Integridad y Sabiduria
Sermones

Jesús se revela en un funeral: Su encuentro con Marta y María

Jairo Namnún 10 enero, 2021

Dios no hace las cosas como nosotros esperamos. La Biblia está llena de sorpresas: un hombre sin hijos recibe promesa de descendencia como las estrellas, el más íntegro de la tierra pierde todo, un jovencito con tirapiedras derrota a un gigante, y el Hijo de Dios muere desnudo en una cruz por un pueblo enemigo. Juan 11 presenta otra de esas sorpresas desconcertantes: Jesús ama profundamente a Lázaro, a Marta y a María, y precisamente porque los ama, cuando le avisan que Lázaro está enfermo, espera dos días más hasta que muere. El amor de Dios opera con una perspectiva celestial y eterna, no terrenal y temporal. Dios no le tiene miedo a las pruebas ni al dolor; su propósito es hacernos más como Cristo, no evitarnos incomodidades.

Cuando Jesús finalmente llega, Marta corre a su encuentro quebrantada pero reverente: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto." Ella necesitaba recordar con quién estaba hablando, y Jesús le responde revelando su identidad: "Yo soy la resurrección y la vida." No se trata de algo que pasará algún día, sino de quién está presente. María, en cambio, necesitaba lágrimas, y Jesús lloró con ella. El buen pastor provee exactamente lo que cada oveja necesita: teología para una, consuelo para otra.

Jesús esperó cuatro días para que no quedara duda alguna del milagro. Cuando ordenó "Lázaro, sal fuera," la muerte obedeció. El funeral se convirtió en fiesta. Pero esta señal selló también la decisión de matarlo. Jesús lo sabía: al resucitar a Lázaro, estaba caminando hacia su propia tumba, de donde también saldría victorioso al tercer día.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Feliz año nuevo para aquellos que no he visto, que es la mayoría de ustedes! Porque la semana pasada el Señor nos permitió vernos, pero que la paz de Dios sea con nosotros en este día y en este año. Mi oración, la oración de todos los siervos de esta congregación, la oración de todos nosotros, es que al terminar este 2021 tú puedas mirar atrás y ver un poquito más de Cristo en ti.

Que cuando termine este 2021 tú puedas ver atrás y ver un poco más de Cristo en ti, algún área de tu vida donde tú puedas decir: "Mira, yo crecí aquí, el Señor se ve reflejado aquí, tengo un poco más de fe, soy un poco más amoroso, tengo un poco más de paciencia, de amor, de gozo, de paz, de benignidad, de bondad, de fidelidad, o de mansedumbre, o hasta de dominio propio." No sé, algo del Espíritu que pueda verse en ti. Porque mi oración, no, mi confianza y oración es que este va a ser un año bueno. ¿Tú sabes por qué? Porque nosotros tenemos un Dios bueno, y Dios nos va a dar un año bueno. Bueno como Él es bueno, bueno como lo que Él hace es bueno. Yo no sé exactamente cómo va a lucir eso, porque a veces lo bueno que Él manda es una sorpresa, a veces lo bueno que Él manda es un poquito como una curva cuando no lo estaba esperando. Pero bueno, porque al finalizar el año seremos más como Cristo también.

Y si el pasaje que vamos a ver en esta mañana... Te voy a pedir que si trajiste Biblia pues vayas allí, porque vamos a ver 53 versículos. Es largo el pasaje que vamos a ver esta mañana. Es uno que conocemos la mayoría de nosotros, aunque no todos nosotros. Es un pasaje conocido. Cuando lo estaba preparando, mi mamá me dijo: "Mi amor, tienes que leerlo despacio." Y yo: "Mamá, son 53 versículos." Así que lo vamos a leer por pedazos, bien despacio.

Pero déjame decirte que a medida que yo reflexionaba en él, cada vez más caigo en cuenta cómo Dios, verdaderamente Jesús en particular, yo no sé cómo decirlo sino como que Él no es predecible, como que no hay forma de tú saber exactamente qué es lo que Él va a hacer. Tú piensas que va por aquí, se viene por acá. Es que Dios hace las cosas muy diferente a como nosotros las haríamos.

Veras, si yo fuera a escribir un libro donde yo voy a explicar cómo son todas las cosas del universo, que yo sé que va a ser el libro más bestseller de todos los tiempos, que va a explicarlo todo, yo no empezaría asumiendo mi identidad. Y sin embargo, este libro, la Escritura, empieza diciendo: "En el principio Dios..." Pero ¿de dónde salió Dios? Pero ¿en qué principio? Pero ¿cuántos años? Pero ¿los dinosaurios? "En el principio Dios." Listo, próximo.

Y luego, a pesar de estar completamente satisfecho en la Trinidad, sin necesidad de nada ni de nadie, Dios decide crear. ¿Y crear los ángeles y nos cuenta toda la historia de los ángeles y cómo caen los ángeles y qué pasa? ¡Cierto! No, nada. ¿Nos explica todo lo que pasa con Satanás? No, nada.

Y luego, a pesar de que sucedió todo ese problema, Dios decidió crear otros seres y los hace a su imagen, lo que implica la libertad de elegir. Y tú sabes qué va a pasar cuando en la historia exista algo que no es Dios: que ese algo se va a equivocar. Porque tan pronto algo que no es Dios existe, ese algo va a cometer algún error. Pero Dios decidió hacerlo, no porque le faltara nada —Él estaba perfectamente satisfecho en la comunidad de la Trinidad— sino porque Dios hace las cosas diferentes a nosotros.

Y cuando ese Adán y Eva eligen en contra de Dios, si soy yo, voy a empezar de nuevo. No. Dios decide, para sorpresa de todos, perdonarlos. Y no solo eso, Dios decide que de la descendencia de Adán y Eva iba a venir la salvación. Que en Génesis 3 dice que de la simiente de Eva vendría quien aplastaría la cabeza de Satanás. ¿Cómo así?

Es que la Biblia está llena de Dios haciendo cosas que nadie esperaría. En Génesis 12 Dios da una promesa de una descendencia como las estrellas a un hombre que no tiene hijos. Y en el que es probablemente el libro más antiguo de la Biblia, nos encontramos con un hombre íntegro, recto, dice Reina-Valera "perfecto", que pierde sus diez hijos, que pierde su salud, que pierde su riqueza, que pierde su relación con su esposa, y que tiene que por 40 capítulos aguantar a sus amigos juzgándolo. El hombre más íntegro de toda la tierra siendo criticado capítulo tras capítulo tras capítulo, solo rogándole: "Dios, habla conmigo."

