Héctor Salcedo • 27 diciembre, 2020
Zaqueo era un hombre pequeño en estatura y pequeño moralmente: jefe de los recaudadores de impuestos en Jericó, rico gracias al fraude y la extorsión, excluido de la sinagoga y de toda vida social respetable. Los recaudadores eran considerados traidores y perversos, cooperadores del poder tiránico e idólatra de Roma que además robaban a su propio pueblo. Nadie pensaba que Dios pudiera alcanzar a alguien así.
Sin embargo, algo había llegado a oídos de Zaqueo: este maestro llamado Jesús trataba a los recaudadores de manera diferente. Había llamado a Mateo a seguirlo, había comido con publicanos y pecadores, había declarado que no venía a llamar a justos sino a pecadores al arrepentimiento. Esa noticia despertó en Zaqueo una ansiedad tal que lo llevó a correr y treparse en un árbol —algo vergonzoso para un hombre de su posición— solo para ver a Jesús pasar.
Lo impensable ocurrió: Jesús se detuvo, miró hacia arriba y dijo: "Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy debo quedarme en tu casa". No dijo "quisiera", sino "debo". Había una necesidad divina en ese encuentro. Cristo no se encontró con Zaqueo por casualidad; lo estaba buscando. Si Zaqueo no hubiera estado en el árbol, Cristo lo habría buscado en otro lugar. Así es como Dios salva: no lanzando una red al azar, sino apuntando, saliendo a buscar a sus ovejas perdidas.
El resultado fue transformación inmediata. Zaqueo llamó a Jesús "Señor" y entregó sus bienes. Su honestidad y caridad no fueron el motivo de su salvación, sino la evidencia de ella. A eso vino Cristo: a buscar y salvar lo que se había perdido.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Gracias, Señor, por estas verdades que nos hacen cantar. Nos llena de plenitud saber que tú nos has escogido y tú nos has hecho tus hijos. Permite que nuestras miradas no se aparten de ti, Dios que nos ha salvado. Háblanos ahora en la medida que abrimos tu Palabra, háblanos que tu pueblo escucha, en el nombre de Jesús.
Bien, estamos en buenas fechas, sobre todo climatológicamente. Son fechas de fresco, de buenas brisas y también de reuniones familiares. Aunque hemos tenido un año extremadamente accidentado por todo este tema del coronavirus, nuestro Dios permanece en control de todas las cosas. Y estas navidades hemos decidido hacer una serie breve de cinco mensajes acerca de diferentes encuentros que nuestro Señor Jesús tuvo en los evangelios, y cada encuentro revela algo de nuestro Dios. Es una forma en la que Jesús toca una vida y se revela, se expone algo de él que aprendemos, o algo de Dios que aprendemos a través de cada uno de estos encuentros. Por eso hemos titulado esta serie "Jesús revela a...", en este caso hemos titulado el mensaje "Al deshonesto de su tiempo", la historia de Zaqueo. Jesús revela al deshonesto de su tiempo, y es la historia de Zaqueo que será la base de nuestra exposición.
Siempre es apropiado, pertinente, uno en Navidad recordar precisamente el personaje de Jesús. Jesús, como cantábamos, es el motivo de la Navidad, se celebra su nacimiento. Y para hacerlo teológicamente más preciso, se celebra su encarnación, porque Jesús nació, sí, asió humanamente como uno de nosotros, pero Jesús no comenzó a existir en el momento que nace. Claramente la Biblia dice que él vino al mundo, él existía previo a su nacimiento, y por tanto lo que celebramos es el hecho de que el Hijo de Dios, el unigénito de Dios, se hiciera hombre, se encarnara, viniera a habitar entre nosotros y fuera entonces el representante perfecto de nosotros ante Dios en el sacrificio de la cruz. Cristo pagó por nosotros, Cristo pagó mi culpa, pagó mi pecado, y por ese sacrificio yo hoy, nosotros, podemos tener y predicar salvación. Y eso es lo que celebramos en Navidad: la encarnación de nuestro Señor.
Entonces, en esta historia de Zaqueo el Señor claramente nos revela el motivo, la razón por la que él vino a esta tierra, y como ya decía, se encarnó con un propósito. Y la historia de Zaqueo precisamente queremos sacarle, exprimirle lo que fue la intención original del Espíritu Santo al inspirar esta historia. Esta no es una parábola, esto es una historia real que ocurre precisamente en los días previos a nuestro Señor ser crucificado. Vuelvo y digo, esta no es una parábola, una historia ficticia, sino que es una historia real que acontece.
Vamos entonces a buscar Lucas 19, vamos a leer los primeros 10 versículos de Lucas 19. Estaré leyendo de la Nueva Biblia de las Américas. Y nos dice el texto de la siguiente manera: "Cuando Jesús entró en Jericó, pasaba por la ciudad, y un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los recaudadores de impuestos y era rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, ya que Zaqueo era de pequeña estatura. Corriendo delante, se subió a un árbol sicómoro, y así lo podría ver porque Jesús estaba a punto de pasar por allí. Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba y le dijo: Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy debo quedarme en tu casa. Entonces él se apresuró a descender y lo recibió con gozo. Al ver esto, todos murmuraban: Ha ido a hospedarse con un hombre pecador. Pero Zaqueo, puesto en pie, dijo a Jesús: Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguien, se lo restituiré cuadruplicado. Hoy ha venido la salvación a esta casa, le dijo Jesús, ya que él también es hijo de Abraham, porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido."
