Integridad y Sabiduria
Sermones

Jesús es tu ejemplo… ¡sigue Sus huellas!

Miguel Núñez 11 abril, 2021

Cristo dejó huellas en el camino del sufrimiento, y el llamado del creyente es poner sus pies exactamente donde él pisó. Esta es la idea central que atraviesa 1 Pedro 2:18-25: fuimos llamados no solo a la salvación, sino también a sufrir bien, siguiendo el modelo de aquel que, siendo ultrajado, no respondía con ultrajes; que padeciendo, no amenazaba, sino que se encomendaba al que juzga con justicia.

La historia de Dimitri lo ilustra con fuerza. Este creyente soviético fue encarcelado por dirigir un estudio bíblico en su casa. Durante diecisiete años, cada mañana se levantaba en su celda diminuta, miraba hacia el este, levantaba sus brazos y cantaba a Jesucristo mientras los otros prisioneros lo insultaban y los guardias intentaban quebrarlo. Cuando le mintieron diciendo que su esposa e hijos habían muerto, estuvo a punto de ceder. Pero esa noche, milagrosamente, escuchó las voces de su familia orando por él desde mil kilómetros de distancia. Al día siguiente, cuando iban a fusilarlo, mil quinientos presos criminales se levantaron y cantaron la canción que Dimitri había entonado todos esos años. Los soldados retrocedieron.

La palabra griega que Pedro usa para "ejemplo" significa literalmente una figura que se calca, como cuando un niño pone papel transparente sobre un dibujo para copiarlo. Así de precisa debe ser nuestra imitación de Cristo. Sus clavos sanaron nuestras almas; ahora el llamado es llevar bien su vestidura, vivir de modo que otros puedan ver en nosotros quién es Jesús realmente.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Picazón de oración.

Señor, te acabamos de cantar que en aquella cruz me salvaste, que en esa misma cruz me amaste. Yo creo que nosotros entendemos mejor doctrinalmente lo que esas dos cosas significan, pero no entendemos también en el día a día, vivencialmente, cuánto esas dos cosas significan verdaderamente. De manera que, dado lo inmenso de esa salvación, dado lo infinito de tu amor, yo te pido que tú puedas usar la palabra tuya en esta mañana, la exposición de la misma, el Espíritu de Dios que la ilumina y la imprime, por así decirlo, la aplica a los corazones de forma personal. Que tú puedas usar esa palabra por medio de tu Espíritu para dar fe y vida eterna a algunos, para ayudarnos a entregar nuestra vida de una mejor manera a otros, que de alguna forma, Dios, el mensaje le hable al predicador y al resto de las áreas que todavía no están completamente bajo tu señorío, pero que necesitan pasar a estar. De manera que ayúdanos, ayúdanos a hacer como tu Hijo, ayúdanos a ver sus huellas en el camino para poner nuestros pies sobre las tuyas. En Cristo Jesús, amén. Y si su pueblo dice amén.

Podemos sentarnos. La mañana de gozo al ver la obra de Dios en estos hermanos que testificaron en su testimonio previamente grabado. Yo quisiera comenzar contándote una historia. Nik Ripken escribió un libro titulado en inglés "The Insanity of Obedience", la locura de la obediencia, y el subtítulo es "Walking with God in Tough Places", caminando con Dios en lugares difíciles. En su libro, el autor junto con Barry Stricker narra una serie de historias de fe, testimonios de personas creyentes en lugares apartados y sobre todo en lugares de persecución.

Hay una historia aquí, yo la leí varias semanas atrás, que a mí me llamó poderosamente la atención, me ministró, me tocó. Yo creo que en cierta manera he dado cambios, cosas en mí. La historia es larga, de manera que yo la voy a resumir. Aun resumida, yo creo que toma un tiempo, sin embargo yo creo que vale la pena. Es una historia real que ocurrió en la Unión Soviética, cuando la Unión Soviética era la Unión Soviética comunista, que hoy no lo es.

Este señor de nombre Dimitri, a través de una serie de circunstancias, fue apresado en su propia casa, donde él había estado celebrando un estudio bíblico que se formó ni siquiera a petición de él, porque él no tenía preparación para algo como eso, él mismo lo admitía. Pero él fue acusado de tener una iglesia funcionando, en su caso una iglesia ilegal. Fue llevado entonces a prisión, a mil kilómetros de distancia de su familia. Él fue puesto en una celda donde la distancia entre su cama y la puerta era apenas un paso, y la distancia entre su cama y el inodoro era un paso.

Todos los días en la mañana, cuando el sol pensaba salir, Dimitri se levantaba, miraba hacia el este, levantaba sus brazos y cantaba una canción a Jesucristo. El resto de los prisioneros en ese lugar eran criminales severos y ateos, y cuando Dimitri cantaba, ellos se molestaban, se airaban, y él podía escuchar los insultos, las malas palabras. En ocasiones le tiraban cosas a su celda, incluyendo excremento humano. Oía las tazas de metal, cómo las chocaban en los barrotes de hierro causando ruido para perturbarlo y buscando que él pudiera parar de cantar. Los guardias trataron de amedrentarlo, pero no pudieron. Dimitri cada día perdía fuerza emocional, pero su fe seguía inquebrantable.

Ocasionalmente él encontraba un pedazo de papel, y tenía de alguna forma, había encontrado un lápiz, a veces un pedazo de carbón. Y cuando él encontraba un pedazo de papel, escribía cualquier versículo bíblico o número de ellos que él pudiera recordar, lo ponía ahí. Y había como una especie de un pilar de cemento que se veía todas las mañanas, y él lo ponía arriba como una especie de ofrenda a Dios. Era un ejercicio que le hacía bien todos los días.