Y Dios... te encuentras en Daniel cuatro jóvenes intachables, de esos que todo padre quisiera tener, que terminan danzando con leones y en el fuego. Un profeta del Dios Altísimo que tan solo un par de libros antes, en Reyes, está haciendo profecías maravillosas, haciendo milagros, que Dios le dice: "Vete para Tarsis", y decide irse a Puerto Plata. No, perdón, creo que tengo la geografía mal. Vete a Pedernales y decide irse de Puerto Plata —para mis amigos que no son dominicanos— vete a Argentina y se va a pagar nada, y termina adorando en el vientre de un gran pez, para luego terminar quejándose en un desierto, o bueno, un solecito, ni siquiera un desierto.

Te encuentras a una prostituta salvando a Israel. Te encuentras a un jovencito que su papá se olvidó que lo tenía, con un tirapiedras derrotando un hombre de tres metros de alto, convirtiéndose en el hombre más famoso de la tierra, liderando un reino, escribiendo canciones, levantando gloria al pueblo de Israel, y trayendo escoria por su pecado —perdón, no fue culpa de ella— por su pecado. Un hombre intachable, perfecto y recto, muriendo desnudo en una cruz por un pueblo enemigo.

Es que Dios no hace las cosas como nosotros esperamos. Por eso hasta Juan el Bautista le preguntó: "Jesús, ¿eres tú o hay que esperar a otro?" Porque esto no me cuadra. El hombre más grande de toda la tierra, Dios... Jesús dijo que el profeta más grande que había llegado era Juan el Bautista, y a Juan el Bautista no le cuadraba, no entendía. Porque es que la manera que Dios hace las cosas es difícil de entender a veces. Es que Dios, dime tú si no, a veces nos sorprende. ¿Amén o no? ¿No te sorprendió el 2020? Sí.

Que me acompañen a Juan capítulo 11. Si estás en la Nueva Biblia de las Américas, es la página 197. Juan capítulo 11. Vamos a estar leyendo casi el capítulo completo. Y estamos en la serie de "Jesús se encuentra con alguien o en algún lugar", y este es "Jesús se encuentra en un funeral". Se encuentra con dos hermanas. Y lo que vamos a estar viendo es cómo Jesús se encuentra sorprendiendo a cinco personas o a cinco grupos: Jesús se encuentra sorprendiendo a sus discípulos, Jesús sorprende luego a Marta, luego Jesús sorprende a María, Jesús luego sorprende a la multitud, y al final Jesús sorprende al mundo.

¿Les parece? Que ahora oremos otra vez. Lo que queremos rogarte ahora, Señor, es que Tú nos sorprendas a nosotros con tu presencia. Ayúdanos a verte aquí palpablemente en tu Escritura. Predica un mejor sermón que el que tu siervo preparó. Abre nuestros oídos para escucharte y luego abre nuestros corazones para responder en adoración y obediencia, para tu gloria y nuestro bien. Amén.

Esta es la satisfacción de Dios, versículo 1: "Estaba enfermo cierto hombre llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y su hermana Marta. María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos." Ya conocen a esta hermana, ¿cierto? "Las hermanas entonces mandaron a decir a Jesús: 'Señor, el que Tú amas está enfermo.'" El que Tú amas.

"Cuando Jesús lo oyó, dijo: 'Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella.'" Y Jesús, ¿qué dice? "Amaba..." Para el que está un chin de griego, esta palabra todos la conocen: agapaba. Amaba a Marta, amaba a su hermana, amaba a Lázaro.

El versículo 6 entonces nos sorprende a todos: "Cuando oyó, pues, que Lázaro estaba enfermo, entonces se quedó dos días más en el lugar donde estaba." Luego, ¿qué? Era "amaba", se quedó. "Luego, después de esto, dijo a sus discípulos: 'Vamos de nuevo a Judea.'"

Y ahora los discípulos están sorprendidos. Y le dijeron: "Rabí, hace poco que los judíos te querían apedrear, ¿y vas allá otra vez?" Jesús respondió: "¿No hay doce horas en el día? Si alguien anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo. Pero si alguien anda de noche, tropieza, porque la luz no está en él." Dijo esto, y después añadió: "Nuestro amigo Lázaro..." O sea que le era un conocido, no es solo de Jesús. "Nuestro amigo Lázaro se ha dormido, pero voy a despertarlo."

Los discípulos entonces le dijeron, buscando cualquier excusa para no tener que ir: "Señor, si se ha dormido, se recuperará. Déjalo tranquilo." Jesús había hablado de la muerte de Lázaro, pero ellos creyeron que estaba hablando literalmente del sueño. Entonces Jesús, por eso, les dijo claramente: "Lázaro ha muerto. Y por causa de ustedes me alegro de no haber estado allí, para que crean. Pero vamos a donde está él." Tomás, que tiene razón para tener mala fama, llamado el Dídimo, que significa "gemelo", dijo entonces a sus condiscípulos: "Vamos nosotros también para morir con él."

La familia de Marta, María y Lázaro, ya saben que eran juntos. Marta y María son las conocidas por los otros evangelios; tanto Mateo como Marcos como Lucas hablan de ellas, de ellas dos. Era una familia cercana de Jesús. Lázaro es único en Juan. Como deben saber, Juan se escribió después de los otros evangelios, y él como que agrega contenido único. Como escribió después, lo que le faltaba, por llamarla de alguna manera, él como que complementa, y él agrega toda la parte de Lázaro.

Pues Marta y María ustedes las conocen, aunque sea su primera vez viniendo a la IBE. Si es tu caso, bienvenido, esta es Iglesia Bautista Internacional. Seguro te han sabido hablar de Marta y María. Marta, la conocen: la mujer devota, la que está trabajadora, la que se encarga de manejar las cosas, de que la casa esté limpiecita, que el café esté caliente, la que maneja los preparativos, la que organiza bien la iglesia, la que pone las sillas en su lugar, la que en Lucas ya nos dice que está... yo no sé si puedo decir, no, no quiero decir "bajada"... la que está trabajando para que todo esté en su lugar. Mientras María, ¿dónde está? ¿Se acuerdan? Sentada a los pies del Señor.