Es una historia de apenas diez versículos, una historia corta, breve, pero tiene una gran enseñanza para nosotros de la misión y el carácter de la venida de Jesús a nuestra tierra. En este caso vemos que Jesús se encontraba en su trayecto a Jerusalén, y venía caminando. Hay varias historias que se producen en su trayecto a Jerusalén. De hecho, la semana pasada el pastor Joel predicó precisamente un mensaje de los dos deudores que hablaba de la mujer pecadora y Simón el fariseo, donde ambos fueron encontrados por Cristo. Y eso es parte de este trayecto de Jesús hacia Jerusalén, donde en pocos días él sería crucificado, donde en pocos días él sería sacrificado por nuestros pecados.
Pero sí, como siempre ocurría, Jesús iba por la vida tocando vidas, cambiando realidades, mostrando la gracia y la plenitud de Dios a todos de una forma u otra. A veces tocaba con sanación física, a veces tocaba con salvación espiritual, a veces eran unas palabras de confrontación o de estímulo, pero la realidad es que Cristo iba tocando vidas por la vida.
Y nos dice entonces este capítulo 19, versículo 1, que Jesús entró en Jericó. Es una ciudad famosa en la Biblia. Jericó fue la famosa ciudad a la que los israelitas, cuando salieron del cautiverio en Egipto, llegaron y conquistaron por medio de un grito de guerra, y sabemos que los muros de Jericó cayeron. Esta era la ciudad, es la misma, no es otra ciudad. En esta ocasión era una gran ciudad, de hecho permanecía siendo una gran metrópolis, podemos decirle así, pero no tenía los mismos muros que cayeron, tenía muros nuevos. O sea, es una ciudad amurallada de hecho en la época de Jesús, y era un oasis natural por las diferentes fuentes de agua que llegaban a la ciudad. En varias ocasiones de hecho en el Antiguo Testamento se le llama a la ciudad de Jericó "la ciudad de las palmeras". Hoy en día, de hecho, uno va y están las ruinas de Jericó, por así decirlo, y dicen: "Bueno, ahí está Jericó", y todavía hay palmeras alrededor, que era como un árbol característico de la ciudad.
En un sentido era una ciudad próspera, abundante, muchos le llamaban el Edén de Palestina. Y de hecho, para los romanos era uno de los tres puntos de recaudación de impuestos más importantes. Por la prosperidad de la ciudad, por la abundancia de la ciudad, los romanos tenían un punto de recaudación impositiva, tributaria, importante, junto con Cesarea y con Capernaúm. Eran los tres puntos en Palestina, los tres puntos donde los romanos recaudaban más impuestos. Se nos dice entonces que Jesús entra en Jericó, esta ciudad populosa, abundante, afluente de agua, amurallada, una ciudad próspera.
Y se nos habla entonces de que un hombre llamado Zaqueo, versículo 2. Aquí se encuentra con Zaqueo, o más bien se nos menciona por primera vez el nombre de Zaqueo. ¿Quién era Zaqueo? Hay algunas cosas que se nos dicen aquí que lo hacen interesante. Pero lo primero que llama la atención es que, a diferencia de la mayoría o de todos los recaudadores de impuestos que leemos en las Escrituras —de hecho, en el mismo libro de Lucas se hace referencia a muchísimos recaudadores de impuestos— ningún otro recaudador, excepto Mateo que fue apóstol de Jesús, es nombrado por su nombre, ninguno.
Y los estudiosos de las Escrituras dicen: "Bueno, ¿por qué Lucas se toma la molestia de nombrar a Zaqueo?" Porque realmente, haber dicho "un recaudador de impuestos" y haber hecho la historia no requiere su nombre. Pero todos entienden, o la mayoría entiende, que la razón es que Zaqueo eventualmente se convierte en un líder cristiano importante. De hecho, hay un padre de la iglesia de nombre Clemente de Alejandría, del primer siglo, que dice que Zaqueo fue pastor en la iglesia de Cesarea. Y luego de que terminó su pastorado, quien lo sustituyó fue Cornelio de Hechos 10. Es interesante, esto no está en la Biblia, es parte de la historia de la iglesia. Y posiblemente, por ese motivo, Zaqueo es nombrado en este Evangelio de Lucas, porque eventualmente llegó a ser ese líder cristiano al que muchos podían hacer referencia. Entonces el que leía el Evangelio de Lucas decía: "¿Ah, Zaqueo, el pastor de Cesarea? ¡Ah!" Así hacían referencia.
En este punto, entonces, se nos presenta Zaqueo. No se había escuchado de él antes, y en este pasaje se nos dan algunas informaciones, como decía. En primer lugar, Zaqueo, su nombre significa "el justo", "puro". Parece que los padres tenían una muy buena intención con él, aunque él se convirtió después en otra cosa, pero había una buena intención inicial con los padres. Los padres siempre tienen una gran esperanza con sus hijos, y después la realidad se impone. Pero Zaqueo tenía este nombre, su nombre significaba "justo", "puro".
