Integridad y Sabiduria
Sermones

Jesús, la consumación de la ley

Miguel Núñez 26 diciembre, 2010

Las bienaventuranzas describen lo que Dios quiere formar en el interior de sus hijos, pero ¿qué sigue después? Cristo responde con una declaración que no admite opción: vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo. No dijo "deberían ser" ni "podrían llegar a ser". Está en indicativo, es algo que ya somos. Y precisamente por eso, cuando no ejercemos ese efecto transformador, la pregunta no es si somos hijos de Dios, sino qué le ha pasado a nuestra luz, qué ha contaminado nuestra sal.

La historia confirma este llamado. El avivamiento bajo Wesley y Whitfield preservó a Inglaterra de una revolución sangrienta como la francesa. Wilberforce, desde una plataforma cristiana, abolió la esclavitud en 1807. Un monje llamado Telémaco entró al Coliseo romano, levantó los brazos clamando que pararan la matanza entre gladiadores, y aunque lo atravesaron con una espada, ese día terminaron para siempre aquellos juegos. Dios ha decidido trabajar a través de personas dispuestas a ponerse en la brecha, como buscó hacer en tiempos de Ezequiel y no encontró a nadie.

El problema de la iglesia contemporánea no es que el mundo sea más secular, sino que la sal se ha contaminado y la luz brilla menos. América Latina reporta tasas de conversión que superan la natalidad, pero la corrupción y la violencia aumentan cada día. La fórmula de Dios sigue siendo la misma: si su pueblo se humilla, ora y se vuelve de sus malos caminos, él sanará su tierra. La enfermedad de nuestras naciones no está en el pagano de afuera, sino en el pueblo que lleva su nombre y ha dejado de ser sal y luz.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Volviendo a la Palabra de Dios, Mateo 5, a partir del versículo 13, vamos a estar leyendo hasta el versículo 16, del 13 al 16. Estas son las palabras de Cristo inmediatamente después que Él hablara o enseñara acerca de las bienaventuranzas. Yo quiero desde ya enfatizar eso, porque lo que viene ahora está directamente conectado con lo que Él acabó de decir. Entonces, con eso en mente, yo quiero que escuches o leas ahí si tienes la Palabra en tus manos.

"Vosotros sois la sal de la tierra, pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué será salada otra vez? Ya para nada sirve sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar. Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos."

Padre, una vez más te damos gracias por la oportunidad de visitar tu Palabra por tercera vez en este domingo. Yo quiero pedirte que esta vez sea tan fresca como la primera, que tu poder sea manifiesto por medio de la predicación de tu Palabra en la transformación de vidas. Tú conoces al predicador, Tú conoces sus debilidades, Tú conoces sus insuficiencias. Yo te pido que Tú seas toda su suficiencia en esta obra, que le acompañes de principio a fin, pero que le uses para glorificar tu nombre y solamente tu nombre, Dios. Te lo pedimos en Cristo Jesús, y su pueblo dice: amén, amén.

En el texto que yo acabo de leer fueron las palabras de Cristo inmediatamente después que Él terminara de enseñar acerca de las bienaventuranzas. A través de las bienaventuranzas, Él nos dejó ver cuáles eran las condiciones que Él esperaba en el interior de sus hijos, que pudieran complacerle. Es por eso entonces que Él nos decía en el texto anterior que Él quisiera ver hijos que fueran pobres en espíritu, que lloraran por su pecado, que fueran humildes, que tuvieran hambre y sed de justicia, que ciertamente pudieran ser caracterizados por una vida de misericordia, que pudieran ser limpios de corazón, que pudieran ser pacificadores en medio de una generación muchas veces opuesta a la verdad de Dios, a la Palabra de Dios. Inmediatamente después, entonces, Cristo continúa con las palabras que yo estuve leyendo al comienzo del día de hoy.

Me decía un amigo en Estados Unidos: "Miguel, cuando vayas a predicar siempre debes preguntarte: show what, y entonces qué". Yo menciono esto porque yo creo que lo que yo acabo de leer para el día de hoy es el "entonces qué" de lo que yo había expuesto en las últimas semanas. Si estas características, si estas bienaventuranzas han comenzado a ser parte de mi vida, si esta es la forma como Dios me ha ido dando forma, como Dios me ha ido moldeando, ¿entonces qué? ¿Entonces qué hago? ¿Cuál es mi responsabilidad? ¿Qué es lo que me toca hacer de aquí en adelante?

Yo creo que es importante que lo veamos de esa manera porque Cristo nos dice en el texto que yo acabé de leer: "Vosotros sois la luz del mundo, vosotros sois la sal de la tierra." Primero nos dijo: "Vosotros sois la sal de la tierra," y luego: "Vosotros sois la luz del mundo." Primero, Cristo nos dejó ver cuáles son las actitudes que debiéramos tener delante de Dios en las bienaventuranzas, pero ahora nos está diciendo cuál es la disposición que ese siervo que ha sido formado debiera tener delante de los hombres, ante el mundo, cuál debiera ser su comportamiento.