Marta está aquí arreglando todo, trabajando, y María aquí. Y Marta, que parece que no solo estaba trabajando, está y pasa y choca un poquito. María le pasó por el lado. Y María, María, el café. Y María. Hasta que Marta no aguanta y le dice: "Señor, dile a María que me ayude." ¿Y qué le dice el Señor? "María tiene la mejor parte. Marta, Marta, ven y siéntate." Entonces Marta es la trabajadora, la activa, la que se pone en todo. María es el alma libre, feliz, concentrada, escuchando al Señor, contemplando en sus ojos el amor y la sabiduría del Dios infinito.

Y Juan entonces nos agrega a Lázaro, que en todos los comentarios están de acuerdo que es el hermano menor de Marta y María. Y parece que este es el hermano menor, el típico hermano menor que tiene como el gustico, como el temperamento, el que tiene el afecto especial, el que siempre cae bien.

¿De quién dicen hoy el mensajero? No sé si notaron. Marta manda un mensaje. Marta y María mandan un mensaje. Por el contexto aparentemente María mandó el mensaje, y el mensaje decía: "Señor, el que tú amas." O sea, así era el afecto que tenía Jesús por Lázaro, que decirle "el que tú amas" no lo confundió por otro. "El que tú amas." Ese es el tipo de afecto que tenían.

Y por si acaso hay dudas, el versículo cinco luego nos dice que no solamente amaba Jesús a Lázaro, sino que Jesús amaba a quiénes: a Marta y a María también. Y como ya les mencioné, la palabra que utiliza aquí es una palabra muy única en el griego. Es la palabra ágape, que la puedo utilizar porque la mayoría la hemos escuchado, ¿cierto? Es el amor máximo, el amor ulterior, el amor que Dios tiene por los suyos. Es el amor que Jesús le dice a Pedro: "Pedro, ¿me agapas?" Y Pedro no se atreve a decir. Se lo para atrás y Pedro le dice: "Señor, yo te quiero, yo te fileo." Y el Señor le dice: "No, ¿que si tú me agapas?" Y Pedro dice: "No, Señor, yo te fileo." Pues Jesús agapaba a Marta, María y a Lázaro, igual como la Palabra dice que Jesús te agapa a ti y a mí. Ese es el amor que Dios tiene por nosotros también. ¡Bendito sea Dios!

O sea que si al Señor le mandan un mensaje: "Señor, el que tú amas está enfermo," Él sabe a quién se refieren. O sea, mi esposa puede orar si yo estoy enfermo y decirle: "Señor, el que tú amas está enfermo." El Señor de inmediato sabe que se refieren a mí. ¿Tú puedes creer eso? ¡Bendito sea Dios!

Pero aquí la sorpresa de los discípulos. Tú esperarías que un amor tan grande como el que tiene Jesús por esta familia haría que Él parara todo. "Lázaro está enfermo." "Prepara el caballo." "Señor, tú sabes que está difícil, la tenemos, caballo." "Búscate uno. Voy pa' Betania, necesito ir a sanar a Lázaro." De hecho, es Jesús. Él lo ha hecho antes. "Lázaro está enfermo." Resuelto. Próximo. ¿Cierto? Eso es lo que tú esperarías que el versículo te dijera, ¿no es cierto?

Eso es lo que yo haría si yo fuera Jesús. Si la persona que yo amo me dicen que está enferma y yo tengo todo el poder del universo, mi próxima acción sería resolver de inmediato. Yo no voy a permitir que quien yo amo sufra. ¿Verdad? ¿O soy solo yo?

Déjame decirte algo. Yo sabía mucho de amor. Yo sé mucho de amor. Tengo doce años casado por la mejor mujer del mundo. O sea, de amor yo sé. Pero cuando tuve mis hijos aprendí de otro tipo de amor. Ese amor de protección, de que tú no quieres que le pase absolutamente nada. Si yo sé que alguien que yo amo y puedo proteger está enfermo, lo primero que yo hago: méteme en el medio. Sea un camión, un perro, una pluma.

El versículo seis dice que Jesús amó tanto a Marta, amó tanto a María, amó tanto a Lázaro, que se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Jesús amó tanto que Él esperó a que Lázaro se muriera. "Dios, pero Tú no me amas. Pero, pero Tú no me amas, Señor. Entonces, ¿por qué Tú permites que me pase eso? ¿Por qué Tú permitiste que yo pasara por ahí?" Me quería, hermano.

Porque el amor de Dios es un amor diferente al de nosotros. Nuestro amor tiene una perspectiva terrenal y temporal. El amor de Dios tiene una perspectiva celestial y eterna. Dios no está preocupado por momentos y detalles porque Dios sabe que el sufrimiento del tiempo presente no es digno de ser comparado con la gloria que nos va a ser manifestada. Dios conoce el final desde el principio.

Nuestro amor, perdóname, tiene un carácter egoísta y humano. El amor de Dios tiene un carácter santo y divino. Aún el mejor de nosotros, perdóname llamarlo, ama pensando en qué va a recibir del otro, y cuando es herido el amor mengua. Dios ama en completa pureza, siempre dando, siempre sirviendo. Nosotros amamos hasta que nos duela. Dios ama a través del dolor. Nuestro amor tiene como propósito evitar el dolor y dar comodidad. El amor de Dios tiene como propósito que seas más como Jesús, para su gloria y nuestro bien.

Eso implica que Dios no le tiene miedo a las pruebas. Dios no le tiene miedo al dolor. A Dios no le da vergüenza que tú sufras. Dios no viene a pedir perdón cuando Él te hace doler. Cuando Dios te manda algo que te duele, a Dios no le da cosa. Tú crees que Él va y: "Mira, perdóname, pero es necesario que tú pasaras por eso." Él no se siente mal cuando usa el cuchillo para limpiarte de tu maldad. ¿Tú sabías eso?

Yo creo que ese no hubo amén ahí. Mira, yo estoy convencido que sobre la faz de la tierra en ese momento no había muchas personas, pero sobre la faz de la tierra Dios no tenía un amor más especial por nadie que por Job. Fue de hecho el primer sermón que me tocó predicar aquí en La Biblia hace dos años, creo. No había nadie sobre la faz de la tierra por quien Dios tuviera un amor más especial que por Job. Lo sé porque cuando Satanás llega delante de Dios y todo eso, o sea, Dios lo tenía con los dos ojos puestos sobre él.