Él era jefe de los recaudadores, o sea, que había otros recaudadores de impuestos que trabajaban para él. Estos recaudadores de impuestos romanos lo que hacían era que le compraban a Roma esta posición por un monto. Una cantidad de dinero le daban a Roma, y acordaban con Roma: "Mira, yo te voy a dar tanto dinero al año", y Roma decía: "De acuerdo". Todo lo que ellos cobraran por encima de eso era de ellos. Ese es el acuerdo, y como ustedes pueden darse cuenta, era la combinación perfecta para la corrupción: "Dame tanto, lo que tú hagas con tu pueblo eso es problema tuyo". Y por lo visto, Zaqueo era un hombre hábil, sagaz, porque era jefe de los recaudadores. Se le estaba en la especie de la cúspide de la pirámide recaudatoria de Jericó. Era un hombre corrupto, era un hombre deshonesto, era un hombre ladrón, y ya veremos más adelante cuál era la impresión que tenía el pueblo de él, evidentemente.
Pero no es de extrañar que se nos dice que Zaqueo era rico. La gente lo conocía por rico, eso es lo que nos dice el versículo 2 en su tercera parte. Y posiblemente muy rico, como ya dijimos, porque Jericó era una de las ciudades más prósperas y populosas de la época. Y aunque quizás su riqueza, algunos de sus bienes se debían a un legítimo ejercicio de sus actividades, había otra parte, la mayoría yo diría, de su riqueza que provenía del fraude, del robo, de la extorsión a los ciudadanos judíos en favor del imperio romano.
Ahora nosotros entendemos por qué era un hombre extremadamente despreciado. Los recaudadores eran considerados en la época como traidores y perversos; esa es la reputación que tenía un recaudador. No solamente cooperaban con el poder tiránico de Roma, el poder absoluto y aplastante de Roma, sino que también era un poder idolátrico. Recordemos que Roma adoraba a sus líderes, a sus césares, a sus emperadores, y tenía otras deidades también. Era un poder, por lo tanto, tiránico, aplastante e idólatra. Obviamente, para el judío eso era una ofensa a su fe y a su convicción de que había un solo Dios. Y no solamente eso, sino que también les robaban a su pueblo.
Por eso es que el versículo 7 dice que todos murmuraban cuando Jesús dice que se va a hospedar en casa de aquel; obviamente el chisme se armó. Todos murmuraban porque se fue a hospedar con un hombre pecador. Pero el desprecio hacia los recaudadores era tal que esta gente, a pesar de rica y poderosa, estaban excluidos de la sociedad. O sea, ellos no podían entrar a la sinagoga, no podían entrar a la sinagoga, no tenían prácticamente ninguna relación social, porque el que tenía contacto con un recaudador estaba contaminado desde el punto de vista religioso, por lo menos para los judíos. Entonces, los únicos que podían compartir con ellos eran otros individuos de la sociedad que caían en esa categoría de recaudadores y pecadores.
Era una categoría moral, era la escoria moral de la sociedad, con la que nadie quería juntarse. De hecho, en los evangelios nosotros vemos este grupo; en Lucas 7:34 se nos dice que era el grupo de recaudadores y pecadores. Ahí estaban las prostitutas, ahí estaban otro tipo de individuos que eran considerados corruptos. Ellos eran parte de esa categoría, de esa escoria moral excluida de todo en la sociedad, condenados al aislamiento y al juicio. En el caso de Zaqueo, a pesar de su riqueza y a pesar de su poder, nadie entendía que un recaudador mereciera un buen trato de la gente, y mucho menos de Dios. ¿Cómo es que Dios se va a mostrar bueno, dadivoso, generoso hacia un recaudador? Por eso este contacto de Jesús con Zaqueo es chocante para la mente judía religiosa de la época.
Y con todos esos antecedentes, entonces ahora uno lee, por ejemplo, en un capítulo anterior —hoy leímos de Lucas 19— pero el capítulo 18 de Lucas nos presenta la famosa parábola del fariseo y el recaudador de impuestos. Muchos deben recordar esa parábola, pero veamos brevemente lo que dice. Jesús dice en Lucas 18, versículo 9: "Dijo también Jesús esta parábola a unos que confiaban en sí mismos como justos y despreciaban a los demás." Oigan a quién se lo dijo: a unos que se consideraban justos, rectos, porque el ser humano tiene esa tendencia de considerarse mejor, más superior a los demás, justos, y despreciaban a los demás.
Y Jesús dice la parábola: "Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo y otro era recaudador de impuestos." Acuérdense de los antecedentes: la escoria que eran excluidos de todo. Versículo 13: "Pero el recaudador..." —yo no voy a leer lo que pasó con el fariseo, sino con el recaudador— "Pero el recaudador de impuestos, de pie y a cierta distancia del templo porque no podía entrar, no quería ni siquiera alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Dios, ten piedad de mí, pecador."
Este era el recaudador. Un hombre excluido, un hombre que no podía mirar a Dios con... Digo, ninguno podemos mirar a Dios con los ojos de frente. Ninguno de nosotros tiene la calidad moral y espiritual para enfrentarse al Dios Santo, Santo, Santo. La diferencia entre los que se creían justos y este era que este lo sabía. Este sabía que no podía levantar su mirada a Dios, pero estaba lejos del templo, excluido. Ese era Zaqueo. Ese era Zaqueo.
Y algo más: era chiquito. Hay dos personajes en la Biblia que son famosos por su estatura, ¿verdad? Uno está en el Viejo Testamento, que es Goliat, y otro era Zaqueo, por chiquito. Esos son dos personajes que son famosos en las Escrituras. Entonces nos dice el versículo 3 que trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, ya que Zaqueo era de pequeña estatura. Era pequeño, chiquito en dominicano, como le decimos nosotros, que era una persona de baja estatura.
