Reynaldo Logroño • 17 enero, 2021
Jesús no esperó a que el ciego lo buscara. Él lo encontró, un hombre que nunca había visto, que no conocía siquiera el concepto de ver, que estaba destinado a mendigar toda su vida en una sociedad que asociaba la discapacidad con el pecado. Mientras los discípulos preguntaban quién había pecado para que naciera así, Jesús redirigió la conversación: lo importante no era buscar culpables en el pasado, sino lo que Dios haría de ahí en adelante. "Yo soy la luz del mundo", había declarado en el templo, y ahora lo demostraría con poder, realizando un milagro que los rabinos reconocían como exclusivamente mesiánico: dar vista a un ciego de nacimiento.
El milagro ocurrió en el estanque de Siloé durante la fiesta de los tabernáculos, ante multitudes que presenciaron cómo un hombre sin ojos se lavó el barro y vio por primera vez el reflejo de su propio rostro. Los fariseos, en lugar de reconocer la señal que habían esperado por generaciones, se obsesionaron con que Jesús había "trabajado" en día de reposo. Su conocimiento teológico los había cegado. El ex ciego, sin estudios ni posición, les confrontó con lógica simple: si Dios no oye a los pecadores y este hombre hizo lo que nadie jamás había hecho, ¿cómo pueden negar de dónde viene?
Expulsado de la sinagoga, abandonado por sus propios padres, el ciego fue encontrado nuevamente por Jesús. Al saber quién lo había sanado, creyó y adoró. En pocos días recorrió un camino que a muchos toma años: obedeció sin cuestionar, reconoció a su sanador, dio testimonio, pagó el precio de su fe y adoró a su Señor.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bendiciones, iglesia. Siempre es un privilegio poder pararse aquí y compartir con ustedes la palabra de Dios. Es un privilegio verlos, un privilegio reunirnos cada primer día de la semana, adorarle, aclamarle en canción, pero sobre todo abrir su palabra y pedirle al Señor que nos enseñe más de lo que Él es y de lo que quiere para nosotros. Amén, vamos a orar.
Gracias, Señor. Gracias porque tú tienes un propósito de encontrarte con cada uno de nosotros cada día, Señor. Gracias, Padre, porque tú nos has traído aquí porque tenemos el privilegio, Señor, de poder adorarte, de poder reunirnos, Señor, de poder abrir tu palabra, de poder aprender, Padre. No damos por sentado, Señor, que muchos hermanos en el mundo, Padre, no tienen esta oportunidad. Pero ahora yo te quiero pedir, Señor, que tú me quites a mí, Padre, y me escondas detrás de ti, que sea tu palabra la que hable, Señor. Ella es suficiente, Señor. Yo solamente sirva de un micrófono, Padre, para que tu palabra, tu propósito y tu mensaje llegue de una manera especial a cada una de las personas que van a oír el día de hoy este sermón. Padre, sabemos que tú lo vas a hacer por la gloria de tu nombre, Señor. Quiero que tú me acompañes, Señor, y que tú abras nuestro entendimiento para que esto que podamos compartir hoy realmente sea una diferencia en nuestras vidas. Lo pedimos en el nombre de tu Hijo. Amén.
Bien, mis hermanos, las últimas semanas hemos estado en una serie que hemos titulado "Jesús se revela". Hemos visto cómo Jesús se revela a través de cuatro encuentros muy específicos donde Él se revela como Dios. A mí me ha tocado en el día de hoy completar esa serie y con un quinto encuentro. Este quinto encuentro es Jesús se revela como la luz del mundo en su encuentro con el ciego de nacimiento.
Y antes de hablar del sermón, yo quería recordar los encuentros que hemos visto anteriormente. Primero vimos el encuentro con un joven rico. Vimos el encuentro de un fariseo y una pecadora. Vimos el encuentro de Zaqueo, que es un cobrador de impuestos, y vimos el encuentro con una familia muy cercana de Jesús en el funeral de su amigo Lázaro.
El encuentro que vamos a ver hoy se encuentra en Juan, en el Evangelio de Juan capítulo 9. Quiero que lo vayan buscando en sus biblias. Voy a estar leyendo de la Nueva Biblia de las Américas. Es un capítulo de 41 versículos y yo lo voy a estar viendo completamente, pero para hacerlo un poquito más fácil de llevar, yo he dividido el texto en cinco partes. La primera parte va del versículo 1 al versículo 7 y es propiamente el milagro. La segunda parte es la reacción del pueblo, que va del versículo 8 al 12. La tercera parte es la primera reunión con los fariseos, del versículo 13 al 23. La cuarta parte es la segunda reunión con los fariseos, del 24 al 34. Y la última es el encuentro con Jesús, 35 al 41.
Y vamos a ir viendo todo el capítulo y vamos a ir viendo todo este pasaje, pero vamos a hacer énfasis en cuatro puntos específicos. Y son puntos que tenemos que tener muy en cuenta. Sobre el milagro nos vamos a centrar en cuál es el propósito que tenía Jesús con ese milagro. Segundo, vamos a enfatizar mucho: ¿qué nos dice este evento sobre el carácter de nuestro Dios? Tercero, ¿qué nos dice este evento de los actores que están en él? ¿Cómo es su corazón? ¿Cómo fue su respuesta? Y cuarto, ¿qué nos deja a nosotros que dos mil años después estamos leyendo esta historia? Amén, vamos a comenzar.
Juan capítulo 9, iniciando en el versículo 1: "Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego? Y Jesús les respondió: Ni este pecó ni sus padres, sino que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él. Nosotros debemos hacer las obras del que me envió mientras es de día; la noche viene cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo. Y habiendo dicho esto, escupió en tierra e hizo barro con su saliva, y le untó el barro en los ojos del mendigo. Y le dijo: Ve y lávate en el estanque de Siloé, que quiere decir Enviado. Y el ciego fue, se lavó y regresó viendo."