Un día él encontró un pedazo grande de papel y escribió varios versículos, y los guardias lo vieron cuando lo colocó ahí encima y decidieron entonces que ya este debía ser el fin de Dimitri. Fueron donde él y le dijeron que renunciara a su fe, que él lo había perdido todo. "Destruimos tu hogar, tu mujer se murió, tu esposa y tus hijos se murieron también." Y a este pobre hombre como que no podía soportar más, y él decidió y les dijo a ellos que estaba dispuesto a firmar lo que ellos quisieran, que le trajeran el documento el próximo día. Lo único que él tenía que hacer era firmar un documento que dijera que él renunciaba a su fe y que realmente a él le habían pagado dinero, gobiernos del Occidente le habían pagado dinero a través de algunas personas para que él hiciera lo que había hecho.

Esa noche, a mil kilómetros de distancia, su esposa y sus hijos sintieron algo de parte de Dios acerca de que su esposo estaba en tremenda tribulación. Y acompañados del hermano de Dimitri, hicieron un círculo, se rodearon, oraron por él, y milagrosamente el Espíritu de Dios, del Dios viviente, dice la historia, permitió que de alguna manera Dimitri pudiera escuchar las voces de su esposa y de sus hijos y de su hermano mientras oraban.

El día siguiente los guardias vinieron con el documento y Dimitri les dice: "Yo no voy a firmar nada. Mi esposa está bien, mis hijos están bien. Anoche yo escuché sus voces y ustedes me mintieron, no es cierto. De manera que yo no voy a firmar absolutamente nada." Los guardias estaban como estupefactos, se fueron tanto airados. Y varios días después vinieron, lo tomaron, lo sacaron al frente en el medio del círculo de la prisión para fusilarlo en medio de todos.

Y justo cuando ellos tenían sus manos sobre él para colocarlo, mil quinientos presos, criminales severos, se levantaron, miraron hacia el este, levantaron sus manos y comenzaron a cantar la canción que Dimitri había cantado por diecisiete años. Dimitri dice que parecía como un coro humano más grande que cualquier otra cosa, que amedrentó a todos los soldados, quienes se retiraron de él y le preguntaron: "¿Quién eres tú?" Y Dimitri enderezó su espalda y orgullosamente dijo: "Yo soy un hijo del Dios viviente y su nombre es Jesucristo." Varios días después, Dimitri fue liberado y él se fue donde su familia.

Padre, gracias por testimonios tan poderosos de la fe y el poder del Espíritu de Dios y el evangelio en la vida de un hombre que nos hace sentir a nosotros como ateos prácticos, como incrédulos. Un hombre que no pudo ser quebrantado por diecisiete años de abuso, que termina en más de mil quinientos presos adorándote a ti e intimidando a un pelotón de fusilamiento. Yo te pido que esta mañana tú hagas algo conmigo y con nosotros, en tu nombre Jesús. Amén.

Nosotros continuamos hoy nuestra serie en la primera epístola del apóstol Pedro. La historia que acabo de contar tiene todo que ver con este pasaje. Pedro está escribiendo, como habíamos mencionado antes, a un grupo de personas que estaban bajo tribulación, persecución y opresión. Y dadas esas condiciones, Pedro sabía que ellos tenían dos o tres alternativas. Por un lado, ellos podían renunciar a su fe. Por otro lado, ellos pudieran rebelarse contra un sistema opresivo y de alguna manera tratar de iniciar una especie de revolución, pero eran pocos, no eran tantos, no tenían cómo. O ellos podían seguir las instrucciones del apóstol Pedro si Pedro les escribe y les instruye.

El capítulo dos, versículo 11, al capítulo cuatro, versículo 11, Pedro les ayuda a entender cuáles son sus obligaciones sociales, sus obligaciones en la sociedad, y por aplicación nos instruye a nosotros. Pedro sabe que en la iglesia no hay judíos ni gentiles, ni hombres ni mujeres, ni libres ni esclavos. Somos hijos de Dios y tenemos todos un mismo estado, por así decirlo. Pero en la sociedad hay jerarquías, hay niveles de autoridad que necesitan ser respetados. De hecho, en todas las instituciones humanas hay tal cosa.

Por tanto, en esta epístola Pedro nos habla de someterse a todo tipo de autoridad. Y de hecho, Pedro menciona en una carta relativamente corta cinco veces la necesidad de sumisión a una autoridad. Lo hace en 2:13, lo hace en 2:18, lo hace en 3:1, en 3:5 y en 3:22. Pedro está consciente de que Dios ha organizado la sociedad, de hecho la creación entera, en términos de grados de sumisión.

Recordemos que en el pasaje anterior, dos domingos atrás, habíamos comenzado a hablar algo de eso, y Pedro hablaba en ese texto anterior al que voy a leer y decía: "Sométanse a toda institución humana." E inmediatamente después él provee las razones por las cuales él entiende que debíamos someternos a toda institución humana. La primera es por causa del Señor, versículo 13, lo vimos la vez anterior. En otras palabras, tu sumisión a una institución humana de autoridad no tiene nada que ver con la bondad de la autoridad, sino tiene que ver con el Señor que así lo ha ordenado. Y la segunda razón dice: porque es la voluntad de Dios que haciendo el bien hagamos enmudecer a los hombres insensatos, versículo 15. Que nuestro testimonio, nuestro estilo de vida sea tal que aquellos que quizás, como estos soldados, pudieran tener cosas contra nosotros, ira, odio, resentimiento, rechazo, pudieran enmudecer ante nuestra forma de caminar.

Pedro menciona, a manera de ilustración, no todas las autoridades, son demasiadas para nosotros poder enumerar, pero menciona algunas ilustraciones. Y como manera de ilustración, él menciona al rey: "Sométanse al rey como autoridad", versículo 13. A los gobernadores como enviados por Dios, versículo 14. Y el versículo 17, que también vimos, él dice: "Honren a todos los hombres."

Honren a todos los hombres independientemente del color de la piel, del género, del estado financiero o económico de cada grupo social, independientemente de la posición que ocupan, independientemente de lo que crean. Honren a todos los hombres. De manera que eso que nosotros vemos con frecuencia en las redes sociales, incluyendo en cristianos, un lenguaje que es ofensivo, que es hiriente, que es inapropiado contra otra persona, no importa si es atea, es contrario a lo que el Evangelio nos enseña. Y la idea detrás de este mandato en Pedro es que en cada hombre, en cada mujer, hay una imagen de Dios; en cada niño hay una imagen de Dios.