Ahora nota que el texto no dice "vosotros debierais ser", sino que dice "vosotros sois". En el original, entiendo que la forma como Cristo dijo esto es todavía más enfática, está en el tiempo verbal indicativo, de manera que declara algo que ya es. Vosotros sois, eso ya. No está en el imperativo, cuando Cristo me dice "sé esto", como que comienzas a hacer. ¡No! Ya yo soy la sal de la tierra, ya yo soy la luz del mundo. Y la razón por la que es importante verlo de esa manera es porque yo tengo que preguntarme ahora, cuando yo no estoy teniendo ese efecto transformador de la sal y de la luz, qué está pasando en mi vida. Es importante que yo lo vea de esa forma porque a la vez yo puedo concluir entonces que cuando yo no soy eso, cuando yo no estoy llevando a cabo mi rol en esa dirección, yo estoy faltando a mi responsabilidad, y si falto a mi responsabilidad, yo estoy pecando ante Dios. De manera que la forma como Cristo nos dijo eso y la manera como yo lo tengo que interpretar es extremadamente importante.

Por nueve sermones anteriores estuvimos viendo la disposición que el individuo, que el hijo de Dios debe tener delante de Dios. Ahora vamos a comenzar a ver cuál es la disposición de ese mismo hijo delante del mundo, delante de los hombres. Si hay alguna duda acerca de esto último que yo acabo de decir, escucha las palabras del mismo Cristo al final del texto que yo leí hoy: "Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos."

La idea del texto no es que yo haga buenas acciones de tal forma que yo venga y las presente delante del mundo, que yo pueda decirle al mundo: "Hey, mirad mis buenas acciones." Esa no es la idea. Quizás esta ilustración nos puede ayudar acerca de qué es lo que no debe pasar. En una ocasión, en los tiempos de Dwight Moody, un grupo de creyentes, no sé si de su iglesia o más de una iglesia, decidieron reunirse para tener una vigilia durante la noche y orar. Al final del tiempo de oración, ya al otro día en la mañana temprano, el grupo se levanta y comienza a caminar y se encuentra con Moody. Y uno de ellos le dice: "Pastor Moody, mira cómo brilla nuestro rostro." Y Moody le decía: "El único problema es que cuando Moisés brillaba, él no sabía que estaba brillando."

De manera que no es esa la idea. La idea es que tú puedas vivir tu vida delante del mundo, delante de los hombres, de una forma que al mundo le llame la atención. De hecho, la palabra traducida aquí como "buenas" para hablar de buenas acciones no es agathos, que es usualmente la palabra usada, por ejemplo en Romanos cuando habla de que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta, "buena" es agathos. Pero aquí es la palabra kalos, que implica no solamente algo que es bueno, no solamente algo que es hermoso, sino que implica algo que es atractivo. Ahora Cristo me está diciendo que yo viva mi vida delante de los hombres de tal forma que mis acciones ellos las puedan valorar, calificarlas de buenas, y no solamente de buenas sino de hermosas, sino que ellas les sean atractivas y ellos quieran venir en la dirección del Dios a quien nosotros le servimos. ¿Te das cuenta de qué es lo que Cristo está tratando de comunicar?

En pocas palabras, cuando tú revisas la historia bíblica, lo que el Señor está tratando de decir es: sé un José, cuya vida de integridad hizo que el faraón de su tiempo lo hiciera su mano derecha, y Dios entonces, desde esa posición, lo usó para prevenir una hambruna de siete años, instruyendo a Faraón a guardar alimentos por mucho tiempo, y Dios lo usó para preservar y darle origen a la nación de Israel. Sé un Daniel en medio de la corte babilónica, pagana, pecaminosa, que no se contaminó, y llegó incluso al extremo su vida de que, cuando el rey a quien él le sirvió tuvo que ponerlo en el foso con los leones, el texto bíblico dice que el rey se perturbó toda la noche y no pudo dormir, y que al otro día temprano en la mañana, tan pronto el alba apuntó, él fue el primero que fue corriendo al foso y le dice: "Daniel, ¿el Dios a quien sirves te ha librado?" Y quién se alegró mucho cuando Daniel dice: "El Dios a quien yo sirvo ha atado las bocas de los leones." El rey se sentía profundamente atraído hacia la vida de Daniel. Sé una Ester, que en un momento dado interviene a favor del pueblo de Dios y Dios la usa para salvar a toda una generación que estaba a punto de perecer.

Esa es precisamente la vida a la que Cristo nos está llamando, ese estilo de vida, esa forma de vivir. Y la razón para hablar bien de estos tres y de otros no es porque ellos sean nuestros ídolos y nuestros dioses, sino porque Dios habla bien de ellos, y si Dios habla bien de ellos, ¿quién soy yo para no hacerlo? Pero es esa la manera como Dios ha decidido trabajar en ellos.

Ahora, el ser sal y luz en estos tres casos resultó en lo que llaman en inglés un happy ending, un buen final, un final feliz, pero esa no es la manera como la mayoría de las veces resulta cuando tú eres sal y luz para el mundo. Cuando tú revisas la historia de los primeros cristianos, ellos pudieron haber prolongado sus vidas muchos años si hubiesen renunciado simplemente a hacer ese papel, porque fue el ser sal de la tierra y luz del mundo lo que los metió, si pudiéramos decir, en problemas.