Lo primero que el apóstol Juan nos dice en este pasaje es algo muy sencillo: Jesús fue quien buscó al ciego. El ciego no tenía el más mínimo interés en saber de Jesús. Diferente quizás a algunos de los eventos que vimos en semanas anteriores, donde había algún interés, inclusive si el interés era mal fundado, pero había un deseo, que sea curiosidad, de saber quién era Jesús. En este caso, el ciego no tenía ningún tipo de curiosidad.
Y otra cosa que Juan deja claro es que era ciego de nacimiento. Y la diferencia entre un ciego y un ciego de nacimiento tiene que ver mucho con lo que es el propósito de este milagro. Este ciego no fue una persona que quizás tuvo un accidente y perdió la vista. Quizás cuando era pequeño le dio una fiebre muy alta, le dio meningitis y perdió la visión. No, este era un ciego que nunca en su vida había podido ver.
Y es interesante porque el texto sugiere que este ciego presentaba alguna condición o algún rasgo físico en su cara que dejaba evidente que nunca había visto. Una posibilidad puede ser que no tuviera globos oculares, que simplemente sus cuencas estuvieran vacías tapadas por sus párpados. ¿Y por qué digo esto? Porque si eso es así, se entendería entonces cómo más adelante el texto nos dice lo siguiente.
Primero, explicaría por qué los discípulos, cuando vieron su apariencia, inmediatamente pensaron: "Wow, Señor, ¿quién fue que pecó, él o sus padres? Porque eso tiene que ser pecado lo que le pasó a ese hombre." O sea, era algo que quizás creaba cierta repulsión a la vista. Segundo, como vamos a ver más adelante, cuando él volvió viendo, muchas de las personas no lo reconocían. Y tiene sentido entonces que quizás tenía algo, que no tenía globos oculares, porque cuando un ciego simplemente lo que tiene son ojos, por ejemplo, que tienen como una nube, que se ven diferente, cuando recobran la vista simplemente hay un cambio de color en el ojo, pero no hay un cambio muy notable en su fisonomía. Parece ser que este ciego realmente tenía algo en su cara que lo hizo diferente cuando Jesús le puso la vista. Y tercero, todo el mundo sabía en el pueblo que él era un ciego de nacimiento, y yo no creo que el ciego andaba con un letrero diciendo "yo nací ciego". Yo creo que era realmente eso, que la gente lo veía y no había que preguntar: se nota que él nunca ha visto, se nota que él nunca ha tenido ojos.
Entonces, eso son cosas que nos dan a entender que realmente el ciego era un ciego especial. Hay ciegos que pierden la vista en la niñez, como yo dije ahorita, y como perdieron la vista ellos, aunque ya no ven, pueden soñar con imágenes, pueden recordar en imágenes y pueden incluso anhelar volver a ver. Es el caso, por ejemplo, del famoso cantante de ópera Andrea Bocelli. Él perdió completamente la vista a los 12 años y él dice que todavía recuerda cómo se ve el cielo, cómo se ve el mar, cómo se ve su mamá, cómo se ve su familia. Pero en este caso, el ciego de nacimiento no entiende ni siquiera lo que es el concepto "ver". Para un ciego de nacimiento, este concepto es abstracto, o sea, no existe. No hay manera de que él pueda entender.
Y leyendo ese texto, yo me recordé de una película que había hace muchos años, donde había un muchacho, un joven, que tenía una amiga que era ciega de nacimiento, y él curioso le decía: "Pero dime, los colores, ¿cómo tú te imaginas el cielo? ¿Cómo tú te imaginas el mar?" Y ella se quedaba pensando y decía: "No, es que no me lo imagino, es que no es algo que yo puedo razonar." Y él, de una manera muy inteligente, le dijo: "Yo voy a tratar de que tú entiendas lo que son los colores." Llevó a la amiga a una cocina, cogió varias piedras, veintiuna piedras, las echó en ese refrigerador, las congeló. Cogió otra piedra, la puso en la nevera, la enfrió. Y cogió la piedra congelada, se la puso en la mano y le dijo: "Eso es azul." Después cogió la piedra que estaba en la nevera y le dijo: "Eso es verde." Tomó una piedra, la puso en una olla de agua caliente, la sacó, se la puso en la mano y le dijo: "Eso es rojo. Y en la medida que tú la tienes en tu mano y se va tibiando, se convierte en rosado." Y después tomó una bolita de algodón, se la puso en las manos y le dijo: "Eso es blanco." Esa muchacha se quedó impresionada. Para ella había sido como la última, o sea, qué maravilla, yo tengo ya una idea de lo que es ver. Esa amiga, ella no se imagina lo que es ver. Ella es exactamente igual que el ciego de esta historia, no tiene idea de lo que es ver.
Este ciego, si se puede decir que su condición tiene algo bueno, es que por lo menos no añora imágenes que había visto antes, como los ciegos que no son de nacimiento. Pero este ciego no tiene idea de lo que puede ser tener ojos y ver.
Pero viendo el pasaje también nos damos cuenta de que el ciego estaba consciente de una realidad. El ciego sabe que nadie que ha nacido con la misma condición que él ha recuperado la vista. Puede ser que el ciego, como siempre estaba mendigando por el templo, hubiese oído antes de los rumores de un tal Jesús que andaba sanando enfermos, curando paralíticos, multiplicando panes. Pero el ciego dijo: "Eso no es conmigo, lo que yo tengo no hay manera de que alguien me pueda curar." Él no tenía ninguna esperanza de que realmente su condición podía cambiar.
Y otra cosa que el ciego estaba claro en su realidad era que, por su condición de discapacitado, él estaba destinado a pasar una vida totalmente de mendigo. No había manera de que él pudiera tener un oficio normal ni tenía manera de desenvolverse normalmente en el día a día. Y es más, estaba viviendo en una sociedad donde los discapacitados eran siempre echados a un lado. Recuerden, como dijeron los discípulos, que para los judíos las discapacidades eran fruto de un pecado grande, y por lo tanto mantenían a esa gente siempre al lado.
Ahora vamos a ver qué dice el versículo 2.
Cuando los discípulos vieron que Jesús se interesó en este ciego, de inmediato quisieron averiguar quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego. Y esto le respondió: ni este pecó ni sus padres, sino que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él. Jesús inmediatamente lo que quiso es enfocar la visión de sus discípulos, enfocarlo en lo que es realmente importante. Y yo voy a parafrasear los versículos 3 al 5.