En vista de su tamaño optó, en el versículo 4 se nos dice, corriendo adelante, se subió a un árbol sicómoro y así lo podría ver, porque Jesús estaba a punto de pasar por allí. Esta es una acción que Zaqueo hace que llama la atención. Para nosotros es normal. Hoy en día se han perdido como las convenciones y los protocolos, pero en esa época un hombre no corría en público y mucho menos se subía en una mata. En un árbol, para beneficio de los hermanos que no hablan en Latinoamérica: en un árbol. La gente aquí le llama mata a los árboles.
Me llama la atención eso. Zaqueo corre delante. La multitud viene, viene un grupo, Jesús viene caminando y obviamente él viene sanando, él viene resucitando, él viene hablando, enseñando, y obviamente la gente lo sigue y viene una multitud. Y él dice: "No, si yo me quedo aquí no lo voy a ver." Entonces, déjame correr adelante, se fue rápido y obviamente llegó a un lugar donde él encuentra un árbol sicómoro. Hace estas cosas vergonzosas para la época y se sube en este árbol. El árbol sicómoro es una higuera, da higos, es un árbol relativamente pequeño, de tronco ancho, que tiene diferentes raíces y es fácil de escalar; aquí en Dominicana decimos de encaramarse en él.
Entiendo que hay algo más que curiosidad aquí. Zaqueo revela una, vamos a llamarle, una ansiedad por conocer a Jesús, como que se sale de lo normal. Esto no es simplemente "déjame ver a Jesús, déjame ver quién es", porque aquí hay un hambre por conocer a Jesús que lleva a un hombre rico, poderoso, famoso por malas razones, a esta actitud desesperada de correr, subirse a un árbol para poder ver a Jesús que iba a pasar por ahí.
Es probable que Zaqueo haya escuchado del trato de Jesús con los recaudadores de impuestos. En el mismo libro de Lucas hay una estela de contactos de Jesús con los recaudadores de impuestos. Y antes de hablar un poquito de eso, para mí eso es una buena noticia: que Jesús tenga toda una serie de contactos con gente que la sociedad considera moralmente inferior, o gente que no tiene la calidad moral para venir al templo, es una buena noticia para mí. Porque tú sabes qué, mano, tú y yo estamos ahí, somos pecadores. Nosotros no somos dignos de que el Hijo de Dios se detenga y se pare a hablar con nosotros, en un contacto con nosotros. Todos nosotros, más o menos, tenemos acciones, pensamientos, motivaciones en nuestras vidas que son vergonzosas, que delante de Dios no nos hacen dignos ni aptos para estar en su presencia. Pero estos encuentros para mí son una buena noticia.
Entonces yo me imagino que Zaqueo, ansioso por conocer a Jesús, es que "este hombre es diferente", porque seguramente le han llegado las noticias. Oigan lo que dice Lucas 5:27: que Jesús pasó por el lado de Leví, que es Mateo, y le dijo: "Ven, sígueme." Esas noticias seguramente le llegaron. No solamente le llegaron esas, sino que cuando Mateo se convierte —él se convierte en Lucas 5:27— y dos versículos más adelante, en Lucas 5:29, Mateo convoca una cena con todos sus amigos recaudadores para que conozcan a Jesús. Y eso es lo que nos dice Lucas 5:29: que Mateo sostuvo una cena con sus amigos recaudadores para que conocieran a Jesús.
Y el verso 30 dice que los fariseos y los escribas se quejaban con los discípulos de Jesús diciendo: "¿Por qué comen y beben ustedes con los recaudadores de impuestos y los pecadores?" Ahí está el grupo. Jesús les respondió —oigan esta respuesta—: "Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento." ¡Qué respuesta! ¿A eso es que Jesús ha venido? Jesús no viene a llevar al justo y al limpio al cielo. De hecho, dicho sea de paso, para no hacer un juego de palabras aquí, ninguno somos justos, ninguno estamos limpios, todos estamos espiritual y moralmente enfermos. Jesús vino a salvar a esos que estamos enfermos, que nos vemos a nosotros mismos en necesidad del médico divino.
En Lucas 7:34 Jesús tiene otro contacto con otros recaudadores. Y entonces Jesús dice de sí mismo: "La gente dice de mí que ha venido el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: 'Miren, un hombre glotón y bebedor de vino, amigo de recaudadores de impuestos y pecadores.'" De Juan el Bautista decían una cosa, Jesús dice en el versículo anterior a ese. Y dicen que ahora yo soy amigo de recaudadores y de pecadores. ¡Qué bueno que Jesús es amigo de pecadores!
Lucas 15:1: "Todos los recaudadores de impuestos y los pecadores se acercaban para oír a Jesús." Lucas 18: la parábola que ya les hice referencia, del fariseo y el recaudador de impuestos. Dicho sea de paso, oigan cómo termina esa parábola: que el recaudador delante de Dios fue justificado por encima del fariseo. Todas esas noticias le llegaron a Zaqueo, o probablemente, seguramente, una parte de ellas. Este hombre trata a los recaudadores de una manera distinta.