Ustedes me han oído decir más de una vez que el apóstol Pablo vivía de un lío en otro lío. Dondequiera que llegaba causaba un alboroto. Él llega a la ciudad de Éfeso, comienza a predicar, y tú lees en el capítulo 19, versículo 23, que "por aquel tiempo se produjo un alboroto no pequeño por motivo del Camino." No solamente que hubo un alboroto, sino que Lucas tiene el cuidado de registrar aquí que el alboroto no fue chiquito, y que la razón del alboroto fue el Camino. El Camino era uno de los nombres dados al grupo de cristianos de esa época. Tú sigues leyendo en Hechos 21:30 y dice que ahora, en Jerusalén, "se alborotó toda la ciudad y llegó el pueblo corriendo de todas partes. Apoderándose de Pablo, lo arrastraron fuera del templo, y al instante cerraron las puertas." En el templo había un alboroto, ¿y cuál era la razón del alboroto? Llegó Pablo, porque sus enseñanzas desafiaban el sistema presente. Y tú lees en Hechos 23:9 otra vez que hubo un gran alboroto. Y la vida de Cristo no fue diferente.

Cristo alborotó a los escribas, alborotó a los fariseos, alborotó a los gobernantes, alborotó al pueblo, alborotó a todo el mundo. De hecho, el último alboroto en la vida de Cristo fue el mismo día que lo crucificaron, cuando la ciudad entera gritaba: "¡Crucifícale! ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!" La ciudad estaba en medio de un alboroto. No es nuestro rol alborotar las avispas, pero es nuestro rol ser la sal de la tierra y la luz del mundo, y eso causa alborotos en esta tierra.

Sinclair Ferguson, comentando acerca de esto, dice: "La iglesia verdadera es demasiado diferente para que el mundo la tolere, y el mundo ve el reino de los cielos como una amenaza a sus propias formas, y por tanto busca destruirlo." Eso fue exactamente lo que pasó con Pablo, eso fue exactamente lo que pasó con Cristo. En ese caso, Pablo constituyó su predicación en una amenaza contra los plateros, contra el negocio de los plateros de la ciudad, y ellos, con Demetrio como cabeza, alborotaron la ciudad porque su negocio estaba en juego.

Cristo alborotó todo el sistema de su tiempo y el pueblo se reunió precisamente porque quería destruirlo. Es la denuncia, el enfrentamiento de estas enseñanzas, de nuestras formas de creer, de nuestra forma de ser, de nuestra forma de enseñar, de nuestra forma de gobernar; es todo eso lo que hace que la multitud entera quisiera gritar ese día: "¡Crucifícale! ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! No lo queremos entre nosotros." Es el rol de la iglesia ser la sal de la tierra y la luz del mundo.

Con esa introducción, yo tengo dos preguntas que quisiéramos hacer y contestar. En una era, mi sermón comienza ahora; el resto fue introducción. Pregunta número uno: ¿qué relación guarda el cristiano con la sal? Pregunta número dos: ¿de qué manera el cristiano puede ser luz en medio de la oscuridad de su mundo?

Comienzo con la sal. ¿Cuál es la relación entre el cristiano y la sal? Porque tenemos que recordar que cosas como esta la leemos, y quizás nosotros no estemos tan al día o tan al tanto de qué es lo que Cristo estaba tratando de comunicar, como esta gente sí lo tuvo. Cristo usaba ilustraciones de cosas que tenían que ver con su vida diaria, que al ellos oírlas pudieran entender. De manera que yo tengo que preguntarme: "Ok, la sal para esta gente, ¿qué era? ¿Qué representaba? ¿Cómo la usaban?" Porque cuando ellos oyeron, ellos entendieron.

Bueno, yo creo que no es un secreto para nadie aquí que la sal era, y continúa siendo de hecho por algo que alguien me comentó en esta mañana, un preservador de ciertos alimentos. En aquella época no había refrigeración y la manera de conservar los alimentos era con sal. Yo recuerdo en el campo de nuestros abuelos todavía en ocasiones ver carne y otro tipo de alimento cubierto de sal junto a un fogón, tratando de preservarlos. Y esta mañana alguien me decía que ciertos embutidos todavía son salados y conservados fuera de la refrigeración por largo tiempo, aún en el día de hoy. De tal forma que Cristo estaba diciendo a esta gente: "Vosotros sois la preservación de la tierra."

La pregunta es: ¿hemos visto nosotros eso en la historia de la Iglesia? A veces historiadores de mucho peso, de mucho renombre, y más de uno, tienen documentado que durante el tiempo de John Wesley y George Whitefield en Inglaterra, en el siglo XVIII, la única razón por la que Inglaterra no tuvo una revolución civil sangrienta como la Revolución Francesa fue por el avivamiento, o los avivamientos, producidos bajo la predicación de John Wesley y George Whitefield. De manera que Dios usó la predicación de Su Palabra a través de estos hombres para contener la maldad de su generación. Y sabemos de Wilberforce, que desde una plataforma cristiana luchó para abolir la esclavitud en Inglaterra, y en el año 1807 lo logró.

Eso es lo que la iglesia del siglo XX y del siglo XXI no logró hacer. Pero no porque Dios haya cambiado, no porque Dios haya perdido poder o entusiasmo, sino porque este texto que yo leí hoy, de ser la sal de la tierra y la luz del mundo, está directamente relacionado a las características anteriores de las Bienaventuranzas. De manera que para tú poder hacer eso en las manos de Dios, tú tienes que haberte convertido, tú y yo tenemos que habernos convertido en un cristiano que es pobre de espíritu, que llora por su pecado, que es humilde, que es misericordioso, que es limpio de corazón, que es un pacificador. Todo eso. Esa persona, en las manos de Dios, es un instrumento poderoso. Nota que yo no dije que es una persona poderosa; un instrumento en las manos de Dios altamente poderoso.