Y mira lo que le pasó. ¿Y tú crees que Dios lo amaba a Job? Y cuando Dios se le apareció a Job, ¿tú crees que Dios le dio un grupo de explicaciones y le pidió mucho perdón y le dijo: "Mira, Job, déjame explicarte, mi querido. Tú sabes que yo te amo, pero era necesario"? ¿Tú crees que fue eso lo que hizo Dios? Más importante, ¿tú crees que Job necesitó eso?

¿Qué era lo que Job quería? Job pedía hablar con Dios. Sí, Job estaba pidiendo eso, pero eso no era lo que Job necesitaba. Job necesitaba cercanía con Dios, y eso fue lo que Dios le dio. Tan pronto Job se encontró de frente con Dios, todo su pleito se acabó. Lo que Job necesitaba era la presencia de Dios, y esto fue lo que Dios le dio, y se acabó el problema.

Amado, al Señor no le preocupan tus cicatrices porque Él sabe limpiarlas. Lo que al Señor le interesa es limpiarte de tu maldad y hacerte más como Él. Eso es amor. Eso es verdadero amor: santo, celestial, glorioso. El amor que te deja limpio, feliz, eternamente feliz.

Y esto es una gran sorpresa para los discípulos de Jesús. Pero porque Dios es Dios, Él siempre va a tener planes que nosotros no podemos conocer. Esa es la verdad. Y por tanto lo que Dios hace es que Él va estrechando nuestra fe. ¿Entiendes eso? Él te deja ver, pero no el plan completo, pues entonces Él no sería Dios. Tú serías Dios. Si Dios siempre hace lo que tú quieres, entonces ¿quién es que está en el trono? Si a cada oración que tú haces tú recibes un sí, entonces ¿cuál de los dos está al mismo nivel? Si Jesús siempre hiciera lo que sus discípulos esperaran de Él, ¿cómo? Sus discípulos serían su igual de maestros. ¿Tú entiendes esto?

Dios necesita, entre comillas, o mejor dicho, nosotros necesitamos que Dios nos sorprenda para recordar nuestro lugar. Que Él es Dios y nosotros no. Que Él nos conoce y no nosotros a nosotros mismos. Eso es lo tan incorrecto y horrible de este evangelio que te dicen que declares y todo eso. Mira, mi querido amigo, tú necesitas que Dios te diga que no para recordarte tu lugar, que es el clavar de todo. Y gloria a Dios que a veces nos dice que sí, pero normalmente lo que hace es que nos cambia las peticiones. Gloria a Dios que tantas veces nos dice que no, porque si nos diera todo lo que pidiéramos, ¡mufa!, ¡en qué disparate de vida estuviéramos!

Y los mismos discípulos se dieron cuenta. Ya se dieron cuenta que ir donde Lázaro y poner en juego sus vidas... ellos no entendían lo que Jesús quería hacer. Ellos no estaban de acuerdo. Y no tengo tiempo para explicar todo lo que pasaría ahí, pero unos discípulos, un Tomás, ellos decidieron confiar en Él. Esa frasecita de Tomás en el versículo 16: "Vamos a morir con Él," es un poquito pesimista, pero mira, hay fe ahí. O sea, no es la mejor fe, pero hay fe. Porque si tú vas leyendo el Evangelio de Juan, tú sabes que lo que les esperaba no era bueno, pero ellos decidieron seguir.

El asunto es este, para seguir continuando con el pasaje: una cosa nunca podemos dudar. Las circunstancias a nuestro alrededor pueden sacudirnos. Es muy posible, muy probable, muy frecuente que no vamos a entender qué está pasando, qué está haciendo Dios. Lo que nunca podemos dudar es el amor de Jesús por nosotros. O como decía el predicador Charles Spurgeon: "Dios es demasiado bueno para ser cruel y demasiado sabio como para equivocarse. Cuando no podamos rastrear su mano, debemos confiar en su corazón."

Si seguimos leyendo, nos encontramos con Marta. Versículo 17: "Llegó pues Jesús y halló que ya hacía cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén, como a tres kilómetros, y muchos de los judíos habían venido a la casa de Marta y María para consolarlas por la muerte de su hermano. Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, ¿qué hizo? Lo fue a recibir. Pero María, probablemente todavía en shock, se quedó sentada en casa. Y Marta dijo a Jesús: 'Señor...'"

Oye este refrán: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Aún ahora yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá." "Tu hermano resucitará," le dijo Jesús. Y Marta, muy ortodoxa, le contestó: "Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final." Jesús le contestó: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?" Ella le dijo: "Sí, Señor. Yo he creído que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, o sea, el que viene al mundo."

Primer día, bueno, mandamos el mensaje. Segundo día: "Oh, que Jesús no ha llegado." Tercer día: "¿Dónde estás, Jesús? Ya tiene que haberle llegado el mensaje." Cuarto día: muere Lázaro, por poner un número. "¿Y dónde estás, Jesús? ¿Por qué no ha llegado Jesús? ¿Por qué no ha llegado Jesús?" Y note esa frasecita que ya le dice...

Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Nota esa frasecita. Nota que no es que Marta perdió su fe. No, no fue que Marta perdió su fe. Ella, en fe, le dice: "Señor, si tú hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto." Nota que no es que ella está molesta con el Señor. Dice el versículo que cuando ella oyó que Jesús venía, ¿qué hizo? ¿Lo notaron qué hizo? Salió a recibirlo. O sea, ella oyó que venía, bien preparada como siempre, esa es Marta, salió a recibirlo.

Así que esto es algo importante que deberíamos aprender de ahí. Lo primero que hizo Marta en su dolor fue lo que debe hacer un discípulo en su dolor: ir donde su Maestro. Ella fue donde su Maestro, pero ella fue quebrantada, ella fue rota, ella fue en dolor, porque su hermano que ella amaba había muerto. Y Jesús, que ella amaba y que ella sabía que amaba a Lázaro, y que ella sabía que la amaba a ella, no hizo nada. Así que ella decidió hablar con Jesús y expresarle su corazón. Ella decidió desnudar su corazón delante del Señor, decirle: "Dios, ¿dónde tú estabas? Señor, ¿dónde tú estabas? Señor, se murió mi hermano. Tú que has hecho todo esto, yo sé lo que tú hiciste con el ciego, yo sé lo que tú hiciste con las aguas, yo estaba ahí con los panes, y mi hermano se murió. ¿Dónde tú estabas?" Pero lo hizo con reverencia.