Jesús le dijo: aquí lo que interesa ahora no es el pasado, no es buscar un culpable, lo importante ahora es lo que va a pasar de aquí en adelante. Que todos, no solamente el ciego, todos van a ver el poder de Dios a beneficio de este ciego y va a salir de las tinieblas, porque yo soy la luz del mundo.
Yo me imagino que cuando Jesús dijo eso, como él siempre estaba rodeado de fariseos que estaban continuamente persiguiéndolo para ver qué oían, para ver si le tendían una trampa, para ver si le hacían una pregunta capciosa, esos fariseos que oyeron eso se pusieron la mano en la cabeza. Ahí va otra vez con el mismo discurso: yo soy la luz del mundo.
Yo digo eso porque Juan nos cuenta que en el capítulo anterior, en el capítulo 8, Jesús se encuentra en el templo y pasa lo siguiente. En Juan 8, versículo 12, dice: "Jesús les habló otra vez diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida." Entonces los fariseos dijeron: "Tú das testimonio de ti mismo, tú testimonio no es verdadero." La Nueva Traducción Viviente lo dice así: "Tú haces esas declaraciones acerca de ti mismo, un testimonio así no vale." En otras palabras, le estaban diciendo los fariseos a Jesús en el templo: oye, lo tuyo nada más es habla, habla, habla, habla, habla, pero tú no haces nada.
Tú te imaginas al Dios todopoderoso, Creador del universo, que creó todo con el poder de su Palabra, tener que oír a un grupo de necios decirle eso en su cara. Que solamente tenía que levantar un dedo, dar una mirada y convertirlos en polvo. Por algo es que el Señor nos manda y nos dice: aprendan de mí, ¿que qué? Que soy manso y humilde. Increíblemente, miren cómo en este pasaje se revela eso.
Ya Jesús, en el capítulo 8, había dado la parte teórica de lo que es su clase magistral: yo soy la luz del mundo. Ahora en el capítulo 9 Jesús se dispone a hacer la parte práctica de su clase magistral: yo soy la luz del mundo. Jesús iba a convertir toda la enseñanza que le había dado en el templo, la iba a convertir en poder, lo iba a hacer haciendo un milagro que tanto el fariseo como el mendigo sabían que nunca antes nadie lo había hecho en el pueblo. Nadie nunca lo había hecho, nada se había registrado, un milagro como el que iba a hacer era un milagro que iba a ser especial. Y como yo dije que todo tiene que ver con el propósito, es muy importante este milagro que va a hacer Jesús.
Los rabinos de tiempo antes, de la época de Jesús, habían dividido los milagros en dos tipos diferentes. Los rabinos decían que habían milagros generales que podían ser hechos por cualquier persona, por cualquier profeta, por cualquier rabino que fuera enviado, que tuviese el Espíritu de Dios. Pero había una serie de milagros que se conocían como los milagros mesiánicos, eran milagros que solamente el Mesías los podía hacer. De hecho, cuando hubiese una persona o alguien que hiciese esos milagros, era una prueba de que estábamos delante del Mesías. Es algo que los fariseos lo sabían, quizás yo me equivoque, lo propusieron porque eso no estaba en la ley de Moisés.
Y los milagros mesiánicos eran cuatro. Primero, sanación de un judío leproso. Para los judíos, después que la ley de Moisés se estableció, donde todos sabemos que se decía que el leproso era una persona inmunda. De hecho, la única manera de que un humano vivo fuera inmundo era si tuviera lepra. Ellos decían que no había manera que otra persona normal, un simple mortal, pudiera hacer un milagro con un leproso porque no se podía acercar, no lo podía tocar. La única manera de que alguien pudiese curar a un leproso es si esa persona fuera el Mesías, y ellos lo sabían.
Segundo, la expulsión de un demonio mudo. Me llamó mucha atención: de un demonio mudo. Y es que en esos tiempos no era inusual que profetas, incluso los mismos discípulos que sacaron demonios, pudiesen sacar demonios. Ahora, los judíos, ellos habían puesto un ritual de cómo era que se sacaban demonios en un endemoniado. De hecho, ese ritual Jesús lo usó, les voy a dar un ejemplo. Y ese ritual consistía en lo siguiente: había que poder comunicarse con el demonio a través del endemoniado. Entonces, si el endemoniado no podía usar sus cuerdas vocales, quiere decir que no había comunicación, por lo tanto no podía ser mudo. Había que tener comunicación con el demonio. Segundo, había que preguntarle al demonio cuál era su nombre, y tercero, había que ordenarle que saliera por su nombre del cuerpo del endemoniado. Obviamente, solamente el Mesías podía sacar a un demonio mudo de una persona porque no necesitaba comunicarse, ni siquiera pedirle permiso.
El tercer milagro mesiánico es la curación de un ciego de nacimiento, que es lo que vamos a ver hoy. Nunca en la historia se había registrado que ningún profeta ni nadie había curado un ciego de nacimiento, que no tuviera ojos.
Y el cuarto milagro mesiánico es la resurrección de un muerto que haya pasado después de tres días de muerto. Ya Aero vio la semana pasada cómo Jesús hizo ese milagro. Y es importante que tenía que tener más de tres días de muerto porque los judíos pensaban que los primeros tres días todavía el alma estaba cerca del cuerpo y cualquier enviado del Señor, cualquier profeta, cualquier persona que tuviera el Espíritu pudiera reanimar el cuerpo y unirlo a ver con su alma. Pero que luego del cuarto día esa alma bajaba al Hades y solamente el Mesías podía resucitar ese muerto.
Jesús hizo milagros de las dos categorías, pero al momento de este encuentro ya había hecho milagros mesiánicos. Por ejemplo, ya había sanado leprosos, de hecho un día juntos, no diez leprosos, y había expulsado varios demonios mudos. En Marcos 9:17 se recoge un caso. Dice: "Uno de la multitud respondió: Maestro, te traje a mi hijo que tiene un espíritu mudo, y siempre que se apodera de él lo derriba y echa espuma, cruje los dientes y se va consumiendo. Y dije a tus discípulos que lo expulsaran, pero ellos no pudieron." Y en Mateo 12 hay otro caso que dice: "Entonces le trajeron un endemoniado ciego y mudo, y lo sanó, de manera que el mudo hablaba y veía."