Y una de las formas como tú puedes ver eso es quizá de esta manera: Dios dice en Su Palabra que en el tiempo de Moisés no había ningún otro hombre sobre la faz de la tierra más humilde que Moisés. Dios dice. Y Dios tomó a Moisés en Su mano y lo usó poderosamente por 40 años. Pero de esa misma manera, en el mismo texto donde Dios dice que Él le da gracia al humilde, dice: "Yo me opongo al orgulloso." Y en un solo día le arrebató a Saúl el gobierno de la mano, el reinado de la mano. "Hoy hubiese podido Dios haber afirmado tu reino, pero hoy, por tu orgullo, Dios lo ha arrebatado de tu mano en una sola acción, en un solo momento."

Pero Dios no podría hacer esas cosas sin nosotros. Claro que sí, Él es Dios, y mejor de lo que nosotros lo hacemos. Pero por alguna razón que yo no acabo de entender, y no creo que sea explicable, Dios ha diseñado que Su plan de transformación ocurra vía seres humanos que Él ha de usar.

Déjame leerte lo de Ezequiel 22:30, porque nadie lo dice mejor que Dios, esto que yo acabo de decir: "Busqué entre ellos," dice Dios, "alguno que levantara un muro y se pusiera en pie en la brecha delante de mí a favor de la tierra, para que yo no la destruyera, pero no lo hallé." Dios está hablando y dice: "Yo busqué en esa generación a una sola persona que se pusiera en la brecha entre mi santidad y mi justicia y el pecado del pueblo, y que intercediera a favor del pueblo en su dirección, para yo no tener que destruir a ese pueblo, y no encontré a ese hombre."

La Biblia de Estudio comentando sobre ese versículo dice: "A veces solo se requiere de un solo hombre valiente y justo para detener la maldad, pero no lo hubo." Santiago dice que la oración del justo es poderosa y eficaz, o "puede mucho," según otras traducciones.

Es un caso muy distinto a lo que nosotros leemos en tiempos de Abraham. En tiempos de Abraham, Dios se le aparece a Abraham y le dice: "Voy a destruir a Sodoma y Gomorra." Y Abraham dice: "¿Es verdad que el Dios de los cielos va a destruir a los impíos junto con los justos?" Y Abraham dice: "Dios, si yo encuentro 50 justos, ¿detendrías Tu juicio? ¿Tú serías capaz de detenerlo?" "Claro, Abraham, tú me conoces, yo soy el Dios de toda misericordia." "¿Y si me faltan 5?" "Sí, Abraham, claro que sí." "¿Y si son 40?" "Igual." "¿Y 30?" La historia llega hasta 10. ¿Por qué entonces no siguió y llegó hasta 1? Pero Dios lo estaba diciendo: "Abraham, si encuentras por ese 1, yo detengo mi juicio." Ese es el 1 que Dios no encontró en los tiempos de Ezequiel.

De manera que yo no entiendo por qué Dios lo hace de esta manera, pero Dios ha decidido, en Su diseño soberano, trabajar a través de los hombres y hacerle caso muchas veces a las oraciones de los hombres. Dios estaba a punto de destruir al pueblo hebreo en el desierto, y Dios le comunica a Moisés: "Le voy a destruir a todos y voy a hacer una nueva nación a partir de ti." Y Moisés, perdón, se pone en la brecha en ese momento, le pone la mano a Dios, le pone la mano al pueblo, y dice: "Dios, si lo destruyes, ¿qué dirán los pueblos paganos de alrededor? Que nos sacaste para destruirnos en el desierto. Por favor, Dios, te pido que no lo hagas." Y Dios dice: "Porque a mí lo has pedido, no lo haré." Ya no sé cómo eso funciona, pero es el llamado de Dios.

Este joven predicador que uno de ustedes conoce ya, Joshua Harris, en su último libro "Dig Deep Down," dice: "La iglesia está llamada a enfrentar el mundo que le rodea con vidas contraculturales y con una verdad contracultural proveniente de la Palabra de Dios, para detener el deterioro que ha sido causado por la rebelión humana, y esparcir la luz que da vida a partir de la verdad de Dios." La iglesia ha sido llamada, nosotros hemos sido llamados, a tener vidas contraculturales y a predicar una verdad contracultural como una forma de detener el deterioro moral de la sociedad y la desorganización de la sociedad causada por la rebelión humana. Creo que 30 años apenas tiene ese pastor y él ha podido ver esto.

El Evangelio que comenzó a predicarse a partir de la muerte de Jesús y de Su ascensión comenzó a transformar el imperio romano. Comenzó a tener ese efecto de sal, de luz, hasta el punto que la esclavitud poco a poco comenzó a ser abolida en diferentes lugares. Pensar que la patria potestad del padre romano, que se paraba delante de su esposa con un bebé que estaba a punto de nacer, y que al nacer él con un dedo pulgar simplemente determinaba si ese bebé iba a vivir o morir: si estaba arriba, vivía; si era hacia abajo, moría. Eso fue detenido por la propagación de los valores cristianos en medio de un imperio tan malvado como ese.