Entonces, Pedro nos llama a amar a todos los hermanos, hablamos de eso también. Nos llama, sobre todo, a temer a Dios, a honrar a Dios, a reverenciar a Dios. Ya hasta ahí habíamos llegado. En el texto de hoy yo quiero leer el resto de esas instrucciones, por lo menos en este capítulo. Vamos a leer el versículo 18 al 25 de 1 Pedro capítulo 2.

"Siervos, estén sujetos a sus amos con todo respeto, no solo a los que son buenos y afables, escucha, sino también a los que son insoportables. Porque esto halla gracia si, por causa de la conciencia ante Dios, alguien sobreleva penalidades sufriendo injustamente." Escucha otra vez: "Pues ¿qué mérito hay si cuando ustedes pecan y son tratados con severidad lo soportan con paciencia?" No hay mérito en eso, dice Pedro. "Pero si cuando hacen lo bueno sufren por ello y lo soportan con paciencia, esto halla gracia con Dios. Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan sus pasos. El cual no cometió pecado ni engaño alguno se halló en su boca, y quien cuando lo ultrajaban no respondía ultrajando; cuando padecía no amenazaba, sino que se encomendaba al que juzga con justicia. Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fueron ustedes sanados. Pues ustedes andaban descarriados como ovejas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de sus almas."

No importa cuántas veces te lea ese texto, no importa en qué traducción tú lo hagas, no importa si lo haces en inglés, en español, y para aquellos que pueden leer el griego fluidamente —no yo—, no importa si lo lees en griego, yo creo que es claro que el versículo clave, el eje sobre el cual gira todo el pasaje, el centro de gravedad, el versículo que hala todos los demás versículos, es el versículo 21: "Porque para este propósito han sido llamados." El "porque" me lo une a todo lo anterior. "Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes dejándoles ejemplo para que sigan sus pasos."

Por esa razón yo titulé mi mensaje hoy: "Él es tu ejemplo." Mi ejemplo. Sigue sus pasos. Él es tu ejemplo. Sigue sus huellas, sería la mejor manera de decirlo.

Escucha la primera instrucción otra vez: "Siervos, estén sujetos a sus amos con todo respeto, no solo a los que son buenos y afables" —subraya esto— "sino también a los que son insoportables." La palabra traducida como "siervos" es una especie de esclavo, pero no es la palabra "doulos" que es la acostumbrada en el idioma original, que frecuentemente recibe la traducción de siervos. Esta es una palabra especial para referirse a esclavos de la casa. Estos eran gente que vivían en la casa; estos eran esclavos que pudieran tener un trato mejor porque algunos de ellos eran profesionales: algunos eran músicos, otros eran pintores, otros eran escritores, pero que habían sido sometidos a esclavitud por alguna razón. Incluso algunos de ellos eran nombrados como los educadores de los hijos de los amos, como si fuera una nodriza que ayuda a un niño a crecer y lo ayuda a ser educado. Algunos de ellos eran de esa manera, y el imperio romano tenía miles y miles de esclavos. De hecho, Barclay, William Barclay, en una de sus obras estima —yo no sé si es cierto el dato— pero estima que quizás para esta época había unos 60 millones de esclavos en el imperio romano.

Y el apóstol Pedro dice a estos hombres —recuerden que les está tratando de ayudar a entender cuál es su responsabilidad en el orden social; habló del rey, habló de los gobernadores, "sométanse"— pero en este caso les está hablando a los esclavos. De hecho, el hecho mismo de dirigirse a esclavos en un documento era algo de respeto. En la antigüedad nadie se dirigía a un esclavo en un documento porque ellos no eran considerados ni siquiera una persona completa. Aristóteles no lo creía y la sociedad no lo creía. Ellos no tenían derechos legales. De manera que en este documento llama la atención que Pedro quiera referirse directamente a ellos. Él asume que ellos son dignos de ser mencionados en un documento y decirles qué hacer. Y lo que les está enseñando es que ellos puedan someterse.

Nota que no simplemente los llama a la obediencia, porque tú puedes ser sometido a la obediencia de forma obligatoria. No, es algo voluntario donde tú internamente decides someterte a una institución, a una autoridad en este caso. Pero Pedro reconoce que estos esclavos iban a tener diferentes tipos de amos: algunos buenos y afables y otros insoportables. Y Pedro les dice: ustedes necesitan someterse a un tipo y al otro de la misma manera.

Cuando Pedro estaba llamándolos a someterse no era simplemente como para evitar una rebelión de parte de ellos, una rebelión social. No, él tenía un principio mucho más alto. Escucha la razón en el versículo 19: "Porque esto..." ¿Qué es el "esto"? La sumisión. ¿A quiénes? A estos amos, los buenos y afables y a los insoportables. "Porque esto halla gracia si, por causa de la conciencia ante Dios, alguien sobreleva las penalidades sufriendo injustamente." Si tú estás sufriendo injustamente —no es simplemente si estás sufriendo, no—, si estás sufriendo injustamente y eres paciente y lo soportas, hay una gracia especial. Pudiera ser traducido, alguna traducción así lo tiene, "hay un mérito especial ante Dios" que esto gana.

Y la razón por la que esto gana gracia ante Dios es por algo que el apóstol Pablo explicó cuando escribió la carta a los Romanos. Escucha Romanos 13:1: "Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan, porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen por Dios son constituidas." Las autoridades que existen, no importa si es en esa Rusia de ese momento o en el momento actual en cualquier nación, han sido de una u otra manera instituidas por Dios. Tanto así que cuando tú lees el libro de Daniel, en el capítulo 2, capítulo 5, Dios le dice por medio de Daniel a Nabucodonosor, un emperador ateo malvado, le dice: "Yo te he dado toda la tierra conocida hasta ese momento con todos sus habitantes, incluyendo los animales que están sobre esos lugares." Dios le dio esa autoridad.