A mí siempre me ha llamado la atención, hermanos —no sé si a ustedes les ha ocurrido lo mismo, quizás a algunos— que Jesús resulta atractivo para el pecador. Había algo en su trato, había algo en su forma de conducirse, de hablar, de lidiar con la gente, de tratar con los demás, que lejos de producir rechazo, al que estaba mal con Dios y sabía que estaba mal con Dios le gustaba estar con Jesús. Había algo en su forma. Y no me extraña entonces que Zaqueo quisiera conocer a Jesús. Por eso la ansiedad, por eso el desespero, por eso estoy dispuesto a pasar vergüenza corriendo y encaramándome en un árbol, porque precisamente yo quiero conocer a este que es diferente a los maestros que yo he conocido, a los supuestos maestros religiosos, que a lo que vienen es a juzgar y a condenar y no a ofrecer salvación.
Entonces, estando Zaqueo trepado, encaramado en el árbol de sicómoro, pasó lo impensable. Versículo 5: lo impensable.
Cuando Jesús llegó al lugar, oigan lo impensable, miró hacia arriba. Jesús miró hacia arriba y le dijo —estoy leyendo textualmente del versículo 5— y le dijo: "Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy debo quedarme en tu casa." Increíble. O sea, siendo consistente Jesús con sus tratos con los recaudadores y los pecadores, Jesús primero se detiene, luego mira hacia arriba, y luego habla a este excluido, a esta escoria moral, a este hombre que está fuera de los parámetros sociales de la salvación. Dios no alcanza, según la sociedad de la época, Dios no alcanza a este grupo de hombres.
Nosotros no sabemos cómo Jesús sabía el nombre de Zaqueo; no se sabe, el texto no lo dice. No sabemos si había tenido un contacto inicial. Es poco probable, porque en esa época no había redes sociales ni Instagram, que tú conocías al principal de recaudadores y veías noticias de ello; era difícil. Posiblemente ese es un caso similar al de Natanael. Cuando Jesús conoce a Natanael, lo conoce de manera sobrenatural. Felipe, uno de los discípulos de Jesús, traía a Natanael y se lo presenta: "Mira, Jesús, este es Natanael." Natanael, de hecho, fue el que dijo: "¿Y puede algo bueno salir de Nazaret?" Porque Felipe le dijo: "Ven, que hemos encontrado aquel del que hablan los profetas, ven para que lo conozcas." Y: "¿De dónde es?" "De Nazaret." Y Natanael dice: "¿Y puede algo bueno salir de Nazaret?"
Entonces, en Juan 1:48 hay un intercambio de Jesús y Natanael. Natanael le preguntó: "¿Cómo es que me conoces?" Natanael le pregunta a Jesús: "¿Cómo es que me conoces?" Jesús le respondió: "Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi." Oigan la respuesta de este hombre, porque Jesús le acaba de mostrar que Él es sobrenatural. Y Natanael responde: "Rabí, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel," respondió Natanael.
Es posible que Jesús haya tenido ese conocimiento de Zaqueo, un conocimiento sobrenatural de su nombre, y lo trata como si lo conociera: "Zaqueo, ven, baja, que me voy a quedar contigo. De hecho, me tengo que quedar contigo." En su intercambio, entonces, esa es su orden a Zaqueo: bajar del árbol. Le dice: "Porque hoy debo quedarme en tu casa." No le dice "quisiera," no le dice "me gustaría," le dice "debo quedarme en tu casa." Implicaba que no es que "yo voy a pasar un rato contigo." La expresión en el original dice "me voy a hospedar contigo." Posiblemente Jesús se quedó ahí de un día para otro. Se hospedó con Zaqueo, se quedó, comió con Zaqueo, durmió ahí. Al otro día no sabemos si se fue al otro día o al otro, pero se hospedó con Zaqueo.
Pero la expresión, la palabra "debo," es tremendamente importante en este contexto y en este intercambio. Porque en el original es la palabra en griego "dei," que significa deber, "tengo que hacer esto." "Debo quedarme contigo," lo que indica una necesidad divina de que esto ocurra. Es lo mismo que ocurre, o que ocurrió, cuando en Juan 4 se nos dice que Jesús iba hacia Galilea. Él estaba en una región del sur y iba hacia Galilea, que estaba más al norte. Entonces, Samaria estaba entre las regiones donde estaba Jesús y Galilea; Samaria estaba ahí. Y Jesús les dice a sus discípulos: "Tengo que pasar por Samaria." La misma palabra en el original, "dei": debo, tengo, esto tiene que ocurrir. Geográficamente hablando él tenía que pasar, pero él podía hacer lo que los judíos hacían, que tomaban un bote y rodeaban a Samaria para no pasar por Samaria, porque los judíos y los samaritanos no se llevaban bien. Pero Jesús dice: "Tengo que pasar por Samaria."
En Juan 4 leemos el encuentro que Jesús tiene con la mujer samaritana. Y ahí entendemos por qué Jesús tenía que pasar por Samaria: porque Él tenía una cita. Él tenía un encuentro con una mujer, una mujer pecadora, una mujer que había sido también excluida, pero Él quería traer luz y traer agua de vida a esa mujer que lo necesitaba. El encuentro con la mujer samaritana era también un deber divino, de la misma manera.
Este encuentro con Zaqueo —"debo quedarme en tu casa"— no es simplemente un deseo. ¿Ya que tú te subiste ahí e hiciste esto por mí, déjame yo hacer esto por ti? No, no, no. "Yo tengo... Se ha quedado en baja porque yo tengo que quedarme contigo, de hecho. De hecho, esto tiene que ocurrir, esto tiene que pasar, esto es parte de mi plan." El encuentro contigo, Zaqueo, no es casual, no es fortuito; está planeado, tiene propósito. En otras palabras: "Zaqueo, yo me he propuesto desde antes, de que antes que tú te subieras, yo voy a pasar tiempo contigo."