Vieron el versículo 22: "Aun ahora yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá." Ella no vino con un corazón frío o indolente, con una careta, tú sabes: "No, está todo bien, yo soy del Señor, Dios es soberano." Ella no vino con esa frialdad, pero tampoco vino molesta. Ella vino rota, ella vino quebrantada, ella vino en dolor. Y tú sabes que eso está bien. Hay dolores tan profundos que si tú no vas donde Dios, ¿a dónde quién vas a ir? Dios espera que tú vayas reverentemente donde Él y le digas: "Señor, ¿por qué? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Quién?"

Para eso están los Salmos. Para eso hay Salmo tras Salmo tras Salmo tras Salmos que están ahí para que tú puedas ver cómo desnudar tu alma delante de Dios y decirle: "Señor, yo no entiendo, ayúdame." Para eso está Job, para eso está Jeremías, para eso está Marta.

Y escucha cómo Jesús sorprende a su amiga. Versículo 23: "Tu hermano resucitará." Versículo 24, muy ortodoxa Marta: "Yo sé, Señor, yo sé. Porque ortodoxa esta mujer, él va a resucitar en el día final, yo sé, Señor." Y viene Jesús y dice: "No, Marta, no se trata del día final, no se trata de algo que va a pasar después, no se trata de una cosa. Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?"

Marta, no se trata de lo que puede pasar, se trata de quién está delante de ti. Yo soy la resurrección. Yo. Yo soy el que está contigo. Lo que Cristo nos está diciendo aquí es que Él no tiene que negociar con nadie, Él no tiene que esperar nada. Él es la resurrección. Es decir, en su esencia, en la esencia misma de la Trinidad, está el dar la vida y volverla a tomar. Él no tiene que hablar con Satanás, Él no tiene que hacer un pacto con la muerte, Él no tiene que ir a conversar con el Hades, Él no tiene que hablar con nada ni con nadie para decir: "Solo vuelvo a la vida." Él no tiene que hacer un trueque, Él no necesita un ungüento, Él no necesita una vacuna, Él no necesita un acuerdo. Jesús solo tiene que hablar y Lázaro va a resucitar. Ese es el Jesús que está delante de ella.

Marta necesita entender con quién es que ella está hablando. Marta, aunque es ortodoxa en su mente, ya tiene un Jesús que come en su casa, que comparte con ellos, que se sabe las mejores historias, que tiene buenas respuestas. Marta se le olvidaba que ella está hablando con el que descendió del cielo, que tiene todo el poder de los ejércitos de Dios a su orden, que tiene como fecha de nacimiento la eternidad, cuyo nombre es el Alfa y Omega, el principio y el fin. Marta necesitaba recordar que el hombre con quien ella estaba hablando era el Dios de los judíos y el Señor de toda la tierra, quien era la resurrección y la vida. Aunque estuviera muerto, viviría. Quien era la vida. Quien creyera en Él nunca verdaderamente moriría. Que la vida que Él entregaba era vida para siempre. Que el agua que Él daba quitaría la sed para siempre.

¿Marta, tú crees esto? ¿Y tú crees esto? ¿Y tú estás dispuesto a dar tu vida por esto, a vivir tu vida para esto? Porque si crees, amado hermano, aunque estés muerto hoy, tú vivirás. Y si vives hoy, nunca morirás. ¿Tú crees esto? ¿Tú crees esto? Él es la resurrección y la vida. Esta es la pregunta más importante en nuestras vidas: ¿creemos esto? Este es el gran Yo Soy.

Seguimos leyendo. Versículo 28: "Habiendo dicho esto, Marta se fue y llamó a su hermana María, diciéndole en secreto: 'El Maestro está aquí y te llama.'" Y ahora sí María se levantó. "Pero me llama. Ya no es que está aquí, que me llama." Tan pronto como ella lo oyó, se levantó rápidamente y fue hacia Él, porque Jesús aún no había entrado en la aldea, sino que todavía estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado. Entonces los judíos que estaban con ella en la casa consolándola, cuando vieron que María se levantó de prisa y salió, la siguieron suponiendo que iba al sepulcro a llorar allí. Al llegar María donde estaba Jesús, cuando lo vio, se arrojó a sus pies diciendo: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto."

Y cuando Jesús la vio llorando, y a los judíos que vinieron con ella llorando también, se conmovió profundamente en el espíritu y se entristeció. "¿Dónde lo pusieron?", preguntó Jesús. "Señor, ven y ve", le dijeron. ¿Qué dice el versículo 35? Jesús lloró.

Marta fue en busca de su hermana, y María, al saber que Jesús estaba cerca, corrió hacia Él. Y esta es la María que conocemos, la emocional, la que corre. Recuerden que en estos tiempos, ya lo dijimos, en esta época las mujeres serias no corrían en público. Pero a esta no le importó el qué dirán. "Jesús me está llamando, yo tengo que ir. Me llamó mi Maestro. Me quedé atrás, estaba un poco en shock, pero mi Maestro me llamó."

Y el versículo 32, le encuentra en su lugar favorito. ¿Cierto? ¿Lo notaron? Dice que alguno encuentre, cuando lo vio se arrojó, ¿a dónde? Ese es el lugar de María. Esa es María, la que escogió la mejor parte, a los pies de su Maestro. Pero esta María está quebrantada, esta María está dolida, esta María está rota. Ella perdió a su hermano amado, ella le pidió al Señor que viniera y Él no vino. Y volvió el refrán: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto." Parece como que esto era algo que María y Marta se decían una a otra: "¿Por qué el Señor no vino? ¿Por qué no vino?"

Y una vez más, el Señor no reprendió a Marta y el Señor no reprendió a María cuando desnudaron su corazón delante de Él. ¿Lo notan? Delante de Él ellas no le están peleando al Señor, ellas están hablando con su Señor, con aquel que las ama, y están desnudando su alma delante de aquel que las ama. ¿A quién se lo van a decir si no a Jesús? Recuérdense, para eso están los Salmos. Es un lugar con el que hay que tener cuidado, porque en las muchas palabras no falta pecado. Por eso les decía, para eso están los Salmos, y Jeremías, y Marta, y María.

Como Marta, ella abrió su corazón ante el Señor. Pero noten que la respuesta que ella recibe es totalmente diferente a la respuesta que recibe Marta. ¿Lo notaron? Porque Marta necesitaba un recordatorio de verdadera teología. María necesitaba lágrimas. Marta necesitaba teología, María necesitaba lágrimas. Y es que Jesús provee exactamente lo que necesita cada oveja en el momento adecuado. Ese es el Buen Pastor. Ese no es un médico que da la misma medicina para todo el mundo, ¿ves? Él sana. Él entra en el momento exacto con la palabra correcta y dicha a su tiempo.