Entonces, mi hermano, el escenario está listo y el Señor dice: yo soy la luz del mundo. Y habiendo dicho esto, escupió en tierra e hizo barro con la saliva, untó el barro en los ojos del ciego y le dijo: ve y lávate en el estanque de Siloé, que quiere decir Enviado. El ciego fue, pues, se lavó y regresó viendo.
Todos sabemos que bastaba una sola palabra para que Dios le creara unos ojos nuevos a ese ciego. Jesús no tenía ni siquiera que estar cerca del ciego. Pero como Jesús tiene un propósito con este milagro, él quería hacerlo de esta manera. Recuerden, el propósito de este milagro es no solamente darle vista a un ciego, no es un milagro puramente de misericordia, era mostrar a todos que él es la luz del mundo, que Jesús es el gran Yo Soy.
Pero ¿y por qué lo manda al estanque de Siloé? Porque también cumplía con el propósito del milagro. Déjenme ver un poquito qué es el estanque de Siloé. Me llamó mucho la atención que el estanque de Siloé realmente se vino a descubrir en el 2004. Hasta el 2004 se tenía una idea de lo que era el estanque de Siloé y era como una pileta de unos seis pies por veinte pies que se encontraba en la zona sur, cerca de la muralla de Jerusalén. Pero no es hasta el 2004 que en una excavación, de manera accidental, como a unos 200 metros donde esta pileta se encuentra, se descubre lo que realmente era el estanque de Siloé, y se entendió entonces que ese primer estanque era como una escala del agua que iba antes de pasar al estanque.
Y ustedes saben algo, según las excavaciones, el estanque de Siloé tiene un tamaño de 50 por 60 metros. Para que ustedes tengan una idea, una piscina olímpica mide 50 metros por 25. O sea, el estanque de Siloé tiene un tamaño aproximado de dos piscinas olímpicas una al lado de la otra. Y todos sus lados tienen unas escaleras de la cual la persona puede acceder al estanque, no importa dónde esté. Ese es el estanque de Siloé.
Entonces el estanque de Siloé era importante en Jerusalén porque él recibía agua de lo que se llama la fuente de Guijón, que era un manantial que salía cerca de Jerusalén y llegaba por un canal que hizo el rey Ezequías, y era el agua más pura que llegaba a la ciudad. Pero no solamente eso, no solamente era importante este estanque por el tamaño, por dónde estaba y por el tipo del agua, sino porque en las fiestas judías este estanque cobraba un protagonismo especial, sobre todo en la fiesta que está ocurriendo mientras pasa eso, que es la fiesta de los Tabernáculos.
Ustedes saben que la fiesta de los Tabernáculos es una fiesta que duraba una semana donde el pueblo de Israel hacía una serie de cabañas, de casas de campaña, recordaba su travesía por el desierto y cómo Dios fue fiel en esa travesía. Esa era una de las fiestas más importantes y la que llegaba más gente porque era una de las tres fiestas judías donde la asistencia de los hombres judíos era obligatoria, no era opcional. Entonces en esa fiesta había un ritual que se hacía todos los días donde el sumo sacerdote bajaba en una procesión con todos los sacerdotes hasta el estanque de Siloé, llenaba una tinaja de oro del agua del estanque de Siloé y la devolvía al templo en símbolo de acción de gracias por la fidelidad del Señor y por su provisión de agua durante 40 años. Entonces ahora hace sentido saber todo eso para entender por qué Jesús mandó al ciego al estanque de Siloé.
Imagínense la escena: un estanque inmenso en plena fiesta de los tabernáculos, el estanque lleno de personas, lleno de sacerdotes, el sumo sacerdote quizá presente, gente lavando, ofrenda, todo el mundo ahí. Y viene este hombre, quizá con un bastón caminando, se comienza a meter, baja los escalones del estanque de Siloé. La gente lo está viendo. Mete sus manos, se lava el lodo de los ojos, y lo primero que ve en el agua es el reflejo de su propia cara. Levanta su cara, ve el cielo, comienza a ver a las personas. ¿Ustedes imaginan el espectáculo que fue para toda la gente que estaba en el estanque?
¿Usted se imagina lo que hizo ese ciego, ese ex ciego? ¿Usted se imagina los brincos que tuvo que dar, los gritos que tuvo que dar diciendo "¡Ahora veo, ahora veo!"? Yo creo que fue tan así que él salió corriendo, y corrió tanto que el versículo que sigue ahora dice que los vecinos lo vieron. O sea, que él llegó hasta su casa corriendo. ¿Te puedes imaginar esa escena? ¿Usted se imagina la gente que le tuvo que caer de trapa para ver qué era lo que había pasado? Entonces, con eso en mente, vamos a ver el versículo 8. Vamos a ver la segunda parte: cuál es la reacción del pueblo.
Entonces los vecinos y los que antes lo habían visto que era mendigo decían: "¿No es este el que se sentaba y mendigaba?" Unos decían: "Él es." Otros decían: "No, se parece, pero no es." Y él decía: "Sí, soy yo. Soy yo. Yo soy." Entonces le decían: "¿Pero cómo te fueron abiertos los ojos?" Y respondió: "El hombre que se llama Jesús hizo barro, lo untó sobre mis ojos y me dijo: 'Ve al estanque de Siloé y lávate.' Así que fui, me lavé y recibí la vista." Y le preguntaron: "¿Dónde está él?" Y él les dijo: "No sé."
Me encanta cómo dice el pasaje que él dijo: "El hombre que se llama Jesús." Y eso es importante porque, si usted ve la historia completa, en todo el pasaje no se menciona ningún otro nombre propio. Nosotros no sabemos cómo se llama el ciego, el primer ciego de nacimiento de la historia que ve. ¡Importante! No se sabe cómo se llama. No se mencionan cómo se llaman los padres de ese ciego. No se menciona el nombre de ninguno de los fariseos que van a estar hablando con él. No se menciona siquiera el lugar donde habitualmente se sentaba el mendigo a pedir.