Y es cierto que Zaqueo estaba curioso, deseoso de conocer a Jesús. Había ido delante, vemos todo eso de Zaqueo. Pero lo increíble es que vemos al Salvador diciendo que había una iniciativa divina de encontrarse con Zaqueo y de quedarse con Zaqueo para presentarle el mensaje de salvación. Y detrás de esa necesidad divina, hermano, hay una verdad que a mí me llena de gozo y de gratitud: esto es lo que Dios hace con los pecadores. Dios los sale a buscar. Dios los sale a buscar. Yo estoy profundamente agradecido por eso, porque ¿dónde estaría yo de no haber Cristo salido a buscarme?
Nuestra salvación, hermanos, no es como que Dios tira una red y lo que salta es salvo. No, Dios apunta. Dios busca a alguien específico. Él sale a buscar una oveja. De hecho, Él lo ilustró con parábolas e historias que ilustran esto precisamente. En Juan 10:27 te dice: "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen." Cuando uno ve extraviada de Dios, escucha la voz de su Salvador, sin dilación se dirige hacia su Pastor.
En Lucas 15, tres capítulos antes de este capítulo de Zaqueo, tres capítulos antes, hay tres parábolas dichas una detrás de otra, una detrás de otra: la parábola de la oveja perdida, la parábola de la moneda perdida y la parábola del hijo perdido, el hijo pródigo, la famosa parábola del hijo pródigo. Están dichas, vuelvo a decir, una detrás de otra. Y yo voy a leer una y voy a hacer alusión a las otras dos para presentar un punto que quiero presentar acerca precisamente de esta verdad: que Cristo fue a buscar a Zaqueo a Jericó. Esto no fue un encuentro fortuito. Cristo no se encuentra con Zaqueo porque Zaqueo se subió en la mata. Si Zaqueo no hubiese estado en la mata, Cristo lo busca en otro sitio.
Lucas 15:3-7 nos dice: "Todos los recaudadores de impuestos y los pecadores se acercaban para oír a Jesús." Ya eso lo leí ahora. "Y los fariseos y escribas murmuraban: 'Este recibe a los pecadores y come con ellos.'" Entonces Jesús les dijo esta parábola, en alusión a ese comentario de que este hombre come con pecadores. Jesús les dijo esta parábola: "¿Qué hombre de ustedes, si tiene cien ovejas y una de ellas se pierde, no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la que está perdida hasta que la halla? Al encontrarla, la pone sobre sus hombros gozoso. Cuando llega a su casa, reúne a los amigos y a los vecinos diciéndoles: 'Alégrense conmigo, porque he hallado mi oveja que se había perdido.' Les digo que de la misma manera habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento."
En dos ocasiones, en una breve historia, este hombre que sale a buscar su oveja, cuando la encuentra, dice gozoso, llega a su casa y les dice a sus amigos y a sus vecinos: "Alégrense conmigo." Recuerden: este hombre que busca la oveja representa a Dios. En dos ocasiones en una parábola se nos dice que Dios está gozoso, alegre de encontrar las ovejas perdidas.
Pero después de esa parábola viene la parábola de la moneda perdida, que dice que hay una señora que pierde una moneda y dice que cuando pierde la moneda comienza y voltea la casa, como decimos aquí, literalmente buscando la moneda. Y cuando la encuentra, otra vez, oigan cuál es la constante de estas parábolas: cuando encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas diciendo: "Alégrense conmigo, porque he hallado la moneda que había perdido."
Tercera parábola, una detrás de otra, Lucas 15:23. El hijo pródigo se va, sabemos la historia, luego pasa las de Caín como decimos aquí, le va malísimo, se arrepiente, vuelve. Oigan la reacción del padre: "Traigan el becerro engordado, mátenlo, y comamos y regocijémonos, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado." Y comenzaron a regocijarse.
Hermanos, Dios salva no porque tiene que hacerlo, es porque Él disfruta salvar. Él se goza en salvar. Él quiere esto. El pecador no es un obstáculo para Él, el pecador no es un excluido para Él; el pecador es una oveja a la que Él quiere salvar. Dios obtiene gozo de extender su mano salvadora a aquel que nosotros rechazamos y juzgamos. Dios obtiene gozo de extender su mano y de salir a buscar a sus ovejas.
La salvación no es iniciativa nuestra; la salvación es iniciativa de Dios. Dios es el que está en esto, siempre ha sido así y seguirá siendo así. De hecho, no puede ser de otra manera, porque nosotros no nos damos cuenta de que estamos perdidos. El perdido no sabe dónde está. A ver, sí uno sabe que está perdido, pero no sabe cómo regresar porque está perdido.
No puede ser de otra manera. Tito 3:3, Pablo hablando de nuestra condición. Me encanta cómo Pablo describe nuestra condición cuando estamos perdidos. Pablo dice: "Porque nosotros también en otro tiempo éramos..." Oigan esto, oigan cómo Pablo te describe y me describe antes de venir a Cristo, antes de rendir nuestras vidas al Señor. Oigan la descripción bíblica de nosotros: "Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos." Esclavos. Esas cosas eran nuestros dioses, nuestros ídolos. Sigue diciendo: "Viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles y odiándonos los unos a los otros." Así estábamos nosotros.