Marta necesitaba un recordatorio de la majestuosidad del Salvador del mundo que había venido, el gran Yo Soy, el Hijo de Dios, que resucitaría a su hermano. María necesitaba un recordatorio del humilde Cordero de Dios, el Siervo sufriente, el Hijo del Hombre, que tomaría su lugar, cargaría sus enfermedades y le daría vida cargando con sus culpas. Cada cual necesitaba un aspecto diferente del mismo Dios: el mismo Cordero, el mismo León.

Y es así como nos encontramos con el versículo más corto de la Biblia, dos palabras en español, que son las que hacen que no haya nadie como Él entre todos los dioses inventados por el hombre: Jesús lloró. El Dios soberano que lo gobierna absolutamente todo, que una hoja no cae si no es por su soberana palabra, desciende a Belén como un bebé. El Creador del cielo y la tierra es alimentado por María y enseñado por José. El Omnipotente que todo lo ve, aprendiendo obediencia y carpintería. Y el que iba a resucitar a Lázaro en tan solo unos momentos está ahora llorando con Marta y María.

¿Y por qué lloraba Jesús? Ten cuidado de meterte la cabeza en la teología y perderte el carácter de quien lo está haciendo. Me ha pasado. "Pero le va a resucitar, ¿por qué lloraba?" Jesús lloraba porque le dolió. Ahí lo dice el versículo: Él amaba a Lázaro, y Lázaro estaba medio muerto en una tumba. Él amaba a Marta, y ella estaba turbada, confundida, ansiosa, sin entender lo que estaba pasando. Él amaba a María, y ella estaba desconsolada y afligida. Jesús no podía ver el dolor de todos los que estaban ahí alrededor y quedarse inerte como si no fuera nada, solo porque Él sabía que al final todo estaría bien. Jesús lloraba porque Él estaba cansado y afligido de la muerte, del dolor, del sufrimiento y del pecado que asolaba el mundo.

¿O acaso tú no crees que tu Padre también se dolía contigo en medio de tu dolor? Él sabía que al final del cáncer tú ibas a decir: "Gloria a Dios por ese cáncer." Que al final del desempleo tú ibas a decir: "Gloria a Dios que yo pasé por ahí." Él lo sabía. Que al final de esa prueba tú ibas a decir: "Gloria a Dios, el Señor sabía que yo necesitaba pasar por ese sufrimiento." Él lo sabía, pero Él estaba doliéndose contigo mientras tanto, porque la gloria del final no cambia el dolor del proceso.

Lo que Jesús le muestra a María, lo que Jesús está mostrando a nosotros, es que Él no está solo al final. Él está en cada paso del camino. Él no está solo en el proceso de máquina donde Él está al final formando a Cristo. Y por eso está bueno, no importa que aguante un chin de...

El dolor, porque al final va a ser para mi gloria y su bien. Él también le duele, él también llora contigo. Él sabe que tú lo necesitas, él sabe que al final tú vas a estar sonriendo, pero él sabe que te duele. Es un Dios sincero. Él te dio la teología antes para que soportes la prueba, él te da el gran Consolador durante para que puedas decir "aguantando", y él recibe la gloria después. Y como dice la canción: tú eres llenado, pasé vaciado, otra vez él te llena, te prepara, y vienes a la próxima más como Cristo, y vienes al próximo.

Jesús ejemplifica que nuestro Dios no es solo el soberano Dios del universo, él es también nuestro consolador cercano. El Alto y Sublime que habita con el contrito y humilde. Bendito sea nuestro Señor.

Y la historia no termina. Versículo 36: "Por eso los judíos decían: 'Miren cómo lo amaba.' Pero algunos de ellos dijeron: '¿No podía este, que abrió los ojos del ciego, haber evitado también que Lázaro muriera?' Entonces Jesús, de nuevo profundamente conmovido, fue al sepulcro. Era una cueva y tenía una piedra puesta sobre ella." "Quiten la piedra", dijo Jesús. Recuerden que ahí habla Marta, hermana del que había muerto, le dijo: "Señor, ya huele mal, hace cuatro días que murió." Jesús le dijo: "¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios? ¿Crees esto?" Entonces quitaron la piedra. Jesús alzó los ojos y dijo: "Padre, te doy gracias porque me has oído. Yo sabía que siempre me oyes, pero lo dije por causa de la multitud que me rodea, para que crean que tú me has enviado." Habiendo dicho esto, gritó con fuerte voz: "¡Lázaro, sal fuera!" Y el que había muerto salió, los pies y las manos atadas con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: "Desátenlo y déjenlo ir."

¡Cuántas cosas hubiera dicho yo! ¡Cuántas cosas hubiera dicho yo! "Desátenlo y déjenlo ir." Sacado próximo cuarenta minutos yo predicando. Y ahora llegamos a Lázaro, y que en la historia de Lázaro no se trata de Lázaro, se trata de Jesús también.

Y es el momento donde yo debo llamar la atención a un detalle que yo no sé si ustedes habían captado. ¿Cuántos días tenía Lázaro muerto cuando llegó Jesús? Cuatro. Ahora, ¿cuántos días esperó Jesús? Dos. O sea que si Jesús hubiera salido de inmediato cuando recibió el mensaje, ¿cuántos días hubiera tenido Lázaro muerto cuando llegara? Lázaro iba a morir de cualquier forma. Si hubiera salido, no. Lo que cambió era el tiempo que iba a durar el funeral y el tiempo que iba a durar la fiesta de resurrección después. Lázaro iba a morir. Esa enfermedad no era para muerte, era para atravesar la muerte y terminar en vida. Ese funeral iba a terminar en fiesta de resurrección de un lado o de otro. Lo que Cristo quería era que la fiesta durara mucho.

Cristo quería, Cristo amaba a Lázaro, él amaba a Marta, él amaba a María. No quería que la gente dijera que estaba medio dormido. Dos días lo aguanta cualquiera, pero cuatro días descompuesto, ya con mal olor. De hecho, había una cultura judía, en la cultura judía se entendía que el alma duraba hasta tres días dando vuelta por arriba del cuerpo por si acaso, y luego del tercer día ya no. Entonces había toda esta costumbre de que el cuarto día era que ya no. O sea, después del tercer día ya no. Ya, listo. Cristo estaba dejando claro que no cupiera la menor duda, que no hubiera la menor duda, que no hubiera nada de duda. Es que de verdad había mal olor.