Si me rebelo contra esa autoridad instituida por Dios, escucha a Pablo en Romanos 13:2: "Por tanto, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto, y los que se han opuesto recibirán condenación sobre sí." Entonces ahora tú tienes el trasfondo de por qué Pedro está diciendo lo que está diciendo: sométanse a sus amos, los buenos y afables, los insoportables, porque de alguna manera que ahora usted no puede entender, ellos han sido constituidos por Dios, y por tanto halla gracia ante Dios si tú te sometes a ellos.

Pedro está construyendo su argumento, está ayudándolos a entender. Este no es el pico de la epístola de Pedro, este no es donde la epístola alcanza su mayor altura. Él está construyendo su argumento como el que está subiendo una montaña, paso a paso. Pedro está ahora mismo como en la falda de la montaña o a mitad de camino de la montaña.

Escucha cómo Pedro ahora comienza a ampliar un poco más la explicación. Pues versículo 20: "¿Qué mérito hay si cuando ustedes pecan y son tratados con severidad lo soportan con paciencia?" ¿Escuchaste? Pedro dice: bueno, es posible que algunos de ustedes en algún momento dado, hay que ser muy pesado, estén sufriendo y lo estén haciendo con paciencia, pero es el fruto de una desobediencia. Pedro dice: ¿qué mérito hay en eso? No, porque cualquiera pudiera hacer eso entendiendo que ciertamente "bueno, yo me lo gané," por así decirlo. "Yo no debía haberlo hecho y lo hice, y estoy pagando las consecuencias." Pedro dice: no hay mérito. El mérito está cuando yo sufro injustamente y lo soporto con paciencia. Él está hablando a esclavos de esa época, pero en realidad la aplicación es para todos los creyentes.

¿Viste el contraste en que hay mérito en una forma y no hay mérito en la otra? Eso no es muy distinto a lo que Cristo enseñó que Lucas recoge, y Mateo también, pero uso el ejemplo de Lucas. Lucas 6:32-33, en otro orden de idea, pero es una idea similar: "Si aman a los que os aman, ¿qué mérito tienen? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Si hacen bien a los que les hacen bien, ¿qué mérito tienen? Porque también los pecadores hacen lo mismo."

Entonces sería una idea similar. Si soportas con paciencia cuando pecaste, estás sufriendo por tu pecado, hay pecadores que no reconocen a Cristo como Salvador que también pueden y hacen la misma cosa. Lo que se hace difícil encontrar, por no decir imposible, es encontrar a alguien que sufriendo injustamente quiera soportar eso con paciencia, porque esa fuerza no es una fuerza de voluntad; es una fuerza que viene del Espíritu de Dios.

En el versículo 20, en la segunda parte, escúchalo otra vez: "Pero si cuando hacen lo bueno sufren por ello y lo soportan con paciencia, esto halla gracia con Dios." Decía que Pedro viene subiendo la montaña y estaba a mitad de camino. Ahora llegamos al pico de su argumento. ¿Se acuerdan la razón para este llamado? El versículo 21, que yo te dije que era el versículo eje, el centro de gravedad de todo el pasaje.

¿Por qué? O sea, este "porque" es el que me da la razón final, más clara, más amplia, más contundente de por qué Pedro está diciendo lo que está diciendo: porque para este propósito han sido llamados. ¿Para cuál propósito, Pedro? Para que puedas sufrir de una manera tan distinta, como eso de Dimitri en la historia original, pueda sufrir de una manera tan distinta como el resto del mundo lo hace, como evidencia del poder del Evangelio y como evidencia del poder del Espíritu que mora en ti. Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes dejándoles ejemplo para que sigan sus pasos.

Ahora Pedro finalmente terminó de explicar lo que él quería explicar. Pero a un lado, aquí hay dos lecciones en este versículo 21. Yo tengo que sufrir bien porque mi sufrimiento, el que yo sufra bien, forma parte de mi testimonio, es parte de mi llamado, es parte de mi llamado como testimonio del poder del Evangelio, del poder del Espíritu de Dios. Eso número uno. Y número dos, la otra razón por la que yo necesito sufrir bien es porque Cristo me dejó un ejemplo y ahora ese ejemplo dejó huellas. Ahora, no dice tú tienes que seguir sus pasos. Yo en mi título del mensaje le puse: "Este ejemplo, sigue sus huellas", porque como no está moviendo los pasos hoy, pero vemos las marcas que él dejó en el camino y están aquí esas marcas. Entonces, eso es lo que el texto nos está diciendo.

A nosotros nos gusta pensar que fuimos llamados a la salvación. Claro, yo creo que debiéramos gozarnos en eso, pero no me gusta pensar mucho en que el llamado a la salvación es un todo incluido y que con la salvación viene el llamado a sufrir. Lo bueno de la Palabra de Dios es, como hemos dicho otra vez, la Palabra interpreta la Palabra, o la Palabra complementa la Palabra. Y si tú tienes alguna duda de lo que yo acabo de decir, de que nosotros tuvimos un llamado a la salvación que conjuntamente con él viene un llamado al sufrimiento, escucha lo que claramente dice Filipenses 1:29: "Porque a ustedes se les ha concedido por amor de Cristo, no solo creer en él" —a la salvación— "sino también sufrir por él."

Ahora está claro. Pablo habla de dos concesiones: a ustedes se les ha concedido. La palabra ahí en el original es un privilegio: creer en él y sufrir por él. El mismo Espíritu que me lleva a creer en Cristo es el mismo Espíritu que me sostiene en medio del dolor y el sufrimiento, me da la habilidad para resistir. Es la realidad: primero tú crees por él y luego tú sufres por él.

A. W. Tozer decía algo como esto: nosotros quisiéramos mantener la experiencia del domingo, domingo de resurrección, pero sin tener que pasar por el viernes. Nos gusta experimentar el triunfo, pero preferimos que otros lo ganen por nosotros. Nos gusta la experiencia de triunfar, pero ¿te fijaste tú? Tú luchaste, yo iba de volar sentado atrás en el carro.