Yo creo que una razón para que años después no apareciera un sabio que dijera que se había descubierto que en el sitio donde se sentaba, el polvo que cogió Jesús tenía propiedades curativas. Juan, inspirado por Dios, quiere dejar muy claro que este milagro tiene una sola fuente de poder, tiene un solo protagonista: Cristo Jesús. Y Cristo Jesús está diciendo: "Yo soy Dios. Yo soy Dios, y después de mí más nada importa. Yo soy Dios." El que lee este pasaje tiene que entender que la razón, el propósito del milagro, es que yo soy la satisfacción del mundo.
Si somos justos, realmente en el pasaje se menciona otro nombre propio: el del estanque. ¿Cómo se llama el estanque? ¿Qué significa? ¡Ay, caramba, qué coincidencia!
Pero vamos a seguir viendo el pasaje. Tercera parte: la primera reunión con los fariseos. Muchos estudiosos entienden que esta reunión lo más seguro es que no se dio el mismo día del milagro. Y ellos lo dicen por lo siguiente: fue una reunión que tuvo carácter oficial, y convocar a todos los fariseos, a todos los levitas y a todo el que tenía que estar en esa reunión era un trabajo muy arduo de organización, que no era un tipo de trabajo que se hacía normalmente en el día de reposo. Entonces parece que esta reunión se hizo uno o dos días después.
Pero antes de ver la reunión, y para que la entendamos un poquito, vamos a hablar un poquito de lo que eran los fariseos. Para todos nosotros que estamos leyendo este pasaje dos mil años después del tiempo que pasó, no resulta muy extraño y resulta hasta comprensible saber que la actitud de los fariseos fue de estar ruda y necia. De hecho, el término "fariseo" en nuestra época tiene ya de por sí mismo una connotación muy negativa. La Real Academia Española define el término "fariseo" como un adjetivo que se utiliza para definir a una persona que es hipócrita, que finge una moral, unos sentimientos o unas creencias religiosas que no tiene.
Entonces, como nosotros leemos el texto y sabemos esa definición de fariseo, nos resulta como automática la actitud que vamos a ver en la entrevista con los fariseos. Pero recuerden que no siempre fue así. El origen del movimiento de los fariseos fue un movimiento que era increíblemente bien intencionado. Se cree que este movimiento se originó en los tiempos cuando Israel estaba bajo la cautividad babilónica, y eran los acérrimos defensores de la conservación y práctica de la ley de Moisés. Esa era su función.
Y miren cuál era su credo: ellos velaban por el cumplimiento detallado de cada uno de los mandamientos de la ley. Ellos promovían, junto a los escribas, la lectura y la memorización de las Escrituras. Ellos enseñaban al pueblo que la ley debía regir todos los aspectos de la vida judía: la parte política, la social y la religiosa. Señores, y lo más importante: sobre todo, los fariseos enseñaban a los judíos a vivir enfocados y expectantes a las señales de la inminente y gloriosa llegada del Mesías. Eso eran los fariseos.
Y este grupo de religiosos, este liderazgo religioso, tomó una importancia significativa en el tiempo que pasó entre los dos testamentos, cuando Israel no tuvo profeta entre Malaquías y Juan el Bautista. Durante ese tiempo, ellos fueron los guardianes de que el pueblo se mantuviera en el carril: leyendo la Palabra, recibiendo los estatutos del Señor, cumpliéndolos, celebrando las fiestas que tenían que celebrar. Esa era su misión.
Ahora, con eso en mente, vamos a ver qué pasó en la primera entrevista. Versículo 13: "Llevaron ante los fariseos al que antes había sido ciego. Y era día de reposo el día en que Jesús hizo el barro y le abrió los ojos. Por eso los fariseos volvieron también a preguntarle cómo había recibido la vista. Y él les dijo: 'Me puso barro sobre los ojos, me lavé y ahora veo.' Por eso algunos de los fariseos decían: 'Este hombre no viene de Dios porque no guarda el día de reposo.' Pero otros decían: '¿Cómo puede un hombre pecador hacer tales señales?' Y había división entre ellos. Entonces preguntaron otra vez al ciego: '¿Qué dices tú de él, ya que te abrió los ojos?' Y respondió el hombre: 'Que es un profeta.'"
Hermanos, aquí está el ex ciego delante de la crema de la crema del liderazgo religioso judío. Ahí estaban todos los fariseos, los doctores de la ley, los rabinos, los escribas. Ahí estaban los que más saben de las Escrituras, los que están esperando a Dios hecho hombre. Y el ciego les contó lo que sucedió.
Si nosotros nos trasladáramos a esa época, nosotros pudiésemos pensar: "Pero ven acá, yo sé lo que ellos debieron haber pensado." Los fariseos, que tienen todo este marco teórico, dicen: "Él dice que este hombre tomó del polvo, le echó de su saliva, de su boca, hizo lodo y le construyó unos ojos nuevos. Pero eso como que se parece a lo que escribió Moisés acerca de cómo Dios nos creó. ¿No dice que Dios tomó polvo, construyó al hombre y de su boca le sopló vida? ¡Señor, gracias! Nuestros ojos están viendo al Mesías prometido. Tus profecías se han cumplido." ¿No parecería eso lo más lógico? ¿Es verdad o no?
¿Qué dijeron? "¡Eh! No, un momento, un momento. ¿Que tomó polvo y lodo como el de los ladrillos? ¡Ese hombre construyó en día de reposo! Ese hombre no es de Dios." Sus ojos se fueron, como dicen, por la tangente. Sus ojos estaban totalmente cegados. Su conocimiento los había envanecido. Y otro grupito, porque dice el versículo que hubo división, pensaron: "El ciego dice que él cree que es profeta, pero él no puede ser profeta porque, según lo que nosotros hemos escrito, los profetas no hacen ese tipo de milagro. Y no es el Mesías. Entonces la conclusión es que uno no era ciego. No, eso se lo están haciendo. Llámenle al papá."