Hay una carta de esa época donde un esposo le escribe a la esposa y le dice que no va a poder estar para su alumbramiento, pero: "Si no puedo llegar, quiero que sigas estas instrucciones: si es varón, lo dejas vivir; si es hembra, la matas." Y pensar que eso era ejecutado sin cuestionamiento. ¿Quién derrumbó ese sistema? La verdad de Dios siendo esparcida y haciendo su efecto de sal y de luz en la sociedad.

Yo creo que le conté a algunos de ustedes, que quizá lo recuerden. Ustedes han visto en películas las luchas entre los gladiadores: hombres con espada en mano que, para la diversión de todo el que observaba, se mataban unos a otros. El emperador se sentaba en un sitio céntrico de esta arena, como le llaman, y cuando tú tumbabas a alguien en el piso y con la espada se la ponías en el cuello, mirabas al emperador y simplemente con que él hiciera esto o esto, eso decidía la vida de ese hombre.

¿Tú quieres saber cómo paró eso? Un día, este monje de nombre Telémaco, que nunca había ido a Roma y no sabía cómo lo hacían en la ciudad, es movido por el Espíritu de Dios a ir a Roma. Telémaco llega a Roma, él no sabe lo que es esto, nunca ha estado aquí. Él está impresionado con todos estos edificios, y ve uno de los edificios y escucha que hay múltiples voces saliendo de este edificio. Él decide entrar al edificio y queda ensimismado, queda en choque cuando ve que aquí hay hombres que se están matando unos con otros por diversión. Similar a lo que ocurre en el boxeo hoy en día, que yo no lo acabo de entender cómo cristianos disfrutan ver la imagen de Dios en otro masacrada a puñetazos.

Pues Telémaco quedó espantado, y cuando él vio la primera muerte, se va en medio de la arena, levanta los brazos y dice: "¡En nombre de Cristo, paren esto! ¡En nombre de Cristo, detengan esto!" Hasta que uno de los gladiadores, lleno de furia, saca su espada y traspasa a Telémaco. El historiador del momento dice que cuando este santo hombre de Dios iba cayendo, un silencio sepulcral comenzó a llenar aquel estadio, que la multitud se quedó muda y salió muda al instante. Y jamás se volvieron a celebrar los juegos entre gladiadores. Primero de enero, 404 después de Cristo, porque un hombre decidió ser la sal de la tierra en medio del peor imperio pagano.

No es fácil ser la sal de la tierra, la luz del mundo, pero tampoco es una opción. Yo soy eso. Cristo no me dijo "deberías ser", "sería bueno", "me agradaría". No, tú eres ya. Tú eres la sal de la tierra, tú eres la luz del mundo. ¿Pero Dios no podía parar esos juegos de otra manera sin perder la vida de uno de sus santos? Absolutamente, pero por razones que yo no entiendo, ese es su diseño: que haya gente que esté dispuesta a ser la sal de la tierra, a dar sus vidas por la causa. Y cuando esas vidas son dadas por la causa, Dios es glorificado y la sociedad es muchas veces preservada y transformada. Si el cristiano no lo va a hacer, ¿quién lo va a hacer? La sociedad, el hombre secular, no tiene la luz, no tiene la revelación, no tiene el poder, no tiene a Dios detrás. Si nosotros no lo hacemos, ¿quién lo va a hacer? Y eso es parte del problema.

John Stott, comentando acerca de esto, dice: "Jesús llamó a sus discípulos a ejercer una influencia doble sobre la comunidad secular: una influencia negativa, deteniendo su deterioro, y una influencia positiva, al traer luz en medio de la oscuridad". Una cosa es prevenir que la maldad se esparza y otra cosa es esparcir la verdad, la belleza y la bondad. Los mandamientos de Dios usualmente tienen esa doble intención: tú tienes que parar lo malo, pero eso no es suficiente, tú tienes que promover lo bueno, los valores del Reino.

Como cuando Pablo le escribió a los efesios, le dice: "El que roba, que no robe más". Tú paras lo malo, pero no se queda ahí: "Que comience a trabajar para que ayude a los que no pueden". Eso es promover lo bueno. Y eso se supone que sea tu función, mi función, tu tarea, mi tarea.

El apóstol Pablo le escribió a Tito, y en esa ocasión, aunque se le estaba refiriendo a los esclavos que tenían amo, la aplicación es para todo el mundo. Le dice que vivan unas vidas tales que sus vidas fueran el adorno —la palabra es "kosmeo", el cosmético— de la doctrina. Ustedes damas que usan cosméticos saben cuánto se puede embellecer a alguien con cosméticos, aunque algunos hombres entiendo que ahora también están en eso, pero no entro en ese territorio. Pero la idea es que tú y yo vivamos vidas que, cuando nosotros hablemos de nuestra doctrina y creencias, nuestras vidas les sirvan de adorno a esa enseñanza, y que otros digan: "¡Wow, eso me atrae, eso es poderoso, eso es hermoso!" A eso es que Dios nos ha llamado. Pero cuando nosotros no sostenemos una vida de santidad, mi vida afea la doctrina, la empaña, la hace lucir peor. En ese momento podemos decir que la sal que yo soy —no que puedo ser, es que soy— ha perdido salinidad.