Yo creo que es una especie de ilustración, meditación personal. No estoy diciendo que esto es lo que la Biblia dice, sino esto como yo imagino las cosas. Yo creo que Satanás pensó: "Mira, si yo logro separar a Adán y Eva, importando la raza humana, de Dios, eso le va a traer consecuencias", lo cual ocurrió. Si el ser humano experimenta dolor, sufrimiento que va a venir con las consecuencias, esa experiencia de dolor va a hacer que él niegue a Dios para siempre.

Si tú me preguntas de dónde yo saco una idea como esa, bueno, eso sí yo lo saqué más o menos de la Biblia, pero tuve que unir cosas, porque yo me encuentro a Satanás en el libro de Job, el capítulo 1. Yo me encuentro a Satanás que va a donde Dios, y le dice... Dios le dice a Satanás primero: "¿No has considerado a mi siervo Job? Íntegro, intachable, apartado del mal." Y Satanás dice: "Sí, claro, pero así quién no. Quítale la valla que tú le tienes a su alrededor de protección y verás si no te maldice en tu propia cara." Y Dios dijo: "Muy bien, ahí lo tienes. No le puedes quitar la vida, pero ahí lo tienes." Y Job comienza a sufrir, a sufrir, y Satanás estaba convencido de que Job iba a terminar maldiciendo a Dios.

A partir de ahí yo pienso que él pensó: "Eso es lo que va a pasar con todos los seres humanos. Cuando ellos pequen, comiencen a experimentar el dolor, el sufrimiento, la muerte y todo lo demás, ellos van a negar a Dios, van a maldecir a Dios, y yo habré ganado." Y Dios dice: "Bueno, no contabas con mi astucia. No contabas con mi sabiduría, porque yo voy a tomar ese sufrimiento y lo voy a usar de instrumento. El sufrimiento lo voy a usar de instrumento para que el instrumento que tú pensabas que iba a apartar al hombre sea el instrumento que le va a dar el triunfo al hombre sobre ti en la guerra espiritual." Esa es la sabiduría de Dios.

Entonces, ¿qué ocurre si esto es así? Satanás queda ridiculizado en su propósito. Dios es exaltado porque él es quien nos sostiene en medio de la dificultad, y el hombre aprende a vivir más dependiente de Dios. El hombre, la dificultad siempre ha acompañado al pueblo de Dios toda la vida. Allí compartimos con grupos de líderes aquí en la mañana y les decíamos que los tiempos irán de mal en peor socialmente y moralmente, de manera que no estamos pensando con pajaritos en el aire para los próximos años. No va a ocurrir.

El libro de Hebreos, en el Antiguo Testamento, tiene un capítulo, capítulo once, conocido coloquialmente como el salón de la fama de la fe. Ahí aparecen los nombres, todos los grandes... no todos, una parte de los hombres y mujeres de Dios del pasado que vivieron por fe. Y de esos hombres, esto es lo que el texto dice: que ellos fueron apedreados, aserrados, cortados en dos, tentados, muertos a espada. Algunos anduvieron destituidos, afligidos y maltratados. ¿Quiénes son el pueblo de Dios? De ellos dice Dios: "El mundo no era digno de ellos." El mundo no era digno de ellos. Ellos eran dignos del Reino de los Cielos, pero el mundo no era digno de ellos. Así ellos vivieron.

¿Sabes algo que prueba, Juan, y anota nuestra fe? Es la presión a la que nosotros somos sometidos en el día a día, Juan. Y es ahí donde nuestras creencias son puestas a prueba, como el caso de Dimitri. Dios estaba consciente de cuál era el límite de Dimitri. Cuando estos hombres le dijeron que su mujer ya no existía, sus hijos tampoco, él perdió como toda esperanza y estaba dispuesto a firmar el documento. Pero Dios escuchó eso, y como Dios escuchó eso también, le permitió a él escuchar las voces que escuchó, de la cual ya hablamos.

Si regresamos al versículo 21, entonces, del texto de hoy, Pedro nos dice no solamente que él sufrir bien cuando estamos siendo maltratados injustamente, sino que Cristo nos dejó un ejemplo para que sigamos sus huellas. Tú sabes que la palabra traducida ahí como "ejemplo" es una palabra muy gráfica en el original. De hecho, es gráfica hasta como suena: es hypogrammós. Y escucha lo que literalmente es. No sé si alguno de ustedes recuerda, como estábamos pequeños, pero literalmente lo que esta palabra significa es como una gráfica o un dibujo que tú pones debajo, arriba tú le pones un papel como medio transparente para que tú puedas calcar la figura. ¿Tú te acuerdas alguna vez hacer eso de niño? Sí, verdad que sí. Eso yo creo que ya no se hace porque todo es computadora, pero acá yo y otros de nosotros que pertenecemos a una generación anterior, calcamos muchas cosas.

¿Te sabes lo que Pedro está diciendo? El estilo de vida de Cristo es la figura. Hay un papel sobre ella. Tu estilo de vida debe calcar su estilo de vida. ¡Guau! Para que siga sus huellas. Uff, pesado.

La Biblia es consistente. Lo que me dicen en un lugar, me lo dicen en otro lugar. Escucha a Juan, su primera carta, al final de sus días, a los noventa y pico de años. Yo creo que hay que dar el crédito a lo que él escribiera, que tenía que haber acumulado mucha sabiduría. Caminó con Cristo, fue llamado el Discípulo Amado. Y en 1 Juan 2:6 esto es lo que le dice: "El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo." Ahí está de lo menos. Si debe andar como él anduvo, estamos calcando su vida.

La pregunta sería: ¿Cómo anduvo Cristo? Bueno, más o menos te lo voy a decir en tres líneas: de forma mansa y humilde, obediente, dependiente, perdonando, amando, reconciliando, dando, sanando, y puede continuar la lista de cómo Cristo anduvo. Juan dice: "Anda como él." Pedro dice: "Calca su estilo de vida."