Él amaba a Lázaro, no quería que nadie anduviera diciendo chismes de que él hizo el muerto. ¿Se están entendiendo hasta qué punto lo amaba a Lázaro? Él quería que esta historia la contáramos en la Iglesia Bautista Internacional 2125 también. Es más, ¿tú sabes cómo se llama Betania hoy? Algunos de ustedes quizás saben, quizás han visitado esta aldea donde pasó esto. Se llama hoy en árabe El-Azariya. Esto de Lázaro se sigue contando hoy, se sabe dónde está la tumba. Es que Cristo amaba a Lázaro y a Marta y a María, y no quería que cupiera duda.

Así que imagínate esta escena. Dice el texto que había una gran multitud de personas. Marta y María eran personas conocidas. Jesús era persona conocida, donde sea que Jesús iba venía el paranduleo. La aldea estaba cerca de Jerusalén, por lo cual venía gente de Jerusalén a revisar también la norma. Ustedes se han ido escuchando esto: es que había lloradoras profesionales en los funerales que se encargaban de ir a llorar a los funerales para mantener el espíritu vivo.

Y Jesús, este es el séptimo de las señales que hace Jesús en el libro de Juan. Y ha hecho el pan, el perdón, el agua en vino, los panes, el calmar la mar, el ciego del cual hablaremos en semanas que viene. Él ha hecho una serie de señales importantes. Él también ha volcado las mesas de los cambistas. La gente lo vio llorando. O sea que la gente está, todo el mundo como viendo a ver qué es lo que va a hacer Jesús. De pronto silencio. O sea estos momentos como dicen que se cae un alfilerito y el mundo lo oye. Y de pronto Jesús dice: "Quiten la piedra."

Y entonces se mete Marta: "Señor, pera te, pera te, pera te, pera te." Me voy a la niña, el ambiente, un hedor. Ella no quería ver a su hermano en esa condición, esa es una posibilidad, o la probabilidad: ella no quería que se metiera ese dolor en el ambiente. Y el Señor le recuerda: "Marta, pero tú y yo acabamos de hablar. ¿Tú crees esto? ¿Tú crees que la gloria de Dios está aquí?"

Y entonces dice el texto, entonces silencio, se mueve la piedra. Y Jesús, yendo, Jesús espera el silencio para hacer esta oración trinitaria donde el Hijo habla con el Padre, esta relación de perfecta comunión. De pronto nos dejan meternos en el medio. Oh Dios, el Padre que dio a su Hijo, el Hijo que daría su vida. Y de pronto nos encontramos que el Dios del universo tiene todos sus ojos puestos en esta pequeña aldea, en esta pequeña familia, en este pequeño hombre. Dice: "Yo sabía que tú siempre me oyes, pero yo quería que ellos supieran que tú estás aquí oyendo."

Y el versículo 43, como si fuera Génesis 1 otra vez, como si fuera la luz o los animales o las estrellas o el mar, el Hijo del Hombre con la autoridad divina de la resurrección y la vida: "¡Lázaro, sal!" Y si el viento y el mar y la muerte obedecen, ¿qué puede hacer este hombre sino salir? ¿Qué puede hacer este hombre sino salir? Y bien dicho muchos otros que gloria a Dios que él dijo "Lázaro", porque las tumbas estaban todas listas para soltar a todos sus muertos. Porque cuando Cristo dice "sal", cualquiera sale. Ese es nuestro Señor que da vida a los muertos. "Yo soy la resurrección y la vida." Marta, María, ¿me crees? ¿Crees esto?

¡Qué despliegue de gloria! ¡Qué gran poder de Dios está aquí! Imagínate a Marta, imagínate a María ver el rostro de su hermano, que lo vieron morir, quitarle el sudario y ver sus cachetes, escucharle hablar. El funeral, una fiesta. El lamento, danza. El silicio, alegría. Bendito sea Dios.

Y qué puede pasar, sigamos leyendo. Versículo 45: "Por esto muchos de los judíos que habían venido a ver a María y vieron lo que Jesús había hecho, creyeron en él." Y se acabó el evangelio de Juan y estamos listos y terminó todo perfecto. Porque Génesis 3 nunca pasó. Señor, perdónanos. Ten piedad de tu pueblo, ten piedad de Israel.

"Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho." ¿Cómo tú ves eso y vas? Versículo 47: "Entonces los principales sacerdotes y los fariseos convocaron un concilio y decían: '¿Qué hacemos?'" ¿Darle gloria a Dios? ¿Qué más vas a hacer? "No, porque este hombre hace muchas señales, y si lo dejamos seguir así, todos van a creer en él, y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro lugar y nuestra nación." ¿Y qué importa? Dios está contigo. No, yo quiero mi lugar y quiero mi nación.

"Pero uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote ese año, les dijo: 'Ustedes no saben nada, ni tienen en cuenta que les es más conveniente que un hombre muera por el pueblo y no que toda la nación perezca.' Ahora bien, no dijo esto de su propia iniciativa, sino que siendo el sumo sacerdote ese año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación, y no solo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que están esparcidos." Ahí está la vida hablando de ti. "Así que desde ese día planearon entre sí matar a Jesús."

La respuesta que vemos aquí es la respuesta que siempre vemos a Jesús. Hay un grupo que deja de lado el orgullo, deja de lado sus planes, su voluntad, está dispuesto a dejar de lado su propia vida con tal de seguir a aquel que dijo que era el gran Yo Soy. Pero hay otro grupo que ve, escucha este testigo de la grandeza del Señor, y endurece su corazón. Que prefiere cerrar sus ojos a la majestad de Dios que dar su brazo a torcer. Que prefiere negar lo que está frente a sus ojos que dejar atrás su pecado.

Y el versículo 47 nos dice que ese grupo dijo: "Yo no, vamos a matar a Jesús", y puso un plan para matar a Jesús. Pero también nos dice el texto en el versículo 51 que ese plan no sorprendió a Dios. De hecho, deja claro la Escritura que ese plan fue hasta una profecía de parte de Dios, que el sumo sacerdote estaba profetizando lo que Dios ya había orquestado. Y aunque el texto nos dice en el capítulo 12, para que vean que sigo estudiando, un spoiler: este mismo grupo endureció tanto su corazón que no solo quería matar a Jesús, sino que quería matar a Lázaro también.