Ahora, alguien pudiera decir: "Yo no sé cómo es que la sal pierde salinidad, porque sal es eso: salado. Esa es su naturaleza. Es como decir que el agua puede perder su capacidad de mojar, porque el agua es lo que es". Pero la manera como lo hace —no deja de ser sal— pero la manera como la sal pierde su salinidad, su efecto de transformación y de preservación, es contaminándose con todos los elementos que están alrededor de esa sal. Y ahora resulta que es una sal contaminada que no puede preservar ni puede transformar. Esa es la iglesia del siglo XX, del siglo XXI: es una sal contaminada que ha perdido su efecto.

Y Cristo dice: "Entonces esa sal que pierde su efecto solamente es buena para tirar al piso y pisotearla". Exactamente como la iglesia está siendo pisoteada por el mundo hoy en día. Cada vez que tú hablas de alguien o cada vez que tú hablas de algo que tiene que ver con la fe cristiana: "Mira eso que están ahí en televisión, mira ese bautiiglesia. Yo no voy a tu iglesia, no soy cristiano, pero no hago lo que él hace en mi trabajo". Eso es. Hay una falta de credibilidad en aquellos que han sido transformados por la Palabra de Dios. No hay credibilidad en los famosos falsos apóstoles y profetas de hoy en día, y no hay credibilidad en aquellos que incluso pudieran estar predicando correctamente, porque los demás le han creado una mala fama a la fe cristiana. No hay salinidad en la iglesia hoy en día. ¿Dónde está la sociedad que está siendo cambiada por los valores cristianos de hoy?

América Latina: supuestamente la tasa de conversión —esto no lo tengo completamente documentado, pero supuestamente, por eso lo digo así— la tasa de conversión en América Latina supera la tasa de natalidad. En otras palabras, todos los días hay más convertidos a evangélicos que los niños que nacen en América Latina. Pero todos los días América Latina más corrupta, más violenta, más drogas, más robos, más violaciones, más crímenes, más cárceles. ¿Cómo es eso? No hay sal, no hay sal. O hay sal, pero no hace su efecto.

Segunda cosa que Cristo nos dijo: nos dijo que nosotros somos la luz del mundo. No que podíamos ser. "Vosotros sois", en indicativo, algo que ya es, ya está dado. Es importante que yo lo vea, porque cuando la luz no está saliendo, yo tengo que preguntarme qué es lo que está pasando. No es si yo soy un hijo de Dios; ya yo soy luz. La pregunta es: ¿qué le ha pasado a mi luz? Eso es importante.

Yo creo que nosotros sabemos que el Reino de Dios es asociado con el reino de la luz y el reino de Satanás con el reino de las tinieblas. Nosotros también sabemos que el pecado y el mundo han sido asociados con las tinieblas y la oscuridad, y que las santidades de Dios y su verdad han sido asociadas con la luz. De manera que nosotros tenemos reinos encontrados, representados por la luz y la oscuridad.

Cuando Cristo vino, escucha lo que Juan 3:19 dice que ocurrió: "Y este es el juicio: que la satisfaz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas". El hombre amó más su pecado, el sistema del mundo, la forma de vivir, de sentir del mundo, que la revelación de Dios. Y esa era su juicio. Su juicio no fue tanto que no conoces a Cristo, en un sentido. Tu juicio fue que cuando te envié mi revelación, amaste más tu pecado, tus malas obras, el mundo en que vivías, la oscuridad, que la misma luz que yo te envié.

Ahora, ¿qué pasa? Si tú verdaderamente ejerces tu rol —no si eres, porque si te has convertido tú eres luz del mundo— pero si ejerces tu rol, ¿qué es lo que ocurre? Cuando tú comienzas a llevar esa luz al mundo... Bueno, ¿tú has estado en alguna habitación quizás dormido, medio dormido, y alguien entra y te prende la luz, y esa luz está molestosa, que tú dices "apaga eso"? ¿Te ha pasado, no? Eso es más o menos lo que ocurre cuando tú vas al mundo con tu luz: "Ay, no me hables de eso, hablamos otro día, no quiero saber de eso, allá vienes tú con tu cosa". Pero tu cosa es tu luz, que es irritante a los ojos del mundo. Tan irritante como la luz que te prendieron la noche que tú estabas en esa habitación, y el mundo es irritado por eso.

La falta de irritación del mundo por parte de la iglesia de hoy en día no es porque el mundo es más santo y menos secular; es porque la luz brilla menos y no molesta. Esa es la razón. Es como si fuera una luz de esas que son con control y la van bajando la brillantez. Esa es la razón por la que el mundo no tiene tanta irritación hoy en día.

Hubo un momento en que nosotros éramos parte de ese mundo, de ese mundo de tinieblas. Como estábamos en tinieblas, nosotros no veíamos por dónde caminábamos, nosotros no veíamos para dónde íbamos, nosotros vivíamos tropezándonos y vivíamos cayendo, porque nosotros estábamos en tinieblas. De hecho, nosotros no solamente estábamos en tinieblas; las tinieblas eran tan densas en ese momento alrededor de mí, que las tinieblas me penetraban. Y por eso Pablo dice en Efesios 5:8: "Vosotros antes erais tinieblas". No que estábamos: erais tinieblas, adentro. Pero ahora sois luz en el Señor. ¿Notaste cómo Pablo no dice "pero ahora podrían ser luz"? No: "Vosotros sois luz en el Señor".