Pregunta para todos nosotros: en este tiempo de pandemia, estamos al final de ella, pero estamos más avanzados, más cerca hacia el final, pienso yo. ¿Cómo estamos caminando? ¿Cómo caminamos en los últimos quince meses? ¿Cómo estamos caminando hoy?

El Señor Jesucristo no simplemente nos dejó una enseñanza para ser recordada. Él nos dejó un modelo de vida para ser imitado. Nos dejó una enseñanza y nos dejó un modelo de vida: la enseñanza para ser recordada, el modelo de vida para ser imitado. Cristo, en su paso por la tierra, modeló lo que enseñó, y esa es la meta, esa es la meta hacia la cual nosotros debiéramos estar corriendo aunque fallemos en el camino. A veces una vida modelada vale más que cien palabras, mil palabras. A veces una vida modelada vale más que todo lo que se habló en esa vida. Una vida modelada a la manera de Cristo, al lado de lo que hablaron los fariseos toda la vida, ¿cuál valió más?

Entonces, ¿cuál fue el ejemplo que Cristo nos dejó? Porque ya Pedro nos dijo que había un ejemplo y ya yo le expliqué más o menos cómo pudiéramos copiar ese ejemplo, pero él no nos dejó en el aire. Escucha ahora, versículo 22. Pero él está todavía llegando al verado, llegó al pico y ahora quiere como dar el color a lo que le está diciendo: "El cual, o sea, Cristo, no cometió pecado, ni engaño alguno hubo en su boca." O sea, la persona a la que él se va a referir ahora, de cómo fue tratada, no es alguien como tú y yo. Porque si a mí me tratan injustamente, en parte yo me lo merezco. Yo soy un hombre caído, pecador, yo peco, tengo que arrepentirme, vuelvo y peco, tengo que arrepentirme otra vez. Yo oro y peco mientras oro, como decía. Yo no tengo tan buenos éxitos. Yo me arrepiento y tengo que arrepentirme de mi arrepentimiento porque no es completo, me decía Edwards también.

Pero este no. Este otro hombre es una clase de hombre por sí solo, el cual no cometió pecado ni engaño alguno. Y quién, o sea, ese hombre único en su clase, ¿y quién cuando lo ultrajaban no respondía ultrajando? Cuando padecía no amenazaba, con todo el poder del universo no amenazaba, sino que se encomendaba a aquel que juzga con justicia. Cristo llevó una vida santamente. Es impecable. Tenía todos los derechos, tenía todo el poder, tenía toda la soberanía. Sufrió, fue ultrajado múltiples veces. Fue llevado al matadero, dice ahí. Esto es un texto de Pedro, cita ahí varias veces. Él fue llevado al matadero y como una oveja que no abre su boca, así fue.

El agente a través del cual la creación llegó a ser, cuando Dios habló, resulta que todo fue hecho por medio de él. De manera que este hombre, con ese poder de creación que increpaba los vientos y se calmaban, ponía a dormir el mar, cuando lo ultrajaron se mordió la lengua. Versículo 23: cuando padecía no amenazaba. Él tenía el poder, no amenazaba. Entonces, ¿qué hizo? Él se encomendaba a aquel que juzga con justicia. Cristo fue entregado por Judas con un beso, quedó tranquilo. Simplemente dijo: "Judas, ¿así entregas al Hijo del Hombre?" Pedro sacó la espada, Cristo sana al hombre que Pedro le cortó la oreja, porque él no ultrajaba, no amenazaba, no hería. No va a quebrantarla, como dice Isaías, es la caña quebrada. Fue entregado a las autoridades por las autoridades judías a los romanos, se quedó callado. Fue juzgado injustamente tres veces por los romanos, tres veces por los judíos, se quedó callado. Fue entregado por Pilato para que lo latigaran y eventualmente lo crucificaran, se quedó callado. ¿Cuál fue la razón?

La razón está escondida en algo que ya leí del versículo 23 y claramente expresada en el libro de los Hechos. Escucha lo que él dice: "Él se encomendaba a aquel, a aquel con mayúscula, quien juzga con justicia." En otras palabras, es que él sabía que aquel que juzga con justicia es el que lo ha orquestado. Escucha el libro de los Hechos ahora, 4:27-28: "Porque en verdad en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, junto con los gentiles y los pueblos de Israel, contra tu santo Siervo Jesús, a quien tú ungiste, para hacer cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que sucediera."

Entonces Cristo está ahí, Judas lo está entregando, y Él está diciendo: "Sí, ya mi Padre me había hablado de esto." Y luego lo entregan los judíos a los romanos. Él sencillamente sabía. De hecho, yo solo dije a mis discípulos, yo lo dije a mis discípulos que yo tenía que ir a Jerusalén y sufrir a manos de las autoridades. Lo entregan para ser latigado; sí, yo vine para morir. Lo entregan para ser crucificado; para eso yo vine.

Entonces, ¿qué hacía? Él se encomendaba a aquel que juzga con justicia. De manos de este lado de la eternidad no hay justicia de parte de nada ni de nadie. No hay, o sea, no hay uno justo, no hay ni siquiera uno. Entonces no es posible que tú y yo recibamos un trato justo absolutamente de nadie, justo como Dios es justo. No, eso tendrá que venir Su Cristo y vivir con nosotros; tienes que esperar la eternidad para vivir eso. De manera que nosotros necesitamos encomendar nuestras vidas y nuestros testimonios a aquel que juzga. Llegará un día de rendición de cuentas, llegará un día donde Dios arrojará, se acercará un día donde las intenciones y motivaciones del corazón serán puestas sobre la mesa.

Mientras tanto, el llamado es a tener la misma actitud que hubo en Cristo Jesús, que no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo y se hizo hombre. Tomó forma de siervo y tomó la forma de hombre, y murió y sufrió muerte de cruz. Cristo se humilló a sí mismo, se bajó los puntos, soportó insultos, vivió entre pecadores, finalmente sufrió la muerte.

