puede guardarte hasta el día en que te encuentres con Él, Padre? Si Dios sostiene la creación inanimada, ¿tú no crees que Él ha de sostenerte a ti, que eres su hijo, de una mejor manera y de una forma más cuidadosa?

Pedro, el apóstol Pedro, aprendió exactamente la misma teología del apóstol Pablo. Escúchalo, 1 Pedro 1:5: "Que sois protegidos, vosotros sois protegidos" —escucha cómo— "por el poder de Dios, mediante la fe, para la salvación; sois protegidos por el poder de Dios para la salvación, que está preparada para ser revelada en el último tiempo". Yo creo que Pedro lo dice todavía mejor: "Vosotros estáis protegidos para salvación por el poder de Dios".

Ahora escucha: ¿cuán grande es el poder de Dios? Porque esa es mi protección. Una palabra: ¿cuán grande es el poder de Dios? Infinito. De manera que si algo ha de quitarme la salvación, tendría que vencer el poder infinito de Dios, que es el que me guarda. ¿Cuál es la posibilidad de que algo pueda vencer el poder infinito de Dios que me guarda? Cero. Esa es la razón por la que Pablo puede decir: "Pues yo también estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada, podrá separarme del amor de Dios en Cristo Jesús", porque estoy protegido por su poder infinito que me guarda hasta el día de mi redención.

Yo estoy convencido de que nada me separará del amor de Dios. Su poder infinito me guarda hasta el día de mi redención. Nada nos puede asegurar de esa manera, que no sea su mano. Tú estás protegido por lo infinito de su poder, por lo eterno de su gracia y por lo incondicional de su amor. ¿Tú entendiste esa triada? Yo estoy protegido por lo infinito de su poder, por la eternidad de su gracia y la incondicionalidad de su amor. Nada podrá arrebatarme de su mano. Absolutamente nada.

Una vez yo soy suyo, sus ovejas oyen su voz, están en la palma de su Padre y nadie las puede arrebatar. Eso que Dios comenzó y que está perfeccionando es tu santificación. Dios es el agente directo, primario, de tu santificación y la mía. No te puedes alejar de Él, porque tu santificación no ocurre separada de Dios. Y como yo sé que mi santificación la lleva a cabo Dios, porque aquel que comenzó la buena obra en la eternidad pasada, Pablo dice que la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús, que es el final; la eternidad pasada y ahora esto que viene, que será hasta la eternidad futura, todo lo que está en el medio es parte de la buena obra que Dios está perfeccionando. Y por tanto, yo tengo garantía de que Él es quien la va a proteger hasta ese día, y Él va a seguir amándome hasta el final.

Cuando Pablo habla de buena obra, está hablando precisamente de la transformación de un hombre empecado, corrompido, sucio, esclavo del pecado, a la transformación a la imagen de Cristo. Dios dice que todas las cosas cooperarán para bien, e inmediatamente después nos dice para qué: para la formación de la imagen de Cristo en nosotros. De manera que esa transformación de lo sucio y pecaminoso a lo santo de la imagen de su Hijo es la perfección que Dios está llevando a cabo en cada uno de sus hijos. Dios nos predestinó, Dios nos llamó, Dios nos justificó y Dios nos glorificó; en su mente, ya eso ha ocurrido.

Hermanos, si nosotros entendiéramos todo eso, si lo viéramos todo como debiéramos verlo, nosotros correríamos de otra manera. Nosotros no necesitaríamos la amenaza de las consecuencias del pecado para obedecer. Nosotros seríamos movidos a obedecer por agradecimiento y por amor a nuestro Dios, en vista de todo lo que Él ha hecho por cada uno de nosotros.

La palabra que Pablo usa cuando habla de perfeccionar es *epiteleo*, que implica llevar algo hasta completar su fin. Dios te creó con un propósito y con una finalidad. Por tanto, Él va a *epiteleo*, Él va a llevar eso que Él creó en ti hasta que tú completes el fin para el cual Él te creó. Eso debiera vernos a nosotros en otra dirección. Si Dios me elige en la eternidad pasada y yo me pierdo en el camino, eso no habla bien de su poder. Eso no habla bien de su fidelidad. Eso no habla bien de su palabra, cuando Él ya me ha revelado que nada me puede separar del amor de Dios y que nadie me puede arrebatar de sus manos. No hablaría bien de su palabra tampoco, si en el camino yo me pierdo. Si yo soy verdaderamente uno de sus hijos, porque si no lo soy, eso es otra cosa.

Y sexto, en último lugar: ¿cuál es el día de Cristo Jesús? Yo no voy a entrar en todas las posiciones doctrinales escatológicas de cuándo Cristo viene. Dejémoslo simplemente así: el día de Cristo Jesús es el día de su retorno por su iglesia. El día de Cristo Jesús es ese día final cuando ya todo esto por lo que yo pasé, toda situación de dolor, de lágrimas, de sufrimiento, toda dificultad, toda caída, todo eso va a cesar, y donde yo ahora entraré a la presencia de Dios eternamente con Cristo Jesús.

Por ahora, las cosas no lucen muchas veces a nuestro favor, porque como Juan nos dice en su primera carta, 5:19, todo el mundo yace bajo el poder del maligno. De manera que las condiciones que yo vivo, las circunstancias que yo experimento, son parte del resultado de vivir en un mundo que yace bajo el poder del maligno, y parte del resultado de yo todavía estar luchando con una naturaleza carnal caída, pecadora, que tiene deseos contrarios a los del Espíritu. Pero cada experiencia vivida de dolor, de sufrimiento, de caída, Dios habrá de usarla para mi bien, a la hora de que Él ponga en ejecución su providencia en la dirección de lo que es la formación de la imagen de su Hijo en nosotros.

Nuestro Dios sabe cómo redimir el tiempo que yo he perdido. Nuestro Dios sabe cómo redimir las caídas que yo he tenido. Esas dos cosas, una vez más, no son incentivos para pecar. Esas dos cosas son incentivos para que yo me pare cuando me haya caído y vuelva a correr, sabiendo que mi Dios no ha parado la obra, ni la ha detenido, ni la ha alterado, ni la ha cambiado, ni la ha modificado, ni ha renunciado a ella, a la obra que Él comenzó en la eternidad pasada.

Con ese conocimiento, Judas nos dice: "Y a aquel que es poderoso" —escúchalo otra vez— "para guardaros sin caída y para presentaros sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría, a Él sea la gloria, la majestad, el dominio y la autoridad, por siempre jamás. Amén". Él es poderoso para presentarme sin mancha. ¿Cómo que sin mancha? Todo mi pecado ya fue pagado, de manera que Cristo, cuando me presente ante el Padre, no dice: "Padre, aquí viene una oveja tuya por la que yo morí, pero mira lo sucia que está". No. Dice: "Padre, mira, aquí hay una oveja por la que yo morí. Mira qué limpia está. Es mi limpieza y es mi santidad. Recíbela conforme a la limpieza y santidad que yo le he dado".

Aquí está, por eso luce sin mancha. Por eso luce sin arrugas. No es que no las tiene, es que están cubiertas por mí. Y Él es poderoso para presentarme sin arrugas, sin mancha.

No desmayes. Dios no ha parado la obra en ti. Tú tienes que correr con compasión, con denuedo, con urgencia, con esperanza. Corre con temor y temblor, con humildad reverente ante la obra que Dios está haciendo. El que comenzó la buena obra en ti en la eternidad pasada, será fiel y la perfeccionará y la llevará a cabo hasta el día de Cristo Jesús.

A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Y su pueblo dice: amén, amén, amén.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.