Y seguimos. Versículo 18: "Pero los judíos no le creyeron que había sido ciego y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista y les preguntaron: '¿Es este su hijo, el que ustedes dicen que era ciego? ¿Y cómo es que ahora ve?' Entonces sus padres les contestaron: 'Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego. Pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos. ¿O quién le abrió los ojos? Nosotros no lo sabemos. Pregúntenle a él. Ya es mayor de edad. Él hablará por sí mismo.' Sus padres dijeron esto porque tenían miedo de los judíos, porque los judíos ya se habían puesto de acuerdo en que si alguien confesaba que Jesús era el Cristo, fuera expulsado de la sinagoga. Por eso sus padres dijeron: 'Ya es mayor de edad. Pregúntenle a él.'"
Ustedes saben muy bien que los padres sabían quién había sanado a su hijo, porque el hijo llegó corriendo a la casa y se lo contó con lujo de detalles. Yo estoy seguro que lo vimos: el padre y así le cuenta a la familia: "Me voy a plantear como que tú eres el hijo de nosotros para enseñarle cómo fue." O sea, ya estaban disfrutando un milagro que nunca habían ni siquiera soñado, pero tenían terror de que fueran expulsados de la sinagoga.
Y ellos parece que muy pragmáticamente pensaron: "Bueno, mira, nosotros hemos tenido una vida muy dura levantando a este discapacitado que no nos ayuda en el trabajo. ¿Tú te imaginas que aparte de eso nos saquen de la sinagoga? Que en la calle nos tengan como un apestados, que yo pierda mi trabajo, que los amigos nos volteen la cara, que nos eviten. Oye, me pegó fuerte, pero que lo boten a él, pero no a nosotros." Los padres del ciego no estaban dispuestos a pagar el precio de creer en el que había hecho el milagro de darle vista a su hijo. No estaban dispuestos.
Pero su testimonio sirvió para algo. Bueno, ya los fariseos tienen un problema más grande porque comprobaron que este realmente era ciego y ahora está viendo. Y dicen los padres: "Óyeme." ¿Qué es lo que hacen? Busquen al ciego otra vez.
Versículo 24: "Por segunda vez los judíos llamaron al hombre que había sido ciego y le dijeron: '¡Da gloria a Dios! Nosotros sabemos que este hombre es pecador.'" Sigan el razonamiento de los fariseos.
Bueno, ya no podemos negar que es un milagro, vamos ahora a negar la fuente del milagro. Y ese término de darle gloria a Dios era más o menos lo siguiente, y lo estaban diciendo: "¡Ciego! Pídele perdón a Dios por creer que este milagro que te hicieron a ti viene de él, viniendo de un hombre pecador que no se sabe de dónde vino". Eso fue lo que le dijeron.
Y qué le respondió el ciego, el versículo 25: "Entonces él contestó: si es pecador, yo no sé; ahora una cosa yo sé, que yo era ciego y ahora veo". Lo dijo al Señor. Ustedes se imaginan cómo esas palabras se estaban retumbando en unos fariseos que se habían cegado a ver la gloriosa llegada del Señor, su glorioso ministerio.
El versículo 26: ellos volvieron a preguntarle, ¿qué fue lo que él te hizo? ¿Cómo fue que te abrió los ojos? Y ya desesperado el ciego les dice: "Pero ya yo se los dije y no escucharon, ¿por qué quieren oírlo otra vez? ¿Acaso quieren ser discípulos de él igual que yo?" Y esto denota en el ciego, en esa audiencia, ya un hastío, ya no le importaba nada, ya estaba cansado. Dios le había regalado unos ojos nuevos y él tiene tres días trancado en una sinagoga chiquita y oscura. Qué tal él por salir, estrenar sus ojos, a ver el cielo, a ver el mar, a ver el río, a ver cómo se ve su familia, a ver cómo se ven los campos de olivo, y los fariseos lo tienen trancado haciéndole la misma pregunta una y otra vez. Ese ciego ya tenía una agenda de todas las cosas que él quería ver, a ver si eran como se las imaginaba.
Entonces los fariseos, en el versículo 28, dice: "Entonces lo insultaron y le dijeron: tú eres discípulo de ese hombre, pero nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés, pero en cuanto a este, no sabemos de dónde es". Y aquí mis hermanos, el exciego, el exmendigo, el que nunca ha leído, les dice, el versículo 30: "El hombre respondió: pues en esto hay algo asombroso, que ustedes no sepan de dónde es, y sin embargo, a mí me abrió los ojos. Sabemos que Dios no oye a los pecadores, pero si alguien es temeroso de Dios y hace su voluntad, a este oye. Desde el principio jamás se ha oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento. Si este no viniera de Dios, no pudiera hacer nada". Y ellos le respondieron: "Tú naciste enteramente en pecado, ¿y tú nos enseñas a nosotros?" Y lo echaron fuera.
Para parafrasear, no tengo el versículo, el ciego les dice: "Fariseos, eso es lo grande y maravilloso, que ustedes los teólogos, los que más saben de Biblia, los que han estudiado en instituto, los que más versículos de memoria se saben, ustedes no saben ni quién lo mandó ni por qué lo hizo. Y yo, un pobre, un infeliz, un ignorante, a mí, sin yo pedirlo, él me buscó y me abrió los ojos. Ustedes enseñan que Dios no oye a los pecadores, sino que oye a los que hacen su voluntad; eso lo enseñan ustedes. Ustedes saben que nunca nadie jamás había dado vista a un ciego de nacimiento. Además, ustedes enseñan que este milagro es un milagro que solo el Mesías lo puede hacer". Aquí no lo parece, ¡ay mi madre!, hasta el mendigo sabe de los milagros mesiánicos. Y los fariseos no leyeron el mensaje, desconocieron al mensajero, lo insultaron y le dijeron: "Pero ¿quién tú te crees que eres, muchachito? Tú naciste hasta deformado del pecado que tú tenías, ¿y cómo que tú te atreves a pararte aquí y a venir a darnos clase?" Y lo expulsaron de la sinagoga.