Y entonces, Pablo, ¿qué hago? Bueno, el texto continúa, punto y coma: "Andad, pues, como hijos de la luz". No como hijos de tinieblas. Antes vosotros erais otra cosa: tinieblas. Ahora vosotros sois otra cosa distinta: luz. Bueno, pues andad como hijos de la luz.

La luz no es propia, no es mía, es una luz que Dios ha puesto, es la luz de Dios. Es un valor agregado, pero es real, porque de otra manera Dios no me podría decir "vosotros sois la luz del mundo". Es un valor real. Eso es algo que yo necesito aquí atar, pero nos dice que nosotros fuimos sacados de las tinieblas a su luz admirable. Por tanto, esa luz prestada, yo lo sé, es dada por Dios, pero ahora es mía. ¿Por qué? Porque me la puso ahí y me la dio. Está esa tu luz para que tú la uses, para que tú la lleves, para que tú ilumines, y te la da a usar para que tú cambies el mundo a tu alrededor.

Bueno, ¿de qué manera entonces yo puedo usar esa luz en ese mundo en el que yo vivo? Porque es ahí que vivimos, es ahí donde Dios nos ha pedido que vivamos. Él nos dijo "vosotros sois del mundo", "vosotros estáis en el mundo, pero no sois del mundo". Pero nos dijo, incluso le dice al Padre, horas antes, orando en el capítulo alto: "Yo no te pido que los saques del mundo". ¿No? Si los saca del mundo, ya no serían la luz del mundo. Ellos son la luz del mundo, ellos son la sal de la tierra. No los saques de ahí, déjalos ahí, que es para eso que están diseñados.

Ya os cuento entonces cómo yo uso esa luz. Bueno, en primer lugar la Palabra de Dios nos dice en el Salmo 119:105: "Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino". De manera que yo debo ser la luz. Nosotros como iglesia debiéramos ser la luz que le dice al mundo: "Mira, el trayecto a caminar es este, esta es la forma de creer, esta es la forma de hablar, esta es la forma de ser, este es el camino". El mundo puede no creerlo, pero no importa, esa no es tu función. Tu función es señalar el camino, tú eres la luz.

Y no al revés. Nosotros no debiéramos estar viendo al mundo y ver por qué veredas anda el mundo para nosotros entrar en veredas de oscuridad. Nos sacaron de ahí, nosotros somos la luz. Entonces, cuando tú iluminas el camino —porque no andamos por veredas, andamos por el camino de la verdad—, cuando tú iluminas el camino, la luz me sirve para yo ver las piedras de tropiezo en este mundo en el que nosotros vivimos, que no te olvides, está ocupando territorio enemigo y el mundo está minado. De manera que tenemos que ver las piedras de tropiezo.

Pero da mucha pena cuando ese hijo de Dios no solamente no tiene la luz para iluminar el camino porque le anda viendo las veredas del mundo, sino que él se ha acostado en el piso de la oscuridad y ha servido de piedra de tropiezo para otros. Eso es más penoso, porque como bien dijo Cristo: "Si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande es esa oscuridad!". No hay quien te pueda salvar. Si la revelación que conoces es tinieblas porque no la ves y no produce el cambio en ti, tú eres el peor y el más digno de toda lástima. ¡Cuán grande es esa oscuridad! Es el problema, es el problema donde estamos hoy, eso es la pena que da.

Cristo no nos dijo que nos aisláramos tampoco. Al contrario, yo acabo de decirte cómo él oró: "No los saques del mundo, déjalos ahí, déjalos ahí, ese es su rol, ellos tienen que hacer su rol ahí adentro". Cuando Cristo dice que tú no enciendes una lámpara y le pones debajo de un almud o debajo de una mesa, lo que está diciendo es que el cristiano no está llamado a retirarse a sus guetos, como dicen en inglés, a estas cuatro paredes y las cuatro paredes de su casa. No, no, porque entonces ellos serían la luz de su casa y la luz de su iglesia. Ellos son la luz del mundo, es ahí afuera donde ellos tienen que ejercer su efecto de transformación y de cambio. Eso es parte de lo que él nos está tratando de comunicar.

Pero al mismo tiempo nos dice, siguiendo las mismas palabras de Cristo, dice: "Pero una ciudad, cuando tú la colocas sobre una montaña, sobre un monte, es claramente visible, no la puedes ocultar". Yo tuve esta experiencia ahora bajando en Costa Rica, en el interior, viniendo hacia Santiago, hacia acá. Llegué de noche. Varios poblados, de cierto tamaño, estaban como en colinas. Y cuando tú venías, tú veías lejos esa montaña, esa colina entera iluminada, y de alguna forma esta oscuridad por donde nosotros veníamos resultaba ya menos oscura. Porque por lo que se describe, estas luces son reflejadas en las nubes y las nubes las devuelven hacia el lugar de oscuridad, y tú tienes algo de luz aquí. Cristo está hablando exactamente de eso.

Una ciudad colocada en un monte es claramente visible, tú no puedes perder de vista. La pregunta es: ¿cuál es la ciudad y cuál es el monte? Yo quiero sugerirte que la ciudad es su iglesia y el monte es Cristo, la Roca. Cuando tú pones su iglesia sobre la Roca, esa iglesia será claramente visible para las poblaciones alrededor, para los territorios alrededor, en su iluminación de verdad y de luz y de sal y de preservación y de cambio y transformación.