Déjenme decirles que esto tampoco sorprendió a Jesús, porque cuando Jesús sacó a Lázaro de la tumba, él sabía que iba a entrar a la de él en su lugar. Jesús había orquestado esto sabiendo que esta última señal iba a dar paso a su crucifixión. Pero él sabía que él era la resurrección y la vida, y él mismo daría su vida, la volvería a tomar al tercer día, para que junto con él, como hemos cantado hoy, Lázaro y Marta y María y Tomás y Jairo y todos aquellos que creen en él también resuciten para siempre y tengan vida eterna junto con él.

Porque mi amado Lázaro volvió a morir. El cuerpo con el que él resucitó fue un cuerpo mortal. Pero cuando Jesús regrese, y créanme que él regresará, seremos como él. Y ya la muerte y el dolor y las lágrimas y los funerales y el pecado van a ser solo una vieja memoria de lo que fue. Y lo que nos queda será un futuro de alabanza y gloria y adoración al Rey de reyes y Señor de señores, que vive hoy y es para siempre.

Siempre es digno de adoración por toda la eternidad. Y yo te pregunto, iglesia: ¿tú crees esto? Yo no sé qué va a traer este año ni para mí, ni para mi familia, ni para ti, ni para tu familia, ni para esta nación. Bien os decía el pastor al principio, bien os dijo el domingo pasado: pruebas por todos los lados. Lo que sí sé es que aquel que estuvo con Marta y con María estará con nosotros. Ya sea que les espere, que venga, ya sea que les responda con un sí, con un no, o con un "todavía", yo sé con todo mi corazón que él me ama. Y si tú has creído en él, yo sé con todo mi corazón que él te ama.

Yo sé que es bueno. Yo sé que su misericordia es eterna. Yo sé que sus mandamientos son buenos. Yo sé que su voluntad es buena. Yo sé que su palabra es buena. Yo sé que su carácter es bueno. Yo sé que sus promesas son seguras. Iglesia, ¿crees esto? Yo no sé qué sorpresas pueden venir. Yo sé que a Dios nada lo sorprende. Iglesia, ¿tú crees esto?

Entonces, ¿te vas a rendir al temor? ¿Vas a dudar de tu Dios que te ha dado su Hijo? ¿Vas a guardar un poquito de inseguridad de si de verdad Dios es lo que él dice ser? ¿Te vas a poner como Tomás? ¿Te vas a poner como: "Bueno, yo voy para morirme"? ¿Vas a rendirte al pecado que tienes tanto tiempo guardando en tu corazón? ¿O vas a rendirte a los brazos de aquel que lloró por Lázaro con María y con Marta? Aquel que allí derramó lágrimas, pero luego derramaría su preciosa sangre por amor a nosotros. Iglesia, ¿a quién vas a correr este año? Mi amado hermano, ¿tú crees esto?

Señor, Tú nos has dado más que suficientes pruebas de mostrarnos que Tú nos amas. Cada día lo es. Cada día lo es. Levantarnos, sí lo es. Cada perdón tuyo lo es. Por tu misericordia no hemos sido consumidos. Pero, Señor, cuántas otras cosas nos has dado. Gracias por nuestras familias. Sí, Señor, gracias por nuestros trabajos, nuestros carros, nuestras casas, nuestros juegos y nuestros hobbies. Señor, gracias por esta iglesia y por el privilegio de reunirnos aquí. Aun gracias por nuestras autoridades. Gracias por cambiar su corazón y permitirnos reunirnos aquí como iglesia hoy. Por tantas cosas, Señor, que apreciamos tanto.

Gracias por tu Palabra. Qué perdidos estaríamos sin tu Palabra, Señor. Y qué sería de mi vida si no es porque tu Escritura me guía por el camino correcto. Gracias, Señor, por tu Santo Espíritu. Gracias por cómo me ha consolado, me ha guiado. Gracias por cómo me ha llevado a sabiduría, me ha llevado a verdad, me ha corregido. Gracias por la confirmación del Padre de que me ha amado dándome a su Hijo.

Señor, yo he recibido tanto de ti que yo no puedo sino darte gracias. Y yo lo primero a personal, porque yo sé, tu hermano, que tú puedes decir lo mismo. Y si eso es así, dile al Señor: "Yo he recibido tanto de ti que yo quiero darte gracias. Gracias, Señor. Gracias por todo lo que Tú me has dado. Qué bueno Tú has sido, Dios, conmigo. Qué bueno Tú has sido, Dios, conmigo."

Yo te pido perdón por guardar dudas en mi corazón. Y si ese es tu estado, hermano, pídele perdón al Señor. Dile: "Perdóname, Señor. Perdóname por dudarte. Perdóname porque a veces Tú me has dicho no y yo he seguido insistiendo de mala forma. Perdóname porque a veces he puesto en duda tu carácter. Perdóname porque a veces he querido hacer mi voluntad por encima de la tuya, Señor. Hasta perdóname porque a veces he dudado si Tú existes."

Pero en esta mañana, Señor, yo te doy las gracias y la gloria porque Tú me has recordado que Tú me has amado aun cuando yo esperaba. Gracias, Señor Jesús, por no quedarte allí. Tú fuiste donde Marta. Tú fuiste donde María. Tú levantaste a Lázaro. Si se los hiciste a ellos, lo harás conmigo también. Como sea que eso luzca, yo no sé cómo será en mi vida, pero yo tengo fe, Señor. Como sea que eso luzca. Y algo que yo sé, Señor, yo lo sé: Tú estás vivo. Tú estás vivo, Señor.

Ayuda a tu iglesia a saberlo hoy. Yo lo creo, y ayúdame a saberlo. Tú vives. Esa tumba está vacía. Sí, como la de Lázaro, tu tumba está vacía. Tú vives. Mi pecado ha sido perdonado. Tú estás vivo. Señor, yo te bendigo, te alabo, te exalto, me declaro, Señor, limpio por tu gracia. Y te doy toda la gloria, de guerrero necesitando tu gracia, tu perdón. Yo te pido en esta mañana, Señor, que Tú grabes en mi corazón, que yo sepa ya con toda certeza la realidad de tu resurrección, para tu gloria.

Jairo Namnún

Jairo Namnún

Jairo Namnún sirve como director ejecutivo de Coalición por el Evangelio, encargado de idear y supervisar el contenido del ministerio. Posee una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Patricia Namnún y juntos tienen dos hijos: Ezequiel e Isaac.