Bueno, ¿tú crees que al ciego le dolió que lo habían expulsado? Yo creo que no. Creo que le estaba convencido que no había forma de creer en Jesús y mantenerse en la sinagoga. Esto era como mezclar aceite con agua. Él tuvo que hacer una decisión y él escogió seguir a aquel que lo sanó. Y qué le estaba claro, clarísimo, por lo menos para él: que o era el Mesías o era alguien enviado por él.
Bueno, ahora viene el pasaje, una de las partes más bonitas porque nos habla muchas cosas de lo que es nuestro Señor. Y ahora otro movimiento: que nuestro Dios es poderoso, les he dicho que nuestro Dios es celoso con su nombre, pero vamos a ver ahora que nuestro Dios nos ama, nos busca, no se hace difícil y nos encuentra. Jesús supo cómo este hombre fue dejado solo por sus padres, humillado, pisoteado, insultado por su causa. Por eso él fue, lo buscó y lo encontró. Vamos a ver la quinta parte del pasaje: el encuentro del exciego con Jesús.
Dice el versículo 35: "Jesús oyó decir que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró le dijo: ¿Crees tú en el Hijo del Hombre? Y él le respondió: ¿Quién es, Señor, para que yo crea en él?" Muchos comentaristas coinciden que en el versículo 36 ese hombre no está reconociendo la realidad de Jesús al decirle "qué es el Señor"; ahí él está usando un "señor" como símbolo de respeto. Lo que sí estamos seguros es que cuando él oyó a Jesús, le acabó de poner imagen a la voz que él sabe que fue la que lo curó, y eso es lo que está diciendo: "Dígame, yo no sé quién es el Hijo de Dios, eso no está claro; el que usted me diga, en ese yo voy a creer, porque a usted es a quien yo le debo; esto es lo que yo estoy viendo".
Y Jesús le da la mejor noticia que el ciego pudo haber oído. Y Jesús le dijo: "Pues mira, no es otro; tú lo has visto, y el que está hablando contigo ese es". ¿Y qué hizo el ciego? "Creo, Señor", con una exclamación enorme de "Señor, mi Dios, creo, mi Dios", se postró, ¿y qué hizo? Adoró.
En unos cuantos días este hombre ciego fue dando los pasos que a muchos de nosotros toma años dar en nuestra vida cristiana. Y vamos a ver. Primero, que dice: obedeció sin cuestionar. "Ve, lávate", fue y se lavó. No: "Señor, tú sabes que en el camino hay mucha gente porque es la fiesta de los tabernáculos y yo puedo tropezar, que a lo mejor me puedo dar un mal golpe". No: "Señor, me van a criticar porque ese tanque está lleno de gente y vamos a ser doce y después me pueden echar una bola". No, nada de eso: él fue y obedeció. Segundo, reconoció quién lo sanó: un hombre llamado Jesús. No se fue para la tangente, no trató de buscarle explicación filosófica. Fue un hombre que se llama Jesús, eso es lo que yo sé. Tercero, reconoció luego que Jesús, por lo menos, venía de Dios; dijo: tiene que ser profeta. Cuarto, dio testimonio delante del mundo de su fe. Quinto, pagó el precio de su fe. Sexto, creyó en Jesús no solo como su sanador y Salvador, sino como su Señor. Y séptimo, le adoró.
De saber la brega que nosotros nos da recorrer esos siete pasos en nuestra vida cristiana. El tiempo que nos toma, las luchas que tenemos, las excusas que ponemos.
En los últimos versículos del pasaje se confronta a los fariseos. El versículo 39: "Y Jesús dijo: Yo vine a este mundo para juicio, para que los que no ven, vean, y para que los que ven se vuelvan ciegos". Algunos de los fariseos que andaban con él oyeron esto y le dijeron: "¿Acaso nosotros también somos ciegos?" Y Jesús les dijo: "Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado; pero el problema es que ustedes dicen 'vemos', y su pecado permanece".
El pecado de los fariseos es que creían que realmente ellos tenían una visión espiritual y que no tenían necesidad de la luz del mundo. ¿Ya no se han dado cuenta que con el tiempo el movimiento fariseo se fue convirtiendo en una secta preocupada solamente por la letra de la ley, por lo que se ve, por lo que yo puedo demostrar, por lo que el otro va a ver de mi vida? "Yo voy a cumplir los mandamientos que se puedan ver". Se olvidaron del carácter y del corazón del Dios que había hecho esa ley. Es más, ellos trataron de hacer un upgrade a la ley, ellos trataron de completar a Dios, ellos se inventaron leyes que Dios no había dado e hicieron que la ley de Dios se convirtiera en una ley de hombres que era insoportable de llevar.
Como dice Salomón en Proverbios 26:12: "¿Has visto hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay del necio que de él". O como escribió un fariseo, el apóstol Pablo: "Profesando ser sabios, se hicieron necios". El Señor vino, el Mesías prometido llegó, y los fariseos no lo vieron. La luz del mundo se les puso de frente y ellos prefirieron darle la espalda. Eso hicieron los fariseos. Increíblemente, de poder tener un principio que parecía ser la guía que el pueblo de Israel necesitaba.
Pero ahora, dos mil años después, ¿qué pasa con nosotros que estamos leyendo este texto? ¿Qué pasa con nosotros, qué nosotros podemos sacar de este texto de todo lo que hemos visto? Yo estoy seguro que aquí sentados, o viéndonos por internet, hay muchos ciegos de nacimiento. Quizás tú estás aquí sentado, pero realmente tú no viniste a buscar a Dios. Quizás tú viniste por complacer a alguien que tenía mucho tiempo invitándote a la iglesia. O quizás simplemente tú estás viendo el sermón por internet porque a esta hora no encontraste nada más productivo que hacer en tu casa. O quizás en tus propósitos de año nuevo tú pusiste que ibas a ir un domingo a la iglesia: "No voy a hacer que este año sea como el año pasado".