El humillarse implica morir a ti mismo. Para sufrir bien, seguir el modelo de Cristo, yo necesito morir a mí mismo. Meyé, él tiene que morir a sí mismo. El problema del yo en mí, en ti, es que cada vez que está grave, nosotros, grave para morir, nosotros buscamos la forma de darle respiración boca a boca, le damos azúcar y alcohol, resucitamos y cobra fuerza otra vez y se para de la cama. Es el yo que nos hace demandar derechos y privilegios. Es el yo que no se queda callado ante los insultos y ante las injusticias.

Cristo se humilló a sí mismo. El caso de nosotros es que Dios tiene que frecuentemente humillarnos, y si llegamos a tener algún grado de humildad es después que hemos sido humillados. Esa es una fuerza diferente a la experiencia de Cristo. No, Él se autohumilló. ¿Y por qué se autohumilló? Porque ya Él era humilde. Él se autohumilló implicando: yo dejé todo lo que tenía y condescendí, yo bajé para ser una criatura y eventualmente un siervo de las demás criaturas. Entonces Pedro nos llama a imitar su ejemplo.

Aquí uno pudiera decir: "Bueno, eso es Cristo. Cristo era Dios. Es el Pastor, tampoco me compares con Cristo, porque Cristo era una cosa y esto es otra cosa." Ok, déjame compararte, compararme con un ser humano que no tenga nada de divinidad: el apóstol Pablo. Primera de Corintios 4, del 11 al 13: "Hasta el momento presente pasamos hambre y sed, andamos mal vestidos, somos maltratados y no tenemos dónde vivir." Es el gran apóstol de nuevo, el tormento, bendecido, no tiene dónde vivir. Escucha: "Nos agotamos trabajando con nuestras propias manos. Ahora bien, cuando nos ultrajan, bendecimos; cuando somos perseguidos, lo soportamos; cuando hablan mal de nosotros, tratamos de reconciliar. Hemos llegado a ser hasta ahora la basura del mundo y el desecho de todo." Somos la escoria del mundo, dice Pablo.

Bueno, "Pastor, por eso fue Pablo. Imagínate, se le subió al tercer cielo." Ok, te voy a bajar del tercer cielo. Te voy a comparar, me voy a comparar con alguien más como uno corriente, que nunca estuvo en el tercer cielo: Esteban. Están apedreándolo y él dice: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. No les tomes en cuenta este pecado." "Padre, ¿cómo que no les tomes en cuenta? Toma en cuenta cada piedra y cada piedrecita que me tiraron." "No, Padre, olvídalo."

Pero entonces nos recuerda algo más, porque resulta que Cristo soportó las injusticias, pero las injusticias son el fruto de qué: de tu pecado, de mi pecado. Yo, lo que Pedro nos dice ahora en el versículo 24, que Cristo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz. La injusticia que otros te hacen, sobre todo cuando son hijos de Dios, la injusticia que otros me hacen, sobre todo cuando son hijos de Dios, resulta que Cristo pagó por ellas. Entonces Cristo me está diciendo: "No vengas a ultrajar para atrás porque yo pagué por lo que a ti te están haciendo, te acaban de hacer. Sí, yo le pondré mis consecuencias, pero yo tengo que hacer eso."

Cristo fue tratado injustamente porque yo había violado la justicia de Dios. Cristo fue tratado injustamente porque nosotros violamos la justicia de Dios. De manera que Cristo es nuestro ejemplo por excelencia de cómo sufrir bien. Al mismo tiempo, nuestra obediencia no es garantía de que nos va a ir bien. Si estamos pensando así, no estamos leyendo la Biblia. Pablo le escribió a Timoteo y le dice: "Todo el que quiera vivir piadosamente será perseguido."

Tú, ¿de verdad realmente quieres ser cristiano, hermano? Tú estás en territorio enemigo. Como dice Steve Lawson, ya se los citaba al grupo de líderes con quienes hablábamos: esto no es un patio de juego, esto es un campo de batalla. Y el enemigo sabe que él no se puede ir a un encuentro con Dios uno a uno, es imposible, pero a él le encanta hacer sufrir a los hijos de Dios. Yo creo que si tú tuvieras la elección, si tú tienes un enemigo más poderoso que tú y te dice: "Ahí elige, yo te hago sufrir a ti o hago sufrir a tus hijos," yo creo que tú dirías: "No, hazme sufrir a mí." Pero el enemigo sabe que te va a causar más dolor si pone a sufrir a tus hijos. Por tanto, el enemigo Satanás le encanta hacer sufrir a los hijos de Dios.

Y por otro lado, a Dios le encanta ver a sus hijos soportar el dolor y el sufrimiento para la gloria de su nombre y testificación del poder del Evangelio y del poder del Espíritu de Dios en nosotros. El gozo de la maldad es completamente diferente. Uno está de la maldad, es Satanás, y Dios se deleita en el dolor que la maldad produce cuando tú lo tomas, lo soportas y lo conviertes en gloria. El autor del libro que te leía al principio dice: "Mientras mayor es la persecución, más significativa es la vitalidad de los creyentes." Bueno, si Dimitri es un ejemplo de eso, ahí lo tienes: mientras mayor es la persecución, mayor es la vitalidad de los creyentes.

El autor escuchó esta historia directamente de los labios de Dimitri, y en un momento, al lado, el autor está ahí como pensando y como cuestionándose a sí mismo. Dice: "Yo, ¿quién soy yo? O sea, ¿qué clase de fe tengo yo ante una fe como esta?" Y como que se pierde su mente, y luego él, como que dejó de oír porque Dimitri sigue hablando. Y luego él vuelve: "La verdad, perdóname, es que no estaba escuchando", y se excusa. Y Dimitri le dice: "Tranquilo, yo no estaba hablando contigo. Cuando tú entraste, yo estaba hablando con Dios. Tú no me interrumpiste; cuando tu mente se fue, yo seguía hablando con Él".