Y el versículo 4 dice: "Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor hacia la humanidad, Él nos salvó." El ser humano no se salva; el ser humano es salvado. Es algo que se le hace a él, no es algo que él hace.
Entonces, Cristo estaba buscando a Zaqueo. Y sí, Zaqueo quería ver a Jesús, pero Cristo estaba primero buscando a Zaqueo. La historia de Zaqueo no es más que una ilustración de esas verdades que le acabo de decir: el Hijo del hombre vino a eso, a buscar a los que estaban perdidos. Vuelvo a preguntar: ¿dónde estaría Zaqueo si Dios, si Cristo no le hubiese extendido su mano?
Este autor, J. C. Ryle, dice: "Si alguna vez hubo un alma buscada y salvada, sin haber hecho nada para merecerlo, esa fue el alma de Zaqueo. Sin pedírsele, el Señor se detiene y habla con Zaqueo. Sin pedírsele, Jesús ofrece a sí mismo como huésped en la casa de este pecador. Sin pedírsele, el Señor envía al corazón de un publicano la gracia salvadora y renovadora del Espíritu, y lo coloca ese mismo día como hijo de Dios." ¡Gloria a Dios!
Entonces, ante la autoinvitación de Jesús, fíjense que Jesús se autoinvita. Me encanta eso, Jesús se autoinvita: "Yo voy para tu casa, tengo que ir." En el versículo 6 se nos dice: "Zaqueo se apresuró a descender y lo recibió con gozo." No digo yo. O sea, en dominicano, porque sabemos que habla en términos que nosotros entendamos, Zaqueo se largó del sicómoro: "Sube para mi casa." Dice que se apresuró a descender y lo recibió con gozo, no dudó. Aquí él estaba ansioso por conocer. En ese momento le dice que debe quedarse en su casa, lo que implicaba que se hospedaría con Zaqueo.
Obviamente, la reacción de la gente, como había sido en otras ocasiones, el versículo 7 nos dice: "Al ver esto, todos murmuraban: Ha ido a hospedarse con un hombre pecador." ¿Qué problema tenemos nosotros? ¿Cuál es el recelo que nosotros tenemos cuando Dios muestra su gracia y su favor con alguien que no lo merece? ¿Qué problema es que nos pica cuando Dios es bueno con alguien? ¿Por qué fue que Jonás se resintió cuando Dios perdonó a los ninivitas? ¿Por qué fue que Jonás reaccionó así? Oh Señor, que tu gozo sea el nuestro cuando un pecador se arrepiente, cuando una moneda perdida es hallada, cuando una oveja perdida es hallada, cuando un hijo perdido regresa a su hogar. Que nuestro gozo sea como el de Dios.
Y entonces, en el versículo 10, Jesús tiene este encuentro con Zaqueo, le habla, lo mira, le dice: "Me debo quedar en tu casa." Zaqueo viene apresurado, pasa algo, Zaqueo dice algo, pero yo quiero brevemente saltar un poco al versículo 9 y 10. Porque dice: "Hoy ha venido la salvación a esta casa," le dijo Jesús, "ya que él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido."
La historia de Zaqueo, el encuentro con Zaqueo, es una ilustración de esta verdad: a eso es que Él ha venido, a juntarme con gente que se sabe que está mal con Dios para reconciliarlos con Dios. De hecho, según la Palabra, 2 Corintios 5, nosotros estamos en esta tierra porque somos embajadores del Dios que reconcilia. Nosotros se supone que hemos sido reconciliados con Dios para que también vayamos por el mundo diciéndole: "Hermanos, amigos, hay una forma de reconciliarse con Dios, y esa forma es Cristo. Él es el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar al Padre si no es por Él." Y esa es nuestra tarea aquí: reconciliar. Esa es la misión del Hijo: reconciliar.
Y Él está aquí con Zaqueo, se encuentra con Zaqueo, y entonces dice: "Hoy ha venido la salvación a esta casa, ya que él también es hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido." A eso vino. Y eso es lo que celebramos en la Navidad realmente: la venida, la encarnación de Jesús a esta tierra a buscar. Ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido.
Esa declaración de Jesús, "a eso es que yo he venido," se produce inmediatamente después de que Zaqueo, en el versículo 8, le notifica a Jesús lo siguiente. Dice así el texto, versículo 8: "Pero Zaqueo, puesto en pie, dijo a Jesús..." A ver si ustedes pueden detectar algo aquí impresionante: "Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguien, se lo restituiré cuatro veces."
Zaqueo se encuentra con Jesús, hablan, baja del sicómoro, lo que se entiende, Jesús fue a la casa de Zaqueo, están compartiendo, comparten el mensaje del evangelio, el mensaje de salvación, están ahí exponiendo la verdad del reino de Dios. Y ahí Zaqueo entonces entiende cuál es el camino a la salvación, y Zaqueo se arrepiente. Y Zaqueo entonces le dice al Señor, le dice a Jesús: "Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguien, cuatro veces más se lo devolveré."
No nos confundamos en una cosa: Zaqueo no se salva porque finalmente Zaqueo decidió ser un hombre honesto y caritativo. Porque eso es lo que dice el versículo siguiente a esa expresión: "Hoy ha llegado la salvación." Zaqueo dice: "Voy a devolver el dinero que robé, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres," y Jesús dice: "Hoy ha venido la salvación." No es por eso que Zaqueo se salva. ¿Sabes por qué Zaqueo se salva? Por una palabra que está ahí en el versículo 8: "Pero Zaqueo, puesto en pie, dijo a Jesús: Señor..." Porque Zaqueo ya había reconocido a Cristo como Señor y Salvador de su vida. Lo que hace con sus bienes es un resultado del Señorío. Él dice: "Señor, mis bienes son tuyos."