Y veríamos entonces cosas pasar a nivel de nuestras sociedades. Por eso que hemos citado tantas veces, permítame una vez más, 2 Crónicas 7:14: "Si se humillare mi pueblo, sobre el cual es invocado mi nombre" —porque son orgullosos y ahora no están orando— "y buscaren mi rostro" —que no están buscando— "y se convirtieren de sus malos caminos" —porque están empecatados— "entonces yo oiré desde los cielos y sanaré su tierra". No la iglesia, la tierra. La tierra de República Dominicana está muy enferma, pero no tiene nada que ver con el pagano, no tiene nada que ver con la droga, no tiene nada que ver con la pornografía del internet. Esas son las evidencias de cuán mal estamos, no la causa. ¿Y cuál es la causa? El pueblo de Dios que vive en ese país, y en países latinos como nosotros.

¿Cómo va a ser, pastor? Dios lo dijo, mi fórmula es bien fácil: si mi pueblo se humilla, se convierte, busca mi rostro, se vuelve de sus malos caminos, yo les sanaré su tierra. Conclusión: su tierra está tan enferma porque ellos no están haciendo nada de eso. No están siendo sal, no están siendo luz.

Ahora, pensando en esto, verdad, de la lámpara que no se pone debajo de la mesa, me recuerdo haber venido al campo donde mi abuela y ver estas lámparas. Bueno, yo creo que todo el que está aquí ha visto una vez la lámpara manejada, porque nosotros hemos tenido problemas de luz toda la vida. De manera que no me diga que usted: "No, es que yo soy muy joven para ver lámparas". ¡No! Si te la has visto. Pero a las cinco y media de la tarde comenzaba a sacar las lámparas. Entonces voy a ver si tienen gas, voy a ver si los tubos están sucios, si están limpios, chequear la mecha, porque ellos saben que hay cosas que impiden que la luz salga bien. Pero es luz, pues ella tiene luz.

Y de esa manera que ese tubo se ahumaba y no permitía que la luz saliera bien, hay vidas de hijos de Dios ahumadas, muy ahumadas, que tienen que ser limpiadas para que la luz pueda salir. Porque ellos tienen luz. Si son hijos de Dios, ellos tienen luz. Mientras el Espíritu Santo more en ellos, ellos tienen luz.

Y otras veces, decía alguien que era relacionado una cosa con la otra, la mecha ya se había quemado y usted tenía que subir la mecha. ¿Usted se acuerda de eso? Y cortar la mecha. Bueno, esa mecha quemada, me decía alguien, es la que produce precisamente mucho humo y termina ensuciando el tubo. Yo creo que hay vidas quemadas que necesitan ser cortadas para que la luz pueda salir, para que otros puedan ver alrededor. Porque la lámpara no puede tener la luz de Dios para que esté debajo de una mesa. La luz de Dios no puede estar con ese tubo de vidrio tan sucio que la luz de Dios no pueda verse. Si fuera mi luz yo entendería, pero es la de Dios. Eso no es tampoco poca cosa.

Spurgeon lo decía de esta manera. Él hacía una pregunta y dice: "¿No es más pecaminoso el tener la luz y no actuar consecuentemente, que el estar completamente en oscuridad?". ¿Cuál es el más pecaminoso, dice Spurgeon? Pues si todo es oscuridad, bueno, yo no puedo hacer otra cosa, yo no tengo luz, yo soy todo tiniebla por dentro y por fuera. Pero si ya tengo la luz y yo sé que tengo la luz y yo no actúo consecuentemente, pues yo creo que eso es más pecaminoso.

Si nos ayuda a nosotros a entender el privilegio y la responsabilidad que es esta de ser la sal de la tierra, es una encomienda. Es lo que Cristo decía antes de irse. Antes dijo él: "Yo soy la luz del mundo", y luego cuando él se va dice: "No, ahora vosotros sois la luz del mundo. Lo que yo estaba haciendo para el mundo en mi vida, ahora son ustedes". De la misma manera, y él no va a cambiar ese plan. El mismo poder actuando en mí es el mismo poder que va a actuar en ustedes, pero tienen que ser hijos de la luz y tener estas cualidades de las bienaventuranzas para ser usados por mi Padre que está en los cielos.

Escucha este texto de la Palabra. Usualmente nosotros no cerramos —yo voy a hacer algo inusual, pero es a propósito—, nosotros usualmente no cerramos con un texto de la Palabra porque normalmente ponemos el texto al principio para exponerlo, y muchas veces terminamos o resumiendo algunas cosas o con una historia o una ilustración. Yo voy a romper eso para que me ayude a cerrar con un texto de la Palabra y no lo voy a explicar, no lo voy a exponer. Este es el sello del sermón, y la razón por la que tiene validez es porque es la Palabra de Dios la que lo está sellando.

Yo voy a comenzar con un versículo que ya leí, versículo de Efesios 5:8, pero lo voy a seguir leyendo hasta el 16: "Porque antes erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz". Continúo: "Porque el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad, examinando qué es lo que agrada al Señor. Y no participéis en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien desenmascaradlas; porque es vergonzoso aun hablar de las cosas que ellos hacen en secreto. Pero todas las cosas se hacen visibles cuando son expuestas por la luz, pues todo lo que se hace visible es luz. Por esta razón dice: Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo".

Escúchame ahora: "Por tanto, tened cuidado cómo andáis, no como insensatos, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos".

Integridad y Sabiduría es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. En esta página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.