"Porque por su herida fueron ustedes sanados", versículo 24. Sus clavos, en las manos, en sus pies, sanaron tu alma y sanaron la mía. Librándonos, o dándonos salvación, librándonos de la condenación por medio de la regeneración, llevándonos a experimentar liberación. Míraslo otra vez: sus clavos, en sus manos y sus pies, sanaron tu alma y la mía, nos dieron salvación, librándonos de la condenación por medio de la regeneración y llevándonos a experimentar liberación.

Pedro cierra el texto y cierra su capítulo con esto en el versículo 25: "Pues ustedes andaban descarriados como ovejas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de sus almas". En otras palabras: de verdad que están sufriendo, de verdad que están en dificultad, de verdad que hay persecución, pero sabes que ustedes estaban en condiciones peores. Porque como que era, todo el mundo va a experimentar algún grado de dolor, de sufrimiento, de persecución, de lo que tú quieras, y sin la presencia ni la gracia de Dios para fortalecerte y sostenerte, así era que ustedes estaban. Estaban perdidos, no tenían guardián, no tenían pastor. Pero ahora ustedes fueron encontrados, fueron sanados, fueron prometidos cosas extraordinarias, y ahora tienen un Pastor, tienen un Guardián, tienen poder que los sostenga, tienen promesas garantizadas, pueden tener paz interior de manera que Dios está con ustedes en medio de la tribulación que ustedes están padeciendo.

Tiempo se nos ha ido, nos vamos a cerrar, pero no olvides el versículo clave: tú fuiste llamado a calcar su estilo de vida, a seguir sus pasos. Entonces me voy a cerrar con otra historia. A propósito lo quise hacer así en la mañana de hoy, como dos portalibros, porque cuando yo lo puedo ver en la vida real, entonces como que puedo ilustrar mejor muchas veces la doctrina.

En Yugoslavia, durante el tiempo también del régimen comunista, había un evangelista de nombre Jacob. Y Jacob conoció a un hombre de nombre Cimerman. Cimerman era ateo, y Jacob estaba tratando de hablarle de Jesús y de la vida cristiana. Y Cimerman le hizo muy difícil el cristianismo, y le recordaba a Jacob, el evangelista, la historia de la iglesia corrupta de su país, y agrega: "Mi propio sobrino fue muerto por ellos". Y de forma airada contradecía todo lo que Jacob decía de Jesucristo. Refiriéndose a los ministros religiosos, Cimerman le decía a Jacob: "Ellos llevaban sus batas y sus cruces como símbolo de ser emisarios del cielo, y yo no puedo olvidar sus vidas". O sea, esta gente quemó a mi propio sobrino, ahora gente que venía con batas largas y cruces, no puedo olvidar eso. Cimerman, el ateo, quería que Jacob, el evangelista, abandonara la fe cristiana.

Un día Jacob quería ilustrarle cómo Cimerman estaba juzgando a Jesús por la manera como estos hombres con batas largas habían vivido el cristianismo. Y le dice a Cimerman: "Suponte que yo me robo tu bata, me la pongo, voy y robo un banco, salgo corriendo, dejo la bata por algún lado. La policía en la investigación encuentra tu bata, reconoce que esa es tu bata, regresa a tu casa, te acusa de que tú has asaltado un banco. ¿Qué tú dirías?" Cimerman dice: "Bueno, yo lo negaría". Jacob dice: "Pero la policía dice: 'Esta es tu bata, y esta es la bata que estuvo involucrada en el robo'". Jacob se queda pensando, que va a su casa.

Pero mientras Cimerman quería que Jacob abandonara la fe cristiana, Jacob continuó regresando donde Cimerman compartiendo el mensaje y viviendo el mensaje, compartiendo el mensaje y viviendo el mensaje, viviendo el mensaje. Finalmente, un día Cimerman le dice a Jacob: "Jacob, ¿cómo yo puedo llegar a ser cristiano?" Jacob compartió el mensaje de salvación. Cimerman se arrodilló, dio gracias a Dios, se paró sollozando de sus rodillas, le dijo: "Gracias por estar en mi vida", apuntó al cielo, y le dijo: "Tú llevas su bata muy bien, tú luces su bata muy bien".

¿Qué tan bien lucimos nosotros la bata de Cristo? ¿Qué tan bien luce mi estilo de vida como el estilo de vida de Cristo? ¿Qué tan bien otros pueden determinar lo que la vida cristiana es y lo que Jesús es examinando nuestras vidas? ¿Qué cosas yo, en los últimos meses, debía haber hecho que no hice? ¿No debía haber hecho que hice? ¿No debía haber dicho que dije? ¿Debía haber dicho pero no lo dije? ¿Debía haber visitado pero no visité a alguien? ¿Debía haber llamado pero no llamé a alguien? ¿Debía haber consolado pero no consolé a alguien? Noté que algunos se alejaron pero no me dolió, simplemente dije: "Bueno, que se vaya, mejor". ¿Qué tan bien llevamos la bata de Cristo? Él nos dejó un ejemplo para que sigamos sus huellas.

¡Padre, gracias! Señor, yo sé, no es fácil. Tú lo sabes más que yo, porque Tú eres Dios. Además, Tú viniste, te encarnaste y pasaste más que lo que yo voy a pasar. Pero yo necesito imitarte, Señor. De manera que perdóname todo y cada una de las veces cuando no lo he hecho, y cuando no lo haga hoy o mañana. Yo sí quiero pedirte que me des la misma mente que hubo en Cristo Jesús, que siendo igual a Dios no consideró esa igualdad como algo a qué aferrarse. Yo no quiero aferrarme absolutamente a nada, yo quiero despojarme de todo, para que yo también pueda ser un siervo y pueda estar dispuesto a morir como Él también lo estuvo y lo sufrió en carne propia. Yo quiero ser un siervo para tu gloria, Señor, solamente ser un siervo para tu gloria. En Tu nombre hemos predicado, y para la gloria Tuya. Amén.

Bendiciones, Dios les bendiga su pueblo. Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal, de forma que tú puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.