De hecho, unos capítulos un poco más atrás, Jesús tiene un encuentro con un joven rico y tiene un intercambio. Y el joven rico le dice que él es la estrella de Belén, porque le dice que él ha hecho todo lo que la ley dice. Una cosa que no se ve nunca: la estrella de Belén. Y Jesús le dice: "¿Ah sí? Te falta una cosa: vende todo lo que tienes y dalo a los pobres." ¡Ay! Le dio en el pelado, para beneficio de nuestros hermanos latinoamericanos, en la tecla más sensible de su corazón: la idolatría por lo material. Y dice que se fue triste porque era dueño de muchos bienes. Zaqueo tiene una reacción totalmente distinta, le dice: "Señor, mis bienes son tuyos."
Y entonces vemos aquí el resultado de la salvación. Zaqueo fue salvo, no, vuelvo y digo, por lo que hizo con sus bienes, sino por lo que Cristo hizo en él, que lo llevó a hacer eso con sus bienes. Yo me acordé de la referencia a este pasaje que dice: "Y aquí tienes un hombre que es un ladrón profesional y extorsionista que ahora se ha convertido en un filántropo instantáneamente. Un hombre que se pasó la vida tomando lo que quería, pero que ahora quiere compartir. Un hombre que ha sido definido por el egoísmo ahora actúa de una manera desinteresada. Aquí algo dramático ha pasado."
Y eso fue lo que ocurrió: Cristo cambió su corazón. Su honestidad y su caridad no son el motivo de la salvación, sino la evidencia de ella. ¿Qué ocasionó eso? ¿Por qué hizo a Cristo Señor y Salvador? Se arrepintió de su condición e hizo a Cristo Señor y Salvador. Su alma ha sido trasladada del reino de las tinieblas al reino de la luz admirable de nuestro Señor. Ahora sus riquezas no son las cosas que él tiene, sino las espirituales. Y por eso es que Jesús dice: "Hoy ha venido la salvación a esta casa, ya que él también es hijo de Abraham."
¿Qué significa eso? No quiero dejar eso sin explicación. ¿Cómo así? Porque los judíos eran todos hijos de Abraham. Sí, biológicamente, genealógicamente eran hijos de Abraham. Pero Pablo nos dice, lo dicen varios pasajes, pero para mí el que más claro lo dice es Gálatas 3:29: "Y si ustedes son de Cristo, entonces son descendencia de Abraham." ¿A qué se refiere Jesús, que él también es hijo de Abraham? Bueno, Abraham confió en el Dios que salva y su fe le fue contada por justicia. De la misma manera, Zaqueo confió, de la misma manera que Abraham, en el Dios que salva, y su fe le fue contada por justicia. Por lo tanto, él es hijo espiritual de Abraham. Para él es la promesa. En otras palabras, Jesús dice: "La salvación ha venido a esta casa, a la casa de Zaqueo, porque al igual que Abraham, Zaqueo ha puesto su fe en el Dios que salva."
Es increíble, es increíble lo que pasa aquí. En este encuentro, Jesús era una celebridad que Zaqueo quería conocer, quería ver. Versículos más abajo, Jesús es el Señor de Zaqueo. ¡Wow! Increíble. Así es la salvación. Así Dios nos abre los ojos, así Dios quita el velo, así Dios nos hace entender. Decimos: "Señor," y a partir de ese momento se convierte en nuestro todo. Así es el nuevo nacimiento.
Y claramente, entonces, aquí vemos a qué vino Jesús. Y Zaqueo ha sido salvado, aleluya. Y Zaqueo es una muestra, una ilustración de cualquier pecador que viene en los mismos términos, que viene arrepentido, que viene rendido, que viene interesado en encontrar vida abundante en Cristo y salvación y perdón para sus pecados. A eso fue que vino Jesús, a buscar y salvar lo que se había perdido. ¿Dónde estás tú? Quizás tu vida es un sicómoro, ahí viendo a Jesús, pero realmente no has bajado ya. Baja rápido, que Dios puede extenderte la salvación.
Así que con esto yo quiero pedirle a Dios que nos dé una comprensión, entendimiento espiritual de esto. A los que hemos sido salvos, gratitud profunda por lo que ha ocurrido: es que Cristo nos salió a buscar. Él nos encontró y nos dijo: "Yo debo estar contigo." Por aquellos que todavía no han sido encontrados o salvados por el Señor, pues hay algo que pensar. En unos minutos el pastor Miguel va a venir y va a orar con nosotros. Pero déjenme cerrar en oración el mensaje.
Señor, gracias por tu Palabra. Gracias por este tierno y maravilloso encuentro con este hombre pequeño en todos los sentidos: pequeño de estatura, pequeño moralmente, pero un hombre que fue salvado por tu gracia. Oh, gracias, Señor, por este mensaje de salvación que está en tu Palabra. Gracias, Jesús, por haber venido, haberte encarnado y haber tomado la molestia, por así decirlo, de vivir en esta tierra caída y disfuncional para beneficio nuestro. Te glorificamos, Señor. Amén.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.