Pero quizás como el ciego, tú crees que tu condición espiritual no tiene esperanza, que no hay nadie que te pueda dar una solución. Por favor, aún ahora aquí puede haber personas que se han conformado toda la vida con ver los colores a través de sus manos y creen que eso es lo mejor que ellos pueden lograr, porque no se han convencido de que hay un Dios todopoderoso que los ama, que los está buscando, y que puede abrir sus ojos para ver la luz del mundo.
Pero yo sé que aquí también hay personas como los vecinos del ciego, como los papás del ciego, o como los judíos que estaban en el estanque. Gente que vieron el milagro, que oyeron el testimonio del hombre sanado, además que tuvieron cerca a Jesús, pero solamente estuvieron ahí para disfrutar del espectáculo. Quizás tú estás aquí hoy, tú tienes años viniendo a la iglesia y tú la disfrutas, te encanta la adoración, te encanta la Santa Cena. ¡Wow, qué bueno es ese bautismo! Precioso, además te gustan hasta algunos de los sermones, y tú piensas que ya con eso es suficiente, porque tú no estás consciente de tu condición de ciego. O quizás tú estás aquí y eres uno de esos que oye los sermones y dice: "¡Wow! Deja, fulano, ¡qué buen sermón! Eso es para él, ese ciego sí que está ciego".
O quizás también tú dices: "¡Wow! Cuando el Señor me toque en unos años, hay tal iglesia que yo vengo. Aquí es donde yo guardaré mi ciego para que aprendan de Biblia. En unos años, cuando el Señor me toque." No, el Señor te está buscando hoy. Es decir, Él vino a buscarte, te quiere encontrar hoy. Y te ofrece su amor hoy. Te ofrece su poder hoy. Te ofrece que Él es la luz del mundo hoy.
Pero yo también sé que aquí hay personas, y yo creo que somos los más, que lamentablemente aquí, hermano, parecemos que somos fariseos. Quizás tú eres de los que se ha leído la Biblia tres, cuatro, cinco veces, que te sabes de memoria decenas de versículos, que tú puedes tener una educación teológica y lo más seguro es que tú la tengas. Quizás tú tienes un diploma en un instituto de estudio bíblico. Quizás tú tienes años sirviendo en muchos ministerios de iglesia.
Pero con el tiempo, tú te has dado cuenta que tus ojos se han quedado cerrados. Tú te has dado cuenta que aunque tú te sabes de memoria muchos versículos, por nada está esa frase tan famosa: "Sino se hayan conocido, otra petición, y la paz de Dios que sobrepasa..." En tu vida tú no reflejas que tú crees en un Dios soberano. Tú te das cuenta que aunque te pasas todos los domingos tomando notas, tu vida de lunes parece como si tú no lo hubieras anotado. Tú te has dado cuenta que cuando un hermano te amonesta o te hace ver una falta, en vez de tomarlo como un mensaje que vino del Señor, tú lo que haces es desacreditar al hermano. Tú te has dado cuenta que con el tiempo tú te has llenado de orgullo y lo has disfrazado de celo por Dios, y tú te has vuelto sabio en tu propia opinión. Tú te has dado cuenta que realmente lo que tú has hecho es todo lo contrario al ciego: tú has cogido el lodo y te lo has puesto en los ojos. Tierra, y te has cegado.
Esto es una buena noticia. No importa en cuál de los dos grupos tú te ves identificado. La necesidad es exactamente la misma. Tú necesitas que tus ojos sean abiertos. Tú necesitas ver la luz del mundo. Tú necesitas ver a Dios en medio de tu aflicción. Tú necesitas ver su gracia en un hijo descarriado, en un esposo infiel. Tú necesitas ver su amor en ese hermano que te juzga, ese que tú no soportas. Tú necesitas ver su soberanía en medio de la crisis financiera. Tú necesitas ver su fidelidad en medio de la enfermedad de un ser querido o la muerte. Tú necesitas ver a Dios en todo y siempre.
Yo quiero cerrar. Esto es una petición. Aprovechemos esta última canción y vamos a cerrar nuestros ojos. Pídele a tu Dios que te deje ver la luz que quizás realmente tú nunca has visto. Pídele a Dios que te quite el lodo que tú mismo te has echado en los ojos. Hermano, vamos a pedirle al Señor que nos construya ojos nuevos. Vamos a orar.
Padre, Tú conoces cada alma que escucha hoy tu Palabra. Tú conoces su corazón, Tú conoces su necesidad personal de ti, Padre. Tú los conoces. Tú los creaste. Tú sabes dónde están. Tú quieres hallarlos. Gracias, Padre, por tu amor. Gracias, Padre, por cómo Tú eres. Gracias, Señor, porque el Dios Todopoderoso nos amó, nos buscó y nos encontró. Gracias, Señor, porque aun estando perdidos, tu gracia nos halló. Padre, solamente queremos pedirte, hazte oír en nuestros ojos, Señor. Padre, que así como el ciego se maravilló cuando vio su rostro por primera vez reflejado en el agua, nosotros podamos tener la certeza de que un día nuestros ojos glorificados se van a abrir y te van a ver a ti, Padre. Padre, yo te quiero pedir que hoy, hoy sea el día que divida la vida de la gente que está aquí, que se convierta en un antes y un después. Que a partir de hoy ya puedan decir como dice la canción: ahora puedo ver. Ahora yo sé lo que es la luz del mundo. Y te doy gracias, Padre, por todo lo que me estaba perdiendo. Gracias, Padre, por cómo Tú eres, por cómo nos amas, y porque Tú eres nuestro Dios. En el nombre de tu Hijo, Señor. Amén.
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Reynaldo Logroño sirve como uno de los pastores de la Iglesia Bautista Internacional. Ha servido en diversas áreas del ministerio —Consejería Prematrimonial, Grupos Pequeños, Escuela Bíblica Dominical, Ministerio de Cárceles y Conferencias Por Su Causa— y actualmente dirige los Ministerios Juveniles y la Escuela Bíblica Dominical junto a su esposa. Es licenciado en Publicidad con maestría en Gerencia de Mercadeo, graduado del Instituto Integridad & Sabiduría y certificado en Educación Cristiana. Casado con Jenny Thompson, es padre de Celso, Sebastián y Reynaldo Jr.